EL SALVADOR
Reading edition
Los paseos y jardines públicos de Sevilla no dejan de ofrecer materia abundante para ocuparse de ellos, por su historia, su importancia local, las transformaciones que han tenido y los sucesos más ó menos interesantes que en ellos se han desarrollado. Tal ocurre, por ejemplo, con el paseo llamado del Salvador.
Dice Cervantes en Rinconete y Cortadillo: «Avisólos su adalid (el asturiano) de los puestos donde habrían de acudir: por la mañana á la carnicería y á la plaza de San Salvador...» y más adelante, añade: «Todas estas liciones tomaron bien de memoria, y otro día bien de mañana se plantaron en la plaza de San Salvador.»
Esta era entonces centro de gran movimiento y tránsito y mercado de la fruta, que por estar enclavado en barrio tan céntrico y rico é inmediata á otros puntos de venta como los del pan y las pescaderías, acudía gran concurrencia á ella y atronaban de continuo toda la collación los gritos y el vocerío de vendedores esportilleros, mozos, criados, justicias, etc. etc.
En aquellos tiempos se alzaban en la plaza dos cruces, una de piedra y otra de hierro, y desde 1574, el hospital de San Juan de Dios, que aún existe, y la colegial del Salvador, cuyo edificio se comenzó á reedificar en 1671.
La plaza del Salvador era teatro con frecuencia, en el siglo XVII, de muy variadas escenas; allí se celebraron más de una vez fiestas de toros y cañas, para solaz de los canónigos de la Colegiata, y á las que acudía siempre el pueblo con gran regocijo y alboroto.
Desapareció el mercado de fruta en los años de la invasión francesa, y entonces se construyó el paseo, habiéndose, hacia 1816, edificado la capilla que existe en las gradas del templo del Salvador, y á la cual trasladóse la imagen de la Virgen del Carmen, que estuvo hasta entonces en un retablo de la calle de las Sierpes, según escriben veraces autores.
El paseo se construyó con regular elevación, subiendo á él por convenientes escalinatas, plantándose en él árboles y colocándose asientos de piedra, tal y conforme aparece en láminas de la época, como la que figura en el libro de Alvarez Miranda, Glorias de Sevilla.
Desde poco después de 1817, comenzó á celebrarse en esta plaza una velada á la Virgen del Carmen, la cual tuvo años de no poco esplendor, viéndose entonces adornada la capilla con vasos de colores y con banderas y arcos el paseo, alrededor del cual se instalaban puestos de avellanas, de turrones, de garbanzos y de los célebres alfajores que vendían las serranas de enaguas rayadas, chaquetas de paño y sombreros de castor.
De estas veladas aún queda hoy algo, si bien de nota incolora, sin aquel sabor característico, pues ya no se ven allí ni los majos decidores, ni las majas desenvueltas, ni todos aquellos tipos sevillanos que con tanta exactitud retrataba don José Bécquer en sus acuarelas y lienzos.
La solemnidad del Corpus era también de gran resonancia para la plaza del Salvador, como lo sigue siendo hoy, y desde antiguo se entolda gran parte de ella para el tránsito de la procesión y se coloca en la puerta del Salvador la imagen de la Virgen de las Aguas, que compartió su fama popular con la de los Reyes, y sobre la que corren, como sabido es de todos, las más peregrinas tradiciones.
Días del año en que ofrece gran animación el paseo que es objeto de estas líneas, son los de Semana Santa, pues por el recinto cruzan casi todas las cofradías que hacen estación á la Catedral, y es de ver en aquellas tardes y noches y en la madrugada del Viernes Santo, el aspecto del Salvador (como los sevillanos le dicen) donde se apiña la multitud bulliciosa y poco devotamente, desarrollándose escenas que no es cosa de detenerse en describir ni enumerar siquiera.
Las noches de estío, esas noches de Julio y Agosto en Sevilla, en que el calor es sofocante, acude un público bastante numeroso al paseo del Salvador en busca de alguna agradable brisa; allí se pasa las horas tranquilamente el desocupado, viendo á los corros de niños que juegan, á la gente joven que pasea, á los viejos que dormitan ó á los que toman sorbetes y refrescos en los puestos de agua, siendo aquel, campo muy aproposito para conquistas de niñeras y criadas de servicio que incautamente creen en las promesas de chicucos domingueros y militares sin graduación.
Diversas modificaciones ha sufrido el paseo del Salvador desde que estaba elevado y tenía sus escalinatas por los años de 1840, desapareciendo el alto hacia 1860, y, motivado por recientes sucesos, desaparecieron aquellos asientos de piedra que desde tiempo primitivo tuvo, sustituyéndose por los de hierro que tiene en la actualidad y que invitan al descanso al transeunte.
Para concluir, diremos que el paseo del Salvador sería susceptible hoy de algunas mejoras importantes, que contribuirían á su embellecimiento y comodidad, para llevar á cabo las cuales, sería necesario efectuar el derribo de algunos edificios, con lo que ganaría, ensanchándose, lugar tan céntrico y concurrido como lo es aquél y tan predilecto de muchos sevillanos.