← Table of contents
Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz

REDONDILLAS.

Reading edition

Illustration from Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz: precedidas de su biografia y juicio crítico sobre todas sus producciones

I.

A los hombres.

Hombres necios, que acusais A la mujer, sin razon, Sin ver que sois la ocasion De lo mismo que culpais; Si con ansia sin igual Solicitais su desden, ¿Porqué quereis que obren bien Si las incitais al mal? Combatis su resistencia, Y luego con gravedad Decis que fué liviandad Lo que hizo la diligencia. Parecer quiere el denuedo De vuestro parecer loco Al niño que pone el coco, Y luego le tiene miedo. Quereis con presuncion necia Hallar á la que buscais Para pretendida, Thais, Y en la posesion, Lucrecia. ¿Qué humor puede haber mas raro Que el que falto de consejo, El mismo empañe el espejo Y sienta que no esté claro? Con el favor y el desden Teneis condicion igual, Quejandoos si os tratan mal, Burlandoos si os quieren bien. Opinion ninguna gana, Pues la que mas se recata, Si no os admite, es ingrata, Y si os admite, es liviana. Siempre tan necios andais, Que con desigual nivel A una culpais por cruel, Y á otra por fácil culpais. Pues ¿cómo ha de estar templada La que vuestro amor pretende, Si la que es ingrata ofende, Y la que es fácil enfada? Mas entre el enfado y pena Que vuestro gusto refiere, Bien haya la que no os quiere, Y quejaos en hora buena. Dan vuestras amantes penas A sus libertades alas, Y despues de hacerlas malas Las quereis hallar muy buenas. ¿Cuál mayor culpa ha tenido En una pasion errada, La que cae de rogada, O el que ruega de caido? O ¿cuál es mas de culpar, Aunque cualquiera mal haga, La que peca por la paga, O el que paga por pecar? Pues ¿para qué os espantais De la culpa que teneis? Queredlas cual las haceis, O hacedlas cual las buscais. Dejad de solicitar, Y despues con mas razon Acusareis la aficion De la que os fuere á rogar. Bien con muchas armas fundo Que lidia vuestra arrogancia, Pues en promesa é instancia Juntais diablo, carne y mundo.

II.

Gratitud.

Señora, si la belleza Que en vos llego á contemplar Es bastante á conquistar La mas inculta dureza, ¿Por qué haceis que el sacrificio Que debo á vuestra luz pura, Debiéndose á la hermosura, Se atribuya al beneficio? Cuando es bien que glorias cante De ser vos quien me ha rendido, ¿Quereis que lo agradecido Se equivoque con lo amante? Vuestro favor me condena A otra especie de desdicha, Pues me quitais con la dicha El mérito de la pena; Si no es que dais á entender Que favor tan singular, Aunque se puede lograr, No se puede merecer. Con razon, pues, la hermosura, Aun llegada á poseerse, Si llegara á merecerse Dejara de ser ventura; Que estar un digno cuidado Con razon correspondido, Es premio de lo servido Y no dicha de lo amado; Pues dicha se ha de llamar Solo la que, á mi entender, Ni se puede merecer, Ni se pretende alcanzar. Y aqueste favor excede Tanto á todos, al lograrse, Que no solo no pagarse, Mas ni agradecer se puede; Pues desde el dichoso dia Que vuestra belleza ví, Tan del todo me rendí Que no me quedó accion mia. Con lo cual, señora, muestro, Y á decir mi amor se atreve, Que nadie pagaros debe Que vos honreis lo que es vuestro. Bien sé que es atrevimiento, Pero el amor es testigo, Que no sé lo que me digo Por saber lo que me siento. Y en fin, perdonad por Dios, Señora, que os hable así, Que si yo estuviera en mí No estuvierais en mí vos. Solo quiero suplicaros Que de mí recibais hoy, No solo el alma que os doy, Mas las que quisiera daros.

III.

Un justo medio.

Dos dudas en qué escoger Tengo, y no sé cual prefiera, Pues vos sentis que no quiera, Y yo sintiera querer. Con que si á cualquiera lado Quiero inclinarme, es forzoso, Quedando el uno gustoso, Quede el otro disgustado. Si daros gusto me ordena La obligacion, es injusto Que, por daros á vos gusto, Haya yo de tener pena. Y no juzgo que habrá quien Apruebe sentencia tal, Como que me trate mal Por trataros á vos bien. Mas por otra parte siento Que es tambien mucho rigor Que lo que os debo en amor Pague en aborrecimiento. Y aun irracional parece Este rigor, pues se infiere, Si aborrezco á quien me quiere, ¿Qué haré con quien me aborrece? No sé cómo despacharos, Pues hallo al determinarme Que amaros es disgustarme, Y no amaros, disgustaros. Pero dar un medio justo En estas dudas pretendo: Pues no queriendo, os ofendo, Y queriendoos, me disgusto, Esta sea la sentencia Porque no os podais quejar: Que entre aborrecer y amar Se parta la diferencia; De modo que entre el rigor Y el llegar á querer bien, Ni vos encontreis desden, Ni yo pueda hallar amor. Esto el discurso aconseja, Pues con esta conveniencia, Ni yo quedo con violencia, Ni vos os partis con queja. Y que estaremos infiero Gustosos con lo que ofrezco, Vos de ver que no aborrezco, Yo de saber que no quiero. Solo este medio es bastante A ajustamos, si os contenta, Que vos me logreis atenta Sin que yo pase á lo amante. Y así quedo, á mi entender, Esta vez bien con los dos, Con agradecer con vos, Conmigo con no querer. Que aunque á nadie llega á darse En esto gusto cumplido, Ver que es igual el partido Servirá de resignarse.

IV.

Respuesta á un caballero que dijo se ponía hermosa la mujer con solo amar.

Silvio, tu opinion va errada, Que en lo comun, si se apura, No admiten por hermosura Hermosura enamorada. Pues si hacen de la estrañeza El atractivo mas grato, Es el agrio de lo ingrato La sazon de la belleza; Porque gozando exenciones De perfeccion mas que humana, La acredita soberana Lo libre de las pasiones. Que no se conserva bien Ni tiene seguridad La rosa de la beldad Sin la espina del desden. Mas, si el amor hace hermosas, Pudiera escusar ufana, Con merecer la manzana, La contienda de las diosas. Belleza llego á tener De mano tan generosa, Pues dices que seré hermosa Solamente con querer; Y así en la lid contenciosa Fuera siempre la triunfante; Que, pues nadie tan amante, Luego nadie tan hermosa. Mas si de amor el primor La belleza me asegura, Te deberé la hermosura, Pues me causas el amor. Del amor tuyo confío La beldad que me atribuyo, Porque siendo obsequio tuyo Resulta en obsequio mio; Pero todo satisfago Con ofrecerte de nuevo La hermosura que te debo Y el amor con que te pago.

V.

Efectos del amor.

Este amoroso tormento Que en mi corazon se ve, Sé que lo siento, y no sé La causa por qué lo siento. Siento una grave agonía Por lograr un devaneo Que empieza como deseo Y pára en melancolía. Y cuando con mas terneza Mi infeliz estado lloro, Sé que estoy triste, é ignoro La causa de mi tristeza. Siento un anhelo tirano Por la ocasion á que aspiro, Y cuando cerca la miro Yo misma aparto la mano; Porque si acaso se ofrece, Despues de tanto desvelo, La desazona el recelo O el susto la desvanece. Y si alguna vez sin susto Consigo tal posesion, Cualquiera leve ocasion Me malogra todo el gusto. Siento mal del mismo bien Con receloso temor, Y me obliga el mismo amor Talvez á mostrar desden. Cualquier leve ocasion labra En mi pecho de manera, Que el que imposibles venciera Se irrita de una palabra. Con corta causa ofendida Suelo, en mitad de mi amor, Negar un leve favor A quien le diera la vida. Ya sufrida, ya irritada, Con contrarias penas lucho, Que por él sufriré mucho, Y con él sufriré nada. No sé en qué lógica cabe El que tal cuestion se pruebe, Que por él lo grave es leve, Y con él lo leve es grave. Sin bastantes fundamentos Forman mis tristes cuidados De conceptos engañados Un monte de sentimientos. Y en aquel fiero conjunto Hallo, cuando se derriba, Que aquella máquina altiva Solo estribaba en un punto. Talvez el dolor me engaña, Y presumo con razon Que no habrá satisfaccion Que pueda templar mi saña. Y cuando á averiguar llego El agravio porque riño, Es como espanto de niño Que pára en burlas y juego. Y aunque el desengaño toco, Con la misma pena lucho, De ver que padezco mucho Padeciendo por tan poco. A vengarse se avalanza Talvez el alma ofendida, Y despues arrepentida Toma de mí otra venganza. Y si al desden satisfago, Es con tan ambiguo error, Que yo pienso que es rigor Y se remata en halago. Hasta el labio desatento Suele equívoco talvez, Por usar de la altivez, Encontrar el rendimiento. Cuando por soñada culpa Con mas enojo me incito, Yo le acrimino el delito Y le busco la disculpa. No huyo el mal ni busco el bien, Porque en mi confuso error, Ni me asegura el amor, Ni me despecha el desden. En mi ciego devaneo, Bien hallada con mi engaño, Solicito el desengaño Y no encontrarlo deseo. Si alguno mis quejas oye, Mas á decirlas me obliga Porque me las contradiga, Que no porque las apoye. Porque si con la pasion Algo contra mi amor digo, Es mi mayor enemigo Quien me concede razon. Y si acaso en mi provecho Hallo la razon propicia, Me embaraza la justicia, Y ando cediendo el derecho. Nunca hallo gusto cumplido, Porque entre alivio y dolor, Hallo culpa en el amor Y disculpa en el olvido. Esto de mi pena dura Es algo del dolor fiero, Y mucho mas no refiero Porque pasa de locura. Si acaso me contradigo En este confuso error, Aquel que tuviere amor Entenderá lo que digo.

VI.

Pidiendo versos á un caballero que se escusaba de hacerlos.

Mis quejas pretendo dar En estilo tosco y llano, Que el hablar muy cortesano No es término de cobrar. Y es bien que el ardid deshaga De quien con tanta malicia Me concede la justicia Para negarme la paga. Pues con intencion doblada, Solo por hacerme mal, Con tan notorio caudal Me dice no tiene nada. Que la mitad me ha entregado, Dice con malicia y arte, Que no tengo ni aun la parte, Pues no me dan el traslado: Y á tanta malicia llega, Malicia tan conocida, Que me niega la partida Y la venida me niega. ¡Oh cuánta justicia fuera Si se viera á buena luz, Si ántes le daba la cruz, Que ahora se la pusiera! Mas porque de mí no infiera Que á negar tambien me atrevo, Ahí va el romance que debo, Y dóilo, aunque no debiera. Que es fácil de discurrir, Cuando lo llegue á entregar, Pues, no me queda qué dar, Que me queda qué pedir.

VII.

Escusándose de un silencio.

Pedirte, señora, quiero De mi silencio perdon, Si lo que ha sido atencion Le hace parecer grosero. Y no me podrás culpar Si hasta aquí mi proceder, Por ocuparse en querer, Se ha olvidado de esplicar; Que en mi amorosa pasion No fué descuido ni mengua Quitar el uso á la lengua Por dárselo al corazon. Ni de explicarme dejaba, Que como la pasion mia Acá en el alma te via, Acá en el alma te hablaba; Y en esta idea notable Dichosamente vivia, Porque en mi mano tenia El fingirte favorable. Con traza tan peregrina Vivió mi esperanza vana, Pues te pudo hacer humana Concibiéndote divina. ¡Oh cuán loca llegué á verme En tus dichosos amores! Que aun fingidos tus favores Pudieron enloquecerme. ¡Oh còmo en tu sol hermoso Mi ardiente afecto encendido, Por cebarse en lo lucido, Olvidó lo peligroso! Perdona si atrevimiento Fué acercarme á tu ardor puro, Que no hay sagrado seguro De culpas de pensamiento. De esta manera engañaba La loca esperanza mia, Y dentro de mí tenia Todo el bien que deseaba. Mas ya tu precepto grave Rompe mi silencio mudo; Que él solamente ser pudo De mi respeto la llave. Y aunque el amar tu belleza Sea delito sin disculpa, Castígueseme la culpa Primero que la tibieza. No quieras pues rigurosa, Que estando ya declarada, Sea devéras desdichada Quien fué de burlas dichosa. Si culpas mi desacato, Culpa tambien tu licencia, Que si es mala mi obediencia, No fué justo tu mandato. Y si es culpable mi intento, Será mi afecto precito, Porque es amarte un delito De que nunca me arrepiento. Esto en mis afectos hallo, Y más que esplicar no sé; Mas tú de lo que callé Inferirás lo que callo.

VIII.

Del retrato de una bella.

(FRAGMENTOS.)

Accion, Lisi, fué acertada El permitir retratarte, Pues ¿quién pudiera mirarte Si no es estando pintada? Como de Febo el reflejo Es tu hermoso rosicler, Que para poderlo ver Lo miran en un espejo. ........... Pues la fuerza superior Que se emplea en un rendido, Es disculpa del vencido Y afrenta del vencedor. No es la malla ni el escudo Señal de valor subido, Porque un pecho bien vestido Muestra un corazon desnudo; Y del muy armado infiero Que con recelo y temor Se desnuda del valor Cuando se viste de acero; Así era hacer injusticia A tu decoro y grandeza, Si triunfara tu belleza Donde basta tu noticia. Amor hecho tierno Apéles, En tan divina pintura, Para pintar tu hermosura Hizo las flechas pinceles. ........... Y no fué de Amor locura Cuando te intentó copiar, Pues quererte eternizar No fué agraviar tu hermosura. ........... Pues es rigor, si se advierte, Que en tu copia singular Estes capaz de matar E incapaz de condolerte. ........... ¡Oh tú, bella copia dura Que ostentas tanta crueldad! Concédete á la piedad, O niégate á la hermosura. ¿Cómo, divino imposible, Siempre te muestras airada, Para dar muerte, animada, Para dar vida, insensible? ¿Porqué, hermosa pesadumbre De una humilde voluntad, Ni dejas la libertad, Ni aceptas la servidumbre? Pues porque en mi pena entiendas Que no es amarte servicio, Violentas el sacrificio Y no agradeces la ofrenda. Desprecia siquiera, dado Que aun eso tendré por gloria, Porque el desden ya es memoria, Y el desprecio ya es cuidado. Mas ¿cómo piedad espero, Si descubro en tus rigores Que con un velo de flores Cubres un alma de acero? De Lisi imitas las raras Facciones, y en el desden ¿Quién pensara que tambien Su condicion imitaras? ¡Oh Lisi! de tu belleza Contempla la copia dura, Mucho mas que en la hermosura Parecida en la dureza! ...........

IX.

En la profesion de una religiosa.

Hoy una niña, que abrasa Un amoroso volcan, Sin mirar el qué dirán, Por el vicario se casa. Su recato comedido Paró en empeño amoroso, Porque dice que su esposo Entre puertas la ha cogido. Hoy logra su fino intento, Que ha sido tan deseado, Pues un año há que le ha dado Palabra de casamiento. No digo yo que esta es cosa Con que su virtud se impida, Que ántes pasará una vida Como de una religiosa; Porque es el con quien se casa Da condicion tan precisa, Que ni aun para que oiga misa La deja salir de casa. Pero causa novedad, Aunque es tan santo el intento, Ver que pare en casamiento Su voto de castidad. De su esposo los primores Su corazon abrasaron, Y por mas que la encerraron, Se nos casa por amores.

X.

Sobre ti Santísimo Sacramento.

En el Sacramento ve A Dios mi fe sin antojos, Porque no hacen fe los ojos, Pero se hace ojos la fe. En esta divina ofrenda Fué del amor mas victoria Dar la prenda de la gloria Con la gloria de la prenda. Del alma es solo alimento, Y así guia mi fervor El sustento del amor, Y no el amor del sustento. Aquí crece la aficion, Y es, si en posesion la veo, La posesion del deseo Deseo de posesion. Pues tal delito á dar viene Que por mas que la posea, Quien tiene lo que desea Desea aquello que tiene. Llegad, pues en su favor Todos los bienes se ven; Que el amor del Sumo Bien Es sumo bien del amor. Llegó el hombre á la grandeza Que no alcanza el serafin, Y en la fineza del fin Vido el fin de la fineza.

ORACION

DEL PAPA URBANO VIII, TRADUCIDA DEL LATIN.

Ante tus ojos benditos Las culpas manifestamos, Y las heridas mostramos Que hicieron nuestros delitos. Si el mal que hemos cometido Viene á ser considerado, Menor es lo tolerado, Mayor es lo merecido. La conciencia nos condena No hallando en ella disculpa, Que respecto de la culpa Es muy liviana la pena. Del pecado el duro azar Sentimos que padecemos, Y nunca enmendar queremos La costumbre del pecar. Cuando en tus azotes suda Sangre la naturaleza, Se rinde nuestra flaqueza Y la maldad no se muda. Cuando el pecado amancilla Con fiera herida la mente, Padece el alma doliente Y la cerviz no se humilla. La vida, suelta la rienda En su acostumbrado error, Suspira con el dolor Y en el obrar no se enmienda. Pues entre los dos estremos, En cualquiera peligramos: Si esperas, no la enmendamos; Si te vengas, nos perdemos. De la afliccion el quebranto Nos obliga á contricion, Y en pasando la afliccion Se olvida tambien el llanto. Cuando tu castigo empieza, Promete el temor humano; Y en suspendiendo la mano, No se cumple la promesa. Cuando nos hieres, clamamos Que el perdon nos des que puedes; Y así que nos lo concedes, Otra vez te provocamos. Tienes á la humana gente Convicta en su confesion, Que si no la das perdon, La acabarás justamente. Concede el humilde ruego Sin mérito á quien criaste, Tú que de nada formaste A quien te rogara luego.

Illustration from Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz: precedidas de su biografia y juicio crítico sobre todas sus producciones
Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings