LIBRO QUARTO.
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CAPITULO PRIMERO.
Donde se pondrá lo que irá saliendo y verá el curioso Letor.
1. Pues, como íbamos diciendo de nuestro cuento, yendo dias y viniendo dias, el bendito entre todos los benditos, el bueno de nuestro Fray Gerundio quedó tan satisfecho de su trabajo, con la arenga panegýrica y apologética á favor de su Plática de Disciplinantes que le hizo el susodicho Theologuillo, con los aplausos de la escuela moza y con la gritería de la griega,[1] que por poco no tuvo al Maestro Prudencio por hombre que havia perdido el seso. Pero á lo ménos, pareciéndole que le hacia mucha merced, hizo juicio firme y valedero de que ya estaba algo chocho, y propuso en su corazon no hacer caso de nada que le dixiesse. Y aún se adelanta un Autor á sospechar que hizo propósito oculto de huir el cuerpo al viejo todo quanto le fuesse possible, bien que esto no lo assegura como noticia cierta, y solamente la da por congetura, fundada en unos apuntamientos de letra muy gastada que se hallaron en el hondon de un coxin. Y el Diablo, que no dormia, para remachar el clavo de su sandez, dispuso que algunos dias despues reciviesse una carta de su íntimo Amigo Fray Blas, escrita desde Jacarilla, la qual decia assí:
2. «Amigo Fray Gerundio: Doyte mil abrazos con el corazon, ya que no puedo con la boca: en toda esta tierra no se habla mas que de tu famosa Plática de Disciplinantes. Fray Roque el Refitolero me escribe maravillas, y el Sacristan de Gordoncillo, que te oyó (y ha venido aquí á concertar un esquilon), comienza y no acaba. Ambos tienen voto, ó yo soy un porro. Mosen Guillen, que es el Señor Cura de este lugar y tiene en la uña al Theatro de los Dioses, deséa un traslado de ella, y dice que le ha de hacer imprimir, aunque sea necessario vender el macho falso, que compró en la feria del Botigero. Embíamele por el portador, que es el Barbero de este pueblo, persona segura y de toda mi estimacion. A él me remito sobre mi sermon de Santa Orosia, pues no parece bien que yo me alabe; y sábete que tiene tan buena tixera para cortar un sermon como para igualar un cerquillo: solo te digo que, ademas de la limosna del Mayordomo, que no es maleja, me he valido ya dos borregos y dozena y media de chorizos, que de todo se sirve. Dios te guarde muchos años. Tu amigo hasta la muerte á pesar de cazcarrientos,
F. Blasius.»
3. Quando Fray Gerundio se halló con que le pedian su Plática allá de luengas tierras (pues para su geographía ocho leguas de distancia era la mitad del mundo); quando consideró, que se la pedian no ménos que para imprimirla, y se vió en vísperas de ser Autor de la noche á la mañana, y esto sobre ser hombre en cuyo elogio y aplauso in continenti se escrivian y se divulgaban sonetos, se tuvo en su corazon por el mayor Predicador que havian conocido los siglos; y no solo se confirmó en la estraphalaria idéa de predicar, que ya se havia formado, sino que con el tiempo fué salpicando todas las mas ridículas y mas extravagantes, como se verá en el discurso de esta puntual Historia.
4. Pero ves aquí que en el mismo zaguan de la segunda parte de ella, parece hemos dado un trompicon, que á buen librar harto será que escapemos sanas las narizes. Es possible, (dirá un Lector, que las tenga de podenco,) es possible que, haviendo oído la famosa Plática Anton Zotes y Catanla Rebollo, su muger; haviendo sido testigos de los aplausos y de los vítores, con que fué celebrada; haviendo visto por sus mismos ojos el prodigioso fruto que hizo, en la valentía con que arrojaron las capas los Penitentes de sangre, y en el denuedo con que manejaron unos el ramal, y otros la pelotilla; que, haviendo recivido ellos tantos plácemes, tantos parabienes, tantas bendiciones, así en la Iglesia como fuera de ella: es possible, (vuelvo á decir tercera vez,) que no tuvieron siquiera una enhorabuena que llegar á la boca para dársela á su hijo? Se hace verisímil que, ya que no fuesse aquella noche, por ser ya tarde y por dexarle descansar, á lo ménos la mañana siguiente muy de madrugada no fuessen á la Iglesia del Convento ó á la portería, y que allí Anton Zotes no diesse cien abrazos á su hijo, y la Tia Catanla no añadiesse de mas á mas otros tantos besos, aforrados en lágrimas y mocos, todos de puríssima ternura? Se hace creíble tanta sequedad y tanto despego? Y, si esto no fué assí, sino que con efecto los buenos de los padres de Fray Gerundio hicieron con su hijo todas estas demonstraciones de cariño, dándole las debidas señas de su complacencia y de su gozo, con qué conciencia passa en silencio el Historiador una circunstancia tan substancial, que tanto puede servir para el aliento, y aún para la edificacion?
5. A esto pudieramos responder muchas cosas, pero las dexamos todas por no ser prolixos.
6. Y confessando de buena fé, que todo passó assí ni mas ni ménos, añadimos en conseqüencia de la verdad y de la fidelidad que professamos, que no solamente huvo dichos mocos, lágrimas, besos y abrazos, sino que Anton Zotes, en presencia del Prelado y de otros Padres graves, que havian baxado á cortejarle á él y á su muger, dixo á Fray Gerundio: «Ya te envié á escrivir, como m’avian echado la Mayordomía del Sacramento; pero entónces no te umbié á decir que me perdicasses tú el sermon, porque, como no t’avia uído perdicar, no queria ponerme á que quedássemos envergonzados: ahora que te he uído, dígote que me l’as de perdicar, con la bendicion de su Reverencia nuestro Reverendíssimo Padre.» No pudo negarse el Prelado á concederla, aunque del escapulario adentro no le dió mucho gusto, porque como á hombre serio y de razon le havia dessazonado la Plática. Pero, qué havia de hazer en aquella coyuntura, y con unos Hermanos tan devotos de la Orden, que hacian al Convento toda la limosna que podian? Al fin sacáronlos unas tortillas, chanfaina, queso y aceitunas. Almorzaron muy bien, sirviéndolos el almuerzo de comida, y se volvieron á Campazas, no viendo la tierra que pisaban ni las horas de Dios por llegar á el lugar, para contar á el Licenciado Quixano y á toda la parentela lo que havian visto por sus ojos, oído con sus oídos y palpado con sus manos.
7. Dexemos ir en buen hora á los dos dichosíssimos consortes en buena paz y compaña, miéntras nosotros nos volvemos á nuestro Fray Gerundio, que, desde el mismo punto y momento en que le echó su Padre el sermon del Sacramento, no pensaba de dia, ni de noche soñaba en otra cosa que en el modo como havia de desempeñarle. Hacíase cargo de todas las circunstancias, que le ponian en el mayor empeño: primer sermon que predicaba en público, (porque la Plática de Disciplinantes no la calificaba de sermon); predicarle en su lugar, y en la misma Parroquia donde le havian bautizado (porque no havia otra); ser Mayordomo su Padre; decir la missa, como lo daba por supuesto, el Licenciado Quixano, su Padrino; los danzantes de la procession, el Auto sacramental que siempre se representaba, los novillos que se corrian, las dos ó tres dozenas de cohetes que se arrojaban, y la hoguera que se encendia la víspera de la fiesta: todo esto se le ofrecia continuamente á la imaginacion como punto céntrico y principal de su empeño, pareciéndole no solo que era indispensable el hacerse cargo de todo ello, sino que en esto solo estrivaba toda la dificultad, pues, por lo que tocaba al assunto del Sacramento, en qualquiera Sermonario encontraria campo abundante donde forragear.
8. Es cierto, que no se le havian olvidado las juiciosas reflexiones que havia oído al Maestro Fray Prudencio, contra la ridícula y extravagante costumbre de tocar en los sermones estas que se llaman circunstancias; tambien es cierto, que tenia muy presente la salutacion del sermon de la Purificacion en dia de San Blas, que el mismo Maestro Prudencio havia leído al Predicador mayor y á él, en que con gravedad, y no sin gracia, se hace ridícula esta costumbre, convenciéndola de tal con razones que no admiten réplica; pero tambien es igualmente cierto, que se le imprimió altamente la salida de su amigote el Predicador Fray Blas, la qual se reduxo á aquel apophtegma, que puede hacerse lugar entre los principios de Machiabelo: Sentire cum paucis, vivere cum multis: sentir con los pocos y obrar con los muchos; y aún por su desgracia havia leído en aquellos dias, no se sabe donde, el dicho que comunmente se atribuye á nuestro insigne Poeta Lope de Vega, y harto será que no sea un falso testimonio, porque no cabe que un hombre de tanto juicio y de tanta discrecion dixiesse una truanada tan insulsa; pero al fin ello se cuenta que, reconociendo él mismo los defectos de sus comedias, los excusa diciendo que los conoce y los confiessa; mas que con todo esso las compone assí, porque las buenas se silvan, y las malas se celebran. Esto le hacia mas fuerza que todo á Fray Gerundio, y resolvió por última determinacion no omitir circunstancia alguna de las insinuadas, aunque lloviessen Fray Prudencios.
9. Solo dudó por algun tiempo si, para hacerse cargo de ellos, acudiria por socorro á las fábulas, ó apelaria á algunos textos y passages de la sagrada Escritura, porque de todo havia visto en los mas famosos Predicadores. Algo mas se inclinaba á lo primero, por llevarle hacia allí su genio, ayudado del exemplo de Fray Blas y de la continua lectura del Florilegio; pero, como estaba tan reciente la fuerte repassata que le havia dado el Padre Maestro, contra el uso ó contra el abuso de la fábula en la séria magestad del púlpito, no pudiendo sobre todo borrar de la memoria aquella que le havia oído de que esto era especie de sacrilegio, expression que le havia estremecido, porque al fin no dexaba de ser hombre timorato á su modo; por esta vez, y sin perjuicio hasta que examinasse bien el punto, se determinó á buscar en la sagrada Escritura acomodo honrado para todas las susodichas circunstancias.
10. Hallóle fácilmente donde le encuentran todos, que es en las Concordancias de la Biblia, sin mas trabajo que ir á buscar por el Abecedario la palabra latina que corresponde á la castellana, para la qual se deséa algun texto, y aplicar qualquiera de los muchos que hay en la Escritura, casi para cada una de quantas voces se pueden ofrecer. En ménos de una hora dispuso los apuntamientos siguientes:
11.[2] «Primera circunstancia: Primer sermon que predico: viene clavado aquello de primum quidem sermonem feci, o Theophile. — Segunda: Predícole en mi lugar, que se llama Campazas: para esta viene como nacido aquel texto: Descendit Jesus in locum campestrem. — Tercera: Predico en la Parroquia donde me bautizaron, y se llamaba Juan el que me bautizó: qué cosa mas propia que aquello de Joannes quidem baptizavit in aqua, ego autem in aqua et Spiritu Sancto? — Quarta: Es Mayordomo mi padre: In Domo Patris mei mansiones multæ sunt. Tambien mi padre es labrador: Pater meus agricola est. Llámase Anton Zotes; y el Arca del Testamento, figura del Sacramento, anduvo por el país de los Azotes ó de los Azotios: abiit in Azotum. — Quinta: Echóme el sermon mi Padre, el qual está vivo y sano. Et misit me vivens Pater. Cantará la missa mi Padrino...»
12. Aquí se halló un poco atascado, porque, haviendo revuelto quantas Concordancias se hallaban en su celda, conviene á saber las antiquíssimas de Hugo Cardenal, las de Alberstad, las de Harlodo, las de Roberto Estévan y, por última apelacion, las de Zamora, no encontró la palabra Padrino en todas ellas; y, ya desesperado, estaba resuelto á acudir al Theatrum vitæ humanæ ó á qualquiera Polyanthéa por algun Padrino de socorro, y aún en caso necessario á valerse del Tu es patronus, tu parens de Terencio en el Heauton-timorumenos, quando su dicha le deparó el texto mas oportuno del mundo: tropezó pues con aquello que se lee en el verso 14 del capítulo 16 de la Epístola de San Pablo á los Romanos: salutate Patrobam; y, passando luego á leer el capítulo, encontró en él un thesoro, porque casi todo el referido capítulo se reduce á las memorias, (hablando á nuestro modo,) que el Apóstol encargaba se diessen de su parte á todos los Christianos que se hallaban en Roma, y eran de su especial cariño ó por su mayor favor, ó por algun beneficio particular que havian hecho á la Iglesia, ó porque se havian esmerado mas en favorecer y en amar al mismo Apóstol: á todos los va nombrando por sus nombres, y en el versículo 14 nombra entre otros á Patroba.
13. «Teneo te, terra! dixo entónces Fray Gerundio, mas alegre que si huviera hallado una mina: de Patroba á Padrino no va un canto de un real de á ocho de diferencia, y con decir que el Padrino antiguamente se llamaba Patroba y que, corrumpido el vocablo, se llamó despues Padrino, está todo ajustado. Si alguno me replicare, (que él se guardará bien de esso,) le responderé, que con mayores corrupciones que esta nos tienen apestados los Etymologistas, y trampa adelante. Pues ahí, es decir que no dará golpe el salutate Patrobam, haciendo reflexion sobre el salutate, diciendo que hasta el Apóstol se acordaba del Padrino en la salutacion!»
14. Bien quisiera él encontrar tambien algun textecillo oportuno, para encaxar el apellido Quixano, no dexando de conocer que esse seria el non plus ultra del chiste y del ingenio, porque el texto de Padrino en general se podia aplicar á qualquiera Pastor que sacasse de pila á un hijo de Juan Borrego; pero túvolo por caso desesperado: no obstante, despues de haver andado batallando largo tiempo en su imaginacion, sin ofrecérsele cosa que le quadrasse, le ocurrió el pensamiento mas disparatado que se podia ofrecer á hombre mortal.
15. «Quixano, se decia él á sí mismo, sale de quixada; esto no admite duda: pues ahora, de las quixadas se dicen cosas grandiosas en la Sagrada Escritura, porque, dexando á un lado si Cain mató ó no mató á su hermano Abel con la quixada de un burro, que esta circunstancia no consta, á lo ménos de la Vulgata, y, aunque constara, no podria yo ajustarla bien para mi cuento; pero consta ciertamente, que Sanson con la quixada de un asno quitó la vida á mil Philistéos; consta que, haviendo quedado muy fatigado de la matanza y estando pereciendo de sed, sin haver en todo aquel campo ni contorno una gota de agua, con que poder aliviarla, hizo oracion á Dios, para que le socorriesse en aquella extrema necessidad; y del diente molar de la misma quixada brotó un copioso chorro de agua cristalina, con que apagó la sed y se refociló Sanson. Consta, finalmente, que en memoria de este prodigio se llamó el lugar donde sucedió, y se llama el dia de hoy la fuente del que invoca desde la quixada: Ideirco appellatum est nomen illius loci fons invocantis de maxilla, usque in præsentem diem.»
16.[3] «Qué cosa mas divina para mi assunto! Aquí tenemos una mysteriosa quixada, que con agua celestial y milagrosa da nuevo espíritu á Sanson y le restituye la vida, á lo ménos se la conserva. El agua es sýmbolo del agua del bautismo, cuya virtud es milagrosa y celestial; y la quixada que la suministró, sombra muy propria del Padrino que la administra, cuyo apellido de Quixano está haciendo clara alusion á aquel mysterioso orígen. Que la quixada fuesse de un burro ó fuesse de un racional, esse es chico pleito para la substancia del intento, y mas quando á cada passo leemos en la sagrada Escritura, que los brutos y las fieras symbolizan á los mayores hombres.»
17. Ajustada tan felizmente esta circunstancia, por todas las demas se le daba un pito; pues para los danzantes tenia la danza de David delante del arca del Testamento, que sale en todas las danzas del Córpus, y, si no queria echar mano de esta por demasiadamente vulgar, tenia la danza de los de las melenas largas, como él lo construía, de la qual hace mencion el Propheta Isaïas, quando dice: Et pilosi saltabunt ibi; y mas que se acordaba muy bien de que los danzantes de su lugar siempre llevaban tendidas las melenas, cosa que los agraciaba infinitamente, y lo de pilosi saltabunt venia para ellos á pedir de boca.
18. Para el Auto sacramental le pareció, que podia acomodar todos los textos que hablaban de alguna figura del Sacramento; porque figura y representacion, discurria él, todo es una misma cosa; con que, si tenemos representacion y Sacramento, qué nos falta ya para Auto sacramental? — Donde iba muy holgado y, á su parecer, literal, era en la circunstancia de los novillos; porque, aunque fuessen menester cien textos diferentes para cien corridas, estaba pronto á sacarlos de la Escritura, aplicando todos los que hablan de vítulos; y si, como eran novillos, fueran toros, por lo ménos para mas de treinta corridas ya tenia provision de textos. Los cohetes y las carretillas que se disparaban, los encontraba él vivíssimamente figurados en aquellos quatro mysteriosos animales que tiraban la carroza de Ezequiel, los quales iban y volvian por el ayre, in similitudinem fulguris coruscantis, como unos rayos, como unos relámpagos y como unas exhalaciones. La hoguera no le daba maldito el cuidado, puesto que tenia en la Escritura mas de cien hogueras á que calentarse, sin mas trabajo que arrimarse á qualquiera de las que se encendian para consumir los holocaustos; y, si se le ponia en la cabeza hacer tambien circunstancia de los muchachos que saltaban por la hoguera sin quemarse, qué cosa mas propria ni mas natural que los tres muchachos del horno de Babilonia?
19. Assí acomodó en sus apuntamientos á todas las circunstancias, que le parecieron precisas y absolutamente indispensables; pero faltábale una, que, aunque no todos los Predicadores se hacian cargo de ella, á él no le sufria el corazon dexar de tocarla. Esta era hacer alguna commemoracion de su querida madre; porque hacerla de su padre y de su padrino, y no hacerla de la madre, que le parió y que le havia tenido nueve meses en sus entrañas, se le representaba una dureza insoportable y que no se componia bien con el tierno amor que le professaba. Ya se ve que, para hablar en general de madre, de hijo, de parir y de vientre, tenia los textos á millares; pero él no se contentaba con esta generalidad, y quisiera un textecillo terminante y peladito, que hablasse de su madre Catanla Rebollo, con sus pelos y señales.
20. Anduvo, tornó, bolvió y rebolvió por mucho tiempo assí las concordancias como los sesos, sin poder hallar cosa que le aquietasse, hasta que al fin se le vino á la memoria el ingenioso medio de que se valió cierto Predicador para salir de semejante aprieto. Llamábase María Rebenga la Mayordoma de cierta cofradía de mugeres, en cuya fiesta predicaba, y, no pudiendo encontrar en la Escritura texto que hablasse expressamente de Rebenga, qué hizo? Dixo, que la esposa havia combidado á el esposo para su huerto con estas palabras: Veniat dilectus meus in hortum, venga mi amado á espaciarse por el huerto; y, como se diesse por desentendido al primer combite, le bolvió á instar con las mismas voces: Veniat dilectus meus in hortum, venga á espaciarse por el huerto mi querido. Ahora noten: dos veces le dice que venga, veniat veniat, como quien dice: venga y revenga. Con cuyo arbitrio salió el discreto Predicador del empeño con el mayor lucimiento, y mas quando añadió que, á la primera instancia, en que la esposa no le dixo mas que venga, hizo como que no queria; pero, quando en la segunda oyó la palabra revenga, veniat veniat, no pudo ménos de rendirse.
21. A este modo le pareció á Fray Gerundio que tambien él podria desempeñarse, haciendo reflexion á que el apellido Rebollo parece que suena dos veces bollo, y tuvo por impossible que no se hallasse algo de bollo en la Biblia, en cuyo caso él se ingeniaria para la aplicacion; pero se quedó yerto, quando en toda ella no encontró siquiera un bollo que llegar á la boca, y, pareciéndole que á lo ménos alguna cosa de Repollo no podia faltar en alguno de tantos huertos, de que se hace mencion en los sagrados libros, ni aún esto pudo encontrar; y, aburrido ya, abandonó del todo el pensamiento de nombrar á su madre expressamente por el apellido, pero apuntó el texto de Beatus venter qui te portavit, et ubera quæ suxisti, para aplicarle quando se ofreciesse buena occasion.
22. Dispuesto assí el plan de la salutacion, por el cuerpo del sermon se le daba un comino, pues en haciendo á Christo en el Sacramento, ó Sol, ó Phénix, ó Aguila, ó Jardin, ó Ametysto, ó Pyropo, ó Cíthara, ó Clavicordio, ó Fuente, ó Canal, ó Rio, ó Azucena, ó Clavel, ó Gyrasol, y despues cargar bien de broza y de fagina, textos, autoridades, glosas, varias lecciones, versos latinos, sentencias, apophtegmas, alusiones, tal qual fabulilla apuntada, aunque no sea mas que para mayor adorno, estaba seguro de componer un sermon que se pudiesse dar á la imprenta.
23. En lo que estuvo un poco indeciso, fué en si seguiria ó no seguiria el mismo estilo que havia usado, assí en el sermon del Refectorio como en el de la Plática de Disciplinantes. Es cierto, que él estaba perdidamente enamorado de él, porque, sobre adaptarse mucho á su primera educacion, especialmente en la escuela del Dómine Zancas-Largas, todas aquellas voces rumbosas, altisonantes y estrambóticas, le hallaba canonizado en la práctica de su héroe el Predicador Fray Blas, y veía que en todo caso mucho le celebraba la turba multa: no obstante, no dexaba de hacerle grandes cosquillas la burla, que assí el Padre Provincial como el Maestro Prudencio havian hecho de el tal estilo; pero, sobre todo, lo que le hizo titubear mas, fué un papel que por rara casualidad llegó á sus manos, como lo dirá el Capítulo siguiente.
CAPITULO II.
Lee Fray Gerundio un Papel acerca del estilo, y queda aturrullado.
1. Havia muerto por aquellos dias en el Convento un Padre Predicador jubilado, hombre de mucha suposicion en la órden, que havia seguido la carrera del púlpito con el mayor aplauso y, lo que es mas, muy merecido, porque, sobre ser un grande Religioso, era verdaderamente sabio, eloquente, nervioso, de juicio muy assentado, de buen gusto y de acreditado zelo. Su espolio, (assí se suelen llamar en las Religiones aquellas alajuelas que dexan los Religiosos difuntos,) su espolio casi todo él se reducia á sus sermones manuscritos y á algunos otros papeles y apuntamientos, concernientes por la mayor parte á la misma facultad; y, aunque en la Comunidad huvo muchos gulosos de ellos, especialmente de la gente moza, que suele hacer su veranillo en semejantes ocasiones, pero el Prelado con mucho acuerdo y prudencia se los aplicó á Fray Gerundio: lo primero, porque parecia mas acreedor que otro alguno, hallándose al principio de la carrera; y lo segundo y principal, (que esta fué en realidad la máxima del prudentíssimo Prelado,) para que, leyendo aquellos sermones y tomándoles el gusto, procurasse imitarlos y, si no podia ó no queria, á lo ménos los predicasse á la letra, lográndose en qualquiera de estos arbitrios que aprovechasse sus talentos y no dixiesse en el púlpito tantos disparates.
2. Puntualmente se hallaba nuestro Fray Gerundio batallando con sus dudas sobre el estilo, que havia de seguir en el sermon, quando entró en su celda el Prelado con los papeles y sermones del difunto, entregóselos con cariño, recomendóle mucho su lectura y su imitacion, y luego se retiró, porque le llamaban otras dependencias. Fray Gerundio, con su natural viveza y curiosidad, no pudo contenerse sin registrar luego los títulos de aquellos papeles y sermones, que venian todos repartidos en tres legajos. Desató el uno, y lo primero que encontró fué un cartapacio de pocas hojas con este epígrafe: Apuntamientos sobre los vicios del estilo. Pasmóse de aquella extraordinaria casualidad, comenzó á leer, y halló que decia assí:
3. «Primer Vicio: Estilo hinchado. Llámase assí por analogía con aquella viciosa disposicion del cuerpo viviente, quando, en lugar de carne y de succo nutricio, está ocupada alguna parte de él de una porcion de pituíta nociva, que causa el tumor ó inflamacion: consiste este estilo, dice Tulio, en inventar nuevas voces, ó en usar de las antiguadas, ó en aplicar mal en una parte las que se aplicarian bien en otra, ó en explicarse con palabras mas graves y magestuosas de lo que pide la materia.»
4. «La hinchazon del estilo unas veces está en solas las palabras, otras en solo el sentido, y otras en todo junto. Exemplos de hinchazon en las palabras: Dionisio el Tyrano llamaba á las Doncellas expectati-viras, las expectantes de Varon; á la Columna Menecratem ó Validi potentem, la forzuda; y Alexarcho, hermano de Casandro Rey de Macedonia, llamaba al Gallo manicinero, el Músico matutino; al Barbero Drachma, porque esta moneda se pagaba por afeitarse; al Pregonero Chœnice, porque con la medida de este nombre se median las cosas que se vendian al Pregon. No cabe mayor ridiculez.»
5. «Exemplos de hinchazon en el sentido. Séneca, en la Tragedia de Hércules Ethéo, le introduce pidiendo el Cielo á su padre Júpiter con estas fastuosíssimas palabras:
Quid tamen nectis moras? Numquid timemur? Numquid impositum sibi Non poterit Atlas ferre cum cœlo Herculem?
Quiere decir: Qué detencion es essa? Qué! me temes? ó, si yo subo á él, tienes rezelo de que Atlante no pueda con el Cielo? — Parece que no es possible pensamiento mas hinchado; pero todavía lo es mas el que se sigue:
Da tuendos, Jupiter, saltem Deos: Illa licebit fulmen a parte auferas, Ego quam tuebor.
No es mas que decirle:
A lo ménos, ó Júpiter, permite Que amparar á los Dioses solicite, Y para los que tomare á mi cuidado Sobran tus rayos, bástales mi lado.
De esto hay infinito en los Poetas y Oradores Castellanos.»
6. «Exemplos de el estilo hinchado en las palabras y en el sentido. El Poeta Nono hace decir á el Gigante Typhon lo que se sigue: No pararé hasta montar á cavallo sobre mi Hermano el Cielo; pero, en llegando allá, tengo de fabricar otro Cielo, ocho veces mas grande que el antiguo, porque en este no quepo yo. Assí mismo he de hacer que se casen las Estrellas, para que sea mas numerosa la poblacion de los Astros. A Mercurio le he de poner en un cepo, y á la Luna la reciviré por moza de cámara, para que haga las camas. Quando me quiera lavar, mandaré que me echen en una palangana todo el Erídano celestial, etc. Cada pensamiento es una locura, y cada expression una arrogancia.»
7. «Segundo Vicio: Estilo cacozelo.» — Algo se sorprehendió F. Gerundio, quando leyó esta expression, que le pareció mal sonante y piarum narium offensiva, pero luego se sossegó con la explicacion que se seguia en esta conformidad.
8. «Llámase estilo cacozelo aquel estilo afectado, que consiste en imitar mal las palabras ó los pensamientos del otro, de manera que las que en una parte están en su lugar y tienen alma, en otra no pueden estar mas dislocadas ni ser mas frias. Exemplos: Pintó Parrasio á un muchacho con un canastillo de uvas, tan vivas estas y tan naturales que engañados los páxaros baxaban á picarlas. Celebróse mucho esta pintura; y el mismo Parrasio, ó por modestia verdadera ó por hacer burla de los que la celebraban, notándolos de poco inteligentes, dixo que la pintura no podia estar peor; porque, aunque las uvas fuessen verdaderas, si el muchacho estuviesse bien pintado, no se arrimarian los páxaros á ellas.»
9. «Leyó un Rhetórico pedante, llamado Espiridion, este hecho y este dicho y, ofreciéndosele celebrar otra pintura del mismo Parrasio, colocada en el templo de Minerva, en la qual se representaba el cuerpo de Prometheo en el monte Cáucaso, continuamente despedazado de un buitre, y continuamente reproducido, para que le estuviesse perpetuamente despedazando; despues de muchas ponderaciones sobre la horrible propriedad de la pintura, dixo por última exageracion, queriendo imitar la de las uvas, que hasta en el mismo templo baxaban los buitres á encarnizarse en el retrato. Riéronse con razon los oyentes de un remedo tan frio como improprio; porque los buitres no son como las golondrinas, los morciélagos y las lechuzas, que saben muy bien lo que passa en los templos; aquellos solo pueden dar noticia de lo que sucede en los montes y en los peñascos.»
10. «Otro exemplo: Dió principio un célebre Orador al sermon de honras de Phelipe IV. con esta emphática expression: Con que, en fin, hasta los Reyes mueren! y paróse un poco, dando lugar á que el auditorio reflexionasse sobre ella. Fué sumamente aplaudida la naturalidad y la elevacion de este mysterioso principio. Pocos dias despues pronunció la oracion fúnebre del Capiscol de cierta Iglesia un Predicadorcillo y, queriendo remedar lo que havia oído aplaudir, comenzó de esta manera: Con que, en fin, hasta los Capiscoles mueren! Fueron tales las carcajadas del auditorio, que el Orador no pudo proseguir mas adelante, y los que comenzaron honras acabaron entremes.»
11. «Tercer Vicio: Estilo frio. Es en parte parecido al cacozelo ó á el remedador, pero se diferencia en que el frio principalmente consiste en pensamientos nuevos, estraños, peregrinos y, cuando se llegan á apurar, insulsos. Tal fué el de Hegesias, insulsíssimo Sophista, en el Panegýrico de Alexandro, quando dixo, que se havia abrasado el celebérrimo templo de Diana en Epheso, al mismo tiempo que Olympias estaba pariendo á aquel Príncipe, porque, ocupada la Diosa en assistir á este parto, no pudo acudir á apagar el fuego de su templo. Pensamiento tan frio, añade Plutarco, que él solo bastaba para apagar el fuego. Huius epiphonematis tantum est frigus, ut id ipsum ad Ephesii templi incendium restinguendum satis validum fuisse videatur.»
12. «A esta frialdad de estilo están muy expuestos aquellos Predicadores que se entregan inmoderadamente al sentido alegórico de la Sagrada Escritura. Usado este sentido con economía, con eleccion y con prudencia, como le usaron los Santos Padres, es ameno, oportuno y provechoso; pero en practicándole con excesso y á pasto, no hay cosa mas fria, que mas fastidie ni que ménos se pegue. Quien podrá, por exemplo, tolerar que perpetuamente le anden predicando estas ó semejantes interpretaciones: El pórtico de Salomon es la conversacion de Christo; la estrella Arcturo es la ley; las Pléyades, la gracia del nuevo Testamento; las Luces,[4] los consejos de los Santos Padres; las Grullas, los Padres espirituales; el Zéfiro, los Predicadores de la ley evangélica; la Perdiz, el Diablo; y los Cínifes, los Lógicos ó los Sophistas. Passen en buen ora todas essas alegorías: pero, quien no se empalaga, quando llena las orejas de ellas?»
13. «Quarto Vicio: Estilo pueril. Consiste este en una suavidad sin xugo, en una dulzura empalagosa, en unas palabras y expressiones afeminadas, en retruecanillos sin substancia, en juegos ó en paloteados de voces, en equivoquillos, en ternuras afectadas, en alusiones cariñosas, en ciertas figurillas alegres y floridas, en pinturillas theatrales, y finalmente en todo lo que suena á estilo cadencioso ó clausulado. Por lo regular solo usan de este estilo los entendimientos aniñados ó los que están posseídos de la loca passion del amor; porque, acostumbrados á leer en los Romancistas requiebros, ternuras, alhagos, rosas, azucenas y claveles, y hechizados de los conceptillos que lisonjéan su passion, juzgan que no hay cosa mayor ni mas divina. De este principio nacieron aquellos versos que compuso el Emperador Adriano, dirigidos á su alma, como quieren unos, ó á la del jóven Antínoo, de quien estaba extremamente enamorado, como quieren otros:
Animula vagula, blandula, Hospes comesque corporis, Quæ nunc abibis in loca Pallidula, rigida, nudula, Nec, ut soles, dabis jocos!»
14. «Vaya una pintura en el mismo estilo pueril, copiada á la letra de cierto sermon que anda impresso: Quiere el águila, hydrópica de luz, beber al Planeta mas propicio la impetuosa corriente de su raudal fogoso: navega por el mar del viento, sirviendo de seguros remos la ligereza de sus alas. Nunca vuelve los ojos al suelo, porque siempre los tiene fixos en el flamante globo. Si dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules; si la tierra con verdores la lisonjéa, el sol con benévolas influencias la halaga. Lleva pendiente de su pico ó prisionera en la estrecha cárcel de sus garras á su prole hermosa y tierna: mírala con desvelo, atiéndela con cuidado, registra sus ojos, repara sus movimientos. Pero si ella, ó embriagada de luces ó ciega de resplandores, vuelve el rostro, encorva el cuello, ó pestañéan sus dos pequeños orbes declinando en cobardes timidezes, la despeña con ira, la precipita con rabia y, arrojándola de las nubes, la destina para pasto de crueles voracidades. Mas, si amante de aquella mayor antorcha, alada Clicia de su incessante carrera, enamorada de su esplendor, apassionada de su brillantez, conserva estable la vista aguantando el tropel de tantas llamas, en plácidos ademanes la expressa mas intensos sus amores, siendo prueba de su legítima filiacion el sympático afecto á la claridad. — Pintura pueril, donde no se encuentra ni un solo pensamiento masculino ni un solo concepto nervioso y varonil, reduciéndose toda ella á figurillas comunes y á metáphoras vulgares; porque, en quitando aquello de llamar al sol el Planeta mas propicio ó la mayor antorcha, á sus rayos corriente de raudal fogoso, al Cielo flamante globo, á los ojos dos pequeños orbes, no queda mas fuego ni mas substancia que clausulillas cortadas, antíthesis ridículas, y repeticion de frases para explicar un mismo concepto. Y, quando el Autor dixo que, si el águila dexó amenidades de los vergeles, domina campos azules, debió sin duda de pensar que las águilas aniden en jardines y en florestas, como los ruiseñores y canarios; porque, si supiera que las águilas tienen siempre su nido en los sitios mas horrorosos de la naturaleza, buscando unas veces la cima, y otras el hueco de algun peñasco escarpado, no diria el disparate de que dexaba amenidades de los vergeles, y huviera buscado otra antíthesis mas propria para acompañar á su dominacion sobre los campos azules.»
15. «Quinto Vicio: Estilo parenthyrso. Llámase assí aquel modo de predicar descompuesto, desentonado y furioso, en que el Predicador mas parece un orate que un Orador: todo gritos, todo exclamaciones, todo ponderaciones intolerables, todo gestos, todo contorsiones del cuerpo, todo movimientos convulsivos, y todo figuras magníficas y grandiosas, para explicar las cosas mas baxas y mas ridículas. Dase con mucha propriedad el nombre de parenthyrso á este estilo, por alusion al thyrso ó garrote nudoso, cubierto de hojas, que se usaba en las fiestas bacanales, con el qual se sacudian de garrotazos unos á otros los que las celebraban, como si estuvieran locos; porque en realidad no hay cosa que mas descalabre ni que mas rompa la cabeza, que este estilo ó este modo de predicar.»
16. «No es menester citar exemplos para conocer este estilo, porque bien freqüentes los tenemos á la vista, especialmente en sermones de Quaresma, que llaman de mission, quando los predican ciertos Predicadores visoños, llenos de zelo, pero faltos de experiencia y no sobrados de juicio. Suélense reducir sus sermones á pasmarotas, á interrogaciones impertinentes, á exclamaciones importunas, á voces descompassadas, y á una continua agitacion del cuerpo tan violenta, que al acabar el sermon quedan mas quebrantados y mas molidos que si huvieran estado cavando todo el dia; y, miéntras ellos se retiran muy satisfechos de su travajo, la mayor parte del auditorio se va riendo de su bobería ó compadeciéndose de su locura.»
17. «Suelen estos en el discurso del sermon llorar, encenderse, enojarse, irritarse, invocar á el Cielo y á la tierra lo mas importunamente del mundo; y lo mas gracioso es que, quando dicen las cosas mas comunes ó mas frias, pareciéndoles que tienen ya al auditorio comovido, dicen con la mayor satisfaccion: Pero ya veo que se os despedazan las entrañas, ya veo que se os parte el corazon, ya veo que corren hasta el suelo vuestras lágrymas. Y lo que hay en el caso es, que miéntras tanto los oyentes están con los ojos muy enjutos, con el corazon entero, y con las entrañas frescas y sanas salvo que se les despedacen de risa.»
18. «Sexto Vicio: Estilo escolástico. Incúrrese de varias maneras: ó quando el sermon mas parece una disputa que una oracion, por las pruebas, por la confirmacion, por los argumentos, por las respuestas y por las réplicas; ó quando en el discurso de él, aunque por lo demas tenga mucho de aire oratorio, se introducen freqüentemente sylogismos formales con su mayor, menor y conseqüencia; ó quando se citan, con excesso y con afectacion de sabios, puntos controvertidos en la escuela, con aquello de: dicen los Philósophos, enseñan los Theólogos, sabe el Maestro, etc. Incurren por lo comun en este vicio tres géneros de gentes: los Predicadores demasiadamente mozos, que aún están, como se dice, con el vade en la cinta; los demasiadamente viejos, encanecidos en las Aulas y en las Universidades; y aquellos, assí viejos como mozos, que por su profession ó instituto no pueden lucir sus estudios escolásticos en theatros públicos, destinados para esso, y escogen el púlpito para hacer importuna ostentacion de ellos.»
19. «Tambien se llama estilo escolástico el de aquellos Oradores tan supersticiosamente aligados á las leyes y reglas de la oratoria, que ántes quebrantaran todos los preceptos del Decálogo que faltar al mas mínimo cánon de la rhetórica. Estos tienen gran cuidado de que todo el artificio se descubra de par en par: el exordio, la proposicion, la division, las pruebas, la exornacion, el epílogo, y de ir midiendo las figuras como con un compas, distribuyéndolas y repartiéndolas en sus caxoncillos y quadrados, como tablero de damas. No hay cosa mas insufrible ni mas fastidiosa que una composicion tan arreglada: hasta el gesto y el tono de la voz, el movimiento del cuerpo y las acciones de las manos, ponen el mayor estudio en que salgan á nivel. Con mucha gracia se burlaba de ellos Demósthenes, quando decia, que no creía pendiesse la fortuna de la Grecia de que la mano se moviesse hacia aquí ni hacia allí: fortunas Græciæ ex eo non pendere, an manum in hanc vel in illam partem inflexeris. Este es aquel estilo que por otro nombre se llama tambien pedantesco.»
20. «Séptimo Vicio: Estilo poético. Dice Theophrasto, y ya convienen todos en ello, que es sumamente útil al Orador exercitarse en la lectura de los mejores Poetas, especialmente cómicos y trágicos, y aún añade Dionysio Halicarnasseo que no puede ser perfecta una oracion, si no es muy parecida á un buen poema.»
21. «La verdadera inteligencia de esta regla, que tambien la adoptan Ciceron y Quintiliano, es la que dan ellos mismos. Dice Ciceron, que el Orador ha de aprender del Poeta á hablar con número y con medida; pero no con aquella medida que hace el verso, porque esse es vicio de la oracion, nam id quidem orationis est vitium, sino con aquella medida que causa en los oídos cierta harmonía llena y numerosa, siendo cierto, que es numeroso todo lo que suena bien; por esso dixo un discreto, que para hacer buena prosa era menester tener buena oreja.»
22. «Quintiliano explica mas la materia y dice, que el Orador debe aprehender de el Poeta la elevacion del concepto, la viveza de la expression, el imperio y la mocion de los efectos, la propriedad y el decoro de las personas, pero advierte, que no ha de passar de aquí y que no debe imitar al Poeta ni en la arrogancia y libertad de las palabras, ni en la licencia de las figuras, ni en la forzosa medida de los piés: Meminerimus tamen non per omnia Poetas Oratori esse sequendos, nec libertate verborum, nec licentia figurarum, nec pedum necessitate.»
23. «Por no entender bien esta regla ó por entenderla al rebés, han caído tantos Historiadores y tantos Oradores en el intolerable vicio de el estilo poético, tomando de los Poetas lo que debieran huir, y huyendo de lo que debieran tomar: de la sublimidad del pensamiento, de la valentía y magestad de la expression, y de el divino fuego con que inflama los afectos, nada absolutamente; pero de sus enthusiasmos, de sus frases floridas y pomposas, de sus figuras arrebatadas, y de las medidas de sus piés, absolutamente todo, sin faltarles mas que las rimas ó los consonantes.»
24. «Quien ha de tener paciencia para oir á un Orador sagrado, que desde toda la grave magestad del púlpito pinta á un leon de esta manera: Mirad esse coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña; atended como eriza la melena, como afila el acero tajante de las uñas, como furioso acomete, como estremeciendo ruge! — Da pedes, et fient carmina: no le faltan mas que los piés para ser verso; pero ni aún los piés le faltan, porque aquello de coronado monstruo de la selva, dominante terror de la campaña, atended como eriza la melena, son tres piés cabales de verso heróico, y lo otro de como furioso acomete, como estremeciendo ruge, son dos piés muy ajustados de verso lýrico.»
25. «Amiano, Enodio y Sidonio Apolinar fueron los que introduxeron esta peste, y con ella inficionaron las quatro partes de el mundo: para decir Amiano que una injusta y cruel guerra abrasó á toda la ciudad, se explica con estas poéticas frases: Cumque primum Aurora surgeret, universa quæ videre poteram armis stellantibus coruscabant ac ferreus equitatus campos opplebat et calles; sæviens per urbem æternam urebat cuncta Bellona, ex primordiis minimis ad clades duda luctuosas, quæ obliterasset utinam juge silentium: Apénas la Aurora havia dexado el lecho y pude con su luz descubrir lo que passaba, quando ví, que toda la campiña resplandecia con las armas centellantes y que la cavallería, cubierta de hierro azerado, llenaba campos y calles; Belona, cruelmente enfurecida, todo lo reducia á pavesas en aquella ciudad interminable, passando de los menores daños á estragos tan lastimosos, que oxalá los huviera borrado de la memoria el silencio ó el olvido!»
26. «Pero esto no tiene comparacion con la pintura, que hace del suelo helado y resbaladizo en tiempo de invierno: Hieme vero humus crustata frigoribus et tanquam levigata ideoque labilis incessum præcipitantem impellit, et patulæ valles per spatia plena glacie perfide vorant nonnumquam transeuntes: Encostrada en invierno la tierra al rigor de frios y de escarchas, passa de desigual y consistente á lisa y resbaladiza, y assí impele con violencia al que quiere caminar con passo precipitado, de manera que, ofreciéndose á la vista los valles mas espaciosos, tal vez tan llenos de perfidia como de hielo, se tragan al mismo caminante.»
27. «No se trahen mas exemplos de el estilo poético, porque no hay cosa mas de sobra en los libros, ni apénas se oye otro en los púlpitos, con tanto dolor de los zelosos como risa de los verdaderos críticos.»
28. «Octavo Vicio: Estilo metaphórico y alegórico. Tiene mucho parentesco con el poético en lo hinchado de las frases, y solo se diferencia de él en que este huye de aquellas voces proprias y naturales, que se inventaron para la sencilla explicacion de las cosas, y busca estudiosamente las que solamente significan los conceptos por alguna semejanza ó analogía. La metáphora se puede exercitar en una sola palabra, como quando de un hombre fiero se dice que es un leon, ó de un empedernido que es una piedra, es un mármol. La alegoría se ha de seguir ó continuar en una ó en muchas cláusulas, sin perderla de vista ni abandonarla hasta que llegue á hacer completo y perfecto sentido de la oracion, como quando decimos que, embarcada el alma en la nave del cuerpo, se hace á la vela por el mar de este mundo y, surcando piélagos de miserias, entre borrascas de contradicciones, escollos de fortunas peligrosas, y bagíos de adversidades, ya zozobra, ya naufraga, hasta que, soplando el viento favorable de la gracia, llega feliz al puerto de salvamento.»
29. «No se puede negar, que assí la metáphora como la alegoría, usadas con oportunidad y con moderacion, dan mucha gala al estilo, le ennoblecen y le elevan; pero, quien podrá tolerar una oracion ó un libro entero escrito todo él en este estilo? Solo el gusto góthico, que estragó todas las ciencias y las artes, pudo hallar gracia en esta frialdad, y solamente aquellos, que llamaban el hierro[5] de Ciceron á la divina eloquencia de este hombre incomparable, podian reputar por oro su asquerosíssima basura.»
30. «Donde hay cosa mas ridícula que la alegoría, con que Enodio alaba la descripcion que hizo del mar un amigo suyo en cierta obra? Dum salum quæris verbis in statione compositis, et incerta liquentis elementi placida oratione describis; dum sermonum cymbam inter loquelæ scopulos Rector diligens frenas et cursum artificem fabricatus trutinator expendis; pelagus oculis meis, quod aquarum simulabas eloquiis, demonstrasti. Quiere decir: Quando intentas pintar el salobre charco con palabras escogidas á mano, como flores; quando pretendes descrivir con plácida oracion assí las inconstancias como los inquietos rumbos del líquido elemento; quando goviernas diestro Piloto la navecilla de las voces entre los escollos de la facundia y con mano maestra de artífice perito examinas, balancéas y equilibras el peso de las expressiones, no representaste á mis ojos el piélago de aguas, que dissimulabas, sino el oceano de eloquencia, que no pretendias.»
«Solo puede competir con esta insulsez la carta, que un Estudiante escrivió á su Padre para darle á entender lo mucho que havia aprovechado en la rhetórica, y sobre todo lo bien que sabia seguir una alegoría. La carta decia assí»:
31. «Orígen y Señor mio: Derivándose de Vm., como de su manancial inagotable, este corto arroyuelo de mi vida, que hoy serpentéa líquido por estos dilatados campos de Villagarcía, es de mi obligacion poner en noticia de Vm., como ya es muy delgado el hilo de su corriente, porque los rayos de el sol, que nos abrasó en Carnestolendas, elevaron hácia arriba tantos vapores, que apénas le han dexado caudal para humedecer la hierva. Por tanto, si Vm. no quiere que el arroyuelo se seque, socórrale con raudales, ya sea por arcaduces de lino (las alforjas), ya por conductos de pieles embetunadas (botas ó pellejos). A mi Señora elucubradora (la madre que le dió á luz), que esta su menor antorcha se pone á la obediencia de sus rayos. B. l. m. de Vm. su phénix Varon (era el único hijo con dos hermanas), el Precursor sin hiel (llamábase Juan Palomo). Habria hombros en la naturaleza, que pudiessen con un libro ó con un sermon en este estilo? y á los de Atlante, que pudieron con el Cielo, no les brumaria una cosa tan pesada?»
32. Hasta aquí el papel de Apuntamientos, con que tropezó Fray Gerundio, que leyó de verbo ad verbum, sin perder sýlaba ni coma; y apénas acabó de leerle, quando se quedó suspenso por un rato: cerró los ojos, sentó el codo derecho sobre el brazo de la silla, reclinó la cabeza sobre la mano, teniendo en la izquierda el papel que havia leído. Estuvo un buen espacio de tiempo pensativo, y al cabo levántase con ímpetu de la silla, coge el papel entre las dos manos, hácele dos mil pedazos, arrójale con indignacion por la ventana, y, dando dos paséos por la celda, acompañados de media dozena de patadas, exclamó diciendo: «Válgate el Diantre por papel y por el grandíssimo impertinente que te fabricó; que me haveis rebuelto los sesos! Es impossible que el Autor no fuesse el hombre mas prolixo y el mas indigesto, que ha nacido de mugeres. Pues qué, para hablar uno como Dios le ayudare, ha menester tantas ceremonias? Y, si este Autorcillo avinagrado tiene por viciosos todos los estilos que acaba de nombrar, donde hallará uno que no sea pecador? A el magnífico le llama hinchado; á el culto, remedador ó caco-qué sé yo? á el figurado, frio; á el tierno, florido y delicioso, pueril; á el vehemente, parenthyrso ó paren-Diablo; al arreglado, escolástico; al rumboso, poético; y al alusivo, metaphórico ó alegórico: pues, en qué estilo hemos de hablar y escrivir? Váyase, vuelvo á decir, con quatrocientas mil pipas de Dem... (y díxolo redondo, porque no era escrupuloso), que yo escriviré y hablaré en el que me diere la gana; y, pues el que he usado hasta aquí ha merecido tantos aplausos, aténgome á él, y no á lo que dice este Apuntador descontentadizo y malhablado.»
33. Con efecto, en un santiamen dispuso el sermon, sin apartarse un punto de su estilo estrambótico, ni desamparar sus queridas frases estraphalarias. Para fecundar bien la imaginacion ó la fantasía en ellas, leyó un par de sermones de su riquíssimo thesoro el Florilegio sacro, y aún para mayor abundamiento volvió á recorrer cierto sermon impresso de otro Autor, que le havian prestado en una oracion para que le leyesse, y á él le cayó tan en gracia, pareciéndole un milagro de eloquencia, que no paró hasta que su dueño le hizo entera y absoluta donacion de él inter vivos, transfiriéndole su dominio y omnímoda propriedad.
34. Este sermon se intitulaba: Triumpho amoroso, Sacro Hymenéo, Epithalamio festivo, mirífico Desposorio, que con el Cordero Eucharístico celebró en su profession solemne la Madre Sor... etc., compuesto por el R. P. Fr... etc. El título solo de la pieza le encantó, y le arrebató las potencias y sentidos. Reparó, que la dedicatoria y aprobaciones ocupaban tanto como el sermon; porque en materia de hojas estaban tantas á tantas, y de contado esto le hizo formar un concepto superior del mérito de la obra, pues á cada palabra de ella correspondia otra en elogio suyo. Comenzó á leerla, y juzgó que no se havia engañado en su concepto, porque quedó como extático de admiracion y de assombro al encontrarse con las primeras cláusulas de la salutacion, que decian assí ni mas ni ménos:
35. «O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor. Qué invencion! Qué sacro enigma! Dulce divino Cupido! Sol de Justicia amoroso! Qué labyrintho de luces dissimula en gloria tanta esse disfraz de mysterios!» — Es cierto, que el estilo no le pareció tan elevado como el de el Florilegio, porque en realidad las voces son regulares y de estas que se usan en tierra de Christianos; pero, qué importa? si en cambio aquella perfecta cadencia de verso lýrico es un dulcíssimo encanto? Sobre todo aquel arranque: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, le pareció á nuestro sabatino que no havia oro para pagarle, y él por lo ménos daria alguno, porque se le ofreciesse alguna cosa parecida, para dar principio á su sermon. No dexó de ofrecérsele que la tal entradilla: O el amor está de bodas, ó yo no entiendo al amor, parecia un poco mas retozona de lo que á Religiosos conviene, y que acaso algun bufon del auditorio diria (allá para su coleto): «Cuerno en el Frayle, y qué respingon que sale! Cierto que perderia mucho la Iglesia de Dios en que su Paternidad no entendiesse ni de bodas ni de amor! ántes creo que nada ganará, si entiende mucho S. Rma. de la materia.» Digo, que todo esto le passó por el pensamiento á Fray Gerundio, pero lo despreció con una noble libertad de espíritu, por dos importantíssimas razones. La primera porque, si los Predicadores huvieran de hacer caso de truhanes y bellacos, ahorcarian el oficio, pues apénas podrian decir cosa, que no la torciessen y la maliciassen. La segunda porque, si no dissonó aquel arranque en un Predicador de profession mucho mas austero y de hábito mucho mas penitente que el suyo, con la circunstancia de estar cubierto de canas y cargado de años y empléos en la Religion, mucho ménos dissonaria en él por las razones contrarias.
36. Desembarazado tan felizmente de este reparillo y persuadido á que no era possible abrir el sermon con cláusula mas ayrosa, comenzó á batallar en su imaginacion con una multitud de cláusulas, que de tropel se le ofrecieron, todas parecidas á ella, sin saber qual havia de elegir, porque cada una le parecia la mejor. Asseguró despues á un confidente, por cuya deposicion lo supimos, (pues sin algo de esto ó sin que él lo dexasse anotado en alguna parte, como era possible que llegasse hasta nosotros la noticia de lo que le havia passado por el pensamiento?) asseguró (vuelvo á decir) á un confidente suyo, que entre las cláusulas semejantes á la primera del Epithalamio festivo, que á borbotones se le vinieron al pensamiento, las que mas le dieron que hacer, porque le agradaron mas, fueron las siguientes.
37. O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Esta le pareció una invencion milagrosa para captar desde luego una suspension extática. O Jesu-Christo está allí, ó yo no sé donde estoy. Tambien juzgó, que este principio estaba lleno de una exquisita novedad. O aquel es cuerpo de Christo, ó no hay en los naypes ley. Mucho le agradó este ofrecimiento, porque, sobre ser el mas popular de todos, aquello de cotejar la existencia de Christo en el Sacramento con la ley de los naypes, se le figuró una valentía de ingenio jamás oída ni vista. En esta última tenia razon, y, como no fuesse una blasphemia heretical, vamos claros que era un pensamiento singularíssimo. O aquel no es vino ni es pan, ó soy un borracho yo. Aún esta cláusula le agradaba mas que todas, si no fuera por la palabra borracho, que le pareció demasiadamente llana; y, aunque ya se le ofreció, que ebrio y beodo significaban lo mismo con alguna mayor decencia, pero, sobre que no ajustaba tan bien el pié del verso, creyó, que en quitando la palabra borracho se le quitaba á la cláusula toda la gracia.
38. Finalmente, bien considerado todo, se determinó á dar principio á su sermon con la cláusula primera: O hay Sacramento en Campazas, ó no hay en la Iglesia fé. Para tomar esta acertada determinacion, tuvo buenas y legítimas razones; pues, sobre ser aquella cláusula, sin disputa alguna, la mas suspensiva y la mas emphática de todas, era tambien la mas verdadera, siendo indubitable que, si en Campazas no havia Sacramento, supuesta la consagracion, tampoco le habria en la Iglesia de San Pedro en Roma ni en ninguna de toda la Christiandad, y allá iba la fé por essos trigos de Dios: fuera de que esta cláusula le venia de perlas para el assunto, que ya havia resuelto tomar, conviene á saber, que Campazas era la Patria nativa del Sacramento de la Eucharistía, lo que, á su modo de entender, estaba concluyentemente probado; porque llevando, como él llevaba, la opinion, (y es en realidad la mas probable,) de que el verdadero y legítimo nombre de Campazas en su primitiva institucion havia sido Campazos, esto es Campos espaciosos y largos, campos muy dilatados, y consiguientemente que el lugar de Campazos fué, digámoslo assí, como el tronco, como el Fundador, ó como el Lugariarcha de la frugífera region de Cámpos, á la qual dió glorioso y oportuno nombre: — supuesto todo esto, discurria nuestro Fray Gerundio con tanta solidez como sutileza, de esta manera: «La materia remota del Sacramento de la Eucharistía es el trigo; la patria del trigo es Cámpos; la casa solariega de Cámpos es Campazas; luego Campazas es el solar y la patria del Santíssimo Sacramento.»
39. «Esto por lo que toca á la materia del Sacramento en la especie del pan; vamos á la misma materia en la especie de vino. Sic argumentor: El vino es materia remota de la Eucharistía; el vino nace en las viñas, las viñas en los campos, los campos en Campazas; ergo, etc. Para la exornacion no me sobra otra cosa que materiales tomados de la Escritura, de los Padres, de los Expositores, de los Autores profanos; y, si me resuelvo á valerme de la fábula, tambien de los Mythológicos. Todo quanto se dice de los campos y de todo lo que pertenece á ellos, especialmente de trigos, viñas y vino, viene clavado á mi assunto. Passan de ciento los textos de la Escritura que hablan de campos, y, solo con leer á Gislerio en la exposicion de qualquiera capítulo de los Cantares, encontraré un carro de autoridades para llenar el sermon de latin, todo perteneciente á viñas, trigos y campos, y para cargar las márgenes de tantas citas, que apénas quepan en ellas, de manera que solo con verlas me tengan por el hombre mas leído y mas sabio que ha nacido de mugeres. De los Autores profanos, no hay mas que abrir las Geórgicas de Virgilio y algunas de sus Eglogas, que en ellas hallaré versos á pasto y todos muy al intento, con que podré aturrullar á mi mismo Preceptor el Dómine Zancas-Largas; y en fin, si quiero amenizar la funcion con la erudicion florida de las fábulas, (que á esso todavía no me he determinado,) ahí están los prodigios que se cuentan de Céres, Baco, Flora, Pomona, y, por fin y postre, toda la Cornucopia de la divina Amalthéa; pues todas estas Deidades son de la jurisdiccion y Adelantamiento de la provincia de Cámpos, que me darán barro á mano no solo para competir la amenidad de mi grande amigo Fray Blas, sino casi casi para apostárselas al soberano Autor del pasmoso Florilegio.»
40. Ni mas ni ménos como lo ideó Fray Gerundio, assí dispuso su sermon, y, estudiado que le huvo, llegándose el dia de predicarle, montó en un macho de Noria, tuerto y algo perezoso, que le embió su Padre, y partió á Campazas, donde sucedió lo que dirá el capítulo siguiente.
CAPITULO III.
Predica Fray Gerundio en su Lugar, y atúrdese la gente.
1. Havia corrido por toda aquella comarca la noticia de que nuestro Fray Gerundio baxaba á predicar en la funcion del Sacramento en la célebre fiesta de Campazas, ya porque Anton Zotes como Mayordomo havia convidado á todos los amigos que tenia en los lugares á la redonda, que no eran pocos, assí de labradores como de Clérigos y Frayles, ya porque el mismo Fray Gerundio no se havia descuidado en echar tambien la voz entre sus muchos conocidos y apassionados, siendo tentacion tan comun en todo Predicador principiante, que tal vez cunde hasta en los mas adultos y provectos, dexarse caer al descuído con cuidado, ya en las conversaciones, ya en las cartas, el dia ó los dias que predican, lo que algunos maliciosos atribuyen á demasiada satisfaccion ó vanidad, y, á mi pobre juicio, no es mas que un poco de ligereza mezclada con una buena dósis de bobería.
2. Amen de esso, la fiesta de Campazas era tan famosa en toda aquella tierra por los novillos y por el Auto-sacramental, que, sin que nadie convidasse y aunque fuesse el Predicador el mayor zote del mundo, siempre concurria á ella innumerable gentío, no solo despoblándose los lugares del contorno, sino que rara vez se dexaba de ver en ella mucha gente ociosa y alegre de Leon, de la Bañeza y Astorga; pero, añadiéndose en este año la fama del Predicador y el convite de Anton Zotes, convienen todos los Autores de quienes nos hemos valido para recoger las noticias mas puntuales, que componen el cuerpo de esta verídica Historia, que fué en él extraordinario el concurso.
3. Danse por supuestas las demonstraciones de alegría y de ternura, con que fué recivido nuestro Fray Gerundio de su Padre el Tio Anton, de su Madre la buena de la Catanla, y de su Padrino el Licenciado Quixano. Esto mas es para considerado con un casto silencio, que para explicado con la pluma; pues, aunque fuesse de águila, de buitre ó de abutarda, nunca podria remontar el buelo hasta la cumbre de tan alta esphera; quanto mas la nuestra, que no puede seguir el tardo movimiento del mas pesado avestruz! Baste decir que apénas se desmontó del macho zancarron, (assí le llamaba el Director de la noria,) quando la Tia Catanla le dió mil tiernos abrazos y otros tantos maternales ósculos, dexándole bien rociadas las barbas de lágrimas y mocos. Iba á limpiarse estos y aquellas, pero no le dieron lugar las rociaduras semejantes que se siguieron; porque, como era la primera vez que se dexaba ver en el lugar despues de Frayle, no solo concurrieron á verle, abrazarle y besarle todas las Tias del barrio, unas con la licencia de viejas, y otras con la de Parientas, sino que apénas quedaron dos en el lugar de Campazas, que no hiciessen lo mismo; y aún essas únicas dos es fama que lo dexaron, una porque estaba en la cama con cámaras y pujos, y otra porque dos dias ántes havia saltado de su corral al de la Tia Catanla una gallina y no havia parecido, de lo qual estaba hecha ella una furia contra la buena de la Rebollo, que nada sabia de esso, y aún se decia que la dueña de la gallina queria acudir á Leon á sacar una descomunion ó una Pollina á mata-candelas, (assí llamaba ella la Excomunicacion y la Paulina,) contra la encubridora de su ave. Por lo demas, hombres, mugeres, viejos y mozos, todos acudieron á casa del Tio Anton Zotes á ver al Flayrecico y á dar la enhorabuena á sus Padres de que tuviessen el gusto de verle en su casa y ya tan aprovechado. Ello es assí, que consta de documentos y papeles antiguos de aquel tiempo, que se gastaron en aquella tarde quatro cántaras de vino, ocho quesos, y diez y seis ogazas y media en agassajar á los que concurrieron á casa del Tio Anton; de donde podrá inferir el prudente y discreto Lector los muchos que serian, y lo bien quistos que estaban en todo el pueblo Anton Zotes y su saníssima muger.
4. Faltaban tres dias para la funcion, en los quales fueron llegando aquellos convidados especiales, que eran mas estrechos amigos de la casa de los Zotes, donde estaban prevenidas no ménos que veinte camas para los huéspedes, quatro para los de mayor autoridad y respeto en las cámaras altas de la casa, y las demas se acomodaron en una panera, que á este fin se desocupó y se barrió, colgando las paredes con mantas de mulas y cavallerías de la labranza, assí de las que havia en casa, como de otras que se pidieron prestadas, quedando la pieza, á juicio de la mayor parte del lugar, tan ostentosa que se podia hospedar en ella un Obispo.
5. El primero que llegó fué un primo del Tio Anton, y consiguientemente Tio segundo de nuestro Fray Gerundio, que havia sido Colegial mayor y era actualmente Magistral[6] de la Santa Iglesia de Leon, hombre ya hecho, sabio, agudo, discreto, muy leído, gran Theólogo é insigne Predicador, en fin, de prendas tan sobresalientes que ya havia sido consultado en tercer lugar para un Obispado. Este traía de camarada á otro Canónigo de su misma Iglesia, de estos que se llaman Canónigos de cuello ancho[7] y, por otro nombre, de capa y espada, jovencito aún y en la flor de sus años, pues no passaba de los veinte y cinco, pero muy despejado, muy alegre, naturalmente chistoso y decidor, Poeta mas que decente, que decia de repente con bastante gracia, con no poca sal, y por lo comun sin sacar sangre, (cosa muy dificultosa, y por lo mismo bien rara en los que tienen esta habilidad y hacen profession de ella,) por cuyas buenas partidas estaba muy prendado de él el Señor Magistral.
6. Como unas dos horas despues se apeó un Labrador,[8] pariente tambien del Tio Anton, que vivia en un lugar distante quatro leguas de Campazas. Era Familiar del Santo Oficio y, aunque hombre de explicacion cerril y apatanada, tenia una razon natural bien puesta, y discurria con acierto en aquellas materias que se proporcionaban á su capacidad. En el camino se le havia incorporado un Donado de cierta Religion,[9] que, haviendo sido tres veces casado y cinco años viudo, por fin y postre cansado del mundo se entró á servir en un Convento, donde pretendió para Lego, pero no le quisieron dar el hábito, porque, aunque hombre muy forzudo y servicial, era extraordinariamente zafio y allende de esso locuaz y mas que medianamente bebedor, no de manera que se privasse in totum, pero se quedaba á unos medios pelos que olian á chamusquina, y entónces con especialidad hablaba por todas las coyunturas y en todas las materias que se ofrecian, porque sabia leer y havia leído la Historia de los doze Pares de Francia, á Guzman de Alfarache, la Pícara Justina y quantos romanzes de ciegos se cantaban de nuevo en los mercados, gustando sobre todo de leer gazetas, aunque maldita la palabra entendia de ellas; con que era el Donado un hombre muy divertido y, en fin, pieza de Rey.
7. Mucho se alegró nuestro Fray Gerundio, quando se halló en compañía de todos estos huéspedes, pero especialmente de su Tio el Magistral, quien, como hombre entendido y de la facultad, le pareció que havia de hacer justicia á su sermon, del qual estaba tan satisfecho, que se persuadia con el mayor candor del mundo á que en su vida habria oído ni leído otro semejante; y ya daba por hecho que, en oyéndole, se havia de enamorar tanto el Tio de los talentos del sobrino, que, quando fuesse Obispo, le havia de llevar consigo y le havia de hacer su Confessor, no pareciéndole tampoco impossible, que con el tiempo su Tio el Obispo (pues ya le consideraba como tal,) le grangeasse por ahí, aunque no fuesse mas que un Obispadillo en Indias. Todos estos pensamientos le passaron por la imaginacion, lisongeándole infinito y llenándole de un inexplicable gozo.
8. Pero, quien podrá declarar dignamente con palabras el que se apoderó de su corazon, quando, contra toda su esperanza y sin que siquiera se le huviesse ofrecido tal cosa al pensamiento, vió apearse en el corral de la casa á su íntimo amigo el Predicador Fray Blas, acompañado de un Religioso de otra Religion, que él no conoció, pero todas las señas eran de ser hombre muy reverendo, porque trahia anteojos con cerquillo de plata, bequoquin de seda, sombrero fino con cordon y dos borlas de lo mismo, quitasol, baston de caña con puño de china, y venia montado en una bizarra mula con su gualdrapa muy cumplida de paño negro con grandes fluecos y caireles, sirviéndole de mozo de espuela uno muy gallardo, asaz bien apuesto y con toda la gala de los majos y petimetres del oficio, zapatillas blancas, medias del mismo color, calzon de ante, una gran faja de seda encarnada á la cintura, armador de cotonía, capotillo de paño fino de Segovia de color amusgo, redecilla verde con su borla de color de rosa, que colgaba hasta mas abaxo de la ñuca; la cinta que la ceñia y apretaba, de color de nácar; sombrero chambergo rodeado de una cinta de plata color de fuego, con su roseton ó lazo á la parte posterior, que remataba en la copa. Todo esto lo observó Fray Gerundio muy bien observado, y todo le hizo imaginar, que aquel Religioso era por lo ménos Cathedrático de la Universidad de Salamanca ó de Alcalá, quando no fuesse quizá algun Padre Difinidor ó Presentado.
9. No se engañó mucho, porque á lo ménos era Vicario de unas Monjas[10] que estaban junto á Jacarilla, y ántes de esso havia cuidado seis años de una granja, en cuya administracion no se havia perdido; porque él mismo confessaba ingenuamente, quando se ofrecia la ocasion, que le havia valido por lo ménos tanto como á la Casa, porque havia sacado un decente bolsillo, que sufria ancas para socorrer á quatro parientes pobres, para servir á dos amigos, y para subvenir á sus necessidades religiosas, aunque la vida fuesse un poco mas larga que lo ordinario. Como quiera, quando Fray Gerundio vió á su amiguíssimo Fray Blas, pensó perder los sentidos de puro contentamiento, y, despues de haver hecho los primeros cumplidos al Rmo. Padre Vicario, como lo pedia la urbanidad, dió muchos abrazos á Fray Blas, y supo de él como, haviendo tenido noticia en Jacarilla del sermon que le havian echado en su lugar, hizo ánimo de no volver al Convento hasta que se le huviesse oído predicar, logrando con esta ocasion ver la fiesta de Campazas y passar en su compañía quatro dias alegres, con toda libertad y sin el molesto acecho y murmuracion de los Frayles.
10. Díxole, que para sacar la licencia del Prelado, sin que ni él ni los Frayles reparassen en que estaba tanto tiempo fuera del Convento, le havia escrito una carta atestada de mentiras, suponiendo que havia caído gravemente enferma una viuda rica, sin hijos ni herederos forzosos, que le havia pedido con grandes instancias que la confessasse y la assistiesse hasta entregar el alma á Dios, dándole á entender que no lo perderia él ni su Comunidad, porque podia disponer libremente de sus bienes, como nuestro Señor la inspirasse; que, no obstante esso, él se havia resistido, por quanto la enfermedad tenia traza de ir muy larga, aunque decia el Barbero del lugar, hombre muy inteligente, que sin milagro no podia escapar de ella; que la misma viuda le havia obligado á que escriviesse á Su Paternidad, esperando que no la negaria este consuelo, y que assí lo hacia con la mayor indiferencia, aguardando su determinacion, porque todo su gusto seria obedecerle, bien que, si huviesse de consultar su inclinacion, ya estaria en el Convento; porque, sobre la penalidad y trabajo de assistir continuamente á una enferma, passando malos dias y peores noches, siempre le havian parecido mal los Frayles que estaban mucho tiempo fuera de la campana del Convento, á que se añadia que, siendo él Predicador mayor de la Casa, no era razon que cargassen otros con los sermones que por su oficio le tocaban á él.
11. «Esta fué, amigo Fray Gerundio, (añadió el Predicador,) la cartica que le espeté, que, aunque yo lo diga, no iba urdida del peor estambre. Ya conoces la poca malicia del buen hombre, y tambien su lado flaco; en amagándole en algo para el Convento ó para su peculio, no puede resistirse, y dará licencia á un súbdito para que se case, con tal que lo haga sin pecar... el santo varon tragó el anzuelo, y me respondió sin perder tiempo, alabando mucho mi zelo, mi obediencia y mi religiosidad, pero mandándome en virtud de santa obediencia y en remission de mis pecados, que assistiesse á la enferma hasta que á vida ó á muerte saliesse de aquel peligro, aunque la enfermedad durasse un año, encargándome que procurasse fomentarla la devocion á la Orden y que no dexasse de exagerarla las particulares necessidades de aquel Convento; pero me prevenia, que esto fuesse con prudencia y quando se ofreciesse buena coyuntura: por lo demas concluía, que los sermones no me diessen cuidado, pues corria del suyo el encargarlos, fuera de que, teniéndote á tí, no necessitaba de otro, pues, aunque todavía estabas un poco verde, esto no desdecia de tus años, y por otra parte era prodigiosa tu facilidad.»
12. — «Vamos claros, dixo Fray Gerundio, que el enredo está de mano maestra; y quanto tiempo ha de durar la enfermedad de la viuda?» — «Lo que duraren las fiestas de los lugares á la redonda, respondió Fray Blas; porque ninguna pienso perder.» — «Y qué diablos ha de decir Vm. despues? le preguntó Fray Gerundio, quando se vea, que no hay tal herencia ni calabaza». — «En esso te paras, majadero? respondió Fray Blas. Hay mas que decir que, haviendo hecho la enferma su testamento cerrado, en que dexaba al Convento por su universal heredero, despues de algunos legados de corta cantidad á algunos parientes pobres, estando ya con la uncion, hizo una promessa y cobró la salud milagrosamente?» — «Pero, si se averigua, replicó Fray Gerundio, que no huvo tal viuda ni tal enferma de mis pecados, y que todo fué un puro embuste de Vm., para pretextar con esse piadoso sobreescrito la tuna y el bisboleo?» — «Calla, simple, respondió Fray Blas, como se ha de averiguar, no haviendo otra correspondencia en el Convento con Jacarilla que la que yo tengo? fuera de que, aunque por alguna casualidad llegue á saberse, quid inde? Dirán, que fué una de las trampillas que están muy en uso. Mira, Gerundio, los Frayles y las mozas de servicio nunca salen de casa sino con sobreescritos devotos: estas siempre piden licencia para ir á rezar, y aquellos, quando quieren ir á tunar ó desenfraylar, como ellos dicen, alegan por lo comun, ó el sermon que les echaron y ellos pretendieron, ó el que en la realidad no hay, ó las dissensiones de los parientes, ó el testamento y la enfermedad del Padre; y á la sombra de tan piadosos pretextos, passan un par de meses de vita-bona. Decir, que un Frayle ha de pedir licencia derecha y claramente para ir á divertirse quatro dias en casa de un amigo, esto es cuento: tal qual tonto lo suele hacer por acreditarse de sincero, pero regularmente llevan calabazas,[11] porque los Prelados se revisten del zelo de la observancia y, miéntras no los cohonestan la salida, dicen que la pierna en la cama, la moza con la rueca, y el Frayle en la celda.»
13. — «Pero, á proposito de Frayle, interrumpió Fray Gerundio, quien es esse Rmo. que viene con Usted? porque parece personage.» — «Y es lo que parece, respondió Fray Blas; porque, aunque ahora es Vicario de unas Monjas y ántes fué Grangero, siguió la carrera de los estudios con mucha honra; y, aburrido de que huviessen graduado ántes á otro condiscípulo suyo por empeños, se aplicó á este rumbo, de lo que no está arrepentido; porque, aunque no parece de tanta honra, es sin duda de mucho mayor provecho. Hizo mucho doblon en la Granja; despues pretendió esta Vicaría, que le dieron sin dificultad: las Madres le regalan como á cuerpo de Rey, y él lo passa como un Pontífice. Es muy amigo mio, desde que me oyó predicar en Cevico de la Torre; no sé por qué casualidad vino á oírme el sermon de Santa Orosia: llevóme á su Vicariato, donde me detuvo ocho dias, tratándome como á un Patriarcha: temporadilla mejor no espero passarla en mi vida. Comiamos en el locutorio por la parte de afuera, y comian al mismo tiempo que nosotros quatro Mongitas por la parte de adentro, y á fé que no eran de las mas viejas del Convento, porque estas se excusaban por sus achaques, ó, por mejor decir, nosotros las excusábamos á ellas: durante la mesa havia brindis, havia finecitas de parte á parte, havia tambien unas coplillas, y, en levantándose los manteles, venian las ancianas y las graves de la Comunidad á darnos conversacion; despues se retiraban estas y nos dexaban con la gente moza: comenzaba la bulla y la chacota; cantaban, representaban, y tal qual vez, ellas de la parte de allá y nosotros de la de acá, bailábamos una jotita honesta ó un fandanguillo religioso. Mira tú, si passaria buenos dias. En fin, como hize ánimo de venirte á oír, en fé de nuestra amistad y de la confianza que tengo con tus Padres, convidé á el Padre Vicario á que se viniesse conmigo, ponderándole la fiesta de Campazas, diciéndole mil cosas de tí, y assegurándole que seria muy bien recivido.»
14. — «Y como que lo será! le interrumpió Fray Gerundio; ántes este es un nuevo beneficio, de que me confiesso deudor á la fineza de Vm.; porque, sobre las prendas que me pondera del Padre Vicario, de esta hecha entablo conocimiento con él; y cátate ya el camino abierto para irme á holgar quatro dias alegres, quando se ofrezca ocasion, con aquellas señoras Monjas.»
15. Con esto se entraron en la sala, donde ya estaba el Padre Vicario, despues de haverse quitado los ajuares de camino, en compañía del Magistral, de los demas huéspedes, de Anton Zotes y de la Tia Catanla, que le recivieron con el mayor cariño, el qual creció mucho mas, quando su hijo y el Predicador mayor los informaron en secreto de quien era. Finalmente, fueron concurriendo poco á poco todos los convidados, con algunos mas que no lo havian sido; y en los dos dias que faltaban hasta el de la fiesta, parece que no debió de suceder cosa que de contar sea, porque los Autores casi todos lo passan en silencio. Solo uno de ellos apunta, (aunque muy de passo,) que Fray Gerundio, despues de haver hecho su cumplido á los que iban llegando, se retiraba á repassar su sermon unas veces á un desvan, otras al campo, y, porque ni aún en este le dexaba libertad la multitud de forasteros que acudian de toda la comarca, finalmente se vió precisado á encerrarse en la bodega para decorar su cartapacio. El mismo Autor da á entender tambien en general, que en aquellos dias passaron cosas preciosas con el Donado, á quien luego conoció el humor Don Basilio, (assí se llamaba el Canónigo mozo,) y haciéndose muy amigo de él, poniéndose en todo de parte de sus necedades, con grandíssima gracia y con no menor socarronería, fomentaba sus simplezas, de manera que sucedieron lances extraordinariamente sazonados; pero, como el referido Autor no los especifica, y nosotros en materia de verdad somos tan escrupulosos, aunque sospechamos los que pudieron ser, no nos atrevemos á referirlos, porque es infedelidad irremissible en un historiador adelantarse á vender las sospechas por noticias.
16. Llegado que huvo el dia deseado de la fiesta y la hora de la funcion, vinieron á sacar de casa á Fray Gerundio su Padre como Mayordomo de aquel año, un Tio suyo que lo havia sido el antecedente, ambos con sus varas de la Cofradía del Santíssimo, dadas de almazarron y de almagre, que no havia mas que ver, los dos Alcaldes y los dos Regidores del lugar, con su Fiel de fechos y con su Alguacil detras, en el sitio que les correspondia, añadiéndose de comitiva voluntaria y para mayor cortejo muchos Clérigos circunvecinos y una multitud de Frayles aventureros de diferentes Religiones, que se hallaban en aquellas cercanías y no quisieron perder la comedia ni los novillos. Precedíalos á todos el tamboril y la danza, compuesta de ocho mozos de los mas jaquetones y alentados de Campazas, todos con sus coronas ó caronas arrasuradas sobre el craneo ó plan de la cabeza; esta descubierta y las melenas tendidas; jaquetillas valencianas de lienzo pintado, con dragona de cintas de diferentes colores; su banda de tafetan prendida de hombro á hombro y colgando á las espaldas en forma de media luna; un pañuelo de seda al pescuezo, retorcido por delante como cola de caballo y prendido en punta por detras como hácia la mitad de la espalda; camisolas de lienzo casero, mas almidonadas que planchadas, y tan tiesas que se tenian por sí mismas en qualquiera parte; calzones de la misma tela que la jaquetilla; y en la pretina, por el lado derecho, colgado un pañuelo de beatilla con mucha gracia; las boca-piernas de los calzones holgadas y anchas, guarnecidas de una especie de cintillo ó cordon de cascabeles, medias de muger todas encarnadas, zapatillas blancas con lazos de hiladillo negro, y en todo caso todos ceñidos con sus corbatas, para meter los palos del paloteado en el mismo sitio, y ni mas ni ménos como los arrieros llevan el palo en el cinto.
17. Ya estaban Fray Blas y Fray Gerundio á la puerta de la casa, esperando el acompañamiento; porque á Fray Blas le pareció atencion precisa en su amistad y en la hermandad de profession, acompañar á Fray Gerundio; y no solo le dió por todo aquel dia la mano derecha, sino que le fué sirviendo de Fray-Juan hasta dexarle en el púlpito, y aún se huviera sentado en la escalera, á no haverlo embarazado Anton Zotes, que le obligó á sentarse en el banco de la Cofradía entre los dos Mayordomos.
18. Salió pues de casa nuestro Fray Gerundio, mas resplandeciente que el sol, mas risueño que la alva, mas brillante que la aurora. Havíase (claro está,) afeitado aquel mismo dia con la mayor prolixidad, encargando mucho al barbero que se esmerasse en la operacion, pues no le valdria ménos que un real de plata; y con efecto le dexó el Maestro tan lampiño y con el rostro tan liso, que parecia bruñido; sobre todo en el cerquillo aplicó el mayor esmero: el plano no parecia sino un quadrilongo de papel fino de Génova, alisado con diente de elephante; la horla, un flueco de seda negra cercenada por las puntas con la mayor igualdad, sin que ni un solo cabello se adelantasse á descomponer la linea; el copete elevado como dos dedos y medio, con maravillosa proporcion al fondo del cerquillo, que formaba la circunferencia; todo el campo del cogote, que corria desde el extremo del cerquillo por la parte posterior hasta la entrada del tozuelo, rasurado tambien á medio rape, para que, negreando un poco el fondo, sobresaliesse mas lo restante de la rasura. Havia estrenado aquel dia un hábito nuevo, que su buena Madre le tenia prevenido, y una hermana suya, moza ya casadera, se havia esmerado en doblarle, plegarle y aún aplancharle, passando la plancha no mas que por los pliegues y doblezes, con tanto primor y delicadeza, que al desdoblarle se dexaban ver todos ellos distribuídos con graciosa proporcion y symetría: particularmente los pliegues del escapulario hacian una labor que encantaba; y, como la tela de la capa y de la capilla era flamante á manera de estameña aprensada, hacia unos visos que deslumbraban la vista. Calzóse (ya se ve,) unos zapatos muy ajustados, hechos á toda costa, en quanto lo permitia la hechura que se usaba en la Religion; pero en todo caso havia encargado al maestro, que las puntadas fuessen iguales y muy menudas, y que el hilo no estuviesse muy cargado de cerote, para que lo blanco de ellas sobresaliesse mas. La noche ántes le havia regalado el Padre Vicario con dos solidéos de seda, de los que fabricaban sus Monjas con exquisito arte y chulada, cuyo centro era una borlita muy chusca, elevada con la debida proporcion; y Fray Gerundio estrenó uno de ellos aquel dia, assí para mostrar la estimacion que hacia del regalo, como por ser un adorno tan preciso como precioso para su Pontifical. No se olvidó, ni podia olvidarse de echarse en una manga un pañuelo de seda de dos caras y de vara muy cumplida, siendo una faz de color de rosa y la otra de color de perla; y en la otra manga metió segundo pañuelo de Cambray muy fino, con sus quatro borlas de seda blanca á las quatro puntas, teniendo por cierto, que qualquiera de los dos pañuelos, que se le huviesse olvidado, seria bastante, para que el sermon no pareciesse la mitad de lo que era.
19. Dudó por algun tiempo si llevaria anteojos, cosa que le parecia á él daba infinita autoridad al Predicador y añadia gran peso y una maravillosa eficacia á lo que decia; pensamiento que le tuvo tan inquieto la noche precedente, en que no fué possible pegar los ojos, que, no pudiendo echarle de sí, dispertó á su amigo Fray Blas (porque dormian juntos en una cama) y le consultó esta duda. Pero Fray Blas, que por aquella vez tuvo mas juicio de el que acostumbraba, se rió mucho de su ofrecimiento, diciéndole que los anteojos en un mozo, aún quando tuviesse alguna necessidad de ellos, (lo que rara vez sucedia,) era la cosa mas ridícula del mundo, y que assí los hombres de juicio, como los bellacos, hacian gran burla de aquella afectacion, bastando ver á un rapaz muy armado de sus gafas para que todos le tuviessen por mozo de poco seso. «Aún en los anteojos habituales de los viejos, añadió Fray Blas, son muy pocos los que creen, porque son raríssimos los que los necessitan á pasto; y mas desde que se ha observado, que en las Religiones regularmente se echan esta gala aquellos sugetos de media braga, que estuvieron consultados para perpetuo choro ó cosa equivalente, y despues ó por empeños ó por paysanage, ó en fin porque los hallaron con una arrastrada medianía, los destinaron á una de las dos carreras de púlpito ó de cáthedra, cumpliendo con ellas entre si basta ó no basta, y á sal aquí traidor. Estos son, por lo comun, los mayores y los mas perdurables anteojistas, vanamente persuadidos á que pueden suplir con los accidentes lo que les falta de substancia, y pretendiendo persuadir á otros que su continua aplicacion á los libros los quebrantó la vista. Pocos hombres hay de los verdaderamente sabios y aplicados que usen de este mueble, sino quando realmente le han de menester, que es para escrivir y para leer; y assí, amigo Fray Gerundio, déxate de locuras y déxame dormir.»
20. Con esto no volvió Fray Gerundio á pensar mas en antojeras y, escusando este dixe, salió de casa para la Iglesia con todo el tren que llevamos referido: llevaba tras de sí los ojos de todos quantos le miraban; porque iba con el cuerpo derecho, la cabeza erguida, el passo grave, los ojos apacibles, dulces y risueños, contoneándose un poco, haciendo unas magestuosas y moderadas inclinaciones con la cabeza á uno y á otro lado, para corresponder á los que le saludaban con el sombrero ó con la montera, y no descuidándose de sacar de quando en quando ya el pañuelo blanco para limpiarse el sudor que no tenia, ya el de color para sonarse las narizes, que estaban muy enjutas. Apénas llegó á la Iglesia, hizo una breve oracion y se entró en la sacristía, quando se dió principio á la missa, que cantó el Licenciado Quixano, sirviéndole de Diácono y de Subdiácono dos Curas párrochos de la vecindad.
21. El Choro lo llevaban tres Sacristanes de las mismas cercanías, porque el de Campazas servia en el Presbiterio el incensario y cuidaba del facistol; los quales Sacristanes en punto de tono gregoriano eran los que hacian raya por toda aquella tierra, sirviendo de bajo el Carretero del lugar, que tenia una voz asochantrada, y de tiple un muchacho de doze años, á quien ex professo havian capado para acomodarle en la música de Santiago de Valladolid. No havia órgano, pero este le suplian con muchas ventajas dos gaitas gallegas, que de propósito havia hecho venir de la Maragatería el Mayordomo, y las tocaban dos Maragatos rollizos, tan diestros en el arte que los llamaban para todas las fiestas recias de S. Roman, Foncebadon y el Rabanal, de donde se extendió la fama hasta el mismo Páramo, con ser assí que hay mas de ocho leguas de camino; y Anton Zotes, á quien llegaron estas noticias por haverlas oído casualmente en la puente Vizana á un criado del maragato Andrés Crespo al tiempo que cargaba la recua, al instante envió á llamar á los dos famosos gaiteros, ofreciéndoles veinte reales á cada uno trahidos y llevados, comidos y bebidos; y, como era esta la primera vez que se havia oído semejante invencion en las missas de aquella tierra, no se puede ponderar el golpe que dió á todos la novedad, y mas quando oyeron por sus mismos oídos, que los dos músicos de bragas anchas, assí en el Gloria como en el Credo, seguian el tono gregoriano con tanta puntualidad, que no havia mas que pedir. Celebróse infinito el buen gusto de Anton Zotes, y es tradicion de padres á hijos, que desde entónces quedó establecido en el Páramo el uso de las gaitas gallegas en toda missa de incienso, y que de aquí nace el llamarlas en algunos lugares el órgano de los Zotes, etymología que, á nuestro modo de entender, no carece de mucha probabilidad.
22. Enfin llegó la hora del punto tan deseado, de subir al púlpito nuestro Fray Gerundio. Dexamos á la prudente consideracion del pio y discreto lector figurarse allá para consigo, con qué bizarría y desembarazo saldria de la sacristía, precedido de quatro cofrades con sus cabos de blandones, porque el mayor no llegaria á quarta y media; de los dos Mayordomos con la insignia de sus varas; de quatro Clérigos con sobrepellices y con su amigo Fray Blas, que, como diximos, quiso hacer aquel dia los honores de Fray Juan, hasta dexarle en el púlpito; con qué magestad subiria las gradas del Presbyterio, en cuyo número están divididos los Autores, porque unos dicen que eran diez, otros doce, y no falta alguno que se adelanta á assegurar que llegaban á catorce, aunque todos convienen en que hay muchos Campanarios que no tienen tantas; con qué autoridad reciviria la bendicion de su Padrino el Licenciado Quixano, de quien es pública voz y fama, que se enterneció un si es no es al tiempo de dársela; con qué despejo y gravedad caminaria hácia el púlpito, haciendo inclinaciones con la cabeza hácia todos lados, pero con especialidad hácia donde estaba el banco de la Justicia y Regimiento, y el de la Cofradía; y finalmente, con qué soberanía se presentaria en el púlpito, haciéndose primero cargo del auditorio, con reposado desden, y despues hincándose de rodillas.
23. Assí le dexaremos por ahora, miéntras se divierte la narracion y la pluma á dar alguna noticia del theatro, para que camine mas holgada la comprehension en la inteligencia del assunto.
24. Era la Iglesia de tres naves, aunque tan reducidas que, quando entró en ella el Canónigo Don Basilio, dixo que bastaria llamarla de tres botes: el Presbyterio y la capilla mayor, en missas de tres en ringle, no sufrian mas ancas que los Ministros precisos del altar, tanto que el facistol para cantar la Epístola y el Evangelio, era menester colocarle fuera de su jurisdiccion. La nave principal era tan estrecha que, quando concurrian la Justicia y Regimiento en un banco, y alguna Cofradía en el banco opuesto, era obligacion precisa del Sacristan dar á besar la paz[12] á un mismo tiempo á la Justicia y á la Cofradía, lo que executaba fácilmente, yendo por medio de la nave y llevando una paz en la mano derecha, y otra en la izquierda, pues solo con abrir los brazos, y no muy extendidos, alcanzaba á uno y á otro banco, de manera que á un mismo tiempo y en un mismo punto la iban besando por su órden los que estaban sentados en entrambas bandas: verdad es que lo que á las naves las faltaba de anchas, lo suplia ventajosamente lo que las sobraba de largas, por lo que diria yo, con la licencia del Señor Don Basilio, que la Iglesia era de tres Gabarras Argelinas, ó de tres Galeras Turcas. A los piés de ella estaba el choro alto, sin mas balustrado que un madero tosco y en bruto, que atravesaba de arco á arco, con algunos palos á trechos, á modo de estacada, para evitar que algun muchacho travieso se cayesse en la Iglesia y se rompiesse la cabeza, que era el mayor daño que le podia suceder, porque la elevacion era de pocas varas.
25. Como quiera que el Templo fuesse, ancho ó estrecho, largo ó breve, esso no era de cuenta de nuestro Predicador, porque ni á él le tocaba hacerle mas capaz, ni la estrechez de la Iglesia podia perjudicar un punto la magnificencia del sermon, siendo ya cosa acreditada repetidas veces por la misma experiencia, que en la Iglesia mas sumptuosa de la Christiandad se puede predicar un sermon malo, y en una desdichada ermita ó humilladero rural se puede predicar un excelente sermon. Lo que hace á nuestro intento y á la immortal gloria de nuestro Fray Gerundio, es que la Iglesia de Campazas, tal qual Dios se la deparó, estaba toda de bote en bote y que, aunque cayesse (por comparacion) de las mismas nubes un alfiler, lo que es al pavimento no podia llegar, porque ó se quedaria en el tejado de la misma Iglesia, como es lo mas natural, ó, caso de meterse por alguna rendija, boqueron ó gotera, tropezaria en las cabezas del auditorio, y allí ó en el vestido pararia sin duda, hasta que la Iglesia se fuesse desocupando.
26. Pero ya es tiempo de que volvamos á nuestro Fray Gerundio, que le tenemos incomodado y puesto de rodillas por mas tiempo del que se acostumbra, no sin grande impaciencia suya por tanta detencion, especialmente quando estaba reventando, assí por salir de su cuidado como por desplegar las velas del discurso, navegando viento en popa por el mar de su mayor lucimiento.
27. Levantóse pues con bizarríssimo denuedo, volvió á hacerse cargo de todo el auditorio con grave y magestuoso despejo, tremoló successivamente sus dos pañuelos, primero el de color, con que se sonó en seco, y despues el blanco, que passó por la cara ad pompam et ostentationem; entonó su Alabado con voz gutural y hueca; persignóse espurriendo bien la mano derecha y teniendo con la izquierda la parte anterior de lo que se llama muceta en la capilla; propuso el texto sumisa, pero sonoramente, y dió principio á su sermon de esta manera. Pero, salvo el mejor y mas acertado parecer de nuestros lectores, á nosotros nos parecia mas conveniente hacer capítulo aparte, porque el presente harto será que no sea ya muy prolixo.
CAPITULO IV.
Expónense á la admiracion algunas cláusulas del Sermon de Fray Gerundio.
1. Duró por mucho tiempo en nuestra indecision la grave duda de si copiaríamos á la letra todo el sermon de nuestro famoso Predicador, ó nos contentaríamos con escoger algunas cláusulas entre aquellas, que á nuestra limitada comprehension se representaban como las mas sobresalientes, para que el discreto lector por la parte viniesse en cabal conocimiento del todo; no de otra manera que una sola uña bien dibujada en el lienzo da á conocer la magestuosa ferocidad del Monarcha coronado de la selva, y una sola linea, que corrió al desgaire por el campo de la tabla, hace presente á los ojos penetrantes la diestra mano, que dió milagroso impulso á la delicadeza del pincel.
2. Por una parte nos hacia lastimosa compassion, y aún en cierto modo nos parecia especie de usurpacion injusta y hurto literario, defraudar al público aún de la mas mínima palabra que se huviesse desprendido de la boca de nuestro divino Orador, siendo cierto que hasta las que se salian de ella á escusas de su advertencia merecian engastarse en diamantes, para que compitiesse su duracion con la permanencia de los siglos. Por otra se nos representaba que, como no todos los lectores son tan inteligentes, ni tan pacíficos, ni de tan buena condicion como nosotros los quisiéramos, qué sabíamos si quizá nos depararia nuestra mala suerte algunos de ellos tan cetrinos, tan indigestos y de gusto tan estragado, que diessen al Diantre nuestra Historia, viendo interrumpido el hilo de la narracion con prolixos trassuntos de los partos intelectuales de nuestro Heroe? Y acaso no faltaria alguno tan atrevido, que nos echasse á los hocicos que, aún quando los referidos partos fuessen tan preciosos como á nosotros nos los figuraba nuestra passion, era impertinencia empedrar de ellos la Historia, por quanto al Historiador toca hacer fiel relacion de los hechos y proezas de su Heroe, pero no una impertinente coleccion de sus obras; porque de otra manera, si los que escrivieron las vidas de los quatro santos Doctores de la Iglesia y de tantos Escritores venerables, emprehendiessen insertar en ellas todas las producciones de sus plumas, no dexarian de hacerse un si es no es molestos y pesados.