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Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz

DECIMAS.

Reading edition

Illustration from Obras selectas de la celebre monja de Mejico, sor Juana Ines de la Cruz: precedidas de su biografia y juicio crítico sobre todas sus producciones

I.

A una rosa.

(ALEGORIA.)

Cuida tu candor, que apura Al alba el primer albor; Pues tanto el riesgo es mayor, Cuanto es mayor la hermosura. No vivas de ella segura, Que si consientes errada Que te corte mano osada Por gozar beldad y olor, En perdiéndose el color Tambien serás desdichada. ¿Ves á aquel que mas indicia De seguro en su fineza? Pues no estima la belleza Mas de en cuanto la codicia. Huye su astuta caricia, Que si necia y confiada Te aseguras en lo amada, Te hallarás despues corrida; Que en llegando á poseida Tambien serás desdichada. A ninguno tu beldad Entregues, que es sinrazon Que sirva tu perfeccion De triunfo á su vanidad; Goza la celebridad Comun, sin verte empleada En quien, despues de lograda, No te acierte á venerar; Que en siendo particular, Tambien serás desdichada.

II.

Presto celos llorarás.

En vano tu canto suena; No adviertes en tu desdicha Que será el fin de tu dicha El principio de tu pena. El loco orgullo refrena De que tan ufano estás, Sin advertir, cuando das Cuenta al aire de tus bienes, Que si ahora dichas tienes, Presto celos llorarás. En lo dulce de tu canto El justo temor te avisa, Que en un amante no hay risa Que no se alterne con llanto; No te desvanezca tanto El favor, pues te hallarás Burlado, y conocerás Cuanto es necio un confiado, Que si hoy blasonas de amado, Presto celos llorarás. Advierte que el mismo estado Que al amante fervoroso Le constituye dichoso, Le amenaza desdichado; Pues le da tan alto grado Por derribarle, no mas; Y así tú que ahora estás En tal altura, no ignores Que si hoy ostentas favores, Presto celos llorarás. La gloria mas elevada Que amor á tu dicha ordena, Contémplala como agena, Y tenla como prestada; No tu ambicion engañada Piense que eterno serás En las dichas, pues verás Que hay áspid entre las flores, Y que si hoy cantas favores, Presto celos llorarás.

III.

El alma rendida por el amor.

(ALEGORIA.)

Cogióme sin prevencion Amor astuto y tirano; Con capa de cortesano Se me entró en el corazon: Descuidada la razon Y sin armas los sentidos, Dieron puerta inadvertidos, Y él por lograr sus antojos, Miéntras suspendió los ojos, Me saltëó los oidos. Disfrazado entró y mañoso; Mas ya que dentro se vió, Del Paladion se salió Sin el disfraz engañoso; Pues con ánimo furioso Tomando las armas luego Se descubrió astuto griego, Que iras brotando y furores, Matando á los defensores, Puso á toda el alma fuego. Y buscando en sus violencias En ella á Príamo fuerte, Dió al entendimiento muerte, Que era rey de las potencias; Y sin hacer diferencias De real ó plebeya grey, Haciendo general ley Murieron á sus puñales Los discursos racionales, Porque eran hijos del rey. A Casandra su fiereza Buscó, y con modos tiranos Ató á la razon las manos, Que era del alma princesa: En prisiones su belleza, De soldados atrevidos Lamenta los no creidos Desastres, que adivinó; Pues por mas voces que dió No la oyeron los sentidos. Todo el palacio abrasado Se ve y todo destruido; Deífobo allí mal herido Aquí Páris maltratado; Prende tambien su cuidado La modestia en Policena; Y en medio de tanta pena, Tanta muerte y confusion, A la ilícita aficion Solo reserva en Elena. Y la ciudad, que vecina Fué al cielo, con tanto arder Solo guarda de su ser Los vestigios en la ruina. Todo el amor lo extermina, Y con ardiente furor Solo se oye entre el rumor Con que su crueldad apoya: “Aquí yace un alma Troya Vencida por el amor.”

IV.

Con motivo de un presente.

Esta grandeza que usa Conmigo vuestra grandeza, Le está bien á mi pobreza, Pero muy mal á mi musa. Perdonádme si, confusa O sospechosa, me inquieta El juzgar que ha sido treta La que vuestro juicio trata, Pues quién me da tanta plata No me quiere ver poeta.

V.

El error de una disculpa.

Tenazmente porfiado Intentas, Silvio, y molesto, Porque erraste lo compuesto, Componer lo que has errado. Yerro cometes doblado, Pues cuando mil tretas usas Con que confesar rehusas Y en que no hay culpa te cierras, Por escusar lo que yerras, Yerras todo lo que escusas.

VI.

A una dama que temia el aojo.

Amarílis celestial, No el aojo te amedrente, Que tus ojos solamente Tienen poder de hacer mal: Pues si es alguna señal La con que dañan airados O matan envenenados Cuando indignados están, Los tuyos solo serán, Que son los mas señalados.

VII.

Retrato de una belleza.

Tersa frente, oro el cabello, Cejas arcos, zafir ojos, Bruñida tez, labios rojos, Nariz recta, ebúrneo cuello, Talle airoso, cuerpo bello, Cándidas manos en que El cetro de amor se ve, Tiene Fili; en oro engasta Pié tan breve, que no gasta Ni un pié.

VIII.

La razon contra el amor.

Dime, vencedor rapaz, Vencido de mi constancia, ¿Qué ha sacado tu arrogancia De alterar mi firme paz? Que aunque de vencer capaz Es la punta de tu arpon El mas duro corazon, ¿Qué importa el tiro violento, Si á pesar del vencimiento Queda viva la razon? Tienes grande señorío, Pero tu jurisdiccion Domina la inclinacion, Mas no pasa al albedrío; Así librarme confio De tu loco atrevimiento, Pues aunque rendida siento Y presa la libertad, Se rinde la voluntad, Pero no el consentimiento. En dos partes dividida Tengo el alma en confusion, Una esclava á la pasion, Y otra á la razon medida. Guerra civil encendida Aflige el pecho importuna; Quiere vencer cada üna, Y entre fortunas tan varias Morirán ambas contrarias, Mas no vencerá ninguna. Cuando fuera, Amor, te via No merecí de ti palma, Y hoy que estás dentro del alma Es resistir valentía; Córrase, pues, tu porfía De los triunfos que te gano, Pues cuando ocupas tirano El alma sin resistillo, Tienes vencido el castillo, E invencible al castellano. Invicta razon alienta Armas contra tu vil saña, Y el pecho es corta campaña A batalla tan sangrienta. Y así, Amor, en vano intenta Tu loco esfuerzo ofenderme, Pues podré decir al verme Espirar sin entregarme, Que conseguiste matarme, Mas no pudiste vencerme.

IX.

Enviando su imágen á una persona.

A tus manos me traslada La que mi original es, Que aunque copiada la ves, No la verás retractada: En mí toda trasformada Te da de su amor la palma; Y no te admire la calma Y el silencio que hay en mí, Pues mi original por tí Pienso que está mas sin alma. De mi venida envidiosa Queda, en mi fortuna viendo Que ella es infeliz sintiendo Y yo sin sentir dichosa. En señal mas venturosa Estrella mas oportuna Me asiste, sin duda alguna, Pues que de un pincel nacida Tuve sér con ménos vida, Pero con mejor fortuna. Mas si por caso trocada Mi suerte, tú me ofendieres, Por no ver que no me quieres Quiero estar inanimada: Que eso de ser desamada Será lance tan violento, Que la fuerza del tormento Llegue aun pintada á sentir; Que el dolor sabe infundir Almas para el sentimiento. Y si te es faltarme aquí El alma cosa importuna, Me puedes infundir una De tantas como hay en tí: Que como el alma te dí Y tuyo mi ser se nombra, Aunque mirarme te asombra En tan insensible calma, De este cuerpo eres el alma, Y eres cuerpo de esta sombra.

X.

Escusándose de dar licencia á uno que se la pedia para ausentarse.

Licencia para apartaros Pedis, y podeis creer Que solo eso pudo ser En mí difícil el daros: Y así estimad que rogaros Que lo dilateis no quiera; Aunque si se considera, Poco teneis que estimar, Pues á poderla negar Presumo que no os la diera. Es que aunque en darla ejecuto De posesion algun viso, Donde es conceder preciso Falta dominio absoluto. Apariencias de tributo Son las que llegais á dar, Y así me puedo quejar De vuestra fe cautelosa, Pues me dais dominio en cosa En que no puedo mandar. Pero con no darla yo Quedaré mejor aquí; Porque hay casos en que el sí Es mas esquivo que el no: Ya vuestra atencion cumplió Con pedirla; y yo, industriosa, Quedo, con no darla, airosa; Pues para que hagais ausencia, Es negaros la licencia Esquivez muy cariñosa. Con paliada tiranía Usurpárosme intentais, Y como cortés buscais Cómplice en la venia mia No lo hagais vana porfía; Pues en aquesta ocasion Negaros la peticion De partida tan penosa, Sobre avaricia forzosa, Es cortés desatencion. Sin dar parte yo quisiera Que dispusiérais el ir, Que en vos no es culpa el partir, Y en mí el permitir lo fuera; Y querer que interviniera Yo en cosa á vos necesaria, Es querer que haga, contraria A lo que el discurso avisa, La que es pena en vos precisa, En mí culpa voluntaria. Partid, en fin, confiado En mi voluntad constante De que aunque esteis muy distante, Nunca estareis apartado; Que pues con igual agrado Correspondo al que en vos veo, Aunque os aparteis, yo creo Que de veros con el ansia Abreviará la distancia La brújula del deseo.

XI.

Pidiendo á la Vireina la libertad para un inglés.

Hoy que á vuestras plantas llego, Con el debido decoro, Como á deidad os adoro, Y como á deidad os ruego: No direis que el culto os niego Pretendiendo el beneficio De vuestro amparo propicio; Pues á la deidad mayor Le es invocar su favor El mas grato sacrificio. Samuel á vuestra piedad Recurre por varios modos, Pues donde la pierden todos Quiere hallar la libertad: Su esclavitud rescatad, Señora, que los motivos Son justos y compasivos De tan adversa fortuna, Y haced libres vez alguna De tantas que haceis cautivos. Dos cosas pretende aquí Contraria mi voluntad: Para el inglés libertad Y esclavitud para mí; Pues aunque indigna nací De que este nombre me deis, En vano resistireis De mi esclavitud la muestra, Que yo tengo de ser vuestra, Aunque vos no me acepteis. Contraria es la peticion De uno y otro, si se apura, Que él la libertad procura, Y yo busco la prision; Pero vuestra discrecion, A quien nunca duda impide, Podrá, si los fines mide, Hacernos dichosos hoy, Con admitir lo que os doy Y conceder lo que él pide.

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