EL
Casiodoro de Reina translation
SANTO EVANGELIO DE NUESTRO SEÑOR JESU CRISTO
SEGUN
S. LUCAS.
CAPITULO 1
1 HABIENDO muchos tentado á poner en órden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,
2 como nos [lo] enseñaron los que desde el principio [lo] vieron de sus ojos, y fueron ministros del negocio:
3 me ha parecido tambien [á mí] despues de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribirte[las] por órden, oh muy buen Teófilo,
4 para que conozcas la verdad de las cosas, en las cuales has sido enseñado.
5 HUBO en los dias de Herodes rey de Judéa, un sacerdote llamado Zacharías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabeth.
6 Y eran ambos justos delante de Dios, andando en todos los mandamientos y estatutos del Señor sin reprension.
7 Y no tenian generacion: porque Elisabeth era estéril, y ambos eran venidos en dias.
8 Y aconteció, que administrando Zacharías el sacerdocio delante de Dios por el órden de su vez,
9 conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en su vez á poner el perfume, entrando en el templo del Señor.
10 Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del perfume.
11 Y le apareció el ángel del Señor que estaba á la mano derecha del altar del perfume.
12 Y se turbó Zacharías viéndole, y cayó temor sobre él.
13 Mas el ángel le dijo: Zacharías, no temas: porque tu oracion ha sido oida; y tu mujer Elisabeth te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan;
14 y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento:
15 porque será grande delante de Dios; y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre:
16 y á muchos de los hijos de Israél convertirá al Señor Dios de ellos:
17 porque él irá delante de él con el Espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor pueblo perfecto.
18 Y dijo Zacharías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer venida en dias.
19 Y respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas:
20 y hé aquí, serás mudo, y no podrás hablar, hasta el dia que esto sea hecho: por cuanto no creiste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.
21 Y el pueblo estaba esperando á Zacharías, y se maravillaban que él se tardaba en el templo.
22 Y saliendo, no les podia hablar; y entendieron que habia visto vision en el templo: y él les hablaba por señas; y quedó mudo.
23 Y fué, que cumplidos los
dias de su oficio, se vino á su casa.
24 Y despues de aquellos dias concibió su mujer Elisabeth, y se encubria por cinco meses, diciendo:
25 Porque el Señor me hizo esto en los dias en que miró para quitar mi afrenta entre los hombres.
26 Y AL sexto mes el ángel Gabriel fué enviado de Dios á [una] ciudad de Galiléa, que se llama Nazaret,
27 á una vírgen desposada con un varon que se llamaba Joseph, de la casa de David; y el nombre de la vírgen [era] María.
28 Y entrando el ángel á ella, dijo: Tengas gozo, amada, el Señor [es] contigo: bendita tú entre las mujeres.
29 Mas ella, como le vió, se turbó de su hablar; y pensaba qué salutacion fuese esta.
30 Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia acerca de Dios:
31 y hé aquí, que concebirás en el vientre, y parirás hijo, y llamarás su nombre JESUS:
32 este será grande, é Hijo del Altísimo será llamado, y le dará el Señor Dios la silla de David su padre;
33 y reinará en la casa de Jacob eternamente, y de su reino no habrá cabo.
34 Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? porque no conozco varon.
35 Y respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre tí, y la virtud del Altísimo te cubrirá; por lo cual tambien lo Santo que de tí nacerá, será llamado Hijo de Dios:
36 y hé aquí, Elisabeth tu parienta, tambien ella ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes á ella que es llamada la estéril:
37 porque ninguna cosa es imposible para Dios.
38 Entonces María dijo: Hé aquí la criada del Señor, cúmplase en mí conforme á tu palabra. Y el ángel se partió de ella.
39 En aquellos dias levantándose María, fué á la montaña con priesa á [una] ciudad de Judá.
40 Y entró en casa de Zacharías, y saludó á Elisabeth.
41 Y aconteció, que como oyó Elisabeth la salutacion de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabeth fué llena de Espíritu Santo,
42 y exclamó á gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre:
43 ¿y de dónde esto á mí, que venga la madre de mi Señor á mí?
44 porque hé aquí, que como llegó la voz de tu salutacion á mis oidos, la criatura saltó con alegría en mi vientre:
45 y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirán las cosas que le fueron dichas [de parte] del Señor.
46 Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor:
47 y mi espíritu se alegró en Dios mi Salud.
48 Porque miró á la bajeza de su criada: porque hé aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las edades.
49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso: y su santo nombre,
50 y su misericordia de generacion á generacion á los que le temen.
51 Hizo valentía con su brazo: esparció los soberbios del pensamiento de su corazon.
52 Quitó los poderosos de los tronos, y levantó á los humildes.
53 A los hambrientos llenó de bienes; y á los ricos envió vacíos.
54 Recibió á Israél su criado, acordándose de la misericordia,
55 como habló á nuestros padres, á Abraham y á su simiente para siempre.
56 Y SE quedó María con ella como tres meses: y se volvió á su casa.
57 Y A Elisabeth se le cumplió el tiempo de parir, y parió un hijo.
58 Y oyeron los vecinos y los parientes que Dios habia hecho grande misericordia con ella, y se alegraron con ella.
59 Y aconteció, que al octavo dia vinieron para circuncidar al niño, y le llamaban del nombre de su padre, Zacharías.
60 Y respondiendo su madre, dijo: No; sino Juan será llamado.
61 Y le dijeron: ¿Por qué? nadie hay en tu parentela que se llama de este nombre.
62 Y hablaron por señas á su padre, como le queria llamar.
63 Y demandando la tablilla, escribió, diciendo: Juan es su nombre. Y todos se maravillaron.
64 Y luego fué abierta su boca, y su lengua, y habló bendiciendo á Dios.
65 Y fué un temor sobre todos los vecinos de ellos: y en todas las montañas de Judéa fueron divulgadas todas estas cosas.
66 Y todos los que [lo] oían, se maravillaban, diciendo: ¿Quién será este niño? Y la mano del Señor era con él.
67 Y Zacharías su padre fué lleno de Espíritu Santo, y profetizó, diciendo:
68 Bendito el Señor Dios de Israel, que visitó, é hizo redencion á su pueblo.
69 Y nos enhestó el cuerno de salud en la casa de David su siervo.
70 Como habló por boca de los santos que fueron desde el principio, sus profetas:
71 salud de nuestros enemigos, de mano de todos los que nos aborrecieron:
72 haciendo misericordia con nuestros padres, y acordándose de su santo testamento:
73 del juramento que juró á Abraham nuestro padre, que nos habia de dar:
74 que sin temor, libertados de nuestros enemigos, le serviriamos,
75 en santidad y justicia delante de él, todos los dias de nuestra vida.
76 Tú, empero, oh niño, profeta del Altísimo serás llamado: porque irás delante de la faz del Señor, para aparejar sus caminos:
77 dando ciencia de salud á su pueblo para remision de sus pecados:
78 por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó de lo alto el oriente,
79 para dar luz á los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte: para encaminar nuestros piés por camino de paz.
80 Y EL niño crecia, y era confortado del Espíritu, y estuvo en los desiertos hasta el dia que se mostró á Israel.
CAPITULO 2
1 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que salió edicto de parte de Augusto César, que toda la tierra fuese empadronada.
2 Este empadronamiento primero fué hecho, siendo presidente de la Siria Cirenio.
3 E iban todos para ser empadronados cada uno á su ciudad.
4 Y subió Joseph de Galiléa, de la ciudad de Nazaret, á Judéa, á la ciudad de David, que se llama Bethlehem, por cuanto era de la casa y familia de David;
5 para ser empadronado, con María su mujer desposada con él, la cual estaba preñada.
6 Y ACONTECIÓ, que estando [ellos] allí, los dias en que ella habia de parir se cumplieron.
7 Y parió á su hijo primogénito, y le envolvió, y le acostó en el pesebre: porque no habia lugar para ellos en el meson.
8 Y habia pastores en la misma tierra, que velaban, y guardaban las velas de la noche sobre su ganado.
9 Y hé aquí, el ángel^ del Señor vino sobre ellos; y la claridad de Dios los cercó de resplandor de todas partes, y tuvieron gran temor.
10 Mas el ángel les dijo: No temais, porque, hé aquí, os doy nuevas de gran gozo, que será á todo el pueblo:
11 que os es nacido hoy Salvador, que es el Señor, el Cristo, en la ciudad de David:
12 y esto os [será por] señal: hallareis el niño envuelto en pañales, echado en el pesebre.
13 Y repentinamente fué con el ángel multitud de ejércitos celestiales, que alababan á Dios, y decian:
14 Gloria en las alturas á Dios, y en la tierra paz, y á los hombres buena voluntad.
15 Y aconteció, que como los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores dijeron los unos á los otros: Pasemos, pues, hasta Bethlehem, y veamos este negocio que ha hecho Dios, y nos ha mostrado.
16 Y vinieron á priesa, y hallaron á María, y á Joseph, y al niño acostado en el pesebre.
17 Y viéndo[le], hicieron notorio lo que les habia sido dicho del niño.
18 Y todos los que [lo] oyeron, se maravillaron de lo que los pastores les decian.
19 Mas María guardaba todas estas cosas, confiriéndo[las] en su corazon.
20 Y se volvieron los pastores glorificando y alabando á Dios de todas las cosas que habian oido y visto, como les habia sido dicho.
21 Y PASADOS los ocho dias para circuncidar al niño, llamaron su nombre Jesus, el cual [le] fué puesto del ángel antes que él fuese concebido en el vientre.
22 Y como se cumplieron los dias de la purificacion de María conforme á la ley de Moisés, le trajeron á Jerusalem para presentarle al Señor,
23 como está escrito en la ley del Señor: Todo macho que abriere la matriz, será santo al Señor:
24 y para dar la ofrenda, conforme á lo que está dicho en la ley del Señor, un par de tórtolas, ó dos pollos de palomas.
25 Y hé aquí, habia un hombre en Jerusalem llamado Simeon, y este hombre, justo y pio, esperaba la consolacion de Israel; y el Espíritu Santo era sobre él.
26 Y habia recibido respuesta del Espíritu Santo, que no veria la muerte antes que viese al Cristo del Señor.
27 Y vino por Espíritu al templo. Y como metieron al niño Jesus sus padres en el templo, para hacer por él conforme á la costumbre de la ley,
28 entonces él le tomó en sus brazos, y bendijo á Dios, y dijo:
29 Ahora despides, Señor, á tu siervo, conforme á tu palabra, en paz:
30 porque han vista mis ojos tu Salud,
31 la cual has aparejado en presencia de todos los pueblos:
32 luz para ser revelada á los Gentiles, y la gloria de tu pueblo Israel.
33 Y Joseph y su madre estaban maravillados de las cosas que se decian de él.
34 Y los bendijo Simeon, y dijo á su madre María: Hé aquí, que este es dado para caida y para levantamiento de muchos en Israel, y para señal á quien será contradicho;
35 y tu alma de tí misma traspasará cuchillo, para que de muchos corazones sean manifestados los pensamientos.
36 Estaba tambien [allí] Anna, profetisa, hija de Phanuél, de la tribu de Asér, la cual habia venido en grande edad, y habia vivido con su marido siete años desde su virginidad.
37 Y [era] viuda de hasta ochenta y cuatro años, que no se apartaba del templo, en ayunos y oraciones sirviendo de noche y de dia.
38 Y esta sobreviniendo en la misma hora, juntamente confesaba al Señor, y hablaba de él á todos los que esperaban la redencion en Jerusalem.
39 MAS como cumplieron todas las cosas segun la ley del Señor, se volvieron á Galiléa, á su ciudad de Nazaret.
40 Y el niño crecia, y era confortado del Espíritu, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre él.
41 E iban sus padres todos los años á Jerusalem en la fiesta, de la Pascua.
42 Y como fué de doce años, ellos subieron á Jerusalem conforme á la costumbre del dia de la fiesta.
43 Y acabados los dias, volviendo ellos, se quedó el niño Jesus en Jerusalem, sin saberlo Joseph y su madre.
44 Y pensando que estaba en la compañía, anduvieron camino de [un] dia; y le buscaban entre los parientes, y entre los conocidos.
45 Y como no le hallasen, volvieron á Jerusalem , buscandole.
46 Y aconteció, que tres dias despues le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos, y preguntándolos.
47 Y todos los que le oian, estaban fuera de sí por su entendimiento y respuestas.
48 Y como le vieron, se espantaron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? hé aquí, tu padre y yo te hemos buscado con dolor.
49 Entonces [él] les dice: ¿Qué hay? ¿por qué me buscabais? ¿no sabiais que en los negocios que son de mi Padre me conviene estar?
50 Mas ellos no entendieron las palabras que les habló.
51 Y descendió con ellos, y vino á Nazaret, y estaba sujeto á ellos. Y su madre guardaba todas estas cosas en su corazon.
52 Y Jesus crecia en sabiduría, y en edad, y gracia acerca de Dios y de los hombres.
CAPITULO 3
1 Y EN el año quince del imperio de Tiberio César, siendo presidente de Judéa Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galiléa, y su hermano Felipe tetrarca de Ituréa y de la provincia de Tracónite, y Lisania tetrarca de Abilina;
2 siendo sumos sacerdotes Annás y Caifás, fué palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacharías, en el desierto.
3 Y él vino en toda la tierra al rededor del Jordán, predicando el bautismo de penitencia para remision de pecados;
4 como está escrito en el libro de los sermones del profeta Isaías, que dice: Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor, haced derechas sus sendas:
5 todo valle se llenará, y todo monte y collado se bajará; y los [caminos] torcidos serán enderezados, y los caminos ásperos allanados;
6 y verá toda carne la salud de Dios.
7 Y decia á las compañías que salian para ser bautizadas de él: Generacion de víboras, ¿quién os enseñó á huir de la ira que vendrá?
8 haced, pues, frutos dignos de penitencia, y no comenceis á decir en vosotros mismos: [Por] padre tenemos á Abraham; porque os digo, que puede Dios, aun de estas piedras, levantar hijos á Abraham:
9 y ya tambien la hacha está puesta á la raiz de los árboles: todo árbol pues que no hace buen fruto, es talado, y echado en el fuego.
10 Y las compañías le preguntaban, diciendo: ¿Pues, qué haremos?
11 Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos ropas, dé al que no tiene; y él que tiene alimentos, haga lo mismo.
12 Y vinieron tambien [á él] los publicanos para ser bautizados, y le dijeron: ¿Maestro, qué haremos?
13 Y él les dijo: No demandeis mas de lo que os está ordenado.
14 Y le preguntaron tambien los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dice: No maltrateis á nadie, ni oprimais; y sed contentos con vuestros salarios.
15 Y estando el pueblo esperando, y pensando todos de Juan en sus corazones, si él fuese el Cristo,
16 respondió Juan, diciendo á todos: Yo, á la verdad, os bautizo en agua: mas viene quien es mas valeroso que yo, que no soy digno de desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo y fuego:
17 el aventador del cual está en su mano; y limpiará su era, y juntará el trigo en su alfolí, y la paja quemará en fuego que nunca se apagará.
18 Así que amonestando otras muchas cosas tambien, anunciaba el Evangelio al pueblo.
19 Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que habia hecho Herodes,
20 añadió tambien esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.
21 Y aconteció, que como todo el pueblo se bautizaba, y Jesus fuese bautizado, y orase, el cielo se abrió.
22 y descendió el Espíritu Santo en forma corporal, como paloma, sobre él, y fué hecha una voz del cielo que decia: Tú eres mi Hijo amado, en tí es mi placer.
23 Y EL mismo Jesus comenzaba á ser como de treinta años, hijo de Joseph, como se creia, que fué hijo de Elí,
24 que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué de Melchi, que fué de Janne, que fué de Joseph,
25 que fué de Mathathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Heslí, que fué de Nagge,
26 que fué de Maath, que fué de Mathathías, que fué de Semei, que fué de Joseph, que fué de Judá,
27 que fué de Joanna, que fué de Resa, que fué de Zorobabél, que fué de Salathiél, que fué de Nerí,
28 que fué de Melchí, que fué de Addí, que fué de Cosán, que fué de Elmodán, que fué de Her,
29 que fué de Joseph, que fué de Eliezer, que fué de Jorim, que fué de Mathat, que fué de Leví,
30 que fué de Simeon, que fué de Judá, que fué de Joseph, que fué de Jonán, que fué de Eliacim,
31 que fué de Melea, que fué de Menan, que fué de Mathatha, que fué de Nathán, que fué de David,
32 que fué de Isaí, que fué de Obéd, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naasán,
33 que fué de Aminadáb, que fué de Ram, que fué de Hesrón, que fué de Pharés, que fué de Judá,
34 que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Tharé, que fué de Nachór,
35 que fué de Serúg, que fué de Reu, que fué de Phalég, que fué de Hebér, que fué de Salé,
36 que fué de Cainán, que fué de Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Laméch,
37 que fué de Mathusalém, que fué de Henóch, que fué de Jaréd, que fué de Malaleél, que fué de Cainán,
38 que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.
CAPITULO 4
1 Y JESUS, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fué agitado del Espíritu al desierto,
2 por cuarenta dias, y era tentado del diablo. Y no comió cosa en aquellos dias: los cuales pasados, despues tuvo hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, dí á esta piedra que se haga pan.
4 Y Jesus respondiéndole, dijo: Escrito está: Que no con pan solo vivirá el hombre, mas con toda palabra de Dios.
5 Y le llevó el diablo á un alto monte, y le mostró todos los reinos [de la tierra] habitada en un momento de tiempo.
6 Y le dijo el diablo: A tí te daré esta potestad toda, y la gloria de ellos: porque á mi es entregada, y á quien quiero la doy:
7 tú, pues, si adorares delante de mí, serán todos tuyos.
8 Y respondiendo Jesus, le dijo: Véte de mí, Satanás; porque escrito está: Al Señor Dios tuyo adorarás, y á él solo servirás.
9 Y le llevó á Jerusalem, y le puso sobre el cimborio del templo, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate de aquí abajo:
10 porque escrito está: Que á sus ángeles mandará de tí, que te guarden;
11 y que en las manos te llevarán, porque no dañes tu pié á piedra.
12 Y respondiendo Jesus, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.
13 Y acabada toda tentacion, el diablo se fué de él por [algun] tiempo.
14 Y JESUS volvió en virtud del Espíritu á Galiléa, y salió la fama de él por toda la tierra de al rededor.
15 Y él enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado de todos.
16 Y vino á Nazaret, donde habia sido criado, y entró, conforme á su costumbre, el dia del sábado en la sinagoga, y se levantó á leer.
17 Y le fué dado el libro del profeta Isaías: y como abrió el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
18 El Espíritu del Señor [es] sobre mí, por cuanto me ha ungido: para dar buenas nuevas á los pobres me ha enviado; para sanar los quebrantados de corazon; para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para enviar en libertad á los quebrantados;
19 para predicar el año agradable del Señor.
20 Y cerrando el libro, como le dió al ministro, se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban atentos á él.
21 Y comenzó á decirles: Hoy se ha cumplido esta escritura en vuestros oidos.
22 Y todos le daban su testimonio, y estaban maravillados de sus palabras de gracia que salian de su boca, y decian: ¿No es este el hijo de Joseph?
23 Y les dijo: Sin duda me direis: Medico, cúrate á tí mismo: de tantas cosas que hemos oido haber sido hechas en Capharnaum, haz tambien aquí en tu tierra.
24 Y dijo: De cierto os digo, que ningun profeta es acepto en su tierra:
25 en verdad os digo, [que] muchas viudas habia en Israel en los dias de Elías, cuando el cielo fué cerrado por tres años y seis meses, que hubo grande hambre en toda la tierra:
26 mas á ninguna de ellas fué enviado Elías, sino á Sarepta de Sidón, á una mujer viuda:
27 y muchos leprosos habia en Israél en tiempo del profeta Eliséo: mas ninguno de ellos fué limpio, sino Naamán el Syro.
28 Entonces todos en la sinagoga fueron llenos de ira, oyendo estas cosas.
29 Y levantándose, le echaron fuera de la ciudad, y le llevaron hasta la cumbre del monte, sobre el cual la ciudad de ellos estaba edificada, para despeñarle.
30 Mas él, pasando por medio de ellos, se fué.
31 Y DESCENDIÓ á Capharnaum, ciudad de Galiléa, y allí los enseñaba en los sábados.
32 Y estaban fuera de sí de su doctrina: porque su palabra era con potestad.
33 Y estaba en la sinagoga un hombre que tenia un espíritu de un demonio inmundo, el cual exclamó á gran voz,
34 diciendo: Ah, ¿qué tenemos contigo, Jesus Nazareno? ¿has venido á destruirnos? yo te conozco quién eres, el Santo de Dios.
35 Y Jesus le riñó, diciendo: Enmudece, y sal de él. Entonces el demonio, derribándole en medio, salió de él; y no le hizo daño alguno.
36 Y fué espanto sobre todos, y hablaban unos á otros, diciendo: ¿Qué cosa es esta, que con autoridad y potencia manda á los espíritus inmundos, y salen?
37 Y la fama de él se divulgaba de todas partes por todos los lugares de la comarca.
38 Y levantándose Jesus de la sinagoga, se entró en casa de Simon: y la suegra de Simon estaba con una grande fiebre; y le rogaron por ella.
39 E inclinándose hácia ella, riñó á la fiebre, y la fiebre la dejó; y ella levantándose luego, les sirvió.
40 Y poniéndose el sol, todos los que tenian enfermos de diversas enfermedades, los traian á él: y él, poniendo las manos sobre cada uno de ellos, los sanaba.
41 Y salian tambien demonios de muchos, dando voces, y diciendo: Tú eres el Cristo, Hijo de Dios: mas [él] riñiéndoles no los dejaba hablar, porque sabian que él era el Cristo.
42 Y siendo ya de dia salió, y se fué al lugar desierto; y las compañías le buscaban, y vinieron hasta él: y le detenian que no se fuese de ellos.
43 Y él les dijo: Que tambien á otras ciudades es menester que anuncie el evangelio del reino de Dios: porque para esto soy enviado.
44 Y predicaba en las sinagogas de Galiléa.
CAPITULO 5
1 Y ACONTECIÓ, que estando él junto al lago de Gennezaret, las compañías se derribaban sobre él por oir la palabra de Dios.
2 Y vió dos navíos que estaban cerca de la orilla del logo; y los pescadores, habiendo descendido de ellos, lavaban sus redes.
3 Y entrado en uno de estos navíos, el cual era de Simon, le rogó que le desviase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde el navío las compañías.
4 Y como cesó de hablar, dijo á Simon: Lleva en alto mar, y echad vuestras redes para tomar.
5 Y respondiendo Simon, le dijo: Maestro, habiendo trabajado toda la noche, nada hemos tomado: mas en tu palabra echaré la red.
6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran multitud de pescado, que su red se rompia.
7 E hicieron señas á los compañeros que [estaban] en el otro navío, que viniesen á ayudarles; y vinieron, y llenaron ambos navíos de tal manera que se anegaban.
8 Lo cual viendo Simon Pedro, se derribó de rodillas á Jesus, diciendo: Salte de conmigo, Señor, porque soy hombre pecador.
9 Porque temor le habia rodeado, y á todos los que [estaban] con él, de la presa de los peces que habian tomado:
10 y asimismo á Jacobo y á Juan, hijos de Zebedéo, que eran compañeros de Simon. Y Jesus dijo á Simon: No temas: desde ahora tomarás hombres.
11 Y como llegaron á tierra los navíos, dejándolo todo, le siguieron.
12 Y ACONTECIÓ que estando en una ciudad, hé aquí un hombre lleno de lepra, el cual viendo á Jesus, postrándose sobre el rostro le rogó, diciendo: Señor, si quisieres, puedes limpiarme.
13 Entonces extendiendo la mano le tocó, diciendo: Quiero: sé limpio. Y luego la lepra se fué de él.
14 Y él le mandó que no lo dijese á nadie: Mas vé, (dice), muéstrate al sacerdote, y ofrece por tu limpieza, como mandó Moisés, para que les conste.
15 Empero el hablar de él andaba mas; y se juntaban muchas compañías á oir, y ser sanadas por él de sus enfermedades.
16 Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.
17 Y aconteció un dia, que él estaba enseñando, y Fariséos y doctores de la ley estaban sentados, los cuales habian venido de todas las aldeas de Galiléa, y de Judéa, y Jerusalem; y la virtud del Señor estaba allí para sanarlos.
18 Y hé aquí, unos hombres, que traian en una cama un hombre que estaba paralítico; y buscaban [por donde] meterle, y ponerle delante de él.
19 Y no hallando por donde meterle á causa de la multitud, subieron encima de la casa, y por el tejado le bajaron con la cama en medio, delante de Jesus.
20 El cual, viendo la fé de ellos, le dice: Hombre, tus pecados te son perdonados.
21 Entonces los escribas y Fariséos comenzaron á pensar, diciendo: ¿Quién es este que habla blasfemias? ¿quien puede perdonar pecados, sino solo Dios?
22 Jesus entonces, conociendo los pensamientos de ellos, respondiendo les dijo: ¿Qué pensais en vuestros corazones?
23 ¿cuál es mas fácil; decir: Tus pecados te son perdonados; ó decir: Levántate, y anda?
24 pues porque sepais que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados, (dice al paralítico): Á tí digo : Levántate, toma tu cama; y véte á tu casa.
25 Y luego levantándose en presencia de ellos, y tomando aquello en que estaba echado, se fué á su casa glorificando á Dios.
26 Y tomó espanto á todos, y glorificaban á Dios; y fueron llenos de temor, diciendo: Que hemos visto maravillas hoy.
27 Y DESPUES de estas cosas salió, y vió á un publicano llamado Leví, sentado al banco [de los públicos tributos,] y le dijo: Sígueme.
28 Y dejadas todas cosas, levantándose, le siguió.
29 E hizo Leví gran banquete en su casa, y habia mucha compañía de publicanos, y de otros, los cuales estaban á la mesa con ellos.
30 Y los escribas y los Fariséos murmuraban contra sus discípulos, diciendo: ¿Por qué comeis y bebeis con los publicanos y pecadores?
31 Y respondiendo Jesus, les dijo: los que están sanos no han menester médico, sino los que están enfermos:
32 no he venido á llamar á los justos, sino á los pecadores á penitencia.
33 Entonces ellos le dijeron: ¿Por qué los discípulos de Juan ayunan muchas veces, y hacen oraciones, y asimismo los de los Fariséos; y tus discípulos comen y beben?
34 Y él les dijo: ¿Podeis hacer que los que son de bodas ayunen, entre tanto que el esposo está con ellos?
35 empero vendrán dias cuando el esposo les será quitado: entonces ayunarán en aquellos dias.
36 Y les decia tambien una parábola: Nadie mete remiendo de paño nuevo en vestido viejo: de otra manera el nuevo rompe, y al viejo no conviene remiendo nuevo.
37 Y nadie echa vino nuevo en cueros viejos: de otra manera el vino nuevo romperá los cueros, y el vino se derramará, y los cueros se perderán.
38 Mas el vino nuevo en cueros nuevos se ha de echar; y lo uno y lo otro se conserve.
39 Y ninguno que bebiere el viejo, quiere luego el nuevo; porque dice: El viejo es mejor.
CAPITULO 6
1 Y ACONTECIÓ que pasando él por los sembrados en un sábado segundo del primero, sus discípulos arrancaban espigas, y comian, fregándolas con las manos.
2 Y algunos de los Fariséos les dijeron: ¿Por qué haceis lo que no es lícito hacer en sábados?
3 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Ni aun esto habeis leido, que hizo David cuando tuvo hambre, él, y los que con él estaban?
4 ¿cómo entró en la casa de Dios, y tomó los panes de la proposicion, y comió, y dió tambien á los que [estaban] con él; los cuales no era lícito comer, sino á solos los sacerdotes?
5 Y les decia: El Hijo del hombre es Señor aun del sábado.
6 Y aconteció tambien en otro sábado, que él entró en la sinagoga y enseñó; y estaba allí un hombre que tenia la mano derecha seca.
7 Y le acechaban los escribas y los Fariséos, si sanaria en sábado, por hallar de qué le acusasen.
8 Mas él sabia los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenia la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él levantándose, se puso en pié.
9 Entonces Jesus les dice: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en sábados bien hacer, ó mal hacer? ¿hacer salva [una] persona, ó matarla?
10 Y mirándolos á todos al rededor, dice al hombre: Extiende tu mano; y él lo hizo así, y su mano fué restituida sana como la otra.
11 Y ellos fueron llenos de locura, y hablaban los unos á los otros qué harian á Jesus.
12 Y ACONTECIÓ en aquellos dias, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.
13 Y como fué de dia, llamó á sus discípulos; y escogió doce de ellos, los cuales tambien llamó Apóstoles:
14 á Simon, al cual tambien llamó Pedro, y á Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé,
15 Matéo y Tomás, y Jacobo, [hijo] de Alféo, y Simon, el que se llama Zeloso,
16 Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que tambien fué el traidor.
17 Y descendió con ellos, y se paró en un lugar llano; y la compañía de sus discípulos, y grande multitud de pueblo de toda Judéa, y de Jerusalem, y de la costa de Tyro y de Sidón, que habian venido á oirle, y para ser sanados de sus enfermedades;
18 y [otros] que habian sido atormentados de espíritus inmundos: y eran sanos.
19 Y toda la compañía procuraba, de tocarle: porque salia de él virtud, y sanaba á todos.
20 Y ALZANDO él los ojos á sus discípulos, decia: Bienaventurados los pobres: porque vuestro es el reino de Dios.
21 Bienaventurados los que ahora teneis hambre: porque sereis hartos. Bienaventurados los que ahora llorais: porque reireis.
22 Bienaventurados sereis cuando los hombres os aborrecieren, y cuando os esparcieren, y [os] denostaren, y rayeren vuestro nombre como malo, por el Hijo del hombre.
23 Gozáos en aquel dia, y alegráos: porque, hé aquí, vuestro galardon [es] grande en los cielos: porque así hacian sus padres á los profetas.
24 Mas ¡ay de vosotros ricos! porque teneis vuestro consuelo.
25 ¡Ay de vosotros, los que estais hartos! porque tendreis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentareis y llorareis.
26 ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres dijeren bien de vosotros! porque así hacian sus padres á los falsos profetas.
27 Mas á vosotros los que oís, digo: Amad á vuestros enemigos: haced bien á los que os aborrecen.
28 Bendecid á los que os maldicen; y orad por los que os calumnian.
29 Y al que te hiriere en la mejilla, dále tambien la otra; y del que te quitare la capa, ni aun el sayo le defiendas.
30 Y á cualquiera que te pidiere, dá; y al que tomare lo que [es] tuyo, no vuelvas á pedir.
31 Y como quereis que os hagan los hombres, hacedles tambien vosotros así.
32 Porque si amais á los que os amen, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores aman á los que los aman.
33 Y si hiciéreis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores hacen lo mismo.
34 Y si prestáreis á aquellos de quienes esperais recibir, ¿qué gracias tendreis? porque tambien los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto.
35 Amad pues á vuestros enemigos; y haced bien, y emprestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardon grande, y sereis hijos del Altísimo: porque él es benigno [aun] para con los ingratos y malos.
36 Sed pues misericordiosos, como tambien vuestro Padre es misericordioso.
37 No juzgueis, y no sereis juzgados: no condeneis, y no sereis condenados: perdonad, y sereis perdonados:
38 dad, y se os dará: medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro regazo: porque con la misma medida que midiéreis, os será vuelto á medir.
39 Y les decia una parábola: ¿Puede el ciego guiar al ciego? ¿no caerán ambos en el hoyo?
40 El discípulo no es sobre su maestro: mas cualquiera que fuere como el maestro, será perfecto.
41 ¿Por qué miras la paja que [está] en el ojo de tu hermano, y la viga que [está] en tu propio ojo no consideras?
42 ¿O cómo puedas decir á tu hermano: Hermano, deja, echaré fuera la paja que [está] en tu ojo, no mirando tú la viga que [está] en tu ojo? Hipócrita, echa fuera primero de tu ojo la viga; y entonces mirarás de echar fuera la paja que [está] en el ojo de tu hermano.
43 Porque no es buen árbol el que hace malos frutos; ni árbol malo el que hace buen fruto.
44 Porque cada árbol por su fruto es conocido: que no cogen higos de las espinas, ni vendimian uvas de las zarzas.
45 El buen hombre del buen tesoro de su corazon saca bien; y el mal hombre del mal tesoro de su corazon saca mal: porque de la abundancia de su corazon habla su boca.
46 ¿Por qué me llamais, Señor, Señor, y no haceis lo que digo?
47 Todo aquel que viene á mi, y oye mis palabras, y las hace, [yo] os ensenare á quien es semejante.
48 Semejante es al hombre que edifica una casa, que cavó y ahondó, y puso el fundamento sobre piedra; y habiendo avenida, el rio dió con ímpetu en aquella casa, mas no la pudo menear: porque estaba fundada sobre piedra.
49 Mas el que oyó, y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra sin fundamento, en la cual el rio dió con ímpetu, y luego cayó: y fué grande la ruina de aquella casa.
CAPITULO 7
1 Y COMO acabó todas sus palabras en oidos del pueblo, entró en Capharnaum.
2 Y el siervo de un centurion enfermo se iba muriendo, el cual él tenia en estima.
3 Y como oyó de Jesus, envió á él los ancianos de los Judíos, rogándole que viniese y librase á su siervo.
4 Y viniendo ellos á Jesus, rogáronle con diligencia, diciéndole: Porque es digno de concederle esto:
5 que ama nuestra nacion, y él nos edificó una sinagoga.
6 Y Jesus fué con ellos: mas como ya no estuviesen lejos de su casa, envió el centurion amigos á él, diciéndole: Señor, no tomes trabajo, que no soy digno que entres debajo de mi tejado:
7 por lo cual ni aun me tuve por digno de venir á tí: mas manda con la palabra, y mi criado será sano.
8 Porque tambien yo soy [hombre] puesto en potestad, que tengo debajo de mí soldados; y digo á este: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y á mi siervo: Haz esto, y [lo] hace.
9 Lo cual oyendo Jesus, se maravilló de él, y vuelto, dijo á las compañías que le seguian: Os digo, [que] ni aun en Israel, he hallado tanta fé.
10 Y vueltos á casa los que habian sido enviados, hallaron sano al siervo que habia estado enfermo.
11 Y aconteció despues, que [él] iba á la ciudad que se llama Nain, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía.
12 Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, hé aquí, que sacaban un difunto, unigénito á su madre, la cual tambien era viuda; y habia con ella grande compañía de la ciudad.
13 Y como el Señor la vió, fué movido á misericordia de ella, y le dice: No llores.
14 Y acercándose, tocó las andas; y los que [le] llevaban, pararon, y dice: Mancebo, á tí digo, levántate.
15 Entonces, volvióse á sentar el que habia sido muerto, y comenzó á hablar; y le dió á su madre.
16 Y tomó á todos temor, y glorificaban á Dios, diciendo: Que profeta grande se ha levantado entre nosotros; y, que Dios ha mirado su pueblo.
17 Y salió esta fama de él por toda Judéa, y por toda la tierra de al rededor.
18 Y DIERON las nuevas á Juan de todas estas cosas sus discípulos; y llamó Juan unos dos de sus discípulos,
19 y envió á Jesus, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro?
20 Y como los varones vinieron á él, dijeron: Juan el Bautista nos ha enviado á tí, diciendo: ¿Eres tú aquel que habia de venir, ó esperaremos á otro?
21 Y en la misma hora sanó á muchos de enfermedades, y plagas, y de espíritus malos; y á muchos ciegos dió la vista.
22 Y respondiendo Jesus, les dijo: Id, dad las nuevas á Juan de lo que habeis visto y oido: Que los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos resucitan, á los pobres es anunciado el Evangelio.
23 Y bienaventurado es el que no fuere escandalizado en mí.
24 Y como se fueron los mensajeros de Juan, comenzó á hablar de Juan á las compañías: Qué salisteis á ver al desierto? [¿alguna] caña que es agitada del viento?
25 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] hombre cubierto de vestidos delicados? Hé aquí, que los que están en vestido precioso, y en delicias, en los palacios de los reyes están.
26 Mas, ¿qué salisteis á ver? [¿algun] profeta? Tambien os digo, y aun mas que profeta.
27 Este es de quien está escrito: Hé aquí, envio mi ángel delante de tu faz, el cual aparejará tu camino delante de tí.
28 Porque [yo] os digo [que] entre los nacidos de mujeres, no hay mayor profeta que Juan el Bautista: mas el mas pequeño en el reino de los cielos es mayor que él.
29 Y todo el pueblo oyéndo[le,] y los publicanos, justificaron á Dios, bautizándose con el bautismo de Juan.
30 Mas los Fariséos, y los sábios de la ley, desecharon el consejo de Dios contra sí mismos, no siendo bautizados de él.
31 Y dice el Señor: ¿Á quién pues compararé los hombres de esta generacion, y á qué son semejantes?
32 Semejantes son á los muchachos sentados en la plaza, y que dan voces los unos á los otros, y dicen: Os tañimos con flautas, y no bailasteis: os endechamos, y no llorasteis.
33 Porque vino Juan el Bautista que ni comia pan, ni bebia vino, y decís: Demonio tiene.
34 Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: Hé aquí, un hombre comilon, y bebedor de vino, amigo de publicanos y de pecadores.
35 Mas la sabiduría es justificada de todos sus hijos.
36 Y LE rogó uno de los Fariséos, que comiese con él. Y entrado en casa del Fariséo, se sentó á la mesa.
37 Y hé aquí, una mujer que habia sido pecadora en la ciudad, como entendió que estaba á la mesa en casa de aquel Fariséo, trajo un [vaso de] alabastro de ungüento;
38 y estando detrás á sus piés, comenzó llorando á regar con lágrimas sus piés, y los limpiaba con los cabellos de su cabeza; y besaba sus piés, y ungía[los] con el ungüento.
39 Y como vió [esto] el Fariséo que le habia llamado, dice en sí, diciendo: Este, si fuera profeta, conoceria quién y cuál es la mujer que le toca; que es pecadora.
40 Entonces respondiendo Jesus, le dijo: Simon, una cosa tengo que decirte. Y él le dice: Dí, Maestro.
41 Un acreedor tenia dos deudores: el uno le debia quinientos denarios, y el otro cincuenta:
42 y no teniendo ellos de qué pagar, soltó [la deuda] á ambos: dí, pues, ¿cuál de estos le amará mas?
43 Y respondiendo Simon, dijo: Pienso que aquel al cual soltó mas. Y él le dijo: Rectamente has juzgado.
44 Y vuelto á la mujer, dijo á Simon: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, no diste agua para mis piés; y esta ha regado mis piés con lágrimas, y limpiádo[los] con los cabellos de su cabeza.
45 No me diste beso: esta desde que entré no ha cesado de besar mis piés.
46 No ungiste mi cabeza con óleo; y esta ha ungido con ungüento mis piés.
47 Por lo cual te digo, [que] sus muchos pecados son perdonados, porque amó mucho: mas al que se perdona poco, poco ama.
48 Y á ella dijo: los pecados te son perdonados.
49 Y los que estaban juntamente sentados á la mesa, comenzaron á decir entre sí: ¿Quién es este, que tambien perdona pecados?
50 Y dijo á la mujer: Tu fé te ha salvado: vé en paz.
CAPITULO 8
1 Y ACONTECIÓ despues, que él caminaba por todas las ciudades y aldeas predicando, y anunciando el evangelio del reino de Dios; y los doce con él;
2 y algunas mujeres que habian sido curadas [de él] de malos espíritus, y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la cual habian salido siete demonios;
3 y Juana mujer de Chuzas, procurador de Herodes; y Susanna, y otras muchas que le servian de sus haciendas.
4 Y COMO se juntó una grande compañía, y los que estaban en cada ciudad vinieron á él, dijo por una parábola:
5 Uno que sembraba salió á sembrar su simiente; y sembrando, una [parte] cayó junto al camino, y fué hollada, y las aves del cielo la comieron.
6 Y otra [parte] cayó sobre piedra; y nacida, se secó, porque no tenia humedad.
7 Y otra [parte] cayó entre espinas; y naciendo las espinas juntamente, la ahogaron.
8 Y otra [parte] cayó en buena tierra; y cuando fué nacida, llevó fruto á ciento [por uno.] Diciendo estas cosas clamaba: El que tiene oidos para oir, oiga.
9 Y sus discípulos le preguntaron, qué era esta parábola.
10 Y él dijo: Á vosotros es dado conocer los misterios del reino de Dios: mas á los otros por parábolas, para que viendo no vean, y oyendo no entiendan.
11 Es pues esta parábola: La simiente es la palabra de Dios.
12 Y los de junto al camino, estos son los que oyen; y luego viene el diablo, y quita la palabra de su corazon, porque no se salven creyendo.
13 Y los de sobre piedra, [son] los que habiendo oido, reciben la palabra con gozo: mas estos no tienen raices: que á tiempo creen, y en el tiempo de la tentacion se apartan.
14 Y lo que cayó entre espinas, estos son los que oyeron; mas idos son ahogados de los cuidados, y de las riquezas, y de los pasatiempos de la vida, y no llevan fruto.
15 Y lo que en buena tierra, estos son los que con corazon bueno y recto retienen la palabra oida, y llevan fruto en paciencia.
16 Ninguno empero que enciende el candil, le cubre con [algun] vaso, ó le pone debajo de la cama: mas le pone en un candelero, para que los que entran, vean la lumbre.
17 Porque no hay cosa oculta, que no haya de ser manifestada; ni cosa escondida que no haya de ser entendida, y de venir á luz.
18 Mirad pues como oís: porque á cualquiera que tuviere, le será dado; y á cualquiera que no tuviere, aun lo que parece tener será quitado de él.
19 Y VINIERON á él su madre y hermanos, y no podian llegar á él por causa de la multitud.
20 Y le fué dada aviso, diciendo: Tu madre, y tus hermanos están fuera, que quieren verte.
21 El entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen.
22 Y ACONTECIÓ un dia [que] él entró en un navío con sus discípulos, y les dijo: Pasemos de la otra parte del lago; y subieron.
23 Y navegando ellos, se durmió. Y descendió una tempestad de viento en el lago; y se llenaban, y peligraban.
24 Y llegándose á él, le despertaron, diciendo: Maestro, maestro, [que] perecemos. Y despertado él, riño al viento y á la tempestad del agua, y cesaron: y fué hecha grande bonanza.
25 Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fé? Y [ellos] temiendo, fueron maravillados, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es este, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?
26 Y navegaron á la tierra de los Gadarenos, que está delante de Galiléa.
27 Y saliendo él á tierra, le salió al encuentro de la ciudad un hombre que tenia demonios ya de muchos tiempos; y no vestia vestido, ni estaba en casa, sino por los sepulcros.
28 El cual como vió á Jesus, exclamó, y postróse delante de él, y dijo á gran voz: ¿Qué tengo yo contigo, Jesus Hijo del Dios Altísimo? ruégote que no me atormentes.
29 (Porque mandaba al espíritu inmundo que saliese del hombre: porque ya de muchos tiempos le arrebataba; y le guardaban preso con cadenas y grillos: mas rompiendo las prisiones era agitado del demonio por los desiertos.)
30 Y le preguntó Jesus, diciendo: ¿Qué nombre tienes? Y él dijo: Legion: porque muchos demonios habian entrado en él.
31 Y le rogaban que no les mandase que fuesen al abismo.
32 Y habia allí un hato de muchos puercos que pacian en el monte, y le rogaron que los dejase entrar en ellos; y los dejó.
33 Y salidos los demonios del hombre, entraron en los puercos: y el hato de ellos se arrojó de un despeñadero en el logo, y se ahogó.
34 Y los pastores, como vieron lo que habia acontecido, huyeron; y yendo, dieron aviso en la ciudad y por las heredades.
35 Y salieron á ver lo que habia acontecido, y vinieron á Jesus; y hallaron sentado al hombre, del cual habian salido los demonios, vestido, y en seso, á los piés de Jesus; y tuvieron temor.
36 Y les contaron los que [lo] habian visto, como habia sido salvado aquel endemoniado.
37 Entonces toda la multitud de la tierra de los Gadarenos al rededor le rogaron, que se fuese de ellos: porque tenian gran temor. Y él subiendo en el navío se volvió.
38 Y aquel hombre, del cual habian salido los demonios, le rogó para estar con él: mas Jesus le despidió, diciendo:
39 Vuélvete á tu casa, y cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo. Y él se fué, predicando por toda la ciudad cuan grandes cosas habia Jesus hecho con él.
40 Y ACONTECIÓ que volviendo Jesus la compañía le recibió: porque todos le esperaban.
41 Y hé aquí, un varon llamado Jairo, el cual tambien era príncipe de la sinagoga vino, y cayendo á los piés de Jesus, le rogaba que entrase en su casa:
42 porque una hija única que tenia, como de doce años, se estaba muriendo. Y yendo, le apretaba la compañía.
43 Y una mujer que tenia flujo de sangre ya hacia doce años, la cual habia gastado en médicos toda su hacienda, y de ninguno habia podido ser curada,
44 llegándose por las espaldas tocó el borde de su vestido: y luego estancó el flujo de su sangre.
45 Entonces Jesus dijo: ¿Quién [es] el que me ha tocado? Y negando todos, dijo Pedro y los que estaban con él: Maestro, la compañía te aprieta y oprime, y dices: ¿quién [es] el que me ha tocado?
46 Y Jesus dijo: Me ha tocado alguien^: porque yo he conocido que ha salido virtud de mí.
47 Entonces como la mujer vió que no se escondia, vino temblando, y postrándose delante de él, le declaró delante de todo el pueblo la causa porque le habia tocado, y como luego habia sido sana.
48 Y él le dijo: Confia, hija, tu fe te ha salvado: vé en paz.
49 Estando aun él hablando, vino uno del príncipe de la sinagoga á decirle: Tu hija es muerta: no des trabajo al Maestro.
50 Y oyéndo[lo] Jesus le respondió: No temas: cree solamente, y será salva.
51 Y entrado en casa, no dejó entrar á nadie [consigo,] sino á Pedro, y á Jacobo, y á Juan, y al padre y á la madre de la moza.
52 Y lloraban todos, y la plañian. Y él dijo: No lloreis: no es muerta, mas duerme.
53 Y hacian burla de él, sabiendo que estaba muerta.
54 Y él, echados todos fuera, y trabándola de la mano, clamó, diciendo: Moza, levántate.
55 Entonces su espíritu volvió, y se levantó luego; y él mandó que le diesen de comer.
56 Y sus padres estaban fuera de sí, á los cuales él mandó, que á nadie dijesen lo que habia sido hecho.
CAPITULO 9
1 Y JUNTANDO sus doce discípulos, les dió virtud y potestad sobre todos los demonios, y que sanasen enfermedades.
2 Y los envió á que predicasen el reino de Dios, y que sanasen los enfermos.
3 Y les dice: No tomeis nada para el camino, ni varas, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni tengais dos vestidos:
4 y en cualquiera casa que entráreis, quedad allí, y salid de allí:
5 y todos los que no os recibieren, saliéndoos de aquella ciudad, aun el polvo sacudid de vuestros piés en testimonio contra ellos.
6 Y saliendo [ellos,] rodeaban por todas las aldeas anunciando el Evangelio, y sanando por todas partes.
7 Y OYÓ Herodes el tetrarca todas las cosas que hacia, y estaba en duda, porque decian algunos: Que Juan ha resucitado de los muertos;
8 y otros: Que Elias habia aparecido; y otros: Que algun profeta de los antiguos habia resucitado.
9 Y dijo Herodes: A Juan yo [le] degollé: ¿quién pues será este, de quien yo oigo tales cosas? Y procuraba verle.
10 Y VUELTOS los apóstoles, le contaron todas las cosas que habian hecho. Y tomándolos, se apartó aparte á un lugar desierto de la ciudad que se llama Bethsaida.
11 Lo cual como las compañías entendieron, le siguieron; y él los recibió, y les hablaba del reino de Dios: y sanó los que tenian necesidad de cura.
12 Y el dia habia comenzado á declinar; y llegándose los doce, le dijeron: Despide las compañías, para que yendo á las aldeas, y heredades de al rededor, vayan y hallen viandas: porque aquí estamos en lugar desierto.
13 Y les dice: Dadles vosotros de comer. Y dijeron ellos: No tenemos mas de cinco panes y dos pescados, si no vamos nosotros á comprar viandas para toda esta compañía.
14 Y estaban como cinco mil hombres. Entonces dijo á sus discípulos: Hacedlos recostar por mesas de cincuenta en cincuenta.
15 Y así lo hicieron; y recostáronse todos.
16 Y tomando los cinco panes y los dos pescados, mirando al cielo los bendijo; y partió, y dió á sus discípulos para que pusiesen delante de las compañías.
17 Y comieron todos, y se hartaron; y alzaron lo que les sobró, los pedazos, doce esportones.
18 Y ACONTECIÓ, que estando él solo orando, estaban con él los discípulos, y les preguntó, diciendo: ¿Quién dicen las compañías que soy?
19 Y ellos respondieron, y dijeron: Juan el Bautista; y otros, Elías; y otros, que algun profeta de los antiguos ha resucitado.
20 Y les dijo: ¿Y vosotros, quién decís que soy? Entonces respondiendo Simon Pedro, dijo: El Cristo de Dios.
21 Entonces él amenazándolos, les mandó que á nadie dijesen esto,
22 diciendo: Es menester que el Hijo del hombre padezca muchas cosas, y ser desechado de los ancianos, y de los príncipes de los sacerdotes, y de los Escribas, y ser muerto, y resucitar al tercer dia.
23 Y decia á todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese á sí mismo, y tome su cruz cada dia, y sígame.
24 Porque cualquiera que quisiere salvar su alma, la perderá; y cualquiera que perdiere su alma por causa de mí, este la salvará.
25 Porque ¿qué aprovecha al hombre, si granjeare todo el mundo, y se pierda él á sí mismo, ó corra peligro de sí?
26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de este tal el Hijo del hombre se avergonzará, cuando vendrá en su gloria, y del Padre, y de los santos ángeles.
27 Y os digo de verdad, que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que vean el reino de Dios.
28 Y ACONTECIÓ que despues de estas palabras, como ocho dias, tomó á Pedro, y á Juan, y á Jacobo, y subió al monte á orar.
29 Y entre tanto que oraba, la apariencia de su rostro se hizo otra; y su vestido blanco y resplandeciente.
30 Y hé aquí, dos varones que hablaban con él, los cuales eran Moisés, y Elías,
31 que aparecieron en majestad, y hablaban de su salida, la cual habia de cumplir en Jerusalem.
32 Y Pedro, y los que estaban con él, estaban cargados de sueño; y como despertaron, vieron su majestad, y á aquellos dos varones que estaban con él.
33 Y aconteció, que apartándose ellos de él, Pedro dice á Jesus: Maestro, bien es que nos quedemos aquí; y hagamos tres cabañas, una para tí, y una para Moisés, y una para Elías; no sabiendo lo que se decia.
34 Y estando él hablando esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor entrando ellos en la nube.
35 Y vino una voz de la nube, que decia: Este es mi Hijo amado, á él oíd.
36 Y pasada aquella voz, Jesus fué hallado solo: y ellos callaron, y por aquellos dias no dijeron nada á nadie de lo que habian vista.
37 Y ACONTECIÓ el dia siguiente, que apartándose ellos del monte, gran compañía le salió al encuentro;
38 y hé aquí, que un hombre de la compañía clamó, diciendo: Maestro, ruégote que veas á mi hijo que tengo único:
39 y hé aquí, un espíritu le toma, y de repente da voces; y le despedaza con espuma, y apenas se aparta de él, quebrantándole:
40 y rogué á tus discípulos que le echasen fuera, y no pudieron.
41 Y respondiendo Jesus, dice: ¡Oh generacion infiel y perversa! ¿hasta cuándo tengo de estar con vosotros, y os sufriré? trae tu hijo acá.
42 Y como aun se acercaba, el demonio le derribó, y despedazó: mas Jesus riñó al espíritu inmundo, y sanó al muchacho, y le volvió á su padre.
43 Y TODOS estaban fuera de sí en la grandeza de Dios, y maravillándose todos de todas las cosas que hacia, dijo á sus discípulos:
44 Poned vosotros en vuestras orejas estas palabras: porque ha de acontecer que el Hijo del hombre será entregado en manos de hombres.
45 Mas ellos no entendian esta palabra: y les era encubierta para que no la entendiesen; y temian de preguntarle de esta palabra.
46 ENTONCES entraron en disputa, cual de ellos seria el mayor.
47 Mas Jesus, viendo los pensamientos del corazon de ellos, tomó un niño, y le puso junta á sí,
48 y les dice: Cualquiera que recibiere este niño en mi nombre, á mí recibe; y cualquiera que [me] recibiere á mí, recibe al que me envió: porque el que fuere el menor entre todos vosotros, este será el grande.
49 Entonces respondiendo Juan, dijo: Maestro, hemos vista á uno que echaba fuera demonios en tu nombre, y se lo defendimos, porque no [te] sigue con nosotros.
50 Jesus le dijo: No [le] defendais, porque el que no es contra nosotros, por nosotros es.
51 Y ACONTECIÓ [que] como se cumplió el tiempo en que habia de ser recibido arriba, él afirmó su rostro para ir á Jerusalem.
52 Y envió mensajeros delante de sí, los cuales fueron, y entraron en una ciudad de los Samaritanos, para aderezarle [allí.]
53 Mas no le recibieron, porque su rostro era de hombre que iba á Jerusalem.
54 Y viendo [esto] sus discípulos, Jacobo y Juan dijeron: Señor, ¿quieres que digamos que descienda fuego del cielo, y los consume, como hizo Elías?
55 Entonces volviendo él, les riñó, diciendo: Vosotros no sabeis de qué espíritu sois:
56 porque el Hijo del hombre no ha venido para perder las vidas de los hombres, mas para salvar[las.] Y se fueron á otra aldea.
57 Y ACONTECIÓ que yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, [yo] te seguiré donde quiera que fueres.
58 Y le dijo Jesus: las zorras tienen cuevas, y las aves de los cielos nidos: mas el Hijo del hombre no tiene donde recline la cabeza.
59 Y dijo á otro: Sígueme. Y él dijo: Señor, déjame que primero vaya, y entierre á mi padre.
60 Y Jesus le dijo: Deja los muertos que entierren á sus muertos; y tú vé, anuncia el reino de Dios.
61 Entonces tambien dijo otro: Te seguiré, Señor: mas déjame que me despida primero de los que están en mi casa.
62 Y Jesus le dijo: ninguno que poniendo su mano al arado mirare atrás, es apto para el reino de Dios.
CAPITULO 10
1 Y DESPUES de estas cosas, señaló el Señor aun otros setenta, los cuales envió de dos en dos, delante de sí á todas las ciudades y lugares á donde él habia de venir.
2 Y les decia: La mies á la verdad [es] mucha, mas los obreros pocos; por tanto rogad al Señor de la mies que envie obreros á su mies.
3 Andad, hé aquí, yo os envio como á corderos en medio de lobos.
4 No lleveis bolsa, ni alforja, ni zapatos; y á nadie saludeis en el camino.
5 En cualquier casa donde entráreis, primeramente decid: Paz [sea] á esta casa.
6 Y si hubiere allí algun hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; y si no, se volverá á vosotros.
7 Y posad en aquella misma casa comiendo y bebiendo lo que os dieren: porque el obrero digno es de su salario. No [os] paseis de casa en casa.
8 Y en cualquier ciudad donde entráreis, y os recibieren, comed lo que os pusieren delante;
9 y sanad los enfermos que en ella hubiere, y decidles: Se ha allegado á vosotros el reino de Dios.
10 Mas en cualquier ciudad donde entráreis, y no os recibieren, saliendo por sus calles, decid:
11 Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos en vosotros: esto empero sabed que el reino de los cielos se ha allegado á vosotros.
12 Y os digo, que los de Sodoma tendrán mas remision aquel dia, que aquella ciudad.
13 ¡Ay de tí, Corazin! ¡Ay de tí, Bethsaida! que si en Tyro, y en Sidón fueran hechas las maravillas que han sido hechas en vosotras, ya dias ha, que sentados en cilicio y ceniza, hubieran hecho penitencia:
14 por tanto Tyro y Sidón tendrán mas remision que vosotras en el juicio.
15 Y tú, Capharnaum, que hasta los cielos estás levantada, hasta los enfiernos serás bajada.
16 El que á vosotros oye, á mí oye; y el que á vosotros desecha, á mí desecha; y el que á mí desecha, desecha al que me envió.
17 Y volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
18 Y les dijo: Yo veia á Satanás, como un rayo, que caia del cielo:
19 hé aquí, [yo] os doy potestad de hollar sobre las serpientes, y sobre los escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo; y nada os dañará:
20 mas no os goceis de esto, [á saber,] que los espíritus se os sujeten: mas antes gozáos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.
21 En aquella misma hora Jesus se alegró en espíritu, y dijo: Te confieso, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, que escondiste estas cosas los sábios y entendidos, y las has revelado á los pequeños: así Padre, porque así te agradó.
22 Todas las cosas me son entregadas de mi Padre; y nadie sabe quien sea el Hijo, sino el Padre; ni quien sea el Padre, sino el Hijo, y á quien el Hijo le quisiere revelar.
23 Y vuelto particularmente á sus discípulos, dijo: Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis:
24 porque os digo, que muchos profetas y reyes desearon ver lo que vosotros veis, y no [lo] vieron; y oir lo que oís, y no [lo] oyeron.
25 Y HÉ aquí, [que] un doctor de la ley se levantó tentándole, y diciendo: Maestro, ¿haciendo qué cosa poseeré la vida eterna?
26 Y él le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿cómo lees?
27 Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazon, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo, como á tí mismo.
28 Y le dijo: Bien has respondido: haz esto, y vivirás.
29 Mas él, queriéndose justificar á sí mismo, dijo á Jesus: ¿Y quién es mi prójimo?
30 Y respondiendo Jesus, dijo: Un hombre descendia de Jerusalem á Jericó, y cayó en ladrones; los cuales le despojaron, é hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto.
31 Y aconteció, que descendió un sacerdote por el mismo camino; y viéndole, se pasó del un lado.
32 Y asimismo un Levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, se pasó del un lado.
33 Y un Samaritano, que iba camino, viniendo cerca de él, y viéndole, fué movido á misericordia;
34 y llegándose, le vendó las heridas, echándole aceite y vino; y poniéndole sobre su cabalgadura, le llevó al meson, y le cuidó.
35 Y otro dia partiéndose, sacó dos dineros y los dió al huesped, y le dijo: Cuídale; y todo lo que de mas gastares, yo cuando vuelva, te lo pagaré.
36 ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fué el prójimo de aquel que cayó en ladrones?
37 Y él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesus le dijo: Vé, y haz tú lo mismo.
38 Y ACONTECIÓ, que yendo, entró él en una aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su casa.
39 Y esta tenia una hermana, que se llamaba María, la cual sentándose á los piés de Jesus oia su palabra.
40 Marta empero se distraia en muchos servicios; y sobreviniendo, dice: Señor, ¿no tienes cuidado que mi hermana me deja servir sola? díle, pues, que me ayude.
41 Respondiendo Jesus entonces, le dijo: Marta, Marta, cuidadosa estás, y con las muchas cosas estás turbada:
42 empero una cosa es necesaria: mas María escogió la buena parte, la cual no le será quitada.
CAPITULO 11
1 Y ACONTECIÓ que estando él orando en un lugar, como acabó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enseñanos á orar, como tambien Juan enseñó á sus discípulos.
2 Y les dijo: Cuando orareis, decid: Padre nuestro, que estás en los cielos, sea tu nombre santificado. Venga tu reino: sea hecha tu voluntad como en el cielo [así] tambien en la tierra.
3 El pan nuestro de cada dia dános[le] hoy.
4 Y perdónanos nuestros pecados, porque tambien nosotros perdonamos á todos los que nos deben. Y no nos metes en tentacion: mas líbranos de mal.
5 Les dijo tambien: ¿Quién de vosotros tendrá un amigo, é irá á él á media noche, y le dirá: Amigo, préstame tres panes,
6 porque un mi amigo ha venido á mí de camino, y no tengo que ponerle delante;
7 y él dentro respondiendo, diga, No me seas molesto: la puerta está ya cerrada, y mis niños están conmigo en la cama: no puedo levantarme, y darte?
8 Os digo, que aunque no se levante á darle por ser su amigo, cierto por su importunidad se levantará, y le dará todo lo que habrá menester.
9 Y yo os digo: Pedid, y se os dará: buscad, y hallareis: tocad, y os será abierto.
10 Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que toca, es abierto.
11 ¿Y cuál padre de vosotros, si su hijo le pidiere pan, le dará una piedra? ¿ó, si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente?
12 ¿ó, si [le] pidiere un huevo, le dará un escorpion?
13 Pues, si vosotros, siendo malos, sabeis dar buenas dádivas á vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo á los que le pidieren de él?
14 TAMBIEN echó fuera un demonio, el cual era mudo; y aconteció, que salido fuera el demonio, el mudo habló, y las compañías se maravillaron.
15 Y algunos de ellos decian: En Beelzebul, príncipe de los demonios, echa fuera los demonios.
16 Y otros, tentando, pedian de él señal del cielo.
17 Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo es asolado, y casa cae sobre casa.
18 Y si tambien Satanás está dividido contra sí, ¿cómo estará en pié su reino? porque decis, que en Beelzebul echo yo fuera los demonios.
19 Pues si yo echo fuera los demonios en Beelzebul, ¿vuestros hijos, en quién los echan fuera? por tanto ellos serán vuestros jueces.
20 Mas si en el dedo de Dios echo fuera los demonios, cierto el reino de Dios ha llegado á vosotros.
21 Cuando el fuerte armada guarda su palacio, en paz está lo que posee.
22 Mas si otro mas fuerte que él sobreviniendo le venciere, [le] toma todas sus armas en que confiaba, y reparte sus despojos.
23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no apaña, derrama.
24 Cuando el espíritu inmundo saliere del hombre, anda por lugares secos buscando reposo, y no hallándo[le], dice: Me volveré á mi casa, de donde salí.
25 Y viniendo, la halla barrida y adornada.
26 Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él, y entrados habitan allí; y son las postreras del tal hombre peores que las primeras.
27 Y aconteció, que diciendo [él] estas cosas, una mujer de la compañía levantando la voz, le dijo: Bienaventurado el vientre que te trajo, y las tetas que mamaste.
28 Y él dijo: Antes bienaventurados los que oyen la palabra de Dios, y la guardan.
29 Y juntándose las compañías á él, comenzó á decir: Esta generacion mala es: señal busca, mas señal no le será dado, sino la señal de Jonás profeta.
30 Porque como Jonás fué señal á los Ninivitas, así tambien será el Hijo del hombre á esta generacion.
31 La reina del austro se levantará en juicio con los hombres de esta generacion, y los condenará: porque vino de los fines de la tierra á oir la sabiduria de Salomón: y hé aquí, mas que Salomón en este lugar.
32 los hombres de Nínive se levantarán en juicio con esta generacion, y la condenarán: porque á la predicacion de Jonás hicieron penitencia; y hé aquí, mas que Jonás en este lugar.
33 Nadie pone en oculto el candil encendido, ni debajo del almud; sino en el candelero, para que los que entran, vean la lumbre.
34 El candil del cuerpo es el ojo: pues si tu ojo fuere simple, tambien todo tu cuerpo será resplandeciente: mas si fuere malo, tambien tu cuerpo será tenebroso.
35 Mira pues, si la lumbre que en tí hay, es tinieblas.
36 Así que [siendo] todo tu cuerpo resplandeciente, no teniendo alguna parte de tiniebla, será todo luciente como cuando un candil de resplandor te alumbra.
37 Y DESPUES que hubo hablado, le rogó un Fariséo que comiese con él; y entrado Jesus, se sentó á la mesa.
38 Y el Fariséo como [lo] vio, se maravilló de que no se lavó antes de comer.
39 Y el Señor le dijo: Ahora vosotros los Fariséos lo de fuera del vaso y del plato limpiais: mas lo que está dentro de vosotros, está lleno de rapiña y de maldad.
40 Locos, ¿el que hizo lo de fuera, no hizo tambien lo de dentro?
41 Empero lo que resta, dad limosna: y hé aquí, todo os será limpio.
42 Mas ¡ay de vosotros Fariséos! que diezmais la menta, y la ruda, y toda hortaliza: mas el juicio y la caridad de Dios pasais [de largo.] Empero estas cosas era menester hacer, y no dejar las otras.
43 ¡Ay de vosotros Fariséos! que amais las primeras sillas en las sinagogas, y las salutaciones en las plazas.
44 ¡Ay de vosotros, escribas y Fariséos, hipócritas! que sois como sepulcros que no se parecen, y los hombres que andan encima no [lo] saben.
45 Y respondiendo uno de los doctores de la ley, le dice: Maestro, cuando dices esto, tambien nos afrentas á nosotros.
46 Y él dijo: ¡Ay de vosotros tambien, doctores de la ley! que cargais los hombres con cargas que no pueden llevar: mas vosotros, ni aun con un dedo tocais las cargas.
47 ¡Ay de vosotros! que edificais los sepulcros de los profetas, y los mataron vuestros padres.
48 Cierto dais testimonio que consentis en los hechos de vuestros padres: porque á la verdad ellos los mataron, mas vosotros edificais sus sepulcros.
49 Por tanto la sabiduría de Dios tambien dijo: Enviaré á ellos profetas y apóstoles, y de ellos [á unos] matarán, y [á otros] perseguirán.
50 Para que de esta generacion sea demandada la sangre de todos los profetas, que ha sido derramada desde la fundacion del mundo:
51 desde la sangre de Abel, hasta la sangre de Zacharías que murió entre el altar y la casa: así os digo, será demandada de esta generacion.
52 ¡Ay de vosotros, doctores de la ley! que [os] tomasteis la llave de la ciencia: vosotros no entrasteis, y á los que entraban impedisteis.
53 Y diciéndoles estas cosas, los escribas y los Fariséos comenzaron á apretarle en gran manera, y á provocarle á que hablase de muchas cosas,
54 acechándole, y procurando de cazar algo de su boca para acusarle.
CAPITULO 12
1 EN esto juntándose muchas compañías, tanto que unos á otros se hollaban, comenzó á decir á sus discípulos: Primeramente guardáos de la levadura de los Fariséos, que es hipocresía.
2 Porque nada hay encubierto, que no haya de ser descubierto; ni oculto, que no haya de ser sabido.
3 Por tanto las cosas que dijisteis en tinieblas, en lumbre serán oidas; y lo que hablasteis al oido en las camaras, será pregonado en los tejados.
4 Mas os digo, amigos mios: No temais de los que matan el cuerpo, y despues no tienen mas que hagan:
5 mas os enseñaré á quien temais: Temed á aquel que despues que hubiere muerto, tiene potestad de echar en el quemadero: así os digo: A este temed.
6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas, y uno de ellos no está olvidado de Dios?
7 Y aun los cabellos de vuestra cabeza, todos están contados. No temais pues: de mas estima sois [vosotros] que muchos pajarillos.
8 Pero os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, tambien el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios.
9 Mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios.
10 Y todo aquel que dice palabra contra el Hijo del hombre, le será perdonado: mas al que blasfemare contra el Espíritu Santo, no [le] será perdonado.
11 Y cuando os trajeren á las sinagogas, y á los magistrados y potestades, no esteis solícitos cómo, ó qué hayais de responder, ó qué hayais de decir.
12 Porque el Espíritu Santo os enseñará en la misma hora lo que será menester decir.
13 Y LE dijo uno de la compañía: Maestro, dí á mi hermano que parta conmigo la herencia.
14 Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me puso por juez, ó partidor sobre vosotros?
15 Y les dijo: Mirad, y guardáos de avaricia: porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.
16 Y les dijo una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico habia llevado muchos frutos;
17 y [él] pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, que no tengo donde junte mis frutos?
18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis alfolíes, y los edificaré mayores; y allí juntaré todos mis frutos y mis bienes;
19 y diré á mi alma: Alma, muchos bienes tienes en depósito para muchos años: repósate, come, bebe, huélgate.
20 Y le dijo Dios: ¡Loco! esta noche vuelven á pedir tu alma; ¿y lo que has aparejado, cuyo será?
21 Así [es] el que hace para sí tesoro, y no es rico en Dios.
22 Y dijo á sus discípulos: Por tanto os digo: No esteis solícitos de vuestra vida, qué comereis; ni del cuerpo, qué vestireis.
23 La vida mas es que la comida; y el cuerpo, que el vestido.
24 Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan: que ni tienen cillero, ni alfolí; y Dios los alimenta: ¿cuánto de mas estima sois vosotros que las aves?
25 ¿Quién de vosotros podrá con [su] solicitud añadir á su estatura un codo?
26 Pues si no podeis aun lo que es menos, ¿para qué estareis solícitos de lo demás?
27 Considerad los lirios, como crecen: no labran, ni hilan; y os digo, que ni Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos.
28 Y si así viste Dios á la yerba, que hoy está en el campo, y mañana es echada en el horno, ¿cuánto mas á vosotros, [hombres] de poca fé?
29 Vosotros, pues, no procureis qué hayais de comer, ó qué hayais de beber, y no andeis elevados:
30 porque todas estas cosas las gentes del mundo las buscan: que vuestro Padre sabe que habeis menester estas cosas.
31 Mas procurad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas.
32 No temais, oh manada pequeña, porque al Padre ha placido daros el reino.
33 Vended lo que poseeis, y dad limosna: hacéos bolsas que no se envejecen, tesoro en los cielos que nunca falte: donde ladron no llega, ni polilla corrompe.
34 Porque donde está vuestro tesoro, allí tambien estará vuestro corazon.
35 Estén ceñidos vuestros lomos, y [vuestros] candiles encendidos;
36 y vosotros, semejantes á hombres que esperan cuando su señor ha de volver de las bodas; para que cuando viniere y tocare, luego le abran.
37 Bienaventurados aquellos siervos, los cuales, cuando el señor viniere, hallare velando: de cierto os digo, que [él] se ceñirá, y hará que se sienten á la mesa, y pasando les servirá.
38 Y aunque venga á la segunda vela, y aunque venga á la tercera vela, y los hallare así, bienaventurados son los tales siervos.
39 Esto empero sabed, que si supiese el padre de familia á qué hora habia de venir el ladron, velaria ciertamente, y no dejaria minar su casa.
40 Vosotros, pues, tambien estad apercibidos: porque á la hora que no pensais, el Hijo del hombre vendrá.
41 Entonces Pedro le dijo: Señor, ¿dices esta parábola á nosotros, ó tambien á todos?
42 Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente, al cual el señor pondrá sobre su familia, para que en tiempo les dé [su] racion?
43 Bienaventurado aquel siervo, al cual, cuando el señor viniere, hallare haciendo así.
44 En verdad os digo, que él le pondrá sobre todos sus bienes.
45 Mas si el tal siervo dijere en su corazon: Mi señor se tarda de venir y comenzare á herir los siervos y las criadas, y á comer, y á beber, y á borrachear,
46 vendrá el señor de aquel siervo el dia que [él] no espera, y á la hora que [él] no sabe; y le apartará, y pondrá su suerte con los infieles.
47 Porque el siervo que entendió la voluntad de su señor, y no [se] apercibió, ni hizo conforme á su voluntad, será azotado mucho.
48 Mas el que no entendió, é hizo por qué ser azotado, será azotado poco, porque á cualquiera que fué dado mucho, mucho será vuelto á demandar de él; y al que encomendaron mucho, mas será de él pedido.
49 Fuego vine á meter en la tierra, ¿y qué quiero, si ya está encendido?
50 Empero, de bautismo me es necesario ser bautizado, ¡y cómo me angustio hasta que sea cumplido!
51 ¿Pensais que he venido á la tierra á dar paz? No, os digo: mas disension.
52 Porque estarán de aquí adelante cinco en una casa divididos, tres contra dos, y dos contra tres.
53 El padre estará dividido contra el hijo, y el hijo contra el padre: la madre contra la hija, y la hija contra la madre: la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra.
54 Y decia tambien á las compañías: Cuando viéreis la nube que sale del poniente, luego decis: Agua viene; y es así.
55 Y cuando sopla el austro, decis: Que habrá calor; y lo hay.
56 ¡Hipócritas! Sabeis examinar la faz del cielo y de la tierra, ¿y este tiempo, cómo no lo examinais?
57 ¿Mas por qué aun de vosotros mismos no juzgais lo que es justo?
58 Pues cuando vas al magistrado con tu adversario, procura en el camino de librarte de él, porque no te traiga al juez, y el juez te entregue al alguacil, y el alguacil te meta en la cárcel.
59 Te digo que no saldrás de allá hasta que hayas pagado hasta el postrer cornado.
CAPITULO 13
1 Y EN este mismo tiempo estaban allí unos que le contaban de los Galiléos, cuya sangre Pilato habia mezclado con sus sacrificios.
2 Y respondiendo Jesus, les dijo: ¿Pensais que estos Galiléos, porque han padecido tales cosas, hayan sido mas pecadores que todos los Galiléos?
3 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así.
4 O aquellos diez y ocho, sobre los cuales cayó la torre en Silóe, y los mató, ¿pensais que ellos fueron mas deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?
5 No; [yo] os digo: antes si no os enmendáreis, todos perecereis así.
6 Y decia esta parábola: Tenia uno una higuera plantada en su viña; y vino á buscar fruto en ella, y no halló.
7 Y dijo al viñero: Hé aquí, tres años ha que vengo á buscar fruto en esta higuera, y no [lo] hallo: córtala, ¿por qué ocupará aun la tierra?
8 El entonces respondiendo, le dijo: Señor, déjala aun este año, hasta que [yo] la escave, y la estercole.
9 Y si hiciere fruto, [bien;] y si no, la cortarás despues.
10 Y ENSEÑABA en una sinagoga en sábados.
11 Y hé aquí, una mujer que tenia espíritu de enfermedad diez y ocho años, y andaba agoviada que en ninguna manera podia mirar arriba.
12 Y como Jesus la vió, la llamó, y le dijo: Mujer, libre eres de tu enfermedad.
13 Y púsole las manos encima, y luego se enderezó, y glorificaba á Dios.
14 Y respondiendo un príncipe de la sinagoga, enojado que Jesus hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis dias hay en que es menester obrar: en estos pues venid, y sed curados; y no en dia de sábado.
15 Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, ¿cada uno de vosotros no desata en sábado su buey, ó su asno del pesebre, y le lleva á beber?
16 Y á esta hija de Abraham, que hé aquí, que Satanás la habia ligado diez y ocho años. ¿no convino desatarla de esta ligadura en dia de sábado?
17 Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas que gloriosamente eran por él hechas.
18 Y decia: ¿A qué es semejante el reino de Dios, y á qué le compararé?
19 Semejante es al grano de la mostaza, que tomándole el hombre le metió en su huerto; y creció, y fué hecho árbol grande; y las aves del cielo hicieron nidos en sus ramas.
20 Y otra vez dijo: ¿A qué compararé al reino de Dios?
21 Semejante es á la levadura, que tomándola la mujer, la esconde en tres medidas de harina hasta que todo sea leudado.
22 Y PASABA por todas las ciudades y aldeas enseñando, y caminando á Jerusalem.
23 Y le dijo uno: ¿Señor, son pocos los que se salvan? Y él les dijo:
24 Porfiad á entrar por la puerta angosta: porque [yo] os digo, que muchos procurarán de entrar, y no podrán;
25 despues que el padre de familias se levantare, y cerrare la puerta, y comenzareis á estar fuera, y tocar á la puerta, diciendo: Señor, Señor, ábrenos; y respondiendo [él,] os dirá: No os conozco de donde seais.
26 Entonces comenzareis á decir: Delante de tí hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste.
27 Y os dirá: Dígoos, que no os conozco de donde seais: apartáos de mí todos los obreros de iniquidad.
28 Allí será el lloro y el crujir de dientes, cuando viéreis á Abraham, y á Isaac, y á Jacob y á todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros ser echados fuera.
29 Y vendrán [otros] del oriente, y del occidente, y del norte, y del mediodía, y se sentarán á la mesa en el reino de Dios.
30 Y hé aquí, que son postreros, los que eran los primeros; y que son primeros, los que eran los postreros.
31 AQUEL mismo dia llegaron unos de los Fariséos, diciéndole: Sal, y véte de aquí: porque Herodes te quiere matar.
32 Y les dice: Id, y decid á aquella zorra: Hé aquí, echo fuera demonios y acabo sanidades hoy y mañana, y trasmañana soy consumado:
33 empero es menester que hoy, y mañana, y trasmañana camine: porque no es posible que profeta muera fuera de Jerusalem.
34 ¡Jerusalem, Jerusalem! que matas los profetas, y apedreas los que son enviados á tí, ¿cuántas veces quise juntar tus hijos, como el ave sus pollos debajo de sus alas, y no quisiste?
35 Hé aquí, os es dejada vuestra casa desierta: y os digo, que no me vereis, hasta que venga [tiempo] cuando digais: Bendito, el que viene en nombre del Señor.
CAPITULO 14
1 Y ACONTECIÓ que entrando en casa de un príncipe de los Fariséos un sábado á comer pan, ellos le acechaban.
2 Y hé aquí, un hombre hidrópico estaba delante de él.
3 Y respondiendo Jesus, dijo á los doctores de la ley, y á los Fariséos, diciendo: ¿Es lícito sanar en sábado?
4 Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y le envió.
5 Y respondiendo á ellos, dijo ¿El asno ó el buey de cuál de vosotros caerá en [algun] pozo, y [él] no le sacará luego en dia de sábado?
6 Y no le podian replicar á estas cosas.
7 Y dijo una parábola á los convidados, atento como escogian los primeros asientos á la mesa, diciéndoles:
8 Cuando fueres convidado de alguno á bodas, no te asientes en el primer lugar: porque podrá ser que otro mas honrado que tú sea convidado de él;
9 y viniendo el que te llamó á tí y á él, te diga: Da lugar á este; y entonces comiences con vergüenza á tener el postrer lugar.
10 Mas cuando fueres llamado, vé, asiéntate en el postrer lugar; porque cuando viniere el que te llamó, te diga: Amigo, sube arriba: entonces tendrás gloria delante de los que juntamente se asientan á la mesa.
11 Porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla será ensalzado.
12 Y decia tambien al que le habia convidado: Cuando haces comida ó cena, no llamas á tus amigos, ni á tus hermanos, ni á tus parientes, ni á tus vecinos ricos: porque tambien ellos no te vuelvan á convidar, y te sea hecha paga.
13 Mas cuando haces banquete, llama á los pobres, los mancos, los cojos, los ciegos;
14 y serás bienaventurado: porque no te pueden pagar: mas te será pagado en la resurreccion de los justos.
15 Y oyendo esto uno de los que juntamente estaban sentados á la mesa, le dijo: Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.
16 El entonces le dijo: Un hombre hizo una grande cena, y llamó á muchos.
17 Y á la hora de la cena envió á su siervo á decir á los convidados: Venid, que ya todo está aparejado.
18 Y comenzaron todos á una á excusarse. El primero le dijo: He comprado un cortijo, y he menester de salir, y verle: te ruego que me tengas por excusado.
19 Y el otro dijo: He comprado cinco yuntas de bueyes, y voy á probarlos; te ruego que me tengas por excusado.
20 Y el otro dijo: Me he casado; y por tanto no puedo venir.
21 Y vuelto el siervo, hizo saber estas cosas á su señor. Entonces el padre de la familia, enojado dijo su siervo: Vé presto por las plazas, y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.
22 Y dijo el siervo: Señor, hecho es como mandaste, y aun hay lugar.
23 Y dijo el señor al siervo: Vé por los caminos, y por los vallados, y fuerzalos á entrar, para que se llene mi casa;
24 porque [yo] os digo, que ninguno de aquellos varones que fueron llamados, gustará mi cena.
25 Y MUCHAS compañías iban con él; y volviéndose les dijo:
26 Si alguno viene á mí, y no aborrece á su padre, y madre, y mujer, é hijos, y hermanos, y hermanas, y aun tambien su vida, no puede ser mi discípulo.
27 Y cualquiera que no trae su cruz, y viene en pos de mi, no puede ser mi discípulo.
28 Porque ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene [lo que ha menester] para acabar[la?]
29 Porque despues que haya puesto el fundamento, y no pueda acabarla, todos los que lo vieren, no comiencen á hacer burla de él,
30 diciendo: Este hombre comenzó á edificar, y no pudo acabar.
31 ¿O cuál rey, habiendo de ir á hacer guerra contra otro rey, sentándose primero no consulta si puede salir al encuentro con diez mil al que viene contra él con veinte mil?
32 De otra manera, cuando aun el otro está lejos, le ruega por la paz, enviándole embajada.
33 Así pues cualquiera de vosotros que no renuncia á todas las cosas que posee, no puede ser mi discípulo.
34 Buena es la sal: mas si la sal fuere desvanecida, ¿con qué se adobará?
35 Ni para la tierra, ni para el muladar es buena: en la calle la echan. Quien tiene oidos para oir, oiga.
CAPITULO 15
1 SE llegaban á él todos los publicanos, y pecadores á oirle.
2 Y murmuraban los Fariséos y los escribas, diciendo: Este á los pecadores recibe, y con ellos come.
3 Y él les dice esta parábola, diciendo:
4 ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?
5 Y hallada, [la] pone sobre sus hombros gozoso;
6 y viniendo á casa, junta á los amigos, y á los vecinos, diciéndoles: Dadme el parabien: porque he hallado mi oveja que se habia perdido.
7 Os digo, que así habrá gozo en el cielo de un pecador que se enmienda, [mas que] de noventa y nueve justos, que no han menester enmendarse.
8 ¿O qué mujer que tiene diez dracmas, si perdiere la una dracma, no enciende el candil, y barre la casa, y busca con diligencia, hasta hallar[la?]
9 Y cuando [la] hubiere hallado, junta las amigas, y las vecinas, diciendo: Dadme el parabien: porque he hallado la dracma que habia perdido.
10 Así os digo, que hay gozo en los ángeles de Dios de un pecador que se enmienda.
11 Tambien dice: Un hombre tenia dos hijos;
12 y el mas mozo de ellos dijo á su padre: Padre, dáme la parte de la hacienda que [me] pertenece. Y [él] les repartió la hacienda.
13 Y despues de no muchos dias, juntándolo todo el hijo mas mozo, se partió lejos, á una provincia apartada; y allí desperdició su hacienda viviendo perdidamente.
14 Y despues que lo hubo todo desperdiciado, vino una grande hambre en aquella provincia; y comenzóle á faltar.
15 Y fué, y se llegó á uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió á su cortijo, para que apacentase los puercos.
16 Y deseaba henchir su vientre de las mondaduras que comian los puercos; mas nadie se [las] daba.
17 Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
18 me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí:
19 ya no soy digno de ser llamado tu hijo: hazme como á uno de tus jornaleros.
20 Y levantándose, vino á su padre. Y como aun estuviese lejos, le vió su padre, y fué movido á misericordia; y corriendo á él, se derribó sobre su cuello, y le besó.
21 Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo, y contra tí: ya no soy digno de ser llamado tu hijo.
22 Mas el padre dijo á sus siervos: Sacad el principal vestido, y vestidle; y poned anillo en su mano, y zapatos en sus piés;
23 y traed el becerro grueso, y matadle; y comamos, y hagamos banquete:
24 porque este mi hijo muerto era, y ha revivido: se habia perdido, y es hallado. Y comenzaron á hacer banquete.
25 Y su hijo el mas viejo estaba en el campo, el cual como vino, y llegó cerca de casa, oyó la sinfonía y las danzas;
26 y llamando uno de los siervos, le preguntó qué era aquello.
27 Y él le dijo: Tu hermano es venido; y tu padre ha muerto el becerro grueso, por haberle recibido salvo.
28 Entonces [él] se enojó, y no queria entrar. El padre entonces saliendo, le rogaba [que entrase.]
29 Mas él respondiendo, dijo al padre: Hé aquí, tantos años [ha que te] sirvo, que nunca he traspasado tu mandamiento, y nunca me has dado un cabrito para que haga banquete con mis amigos:
30 mas despues que vino este tu hijo, que ha engullido tu hacienda con rameras, le has matado el becerro grueso.
31 El entonces le dijo: Hijo, tu siempre estás conmigo, y todas mis cosas son tuyas:
32 mas hacer banquete y holgar[nos] era menester: porque este tu hermano muerto era, y revivió: habíase perdido, y es hallado.
CAPITULO 16
1 Y DECIA tambien á sus discípulos: Habia un hombre rico, el cual tenia un mayordomo; y este fué acusado delante de él, como disipador de sus bienes.
2 Y le llamó, y le dice: ¿Qué [es] esto [que] oigo de tí? da cuenta de tu mayordomía: porque ya no podrás mas ser mayordomo.
3 Entonces el mayordomo dijo dentro de sí: ¿Qué haré? que mi señor me quita la mayordomía: cavar, no puedo: mendigar, tengo vergüenza:
4 [yo] se lo que haré, para que cuando fuere quitado de la mayordomía, me reciban en sus casas.
5 Y llamando á cada uno de los deudores de su señor, dijo al primero: ¿Cuánto debes á mi señor?
6 Y él dijo: Cien batos de aceite. Y le dijo: Toma tu obligacion, y siéntate presto, y escribe cincuenta.