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Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (2 de 2)

LIBRO SEXTO.

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CAPITULO PRIMERO.

Donde se refiere lo que no se sabe; pero al fin del capítulo se sabrá su contenido.

1. La mañana siguiente al dia de su arrivo se fué á buena hora á la celda prelacial, á dar cuenta al Superior de todas sus gloriosas expediciones, sin olvidarse de hacer con él alguna expresioncilla de agradecimiento, pretextando el influxo que havia tenido su Paternidad en el nuevo empléo á que acababan de elevarle. Refirióle lo mas substancial que le havia sucedido, sin dissimular los aplausos con que le havian honrado, bien que añadió que estos mas suelen ser hijos de la dicha que del merecimiento. Pero se guardó muy bien de hablar palabra ni de la terrible repassata del Magistral de Leon, ni de las graciosas pullas y solidíssimos argumentos del Familiar, ni de la bella doctrina del Padre Abad de San Benito. Por fin, le dixo al Prelado como le havian encargado la Semana Santa de Pero-Rubio, la qual tenia entendido que valia cinqüenta ducados en dinero phýsico, y como otros treinta, poco mas ó ménos, en lo que se sacaba de limosnas, y que le pedia su bendicion para acetarla. Diósela el Prelado con mil amores; porque, si bien no le armaba mucho el modo de predicar de Fray Gerundio, por quanto él era hombre ramplon y solidote, pero, como entendia que las gentes le oían con gusto, y él necessitaba complacer á todos, ya para no perder, ya para aumentar los devotos de la Orden y los bienhechores del Convento; viendo tambien por otra parte que los Prelados mayores le promovian y le autorizaban, le dixo desde luego que durante su triennio podia predicar todos los sermones que le encomendassen.

2. Salió Fray Gerundio muy contento de la celda prelacial con esta licencia tan amplia; y apénas havia entrado en la suya, quando llamaron á la puerta el Maestro Fray Prudencio y aquel otro Beneficiado tan hábil, tan leído y de tan buen humor, de quien se hizo larga y honorífica mencion en los capítulos 5 y 6 del libro segundo de la primera parte. Venia con dos fines: el primero y principal, á divertirse un poco con Fray Gerundio, ya que havia desesperado de sacar de él otra cosa; y el segundo, á darle la bienvenida y juntamente la enhorabuena de su promocion á la dignidad de Predicador mayor del Convento.

3. Passáronse los primeros cumplidos en palabras de buena crianza, y despues de las generales dixo el Beneficiado: «De los sermones que vuestra Paternidad ha predicado por essas tierras no hablo, porque ya llegaron por acá los ecos esforzados á soplos del clarin sonoro de la Fama. Nada me cogió de susto, porque siempre hice juício que predicaria vuestra Paternidad como acostumbra.» — «Y yo y todo, añadió Fray Prudencio; pero esso es lo peor que tendria el Padre Predicador.» — «Fuesse lo peor ó fuesse lo mejor, respondió Fray Gerundio, crea vuestra Paternidad muy reverenda, Padre nuestro, que nada perdió la Religion por mis sermones.» — «Assí lo creo, dixo el Maestro Prudencio; porque adonde iriamos á parar, si las Religiones perdiessen algo por las boberías ni por los desaciertos, sean de la linea que se fueren, de estos ó de aquellos particulares? Todas las Universidades son unos cuerpos sabios, aunque no todos sus miembros lo sean mucho. Todas las familias religiosas son santas, aunque tal qual Religioso no sea muy exemplar. Y, en fin, la Religion christiana es santíssima, aunque haya innumerables Christianos escandalosos.»

4. — «Dexémonos de puntos serios, interrumpió el Beneficiado, y alegremos un poco la conversacion. A propósito de sermones y de Predicadores, acabo de recivir el corréo, y un amigo de Madrid me envía dos papeles muy preciosos, cada uno por su término, que me han dado el mayor gusto. El uno es una esquela, con que se hallaron muchos sugetos de la Corte baxo un simple sobreescrito, y dice assí:

«El Mayordomo de la Casa de los locos de la Ciudad de Toledo participa á V. havérsele escapado dos docenas de los mas furiosos, los quales le asseguran se han disfrazado de Predicadores en la Corte. En cuya atencion suplica á V. se sirva concurrir á los sermones y notar si hablan desconcertados, sin méthodo, órden ni decencia, si amontonan conceptos, textos truncados, fábulas de Gentiles, cuentos ridículos, idéas phantásticas, acciones y expressiones burlescas, contra el respeto y decoro de la palabra de Dios, de la Cáthedra del Evangelio, del auditorio christiano, á fin de dar las providencias necessarias para restituirlos á esta santa Casa y curarlos en ella; en lo que hará V. una obra de charidad. Me asseguran que uno ha de predicar el dia... á las... de la mañana, en la Iglesia de...»

5. — «Bella esquela! noble esquela! especie de exquisito gusto y de gran juício!» exclamó el Maestro Prudencio. — «Yo por tal la tengo, dixo el Beneficiado, y me dicen que la han celebrado infinito todos los hombres serios, entendidos y cultos. Verdad es, que tambien me añaden que á otros muchos los ha consternado extrañamente.» — «Esso es muy natural, repuso el Maestro Prudencio; todos aquellos, que, por las señas que da el Mayordomo, teman que los recojan á la santa Casa por orates de los mas furiosos, levantarán el grito y alborotarán al mundo contra la esquela; y en verdad que yo no esperaria á otros indicios para recogerlos al instante.» — «Engruesse vuestra Reverendíssima esse partido, que es bien numeroso, dixo el Beneficiado, con los muchos que los aplauden y los celebran, y se juntará contra la esquela un exército formidable. Es menester echarse esta cuenta, porque estos tales se ven reducidos á uno de dos extremos: ó á reconocer y confessar que hasta aquí han vivido alucinados, aplaudiendo lo que debieran abominar y siguiendo ciegamente á los que debieran huir; ó á obstinarse, por tema y por capricho, en su errado dictámen. Lo primero no hay que esperarlo, ó hay que esperarlo de muy pocos, porque son muy raros los que quieren confessarse engañados; con que es preciso que suceda lo segundo.»

6. — «Essa esquela, replicó Fray Gerundio con innocentíssimo candor, no merece fé ni crédito en juício ni fuera de él y aún, si mucho se apura, está condenada por la Inquisicion: lo primero, porque no trahe nombre de Autor, y lo segundo, porque no se sabe á quien se dirige, pues en toda ella no se habla con nadie, sino con V.V. y V., y no hay noticia de que haya ni haya havido en el mundo muger ni hombre que se llame V.» — «Hace fuerza el argumento, dixo el bellaco del Beneficiado, y en verdad que no es tan facililla la solucion. Con todo esso, me parece que se pudiera responder á lo de que no trahe nombre de Autor, que ya dice ser del Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo, el qual es muy natural que tenga su nombre y apellido.» — «Mas que tenga treinta apellidos y otros tantos nombres, replicó Fray Gerundio, lo dicho dicho: no trahe nombre de Autor; porque Autor es el que da ó ha dado á la estampa algunos libros, y no sabemos que el Mayordomo de la Casa de los locos de Toledo haya impresso hasta ahora alguna obra.» — «Vaya, dixo el Beneficiado, que la solucion no admite réplica. Pero, á lo otro que añadió vuestra Paternidad de que no ha havido hasta aquí hombre ni muger que se llamasse U, paréceme que se pudiera decir, lo primero, que, si ha havido una tierra que se llamaba Hus, y fué la patria de Job, segun aquello de vir erat in terra Hus, nomine Job, yo no hallaba inconveniente en tener por verosímil que en aquella tierra huviesse muchos con el apellido de U, pues no hemos de reparar en letra mas ó ménos, siendo tan comun esto de dar apellidos á las familias los lugares y las tierras. Lo segundo, que aún en nuestros tiempos huvo un Emperador de la China que se llamaba Can-Y. Pues, por qué no podrá haver otros ciento que se llamen, unos Can-A, otros Can-E, otros Can-O, y otros Can-U?»

7. — «Valiente gana tiene vuestra Merced, Señor Beneficiado, dixo Fray Prudencio, de perder tiempo con esse pobre simple. Ahora se para en contestar con un hombre, que no sabe lo que significa la V. en convites ó avisos de esquelas y en cartas circulares? El reparo de nuestro nuevo Padre Predicador mayor se parece mucho á el del otro Clérigo, tonto como él, que, haviendo leído los quatro tomos de Cartas eruditas del Maestro Feijoó, los arrojó de sí con desprecio, diciendo que las mas de aquellas cartas eran fingidas, y que él no creía que fuessen respuestas á sugetos verdaderos que huviessen consultado al Autor sobre los puntos que en ellas se trataban. Y se quedó muy satisfecho el pobre mentecato, sin advertir que, aún quando fuesse cierto lo que presumia su apatanada malicia, no por esso se disminuía un punto el mérito de las cartas.»

8. «Pero, dexando á un lado esta impertinencia, lo que yo reparo en la graciosa esquela es, que su Autor anduvo muy moderado. Suponer que no fueron mas que dos docenas los locos furiosos que se escaparon de la Casa de los orates y andaban por la Corte disfrazados en Predicadores, es una moderacion digna de que muchíssimos se la agradezcan mucho; porque, segun las señales que él mismo da, el número de los locos es incomparablemente mas crecido.» — «Sí, Señor, respondió el Beneficiado; pero no todos estarian recogidos, y él solo habla de los que lo estaban y se le escaparon.»

9. «El segundo papel que me envían por el corréo, en su linea no es ménos solemne ni ménos divertido; y desde luego digo, que este sí que ha de caer en gracia al Reverendo Padre Fray Gerundio. Es un cartel ó cedulon que se fixó en las esquinas y parages mas públicos de la Corte, convidando para ciertas funciones de Iglesia, que se hicieron en obsequio de la seráphica Madre Santa Theresa de Jesus. El cedulon aún fué mas solemne que las mismas fiestas, y, haviéndole leído con singular complacencia cierto amigo mio de gusto muy delicado, arrancó uno para remitírmele, sabiendo quanto lisongéa mi diversion con este género de piezas. Aquí está el mismo cartel, todavía con las señas del engrudo ó pan mascado con que se pegó, y dice assí, sin quitar letra:

10. «Jesus, María y Joseph.

«A la Tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la Tierra: Profunda en la Humildad, Fértil en la Virtud: A la Agua que da Vida, A la Vida con la Agua clara de su Doctrina, Dulce, por Soberana: Al Aire, que da espíritu, Al Espíritu, que da el Aire Sútil, de su Pluma, Puro de su Alma: Al Fuego, que da Amor, al Amor hecho Fuego, Para abrasar el corazon, á una Muger Seraphin: A la Luna que pisa, Al peso de la Luna, Nueva en Favores, Creciente en Verdades, Llena de Luces, Menguante de Errores: Al Sol que ofusca brillos, A los Brillos del Sol, Fanal del Carmelo, Farol del Mundo: A la Estrella de la Alba, A la Alba de la Estrella, Que todos buscan Guia, como Norte en el Mar de la Vida, Para el Puerto de la Gloria: Al Prodigio de Pathmos, repetido y sentado en el Sitial de la Justicia, Donde, mejor Astrea, Celestial Signo, Vírgen sabia, domina los Astros: A la Motriz Inteligencia de los animados Cielos, Que delicado Vidrio guardan vasos de barro: Al Agustin de las Mugeres, Angélica Doctora de los hombres, Theóloga Mýstica, Phýsica Seráphica, Natural Rhetórica, Espiritual Médica, Crítica Cherúbica, Universal Maestra en la Ciencia de los Santos, en las Artes de los Justos: A la Niña Architecta, que de Modelos Pueriles levantó para Dios Palacios Celestiales: A la Grande en el Poder, Mayor en el Penar, Máxima en el Amor: A la Muger Apostólica, ó Apóstol en la Esphera de Muger, Por su Virtud, Por su Nobleza, Por su Prudencia, Por su Patria, Hechizo de la Europa, Señora de ambos Mundos, Abogada de España, Consejera de Castilla, Santa Theresa de Jesus, A quien los dos Atlantes de la Militante Iglesia, Nuestros Cathólicos Monarcas, rinden devotos y reverentes cultos, Magestuosa expression de sus santos afectos, cuya soberana luz, cuyo eficaz exemplo siguen leales, imitan fieles, todos los Reales Consejos y Tribunales de esta Corte, en..., dando feliz principio á tan elevado fin el Domingo 14 de Octubre de 1753 á la hora de Vísperas, desde las quales hasta el dia 24 del referido mes (quando en carroza de cristal hace su marcha el Sol,) hay Jubiléo pleníssimo. Serán Trompetas Mýsticas de las Voces Evangélicas Confiteor tibi, Pater, los Oradores siguientes...»

11. Quedó atónito el Maestro Prudencio y, no persuadiéndose á que el cartel pudiesse ser cierto, figurándosele que seria acaso alguna festiva invencion del buen humor del Beneficiado, se le arrancó de las manos para leerle él mismo, con amistosa confianza; pero aún se quedó mas pasmado, quando le vió impresso, ni mas ni ménos como llevamos escrito, con sus comas y puntos y orthographía, solo que en el cartel se expressa el Templo donde se celebraron las fiestas, y nosotros le omitimos por justos respetos. Leyóle, releyóle, tornóle á leer, y apénas creía á sus proprios ojos. Al fin, como era hombre serio, entendido, religioso y verdaderamente sincero, despues de haverse encogido de hombros, arqueado las cejas, levantado los ojos al cielo y hecho muchas cruces, santiguándose de admiracion, prorumpió diciendo:

12. «Que esto se permita en España! y en una Corte! y á vista de tanto hombre verdaderamente sabio, culto y discreto! y donde concurren tantos millares de extrangeros de casi todos los Reynos y Países del mundo! Qué han de decir de nosotros las naciones? En qué predicamento nos tendrán, si llegan á entender, que precisamente para publicar unas fiestas sagradas, lo qual en todo el mundo se hace y se debe hacer sencilla y llanamente, diciendo que tal dia comienzan tales fiestas, que durarán tantos dias, que estará ó no estará el Sacramento expuesto desde tal hora á tal hora, que havrá ó no havrá jubiléo, y que predicará Fulano, Citano y Perenzano: qué han de juzgar de nosotros, vuelvo á decir, si saben que precisamente para un assunto como este se embarra un gran pliego de papel, llenándole de bazofia, de antíthesis ridículos, de esdrújulos phantásticos, de phrasotas que nada significan ó significan un grandíssimo disparate, de epíthetos pueriles y alocados á una Santaza como Santa Theresa, que mas la ultrajan que la honran, y qué sé yo si de proposiciones heréticas ó á lo ménos malsonantes?»

13. «Quien le dixo al Autor del cartel (el qual no es possible sino que fuesse por ahí algun Licenciaduelo atolondrado, de estos que comienzan á ser aprendices de cultos, y no saben ni son capaces de saber en qué consiste el serlo) quien le dixo al Autor del cartel que Santa Theresa, ni otra pura criatura, por sí sola era la tierra del Cielo, por quien criara el Cielo el que fundó la tierra? Una proposicion semejante á esta, que se dixo por María Santíssima, conviene á saber que Ipsa colenda est, non tantum ut causa nostræ redemptionis, sed etiam ut motivum creationis omnium rerum, está notada por gravíssimos Theólogos como digna de muy severa censura. Quien le ha dicho que Santa Theresa, ni algun otro Santo ó Santa, puede ser en ningun sentido verdadero el agua que da vida, pues no hay otra agua que dé vida, sino el agua del bautismo? Quien le ha dicho que es el aire que da espíritu, no haviendo otro quien le dé ni pueda darle, sino el soplo figurado ó la inspiracion del Espíritu Santo? Quien le ha dicho que...?»

14. — «Sossiéguese vuestra Paternidad, dixo el Beneficiado; que estas cosas no se han de tomar con tanta seriedad: un poco de sangre fria y un mucho de buen humor es la mejor receta para curarlas, ó á lo ménos para que no nos perjudiquen. Mire vuestra Paternidad: los hombres sabios de la Corte saben, que la Corte está llena de ignorantes, presumidos de sabios; los extrangeros tambien tienen por allá sus Autores de cedulones, ó cosa equivalente; porque pensar que los tontos no están sembrados por todo el mundo como los hongos, es cosa de chanza, y si no, ahí está Menckenio en su librete de Charlataneria eruditorum, que no me dexará mentir. El artífice de nuestro cedulon no fué tan mal intencionado como á vuestra Paternidad se le figura. El quiso hacer á Santa Theresa un remedo de todos los quatro elementos, tierra, agua, aire y fuego; no se le ofreció otra cosa mejor, y dixo essos disparates, sin meterse en mas honduras. Aquí no huvo mas, y vuestra Paternidad no haga juícios temerarios en materia de su doctrina; porque, si sabe la que enseña el catechismo, esto le basta para salvarse, sin que sea necessario aprender otras Theologías.»

15. — «Assí supiera yo lo que él sabe, interrumpió á esta sazon Fray Gerundio; cada qual siga su opinion, pero en la mia esse hombre es un monstruo de ingenio. Qué bellos assuntos ofrece en tan pocas lineas, para predicar muchos sermones á la seráphica Madre! No se me olvidarán á mí, quando se presente la ocasion. La luna que pisa el peso de la luna. Qué divinidad! Pues la prueba: nueva en favores, creciente en verdades, llena de luces, menguante de errores. Es un assombro!» — «Por lo ménos, dixo el Beneficiado, están diestramente aplicadas todas las fases de esse planeta: luna nueva, luna creciente, luna llena y luna menguante. Los labradores, los hortelanos y los médicos lunáticos excusan otro calendario, y solo con ver el cartel sabrán quando han de plantar, sembrar, purgar y sangrar.»

16. — «Dígame vuestra Merced lo que quisiere, continuó Fray Gerundio, que yo aquello de el sol que ofusca brillos á los brillos del sol, no tengo con que ponderarlo.» — «Ni yo tampoco, respondió el Beneficiado, si entendiera bien qué es esto de ofuscar brillos al sol. Las nubes no los ofuscan, solo estorban que se comuniquen á nosotros, y lo mismo hacen las paredes, las ventanas, los toldos y los tejados. Si alguna cosa los huviera de ofuscar, serian las manchas que dixo el Padre Christóval Scheinero havia descubierto en el sol con un telescopio de nueva invencion; pero es natural, que el Autor no quisiesse decir que Santa Theresa era pared, tabique, ventana, toldo, tejado ni mancha. Como quiera, ello suena bien, y soy de la opinion de Usted, mi Padre Fray Gerundio.»

17. — «Y qué me dirá Usted, prosiguió Fray Gerundio, de aquello de fanal del Carmelo, farol del mundo? No es un prodigio?» — «Claro está, respondió el Beneficiado, que fanal y farol hacen un eco que encanta; porque, aunque fanal es una cosa y farol es otra, aquí no nos hemos de gobernar por lo que las cosas son, sino por lo que suenan.» — «Sobre todo, añadió Fray Gerundio, lo que no se me olvidará para aprovecharme de ello en tiempo y en sazon, es el bello pensamiento de la estrella de la alba, y la alba de la estrella.» — «Téngolo por muy conceptuoso, dixo el Beneficiado, pues ahí da á entender que debe haver alguna estrella ordenada in sacris, que se reviste el alba para exercitar su órden, y, en fin, el lucero del alba no puede estar explicado con mayor émphasis ni hermosura.» — «El concepto predicable que mas me agrada, prosiguió Fray Gerundio, es decir que Santa Theresa fué el Agustin de las mugeres y la angélica Doctora de los hombres.» — «Esso está dicho con gran chiste, respondió el Beneficiado; porque á las mugeres las dió su hombre, y á los hombres los dió su muger; y, si alguno dixere que hacer á la Santa por una parte Agustin y por otra angélica Doctora, es hacerla Doctora hermaphrodita, merece desprecio por la bufonada. Qué cosa mas comun el dia de hoy que llamarse un hombre Agustin-María? Pues, por qué no se podrá llamar una muger Agustin-Thomasa ó Thomasa-Agustin? La terminacion en -a es impertinente para el sexo, porque Juno fué muger, y se acaba en -o; y Caracalla fué hombre, y se termina en -a.»

18. — «Con Usted me entierren, dixo Fray Gerundio, que se hace cargo de las cosas; pero no repara vuestra Merced en aquellos cinco assuntos para cinco sermones, que se podrán predicar delante del mismo Papa: Theóloga mýstica, phýsica seráphica, natural rhetórica, espiritual médica, crítica cherúbica?» — «Dígole á Usted, Padre Predicador mayor, respondió el Beneficiado, que respecto de essos cinco assuntos esdrujulados, las cinco piedras de la honda de David, que predicó en Roma el Padre Vieyra en cinco domínicas de Quaresma, para derribar al Philistéo de la culpa, fueron cinco guijarros incultos y de los mas vastos. Essas son cinco piedras preciosas, dignas de engastarse en la corona de hierro de los Longobardos, que dicen se conserva en Aquisgran y pesa algunas arrobas. Lo que extraño es, que el Autor dexasse quexosas á otras facultades, quando con igual razon pudiera dexarlas favorecidas. Pues, quien le quitaba añadir que Santa Theresa havia sido Astrónoma extática, Geógrapha célica, Mathemática týpica, Poetisa métrica, etc.?» — «Es que no cabria en el cartel,» respondió Fray Gerundio. — «Seria por esso, continuó el Beneficiado; pero era fácil el remedio con haverle dispuesto en papel de marca.»

19. — «El pensamiento que yo prefiero á todos, añadió Fray Gerundio, y el que no se me escapará para el primer sermon que se me ofrezca predicar á la gloriosa Santa, es aquel que comprende tres puntos admirables: grande en el poder, mayor en el penar, máxima en el amor.» — «Ellas son tres verdades, dixo el Beneficiado, bien probadas en la vida de la seráphica Madre, y no hay duda que la graduacion de grande, mayor, máxima, está segun arte; y la terminacion en -er, -ar, -or es de exquisito gusto. Lástima fué no añadiesse que la Santa havia sido óptima en escrivir, sabia de oriente á sur, y quedaban comprendidas todas las terminaciones de -ar, -er, -ir, -or, -ur.»

20. — «Y le parece á vuestra Merced, interrumpió Fray Gerundio, que no es digno de la mayor admiracion el último elogio con que acaba, diciendo que Santa Theresa era y havia sido por su virtud, por su nobleza, por su prudencia, por su patria, hechizo de la Europa, Señora de ambos mundos, Abogada de España, Consejera de Castilla?» — «Oh, mi Padre Fray Gerundio!» respondió el Beneficiado. «Essa es una cabeza de obra (perdóneme nuestra lengua, que se me ha puesto en la cabeza explicarme assí). Esse es un golpe; qué digo golpe? es un porrazo que descubre los sesos al assombro. Por algo le reservó el Autor para lo último, que es donde se ha de dar el mayor chispazo. Tiene, tiene mas alma de la que parece á primera vista. Es uno de aquellos elogios que llaman de correspondencia; porque á los quatro primeros substantivos han de corresponder por su órden los quatro segundos adjetivos, casándolos y pareándolos segun su numeracion. Yo me explicaré, si acierto.»

21. «Pidieron informe á cierto bellacuelo de no sé qué Rector, (porque no dice la leyenda si era de Universidad ó de Colegio,) y él le dió en este dístico, que pienso ha de ser de Juan Owen:

Est bonus et fortasse pius, sed rector ineptus: Vult, meditatur, agit, plurima, pauca, nihil.

Ahora note vuestra Merced aquí la correspondencia ó el casamiento de los tres verbos con los tres acusativos: vult plurima, meditatur pauca, agit nihil. Pues, á este modo el ingeniosíssimo Autor del cedulon dixo que Santa Theresa de Jesus era, por su virtud, hechizo de la Europa; por su nobleza, Señora de dos mundos; por su prudencia, Abogada de España; y por su patria, Consejera de Castilla. Es verdad que, despues de haverla supuesto Señora de dos mundos, baxó mucho la puntería, primero en hacerla Abogada, y despues Consejera. Pero, qué tirador hay tan diestro que lo acierte todo y que alguna vez no baxe un poco los puntos? En todo caso, todos aquellos y todas aquellas que tuvieren la dicha de haver nacido en la nobilíssima Ciudad de Avila, donde nació Santa Theresa, deben dar gracias al Autor del cartel por haverlos descubierto un honorífico privilegio, de que verosímilmente ninguno de ellos ni de ellas tenia noticia. Sepan que son por su patria Consejeros ó Consejeras de Castilla. Y assí, desde aquí adelante no se ha de llamar Avila de los Cavalleros, sino Avila de los Consejeros y de las Consejeras. De las ilustres familias de los Zepedas y Ahumadas, que dieron á luz á esta gran Santa, no hay que hablar. Su privilegio ó su gloria es mucho mayor, pues precisamente por su nobleza son Señoras de ambos mundos.»

22. — «Paréceme, dixo Fray Gerundio, que vuestra Merced á ratos se zumba; pues en verdad que yo hablo muy de veras en todo quanto digo. A lo ménos no tendrá vuestra Merced que glosar sobre aquella elegantíssima phrase que dice: Comienza el jubiléo pleníssimo desde la hora de vísperas, quando en carroza de crystal hace su marcha el sol.» — «Qué he de glosar de esse parénthesis, ni qué puedo decir de él, respondió el Beneficiado, que no sea muy debaxo de lo que merece? La elevacion de la phrase no puede ser mayor, pues llega hasta el mismo sol. La del concepto es clara como un crystal, y, sobre todo, la oportunidad no tiene precio. Añádese la novedad con que se corrige la plana á todos los Poetas que ha havido, desde que se fundó la poesía en la Arcadia ó en Caldéa, que esse es chico pleito. Todos hasta aquí havian dado en la manía de que el sol hacía sus marchas en carroza de fuego, y despues, segun unos, se sepultaba en urna de crystal, y, segun otros, se dormia en catre de plata líquida. Ha sido enorme error, ó por lo ménos una alucinacion tan universal como de grave perjuicio. Por un telescopio de nueva invencion, con las lentes invertidas, que por dicha llegó á manos de nuestro Autor, descubrió claríssimamente, que la carroza en que el sol corre la posta es de crystal; y, aunque desde léjos parece que rua toda embestida de fuego, y que es fuego lo que respiran por las narices y boca los cavallos que la tiran, es ilusion de vista. Esto nace de que, como el sol va dentro de la carroza, y esta es de crystal, assí como tambien son diáphanos y transparentes los cavallos, penétranse los rayos por las vidrieras, y parece fuego lo que en la realidad no es mas que crystal de roca.»

23. — «Búrlese vuestra Merced ó no se burle, dixo Fray Gerundio, no podrá negar que es elegante la expression con que anuncia al público los sugetos que han de predicar, y el texto sobre que serán trompetas mýsticas de las voces evangélicas (Confiteor tibi, Pater) los Oradores siguientes...» — «Pues vé Usted? respondió el Beneficiado, esso es puntualmente lo único que yo huviera omitido; no porque no esté dicho con mucha sonorosidad y en una bella cadencia de los dos esdrúxulos, mýsticas y evangélicas; sino porque, como ahora hay tantos en el mundo que perderán un par de amigos por aprovechar un equivoquillo insulso, havrá mas de dos que digan que muchos, todos ó algunos de los Oradores nombrados eran unos pobres trompetas, y citarán para prueva al mismo Cartel.»

CAPITULO II.

Estornuda el Beneficiado; interrúmpese la conversacion con el Dominus tecum y con el Vivan Ustedes mil años, y despues se suena.

1. — «No solo cortó vuestra Merced mi cólera, dixo á esta sazon el Maestro Prudencio con semblante placentero, sino que la ha convertido en risa. Ya veo, que no es negocio de tomar con seriedad los disparates de essos cedulones que se fixan en las esquinas. De essos no se sigue otro inconveniente, que el que á sus Autores los tengan por lo que son; pero otras bocanadas parecidas á essas, en los púlpitos no se pueden tolerar, porque son de grave consequencia para la Religion, para la Nacion y para las costumbres. En suma, el cartel es disparatadíssimo, y no parece possible otro que lo iguale.»

2. — «Esso es mucho decir, Padre Maestro, replicó el Beneficiado; la esphera de lo possible es muy dilatada, y á pique está que tenga en el bolsillo con que convencer á vuestra Reverendíssima, quanto se equivoca en juzgar que no caben en la linea mayores dislates.» — «Vuestra Merced se chancéa», dixo el Maestro Prudencio. — «Me chancéo? replicó el Beneficiado; ahora lo veredes, dixo Agrages.» Y, diciendo y haciendo, sacó del bolso otro papel, que tambien protestó se le havian enviado por el corréo como pieza única; y era un cartel que se fixó, no en la Corte, sino en otra Ciudad muy autorizada, publicando una fiesta de San Cosme y San Damian. Leyóle con fidelidad, á excepcion de tal qual cosa que omitió por prudencia, y decia assí literalmente:

«Solemnes Cultos, Obsequiosos Aplausos, Aclamaciones Festivas, Demostraciones del mas fino Amor, que á sus fidelíssimos Achates, Templos vivos de la Charidad, Seutipiubsores, Cosmiclimatas, Brachamanes, Oficinas de las maravillas divinas, Prodigios de Milagros, Milagros de Prodigios, Chrysoprasos de la Gracia, Agapetas de Corazones, Val.

San Cosme y San Damian

Dedican, Consagran y Ofrecen con cordial devocion los Hijos de etc.»

3. — «Me doy por convencido, dixo el Maestro Prudencio, volviéndose á santiguar; esse cartel es mas breve que el antecedente, no tiene otra cosa mejor. Por lo demas, se puede decir de los dos lo que respondió cierto Provincial á un Padre, que tenia dos hijos en la Religion y le preguntó qual de los dos era el peor, Fray Pedro ó Fray Juan? A que respondió el Provincial: Ambos son peores. Yo no entiendo la lengua griega, de lo que estoy muy pesaroso, y lo digo con vergüenza; pero harto será que hasta para los mismos Griegos no sea grieguíssima toda essa gerigonza de Achates, Seuptipiubsores, Cosmiclimatas, Brachamanes, Chrysoprasos y Agapetas. Brachmanes (y no Brachamanes) no es voz griega, y ya sé lo que significa. Es una casta ó muchas, de las familias mas nobles y mas sabias en las Indias orientales, sumamente dificultosas de convertir, porque, teniendo por viles y por vitandos á todos los que no son de igual familia ó casta, se desdeñan de tratar con ellos, tanto que ni aún para exercer los mas baxos oficios de la casa los admitirán. Y assí el cocinero del Brachman ha de ser Brachman; llegando en algunas partes la extravagancia á señalar tambien sus castas brachmanales á los cavallos, á los jumentos y á los demas brutos domésticos, para que los Brachmanes se puedan servir de ellos con honor. Pero al fin, yo no sé por donde los pueda venir lo Brachman á los dos gloriosíssimos Mártyres San Cosme y San Damian.»

4. — «Ahora se detiene en esso vuestra Reverendíssima? repuso el Beneficiado. Lo Brachman los viene por tan linea recta, como lo Seuptipiubsor, Cosmiclimata y Chrysopraso. El inventor del solemníssimo cedulon no se paró en essas menudencias. Tiró, lo primero, á acreditarse de otro Cornelio Schrevelio en la inteligencia de la lengua griega para con los ignorantes de ella, y pretendió, lo segundo, aturrullar los oídos del populacho con essas voces barbarisonantes, sin havérsele passado otra cosa por la imaginacion. Si entónces se le huviera ocurrido á ella el Heautontimorumenos de Terencio, tan cierto es que llama Heautontimorumenos á los dos benditos Santos, como los llamó Cosmiclimatas y Agapetas. Yo bien sé, que se llamaban Agapetas aquellos que assistian á los convites de la charidad, que se estilaban entre los fieles allá en los primeros siglos de la Iglesia, y que los mismos convites se llamaban agapes, de agapa, que significa amor; pero se me esconde, qué aplicacion oportuna y natural se puede hacer de esta voz á los dos santos Médicos.» — «Como quiera que ello sea, dixo entónces Fray Gerundio, tomando un polvo y haciendo del socarron, estos epitectos suenan bien y pueden hacer su papel en un sermoncito de rumbo.»

5. — «Tenga Usted, exclamó á esta sazon el Maestro Padre Prudencio, dándose una palmada en la frente, que tambien yo he de contribuir con mi cornadillo al provechoso assunto de esta conversacion. Ahora me acuerdo, que tengo en la celda dos papelitos impressos á manera de esquelas, que pocos dias há me envió de Zaragoza cierto corresponsal mio de la Orden, hombre de juício, de delicadeza y de literatura; para que sepa vuestra Merced, Señor Beneficiado, que todos tenemos tambien nuestros amigos y nuestras correspondencias de gustillo. Si no me engaño, estos papelejos están en el mismo gusto que los dos carteles, salvo que son por término muy diferente y están escritos en latin. Son quatro décimas latinas en ecos, las quales forman dos elogios distintos al angélico Doctor Santo Thomas; y dudo mucho que hasta ahora hayan dado á luz las prensas quatro locuras semejantes. Voy por ellas.» Salió, llegó, volvió, sentóse, y leyó lo que se sigue:

Eucharistico Ecclesiæ Calamo.

Angelico Præcep tori,

Tori Cathedram a genti,

Genti ut luceat pubesc enti,

Entique fulgeat majori:

Humilitatis A mori,

Mori Thomæ, qui extat Pr ora,

Ora, Cymba Matre F lora,

Lora, Dux, Gladius, A cantus,

Cantus, Sidus, Turris, Xan thus,

Thus, Paradisus, Au rora.

Soli lucis ful minoso;

Minoso hæresis ter rori,

Rori gratiæ g estuoso,

Aestuosoque Doc tori,

Castissimo intacto fl ori,

Ori Sophiam evo menti,

Menti proclivæ cl amori,

Amorique Dei ferv enti,

Hæc libens consecro Thura,

Dona dum expecto fu tura.

6. — «Padre Maestro, qué dice!» exclamó el Beneficiado, tendiéndose de risa por aquellos suelos. «Es possible que se han impresso essas preciosidades? Si no conociera á vuestra Reverendíssima y no supiera que es hombre tan serio y tan veraz, creeria que era invencion suya. Venga por Dios esse papel, que no hay dinero con que pagarle.» Tomóle, leyóle, releyóle, estuvo pasmado y suspenso por algun tiempo, y al cabo prorumpió en estas exclamaciones: «Soy un insulso! soy un tonto! soy un mentecato! soy un ignorante! Yo creí que sabia algo de composiciones locas, disparatadas, ridículas, y tenia mi poco de vanidad de que las que havia encomendado á la memoria eran originales; pero todas ellas no valen un pito en comparacion de estas dos décimas; y, hablando determinadamente de mis dos carteles, con que yo venia tan confitado, digo con ingenuidad que

non sunt nostrates tergere digna nates.»

7. «Me ha de dar vuestra Reverendíssima licencia, aunque parezca un poco prolixo, para construir fielmente en castellano lo que dicen essas dos décimas, siguiendo puntualmente el mismo órden de su epígraphe y de sus piés, aunque no sea possible conservar sus divinos ecos; porque, como las voces castellanas son tan distintas de las latinas, no pueden corresponder á unas los ecos de las otras.

A la Eucharística Pluma de la Iglesia.

Al angélico Preceptor, Cathedrático de la cama, Para lucir á los que apunta el bozo, Y para resplandecer al mayor ente: Al amor de la humildad, A la costumbre de Thomas, que es proa, Ora marítima y el bote Flora, Cota, Capitan, espada, Acanto, Canto, estrella, torre, Xanto, Incienso, Paraíso, Aurora. Al sol que fulmina luz, Amenazante terror de la heregía, Rocío que lleva á la gracia, Y Doctor ardiente: A la castíssima intacta flor, Boca que vomita sabiduría, Entendimiento inclinado al clamor, Y amor de Dios ferviente, Consagro con gusto estos inciensos, Miéntras espero los dones futuros.»

8. «No me detengo ahora en los barbarismos ni en los solecismos, que hierven en el latin; porque, si me detuviera en esto, seria tan pobre hombre como el que lo compuso. Lo que me arrebata toda la atencion, es pensar qué cansado quedaria el brazo de su Autor, y qué ufanos los que costearon la impression de esta grande obra y sembraron de sus papeluchos á la Ciudad de Zaragoza. Entre quantos mentecatos passaria el artífice por un ingenio monstruoso! Quantos innocentes creerian que no se havian dado al Angel de las escuelas elogios mas delicados! Hora bien, Padre Maestro, yo no soy Poeta, ni permita Dios que lo sea. En serio he compuesto bien pocas coplas, y, aunque algunas se han celebrado, bien conozco que estoy muy distante de la perfeccion de esta facultad, tan grande como desgraciada; pero tanto como para componer de repente, no digo una décima, sino aunque sea una cancion real con su cola y todo, y un romance tan largo como el de Don Diego de Mendoza, con tal que sea sin connexion, sin órden, sin sentido, y á desbarrar á tiros largos, dicen que tengo algun talento, y en parte me inclino á creerlo, porque me he experimentado en algunas funciones. Pues á Dios y á dicha, y á salga lo que saliere, allá va essa décima con ecos, imitando perfectamente á las dos latinas; y sea para mayor honra y gloria de su incomparable Autor.

Décima.

La batalla de Bi tonto,

Tonto no fué en Mon dragon,

Dragon que vió la f uncion,

Uncion tomó junto al Ponto.

Si al Parnasso me re monto,

Monto sobre tí, Pol lino,

Lino se hila en el mo lino,

Lino de Mingo Ca zurro,

Zurro y mas zurro á este burro;

Y cátate un desa tino.»

9. — «Es buen repente, dixo el Maestro Prudencio, y digna retribucion del simple que ultrajó mas que honró al angélico Doctor con essa sarta de necedades. Llámale Pluma eucharística de la Iglesia, y es lo único bueno que tiene el elogio, con alusion á que el Santo compuso el oficio del Santíssimo Sacramento; y, aunque no faltaron algunos que le quisieron disputar esta gloria y á nosotros este consuelo, ya el hecho no admite duda. Y, si fué tambien Autor del devotíssimo hymno Sacris solemnis, juntamente con el otro

Pange lingua gloriosi Corporis mysterium;

qué indignacion ó qué risa le causaria, si los Santos fuessen capaces de estos afectos en aquella region de immutable serenidad, al verse elogiar tan torpemente por un Poeta igualmente zafio que zurdo? Harto será le dissimulasse los barbarismos de minoso, fulminoso, æstuoso, gestuoso, que dudo mucho huviesse dado con ellos el célebre Cárlos de Fresne, Señor de Cange, en su laboriosíssimo Glossario ó Diccionario de la baxa latinidad.» — «Como quiera, Padre reverendíssimo, replicó el Beneficiado, las dos décimas son tan disparatadas, que no parecen possibles otras que las igualen.»

10. — «Esso es mucho decir, respondió el Padre Maestro, tomando al Beneficiado las mismas palabras de que se havia valido para creer, que no era possible otro cartel tan desbarrado como el primero; esso es mucho decir, Señor Beneficiado; la esphera de lo possible es muy dilatada, y á pique está que tenga en esta otra mano con que convencer á vuestra Merced, quanto se equivoca en juzgar que no caben en la linea mayores dislates. Ahora lo veredes, dixo Agrages.» Y, diciendo y haciendo, leyó otro par de décimas, assimismo impressas, en elogio del proprio Santo, que decian de esta manera:

Sanctissimo Conciliorum Altari.

Maximo Scholæ Pa trono,

Throno Pudoris ve terni,

Terni contra vim A verni,

Verni Solis gaudes dono,

Sedulo Ecclesiæ Colon o.

O multiplex tui vo lumen.

Lumen, Lagena, C acumen,

Acumen, Sol, Luna, Na vis,

Vis, Radius, Lancea, Cl aris,

Avis, Tuba, Scutum, Flumen.

Firmo doctrinæ Cas tello,

Telo humoris no civo,

Cibo Domini no vello,

Bello Veneris læsivo,

Numini cœli f estivo,

Aestivo orandi sa cello,

Zelo Universi attr activo,

Activo virtutis cœlo,

Hæc serta dico gratanter,

Numenque nixurio instanter.

11. — «Vuestra Reverendíssima tiene razon, dixo el Beneficiado, luego que le permitieron hablar las carcaxadas, en fuerza de las quales temió arrojar los hijares por la boca; en comparacion de essas dos décimas, las otras dos son discretíssimas, son elegantíssimas, son conceptuosíssimas, y son todos los superlativos que puede inventar el Autor italiano mas ensuperlativado: es lástima no volverlas en romance. Voy á hacerlo con la misma legalidad que las otras.

Al Santíssimo Altar de los Concilios.

Al máximo Patrono de la Escuela, Throno del pudor veterano, Contra la fuerza del terno Averno, Que gozas del don del Sol de Verano, Al cuidadoso Labrador de la Iglesia. Oh, quantos volúmenes has escrito! Luz, botella, cumbre, Agudeza, Sol, Luna, nave, Fuerza, rayo, lanza, llave, Ave, trompeta, escudo, rio. Al firme Castillo de la doctrina, Dardo de humor nocivo, Comida nueva del Señor, Guerra lesiva de Vénus, Al festivo Dios del Cielo, Capilla para orar en el Verano, Zelo attractivo del Universo, Activo Cielo de la virtud, Dedico con gusto estas coronas, Y con instancia estoy pariendo el Númen.»

12. «Desafío á todos los ingenios del mundo, exceptuando únicamente el del Autor, á que en tan pocos renglones pongan en pié tanta multitud de disparates ni de cosas tan inconnexas, tan absurdas y tan alocadas. Lo de Santíssimo Altar de los Concilios, ya sé á lo que alude: hace alusion á no sé qué Papa del Orden de Predicadores, que, estando para celebrar missa á presencia de los Padres de un Concilio, mandó le pusiessen por ara un libro de Santo Thomas. Passe la noticia, por mas que la contradigan muchos; que yo no hallo repugnancia en creerla, ni encuentro dissonancia en que un Papa quisiesse distinguir con este singularíssimo honor las obras de un Santo Thomas tan beneméritas de la universal Iglesia. Pero, qué nos querrá dar á entender el Decimista con decir, que Santo Thomas es throno del pudor veterano? Si se havrá excitado otra disputa sobre el pudor veterano y el pudor moderno, como la que en años passados divirtió por algunos dias á la Corte sobre los Oradores á la moderna y á la veterana? No haria mal el Decimista en explicarnos qual era el pudor veterano, para ver si nos convenia trocar el moderno por él.»

13. «Aquello de contra la fuerza del terno Averno (terni contra vim Averni) es un descubrimiento terrible. Hasta aquí creímos que no havia mas que un infierno, esto es, un único seno de los precitos y de los condenados; y lo mas á que se adelantaba la consideracion, segun el pensamiento de San Agustin, era á que para los Christianos parece que debiera haver dos. El Decimista por la cuenta ha descubierto otro tercero, ó un terno de infiernos horroroso:

Pues que vencia allá el pudor veterano La fuerza superior del terno Averno.»

14. «Pero, lo que no se puede negar es que el pensamiento del quarto pié, Verni solis gaudes dono, (que gozas del don del sol de Verano) es un pensamiento verdaderamente alto y profundo. No dixo que Santo Thomas gozaba del don del sol del invierno, del de la primavera, ni del del otoño; sí del del verano, del del estío, y verosímilmente del mismo de la Canícula. Y esto por qué? Porque mereció vestir el religiosíssimo hábito del grande Patriarcha Santo Domingo; y todos sabemos que este Santo, aún ántes de nacer, fué mysteriosamente prenunciado á su Madre, quando soñó que trahia en su vientre un perro con una hacha encendida en la boca: figura la mas cabal de la Canícula, la qual por ahora siempre es en el rigor del verano, que, andando el tiempo, no sabemos por quando caerá. Pues, sin duda que esso quiso decir el Poeta, quando afirmó que Santo Thomas gozaba del don del sol de Verano; pero, si quiso decir otra cosa, agradézcame la buena voluntad.»

15. — «Gana tiene vuestra Merced de perder tiempo, interrumpió el Maestro Prudencio, en ir interpretando, ni mucho ménos glosando, los disparates de las décimas. Hemos menester hacernos cargo de que el Poeta era un pobre simple, que solo tiró á ajustar sus ecos, saliessen como saliessen, sin consequencia para lo demas. A no ser esto assí, quien le havia de tolerar que llamasse á Santo Thomas dardo de humor nocivo (Telo humoris nocivo), festivo Dios del Cielo (Numini Cœli festivo), y capillita para orar en el verano (æstivo orandi Sacello)?» — «A fé que tiene vuestra Reverendíssima razon, dixo el Beneficiado, y no gastemos mas prosa con este innocente. Mas, porque no se quexen estas segundas décimas de que no las saludo yo con otra de mi invencion, como á las primeras, allá van essos diez piés en busca del Autor, que debiera andar en quatro:

Salvages en la Ca nada,

Nada teneis que bus car,

Cár... los quinto, ni aún el Zar,

Porque mas acá hay po sada:

Sada fué mi cama rada,

Rada toma chocol ate,

Ate Roque el cordel late,

Late un oculto myste rio,

Ríome del Magisterio,

Y cátate otro disparate.»

16. Como durante la glosa de las quatro décimas no dexaron hacer baza á nuestro Fray Gerundio, guardó un profundo silencio; pero no se le dió mucho, porque á él no le havian parecido tan mal las décimas como al Beneficiado y al Padre Maestro; ántes bien hallaba en los écos una gracia sin igual, que casi casi le encantaba; y, si salia á defenderlas, bien conocia que no havia de sacar buen partido; si se ponia de parte de los que se burlaban de ellas, iria contra su propria conciencia. Con que, todo bien considerado, se alegró de que no le dexassen hablar. Solo suplicó al Padre Maestro, que le permitiesse sacar una copia de aquellos papeles, para reservarlos entre los mas curiosos, lo que sin dificultad le concedió, pareciéndole que, despues de la merecida zurra que havian llevado, no le passaria por la imaginacion conservarlos para otra cosa que para diversion y para risa, y no para modelo.

17. Con esto levantó la visita el Beneficiado, á quien salieron á despedir el Maestro Prudencio y Fray Gerundio. En el camino, y como de passo, dixo el Padre Maestro al Beneficiado: «Por aquí se conoce, con quanta justificacion está mandado por diferentes autos acordados del Consejo y por otras varias reales órdenes, que ningun Impressor pueda imprimir libro, memorial ú otro algun papel suelto de qualquier calidad y tamaño, aunque sea de pocos renglones, sin que le conste y tenga licencia para ello del Consejo ó del Señor Juez privativo y Superintendente general de imprentas, pena de dos mil ducados y seis años de destierro. Es justíssima esta providencia, por mas que parezca demasiadamente rígida, y, si se observara con el debido rigor, no se imprimirian carteles necios, décimas locas ni folletos indignos, que, todo bien reflexionado, no tanto nos divierten quanto nos afrentan. Hoy se cela esto de los libros y de las imprentas con mayor severidad que nunca, y, aunque algunos se quexen de la nimiedad, ménos inconveniente hay en este extremo que en el contrario, y mas quando enseña la experiencia, que ni aún todo este rigor alcanza para librarnos del todo de estas monstruosidades. Ojalá que con el mismo se celaran las dedicatorias de las conclusiones, en las quales hay tanta bazofia y tanto desatino, que alguna vez he estado tentado á hacer una coleccion de las mas ridículas, y solo me ha detenido la consideracion de que las Naciones no nos tengan á todos por bárbaros, siendo assí que somos tantos á llorar la intrépida ignorancia de los que dan motivo para esto.» A tal punto llegaron á la portería, y el Beneficiado se fué á su casa, y cada uno de los dos Religiosos á su celda.

CAPITULO III.

Dispone Fray Gerundio su Semana Santa.

1. Tomóla con tanto empeño, que se negó con exemplar constancia y edificacion á los muchos que tuvo para predicar varios sermones en aquel verano. Entre otros, le importunaron con excesso para que admitiesse uno de grande aparato y de no menor utilidad, para una fiesta que se havia de celebrar en cierto lugar vecino, en accion de gracias de haver hecho el Rey Obispo de Indias al Cura que era del mismo lugar, hombre docto, piadoso y limosnero. No le pudieron vencer á que lo admitiesse, por no distraherse á otros assuntos ni exponerse á que le faltasse el tiempo para prevenir su Semana Santa. Y, por quanto uno de los que mas le instaban, para que admitiesse el sermon de gracias, le dió á entender que se atribuiria su resistencia á que era assunto nuevo y enrevesado, de lo que havia poco en los libros, y por esso no se atrevia con él, Fray Gerundio, para desengañarle, le enseñó al instante unos apuntamientos que tenia, á su parecer muy escogidos, para este género de funciones.

2. Eran todos sacados á la letra de cierto sermon, que se predicó en cierta Ciudad al mismíssimo idéntico assunto, de un Párrocho electo Obispo de Indias, llamado Juan, (assí se llamaba tambien el nuevo Electo,) que lloró mucho con la noticia de su eleccion, se resistió á consentir en ella, al fin aceptó. Celebró una fiesta muy solemne, en su misma Parrochia, una numerosa Congregacion que havia en ella, de que era Padre espiritual el mismo Señor Obispo. Se buscó Orador de fuera, y fué un Padre Maestro, ingenioso y hábil sin duda, pero de los que en el púlpito se dexan llevar de la corriente. Se traxo la música de la Cathedral, huvo fuegos, toros y vítor, que sacaron los Estudiantes de la Escuela que havia professado el Prelado. De todo se hizo cargo el Orador en la salutacion, y todo le pareció á Fray Gerundio que con grandíssima facilidad se podia adaptar á la eleccion de qualquiera Señor Obispo. Y, si en la fiesta estaba el Sacramento patente, como es regular, seria otro tanto oro. El excerpto, que leyó al que le importunaba, decia assí á la letra:

3. «Apuntamientos para Sermones en elecciones de Obispos:

Si se aflige el Electo, como suele suceder, consolarle con esta entradilla: No lloreis, Juan, no lloreis: Ne fleberis. Y por qué llora Juan? Ya lo dice él mismo: Vidi in dextra sedentis super thronum librum scriptum intus et foris, signatum sigillis septem... et ego flebam multum. El que está sentado sobre el throno es el Rey: el libro del qual pendian siete sellos, segun unos, es figura de las Bulas plumbadas, de las quales viene pendiente el plomo con el sello pontificio: Pictores nostri hunc librum cum septem sigillis pendentibus instar Bullarum depingunt. Segun otros, era una carta cerrada, llamada libro, como llaman los Hebréos á qualquiera papel ó pergamino escrito: Hebræi quodcumque scripti genus librum appellant. Ille, de quo hic agitur, erat potius epistola quædam plicata. Carta cerrada á nombre del Rey, que amenaza con unas bulas plumbadas, motivo es para que Juan llore y se aflija mucho: et ego flebam multum. Ya tenemos Cedula Real, Bulas y llanto.»

4. «Quien ha de consolar al pobre Obispo? Ya lo dice el texto: Vicit Leo de Tribu Juda. El Leon de Judá, que se representa no solo como manso Cordero, sino como muerto sobre el mismo libro, Agnum stantem tamquam occisum, es figura del Sacramento. Este Cordero sacramentado le alarga con su propria mano las Bulas: et accepit de dextra sedentis in Throno librum... instar bullarum depingunt. Mándale que las acepte y que dé cuenta á su santa Iglesia: scribe Ecclesiis; no puede resistirse: vicit Leo. Ni tiene para qué, porque el mismo Cordero se empeña en darle quanto ha de menester para desempeñar su ministerio. Por esso se representa unas veces passeándose, otras sentado, y otras en pié: ambulantem, sedentem, stantem. Quando pesa los méritos del que ha de elegir, se passéa, ambulantem; quando los califica, se sienta, sedentem; quando los premia, se pone en pié, stantem. Como que está pronto para ayudarle y para defenderle! Necessita el Obispo ojos? El Cordero tiene siete, habentem oculos septem. Necessita los dones del Espíritu Santo? Ahí los tiene figurados en los siete cuernos del Cordero, cornua septem. Necessita atravesar el mar y que los Angeles del Señor le conduzcan felizmente á Tierra firme? Ahí lo tiene todo: Habentem cornua septem et oculos septem, qui sunt septem spiritus Dei missi in omnem terram.»

5. «Supuesta la aceptacion como triumpho del Cordero, quien le da ó quien le instituye la solemníssima fiesta en accion de gracias? Al texto: Cum aperuisset librum, viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno, habentes singuli citharas et phialas aureas... dicentes, etc. Los Antiguos, los Doces, los Veinte y quatro, que son los que ocupan el palenque de esta nobilíssima Congregacion y se distinguen en ella con estos nombres: Viginti quatuor Seniores ceciderunt coram Agno. Ellos parece que todos se han convertido en músicos por el amor, para cantar gracias al Cordero: Habentes singuli citharas. Mas, no contentos con esto, han conducido essa dulcíssima y acorde música, que tiene su orígen, no allá de los podridos nervios ó cuerdas de la tortuga de Mercurio, sino del mismo Cielo: Itaque cœlum instrumentum musicæ Archetypum videtur mihi, non propter alia sic elaboratum, quam ut rerum Parentis hymni decantarentur et musice. Hasta el Orador parece que estaba figurado en el texto; porque, ya fuesse él ó ya fuesse otro, como lo pretendió, el sermon siempre seria nuevo: Et cantabant canticum novum.»

6. «Los cohetes están claros, puesto que se disparaban desde el mismo throno: Et de throno procedebant fulgura et voces et tonitrua. El víctor de los Estudiantes de la Escuela Jesuíta es el que no se puede dexar de reconocer es aquellos quatro mysteriosos vivientes, que assistian á la cáthedra ó throno de Jesus, in circuitu sedis; y con el semblante y vuelo de águilas, et quartum simile aquilæ volanti, se remontaron mas victoreando dia y noche: Et requiem non habebant die ac nocte, dicentia Sanctus, Sanctus, Sanctus. Finalmente, hasta los toros se divisan en nuestro texto, pues tampoco faltan en él semblantes de toros: Et secundum animal simile vitulo.»

ASSUNTO.

El Laberintho.

7. «Eslo Christo en el Sacramento por cinco razones. Primera, porque fué figurado en el desierto: Apparuit in deserto. Segunda, porque se admiraron los Israelitas: Quid est hoc? Tercera, porque en él se confunden los sentidos: Et si sensus deficit. Quarta, porque se les hizo duro á los Judíos: Durus est hic sermo. Quinta, porque es Alpha y Omega, principio y fin de todo.»

8. «El Sacramento pues ha de ser el centro del laberintho: no ha de tener mas que dos calles; y las calles han de ser los otros dos Evangelios que concurren á la fiesta, porque el del Sacramento está ya aplicado al centro.»

9. «Primera calle y primer Evangelio: Tu es Petrus, et super hanc petram ædificabo Ecclesiam meam. Por qué elige Christo á Pedro para Obispo de los Obispos y para piedra fundamental de su Iglesia? Porque, desde que le impusieron el nombre, se llamó Cephas, que es lo mismo que Pedro ó piedra: Tu vocaberis Cephas, quod interpretatur Petrus. Hermoso registro! pues descúbrese ya (hablemos aquí claros) la cifra, que desde la pila del bautismo goza por alta providencia nuestro amantíssimo Señor Obispo. Como se llama su Señoría? DON JUAN GARCÍA ABBADIANO. Vuélvase esto ahora en latin, y escrívase de esta manera: DOMINUS JOANNES GARCÍA ABBADIANUS. Qué sale en anagrama? JUAN OBISPO DE CARACAS AD MINUS, esto es, Juan Obispo de Caracas por lo ménos.»

10. «Vaya otro anagrama latino para mayor confirmacion: Joannes gratia Domini Abba ad nos, y sobra una v; pero es fácil acomodarla, porque, significando Abba lo mismo que Padre, se puede decir: Juan, por la gracia del Señor V Padre (Obispo) para nosotros. El Señor V es Phelipe V, que le presentó para el Obispado. A este modo es fácil hacer anagramas del nombre de qualquiera Obispo electo; porque, si no saliere en romance, saldrá en latin; y, si sobraren algunas letras, mejor, pues mas vale que sobren que no que falten.»

11. Iba á proseguir Fray Gerundio en la lectura de sus apuntamientos, pero el sugeto á quien se los leía le interrumpió diciendo: «Basta; que estoy de priesa, y quedo convencido de que no es fácil le coja á vuestra Merced de susto ningun empeño, por arduo que parezca, y que el negarse á este sermon no es ni puede ser por falta de materiales.» Despidióse, y nuestro Fray Gerundio, sin perder tiempo, comenzó á hacer sus prevenciones.

12. Havia trahido de Pero-Rubio una nota de los sermones que havia de predicar, con todas las circunstancias agravantes de cada uno, la qual havia tenido gran cuidado de entregarle el Licenciado Flechilla, hombre puntual y muy exacto. Venia la nota con toda distincion, precision y claridad, para evitar toda equivocacion, y nos ha parecido trasladarla aquí, ni mas ni ménos como se encontró en un manuscrito Arábigo muy antiguo, (de donde fielmente se copió, si no nos engañó nuestro Traductor), por lo que podrá conducir para la inteligencia de lo que adelante se dirá. Estaba pues concebida en estos proprios términos:

Semana Santa de Pero-Rubio.

Instruccion de la Villa á los reverendos Predicadores.

Primer Sermon. Domingo de Ramos.

13. «Hácese la procession al vivo: va á cavallo en la Santa Asna el que hace al Christo, que es siempre el Mayordomo de la Cofradía de la Cruz: rodéanle los doce Cofrades mas antiguos de luz, vestidos de Apóstoles, con túnicas talares de diferentes colores. Anda la procession al rededor de la Iglesia, donde hay dos olivos y un moral: trepan á ellos todos los muchachos que pueden, los quales, durante la procession, están continuamente cortando y arrojando ramos al suelo. Quando el Sacristan canta: Pueri Hebræorum, los muchachos corresponden con descompassados chillidos: Benedictus qui venit etc., hasta el Hosanna in excelsis inclusive. Tiene el pueblo gran devocion con la Santa Asna, la qual va llena de cintas, trenzas, bolsos y carteras de seda; y antiguamente llevaba tambien muchos escapularios, hasta que un Cura los quitó, pareciéndole irreverencia. No queda en el lugar manta, cobertor ni cabezal que no se tiendan en todo el sitio por donde anda la procession. Este año se llama por dicha Domingo Ramos el Mayordomo de la Cruz, que representa á Christo. De todo se ha de hacer cargo el Padre Predicador, si ha de dar gusto.»

Lúnes Santo.

14. «Buen Ladron. Fíxanse tres cruces grandes á la entrada del Presbyterio, y son las mismas que sirven para el sermon del descendimiento. Todas las tres efigies que se representan en ellas, son de artífice muy diestro, y las costeó un hijo del lugar, que llegó por sus puños á ser Canónigo de La Bañeza. La de el medio es un crucifixo muy devoto; la de la derecha es de San Dímas, y la de la izquierda de Géstas, con semblante desesperado y rabioso, que parece cara de condenado. Es tradicion que se sacó por la de un Escrivano, (otros dicen Ventero,) gran ladron que havia en la comarca. Como quiera, ya es uso y costumbre immemorial que en este sermon se dé contra los Oficiales de pluma. Concurre mucha gente del contorno á oir las pullas y los chistes.»

Mártes Santo.

15. «Lágrimas de San Pedro. Cántase la Passion por la tarde; y, quando el que la canta se va acercando á aquellas palabras: Accessit ad eum una ancilla, salen de la sacristía un viejo con una calva muy venerable, que representa á San Pedro, y una Muchachuela en trage de moza de cocina, la qual, en cantando el de la Passion: Accessit ad eum una ancilla dicens, prosigue ella cantando tambien muy gorgoriteado: Et tu cum Jesu Galileo eras; y el Viejo entona con enfado y con desabrimiento: Nescio quid dicis. Va San Pedro andando poco á poco por la Iglesia, y, al cantarse aquellas palabras: Vidit eum alia ancilla et ait iis, qui erant ibi, sale del medio otra Mochachuela y canta: Et hic erat cum Jesu Nazareno: San Pedro la da un empellon muy enfadado y dice: Voto á Christo, quia non novi hominem. Al fin hace como que se quiere salir de la Iglesia, y á este tiempo entra una tropa de Mozancones que, mirándole de hito en hito á la cara, comienzan á berrear descompassadamente: Vere et tu ex illis es, nam et loquela tua manifestum te facit. Aquí el pobre Viejo, colérico, enfurecido y como fuera de sí, comienza á detestar, á jurar y á perjurar que no conoce tal hombre, echándose quantas maldiciones le vienen á la boca. No bien las acaba de pronunciar, quando sale allá de encima del choro, y como hácia detras del órgano, un chillido muy penetrante que remeda la voz del gallo, y comienza á cantar tres veces quiquiriquí, quiquiriquí, quiquiriquí. Al oírle San Pedro hace como que se compunge: se va debaxo del choro, se mete en una choza ó cabaña que le tienen prevenida, y en ella está durante el sermon, plañendo, llorando y limpiándose los mocos. Es funcion tierna y curiosa; concurre mucha gente, y es obligacion del Predicador decir algunos chistes acerca de los gallos y de los capones, observándose que el que mas sobresale en esto saca despues mas limosna de gallinas.»

Miércoles Santo.

16. «Este dia no hay sermon. Despues de missa y por la tarde sale el Padre Predicador con la Señora Justicia á pedir la limosna de los huevos y pescado; y, si dió gusto en los dias antecedentes, suele sacar mas de doscientos huevos y una arroba de cecial, sin contar las sardinas saladas, que suelen ser mas que los huevos.»

Juéves Santo.

17. «Lavatorio y Mandato. No hay cosa especial que notar. Dió mucho gusto en este pueblo un Predicador, que tomó por assunto del Mandato Amor es arte de amar: lo que se advierte, por si el Padre Predicador quisiere imitarle. Generalmente han parecido bien todos aquellos que han predicado, desleídas, algunas relaciones de las comedias de capa y espada, como tuviessen eleccion en escoger las mas tiernas, derretidas y discretas. Ninguno logró mas aplauso que el que se empeñó en probar, que Christo en la última cena se acreditó el Chichisvéo de las almas. Imprimióse el sermon; y, aunque luego se recogió por el Santo Tribunal, como no se recogió la memoria, ha quedado eterna de él en la Villa. Hácense estas advertencias, por si conducen para algo.»

Viérnes Santo.

18. «Por la mañana á las quatro la Passion. No hay mas célebre en toda la redonda: assiste al sermon debaxo del púlpito el Mayordomo de la Cruz, vestido de Jesus Nazareno. Quando se llega al passo del Ecce homo, sube al púlpito, y el Predicador le muestra al pueblo, haciendo las ponderaciones y exclamaciones correspondientes á este passo. Es grande la commocion, y se ha observado ser mucho mayor que si se mostrara una imágen del Salvador en aquel trance. Pronunciada la sentencia por Pilatos, es obligacion del Escrivano de la Villa, y en su ausencia del Fiel de Fechos, notificársela á Jesus Nazareno, esto es, al Mayordomo de la Cruz, que se encoge de hombros con grande humildad en señal de su aceptacion. Quando sale del Pretorio para el monte Calvario, el Sacristan ó, faltando este, el Muñidor, con voz ronca y descompassada, publica el pregon de los delitos de aquel hombre. Rara vez dexa de haver desmayos. En el momento en que expira y dice el Predicador Exspiravit, tocan las campanas á muerto. Hace el Predicador una breve suspension ó pausa, y despues él mismo entona el responso: Ne recorderis, continuándole los Clérigos, y se acaba la funcion con el Requiescat in pace.»

19. «Por la tarde á las tres el Descendimiento. Se hace en la plazuela que está delante de la Iglesia, si el tiempo lo permite. Se executan en él los mismos juegos de manos que en los demas descendimientos. Salen los venerables Varones que representan á San Juan Evangelista, á Nicodemus y á José Arimathéa, con sus toallas, martillos y tenazas, estando ya prevenidas las dos escaleras arrimadas á los brazos de la Cruz del medio. Colócase á un lado del theatro una devota imágen de la Soledad, con goznes en el pescuezo, brazos y manos, que se manejan por unos alambres ocultos, para las inclinaciones y movimientos correspondientes, quando San Juan va presentando los instrumentos de la crucifixion, y, sobre todo, quando al último los tres venerables Varones ponen delante de la imágen el cuerpo difunto de su Hijo, pidiendo la licencia de enterrarle. Suele ser dia de juício. El Predicador que de todos desempeñó con mayor aire esta funcion, fué el que tomó por assunto de ella Los Títeres espirituales y, al acabar por la mañana el sermon de la Passion, convidó al auditorio para una funcion de títeres. Todo dió gran golpe.»

Sábado Santo.

20. «No hay sermon este dia; pero, acabados los oficios, sale el Predicador con la Señora Justicia á pedir la limosna de torreznos, hornazos, longanizas y chorizos, y, si cayó en gracia, suele juntar tantos que beneficia los que le sobran, despues de regalarse bien los tres dias de Pascua. Y Predicador ha havido que ha sacado ciento y cinquenta reales de estos despojos.»

Domingo de Pascua.

21. «Sermon de gracias á las cinco de la mañana. Es obligacion precisa del Predicador contar en este sermon todas quantas gracias, chistes, cuentecillos, chocarrerías y truhanadas pueda recoger, para divertir al immenso gentío que concurre á él. No ha de ser hazañero ni escrupuloso. Sean de la especie que se fueren, puercos, sucios, torpes é indecentes, ya se sabe que en aquel dia todo passa. Debe hacerse cargo de que la gente está harta de llorar en la Semana Santa, y que es preciso alegrarla y divertirla en el Domingo de Pascua. Los Padres Predicadores que han trahido Socio ó Lego, (porque algunos le han trahido,) han dispuesto que el Lego subiesse al púlpito y que predicasse un sermon burlesco, atestado de todas las bufonadas possibles. Por lo comun estos sermones se acababan con un acto de contricion truhanesco, y por Christo sacaba el Lego una empanada, un pernil ó una bota, á la qual decia mil requiebros en tono de afectos compungidos, que hacian descalzar de risa.»

22. «Adviértesele al Padre Predicador, que en sus sermones no passe de una hora, á excepcion del de las lágrymas de San Pedro, Passion, Descendimiento y Sermon de Gracias, en los quales podrá detenerse lo que quisiere.»

23. «Por mandado de los Señores Alcaldes y Concejo de la Villa de Pero-Rubio, jurisdiccion de Caramanchel de arriba.

Roque Morchon, Fiel de Fechos.

Concuerda con su original, á que me remito.

Morchon.»

24. Esta fué á la letra la instruccion, que el Licenciado Flechilla entregó á nuestro Fray Gerundio, recibida immediatamente de mano del Fiel de Fechos que exercia el oficio de Escrivano in sede vacante, y se acostumbraba dar una copia legalizada de ella al Padre Predicador pro tempore existente de la Semana Santa, para que, notificado de todas sus circunstancias, le parasse entero perjuicio, si no se conformaba con ellas. Discurra el pio y contemplativo Lector qué torbellino de idéas, á qual mas extravagantes, no se atropellarian en la fantasía de nuestro neotérico Predicador mayor, quando se halló con un almagazen de materiales tan copiosos como estrafalarios y ridículos, y los parabienes que se daria de que le huviesse tocado la dicha de meter su cortadora hoz en mies tan abundante.

25. Bien conoció, que la instruccion le daba ya hecha una gran parte del trabajo, y aún casi la mayor, mostrándole como con la mano el camino por donde havia de ir, y poniéndole á vista de ojos los assuntos que debia escoger, para captar los aplausos y poner el pié, si pudiesse, encima de todos sus gloriosos predecessores de feliz recordacion. Pero, como los assuntos eran tantos, y necessitaba de una immensa multitud de especies para llenarlos, no se puede ponderar la aplicacion con que se dedicó los ocho meses que faltaban para la Semana Santa, á revolver todo género de libros, notando, apuntando, amontonando verde y seco, todo quanto se le venia á la mano y podia conducir, aunque fuesse remotíssimamente, para alguno de los assuntos.

26. En el del Domingo de Ramos tuvo poco que hacer para determinarle; porque, notando que se llamaba Domingo Ramos el Mayordomo de la Cruz de aquel año y que era el primer papel del dia, tomó por idéa de su sermon El Inxerto ó los Ramos del Domingo, enlazados con Domingo Ramos. Acordóse haver leído ú oído, que havia un célebre Autor moderno que se llamaba el Señor Ramos del Manzano, y, pareciéndole que llamándose Ramos y Manzano era impossible, que dexasse de tratar pro dignitate y, como dicen, á fondo la materia de Ramos, lo fué á buscar con ansia á la librería del Convento. Hallóle y se quedó helado, quando vió que aquel docto Escritor trataba de cosa muy diferente, que él no entendia. Haciendo despues reflexion á que, segun el texto y tambien segun lo que se practicaba en la funcion de Pero-Rubio, los ramos eran de olivo, se le vino á la memoria el libro de Doña Oliva Sabuco de Nántes, de que havia oído hablar al Beneficiado como de un libro raro y exquisito, que él tenia en grande estimacion. Enviósele á pedir, creyendo que encontraria en él un thesoro para su assunto, y, aunque vió que trataba del xugo nutricio de las plantas y de los árboles, como no halló cosa particular de olivos, se enfadó y le arrinconó con desprecio. En este punto se le vino á la memoria que, assí en el Breviario como en el Missal, se da á este Domingo el título de Dominica in Palmis (Domínica de las Palmas); reflexionó con oportunidad á que en aquel mismo Domingo daba principio la Iglesia á cantar la Passion; ocurrióle haver visto alguna vez por el forro en la librería de la Casa un libro intitulado Palma de la Passion y, dándose muy alegre el parabien, dixo para sí: «Vaya, que, siendo Palma y de Passion, no puedo ménos de encontrar aquí todo quanto he menester para atestar de erudicion las Palmas de esta Domínica.» Abrióle y, quando halló que era la devotíssima y juiciosíssima Historia de la Passion, escrita por el Padre Luis de la Palma, le faltó poco para echar el libro por la ventana, del enfado que le dió. Desesperado, en fin se refugió á su Polianthéa, y allí encontró una selva entera de ramos, olivos y palmas, que podia competir con la vega de Granada y con los mismos olivares de Tudela, Cascante y los aledaños.

27. Lo que le dió muy poca pena fué la circunstancia de la Santa Asna, como blasfemamente, aunque con mucha innocencia por su simplicidad, la llamaban aquellos pobres rústicos. Al instante se le vino á la imaginacion el Asno de oro de Apuleyo; y, aunque esta fué una graciosa invencion de aquel chufletero Autor, ó no lo conoció Fray Gerundio ó se le dió muy poco de esso, porque, verdadero ó fingido, siempre le parecia especie divina para formar el paralelo. Fuera de esso, por fortuna suya, havia leído pocos dias ántes en el tomo 2º. del Espectáculo de la Naturaleza el bello elogio que se hace del Asno en boca del Prior, y desde luego determinó encaxarle, reduciéndole á su estilo, assí por dar á su auditorio una razon plausible del motivo por que havia preferido el Salvador este humilde animal para hacer su triumphante entrada en Jerusalem, como para promover en sus oyentes la devocion con la Santa Asna, en quanto estaba de su parte.

28. El assunto en que finalmente se fixó para el sermon del buen Ladron, fué sin duda feliz. Dió por supuesto, sin razon de dudar, que el buen Ladron se llamaba Dímas, y el malo Géstas, sin embargo de que sobre el verdadero nombre de los dos haiga tanta variedad en los Autores, como saben los eruditos. Y, aún supuesto que se llamassen assí, todavía no falta quien diga que el malo fué Dímas, y el bueno fué Géstas, como lo prueban aquellos versos bastantemente vulgarizados:

Imparibus meritis tria pendent corpora ramis: Dismas, Gestas, in medio est divina Potestas. Dismas damnatur, Gestas super astra locatur.

29. Fray Gerundio no se paró en esso, y es sumamente verosímil que ni siquiera tuviera noticia de ello. Dando por indisputable la opinion vulgar, (que acaso tendria él por artículo de fé,) de que el buen Ladron se havia llamado Dimas, tomó por assunto que el buen Ladron havia sido el Dí-ménos de todos los Ladrones, y el Dí-mas de todos los Santos. Probólo ingeniosamente, assegurando que, miéntras el mal Ladron estaba vomitando blasfemias contra Jesu-Christo, el bueno le procuraba contener, diciéndole: Dí-ménos, Dí-ménos. Y quando, despues que expiró el Salvador, los mismos que le havian crucificado se volvian á Jerusalem, hiriéndose los pechos y aclamándole por verdadero Hijo de Dios, el buen Ladron animaba á cada uno de ellos, diciéndole: Dí-mas, Dí-mas. Miéntras el mal Ladron juraba y perjuraba contra el Escrivano que le havia hecho la causa, tratándole de tan ladron y tan homicida como él, procuraba sossegarle el buen Ladron, diciéndole: Dí-ménos, Dí-ménos. Quando Longinos abrió los ojos del cuerpo y del alma, y confessó al Salvador á quien havia abierto el costado, el buen Ladron le alentaba con estas palabras: Dí-mas, Dí-mas.

30. Exornó despues este delicadíssimo pensamiento con un passo rhetórico, sin duda alguna ingenioso, enérgico y oportuno. Hacinó una buena porcion de elogios, que hacen del buen Ladron assí los Santos Padres como los sagrados Expositores, y esto le costó poco trabajo, porque en solos Silveira y Baeza encontró una decente provision para llenar muchos sermones. Hizo una especie de apóstrophe, hablando con cada uno de aquellos Autores como si los tuviera presentes, y preguntaba, verbi-gracia, á San Agustin: «Ea, qué dices del buen Ladron, Sol Africano, Phénix único de la Arabia feliz? Dum patitur, credit. — Dí-mas. — Non ante crucem Domini sectator, sed in cruce confessor. — Dí-mas. — Inter martyres computatur, qui suo sanguine baptizatur.» — «Y tú, purpurado Bethlemítico, Máximo entre los quatro Maestros generales de la universal Iglesia, Gerónimo divino! qué dices de nuestro Dímas? — Latro credit in cruce et statim meretur audire: Hodie mecum eris in Paradiso. — Dí-mas. — Latro crucem mutat Paradiso et facit homicidii pœnam martyrium. — Dí-mas. Pero qué mas ha de decir? Diga esto mismo con poética elegancia la mitrada Musa de Viena (ya sabe el docto que hablo de Avito, Obispo Vienense):

Sicque reus, scelerum dum digna piacula pendit, Martyrium de morte rapit.»

CAPITULO IV Y ULTIMO.

Interrúmpese la obra por el mas extraño sucesso que acaeció al Autor, y de que quizá no se encontrará exemplar en los annales.

1. Aquí llegaba dichosamente la pluma, volando con gustosa rapidez por la region de la Historia, en alas, á nuestro modo de entender, de la verdad mas acendrada; aquí corria la narracion sin tropiezo por el dilatado campo de la vida de nuestro Héroe, faltando por lo ménos la mitad para llegar al término de su espaciosa carrera; aquí comenzábamos (por decirlo assí) á tender las velas de nuestra navegacion, desviándonos de la tierra para engolfarnos en el mar alto de las mas famosas proezas pulpitables de nuestro nunca bastantemente aplaudido Fray Gerundio; aquí, aquí era donde lográbamos los documentos mas copiosos, las mas preciosas memorias, y los instrumentos no solo mas abundantes, sino tambien (á nuestro parecer) los mas puntuales, los mas exactos y los mas fidedignos, para divertir, entretener, embelesar y (en quanto nos fuesse possible) instruir sin especial trabajo nuestro á los Lectores, quando el sucesso mas extraño, el acaecimiento mas singular, y el mas exótico, triste, melanchólico, funesto y cypresino accidente, que podia caber en la humana imaginacion, nos obligó á cortar los vuelos á la pluma, á parar el cavallo en medio de la carrera, á echar las áncoras al principio de la navegacion, y, en una palabra, ó á levantar la mano de la tabla, arrinconándola para siempre, ó por lo ménos á suspender el pincel hasta ver lo que producen las nuevas diligencias que estamos haciendo, en cumplimiento de nuestro empeño y de nuestra obligacion.

2. Bien conocemos, que estarán ya nuestros amados Lectores con una ansiosa impaciencia por saber el triste fatal sucesso, que ocasionó esta desgracia. Tengan por Dios un poco de flema y déxennos respirar, haciéndose cargo de que no somos de bronce. La memoria solo nos conturba, los ojos se arrasan, la voz se corta, el pecho se cierra, la garganta se añuda, y hasta la pluma misma parece que no quiere dar tinta. Ya hemos tomado un poco de huelgo: allá va pues lo que nos sucedió.

3. En varias partes de esta, que nos parecia fidelíssima Historia, hemos advertido, que para formarla fuimos recogiendo una prodigiosa multitud de manuscritos, documentos, memorias, instrumentos que creíamos originales, papeles, cartas, inscripciones, medallas, y en fin todo aquello que juzgábamos conducente para conseguir las mas puntuales noticias históricas, genealógicas, geográficas, críticas y exóticas, las quales sirviessen de verdaderos materiales á nuestra obra, sin dexarnos á nosotros mas trabajo que la diligencia de recogerlas y el esmero de ordenarlas, dándolas digeridas en aquel estilo que considerássemos mas proprio de una Historia de este charácter. Quantos archivos revolvimos! Quantos becerros, tumbos, chronicones, libros de Cofradía, notas de espolios monásticos y otros documentos de este jaez registramos, lo dexamos á la consideracion del Lector erudito y discreto, el qual solo podrá dar su justa estimacion á este trabajo tan deslucido como necessario.

4. Pero nuestra desgracia consistió en havérsenos significado que, como Fray Gerundio floreció en un siglo tan remoto de nuestros tiempos, y como havian sido tan ruidosas en el mundo sus empressas y hazañas oratorias, todas las Naciones se havian dado prisa á trasladarlas en su lengua: de manera que, haviéndose perdido quantos apuntamientos havia de este Héroe en la antigua lengua española, con motivo de la invasion y entrada de los Sarracenos, no havria noticia de él en España, si una feliz casualidad no huviera dispuesto, que cierto Viagero muy inteligente en las lenguas orientales, al passar por Egypto y hospedarse en un Monasterio de Coptos, enseñándole los Monges su inculta y desaliñada librería, no huviesse reparado en quatro grandes caxones, que estaban á un rincon de ella, rotulados con esta inscripcion Arábiga: Memorias para la Historia de un famoso Predicador Español.

5. Picado de la curiosidad, pidió y consiguió que se los dexassen registrar. Encontró en ellos mil preciosidades; y, viendo que unos estaban escritos en Hebréo, otros en Caldéo, otros en Syriaco, otros en Armenio, otros en Copto, otros en Arábigo, muchos en Persa, y una buena porcion en Griego, cuyas lenguas posseía él perfectamente, solicitó con los Monges que se los vendiessen. Ellos lo hicieron por bien poco dinero, porque ni conocian su mérito ni aún estaban enterados de lo que contenian, y assí los tenian llenos de polvo. El Viagero los conduxo á España; murió en Barcial de la Loma, su patria; los papeles se esparcieron por aquí y por allí en aquellas cercanías, bien que la mayor parte se reservó en el famoso Archivo de Cotanes, de que hicimos mencion en el mismo zaguan de esta desgraciada Historia, á la qual llamamos assí por lo que presto se verá.

6. Informados pues de que todos los documentos, que se hallaban en nuestra Península, estaban escritos en las referidas lenguas, abandonamos del todo el intento de recogerlos, por no entender palabra ni siquiera de una de ellas; y aquí no podemos ménos de lamentar segunda vez nuestra desgracia en no haver tenido quien en nuestra adolescencia nos enseñasse por lo ménos la lengua griega y hebréa, que no solo nos servirian mucho en esta ocasion, sino en otras de mucha mayor importancia; y, aunque oímos condenar á muchos que parecen personas, este género de estudio como inútil ó como ménos necessario, á nosotros nos hace mas fuerza el exemplo de los mayores hombres de todos los siglos, que el particular dictámen de los que en ningun siglo tienen traza de ser muy hombres.

7. Hácennos mas fuerza las Constituciones 14, 42, 53, 72 y 79 de Gregorio XIII, en que recomienda con los mayores encarecimientos el estudio de estas dos lenguas, para el qual y para el de otras fundó á sus expensas veinte y tres Colegios ó Seminarios en diferentes partes de la Christiandad. Hácenos mas fuerza la Constitucion 65 de Paulo V, en la qual se manda, que «en todos los estudios de los Regulares, sean del Orden ó Instituto que fueren, se enseñen las lenguas hebréa, griega y latina, y en los estudios mas célebres haya tambien Maestros de la arábiga: in cuiuslibet Ordinis et Instituti Regularium studiis sint linguarum hebraicæ, græcæ et latinæ, in maioribus vero ac celebrioribus etiam arabicæ Doctores.» Hácenos mas fuerza el exemplo del gran Pontífice Clemente XI, peritíssimo en la lengua griega y no ménos zeloso de que los Jóvenes se aplicassen á ella. Y en fin, nos hace mas fuerza la segura noticia que tenemos de que el gran Patriarcha San Ignacio de Loyola, en sus Constituciones aprobadas por la Silla Apostólica, dexó muy encargado á sus Hijos el estudio de estas dos lenguas, y nos inclinamos tambien á que el de la syriaca y caldéa.

8. Si huviéramos tenido quien nos le enseñasse y nosotros nos huviéramos dedicado á él, no nos veriamos en el estrecho en que nos vimos resueltos á dexar la idéa de la obra, por no entender los manuscritos donde haviamos de tomar los materiales. Pero, quando ya no pensaba en esso, (ahora comienzo á hablar en singular,) ves aquí que me depara la suerte ó la desgracia una rara vision. Díceme la Criada, que me quiere hablar un Moro. Hágole entrar, y encuéntrome con un hombre de aspecto venerable, de estatura heróica, con barba prolongada y rubia, ojos modestos pero vivos, color blanco, y vestido enteramente á la turca; sotana talar y abotonada, de lanilla fina color morado, aforrada en tafetan carmesí; una gran banda de seda por ceñidor, que le daba muchas vueltas; chinelas aforradas en tela amusca, y borceguíes á media pierna, adonde salian á recivir unos anchurosos y prolixos calzones de marinero, que le baxaban hasta ella; una especie de capa ó de manto corto, que no passaba de la cintura, de la misma tela que la sotana, solo que estaba aforrado en martas cibelinas y le trahia terciado al brazo izquierdo airosamente; su turbante de tres altos y como de á media vara, con las tres divisiones regulares, blanca, encarnada y amusca, del que pendia por todas partes multitud de hermosas bandas, ya de gaza, ya de muselina, y algunas tambien de seda.

9. Díxome en buen cortado Castellano, que era un co-Epíscopo armenio, que venia á pedir limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, que vivian entre los Schismáticos, sugetos todos al Turco, para ayuda de pagar los excessivos tributos que les exigia el Gran Señor por permitirles el exercicio libre de la Religion Cathólica en los estados de la Sublime Puerta. Añadió que aquel era el quarto viage que havia hecho á España con tan charitativo intento, y que en las dilatadas mansiones que havia hecho en ella, recorriendo todos sus Reinos y Provincias, havia aprendido la lengua con toda perfeccion, especialmente que el Señor le havia dotado de conocido don de lenguas, pues, sobre haverse instruído bastantemente en todas las européas, posseía perfectamente todas las orientales, que en cierta manera podia llamar sus lenguas nativas. Concluyó exhibiéndome una multitud de cartas de recomendacion de Príncipes y Potentados, con otra igual ó mayor cantidad de despachos y licencias exhortatorias de Señores Obispos, para que pidiesse y se le diesse limosna en el distrito de sus respectivas jurisdicciones, y por fin me suplicó que, como Párrocho, no solamente las diesse el uso en mi Parrochia, sino que le hiciesse el gusto de acompañarle en la demanda, para excitar mas la charidad de los fieles.

10. Yo que me ví con un personage al parecer tan recomendable y que para mayor autoridad trahia consigo dos Turquitos como de catorce á quince años, de aspecto muy agraciado, que decia ser Pagecitos suyos, y como por otra parte le oí, que era tan versado en las lenguas orientales en que estaban los manuscritos cuyo contenido deseaba saber con tanta ansia, y mas hablando la castellana con tanta propriedad como desembarazo, no puedo ponderar el gozo interior que me causó esta aventura, pareciéndome que no debia tenerla por acaso, sino por alta providencia del Cielo, que por este camino queria abrirle á la execucion de mis zelosos intentos.

11. En fin, por ahorrar razones, yo le hospedé en mi casa, le agasagé, le cortegé y le regalé en ella por muchos dias, todo quanto mi pobreza pudo dar de sí. Declaréle el pensamiento que havia tenido y el motivo por que le havia abandonado, no entendiendo los manuscritos que estaban esparcidos en varios lugares del contorno, aunque la mayor parte se guardaban juntos y con buena custodia en el célebre Archivo de Cotanes, Pueblo que solo distaba una legua larga de esta Villa. El Señor co-Epíscopo se sonrió gravemente y me dixo con mucho agrado que no me diesse pena, que él me sacaria de aquel embarazo, y que, pues no podia agradecer de otra manera mi charitativo hospedage, celebraba la ocasion de manifestar su agradecimiento en cosa tan de mi gusto, como seria darme traducidos en Castellano todos los manuscritos que le pusiesse delante, aunque fuesse menester detenerse en mi casa algunas semanas y aún meses; porque las virtudes no se oponen, y era tambien especie de limosna para los Cathólicos del Monte-Líbano, el reconocimiento á sus insignes bienhechores.

12. Besé la mano á su Señoría por tanto favor. Al punto hize venir todos los manuscritos que pude recoger, especialmente los dos grandes legajos del Archivo de Cotanes, cuyo Archivero mayor (íntimo amigo mio) me los franqueó prontamente en virtud de Real Albalá y Privilegio, que tenemos los de esta Villa para esso, dándomelos con testimonio y con recibo, como se previene en la misma facultad. Mi co-Epíscopo tomó con el mayor calor la traduccion. En ménos de mes y medio me los presentó todos traducidos y numerados, para que se supiesse adonde correspondian unos y otros; y para mayor autoridad y abundamiento puso su sello y echó su firma en cada uno de los documentos traducidos, como se ve en ellos por estas palabras:

«Concuerda. Isaac-Ibrahim Abusemblat co-Epíscopo del Gran Cairo.»

13. Despidióse de mí, dexándome este inestimable thesoro, que por tal le tenia yo; y, pareciéndome que havia hecho poco por él, respecto de lo que él havia hecho por mí, le regalé á la partida lo mas y mejor que pude. Sin perder tiempo puse mano á la obra, con qué desvelos, con qué afanes y con qué fatiga, Dios lo sabe; porque las especies estaban todas esparcidas por aquí y por allí, sin órden, connexion ni méthodo. Mi suma atencion fué no desviarme un punto de las memorias en órden á las noticias; porque, quien no se havia de fiar de las que estaban firmadas y selladas por un hombre que se llamaba Isaac-Ibrahim Abusemblat, era co-Epíscopo del Gran Cairo y, ménos el hacer milagros, parecia un Santo?

14. Ahora entra la funestíssima catástrophe. Quando, despues de dos años de trabajo, de vigilias y de un ímprobo sudor, tenia ya formadas las dos primeras partes de mi Historia en la conformidad que van escritas, y puntualíssimamente quando estaba trasladando con la mayor fidelidad los singulares é ingeniosos apuntamientos de Fray Gerundio para su Semana Santa, passó por este Pueblo un Inglés de autoridad, que se dirigia á Portugal con no sé qué comission. Trahia cartas de recomendacion de algunos amigos mios para que yo le hospedasse, y lo hize con especial gusto, porque, aún sin ellas, le tengo grande en cortejar á todo hombre de bien que transite por esta Villa. Díxome que havia sido muchos años Cathedrático de lenguas Orientales de la Universidad de Oxford, y que actualmente se hallaba en la Corte de Londres sirviendo el empléo de Intérprete y Secretario de ellas. Creíle sin dificultad, porque, salvo la Religion protestante que professaba, en lo demas parecia hombre de honor, de bondad, de penetracion, de gran juício y de honradíssimos y muy cavallerosos respetos, sobresaliendo singularmente en él una vasta y comprehensiva erudicion en casi todas las facultades.

15. Díle brevemente razon de la obra que estaba trabajando, de los materiales ó documentos que havia tenido presentes para disponerla, del embarazo en que me hallé para su inteligencia, de la aventura que me deparó mi dicha en el co-Epíscopo Armenio para salir de este embarazo, de la bondad con que me los traduxo en castellano aquel santo Prelado, y finalmente le dixe, que havia de merecerle la honra de que descansasse algunos dias en mi casa, y que en ellos, por via de entretenimiento, aunque molesto, se sirviesse tomar el trabajo de leer los cartapacios que tenia dispuestos de mi Historia, y cotejarlos con los instrumentos y manuscritos á que se remitian; porque, aunque yo tenia toda la seguridad possible de su legalidad, en estas materias nunca sobraban los motivos para afianzarla.

16. Todo lo aceptó el Cavallero inglés con atentíssima urbanidad, diciéndome que la detencion en mi casa por algunos dias le era precisa, pues, informado de mi buen corazon, havia dado órden para que le enviassen á esta Villa ciertos despachos de la Corte que esperaba por la via de Madrid, sin los quales no podia passar adelante, y que, por lo que tocaba á mi obra, la leeria con especialíssimo gusto, porque á su parecer no podia ménos de tenerle yo muy delicado.

17. Con efecto, en los seis dias que tuve la honra de lograrle por mi huésped, se entregó tan ansiosamente á la lectura de la Historia, que apénas acertaba á dexarla de las manos ni aún para comer; y, aunque protestó que no me havia de hablar palabra de ella hasta que, cotejada con los manuscritos, pudiesse hacer juício cabal de el todo, se le conocia bien en todas sus acciones, gestos y movimientos, que la obra le havia quadrado extrañamente. En fin, la mañana del dia último que estuvo en mi casa, (era por cierto mártes, que mártes havia de ser un dia tan aziago para mí,) despues de havernos desayunado juntos, me dixo que era preciso cerrarnos, y, haviéndole hecho, me restituyó el manuscrito de mi Historia, con todos los demas instrumentos y papeles que havia recorrido, en la misma conformidad y con el mismo órden con que yo se los havia entregado; y, mirándome entre risueño y compassivo, me hizo un razonamiento en esta substancia:

18. «Señor Cura, tengo que dar á vuestra Merced mil enhorabuenas y mil pésames: aquellos, porque ha escrito vuestra Merced una obra, que en su linea dudo que tenga consonante: yo á lo ménos no se le hallo en todo lo que he leído, y no ha sido poco; estos, porque, creyendo vuestra Merced de buena fé, que ha trabajado una historia exacta, verdadera, puntual y fiel, (calidades que, quanto es de su parte de vuestra Merced, verdaderamente la assisten,) ha gastado el calor intelectual en disponer la relacion mas falsa, mas embustera, mas fingida y mas infiel que podia caber en humana phantasía. Si, como vuestra Merced la llama Historia, la llamara Novela, en mi dictámen no se havia escrito cosa mejor ni de mas gracia ni de mayor utilidad. Tan provechosa sería para muchos de nuestros Predicadores de la Iglesia Anglicana, como para muchos Predicadores de la Iglesia Romana; pero, haviéndola vuestra Merced intitulado Historia, no me permite mi sinceridad engañarle, ni lo merecen las honras con que me ha favorecido y la noble confianza con que se ha fiado de mí. Nada tiene de Historia, porque toda ella es una pura ficcion. Sossiéguese vuestra Merced, y no se assuste hasta haverme oído.»

19. «El llamado co-Epíscopo Armenio, que á vuestra Merced le dió traducidos estos papeles, tanto tenia de Armenio como de Húngaro, tanto de co-Epíscopo como de Monja, y tanto entendia las lenguas Orientales como vuestra Merced la Iroquesa, la China y la Japona. Dexo á un lado que ha muchos siglos, que assí en la Iglesia Latina como en la Griega se suprimió la dignidad de los co-Epíscopos; dexo á un lado que el Gran Cayro dista tanto de la Armenia como la Circassia de España; y, en fin, dexo á un lado que ni los Cathólicos ni los Schismáticos Armenios están hoy sugetos al Gran Señor, desde que los Mogoles ó Sophys de Persia conquistaron la Armenia y la Georgia, sin que en aquella conserve el Turco mas que dos plazas de poca importancia ó, por mejor decir, dos fortalezas, que son la de Alcalziké y la de Cotatis, teniendo en la primera un Baxá de una cola ó de inferior órden, y en la segunda un simple Governador ó Comandante. Todas estas son fuertes señales de que el supuesto co-Epíscopo debia de ser un picaron, un tunanton, un vagamundo de los que de quando en quando suelen aparecerse en varias partes de la Europa, y con sus hypócritas artificios engañan tal vez á personages, que tenian motivo para no dexarse sorprender con tanta facilidad.»

20. «Lo que no admite género de duda es, que él engañó á vuestra Merced, pero graciosíssimamente, en todo ó en casi todo lo que dixo que contenian essos legajos de papeles, y que el haverlos legalizado con su sello y con su firma fué una de las mas preciosas invenciones ó bufonadas, que pudo discurrir para burlarse de la sinceridad de vuestra Merced.»

21. «A la verdad se habla en varias partes de ellos de un Predicador extravagante y ridículo, de cuyos sermones se entresacan varios trozos y passages. Pero ni se nombra al Predicador, ni hay tal Fray Gerundio en todos los manuscritos, ni se dice si el Predicador anónymo fué Español ó Francés, Campesino, Andaluz ó Guipuzcoano, y consiguientemente todo quanto se refiere de Campazas, de su familia y del Licenciado Quixano, es una pura patraña. El sermon de Animas, que en el capítulo 4º. del libro 1º. se supone que se predicó en Cabrerizo, un manuscrito dice que es cierto se predicó, pero no expressa donde. Assimismo se da por cierto todo quanto se refiere en el capítulo 5º. del mismo libro como sucedido con un Maestro de Escuela; pero no encuentro rastro de que fuesse coxo ni dexasse de serlo, ni mucho ménos de que huviesse sido Maestro de Escuela en Villa-Ornate, pues solo se habla en general de un Maestro de Niños. Pero el bellacon del Señor co-Epíscopo, haviendo fingido que su Gerundio era de Campazas, púsole voluntariamente á la Escuela de Villa-Ornate, porque quizás será un lugar poco distante del otro.»

22. «Con igual libertad finge todo quanto atribuye al Dómine Zancas-largas, sacando de su phantasía un Preceptor imaginario, que no ha existido in rerum natura. No se puede negar, que muchas de las sandezes que se ponen en su boca, se encuentran repartidas entre innumerables pedantes, que se meten á Maestros de Gramática, Preceptores ó no Preceptores; pero no es verosímil, que todas ellas se encuentren solas en uno solo, porque no necessitaria de mas prueba para que le tuviessen por orate.»

23. «La ficcion mas perjudicial de todas en la Religion Cathólica que vuestra Merced professa, (que en la nuestra no tendria inconveniente,) es aquella con que el bribon del tunante hace á su Gerundio del estado religioso. No hay ni el mas leve rasgo de esso en todo lo que he registrado, porque al Predicador de que se trata no se le señala estado ni profession: por esso, todo quanto se dice de su vocacion, noviciado, estudios, empléos, etc., se lo regaló de su bella gracia el Ilustríssimo Señor Isaac-Ibrahim Abusemblat, co-Epíscopo del Gran Cayro.»

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