Note 58 — ÉGLOGA PRIMERA
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Este nombre, Nemoroso, ha servido también de adjetivo poético aplicado a cosas propias de bosques; Castro cita ejemplos de Cairasco de Figueroa en su Templo militante, y de Lope de Vega en su Arcadia; San Juan de la Cruz en la Canción entre el alma y su esposo, dice: «Mi amado, las montañas, — Los valles solitarios nemorosos, — Las ínsulas extrañas, — Los ríos sonorosos, — El silbo de los aires amorosos...»