UN ALMUERZO
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¿Conque he de almorzar contigo? ¡Cuánto lo agradezco, Luisa! Sentémonos, que ya sacan el primer plato... ¿Judías? No sé por qué se me vienen á la memoria tus primas, las que pusieron la casa de préstamos en Sevilla. ¿Atún en salsa? Me gusta. ¡Tu padre está bueno, chica! Me le he encontrado en la calle hace tres ó cuatro días. ¡Hola! ¿Pavo en pepitoria? Creo tener á la vista á tu abuelo... El pobrecito por el pavo se moría. Ya acabé... ¡Calla! ¿Chuletas de cerdo? Son cosa rica. Díme, ¿tu tío el canónigo sigue tan gordo en Galicia? Lo celebro... ¿Estas son truchas en escabeche? ¡Qué finas! No sé por qué me recuerdan á tu madre. ¡Pobrecilla! ¿Qué traen ahora? ¿Un cabrito? Es una pieza hermosísima. ¡Me acuerdo más de tu esposo!... ¡Qué bien está en Filipinas! Ya hemos llegado á los postres. Los postres son mi delicia. ¡Hola! Bizcochos borrachos... ¿Tus hermanos en Montilla seguirán lo mismo siempre? Dios les conserve la guita. ¡Buen dulce de calabaza gastamos, querida amiga! Me parece que estoy viendo, aquí en nuestra compañía, á tu tío el diputado. ¡Qué calabaza tan rica! ¿También hay Anís del Mono para fin de la comida? ¿Será el anís de tu primo? ¡Qué generoso y qué... lila! . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ¡Ajajá! Ya he terminado. Mil gracias, amiga mía. Mas permite que te ruegue que, si á otro almuerzo me invitas, no me des las mismas cosas; porque, si me das las mismas, se me va á estar figurando que me como á tu familia.