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Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2)

LIBRO SEXTO. (continued 2)

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24. «El mismo concepto se ha de hacer de su inseparable amigo y compañero Fray Blas, del qual no se halla ni la mas leve mencion en todos estos papeles. Solo se da una noticia vaga y general de otro Compañero del Predicador anónymo, que con su mala doctrina y peor exemplo contribuyó mucho á estragarle. Por tanto, aunque todos los razonamientos del ex-Provincial y del Maestro Prudencio son graves, macizos y ponderosos, debo prevenir á vuestra Merced para su govierno, que no se encuentran en los documentos originales.»

25. «Mucho ménos se lee en ninguno de ellos el nombre de Bastian ni el apellido de Borrego, ni puedo discurrir el motivo que tendria el Señor Tunante para poner en boca del sesudo Labrador Bastian Borrego las graciosas, pero solidíssimas reflexiones que hizo en la granja con el Maestro Prudencio. Solamente congeturo que, haviendo hecho Campesino á su Gerundio, aplicó á los interlocutores aquellos apellidos que son freqüentes en esta Provincia, escogiendo quizá los que á su modo de entender le parecian ridículos; pero, si tuvo por tal el apellido de Borrego, acreditó igualmente su malicia que su ignorancia. No tiene mas de ridículo el apellido de Borrego que los de Carnero, Vaca, Mula, Leon, Osorio (de Oso), y entre las aves Aguila, Paxarillo, Paxaron, Gallo, Palomo y otros muchos, con que se honran tantas familias distinguidas, y algunas de la mas elevada nobleza. Aún vuestra Merced mismo no pierde nada por llamarse Lobon, siendo tan conocida en la Historia Eclesiástica de España desde el primer siglo de la Iglesia aquella famosa Matrona Lupa ó Luparia, que algunos hacen Reina y todos suponen Señora nobilíssima; y, en fin, allá en Inglaterra todos tenemos mucha noticia de la gran casa de Villalobos.»

26. «Los documentos, que vuestra Merced tuvo presentes para componer la segunda parte, no son mas fieles que los que le guiaron para formar la primera. El Señor Abusemblat le vendió á vuestra Merced gato por liebre, y le puso delante todo lo que á él se le antojó. Aquellos Apuntamientos sobre los vicios del estilo son un bello trozo de rhetórica, que me acuerdo haver leído no sé donde; pero bien sé, que en estos papeles Syriacos, Arábigos y Caldéos no he leído ni una sola palabra de tales apuntamientos. La carta que el Estudiante Rhetórico de Villagarcía escrivió á su Padre, la tengo por apócrypha; pero, pues vuestra Merced está en el mismo lugar, le será facil averiguar la verdad ó la suposicion de esta noticia.»

27. «Una pintura que hace vuestra Merced de no sé qué convite en un Convento de Monjas, allá en el capítulo 3º del libro 4º, bien sé que la sacó á la letra del instrumento traducido, que está notado con el número 97; pero el original á que se remite no habla mas de Monjas que de berengenas. Es una relacion Arábiga de la toma de Damasco en tiempo de las cruzadas. Sin duda que al tunanton le debieron de tratar mal algunas Monjas, conociendo quien era y no dexándose engañar de sus embustes, y él para vengarse fingió de su cabeza todos aquellos absurdos, que no caben ni se pueden creer del recogimiento y modestia que dicen professan las Religiosas; que yo, aunque he viajado mucho por payses Cathólicos, no las he tratado mucho, pero siempre he oído hablar de ellas con estimacion y respeto.»

28. «No puedo negar, que me cayó muy en gracia todo quanto en esta segunda parte se pone en boca del Familiar, que es mucho y bueno. Se conoce que el Señor co-Epíscopo no era lerdo: assí fuera tan veraz como advertido; pero debo decir á vuestra Merced, para descargo de mi conciencia, que todo esto fué de su invencion, y nada de essos papeles. Aún assí y todo, se descuidó su Señoría en guardar conseqüencia; porque en una parte llama Cuco al hijo del Familiar, y en otro le llama Bertholo. Verdad es que lo podrá componer, diciendo que el muchacho se llamaba Cuco-Bertholo ó Bertholo-Cuco. El terrible razonamiento del Magistral de Leon tambien es lástima que no se encuentre en estos documentos; pero al fin, aunque sea fingido que lo dixo, es cierto que todo quanto en él se dice es muy verdadero.»

29. «Todo el capítulo 8º del libro 4º, en que se trata de aquel Cavallerito mono, ó mona, furioso remedador de los Franceses, es de exquisita sal, y solo por él merece el co-Epíscopo del Gran Cayro, que vuestra Merced dé por bien empleado quanto le agasajó y le regaló, y que le perdone todo lo que le engañó. Fácilmente puede vuestra Merced discurrir, que en estos mamotretos Orientales no se toca ni se puede tocar tal especie; pero, si vuestra Merced se resolviere á publicar su obra, reformándola y poniéndola otro título, le aconsejo que de esse capítulo no mude ni una silaba.»

30. «Lo mismo digo del capítulo 9º del libro 5º, en que se habla del intolerable abuso de las Mugeres Cathólicas, que se visten por gala los hábitos de las Religiones, ú otros de capricho que ellas inventan. Si esto lo hicieran las de mi Religion, las aplaudiriamos mucho, porque sería la mas graciosa invencion para zumbarse de los trages Religiosos, de que hacen tanta burla; pero en Mugeres Cathólicas parece que no se debe tolerar. Como quiera, el Tunante le dexó á vuestra Merced escrita una sátyra de grande importancia, que debe engastarse en oro, y no importa que la huviesse puesto en el estilo zafio del Familiar, ni esto se debe censurar como inverisímil ó como dissonante, pues quiso dar á entender, que para conocer el absurdo de este abuso no era menester ser Cathedrático ni culto; porque su misma dissonancia da en los ojos á qualquiera que tenga medianamente puesta la razon natural.»

31. «Una cosa debe vuestra Merced borrar absolutamente, y es toda la instruccion que se supone da el lugar de Pero-Rubio á los Predicadores de Semana Santa. Yo no sé si con efecto hay en España tal lugar de Pero-Rubio; pero, háigale ó no le haiga, es cierto, que ni de tal instruccion ni de tal lugar se hace mencion en los manuscritos originales, y que fué pura phantasía del Señor Abusemblat. Tengo noticia de que en varias partes de España se toleran, assí en la Semana Santa como en otras festividades, especialmente en la que Ustedes llaman del Córpus, algunas mamarrachadas, que hacen ridículos los mysterios de la Religion Romana, y nos dan grandes materiales á nosotros, á quienes Ustedes nos tratan de hereges, para reírnos de algunos que impugnamos. Por allá nos causa admiracion de que sufran esto los que fácilmente lo pudieran remediar. Los passos de la Passion son buenos para meditados, y tambien para representados en imágenes ó estatuas que aviven la consideracion, en lo qual no me conformo con los de mi secta, que se burlan de todas las imágenes sagradas, al mismo tiempo que hacen tanta estimacion de las profanas, tratando algunas con mucha veneracion. Debo este testimonio á la verdad, porque soy hombre sincero y hablo en país libre; que en Inglaterra yo me guardaria bien de hablar de esta manera. Bien está, pues, que los passos de la Passion, y tambien los demas, que constan assí de la Historia sagrada como de la eclesiástica, se hagan presentes á la vista por el pincel, por la prensa, por el buril y por el escoplo; quanto mayor sea la viveza con que se figuren, contemplo que será mayor la impression que harán en los ánimos piadosos. Pero, que la persona de Christo y la de los Apóstoles en algunos lances de la Historia evangélica se representen al vivo por algunos hombres de la ínfima classe del pueblo, y tal vez no los de mejores costumbres, ignorantes y atestados de vino, perdónenme los que lo sufren, que allá nos disuena mucho.»

32. «En virtud de esto que he oído decir, tengo por cierto, que en varios lugares de España se practicarán distributivamente todas las extravagancias, que supone la fingida instruccion de Pero-Rubio, esto es, que unas se practicarán en unos, y otras en otros; pero no es verisímil, que en un solo lugar se practiquen todas. Y como quiera, no constando de estos originales ni que haya tal lugar de Pero-Rubio, ni mucho ménos que se representen en él essos passos theatrales, soy de sentir que vuestra Merced debe reformar esse passage, ó á lo ménos prevenir, que no está muy seguro de que no se haya padecido alguna equivocacion en lo que se atribuye á Pero-Rubio.»

33. «Finalmente, para convencer á vuestra Merced demonstrativamente de que no debiera haverse fiado de la llamada traduccion legal del co-Epíscopo del Gran Cayro, no es menester mas que hacer un poco de reflexion á los anacronismos, en que están hirviendo sus papeles. Por una parte supone á Fray Gerundio muy anterior á la irrupcion de los Moros en España, y por otra le llama Fray, cosa que ni en España ni en parte alguna del mundo se usó hasta muchos siglos despues. Aquí dice que floreció en siglos muy atrasados, y allí cita dichos, escritos y hechos, que sucedieron ayer y casi están sucediendo hoy. Si me huviera de detener á particularizar todos estos anacronismos, seria menester recapitular toda la obra; pero basta esta insinuacion para que vuestra Merced caiga en cuenta.»

34. «En los demas papeles, de que todavía no se ha valido vuestra Merced, porque las reservaria sin duda para la tercera parte, hallo otras mil graciosas invenciones del Tunante, tan fingidas como las passadas. Trátase en ellos del ridículo modo con que entendia Fray Gerundio el mandato de casi todos los Señores Obispos de España, de explicar por lo ménos un punto de doctrina christiana en la salutacion de todos los sermones, y de lo que le passó con un Prelado zeloso. Háblase mucho de un Sermon de Confalon, que predicó en la Ciudad de Toro; de otro llamado del Vexilla, en Medina del Campo; de un Adviento y de una Quaresma, en varios lugares; de Pláticas á Monjas; de una Mission que hizo en cierta parte; y concluye el Señor Abusemblat sus apuntamientos con la conversion de Fray Gerundio al verdadero modo de predicar, efecto de no sé qué libro convincente que la divina Providencia le puso en las manos, de su muerte exemplar, precedida de una pública retractacion de los disparates que havia hecho en sus sermones, y de una pathética exhortacion que hizo á sus Frayles, para que predicassen siempre la palabra de Dios con el decoro, gravedad, juício, nervio y zelo que pide tan sagrado ministerio.»

35. «Es cierto, que el Armenio de mis pecados dice admirables cosas en todos estos documentos, assí de las que pertenecen á su idéa principal, como de otras accessorias que entretexe al modo de las antecedentes, y tocan en costumbres, escritores, críticos, mesas, trages, extravagancias mal usadas y peor toleradas, en las processiones, abusos de rosarios públicos, de las novenas, de las imágenes sagradas en esquinas de las calles y zaguanes de las casas, y, finalmente, en otras cien materias, todas de grande importancia y tratadas, á mi ver, con solidez y con gracia. Pero mi conclusion es que nada, nada de esto se halla en los papeles Arábigos, Syriacos y Caldéos, que á vuestra Merced le ha vendido por originales.»

36. «En virtud de todo lo qual, haciéndome por una parte gran lástima que no salga á la luz pública una obra como la que vuestra Merced tiene trabajada, y no pudiendo por otra negar este testimonio á la verdad, ni este desengaño á la confianza que le merezco, soy de parecer que vuestra Merced no la suprima; pero que, ó ya la continúe ó ya la dé por concluída, mude solamente el título y la divulgue de esta manera:

Historia que pudo ser del famoso Predicador Fray Gerundio de Campazas.»

37. Viste tal vez, quando se cae de repente el techo de una casa y coge debaxo á un perro, sea dogo, galgo ó perdiguero, como se queda espatarrado? Pues assí, ni mas ni ménos, me quedé yo, quando acabó el Mylor Inglés su razonamiento. Por mas de un quarto de hora quedé atónito, enagenado, fuera de mí, sin acertar á hablar palabra; pero, recobrados los espíritus y dándome una palmadita en la frente, me acordé que todo esto ya lo havia dicho yo en mi Prólogo, protestando que yo era el Padre y la Madre, el Hacedor y el Criador de Fray Gerundio; con que, Lector mio, vamos á otra cosa, y cátate el cuento acabado.

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