Note 78 — RECUERDOS Y BELLEZAS DE ESPAÑA. SEVILLA, CÓRDOBA, CÁDIZ. (continued 2)
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Para el gobierno civil de los Cristianos habia destinados ministros, cuyo principal empleo era el de Conde, que equivalia á intendente ó gobernador. Era esta dignidad una reliquia, digámoslo así, de la pasada administracion goda, bajo la cual el título de Conde, ademas de cargo palatino, que suponia en el que lo llevaba tener debajo de sí en el palacio del rey alguna clase ó dependencia, significaba mando superior en alguna ciudad ó provincia. En la monarquía asturiana, el Conde en la capital de su gobierno ó señorío tenia corte como los reyes, ponia jueces y magistrados en las ciudades y villas subalternas, y en tiempo de guerra iba al frente de su ejército como general. Mas el cargo de Conde de los Cristianos en las ciudades sujetas á los Sarracenos era un vano simulacro de la antigua dignidad. «Tengan los Cristianos, decia el privilegio de Coimbra otorgado en 734 por el moro Alboacen, un Conde de su propia gente, que los mantenga en buena ley, conforme á la costumbre de los Cristianos: y este compondrá las discordias que se movieren entre ellos, y no matará hombre alguno sin orden del Cadí (alcalde) ó Wazir (alguacil) moro; mas traerlo han delante del Cadí y mostrarán sus leyes, y él dirá, bien está, y darle han por decir «bien está» cien pesos de plata, y matarán al culpado.» De donde se infiere que el Conde que daba á los Cristianos de Coimbra Alboacen era en cuanto al imperio un mero delegado del justicia mahometano, que por sí propio no tenia potestad ejecutiva en los negocios criminales. Agréguese á esto, que aunque por la oscuridad y escasez de las antigüedades no consta positivamente quién nombraba al Conde, lo probable es que fuese hechura del rey mahometano. Que el Conde de los Cristianos bajo el Califato era en todo dependiente de la voluntad del Sultan, se deduce claramente de lo que ocurrió en tiempo de S. Eulogio con el Conde Servando, famoso por su perfidia, el cual, segun afirman Alvaro Cordobés y el abad Sanson, llegó á aquella dignidad á fuerza de obsequios y regalos que hizo á los Palatinos, y logró orden del rey para exigir nuevos y exorbitantes tributos de los Cristianos, á quienes debía amparar.
No consta en verdad que el Conde cristiano en tiempo de Abde-r-rahman I fuese ningun malvado; es de suponer por el contrario, atendida la paz de que entonces disfrutaba aquella Iglesia, que fuese un verdadero protector de sus connaturales en los asuntos cuyo conocimiento le estaba cometido. Por lo demas, no habiendo llegado á nosotros memoria alguna del prelado que á la sazon regia aquella cautiva grey, ¿habremos de estrañar que no se diga quién fuese en aquellos años el Conde? Sin embargo, persuadidos de que esta autoridad subsistió siempre, y de que su intervencion en la venta de la basílica debió ser necesaria por el protectorado que suponia, hemos hecho mencion de ella. Al Conde ademas correspondia comunicar las órdenes consiguientes al censor y al esceptor (alcalde, y tesorero de los caudales; véase Florez, trat. 33, cap. 7: gobierno civil de los Cristianos), pues aunque tambien estos eran nombrados por el rey muslim, estaban bajo la dependencia del Conde.