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Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2)

LIBRO QUARTO. (continued 2)

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3. Confessamos de buena fé que esta última razon nos hizo un poquito de fuerza, y assí, dexando al cuidado de otra mas feliz pluma que la nuestra el empeño y la gloria de enriquecer al orbe literario con una coleccion de los incomparables sermones de nuestro Fray Gerundio, ilustrándolos con glosas, notas y escolios, (en cuyo glorioso afan tenemos entendido, que trabaja una Academia de ingenios del primer órden,) nosotros nos contentaremos con extractar tales quales rasgos de aquellos, que salieren al encuentro de la narracion y nos parecieren necessarios para facilitar á los lectores la mejor inteligencia de los hechos. Fué pues la primera cláusula del sermon, que predicó en Campazas Fray Gerundio, la que se sigue:

4.[13] «Si es verdad lo que dice el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, — ay, infelice de mí! — que voy á precipitarme, — ó es preciso confundirme. — El Oráculo pronuncia que ninguno fué en su patria — Predicador ni Propheta: — Nemo Propheta in Patria sua: — pues, como atrevido yo — presumí este dia ser — Predicador en la mia? — Pero tenéos, Señores, — que tambien para mi aliento — leo en las Sagradas Letras — que no á todos hace fuerza — la verdad del Evangelio: — Non omnes obediunt Evangelio: — y qué sabemos si es esta — alguna de aquellas muchas — que, como siente el Philósopho, — se dicen solo ad terrorem?»

5. Esta entradilla puso en la mayor suspension al gruesso del auditorio, pareciéndole que era impossible encontrar con introduccion mas feliz ni mas oportuna; pero el Magistral, que de propósito se havia metido en el confessonario del Cura (el qual estaba en frente del púlpito,) y havia cerrado la celosía de la parte anterior, para observar á su gusto á Fray Gerundio sin peligro de turbarle, apénas le oyó romper en dos disparates ó en dos blasfemias heréticas tan garrafales, como dudar si era verdad lo que havia dicho el Espíritu Santo por boca de Jesu-Christo, y suponer que muchas verdades del Evangelio eran solo para espantar y poner miedo, de pura vergüenza baxó los ojos, que tenia clavados en su sobrino, y desde luego hizo ánimo á no oir en aquel sermon mas que heregías, atrevimientos ó necedades. De buena gana se huviera salido de la Iglesia; pero, sobre no ser possible penetrar por el concurso sin grande alboroto, se hizo cargo de que no era razon echar un jarro de agua á la fiesta, y assí tomó el partido de dissimular hasta su tiempo y de aguantar la mecha. Miéntras tanto iba nuestro Fray Gerundio prosiguiendo su sermon ó su salutacion, y á pocas paletadas se metió de paticas en lo mas vivo de todas las circunstancias. Aquí me havrán de perdonar los críticos mal acondicionados; porque, cánseles ó no les canse, en Dios y en consciencia, no puedo ménos de trasladar al papel de verbo ad verbum el primoroso artificio con que las tocó todas, ya que no sea possible trasladar á él la valentía, el garbo y el espíritu con que las animó. Dixo pues assí, cansándose del estilo cadencioso, ó mudándole con todo estudio en el hinchado, assí porque la variedad es madre de la hermosura, como porque á este estilo le llevaba mas la inclinacion:

6. «Esta es, Señores, la estrena de mis afanes oratorios; este, el exordio de mis funciones pulpitables; mas claro para el ménos entendido: este es el primero de todos mis sermones. Qué á mi intento el oráculo supremo: primum quidem sermonem feci, o Theophile! Pero, donde se hace á la vela el baxel de mi discurso? Atencion, fieles; que todo me promete venturosas dichas, todas son prophéticas vislumbres de felicidades. O se ha de negar la fé á la evangélica Historia, ó tambien el hypostático Ungido predicó su primer sermon en el mismo lugar, donde recivió la sagrada ablucion de las lustrales aguas del bautismo. Es cierto, que la evangélica narracion no lo propala, pero tácitamente lo supone. Recivió el Salvador la frígida mundificante: Baptizatus est Jesus; y al punto se rasgó el tafetan azul de la celeste cortina: Et ecce aperti sunt cœli: y el Espíritu Santo descendió revoleteando á guisa de pájaro columbino: Et vidi spiritum Dei descendentem sicut columbam. Hola! bautizarse el Messías, romperse el pabellon ceruleo, y baxar el Espíritu Santo sobre su cabeza! A sermon me huele, porque esta divina paloma siempre bate las alas sobre la cabeza de los Predicadores.»

7. «Pero son supervacaneas las exposiciones quando están claras las voces del oráculo; él mismo dice que, bautizado Jesus, se retiró al desierto, ó el Diablo le llevó á él: Ductus est in desertum a spiritu, ut tentaretur a Diabolo. Allí estuvo por algun tiempo, allí veló, allí oró, allí ayunó, allí fué tentado, y, la primera vez que salió de allí, fué para predicar en un campo ó en un lugar campestre: Stetit Jesus in loco campestri. O qué estival paralelo de lo que á mí me sucede! Fuí bautizado en este famoso pueblo, retiréme al desierto de la Religion, si ya el Diablo no me llevó á ella: Ductus est a spiritu in desertum, ut tentaretur a Diabolo. Y qué otra cosa hace un hombre en aquel desierto, sino orar, velar, ayunar y ser tentado? Salí de él la primera vez para predicar; pero, en donde? In loco campestri: en este lugar campestre de Campazas, en este compendio del campo Damasceno, en esta emulacion de los campos de Pharsalia, en este envidioso olvido de los sangrientos campos de Troya: Et campos ubi Troia fuit; en una palabra, en este emporio, en este solar, en este orígen fontal de la provincia de Cámpos: in loco campestri.»

8. «Aún hay mas en el caso: el lugar campestre, donde predicó el primer sermon el Hypostático, fué á la esmaraldática márgen del argentado Jordan, donde havia sido bautizado. Y quien duda que le oiria Juan, su Padrino de bautismo? Venit Jesus ad Joannem, ut baptizaretur ab eo. Y qué cosa mas natural que al oir el Padrino á su ahijado, y mas si hizo de él feliz reminiscencia en la misma salutacion, salutate Patrobam, que dixo muy á mi intento el Apóstol, saltasse ahora de gozo, como palpitó en otra ocasion de placer en el útero materno: Exultavit infans in utero matris. El caso es tan idéntico, que seria injuriosa la aplicacion para el docto; pero vaya para el insipiente. No se llama Juan mi Padrino de bautismo? Todos lo saben: Joannes est nomen ejus. No me está oyendo este sermon que predico? Todos lo veen: Audivi auditum tuum, et timui. No le están bailando los ojos de contento? Todos lo observan: oculi tui columbarum. Luego no hay mas que decir en el caso.»

9. «Sí hay tal. Gracia y agua es el complexo de la fuente bautismal, y agua y gracia es lo que symboliza su nombre y apellido. Que Juan es lo mismo que gracia, lo saben hasta los Predicadores Malabares: Joannes, id est gratia. Pero que Quixano sea lo mismo que agua, ó fuente copiosa de ella, lo ignoran hasta los mas eruditos; pero presto lo sabrán. Ya tiene entendido el Theólogo, y mucho mas el sabio Escriturario, que la quixada de asno es muy mysteriosa en las Sagradas Letras, ó desde que Cain quitó la vida con una de ellas á su hermano Abel, como quieren unos, ó desde que Sanson magulló con otra las cabezas á mil agigantados Philistéos, como saben todos: In maxilla asini percussit mille viros. Despues de esta hazaña, se moria de sed el fatigado Sanson: no havia en todos aquellos espaciosos estrados de la odorífera Flora un hilo de plata líquida, con que poder apagarla. Quando veis aquí que de la misma quixada, que havia sido la mortal Philisticida, brota un raudal de aljófar derretido, que refrigeró al inhiante forzudo, y quedó el sitio sigilado hasta el dia de hoy con el cognomento de la fuente de la Quixada: Idcirco appellatum est nomen loci illius fons invocantis de maxilla, usque ad præsentem diem.»

10. «Id ahora conmigo. Sabida cosa es en nuestras Historias genealógicas, que el antiguíssimo y nobilíssimo apellido de los Quixanos deriva su orígen y su alcurnia no ménos que de el tronco de Sanson, cuyos hijos y nietos, desde esta gloriosa hazaña, comenzaron á llamarse los Quixanos, por no equivocarse con otra no ménos antigua, aunque ménos noble y mucho mas extendida familia de los Quixotes. No es ménos cierta la noticia, que desde entónces las armas de los Quixanos son una quixada de un burro en campo verde, brotando un chorro de agua por el diente molar, como lo afirman quantos tratan del Blason. Assí mismo es cosa muy averiguada que los Quixanos, en las batallas con los Moros, no usaban de otras armas que de la quixada de un jumento, cubiertos con piel del mismo asno, siendo tan hazañosos con esta arma rebuznable como á cada folio se refiere en los anales. Dígalo, si no, aquel Heroe Gonzalo Sanson Quixano, que con una maxilla de jumento, in maxilla asini, quitó la vida por su propia mano en ménos de media hora á treinta y cinco mil Sarrazenos en la famosa jornada de San Quintin, debaxo de Julio César, Capitan General del Rey Don Alfonso el de la mano horadada; proeza que premió el agradecido Monarca, mandando que en adelante se pintasse la quixada del escudo de los Quixanos con treinta y cinco mil dientes, y en cada uno de ellos, como si fuera una escarpia, clavada una cabeza de Moro; cosa que hace una vista que embelesa. Y de passo quiero añadir ó, diré ménos mal, quiero acordar á todos la erudicion tan sabida de que el primer escudo, que se gravó con toda esta multitud de cabezas y de dientes, no era mayor que la mas menuda lenteja; siendo lo mas admirable que quixada, dientes y cabezas, con todos sus pelos y señales, se distinguian perfectamente á mas de cien passos de distancia. O assombro de la invencion! o prodigio de la habilidad! o milagro de los milagros del arte! Miraculorum ab ipso factorum maximum, que dixo á este intento Cassiodoro.»

11. «Pero atencion, que oigo no sé qué articulado accento en las ethereas campanas: Vox de cœlo audita est. Pero, de quien es esse gutural verbífico sonido? Oigamos lo que dice, que quizá por ello deduciremos quien lo profiere, como por el efecto se viene en conocimiento de la causa, y por el hilo se saca el ovillo. Hic est Filius meus dilectus, in quo mihi complacui: este es mi querido Hijo, dulce objeto de mis complacencias. Hola! dice la voz, que el que está predicando en el lugar donde fué bautizado es su hijo? Luego la voz es del Padre. Sabe el Lógico, que es legítima la consecuencia. Y quien es esse Padre? Pater meus agricola est: mi Padre es un labrador honrado. Ea, que ya vamos descubriendo el campo. Pero, qué tiene el Padre con el sermon del hijo? No es nada lo del ojo, y llevábale en la mano. Qué ha de tener, si él mismo se le encarga? Dícelo expressamente el texto: Misit me vivens Pater: el que me envió, ó el que me traxo á predicar, es mi Padre. Y nota oportunamente el texto mismo que, quando su Padre le embió á predicar, estaba vivo, vivens Pater; la interlineal, sanus, que estaba sano; los Setenta, robustus, que estaba robusto; Pagnino, vegetus, que estaba terete y fuerte. Apelo á vuestros ojos, y decidme si no es idéntico el caso.»

12. «Vamos adelante, que aún no lo he dicho todo. Y como se llamaba esse generativo principio, esse paternal orígen de aquella dichosa prole? Aquí deséo arrecto vuestro órgano auscultativo. El sermon que mi Padre, vivo, robusto, sano y terete, encomendó á mi insuficiencia, no es del Eucharístico panal? Sí. El arca del Testamento no fué el mas figurativo emblema de esse ovalado armiño? Dígalo el docto y el versado en la Theología expositiva. Y por donde anduvo prófuga esta cóncava testamentífera arca? Vamos á las sagradas Pandectas: et asportaverunt eam a lapide adjutorii in Azotum: conduxéronla al país de los a-Zotes. Víctor! que ya tenemos Zotes en campaña. Entra el arca en la provincia de los Zotes? manda un Padre á su hijo que predique de essa arca? pues, qué apellido ha de tener esse Padre, ni qué cognomento ha de distinguir á esse hijo, sino el de los Zotes, principales de la provincia? Et asportaverunt eam in Azotum.»

13. «Es convincente el discurso; pero vaya una interrogacioncilla. Y esse hijo no tenia Madre? Y como que la tenia, pues consta que la Madre y el Padre le buscaron: Ego et Pater tuus quærebamus te. Está bien; y la madre no tuvo parte en el sermon? Fué el todo; pues ya es cosa sabida que, siempre que un Predicador se desempeña con lucimiento, se refunden en la madre sus aplausos. Por esso, al acabarse la funcion, exclaman todas las piadosas mugeres: Bien haya la madre que te parió! dichosas las madres que tales hijos paren! Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti!»

14. «Pero, qué ruido estrepitoso, qué harmoniosa algarabía divierte mi atencion hácia otra parte? qué percibe la potencia auditiva? qué especies visuales se presentan delante de la visiva? Mas claro y mas para el vulgo: qué oigo? qué veo? Qué hé de ver, ni qué hé de oir, sino un choro de danzantes? Quid vides in Sunamitis, nisi choros castrorum? De danzantes! Ea que sí; pues á vista de la Eucharística arca, aún á las mismas Testas coronadas se las bullen los piés. Dígalo el Rey penitente de Iduméa: et David saltabat totis viribus ante Dominum. Nótese la frase: saltabat totis viribus: brincaba con todas sus fuerzas; no se andaba ahora en paspieses pulidos, en carrerillas menudas, en cabriolas ni en vueltas de pechos acompassadas; daba unas vueltas en el aire, echando las piernas con quantas fuerzas podia: saltabat totis viribus. No es esso lo que ahora estamos viendo en essos ocho robustos Atletas y Luchadores á brazo y pierna partida con el viento? Mas: era David un danzante coronado; pues, corona por corona, no le deben nada á David nuestros danzantes. Pero aún descubro en Isaías otras señas mas claras de ellos: et pilosi saltabant ibi: y danzaban allí los que tenian largo el pelo, los de grandes cabelleras, los de las melenas tendidas. No puede ser la vision mas adequada para el caso presente.»

15. «De buena gana me iria un poco mas tras de la danza, si no me embelesara esse theatro, que ya observo erigido junto á las puertas del Templo, ad fores templi, que dixo elegantemente el mitrado panal de Lombardía (hablo del melifluo Ambrosio). Y qué significa esse theatro? Segun unos es signo natural, ó segun otros es signo ad placitum de un auto sacramental, representacion del Sacramento. Sí? Pues de essas representaciones llenas están á cada passo las páginas de la Escritura. No fué representacion del Sacramento el Mana? Assí lo afirma Cayetano. No fué representacion del sacramentado cordero el Vellon de Gedeon? Assí lo siente Lorino. No fueron representacion del eucharístico trigo las espigas de Ruth? Assí lo assegura Papebrokio. Y todas estas representaciones, no se hicieron en el campo? Es comun sentir de Expositores y Padres. Pues representaciones del Sacramento, y representaciones en el campo, quien podrá dudar, que fueron prophéticas figuras de las representaciones al Sacramento, que se hacen todos los años en mi amada patria de Campazas? In loco campestri.»

16. «Mas, afuera, afuera; aparta, aparta; huye, escápate, corre; mira que te coge el toro. Qué es esto? Rodeado me veo de estos cornúpetos brutos. Qué cerviguillo, qué lomo, qué roscas en el pescuezo, qué lucios y qué gordos! Tauri pingues obsederunt me. No hay quien me socorra? Que me cogen, que me pillan, que me revoletéan. Pero ea, que fué terror pánico, ilusion de la phantasía, ente de razon raciocinante. No son toros de muerte ni furiosos; son sí unos novillos alegres y vivos, pero ni marrajos ni sangrientos vituli multi, ó, como lee otra letra, mutilati. Unos novillos desmochados, esto es, ó sin puntas en el hasta, ó sin fuerzas en las puntas. Gracias á Dios que respiro; porque me havia asustado. Pero, qué tienen que ver los novillos con la fiesta del Sacramento? Ignorantíssima pregunta! Qué fiesta del Sacramento puede haver cabal, si la faltan los novillos? puesto que el Propheta penitente adelanta mas la materia, quando dice, que los novillos se deben correr ó, lo que allá se va todo, se deben presentar en las mismas aras: tunc imponent super altare tuum vitulos.»

17. «Ya no me detengo, ni en las hogueras, ni en las luminarias nocturnas, que precedieron á este festivo dia. Quando se descubre el Señor, sin que se enciendan brillantes cereos piropos? Ni qué mas hicieron los tres milagrosos niños en la flamígera hoguera del Babylónico furno, que lo que anoche vimos hacer á los puvescentes muchachos de mi predilecta patria en las fumigerantes hogueras, que encendió la devocion y la alegría de sus fervorosos íncolas? Si aquellos jugaron con las llamas, sin que les tocassen al pelo de la ropa, estos brincaron por ellas, sin que les chamuscassen ni un solo cabello de la cabeza: et capillus de capite vestro non peribit, que dixo la Boca de oro. Pues qué! la multitud de estruendosos voladores, que subieron serpenteando por esse diáfano elemento, saetas encendidas, que disparó la bizarría y el valor para dissipar el nigricante esquadron de las tinieblas! Parece que les estaba viendo el monárchico Adivino quando cantó vaticinando: Sagittas tuas ex dentibus effecit. Pero mas al caso presente lo pronosticó el que dixo, que resonaba por todo Cámpos el horrísono bom bom bom bom bom de las bombardas:

Horrida per campos bam-bim-bombarda sonabant.»

18. «Paréceme que tengo tocadas y retocadas las circunstancias del dia. Pero no; que la mas especial, por nunca vista hasta aquí, se me olvidaba: hablo de esse vocal instrumento, y al mismo tiempo ventoso, que tan dulcemente titila nuestros oídos. Hablo de esse equivalente ó, como se explica el discreto Pharmacopola, de esse quid pro quo de órgano, que añade tanta magestuosa harmonía á la solemnidad del sacrificio; hablo enfin, para que me entiendan todos, de essa sonora gaita gallega, que tanto nos encanta y nos hechiza. Pero, qué oportuna, qué discreta, qué ingeniosa fué la invencion de mi paternal Mayordomo, quando discurrió y resolvió festejar con ella la funcion del Sacramento! Porque, pregunto: no es el Sacramento en el viril, el escudo, las armas y el blason del nobilíssimo Reyno de Galicia? Assí me lo atestiguó anoche un Peregrino, que viene en Romería de Santiago. Pues, siendo esto assí, era cosa muy congruente y en cierta manera simpliciter necessaria, (ya me entiende el Lógico y el Theólogo,) que no faltasse en la missa del Sacramento aquel instrumento harmonioso, apacible y delicado, que deriva su alcurnia y su apellido del mismo nobilíssimo Reyno; porque, como dice el Philósopho, propter unum quodque tale, et illud magis. Gran gloria de Galicia tener por escudo de armas al Sacramento! pero mayor de Campazas ser la patria y el solar de la sagrada Eucharistía; porque ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Este será el arduo empeño, en cuyo golfo desplegará las velas el baxel de mi discurso; y, para que lo haga viento en popa, será preciso que sople por el timon el aura benéfica de aquella Deífica Emperatriz de los mares, implorando su proteccion y su gracia con el acróstico epinicio del celestial Paranynfo: Ave Maria.»

19. Bien puede discurrir el advertido Lector, que es impossible á toda humana pluma, no digo ya explicar cabal y adequatamente, pero ni aún delinear un levíssimo rasguño por donde se venga en tal qual oscuro conocimiento de la admiracion, del pasmo, del assombro, con que fué oída esta salutacion por la mayor parte de aquel guedejudo y pestorejudo auditorio. Fué milagro de Dios que le diessen lugar para predicar el que se llama cuerpo del sermon, y seguramente no se le huvieran dado, á no tenerles[14] todavía tan pendientes la suspension y la curiosidad del assunto tan singular y tan raro que havia propuesto; porque esto de probar que Campazas era el solar y la patria del Santíssimo Sacramento y que, si no havia Sacramento en Campazas, no havia en la Iglesia fé, lo hizo con tal primor, llamando tanto las curiosidades,[15] que seis granos de láudano apénas bastarian para amodorrar al mas dormilon y soñoliento. En medio de esso, no pudo contenerse el auditorio sin prorumpir de contado, primero en un alegre y bullicioso murmurío, muy parecido al que hacen las abejas al rededor de la colmena; despues en aclamaciones y en vítores descubiertos, arrojando hasta la bóveda ó artesonado de la Iglesia no solo las monteras y sombreros, sino que no falta quien diga se vieron tambien revoletear algunos bonetes. Sobre todo el Maragato de la gaita gallega, quando oyó su gaita no ménos oportuna que repentinamente alabada, no pudo contenerse sin echar al Predicador una alborada; esto de contado y, como dicen, por via de provision, reservándose el derecho de echar todos los registros luego que el sermon se concluyesse perfecta y completamente. Enfin, la algazara y la gritería fué tal, que en mas de medio quarto de hora no le fué possible á Fray Gerundio proseguir su Panegýrico; y, aunque el Sacristan hacia pedazos el esquilon del altar para que se sossegasse la bulla, no lo pudo conseguir, hasta que de bueno á bueno se fueron todos aquietando.

20. Miéntras tanto, el sabio, prudente y discreto Magistral estaba tambien aturdido, pero sin acertar á discernir qual de las dos cosas le assombraba mas, si la satisfaccion y sandez del Orador, ó la ignorancia y bobería de aquel rústico auditorio. El Canónigo Don Basilio, aunque no ahondaba tanto como el Magistral, porque sus estudios no havian passado de los precisos para entender medianamente el Breviario y un puntico de Concilio; pero, como era de una razon natural tan despejada y tan bien puesta, comprehendió sin dificultad, que la salutacion era un gracioso texido de furiosos disparates, y desde luego hizo ánimo á holgarse bien á costa de Fray Gerundio. El otro pariente suyo, familiar del Santo Officio, hombre de bastas explicaderas, pero de mas que mediana razon, decia allá para consigo: «O yo soy un porro, ó este Flayre no sabe las enclinaciones de los nombres, ni ha estudiado á selmo selmonis, como el mi Cuco, (llamábase Francisco un hijo suyo, que comenzaba aquel año el arte,) ó toda esta gente está borracha: mas al fin yo soy un probe lego sin letras, y puede ser que me encalibre.»

21. Esto passaba por el pensamiento de los tres, quando Fray Gerundio dió principio al cuerpo de su sermon, que probó, confirmó y exornó puntual y literalmente, segun la ingeniosa idéa que se le havia ofrecido, de la qual dímos bastante noticia al fin del capítulo segundo, donde podrán volverla á leer, si gustaren, nuestros pios y benévolos Lectores; porque, si bien es verdad, que nos podiamos prometer de su mucha benignidad el que no llevassen á mal, se la volviessemos á poner delante de los ojos un poco mas extendida y con aquella energía, cultura y formalidad, que era propria de nuestro insigne Orador; pero al fin, todo bien considerado, nos ha parecido mas acertado consejo no abusar de su buena inclinacion, haciéndonos cargo de que toda repeticion es fastidiosa, sin ser nuestro ánimo derogar por esso un punto la buena fama y opinion del que dixo, que hay cosas quæ septies repetita placebunt, que darán gusto y no fastidiarán, aunque se repitan siete veces. Háyalas enhorabuena; pero nosotros no presumimos tanto de las nuestras, que las consideremos comprehendidos en este número; y llamamos nuestras á las de nuestro Fray Gerundio, porque en tanto nos las apropriamos, en quanto están sugetas á la jurisdiccion de nuestra tarda y deslucida pluma. Y enfin, para qué es rompernos la cabeza, si tenemos ya hecha una firme, determinada é irrevocable resolucion inter vivos de no copiar dicho sermon, ni trasladarle en nuestra Historia? Haga cuenta el curioso Lector que le leyó; dé por supuestas, y aun por oídas, muchas mas aclamaciones, muchos mas vítores, muchos mas vivas al acabarse el Panegýrico que al concluírse la salutacion. Tenga por cosa cierta, que no solo la gaita, sino que el mismo gaitero estuvo tambien para rebentar, el uno soplando, y la otra siendo soplada. Suponga como noticia indubitable, que allí incontinenti y en la misma Iglesia, al baxar la escalera del púlpito, huvieron de sofocar á Fray Gerundio á puros abrazos, y que, ántes de llegar á la sacristía, pensó ser ahogado en lágrimas y en mocos de las Tias que se atropellaban por avalanzarse á él, haviendo corrido respectivamente la misma fortuna Anton Zotes y la dichosíssima Catanla Rebollo su consorte. Finalmente, dé por assentado lo que assegura un Autor fidedigno y sincero, conviene á saber, que el mismo Licenciado Quixano, no embargante de estar revestido con las vestiduras sacerdotales, ni acordándose siquiera de que estaba celebrando el santo sacrificio de la missa, se mantuvo sentado en la silla, hasta que su ahijado passó por el Presbyterio para entrarse en la sacristía; y entónces, sin poderse contener, se arrojó á él, dióle un estrechíssimo abrazo y, vuelto al altar, apénas pudo entonar el Credo por las lágrymas que derramaba de puro gozo y ternura; demostracion que no se hallará semejante en toda la Historia eclesiástica, aunque sea en la del mismíssimo Elias Du Pin, Autor diligentíssimo en recoger todas las noticias apócriphas y ridículas, que podian hacer despreciables las mas sagradas, augustas y venerables ceremonias de la santa Iglesia.

22. Salió nuestro Fray Gerundio de la de Campazas lo mejor que pudo, y no le costó poco trabajo; porque es tradicion, que apénas le dexaron poner los piés en el suelo, hasta que llegó á su casa, llevándole en el aire los innumerables que concurrieron á congratularle y se incorporaron despues en la comitiva, que se compuso de casi todo el inmenso gentío que havia acudido á la fiesta. Parécenos, que no es necessario decir los parabienes, los plácemes, las enhorabuenas que allí se repitieron, unos ensalzando al Predicador, otros congratulando á sus Padres; estos complaciéndose con Fray Blas, que recivia las enhorabuenas en nombre de su Religion, aunque aplicándose á sí la mayor parte de ellas, aquellos clamando á voz en grito, «que era dichoso el lugar que havia merecido ser patria de tal hijo»; y finalmente, gritando todos á una voz, «que Fray Gerundio era de presente la honra, y havia de ser con el tiempo la immortal memoria de su siglo». Cosas tan comunes y regulares, no es razon que los Historiadores gasten el tiempo en referirlas, porque los Lectores las deben dar por supuestas, y mas quando á la sazon era ya la una de la tarde, estaban las mesas puestas, se passaba el asado, y los convidados tenian gana de comer.

CAPITULO V.

Dase cuenta de lo que passó en la mesa de Anton Zotes.

1. No es nuestro ánimo hacer una pomposa descripcion de la gran mesa, ni referir el órden de assientos que guardaron entre sí los convidados, ni mucho ménos dar al Lector una individual y menuda noticia de los platos que se sirvieron en ella. Sobre que podria parecer á muchos una prolixidad impertinente, no faltarian acaso algunos que la calificassen de impropria ó de muy agena de aquella magestad, que debe reinar siempre en esta gravíssima Historia, en la qual nunca pueden hacerse lugar oportuno noticias que no sean de la mayor importancia; porque, si bien no pocos Historiadores nos han dado en esto exemplos harto perniciosos, haciéndole en las suyas á cosas asaz extravagantes y ridículas, como el que se paró muy de propósito á tomar la medida á las bragas de Calígula, haciendo una pintura de su corte y previniendo con toda seriedad que se las atacaba con agujetas, y no con botones ni corchetes, que era lo mas regular en aquel tiempo; y el otro que, refiriendo aquel caso (cierto ó dudoso), quando el Rey Don Pedro el Cruel se arrojó con la espada desnuda al rio Guadalquivir para matar al Legado del Papa, que le havia excomulgado desde un barco que estaba prevenido, y este se escapó á fuerza de remo; con cuya ocasion el bueno del Historiador se entretiene muy despacio en medir los piés que tenia el barco de largo, los que constaba de ancho, quantos eran los remeros, de qué iban vestidos, sin omitir el color de las berritinas y con la advertencia de que llevaban bordado de realze en ellas el escudo ó las armas de Don Enrique Conde de Trastamara, hermano y competidor de Don Pedro. Digo que estas y otras menudencias, que nos refieren los Historiadores, son de aquellos exemplos mas admirables que imitables, y que á nosotros nos ha parecido mas conveniente respetar con una profunda veneracion, que empeñarnos en seguirles.

2. Fuera de que, haviendo hecho ya una puntual descripcion topográphica de la casa de Anton Zotes á la misma entrada de esta nuestra verídica Historia, con su figura, dimensiones y repartimientos, le será fácil comprender á qualquiera Lector, (por escasa que sea la sagacidad de que le haya dotado el cielo,) que dentro de la casa no era fácil encontrar pieza cubierta capaz y proporcionada para tantos convidados; porque la panera, que era la única que havia, estaba ya legítimamente empleada en otro necessario destino, como lo dexamos advertido en el capítulo tercero de esta segunda parte; y, aunque huvo votos de que se desocupasse el pajar para poner en él las mesas, no lo consintió la discrecion del Mayordomo: lo primero, porque era lugar indecente; lo segundo, porque dar de comer á los convidados donde estaba la despensa de lo que havian de comer las bestias, podia parecer pulla y era dar assunto para que se sacassen coplillas y cantares; lo tercero, porque donde se havia de echar la paja? lo quarto, porque todo el techo estaba entoldado de telarañas; y lo quinto, finalmente, porque no havia otra entrada para el pajar que el boqueron por donde se arrojaba la paja, desde el qual hasta el pavimento havia mas de seis varas.

3. «Essa última enfecultad, dixo un compadre de Anton Zotes, que assistia á la consulta, no me hace nenguna fuerza; porque con baxar los Señores por la escalera de mano por donde baxan los mozos, quando el pajar llega á las escurriduras, estaba todo acabado.» — «Y como se havia de servir la comida?» replicó el Tio Anton. — «Como? respondió el compadre; subiendo y baxando los servidores: y si no, con una estratagema sótil que ahora me incurre. Havia mas de que estiviessen dos mozos enriba del boqueron con dos erradas atadas á sus dos sogas, y que por ellas subiessen y baxassen los pratos, que havian de recevir ó enviar las mozas que estiviessen en baxo? Compadre, esta enfecultad no vale nada: para las otras sí que no topo absolucion.»

4. Por todo lo qual es mas verisímil, que las mesas se dispusiessen debaxo de aquel cobertizo que estaba delante de la primera puerta interior de la casa, en frente por frente de la que caía á la calle, del qual dimos puntual y exacta noticia en el capítulo primero del libro primero pagª. mihi 3 de esta circunstanciada Historia; y mas haviendo para esso la congruencia de estar muy inmediata la cocina, cosa que conduce mucho para que los platos salgan calientes á la mesa, como lo notó sabiamente Monsieur Ferneyer, primer Cocinero de su Alteza Real el Señor Duque de Orleans, en su docto tratado de el Cocinero á la moda, capítulo segundo: del sitio donde se debe colocar la cocina, ibi; il faut mettre la cuisine le plus proche qui sera possible de la chambre à manger, par la raison que les viandes façonnées soyent mises dans la table avec le tempérament qu’il leur faut: palabras dignas de eternizarse en la memoria de todos y que nos ha parecido conveniente traducir con la mayor fidelidad, para que no se priven de ellas los que tienen la desgracia de ignorar la lengua francesa. «Conviene, dice el docto Autor, que se fabrique la cocina lo mas cerca que sea possible del quarto donde se come; y es la razon, porque assí los platos saldrán á la mesa con el temperamento con que deben salir»; esto es, (añade en su erudita nota el anónymo Escoliador,) «ni mas frios ni mas calientes de lo que conviene.»

5. Por lo que toca al órden de assientos, es natural que huviesse ocupado el primero en cabecera de mesa el Señor Magistral, como persona mas digna, teniendo á sus dos lados al Padre Vicario de las Monjas y al Canónigo Don Basilio, el qual quiso absolutamente que Fray Gerundio se sentasse junto á él; pues, aunque por ser tan de casa le tocaba ocupar los últimos assientos, y él por su modestia assí lo pretendió, pero por novio (digámoslo de esta manera) convinieron todos en que le correspondia sentarse de los primeros, y aún añadieron mas, que su madre la Tia Catanla debia sentarse junto al hijo, para que comiesse con mas gusto, y la buena de la Rebollo, sin hacerse de rogar, lo executó luego assí. Los demas convidados tomaron sus assientos sin preferencia personal, observando solo la de los estados, porque assí lo dispuso el Familiar con mucho acierto, diciendo: «Señores, la Igresia tiene ya enregrado el cirimonial; lo que se platica en las procisiones hemos de platicar en esta mesa en gracia de Dios: primero los Flayres, dempues los Señores Curas, detras los Legos, y á la trasera de todos las mugeres, porque este ganado allá se entiende.»

6. No parece que llevó muy á bien este repartimiento el hermano Bartholo, (assí se llamaba el Donado,) por lo qual dixo al Familiar: «Hermano Sýndico, (éralo de su Convento,) si su Charidá no entiende mas de cosas de Enquisicion que de assentaderas de mesa, dígole que es un probe Menistro. La percision es percision, y la mesa es mesa, y va tanta endiferiencia de la una á la otra, como de mí al Padre Santo. Para sentarnos Flayres juntó á Flayres, estariámonos en nuestros Conventos. Lo que yo he visto siempre en mesas de respeuto, (porque, aunque probe y pecador, he comido con muchas personas que tenian Señoría,) es que las Señoras se sentaban enjunto á los Flayres, y los Flayres enjunto á las Señoras, siendo este un lobítico (levítico queria decir) muy arregrado á concencia y á razon, porque por fin y por postre todos tenemos faldas, y, como dixo el otro, la variedad es madre de la hermosura. Y, para que su Charidá lo sepa todo, huvo ocasion en que me mandaron sentar y comer junto á sí una Duquesa,...» — «Tambien yo he visto comer junto á otra, dixo el Familiar, á una negra, á un enano y á una mona.» Iba á proseguir; pero un Religioso de la misma Orden y del mismo Convento, que havia llegado aquella mañana, le atajó diciendo: «Hermano Sýndico, no haga caso de esse simple, pues ya le conoce: como no ha dicho missa, ni comulgado, harto será que esté en ayuno natural. Lo dispuesto está bien dispuesto, y lo contrario ni es modestia ni aún decencia religiosa. Si el Derecho canónico encarga severamente, no solo á los Religiosos, sino aún á los mismos Clérigos seculares, que huyan, en quanto les sea possible, de los públicos convites: convivia publica fugiant; qué parecerá un Religioso en un convite público, sentado entre dos mugeres, ó una muger entre dos Religiosos?» No se atrevió á replicar el hermano Bartholo, y todos tomaron sus assientos segun la prudente disposicion del sesudo Familiar.

7. Dióse principio á la comida, segun la loable costumbre de Cámpos en mesas de Mayordomía, con un plato de chanfaina: huvo su cordero asado, sus conejos, su salpicon, su olla de vaca, carnero, cecina, chorizos y jamon, todo en abundancia, sirviéndose por postres aceitunas, pimientos y queso de la tierra, suponiéndose que no solo andaba rodando por las mesas el vino del Páramo, sino que el de la Nava hizo rodar por aquellos suelos al cabo de la comida á mas de dos convidados. No fué de este número el hermano Bartholo, porque no llegó á tanto la virtud del específico; pero á lo ménos al quarto trago (que hay opiniones se completó al acabar el plato de chanfaina,) no pudo llevar en paciencia tanta gravedad, mesura y silencio, como se observaba en la mesa, sin hacerse cargo de que assí comienzan por lo regular todos los convites que acaban en bulla, algazara y aún locura, segun aquel apophtegma: primero, silentium; secundo, stridor dentium; tertio, rumor gentium; quarto, vociferatio amentium. Pero, como el Donado no entendia latin, no le paró perjuicio la ignorancia de esta sentencia; y, queriendo desde luego alegrar la funcion, tomó en la mano un vaso de buen portante, encaró con la Tia Catanla, y, diciendo en alta voz Bomba![16] para llamar el silencio y la atencion, rompió en esta disparatadíssima décima, que assí la llamó él:

O tú, Catanla Rebollo, Madre de este scientífico repollo, Eres la Madre mas dichosa De quantas han parido alguna cosa. La fama, con su clarin y retintin, Hará que llegue tu gloria Desde Campazas hasta Victoria; Y es lástima, como dicen estos Señores, Que no paras una camada de Predicadores.

8. Aplaudióse infinito la décima con repique universal de vasos y de platos, siendo como la señal de acometer, pues desde aquel punto todo fué bulla, zambra y algazara, tanto que se atropellaban unos á otros los bríndis y las coplas. El Canónigo Don Basilio, que no deseaba otra cosa para soltar la rienda á su festivo humor y á su admirable facilidad en el decir, tomó el vaso, gritó bomba, callaron todos, y dixo assí:

Yo no he oído sermon tal, Ni se oyó de polo á polo; La décima de Bartholo Solo puede serle igual. Está mi juício neutral; Y tanto el cotejo aprieta Entre una y entre otra veta, Que es la salida mejor, Que uno es tan grande Orador Como el otro gran Poeta.

9. Solo el Magistral, algunos de los Religiosos, y tal qual Clérigo, á los quales se añadió el socarron y cortezudo Familiar, entendieron lo ladino de la decimilla; los demas se la tragaron como sonaba, y especialmente á los dos interessados los hizo muy buen provecho, porque el Donado se esponjó visiblemente, y Fray Gerundio, que entendia tanto de versos castellanos como de sermones, quedó muy agradecido. El Familiar, hombre en extremo veraz y que no podia dissimular lo que sentia, dixo con mucho gracia: «Mal año para los que me quieren mal, si la coplilla no abrasa. Ella se me assemeja á lo que me respondió un Flayre muy taimado, á quien le pregunté qual de dos hermanos mios, tambien Flayres, que vivian en su Convento, era mejor estudiante, y él me respondió: Ambos son peores.»

10. El Predicador Fray Blas, que havia callado hasta entónces, no pudo llevar en paciencia la pulla del Señor Familiar, y, como él se picaba tambien de Poeta, y en realidad era de aquellos Poetillas en cierne, que saben de lo que consta un verso, y toda la gracia la ponen en equivoquillos insulsos y pueriles, desembainó al punto su décima y, mirando de hito en hito al Familiar, habló de esta manera:

El sentido singular En que el Familiar se explica, Aunque repica, no pica, Que es estilo familiar. A Fray Gerundio alabar No me toca, sí al Donado, El qual digo de contado Que, si es bueno, es lo mejor; Pero será hombre mayor, Como sea Mal-Donado.

11. Aturrullóse el Familiar, y se quebraron algunos vasos y aún platos en fuerza de los repiques con que fué celebrada la décima de Fray Blas; especialmente quatro Curas del Páramo quedaron assombrados, porque aquello de pica y repica, Familiar y familiar, buen Donado y Mal-Donado, los aturdió verdaderamente, pareciéndoles que era hasta donde podia llegar el ingenio humano. Conociólo Don Basilio y, para burlarse de los Curas tanto como del Poeta, prorumpió al instante en estas dos quintillas:

Tus equívocos, Fray Blas, Nos admiran, como soy; Mas perdonen los demas, Porque yo admirado estoy Que no sean muchos mas; Pues tu ingeniosa cabeza Se equivoca sin preludio, Con tal primor, tal destreza, Que lo que parece estudio Es en tí naturaleza.

12. Tragósela Fray Blas, teniendo por lisonja la satyrilla; y, pareciéndole á Fray Gerundio que era obligacion suya corresponder á los elogios que se dedicaban á su amigo, (ya que á este no se lo permitia la modestia,) quiso tambien sacar los piés de las alforjas poéticas; pero, como no tenia uso, le costaba mucho trabajo: esto se entiende para encontrar los consonantes, pues, por lo que toca á los piés, no hallaba dificultad en sacarlos ajustados, por lo mucho que le gustaba el estilo cadencioso. Pero salió felizmente del empeño, acordándose en aquel punto de una décima, que se atribuye á Don Francisco de Quevedo, quando estaba preso en San Márcos de Leon, y dicen la compuso á un Canónigo de aquella santa Iglesia, que se intitula Santa María de Regla, el qual era gran copleador, pero muy poco assistente al choro. La décima decia assí:

La Musa de mi compadre Con efecto es Musa bella Y, si no es Musa doncella, Es en cambio Musa madre. No hay cosa que mas le quadre, Porque ya es baza assentada En soltera y en casada, Como Hipócrates lo arregla, Que, si falta la regla, Parirá ó está preñada.

13. Dissimuló Don Basilio la insulsez, y aún afectó celebrarla como la mayor agudeza, para tomar ocasion de volver á la carga en los aplausos de Fray Gerundio; pero lo suspendió, porque á este tiempo tocó al vaso el Padre Vicario, haciendo señal de bomba. Callaron todos, y él, despues de calzarse mejor los anteojos, componer el becoquin, desahogar el pecho, empuñar el vaso y mirar con gravidad y con desden ázia todas partes, dixo assí con mucho remilgamiento:

Octava rima.

Sermones oí sí, de circunstancias, Pero tan circunstanciados como este Ni Soto, ni Fray Fiel, ni Fray Ganancias, Ni el mismo D. Juan Lobo el Arcipreste. Cotilla tiene mil extravagancias, Son de Guerra los dichos una peste; O Gerundio, Orador siempre divino! No eres Gerundio no, sino Supino.

14. Un poco se paró el Canónigo Don Basilio al oir esta octavilla, que no le pareció del todo despreciable, y como que concibió un poco de respeto al Padre Vicario, teniéndole por poeta mas que de mesa de Cofradía; porque, si la octava era irónica, mostraba ingenio, buena crítica y bastante travesura: no obstante, le quedó algun escrúpulo de que el Padre Vicario hablaba en todos sus cinco sentidos, porque sus modales, su aire presumido y su afectado remilgamiento le daban no sé qué tufo de que tambien era de los Predicadores del uso, y que debia de ser un poco mas innocente de lo que parecia. Para sondearle pues, le dixo con su acostumbrada picaresca: «Padre Maestro, á excepcion del Señor Magistral y de estos Reverendíssimos, todos los demas que estamos en la mesa somos algo legos, aún inclusos los de corona; pues ya sabe vuestra Reverendíssima, que tambien hay Eclesiásticos de capa y espada. No entendemos de mas libros que el Breviario, y aún esse sabe Dios si le entendemos; con que no podemos hacernos cargo de quienes son essos Autores, que vuestra Reverendíssima ha citado en su eruditíssima octava, que por todos sus piés está chorreando alusiones exquisitas. Sin duda que debieron ser los Príncipes de la Oratoria Española, quando vuestra Reverendíssima los trahe á colacion, para cotejarlos con el Reverendíssimo Padre Maestro Fray Gerundio.»

15. — «Y como que lo son, Señor Canónigo, respondió con gran tiesura y pomposidad el Padre Vicario. A lo ménos en mi pobre juicio, hasta que oí al Padre Fray Gerundio, no hallé quien los excediesse, y aún puedo añadir que no sé si encontré quien los igualasse, especialmente en tocar con el mayor primor y delicadeza las circunstancias mas menudas, que por lo mismo son las mas preciosas.»

16. «El primero, en un sermon á cierta funcion de jubiléo, concedido nuevamente por su Santidad, queriendo hacerse cargo á un mismo tiempo assí del nuevo jubiléo, como de un esquilon nuevamente fundido, que pocos dias ántes se havia colocado en el campanario de la Iglesia, traxo oportunamente aquello de Ecce nova facio omnia, y añadió immediatamente lo otro de Laudate eum in cymbalis jubilationis, laudate eum in cymbalis bene sonantibus. Los textos son comunes, no lo niego; pero la aplicacion fué singular y pasmosa.»

17. «Al segundo no se le escapó la rara circunstancia de haverse puesto peluca por la primera vez en el mismo dia de la funcion el Mayordomo de la fiesta, á que predicaba; y, haviendo hecho una bizarra pintura de los cabellos de Absalon, dixo que su padre David mandó que se los cortassen, luego que tuvo noticia de su infausta muerte, quando quedó colgado de ellos; y, dando órden para que de los mismos cabellos le hiciessen una cabellera rizada, se la puso el mismo dia en que fué bailando delante del Arca; para cuya exquisita erudicion citó el sabio orador al célebre Rabí Akádos, y no sé qué passage del Talmud, que venia muy á pelo.»

18. «El tercero tuvo presente que la noche ántes de la funcion havia parido un niño muy rollizo la Mayordoma, á la qual llamaban en el lugar la Princesa, (no se sabe si por sátira ó por mote,) y con la mayor gracia y primor imaginable se le ofreció de repente encaxar en la salutacion aquel oportuníssimo lugar de Puer natus est nobis, et filius datus est nobis; factus est principatus super humerum ejus; cosa que aturdiria á todos quantos la oyessen y que, desde que yo la leí, no he dexado de admirarla.»

19. «El quarto...» Iba á proseguir el Padre Vicario; pero le atajó el Canónigo, diciéndole: «Padre Maestro, no se canse vuestra Reverendíssima, que por el hilo se saca el ovillo, y sobra lo dicho para que yo conozca con quanta razon, con quanto candor y sinceridad religiosa celebra vuestra Reverendíssima á essos Heroes de nuestra Oratoria Española. De el quarto ya tengo yo alguna noticia, desde que leí un epigrama de Horacio, que le aplicó un mal hablado con ocasion de no sé qué sermon que predicó satirizando á otro de su paño, cuyos aplausos parece que no le sonaron bien; y el bellacon del deslenguado, (Dios me lo perdone!) aludiendo á que el tal Orador debia de ser corto de persona, pero presumido de hombre grande y de lindo, dixo por bufonada:[17]

Bellus homo et magnus vis idem, Cotta, videri, Sed qui bellus homo est, Cotta, pusillus homo est.»

20. «Pero ahora dígame vuestra Reverendíssima: qué es lo que quiso decir en el último concepto de su admirable octava, conviene á saber que nuestro inimitable Orador ya no es Gerundio, sino Supino? Porque, si es lo que comprende mi malicia, harto será que esto ceda en el mayor elogio suyo.» — «Señor Canónigo, respondió, no sin alguna seriedad, el Padre Vicario; yo no sé lo que su malicia de vuestra Merced comprende ni dexa de comprender, porque no soy amigo de meterme en malicias agenas. Lo que sé es, que la inteligencia de aquel concepto está clara: el supino es lo último á donde puede llegar todo verbo, y no puede passar de allí. Véalo vuestra Merced, si no: amo, amas, amat, amare, amavi, amatum; doceo, doces, docet, docere, docui, doctum; lego, legis, legit, legere, legi, lectum: lectum, amatum y doctum son el supino de estos verbos, los quales todos paran en él; y no hay que andar dándole vueltas, que no me señalará vuestra Merced ni siquiera un verbo que dé un passo mas adelante. Pues ahora está ya claro lo que quiero decir, y es que, assí como el supino es el non plus ultra de los verbos, assí el Reverendíssimo Fray Gerundio (al decir esto hizo ademan de quitarse el becoquin por respeto y reverencia,) es el non plus ultra de los Predicadores.»

21. — «Tambien lo es vuestra Reverendíssima de los Poetas agudos, respondió el taimado de Don Basilio, y apuesto á que ningun ingenio daba en la genuína significacion del pensamiento, si vuestra Reverendíssima no nos huviera hecho la honra ó, por hablar al uso, no huviera tenido la bondad de explicárnosle. Lo que es el no entenderlo! Como yo havia leído, no me acuerdo donde, que en latin á un hombre tardo, rudo y que todo lo trastorna, se le llama un hombre supino, y tambien se aplica este significado á los perezosos, haraganes y galbaneros, que todo el dia se están, como se dice, con la panza al sol, confiesso que me sobresalté algun tanto, quando oí el acabamiento de la octava, y, pareciéndome que podia ser pulla, ya estaba con la Musa en ristre para volver por el decoro de nuestro incomparable Orador, al qual, sin hacerle injusticia, no se le podia aplicar el epítheto de supino en ninguno de los significados que yo le atribuía; porque ni tiene nada de haragan ó perezoso, siendo la misma laboriosidad, ni mucho ménos se le puede llamar tardo ó rudo de ingenio, pues yo no le he conocido hasta ahora mas delicado, como lo acredita cada rasgo del sermon que acabamos de oírle.»

22. «Confiesso que el supino, en este sentido, lo soy yo, pues no caí en una significacion que se estaba viniendo á los ojos; tambien declaro, para descargo de mi conciencia y para mayor confusion mia, que ya no me parece el nombre de Gerundio tan propio y tan adequado á los méritos del Padre Predicador, como lo seria el de Supino. Antes de haver oído la erudita, ingeniosa y cabal explicacion de su significado, juzgaba yo que no havia en toda la Nomenclatura... llámase assí, Señora Catanla, (porque somos deudores á todos,) aquel vocubalario, almagacen ó despensa, de donde se sacan los nombres propios... que no havia, vuelvo á decir, en toda la Nomenclatura otro nombre mas ajustadito al talle de nuestro gran modelo de Predicadores que el de Gerundio, porque los gerundios son los que dan á conocer el carácter de los sugetos con quienes tratamos. Y assí, á un hombre de condicion altiva, furiosa y arrebatada le llamamos hombre tremendo; á un Religioso grave, autorizado y respetable le damos el título de Padre Reverendo; á uno que sea maligno, dissoluto y contagioso, y mas si está públicamente excomulgado, le distinguimos con el arrimadizo de vitando; y sabe ya el docto, que vitando, tremendo y reverendo son tan gerundios en nuestra lengua, como lo son en la latina cœnandus, prandendus, potandus.»

23. «Esto supuesto, desde que tuve la dicha de conocer, tratar y oir al Padre Fray Gerundio, discurria yo assí: Este es un hombre verdaderamente admirando, estupendo, preconizando y colendo, los quales todos son legítimamente gerundios, ó no los hay en el mundo. Luego se le puso el nombre de Gerundio con la mayor propriedad imaginable. Pero, desde que oí á vuestra Reverendíssima, digo y vuelvo á decir que harto mejor le quadraba el de Supino, porque esse es mucho mas cosa; y esto se entienda sin perjuicio de los aciertos y de la discrecion del Señor Licenciado Quixano, su digníssimo Padrino, que fué quien se le puso.»

24. El buen Licenciado, que en toda la comida havia cerrado la boca, pero tampoco la havia abierto para hablar palabra, sino parte para comer y parte para admirar los grandes elogios, que á su modo de entender se havian dicho en la mesa de su querido ahijado, solamente respondió: «Señor Don Basilio, yo soy un pobre Clérigo, que no entiendo de essas honduras: algo estudié de gerundios y de supinos, pero jamas me metí en qual era mas, qual era ménos, porque no soy amigo de revolver huessos, que al fin son cosas odiosas. Si á Fray Gerundio le puse este nombre y no otro, mis razones me tuve, que no hé menester decir á nadie; lo que podré assegurar á vuestra Merced es, que mi ahijado, allí donde vuestra Merced le ve, tan conocido ha de ser en el mundo con el nombre de Gerundio, como puede haverlo sido qualquier Supino que haya nacido de mugeres.»

25. — «Bomba, dixo á este punto el hermano Bartholo, que essa ya es endemasiada prosa; se va acabando la mesa, y entodavía no hemos dicho una palabra al Señor Mayordomo. Allá va á Dios y á dicha.» Callaron todos, y él soltó esta disparatadíssima chorrera de desatinos:

Carlo-Magno y todos los doce Pares Fueron, o Anton Zotes! en tu comparanza Como el dedo meñique á respeuto de tu panza, Y como dos pajitas enjunto á dos pajares. No venciste al Gigante Fierabras, Pero hiciste mucho mas, Quando por tu endustria vino al mundo Esse pozo de cencia, tan profundo Como la noria de mi Convento, Que tiene mas de mil brazas, y aún mas de ciento. Si no fuera por tí y por la Tia Catanla tu consorte, No meteria Fray Gerundio tanto ruido en la Corte, Donde la Reina, el Rey, el Papa y los Cardenales, Los Duques, los Marqueses, y hasta los mismos Provinciales Le celebran á porfía; Que dicen que es una bataola, una algarabía. Si el árbol se conoce por el fruto, Como dixo un Theólogo llamado Márcos Bruto, El qual añadia que aún por esso Las grandes camuesas endican un gran camueso; Qué árbol serás tú! Qué nobre tronco! Solo de imaginarlo me pongo ronco. La Fama

26. — «Basta, hermano Bartholo, basta,» le interrumpió el Magistral, que ya no podia aguantar mas tanto disparate, y, aunque havia dissimulado su mal humor todo lo possible por no desazonar la funcion, apurada ya la paciencia, se levantó de la mesa con pretesto de ir á dormir la siesta, haciendo lo mismo todos los demas convidados, á excepcion de Don Basilio, el Padre Vicario, Fray Blas, Fray Gerundio, el Familiar y el Donado, que se quedaron de sobre mesa, donde passó lo que dirá el capítulo siguiente.

CAPITULO VI.

De la Conversacion no ménos útil que graciosa, que se tuvo sobre comida.

1. — «Permítame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, que le dé mil abrazos, dixo Don Basilio, ahora que hemos quedado solos; rato mejor que el que vuestra Merced me dió con su admirable sermon, no le he tenido ni le he de tener en mi vida. Esso es predicar, y todo lo demas es hojarasca.» — «Yo tal digo, añadió el Padre Vicario; y, si un jóven al principio de su carrera comienza assí, qué será quando la acabe? Yo conocí á un Predicador de cierta Orden, hombre ya de canas y provecto, que, aunque predicaba á este mismo aire que el Padre Fray Gerundio, no merecia descalzarle los zapatos; y con todo esso le llamaban espanta-Madrid pues, qué será el Padre Fray Gerundio quando llegue á sus años? Seguramente que le llamarán el Monstruo de España, y todavía le vendrá estrecho el renombre.»

2. — «No te lo dixe yo, amigo Fray Gerundio?» interrumpió á esta sazon Fray Blas, rebosando gozo por todas sus coyunturas. «Si no huvieras seguido mis consejos y te huvieras dexado gobernar de las vejeces de nuestro Reverendo Padre Fray Caduco, lograrias ahora estos aplausos?»

3. — «Quien es esse Flayre? preguntó el Familiar, y qué consejos daba á mi sobrino?» — «Es un Reverendíssimo Matusalem, respondió Fray Blas, de essos que alcanzaron las valonas, el qual está muy mal con todo lo que en los sermones se llama conceptos, agudezas, equívocos, circunstancias; en una palabra, con todo aquello que hace el gusto y embeleso del auditorio y produce el aplauso del Predicador. Dádole ha que se ha de predicar á lo ramplon y á lo solidote; assuntos serios y naturales, verdades indubitables y de quatro suelas; pruebas macizas y de cal y canto y, como dicen, de estas que aplastan. De circunstancias no se hable: dice que no hay mas circunstancias que las de el mysterio del Santo ó del objeto de que se predica, y que todo lo demas es locura y profanacion, que muchas veces se roza en sacrilegio. Añade, que solicitar en los sermones el gusto ó el deleite del auditorio y el aplauso del Orador, es contra toda regla de la verdadera eloquencia, la qual solo debe tirar á convencer, á persuadir y á mover; pretendiendo que los conceptos delicados, las agudezas, los equívocos y las pinturillas deleitan, pero no convencen, ni persuaden, ni mueven. Vaya Usted viendo lo que adelantaria un pobre Predicador con estas reglecitas, y si al cabo del año tendria dos arrobas de chocolate en el caxon, ó si rodarian media docena de doblones en la naveta.»

4. — «Con que, esso decia esse buen Flayre?» volvió á preguntar el Familiar. — «Si, Señor, esso decia, esso dice, y esso estará diciendo por toda la eternidad, si Dios no lo remedia,» respondió Fray Blas. — «Pues mi alma, como la de su Reverencia, continuó el Familiar, yo soy un pobre monigote, como Ustedes ven, que solo sé leer con trabajo y echar mi firma con enfecultad; pero, por fin y por postre, dos deditos de entendimiento, de pricision los ha de tener todo hombre inracional. Mi voto le doy á esse Fray Mathias de Jerusalem, ó como le llama el Padre Predicador, y que me emprumen, si no le sobra la razon por los tejados. Quando voy á oir un sermon, sea el que se juere, voy siempre con entincion de que m’ agan güeno, ó espirándome deséos de emitar las vertudes del Santo á quien se perdica, ó propuniéndome alguna verdá de emportancia, que me la metan bien en la cabeza, y dempues como que me empujen el corazon á platicarla. Pero vaya Usté con Dios, que las mas de las veces m’ allo con una retaíla de garambainas, de entresijos, de sotilezas y de cercunloquios que, en mi ánima jurada, los entiendo yo tanto, ni sé á lo que vienen, como ahora llueven pepinos. Daca el Mayordomo, vuelve la Comedia, torna los novillos; si la Ciudá se llama assí; si su enfundidor se llamó asado; si danzaron ó no danzaron los profetas; si se usaron hogueras y cuetes y carretillas y triqui-traques en la ley de los Judíos. Dempues entran los Angeles que suben y baxan por la escala de Jacó; dempues aquellos Seraphines con sus seis alas, que no parecen sino los gorriones de todos los sermones; porque, ansí como los gorriones se encuentran en todos tiempos y en todas partes, ansí essos probes Seraphines salen á volar en todos los sermones, que no sé á fé mia como tienen ya fuerzas ni prumas; y en verdá que hicieron bien en ponerles tantas alas, una vez que huviessen de estar volando tan encontinuamente. Pues, qué diré de aquel que unos llaman carro, y otros carroza, de un tal Enzequiel? Habrá acarreado el dichoso carro mas paja en essos púlpitos de Dios que todos los carros de Cámpos, desde que se enfundió en el mundo la labranza. Con que, al cabo del sermon me güelvo á mi casa tan malo como me salí, sin haver entendido una palabra de toda aquella chanfonía; y vaya Usté con Dios, que hemos de decir, que el Perdicador es un hombre que se pierde de vista, siendo ansina que á muchos de ellos los llevara yo á la Inquisicion, si el Santo Tribunal me lo mandara.»

5. — «Señor Familiar, replicó Fray Blas, no hable vuestra Merced en lo que no entiende.» A que añadió prontamente Fray Gerundio: «Tio, pensar vuestra Merced que ha de alcanzar mas que tantos Predicadores famosos como predican assí, y tantos hombres discretos como los celebran y los aplauden, es demasiado pensar.» — «Sobrino, respondió el Familiar, cada probe alcanza aquello que Dios le ayuda. A esso de que tantos Perdicadores perdican ansí, y que tantos hombres discretos los celebran, digo que, porque son tantos los que perdican ansina, por esso me encarabrino yo tanto; y en quanto á los hombres discretos que los celebran, peor es urgallo. Yo confiesso, porque el Diabro no se ria de la mentira, que tambien los he uído apraudir á muchos; pero acá en mi imaginamiento todos eran unos tontos. Y á lo otro que dixo el Padre Perdicador, de que yo no lo entiendo, respondo á su Usencia que, como los sermones se perdican para que los entiendan todos, por el mismo caso que yo no entiendo los mas, digo que son malos, y no me sacarán de esto quantos Tiólogos hay en la Universidá de Salamanca.»

6. — «A muchos ha hecho bien poca merced el Señor Familiar», dixo á esta sazon el Padre Vicario con su acostumbrado entonamiento. «Si son necios los que predican de essa manera y los que gustan de sermones á esse aire, se verificará á la letra lo que dice el Espíritu Santo, que stultorum infinitus est numerus, será preciso contar en esse número á muchos hombres de bien, y yo, aunque no lo sea, desde luego me encuentro entre ellos, porque mas quiero errar con los muchos que acertar con los pocos.»

7. — «Fuego de Dios en la másima! replicó con viveza el Familiar; no me la meterá Usendíssima en la cabeza: en todo causo á mí me parece mas mejor acertar con uno solo que errar con todo el mundo; porque, en concrusion, el errar siempre es errar, y el acertar siempre es acierto.» — «No estará vuestra Merced tan solo por esse partido, dixo á esta sazon Don Basilio, que no tenga tambien á su lado al Señor Magistral; porque, assí en los sermones que le he oído, como en las conversaciones que se han ofrecido sobre la materia, con el exemplo y con la palabra se muestra tan opuesto á este modo de predicar, que es gusto oírle quando se zumba de él, y estremece quando le combate en serio.»

8. — «Por algo ha estado tan grave y tan espetado en toda la mesa, interrumpió el hermano Bartholo, que en toda ella no ha dicho esta boca es mia; y alguna vez que yo le miraba, estaba con un ceño que parecia un Enquisidor. Pero dempues de todo, yo me atengo á nuestro Padre Vicario y al Reverendo Padre Fray Bras, que son Perdicadores leídos; y de mí sé decir que, quando oigo uno de estos sermones agudos, me embobo tanto que es un alabar á Dios. Pues qué? si el Perdicador es hombre de manotéo y lo representa con garbo y, como dicen, con empropriedad! Entónces no trocaria yo un sermon por una comedia.»

9. — «Essa es otra, replicó el Familiar; Perdicadores he uído que no parecen sino mesmamente á unos farsantes que ví en Valladolí, una vez que fuí allá á cosas del Santo Oficio, y havia comedias. Ni mas ni ménos traquiñan las manos quando perdican, como las traquiñaba el primer galan, que decian era un pordigio. Si habran de cruz, espurren los brazos; si de una bandera, hacen como que la trimolan; si de una batalla, dan cuchilladas; si de una ave, parece que vuelan.» — «En esso hacen lo que deben, respondió magistralmente el Padre Vicario, porque las acciones han de acompañar á las palabras, en lo qual no debe diferenciarse el Predicador del Representante.»

10. — «A otro perro con esse huesso, dixo el Familiar, que yo no le roeré. Con que, quiere su Usencia encaxarnos que un Comediante y un Perdicador han de representar de la mesma manera?» — «Ambos han de pintar, en quanto sea possible, con las acciones, aquello que expressan con las palabras,» replicó el Padre Vicario. — «Sí, Señor, dambos tienen essa obrigacion, pero el Comediante como Comediante, y el Perdicador como Perdicador.» — «Pues, explíquenos vuestra Merced la diferencia,» dixo con un poco de desden el Padre Vicario. — «Oh! si yo supiera expricarla como acá la tengo en mi calletre, respondió el Familiar, no me truecaria por un Arcediano.»

11. — «A mí me parece, saltó entónces Don Basilio, que comprendo lo que quiere decir el Señor Familiar. Parécele que, siendo tan diversos los fines que se deben proponer el Comediante y el Predicador, han de ser tambien muy diferentes los medios, y que lo que en el uno es gala, hermosura, viveza y propriedad, en el otro seria locura, ridiculez, irrision y extravagancia. El Comediante solo tira á deleitar, á embelesar y á divertir; el Predicador únicamente debe intentar convencer, persuadir y mover. En aquel las acciones, los gestos y los movimientos parecen mejor quanto mas airosos, quanto mas vivos y quanto mas desenfadados: en este todo debe respirar gravedad, magestad, modestia y compostura; y, perteneciendo á la accion no solo el movimiento de las manos, sino el aire del semblante, la postura del cuerpo y hasta el tono de la voz, en todo debe reinar una modestia que no se pide al Comediante. Y á este propósito me acuerdo haver leído en Quintiliano, que el buen Orador ha de querer mas parecer modesto y encogido que garboso y desembarazado: modestus et esse et videri malit; y debe ser sin duda la razon, porque, siendo el principal fin del Orador el persuadir y el mover, todo aquello que le hace mas amable, le hace tambien mas eficaz, siendo cierto que el que es dueño del corazon se hace mas presto señor del entendimiento; y como el orgullo, la presuncion y la arrogancia desagradan tanto á todos, el Predicador que en sus movimientos, gestos, acciones y menéos se ostenta orgulloso, arrogante y presumido, de contado se hace aborrecible, ó por lo ménos enfadoso. De aquí es que la modestia y el encogimiento, que pocas veces cae en gracia á un Comediante, siempre es necessaria al Predicador; y harto será que no fuesse esto lo que el Señor Familiar quiso decir.»

12. — «Pero quando lo expricaria yo con essa heregía y craridad?» exclamó el Familiar, lleno de gozo, dando un abrazo á Don Basilio. «Vuestra Merced me bebió el pensamiento; y, ya que una cosa llama á otra, díganos vuestra Merced por vida suya, y assí tenga Dios en descanso al ánima de su Señora Madre (conocíla mucho, y era una muger... válame Dios, qué muger era!): díganos vuestra Merced, vuelvo á decir, qué cosa es modestia de la voz? Porque ansí al descuído con cuidado se dexó vuestra Merced caer este vocabro, y yo no entiendo bien lo que sanefica.»

13. — «Tampoco yo lo entenderia mucho, respondió el Canónigo, si por casualidad no lo huviera leído pocos dias há en cierto libro que me envió un amigo de Madrid, y trata de estas cosas de los Predicadores. Intitúlase La Eloquencia Christiana, y su Autor es un Jesuíta francés, llamado el Padre Blas Gisbert, hombre sin duda hábil, discreto y erudito, que trahe admirables especies, aunque á mi pobre parecer escritas no con el mejor méthodo del mundo; porque repite mucho, hacina bastante; no sigue la caza, pica mil cosas y luego las dexa; y en los muchos exemplares que trahe de San Juan Chrisóstomo, á quien propone con grandíssima razon por el mejor modelo de la eloquencia sagrada, aunque todos ellos son muy escogidos, me parece que está algo prolixo. Pero hola! quien soy yo para meterme á crítico, sin acordarme que esta facultad no se hizo para un pobre Canónigo bolonio? Vuelvo á la pregunta.»

14. «Dice pues este Padre, si no me acuerdo mal, hablando de la modestia de la voz, poco mas ó ménos, estas palabras: Serás modesto por esta parte, si evitas en tu voz cierto aire bronco, hinchado y dominante, que introduce hasta el corazon de los oyentes aquella enfadosa dissonancia, que su mismo desentono causa en el oído. Una voz dulce, fuerte, igual, flexible y modestamente imperiosa es de admirable auxilio para la persuasion. Por el contrario, el entendimiento siente no sé qué repugnancia en rendirse á unas razones que se derivan por un canal tan ingrato y tan desagradable, como es una voz grossera, desapacible, fiera, impetuosa y violenta.»

15. — «Y donde ha de ir á comprar otra, replicó Fray Blas, aquel á quien Dios se la dió con essas tachas?» — «Esso no lo dice mi Autor, respondió el Canónigo, y yo no he tomado el oficio de instruir á los Predicadores, porque soy poco hombre para esso. Solo refiero lo que he leído; bien que á mí me parecia, que el arte, el trabajo y el cuidado podian corregir essos defectos, y aún hago memoria, si no me equivoco, de haver oído ó leído, que Demósthenes y Ciceron, los dos mayores Oradores que ha conocido el mundo, ambos havian recivido de la naturaleza una voz bronca y destemplada, y ambos la reduxeron á un medio templado, sonoro y apacible, con el cuidado y con el exercicio.»

16. — «Pues oye su Mercé, Señor Don Basilio, dixo el Familiar; aunque es assí que essas vozarronas, que parecen berreaduras de güey ó de becerro, y essos menéos empetuosos de los Perdicadores, como los llama esse Padre Theatino Bras de qué sé yo qué, parece que le rompen á uno los cascos; pero á mí no me amohinan ménos otros Perdicadores que hay tan enmelados, con unas palabricas tan de azucre y de almíbare, unos cecéos y unos menéos de dama remilgada y de Sí Señor, que cierto dan á un hombre gana de gomitar.» — «Quando todo esso es natural, respondió el Canónigo, porque nace de un genio verdaderamente dulce, suave y blando, y de algun natural defecto de la lengua, no solo no fastidia, sino que cae en gracia, persuade y mueve; pero, quando se mezcla en ella la afectacion y el artificio, no hay cosa que mas empalague ni que mas irrite. Aún en una conversacion, el que afecta dulzaina, dengues y remilgamiento, se hace extremadamente fastidioso; pero, quando esto se quiere remedar tambien en el púlpito, no hay paciencia para tolerarlo.»

17. — «En esso vamos conformes,» interrumpió el Padre Vicario; y es que él tenia una voz sonora, grata y medianamente corpulenta. «No lo estamos tanto en el dictámen sobre essa obrita del Padre Gisbert, que tengo en mi celda y he leído con bastante cuidado; pues, aunque vuestra Merced la ha notado algunos defectillos, veniales á la verdad, pero en el fondo se conoce que la aprecia. Ha leído vuestra Merced los reparos críticos de Monsieur L’Enfant sobre essa obra?» — «Sí, Padre Reverendíssimo, porque están al fin de la segunda edicion, que es la que yo tengo.» — «Y qué le parece á vuestra Merced de ellos?» preguntó el Padre Vicario. — «Padre Maestro, respondió Don Basilio, un triste Canónigo de capa y espada, como yo soy, no puede dar parecer en estas materias. Pero, pues vuestra Reverendíssima desea saber lo que siento, valga lo que valiere, digo que, fuera de las notas que le pone (y á mí me parecen justas) sobre la falta de méthodo, la repeticion y la prolixidad de los lugares que extracta de San Juan Chrisóstomo, casi todos los demas reparos de Monsieur L’Enfant son fútiles, ridículos y pueriles; y en fin, pidiendo primero licencia para usar de este equivoquillo, reparos propriamente de niños, que esso quiere decir l’enfant en nuestra lengua.»

18. «Pues qué! replicó el Vicario, pueril llama vuestra Merced al primer reparo, que pone sobre lo que dice en el prólogo el Padre Gisbert, que la hermosura del discurso suple la falta de la brevedad? Y añade el crítico, que aquí hay oscuridad y algun sentido equívoco, pues se quiere decir que lo hermoso del discurso excusa lo prolixo. Este reparo me parece justo y sólido.»

19. — «Lo que es no entenderlo! respondió el Canónigo; pues á mi me parecia que era insulso, fútil y sin razon alguna; porque no comprendia yo, que entre estas dos cláusulas la hermosura de un razonamiento suple la falta de la brevedad; la hermosura de un discurso excusa la prolixidad huviesse otra diferencia que la de decir una misma cosa con mas ó con ménos palabras; pero que en lo demas ambas proposiciones eran igualmente claras y perceptibles. Mas las superiores luces de vuestra Reverendíssima descubren lo que no vemos los que las logramos mas escasas.»

20. — «Pues la segunda nota de Monsieur L’Enfant sobre el prólogo, dixo el Padre Vicario, aún es mas substancial que la primera, y no sé qué se pueda replicar á ella. Para excusar el Padre Gisbert la prolixidad de los exemplos que propone, dice que en esso no hizo mas que imitar á San Agustin, y añade oportunamente el discreto crítico: Si el méthodo es malo, no le autoriza el exemplo del Santo; fuera de que San Agustin no es tan prolixo ni con mucho en sus citas, como lo es el Padre Gisbert en las que hace de San Juan Chrisóstomo. Tratará vuestra Merced de pueril este reparo?»

21. — «Yo me guardaré bien de esso, respondió el Canónigo; porque, aunque es verdad que á nosotros los Eclesiásticos legos nos disuena mucho esto de hablar con ménos respeto de los Santos Padres, y mas de un Padre tan sabio, tan ingenioso y tan crítico en todo como dicen que fué San Agustin; pero esso nacerá sin duda de que nosotros no lo somos: por esso nos escandaliza oir que, quando las cosas son malas, el exemplo de los Santos Padres no las autoriza; porque nos parecia á nosotros que, una vez que las autorizasse el exemplo de los Santos Padres, debiamos de creer que no eran malas. Por lo que toca á si son ó no son largas las citas de San Agustin, como los exemplos que copia el Padre Gisbert de San Juan Chrisóstomo, yo no puedo hablar con conocimiento de causa, porque confiesso que solo he leído por el forro las obras de San Agustin en la librería del Señor Magistral; pero, como el Padre Gisbert assegura que San Agustin traslada lugares muy considerablemente largos de los Prophetas, de San Pablo y de San Cypriano en su libro ó Tratado De la Doctrina Christiana, paréceme que debemos creerle sin escrúpulo, porque no tiene traza de hombre que habla á bulto, ni de quien cita en falso.»

22. «Pero demos de barato que las citas del Santo huviessen sido mas breves ó mas cortas; acá á mi modo de concebir me parece, que no hace fuerza el cotejo, siendo muy clara la disparidad. San Agustin, en el libro De la Doctrina Christiana, no toma por assunto el instruir á un Predicador en el modo de predicar, sino imbuírle en los dogmas ó doctrina de la Religion que debe de enseñar, y para esto no era menester copiar passages largos de los Padres anteriores al Santo Doctor. Por el contrario, todo el empeño y todo el assunto del Padre Gisbert es instruir á un Orador Christiano en el méthodo y en el modo con que ha de disponer sus sermones; y para esto era al parecer indispensable hacer un poco largos los exemplares que se proponen para la imitacion; porque, como dice el mismo Padre, si no se da á estos modelos de el buen gusto una cierta proporcionada extension, es impossible sentir ó reconocer en ellos perfectamente la práctica de las reglas. Es verdad, como signifiqué al principio, que aún para este fin me parecen un poco prolixos algunos passages de San Juan Chrisóstomo, que copia el Padre Gisbert; pero yo soy un pobre Canónigo en romance, y debo someter mis bachillerías al superior dictámen de vuestra Reverendíssima, á quien suplico se sirva decirme qué hombre fué esse Monsieur L’Enfant, cuyas notas han tenido la fortuna de agradarle tanto.»

23. — «Señor Don Basilio, respondió el Padre Vicario, confiesso que no lo sé, ni me he metido en averiguarlo; porque, quando leo un libro, me importa poco saber la vida y milagros del Autor: si me gusta, le acabo y le celebro; y si me enfada, le cierro y le arrimo, sin meterme en mas honduras ni averiguaciones.»

24. — «Hay cosa! replicó el Canónigo; pues yo estaba en el errado concepto de que, para hacer juicio de una obra, especialmente crítica y en materia que se roza con la Religion, convenia mucho saber, por lo ménos en general, los estudios, las circunstancias, y especialmente la profession ó la religion del Autor. Confiesso que, haviendo observado en las notas de Monsieur L’Enfant el empeño en critiquizar, morder y censurar los lugares que traslada el Padre Gisbert, (porque, en suma, á esto se reducen sus principales notas, ó á lo ménos aquellas que no son sobre puras fruslerías,) y haviendo reparado que, desde la misma carta que sirve de prólogo á la obrilla, muestra su poca inclinacion á este célebre Padre de la Iglesia, quando dice que, aunque él es uno de los que mas admiran su eloquencia y su genio, con todo esso no quisiera proponerle hoy por modelo sin muchos correctivos, confiesso que todo esto me hizo entrar de mala fé con este Monsieur, y me dió fiera tentacion de averiguar qué personage era.»

25. «Tuve bien poco que hacer en conseguirlo; porque, como soy uno de aquellos eruditos de repente y haraganes de la moda, que quieren saber mucho á poca costa y hablar en todas materias sin comprehender ninguna, en saliendo algun Diccionario, Compendio, Epítome, Synópsis, ó cosa que lo valga, luego escrivo á mi corresponsal de Madrid para que le haga venir á mi librería romancista. En ella tengo el Diccionario Histórico, abreviado, de Moreri, escrito en francés por el Abad Ladvocat y traducido harto fielmente en castellano por Don Agustin de Ibarra, Clérigo laborioso y aplicado. En él se dice, que Jacobo L’Enfant fué un famoso Theólogo é Histórico de la Religion Protestante, que dexó un gran número de obras y murió paralýtico el año de 1728; por señas, ántes que se me olvide, que se assegura nació en Bazoche en el Bauce, provincia que no se sabe donde cae, pues solo se tiene noticia del Bausès ó Beauzès, baxo y mediano, que comprende el país de Chartres y el de Vandoma; pero esto importa un bledo. Lo que á mi ver importa mas, es que, haviendo sido Monsieur L’Enfant un Protestante tan famoso como arrabiado, parece que se deben leer con alguna desconfianza sus notas sobre la obra de un Jesuíta, y mas sobre tal obra.»

26. — «Pues qué, replicó el Padre Vicario, no sin algun desden, es vuestra Merced de aquellos entendimientos vulgares, que juzgan no puede escrivir con acierto un Herege en ninguna materia?» — «No, Padre Reverendíssimo, respondió el Canónigo, no soy tan lego como todo esso: sé muy bien que entre ellos ha havido Autores eminentes en algunas facultades; sé muy bien, (porque al fin ya llegué á estudiar las Súmulas,) que no vale esta consequencia: es Herege, luego no sabe lo que se dice, ni lo que se escrive; sé tambien que, assí como hay cierta especie de locos que solamente desvarían en determinadas materias, assí hay muchas classes de entendimientos que solamente desbarran en assuntos determinados. Pero al mismo tiempo estoy persuadido á que por esta última razon debemos leer siempre con mucha cautela y desconfianza aquellas obras de los Hereges, que directa ó indirectamente tratan de puntos de Religion, quales son sin duda las que hacen crítica de los Santos Padres, cuya veneracion y concepto procuran ellos disminuir por todos caminos. Por otra parte, siendo tan notoria la inquina que los Hereges professan á las Religiones, especialmente á los Jesuítas, paréceme que, quando aquellos escriven contra estos, pide la equidad que se las lea con un poquillo de precaucion, porque son parte apassionada.»

27.[18] El Donado, á quien se le secaba la boca con tanto silencio, y no podia llevar en paciencia una conversacion mas seria de lo que él quisiera, y de la qual apénas entendia palabra, pareciéndole que havia llegado la suya, dió una gran palmada en la mesa y dixo con voz temulenta: «los Hereges son unos perros judíos: pero los Theatinos!... y no digo mas. Al fin toda es gente honrada, pero mi casa no parece.»

28. — «Calla, borracho,» le interrumpió, no sin alguna indignacion, el otro Religioso de su Convento, que, despues de un ratico de siesta, havia vuelto á la mesa y se halló á la mitad de la conversacion. «Demasiado has dicho, para conocer que has bebido demasiado. Qué quieres significar por essas palabras tan preñadas?» — «Lo que yo quiero saneficar, dixo el Donado, está bien craro; porque, si los Hereges pretenden deshonrar á los Padres de la Igresia, como esse Señor Infante lo quiere hacer con San Juan Chrystósomo, los Theatinos no tratan mejor á Santo Thomas de Enquino.» — «Botarate! cose essa boca! le replicó el Religioso, y no hables lo que no entiendes, ni eres capaz de entender. No hay Religion en la Iglesia de Dios, despues de la Dominicana, que mas se haya empeñado en ilustrar á Santo Thomas que la Compañía; ninguna que cuente tanto número de Expositores de las obras de el Santo Doctor. Si en algunos lugares aquellos le entienden assí, y estos de otra manera, lo mismo sucede en muchos textos de la Sagrada Escritura, que unos Padres los interpretan de un modo, y otros de otro muy diferente, y aún muy contrario, sin que ninguno diga por esso, que los Padres de la Iglesia no siguen la Escritura ó que tiran á discreditarla. Aún entre los mismos Autores Dominicos se dan batallas campales sobre la inteligencia de muchos lugares de Santo Thomas, y no por esso le deshonran, ántes por lo mismo le ilustran mas; pero esto no es para cabeza de bolo como la tuya.»

29. — «Cabeza de bolo ó no cabeza de bolo, replicó el Donado, hasta ahora no he uído, que ningun Padre Santo huviesse llamado á la Religion de los Theatinos Religion de la verdá, como se la llamó á la Religion de Santo Domingo un Padre Santo de Roma.» — «Tampoco se la ha llamado, replicó el Religioso, á la Religion de San Francisco, ni á la de San Benito, ni á la de San Bernardo, ni á la de San Agustin, ni á ninguna otra de las innumerables, que instituyó el mismo Dios por medio de los Santos Patriarchas para ornamento de su Iglesia. Y qué sacaremos de esso? Que todas las demas Religiones son Ordenes de la mentira, y solo la Religion de Santo Domingo es Orden de la verdad? Solo una cabeza tan burral como la tuya sacará esta consequencia.»

30. — «Aquí entro yo, dixo el Familiar, porque soy Menistro del Santo Oficio, y, si alguno dixera de qualquiera de las Religiones essa Morería ó essa Judiada, al mimento le echaba la garra y daba con él de paticas en la Enquisicion. Pero...»

CAPITULO VII.

Levántase de la siesta el Magistral, y prosigue la conversacion del Capítulo antecedente, con todo lo demas que irá saliendo.

1. A tal instante se dexó ver el Señor Magistral, despues de haver dormido una siesta muy decente. Todos se levantaron por respeto, y los mas se retiraron, unos á rezar, y otros á descabezar el sueño, entre los quales asseguran varios Autores que el hermano Bartholo era el mas necessitado. Fray Gerundio hizo tambien ademan de retirarse; pero el Magistral le detuvo, quedando solos Tio y Sobrino, Don Basilio, y el bueno del Familiar. Tomó un polvo el Magistral para despejarse, estregóse los ojos, sonóse las narices, y es fama que, encarándose con el Sobrino, le habló en esta substancia:

2. «Sin duda, Fray Gerundio, que habrás quedado muy vanaglorioso con tu desbaratado sermon. Los aplausos de los ignorantes, la gritería de essa pobre gente, el voto de la muchedumbre, y las aclamaciones de los lisongeros, si ya no han sido irónicos elogios de los zumbones ó de los malignos, te tendrán persuadido á que nos dexaste á todos assombrados. Con efecto fué assí, y dudo que algun otro lo huviesse quedado mas que yo; pero no de tu discrecion, ni de tu agudeza, ni de tu gracia, ni de tu despejo, sino de tu lastimosa ignorancia, de tu juvenil osadía, de tu raro atolondramiento, y de tu total falta de gusto y de reflexion.»

3. «Mucho me havia escrito mi amigo y tu favorecedor, el Padre Maestro Prudencio, de tu modo de predicar; algo me apuntó de las cuerdas y oportunas advertencias, que te havia hecho para que no malograsses tus talentos; no me havian dicho poco algunos, que te oyeron no sé qué plática de Disciplinantes en tu Comunidad. Todo me hizo concebir que ibas muy descaminado; pero confiesso que no juzgué, ni aún imaginé possible, que lo fuesses tanto. Desde el primer período de tu sermon me huviera salido de la Iglesia, á haverlo podido hacer sin mucha nota y sin igual tumulto ó alboroto del apiñado auditorio: este me sitió en el confessonario, que, todo el tiempo que duró el sermon, no fué para mí tribunal de la penitencia, sino exercicio de ella.»

4. «Llaméle sermon, y le dí un nombre muy improprio; porque ni fué sermon ni cosa que de mil leguas se le parezca. Es dificultoso definir lo que fué, pero veré si me puedo acercar á dar á entender lo que concibo. Fué una escoba desatada de inconnexiones; fué una tarabilla suelta de impertinencias y de extravagancias; fué un confuso hacinamiento de textos y lugares de la Sagrada Escritura, ridículamente entendidos y osadamente aplicados; fué un turbion de conceptillos superficiales, falsos, pueriles, no solo agenos de un Orador, que en todo debe buscar la verdad y la solidez, sino insufribles aún en un mediano Poeta.»

5. «Dexo á un lado el intolerable abuso, la necia costumbre y el ignorantíssimo empeño de tocar en la Salutacion aquellas que se llaman circunstancias. Sé que contra esta impertinentíssima y tontíssima costumbre te han dicho ya mas de lo que yo te puedo decir. Solo añadiré, (por si acaso no te lo han dicho,) que ya está únicamente reducida al ínfimo vulgo de los Predicadores, y que solo se oye celebrada por las heces mas despreciables de los auditorios. Tú no te contentaste con tocar las mas comunes, que suelen repiquetear otros Oradores de tu estofa; descendiste hasta las mas menudas y ridículas, para que llegasse hasta donde podia llegar tu extravagancia: te hiciste cargo de tu Padre, de tu Madre, de tu Padrino, de los cohetes, de las hogueras, del Auto sacramental, de los novillos, de los danzantes, de sus melenas, y en fin, por no dexar ninguna impertinencia en el tintero, hiciste circunstancia hasta de la gaita gallega. No es menester mas que referirlo sencillamente para conocer, para palpar la suma ridiculez. Tus mismos colores están ahora acreditando la vergüenza que te causa solo el oírlo; pues, como tuviste valor para practicarlo? y, lo que es mas,[19] como pudiste aplicar á cosas tan baxas los sagrados textos?»

6. «Pero como? Como lo han hecho hasta aquí todos quantos te precedieron, y como no puede dexar de suceder, porque no hay otro arbitrio ni otro medio: violentando textos, desquartizando lugares, arrastrando y aún tal vez fingiendo exóticas exposiciones, ó construyendo las palabras de la Escritura con tanta materialidad como pudiera el mas zafio Sayagués ó el mas rústico Batueco.»

7. «Porque fué este el primer sermon que has predicado, traxiste aquellas palabras de San Lúcas, con que da principio á los hechos de los Apóstoles: primum quidem sermonem feci, o Theophile, sin hacerte cargo, lo primero, de que el Evangelista no trata allí de sermones, sino del Evangelio que havia escrito, como él mismo lo dice expressamente: primum quidem sermonem feci de omnibus, o Theophile, quæ cœpit Jesus facere et docere, usque in diem etc.; lo segundo, que, aunque hablara de sermones, diria todo lo contrario de lo que tú pretendias; porque no afirmaba que era aquel el primer sermon que predicaba, ántes suponia que havia predicado otro ú otros, pues decia: el primer sermon que prediqué etc. primum quidem sermonem feci. Pero no, Señor; tú leíste que el Evangelista hablaba de primer sermon, y sin mas ni mas, entendiendo materialíssimamente sus palabras, te pareció que venian muy al intento del primer sermon que predicabas, sin reflexionar que, una vez tolerada este grosseríssimo modo de traher las palabras de la Escritura, no hay absurdo que no se pueda confirmar con ellas.»

8. «De la misma manera, y aún mucho peor si es possible, aplicaste los demas textos á tus extravagantíssimas idéas. Seria cosa interminable si quisiera detenerme en recorrerlos todos en particular, y por esso bastará traherte ligeramente á la memoria los mas estrafalarios. El cotejo que hiciste del retiro de Christo al desierto con el tuyo á la Religion, dexó de ser atrevido por passar á ser sacrílego; y la disyuntiva que añadiste de que, bautizado Jesus, se retiró al desierto ó el Diablo le llevó á él, fué un arrojo que quiso parecer gracia, y vino á parar en una blasphemia. Alucináronte á tí, como á otros muchos, aquellas palabras de que ductus est ab spiritu, sin advertir que no fué el espíritu maligno, sino el Espíritu Santo, el que le conduxo al retiro, como lo sienten los Padres Santos, y es casi evidente en el contexto de la letra. Pero á tí te hacia al caso esta exposicion, porque te abria camino para la otra chocarrería, de que te retiraste al desierto de la Religion, si ya el Diablo no te llevó á ella. Chufleta escandalosa, en que no es fácil decidir, si sobresale mas la impiedad ó el descontento que muestras con tu religioso estado.»

9. «No ignoro lo que enseña Santo Thomas, hablando de la docilidad con que debemos abrazar los consejos que son buenos, aunque las costumbres y la intencion del que los da sean perversas. Bien sé que dice el Santo que, aunque constara que era el Diablo el que te aconsejaba que entrasses en Religion, debieras seguir su consejo; porque, suponiendo que su intencion siempre seria torcida, podrias enderezarla ázia tu mayor provecho, segun aquello de salutem ex inimicis nostris; pero el angélico Doctor habla hypotética, no categóricamente. Discurre en la suposicion de que esto sea possible, no supone que lo sea, ni mucho ménos lo da por hecho.»

10. «Las locuras, que ensartaste para hacer lugar en la Salutacion á tu Padrino el Licenciado Quixano, debieran conducirte á la Inquisicion, si ellas mismas no acreditaran que competia su juício á la casa de los Orates. Quanto dixiste de la quixada de asno con que Cain quitó la vida á su hermano Abel, (si es cierto que executó el fratricidio con este instrumento,) quanto disparataste sobre la famosa quixada de Sanson, y quantas boberías historiales fingiste sobre las armas de los Quixanos y de los Quixadas, familias á qual mas ilustres en el Reino de Leon, te harian reo de dos gravíssimos delitos, si no los disculpara tu sandez, ignorancia y bobería. Los esclarecidos individuos de una y otra nobilíssima familia se reirán de tu necedad, ó se compadecerán de tu desbarato, y nunca tendrán por assunto digno de su quexa que un simple como tú forge despropósitos, que no son capaces de obscurecer su esplendor.»

11. «Si vuelvo los ojos al estrafalario assunto que tomaste, apénas hallo términos para explicar lo que concibo: Campazas es el solar de la Eucharistía, y assí, ó no hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. A quien sino á tí pudo venir al pensamiento tan furioso desatino? Puedo preguntarte lo que un Duque de Toscana preguntó á cierto Poeta, que le presentó un poema con grande satisfaccion de que le havia de assombrar, y con no menor confianza de que se lo havia de pagar bien: Dicami per Dio, dove pigliò questo acervo di pazzie e questa farragine di minchionerie? Dígame por Dios, donde encontró este monton de necedades y este fárrago de despropósitos y de boberías.»

12. «A un assunto tan exótico precisamente havian de corresponder unas pruebas tan exóticas como él; porque una proposicion extravagante no se puede confirmar con razones que no lo sean. Es Campazas el solar de la Eucharistía, porque la materia remota de este Sacramento es el pan y el vino, que nacen en los campos, de donde se deriva el nombre de Campazas? Por essa regla el Sacramento de la Eucharistía será originario de toda tierra de pan y vino llevar; y no tendrá mas derecho Campazas á ser la alcurnia de este augusto Sacramento, que Campomayor, Campoverde, Camposanto, Campo del Villar, y, en fin, toda tierra y lugar de Campos que tenga este nombre por delante ó por detras, como Medina del Campo, Villanueva del Campo, Morales de Cámpos, etc. Por el mismo principio, el solar de la Extrema Uncion será todo país donde haya aceite; el del Bautismo, donde haya agua; y el de la Penitencia, todo el mundo, porque en todo él se usan pecados, que son su materia remota.»

13. «De el mismo calibre es el otro despropósito, conviene á saber que ó hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Qué quisiste decir con esto? Que la fé de la Iglesia Cathólica dependia de que huviesse Sacramento en Campazas? Terrible locura! Tanto depende la fé de la Iglesia Cathólica de que haya ó no haya Sacramento en Campazas, como de que le haya ó le dexe de haver en Londres ni en Constantinopla. No te tengo por tan mentecato como todo esso; quisiste sin duda significar, (pareciéndote que decias una gran cosa,) que, si no era verdad que havia Sacramento en Campazas, puesta allí la materia y la forma por Ministro competente y con la debida intencion, tampoco era verdad que le havia en Roma ni en parte alguna de la Iglesia de Dios. Pero vén acá, simple; no conoces que essa es una insulsíssima perogrullada, y que lo mismo se puede decir de la mas infeliz alquería donde entre el divino Sacramento? Salvo que seas tan páparo como el otro charro que, haviendo visto los magníficos monumentos de Sevilla, dixo muy satisfecho: los munimentos buenos son; pero Sacramento como el de mi lugar no le hay en todo el mundo.»

14. «Sabes de donde nace este disparatado modo de discurrir, y essas proposiciones, parte heréticas, parte absurdas y parte malsonantes, que echas á borbotones? Pues, no es otro el principio sino el lastimoso desprecio que hiciste de la dialéctica, de la philosophía y de la theología, persuadido neciamente á que no las havias menester para ser gran Predicador. Ya estoy informado de lo que trabajaron tus Prelados y otros hombres sabios y zelosos por desvanecerte este grossero error de la cabeza, y tambien lo estoy de que todo fué inútilmente. No presumo tanto de mis fuerzas, que me lisongée de poder conseguir lo que ellos no lograron, y mas quando, separado ya de los estudios, parece fuera de sazon la doctrina que voy á darte. No obstante, por no quedar con esse remordimiento y porque puede ser te haga mas fuerza lo que te dice un Tio tuyo, que te ama de corazon y que está ó debe estar tan práctico en la materia como yo, (porque al fin no tengo otro oficio en mi Santa Iglesia,) te expondré con toda la brevedad y con toda la claridad que me sea possible, no ya mi dictámen particular, sino el universal de todos quantos enseñan á formar un perfecto Orador, pues, si fuere tan feliz que te hagan fuerza mis razones, aunque hayas dexado de ser discípulo de los Lectores en el aula, puedes serlo de los libros en la celda.»

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