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La media noche

CAP. IV

Reading edition

Illustration from La media noche: visión estelar de un momento de guerra

Y la luna navega por cielos de claras estrellas, por cielos azules, por cielos de borrasca: Sobre las doscientas leguas de foso cenagoso, los cohetes abren sus rosas, tiembla la luz de los reflectores, y en la tiniebla del cielo bordonean los aviones que llevan su carga de explosivos para destruir, para incendiar, para matar... Ocupan la carlinga alegres oficiales, locos del vértigo del aire, como los héroes de la tragedia antigua del vértigo erótico. Vestidos de pieles, con grandes gafas redondas, y redondos cascos de cuero, tienen una forma embrionaria y una evocación oscura de monstruos científicos. Vuelan contra el viento y a favor del viento, les dicen su camino las estrellas. Unos van perdidos atravesando cóncavos nublados, otros planean sobre el humo y las llamas de los incendios, otros van en la luz de la luna, tendidos en escuadrilla. Aquel que zozobra entre ráfagas de agua y viento del mar, es de un aerodromo inglés, en la Picardia. Y estos que retornan y aterrizan en silencio, son franceses: Partieron en el anochecido, eran siete y no son más que cinco: Tras ellos queda ardiendo un tren de soldados alemanes. Los pilotos saltan sobre la yerba, y se alejan entumecidos, mientras algunos soldados con linternas, empujan los aviones bajo los cobertizos, y vierten cubos de agua en los motores recalentados. Es un campo de aviación a retaguardia de las líneas donde se batalla, en un paraje llano revestido de céspedes. Ligeras tiendas, grandes cobertizos, alpendes y galpones, hacen ruedo sobre la yerba, tienen el color de la noche y se desvanecen en ella: Sólo realza sus siluetas la luna cuando navega por claros cielos estrellados.

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