← Table of contents
Obras

ÉGLOGA PRIMERA

Reading edition

El dulce lamentar de dos pastores,[27]

Salicio juntamente y Nemoroso,[28]

he de contar, sus quejas imitando;

cuyas ovejas al cantar sabroso

estaban muy atentas, los amores,5

de pacer olvidadas, escuchando.

Tú, que ganaste obrando

un nombre en todo el mundo,

y un grado sin segundo,

agora estés atento, solo y dado10

al ínclito gobierno del Estado

albano; agora vuelto a la otra parte,[29]

resplandeciente, armado,

representando en tierra el fiero Marte;[30]

agora de cuidados enojosos15

y de negocios libre, por ventura

andes a caza, el monte fatigando

en ardiente jinete, que apresura

el curso tras los ciervos temerosos,

que en vano su morir van dilatando;20

espera, que en tornando

a ser restituído

al ocio ya perdido,

luego verás ejercitar mi pluma

por la infinita innumerable suma25

de tus virtudes y famosas obras;

antes que me consuma,

faltando a ti, que a todo el mundo sobras.[31]

En tanto que este tiempo que adivino

viene a sacarme de la deuda un día,30

que se debe a tu fama y a tu gloria;

que es deuda general, no solo mía,

mas de cualquier ingenio peregrino

que celebra lo dino de memoria;[32]

el árbol de vitoria[33]35

que ciñe estrechamente

tu gloriosa frente

dé lugar a la hiedra que se planta[34]

debajo de tu sombra, y se levanta

poco a poco, arrimada a tus loores;40

y en cuanto esto se canta,

escucha tú el cantar de mis pastores.

Saliendo de las ondas encendido,

rayaba de los montes el altura[35]

el sol, cuando Salicio, recostado45

al pie de un alta haya, en la verdura,[36]

por donde un agua clara con sonido

atravesaba el fresco y verde prado;

él, con canto acordado

al rumor que sonaba,50

del agua que pasaba,

se quejaba tan dulce y blandamente

como si no estuviera de allí ausente

la que de su dolor culpa tenía;

y así, como presente,55

razonando con ella, le decía.

SALICIO

¡Oh más dura que mármol a mis quejas,

y al encendido fuego en que me quemo

más helada que nieve, Galatea![37]

Estoy muriendo, y aún la vida temo;60

témola con razón, pues tú me dejas;

que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.

Vergüenza he que me vea

ninguno en tal estado,

de ti desamparado,65

y de mí mismo yo me corro agora.

¿De un alma te desdeñas ser señora,

donde siempre moraste, no pudiendo

della salir un hora?

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.70

El sol tiende los rayos de su lumbre

por montes y por valles, despertando

las aves y animales y la gente:

cuál por el aire claro va volando,

cuál por el verde valle o alta cumbre75

paciendo va segura y libremente,

cuál con el sol presente

va de nuevo al oficio,

y al usado ejercicio

do su natura o menester le inclina:80

siempre está en llanto esta ánima mesquina,[38]

cuando la sombra el mundo va cubriendo

o la luz se avecina.

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¿Y tú, desta mi vida ya olvidada,85

sin mostrar un pequeño sentimiento

de que por ti Salicio triste muera,

dejas llevar, desconocida, al viento

el amor y la fe que ser guardada

eternamente solo a mí debiera?90

¡Oh Dios! ¿Por qué siquiera,

pues ves desde tu altura

esta falsa perjura

causar la muerte de un estrecho amigo,

no recibe del cielo algún castigo?95

Si en pago del amor yo estoy muriendo,

¿qué hará el enemigo?[39]

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Por ti el silencio de la selva umbrosa,

por ti la esquividad y apartamiento100

del solitario monte me agradaba;

por ti la verde hierba, el fresco viento,

el blanco lirio y colorada rosa

y dulce primavera deseaba.

¡Ay, cuánto me engañaba!105

¡Ay, cuán diferente era

y cuán de otra manera[40]

lo que en tu falso pecho se escondía!

Bien claro con su voz me lo decía

la siniestra corneja repitiendo[41]110

la desventura mía.

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,

reputándolo yo por desvarío,

vi mi mal entre sueños desdichado!115

Soñaba que en el tiempo del estío

llevaba, por pasar allí la siesta,

a beber en el Tajo mi ganado;[42]

y después de llegado,

sin saber de cuál arte,120

por desusada parte

y por nuevo camino el agua se iba;

ardiendo ya con la calor estiva,

el curso, enajenado, iba siguiendo

del agua fugitiva.[43]125

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?[44]

Tus claros ojos ¿a quién los volviste?

¿Por quién tan sin respeto me trocaste?

Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?130

¿Cuál es el cuello que, como en cadena,

de tus hermosos brazos anudaste?

No hay corazón que baste,

aunque fuese de piedra,

viendo mi amada hiedra,135

de mí arrancada, en otro muro asida,

y mi parra en otro olmo entretejida,[45]

que no se esté con llanto deshaciendo

hasta acabar la vida.

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.140

¿Qué no se esperará de aquí adelante,

por difícil que sea y por incierto?

O ¿qué discordia no será juntada?

y juntamente ¿qué tendrá por cierto,

o qué de hoy más no temerá el amante,145

siendo a todo materia por ti dada?

Cuando tú enajenada

de mí, cuidado fuiste,

notable causa diste

y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo,150

que el más seguro tema con recelo

perder lo que estuviere poseyendo.

Salid fuera sin duelo,

salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Materia diste al mundo de esperanza155

de alcanzar lo imposible y no pensado,

y de hacer juntar lo diferente,[46]

dando a quien diste el corazón malvado,

quitándolo de mí con tal mudanza,

que siempre sonará de gente en gente.160

La cordera paciente

con el lobo hambriento

hará su ayuntamiento,

y con las simples aves sin ruído

harán las bravas sierpes ya su nido;165

que mayor diferencia comprehendo

de ti al que has escogido.

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Siempre de nueva leche en el verano

y en el invierno abundo; en mi majada170

la manteca y el queso está sobrado;[47]

de mi cantar, pues, yo te vi agradada,

tanto, que no pudiera el mantuano

Títiro ser de ti más alabado.[48]

No soy, pues, bien mirado,175

tan disforme ni feo;

que aun agora me veo

en esta agua que corre clara y pura,[49]

y cierto no trocara mi figura[50]

con ese que de mí se está riendo;[51]180

¡trocara mi ventura!

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¿Cómo te vine en tanto menosprecio?

¿Cómo te fui tan presto aborrecible?

¿Cómo te faltó en mí el conocimiento?185

Si no tuvieras condición terrible,

siempre fuera tenido de ti en precio,

y no viera de ti este apartamiento.

¿No sabes que sin cuento

buscan en el estío190

mis ovejas el frío

de la sierra de Cuenca, y el gobierno

del abrigado Estremo en el invierno?[52]

Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo

me estoy en llanto eterno!195

Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Con mi llorar las piedras enternecen[53]

su natural dureza y la quebrantan,

los árboles parece que se inclinan,

las aves que me escuchan, cuando cantan,200

con diferente voz se condolecen,

y mi morir cantando me adivinan.

Las fieras que reclinan

su cuerpo fatigado,

dejan el sosegado205

sueño por escuchar mi llanto triste.

Tú sola contra mí te endureciste,

los ojos aun siquiera no volviendo

a los que tú heciste

salir sin duelo, lágrimas, corriendo.[54]210

Mas ya que a socorrer aquí no vienes,

no dejes el lugar que tanto amaste,

que bien podrás venir de mí segura.

Yo dejaré el lugar do me dejaste;

ven, si por solo esto te detienes.215

Ves aquí un prado lleno de verdura,

ves aquí un espesura,[55]

ves aquí un agua clara,

en otro tiempo cara,

a quien de ti con lágrimas me quejo.220

Quizá aquí hallarás, pues yo me alejo,

al que todo mi bien quitarme puede;[56]

que pues el bien le dejo,

no es mucho que el lugar también le quede.—

Aquí dio fin a su cantar Salicio,225

y sospirando en el postrero acento,

soltó de llanto una profunda vena.

Queriendo el monte al grave sentimiento

de aquel dolor en algo ser propicio,

con la pasada voz retumba y suena.230

La blanca Filomena,[57]

casi como dolida

y a compasión movida,

dulcemente responde al son lloroso.

Lo que cantó tras esto Nemoroso[58]235

decidlo vos, Piérides; que tanto[59]

no puedo yo ni oso,

que siento enflaquecer mi débil canto.

NEMOROSO

Corrientes aguas, puras, cristalinas;

árboles que os estáis mirando en ellas,240

verde prado de fresca sombra lleno,

aves que aquí sembráis vuestras querellas,

hiedra que por los árboles caminas,

torciendo el paso por su verde seno;

yo me vi tan ajeno245

del grave mal que siento,

que de puro contento

con vuestra soledad me recreaba,

donde con dulce sueño reposaba,

o con el pensamiento discurría250

por donde no hallaba

sino memorias llenas de alegría;

y en este mismo valle, donde agora

me entristesco y me canso, en el reposo

estuve ya contento y descansado.255

¡Oh bien caduco, vano y presuroso!

Acuérdome durmiendo aquí algún hora,

que despertando, a Elisa vi a mi lado.[60]

¡Oh miserable hado!

¡Oh tela delicada,260

antes de tiempo dada

a los agudos filos de la muerte!

Mas convenible suerte[61]

a los cansados años de mi vida,

que es más que el hierro fuerte,265

pues no la ha quebrantado tu partida.

¿Dó están agora aquellos claros ojos

que llevaban tras sí, como colgada,

mi alma doquier que ellos se volvían?

¿Dó está la blanca mano delicada,270

llena de vencimientos y despojos

que de mí mis sentidos le ofrecían?

Los cabellos que vían

con gran desprecio el oro,

como a menor tesoro,275

¿adónde están? ¿Adónde el blando pecho?

¿Dó la coluna que el dorado techo[62]

con presunción graciosa sostenía?

Aquesto todo agora ya se encierra,

por desventura mía,280

en la fría, desierta y dura tierra.[63]

¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,

cuando en aqueste valle al fresco viento

andábamos cogiendo tiernas flores,

que había de ver con largo apartamiento285

venir el triste y solitario día

que diese amargo fin a mis amores?

El cielo en mis dolores

cargó la mano tanto,[64]

que a sempiterno llanto290

y a triste soledad me ha condenado;

y lo que siento más es verme atado

a la pesada vida y enojosa,

solo, desamparado,

ciego sin lumbre en cárcel tenebrosa.295

Después que nos dejaste, nunca pace

en hartura el ganado ya, ni acude

el campo al labrador con mano llena.

No hay bien que en mal no se convierta y mude:

la mala hierba al trigo ahoga, y nace300

en lugar suyo la infelice avena;

la tierra, que de buena

gana nos producía

flores con que solía

quitar en solo vellas mil enojos,305

produce agora en cambio estos abrojos,

ya de rigor de espinas intratable;

yo hago con mis ojos

crecer, lloviendo, el fruto miserable.

Como al partir del sol la sombra crece,310

y en cayendo su rayo se levanta

la negra escuridad que el mundo cubre,

de do viene el temor que nos espanta,

y la medrosa forma en que se ofrece

aquella que la noche nos encubre,[65]315

hasta que el sol descubre

su luz pura y hermosa;[66]

tal es la tenebrosa

noche de tu partir, en que he quedado

de sombra y de temor atormentado,320

hasta que muerte el tiempo determine

que a ver el deseado

sol de tu clara vista me encamine.

Cual suele el ruiseñor con triste canto

quejarse, entre las hojas escondido,325

del duro labrador, que cautamente

le despojó su caro y dulce nido

de los tiernos hijuelos, entre tanto

que del amado ramo estaba ausente,[67]

y aquel dolor que siente330

con diferencia tanta

por la dulce garganta

despide, y a su canto el aire suena,

y la callada noche no refrena

su lamentable oficio y sus querellas,[68]335

trayendo de su pena

al cielo por testigo y las estrellas;

desta manera suelto ya la rienda

a mi dolor, y así me quejo en vano

de la dureza de la muerte airada.340

Ella en mi corazón metió la mano,

y de allí me llevó mi dulce prenda;

que aquel era su nido y su morada.

¡Ay muerte arrebatada!

Por ti me estoy quejando345

al cielo y enojando

con importuno llanto al mundo todo:

el desigual dolor no sufre modo.[69]

No me podrán quitar el dolorido

sentir, si ya del todo350

primero no me quitan el sentido.

Tengo una parte aquí de tus cabellos,

Elisa, envueltos en un blanco paño,

que nunca de mi seno se me apartan;

descójolos, y de un dolor tamaño355

enternecerme siento, que sobre ellos

nunca mis ojos de llorar se hartan.

Sin que de allí se partan,

con suspiros calientes,

más que la llama ardientes,[70]360

los enjugo del llanto, y de consuno

casi los paso y cuento uno a uno;

juntándolos, con un cordón los ato.

Tras esto el importuno

dolor me deja descansar un rato.365

Mas luego a la memoria se me ofrece

aquella noche tenebrosa, escura,[71]

que tanto aflige esta ánima mesquina

con la memoria de mi desventura.

Verte presente agora me parece370

en aquel duro trance de Lucina,[72]

y aquella voz divina,

con cuyo son y acentos

a los airados vientos

pudieras amansar, que agora es muda;375

me parece que oigo que a la cruda,

inesorable diosa demandabas[73]

en aquel paso ayuda;

y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?[74]

¿Íbate tanto en perseguir las fieras?380

¿Íbate tanto en un pastor dormido?[75]

¿Cosa pudo bastar a tal crueza,

que, comovida a compasión, oído[76]

a los votos y lágrimas no dieras

por no ver hecha tierra tal belleza,385

o no ver la tristeza

en que tu Nemoroso

queda, que su reposo

era seguir tu oficio, persiguiendo

las fieras por los montes, y ofreciendo390

a tus sagradas aras los despojos?

¿Y tú, ingrata, riendo

dejas morir mi bien ante los ojos?

Divina Elisa, pues agora el cielo

con inmortales pies pisas y mides,395

y su mudanza ves, estando queda,

¿por qué de mí te olvidas, y no pides

que se apresure el tiempo en que este velo

rompa del cuerpo, y verme libre pueda,

y en la tercera rueda[77]400

contigo mano a mano

busquemos otro llano,

busquemos otros montes y otros ríos,

otros valles floridos y sombríos,

donde descanse y siempre pueda verte405

ante los ojos míos,

sin miedo y sobresalto de perderte?—

Nunca pusieran fin al triste lloro

los pastores, ni fueran acabadas

las canciones que solo el monte oía,410

si mirando las nubes coloradas,

al tramontar del sol bordadas de oro,

no vieran que era ya pasado el día.[78]

La sombra se veía

venir corriendo apriesa415

ya por la falda espesa

del altísimo monte, y recordando[79]

ambos como de sueño, y acabando

el fugitivo sol, de luz escaso,

su ganado llevando,420

se fueron recogiendo paso a paso.

Notes in this chapter

Note 1 · Dedicó Garcilaso esta égloga a D. Pedro de Toledo, el gran justador, primer Marqués de Villafranca y Virrey de Nápoles desde 1532 a 1553; fuNote 2 · Salicio laméntase de celos; Nemoroso llora la muerte de su pastora Elisa. Salicio es Garcilaso, y Elisa, según todos los comentadores, es D.Note 3 · Estado Albano: el Reino de Nápoles, llamado así, acaso, por la vieja y famosa Alba-Longa, o por Alba, ciudad también famosa, donde los romanNote 4 · Marte, para los griegos era el más odioso de los inmortales; los romanos le tenían por dios favorable y bienhechor; este rasgo, en pequeño, Note 5 · sobras = superas. Sobrar tiene la misma etimología que superar, y en este caso tiene también la misma significación, que es la del latín supNote 6 · dino = digno, como maníficas, Eg. II, v. 395. Demuestra que en aquel tiempo se pronunciaba dino, aun en lenguaje culto, el hecho de encontraNote 7 · Perífrasis del laurel con que se coronaban los guerreros triunfantes y los poetas heroicos, los eróticos se coronaban de mirto, y de hiedra Note 8 · La hiedra simboliza afecto y humildad; repítese esta imagen adelante, versos 135 y 243 de esta misma égloga: «Fue Ciso —la hiedra— un mancebNote 9 · el altura. En tiempo de Garcilaso era lícita esta construcción: el alegría, Eleg. I, v. 261; el ausencia, Eleg. II, versos 72 y 80; el asperNote 10 · Herrera escribió aquí un’ alta haya; en el verso siguiente, un’ agua; en el 69, un’ hora, y así en muchos casos análogos, Eg. I, v. 217, 218Note 11 · Galatea, Elisa, Camila, Gravina, Flérida y Filis son los nombres de las pastoras de Garcilaso, pero la historia recuerda preferentemente a lNote 12 · mesquina, como entristesco, Eg. I, v. 254; mesclado, Eg. II, v. 252, etc.; estas formas con sc tienen en castellano más abolengo y más histoNote 13 · Tal pensamiento encontró Herrera (pág. 406) en Dante, Ariosto y Jorge de Resende; este último dijo así: «Senhora, pois me matais — Por vos dNote 14 · «Injustamente, en mi humilde opinión, censuró Hermosilla, como ociosamente pleonástico, este verso, que tan sentidamente exprime el dolor deNote 15 · No ha desaparecido aún la creencia vulgar en los agüeros de las aves. Dicen de la lechuza, ave nocturna, que cuando grazna sobre la chimeneaNote 16 · Garcilaso recuerda en muchas de sus poesías el patrio, celebrado y rico Tajo, felice y claro río de su tierra natal, Eg. III, v. 106, 197, 2Note 17 · Dice el Brocense: «Alegoría es, como si dijera: De la suerte que el agua se huía por camino desusado, ansí imaginaba que me habías de dejar Note 18 · El uso de cúyo, interrogativo, ha desaparecido de nuestro idioma. «No creo que sean aceptables en el día las construcciones: ¿Cúyo buque ha Note 19 · «La parra se casa con el olmo y es su amiga, porque crece en él, que, según Virgilio, se maridaban las parras a los olmos, y hoy se usa juntNote 20 · Hay que leer: Y-de-ha-cer...para que el verso resulte cabal. La f del latín se conservó en el castellano escrito hasta fines del siglo XV: fNote 21 · Herrera puntúa aquí de esta manera: ...abundo en mi majada; — La manteca y el queso está sobrado. El sentido es el mismo, pero la frase pareNote 22 · Títiro: divinidad campestre de la alegre corte de Baco. Los poetas bucólicos usaban este nombre como sinónimo de pastor. El mantuano títiro,Note 23 · «Esto de mirarse en el mar —dice el Brocense—, primero lo dijo Teócrito, y de allí lo tomó Virgilio, y luego los demás. Y con todo eso dicenNote 24 · cierto, con valor adverbial, por ciertamente, como dulce por dulcemente, Eg. II, v. 1100; inmenso por inmensamente: «Las grandes virtudes inNote 25 · Esta ingenua declaración de Salicio no estaba mal vista en los pastores de églogas; pruébanlo los ejemplos de Herrera, pág. 246; no obstanteNote 26 · Estremo es la Extremadura, así dicha, según Mariana, por haber sido mucho tiempo frontera, y lo extremo y postrero que por aquella parte posNote 27 · «Las tristes lágrimas mías — En piedras hacen señal — Y en vos nunca por mi mal.» Canción antigua de la cual no cita Herrera, pág. 428, más Note 28 · No volviendo siguiera los ojos a los desgraciados a quienes tú hiciste derramar lágrimas. Esto se lee de una manera muy diferente en los texNote 29 · un espesura. La elisión de la a ha sido lícita ante vocal, aun fuera de los casos indicados en la nota al verso 46; escritores en prosa, pocNote 30 · He enmendado el verso de Herrera que, sin duda, por error de imprenta dice así: Al que todo mi bien quitarme me puede.Note 31 · Filomena es el ruiseñor; tiene una trágica leyenda. Un viejo rey de Atenas, Pandión, tenía dos hijas bellísimas, y Tereo, rey de Tracia, casNote 32 · Este nombre, Nemoroso, ha servido también de adjetivo poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos de Cairasco de FigueNote 33 · Piérides, las Musas. Piero, rey de Macedonia, tenía nueve hijas que creían cantar mejor y ser más sabias que las nueve Musas, tanto que, audNote 34 · Si Nemoroso y Salicio son Garcilaso (nota al verso 2), Elisa y Galatea deben ser D.ª Isabel Freyre; las quejas de ambos pastores son, en efeNote 35 · Según la estructura de las demás estrofas, este verso debiera ser endecasílabo; el Brocense lo enmendó de este modo: Más convenible fuera aqNote 36 · coluna. Evolución tardía del cultismo columna. El grupo de consonante mn dio ñ en su primitiva evolución: damnu, daño; somnu, sueño. (V. R. Note 37 · Esta estancia tiene 15 versos en vez de los 14 que le corresponden, y Tamayo (notas, fol. 43), por indicación de Luis Tribaldos de Toledo, pNote 38 · Cargar la mano; no es pequeño mérito de un poeta tan ilustre como Garcilaso haber sabido mantener correcto y elegante su lenguaje, sin desdeNote 39 · El Brocense enmendó aquello que; pero Herrera dejó aquella, interpretando, sin duda, así: «Aquella cosa que con medrosa forma o imagen se noNote 40 · Parece que en este verso puede elidirse la aspiración de la h, pero acaso le corresponda esta lectura: «Su-luz-pu-ra-y-her-mo-sa.» (V. nota Note 41 · Este pensamiento es el mismo de la famosa cantilena de Esteban Manuel de Villegas (1595-1669): «Yo vi sobre un tomillo — quejarse un pajarilNote 42 · La noche no consuela su llanto ni sus quejas.Note 43 · Dolor tan grande no puede soportarse en modo alguno.Note 44 · Deseo insistir en la intención de la nota al verso 289, de esta misma égloga, sobre la simpatía de Garcilaso por ciertas formas del castellaNote 45 · La noche de la muerte de Elisa.Note 46 · Aquel duro trance es el trance del parto. Lucina es Diana, a quien tenían los gentiles por abogada en los partos y, a la vez, por diosa de lNote 47 · inesorable, inexorable; véase Eg. II.ª, v. 253, nota.Note 48 · Recordaba estos sentidos versos Cristóbal Mosquera de Figueroa en su lamentación por la muerte de Garcilaso: «¡Murió Salicio; ya Salicio es Note 49 · Diana cazadora, la diosa de los riscos y los montes, encontró una vez al gentil pastor Endimión dormido en una gruta. Endimión, hijo de JúpiNote 50 · comovida; reducción de la forma culta conmovida; casos análogos tramontar, Eg. I, v. 412; ecelencia, Eg. II, v. 1741; comovió, Eg. II, v. 18Note 51 · Tercera rueda: Juan de Mena, Las Trescientas, tercer cerco. «Es el cielo de Venus, cuya luz cría amorosos efectos, y de ninguna otra benina Note 52 · El escrupuloso Herrera, a quien no podía ocultarse el convencionalismo pastoril, en vez de disculpar a Garcilaso, le hace aquí la siguiente Note 53 · recordando, despertando. De esta significación antigua de recordar hay un bello ejemplo en el romance de Melisenda: «Vase para los palacios
Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings