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Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2)

LIBRO QUINTO.

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CAPITULO PRIMERO.

Encárganle un sermon de honras, y no le escupe; con todo lo demas que iremos diciendo.

1. «Pero mira, le dixo Fray Blas en el camino, si tu Tio te volviere á tocar la especie, tú has de hacer la gatatumba y el agacha-panza: quiero decir, que te has de mostrar convencido de sus razones, rendido á sus consejos, dócil á sus instrucciones, oyéndole en lo exterior con mucha humildad, respeto y reverencia; pero allá dentro de tu corazon has de estar bien resuelto á reírte y hacer burla de todo quanto te dixere. La razon de este admirable y no ménos importantíssimo consejo salta á los ojos; porque estas gentes de la Iglesia, constituídas ya assí en alguna dignidad, y mas quando están asomadas á una mitra, suelen ser muy delicadas, gustan de que en todo se les oiga como á oráculos, y llevan muy á mal que se les replique. Quando á esto se añade la razon del parentesco, y mas siendo tan immediato y tan superior como el de Tio, los da un peso de autoridad sobre toda la familia, que no parecen sino unos concilios, y hasta los hermanos mayores, que no han ido por la Iglesia, los oyen con una veneracion que causa espanto. Es verdad que no siempre es oro todo lo que reluce, pues tal vez hacen burla de ellos interiormente; pero los tiene cuenta el paladearlos en el fuero externo, assí para disfrutarlos en vida como para heredarlos en muerte. A ninguno importa mas que á tí el tener grato á tu Tio, porque ninguno le necessita mas que tú, ya por los socorrillos que te suele enviar, y ya por lo mucho que con su autoridad y con la de sus amigos te puede servir dentro y fuera de la Religion para tus adelantamientos. Por tanto sigue este mi consejo capital, y trata de hacer bien tu papel: calla, dissimula, humíllate, muéstrate convencido, dale palabra de enmendarte, consúltale en todo lo que se ofreciere; pero tú, haz aquello que se te antojare!»

2. Aunque la leccioncilla del Padre Predicador mayor no era de aquellas, que mas se conforman con el Evangelio ni aún con el Catechismo, le cayó muy en gracia al docilíssimo Fray Gerundio, y la tomó tan de memoria, que jamas se le olvidó. Llegaron á casa, donde encontraron ya refrescando á toda la patrulla. Era el refresco limonada de vino y bizcochos, que es el regular en las fiestas recias de Cámpos; y se havian agregado á los huéspedes de casa muchos Curas del contorno, que havian concurrido á la funcion, y tambien no pocos labradores de los mas pestorejudos, todos con el motivo de dar la enhorabuena á Fray Gerundio, á sus padres y á toda la parentela.

3. Fueron graciosas las expressiones con que se explicaron algunos, especialmente de aquellos que se preciaban mas de tener voto en esto de sermones. Uno que havia servido todas las Mayordomías de su lugar, y estaba persuadido á que ninguno le echaba el pié adelante en la eleccion de los mejores Oradores, dixo con voz ponderativa: «El Padre Fray Gerundio ha perdicado un sermon que, miéntras Campazas sea Campazas, no habrá quien le desquite.» Otro, que havia sido muchos años Procurador de la tierra, y era hombre de cabeza abultada y muy maciza, pareciéndole que el otro havia andado corto, añadió como para corregirle: «Sí, andáos ahora á Campazas! En Leon he uído yo á los mayores páxaros de España, pero otro Fray Gerundio... Y no digo mas, porque toda comparanza es udiosa.» Al hermano Bartholo se le hacian ya limonada las palabras, y, no pudiéndolas contener, prorumpió en el despropósito de que en todos los dias de su vida havia oído ni esperaba oir sermon mas mathemático. Voz cuyo significado no entendia, pero siempre le havia parecido que significaba alguna cosa grande é inaudita. Allá se fué el elogio del Sacristan de Benafarces, que se halló en la funcion, no se sabe por qué casualidad, y era tenido entre los que le conocian por uno de los hombres mas cultos de los que á la sazon gorgoritaban Parce-mihis. Este pidió silencio, teniendo en la mano un vaso de limonada que rebosaba por el borde, y, estando todos callados y suspensos, dixo con voz gutural, recalcada y circunspecta: «Señores, vamos haciendo justicia; que el sermon desde el principio hasta el postre, desde la cruz hasta la fecha, y desde el thema hasta el quam mihi, fué una pura construccion de Philosophía.» Quedaron todos mirándose los unos á los otros, y, aunque ninguno entendió lo que el Sacristan quiso decir, fué general la opinion de que tampoco se podia decir mas.

4. A todo esto havia estado muy atento, pero igualmente callado un buen Clérigo, de estos que llaman de missa y olla, que con su Capellanía y un decente patrimonio lo passaba quieta y pacíficamente en su lugar, mejor que un Arcediano. Era á la verdad de pocas letras, pues solo tenia las precisas para entender el Breviario y el Missal á media rienda; pero por su buena razon, por su genio apacible y bondadoso, y porque era limosnero y amigo de hacer bien, le estimaban mucho en su pueblo. Apénas moria alguno en él que no le dexasse por su principal testamentario, y él admitia sin repugnancia estos encargos, assí por tener alguna cosa en que emplear loablemente el tiempo, como por haver hecho concepto que, si cumplia fiel, legal y puntualmente con este piadoso y caritativo oficio, podia hacer mucho bien á los difuntos y ser muy útil á los vivos.

5. Havia fallecido pocos dias ántes el Escrivano de su lugar, que era ya viudo, y no solo le havia nombrado por su testamentario, sino tambien por tutor y curador de sus hijos, con la expression de que no se le tomassen cuentas ó se passasse por las que él quisiesse dar; todo en crédito de la confianza que hacia de su pureza, exactitud y legalidad. Dexaba encargado en el testamento, que se le hiciessen honras y cabo de año con sermon, segun costumbre, y señalaba doscientos reales de limosna para el Orador que se las predicasse, «en atencion, decia él, al trabajo que ha de tener qualquiera pobre Predicador en hallar de qué alabarme; porque, si no quiere mentir, se ha de ver bien apurado.»

6. Con efecto debia de ser assí, porque era pública voz y fama, que el tal Escrivano havia sido hombre no muy demasiadamente escrupuloso. Quando entró en el pueblo, (pues fué el primer Escrivano que entró en él,) no havia pleito ninguno, ni aún memoria de que le huviesse havido jamas desde su primera fundacion; pero al año, y no cabal, de su residencia ya todo el lugar se ardia en pleitos, y, quando murió, dexó pendientes treinta y seis, aunque no passaba la poblacion de doscientos vecinos: encendia á unos, azuzaba á otros, y los enzarzaba á todos. Si dos partes contrarias le consultaban sobre una misma dependencia, á cada una en particular respondia, afectando una modestia socarrona, que él no era Abogado ni entendia los puntos de derecho, ni le tocaba dar parecer; pero, por lo que le havia enseñado la experiencia en tantos años de exercicio y en tantos pleitos como havian passado ante él, era corriente su justicia, temeraria la pretension del contrario, y que á buen librar le condenarian en costas, concluyendo con que, si esto no salia assí, havia de quemar el oficio; que esto se lo decia á él solo en confianza, encargándole mucho el secreto. Despues que á uno y otro los havia metido tanto aguijon, añadia con grande remilgamiento que, aunque era cierto todo lo dicho, para qué queria pleito? que era mejor componerse, porque, aunque ninguno se interessaba mas que él en que cada qual siguiesse su justicia, (pues al fin no comia de otra cosa ni tenia otros mayorazgos,) pero que amaba mas la paz del pueblo que todos los interesses del mundo. Con este artificio, despues de haver irritado á las dos partes, él echaba el cuerpo fuera y cobraba crédito de hombre desinteressado.

7. En haviendo qualquiera quimerilla en el pueblo, por ligera que fuesse, especialmente si havia sido cosa de paliza con algun rasguño ú efusion de sangre, al punto buscaba los Alcaldes y se estrechaba con ellos, y en tono de amistad y de confianza los persuadia á que levantassen un auto de oficio y que tratassen de cubrirse, intimidándolos con que hoy ó mañana vendria una residencia, y no faltaria alguno que los quisiesse mal y los acusasse de omissos ó de parciales, y á buen librar caeria sobre sus costillas una multa que los levantasse tanta roncha. Despues de hecho el auto de oficio, arrestados los de la riña y borrajado mucho papel en declaraciones, cargos y descargos, quando ya no tenia pretexto para chupar mas á las dos partes, solicitaba él mismo por debaxo de cuerda que se compusiessen; y, cargando bien la mano en las costas á unos y á otros, porque á ninguno se las perdonaba, á un mismo tiempo llenaba el bolsillo y era aplaudido entre los innocentes con el glorioso renombre de pacificador.

8. Era muy franco en dar testimonios aún de aquello que no havia visto, y, para quitar el escrúpulo á los que podian reparar en esta mala fé, los decia con una bondad que encantaba, que un hombre de bien se havia de fiar de otro hombre de bien mas que de sí mismo; que debia de dar mas crédito á los ojos agenos que á los suyos proprios, porque estos podian alucinarle y engañarle, pero de los otros no era razon ni buena crianza ni aún conciencia presumirlo; y finalmente, que esto mismo se estaba palpando á cada passo en el uso de los anteojos, con los quales ve uno mas y mejor que con sus proprios ojos; de donde inferia que, assí como puede un Escrivano dar fé válida, lícita y legalmente de aquello que ve con anteojos, siendo assí que no son sus ojos los anteojos, assí ni mas ni ménos puede y debe darla de lo que ve con los ojos de un hombre honrado, quando este le assegura, que lo ha visto y que passó la cosa ni mas ni ménos como él se la cuenta; y á la réplica que le podian hacer, que él no sabia si era ó no hombre honrado el que le pedia el testimonio, ya él salia al encuentro diciendo, que mil veces havia oído á los Abogados ser principio de derecho que «ninguno se debe presumir malo, hasta que se pruebe que lo es, y que en caso de duda siempre se debe presumir lo mejor.»

9. Quedábanse atónitos los pobres páparos al oírle esta doctrina, que les parecia á ellos mas clara que la luz del mismo dia; y el símil de los anteojos, aunque tan disparatado, los ataba de piés y manos. Para acabarlos de aturrullar y convencer enteramente, añadia otro símil, en el qual los dexaba como embobados y lelos. «Está un Escrivano, decia, actuando con un Señor Alcalde ó con qualquiera otro Juez; firma este, y despues mas abaxo el Escrivano: ante mí, Fulano de Tal. Quantas veces sucede, que el Juez al tiempo de firmar no está delante del Escrivano, sino á un lado ó á las espaldas, porque el Alcalde verbi-gracia se está passeando en la sala? Y quien dirá por esso, que el Escrivano es falsario, porque autorizó ó legalizó la firma del Juez, diciendo que havia sido ante él? Pues, si esta no es falsedad, por qué lo ha de ser dar un testimonio de lo que no se vió ni se oyó, en la buena fé de que trata verdad el que me assegura, que lo ha visto y oído? A los de mi oficio, que tropiezan en estos melindres y delicadezas, se les puede decir que tienen escrúpulos de Mari-Gargajo.»[27]

10. En virtud de esta misma docilidad, no solo era bizarríssimo en dar testimonios de lo que jamas havia visto, sino que con su bondadoso corazon no se podia negar á darlos muchas veces contrarios á lo que havia palpado, sin detenerse mucho en dar dos testimonios opuestos á las dos partes contrarias, porque decia que era enemiguíssimo de desconsolar á nadie. Y, aunque esto le ocasionó mas de una vez algunos embarazos enfadosos en los Tribunales superiores, al cabo de ninguno salió tan mal como se podia temer, porque tenia maña para todo. Solo era muy detenido en franquear los testimonios, quando sospechaba que podian perjudicar á alguna parte predilecta suya; bien entendido que su predileccion nunca se fundaba sino en un honrado reconocimiento á expressiones prácticas, no de las mas ordinarias. Quando se hallaba en este caso, decia con grande compostura, que no podia dar testimonio alguno, sin que se lo mandasse la Señora Justicia; y, quando le reconvenian con que estaba obligado á hacerlo en virtud de su mismo oficio, por quanto todo fiel Christiano tenia derecho á que le diesse testimonio de lo que havia visto ú oído, él respondia con mucho fruncimiento, que esto era ignorar las nuevas pragmáticas-sanciones que havian salido sobre el oficio de Escrivano, y los pobres patanes, al oir el nombre de pragmática-sancion, quedaban tamañitos, pareciéndoles que debia ser alguna excomunicacion del Padre Santo de Roma, para que los Escrivanos no se metiessen en cumplir con su obligacion sin licencia de los Alcaldes.

11. Este havia sido el exemplaríssimo Escrivano que havia dexado por su principal testamentario al Licenciado Flechilla, (que assí se llamaba el Clérigo de quien íbamos hablando, habrá como dos hojas,) dando órden en su testamento para que se le predicasse su sermon de honras, corriente, como era uso y costumbre en aquella tierra. Pues el tal Clérigo, yendo dias y viniendo dias, luego que oyó á Fray Gerundio el sermon del Sacramento, quedó verdaderamente espantado y dixo allá dentro de su corazon: «No se me escapará este páxaro, y assí predicará otro las Honras del Escrivano de mi lugar como yo soy Arzobispo.» En efecto, despues de haver oído con el mas profundo silencio la variedad de expressiones, con que todos daban la enhorabuena á nuestro Fray Gerundio, se levantó pausada y boniticamente de su assiento, encaminóse hácia donde aquel estaba, dióle un estrecho abrazo y, assomándosele las lágrimas de puro gozo, le dixo con bondadosíssima ternura: «Padrecito mio, obras son amores, que no buenas razones: yo tengo la incumbencia de encargar un sermon de honras al difunto Escrivano de mi lugar, que vale doscientos reales, y, si valiera doscientos mil, con otros doscientos mil amores le pondria yo á la disposicion de Vuesa Paternidad. El tal Escrivano, que Dios haya, ciertamente no fué hombre canonizable; pero por lo mismo los assuntos dificultosos se hicieron para ingenios peregrinos. El de su Reverencia lo es, ó tengo yo de quemar á mi Lárraga y al Piscator de Salamanca, que es toda mi librería.»

12. No cabe en la ponderacion el empavonamiento de que se sintió repentinamente embestido el corazon de nuestro Fray Gerundio, viéndose convidado en aquella publicidad y en aquellas circunstancias con un sermonazo de aquel tamaño, pues havria mas de quatro Padres Definidores, que se tendrian por muy dichosos en haverlo conseguido despues de haverlo pretendido mucho, y á él se le havia venido á las manos, como dicen, sin saber leer ni escrivir. Desde aquel mismo punto se le barrió de la memoria todo quanto le havia dicho su Tio el Magistral, como si jamas lo huviera oído, y ya miraba tan debaxo de sí al mismo Magistral, que por poco no le tenia lástima; pero sin embargo resolvió respetarle en el fuero externo por la formalidad, teniendo presente la importante leccion de su íntimo Fray Blas.

13. Respondió pues al Licenciado Flechilla, muy agradecido á la honra que le dispensaba, y aceptando, quanto era de su parte, el sermon de honras, baxo el beneplácito y la bendicion de su Prelado, que no dudaba se la franqueasse, con agradecimiento al honor que hacia á la Orden en la persona del mas mínimo individuo suyo. Hay quien diga, que casi le respondió con estas mismas voces, aunque tan forasteras á su comun estilo, bien que no faltan otros que lo contradicen, fundados en esto mismo, persuadidos á que las espressiones eran mas cultas de lo que correspondia á su crianza y á la idéa de hablar que se havia formado, assí en conversaciones privadas como en las funciones públicas. Nosotros no nos atrevemos á tomar partido en este intrincado punto de crítica, bien que nos inclinamos á creer que, aunque la substancia de la respuesta fuesse de Fray Gerundio, pero el guiso y las voces tienen traza de ser del curioso, que hizo los apuntamientos de donde sacamos estas menudencias.

14. Como quiera que esto huviesse sido, lo que consta de cierto es, que Fray Gerundio no se descuidó en pedir al Licenciado Flechilla algunos apuntes de la vida, virtudes y milagros del difunto Escrivano: diligencia muy necessaria para disponer su fúnebre panegýrico; y al mismo tiempo quiso informarse del dia, en que pensaba se celebrasse el pomposo funeral. «Los sufragios, Padre Predicador, le respondió el boníssimo Clérigo, los sufragios por las ánimas benditas del Purgatorio, aunque no se supongan tan necessitadas de ellos como la de nuestro Escrivano, quanto mas ántes se hagan mejor; porque el lugar no es muy acomodado, y ciertamente las pobres no están para esperar mucho en él. Dilatárselos por pereza es crueldad, que solo cabe en quien haga poca reflexion á lo que están padeciendo aquellos ya dichosos, pero atormentados espíritus; y assí, quanto mas aprisa disponga su Paternidad el sermon, mas pronto tendrán el alivio las ánimas benditas, mas presto saldré yo de la obligacion á mi Compadre el Escrivano, (Dios tenga su ánima en descanso!) y mas anticipado lograremos el gusto de oírle sus apassionados.»

15. Quedaron de acuerdo en que dentro de un mes le predicaria, porque Fray Gerundio protestó que necessitaba por lo ménos de este tiempo para disponerle, especialmente siendo esta la especie de sermones, á su parecer, mas enrebesada, y necessitaba tomar algunas reglas para ensurjarla. Ningun sermon de honras havia oído en su vida, y aún por entónces le pareció que tampoco le havia leído; pero le fué infiel en esto su memoria, como presto se verá. En fin, por no perder tiempo despachó luego un proprio á su Prelado, pidiendo licencia para admitir la nueva funcion, con una carta que decia assí:

16. «Reverendo Padre nuestro. Prediqué el sermon del Córpus al Sacramento de mi lugar, en la fiesta de mis Señores Padres, como otros lo dirán; que á mí no me está bien el decirlo. Solo puedo assegurar, que circunstancia ninguna no se me escapó; hasta una que me cogió de súpito, que fué una gaita-gallega en vez de órgano, la toqué tan bien; y no faltó quien dixo, que ni el mismo Gaitero havia tocado tan bien la gaita, como yo la circunstancia. Perdóneme vuestra Paternidad, que se me escapó sin querer esta alabanza, y quedo corrido, segun lo que dixo el otro: Laus in ore proprio vilescit. Los abrazos que me dieron al acabar el sermon no tienen cuenta, y las décimas, las octavas y aún los sonetos que me echaron en la mesa fué cosa de juício. Por fin y por postre, el Licenciado Flechilla, Capellan de Pero-Rubio, me encargó el sermon de honras del Escrivano de su lugar, que murió pocos dias há, y dexó doscientos reales de limosna para el Predicador. La honra me tira mas que el provecho, y tambien la esperanza de llevar para el Convento una buena porcion de missas de las muchas que dexó encargadas el difunto. Pido á vuestra Paternidad el benedícite para predicar este sermon, que ha de ser dentro de un mes, y yo le iré adjetivando por acá á ratos perdidos. El proprio lleva un carnero y una cántara de vino, que mis Padres envían de limosna á la santa Comunidad, á quien piden perdon de la cortedad, porque no puede obrar mas su buen afecto, y me encargan muchas memorias de su parte para vuestra Paternidad, cuya vida guarde Dios muchos años. Campazas, etc. — Besa las manos de vuestra Paternidad su servidor y menor súbdito

Fray Gerundio, indigno Predicador.»

17. El benedícite vino corriente á vuelta de proprio; porque, como el Prelado no havia oído el sermon del Sacramento sino en relacion hecha por Fray Gerundio, creyó buenamente que le havia desempeñado con decencia, valiéndose de algun papel ageno, y pensó que lo mismo haria con el de Honras. Por otra parte, las razones que alegaba le hacian fuerza; no eran para despreciadas las missas, que verisímilmente llevaria para la Comunidad; el carnero y la cántara de vino tambien pedian algun agradecimiento; y, en fin, un Fraile mas por un mes fuera de casa era para el Convento una boca ménos. Por esso, no solo le dió sin disgusto la licencia, sino que, haciéndose cargo de que en casa de su Padre no havria muchos libros de sobra para disponer un sermon, por el mismo proprio le envió quatro ó seis libros de los que Fray Gerundio havia dexado sobre la mesa de su celda, sin detenerse el Prelado en examinar quales eran, juzgando prudentemente que, pues los tenia tan á mano, serian los de su cariño y los que preferia su eleccion para la disposicion de los sermones.

CAPITULO II.

Pide Fray Gerundio á su amigo Fray Blas una instruccion para disponer el sermon de honras, y este se la da divina.

1. Mucho huviera convenido prevenir en el capítulo antecedente, que ni en el proprio, ni en la carta, ni en su contenido, ni en el carnero y la cántara de vino tuvo el buen Fray Gerundio mas arte ni parte que hacer lo que su amigo el Padre Fray Blas le aconsejó, escrivir lo que él mismo le dictó, y enviar el regalito con el piadoso pretexto de limosna que él le sugirió. Es el caso que, luego que el Licenciado Flechilla le encomendó dicho sermon, fué lleno de alborozo á comunicar su fortuna con su íntimo confidente el incomparable Fray Blas; y puesto caso que á este no dexó de pellizcarle algun tantico la envidia, acompañada de un si es no es de zelillos, porque comenzaba ya á temer que Fray Gerundio en materia de fama le havia de coger la delantera y le havia de quitar muchas ganancias, haciéndole cosquillas que casi á sus mismas barbas encargassen un sermon no ménos que de doscientos reales á un oradorcillo visoño, que apénas le apuntaba el bozo de Predicador; pero al fin, considerando que Fray Gerundio era su discípulo de púlpito, que la gloria del discípulo se refunde en el maestro, y que hasta en el provecho le podia tocar alguna parte, ahogó los primeros ímpetus de aquella no muy honrada passion y, mostrando mucho gozo, por lo ménos en esto que se veía hácia fuera, le aconsejó sanamente lo que debia hacer, y le dictó la carta para el Prelado, con todo lo demas que en ella se contenia.

2. Diximos, (y aún lo volvemos á decir,) que todo esto convendria mucho huviesse quedado advertido desde el capítulo precedente, porque de essa manera ahorraríamos ahora el prevenirlo. Pero, sobre que muchas veces un pobre Historiador se descuída, y sucede tal vez que, miéntras toma un polvo, en un abrir y cerrar de caxa se le va la especie que tenia entre la pluma, quien sabe si en esta ocasion lo hicimos adredemente por no interrumpir el hilo de la narracion? A lo ménos nosotros estamos en la firme determinacion de no declarar lo que huvo en esto, para dexar al curioso Lector el trabajo de adivinarlo.

3. Tres dias naturales tardó el proprio en ida y vuelta, en cuyo espacio de tiempo fueron desfilando todos los huéspedes, retirándose cada qual á su respectivo destino: los dos Canónigos á su Iglesia, el Familiar á su casa, el Padre Vicario á sus monjas, el Fraile y el Donado á sus Conventos, solo que este fué primero al mercado de Villalon, porque tenia que comprar unas cebollas. Vayan benditos de Dios, y la Vírgen los acompañe! que cierto tenian tan ocupada la casa como la historia, la qual no sabia qué hacerse con tantos personages; especialmente el Señor Magistral nos incomodaba un poco, porque su demasiada seriedad no daba gusto á Fray Gerundio, y harto será que no cansasse tambien á muchos de nuestros Lectores. Quedaron pues solos y á sus anchuras nuestro Fray Gerundio y su Fray Blas, dueños absolutos del cortijo y teniendo pendientes de sus discreciones al Tio Anton Zotes, á la Tia Catanla y al Licenciado Quixano, que apénas los perdian de vista ni aún de oído.

4. Quando ves aquí que entra por la puerta del corral el deseado proprio, cargado con un alforjon de libros y con la carta del Prelado, que venia, como dicen, á pedir de boca. Luego que la leyeron los dos camaradas, se dieron recíprocamente muchos abrazos de puro gozo, y aún Fray Blas añadió tambien con religiosa confianza un pescozon y una coz á Fray Gerundio, todo en señal de contentamiento. Pero sobre todo les cayó en gracia la prevencion del Prelado en enviar los libros, no solo porque era señal de la complacencia con que daba su bendicion, sino porque en realidad sin libros se verian un poco embarazados, no alcanzando su erudicion de memoria á tanto empeño, y seria chasco verse precisados á retirarse al Convento para componer el sermon.

5. Passado aquel primero turbion de alegría, dixo Fray Gerundio á Fray Blas, que era preciso retirarse los dos al campo para conferenciar á solas y con libertad sobre el assunto. «Que me place!» respondió el Predicador mayor; y, luego que se vieron fuera del lugar, (que seria como á diez ó doce passos, porque la casa de Anton Zotes estaba en el centro del pueblo,) comenzó Fray Gerundio á hablar en esta substancia: «Padre Predicador, ya sabe Usted...» Atajóle al punto Fray Blas y le dixo: «Amigo Fray Gerundio:

Non bene conveniunt nec in una sede morantur Majestas et amor.

Amistad y cumplimientos no caben en un saco. Hasta aquí te he tolerado esse tratamiento por la tal qual diferencia de edades, pues á lo sumo te llevaré veinte y dos ó veinte y tres años; ya no te lo sufriré, por lo ménos quando los dos nos hablemos mano á mano. Un hombre á quien encargan un sermon de honras que vale doscientos reales, bien puede tutearse, no digo con el Predicador mayor de una casa matriz, pero con todos los Predicadores del Rey; assí pues, ceremonias á un lado, y, si quieres que en adelante te conteste, trátame como á otro tú.» Era dócil Fray Gerundio, y no le costó trabajo conformarse, fuera de que en aquel mismo punto sintió no sé qué secreta vanidad y complacencia de ver, que le permitian hombrear no ménos que con todo un Predicador mayor de un Conventazo como el suyo, y aún llegó á discurrir, que no debia de ser muy inferior en el mérito á quien le hacia tan igual en el tratamiento. Rompió pues la valla sin detenerse, y le dixo: «Pues, bien está, amigo Predicador, y comienzo á darte gusto.»

6. «Ya sabes, que yo en toda mi vida he oído sermon de honras: en Campazas no se usan; en Villaornate no murió persona de importancia, miéntras estuve á la escuela del Cojo; el Dómine Zancas-Largas jamas nos habló ni una palabra sobre esta especie de oraciones; quando fuí novicio y artista, no se ofreció predicar acerca de este assunto. Sermonarios no he leído sino el Florilegio, y en este no hago memoria de haver encontrado sermon de honras ni cosa que suene á esso; con que, si tú no me alumbras, habré de caminar á tientas.»

7. — «Pecador de mí! respondió Fray Blas, y qué poca memoria tienes! Con que, no te acuerdas haver leído en el Florilegio sermon de honras? Pues ven acá, badulaque; no haces memoria del famosíssimo sermon predicado por el Autor en Ciudad-Rodrigo á las honras que el Regimiento de Toledo celebró por sus soldados difuntos? Yo tampoco tengo ahora muy presente todo su contenido; pero assí en general me quedó la especie vivíssima de que es una de las piezas mas divinas, que se encuentran en aquella obra verdaderamente celestial: modelo mas acabado para disponer una oracion fúnebre con todos los primores de que es capaz el arte, es impossible que hasta ahora haya salido de humano entendimiento.» — «Vaya, hombre, le interrumpió Fray Gerundio, que soy un bolo; tú tienes razon, y ahora me acuerdo de haverla leído, y tambien me acuerdo que me aturrulló; porque, si bien no entendia lo que querian decir muchíssimas cosas, pero esso mismo me llenaba de estupor, haciéndome acá dentro del alma un eco que me atolondraba las potencias.» — «En volviendo á casa, prosiguió Fray Blas, te haré ver, admirar y penetrar parte por parte sus inimitables primores, puesto que entre los libros que te envió el Prelado advertí por el pergamino, que venia el Florilegio.» — «Pero miéntras tanto, replicó Fray Gerundio, no me darás assí unas reglecitas generales para bandearme?»

8. — «Soy contento, respondió Fray Blas, y ante todas cosas no se te olvide la que te dí en otra ocasion, con la de leerte el sermon que prediqué á San Benito del Otero, ó, por mejor decir, la que tú mismo sacaste en fuerza de tu ingenio sin que yo te la diesse pro expresso. Esta es la de acudir siempre á alguno de los Fastos, Menologios, Almanaques ó Calendarios gentílicos sive mythologicos y ver qué fiesta se celebraba, qué ceremonia ó qué cosa remarcable se hacia en aquel mismo dia en que tú tienes que predicar, y aplicarla intrépidamente á tu assunto, sea el que fuere; que esso lo podrás hacer con una maravillosa facilidad. Observo que te ha cogido algo de repente el terminillo remarcable: no lo extraño, que á mí tambien me sucedió lo mismo la primera vez que le oí; pero ya están los oídos y los ojos tan hechos á él, que se me hace muy reparable qualquiera cosa notable que no se llame remarcable.»

9. «Esta regla es general y conviene á todo género de assuntos, panegýricos, gratulatorios, exhortatorios ó deprecatorios, fúnebres y morales. Aunque prediques el mismíssimo sermon de la Passion, te puedes aprovechar de ella con una oportunidad que encante.»

10. «Pero, viniendo en particular á sermon de honras ú oracion fúnebre, que todo viene á ser uno, es indispensable que desde luego eches unas bocanadas de erudicion á borbotones sobre el tiempo, en que comenzó este género de obsequio á los difuntos, con qué ocasion se dió principio á él, quienes fueron los primeros inventores, si los Griegos ó los Romanos; qué progressos hizo en el discurso del tiempo; y, en fin, todo quanto hacinares en esta materia será otro tanto oro; porque desde luego captarás la admiracion del auditorio con tu portentosa erudicion.» — «Pero, hombre de los demontres, le replicó Fray Gerundio, donde tengo de encontrar yo tan antiguas y tan recónditas noticias? Piensas que son todos como tú, que parece tienes presente todo quanto ha passado en el mundo desde Adan hasta el Ante-Christo, y, aunque se hable de la cosa mas despreciable ó mas ridícula, como si dixéramos de alpargatas ó de polainas, al punto señalas el inventor, con el año y el dia fixo en que comenzaron á usarse?»

11. — «Válgame Dios, Fray Gerundio, respondió Fray Blas, y qué monigote que eres! Pues, no tienes ahí á Beyerlink, que te socorrerá con abundancia de quanta erudicion repentina hayas menester para qualquiera cosa que quieras? Amen de Beyerlink, no están los Passeracios, los Ambrosios, Calepinos y los Diccionarios universales, que hoy se estilan ya en todas las lenguas, los quales te darán tantas noticias históricas y críticas sobre cada palabra, que apénas pueda con ellas tu memoria? Es verdad, que los críticos llaman erudicion de socorro á este género de erudicion, aludiendo al agua de socorro con que se bautizan los párvulos; mas, y qué tenemos con esso? Por ventura los que se bautizan con agua de socorro, substancialmente no quedan tan bautizados como el mismo Emperador Constantino, quando le bautizó el Papa San Silvestre? si es que es cierta esta noticia, porque el dia de hoy todo se pone en duda. Pues, por qué los eruditos de socorro no serán tan eruditos como los que lo son con todas las ceremonias de la Orden? Que te respondan á esta paridad, y, miéntras no lo hicieren, que seguramente no lo harán, ríete de sus malignas y envidiosas expressiones.»

12. — «Estoy en cuenta, dixo Fray Gerundio; pero despues de toda essa retahila de erudicion, que sin duda acreditará á qualquiera, como la he de aplicar al intento particular de mi sermon de honras, y como he de hacer que venga á propósito para celebrar la memoria de mi buen Escrivano?» — «En poca agua te ahogas, respondió Fray Blas, y un hombre que aplicó tan divinamente todo quanto quiso, assí á las circunstancias del sermon del Sacramento como á la Plática de Disciplinantes, me admira que ahora se embarace en una bagatela. Mira: dos opiniones hay, á lo que me acuerdo, acerca de esto que se llama oraciones fúnebres ó panegýricos de los difuntos; unos quieren, que los primeros inventores de este género de elogios fuessen los Griegos, y aún se adelantan á nombrar al que pronunció el primero, que dicen fué Theseo, con ocasion de dar sepultura á los cadáveres de los Argivos. Otros atribuyen la gloria de esta agradecida invencion á los Romanos, afirmando que la primera oracion fúnebre que se oyó jamas, fué la que pronunció Lucio Junio Bruto con ocasion de la muerte de la casta Lucrecia, con la qual encendió tanto el ánimo de los Romanos contra el soberbio Tarquino, que le arrojaron del throno y se fundó la República, quinientos nueve años ántes del nacimiento de Christo. Algunos se esfuerzan á conciliar estas dos opiniones, diciendo que los Griegos fueron en rigor los primeros inventores de los elogios fúnebres, pero limitándolos precisamente á los que havian muerto en la guerra en defensa de la patria, y los Romanos fueron los primeros que los extendieron á todos los claros varones, que havian sido eminentes en otras virtudes, aunque no fuessen militares, ó que havian hecho algun considerable servicio á la Patria y al Estado.»

13. «Tú, no te detengas en esta question inútil, aunque convendrá que no dexes de apuntarla, para que entiendan que sabes mucho mas de lo que dices; y añadirás luego con despejo y con arrogancia: Ora se consagren los panegýricos pósthumos á las armas, ora se dediquen á las letras, ora se destinen á qualesquiera otras virtudes en que florecieron los claríssimos varones, siempre se deben de justicia estos pósthumos fúnebres y cypressinos elogios á nuestro Domingo Conejo (assí se llamaba el Escrivano, que Dios haya). Si á las armas? míresele continuamente con el cuchillo en la mano, tajando plumas, como pudiera Moros, Turcos ó Judíos. Si á las letras? quien formó mas ni con mas airosos rasgos en toda la redonda? Regístrense si no essos inmensos protocolos. Si á las demas heróicas virtudes, que hacen rebentar el clarin de la fama por lo mas ancho de la bocina? señáleseme siquiera una, en que no huviesse sido el non plus ultra nuestro plangibilíssimo Conejo.»

14. — «Hombre de Satanas! replicó Fray Gerundio, lo de las armas y de las letras está aplicado que ni el mismo Florilegista; pero lo de las virtudes, como se puede decir, sin que el Diablo y el auditorio se rian de la mentira? No ves, pecador de mí, que en los apuntamientos del Licenciado Flechilla se dice claritamente, que el Escrivano (Dios le haya perdonado!) era un mal hombre, falsario, embustero, enredador, zizañero, ladron, con sus polvillos de hypócrita?» — «Y en esso te detienes?» le interrumpió Fray Blas con cierto airecito de fisga. «Cada dia me pareces mas cuitado, y temo que has de dar en escrupuloso. Pues, hay mas que bautizar essos vicios con el nombre de virtudes? y cátalo todo compuesto. Di que ninguno le excedió en la condescendencia, que pocos le igualaron en el ingenio, que á nadie concedió ventajas en lo penetrativo, que fué único en la persuasion, y que en órden á defender sus derechos no solo no admitió igual, sino que tocó la raya de nimio. Ves ahí desfigurados sus vicios, y vestidos á la moda en trage de virtudes morales, con lo qual ninguno te podrá hablar una palabra, y aún está á pique que, al acabar la oracion fúnebre, alguna viejecilla simple se encomiende devotamente al Santo Escrivano Conejo.»

15. «Y en fin, quando todo turbio corra, á tí qué te cuesta fingir en el difunto las virtudes que te vinieren mas á pelo, segun los materiales que tuvieres á mano? porque, si no las tuvo, á lo ménos las debió de tener. Piensas tú, que serás el primero que lo hace? Mucho te engañas en esso; hombres he visto yo de mucho pro, que lo practican á cada passo, sin que por esso pierdan casamiento ni nada del respeto que se les debe. Hay en cierta parte del mundo un gremio digno de toda veneracion, donde es costumbre hacer honras y predicar su oracion fúnebre por qualquiera individuo de él, mas que muera de la otra parte del Cabo de Comorin. Ya se ve: pensar que son canonizables todos los miembros de aquel respetable gremio, seria un juício que se passaria de puro piadoso; con todo esso, apénas se oye ó se lee oracion fúnebre de alguno, (porque las mas se imprimen,) que al oyente ó al lector no le dé gana de hacerle una novena con culto privado, siendo assí que tal vez caen las oraciones sobre sugetos que, lo que es en vida, no hicieron milagros. Como se hace esto? Tan lindamente: poniendo el Orador de su casa lo que faltó al difunto, y que este le agradezca la buena voluntad.»

16. «Oh Señor! que esso será engañar al público, y con engaño muy perjudicial. Escrúpulos de Fray Gargajo. No sabe todo el mundo, que la primera partida del buen Orador debe ser la que se llama invencion? Esto qué quiere decir? Que el buen Orador ha de inventar lo que alaba, y es claro que, si lo encuentra en el sugeto á quien elogia, no lo inventa él, que lo refiere.»

17. Un poco le dissonó esto á Fray Gerundio, oliéndole á grandíssimo disparate, y assí no se pudo contener sin interrumpirle, diciendo: «Fray Blas, yo pienso que estás un si es no es equivocado y confundes la invencion con la ficcion, cosas entre sí muy distintas y muy distantes. Hago alguna memoria de que, quando el Dómine Zancas-Largas nos explicó esto de la invencion, no nos la dió el sentido que tú la das, y nos dixo que la invencion era aquella virtud, prenda ó gracia intelectual, en fuerza de la qual el Orador, queriendo engrandecer un hecho cierto, buscaba con arte medios, arbitrios ó modos oportunos para amplificarle y para engrandecerle, á los quales modos, arbitrios ó medios llamaba él las fuentes de la invencion: por señas que aún todavía me acuerdo bien de las tales fuentes, porque me costó el aprenderlas un par de vueltas de azotes; y assí decia, que la primera fuente de la invencion era la Historia; la segunda, los Apólogos y las Parábolas; la tercera, los Adagios ó los Refranes; la quarta, los Geroglýficos; la quinta, los Emblemas; la sexta, los Testimonios de los antiguos; la séptima, los Dichos graves y sentenciosos; la octava, las Leyes; la novena, la Sagrada Escritura; la décima, el discurso y el acierto ó la discrecion de lugares. Assí explicaba él esto de la invencion; pero nunca nos dixo, que la invencion del Orador consistia en inventar ó fingir lo que havia de alabar; ántes bien, si no me engaño mucho, nos inculcaba que esso de fingir se reservaba para los Poetas.»

18.[28] No gustó mucho Fray Blas de la tal réplica, ora fuesse porque efectivamente conoció de botones adentro el disparate, ora porque le disgustasse verse replicado por su discípulo; mas, como era fuerte, se empeñó en llevarle adelante y assí le dixo con sobrado sacudimiento: «Válgate el Diantre por tu Dómine Zancas-Largas, que ya me tiene Zanqui-largueados los híjares. Si esse tu Dómine Zancarron te enseñó que el fingir era proprio de los Poetas, tambien debe serlo de los Oradores, por quanto no puede haver buen Orador que no sea Poeta. Assí lo dice Ciceron, aunque no me acuerdo donde; pero basta que yo lo diga, que no ha de ir un hombre con la manga cargada de citas, quando se sale á passear.»

19. Calló Fray Gerundio, viendo á su amigo algo amostazado, y este prosiguió diciendo: «Lo dicho, dicho; el alabar á los difuntos, ya sea en oraciones fúnebres, ya en epicedios poéticos cantados en su loor, y fingir las virtudes, prendas y gracias que no tuvieron, no es cosa de ayer acá ni es invencion de modernos. Ahí está uno de tantos Sénecas como andan por essas librerías (pienso que ha de ser el trágico, el qual debió de llamarse assí, porque quizá su Padre se llamaria Tragon): digo que ahí está esse tal Séneca, que introduce á los Poetas de su tiempo llorando la muerte del Emperador Claudio Druso y diciendo de él una máquina de proezas, que jamas le passaron por el pensamiento al bueno del Emperador. Mas que rabies, te he de encaxar, que quieras que no quieras, el hymno que supone compusieron en su alabanza, y solo porque me gustó el sonsonete, parecido al de Iste confessor Domini colentes, le tomé de memoria. Dice pues assí

Fundite fletus, edite planctus, Fingite luctus, resonet tristi Clamore forum: Cecidit pulchre cordatus homo, Quo non alius fuit in toto Fortior orbe. Ille citato vincere cursu Poterat celeres, ille rebelles Fundere Parthos, Levibusque sequi Persida telis Certaque manu Tendere nervum, Qui præcipites vulnere parvo Figeret hostes, pictaque Medi Terga fugacis. Ille Britannos ultraque noti Littora Ponti et cæruleos Scuta Brigantas Dare Romuleis colla catenis Jussit, et ipsum nova Romanæ Jura securis, temere Oceanum etc.»

20. «No quiero cargos de conciencia y soy hombre sincero: confiéssote que este era demasiado latin para mi gramática, y que no le entendí sino muy en monton y assí, como dicen, á media rienda. Pero me deparó Dios un Lector de nuestra Orden, que por mas de tres años havia sido Rey en el general de mayores de Villagarcía, el qual me declaró su contenido, y parece ser que en el tal hymno se alaba al Emperador Claudio de haver sido hombre muy prudente, de grandes fuerzas, de suma celeridad, y de tanto valor que sugetó á los Persas, rindió á los Medos, subyugó á los Britanos, extendió los límites del Imperio Romano de la otra parte del Ponto, y obligó hasta al mismo Océano á que obedeciesse sus leyes. Esto dice el hymno. Mas qué huvo de todo esto? Nada en conclusion; porque yo leí en un libro viejo sin principio ni fin, pero de grande autoridad, que el Emperador Claudio fué un estúpido, tanto que su misma Madre Antonia, quando queria ponderar la simpleza de alguno, decia: Es tan fatuo como mi hijo Claudio. En todo su imperio no hizo cosa de provecho, sino comer, beber y tratar con la gente mas vil y mas despreciable. Es cierto, que su hijo Británico triumphó de los Britanos, porque los cogió desprevenidos, y acabáronse todas sus hazañas. Casóse quatro veces, y se huviera casado quatrocientas, si su sobrina y quarta muger Agripina no huviera tenido vocacion de enviudar ántes de tiempo, quitándole la vida con veneno. Adoptó á Neron, hijastro suyo, sin hacer caso de Británico su hijo, y á esto se reduxeron sus proezas. Con todo esso, el Poeta hizo bellíssimamente en fingir todas aquellas prendas, que le parecieron proprias de un grande Emperador, y celebrarle por ellas, mas que nunca las huviera tenido, que essa no fué culpa del panegyrista, y nadie le quitó que las tuviesse. Pues, qué razon havrá divina ni humana, para que tú no hagas lo mismo con el Escrivano Conejo?»

21. — «Tus argumentos son tales, respondió Fray Gerundio, que no los desatará una Universidad toda entera en cuerpo y en alma. No admiten réplica, y assí no solo me conformaré á ciegas con tu dictámen, sino que en este punto me ocurre un modo muy fácil de predicar mil sermones de honras á mil Escrivanos muertos, que cayessen en mis manos.» — «Como assí?» le preguntó Fray Blas.

CAPITULO III.

Interrumpe la conversacion un huésped inopinado, que se aparece de repente; vuelven á atar el hilo, con todo lo demas que irá saliendo.

1. Iba á responderle Fray Gerundio, quando al revolver el cercado de una viña, por donde atravesaba una senda que guiaba á Tras de Conejo, famoso sitio del monte de Valderas, se apareció un mocito como de veinte y cinco años, con todo el aparato de cazador crudo: redecilla con borla á medio casquete, tupé asomado con sus dos caídas de bucles, chambergo y cinta de plata y oro con su lazo ó roseta entre si trepa ó no trepa á la copa del chambergo, capotillo de grana hasta la cintura, chupa verde bien cumplida de faldillas, calzon de ante fino, ajustado á la perfeccion, asomada por la faltriquera, hasta bien entrado el muslo, una cinta de oro con sello y llavecita de relox, botines de lienzo listoneado de azul, que ni pintados, y sus zapatillas blancas; escopeta, bolsas, dos podencos, y quatro perdices que llevaba en una red de hilo harto bien texida, pendiente de un cordon de seda, que á manera de banda le cruzaba desde el hombro derecho hasta el híjar izquierdo: esso se supone.

2. Era un Colegial trilingüe de la Universidad de Salamanca, bien dispuesto, despejado, hábil, de humor festivo y retozon, aunque algo vivo, osado y quisquilloso; mas que medianamente instruído en letras humanas y sobre todo en la Rhetórica, á cuya cáthedra era opositor y aún havia leído ya una vez á ella. Llamábase Don Casimiro y estaba de recreacion en Valderas, donde tenia casada una hermana muy de su cariño, y al cuñado no le havia faltado un tris para ser Corregidor de Villalobos. Aquella tarde havia salido á caza y, fatigado de la sed, iba por mas pronto recurso á Campazas á echar un trago de agua de bodega, quando al revolver del cercado se encontró con nuestros dos Frayles. Conocia á Fray Blas, porque este, bien ó mal, havia cursado en Salamanca, aunque Don Casimiro era niño gramático y Fray Blas ya era Padre colegial; assí se llaman á aquellos Theólogos de reata, que van en requa á escuelas mayores y menores.

3. Apénas se vieron los dos, quando recíprocamente se conocieron; y es que Fray Blas nada se havia mudado, porque tan calzado era de barbas y tan cerrado de mollera quando Colegial, como quando Predicador mayor de su Convento, atento á que, quando tomó el santo hábito, era ya bastantemente entrado en mozancon. Por lo que toca á Don Casimiro, es cierto que, aunque havia crecido mucho y era hombre que ya se afeitaba á menudo, pero conservaba todavía el aire, las facciones de la cara y cierta viveza de ojos, que le agraciaban mucho quando niño. Diéronse un estrecho abrazo, y despues de aquellos efectos regulares de alegría y de aquel monton de especies antiguas, que tocan de tropel dos conocidos en estos encuentros casuales, despues de haverse santiguado los dos media docena de veces con aquello de Válgame Dios! qué encuentro! Quien me lo dixera! Quien lo pensara! sin omitir Fray Blas lo otro de Jesus, y qué crecido, y qué espigado, y qué hombre, y qué galan! Venga otro abrazo, etc., le tomaron en medio los dos Frayles. El Predicador en breves palabras dió razon á Don Casimiro de quien era Fray Gerundio, de sus prendas, de sus talentos, del sermon que acababa de predicar, de los aplausos que havia merecido, del sermon de honras que le havian encargado, y, en fin, de toda la conversacion que havian tenido los dos desde la salida del lugar hasta el mismo punto del dichoso encuentro inclusivamente.

4. Hizo Don Casimiro un cumplido muy cortesano á Fray Gerundio, y, haviéndole correspondido este con las voces que le deparó su bondad, su crianza y su cosecha, prosiguió immediatamente sin detenerse: «Pues, Señor Don Ramiro...» — «Casimiro, le interrumpió el Colegial, para servir á Vuesandíssima.» — «Perdone vuestra Merced, continuó Fray Gerundio, que, quando le nombró mi amigo el Padre Predicador, estaba yo un tantico embobado, y solo pude advertir que su gracia de vuestra Merced era un nombre acabado en iro. Pues, Señor Don Casimiro, lo que yo iba á decir á Fray Blas, quando nuestra buena suerte nos deparó la honrada vista de vuestra Merced, era que se me havia ofrecido un medio estupendíssimo para predicar, aunque fuessen mil sermones de honras á todos los Escrivanos que está comiendo la tierra. Este es el ir discurriendo en mi sermon por todas y por cada una de las diez fuentes, que llaman los Rhetóricos de la invencion.»

5. — «Essa es mi comidilla, interrumpió el Colegial, y toca Usandíssima un assunto, en que puedo decir algo con ménos desacierto, porque al fin essa es mi facultad. Si las fuentes de la invencion son diez precisamente, si son ménos ó son mas, es punto muy questionable, y no ignora Usandíssima quanto le controvierten los Autores. Ciceron, en lo de Inventione, señaló algunas mas. Nuestro Quintiliano, en sus Instituciones oratorias, las reduxo á ménos, y Casio Longino, en su Tratado de lo sublime, que leí traducido del griego en francés por Monsieur Boileau, dice, á mi ver con mayor acierto, que no se puede señalar número fixo á estas fuentes de la invencion, porque serán mas ó ménos, segun fuere mayor ó menor la fecundidad y fuerza imaginativa del Orador. Pero no hay que detenernos en lo que no es del dia: importa poco que las fuentes sean diez ó sean diez mil; lo cierto es, que con solas diez fuentes en qualquier assunto se puede juntar un caudal oratorio tan copioso, que forme un rio navegable de eloquencia. Y quales son essas diez fuentes donde Vuesandíssima piensa hacer aguada para navegar felizmente por el proceloso mar de su fúnebre parentacion?»

6. — «Con licencia de vuestra Merced, respondió Fray Gerundio, el Escrivano á cuyas honras he de predicar no era pariente mio.» — «Pues, digo yo por ventura que lo fuesse?» replicó el Colegial. — «Es que, como vuestra Merced dixo esso de emparentacion, prosiguió Fray Gerundio, creí que me emparentaba con él.» Sin mas exámen conoció Don Casimiro la pobreza del Frayle con quien trataba; pero dissimuló quanto pudo, y ya con algun mayor conocimiento del terreno respondió: «Vuesandíssima ha padecido equivocacion, nacida sin duda de alguna distraccion involuntaria; yo no dixe emparentacion, sino parentacion.» — «Pues, qué mas da uno que otro?» replicó Fray Gerundio. — «Paréceme, respondió el vellacuelo del Colegial, que Vuesandíssima tiene gana de zumbarse y que á mi costa quiere divertir la tarde. Un hombre como Vuesandíssima, que tiene noticia de la invencion y de sus fuentes, no puede ignorar que Ciceron llama parentar á los difuntos el hacer honras por ellos, y que de aquí se dice parentacion todo lo que se consagra á su memoria, ya sean ofrendas, ya elogios, ya oraciones ó sermones.» Como Fray Gerundio se vió tratar con tanto respeto, pues en realidad era la primera vez que havia recivido esse tratamiento, y no dexaba de admitirle con gusto y con entonacion, aunque quedó un poco corridillo de que le huviessen cogido en aquel punto, resolvió dissimular por no perder el concepto, y assí dixo como sonriéndose: «Ya, ya lo sabia yo, pero quise hacer del bobo, solo por el gusto de oir á Usted.» — «Pues otra vez, replicó el fisgon del Colegial, no lo haga Vuesandíssima con tanta naturalidad, porque casi me lo hizo creer. Pero, volviendo á nuestro propósito, qual es la primera fuente de la invencion que señala el Autor de Vuesandíssima?»

7. — «La Historia,» respondió Fray Gerundio. — «Tambien Quintiliano, prosiguió Don Casimiro, señala essa por la primera fuente. No sé si me acordaré de sus palabras, porque ya ha algunos años que las encomendé á la memoria; hagamos la experiencia: In primis vero (pienso que ha de decir) abundare debet orator exemplorum copia, cum veterum tum etiam novorum; adeo ut non ea modo, quæ conscripta sunt historiis aut sermonibus, veluti per manus tradita, quæque quotidie aguntur debeat nosse, verum ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. De suerte que Quintiliano desea en todo perfecto Orador no solo una noticia comprehensiva de la historia, de la tradicion y aún de los sucesos particulares que acaecen en su tiempo, sino que no debe despreciar aún las ficciones y las fábulas de los Poetas mas ilustres y mas clássicos; porque todo sirve para exornar lo que dice con exemplos antiguos y modernos.»

8. — «Veslo, Fray Gerundio, veslo? interrumpió á esta sazon Fray Blas, lleno de gozo y dándole una palmadita en el hombro izquierdo; mira como Quintiliano aprueba lo de las fábulas en los sermones y en las oraciones, segun el texto literal y terminante, que con tanta puntualidad acaba de citar y referir el Señor Don Casimiro. Y qué? te parece que el Señor Don Casimiro es rana? Pues sábete, que será muy presto tan Cathedrático de Rhetórica en la Universidad de Salamanca, como tú eres Predicador sabatino y como yo soy Predicador mayor de la casa. Di ahora á todos los Magistrales del mundo y á quantos Maestros Fray Prudencios puedan tener las Religiones mendicantes, monachales y clericales, que se vengan á contrarestar á Quintiliano.»

9. — «Poco á poco, reverendíssimo Fray Blas,» atajó Don Casimiro. «Quintiliano instruye á un Orador profano, y no á un Orador sagrado. Da reglas para los que han de hablar en las Academias, arengar á los Magistrados, hacer representaciones á los Príncipes, perorar en los Gabinetes y defender ó alegar en los Tribunales; no se mete con los que han de enseñar, persuadir y convencer al pueblo desde los púlpitos. Es cierto, que unos y otros pueden y deben usar de la Historia con moderacion, con oportunidad y con templanza; pero de la ficcion y de la fábula solamente podrán valerse con mucho tiento y con grande economía los primeros. Assí lo da á entender el mismo Quintiliano, y si no, repare Vuesandíssima el miramiento con que se explicó: ne ea quidem, quæ a clarioribus poetis ficta sunt, negligere. No dice, que hagan estudio de las ficciones y de las fábulas, sino que no las desprecien, que no las olviden del todo. Si Quintiliano quiere, que aún en las oraciones profanas se practique tanta circunspeccion en el uso de la fábula, quanto condenaria que se gastasse, digámoslo assí, á pasto en las oraciones sagradas, que él no conoció, porque tuvo la desgracia de morir en el Paganismo? Pero dexando á un lado esto, que no es de mi profession, dígame vuestra Merced, Padre Fray Gerundio, como ha de usar Usendíssima de la Historia para el sermon del Escrivano?»

10. — «Como? Tan lindamente,» respondió Fray Gerundio. «Lo primero voime derechicamente á las Concordancias á buscar la palabra Scriba, y, leyendo despues todo lo que se dice en la Biblia de los Escrivas, se lo aplico ajustaditamente á mi Escrivano. Despues voy á consultar en un Thesauro lo que hay en latin por Escrivano, que á fé de hombre de bien que no lo sé; porque no está obligado ninguno, aunque sea el mayor Latino de todo el Universo, á saber como se llaman en latin todas las cosas.» — «No se canse Vuesandíssima en buscarlo, dixo el Colegial, que yo se lo diré: Escrivano y Notario en latin se dice Tabularius y tambien Tabellio, como quieren otros.» — «Lindamente, continuó Fray Gerundio; busco pues la palabra Tabellio ó Tabularius en el Theatrum vitæ humanæ de Beyerlink, y allí encontraré todo quanto pueda desear sobre el tiempo, orígen, progressos, variedad de fortunas, con otras mil curiosidades tocantes al oficio de Escrivano, desde su fundacion hasta el tiempo en que escrivió su Theatro el devoto y pio Lorenzo Beyerlink, Arcediano de Ambéres; si allí no encuentro esta palabra, que es muy possible, infaliblemente la he de hallar en el Calepino de Ambrosio, aumentado por Passeracio.»

11. — «Tenga Usendíssima, interrumpió el Colegial, y déme su permisso para hacer una pregunta: qué entiende Usendíssima por el Calepino de Ambrosio? porque esse modo de citarle se me representa una cosa muy parecida á la carabina de Ambrosio.» — «Cierto, Señor Colegial, que es muy honda la pregunta,» respondió Fray Gerundio, no sin hacer un gesto desdeñoso. «Qualquiera niño gramático podrá satisfacerla, pues saben hasta los menoristas que Calepino es una palabra griega, hebréa ó moscovita, que en esso no me meto, la qual significa lo mismo que Diccionario ó Vocabulario, en que, siguiendo el alphabeto, se va discurriendo por todas las palabras latinas, y se dice lo que significan en romance.» — «Tras de essa respuesta iba yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial en tono sacudido, y no extraño que los niños gramáticos ignoren lo que significa Calepino, quando los reverendíssimos Padres Predicadores sabatinos no lo saben. Calepino no es voz griega, hebréa, arábiga ni úngara, sino puramente italiana; tampoco es título de la obra, sino nombre patronýmico de la patria del Autor. Este fué Fray Ambrosio Calepino, del Orden de San Agustin, llamado assí porque fué natural de Calepio en Italia; ni mas ni ménos como San Nicolas de Tolentino y Santo Thomas de Villanueva, Religiosos de la misma Orden, se llamaron assí, porque el uno, aunque era natural del lugar de Sant-Angel, cerca de Fermo en la Marca de Ancona, vivió treinta años en Tolentino, ciudad episcopal de la misma Marca, donde murió; y de esta larga residencia en dicha ciudad tomó el nombre. El otro le tomó de Villanueva de los Infantes, donde se crió, aunque havia nacido en Fuentillana, pueblo reducido que dista tres quartos de legua de aquella villa. Pues ahora, si uno citasse los sermones de Santo Thomas de Villanueva, diciendo: assí se lee en Villanueva de Santo Thomas, no seria cosa ridícula? Pues tan ridículo es, si no lo es mas, citar á secas y sin llover el Calepino de Ambrosio, como si su Autor huviesse puesto al diccionario el título de Calepino. Y ve aquí Vuesandíssima, como la pregunta tenia mas hondon de el que parecia. Ahora passe Usendíssima adelante; que esta no ha sido mas que una breve digression.»

12. Algo descalabradillo quedó Fray Gerundio de la refriega calepinal y, curándose lo mejor que pudo, prosiguió diciendo: «Informado una vez de todo lo que trae el Calepino ó el Diccionario de Passeracio (que no hemos de reparar en quisquillas,) acerca de Escrivanos, tengo ya una buena provision de noticias antiguas para exornar mi sermon. No dexo de conocer que me hace falta un poco de erudicion moderna; pero donde la encontraré? ni quien pudo soñar jamas en escrivir la Historia de los Escrivanos?» — «Sossiéguese Usendíssima, interrumpió el Colegial; que no es esso tan impossible como le parece. Si hay Historia completa, y no mal escrita, por Juan Bautista Tiers, de las Pelucas y de los Peluqueros, por qué no la podrá haver de los Escrivanos? Y si los Libreros y Enquadernadores, Copistas y Amanuenses tienen su Historia, harto bien trabajada por Christiano Schoettgen, qué razon havrá divina y humana para que los Escrivanos no puedan tener la suya? En verdad que no estuvo muy léjos de escrivirla Juan Miguel Henecio, en su obra de á folio que intituló de veteribus Germanorum et aliarum nationum signis, de las rúbricas ó signos que usaban antiguamente los Alemanes y otras naciones para autenticar sus cartas y sus instrumentos públicos. Ni el Padre Reinerio Carsughio, que en verso didascálico enseñó el arte de escrivir bien, esto es, con hermosura, con igualdad y con limpieza, dexaria de padecer sus tentaciones de escrivir la Historia de los Escrivanos. En fin, Padre reverendíssimo, yo no puedo dar á Usendíssima noticia cierta de alguna Historia de estos, porque no la tengo; pero tanto como de la Historia de los Secretarios de Estado, con sus elogios, armas, blasones y genealogías, ahí está la del Señor Fauvelet Du-Toc, que corre con acceptacion.»

13. — «Hombre de los Demonios! exclamó á esta sazon Fray Blas, esse es un thesoro! Historia de los Secretarios de Estado! Ahí es un grano de anis el librecito! Cosa mas adequada al intento era impossible hallarla; porque el Escrivano Conejo todo lo tenia, puesto que lo primero era Secretario, y lo segundo de Estado, por estar casado in facie Ecclesiæ con la Señora Mari-Beltrana-Pichon, por otro nombre la Roma, que hoy es su viuda, y lo sea su merced por muchos años.»

14. — «Reverendíssimo, Reverendíssimo, dixo entónces Don Casimiro, cogiendo del brazo á Fray Blas, tenga por Dios, no se precipite. Un tropezon ha dado Usendíssima, que no sé como no se ha deshecho todas las narices. Secretario de Estado no es esso ni sueña en serlo, y confundir los Secretarios de Estado con los Escrivanos reales, numerarios ó de ayuntamiento, de las ciudades, villas y lugares, es un despropósito que solo la innocencia puede excusarle de grandíssimo desacato. Secretarios de Estado y del Despacho universal son aquellos Ministros superiores, que despachan immediatamente con los Reyes, forman los decretos, autorizan los tratados y expiden las órdenes á su real nombre. Llámanse de Estado, porque solo tratan immediatamente con el Príncipe aquellas materias que pertenecen á él, ya sean políticas, ya militares, ya de marina, ya de gracia y justicia, y ya tambien de la real hacienda. No son Escrivanos, oficio imponderablemente inferior á su elevado empléo, y darles este nombre seria una insolencia digna del mayor castigo, si no la disculpara la ignorancia. Los otros Escrivanos públicos, autorizados por el Consejo para servir al comun, aunque es oficio muy honrado y le exercitan muchos hombres de bien, están mucho mas abaxo, y no sé yo de qué pueda servir la Historia de los Secretarios de Estado para las honras de un Escrivano real.»

15. — «Señor Don Casimiro, repuso muy sereno el Padre Fray Blas, como en mi Religion no se leen gacetas, no estamos duchos en essas materias tan altas; mi intencion no fué ofender á nadie: haviendo oído toda mi vida llamar Secretarios á los Escrivanos, y Escrivanos á los Secretarios, creí que era lo mismo uno que otro, y harto será que no lo huviesse errado el otro dia, que se me ofreció escrivir una carta al Secretario de cierto Señor Obispo, y puse en el sobrescrito: A Don Fulano de Tal, Escrivano del Señor Obispo de tal parte. Pero la carta ya está en el corréo, y, si el Secretario se riere, esse buen rato mas tendrá; sobre todo, el Auditorio, á quien ha de predicar el Padre Fray Gerundio, tanto sabe de Secretarios de Estado como yo; con que, en hablándole de Secretarios, sean lo que fueren, para él todo será á un precio, y yo le fio que no ha de ir á examinar si viene ó no viene á cuento la noticia.»

16. — «Esse ya es otro cantar, dixo Don Casimiro, y no me toca á mí, que huyo de meter la hoz en mies agena. Assí pues, prosiguiendo adelante en nuestro assunto, dígame Usendíssima, Padre Fray Gerundio, qual es la segunda fuente de la invencion, que señala el Autor de Usendíssima?»

17. — «Apologi et Parabolæ, respondió Fray Gerundio, los Apólogos y las Parábolas.» — «Pero, qué entiende Usendíssima por Parábolas y por Apólogos?» replicó el Colegial. — «Por lo que toca á los Apólogos, confiesso, respondió Fray Gerundio, que todavía no he podido formar concepto claro de lo que son; mas en quanto á las Parábolas, aunque tampoco sé definirlas con precision, pero ya las concibo con claridad, por las Parábolas que se leen en el Evangelio, de la viña, de la higuera, de los talentos, y otras.»

18. — «Pues, mire Usendíssima, continuó Don Casimiro, Apólogo y Parábola, Parábola y Apólogo allá se van en su significado, pues uno y otro quieren decir una semejanza ó una comparacion fundada en una cosa que se finge, verosímil ó inverosímil, para sacar de ella una sentencia ó una moralidad cierta y verdadera, como quando Menenio Agripa se valió de la Parábola ó del Apólogo del cuerpo humano para sossegar al Pueblo Romano que, amotinado contra el Senado, se havia retirado al Monte Aventino, y Menenio con su Apólogo le reduxo otra vez á la obediencia de los Padres conscriptos. El uso de las Parábolas, aún en los assuntos mas serios y mas sagrados, basta verle canonizado por el exemplo del mismo Christo para que todos le veneremos. Muchos Santos Padres le practicaron con felicidad, y sabemos que San Gregorio Nazianceno desterró la vanidad del Presidente Celusio con el gracioso Apólogo de las golondrinas y los cysnes. Mas en mi dictámen se ha de tener siempre muy presente la juiciosa regla, que da el Padre Nicolas Causino en su eruditíssima obra de Eloquentia sacra et profana, libro 4º, capítulo 4º, por estas palabras:»

19. «Observandum autem erit in his apologis, ne nimis sint crebri, ne dictione nimis faceta et quæ ad scurrilitatem accedat pertexantur: denique ut personam, ut locum, ut rem deceant: deben usarse los Apólogos con moderacion, con economía, y no con demasiada frequencia; las voces para explicarlos, aunque pueden ser algo festivas, nunca han de picar en graciosas ó en chocarreras, porque entónces se convertiria en bufon ó en truhan el Orador. Finalmente, los Apólogos se han de proporcionar á toda la decencia que pide el assunto, el lugar y la persona. Ni para disculpar la frequencia de los Apólogos sirve el exemplo de Christo, que en sus sermones solia encadenar Parábolas con Parábolas; porque el Salvador predicaba á los Asiáticos, y ya se sabe que esse es el gusto de los Orientales, á cuyo genio se acomodaba el divino Predicador. Todo esto es cierto; pero tambien lo es que, aunque los Apólogos practicados con estas reglas pueden ser muy útiles en un assunto moral, doctrinal ó de enseñanza, no sé yo como podrá Usendíssima acomodarlos al sermon de honras de un Escrivano.»

20. — «En este mismo punto, saltó entónces Fray Blas, se me está á mí ofreciendo uno que, si Fray Gerundio sabe bornearle, ha de venir á su sermon que ni aunque le huvieran cortado para él, y no es ménos que de el mismíssimo Demósthenes.» — «Y qual es, Padre Reverendíssimo?» preguntó el Colegial. — «Qual?» respondió Fray Blas. «El de aquel caminante, que alquiló un burro en dos reales por dia para cierto viage en el rigor del mes de Agosto, y, como todas las mañanas hácia las diez le calentasse el sol demasiadamente, él se apeaba y se tendia á la sombra del burro. Calló el dueño de el jumento, y, al tiempo de ajustar la cuenta, el que se le havia alquilado le dió doce reales por seis dias de viage. Faltan otros doce, dixo el alquilador. — Pues como? replicó el caminante. Seis dias de jornada, á razon de dos reales cada dia, son doce cabales. — Sí Señor, respondió el alquilador, pero faltan otros doce por la sombra del burro, puesto que el ajuste fué solo por el burro, y no por la sombra.»

21. — «El Apólogo es gracioso, dixo el Colegial, y con efecto me acuerdo de haverle leído en Plutarco, atribuyéndosele á Demósthenes, quien con esta chanza despabiló la atencion del auditorio, que estaba un poco distrahido. Pero no veo, como el Padre Fray Gerundio le pueda aplicar á su Escrivano.» — «Esso, de los cielos! respondió Fray Blas: tiene mas que ponderar el desinterés y la limpieza del Escrivano Conejo, y decir que siempre perdonaba algo de sus derechos? Porque, aunque cargaba, como era razon, el coste del papel, de las plumas y de la tinta, sin olvidarse de prevenir al litigante que echasse sobre la mesa dos pesetas mas para el escriviente, con todo esso, no obstante de que cortaba muy á menudo las plumas, nunca cargó ni un maravedí por la navaja; y aquí entra el Apólogo del burro y de la sombra, que ni aunque le huvieran mandado fabricar de molde.»

22. Sonrióse Don Casimiro, y continuando en sus preguntas dixo á Fray Gerundio: «Segun el Autor de Usendíssima, qual es la tercera fuente de la invencion?» — «Los Adagios,» respondió sin detenerse. — «Es fuente muy copiosa, prosiguió el Colegial; pero Usendíssima qué entiende por Adagios?» — «Qué he de entender? respondió Fray Gerundio; lo que qualquiera vieja de mi lugar. Adagios y refranes son una misma cosa.» — «Pues qué? preguntó Don Casimiro, los refranes pueden hacerse lugar en algun género de sermones?»

23. — «Ahora salimos con esso! respondió Fray Gerundio. Y como que pueden y deben hacerse lugar, y mucho lugar en ellos! No hay cosa que mas los adorne, que mas los agracie ni que mas embelese. Yo tengo algunos apuntamientos de varios Adagios que he oído y leído en algunos sermones, los quales verdaderamente me han suspendido, y pienso aprovecharme de ellos siempre que me venga á pelo. Donde hay, verbi-gracia, introduccion mas magnífica para un sermon de honras que la de un Religioso grave, en el que predicó á las de un Maestro de su Orden, que se llamaba Fray Eustaquio Cuchillada y Grande, quando dió principio á su oracion fúnebre diciendo: Al Maestro, cuchillada, y grande? Refran y equívoco que desde luego captó no solo la admiracion, sino el pasmo de todo el auditorio. Hoy es el dia en que yo no acabo de aturdirme de tan bella introduccion. Pues qué! aquel divino assunto del sermon de honras, que predicó un famosíssimo Orador en las exequias de Don Antonio Campillo, Párrocho que fué de cierta Iglesia, en cuyo campanario havia fabricado á su costa una bella aguja! Fué pues el assunto: El sastre del Campillo, que puso la aguja y el hilo. Esto es ingenio, y lo demas parla, parla. Y el otro que, predicando el sermon del demonio mudo en tiempo de Quaresma, assistiendo el Santo Tribunal, dió principio con este oportuníssimo refran: Con el Rey y con la Inquisicion, chiton; añadiendo que por esso era mudo el demonio, de que se hablaba en el Evangelio, porque estaba delante de la Inquisicion. Parécele á vuestra Merced, que no podria predicar, aunque fuesse delante del mismo Papa? Bastan estos exemplares, y estoy pronto á dar á vuestra Merced aunque sea un ciento de ellos, para que vea si los refranes se pueden hacer lugar en los sermones.»

24. — «Yo, Padre reverendíssimo, replicó el Colegial, tengo pocas barbas para meterme en assuntos tan hondos, y mas no siendo de mi profession, que se reduce á la latinidad, rhetórica y bellas letras, ó letras humanas por otro nombre. Sin embargo, como en Salamanca se trata casi por precision con tantos hombres grandes, asseguro á Usendíssima haver oído mas de una vez á varios Padres Maestros doctíssimos de todas las Religiones censurar mucho á los Predicadores, que usaban de essos refranes populares y chabacanos en sus sermones. Los mas templados decian, que era una insulsíssima puerilidad, otros se adelantaban á calificarla de insigne mentecatez, y aún no faltaron algunos que la llamaron frenesí, locura, profanacion del púlpito, y otras cosas á este tenor. Yo refiero, no califico. Lo que á mí me toca por mi profession, es assegurar á vuestra Reverendíssima que jamas entendí, leí ni oí, que otros entendiessen por el nombre de Adagios, en quanto fuente de la invencion oratoria ó rhetórica, lo que entiende vuestra Reverendíssima, esto es los refranes populares.» — «Pues, qué se entiende por Adagios?» replicó Fray Gerundio. — «Voylo á decir,» respondió Don Casimiro.

25. «Adagio ó proverbio, (que todo es uno,) dice Synesio, es una sentencia grave, digna, hermosa y comprendida en pocas palabras, sacada como del sagrado depósito de la philosophía moral: Proverbium est sermo dignitatem habens et tamquam sacrario Philosophiæ, unde antiquitatem traxit, depromptum; ex quo gravi est pulchroque aspectu. Por esso llamó Aristóteles á los proverbios preciosas reliquias de la venerable antigüedad, preservadas en la memoria de los hombres de la lastimosa ruína que padeció la verdadera philosophía, debiendo esta preservacion á su misma brevedad, destreza y elegancia: Cum proverbia dicat Aristoteles esse veteris Philosophiæ, inter maximas hominum ruinas intercidentis, quasdam reliquias, ob dignitatem dexteritatemque servatas. Si no me engaño mucho, á esto se reducen los proverbios de Salomon, que distan infinitamente de ser refranes, siendo una coleccion de sentencias inspiradas, verdaderamente divinas, enderezadas todas á gobernar nuestras acciones por las reglas de una perfectíssima conducta christiana, política y racional.»

26. «Muchos Philósophos graves entre los antiguos se dedicaron á este género de sentenciarios, adagios ó proverbios: Chrysippo, Cleanthes, Theeteto, Aristídes, Aristóphanes, Esquilo, Milon, Aristarco, y otros, cuyas obras perecieron. Las mas célebres que nos han quedado de esta classe son las de Zenobio, Diogeniano y Suidas, de las quales sacó Erasmo de Roterdam todo lo que compuso acerca de los adagios griegos. Esto es, Padre Reverendíssimo, lo que yo entendia hasta aquí por el nombre de Adagios: estos los que me parecian muy oportunos para exornar una oracion, tratados con parsimonia. Pero, pues vuestra Reverendíssima entiende otra cosa, no nos paremos, y vamos adelante.»

CAPITULO IV.

Olvídasele la sed á Don Casimiro; llegan á Campazas sin saber cómo; quédase allí el Colegial aquella noche, y se evacúa el punto que se tocó y no se prometió en el capítulo passado.

1. A la quarta pregunta que iba á hacer Don Casimiro, hallaron todos, no sin assombro, que estaban á la puerta trasera, esto es, á la puerta del corral de la casa de Anton Zotes; y es que lo divertido de la conversacion los havia embelesado de manera, que pian piano y, como dicen, sin sentir havian andado una buena media legua de camino, con sus paradas y todo. Lo mas gracioso fué que, quando llegaron al lugar, Don Casimiro no se acordó de que tenia gana de beber, y, como ya se havia puesto el sol, sin hacer mencion de agua ni de vino, quiso volverse á Valderas; pero, como tenia que andar una legua muy larga, como iba ya á anochecer, y como era hombre de una conversacion tan divertida, no obstante los tajos y reveses que con tanta urbanidad, bellaquería y dissimulo descargaba de quando en quando sobre los dos Frayles, ambos le hicieron tantas instancias para que se quedasse aquella noche, que al cabo le reduxeron, baxo la precisa condicion de que se despachasse luego un criado á Valderas, para que estuviessen sin cuidado su hermana y su cuñado el casi Corregidor de Villalobos.

2. Consta, no obstante, por un manuscrito authéntico y curioso, que quien finalmente acabó de determinarle fué la Tia Catanla, la qual abria la puerta trasera para que entrassen los cerdos, puntualmente quando estaban los tres altercando, uno sobre que se havia de volver, y los dos sobre que se havia de quedar. Quando ella vió un mocito tan galan, tan majo y tan bien agestado, que venia con su hijo y que le trataba al parecer con amistad y confianza, como era muger tan bondadosa, luego le cobró cariño y, acercándose mas á los tres, preguntó sanamente á Fray Gerundio: «Quien es este Señor tan lindo? bendígale Dios.» — «Señora, respondió el Colegial sin dar lugar á que otro respondiesse: soy un servidor de vuestra Merced;» y en pocas palabras la declaró quien era, el encuentro casual que havia tenido, la precision de volverse, y la dicha que lograba en no hacerlo sin rendir todo su respeto á su obediencia. No se cortó la boníssima Catanla, porque era muger serena; ántes bien, haciéndole una reverencia á la usanza del país, (esto es, encorvando un poco las piernas y baxando horizontalmente el volúmen posterior hácia el suelo,) le encaxó seguidamente toda la retahila de Cámpos: «Viva Usté mil años; para servir á Usté; lo estimo mucho; güenos todos, á Dios gracias; viva Usté mil años; y por allá están todos güenos? Viva Usté mil años.» Y añadió luego: «Pero esso de golverse Usté hoy, ni por pienso: el hijo de mis entrañas! y quien l’ avia dexar golver á boca de noche? A pique que le comieran los lobos! Mal ajo para ellos; quatro ovejas me comieron la noche que perdicó el m’ hijo Gerundio; mal provecho les haga. No Señor: ya que tengo la fortuna de que su Mercé venga á mi casa, esta noche ha de hacer penitencia. Unos güevos frescos puestos d’ hoy no faltarán. Para qué quiero yo las gallinas sino para estas ucasiones? Palominos siempre los hay en casa (gracias á Dios), que el mi Anton tiene un palomar muy aventajado, assí no fuera por las garduñas; malditas ellas, y qué descomulgadas que son! Un salpicon de vaca, cebolla y güevos duros le sé yo componer, que le puede comer el mismo Rey. Una cama con sábanas brancas como un oro, la hay por la misericordia de Dios. Ella no será como su Mercé merece; pero por fin y por postre sirvió para mi primo el Magistral de Leon, que mañana será Obispo.» Y diciendo y haciendo, fué y le quitó la escopeta con una bondad y con una sanidad de corazon, que al Colegial le dexó prendado; y con efecto se determinó á dormir aquella noche en Campazas, previniendo lo del recado á Valderas.

3. Anton Zotes le recivió ni mas ni ménos como su muger, porque no era ménos agasajador que ella; y, despues de aquellos cumplidos regulares, hechos por parte de Don Casimiro con despejo y con desembarazo de colegio, y correspondidos por parte de los de la casa á la buena de Dios, segun el ceremonial campesino, Anton se fué á cuidar de los mozos y á dar las órdenes sobre lo que havian de trabajar el dia siguiente, Catanla á disponer la cena, las criadas á hacer las camas; y, quedando los tres solos en una sala baxa, conviene á saber, Fray Blas, Fray Gerundio y el Colegial, «prosigamos, dixo este, con nuestra conversacion, y sírvase Vuesandíssima decirme, qual es la quarta fuente de la invencion, que le enseñó su Maestro.»

4. — «Los geroglýphicos y los emblemas,» respondió Fray Gerundio. — «Algunos, continuó el Colegial, de essa fuente hacen dos, por la diferencia que hay entre emblemas y geroglýphicos; pero es tan corta, que me inclino á que lo aciertan los que la reducen á una sola. Vuestra Reverendíssima sabrá mucho mejor que yo la diferencia que hay entre geroglýphicos y emblemas.» — «Yo nunca la he conocido ni me he parado á examinarla,» respondió Fray Gerundio. «Para mí las emblemas de Alciato y los geroglýphicos de Picinelo, que son los únicos de que tengo alguna noticia, solo se distinguen en que un libro es mas pequeño y otro es mas grande.» — «Ya está conocido, replicó el Colegial, que Usendíssima por su modestia quiere encubrir lo que sabe, y tomar de ahí ocasion para examinarme acerca de lo poco que yo he estudiado: complaceré á Usendíssima.»

5. «Los geroglýphicos son una explicacion mysteriosa, figurada y muda, de lo que se quiere dar á entender, por medio de alguna ó algunas imágenes, ya realmente dibuxadas en el papel, en el lienzo ó en la tabla; ya abultadas en el mármol, en el bronce ó en la madera, o ya únicamente ofrecidas á la imaginacion por medio de una descripcion verbal, viva, enérgica y expressiva, que imprima bien en la idéa lo que se quiere representar. No se añade á la pintura ó á la descripcion mote, lema, inscripcion ni palabra alguna que sirva de explicacion al pensamiento, dexándose enteramente al discurso ó á la penetracion de el que ve, lee ú oye el geroglýphico, el curioso trabajo de adivinar su verdadero significado. El emblema (y no la emblema, como dicen algunos,) solo añade al geroglýphico el mote, el lema ó la inscripcion en brevíssimas palabras, que declaran lo que se pretende significar por aquel.»

6. «Pondré un verbi-gracia, no para que Usendíssima me entienda, que esso seria presumir yo de maestro de quien no merezco ser discípulo, sino para que Usendíssima se actúe del modo como yo concibo lo que digo, y en caso de padecer equivocacion se digne corregir mis yerros. Los doce signos del Zodiaco, ó las doce casas, que dividen en doce partes iguales aquel espacio de cielo que corre el sol en el discurso de un año, son otros tantos geroglýphicos ó sýmbolos, que representan lo que comunmente passa en la tierra en cada uno de los doce meses, correspondientes á las doce casas. El primero signo es Aquario, y se symboliza con un muchacho que está vertiendo un jarro de agua, para significar lo mucho que suele llover en Henero. El segundo es Piscis, y le representan dos peces pintados, para denotar que en Febrero están en sazon la mayor parte de los peces. El tercero es Aries, representado por un carnero, y quiere decir que en Marzo es la paricion de las ovejas, naciendo entónces los corderitos. El quarto es Tauro, figurado por un toro, para denotar que en Abril nacen las terneras. Síguese Géminis, pintado hoy por los dos hermanos gemelos Cástor y Pólux, y antiguamente por dos cabritillos, como lo afirma Heródoto, en significacion de que las cabras regularmente paren de una vez dos cabritos, para cuyo fin las proveyó la naturaleza con tanta abundancia de leche.»

7. «Bastan estos exemplares para dar á entender la idéa, que yo formo de los geroglýphicos, cuyo orígen comunmente se atribuye á los Egypcios; pero yo tengo para mí, que su principio fué mucho mas antiguo, inclinándome á la opinion de los que se le dan no ménos que en la Torre de Babel, aunque despues fuessen los Egypcios los que conservaron, promovieron y adelantaron mas el uso de ellos, en lo que no cabe duda racional; pero esto no es del intento. A los sýmbolos ó geroglýphicos añadieron despues los Griegos un breve lema, inscripcion ó mote que explicasse su significado, y á este conjunto llamaron emblema. Usaban de él singularmente en los arneses ó escudos, como lo dicen Esquilo, Homero y Virgilio, esmerándose mucho en la brevedad y en el álma del epígraphe, que era como el espíritu de la divisa de cada uno. Sobresalian entre todos los Athenienses, de quienes hace graciosa burla Lycon, fingiendo que en todos los escudos tenian gravada una mosca muy pequeña, con este epígraphe: donec videar: hasta que me vean; dando á entender, que todo Atheniense era tan valeroso, que se acercaba al enemigo hasta que viesse la mosca, en cuyo caso era preciso morir ó vencer.»

8. «No hay duda, que en todos tiempos assí los Oradores profanos como los sagrados usaron alguna vez de los geroglýphicos, sýmbolos y emblemas. Horo Niliaco escrivió un librito de este assunto, donde trahe exemplares de toda especie de oraciones. Los Prophetas usaron mucho de este modo de persuadir emphático y mysterioso. El Apocalypsi es una serie continuada de figuras y representaciones symbólicas; San Agustin, en la epístola 119, dice que, assí como el christal y la gasa añaden no sé qué apacibles visos á las imágenes que se representan ó se registran por ellas, assí deleita mas la verdad quando brilla por entre sýmbolos, geroglýphicos y figuras, poniendo el Santo este exemplo: Si para ponderar las ventajas de la union y las desconveniencias de la desunion dices sencillamente: concordia res crescunt, discordia dilabuntur: con la concordia todo crece, con la discordia todo se deshace; pigrius incitat, no da golpe, y persuade con tibieza; pero, si añades: esto nos quisieron significar aquellos antiguos sabios, quando pintaron una hormiga con un caduceo encima, que creció á elephante, y un elephante con una espada desenvainada sobre las espaldas, que se disminuyó hasta el tamaño de hormiga; nescio quomodo et inventionis subtilitas et imaginis expressio sensus titillat suavius et, dum placet, persuadet efficacius: assí la sutileza de la invencion como la viva representacion de la imágen hacen no sé qué gustosa impression en el alma y en los sentidos, que, al mismo tiempo que los deleita con mucha dulzura, los persuade tambien con mas suave eficacia.»

9. — «Déme Usted un abrazo, Señor Don Casimiro, exclamó Fray Blas interrumpiéndole, que verdaderamente ha estado Usted divino! Yo soy furiosamente apassionado por los geroglýphicos y por los emblemas. Un sermon que comience: pintaban los antiguos Macedonios; otro que dé principio: pinta el docto Pinicelo, no ha menester mas para que yo me coma las uñas tras de él. Pues qué, si despues se añaden diez ó doce citas del Symbólico, otras tantas de Lilio Giraldo y algunas de Pierio, y se escoge tambien media docena del Brixiano! en el mundo hay oro para pagar un sermon tan ingenioso y erudito. Confiesso á vuestra Merced, que despues de los Mythológicos son mis héroes los Symbólicos y los Emblemáticos. Esta doctrina la he enseñado siempre á mi discípulo en lo predicativo, Fray Gerundio; con estas armas le he armado Cavallero de Púlpito; estos Autores le he recomendado; no hay otros: los demas son buenos para explicar á las viejas el Catechismo de Astete y Servitor.»

10. — «Padre Reverendíssimo, replicó el Colegial, ya he dicho, que soy poco hombre para dar mi voto en punto de sermones, y assí no me meto en calificar si son buenos ó malos los que están bien cargados de geroglýphicos, sýmbolos y emblemas. Solo sé, que el Padre Nicolas Causino previene que se use de ellos con la misma templanza, moderacion y prudencia que de los adagios, fábulas, etc.; porque si no, se convertirá en fastidio su misma amenidad, siendo cierto que los pensamientos mas ingeniosos causan tedio, si se atesta de ellos la oracion: Habent igitur amœnam eruditionem hieroglyphica et symbola, modo prudenter et parce, ut cætera, adhibeantur: quæ enim per se mirabilitatem obtinent, si crebrius inferciantur orationi, fiunt communia et fastidiosos sensus ipsa pulchritudinis satietate obruunt. Tambien debo añadir que, por lo que toca á mí, me cayó muy en gracia la enhorabuena que dió cierto Duque á un Orador, que havia predicado en su presencia un sermon texido de geroglýphicos. «Padre, le dixo, no trueco yo el juego de estampas de Don Quixote, que tengo en mi galería, por todas las pinturas de su sermon.» Esto va en gustos; el mio ronca, siempre que tocan en los sermones á cosa de geroglýphicos. Pero no nos detengamos; porque ya deséo saber qual es la quinta ó sexta fuente de la invencion, que estudió el Padre Fray Gerundio.»

11. — «Testimonia veterum, respondió al punto este; las autoridades y testimonios de los antiguos para confirmar lo que dice el Predicador.» — «Gran fuente y muy precisa! continuó Don Casimiro, especialmente los testimonios y las autoridades de los Santos Padres, ya sobre la inteligencia de la Sagrada Escritura, y ya tambien quando se trata materia de costumbres, sea de virtudes, sea de vicios. Por lo que toca á la exposicion del sagrado texto, he oído decir á varones doctíssimos, que siempre es menester apoyarla con la autoridad de algun Padre ó Expositor clássico y aprobado, siendo cosa insufrible que ningun Predicador se arrogue la autoridad de entender ó interpretar la Escritura á su modo ó segun su capricho. Y aún me acuerdo haver leído, no sé donde, que este fué uno de los errores de Luthero, el qual pretendia que cada qual tenia tanta autoridad para entender y para interpretar la Escritura como San Gerónimo y San Agustin, apoyando este arrogante, soberbio y presuntuoso delirio con aquel texto de San Pablo: unusquisque in suo sensu abundet. En órden á costumbres, ya se dexa conocer el gran peso, que da á lo que se dice qualquiera autoridad y testimonio de los Santos Padres, como tambien si se toca alguna noticia histórica ó philológica, especialmente si es algo singular ó no muy sabida, sirve de adorno y de recomendacion la cita, y aún las palabras del Autor que las refiere.»

12. — «Por algo, dixo Fray Gerundio, me gustan á mí tanto los sermones, que en el cuerpo están bien cargados de latin, y las márgenes apénas se descubren de puro embutidas que están en citas. Solo con ver un sermon impresso en esta conformidad, sin leer ni una palabra de él, estoy firmemente persuadido á que es un sermon doctíssimo y profundíssimo. Al contrario, ahora han dado en usarse y aún en imprimirse ciertos sermones, que en todos ellos apénas se ven quatro ó seis renglones de letra bastardilla, y las márgenes tan lampiñas como cara de capon, que da asco solo el verlas. Qué se puede esperar de unos sermones assí? Yo no he tenido paciencia para leer ni siquiera uno.»

13. — «Pues yo sí, interrumpió Fray Blas; por mis pecados cayó en mis manos, pocos dias ha, uno, y es de honras, que el Licenciado Don Francisco Alexandro de Bocanegra y Xivaja[29] predicó á las de la Señora Reina de Portugal Doña María Anna de Austria, en las exequias que la consagró la ciudad de Almería, y tuve cachaza para leerle de verbo ad verbum; pero sabe Dios quanto me costó. En todas las seis hojas primeras no hay mas latin que las palabras del thema: omnis gloria ejus filiæ Regis ab intus, repetidas dos ó tres veces; en las seis y media restantes solo se citan siete textos de la Escritura, y de dos de ellos no se ponen las palabras; las de los otros cinco que se expressan, componen entre todas seis renglones y medio: hártate, comilon. A los Santos Padres se les dexa descansar, solo se cita una vez á San Francisco de Sales, á San Gregorio y á San Ambrosio. De Expositores no se trate: cumplió con citar á Tirino una vez sola, y del mismo modo cumplió con los Autores profanos, no citando mas que á Séneca una sola vez. Pues, qué diré del assunto? Redúcese á que la Reina amó á Dios y al próximo; y cátate aquí el cuento acabado. Lo demas, parla y mas parla. Y estos sermones se imprimen! Y estos sermones se celebran!»

14. — «Despacio, Padre Fray Blas,» dixo con bastante viveza el Colegial, no pudiendo dissimular del todo su enfado y su indignacion. «Vuesa Paternidad se adelanta demasiado (con la cólera se le olvidó darle Reverendíssima). Tambien yo he leído esse sermon, porque llegaron á Salamanca muchos exemplares: hablóse mucho de él en todas aquellas Comunidades, donde hay tanto hombron sabio, religioso, erudito, culto y discreto, como es notorio; y á excepcion de tal qual botarate ignorante y presumido, que por nuestros pecados los hay de todas las classes y gremios, no huvo uno que no calificasse dicho sermon por una de las piezas mas eloqüentes, mas nerviosas, mas sólidas, mas graves y aún mas ingeniosas, que havia producido hasta ahora nuestra oratoria castellana. Era voz comun, que se podia equivocar con las mas preciosas oraciones que produxeron y están todavía produciendo en nuestro siglo y en nuestro hemispherio español los Gallos, los Radas, los Aravacas, los Rubios, los Nordeñanas y los Guerras; ni faltó quien assegurasse, que podia competir con qualquiera de las muchas y grandes oraciones fúnebres, con que el Reverendíssimo Padre Maestro Salvador Orosio, de la Compañía de Jesus, llenó de magestad y de assombro el púlpito y la Capilla de San Gerónimo de la Universidad de Salamanca. Oraciones que, si se hiciesse una coleccion de ellas, (como decia un sabio,) compondrian un funeral, que quizá no tendria consonante en quanto logramos hasta ahora de esta especie, ni de dentro ni de fuera de España.»

15. «Esso de que tiene pocos textos la oracion del Licenciado Bocanegra, solamente lo podrán decir los que en su vida han saludado los sagrados libros; apénas hay cláusula ni aún sýlaba, que no aluda á algun lugar, sucesso ó passage de la Escritura, en saliendo de aquellas acciones de la Reina que sirven de cimiento á la verdad del assunto. No se citan, es assí, expressa y señaladamente; pero se dan desleídos y como convertidos en la substancia del mismo Orador. San Bernardo fué el primero que introduxo este admirable modo de usar y manejar la Escritura, haciéndola primero suya, y vertiéndola despues como si no fuesse agena. Pero, quien hasta ahora ha notado á San Bernardo de poco escriturario? Son pocos, no lo niego, los testimonios y autoridades de Padres, de Expositores y de Autores profanos, con que exorna su oracion el Señor Bocanegra; mas son muy oportunos essos pocos testimonios que alega.»

16. «Y quien ha dicho á vuestra Paternidad, que los sermones se han de cargar á metralla de testimonios, de autoridades y de citas? Estas deben ser como las especias en los guisados, lo que baste para sazonarlas, y no lo que sobre para que ninguno los pueda tragar. Ignora vuestra Paternidad lo que dixo un eloquentíssimo Orador, hablando de las autoridades en los sermones? Si nimiæ sint, si communes, si sine vi et pondere allatæ, puerum magis colligentem sapiunt quam virum ingeniosum: si se amontonan, si son vulgares y comuníssimas, si no tienen alma, fuerza ni meollo, mas son fárrago que erudicion; el Orador se acredita mas de un genio pueril y atolondrado, que bueno y malo, verde y seco, todo lo hacina, todo lo recoge, que de hombre ingenioso y erudito.»

17. «Dice bien este juicioso Autor: para llenar, no digo yo un sermon, sino cien tomos de á folio de citas, autoridades, testimonios, sentencias, versos, historias, exemplos, símiles, parábolas, sýmbolos, emblemas y geroglýphicos, no es menester mas que hacinar y recoger. Tanto Sentenciario, tanto libro de apophtegmas, tanta Polyanthéa, tanto Theatro, tanto Thesauro, tanto Diccionario histórico, crítico, náutico, geográphico, tanta Bibliotheca, tanto Expositor que va discurriendo por los lugares comunes é infarcinando en cada uno todo quanto se le viene á la mano; en fin, tanta selva de alegorías y de dichos como cada dia brota en essas Naciones y en essas librerías, hacen erudito de repente al mas boto, al mas mentecato, al que no sabe quien reinó en España ántes de Cárlos II. No hay mas que abrir, trasladar, embutir, y está hecha la maniobra. Al ver un sermon atestado de essa borra, quedan aturdidos los páparos, entre los quales cuento á muchíssimos que no lo parecen, mientras los verdaderos eruditos ó gimen corridos ó se rien desengañados, segun el humor que los predomina. Mas de una vez oí á hombres de gran juício, que se debian desterrar del mundo literario estos almagacenes públicos de erudicion tumultuaria, porque solo servian para mantener haraganes, miéntras perecian de hambre los ingenios verdaderamente industriosos. Es punto problemático, en el qual se pudiera tomar un término medio. Miéntras tanto, digo que se puede aplicar á estos prontuarios de erudicion al baratillo lo que dixo Agesilao al inventor de una máquina bélica, capaz de moverla y de hacer mucho daño con ella qualquiera soldado cobarde: Papae! virtutem sustulisti: Vítor! que con essa máquina has desterrado el valor.»

18. «A lo que añadió vuestra Paternidad acerca del assunto que escogió para su oracion el Señor Bocanegra, perdóneme vuestra Paternidad, que no tiene razon para censurarle. Lo mejor y lo mas precioso de dicho assunto es el ser tan sencillo, tan natural y tan sólido. Assuntos rumbosos, delicados, alegóricos, metaphóricos, symbólicos, y mucho mas títulos de comedia, retruécanos insulsos, refranes de viejas, como el verdadero Phœnix de Arabia, á San Agustin; el Leon en su cueva, á San Gerónimo; el Onix y Onis, á Santo Thomas de Aquino; la Encyclopedia canonizada, al mismo; el Máximo Mínimo, á San Francisco de Paula; muger, llora y vencerás, á las lágrimas de la Magdalena; el Caballero de Alcántara, á San Pedro de este nombre; á muertos y á idos no hay mas amigos, en las honras de un Obispo: digo que estos y otros semejantes assuntos, Dios los haya perdonado! ya pudren, ya solo han quedado en algunos Predicadorcillos de la ínfima suerte, que solo hacen ruído entre los que se van tras el tamboril y los gigantones. Hoy va reviniendo el mundo de sus preocupaciones; por lo ménos los hombres de pro no gastan otros assuntos que sólidos, macizos, característicos, y consiguientemente naturales. Tal es el del Señor Bocanegra, fundado sobre los dos exes en que gira toda la ley y toda la perfeccion. El Sabio no da otro elogio á los hombres justos, ni cabe otro mayor: Dilectus Deo et hominibus, cujus memoria in benedictione est: Amó á Dios y amó á los hombres? pues será amado De Dios y de los hombres, y, siempre que se repita su nombre, será acompañado de muchas bendiciones. Esto dixo el Orador de aquella exemplaríssima Princesa; esto convenció y aún esto persuadió, moviendo los corazones mas duros por lo ménos á desear la imitacion de sus reales virtudes.»

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