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Córdoba

RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAÑA. SEVILLA, CÓRDOBA, CÁDIZ. (continued 2)

Reading edition

Estas palabras de Azazil avivan en el pecho del Coreixí la amortiguada llama del entusiasmo: hierve de nuevo en sus turgentes venas la sangre del impetuoso Merwan, y al pensar en las delicias del Genna[47], en la deleitosa sombra del granado inmortal plantado cabe el trono invisible del Eterno, en los cuatro místicos rios que brotan de su pié, y en las hurís etéreas nacidas de sus incomparables frutos[48]; al recordar que su muerte está tal vez próxima y que solo le falta emprender aquella grande obra para asegurarse la posesion del Paraiso y el don de la perpetua juventud en brazos de aquellas encantadoras vírgenes, sacude el letargo y la tristeza, y resuelve inmediatamente seguir la inspiracion del ángel que ha hablado á su oido.

Era la hora de adohar[49], y Abde-r-rahman, que á pesar de su edad avanzada solia dejar el blando lecho al alba para recrearse con sus favoritos en la caza de aves, no habia aun salido de su apartamiento. Cinco horas hacia que sus halconeros le esperaban con los caballos y los perros en el límite de la Ruzafa, cuando les despachó por uno de sus esclavos la orden de retirarse. Mandó á su eunuco Mansur, hagib á la sazon por muerte de Abde-r-rahman Ibn Mugheyth, que convocase á los jeques de su consejo[50] y á los secretarios de su mayor confianza, y despues de referirles la sugestion que aquella mañana le habia ocupado, les habló así en tono inspirado y solemne:

«Dos gigantes aspiran á dominar el mundo; el tercero que rivalizaba con ellos no lleva en sus entrañas corazon ni culto[51]. El dragon imperial que habia trabado alianza con la Cruz[52] está herido de muerte. ¿Quién dudará de la victoria del leon del desierto?

»El cristiano idólatra dice: Europa es la reina, Asia su sirviente. El fiel musulman esclama: del Oriente sale la luz, Algufia duerme en las tinieblas.

»La Iglesia y el Islam se miran frente á frente como el leon y el tigre despues de la primera embestida: dos barreras que antes los separaban ceden ya al poder de Allah clemente y misericordioso: en las montañas de Afranc deja el tigre cauteloso la presa por la vuelta[53]: en la ciudad de Constantino devoran las hogueras los monasterios, los monges y los ídolos, y á los golpes del martillo Isáurico se va desmoronando Santa Sofía[54].

»Los bárbaros de las regiones del hielo se estremecen de placer en sus pellizas esperando que un pontífice romano ponga en la diestra de Károloh[55] el globo de Constantino; pero las hermosas hijas del Yemen celebran con las zambras y cantares de sus alméas las victorias de los hijos de Ismael, que por la virtud del Koran se abren las puertas del Oriente y del Occidente.

»La perla de la Propóntide no pasará á ornar la sien del Franco, aunque la amedrentada Irene le brinde con su mano y su diadema[56]. Bizancio aborrece los ídolos y se entregará en brazos de los Emires.

»Los hijos de Odino se han cubierto de ignominia doblando las cervices bajo la maza Carlovingia: Witikindo se ha sostenido solo contra el bárbaro de Austrasia, los demas caudillos germanos han palidecido como mugeres y revestido en Paderborn las blancas túnicas de los Catecúmenos incircuncisos[57].

»Pero los hijos del Yemen han sombreado con el velo del Islam la parte mejor de la tierra, desde el Thibet hasta el Pirineo, y á impulso de la cimitarra de los fieles espiran el dragon imperial en los páramos de Sem[58], la escuela de Cristo en los verjeles de Japhet.

»Los Salvages, cubiertos de pieles, aullaron como lobos hambrientos con la esperanza del botin durante las disensiones de los hijos de Ismaël: vieron que sobre las orillas del Eufrates se cernia el fatídico cuervo, y que la blanca paloma habia desamparado su antiguo nido, y se imaginaron cebarse en las riquezas y placeres; mas estaba escrito que no sería para ellos la hermosa tierra del azahar y de la oliva, y el pastor del rebaño del Profeta los hizo rodar perniquebrados por las vertientes de sus ásperas montañas[59].

»Entonces cantaron las vírgenes y los ancianos del Hedjaz: no hay mas Dios que Dios, ¡Mahoma es su Profeta! Poderosa es la raza Coreixí: Dios clemente ha vinculado en ella el precioso collar de Cosroës y las veinte y cinco coronas de los reyes de Iberia[60].

»Se imagina el gigante idólatra ser el sucesor de César: no advierte que sobre el plátano se ha levantado la palma en el Andalús[61], y que á su gallardo columpio acuden hoy de Africa y Asia las aves vocingleras.

»Nuestro es en verdad lo mas aventajado de la tierra: en nuestro dominio se crian las aves de mas vistoso plumage, las piedras preciosas de mas valor, y las plantas de mas fragancia. Es el predilecto del sol que le da fuego fecundo, del mar que siempre le arrulla enriqueciéndole con el coral y la perla.

»El idólatra de algufia no ha abierto aun los ojos: la Iglesia le educa y ya le enseña á deletrear con su dedo[62]; pero el sucesor del Profeta ha gozado las delicias del saber y mojado el labio en las límpidas aguas de la elocuencia y de la poesía. No tiene, pues, que temer que el bárbaro rey de Afranc rivalice con él en virtud, magnificencia y cultura.

»No entregará Dios el mundo á los que se embriagan predicando penitencia, y se enriquecen ensalzando la pobreza, y se dan al libertinage recomendando la castidad[63]; mas nosotros, que buscamos la dicha en la tierra y la felicidad en el cielo, bendeciremos á Allah porque nos ha dado la miel dulce, la rosa balsámica, el rubí encarnado, la seda joyante y la muger hermosa.

»Para ellos los monasterios pobres y sombríos; para nosotros los verjeles, el harem, los baños y las aljamas: aljamas revestidas en lo interior de bruñidos jaspes y esplendorosos estucos, que con su luz y su fragancia transportan al fiel muslim á la casa celeste de la Adoracion[64] construida de jacintos rojos y cercada de lámparas inextinguibles.

»Para ellos claustros lóbregos y silenciosos, para nosotros las cristalinas fuentes y verdes arrayanes de los jardines; para ellos la vida triste y recelosa del castillo, llena de privaciones; para nosotros la existencia risueña y tranquila de la academia; para ellos la intolerante y suspicaz tiranía; para nosotros la monarquía clemente y paternal; para ellos la ignorancia popular; para nosotros la instruccion, pública y gratuita; para ellos los yermos, el celibato, el sacrificio, el martirio voluntario; para nosotros los campos fértiles, el amor, la fraternidad, la bienandanza, las comodidades y deleites; para ellos los penosos preceptos de la Iglesia, las enconadas disputas de los concilios; para nosotros los fáciles mandatos de la Sunnah y los entretenidos certámenes de los sabios y poetas.

»¡Gran contienda se inaugura entre la barbarie y la cultura, entre las sombras y la luz, entre Cristianos y Muslimes! Preparado está el mundo y dispuesto para grandes cosas, como el hierro que sale de la fragua enrojecido y solo espera la nueva forma que van á darle sobre el yunque.

»El Franco y el Arabe son la tenaza que le tiene asido, y cada cual levanta sobre él su martillo.

»Pero el Franco habrá de volver la maza á menudo contra otros bárbaros procedentes de los vastos páramos de hielo[65], y al Arabe le bastará sacudir con el ruido de sus corceles el indolente sueño del Ganges y del Indo que se mueren sobre las flores.

»No resta mas que vigorizar el brazo del forjador donde mas tenaz es la resistencia: un esfuerzo mas, y la vida del Oriente trasmigra al magestuoso Guadalquivir; un acto más de fé, y la magestad de Bagdad se humilla ante la reina del Andalús, y el Godo casto y salvage que hoy proclama rey la enriscada Asturias[66], hunde entre sus pobres templos de cal y piedra tosca[67] la férrea corona de puntas heredada de Pelayo.

»Alcemos, pues, á Allah que ha protegido nuestras armas; alcémosle sobre el gran rio del Andalús una aljama que supere en magnificencia á las de Bagdad y Damasco, solo comparable á la santa Alaksa de Jerusalem; y los legítimos sucesores en la herencia de Othman impíamente sacrificados, exultarán aunque insepultos.

»Levantemos la Caaba del Occidente[68] en el solar mismo de un templo cristiano que tengamos que derruir, para que caiga la Cruz entre escombros y sobre su polvo descuelle el Islam radiante.

»Ostentará la gran mezquita todas las galas del mediodia y del Oriente: su arquitectura será un espléndido compuesto de todos los estilos, para que en ella puedan leer los venideros todas nuestras conquistas.

»Sea su planta parecida á la de las basílicas del Crucificado, para que la casa de Dios oprima la casa de los ídolos: atrio, pórtico, naves y santuario; todo en un recinto de cuatro ángulos y cuatro lados, como la santa casa de la Meka[69].

»Sea el atrio vasto, espacioso, desahogado: con abundantes y puras aguas para tas abluciones: tal que despues de edificado no haya lengua que ensalce el atrio de Santa Sofía. Descanse todo él sobre una anchurosa cisterna de bóveda subterránea, de modo que el peregrino de tierras de Asur, al refrescarse á la sombra de sus naranjos se crea transportado á los pensiles de Babilonia.

»Ábrase paso el gentío de los creyentes al cuerpo de la mezquita por once puertas circulares que correspondan á otras tantas naves, tendidas del algufia á la quibla[70], y la nave central sea mas espaciosa que las laterales, descubriendo en su fondo á los extasiados ojos de los muslimes la maravilla nunca vista.

»El cuerpo de la aljama aventajará por lo sorprendente de su perspectiva á la famosa mezquita de Amrú y á la santa casa de Jerusalem[71], porque sus once naves estarán cruzadas en ángulo recto por treinta y tres mas angostas: todas sostenidas en ricas columnas de mármoles variados, que al que las mire le representarán la imágen de una lucida hueste en simétrica formacion y belicosa apostura.

»Verdaderamente se asemejarán esas mil columnas al bosque de lanzas que presentaban en el inolvidable dia de las Víctimas mis leales Zenetes[72], fundamento de mi poderío. Sobre esas columnas voltearemos arcos que imiten sutiles banderas henchidas por el viento de la fortuna, y sobre el conjunto descansará una rica techumbre de alerce incorruptible, así como en mis soldados descansa en España la incontaminada Sunnah, que á todos nos ampara.

»¿Qué espectáculo será semejante al de esos mil arcos ligeros descritos en el espacio, apenas sostenidos en sus arranques y dejando pasar la luz, como un bosque ornado de guirnaldas que sacude y levanta la brisa? No sabrán las gentes á qué compararlo, porque no habrá monumento antiguo ni moderno que ofrezca tan original combinacion.

»No profanarán nuestro templo simulacros groseros, no tendrán en él cabida los ídolos de los adoradores de los astros y del fuego, ni los emblemas impuros de la India y del Egipto, ni los perecederos dioses de Grecia y Roma. Ormuz y Siva, Venus y Rea, Jesus y María, no recibirán de los Muslimes idolátrico culto; el único símbolo que en nuestra aljama pondremos será esa gallarda curva sostenida en el aire, que recordará á los verdaderos creyentes la afortunada huida del Profeta á Medina.

«Esa es la mística forma que en aquella memorable noche dibujaron en el cielo la luna nueva que le iluminó el camino, y en la tierra el poderoso casco de su caballo[73].

»Como en la marea creciente dibuja la ola en la arena de la playa su círculo, pasando sobre la huella de la oleada anterior, así el dichoso flujo de nuestras conquistas fué pasando triunfante sobre los pueblos sojuzgados. Quiero, pues, que nuestro rápido crecimiento marque sus grados en esas suntuosas columnatas, y que los arcos que lleven la incorruptible techumbre se levanten sobre otros arcos inferiores.

»Espanto y lágrimas producirá en los Cristianos la amenaza de esa creciente marejada; pero los que se conviertan verán en esos arcos el iris de la paz y de la bonanza.

»Coronarán los pulidos fustes de mármol y jaspe elegantes capiteles en que alternen el gracioso canastillo corintio y el magnífico compuesto romano; los arcos de la nave central aparecerán ricamente ataviados, y en el vestíbulo del mihrab prodigará la exuberante imaginacion del Arabe las encantadoras y lujosas combinaciones de la ornamentacion asiria y griega. En él se elevará la magestuosa cúpula bizantina, que protegerá la tranquilidad del hijo de los Califas durante sus oraciones[74]. Cerrarán esta incomparable aljama cuatro altos y gruesos muros fortalecidos con torreones, cuya solidez desafiará á la de las insignes obras romanas de Africa y España, y cuyas endentadas almenas traerán á la memoria nuestras lejanas conquistas[75].

»Despues de terminada nuestra obra, vengan en buen hora á disputarnos los adoradores del hijo de María el predominio sobre el Occidente. El libro santo que tengo reservado[76] para el inimitable mihrab que ha de ser la maravilla del Andalús, conservará la unidad de nuestra fé: inalterable é inflexible nuestra creencia, crecerá el islamismo pujante en Europa arrollando esa multitud de leyes, sectas é instituciones que traen divididos á los incultos Godos y Germanos, y la Ley del Profeta, que es hoy el vínculo áureo de su pueblo predestinado, será con el tiempo la férrea argolla que fuerce á los rebeldes imperios idólatras á prosternarse ante la Quiblah de la grande aljama.»

Así habla Abde-r-rahman, y los jeques de su consejo, que con respetuoso silencio le han escuchado, aplauden su piadoso propósito, añadiendo que verdaderamente ha espuesto con elocuencia la situacion actual del mundo y predicho con tono de adivinacion el futuro engrandecimiento del nuevo Califato. Alguno de ellos, contagiado tal vez de las doctrinas que públicamente se enseñan en las iglesias y monasterios cristianos de Córdoba, baja la vista al suelo y guarda silencio, dudando del triunfo que el hijo de Moavia cuenta por seguro, y juzgando que este no ha comprendido la moral de los que siguen al Crucificado.

Umeya Ibn Yezid, secretario favorito de Abde-r-rahman, y que por su oficio de Katib era el encargado de estender las órdenes del soberano[77], y de la proteccion y seguridad de los Cristianos y Judíos de Córdoba, fué inmediatamente comisionado para tratar con el Obispo y con el Conde[78] de los Cristianos la compra formal del templo sobre cuyo solar habia de erigirse la nueva mezquita. Mandóle que llamase á sus arquitectos para comunicarles su plan y darles sus instrucciones, y añadiendo algunas órdenes para su tesorero y para el colector de los impuestos relativamente á las sumas que se proponia destinar á dicho objeto, despachó á sus consejeros. La hacienda de Abde-r-rahman se hallaba en estado floreciente á pesar de los cuantiosos gastos que habia tenido que hacer para dar esplendor al naciente Califato: sus prodigalidades con los hombres dedicados á la ciencia y la literatura, el numeroso ejército que habia constantemente mantenido en pié para sofocar en todas partes los gérmenes de la rebelion, las costosas obras que habia emprendido para que rivalizase Córdoba en lujo, magnificencia, palacios, jardines, alamedas, casas de recreo y de placer, con las ciudades de Bagdad y Damasco, habian agotado á veces sus arcas; pero estas se habian vuelto á colmar cuantas veces habia sido menester merced á la habilidad con que el descendiente de Merwan sabia hacer fecunda la estéril roca de la Sunnah. El impuesto legal prescrito por esta, denominado de la limosna (sadakah)[79], el que satisfacian los Judíos, el tributo del azaque, y el que pagaban los Cristianos por razon de sus personas, iglesias, monasterios y catedrales, no habian podido cubrir tan exorbitantes gastos; y habia sido necesario que el Sultan gravase á sus súbditos con contribuciones no autorizadas por su código religioso. Habíanse establecido nuevos impuestos despreciando las reverentes reclamaciones de algunos meticulosos Cadís contra la manifiesta violacion del texto de la ley, y habia recursos mas que suficientes para atender á la obra proyectada por dispendiosa que fuera. La sola compra del solar habia de costarle una gran suma.

Pero las primeras negociaciones encomendadas al katib Umeya fueron infructuosas. Los Cristianos, firmes en los artículos de la capitulacion que se les habia otorgado por los Sarracenos conquistadores de Córdoba, no querian vender á Abde-r-rahman el templo en que este habia fijado sus miras, y que era una espaciosa basílica cuya posesion compartian con los sectarios del Profeta[80]: pues los Musulmanes, en efecto, fieles á la práctica entre ellos establecida por consejo del Califa Omar, de dividir con los Cristianos las iglesias de las ciudades conquistadas, al tomar á Córdoba habian partido en dos la principal de sus basílicas, dejando una mitad á los naturales y apropiándose la otra, que habian al punto convertido en mezquita. Los Cristianos satisfacian religiosamente el tributo que se les habia impuesto para poder permanecer con sus iglesias, obispos y sacerdotes[81]: y si bien habian sufrido despojos y exacciones injustas de parte de los gobernadores nombrados por los Califas de Oriente en los años pasados, la justificacion y buen nombre del hijo de Moavia estaban interesados en que la deseada cesion ó venta se hiciese sin asomo de violencia. Conocia Abde-r-rahman con su natural talento, que el celo de los naturales estaba notablemente entibiado, que el fervor religioso era mayor en los conquistadores que en los conquistados; creía que el cautiverio y la afliccion habian domado la pasada entereza de los Cordobeses; que la Córdoba de su tiempo no era ya aquella heróica colonia patricia convertida, tan dispuesta al martirio y pródiga de su propia sangre, cuando guiaba el rebaño de Cristo el grande Osio bajo la persecucion de Diocleciano y Maximiano, ni la Córdoba ortodoxa que habia padecido guerras, hambres y peste, por no contaminarse con el arrianismo; sabia, por último, que á pesar de la enseñanza católica dada á la juventud cristiana en las escuelas y colegios de los monasterios, donde tanto se distinguian ya algunos abades y jóvenes seglares, formidables quizá á los Mahometanos para lo venidero[82], la iglesia de Córdoba ahora padecia dolorosas excisiones por las nuevas doctrinas de Migencio y de Elipando[83], y se imaginaba que sus pastores no seguian ya las huellas de aquellos primeros obispos tan ominosos á los Donatistas, á los Luciferianos, á los Gnósticos y á los Priscilianistas, y cuya vida habia sido una lucha continuada contra los enemigos de la Iglesia[84]. Sorprendióle, pues, sobremanera la repulsa de los Cristianos, pero la idea entre verdadera y falsa que se habia formado del pueblo sojuzgado y de los encargados de su gobierno, le hacia esperar que venceria su resistencia con solo insistir y encomendar al tiempo el resultado de las proposiciones entabladas en su nombre. Así realmente sucedió, pero quizás no por la causa en que él confiaba.

¿Cómo fué el conseguir Abde-r-rahman tan grande sacrificio de los Cristianos? ¿Cómo el resolverse estos á abandonar su basílica principal á los Mahometanos? ¿No habian sido aquellos santos muros testigos de sus promesas y juramentos en las épocas solemnes de la vida? ¿No habian ellos escuchado sus votos, los votos de sus hijos y los de sus esposas al recibir los divinos Sacramentos? ¿Por ventura les era ya indiferente ver profanada aquella tierra que santificaban las preciosas reliquias de sus mártires; removida la pila bautismal que les habia abierto la entrada al gremio de los fieles; derribado el santo tabernáculo que constante y amoroso habia habitado el mismo Jesucristo trasustanciado en pan de vida eterna; despojada, desnuda y despedazada, por fin, el ara santa donde diariamente desde pequeñuelos, ellos, sus padres y sus abuelos, habian presenciado el Santo Sacrificio de la Ley? ¿Era posible que no tuviesen apego y cariño al baptisterio donde al nacer habian recibido la blanca vestidura de la inocencia y las armas de soldados de Cristo, al altar ante el cual se habian desposado, á todo aquel recinto, en fin, centro de su vida moral, donde habian aprendido á orar y á merecer, donde habian temido y esperado, entonado himnos y vertido lágrimas de amor y de penitencia? «Solo Dios omnipotente lo sabe,» diremos nosotros segun la costumbre de los historiadores árabes cuando no aciertan á darse razon cabal de alguna cosa.

Es cierto que bajo Abde-r-rahman I los Cristianos de Córdoba no fueron jamás molestados por causa de su religion: pagaban, sí, como pueblo conquistado crecidos tributos, pero eran respetados en sus creencias, tenian sus iglesias y monasterios, donde celebraban públicamente su culto, y no se cuenta que sus ministros, simples sacerdotes ó prelados, sufriesen vejaciones de parte del primer rey Umeya del Occidente. Al contrario, si comparaban su estado presente con el pasado, podian considerarse ahora como muy dichosos, porque la tiranía que á sus padres habia afligido desde el cruel Alahor hasta el codicioso Toaba, no la habian conocido ellos[85]. Cierto que se alzaba en Córdoba, ominoso á la ley de Cristo, un nuevo imperio cuyo formidable crecimiento se palpaba, cuya dominacion se temia: no empezaba amenazando, por lo mismo era mas imponente; no revelaba todos sus instintos, pero estos se presentian. Los mas doctos y perspicaces veían aunque lejana cernerse ya sobre la iglesia de la Bética la hosca nube de una persecucion sangrienta; mas la generalidad gozaba de la presente tolerancia; no era pues el miedo por entonces motivo para ceder al capricho del intruso soberano, el cual, si bien significaria su deseo con el tono propio del dominador cuando se dirige al dominado, habia resuelto por lo visto no hacer uso de la fuerza en esta ocasion. ¡Y sin embargo el templo fué vendido![86]

A pesar de las sensibles reticencias de la historia respecto de este suceso, cuyos pormenores no pueden determinarse mas que los vagos contornos de una escena que se sueña, discurramos, lector amado, segun las probabilidades, y hagámoslo de manera que no resulte injurioso el relato de la venta de la basílica cristiana, ni calumniosa la semblanza del prelado que la consintió, si algun dia llegan á descubrirse documentos que aclaren el hecho. No imitemos la peligrosa práctica de muchos modernos novelistas y dramaturgos, que apoderándose de los personages históricos para entretener con sus hechos los ocios de los aficionados á aventuras prodigiosas, y fundando en la mera posibilidad sus invenciones, suplen el silencio de las crónicas acumulando sobre ellos á placer interesantes monstruosidades, esponiéndose al riesgo de que un ignorado y empolvado documento producido á nueva luz los deje como infamadores convictos. Sea diversa nuestra regla: creamos que donde hubo maestros para hombres tan insignes en letras y en virtudes como S. Eulogio y Paulo Alvaro, no pudieron faltar virtudes para proceder con conciencia pura, ni letras para obrar con pleno conocimiento de lo que permitia y vedaba la disciplina de la iglesia goda; tengamos por seguro que el clero de Córdoba fué siempre digno de la alta reputacion que supo granjearse en todas las épocas conocidas de nuestra historia sagrada, pues no haremos escesiva gracia al que en todos sus actos notorios procedió como santo, si en alguno de sus hechos ignorados le suponemos consecuente. Y si con este espíritu de justicia procedes, facilmente comprenderás si pudieron mediar causas que hiciesen la enagenacion de la basílica catedral de Córdoba no solo legítima y válida segun el derecho canónico de aquellos tiempos[87], sino tambien oportuna y beneficiosa.

Ocurriría quizás lo siguiente: recibido que fuese por el obispo de Córdoba el mensage del rey árabe, el prelado reuniria su cabildo, y al esponerle la voluntad y proposicion del mahometano, al punto, como en toda reunion numerosa acontece, se pronunciarian divididos los pareceres: no porque la oferta de Abde-r-rahman tentase la codicia de los que desde luego se hubiesen declarado por la cesion de la basílica, sino porque su propio celo les hiciese mirar como ventajosa su traslacion á otro punto. Acaso el mismo obispo sustentaria esta opinion y la esforzaria ante el cónclave ó cabildo canonical con las sólidas razones que hoy mismo podemos colegir de aquellas circunstancias; y aquellos piadosos presbíteros se convencerian de la necesidad de admitir el ofrecimiento del monarca infiel. Tal vez los mismos que al principio lo repugnaban, acabarian por reconocer que lo que ahora se les pedia en tono amistoso, mañana otro se lo podia exigir en son de amenaza, y que lo que ahora rehusaban entregar con ventaja, tal vez se lo quitarian mañana violentamente con gran profanacion y daño. ¿Qué podian prometerse de la resistencia? Que ese pagano poderoso que los toleraba, se convirtiese en tirano que los acosase y destruyese. ¿Quién les aseguraba que á la muerte de ese rey, ya anciano, habian de disfrutar la paz y libertad que ahora se les concedia? Los sucesores serian quizá de condicion menos apacible, y entonces caerian en poder suyo todos los edificios sagrados sin resistencia. Considerarian por otra parte la mancilla que llevaban desde que la secta de Mahoma habia ido á albergarse bajo la santa techumbre de su propia basílica; los males que de esta nefanda promiscuidad se seguian á su grey, en desdoro del pastor que toleraba permaneciese el rebaño de Cristo en el redil de que se habian apoderado los lobos; los grandes inconvenientes que esta odiosa cohabitacion llevaba consigo; la imposibilidad de celebrar dignamente sus santos ritos y adorables misterios en el angosto recinto á que se veían reducidos; lo mucho que retraía al pueblo de la asistencia á los divinos oficios de la catedral el temor del contacto con los impuros prosélitos del falso Profeta; finalmente, las ventajas que podian prometerse de trasladar á lugar mas decoroso las santas reliquias allí depositadas, erigiendo al propio tiempo á los tres gloriosos mártires Fausto, Januario y Marcial, cuyo templo veían lastimosamente derruido[88], una nueva iglesia que fuese su principal basílica; y tributando acciones de gracias y loores al Omnipotente que así mitigaba las tribulaciones de su Iglesia permitiéndoles edificarle nuevos templos durante su mismo cautiverio, abrazarian con resolucion el partido que su Divina Magestad les sugería tomando al rey infiel por instrumento de sus altos designios. ¡Solo, en efecto, el Dios todopoderoso é infinito sabia entonces si algun dia habian de exultar las venideras generaciones libertadas de la triste servidumbre en que vivian, plantando de nuevo la gloriosa enseña de la redencion sobre la soberbia mezquita que ahora consentía se erigiese en castigo de sus pecados!

Ya una vez habia descollado la cruz triunfadora sobre el magnífico cornisamento del templo de Jano cuadrifronte; ahora parecia eclipsarse el resplandor del santo Lábaro, derribado de la famosa basa antigua; y era que efectivamente le tenia reservado el Eterno como pedestal el monumento incomparable producido por el último esfuerzo de todos los genios del Oriente conjurados contra el cristianismo.

Resuelve el cabildo entregar el templo con la condicion de que se le permita reedificar la basílica de los tres mártires en los pasados años destruida, y admitido por el Sultan el pacto, autoriza el obispo la enagenacion. El árabe jactancioso manda al punto que se dé á los Cristianos el precio convenido, que reciben en dinares de oro, y les insta para que desocupen prontamente el local, porque Abde-r-rahman es ya de edad avanzada, y urge que los suntuosos despojos de Itálica, Mérida y otras ciudades monumentales de los orgullosos Romanos, reciban su providencial colocacion en el soberbio edificio que levanta á Mahoma junto al gran rio de la Bética la raza predestinada que avasalló á los antiguos dominadores del orbe en cuantas provincias reconocian la autoridad de Heráclio. Llenas todas las formalidades consiguientes al convenio celebrado, verifícase la traslacion de las reliquias, vasos sagrados, imágenes y demas objetos religiosos al lugar provisional en que debia celebrarse el culto mientras se hacia la nueva iglesia: los Cristianos mas fervorosos acuden á presenciar la remocion de aquellos amados objetos, á regar con lágrimas aquella tierra santificada con despojos de mártires, á dirigir una mirada de tierna despedida á aquel magnífico templo, bajo cuyos dorados artesones habia un tiempo circulado, como trueno de nube fecunda, la voz del santo confesor Osio repitiendo los artículos del Símbolo que su inspirado labio habia dictado en presencia de Constantino en la asombrada Nicea[89]. Despojado por fin el templo, desocupados los claustros de los eclesiásticos y de los niños ofrecidos al servicio del culto[90], hecha tambien la traslacion de la escuela y biblioteca[91], reúnense á hora desusada de la noche bajo las silenciosas y desnudas columnatas romanas, sentenciadas á inmediata demolicion, el prelado, los presbíteros con su arcipreste, los diáconos con su arcediano, los subdiáconos y todos los clérigos menores con su primicerio, el instructor de los clérigos, el presidente de la sacristía, el archiscrinario, por último el seminario de los oblatos con el docto y piadoso anciano que los educa y rige, los ostiarios, y todos los seglares consagrados al servicio subalterno de la basílica, con no pocos feligreses devotos; y en solemne y lúgubre cortejo, despues de dichas las preces oportunas, entonando á media voz con sigiloso modo el breve y elocuente salmo Usque quo, Domine, oblivisceris me in finem, tan adecuado á los sentimientos del alma atribulada que recurre á Dios con firme esperanza, en el cual sobresalen las argentinas voces de los descuidados é inocentes niños y algunos mal reprimidos sollozos de los apesarados feligreses, salen del profanado templo por su orden, sin iluminacion ni aparato, y van desfilando magestuosamente á favor de las nocturnas tinieblas hácia una de las parroquias de la Ajarquía, en cuyas angostas y tortuosas calles se pierde en breve la piadosa comitiva.

¡Con cuánta ansia aguardaba el hijo de Moavia este momento! No bien llega á su noticia la entrega de la basílica, manda cerrar la mezquita provisional á ella contigua, deja su quinta de la Ruzafa, trasládase al alcázar de la ciudad para dirigir mas de cerca la obra que proyecta, traza por su propia mano diversos planos segun las grandiosas ideas que habia comunicado á sus hijos y consejeros, y dispone que empiece al punto el derribo del antiguo edificio. Con prodigiosa actividad llévanse á efecto sus órdenes. Las adiciones que habian tenido que hacer los Sarracenos en su primitiva mezquita mayor habian sido tantas hasta entonces, y tantos los techados que sucesivamente habian tenido que ir añadiendo con la necesaria degradacion para facilitar los desagües, que apenas podia ya el pueblo musulman estar en pié bajo las últimas cubiertas del edificio, cuya capacidad obstruía por otra parte el gran número de pilares de madera en que aquellas se habian ido sosteniendo. En esta incómoda mezquita, como en terreno prestado, se habia celebrado el culto público de Mahoma en los años mas gloriosos, si no los mas felices, del reinado de Abde-r-rahman I; pero ahora en su venerada vejez anhelaba dilatar sus arrogantes miradas en nueva, espaciosa y magnífica aljama, haciendo una sola casa de adoracion de la mezquita y la basílica reunidas, sustituyendo al tabernáculo el libro del Profeta, al ara sagrada el lujoso mimbar, al ambon el púlpito de los khatibes, y á las nubes de incienso los fragantes pebeteros de aloe y ambar-gris. Ansioso de ver la obra terminada, constitúyese en ella diariamente el infatigable anciano, mira con placer rodar sobre el marmóreo pavimento romano los fustes y capiteles que habian sustentado la enseña de Cristo confundidos con los pilares en que se habia sostenido la glorificacion del sensualismo; píntase en su atezado y enjuto rostro la alegría cuando ve enteras las magníficas columnas corintias tendidas á sus piés; confundido con la turba de los obreros, entre cuyos variados trages, indicio inequívoco de diversidad de naciones, se divisa con frecuencia la blancura de su ámplia vestidura habitual y de su turbante de finísimo lino, dispone solícito la conservacion de aquellos preciosos fragmentos, los hace clasificar cuidadosamente, manda que se unan á los que sus walíes le van enviando de Itálica y Mérida, y al mismo tiempo que avanza la obra de demolicion, promuévense sin levantar mano los trabajos para la construccion nueva. ¡Qué actividad, qué movimiento en toda la ciudad y sus cercanías! Diríase que la ereccion de la aljama principal es el único negocio que ocupa á la corte del naciente Califato. No hay en el alcázar dependencia que no intervenga en la gran novedad que se inaugura, ni en la poblacion industria que no reciba impulso. Mientras en las fábricas y talleres, en los bosques y canteras de la sierra, en los caminos de la montaña á la ciudad, en las caleras y hornos de ladrillo, todos se agitan afanosos; mientras el arquitecto sirio medita sobre sus planos y los que ha trazado la mano misma del rey, y el Katib escribe pidiendo artistas útiles al Africa y al Asia, y los maulís y poetas protegidos por Abde-r-rahman se esfuerzan en merecer los agasajos del monarca colmándole de elogios por su grandioso pensamiento, el pueblo desocupado y curioso hormiguea á todas horas en torno de los espaciosos fundamentos, y todo presenta una animacion y un interés difícil de describir.

Presiente Abde-r-rahman que no verá concluida la grandiosa aljama, y anhela que con toda presteza queden cubiertas al menos las peregrinas arquerías que forman sus naves, para tener antes de morir el consuelo de inaugurar en la Caaba de Occidente el culto del Islam con una de aquellas sentidas y elocuentes arengas que tenia por costumbre dirigir á su pueblo en la mezquita antigua los dias de juma[92]. La rapidez con que avanza la obra solo es comparable á la que se observa en la ejecucion de todas las empresas que acomete el soberano, el cual, si bien procede con pausa y reflexion en sus determinaciones, cuando resuelve llevarlas á cabo no consiente demora. Alzanse como por encanto los gruesos muros, las torres que les sirven de estribos, los espaciosos machones de la gran cisterna: tiéndese sobre estos la espaciosa bóveda subterránea destinada á sostener el ameno pensil de las abluciones: elévase ya sobre cimientos de asombrosas dimensiones el cuerpo primero del alminar, de donde ha de partir cinco veces cada dia el sonoro clamoreo del aliden[93]: no parece, en fin, sino que los genios gigantes de las montañas de Kaf[94] hacen rodar hácia el Guadalquivir desde las canteras de la selvosa sierra de Córdoba los poderosos sillares cortados, y que las encantadas péris del Eufrates, jugueteando en las túmidas ondas del gran rio y sus cañaverales, dirigen en las nocturnas horas al son de las inefables armonías asirias la obra de los jines propicios que Azazil envía como invisibles auxiliares al creyente fundador. ¿Quién, en efecto, sino ellas puede inspirar á los ingeniosos artífices levantinos empleados en la decoracion de ese monumento, los inimitables y bellísimos adornos que traza su mano sin fatiga, y como trasladando á los planos de estuco y de mosáico los contornos de las flores y vástagos del jardin del Paraiso?

Apenas han transcurrido dos años desde que se empezaron á echar sus cimientos, y ya se levanta la cuadriforme ciudadela del Islam por encima de las alamedas del rio, emparejando en altura con el severo alcázar de Rodrigo[95], y descollando entre las construcciones de la antigua ciudad romano-visigoda, recientemente decorada con sutiles alminares en que tremola la bandera blanca de los Umeyas, á la manera que descuella el casco de un magestuoso navío aun no aparejado entre las empavesadas góndolas de un puerto de mar. Pocas lunas mas, y los muros interiores, las soberbias columnatas de gallarda é inusitada forma[96], las elegantes hileras de dobles arcos sostenidos en corintios capiteles, los anchurosos pórticos, la hermosa fachada de once atrevidas puertas, las riquísimas portadas laterales flanqueadas de recamados ajimeces, la incomparable techumbre, en fin, de madera incorruptible labrada y pintada, quedarán terminados; pocas lunas mas, y la hotba[97] por la salud de Abde-r-rahman leida al pueblo desde el mas lujoso mimbar[98] del Occidente, se repetirá por mas de doce mil creyentes á una voz, ahogando con las vibrantes oleadas de la inmensa y atronadora deprecacion los vergonzantes himnos de los vencidos Nazarenos. Pasan en efecto esas pocas lunas, y no solo aparece la mezquita en disposicion de poderse habilitar para que se celebren en ella las públicas ceremonias el primer dia de juma, sino que hasta se descubre ya en la estremidad de su nave principal dirigida al austro el umbral del santuario, revestido de rica y deslumbradora ornamentacion bizantina: el venerado trasunto de la santa casa de la Meca, centro y norte de la adoracion de todo fiel muslim, cuyo acceso solo es permitido á la augusta persona del Amir. La grande aljama no está concluida, pero supliendo con ricos tapices de Siria y de Persia la decoracion de las paredes y la labor de las columnas, apenas comenzada, los obsequiosos arquitectos del Sultan han hallado medio de satisfacer la impaciencia de su señor. Prodíganse en las naves principales los esbeltos capiteles corintios, los gallardos fustes marmóreos de los monumentos romanos, destrozados por los walíes de las provincias para agasajar con sus despojos al monarca; colócanse en las naves secundarias los capiteles aun no cincelados y las columnas mas comunes: cúbrese el pavimento de flores y yerbas aromáticas; inúndase el sagrado recinto de luz y de aromas, aquella difundida por centenares de candelabros provisionales, estos exhalándose de cien pebeteros improvisados... ¿Podrá ya al menos el dichoso Umeya dirigir en la aljama de sus ensueños una vez antes de morir, como Imam[99] de la Ley, los ritos de un culto á cuya propagacion ha consagrado tantos sacrificios, tantos afanes, tantas esperanzas?... No podrá, no, que el almaleke encargado de cumplir el decreto de Dios le ataja el paso en medio de su rápida carrera. Ayer el glorioso invasor[100], recorriendo tal vez segun su costumbre las obras, rodeado de sus consejeros y favoritos, se entregaba á la vanagloria de un éxito venturoso; ¡y hoy cunde por toda la ciudad la siniestra noticia de que el hijo de los Califas tiene sentado á su cabecera al ángel de la muerte! A las dulces armonías de bien acordados instrumentos que resonaban dentro del harem y en los apartamientos de las esposas, han sucedido desgarradores ayes y lamentos; los eunucos y los esclavos mesan sus cabellos á las puertas de la augusta morada; los médicos hebreos mas afamados han agotado los recursos de la ciencia esterilmente, y entregan cabizbajos el ilustre moribundo á los últimos y piadosos obsequios de la sultana favorita, la hermosa Holal, madre de Hixem, la de los ojos negros. Ella es la que recibe su postrer suspiro, ella la que con solícita ternura baña y lava su cuerpo, ella la que le amortaja en siete blancos y finísimos lienzos, ungiéndole con preciosos aromas la frente, las manos, los piés y las rodillas, ella, en fin, la que, asistida de sus esclavas, le deposita en su lecho mortuorio[101]. Allí yace, en una de las estancias de su alcázar, cubierto con las mismas blancas vestiduras que son el distintivo de su preclaro linage, el sabio, el virtuoso, el victorioso, el afamado Abde-r-rahman, llorado por sus mugeres, sus hijos, sus consejeros, sus oficiales, sus protegidos, sus soldados, sus servidores y esclavos, por todos los que ayer le cercaban respetuosos mostrándole en sus labios la sonrisa del afecto ó de la lisonja. El juez superior de la aljama de Córdoba, Ab-du-r-rahman Ibn Tarif, anuncia al pueblo el doloroso acaecimiento desde el mismo mimbar que estaba dispuesto para el glorioso príncipe, y salen las turbas de la mezquita esclamando: ¡Duerme el Amir en la sombra de la paz! Allah le sonreirá en la hora de las cuentas porque guerreó en su camino. Ha muerto Abde-r-rahman, hijo de Moavia, hijo de Hixem Ibn Abd-el-Malek. El halcon Coreixí[102] que vino de Damasco ahuyentado por la negra bandera de los Beni Abbas, plegó sus alas en la perfumada orilla del Guadalquivir; descansa de su largo y rápido vuelo en la bendecida tierra del Andalús, donde es el mejor rebato, y donde hay promesas del Annabí de que un dia de pelea en ella es mas ensalzado y meritorio que dos años en cualquier otra frontera[103]. Ábransele de par en par las puertas del Eden, pues verdaderamente edificó en la Genna al fundar esta gran mezquita en el pais donde contarán de él y de su posteridad los convertidos rumíes: mandóseles que nos combatiesen hasta que dijéramos «no hay mas Dios que Allah,» y cuando esto dijimos ganamos por su medio esperanza y hacienda. Estas y otras semejantes esclamaciones hacen, acordes en su sentimiento por tan dolorosa pérdida, todos los que acuden á visitar al Sultan difunto, y entre ellos se señalan por sus estremadas demostraciones los jeques de las tribus Modharitas[104], los caudillos de los Eslavos, los adalides Bereberes y Zenetes, todos los walíes, capitanes, alcaides, cadíes y alfaquís de las circunvecinas provincias, que sin distincion de partidos, y depuesta toda rivalidad de razas, acudieron á la Sede del naciente Califato atraidos por la fama de la nueva fundacion. Todos, despues de hecha en sus personas la purificacion que prescriben la Ley y la Sunnah, se acercan en respetuoso silencio á la regia cámara, y entre el numeroso tropel que rodea el lecho mortuorio distinguimos primeramente á un hombre de rostro lampiño y macilento, abultado de cuerpo y lujosamente ataviado: es el eunuco Mansur, primero entre los de su especie que alcanzó en la España árabe el honor de ser encumbrado al cargo de hagib, y en quien el mérito personal justifica lo que á los ojos de los varoniles Yemenitas solo la tradicion asiática puede hacer tolerable. Ceden á este el puesto de preferencia otros siete personages, jeques del consejo privado del Sultan difunto, que son los siguientes: Abú Othman, el impetuoso caudillo árabe que habia sido el primero en levantar el estandarte de Abde-r-rahman en Andalucía; Abdullah Ibn Khaled, yerno del rey; Abú Abdah, gobernador de Sevilla; Shoheyd, hijo de Isa, hijo de Shoheyd, descendiente de un bereber, segun algunos de un griego, que habiendo caido prisionero en las primeras guerras del Islam, fué esclavo de Moavia hijo de Merwan; Abdu-s-sellám Ibn Basil, griego tambien, y liberto de Abdullah Ibn Moavia; Thálebab Ibn Obeyd Ibn Annadhdhám Al-jodhamí, gobernador de Zaragoza; y por último, A'ssen Ibn Moslem Ath-Thakefí, que era uno de los mas celosos partidarios de Abde-r-rahman, y el que en la famosa batalla de Músarah dió á sus tropas el ejemplo de cruzar á nado el rio. Vemos luego presentarse en la fúnebre estancia, con rozagantes aunque enlutadas vestiduras, y haciéndole cortejo una lucida guardia de honor, al príncipe Abdullah, grave y taciturno, que viene á sustituir á su hermano Hixem, sucesor en el trono, y ausente en Mérida, en el oficio de Imam, y á quien el Cadí de los Cadíes deja respetuosamente el puesto junto al féretro. Después de algunos momentos de absoluto silencio, y pasada la hora de la primera azala, procédese á la conduccion del augusto cadáver al cementerio del alcázar: concédese entrada franca al pueblo que recibió de su rey en vida tantas pruebas de amor y de justicia, y entre los que corren presurosos á presenciar el solemne entierro formando apiñadas turbas, se mezclan y confunden el Egipcio de piel tostada, procedente de Beja ó de Lisboa, el Emeseno que olvida la tierra del Líbano por la de Sevilla ó Niebla, el Palestino, descendiente de Filisteos, que habita en Medina Sidonia ó en Algeciras, el Persa de voluminoso turbante arraigado en la antigua Julia[105], el Asirio morador de la montuosa Elvira, el Kinserita que disfruta las minas y los pastos de Jaen, y el Damasceno que goza las preeminencias de Cortesano; sobresalen por sus ricos trages y por el privilegio de llevar el cabello largo recogido á un lado, los Cadíes de la capital y sus aledaños, distínguense los turbantes amarillos de muchos Judíos, y llaman la atencion por los lineamientos de sus bermejos semblantes no pocos Españoles de orígen godo, que habiendo nacido en la grey de Cristo, renegaron ¡oh mengua! de su religion, y seducidos por el interés sirven como mulados en el ejército musulman. Todas las clases de la poblacion hallan cabida en los espaciosos patios del alcázar, donde junto al capuchon del jeque, se despliega el taylasan de la gente comun, luce la vistosa sobrevesta ó la limpia cota del soldado, y hace pardusco fondo el raido darwazah del mendigo. Abre calle el gentío á la prolongada hilera del acompañamiento fúnebre, y llegado el cadáver al lugar de su sepultura, comienza Abdullah con lentitud y magestad la oracion ritual que repiten á media voz los asistentes: "Allah ua aqbar, loores á Allah que mata y resucita: suyas son las gracias y las grandezas y los imperios, él es sobre toda cosa poderoso! Señor, haz gracia y merced á Mohammad y á los de Mohammad, apiádate de Mohammad y de los de Mohammad! Señor, este es tu siervo Adde-r-rahman, hijo de tu siervo Moavia: tú lo criaste y mantuviste y lo revivificarás; tú sabes lo que hay en él secreto y paladino; venímoste á rogar por él. Señor, á tí nos acercamos, que tú eres cumplido de homenage. Señor, defiéndele de la tentacion de la huesa y de las penas de la Jehenna. Señor, perdónale y hónrale su morada, y ensánchale su huesa, y límpiale de sus yerros y pecados, y dale compañía mejor que la que tiene. Señor, si es bueno, crécele en descanso, y si es que faltó en tu servicio, pásale sus pecados, que tú eres sobre toda cosa poderoso. Señor, afírmale la lengua al tiempo de la pregunta de la huesa, y no lo repruebes, ni le escandalices con que no tiene poder para defenderse de ello. Allah ua aqbar, Allah ua aqbar, Allah ua aqbar.» Y despues de breve pausa añade en tono de oracion, sin que repita sus palabras la comitiva: «Señor Allah! perdona á nuestros vivos y á nuestros muertos, á los presentes y á los ausentes, á los grandes y á los pequeños, hombres y mugeres, que tú sabes nuestros fines: y pues tenemos esperanza en tu piedad, perdona nuestros yerros y pecados. Señor, defiéndele del escándalo de la huesa y de las penas de la Jehenna, y danos buen fin en nuestros dias: amen." Abdullah da salam[106] á la concurrencia, en seguida es entregado el cadáver á los sepultureros, y al hundirle en la huesa, donde es cuidadosamente depositado de cara á la quibla, dice por última vez el príncipe: «Señor Allah! nuestro hermano dejó el mundo y va hácia tí. Señor, afírmale la lengua en la demanda de la huesa, que tú eres sobre toda cosa poderoso!»

¿Para quién reserva Dios la tremenda gloria de acabar la gran mezquita? Para Hixem, hijo predilecto de Abde-r-rahman, jurado ya por todos los walíes como sucesor en el imperio, á quien aclama hoy solemnemente la ciudad de Mérida, cuyas calles recorre con gran pompa y numeroso séquito de caballería. Por él se hace ya la hotba y se pregona desde todos los alminares de las principales mezquitas de España, y en todas partes repite el pueblo: ¡Dios ensalce y guarde á nuestro rey Hixem, hijo de Abde-r-rahman!—¿Sabeis por qué la mezquita mayor de Córdoba fué tambien objeto de particular solicitud del nuevo monarca? Os lo voy á referir.

Residia en Algeciras un astrólogo afamado, cuyo nombre era Adh-dhobí. No bien subió Hixem al trono, le mandó llamar para que le predijese su destino, lo que el astrólogo rehusó hacer al pronto temiendo desagradar al nuevo rey. Cediendo por fin á sus insistencias, le dijo Adh-dhobí: «Tu reinado, oh amir, será glorioso y feliz, y señalado con grandes victorias; pero, si mis cálculos no salen fallidos, su duracion será de unos ocho años solamente.» Hixem permaneció largo rato silencioso y meditabundo, mas luego alzó sereno la frente y esclamó: Oh Adh-dhobí, tu prediccion no me amedrenta, aun cuando sea sugerida á tu boca por el mismo Omnipotente, porque si el tiempo de vida que me concede logro pasarlo en su adoracion, cuando llegue mi hora diré resignado: ¡hágase su voluntad! Despidió el rey al astrólogo despues de remunerarle fastuosamente, y cuenta la tradicion que desde aquel dia se abstuvo de los placeres mundanales, siendo la piedad, la justicia y la benevolencia la única guia de sus acciones. Con esta elevada mira fué su breve reinado fecundo en grandes empresas, reprimió la rebelion de sus dos hermanos Suleyman y Abdullah, llevó la guerra santa hasta la Cerdaña, entró y saqueó á Narbona, imponiendo á los infelices cristianos la dura obligacion de llevar en sus hombros hasta Córdoba la tierra de sus demolidas murallas, para hacer en sus alcázares una mezquita[107], hízose ominoso á la España y á los Francos, y por último contribuyó poderosamente á cimentar el imperio del Islam en Andalucía engrandeciendo su capital, reparando su magnífico puente, creando institutos de pública utilidad, y terminando la grande aljama fundada por su padre, donde estableció y dotó escuelas y madrisas: todo con los recursos del azaque y de su legítima parte en las conquistas, sin exigir de sus muslimes tributo alguno estraordinario. Tanto fructificó en el corazon de este grande y temido rey el germen de seria meditacion que en él depositó el agorero.

La grande aljama quedó concluida el año 177 de la Egira (año 793 de J. C.), contribuyendo á sus obras, lo mismo que bajo el reinado de Abde-r-rahman, el Amir con su asídua proteccion y personal asistencia, los walíes de las provincias con ricos despojos de antiguos monumentos, los artífices con su ingenio, las victorias con su pingüe botin, la ciudad con ceder los operarios, las sierras de Córdoba y Cabra con suministrar los tesoros de sus canteras, Africa con prestar sus incorruptibles troncos de pino-alerce, Asia con inocular en el naciente arte árabe-hispano el genio de la ornamentacion, sus inspiraciones, su poesía, y Dios en fin con permitir, en castigo de las culpas de nuestros padres, que la moral bastarda de los hijos del Yemen impregnada de letal materialismo se entronizase en la Bética como regla suprema de una sociedad rebelde al luminoso y casto yugo del Evangelio.

CATEDRAL DE CÓRDOBA. Puerta de las Palmas desde el patio.

CATEDRAL DE CÓRDOBA. Puerta de las Palmas desde el patio.
CATEDRAL DE CÓRDOBA. Puerta de las Palmas desde el patio.

Sí, la grande aljama está concluida: ¡tambien Hixem cree haber asegurado su puesto en el jardin eterno de las delicias! Ved esa nueva casa de adoracion magestuosamente asentada al confin meridional de la gran ciudad, junto á la verde orilla del mas ancho rio del Andalús, ocupando una estensa area regular de 460 piés del septentrion al mediodia, y de 280 de oriente á occidente, cercada de altos y gruesos muros almenados y bien guarnecidos, flanqueada en su recinto por robustos estribos de torres albarranas y un enhiesto alminar, abierta á los muslimes por nueve espaciosas y riquísimas puertas esteriores y once interiores, cuatro á cada lado de oriente y occidente, una principal al norte, y las once en la fachada interior, dentro del pensil de las abluciones, comunicando á otras tantas naves del templo. Contemplad la hermosa disposicion interna de ese insigne monumento, el gran patio que le sirve de atrio, con anchos pórticos en las tres bandas de norte, oriente y poniente, fuentes para el alguado[108] y las purificaciones, y frescas alamedas de naranjos y palmeras enlazados al pié por bien dispuestas plantaciones de flores; luego el magestuoso buque de la inmensa casa de oracion, sencillamente compartido en once largas naves, que dirigiéndose de norte á sur, se cruzan en ángulo recto con veinte y una naves menores que van de oriente á occidente; luego la elegante é ideal combinacion de esas arquerías en que las pilastras se sobreponen á las columnas, y unos arcos á otros arcos, dejando paso á la luz entre la columnata superior y la inferior, como remedando la arquitectura los atrevidos juegos gimnásticos de las ágiles caravanas del desierto; luego la sabia y ligera forma de esas once riquísimas techumbres de alerce, labradas, pintadas y doradas, que recuerdan al que las mira las sutiles armaduras de las voladoras naves sirias con que conquistó otro Moavia á las Cícladas, á Rodas y á Sicilia; luego, finalmente, el misterioso y recóndito santuario donde se guarda el Koran, en cuyo recinto ha agotado el arte oriental toda la riqueza de sus recursos fascinadores. Figuraos ahora realzada la imponente magestad de esa gran mezquita con las galas de que pueden revestirla el mas esquisito gusto y la riqueza, de consuno con las exigencias de una religion inventada para cautivar los sentidos, y se deslumbrarán vuestros ojos con la masa de luz de los candelabros, se embriagará vuestro olfato con las preciosas esencias quemadas bajo aquellos taraceados artesones, halagarán todo vuestro cuerpo las tibias auras primaverales impregnadas de azahar, que se deslizarán por vuestra sien trayéndoos deshechos en ráfagas los trinos de los ruiseñores con los brillantes globulillos del agua que se estrella en el duro mármol de las fuentes. Las once grandes puertas que conducen del patio á la mezquita estan abiertas: son once soberbios arcos ultra-semicirculares y dobles, todos en fila, sostenidos en esbeltas columnas de mármol que de cuatro en cuatro rodean á los recios machos de piedra en que se afirman, como lindas esclavas gemelas que dando la espalda al magestuoso diseño, se enlazan entre sí volteando dobles guirnaldas[109]. Estas once puertas muestran á los que cruzan el atrio el interior del templo como en combustion, y á los que ocupan el templo les descubren los jardines del suspirado Eden, donde bullen las aguas y los rayos del sol por entre las verdes ramas cuajadas de pomas de oro. Hé aquí la santa casa de adoracion que sobrepuja en suntuosidad, belleza y gallardía á las mas afamadas mezquitas de Arabia, Siria y Africa: oid lo que de ella canta el poeta Mohammed Ibn Mohammed Al-baluní[110]:

«Ha gastado Abde-r-rahman por amor á su Dios y en honor de su religion ochenta mil dinares de plata y oro.

»Los ha invertido en construir un templo para uso de su piadosa nacion, y para la mejor observancia de la religion del profeta Mohammed.

»En él vereis relucir el oro prodigado en sus artesones con la misma brillantez que el relámpago que atraviesa las nubes.»

No exageraba el poeta, porque realmente á la luz de las lámparas y candelabros, velada por la neblina de los aromas, debia parecer aquella rica techumbre lo que en enérgico lenguaje vulgar llamamos una ascua de oro.

¿Pues qué impresion no causaria el espléndido interior que contemplamos al ver algunos años despues el oro prodigado en los mismos capiteles de las columnas y en las pilastras de las arquerías? A medida que se va cimentando el Califato, va este soberbio templo creciendo en riqueza. Así como el famoso milímetro de Rhaudhá marca en Egipto las crecientes del desbordado rio que le hace fecundo, así la gran mezquita de Córdoba señala en Andalucía los progresos del arte arábigo invasor. Bien necesitan en verdad los descendientes de Moavia dar á la corte de su imperio esplendor y lustre; forzosamente han de ser grandes y magníficas las huellas de su dominacion, norma y estímulo para sus sucesores; porque sus émulos los Abassides estan resucitando en las bíblicas llanuras fertilizadas por el Eufrates y el Tigris las fantásticas creaciones de Belo y de Semíramis, reproduciendo las pasadas glorias de los Ninivitas y Babilonios, sobrepujando en fastosidad á los Persas, oscureciendo la cultura de los Griegos Seléucidas, y afrentando la artística voluptuosidad de los Sassanidas. El año mismo en que el ilustre vástago proscrito de los Umeyas abrió los fundamentos de la aljama de Córdoba, subia al trono del imperio musulman de Oriente el famoso Harun-al-Raschid, el Pericles de los Arabes, dirigido por su sabio wazir Yahia, de la preclara familia de los Barmácidas, á quien debe su reinado sus principales títulos de gloria. ¡Cuenta que este gran Califa, al fijar la planta en el trono de los Abassides, ostenta ya ceñida la sien con el lauro de la victoria; que las huestes de la emperatriz Irene han huido ante él despavoridas en los campos del Asia menor; que la Providencia le tiene reservado para hacer inmensas conquistas en el Asia y escarmentar el orgullo de Nicéforo; que no en vano parece haberle dotado la naturaleza de un corazon de hierro y de la mas esquisita sensualidad, puesto que para levantar la tiranía del Islamismo á la altura de sistema político capaz de contrabalancear la vigorosa accion del Occidente, es preciso que Harun pueda ver sereno espirar en horribles suplicios á muchos individuos de su propia sangre desde el asilo y templo de los placeres![111] El hijo de Harun se jacta de que sabrá mover el Oriente y el Occidente con la misma facilidad que si fueran piezas de ajedrez: bravata verdaderamente asiática, pero que compromete á los emancipados sultanes de Andalucía á sobrepujar, siquiera sea por arte satánica, en fasto, en gloria, en prestigio y poderío, á los que así presumen ser árbitros del mundo. Grande y hermosa es Córdoba, pero bella y grande es tambien la nueva ciudad de la paz, la rica y voluptuosa Bagdad, que Abu-Giaffar Al-mansur confió á las zalamas del Tigris en el asiento mismo de una poética quinta regalada por Cosroes Anuschirevan á su querida. Grande y próspero ha sido el reinado de Abde-r-rahman I: su hijo Hixem, continuador de su sabia política, ha logrado ruidosos triunfos que contribuyen á consolidar la mas preciosa conquista sarracena: Al-hakem asciende ahora á la suprema dignidad en Córdoba, y se anuncia como príncipe de incomparables cualidades para la obra que está llamado á secundar, porque ama el bélico tráfago y le devora el deseo de la ciencia y de los deleites; pero tal vez mas próspero y grande, mas victorioso, mas sabio, mas ilustrado y mas fecundo en goces de toda especie, va á ser el reinado de Harun, de ese genio singular en quien brillan reunidas las dotes de todos los sultanes de España juntos. ¡Qué terrible competencia, qué triste rivalidad la de los dos imperios musulmanes, la de las dos providenciales familias de los Beni Abbas y de los Beni Umeyas, para las infelices provincias ya medio amortajadas en los girones de púrpura y oro de los Isaurios, ó aun medio envueltas en los cendales de la barbarie godo-germánica! Como esos briosos caballos que en el circo de Bizancio se disputan el premio de la carrera, único espectáculo que hace latir el mezquino corazon de los degenerados Imperiales, así se lanzan á la conquista de la grande unidad islamita en el estadio del antiguo mundo romano esos dos gigantes enemigos de la civilizacion del Cristianismo, que para mejor cautivar á los amantes del progreso de la humana inteligencia, hacen resonar con acentos de armoniosa poesía las florestas de los dos rios históricos, Tigris y Betis, honran con magníficas fundaciones el tranquilo culto grato á Academo, ponen sobre su cabeza los libros de Aristóteles y Platon, y levantando en alto el gracioso canastillo corintio, tributan al arte de la Grecia el homenage de su admiracion y respeto.

Pero dirigiendo alternativamente nuestras miradas del Guadalquivir al Tigris, de la magestuosa Córdoba á la risueña Bagdad, advertimos en los dos colosos genio idéntico y temperamentos diversos. El de Oriente, ávido de lujo y de sensaciones, prodiga sus riquezas con frenética magnificencia: Al-Mamún el dia de su boda siembra mil gruesas perlas en el sedoso cabello de su amada, y pide setecientos porteros para su palacio, y árboles de oro y plata para sus jardines[112]. El de Occidente, igualmente pródigo de sus tesoros, asombra con sus rasgos de generosidad á los avaros hijos del Norte: Abde-r-rahman II para aplacar el justo enojo de su querida Tarúb hace tabicar la puerta de su aposento con sacos llenos de dinares, á fin de que al hacer la hermosa concubina las paces con su señor, sea una lluvia de oro la recompensa de su perdon[113]. Codicia el de Oriente la posesion de la ciencia y se esfuerza por alcanzarla, porque Mahoma habia dicho en su Koran: «Un entendimiento sin erudicion es como un cuerpo sin alma.» Harun llama á su corte á los médicos, á los filósofos, á los literatos, á los artistas, sin distincion de patria y de religion[114], los colma de agasajos y de honores, forma con su auxilio el vínculo moral único capaz de contener la disolucion de su imperio, y á su benéfico influjo las nociones antiguas, momentáneamente proscritas por la inexorable cimitarra de los Arabes conquistadores, renacen y reaparecen del mismo modo que vuelven á levantar sus vívidas corolas á los rayos del sol las tiernas flores envilecidas en el lodo durante la tormenta. Imposible es abarcar de una sola ojeada todos los timbres de gloria de los Califas Abassides: animados de la mas generosa tolerancia, encomiendan á los Cristianos de Bagdad la version de las obras de los filósofos griegos, fomentan entre los Sarracenos el estudio de la ciencia de la razon, protegen las escuelas judáicas fundadas en Sora y Pundebita para la propagacion de la filosofía alejandrina, no contentos con favorecer la investigacion de todos los manuscritos que se habian salvado de los desastres de la invasion, piden á los emperadores de Bizancio que les envien sus libros y sus sabios[115], enriquecen sus bibliotecas con los tesoros de la literatura persa, nombran comisiones que traduzcan las obras preciosas de la antigüedad, á Homero, á Tolomeo, á Aristóteles, crean academias é institutos científicos en Bagdad, en Ispahan, en Firuzabad, en Samarkanda, en Damasco, en Kuffah y Bassorah, con escuelas gratuitas y públicas, en una de las cuales[116] llegan á juntar hasta seis mil alumnos, y consiguen que sean la lengua árabe el idioma de la ciencia, y el Islamismo la religion general del Asia entera, que adopta gustosa la lengua de su Profeta. Y esa lengua que en sonoros versos de cantos antiguos habia cautivado á los apasionados Arabes cuando hijos del desierto, ¿de qué bellezas no será susceptible ahora que el círculo de las impresiones se ha dilatado tanto para los que viven entre las riquezas de la naturaleza domada por el arte, y á la benéfica sombra de un soberano que retribuye con cincuenta mil doblas un sencillo poema[117], y que premia al bardo vencedor en los certámenes de Ocadh con cien dinares de oro, un caftan bordado, un arrogante caballo, una linda esclava, y el título de príncipe durante un año? Figúrasenos estar viendo los caminos de la Meka á Bagdad, a Balk, a Samarkanda y á Nisapur, frecuentados á todas horas del dia y de la noche por tranquilas caravanas: ¿son por ventura los esclavos africanos, las sederías de la India, los perfumes del Cabúl el único comercio que alimentan esos ambulantes bazares conducidos en interminables y pulverulentas filas de camellos? No: sobre aquellas gibosas y pacientes acémilas se transporta tambien la riqueza intelectual, la ciencia, el arte, la poesía: ved esas blancas construcciones que de trecho en trecho asoman sus dilatadas terrazas por entre los grupos de palmeras tan gratos á la sedienta caravana; esas son las hospederías de los poetas y de los sabios, los depósitos de las letras, los paradores de la inteligencia, espresamente erigidos en obsequio de los sabios peregrinantes por los magnates que como Saïfed'dullah se disputan el honor de albergarlos y de recoger sus historias, sus dogmas, sus improvisaciones. ¿Por qué los Califas de Occidente no marchan con la misma rapidez que los afortunados Abassides hácia el fin glorioso que estos ya tocan con sus manos, de construir el mundo islamita sobre la poderosa base de la unidad de lenguaje y de creencias, convertido el Koran á pesar de sus errores en piedra angular del edificio social, intelectual y político? ¡Ah! porque los hijos de Beni Abbas gobiernan pueblos sosegados que pasaron ya del período de las conquistas, pueblos ademas criados en las tradiciones asiáticas, en quienes es índole peculiar el amor á la vida regalada, ociosa y contemplativa; y los Umeyas por el contrario rigen un pueblo conmovido y agitado aun por la fiebre de las invasiones, que aunque ansioso tambien de ciencias y de placeres, se ve contrastado por las rebeldes razas del Norte, tenaces en sus ideas de independencia y aleccionadas en una religion que hace de las fatigas y privaciones el ejercicio normal de la vida. Lo que en el Oriente es ingénito y espontáneo, es en el Occidente artificial é ingerto. Lo que allí es una improvisacion, tiene que ser aquí una formacion trabajosa, lenta y paulatina. Dia vendrá en que el Califato andaluz oscurezca con su brillantez las glorias de los Califas negros[118], y en que asombrados y llenos de maravilla los altivos reyes godos y francos, y hasta los mismos pontífices del Cristianismo[119], claven fascinados sus miradas en la sabia y magnífica Córdoba. Como águilas que beben la luz del sol, mirarán inciertos ya á los horizontes de la feliz Mesopotamia, ya á las cumbres de la rica Andalucía, sin saber cuál sea el verdadero astro del Oriente. Pero esto no será hasta que la perseverante lima de la cultura atenúe las punzantes antipatías de las razas, y la seductora vida asiática contamine y enerve los corazones de los discípulos de Cristo.

Por ahora la misma capital del Califato es tierra de rebato: los Umeyas no viven seguros ni en su propia corte. ¿Cómo ha de pensar Al-hakem en las glorias de las artes cuando la consolidacion de su Estado es una obra comenzada apenas? Harta ocupacion le darán los Francos que avanzan hasta Tarazona, los rebeldes de Toledo y Calatrava, los Cristianos de Galicia, y hasta los sediciosos de su misma sangre, que introduciendo la division en los súbditos musulmanes, abren las puertas á los enemigos esteriores. Energía en la guerra, economía en la administracion, imparcialidad en la justicia, sagacidad y cautela en el modo de vivir, son las dotes que distinguen á este Sultan. Veréisle aumentar su hueste de renegados hasta reunir mil mamelucos de infantería y cinco mil de á caballo, y la guarda de su persona hasta dos mil eunucos; oirá y juzgará por sí mismo las causas de los pobres, perseguirá severamente á los malhechores, será liberal con los necesitados, estrenuo y sabio en sus determinaciones. Tendrá constantemente á las puertas de su alcázar un numeroso cuerpo de caballería, y en ambas orillas del rio, junto al alcázar mismo, una guardia permanente de mil renegados. No invertirá sumas de consideracion en la mezquita mayor, pero construirá para sus tropas cómodos cuarteles y espaciosos establos. Mantendrá numerosos espías que le enteren del estado de la opinion pública: estallará mañana una insurreccion en el suburbio occidental, y al dia siguiente al rayar el alba aparecerán colgados en las alamedas del Guadalquivir trescientos cadáveres desfigurados!...[120] Al-haken enriquece la aljama de Córdoba con una joya de mucho mayor prez que el oro y el mosáico: confiere el cargo de su Justicia mayor ó Cadí de los Cadíes al sabio y virtuoso Mohammad Ibn Bashír, y con este solo acto ha hecho lo suficiente para que su nombre resuene siempre venerado en las aulas del templo. Ibn Bashír, teólogo profundo, despreciador filósofo de las mundanas pompas, justo y recto juzgador de las humanas intenciones, ¡cuánto vale el prestigio de tu ciencia y de tus virtudes para la tranquilidad de ese mismo pueblo orgulloso que te moteja escandalizado porque el primer Viernes despues de tu nombramiento entras en la aljama con el cabello suelto y tendido, un amarillento ridá[121] sobre tus hombros, y abarcas en los piés! Un dia, despues de orar y predicar al pueblo, siéntase Ibn Bashír en el tribunal anejo al templo, y llégase á él un forastero, que al verle tan singularmente vestido, despeinado y con la cara mal enjugada[122]: enséñame, le dice, dónde está el Cadí. Héle aquí, le responde señalando á Bashír uno de los que se hallan allí presentes.—No te diviertas conmigo, replica el forastero; te pregunto por el Cadí, y me diriges á un soplaflautas.—Convencido sin embargo de que no le han engañado, encamínase al Cadí, ruégale le disimule su desatencion, espónele luego el caso que le trae al tribunal, y obtiene el consejo mas justo é imparcial que podia jamás haberse prometido. Creereis tal vez que ese filósofo original es como muchos cortesanos, en la apariencia desinteresados é independientes, y en realidad tan flexibles al poder como solícitos en su propio negocio: todo al contrario, arrostrará por la verdad y la justicia la cólera de su rey. Cuando uno de sus leales amigos, receloso de los peligros á que le espone su escesiva rectitud, le escriba: «Si sigues como hasta aquí, mucho me temo que te cueste tu destino,» le contestará impávido: «¡Dios haga que cuanto antes me vea con mi mulita Ashshakrá en el camino de Beja!» y si ocurre alguna vez que un ciudadano cualquiera tenga que sostener un pleito contra el Amir, como le sucedió á un oscuro molinero, á quien quisieron arrebatar su propiedad para incorporarla al palacio los oficiosos cortesanos, ciertamente no se retirará del tribunal del Cadí desconsolado si la razon está de su parte. ¿Por ventura no se lisonjeaba ayer uno de los hijos de Adde-r-rahman I de que ganaria cierto ruidoso pleito por tener en favor de su accion el testimonio de su sobrino Al-hakem cuando príncipe heredero, y el íntegro Bashír sentencia contra él por no haber comparecido en su tribunal el Amir en persona á ratificarse en el testimonio dado antes de subir al trono? Pues notad otro insigne ejemplo de la justificacion de este notable funcionario, y meditad si avanzará camino en cualquiera pais del mundo una monarquía que se ostenta sostenida en principios tan seguros como la igualdad ante la ley y el amor á la justicia. Un oficial palatino de Al-hakem, gefe de sus caballerizas, llamado Musa Ibn Semáh, acude en una ocasion al Sultan en queja del Cadí, esponiendo que este se ha escedido de su autoridad y sentenciado contra él injustamente.—Pronto veré yo, dícele Al-hakem, si lo que me refieres es cierto. Vé inmediatamente al Cadí, y di que quieres hablarle: si te lo concede, te creeré, y él será castigado y destituido de su cargo; pero si te lo niega á pesar de tus instancias, mi estimacion hácia él será mayor, porque tengo por seguro que no es un tirano, sino un hombre probo y amante de la verdad.—Va Musa segun se le ordena á casa de Ibn Bashír, y manda al propio tiempo Al-hakem á uno de los eslavos de su guardia que sin ser visto espíe á Musa, y le dé cuenta de lo que ocurra entre su caballerizo y el Cadí. De allí á poco vuelve el eslavo y refiere al Amir, cómo al llegar Musa á la habitacion del Cadí le habia recibido un portero, el cual, despues de avisar á su amo, salió con este recado: «me manda el Cadí que te diga, que si algun asunto legal se te ocurre, mejor harás en dirigirte al tribunal en las horas en que administra justicia.» Al oir esto Al-hakem, se sonríe y esclama: bien sabia yo que Ibn Bashír era un juez recto sin parcialidad para ninguno. Un rey que tiene magistrados como Ibn Bashír no importa que no tenga en el Guadalquivir, como el hijo de Harun en el Tigris, cinco naves cubiertas de plata y oro, una en forma de dragon, otra en forma de caballo, otra en forma de leon, otra en forma de águila y otra en forma de elefante.

Puede decirse que si Abde-r-rahman II logra el descanso y gusto suficientes para consagrarse al mayor engrandecimiento de la mezquita y cubrir de oro sus labradas pilastras y capiteles, lo debe esclusivamente á la prudencia y sabiduría de su padre Al-hakem. Imitando sus cualidades bélicas, hace temido su nombre entre los enemigos del Islam, y siguiendo su acertada administracion prepara para los postreros años de su vida un reinado de paz y de esplendor. De paz y de esplendor, sí, porque los ayes de agonía de los humildes mártires cristianos no turbarán su sosiego, ni su inocente sangre copiosamente derramada mancillará á los ojos de la divertida corte mahometana los timbres y blasones del monarca. ¿No le proporciona este paz y riquezas para disfrutar las comodidades y placeres de la vida? Para Abde-r-rahman II tenia reservada el cielo la triste gloria de inaugurar en la España árabe la tiranía en nombre de la fé religiosa, y de establecer por medio de la fuerza la unidad islamita en sus dominios, lanzando en un dia de enojo á los cuatro ángulos de la escarnecida Iberia, en plena paz, aquella terrible intimacion que los sanguinarios Abu-Obei-dah y Khaled habian dirigido á los malhadados habitantes de Bosra: «¡Haceos Musulmanes, ó tended la cerviz bajo la cimitarra!» Es muy de notar, en efecto, que empiecen la persecucion de la intolerancia bajo el imperio de la justicia, los escesos de la inhumanidad con la afinacion de las costumbres, y que vayan desarrollándose paralelamente la prosperidad del Estado y el envilecimiento del individuo. ¡Ah! ¡por qué la crueldad y la sensualidad han de reemplazar tan facilmente con hipócrita disfraz á los dos ángeles tutelares de los tronos, la Justicia y el Amor! ¡por qué esos dos maléficos instintos han de ser los compañeros inseparables de la mundana felicidad y como las cariátides del lecho en que duerme la civilizacion prevaricadora y descuidada! ¿Qué ley fatal determina esa chocante contradiccion que hace al hombre rústico é incivil capaz de altos y nobles afectos, y al hombre culto insensible y desnaturalizado? La cultura que halaga y afemina es la misma que endurece el corazon, del propio modo que el martillo que bate y limpia de escorias el hierro es el que lo convierte en duro y liso acero.

Todos los grandes tiranos han tenido sus panegiristas, unos por el temor que inspiran, otros por la seduccion que ejercen. Abde-r-rahman II es un tirano fastuoso, galante, lleno de dotes y de ingenio para rendir voluntades. ¿Cómo no perdonarle las crueldades que contra los infieles cristianos comete, si posee el arte de representarlas como actos de estricta justicia? Ademas, á un rey valiente y enamorado, que en el campo de batalla triunfa como un héroe y en las florestas suspira como un afeminado doncel; á un rey que lisonjea el gusto de un pueblo amante del lujo, de la ostentacion y de la cultura, dándole escuelas y madrisas que le instruyan, jardines y casas de placer que le recreen, embajadores como Al-ghazal que le acrediten de grande y culto á los ojos de la corte de Constantinopla[123], maestros de música y de modas que le entretengan como Zaryáb[124], capitanes que le defiendan como Obeydallah[125], aliados como el emperador griego y el rey franco[126], y una consideracion superior á la que logran los Beni Abbás; á un rey, por último, que emplea un reinado de treinta años en labrar la prosperidad de sus vasallos haciéndolos cultos, vencedores, ricos, y á su manera felices, no es mucho que estos le celebren y le ensalcen aunque los míseros cautivos giman y lloren. Compréndese que su pueblo, fautor de sus placeres, le perdone, y no solo le perdone, sino que aplauda su severidad con los Cristianos, á quienes esa misma prosperidad agovia y aniquila. Lo que no se concibe si no se tiene muy en cuenta la natural perfidia del hombre, es que el Califa encontrase en vida panegiristas, aun entre los mismos alumnos de Cristo, y los mártires hallasen verdugos entre los que con ellos debian compartir las cadenas y el oprobio[127].

Almas afectuosas que amais la memoria de esas otras almas sublimes, y fuertes á la par que delicadas, que en vida fueron valerosos soldados de la fé, y alcanzaron muriendo la opinion de mártires santos entre la grey que con su fecunda sangre ilustraron[128], no os imagineis al repasar las páginas en que la piedad y la devocion consignaron sus gloriosos triunfos, que todos los perseguidores del nombre de Cristo son como furiosos y bárbaros asesinos sedientos de sangre y de tormentos. Leeis que en el año 824, cuando puede decirse que Abde-r-rahman II acababa de subir al trono, y en lo mas florido de su juventud puesto que solo tenia 34 años de edad, dos interesantes mancebos cristianos, llamados Adulfo y Juan, fueron martirizados solo por no querer abrazar la secta mahometana; y creeis quizá que el que esto autorizó tenia un corazon de tigre, inaccesible á todo humano afecto; os le figurais tal vez como un bárbaro fanático esclusivamente preocupado de la propagacion del Islamismo, encarnizado en el placer de los tormentos, y ciego de furor al solo anuncio de cualquier enemigo de su sanguinario error. ¡Cómo os engañais! Acercaos á ver á esa supuesta fiera en su caverna: no solo no hallareis en el semblante de Abde-r-rahman el ceño torvo y la pupila sangrienta, sino que su persona, su gesto, sus ademanes, sus palabras, su vivir y todo lo suyo, os cautivarán el corazon. Vereis á un ser nacido para cosas grandes y privado de alcanzar la verdadera grandeza, un corazon capaz de un amor casto y puro, esclavizado á un amor indigno, un entendimiento susceptible del mas alto vuelo sojuzgado por el error y la impostura; y seguramente al dar el tributo de vuestras generosas lágrimas á los egregios mártires que bajo su imperio fueron inmolados, no negareis un suspiro de compasion á ese príncipe que por los inescrutables designios de Dios alcanzó dotes de ángel y al desplegar sus alas las halló sujetas con una cadena.

Vedle, en efecto, á ese hombre inhumano, á ese implacable perseguidor que en los últimos años de su vida presumió anegar en sangre ortodoxa la valiente hueste evangélica; oidle mas bien, describiendo por su propio labio su existencia de guerrero enamorado y las penas de la ausencia[129]:

Tus brazos dejé, alma mia,El veneno de la ausencia

y al campo acudí velozme devora el corazon;

como flecha despedidalas mismas piedras al verme

por el arco zumbador.se apiadan de mi dolor.

Los horizontes que miroDel Islamismo el triunfo

desnudos páramos son;por mi brazo quiere Dios:

venzo un obstáculo, y hallo cubre valles y montañas

otro obstáculo mayor.mi ejército vencedor.

Así escribe desde el campo de batalla á su amada Tarúb, y en estos sentidos, concisos y brillantes pensamientos, muestra bien claro el privilegiado temple de su alma. Como poeta y como enamorado, es ya conocido[130]; como político y como guerrero, harto le dan á conocer sus conquistas y las paces ajustadas con Teófilo y Cárlos el Calvo; como administrador, basta decir que utilizó sus victorias en proporcionar á su pueblo paz, ilustracion, riquezas y goces[131]. Dice Ibnu Said que antes de su reinado el producto de los impuestos no habia jamás escedido de seiscientos mil dinares, y durante él llegó á producir mas de un millon. Gastó sumas inmensas en construir palacios y quintas de recreacion, puentes y mezquitas en las principales poblaciones, y en ennoblecer su capital de nuevas maneras, empedrando sus calles y plazas con losas, y llevando á ella desde la vecina sierra abundantes y cristalinas aguas por medio de un largo y fuertísimo acueducto que como gigantesca serpiente ondulaba por aquellas hermosas llanuras atravesando repetidas veces las mismas entrañas de los montes[132]. A tal opulencia y gloria llegó la capital de Andalucía bajo este rey, que escribió de él S. Eulogio: «Córdoba, llamada antes la patricia, y hoy la ciudad real por tener en ella su asiento, le debe el hallarse en la cumbre de la grandeza, de los honores y de la gloria, colmada de riquezas, y convertida en emporio de las delicias del mundo entero hasta un punto inesplicable é increible.» ¿Creereis ahora que el sultan Abde-r-rahman II es una intratable y sanguinaria fiera? El que tanto ama el lujo, la magnificencia, las artes, los placeres, bien podeis asegurarlo, no tiene corazon de bronce. ¡Pobre sultan, mas desgraciado en medio de su aparente felicidad que esos inocentes mártires cristianos entre el horror de sus aparentes tormentos! La conciencia de su deber le arranca de los brazos de su amada Tarúb para volar al campo de batalla; esa misma conciencia le sugirió como actos agradables al Omnipotente dos leyes que fueron orígen de su suplicio y de nuestra gloria, con las cuales no se imaginó seguramente que dirigia el pié al ensangrentado camino donde en sus postreros años se encenagó. Pertenecen estas dos leyes al órden político, aunque el carácter de la una mas parece á primera vista religioso, y el de la otra de mera policía y buen gobierno; y cumple recordarlas aquí porque, aunque ominosas á nuestra fé cristiana, ellas contribuyeron poderosamente á cimentar el poder islamita en España, á fomentar el espíritu de proselitismo sin el cual la nacionalidad mahometana no puede existir, á hacer la monarquía musulmana una y compacta, y prepararon finalmente las vias al tremendo aluvion de conquistas con que cubrió despues los aniquilados restos de la España cristiana el impetuoso Almanzor. «Todo hijo de padre ó madre mahometano, será mahometano tambien, so pena de muerte,» decia la una[133]; la otra venia á ser una mera confirmacion de un artículo del fuero otorgado por Alboacem: «El que dijere mal de Mahoma ó de su Ley, sea muerto[134].» Con esta draconiana sencillez consignaba Abde-r-rahman el victorioso[135] su celo por el completo triunfo del Islamismo y su obsequio á la alta razon de Estado. Con este tristísimo preludio, sin mas de lo que estrictamente exigian de consuno la conservacion del órden social y las necesidades de la política musulmana, sin lujo alguno de tormentos accesorios[136], y como una cosa muy natural dentro del círculo del derecho penal mas escrupuloso, comenzó la sangrienta persecucion sarracénica como una verdadera lucha instestina entre el Estado que pugna por consolidarse y la conciencia que forcejea por la conservacion de su libertad, y en la cual, si bien los instrumentos del poder se encruelecieron al compás de la exaltacion en la santa protesta, el principio que guió al Estado al castigar inflexible el delito de subversion no dejó de ser por eso legítimo en la esfera de las ideas islamitas. Acabó para siempre la antigua tolerancia: si cristianos y muslimes procedieron en alguna época de concierto, cuando todavía no se hallaban bien penetrados del antagonismo de sus orígenes[137], ahora ya ambas religiones han avanzado mucho camino y se han separado para no volverse mas á encontrar. Ni el mahometismo de Bagdad y de Córdoba es el mahometismo del Yemen, ni el cristianismo de los Paulos, Eulogios y Perfectos, es aquel cristianismo desfigurado de los Nestorianos de Oriente[138]. Dos principios que aun no han producido resultados pueden parecer idénticos, así como en su orígen nadie diferenciará el manantial destinado á ser magestuoso rio del manantial que corre á perderse en inmundos lodazales; pero cuando esos dos principios han arrojado ya de sí todas sus consecuencias, cuando cada uno de ellos ha apurado por decirlo así el sueño de la crisálida para estender libremente sus alas á la luz, no es posible que se amalgamen y confundan. El mahometismo desarrollado ha ofrecido al mundo como legítimo producto la mas refinada voluptuosidad; el cristianismo, vuelto á sus genuinas aspiraciones despues de la breve escursion que sus malos intérpretes han hecho por el dominio gentílico, proclama por la voz de los penitentes y contritos que la perfeccion de la vida solo se encuentra en la ley del sacrificio, de la caridad y de la propia abnegacion. ¡Guerra implacable, pues, á los que condenan la cómoda religion del Profeta! ¿Qué mayor honor, qué mayor obsequio puede tributarse á la Ley escrita en las portadas y columnatas de la gran mezquita, que inmolar á su ciego acatamiento á todo el que la desobedezca, ridiculice ó contradiga? ¡Compareced á nuestra vista, sombras augustas y queridas de tantos mártires incontaminados: desfilad, santos y puros sacerdotes, nobles mancebos, vírgenes bellas y pudorosas que componeis la sagrada hueste de víctimas á quienes hoy la Iglesia de España tributa agradecido culto; deslizaos como leve legion de espíritus por entre esas crepusculares naves que fueron un tiempo teatro de vuestra generosa y heróica confesion, y podamos al menos con el dolor y la compasion de ver correr vuestra inmaculada sangre bajo el hierro de los verdugos, fortalecernos contra la seduccion que hizo sucumbir á los que fueron indignos hermanos vuestros en la fastuosa corte de ese sultan! ¡Ah! mientras vosotros recibís en el tribunal del Cadí la terrible sentencia; mientras entregais á los sayones ya vuestros piés y manos para que os sean cortados, ya vuestras cervices para morir de un solo golpe, ya vuestras espaldas para que con crueles azotes os las destrocen; mientras gemís en tenebrosas cárceles y derramais lágrimas más sobre la apostasía de vuestros hermanos que sobre vuestros propios hierros, la gran corte de los Umeyas se entrega placentera al flujo de las mundanas prosperidades, y viento en popa navega la nave del Estado cordobés hácia el ansiado puerto de la paz, de la bienandanza y de los placeres. Vosotros sucumbís como flores modestas é ignoradas que caen bajo la hoz del segador; pero el próspero sultan que causa vuestro martirio no percibe siquiera el eco de vuestras desinteresadas esclamaciones. Allá en la orilla del rio, al pié de su mismo altivo alcázar, y junto á sus deleitosos baños, donde tan sabrosas trascurren para él las soñolientas horas del estío, es donde se ejecutan como comunes y saludables escarmientos de una recta justicia esos sangrientos castigos; vuestros opresores en tanto se solazan en las frescas alamedas, en las huertas y jardines que abre á su querido pueblo la magnificencia del Amir, á costa tal vez del despojo y de la desesperacion de vuestras familias[139], agoviadas por los tributos; alguno de vosotros alcanzará quizás el triste privilegio de verse inmolar sirviendo de espectáculo á las despiadadas turbas[140], mas no lograreis todos que vuestra constancia y resignacion sirva de fecunda enseñanza á los poderosos estraviados. ¿Por ventura no tiene mas en que pensar el prepotente sultan que en recibir caritativas amonestaciones de las pobres víctimas que mueren perdonando? Sabed que á sus ojos no sois sino despreciables reos de sedicion, y que no hay en vuestro martirio lances estraordinarios que merezcan interrumpir las ocupaciones ni los ocios favoritos de los magnates. ¿Es acaso mas interesante vuestro suplicio que una batida en la sierra, ó una partida de ajedrez en palacio, ó que la recepcion de una embajada importante y lujosa como la de los legados de Teófilo, ó que la discusion de un caso de conciencia[141] en plena reunion palatina, ó que la consulta sobre una innovacion en la etiqueta real[142], ó que el grato entretenimiento de escuchar los cantos, las historias, los versos y lisonjas de un Zaryab?

Hartas calamidades han llovido sobre la trabajada Andalucía para que vengais ahora vosotros con vuestras siniestras predicciones á conturbar el reposo que empieza apenas á disfrutar la España islamita. Pocos años há vísteis repentinamente invadidas las hermosas orillas del Guadalquivir por las formidables hordas de los Normandos, que sedientos de sangre y de botin, de incendio y destruccion, asestaron contra la opulenta Sevilla las proas de sus terribles dragones[143], asolaron la tierra de Sidonia y maltrataron la costa de Niebla. ¡Aquella sí que fué tribulacion grande! Los bárbaros se burlaban de los elementos: lo mismo se deslizaban en sus voladoras naves por los mas caudalosos rios, corriente arriba, que se burlaban de la furia de las tempestades en el Océano, donde con razon eran denominados los reyes del mar; dejábanse caer como nube de langostas sobre las ciudades y los campos, á su contacto ardian de súbito las mieses, las casas quedaban reducidas á humeantes escombros, los moradores á dura servidumbre, y los ganados y riquezas pasaban á sus naves! ¡Grande turbacion padecia la cristiandad durante aquella invasion sangrienta, pagana, encarnizada! Sin embargo vosotros, cristianos de Córdoba y Sevilla, ¿no debísteis entonces á este mismo rey Abde-r-rahman la seguridad y defensa de vuestras haciendas, de vuestras hijas y esposas, de vuestros hogares y de vuestra fé? Poco há tambien que afligida esta tierra, que os obstinais en fecundar con vuestra sangre, por la gran sequía con que á Dios plugo castigarla, perecian vuestros ganados de sed, se abrasaban vuestros árboles y viñas, y se frustraban vuestras cosechas sin que quedase en vuestras heredades planta verde; en lo cual no se manifestaba el Omnipotente mas misericordioso con vosotros que con los muslimes; y merced á la liberalidad y á la generosa proteccion de este mismo rey que os dió abrevaderos, y aguas cristalinas, y otros bienes de los cuales disfrutais lo mismo que los mahometanos, no siguió la mortandad en vuestros ganados, ni la esterilidad en vuestros campos. A Abde-r-rahman se lo debeis todo. No ofendais pues sus ocios con vuestra desobediencia, ni sus oidos con las injurias que contra el profeta sumo proferís: tributadle el honor y alabanza debidos, y reverenciad en él á uno de los reyes mas justos y grandes de la tierra. ¿Qué exige de vosotros? ¿Os pide por ventura que abjureis vuestras creencias y que le ofrezcais el sacrificio de vuestras íntimas convicciones? No en verdad. Solo quiere que públicamente vivais como vasallos obedientes y sumisos, que no hableis mal de Mahoma y de su Ley, y que no hostigueis con vuestras temerarias confesiones á los jueces para que os entreguen á los verdugos. Seguid el ejemplo de vuestro metropolitano Recafredo, el cual condena ya ese falso celo que os lleva desalados al suplicio, y obedeced tambien los decretos que este justo prelado acaba de dictar para desengañaros de vuestras falsas doctrinas[144]. No busqueis la muerte, no corrais con ciego afan al suicidio, pues no sereis mártires, sino malhechores y temerarios, si en ello os obstinais: sabed que presentándoos á los jueces sin ser violentados, estais excomulgados, y que como infames sereis quemados despues de muertos, dejando á vuestros hermanos y descendientes el baldon del castigo, y no la aureola de la glorificacion. ¡Oh mezquinas consideraciones humanas!

Vosotras, empero, almas sublimes que formais esa gloriosa legion de mártires, rechazais con santa indignacion los cobardes pensamientos que sugieren á los corazones tibios el egoismo ó la seduccion, firmes en vuestro propósito evangélico os lanzais á predicar públicamente la verdad, y devoradas por la santa sed de la salvacion de las pobres almas ignorantes y obcecadas, llevais vuestro amor hasta el inconcebible estremo de sellar con la propia sangre, para que se convenzan y conviertan, el testimonio que ya les habíais dado con vuestra irreprensible vida y luminosa predicacion.

Y ¿cómo paga el divertido monarca los esfuerzos de vuestra heróica caridad? ¡Ah! Mejor que nosotros lo dirá la piadosa leyenda. Óyese rumor de turbas hácia la plaza del alcázar, y va creciendo por grados en direccion á la gran mezquita. Los artesanos dejan sus obradores, salen los vecinos á las puertas de las casas, los devotos que estaban en el nuevo templo haciendo sus annefilas[145] acuden á las puertas esteriores del atrio: asoma por la parte de occidente una apiñada muchedumbre, y distínguese á intérvalos una voz aguda á la que sigue una algazara estraña de aplausos, silba y descompasados ahullidos. Aproxímase el gentío, y percíbese con claridad un pregon que va diciendo: «Así será castigado quien se burlare de nuestro profeta y de su religion.» El objeto del triste anuncio es un hombre á quien conducen en medio de aquella frenética multitud, desnudo, montado en un asno con el rostro vuelto á la cola del animal, cargado de cadenas, y tan estropeado á fuerza de azotes, que mas parece muerto que vivo. Llévanle por las calles principales hácia el barrio de los cristianos, en cuyas iglesias le presentarán para escarmiento á la conturbada y casi dispersa grey de Jesus, despues de lo cual será encarcelado hasta que le llegue la hora de volver á la plaza del alcázar á recibir la muerte.

Mientras el confesor Juan, que tal es el nombre del azotado, sufre este inícuo trato por amor de Cristo, y mientras á este santo mártir siguen otros quince, entre los cuales descubren nuestros ojos horrorizados y atónitos la mas varonil fortaleza en las mas delicadas criaturas, en el lindo page[146] y la tierna doncella[147]; el rey Cordobés vive entregado á los placeres de la poesía, de la música y del amor, y no consiente siquiera que los Cadíes molesten á sus consejeros sometiendo á su conocimiento las causas de los infelices cristianos.

Quiero, oh tú que revuelves conmigo los anales de estos lejanos tiempos, que conozcas al hombre privilegiado que embellece los dias pacíficos del reinado de Abde-r-rahman II, al genio incomparable que preside á todas las grandes innovaciones de la corte de Córdoba, á todas sus nuevas instituciones y á su progreso, para que juzgues si en un corazon entregado á semejante valido y al vértigo que él produce, pueden hallar acogida las doctrinas de abnegacion y sacrificio que los valerosos mártires cristianos estan llamados á mantener y propagar.

La España árabe se iba, como decimos hoy[148], civilizando: es decir, iba progresando en la via del desarrollo material; íbase puliendo, aumentando su riqueza, sus goces, su esplendor, y perdiendo su primitiva rusticidad, su sobriedad y sencillez de costumbres. Ali Ibn Nafí, por otro nombre Zaryab, era en este tiempo el mas celoso promovedor de la cultura de los árabes andaluces. Versado en la astronomía y en la geografía, sabía la division de la tierra en siete climas, las varias producciones peculiares de cada uno de ellos, su temperatura, sus mares, y el órden y poblacion de cada pais; poseía ademas todos los ramos del arte que tienen relacion con la música, y era tan prodigiosa su memoria, que podia ejecutar mil canciones distintas con sus correspondientes palabras y tonadas, y repetir otras tantas historias de reyes y califas amenizadas con sentencias de los sabios de todo el Oriente. A este candoroso retrato, añaden los historiadores árabes que era Zaryab como un manantial inagotable de tradiciones, leyendas y aventuras, y que su elegante, entretenida y sabrosa verbosidad solo podia compararse á un golfo sin fondo. Sobresalia principalmente en la música y el canto, y desde su llegada á Córdoba en el año primero del reinado de Abde-r-rahman, pues él era natural de la Iraca, habia fundado una escuela de música vocal con la que estaba haciendo una total revolucion en este arte. Si como artista y hombre científico le habia cobrado afecto el Sultan, que se pasaba las horas muertas oyéndole referir anécdotas é historias, no era menos agasajado y querido entre los nobles y potentados de la corte por la elegancia de sus costumbres y la amena novedad de sus traeres. El Amir le honró con su intimidad; los grandes adoptaron sus usos y estilos; su privanza llegó hasta el estremo de vivir y comer con el rey, y disfrutar una crecida pension él y sus hijos, y ser el confidente de todos los secretos del monarca, y tener en el aposento de este una puerta secreta para entrar á verle siempre que se le antojára; su popularidad subió hasta el punto de imponer á toda la corte sus modas y caprichos, en tales términos, que no era posible en ella ser hombre de gusto delicado no imitando en todo las invenciones de Zaryab. Era este en suma el Antinoo de Abde-r-rahman, y este sultan era el Adriano de Zaryab.

Conocido el personage con sus dotes intelectuales, vas á verle con sus atavíos esteriores y en el pleno ejercicio de sus hábitos y costumbres. Si te conduce la piedad en pós de alguno de esos olvidados y pobres mártires, al abrigo de las nocturnas sombras, á la temerosa orilla donde los sayones de los Cadíes acaban de suspender como bárbaro trofeo los cadáveres de sus víctimas, tal vez herirán tus oidos los melodiosos acentos de mágicos laudes, que de uno de los macizos muros del alcázar se elevan á deshora como ténue vapor mezclándose al murmullo del agua en las azudas. No pasarán muchos años sin que los mismos coros celestiales desciendan con sus inefables armonías sobre el mutilado cadáver de un gran santo, que hallará en las melancólicas ondas del profanado Bétis la piedad que no alcanzó de los hombres; mas por ahora son esos acentos puramente humanos, y los produce el célebre cantor de Iraca que ahuyenta la melancolía de la noche con sus dos esclavas favoritas Gazzalán é Hindah, á quienes concede el privilegio de alternar con él en el ejercicio de su instrumento predilecto por la gracia y destreza con que sus lindos dedos recorren las cinco sonoras cuerdas combinando sus diversos tonos[149]. Dícese que los jines[150] le enseñan en las horas del misterio y del silencio ese arte encantador con que tiene embelesada á la corte, y que suele pasar la noche entera con esas dos hermosas esclavas ejecutando las inspiraciones que de ellos recibe, refiriendo cuentos y escribiendo versos hasta dibujarse en el oriente la primera hebra de plata y rosa de la aurora. Entonces las dos esclavas vuelven á sus aposentos si él se recoge en su harem, ó permanecen con él si se lo manda, y Zaryab se entrega á la deliciosa vision de las fantásticas imágenes que la poesía, la música, el amor y las libaciones de vino de palma y aromático Sahbá[151] van produciendo en su exaltado cerebro hasta hundirse completamente en la nada del sueño. A la hora en que el respetado señor reposa en su blando lecho de bien preparado cuero, del cual está proscrita la manta de algodon de la antigua usanza, los eunucos y esclavos se emplean en su servicio. Su vestir, su mesa, su método de vida son enteramente escepcionales: todo en su morada respira comodidad, voluptuosidad y molicie; todo es allí peregrino é inusitado. Zaryab muda de vestidos en las cuatro estaciones del año, cosa antes nunca vista, porque los andaluces, hasta que se introdujo esta novedad, llevaban ropa de invierno ó de color hasta el dia 24 de junio (dia de mahraján), en que empezaban á usar el trage blanco ó de verano, y con este continuaban hasta el dia primero del mes solar de octubre, en que volvian á vestirse de invierno. En la estacion media entre el aterido invierno y el abrasado estío, lleva aljuba de joyante seda ó de vistoso mulham, y jubon ceñido, de estofa ligera sin forro; en la otra estacion intermedia en que cede el calor y encalvecen las florestas, usa el mihshah persa[152], trage de un solo color, y otras prendas de varias formas y tintas, acolchadas para preservarse del viento frio de la mañana. En invierno abandona el trage de otoño, y se reviste de ropas de abrigo de varios colores, forradas de pieles si el tiempo lo requiere. Sus trages blancos de lino no se lavan segun la antigua costumbre con agua de rosas y otras flores que las manchan con sus jugos: lávanse en agua de rosas con sal, que pone el lino como el ampo de la nieve. La vagilla en que come no es de plata ni de oro, es de trasparente, fino y brillante cristal, materia que no se afea ni se desforma, y que imita los objetos etéreos en que los almalekes sirven los banquetes del Paraiso. Su comida no se sirve en mesas de madera, sino en elegantes bandejas de terso cuero; en su cocina, finalmente, nunca se aprestan manjares comunes, sino platos esquisitos, el at-tafayá[153], la takalliyah, y otros que escitan el apetito con su sabor peregrino halagando el olfato con las especias de la India y el aromático cilantro.

Notes in this chapter

Note 1 · Genna, Paraiso. Véase la nota precedente.Note 2 · La descripcion mística de los siete cielos, cuyas maravillas fueron reveladas al Profeta en su viaje nocturno sobre el Borak, puede leerse eNote 3 · Véase la nota 2.ª de la página 72.Note 4 · Abde-r-rahman I no tenia propiamente hablando wizires que administrasen el Estado en su nombre: solo tenia cierto número de jeques que tomabNote 5 · Este gigante sin corazon ni culto es la China: sabido es que en ella no ha prevalecido jamás de una manera constante religion alguna. La dinNote 6 · Alúdese a la famosa reforma de Tai-Tsoung, emperador chino, que hizo los mayores esfuerzos por desterrar de su nacion la filosofía atea, á qNote 7 · Proverbio árabe que alude á la rota de Roncesvalles. Véase Conde, t. 1, p. 201.Note 8 · Alude á la secta de los Iconoclastas ó destructores de imágenes, principalmente poderosa en el octavo siglo bajo Leon el Isáurico, emperadorNote 9 · Así escriben los árabes el nombre de Carlomagno.Note 10 · Irene, emperatriz de Constantinopla, célebre por su belleza y por sus nobles esfuerzos en favor de la Iglesia maltratada por los iconoclastaNote 11 · Pocos ignorarán sin duda las grandes victorias de Carlomagno contra los pueblos indómitos de la Germania. Antes de dirigir el célebre rey frNote 12 · Temeroso el emperador de la China Te-Tsoung del rápido crecimiento de las hordas del Thibet, que ya una vez le habian salteado y saqueado suNote 13 · Alude á la derrota de Roncesvalles, cuya gloria se atribuyen los Arabes.Note 14 · Los Arabes mahometanos desde sus primeras conquistas sojuzgaron la Síria, el Egipto y la Persia. El antiguo imperio de Ciro, regido á la sazNote 15 · Créese que en el solar que ocupaba el alcázar viejo, y que es hoy Campo-Santo en Córdoba, estuvo el plátano que plantó Julio César despues dNote 16 · Carlomagno, genio organizador que tanto civilizó á los Francos, que sojuzgando á los Aquitanos, á los Germanos y á los Longobardos sacó del Note 17 · En la Iglesia gótica hubo desgraciadamente sacerdotes indignos, contra cuyos escesos clamaron siempre los santos padres, dignos prelados y sNote 18 · Mahoma en su vision beatífica, ó viaje á los siete cielos, describe la casa de la Adoracion como construida de jacintos rojos y cercada de lNote 19 · La lucha de Carlomagno con las tribus bárbaras del norte se prolongó efectivamente hasta despues de entrado el siglo IX, estando ya empeñadaNote 20 · En este mismo año de 786 recuperó el trono de Asturias D. Alonso el Casto.Note 21 · Aunque la arquitectura goda no pereció en España con la irrupcion sarracena, sin embargo, las construcciones de los primeros reyes de AsturiNote 22 · Se asegura que la gran mezquita de Córdoba era objeto entre los Arabes de Occidente y de la costa de Africa de una veneracion igual á la queNote 23 · La Caaba (ó casa cuadrada) de la Meka, construida segun unos primero por Adan, luego por Abraham é Ismaël, y por último reedificada con mas Note 24 · Quibla, que los Árabes escriben Kiblah, es el punto que mira á la Meka: en las mezquitas de Siria y Palestina miraba la Quibla al mediodia pNote 25 · Amrú, caudillo famoso del ejército de Omar, que llevó á cabo con asombrosa rapidez la conquista del Egipto, edificó la gran mezquita del CaiNote 26 · Dia memorable para Abde-r-rahman, porque fué el de la famosa batalla de Musara, en que derrotó á Jusuf el Fehrí, y que consideró como un felNote 27 · El origen del arco llamado de herradura que usaron con predileccion los Arabes en España durante el Califato de Córdoba, ha sido objeto de mNote 28 · La cúpula adaptada á un plano circular por el estilo de la rotonda, forma favorita para los mausoleos de los personages ilustres, es construNote 29 · En efecto, las almenas endentadas de los muros que forman el recinto esterior de la mezquita de Córdoba, parecen un recuerdo de las que se vNote 30 · La copia del Koran, dice Al-Makkari, que se supone escrita por el Califa Othman y que se conservaba depositada en el mimbar ó púlpito de la Note 31 · El oficio de Katib ó secretario era de dos especies: su cargo mas importante era el de la correspondencia del Sultan con sus aliados ó enemiNote 32 · Para el gobierno civil de los Cristianos habia destinados ministros, cuyo principal empleo era el de Conde, que equivalia á intendente ó gobNote 33 · La riqueza del Estado cordobés procedia principalmente del producto de los impuestos, de los despojos de los vencidos, y de las limosnas queNote 34 · Sobre esta singular costumbre de dividir los Musulmanes con los Cristianos las basílicas de las ciudades conquistadas, y de que no se encuenNote 35 · Abdalla, hermano de Walid, que construyó la grande aljama de Damasco, fué el primero que impuso tributos á los monges cristianos. HallándoseNote 36 · Segun ha evidenciado Masdeu en su Historia crítica. t. 13, lib. II, «nuestra Península no solo era la nacion mas culta de toda Europa, sino Note 37 · Entre los Cristianos de Andalucía se habian fomentado algunos errores: Migencio habia querido introducir novedades en la celebracion de la PNote 38 · La historia de los trabajos evangélicos de los obispos de Córdoba bajo las dominaciones romana y goda se halla minuciosamente relatada en loNote 39 · El primero que oprimió á los Cristianos de Córdoba con exacciones fué Alahor, tercero que gobernó á España en nombre del Califa de Oriente dNote 40 · Es muy de notar que ninguno de los historiados cristianos, entre los cuales descuellan Ambrosio de Morales, el P. Roa, Diaz de Ribas, FlorezNote 41 · Segun los cánones de los concilios y decretos de los Santos Padres no podian venderse las cosas sagradas mas que en ciertos y determinados cNote 42 · Refiriendo Ahmed Al-Makkarí los tratos que entre los Cristianos y el rey árabe mediaron para la cesion de la antigua basílica, dice que despNote 43 · El Símbolo ó fórmula de fé que aprobó el Concilio de Nicea fué la que concibió Osio, como dice S. Atanasio, que se halló presente; y la hizoNote 44 · En las catedrales de la España mozárabe, lo mismo que en las de la Espada goda, habia dos casas de comunidad, la una de eclesiásticos segun Note 45 · Habia escuelas en las basílicas y monasterios, y tambien bibliotecas, aunque estas no eran siempre lo que hoy entendemos bajo ese nombre. MuNote 46 · Juma, aljuma ó alchuma es el dia festivo, ó viernes, de descanso y reunion para los Mahometanos, asi como entre nosotros lo es el domingo.Note 47 · Aliden y Alidzán: pregon, convocatoria que se hace en la parte esterior de las mezquitas para que el pueblo acuda á la azala ú oracion.Note 48 · El Koran enseña á los Mahometanos que ademas de los ángeles y de los demonios hay otros seres de especie intermedia, llamados jines ó chinesNote 49 · Los historiadores árabes designan con el nombre de Palacio de Rodrigo (Balátt Rudherik) al que hoy designamos con el nombre de Alcázar, al ONote 50 · La mezquita de Córdoba es acaso el primer monumento en que se empleó el arco ultra-semicircular ó de herradura en España, y el único que preNote 51 · Hotba ó Kotba equivale á sermon, plática, arenga. En ella se contiene una especie de rogativa por la salud del soberano reinante, que concluNote 52 · Mimbar quiere decir lo mismo que púlpito, en el cual se colocaba para ser bien visto y oido de todos el Imam ó el Alfaquí que dirigia las orNote 53 · Aunque propiamente hablando solo era Imam el Califa, por ser el único verdadero gefe y cabeza en lo civil y religioso, no obstante por similNote 54 · Llamaban á Abde-r-rahman el invasor, el conquistador, por antonomasia (Addákhel en arábigo); no el intruso como traduce Conde, á quien corriNote 55 · El erudito y laborioso orientalista arriba citado acaba de ordenar é imprimir, para ayudar á la inteligencia de la Coleccion de fueros y carNote 56 · Llamaban tambien á Abde-r-rahman el halcon Coreixí (Sakr Koraysh) aludiendo á la velocidad de sus conquistas.Note 57 · Tradiciones recogidas por Hozail sobre los merecimientos de la guerra santa en el Andalús. «Dijo Aixa, la muger del Profeta: llegará tiempo Note 58 · Las tribus árabes, que dejando las tiendas de sus mayores se establecieron en Andalucía, mantuvieron hasta la caida del Califato de Córdoba Note 59 · Huete.Note 60 · Todas las oraciones y ceremonias de los Mahometanos acaban con el Salam ó Salutacion; la cual se hace tambien á los seres invisibles, como pNote 61 · Hízola, segun refiere Al-Makkarí, al lado opuesto de la Puerta de los jardines del palacio de Córdoba.Note 62 · Alguado: lavatorio, ablucion.Note 63 · Véase la lámina que representa la Puerta de las Palmas desde el patio.Note 64 · The History of the Mohammedan Dynasties in Spain, etc. Tomo I, pág. 219.Note 65 · Bagdad.Note 66 · No hay en esto la menor exageracion de nuestra parte. El que quiera formarse una idea aproximada del desenfrenado lujo introducido en el impNote 67 · Al-Makkarí: Hist. de las dinastías mahometanas, tomo 2, pág. 126.Note 68 · Los Cristianos y Judíos fueron colmados de agasajos y de honores en la corte de Harun al Raschid, los primeros por sus conocimientos en la fNote 69 · El ciego entusiasmo del Califa Al-Mamún por las ciencias le llevó hasta el ridículo estremo de declarar la guerra al emperador de ConstantinNote 70 · El colegio de Bagdad.Note 71 · Abu-Thaman es el nombre del afortunado poeta que lo compuso.Note 72 · Los Abassides adoptaron el negro como su color privativo para el trage de guerra y de corte, y aun para sus pendones y banderas, y de aquí vNote 73 · Es sabido que el papa Silvestre II antes de entrar en la regla de S. Benito perfeccionó sus estudios en las escuelas de la España árabe.Note 74 · «Y habiendo ejecutado lo mismo (esto es, habiéndose rebelado) el suburbio ó ciudad baja de Córdoba, entró por la puerta nueva Abdelcarin, suNote 75 · El ridá era una especie de manto ó capa que llevaban los dervíses y faquires, fanáticos mendicantes que andando el tiempo abundaron mucho enNote 76 · Con la cara tiznada de kohol y siwak, dice Al-Makkarí, palabras que el traductor y comentador interpreta polvos dentríficos, añadiendo en unNote 77 · Habiendo el emperador griego Teófilo solicitado alianza de Abde-r-rahman II y enviádole ricos presentes para grangeársela, con objeto de reuNote 78 · Mas adelante se hablará de este singular personage, insigne músico de la Iraca, á quien tuvo el rey hospedado en su propio alcázar, colmándoNote 79 · Obeydullah Ibnu-l-balensí (es decir, Obeydullah, hijo del valenciano), nieto de Abde-r-rahman I, se distinguió principalmente contra los CriNote 80 · Las paces ajustadas entre Abde-r-rahman II y Cárlos el Calvo constan por los Anales Berlinianos, donde, bajo el año 847, se refiere con esteNote 81 · El metropolitano de Sevilla, Recafredo, cediendo á las intimaciones de Abde-r-rahman, prohibió á los cristianos presentarse voluntariamente Note 82 · Es de advertir que en la primitiva iglesia no se tenian en público por santos ni se hacia fiesta como á tales sino á solos los mártires, y qNote 83 · Siguiendo el ejemplo de Conde traducimos en romance octosílabo los versos de Abde-r-rahman, cuyo original puede verse en la nota 32 del Sr. Note 84 · Copiando al historiador Ibrabim el Katib refiere Conde, que un dia regaló el sultan á una esclava suya, muy linda y preciosa, un collar ó gaNote 85 · Mandó Abde-r-rahman construir hermosas mezquitas en Córdoba, y en ellas puso fuentes de mármol y jaspes varios, y trajo á la ciudad las aguaNote 86 · Este soberbio acueducto, que todavía subsiste (aunque inutilizado en algunos de sus ramales, pues tenia varios), y en cuya descripcion tan pNote 87 · Véase á Ambrosio de Morales, lib. XIII, cap. XLIV, refiriendo la ocasion del martirio de las dos santas vírgenes Nunilo y Alodia, y al P. RoNote 88 · «Si algun cristiano entrare en la mezquita, ó dijere mal de Dios ó de Mahoma, tórnese moro, ó sea muerto,» decia el fuero de Coimbra. Una nuNote 89 · Llamábanle en efecto sus súbditos el victorioso (Abú-l-motref) y tambien padre de los vencedores (Abú-l-modhaffer).Note 90 · Los árabes en efecto no daban tormento corporal á los cristianos infractores de las citadas leyes: cuando cualquier cristiano, movido de su Note 91 · Hija de un cristianismo adulterado, la iglesia nestoriana de Oriente, arraigada desde el VI siglo en las mas florecientes regiones del Asia,Note 92 · La iglesia caldea ó nestoriana profesa dogmas que tienen muchos puntos de contacto con los de la iglesia protestante. Como ella despoja á laNote 93 · Sábese por S. Eulogio y Alvaro Cordobés que en los tiempos de persecucion se añadian á los tributos ordinarios que pagaban los cristianos otNote 94 · Véase la vida de S. Perfecto, presbítero. Los mártires cristianos eran inmolados en la esplanada que caia al pié del alcázar y sobre el rio,Note 95 · Tambien los musulmanes eran muy delicados en ciertas cosas de conciencia, y muy sutiles los casuistas que los resolvian. El que desee formarNote 96 · Por ejemplo la que Abde-r-rahman II introdujo de presentarse en público siempre velado; la de usar en las vestiduras reales su propio nombreNote 97 · Este nombre (dracknar) daban los Normandos á sus naves. Véase Michelet, Historia de Francia. Conde y Al-Makkarí refieren concordes la invasiNote 98 · Véase la nota 2, pág. 118.Note 99 · Las annefilas eran las oraciones voluntarias que hacian los muslimes devotos, fuera de las cinco azalas ú oraciones obligatorias.Note 100 · El mancebo Sancho, martirizado en junio del año 851, habia sido page en el palacio de Abde-r-rahman.Note 101 · Véase el martirio de la virgen Flora, acaecido en noviembre del mismo año.Note 102 · Aunque muy mal dicho. Esta proposicion no se demuestra facilmente en una sencilla nota. Quien dude de ella lea los escritos de M. de Bonald,Note 103 · Zaryab mejoró el antiguo laud aumentándole una cuerda. Los árabes, aficionados á simbolizarlo todo, decian que las cuerdas del laud represenNote 104 · Véase la nota 2, pág. 98.Note 105 · El Sahbá era un licor, especie de vino claro, que habian inventado los mahometanos para eludir la espresa prohibicion alcoránica del ghamar Note 106 · El mihshah era una especie de capa, por el estilo de la que llevaba la gente comun. No nos esplica el traductor de Al-Makkarí qué clase de eNote 107 · El plato llamado at-tafayá, que por lo visto era un bocado esquisito para los árabes-andaluces, no parece segun la descripcion del historiad
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