¡VALIENTE TORTILLA!
Reading edition
Hay en esta capital una taberna indecente, por delante de la cual paso yo frecuentemente, y tiene un escaparate donde hay pájaros muy tiesos, habichuelas con tomate, bacalao y otros excesos. Y así como observo bien, si voy por aquella acera, que cambia en un santiamén los platos la tabernera, me pasma y me maravilla el ver que nunca jamás renueva cierta tortilla que está allí entre lo demás. Y no hay que decir que cada día es una diferente. Siempre está allí colocada la misma precisamente, ¡la misma! y lo afirmo yo, porque conserva en un lado tres motas negras (que no son trufas, por de contado). Al verla, ni aun se entusiasma el que tenga hambre canina. ¡Si aquello es una boína con aires de cataplasma! ¡Qué tortilla, San Ramón! Yo afirmo con seriedad que es la representación de la inamovilidad. Siempre en su sitio la veo tan lacia, tan escurrida, y con un color tan feo y tan cariacontecida!... No son exageraciones: suda en llegando el estío, y le salen sabañones así que comienza el frío. Quien la compre la ha de hallar tan seca como mi abuelo, y la tendrá que afeitar, porque hasta va echando pelo. En fin, ¿queréis verla? Está muy fina conmigo, pues tanto me conoce ya de verme un mes y otro mes, que al pasar yo por orilla de la tabernucha aquella, me saluda la tortilla y yo la saludo á ella. ¿Y á hacerlo así me someto porque es una dama? No. La saludo con respeto porque es más vieja que yo.