LIBRO QUINTO. (continued 2)
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19. Como Fray Blas vió, que el Colegial estaba un poco avinagrado, y tenia alguna noticia de su genio vivo y quisquilloso, no se atrevió á replicarle; contentóse con decirle, que en esto de sermones, de versos, de latin y cosas semejantes cada qual tenia su gusto, y, sin inculcar mas en el punto, le suplicó que prosiguiesse examinando á Fray Gerundio sobre las fuentes de la invencion; porque, como observaba que este las tenia tan prontas, se le caía la baba al bueno del Predicador. Serenóse un poco Don Casimiro y, continuando en su interrogatorio, rogó á Fray Gerundio se sirviesse decirle qual era la séptima fuente de la invencion, que le havian enseñado.
20. «Los dichos graves y sentenciosos de los antiguos,» respondió sin cespitar. Y el Colegial prosiguió: «Sin duda es una fuente bellíssima y copiosíssima, especialmente haviendo tanto recogido de sus sentencias y apophtegmas, los quales solo se diferencian de aquellas en que las sentencias permiten mas extension de palabras, pero los apophtegmas se deben ceñir á las ménos voces que sea possible; las sentencias se pueden tomar de qualquier Autor donde se encuentren, mas los apophtegmas se hacen mas recomendables por ser dichos de grandes personages, como de Papas, Emperadores, Reyes, Cardenales, Obispos, etc. Vaya esta diferencia sobre la fé de Guillelmo Budéo que la señala, pues yo no me atreveré á defenderla en el siglo que corre, el qual está como inficionado de libros de apophtegmas, que son hoy de la gran moda. Tales son los libros que llaman de -ana, como la Menagiana, la Perroniana, la Scaligeriana, la Saint-Evremoniana, la Fureteriana, y otros innumerables, de que se hace graciosa burla en el primer tomo de la Menagiana, donde el Autor de una salada rima, acabada toda en la sílaba -na, despues de zumbarse de una multitud de estos escritos, unos verdaderos y otros fingidos, concluye diciendo:
Todos los libros en -ana Se arrimen donde está la Ipecacuanha,
hierba medicinal de las Indias, que hoy se usa mucho y con grande felicidad en Europa. Es cierto, que estos apophtegmas, recogidos en los libros de -ana, no todos son dichos de grandes personages, pues hay algunos de sugetos muy de escalera de abaxo, si no entra en cuenta su agudeza ó su literatura.»
21. «Pero, al fin no se puede dudar, que los dichos, sentencias y apophtegmas, assí de los antiguos como de los modernos, usados con discernimiento y con moderacion, son un preciosíssimo adorno de todo género de eloquencia, tanto oratoria como histórica. Thucídides mereció la suprema estimacion de todos los siglos por el juício, oportunidad y bello gusto con que se valió de ellos. Hesiodo, aunque muy distante de Homero, assí en la gravedad del estilo como en la magestad del assunto, ha logrado los mayores aplausos por la singular eleccion que tuvo en las sentencias con que adorna sus dos poemas heróicos: Las Obras y los Dias y la Theogonía ó generacion de los Dioses, bien que algunos críticos le notan, no sin razon, que las sentencias son mas frequentes de lo que fuera justo. En fin, Quintiliano encarga mucho al Orador que se aproveche de esta fuente, pero con tres precauciones: la primera, que las sentencias sean muy escogidas; la segunda, que sean raras; y la tercera, que sean correspondientes á la edad, al carácter y demas circunstancias del Orador. Si son triviales, se oyen con desprecio; si muy frequentes, cansan la atencion y aún empalagan; si no se acomodan á los connotados del Orador, mueven á risa. Yo añadiria otra quarta calidad, y es que las sentencias sean tambien proporcionadas al theatro y al auditorio. En una aldéa ó pueblo pequeño seria risible aquella sentencia ó apophtegma tan justamente celebrada, que se atribuye á Afro Domicio: princeps qui vult omnia scire, necesse habet multa ignoscere: el Príncipe que quiere saberlo todo, tiene necessidad de perdonar mucho. Qué Príncipe se podria aprovechar de esta advertencia en un pueblo reducido? En un auditorio rústico y grossero seria impertinente aquel discreto dicho de Plutarco: sero molunt Deorum molæ, sed bene comminuunt: las ruedas de los Dioses tardan en moler, pero hacen buena harina. Quantos havría en el auditorio que entendiessen la metáphora? Vamos á la octava fuente.»
22. — «Essa es para mí la mas seca, dixo Fray Gerundio, no sin chiste; porque mi Autor dice que la octava fuente son las leyes, y confiesso que de leyes ni entiendo ni he estudiado palabra.» — «Yo tampoco las he estudiado, continuó el Colegial, por no ser essa mi profession; pero no es menester hacer la de Legista para saber algunas leyes, especialmente de las antiguas y primitivas, que se instituyeron en el mundo para el gobierno de los hombres, las quales sirven de un bello adorno á qualquiera oracion sagrada, singularmente moral ó doctrinal. Es cierto, que nunca las leyes de los hombres pueden añadir peso ni autoridad á la ley santa de Dios; pero no es dudable, que encuentra el entendimiento no sé qué particular satisfaccion y consuelo en ver tan conforme la ley divina con las leyes humanas, pronunciadas por unos Legisladores que no tuvieron noticia del verdadero Dios.»
23. «Yo me acuerdo de algunas que, por lo que toca á lo directivo, son muy conformes á muchos preceptos del Decálogo, aunque sean erradas y gentílicas en lo que suponen de doctrinal. Vayan algunos exemplares. El primer mandamiento es amar á Dios sobre todas las cosas. Confórmase con él la ley de Numa Pompilio: Deos patrios colunto, externas superstitiones aut fabulas ne admiscento. Segundo no jurar su santo nombre en vano. Es muy conforme á él la ley de los Egypcios: perjuri capite mulctentur. Quarto: honrar Padre y Madre; lo mismo mandaba aquella ley de que hace mencion Heródoto (lib. 1): magistratibus parento; y la otra de los Lacedemonios, citada por Platon en su República: majorum imperio libenter omnes parati assuefiant. Sexto: no fornicar; son muchas las leyes que prohibian esto mismo. La que trahe Josepho (lib. 11. cap. 6.): adulterii et lecti genialis injurias vindicanto; la de Numa: pellex aram Junonis ne tangito; y la célebre de los Athenienses, que prohibia predicar ó hablar en público á todo hombre deshonesto: si quis pudicitiam prostituerit aut expatrarit, huic interdicito jus apud populum concionandi. Séptimo: no hurtar; á esto aludia aquella ley de los Egypcios: singulis annis apud Provinciarum Præsides omnes unde vivant demonstranto. Si quis secus faxit aut unde legitime vivat non demonstrarit, capitale esto.»
24. «El uso assí de estas leyes antiguas como de otras mas modernas, patricias y municipales, con tal que sea sobrio, prudente y oportuno, tiene su gracia y tambien su eficacia en qualquiera sagrada oracion. Pero hacer estudio de componer un sermon como un alegato de los que se usan solo en nuestra España, embutido en textos, leyes, decretos, cánones y constituciones del derecho civil y del canónico, parecido al que yo oí á cierto Cathedrático, sobre ser una grandíssima impertinencia, es ostentacion pueril para acreditarse de erudito y sabio en facultad forastera. Hola! esta censura ó esta reflexion no es mia, pues ya he protestado, que ni mi profession ni mis años me permiten excursiones á países tan sagrados: refiero lo que por entónces se dixo entre hombres que tenian voto. Solo en unas circunstancias, añadió uno de los circunstantes, puede ser del intento cargar algo mas la mano en la cita de leyes nacionales, y es quando se predica á un auditorio compuesto por la mayor parte de gente de Curia, como en los sermones al Consejo, á las Chancillerías, á las Audiencias, etc. Si se toca entónces el punto de regalos, gratificaciones y derechos de Ministros inferiores, como Abogados, Relatores, Procuradores, Escrivanos, etc., no será fuera de propósito referir las leyes municipales que hablan en esto, y explicar con claridad hasta que punto son obligatorias en conciencia, segun la inteligencia comun de los Theólogos. Pero, dexando esto á un lado, deséo saber qual es la nona fuente de la invencion, que prescribe el Autor por donde vuestra Reverendíssima estudió.»
25. — «Sacræ litteræ, respondió Fray Gerundio como un reguilete: la Sagrada Escritura; y añadió luego: En este punto no tiene vuestra Merced que detenerse, porque sé lo que basta para bandearme; he tomado mi partido, y no mudaré de rumbo por mas que me prediquen.» — «No tiene Usendíssima que prevenirmelo, replicó Don Casimiro; pues sé bien, que este punto no es de mi incumbencia, y no se me ha olvidado lo que leí pocos dias ha en cierto Autor de mi profession; hablando de la Sagrada Escritura dice: quod ad ejus usum attinet, Theologorum est proprius: hæc eorum hæreditas, hic campus, hoc stadium; por lo que mira al uso de la Sagrada Escritura, esse toca á los Theólogos, essa es su herencia, essa su legítima, esse es su proprio y particular terreno. Por señas de que, en confirmacion de lo que poco ha íbamos hablando, se lastima mucho en el mismo lugar de que los Predicadores se metan á Legistas, y los Legistas á Predicadores, aquellos citando leyes, y estos glosando textos: contra inverso ordine, jurisperitos, neglectis iis quæ ad se attinent, Sacra Biblia sæpius quam leges in ore habere. No excluye absolutamente, que unos tomen algo de otros por la recíproca union y buena correspondencia que hay entre las facultades; sola abomina el excesso, el prurito y la ostentacion de que se sabe de todo.»
26. «No obstante, ya me permitirá Usendíssima que, sin mezclarme en lo directo de esta fuente, que en realidad excede los límites de mis estudios, haga una reflexion acerca de ella, que parece no estar fuera de mi jurisdiccion. Es cierto que la Sagrada Escritura mereció tanto concepto aún á los Philósophos gentiles, que Emilio de Apaméa (ó Amilio, como le llama Proclo), al leer la primera cláusula del Evangelio de San Juan: in principio erat Verbum, quedó assombrado de que un Bárbaro (assí llama al Evangelista) huviesse philosophado con tanto acierto. Tambien sabemos, que Dionysio Longino, haciendo el paralelo entre Moyses y Homero, calificó al Legislador de los Judíos por un hombre nada vulgar; pues no podia serlo el que tenia tan alta idéa de Dios, como lo acredita aquel rasgo suyo en la historia de la creacion: dixit Deus: fiat lux, et facta est lux; fiat terra, et facta est, proponiéndole por modelo de un pensamiento verdaderamente sublime. Aunque la segunda parte: fiat terra, et facta est, la añadió Longino de cosecha propria, pues no se halla en la Escritura, en que el Autor, como gentil, estaba poco versado. No es ménos cierto, que en la Sagrada Escritura se encuentra no solo todo lo que se halla en los libros profanos y no profanos, sino que se halla en aquella lo que en estos no se encuentra. Pienso, si no me engaño, que ha de ser observacion de San Agustin, y que la leí en un libro de eloquencia: et cum ibi quisque invenerit omnia, quæ utiliter alibi didicit, multo abundantius ibi inveniet ea, quæ nusquam omnino alibi, sed in illarum tantummodo Scripturarum mirabili altitudine et mirabili humilitate discuntur. Siendo esto assí, me parecia, á mi grossero modo de entender, que la Sagrada Escritura debiera ser la única ó por lo ménos la primera fuente de la invencion, respecto de todo Orador sagrado. Pues, por qué razon Usendíssima ó su Autor no solo no la señalan por la única, no solo no la dan el primer lugar, sino que la ponen á la cola, y harto será que no sea la última?»
27. Hallóse embarazado Fray Gerundio con esta pregunta que no esperaba; pero salió á su socorro su fino amigo Fray Blas, diciendo con grande satisfaccion: «Esso es claro: porque la Escritura es fuente comun de que todos beben, está á mano de qualquiera para hartarse de ella, quando le diere la gana. Un Predicador que quiera acreditarse no ha de beber del pilon, sino que sea para enjuagarse: sýmbolos, emblemas, geroglýphicos, historias, sentencias, versos, fábulas, esta ha de ser su comidilla; y á lo mas mas, allá hácia lo último, un poco de Escritura, á modo de mondadientes. Esto es lo que quiere decir poner la Escritura por la postrera fuente de la invencion, y está bien puesta, á pagar de mi dinero.»
28. En medio de los pocos años del Colegial y que, assí por su edad como por su genio, todavía no estaba muy maduro ni era de los que mas se morian por sermones de Christo en mano, no se puede ponderar quanto le irritó una proposicion tan absurda, tan loca y tan escandalosa; sin embargo, considerándose huesped y que no era razon dar una mala noche á aquella buena gente, dissimuló su indignacion lo mejor que pudo, y se contentó con decir á Fray Blas: «Si no me hiciera cargo de que vuestra Paternidad habla de chanza, zumbándose de aquellos Predicadores que, si no con las palabras, á lo ménos con las obras parece que lo sienten assí, delataria essa proposicion al Santo Tribunal.» Iba á responderle Fray Blas algo colérico, quando oportunamente y al mejor tiempo del mundo entraron á poner la mesa, porque ya era hora de cenar.
CAPITULO V.
Dispone Fray Gerundio su sermon, y vále á predicar.
1. Cenaron, se acostaron, durmieron, se levantaron, almorzaron y se despidieron de Don Casimiro, que muy de mañana quiso volverse á Valderas cazando, por lo que no admitió una yegua castaña, andadora y paridera, que ya havia dado quatro potricos y dos muletas á Anton Zotes, el qual se la ofreció para el viaje con la mejor voluntad del mundo. Aquella misma mañana se quiso retirar tambien Fray Blas á cuidar de su fingida enferma, despidiéndose hasta que fuesse á oir á Fray Gerundio el sermon del Escrivano, como lo ofreció y como lo cumplió á su tiempo.
2. Con efecto, iba ya á montar á cavallo, quando se acordó Fray Gerundio de que no havian leído, glosado y admirado el celebérrimo sermon de honras á los Soldados del Regimiento de Toledo, por el Autor del Florilegio, como se lo havia ofrecido Fray Blas la tarde antecedente; y es que el encuentro de Don Casimiro, con la conversacion entablada en el passéo y proseguida despues en casa, enteramente los havia borrado la especie de la memoria; y, como Fray Gerundio estaba resuelto á todo trance á tomar dicho sermon por modelo para el suyo, no queria dedicarse á componerle, hasta que su amigo Fray Blas le hiciesse observar, notar y admirar todos los primores. Por tanto, tirándole de un capote de barragan que ya tenia puesto, y llamándole aparte, le traxo á la memoria dicha especie, y le conjuró por la estrecha amistad de entrambos, que á lo ménos hasta despues de comer no pensasse en marchar, para que, encerrándose los dos en aquella mañana, pudiessen recorrer el sermon del Florilegio y entresacar de comun acuerdo lo que pareciesse adaptable al suyo.
3. No se hizo de rogar Fray Blas, que en estas ocasiones era de un genio docilíssimo y muy amigo de complacer á todo el mundo. Dió Fray Gerundio órden de que retirassen la cavallería á la quadra hasta la tarde, diciendo que todavía tenian los dos que conferenciar aquella mañana. Metiéronse en la sala, cerráronse por la parte de adentro, tomó Fray Blas en la mano el libro del Florilegio, sacudióle el polvo, buscó el sermon 26, y leyó el título que decia assí: Parentacion sacra, Epicedio panegýrico en las solemnes honras con que solicitó el alivio de sus Militares difuntos el Regimiento de Toledo. Episodio. «El título solo basta para acreditar al Autor. Parentacion sacra: ya oíste al Colegial lo que significaba parentacion. Mira qué cosa tan oportuna! Epicedio panegýrico: no tengo idéa clara de lo que significa epicedio; solo sé assí en confuso, que es una especie de elogio á los difuntos.» — «Pues, hay mas que verlo en Calepino?» dixo Fray Gerundio; y abriéndole halló que decia: Epicedium, carmen quod canitur de cadavere nondum sepulto: aquellos elogios que se cantan de los difuntos á cuerpo presente, quando aún no se ha dado sepultura. Algo frio se quedó Fray Gerundio al leer esto, y preguntó á Fray Blas: «Pues qué, los cadáveres de los Soldados del Regimiento de Toledo estaban presentes, quando se predicó este sermon de honras? No se havian enterrado todavía?» — «Anda, hombre, respondió el Predicador, que essos son reparos de miñatura; si en todo se huviera de escrupulizar con essa menudencia, no havria hombre quien se atreviesse á hablar en público elegantemente. Fuera de que es phrase comun, quando se habla de algun difunto, sea para bien, sea para mal, decir que le desentierran los huessos; pues, para el caso y para la propriedad, qué mas me dará desenterrarlos que no haverlos enterrado?»
4. Esta última razon hizo grandíssima fuerza á Fray Gerundio, y prosiguiendo Fray Blas añadió: «Episodio, no lo entiendo; pero desde luego afirmo, que es discrecion como la de Epicedio. A ver, qué dice esse Vocabulario?» — Episodio, leyó Fray Gerundio, eran aquellos actos de la tragedia ó de la comedia, que se recitaban entre choro y choro, para alternar la música con la representacion, y fué su inventor el Poeta Thespis. Hoy se entiende por Episodio un incidente ó digression, que diestramente se introduce en el assunto principal del poema ó de qualquiera otra composicion. «Confiesso, añadió Fray Gerundio, que he quedado muy confuso. Pues, acaso aquel sermon se havia de cantar ó se havia de predicar á choros, para que huviesse episodios? El thema era por ventura incidente ó digression del sermon, para que llamasse episodio al thema?»
5. — «Eres un pobre hombre, respondió Fray Blas, y estás muy atrasado en esto que llamamos adelgazar y discurrir con agudeza. Quizá en todo el Florilegio no se encontrará pensamiento mas delicado ni mas oportuno. Mira: los sermones de honras se predican comunmente despues de acabada la missa de difuntos y ántes que se cante el último responso, que suele ser solemníssimo. Luego la oracion fúnebre está propriamente colocada entre el choro de la missa y el choro del responso; unos cantados, y otra representada: pues ves ahí por qué se llama episodio, porque es un acto que se representa entre choro y choro. Mas: el intento ó el assunto principal de las honras, hablando en rigor, no es otro que el Nocturno, la Missa y el Responso, que son propria y rigurosamente sufragios por los difuntos, que los sermones ó las oraciones fúnebres de suyo no son sufragios. Pues, qué son? Son unas digressiones, unos incidentes, que se introducen con arte y con destreza en el assunto principal. Mira tú con qué oportunidad se llaman episodios! Y, porque el thema es como el cimiento de estas digressiones, por esso dar al thema el título de episodio es hasta donde puede llegar el ingenio y la inventiva.»
6. — «Declárome por zopenco, dixo Fray Gerundio, y hago voto de venerar profundamente todo quanto lea en el Florilegio, por mas que yo no lo entienda y aunque assí á primera vista me parezca contrario á toda razon. Pero veamos, como se introduce en su sermon de honras militares.» — «Hay dos introducciones, respondió Fray Blas: á una llama Episodio, y á otra Introduccion. El Episodio está reducido á dar razon de la devocion y del fervor, con que los antiguos Gentiles celebraban las honras de sus difuntos, especialmente las de los militares, á contar el orígen de ellas, á ponderar el aparato y las ceremonias con que las celebraban, á determinar el principio que tuvieron las oraciones fúnebres, á traher á la memoria la eleccion que se hacia de Oradores, y finalmente, á adaptar todo esto con feliz aplicacion á las honras de los Militares del Regimiento de Toledo, invocando, en vez de la Musa Euterpe, la intercession de la Vírgen, para dar principio al panegýrico Epicedio. Supónese, que para apoyar cada una de estas noticias se citan Autores á carretadas, pues en solo el Episodio, que comprende poco mas de una llana, (se entiende de á folio,) se cita á Polybio, Pausanias, Alexandro, Eliano, Plutarco, Celio, Suetonio, Beyerlink, Esparciano, Macrino, Novarino, Apiano, Diodoro Sículo, Heródoto, y algunos de estos tres y quatro veces. Esto es lo que se llama hablar docta, sabia y eruditamente. No pronunciar palabra y, si fuesse possible, ni aún sýlaba sin su Autor por delante y sin su latin al pié de la obra; lo demas parece conversacion de Monjas ó visita de Damas, que se passan seis horas en ellas sin oírse el nombre de un solo Autor.»
7. «Bien ves, que toda esta erudicion de funerales viene clavada á todo sermon de honras, y que te puedes aprovechar de ella para el tuyo con la mayor propriedad, especialmente si no te olvidas de la reglecita que te dí ayer tarde, para acomodar á los Escrivanos todo lo que se dice de los Militares. Tambien podrás, y en mi dictámen deberás, aprovecharte de unas nobilíssimas phrases que se leen en el episodio. Quando ponderes la piedad de los herederos del Escrivano, que le costéan las honras, dí que es tan lúgubremente generosa como coluctuosamente compassiva.» — «Hombre, replicó Fray Gerundio, que el Licenciado Flechilla me dixo, que no costeaban las honras los herederos, sino el mismo difunto, el qual havia dexado un legado determinadamente para ellas; con que, no es generosidad de los herederos ni de los testamentarios, sino obligacion precisa.» — «En esso te paras, mentecato?» respondió Fray Blas. «Y en los tiempos que corren, te parece poca generosidad de los testamentarios y de los herederos, cumplir los legados y últimas voluntades de los difuntos? Muy atrasado estás en cosas de mundo. Vamos adelante.»
8.[30] «Claro está, que en la funcion de honras havrá tambien su túmulo cubierto de bayeta ó de algun paño negro, con sus velas y con sus hachas al rededor. Para esto te hará muy al caso aquella elegantíssima cláusula: erigian túmulos suntuosos: grandiosos fúnebres obeliscos, irradiados de luces y luctuados de bayetas; coherencia lúcido-tenebrosa, que entre hiertas cenizas cadavéricas vitalizaba memorias de sus Militares difuntos.» — «La primera parte de la cláusula, interrumpió Fray Gerundio, ya medio la comprendo; pero la segunda, no entiendo lo que quiere decir.» — «Ni yo tampoco, prosiguió Fray Blas; mas esso qué importa? Suena bien, y esto basta. Mas clara está la que se sigue; y la podrás adaptar maravillosamente á la ofrenda, con especialidad si hay en ella carnero, pan, vino y cerilla, como en algunas partes.»
9. «En cruentas aras trucidaban inocentes víctimas, que dirigian á mitigar rigores de los Dioses... esparcian rosas fragantes... confederando matices y verdores, para declamar memorias inmarcesibles y floridas esperanzas á la felicidad eterna de los Militares. El trucidar víctimas inocentes viene de molde al carnero; lo de confederar lo florido con lo verde se puede apropiar al pan y al vino, pues ya se sabe que la harina tiene flor, y el vino suele tener verde. Pero la mas brillante cláusula, para mi gusto, de todo el episodio es aquella en que, para ponderar la piedad del Regimiento de Toledo con sus difuntos, dice, que sollozando nenias sentidamente eloquentes, endechas piadosamente elegantes, declaman en sacrificios, sufragios y oraciones el suspirado eterno alivio por sus difuntos Militares. Cláusula que, aplicándola tú á la piedad de los herederos y de los testamentarios, á todos los dexarás tamañitos con el assombro.»
10. — «Yo tambien lo estoy ya, solo con haverla oído, dixo Fray Gerundio; y, aunque á primera vista me parecia á mí que no venia bien, porque me acuerdo haver oído á mi amado Dómine Zancas-largas, que nenia, neniæ significa aquellos cuentos de viejas que se suelen fingir para entretener á los niños ó para arrullarlos; pero, como me ha enseñado la experencia, que esse hombre profundíssimo no habla palabra que no sea con la mayor propiedad, aún quando parece que desatina, apuesto yo á que las tales nenias tienen algun otro significado muy adequado al assunto; porque decirme á mí, que él lo echó assí á la que salta, esso no en mis dias. Veámoslo por curiosidad en nuestro Diccionario. Nenia, neniæ. Aire ó tonadilla triste, cancion lúgubre que se cantaba en elogio de los difuntos. No lo decia yo? Para el cabron que condenasse al Autor del Florilegio sin examinar bien las cosas, creyendo que él las decia á bulto! Es hombre que no tiene par.»
11. — «Pues ahora empieza», continuó Fray Gerundio rebosando gozo. «Al episodio se sigue la Introduccion; y, aunque esta es muy breve, pues toda ella está reducida á un cotejo de las honras, que mandó hacer Júdas Maccabéo en el templo de Jerusalem por los soldados que havian muerto en la batalla contra Gorgias, con las que el Regimiento de Toledo dispuso hacer en Ciudad Rodrigo por los suyos, con todo esso no dexa de tener algunos rasgos dignos de observacion.»
12. «Dice, que el caudillo Maccabéo, vencidos enemigos, ganadas plazas y conseguidas victorias, entró á guarnicionar la plaza y ciudad de Odolla: collecto exercitu venit in Odollam. Nota la voz guarnicionar, y ten entendido que no se hizo solo para los guarnicioneros, como lo juzgan los que saben poco: tambien se usa con elegancia, quando se habla de los soldados que están de guarnicion. Y, para que nunca te embaraces en menudencias, quando se trata de aplicar algun texto de la Escritura á cosa que te venga á cuento, es bien que notes, que Júdas Maccabéo no entró con su exército en la ciudad de Odolla para estar en ella de guarnicion, sino puramente para que descansasse la tropa algunos dias, volviendo despues á salir á campaña, segun se colige del texto claramente. Pero, como el discreto Orador necessitaba para su cotejo unos soldados, que estuviessen de guarnicion en una plaza, despreció essa vagatela, é hizo asaz bien, porque en haviendo soldados y ciudad, que estén de guarnicion, que estén de quarteles de refresco, para el intento era una niñería. Y, para que Odolla tuviesse una admirable consonancia con Ciudad Rodrigo, encontró en Haye una exposicion oportuníssima, porque dice este glossador, que Odolla significa testimonium sive ornamentum. Y qué cosa mas parecida, añade el ingeniosíssimo Orador, á la plaza de Ciudad Rodrigo, que vino á guarnicionar el Regimiento de Toledo! Venit in civitatem, donde matiza timbres militares con pias generosas demonstraciones: Odolla, testimonium sive ornamentum.»
13. «Lo que yo no entiendo es, prosiguió Fray Blas, qué quiere significar un texto, que repite dos veces en pocas lineas de diferencia: facta collactione duodecim millia drachmas argenti. Aquella collactione es para mí un nombre algo enrebesado. Si querrá decir, que Júdas, ántes de celebrar las honras por los difuntos, hizo colacion con doce mil dragmas de plata?» Rióse Fray Gerundio de la poca latinidad de Fray Blas y le dixo: «Quítate ahí, hombre; que se conoce fué descuído de la pluma: escrivió collactione en lugar de collatione, que significa contribucion; porque Júdas debió de echar alguna sobre sus soldados, para que todos contribuyessen al gasto de las honras.» — «Vaya, que esso es, respondió Fray Blas; y prosiguió diciendo: Ahora se sigue el discurso, que divide en quatro escenas.»
14. «Scena primera.» — «Para un poco, Fray Blas, para un poco, exclamó Fray Gerundio: Scena primera! En mi vida he oído, leído ni visto cosa semejante. Scena primera! Qué quiere decir Scena? Yo no lo sé, pero apuesto, que detras de la tal palabrita se nos oculta algun mysterio recóndito y elevado, de aquellos que solo alcanza este hombre incomparable. Consultemos á Calepino.» Abrióle, hojeóle y halló que decia assí: Scena, ramas de árboles que se cortaban para hacer sombra. «No lo decia yo? el sermon es un árbol, los discursos ó los puntos son las ramas, las ramas son scenas; pues, qué invencion mas divina que llamar scenas á los puntos ó á los discursos de un sermon? Mas: scenas eran las ramas que se cortaban para hacer sombra. En las honras de los difuntos todo es sombras, ó todo es negro, que para el caso es lo mismo; el túmulo, el frontal, los ornamentos, el paño del facistol, el del púlpito, las capas largas de los que hacen el luto: pues, por qué no ha de ser sombras tambien la oracion fúnebre? Y assí, el dividirla en scenas es lo mismo que repartirla en sombras; como quien dice: Sombra primera, sombra segunda, etc.»
15. Assombrado quedó Fray Blas, quando oyó discurrir á Fray Gerundio con tanto adelgazamiento, y assí le dixo: «Hombre, qué legion de espíritus sútiles se te ha metido en esse cuerpo? Pídote perdon de lo que ántes te decia, que no tenias ingenio para delicadezas; ahora te digo que, quando te pones á ello, no hay hilandera de Leon que te iguale ni que merezca descalzarte el zapato.» Como Fray Gerundio se vió alabado de agudo, esponjóse visiblemente y ya con la mayor satisfaccion añadió: «Pues aguarda, que aún falta lo mejor: otro significado da Calepino á scena, y dice ser el mas comun en que se toma, que, si no me engaño, no acredita ménos la sutileza de esse monstruo de los ingenios.»
16. «Scena, dice, unas veces significa el theatro, donde se representa una comedia ó tragedia; otras, y es la accepcion mas comun, se entiende solo por aquella parte de la representacion, en que se mudan las personas, aumentándose, disminuyéndose ó saliendo á hablar otras diferentes. Que me emplumen, si no huviere algo y aún mucho de esto en las escenas; léelas, si no.» Leyó Fray Blas la primera, y luego gritó Fray Gerundio: «No lo vés? no está claro el pensamiento? Antes de entrar en essa scena, como por via de preámbulo, havian hablado Parentacion, Epicedio, Episodio, Introduccion y otros personages coluctuados, lúcido-tenebrosos. Ahora entran ya á hablar Gilberto, Abraham, la Magdalena, Lázaro, y hácia el fin de la scena salen Aresio, Alciato y un Poeta.»
17. — «Discurres bien, dixo Fray Blas; pero, lo que á tí te hace mas al caso, es que todo lo que se dice en esta scena primera, lo puedes aplicar á tu sermon de honras y á qualquiera otro que se te ofrezca del assunto, ni mas ni ménos como se aplicó á la funcion del Regimiento de Toledo; porque, en suma, en esta scena solo se pondera el lugar comun de la verdadera amistad, que consiste en que el verdadero amigo se conoce en todas fortunas y en todos estados, en la prosperidad y en la adversidad, en la vida y en la muerte; y, como en todo sermon de honras los amigos vivos se acuerdan de los amigos difuntos, á todo sermon de honras se vienen por su pié Abraham, la Magdalena, Lázaro y los demas que hicieron lo mismo, ó con quienes se executó lo proprio. Vamos á la scena segunda, que en mi dictámen se debia engastar en oro.»
18.[31] Leyóla Fray Blas, y añadió Fray Gerundio: «No digo en oro, en piropos y en diamantes debiera engastarse essa scena. El haver encontrado con la Calcea, que los Athenienses consagraban á Vulcano en el dia veinte y dos de Octubre, para que mitigasse la voracidad rigurosa de sus llamas, y con la Pyrithea, que los Persas ofrecian al Sol en el mismo dia, encendiendo piras y tumulando cenizas, cuyo circuito honraban los sacerdotes, solicitando el alivio á sus difuntos, es uno de aquellos felicíssimos encuentros, que á solo este Predicador de Predicadores se le vienen á la mano. Yo discurro, que la calcea sacra seria algun calzado de hierro, puesto que se consagraba á Vulcano y á Mulcíbero, Dioses tutelares de las fraguas y de las ferrerías. Calzado de hierro solamente le usan las cavallerías, con que es natural que la calcea sacra fuesse una herradura. Por otra parte la pyrithea seria alguna cosa derivada de pyrites, pyritæ, que significa piedra de escopeta ó de fusil. Pues, donde se hallará en el mundo cosa mas apropiada para las honras por los soldados difuntos de un Regimiento? Porque, ó este es de cavallería ó de infantería. Si de cavallería, viene clavada la herradura; si de infantería, la piedra de fusil no puede venir mas á pelo.»
19. — «Y te parece, le interrumpió Fray Blas, que el águila, que en los túmulos de Aristomenes y Platon fixó por empresa la antigüedad, se apropria ménos divinamente al águila Imperial, que el Regimiento de Toledo fixa en su túmulo por Regia empresa?» — «Esso viene tan natural, respondió Fray Gerundio, que no parece sino que Beyerlink lo escrivió precisamente para aquel caso. Tambien pienso yo acomodarla al mio, porque las armas de un Escrivano son una pluma y un tintero en campo blanco; y mas, que el águila es ave de rapiña, lo que facilita admirablemente la ocasion para una pulla, que en un sermon siempre tiene mucha gracia.»
20. — «Pero, por Dios no te olvides, añadió Fray Blas, de buscar modo para encaxar una brillantíssima cláusula, que entre otras muchas se lee en esta scena. Queriendo el Orador introducirse á elogiar al Regimiento de Toledo, escrive estos dos períodos dignos del mármol y del bronce: Gustoso permitiera lozanear el discurso en las heróicas militares proezas de este ilustre Regimiento. No niego á mi voluntad la panegýrica lisonja, porque recele en sus nobles caudillos alguna corrubescencia, que no saben estrañar las águilas todo el golpe de los solares brillos: assuetis dilector, dixo el Symbólico. Paréceme, que te puedes aprovechar de estas dos cláusulas, quando hagas el elogio de los hijos del Escrivano y de su familia, que esso es puesto en razon; y entónces te vendrá de perlas lo de panegýrica lisonja, sin recelo de alguna corrubescencia, por la razon concluyente de que las águilas están acostumbradas á todo el golpe de los solares brillos.»
21. — «Harélo sin dificultad, respondió Fray Gerundio; porque, aunque acá siento no sé qué dissonancia en que el mismo panegyrista trata sus elogios de panegýrica lisonja, y esto facha á facha y, como dicen, en las mismas barbas de aquellas á quienes alaba; pero por otra parte conozco que, quando lo dixo el Autor del Florilegio, su misterio tendria, por mas que yo no lo alcance. Por la misma razon me hace poca fuerza el no penetrar yo lo que significa el verbo dilector, que no me acuerdo haver leído ni oído en toda mi vida, pues, ora sea invencion del Symbólico, ora sea correccion del Epicédico, debo venerarla con profundo y silencioso respeto. Y en fin, estas fruslerías se deben despreciar, solo por no dexar caer en el suelo lo de lozanear el discurso, corrubescencia y lisonja panegýrica. Vamos á la tercera.»
22. Despues de leído, dixo Fray Blas: «Aquí hay poco en que detenernos, porque no veo en ella cosa que te pueda servir para tu sermon. Que los Griegos celebrassen el dia 22 de Octubre la Sacra Pambeocia, en memoria de la toma de la Ciudad de Troya, ni que el dia 21 ofreciessen un sacrificio á la Diosa Pallas por los difuntos militares, que havian muerto en el dilatado sitio de aquella plaza, no sé yo que pueda acomodarse á las honras del Escrivano Conejo.»
23. — «No eches el fallo tan aprisa, replicó Fray Gerundio, y vamos examinando qué cosicosa venia á ser essa Sacra Pambeocia, porque quizá hallaremos algo que me acomode.» Consultaron á Calepino y, no haviendo encontrado la palabra Pambeocia, passaron á la voz Beocia, y hallaron que decia assí: Beotia. Provincia de Grecia, cuya capital es Thebas. Llamóse Beotia del buey que fué enseñando el camino á Cadmo, hasta que llegó al sitio donde fundó la ciudad de Thebas. «Tente, hombre, tente, exclamó Fray Gerundio: que me están bulliendo acá en la imaginacion mil especies, que acaso me servirán mas de lo que piensas. Pambeocia es sin duda cosa de buey: el buey tiene cuernos, de que se fabrican los tinteros. Mira como va ya saliendo poco á poco el Secretario. Mas: Cadmo, segun leí no me acuerdo donde, fué el inventor de las letras; las letras son tan propias de los Escrivanos que no puede haver Escrivano sin ellas. Mas: los escrivientes ó los oficiales de pluma de los Escrivanos se llaman en latin boeti, boetorum, como lo dice un poco mas abaxo este vocabulario; pues, mira tú si Pambeocia, buey, Cadmo, tintero, letras y escrivientes son materiales despreciables para el sermon de un Escrivano. Ni tampoco pienso passar en silencio el sacrificio de Pálas; porque, siendo la destreza una virtud ó prenda muy loable, me abre camino para decir, que nuestro Escrivano con mucha destreza metia la Pala christiana á los litigantes.»
24. — «Divino pensamiento! equívoco de los cielos! exclamó Fray Blas, y será lástima que te olvides de él. Pero, lo que sobre todo te encargo, es que busques modo de imitar una de las metáphoras, de las alegorías ó como se llaman, mas galantes y mas bien seguidas que espero oir en los dias de mi vida. No sé si la notaste, pero aquí está en esta scena, y dice assí.»
25. «Instado el Regimiento de Toledo de los suspiros y lamentos de sus militares — aperite portas! — estrecha el bloquéo á la mýstica plaza de la Gloria, passando á acordonar reverente á la Sacra Jerusalem triumphante: Regnum cœlorum vim patitur. Abren sagrados ataques en sus compassivos generosos pechos, brechéan los diamantinos muros celestiales con la batería de missas, sufragios y oraciones: misit Hierosolymam offerri pro peccatis mortuorum. Llega al Soberano Consejo de Guerra la noticia del aprieto de la celeste Plaza: exaudivit de monte sancto suo: regnum cœlorum vim patitur. Defiende la entrada la soberana Justicia: declama á favor de la rendicion de la Imperial Plaza de la Misericordia: venit hora, et nunc est quando mortui audient vocem filii Dei. Hace llamada á capitulaciones la Clemencia, dice San Juan. Satisfecha la divina Justicia del reato de la culpa, firma el alivio de la pena. Publícase en los tenebrosos quarteles del Purgatorio este dichoso, ventajoso tratado á favor de las ánimas del Regimiento de Toledo: mortui audient vocem filii Dei, y libres de las horribles penas entran triumphantes en el cielo á coronarse de glorias; et qui audierint vivent.»
26. «Con esta brillantíssima metáphora acaba la scena 3ª., y á fé que hizo mal no acabar con ella todo el sermon, y mas para lo poco que le faltaba; pues la scena 4ª., sobre ser muy breve, no contiene cosa que dé golpe. Fué lástima añadir á la alegoría ni una coma, ni una tilde. Paréceme que estoy viendo á los Oficiales del Regimiento de Toledo como enagenados, como fuera de sí, en nada ménos pensando que en que estaban oyendo un sermon de honras, sino que estaban viendo con sus mismos ojos el sitio de una plaza: el cordon, el bloquéo, los ataques, las baterías, el brechear los muros adamantinos, la llamada de la guarnicion con bandera blanca á capitular. Solo si hago juício que los muy medrosos, ó los que no estuviessen acostumbrados á tratar con ánimas del Purgatorio, quedarian sorprendidos, quando viessen que, en vez de entrar en la ciudad los sitiadores, salian de sus tenebrosos quarteles las ánimas benditas y entraban en la Plaza, vestidas de blanco y con sus velas en las manos, como es natural. Entónces volverian en sí, conocerian la ilusion, y advertirian que no estaban delante de alguna plaza, sino en una Iglesia, á vista de un túmulo, ofreciendo sacrificios por sus difuntos hermanos, y oyendo á un Orador que los embelesaba.»
27. — «Pues mira, dixo Fray Gerundio, tanto como por alegorías no ha de quedar. Claro está, que una alegoría en términos de guerra no puede acomodarse bien en las honras de un Escrivano, pero ahora mismo se me está ofreciendo á mí otra en términos mas propios, que no ha de parecer mal. Diré pues assí, poco mas ó ménos, elevando el estilo quando lo ponga en limpio.»
28. «En virtud de quexa fiscal se levantó auto de oficio por el Supremo Juez, y se dió mandamiento de prision contra nuestro Escrivano difunto. Presentóse este en la cárcel del Purgatorio, dexando poder al Amor filial para que, como procurador suyo, contradixesse la demanda, apelando de la Sala de la Justicia á la Sala de Misericordia. Libróse despacho de inhibicion y avocacion, con remission de autos originales. Dióse traslado á la parte de nuestro mísero encarcelado. Hizo esta un poderoso alegato de missas, oraciones y sufragios, y, dándose por conclusa la causa, falló la Misericordia que debia mandar y mandaba, que el Escrivano Conexo saliesse libre y sin costas de la tenebrosa cárcel, declarando haver satisfecho suficientemente sus deudas con las penas de la prision.»
29. «Qué te parece de la metaphorilla? deberá algo á la del Florilegio? y mas, quando la vista con los textos correspondientes, que los tendré á escoger, pues todo el mundo sabe, que lo que passa en la otra vida en la hora de la muerte se explica en términos de curia: processo, tribunal, juício, sentencia, absolucion, condenacion, llamándose al Purgatorio cárcel, y al Infierno muerte eterna.» — «Manos á la obra, Fray Gerundio amigo, dixo Fray Blas; y, pues ya hemos repassado el sermon de honras y tú tienes formado ya tu idéa, tomemos un bocado, dame un abrazo, y á Dios hasta la vista!»
30. Despedido que fué el Padre Predicador Mayor Fray Blas Zebollon de la Remolacha, (estos eran sus dos apellidos, paterno y materno,) y quedado solo que huvo nuestro imponderable Fray Gerundio, no pensó mas que en trabajar su sermon, aprovechando quantas observaciones, notas, scholios, phrases y erudiciones havian glosado y admirado en las honras del Florilegio, teniendo presentes las reglas que le havia dado Fray Blas, y no olvidando del todo las dos largas conferencias, que havian tenido con el Colegial Don Casimiro sobre las fuentes de la invencion. De todo este confuso monton de especies, que á modo de torbellino le revoleteaban dentro de la fantasía, sacó al cabo de quince dias ó tres semanas (en cuya circunstancia están discordes los Autores,) una Parentacion Sacra, Epicedio trágico, lúgubre Episodio, Panegyris scenático, (assí intituló á su sermon), que dexó muy atras la Plática de Disciplinantes y el Sermon del Sacramento, en dictámen de algunos que oyeron todas tres funciones. Decorólo todo muy bien, como lo tenia de costumbre, siendo máxima suya que la principal prenda de un Predicador era la memoria, en la qual se havia de estampar el sermon ántes de predicarle, de manera que el mismo se saliesse de la boca como de chorrillo, para que en el púlpito no se divirtiesse la atencion á otra cosa que al cadencioso movimiento de las manos, al compassado contonéo del cuerpo, al gutural manejo de la voz y al concierto de todas las demas acciones, que debian regularse á compas y como con cierta especie de armoniosa symetría.
CAPITULO VI.
Predica Fray Gerundio el sermon de honras con increíble aplauso, y encárganle la Semana Santa de Pero-Rubio.
1. Ibase acercando el dia señalado para las famosas Honras, pues ya no faltaban mas que tres. Y haviéndose despedido Fray Gerundio cortesanamente de todo el lugar, hasta de aquella Tia que no le havia visitado por el cuento de la gallina, (la qual quedó tan pagada de esta accion, que desde aquel punto hizo las paces con la buena de la Señora Catanla,) regalando á su Madre y á su Hermana con cada dos escapularios bordados de realze de plata falsa y canutillo, añadiendo á cada una su Santa Theresa de barro en urna de carton, guarnecida de seda floxa, repartiendo una peseta entre las dos criadas, bien proveída la alforja y aumentada la maleta con un par de mudas de ropa blanca, partió para Pero-Rubio, en compañía de su Padre el boníssimo Anton Zotes, que quiso ver, (assí lo decia él,) si su hijo tenia tan güena man de perdicar de los defuntos como para perdicar del Sacramento. Su padrino el Licenciado Quixano tambien havia hecho ánimo á ser de la jornada, con cuyo fin havia llamado á un primo suyo, Capellan de Gordoncillo, que acababa de venir de Leon y havia trahido licencia de confessar por seis meses, para que en su ausencia dixesse la Missa al pueblo y cuidasse de la administracion de Sacramentos; pero es tradicion que, quando ya estaba aparejada la burra, se le desenfrenaron tan furiosamente las almorranas (de que adolecia), que no le fué possible montar á cavallo; y assí se contentó con darle un abrazo y meterle dissimuladamente en la mano dos pesos gordos.
2. Eran las cinco de la tarde, quando en buena paz y compañía salieron de Campazas Padre é Hijo, con resolucion de dormir aquella noche en casa de su pariente el Familiar, cuyo lugar no distaba mas que de tres leguas cortas, y estaba como á la mitad del camino. Aquí se encuentra un vacío lastimoso en la Historia, que, despues de haver burlado nuestras mas exactas y exquisitas indagaciones, necessariamente ha de ser sensible á la curiosidad de nuestros Lectores, pues, no siendo possible sino que la conversacion que tuvieron por el camino Hijo y Padre fuesse tan graciosa como entretenida, no se halla el mas leve vestigio de ella en Archivos, Bibliothecas, Armarios, legajos ni apuntamientos. Bien pudiéramos nosotros fingir aquella que nos pareciesse mas natural, atendido el genio, el carácter y las demas circunstancias de nuestros dos Caminantes, á imitacion de aquellos Historiadores que no hacen escrúpulo de referir lo verosímil como cierto, sin detenerse en contar lo que pudo ser por lo que fué.
3. Ni se nos pudiera culpar con razon de que nosotros saliessemos con nuestras conjecturas, en un siglo en que todo el mundo sale con las suyas. Haviéndose hecho este título tan de moda, especialmente en los libros, papeles y discursos que sacan á luz los Antiquarios, Chronologistas, Investigadores y Phýsicos experimentales, que apénas aciertan con otra. No es nuestro ánimo condenar esta costumbre, y mas en aquellos pocos en quienes se conoce es verdadera modestia la que en otros muchos se conjectura ser paliada ostentacion, pues nos hacemos cargo de que hay materias, que no admiten evidencias ni otras pruevas que meramente conjecturales; pero nuestra sinceridad, singularmente en una Historia tan verídica, tan fundamental y tan exacta como la que trahemos entre manos, no se acomoda con este uso, y mas quando, siendo tantos, tan averiguados y tan instructivos los materiales verdaderos que tenemos á la mano, es ocioso buscarlos ideales.
4. En fin llegaron nuestros dos Caminantes á Fregenal del Palo, pueblo no tan grande como Sevilla ni tan poblado como Cádiz, donde hacia su residencia el Familiar, de quien fueron recividos con agasajo, con naturalidad y con un corazon verdaderamente sano; porque, ageno en todo de afectacion y de artificio, era tan franco en descubrir las inclinaciones de su voluntad, como naturalote en no dissimular los dictámenes de su buen entendimiento.
5. Miéntras se disponia la cena, que no fué delicada ni ostentosa, pero sí maciza y abundante, dixo el Familiar á su sobrino con cariñosa llaneza: «Oyes Flayrico, y llevas enjurgadas para Pero-Rubio tantas garambainas como echastes por essa boca en Campazas?» — «Tio, y qué me quiere Usted decir por garambainas?» preguntó Fray Gerundio. — «Válasme Dios, hombre, continuó el Familiar; pues yo bien craro me exprico. Garambainas son aquellas garatusas, enrebesaduras, relumblones y azufaifas con que nos encarabrinabas á todos los que te estábamos uyendo, como unos monigotes.» — «Ménos le entiendo á vuestra Merced ahora que ántes,» replicó Fray Gerundio. — «Pues entiéndanos Dios, que nos crió, dixo el Familiar, y perdónenos nuestros pecados. Paréceme que te haces remolon de propósitamente, porque en lo demas es impussibre de Dios que no me entiendas, pues tanto como el don de craridá me l’a dado Su Magestá, bendita sea su miselicordia. Hórasme los tréminos, y conozco yo que no son retumbantes ni tan polidos como los que s’usan en las Zuidades; pero decirme á mí que no son interegibres, no habremos d’esso, que es crebarse la cabeza, y tan los calas tú como el hijo de mi Madre.»
6. — «Si vuestra Merced llama garambainas, dixo Fray Gerundio, la erudicion, los pensamientos sútiles, los equívocos, las agudezas, los chistes y el estilo elevado y harmonioso, hay bastante recado de esso en el sermon que llevo prevenido; y, como Dios no me quite el juício, no faltará en todos los que predicare.» — «Pues ves? replicó el Familiar, si yo fuera que tú, havia de pedir á Dios que me quitara luego el juício, para no perdicar enjamas ansina; pues tengo para mí que, miéntras perdiques ansina, no tienes que pedir á Su Magestá que te le quite, sino que te le güelva.» — «Vuestra Merced, Tio, dixo Fray Gerundio, no tiene obligacion á entender estas materias.» — «Pero los Perdicadores, respondió el Familiar, están obrigados en conciencia á perdicar de manera que todos los entendamos.» — «Basta, replicó Fray Gerundio, que nos entiendan los cultos y los discretos.» — «Pues, que vayan solamente á uíros los secretos y los encultos,» respondió el Familiar. «Y dime, sobrino, parécete á tí que en Pero-Rubio havrá muchos d’ essos hombres encultos, ó como tú los llamas?» — «Nunca faltan algunos, dixo Fray Gerundio, por infeliz que sea una aldéa, ya sean de ella misma, ya de los forasteros convidados, ó ya de los que concurren casualmente: por esso han llevado grandes chascos algunos Predicadores que, fiándose en que iban á predicar á lugares pequeños, se contentaban con qualquiera cosa, y se hallaban despues con oyentes que no esperaban; y assí oí decir á un Padre grave de mi sagrada Religion, que todo Predicador de punto se debia prevenir para predicar en Caramanchel ni mas ni ménos que si huviera de predicar en Madrid.»
7. — «No m’ arma mucho essa doctrina, replicó el Familiar, salbante que quisiesse decir esse Esentíssimo Padre, que tanto ahinco debe poner un Perdicador en convertir á los de Caramanchel como en convertir á los de Madrid, y que ansina debe expricarse en conformidá que le entiendan los unos como que le entiendan los otros; porque, fuera de esso, irse un Perdicador á Caramanchel, y lo mismo me da á la Cisterniga, (que esta es una comparanza,) con daca si eran froles ó no eran froles, en vertú de que pueden encurrir algunas presonas de la Zuidá, esso no es mas que humo, satisfaccion y laus te dé Christe.»
8. «Pero, dexando una cosa por otra, no saberiamos qué vertudes del Escrivano vas á perdicar?» — «No he menester predicar sus virtudes para predicar á sus honras,» respondió Fray Gerundio. — «Como no? replicó el Familiar; pues, quando se perdica de los defuntos, no es endisponsable que se diga aquello en que fueron güenos, para que enmiten sus exempros los vivos?» — «No Señor, respondió Fray Gerundio, nada de esso es necessario, que, si lo fuera, solo se predicarian honras de aquellos sugetos que huviessen sido muy virtuosos, havidos y tenidos por tales de todos los que los trataron; y assí vemos, que en algunas partes se predican de todos los que tienen con que pagarlas, á roso y velloso, sin que para esso sea preciso hacerles primero la informacion de moribus et vita, como se dice.»
9. — «Es impussibremente que yo no tenga el entendimiento espatarrado, ó que tú no me quieras meter los dedos por los ojos, replicó el Familiar; pues dime, sobrino, el Perdicador no ha de alabar á su defunto? es craro. Si le alaba, no le ha de alabar de alguna vertú? no, sino que vaya á alabarle de sus defeutos y fraquezas. Demos que no tuviesse el defunto vertú nenguna: pues, qué ha de decir d’ él el probe Flayre?»
10. — «Lo primero, respondió Fray Gerundio, se puede predicar un sermon de honras que pasme, sin tomar en boca al difunto por quien se hace la funcion; y, para que vuestra Merced lo vea claramente, yo le explicaré el como. Entrase ponderando ante todas cosas, qué antigua fué la costumbre de hacer honras y funerales por los difuntos. Aquí se va discurriendo por los Hebréos, por los Babylonios, por los Persas, por los Medos, por los Griegos, por los Romanos, por los Egypcios, por los Caldéos, y en fin por todas las naciones del mundo: despues se examinan muy por menor los varios modos que tenian de celebrarlas, segun los genios, usos y costumbres de los países, ya con sacrificios, ya con hogueras, ya con pyrámides, ya con obeliscos, ya con ofrendas, ya con enramadas, ya con convites, y en algunas partes hasta con danzas y fiestas. A esto se sigue el averiguar quando, en qué tiempo, con qué motivo y en qué nacion se dió principio á las oraciones ó panegýricos fúnebres por los difuntos, y se explayan las velas de la eloquencia sobre los Epicedios, sobre los Epitaphios, sobre las Endechas, sobre los Cenotaphios y sobre las Nenias, extendiéndose tambien la erudicion, si se quiere, ó á las tablillas ó á las inscripciones, que se guardaban sobre los sarcóphagos. Bien repiqueteado todo esto, se busca despues en alguno de los muchos calendarios que hay de los antiguos, qué fiesta, funcion, sacrificio ó cosa semejante celebraban en el dia que está determinado para predicar las honras, y siempre se encontrará alguna cosa que por aquí ó por allí, de esta ó de aquella manera, venga clavada al intento. Aplícanse finalmente todas estas importantíssimas noticias al assunto de la funcion con la mayor propiedad: las hogueras, á las luces, hachas y blandones; las pyrámides y los obeliscos, al túmulo; los sacrificios, á las missas; las ofrendas, á las que se hacen comunmente; los convites, á los que hay casi en todas partes; los Epicedios, Nenias, etc., al sermon ú oracion fúnebre; y, demostrando de esta manera el Predicador que la piedad de los presentes no debe nada á la piedad de los passados, y que las honras que hacen á los difuntos los modernos son parecidas en todo á las que hacian á los mismos difuntos los antiguos: hétele vuestra Merced como, sin tomar en boca al sugeto por quien se hacen, puede acabar honradamente con su requiescat in pace, que sea seguido de muchos vítores y aclamaciones.»
11. — «Mira, dixo el Familiar, yo no te puedo negar que eres un pozo de cencia, porque ahí has enjurjado tantas cosas que me tienen aturrullados estos cascos; porque, ya se ve, saber tú, como parece que sabes en la uña, todo lo que hicieron los Gabylonios, los Miedos, los Presas, los Enjundios, y essos otros que nombraste ahí á manera de Caldos; havérsete quedado en la memoria todos essos nombres enrebesados de embolismo, parrales, cienpedios, niñerías, cieno de zafios, y el último vocablo en que dixiste no sé qué de las escrituras de los Estrófagos: digo en mi ánima jurada, que saber tú todos estos argamandijos en los pocos años que tienes, esso sin cencia confusa no puede ser, y loado sea el Señor de quien es todo lo güeno; pero tambien te digo una cosa: tanto viene todo esso para perdicar un sermon de honras, como ahora llueven pepinos, y, si no, vaya un asemejamiento.»
12. «Yo soy estaño Alcalde de Fregenal; junto mañana el Concejo para saber si se han de guardar ó no se han de guardar los plaos. Escomienzo por decir, que esto d’ aver Concejos en las Repúblicas es cosa muy añeja, porque los Gabylonios, los Presas, los Calderos y los Mamalucos los usaban allá desde el tiempo que habraban los animales. Passo dempues á esprayarme sobre las diferentes usanzas q’ havia para esto de juntarse el Concejo, y digo, por enxempro, que en unas partes andaba el Menistro de josticia de puerta en puerta, tocando un cencerro; que en otras era incumbencia del porquerizo ir sonando por las calles el mismo cuerno, con que juntaba los cerdos; qu’ allá tocaba al muñidor pregonar el Concejo por las calles; qu’ acá se enseñaba á rebuznar á un burro desde niño con tales y con tales señas, y q’ este burro, en estando ya bien endustriado, y en teniendo, como dicen, uso de razon, se le entregaba al fiel de fechos, con la carga y con la obrigacion de que los dias de Concejo havia de ir rebuznando por todo el puebro, para que viniesse á noticia de los vecinos y nenguno pudiesse alegar escusa ni ignorancia. D’ aquí me meto á expricar la importancia de los Concejos y la grande entauridá q’ han tenido siempre, no solo en toda Uropa, sino en toda España. Digo por fin y por postre, que todos los Consejos, si se les ofrece hacer informacion de nobreza ó de hidalguía, han de venir á probar su alcurnia de los Concejos, y q’ assí como los primeros son en sobre las Udencias y en sobre las Chancellerías, pues vemos que de las sentencias d’ estas s’ apela á aquellos, ansina tambien, si estubiera el mundo bien gobernado, s’ havia d’ apelar d’ ellos á la endicision de los Concejos. Y concruyo con preguntar, si en vertú de todo lo dicho s’ han de guardar ó no s’ han de guardar los plaos. Dime, Gerundio, ansí Dios t’ haga bien, vendria todo esto al caso para la enresolucion d’ aquel punto?»
13. — «Buenas cosas tiene vuestra Merced, respondió Fray Gerundio; con que, ahora quiere hacer comparacion de lo que un Alcalde propone en el Concejo, con lo que un Predicador ha de decir en el púlpito? Tio, en los Concejos se va derechamente á la substancia.» — «Pues qué! replicó el Familiar, en los cúlpitos se va no mas que á entretener el tiempo?» — Como Fray Gerundio se vió un poco apretado, procuró sacar el cavallo por otro lado, y para divertir el argumento dixo: «Tambien se puede alabar á un difunto, aunque no haya hecho milagros ni tenido revelaciones ni su vida huviesse sido la mas exemplar y ajustada. Quantas oraciones fúnebres se han predicado en la Iglesia de Dios á grandes Capitanes, á grandes Conquistadores, á grandes Políticos y á muchos hombres verdaderamente sabios, de cuya canonizacion no se ha tratado, ni verisímilmente se tratará jamas de ella! Con todo esso, á estos se les alaba del valor, de la intrepidez, de la presencia de ánimo, de la pericia militar, del zelo por la gloria de sus Príncipes y, en fin, de otras virtudes que no se encuentran ni en las cardinales ni en las theologales, y que no hacen al caso para la vida christiana, pues sabemos que muchos Gentiles, Moros y Hereges florecieron en ellas. Pues, por qué no pudiera yo tambien alabar á mi Escrivano, si quisiera, de la sagacidad, de la astucia, del ingenio, de la penetracion, y hasta de la velocidad con que escrivia, de su buena letra, de sus airosos rasgos y de la rúbrica que usaba, por una parte tan garbosa, y por otra tan difícil que parecia impossible falsearse ni remedarse?»
14. — «Yo soy un probe Lego, respondió el Familiar, que sólasmente sé lér de deletreado y echar mi firma con letra de palotes, estrujando bien la pruma, y no me puedo meter en si es bien premitido ó no es bien premitido, que en la Igresia de Dios s’ alaben púbricamente y se propongan como enxempro de emitacion al puebro christiano essas vertudes que tú dices, y con las quales puede una presona irse al infierno tan lindíssimamente. Este es un punto muy hondo, que no es para mi cabeza; y, quando tú dices q’ assí s’ usa, (que yo no lo he visto, por no haverme topado enjamas en essas perdicaciones,) debe d’ haver razones muy emportantes para premitir que s’ haga ansina. Lo que yo digo es que, por lo ménos acá en las aldéas, donde no se pueden praticar essas vertudes campanudas y donde la gente es sencilla, si yo juera Obispo, de nenguno se m’ havia de perdicar sermon de honras que no huviesse sido un christiano vertuoso y enxemprar, al modo q’ acá nosotros nos imaginamos las presonas enxemprares y vertuosas. Porque horasme decir tú del Escrivano, que fué sagaz, estuto, engenioso, que luego se empunia en los autos, que calaba las entenciones de las presonas, que escrivia de corridamente, q’ hacia una letra estupenda, que su rúbrica y su sino se podian presentar al mesmo Rey: todo esso güeno será, pero qué sacamos d’ ahí para las benditas ánimas del Purgatorio?»
15. A tal tiempo entraron á poner la mesa para cenar, de que no se alegró poco nuestro Fray Gerundio, porque su Tio le iba apurando demasiado. Anton Zotes se havia quedado primero á dar órden de que se cuidasse de las cavallerías, y despues trabó conversacion con la muger del Familiar y con sus sobrinos y sobrinas, que entre todos eran seis, y el mayor no passaba de doce años, repartiendo entre ellos turron, confites, avellanas y piñones, que havia trahido para este efecto, entreteniéndose con todos miéntras se asó una pierna de carnero, se hizo una gran tortilla de torreznos y se guisó una buena cazuela de estofado de vaca, que con unas sardinas escabechadas y una tajada de queso por postre, comenzando con su gazpacho de huevos duros, componia entre todo una cena substancial y sólida, sacándose despues de levantados los manteles un plato de cebolletas con su salero al lado, para echar la de San Victoriano.
16. Entraron todos en la salita ó quarto baxo, donde estaban Tio y Sobrino; sentáronse y cenaron con tanta paz y alegría como gana. Casi toda la conversacion de la cena se la llevaron el Familiar y Anton Zotes, siendo su assunto el regular entre Labradores. Preguntóle aquel, como iba de cosecha y en qué estado tenia su verano. Respondió este, que de cebada havia cogido poco por la falta de agua, y que, si no fuera por los tres erreñales que estaban linde del arroyo, apénas tendria para el gasto y para sembrar; que de morcajo no estaba mal, y de trigo esperaba que seria mediana la cosecha; porque, sobre tener ya diez cargas en la panera, quedaban en la era tres peces, dos parvas, otras dos mantas, y entodavía estaban en las tierras como unas doce morenas. «Pues por acá, amigo mio, dixo el Familiar, no podemos echar piernas, y algunos probes Labradores se quedarán per ostiam santam incionem. Sobre q’ hay hombre que no coge lo que sembró. Yo, bendita sea la misilicordia de Dios, no estoy tan endesgraciado, porque, como la hoja que tocaba est’ año es la que está carre Vallaolí y aquella tierra es tan espiojosa, hizo bodega con las aguas de la otoñada y con las que cayeron dempues por entruejos, con que ha dado bonicamente, y hast’ unas ciento y cinquenta cargas de todo pan ya espero coger, con que m’ animaré á umbiar á Bertholo á Villagarcía, para que escomience la glamática con aquellos benditos Flaires de Dios, que llaman Padres Theatinos.»
17. — «Sí, dixo á este punto, hecha una vívora, la Tia Cecilia Cebollon, (que assí se llamaba la muger del Familiar,) para que aquellos Flairones te le desuellen á azotes.» — «Mijor, respondió con mucha sorna el socarron del Familiar; por esso nació el dia de San Bertholomé, y fué mi gusto que le pusiessen Bertholo, para que me lo desollassen; porque, desengáñate Cicilia, que la letra con sangre entra.» — «Pues dígote, replicó la Cebollona, que, por mas q’ hagas, no he d’ umbiar m’ hijo á Villagarcía.» — «En esso harás bien, respondió el Familiar; y, por lo mesmo que no l’ has de umbiar tú, tendré cuidado d’ umbiarlo yo.» — «Irá donde yo quisiere, replicó la Cebollona, porque es tan hijo mio como tuyo.» — «Y aún mas, si lo apuras, respondió muy fresco el Familiar; pues, sin meternos por ahora en mas honduras, al fin tú le pariste, y yo no. Ea, Cicilia, tengamos buenos manteles y dexémonos de crebaderos de cabeza: ya te he dicho mil veces, que tú cuidarás de las hembras, y yo de los varones. Tú darás á aquellas la enseñanza que te pareciere, y yo daré á estos la dotrina que me diere la gana.»
18. — «Tambien yo la tenia, dixo á esta sazon Anton Zotes, que el mi Flairico estudiasse en Villagarcía, donde yo havia estudiado; pero por tener paz con la mi Catanla l’ umbié á Villaornate, y no me pesa, porque no ha salido por ahí nengun morondo.» — «En todas partes, respondió el Familiar, hay malos y güenos, soldesmente que en unas son mas los güenos que los malos, y en otras son mas los malos que los güenos. Lo que yo veo es, que los que estudian con los Theatinos no alborotan los puebros, ni apedréan los Santos, ni silvan los Rosarios, ni se juntan en las tabernas, ni embarran los vítores, ni se desvergüenzan contra los Flaires que estudian por otros libros. Allá en sus controversias y desputas vocéan, berréan y gritan hasta desgañitarse; pero dempues y acabado aquello, punto en boca, cortesía hasta el suelo, y tan amigos como d’ antes. Esto parece bien á Dios y á todo el mundo; lo contrario es mala crianza, y se conocen al vuelo los que estudian con unos y con otros.»
19. En estas conversaciones se passó la cena: llegó la hora de recogerse, y se retiraron todos, quedando despedidos desde la noche, porque los huéspedes pensaban madrugar mucho para librarse del calor. Assí lo hicieron, saliendo de Fregenal á las tres de la mañana y llegando á Pero-Rubio entre siete y ocho, ántes que, como se dice, comenzasse á calentar la chicharra.
20. No se puede ponderar el gusto y el agasajo con que fueron recividos del Licenciado Flechilla, en cuya casa se apearon derechamente, segun havian quedado de concierto al despedirse en Campazas. Era la víspera del dia en que se havian de celebrar las honras, y aquella tarde fueron concurriendo algunos parientes y amigos del difunto, no solo de los que vivian en los lugares circunvecinos, sino tambien tal qual que residia en poblacion algo distante. Entre estos llegó un Reverendíssimo Abad Benedictino, primo del Escrivano Conejo, varon verdaderamente respetable; porque, sobre ser Monge muy ajustado, de porte serio, de estatura heróica, de venerable presencia, de semblante magestuoso y al mismo tiempo apacible, era sugeto á todas luces sabio, no solo muy versado en todas las facultades serias que son proprias de su profession, sino admirablemente instruído en todo género de bellas letras, de erudicion amena y escogida, lo que, junto á un trato humaníssimo y urbano, hacia sumamente grata su conversacion y le constituía un sugeto cabal y redondeado.
21. Trahia por socio á un Predicador segundo de la casa, jóven como de treinta años y Monge de su especial cariño; porque, aunque era de genio abierto, festivo y desembarazado, se contenia siempre dentro de los límites de la modestia y de la urbanidad religiosa, sin que los chistes y gracias, de que abundaba, cediessen jamas los términos de la decencia, ni se propassassen á quemazones ó pullas, que pudiessen ofender ni aún levemente á los mismos con quienes se zumbaba. Por esto, porque era mozo muy pundonoroso, exactíssimo en el cumplimiento de su obligacion y en el desempeño de su oficio, rendido á quanto se le mandaba, y dócil á todas las advertencias que se le hacian, havia merecido la especial inclinacion y aún concepto del Abad, que esperaba formar en él un Monge á su modo y de su mano, capaz de honrar con el tiempo no solo á la Congregacion, sino á toda la Orden Benedictina.
22. Poco despues que se apearon los dos Monges, entró á visitarlos, como tambien al Padre Predicador Fray Gerundio, el Cura de Pero-Rubio. Era Arcipreste de aquel partido, Comissario del Santo Oficio, y hombre de singular fábrica en el cuerpo, y de no ménos singular estructura en las potencias del alma. Estatura algo ménos que mediana, cabeza abultada y un si es no es oblonga, con canas entre rucias y tordas, corona episcopal, pestorejo colorado y con pliegues, ojos acarnerados, y en la circunferencia unas ojeras ó sulcos que le havian formado los anteojos perdurables, que solo se los quitaba para leer y para escrivir, ó quando estaba solo; pero en visitas, en passéos, ó en funciones públicas, al instante los montaba. Era lleno de semblante, aunque se conocia no ser maciza la gordura; porque á veces fluctuaban los carrillos, subiendo y baxando como fuelles de órgano. Tampoco el color era constante: unos dias muy encendido, otros malignamente jaspeado, con unas manchas verdi-pardas, entre enjundia y apostema; la lengua muy gorda; el modo de hablar hueco, gutural y autoritativo, resoplando con frequencia para mayor gravedad. Sus letras eran tan gordas como la persona; pero al fin havia rebuelto algunos libros de moral, tenia bien atestada la cabeza de las noticias mas ridículas y mas apócryphas que se encuentran en los libros; porque para él, una vez que estuviessen impressos, todos eran á un precio y las vertia en las conversaciones de los páparos, assí de corona como legos, con una satisfaccion, con un coram-vobis y con unos resoplidos que no dexaban la menor duda de su certidumbre y de su authenticidad. Leía Gazetas y Mercurios, quando podia pillar algunos sin que le costassen un maravedí, porque en materia de gastar era strictioris observantiæ, y solia decir, no sin gracia, que para relaxacion bastábale la potra (era muy quebrado). Hablaba mucho de la Lusacia, de la Pomerania, de la Carinthia y de la Livonia, diciendo que estas provincias componian el grande Manzgrabiato de Westphalia, con que le oían como unos parvulillos todos los Curas de la redonda; y, como por otra parte era infinitamente curioso é indagador de todo quanto passaba en las chimenéas y en los rincones, cuchucheador y mysterioso, le miraban todos con un gesto equívoco, entre respeto y burla, entre desprecio y temor.
23. Aún estaban en los primeros cumplimientos del Señor Comissario, quando se entró á galope por la sala el Predicador Fray Blas en trage de camino y, sin saludar á nadie, se fué derechamente á dar un estrecho abrazo á su amigo Fray Gerundio, como si huviera veinte años que no se havian visto; y es tradicion, que aún se estaba componiendo los hábitos que trahia enfaldados, quando se dió recado de parte del Concejo, y entraron los dos Alcaldes, los dos Regidores, el Procurador de la Villa y el Fiel de fechos; porque aún no se havia provisto el oficio de Escrivano. Aquel dia no debió de acaecer sucesso considerable; por lo ménos se ha frustrado en su indagacion nuestra solicitud y diligencia, sin que en las memorias que hemos podido recoger se halle mas que lo sucedido en el mismo dia de las honras, cuya relacion pide capítulo aparte, y vamos á servir á nuestros Lectores con el capítulo siguiente.
CAPITULO VII.
Lo mismo que el otro.
1. Amaneció el dia tantos de tal mes, corriendo dichosamente el año de mil setecientos y quantos. (Hablamos assí por estar algo embrollada la chronología, y no es negocio de engañar á nadie, aunque nos pagaran á peso de oro cada noticia incierta.) Reinaba en España su gloriosíssimo Monarca; governaba la Iglesia de Dios el Sumo Pontífice, Vicario de Jesu-Christo, y era General de la Orden un varon grave, elegido canónicamente por el Capítulo, quando el relox de sol de Pero-Rubio señaló la hora de las diez de la mañana. Este relox era la sombra que hacia un sobradil, que atravesaba la pared sobre la misma puerta del matadero, único edificio del lugar cuya fachada principal miraba derechamente á mediodía. Desde el mismo punto del amanecer se havia doblado toda la clave de las campanas; eran dos esquilones y un cencerro que servia de hacer señal para las missas rezadas; y, aunque los esquilones en su primitiva fundacion ó fundicion, segun la tradicion de padres á hijos, havian sido de los afamados en toda la comarca, con el tiempo, que todo lo consume, uno havia perdido la lengüeta, y se suplia esta falta con una pesa de hierro de á dos libras ménos onza, que por defectuosa havia quitado al Carnicero del lugar un Juez de residencia. Servia á la pesa de espigon un gruesso cordel de cáñamo, que prendia del anillo ó hembrilla interior del esquilon deslenguado; y, como el cordel no tenia consistencia para contener la pesa en aquella direccion que la daba el movimiento de la campana, siempre que esta se empinaba, giraba en círculo la cuerda y sonaba á almirez de boticario, quando el mancebo desprende los polvos que se pegan á las paredes. El otro esquilon se havia relaxado un poco en cierta funcion, en que hizo mas fuerza que la acostumbrada, y, como se le iba la voz por la rendija, era su sonido acatarrado.
2. En fin, todo esto importaba un bledo para el sermon de honras que predicó nuestro Fray Gerundio, el qual, llegada la hora, encendido el túmulo, concluída la missa, tomada la capa negra por el Preste y acomodado el auditorio, subió al púlpito y predicó su sermon; pero, qué sermon! Excusamos repetirle, porque ya dexamos hecho un exacto y puntual análysis, que casi casi puede ser anatomía, de su fúnebre oracion, en todo el capítulo 5º de este mismo libro quinto, adonde remitimos á nuestros Lectores; porque no se desvió un punto nuestro insigne Orador ni de aquel plan, ni de aquel assunto, ni de aquella division, ni de aquellas pruebas. Mas, por quanto no es impossible que se halle tal qual Lector tan perezoso, que no quiera tomarse el ligero trabajo de recorrer aquel capítulo, no de otra manera (porque un símil oportuno adorna mucho la narracion,) que un Clérigo galbanero se da al diantre, siempre que en el Breviario ó en el Missal encuentra parte del rezo ó de la Missa en remissiones ó en citas, y, por no ir á buscarlas, apechuga con el primer comun que se le pone delante; para obviar nosotros este inconveniente, hemos tenido por bien recopilar aquí con la mayor brevedad lo mismo que diximos allí, en gracia de nuestros próximos flacos, miserables y poltrones.
3. Introdúxose pues Fray Gerundio á su famosa oracion con esta primera cláusula, que dexó atónito al gruesso del auditorio: Esta parentacion sacro-lúgubre, este epicedio sacri-trágico, este coluctuoso episodio y este panegýris escenático se dirige á immortalizar la memoria del que hizo immortales á tantos con los rasgos cadméos que, á impulsos de aquilífero pincel, estampó en cándido lino triturado, sirviendo de colorido el atro sudor de la verrugosa agalla, chupado en cóncavo aéreo vaso de la leve madera Pambeocia: calamus Scribæ velociter scribentis. No es ponderable, con quanta satisfaccion rompió en esta primera cláusula, y quantos parabienes se dió á sí mismo dentro de su corazon por haver encontrado con voces tan adequadas como significativas para explicar su pensamiento. «Que se me vengan, que se me vengan, decia allá para consigo, no solo á impugnar, sino á empujar la clausulilla! que levante, que levante el Rhetórico mas culto la postura de las voces, y que me las dé ni mas empinadas ni mas eruditas! Llamar á las letras rasgos cadméos, á la pluma aquilífero pincel, al papel cándido lino triturado, á la tinta el atro sudor de la verrugosa agalla, al tintero de cuerno concavo aéreo vaso, añadiendo despues para mayor explicacion de leve madera Pambeocia, con alusion al buey que fué enseñando á Cadmo el camino hasta llegar al sitio donde fundó la Ciudad de Thebas: esto lo pensaria por ahí qualquiera Predicador sabatino de la legua? Y no havria mas de quatro Predicadores mayores y aún mas de dos Predicadores generales, que no tengan númen para tanto?»
4. Metióse al instante en el espesso matorral del antiquíssimo principio, de la costumbre immemorial, y de los diferentes modos y ritos con que en todos tiempos y en todas las naciones se han celebrado las honras de los difuntos: no olvidó las repetidas citas de Polybio, Pausanias, Alexandro (Natal), Eliano, Plutarco, Celio, Suetonio, Beyerlink, Esparciano, Marino, Novarino, Apiano, Diodoro Sículo y Herodoto, todos de la misma manera y por el mismíssimo órden que los cita el Florilegio. Encaxó con la mayor oportunidad las cláusulas mas brillantes y las que á él le havian petado mas en el nunca bastantemente aplaudido sermon de honras á los Militares difuntos del Regimiento de Toledo. Aquella de tan lúgubremente generosa como luctuosamente compassiva; la otra de erigian túmulos suntuosos, grandiosos fúnebres obeliscos irradiados de luces y luctuados de bayetas, coherencia lúcido-tenebrosa, que entre hiertas cenizas cadavéricas vitalizaba memorias de sus Militares difuntos; solo que en lugar de Militares dixo Escrivanales. Y en la que se sigue despues: en cruentas aras trucidaban innocentes víctimas que dirigian á mitigar rigores de los Dioses, esparcian rosas fragantes, confederando matices y verdores, para declamar memorias immarcessibles y floridas esperanzas á la felicidad eterna de los Militares difuntos, solo mudó las dos últimas palabras, diciendo en vez de Militares difuntos, Estilíferos finados, aludiendo á que antiguamente se escrivia con unos punzones de hierro ó de acero, que se llamaban estilos. Pero, lo que repitió varias veces, porque le havia dado mas golpe que todo, fué aquello de sollozando nenias sentidamente eloquentes, gimiendo endechas piadosamente elegantes; y aún notó que el auditorio, siempre que decia algo de esto, como que se sonaba los mocos.
5. En donde estuvo sin comparacion mas feliz que el Autor del Florilegio, fué en aprovecharse de la exposicion de Haye sobre lo que significa Odolla, Ciudad donde Júdas Machabéo decretó las primeras honras ó los primeros sacrificios, que se lee en la Escritura haverse ofrecido á Dios por los difuntos. Dice Haye, que Odolla se interpreta Testimonium sive ornamentum (testimonio ú ornamento). Al Autor del Florilegio le hacia al caso el ornamento y no el testimonio; porque, assí como las franjas, los galones y las guarniciones se llaman ornamento de los vestidos, assí la guarnicion de los soldados parece que se ha de llamar ornamento de las plazas; con que Ciudad de ornamento, Odolla, id est ornamentum, es Ciudad o Plaza de guarnicion, y por aquí la vino á Ciudad Rodrigo el parentesco estrecho con Odolla. Puede ser, que á mas de dos críticos de estos que tratan de genealogías mentales, les parezca algo largo el parentesco; pero no haya miedo, que les parezca assí el que probó nuestro Fray Gerundio con la Ciudad de Odolla de su difunto Escrivano, ó ya se siga la interpretacion de testimonio, ó ya se adopte la exposicion de ornamento.
6. «Aquí conmigo, dixo el ingenioso Orador: si Odolla es testimonio, Odolla id est testimonium, todos quantos testimonios dió nuestro malogrado Heroe dan testimonio de que fué de Odolla su elevadíssima prosapia. Nadie note el elevadíssima; porque, como se cuentan en ella tantas plumas, pudo elevarse, pudo remontar el vuelo hasta dexar muy debaxo de sí al Icaro presumido: Icarus Icarias nomine fecit aquas. Si Odolla es testimonio, Odolla id est testimonium, luego es la Ciudad de los testimonios la Ciudad de Odolla. Ciudad de los testimonios y Ciudad de los Escrivanos, aunque parecen dos, son una misma synonýmica poblacion, como sabe el Rhetórico elegante, segun el cánon de la divina Synecdoche: Synecdoche figura est, in qua pars apponitur pro toto. Y si no, dígame el entendido: por qué Juan se singulariza por secretario del Verbo? Quia testimonium perhibet de illo, et scit quia verum est testimonium ejus. Repare el discreto: lo primero, porque dió testimonio, testimonium perhibet; lo segundo, porque fué testimonio verdadero, et verum est testimonium ejus. Aquello le acreditó de Escrivano, porque para ser Escrivano basta dar testimonio: testimonium perhibet. Esto le calificó de buen Escrivano, porque para ser buen Escrivano es menester que sea el testimonio verdadero: et verum est testimonium ejus. Pero de una y de otra manera, el dar testimonio es tan proprio de los Escrivanos, como es proprio de la Ciudad de Odolla el ser la Ciudad de los testimonios: Odolla id est testimonium.»
7. «Volvamos al texto: celebráronse ó se decretaron las primeras exequias lúcido-tenebrosas en la Ciudad de los testimonios, en la Ciudad de los Escrivanos: Odolla id est testimonium; y essa misma Ciudad era tambien la Ciudad de los ornamentos: Odolla id est ornamentum. Espantábame yo, que no estuviessen los ornamentos pared en medio de las exequias: alto al mysterio. Llámanse ornamentos, con antonomástica possession, las vestiduras sacro-séricas de que usa el Sacerdote para celebrar el sacrificio de la missa: paramenta seu ornamenta, que dixo con elegancia el lithúrgico Rubriquista. Y claro está, que exequias sin missa son cuerpo sin alma, ó á lo ménos es la missa la que principalmente vivifica y refrigera las almas que fueron de los cadavéricos cuerpos: in Spiritum sanctum Dominum vivificantem. Ahora conmigo: la missa en dias comunes es de puro consejo: Consilium autem do, que dice el Vaso escogido; la missa en dias de Domingo es de riguroso precepto: Mandatum meum do vobis. Notólo con discrecion la rubicunda púrpura de Hugo: Omnes tenentur audire sacrum die Dominica. Infiera ahora el Lógico: luego, siendo estas exequias de nuestro Domingo Conejo, era indispensable la missa, porque la missa es indispensable en dia de Domingo: Omnes tenentur audire sacrum die Dominica. Qué hay que replicar á esta consequencia? Pues, allá va otra: luego fueron clara y patente figura de estas coluctuosas exequias las que se decretaron por el invicto Machabéo en la Ciudad de Odolla, Ciudad de los Escrivanos, Ciudad de los ornamentos: Odolla, id est testimonium sive ornamentum, paramenta, ornamenta: omnes tenentur audire sacrum die Dominica.»
8. A este modo y del mismíssimo gusto fué toda la oracion fúnebre, cuyo traslado con mejor consejo nos ha parecido omitir, porque seria impropriedad en assunto tan doloroso hacer llorar de risa á los lectores. Baste decir que, para cerrarla con llave de oro, dió glorioso fin á ella con aquella ridícula alegoría que se le ofreció de repente en el ya citado capítulo 5º., para contrarrestar la otra no ménos estrafalaria metáphora, que tanto celebró Fray Blas en el sermon de honras del famoso Florilegio; solo que allí la dixo seguida y sencillamente, sin adornarla con textos; pero en el púlpito la vistió y la sacó de gala con todos los adornos correspondientes. Hácesenos lástima, y aún casi pica en escrúpulo, defraudar al público de los oportuníssimos textos con que la engalanó; y assí allá vá, ni mas ni ménos como la pronunció, con todos sus atavíos.
9. «En virtud de queja fiscal, adversarius vester diabolus circuit quærens, se levantó auto de oficio por el supremo Juez, tenens adversus nos chirographum, y se dió mandamiento de prision contra nuestro Escrivano difunto, tenete eum et ducite caute: presentóse este en la cárcel del Purgatorio, claudentur ibi in carcere, dexando poder al Amor Filial para que, como Procurador suyo, gloria patris est filius sapiens, contradixesse la demanda, posuisti me contrarium tibi, apelando de la sala de Justicia á la sala de Misericordia, secundum magnam misericordiam tuam. Libróse despacho de inhibicion y avocacion, con remission de autos originales, ego veniam et judicabo; dióse traslado á la parte de nuestro mísero encarcelado, nihil respondes ad ea quæ adversus te dicunt? Hizo este un poderoso alegato de missas, oraciones y sufragios, Domine, oratio mea in conspectu tuo semper; y, dándose por conclusa la causa, non invenio in eo causam, falló la Misericordia que debia mandar y mandaba, que el Escrivano Domingo Conejo saliesse libre y sin costas de la tenebrosa cárcel, sinite hunc abire, declarando haver satisfecho suficientemente todas sus deudas con las penas de la prision, dimitte nobis debita nostra, y que assí se fuesse á la gloria en paz, requiescat in pace.»
10. Desengáñese la eloquencia mas valiente, persuádese la elegancia mas retumbante, humíllese la pluma de mas rápido remonte, y créame la fantasía de mas delicado perspunte, que no es possible, no digo ya explicar dignamente un solo rasgo, pero ni aún concebir entre sombras un tenebricoso bosquejo del embeleso, de la admiracion, del pasmo, del assombro con que fué oída la oracion de todo el numeroso auditorio, que componia un gruesso peloton de paparismo. A excepcion del Reverendíssimo Abad y de su Socio, que tambien estaban aturdidos, aunque por muy diverso término, no huvo siquiera uno entre todos los oyentes, que por buen espacio de tiempo no pareciesse estatua en virtud del extático pasmo que los preocupó. Hasta el mismo Fray Blas estaba enajenado, haciéndose cruces intelectuales en lo mas íntimo de su alma, y tan persuadido ya, allá de la saya para dentro, que en comparacion de Fray Gerundio él era un pobre motilon, que desde aquel punto le costaba grandíssima violencia el no tratarle con respeto, y, solo por no dar su brazo á torcer, prosiguió en la llaneza comenzada, pues por lo demas, en su estimacion y concepto, passaba Fray Gerundio por el primer hombre de toda la universal Orden. Assí lo confessó él despues á un confidente suyo, por quien se supo esta interior particularidad, que hace tanto honor á nuestro Heroe.
11. El Licenciado Flechilla, que le havia encargado el sermon y aquel dia hacia de Diácono en las honras, enagenado y fuera de sí, se quedó sentado en el banco donde havia oído la oracion, á mano derecha del Preste, tanto que ya el Comissario, que oficiaba, estaba incensando el túmulo (calados sus anteojos) en el último responso, y todavía permanecia en su banco el bueno del Licenciado, llorando á hilo tendido de gozo y de ternura, sin advertir lo que passaba. Apénas entraron en la sacristía los del altar, quando el Comissario Preste, sin dar lugar á que le quitassen la capa, se arrojó violentamente al cuello de Fray Gerundio; túvole un gran rato estrechíssimamente apretado entre los brazos, sin hablarle palabra, y despues, retirando un poco el cuerpo y poniéndole las manos sobre los dos hombros, prorumpió en estas exclamaciones: «O gloria immortal de Campos! O afortunado Campazas! O dichosíssimos Padres! O monstruo del púlpito! O confusion de Predicadores! O pozo! O sima! O abysmo! Es un horror! Es un horror! Es un horror! O! O! O!» Y fuése á quitar la capa, haciéndose cruces.
12. No pudo articular mas palabra por entónces el Licenciado Flechilla que decir interrumpidamente: «Padre, Padre, Padrico! La semana santa, la semana santa del año que viene; la semana santa; no tiene remedio, no tiene remedio.» Y, como á este tiempo entrasse en la sacristía Anton Zotes, creyó que era llegada la postrimera hora de su vida, porque consintió morir allí ahogado, segun los abrazos que le dieron, no contribuyendo poco para añudarle las muchas lágrimas que le hacia derramar el gozo. Fray Blas estaba atónito, y solamente se explicó con las cejas y con los ojos. Al Reverendíssimo Abad le pareció, que no le permitia la urbanidad dexar de presentarse, y assí, dexándose ver en la sacristía, seguido de su Socio, solo dixo con afabilidad y con agrado, que havia tenido un rato muy divertido, y que era razon que el Padre Fray Gerundio descansasse; á que añadió el Socio: «Yo estaria oyendo á vuestra Paternidad otras dos horas; la erudicion á carretadas; el estilo, de lo que hay poco; y el modo de discurrir es original.» Con las expressiones equívocas de los dos prudentes Monges se confirmaron los otros paletos en que apénas un Angel podria predicar mejor.
13. Vueltos todos á casa y ya puesta la mesa, se sentaron á ella por su órden, menudeáronse los bríndis, repitiéronse las enhorabuenas, subieron de punto las expressiones, y solo no huvo décimas ni octavas, porque, como la funcion era de mortuorio, parecia importunidad. Con todo esso, no se pudo contener un estudiantillo legista, que aquel año havia comenzado los Vinios en Valladolid y tambien comenzaba á hacer pinicos de Poeta, echando sus quintillas y de quando en quando sus décimas en las porterías ó locutorios de las Monjas, quando havia funcion de hábito ó de professiones. Havia concurrido á las honras del Escrivano Conejo en nombre de su Padre, vecino de un lugar cercano y muy amigo del difunto, que por hallarse achacoso no havia podido venir personalmente. Pidió licencia para decir un epitaphio que se le ofrecia; y, como el assunto era tambien de requiem, fácilmente se le concedió, con que prorumpió en este disparate:
Yace entre estas dos losazas Conejo: no yace tal, Puesto que le hizo immortal Fray Gerundio de Campazas. Caminante, quando cazas, No hallarás vivar mas guapo Que este sitio en que te atrapo, Pues con qualquier perro viejo Cogerás aquí un conejo, Y en el púlpito un gazapo.
Los dos Monges conocieron bien la insulsez de la décima, llena de ripio y sin mas sal que un equivoquillo ridículo que no tenia substancia; pero los demas, que no hilaban tan delgado y ni entendian ni atendian mas que al sonsonete, la levantaron sobre las nubes y hicieron sacar incontinenti muchos traslados para esparcirlos por toda la redonda, conviniendo todos en que el Licenciado era tan gran Poeta, como Fray Gerundio Predicador. Con esto se retiraron los Padres á dormir la siesta, y despues de ella sucedió lo que vamos á decir en el capítulo siguiente.
CAPITULO VIII.
Sálense á passear los quatro Religiosos, y el Padre Abad, en tono de conversacion, da á Fray Gerundio una admirable doctrina.
1. Dormida la meridiana, tomado un polvo, rezadas vísperas y completas, y ya adelantada un poco la tarde, que estaba muy apacible, dixo el Padre Abad á Fray Blas y á Fray Gerundio, que si gustaban de salir á espaciarse un poco al campo. Aceptaron gustosos el convite los dos amigos, y se salieron á passear en compañía de los dos Monges. Apénas se vieron fuera del lugar, (y no tuvieron que andar mucho para esso,) quando impaciente ya Fray Blas preguntó al Padre Abad: «Qué le pareció á vuestra Reverendíssima del sermon de esta mañana? No fué un assombro?» — «En su linea, respondió el Reverendíssimo, es de lo singular y de lo precioso que he oído.» A tal punto se incorporó con la tropa el Comissario, que venia con alguna acceleracion á cortejarlos, no haviéndolos encontrado en casa del Licenciado Flechilla. Era su trage de passéo, becoquin mocho, sombrero nuevo de castor, alzacuello con su esclavina, sobre-ropa con alamares, baston con puño de plata y buen recado de borla; en fin, parecia un Arcediano. Despues de los cumplidos ordinarios, prosiguió la conversacion entablada, porque Fray Blas repitió la misma pregunta, y el Padre Abad le dió la misma respuesta.
2. «No esperaba yo ménos de la profunda sabiduría de vuestra Reverendíssima, dixo el Comissario. Malo es que á mí me dé golpe un sermon, un libro, una obra, sea de la facultad y de la especie que se fuere, que lo mismo mismíssimo ha de parecer á todos los hombres sabios y discretos del mundo. Tengo mil experiencias de esso. Aquellas exquisitíssimas noticias, que dió el Padre Fray Gerundio del orígen de los elogios y de las oraciones fúnebres, como tambien de los diferentes ritos con que se han celebrado y se celebran las honras de los difuntos, comprobadas todas con testimonios de tanta multitud de Autores, no prueban un milagro de lectura y un abysmo sin suelo de sabiduría?»
3. — «Bien puede ser, respondió el Padre Abad, que al Reverendo Fray Gerundio le huviesse costado esso mucho sudor, mucho aceite y mucho tiempo; porque, como todavía es jóven, no puede tener grande noticia de los Autores, que tratan de propósito varios assuntos. Dionysio Halicarnasseo, célebre Historiador y uno de los mejores críticos de la antigüedad, tiene una bella, elegante y muy erudita dissertacion sobre esta única materia, intitulada: De origine et vario ritu Funeralium. Allí se encuentra todo quanto dixo el Padre Fray Gerundio, y mucho mas. En esta especie de escritos philológicos, dicen los críticos que están puestas en su lugar todas essas noticias; pero en los sermones las tienen por impertinentes y por una pueril vanidad de ostentar erudicion fuera de tiempo. A lo mas mas permiten, que se apunten muy de passo, huyendo mucho de recalcarse en ellas. Yo solo refiero lo que los críticos dicen, pero sin tomar partido; porque no es mi ánimo defraudar un punto el concepto que se merece el Padre Fray Gerundio.»
4. — «Oh Padre Reverendíssimo! replicó el Comissario. Los críticos! Los críticos son extraña gente: dudarlo todo, impugnarlo todo, negarlo todo, y cátate que soy crítico. Hay manía mas graciosa como negar, que Júdas se crió desde niño en casa de Pilatos; que le sirvió de Jardinero ó de Hortelano; que despues mató á su Padre sin conocerle, porque quiso llevarse unas peras de la huerta; que al cabo se casó con su misma Madre sin saber que lo era, y que á esta tambien le quitó la vida por no sé qué niñería, y que, viéndose viudo, se quiso meter Frayle, pero, no haviéndole querido recivir en ninguna Religion monacal ni mendicante, por fin y postre se metió Apóstol y vendió á su Maestro, se ahorcó de un moral muy alto, estando tres dias colgado de él sin poder morir por mas diligencias que hizo, hasta que, en el mismo punto en que Christo resucitó, se rompió el cordel, y cayó precipitado sobre una peña ó guijarro puntiagudo, que le abrió las entrañas y le hizo arrojar los intestinos? Noticias todas tan ciertas, tan authénticas, tan indubitables, como que están escritas é impressas por un varon pio, docto y religioso, en un libro de título muy retumbante. Y en medio de esso los críticos no solamente las niegan, sino que hacen grandíssima chacota de el que las escrive, y no menor burla de los que las creen. No haga pues caso vuestra Reverendíssima de los críticos, y déxelos decir hasta que se cansen.»
5. — «Soy de essa opinion,» dixo el Socio del Abad algo socarronamente. «Los críticos vienen á turbarnos en la quieta y pacífica possession en que estábamos, de creer buenamente mil y quinientas cosas sin perjuicio de tercero; y, pues ellos no hacen caso de un título tan justo como es el de la possession, tambien es puesto en razon que nosotros no hagamos caso de ellos. La erudicion sirve de adorno en los sermones, y los Santos Padres no la despreciaban quando la tenian á mano.»
6. — «Por lo ménos, interrumpió el Padre Abad, ni San Gregorio Nazianceno en las oraciones fúnebres que pronunció, ya en la muerte de su grande amigo San Basilio, ya en la de su Padre, que se llamaba tambien Gregorio, ya en la de su hermana Santa Gorgonia; ni San Gregorio Nysseno en las que predicó á las honras de las Emperatrices Plácida y Pulqueria; ni San Ambrosio en las que dixo en elogio del Emperador Theodosio el Grande, se cansaron en gastar essa especie de erudicion. Mucho peso, mucha solidez, mucha piedad, mucha eloquencia, mucho ingenio y mucha ternura, esso sí; pero erudicion, ni poca ni mucha, y en verdad que todos tres Santos eran muy leídos.»
7. — «A esso, Padre Maestro, dixo el Socio, se me ofrece una gran disparidad; essos Santos predicaban las honras de otros Santos, y quando ménos de unos Emperadores que, aunque no están canonizados, compitieron en lo heróico sus virtudes christianas con las políticas y con las militares. Todos essos grandes objetos estaban tan llenos de nobles materiales, que era inútil el adorno, y ociosa la invencion, quando sin esta y sin aquel no tenia tiempo el Orador ni aún para apuntar, quanto mas para explayarse en dar á el auditorio un claro conocimiento de sus Héroes. Nuestro Reverendo Fray Gerundio no tuvo por objeto de su oracion á ningun San Basilio ni á ningun Emperador Theodosio. El Señor Escrivano (que Dios haya) seria muy buen Christiano; pero sus virtudes no hicieron ruído. Comulgaba una vez al año con mucha devocion, oía missas los dias de fiesta, y ganaba en oficio todo quanto podia. No venció tyranos, ni ganó batallas, ni conquistó provincias, ni defendió á la Religion; y en fin, no sabemos que sobresaliesse mucho en alguna de aquellas virtudes morales ó prendas naturales, que tal vez se reputan por assunto digno de los elogios fúnebres. Bien ve vuestra Paternidad, que para alabar á un hombre assí, esto es, á un hombre de vida comun y por ventura no muy exemplar, con precision de gastar por lo ménos una hora en celebrarle, es menester arte, inventiva, y forragear mucho en la erudicion para llenar el tiempo y para divertir la curiosidad del auditorio, ya que no se pueda decir cosa que la edifique demasiadamente.»