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El Capitán Veneno

EL CAPITÁN VENENO[4] (continued 2)

Reading edition

—Decía...—continuó Angustias—que aquella mañana me habló usted, sobre poco más o menos, así: "Hija mía..."

—¡Hombre![267] ¡Qué cosas dice uno! ¡Yo la llamé a usted "hija mía"!

—Déjame proseguir, señor don Jorge. "Hija mía...—exclamó usted con una voz que me llegó al alma:—en nada tiene usted que pensar por ahora más que en llorar y en pedir a Dios por su madre... Sabe usted que he asistido a tan santa mujer en sus últimos momentos... Con este motivo, me ha[268] enterado de todos sus asuntos y hecho entrega del dinero que poseía, para que yo corra con entierro, lutos y demás, como tutor de usted, que me ha nombrado privadamente, y para librarla de cuidados en los primeros días de su dolor... Cuando se tranquilice usted, ajustaremos cuentas..."

—¿Y qué?—interrumpió el Capitán, frunciendo muchísimo el entrecejo, como si, a fuerza de parecer terrible, quisiese cambiar la efectividad de las cosas.—¿No he cumplido bien[269] tales encargos? ¿He hecho alguna locura? ¿Cree usted que he despilfarrado su herencia?... ¿No era justo costear entierro mayor a aquella ilustre señora? O ¿acaso le ha referido a usted ya algún chismoso que le he puesto en la sepultura una gran lápida con sus títulos de Generala y de Condesa? Pues lo[270] de la lápida ha sido capricho mío personal, y tenía pensado rogar a usted que me permitiera pagarla de mi dinero! ¡No he podido resistir a la tentación de proporcionar a mi noble amiga el gusto y la gala de usar entre los muertos los dictados que no le permitieron llevar los vivos!

—Ignoraba lo de la lápida...—profirió Angustias con religiosa gratitud, cogiendo y estrechando una mano de don Jorge, a pesar de los esfuerzos que hizo éste por retirarla.—¡Dios se lo pague a usted!—¡Acepto ese regalo, en nombre de mi pobre madre y en el mío!—Pero, aun así y todo, ha hecho usted muy mal, sumamente mal, en engañarme respecto de otros puntos; y, si antes me hubiera enterado de ello, antes habría venido a pedirle a usted cuentas.

—¿Y podrá saberse, mi querida señorita, en qué la he engañado a usted?—se atrevió todavía a preguntar D. Jorge, no concibiendo que Angustias supiese cosas que sólo a él, y momentos antes de expirar, había referido doña Teresa.

—Me engañó usted aquella triste mañana...—respondió severamente la joven,—al decirme que mi madre le había entregado no sé qué cantidad...

—¿Y en qué se funda vuestra señoría para desmentir con esa frescura a todo un Capitán de ejército, a un hombre honrado, a una persona mayor?—gritó con fingida vehemencia D. Jorge, procurando meter la cosa a barato y armar camorra para salir de aquel mal negocio.

—Me fundo—respondió Angustias sosegadamente—en la seguridad, adquirida después, de que mi madre no tenía ningún dinero cuando cayó en cama.

—¿Cómo que no?[271] ¡Estas chiquillas[272] se lo quieren saber todo! ¿Pues ignora usted que doña Teresa acababa de enajenar una joya de muchísimo mérito?...

—Sí... sí... ¡ya sé!... Una gargantilla de perlas con broches de brillantes..., por la cual le dieron quinientos duros...

—¡Justamente! ¡Una gargantilla de perlas... como nueces, de cuyo importe nos queda todavía mucho oro que ir gastando!... ¿Quiere usted que se lo entregue ahora mismo? ¿Desea usted encargarse ya de la administración de su hacienda? ¿Tal mal le va con mi tutoría?

—¡Qué bueno es usted, Capitán!... Pero ¡que imprudente a la vez!—repuso la joven.—Lea usted esta carta, que acabo de recibir, y verá dónde estaban los quinientos duros desde la tarde en que mi madre cayó herida de muerte...

El Capitán se puso más colorado que una amapola; pero aun sacó fuerzas de flaqueza, y exclamó, echándola[273] de muy furioso...

—¡Conque es decir que yo miento! ¡Conque un papelucho merece más crédito que yo! ¡Conque de nada me sirve toda una vida de formalidad, en que he tenido palabra de rey!

—Le sirve a usted, señor D. Jorge, para que yo le agradezca más y más el que,[274] por mí, y sólo por mí, haya faltado esta vez a esa buena costumbre...

—¡Veamos qué dice la carta!—replicó el Capitán, por ver si hallaba en ella medio de cohonestar la situación.—¡Probablemente será alguna pamplina!

La carta era del abogado o asesor de la difunta Generala, y decía así:

"Señorita Doña Angustias Barbastro.

"Muy señora mía y estimada amiga:

"Acabo de recibir extraoficialmente la triste noticia del óbito de su señora madre (Q. S. G. H.)[275], y acompaño a usted en su legítimo sentimiento, deseándole fuerzas físicas y morales para sufrir tan inapelable y rudo golpe de la Superioridad[276] que regula los destinos humanos.

"Dicho esto,[277] que no es fórmula oratoria de cortesía, sino expresión del antiguo y alegado afecto que le profesa mi alma, tengo que cumplir con usted otro deber sagrado, cuyo tenor es el siguiente:

"El procurador o agente de negocios de su difunta madre, al notificarme hoy la penosa nueva, me ha dicho que, cuando, hace dos semanas, fue a poner en su conocimiento la desfavorable resolución del expediente de la viudedad, y a presentarle las notas de nuestros honorarios, tuvo ocasión de comprender que la señora poseía apenas el dinero suficiente para satisfacerlos,[278] como por desventura los satisfizo en el acto, con un apresuramiento[279] en que creí ver nuevas señales del amargo desvío que ya me había usted demostrado con anterioridad...

"Ahora bien, mi querida Angustias: atorméntame mucho la idea de si estará usted pasando apuros y molestias en tan agravantes circunstancias, por la exagerada presteza con que su mamá me hizo efectiva aquella suma (reducido precio de las seis solicitudes, cuyo borrador le escribí y hasta copié en limpio), y pido a usted su consentimiento previo para devolver el dinero, y aun para agregar todo lo demás que usted necesite y yo posea.

"No es culpa mía si no tengo personalidad suficiente ni otros títulos que un amor tan grande como sin correspondencia, al hacer a usted semejante ofrecimiento, que le suplico acepte, en debida forma, de su apasionado y buen amigo, atento y seguro servidor, que besa sus pies,

"Tadeo Jacinto de Pajares."

—¡Mire usted aquí un abogado a quien yo le voy a cortar el pescuezo!—exclamó D. Jorge, levantando la carta sobre su cabeza.—¡Habrá infame! ¡Habrá judío![280] ¡Habrá canalla!... Asesina a la buena señora hablándole de insolvencia, y de ejecución, al pedirle los honorarios, para ver si la obligaba a darle la mano de usted; y ahora quiere comprar esa misma mano con el dinero que le sacó por haber perdido el asunto de la viudedad... ¡Nada, nada! ¡Corro en su busca! ¡A ver![281] ¡Alárgueme usted esas muletas!—¡Rosa! ¡mi sombrero!... (Es decir: ve a mi casa y di que te lo den.) O si no, tráeme (que ahí estará en la alcoba) mi gorra de cuartel... ¡y el sable!—Pero no... ¡no traigas el sable! ¡Con las muletas me basta y sobra para romperle la cabeza!

—Márchate, Rosa..., y no hagas caso; que éstas son chanzas del Sr. D. Jorge...—expusó Angustias, haciendo pedazos la carta.—Y usted Capitán, siéntese y óigame...—se lo suplico.—Yo desprecio al señor abogado con todos sus mal adquiridos millones, y ni le he contestado, ni le contestaré.—¡Cobarde y avaro, imaginó desde luego que podría hacer suya a una mujer como yo,[282] sólo con defender de balde en las oficinas nuestra mala causa!...—No hablemos más, ni ahora ni nunca, del indigno viejo...

—¡Pues no hablemos tampoco de ninguna otra cosa!—añadió el ladino Capitán, logrando alcanzar las muletas y comenzando a pasearse aceleradamente cual si huyera de la interrumpida discusión.

—Pero, amigo mío...—observó con sentido acento la joven.—Las cosas no pueden quedar así...

—¡Bien! ¡Bien! Ya hablaremos de eso. Lo que ahora interesa es almorzar, pues yo tengo muchísima hambre... Y ¡qué fuerte me ha dejado la pierna ese zorro viejo[283] de doctor! ¡Ando como un gamo! Dígame usted, cara de cielo, ¿a cómo estamos hoy?

—¡Capitán!—exclamó Angustias con enojo.—¡No me moveré de esta silla hasta que me oiga usted, y resolvamos el asunto que aquí me ha traído!

—¿Qué asunto? ¡Vaya!... ¡Déjeme usted a mi de canciones!... Y, a propósito de canciones... ¡Juro a usted no volver a cantar en toda mi vida la jota aragonesa! ¡Pobre Generala! ¡Cómo se reía al oírme!

—¡Señor de Córdoba!...—insistió Angustias con mayor acritud.—¡Vuelvo a suplicar a usted que preste alguna atención a un caso en que están comprometidas mi honra y mi dignidad!...

—¡Para mí no tiene usted nada comprometido!—respondió D. Jorge, tirando al florete[284] con la más corta de las muletas.—¡Para mí es usted la mujer más honrada y digna que Dios ha criado!

—¡No basta serlo para usted! ¡Es necesario que opine lo mismo todo el mundo! Siéntese usted, pues, y escúcheme, o envío a llamar a su señor primo, el cual, a fuer de hombre de conciencia, pondrá término a la vergonzosa situación en que me hallo.

—¡Le digo a usted que no me siento! Estoy harto de camas, de butacas y de sillas... Sin embargo, puede usted hablar cuanto guste...—replicó D. Jorge, dejando de tirar al florete; pero quedándose en primera guardia.

—Poco será lo que le diga...—profirió Angustias, volviendo a su grave entonación,—y ese poco... ya se le habrá ocurrido a usted desde el primer momento. Señor Capitán: hace quince días que sostiene usted[285] esta casa; usted pagó el entierro de mi madre; usted me ha costeado los lutos; usted me ha dado el pan que he comido... Hoy no puedo abonarle lo que lleva gastado, como se lo abonaré con el tiempo...; pero sepa usted que desde ahora mismo...

—¡Rayos y culebrinas![286] ¡Pagarme usted a mí! ¡Pagarme ella!...—gritó el Capitán con tanto dolor como furia, levantando en alto las muletas, hasta llegar con la mayor al techo de la sala.—¡Esta mujer se ha propuesto matarme!—¡Y para eso quiere que la oiga!...—¡Pues no la oigo a usted! ¡Se acabó la conferencia![287]—¡Rosa! ¡El almuerzo!—Señorita: en el comedor la aguardo...—Hágame el obsequio de no tardar mucho.

—¡Buen modo tiene usted de respetar la memoria de mi madre! ¡Bien cumple los encargos que le hizo en favor de esta pobre huérfana! ¡Vaya un interés que se toma por mi honor y por mi reposo!...—exclamó Angustias con tal majestad, que D. Jorge se detuvo como el caballo a quien refrenan; contempló un momento a la joven; arrojó las muletas lejos de sí; volvió a sentarse en la butaca, y dijo, cruzándose de brazos:

—¡Hable usted hasta la consumación de los siglos!

—Decía...—continuó Angustias, así que se hubo serenado—que desde hoy cesará la absurda situación creada por la imprudente generosidad de usted. Ya está usted bueno, y puede trasladarse a su casa...

—¡Bonito arreglo!—interrumpió don Jorge, tapándose luego la boca como arrepentido de la interrupción.

—¡El único posible!—replicó Angustias.

—¿Y qué hará usted en seguida, alma de Dios?—gritó el Capitán.—¿Vivir del aire, como los camaleones?

—Yo... ¡figúrese usted!... Venderé casi todos los muebles y ropas de la casa...

—¡Que valen cuatro cuartos![288]—volvió a interrumpir D. Jorge, paseando una mirada despreciativa por las cuatro paredes de la habitación, no muy desmanteladas, a la verdad.

—¡Valgan lo que valieren![289]—repuso la huérfana con mansedumbre.—Ello es que dejaré de vivir a costa de su bolsillo de usted, o de la caridad de su señor primo.

—¡Eso no! ¡canastos! ¡Eso no! Mi primo no ha pagado nada!—rugió el Capitán con suma nobleza.—¡Pues no faltaba más, estando yo en el mundo![290]—Cierto es que el pobre Álvaro...—yo no quiero quitarle su mérito,—en cuanto supo[291] la fatal ocurrencia se brindó a todo..., es decir, ¡a muchísimo más de lo que usted puede figurarse!... Pero yo le contesté que la hija de la condesa de Santurce sólo podía admitir favores (o sea hacerlos ella misma, en el mero hecho de admitirlos) de su tutor D. Jorge de Córdoba, a cuyos cuidados la confió la difunta.—El hombre conoció la razón, y entonces me reduje a pedirle prestados, nada más que prestados, algunos maravedises,[292] a cuenta del sueldo que gano en su contaduría.—Por consiguiente, señorita Angustias, puede usted tranquilizarse en ese particular, aunque tenga más orgullo que D. Rodrigo en la horca.[293]

—Me es lo mismo...—balbuceó la joven—supuesto que yo he de pagar al uno o al otro, cuando...

—¿Cuando qué?—¡Ésa es toda la cuestión!—Dígame usted cuándo...

—¡Hombre!... Cuando, a fuerza de trabajar, y con la ayuda de Dios misericordioso, me abra camino en esta vida...

—¡Caminos, canales y puertos![294]—voceó el Capitán.—¡Vamos, señora! ¡No diga usted simplezas!—¡Usted trabajar! ¡Trabajar con esas manos tan bonitas, que no me cansaba de mirar cuando jugábamos al tute!—Pues, ¿a qué estoy yo en el mundo, si la hija de doña Teresa Carrillo, ¡de mi única amiga!, ha de coger una aguja, o una plancha, o un demonio,[295] para ganarse un pedazo de pan?

—Bien: dejemos todo eso a mi cuidado y al tiempo...—replicó Angustias, bajando los ojos.—Pero, entretanto quedamos en que usted me dispensará el favor de marcharse hoy...—¿No es verdad que se marchará usted?

—¡Dale que dale![296]—Y ¿por qué ha de ser verdad? ¿Por qué he de irme, si no me va mal aquí?

—Porque ya está usted bueno; ya puede andar por la calle, como anda por la casa, y no parece bien que sigamos viviendo juntos...

—¡Pues figúrese usted que esta casa fuera de huéspedes!... ¡Ea! ¡Ya lo tiene usted arreglado todo! ¡Así no hay que vender muebles ni nada! Yo le pago a usted mi pupilaje; ustedes me cuidan... ¡y en paz! Con los dos sueldos que reúno hay de sobra para que todos lo pasemos muy bien, puesto que en adelante no me formarán causas por desacato, ni volveré a perder nada al tute, como no sea la paciencia... cuando me gane usted muchos juegos seguidos... ¿Quedamos conformes?

—¡No delire usted, Capitán!—profirió Angustias, con voz melancólica.—Usted no ha entrado en esta casa como pupilo ni nadie creería que estaba[297] usted en ella en tal concepto; ni yo quiero que lo esté... ¡No tengo yo edad ni condiciones para ama de huéspedes!... Prefiero ganar un jornal cosiendo o bordando.

—¡Y yo prefiero[298] que me ahorquen!—gritó el Capitán.

—Es usted muy compasivo...—prosiguió la huérfana,—y le agradezco con toda mi alma lo que padece al ver que en nada puede ayudarme... Pero ésta es la vida,[299] éste es el mundo, ésta es la ley de la sociedad.

—¿Qué me importa a mí la sociedad?

—¡A mí me importa mucho! Entre otras razones, porque sus leyes son un reflejo de la ley de Dios.

—¡Conque es ley de Dios que yo no pueda mantener a quien quiero!

—Lo es, señor Capitán, en el mero hecho de estar la sociedad dividida en familias...

—¡Yo no tengo familia, y, por consiguiente, puedo disponer libremente de mi dinero!

—Pero yo no debo aceptarlo. La hija de un hombre de bien que se apellidaba Barbastro, y de una mujer de bien que se apellidaba Carrillo, no puede vivir a expensas de un cualquiera...

—¡Luego yo soy para usted un cualquiera!...

—Y un cualquiera de los peores... para el caso de que se trata, supuesto que es usted soltero, todavía joven, y nada santo...[300] de reputación.

—¡Mire usted, señorita!—exclamó resueltamente el Capitán, después de breve pausa, como quien va a epilogar y resumir una intrincada controversia.—La noche que ayudé a bien morir a su madre de usted le dije honradamente y con mi franqueza habitual (para que aquella buena señora no se muriese en un error, sino a sabiendas[301] de lo que pasaba), que yo, el Capitán Veneno, pasaría por todo en este mundo, menos por tener mujer e hijos.—¿Lo quiere usted más claro?

—¿Y a mí qué me cuenta usted?—respondió Angustias con tanta dignidad como gracia.—¿Cree usted, por ventura, que yo le estoy pidiendo indirectamente su blanca mano?[302]

—¡No, señora!—se apresuró a contestar D. Jorge, ruborizándose hasta lo blanco de los ojos.—¡La conozco a usted demasiado para suponer tal majadería!—Además, ya hemos visto que usted desprecia novios millonarios, como el abogado de la famosa carta...—¿Qué digo? La propia doña Teresa me dio la misma contestación que usted, cuando le revelé mi inquebrantable[303] propósito de no casarme nunca... Pero yo le hablo a usted de esto para que no extrañe ni[304] lleve a mal el que, estimándola a usted como la estimo, y queriéndola como la quiero... (¡porque yo la quiero a usted muchísimo más de lo que se figura!), no corte por lo sano y diga: "¡Basta de requilorios, hija del alma! ¡Casémonos, y aquí paz y después gloria!"

—¡Es que no bastaría que usted lo dijese!...—contestó la joven con heroica frialdad.—Sería menester que usted me gustara.

—¿Estamos ahí ahora?—bramó el Capitán, dando un brinco.—Pues ¿acaso no le gusto yo a usted?

—¿De dónde saca usted semejante probabilidad, caballero don Jorge?—repuso Angustias implacablemente.

—¡Déjeme usted a mí de probabilidades ni de latines!—tronó el pobre discípulo de Marte.—¡Yo sé lo que me digo![305] ¡Lo que aquí pasa, hablando mal y pronto, es que no puedo casarme con usted, ni vivir de otro modo en su compañía, ni abandonarla a su triste suerte!... Pero créame usted, Angustias: ni usted es una extraña para mí, ni yo lo soy para usted..., ¡y el día que yo supiera que usted ganaba ese jornal que dice; que usted servía en una casa ajena; que usted trabajaba con sus manecitas de nácar..., que usted tenía hambre..., o frío, o... (¡Jesús! ¡No quiero pensarlo!), le pegaba fuego a Madrid, o me saltaba la tapa de los sesos!—Transija usted, pues; y, ya que no acepte el que vivamos juntos como dos hermanos[306] (porque el mundo lo mancha todo con sus ruines pensamientos), consienta que le señale una pensión anual, como la señalan los Reyes o los ricos a las personas dignas de protección y ayuda...

—Es que usted, señor don Jorge, no tiene nada de rico ni de Rey.

—¡Bueno! Pero usted es para mí una reina, y debo y quiero pagarle el tributo voluntario con que suelen sostener los buenos súbditos a los reyes proscritos...

—Basta de reyes y de reinas, mi Capitán...—prosiguió Angustias con el triste reposo de la desesperación.—Usted no es, ni puede ser para mi otra cosa que un excelente amigo de los buenos tiempos, a quien siempre recordaré con gusto. Digámonos adiós, y déjeme siquiera la dignidad en la desgracia.

—¡Eso es! ¡Y yo, entretanto, me bañaré en agua de rosas,[307] con la idea de que la mujer que me salvó la vida, exponiendo la suya, está pasando las de Caín! ¡Yo tendré la satisfacción de pensar en que la única hija de Eva de quien he gustado, a quien he querido, a quien... adoro con toda mi alma, carece de lo más necesario, trabaja para alimentarse malamente, vive en una guardilla, y no recibe de mí ningún socorro, ningún consuelo!...

—¡Señor Capitán!—interrumpió Angustias solemnemente.—Los hombres que no pueden casarse, y que tienen la nobleza de reconocerlo y de proclamarlo, no deben hablar de adoración a las señoritas honradas. Conque lo dicho: mande usted por un carruaje, despidámonos como personas decentes, y ya sabrá usted de mí cuando me trate mejor la fortuna.

—¡Ay, Dios mío de mi alma! ¡Qué mujer ésta!—clamó el Capitán, tapándose el rostro con las manos.—¡Bien me lo temí todo desde que le eché la vista encima! ¡Por algo[308] dejé de jugar al tute con ella! ¡Por algo he pasado tantas noches sin dormir!—¿Hase visto apuro semejante al mío? ¿Cómo la dejo desamparada y sola, si la quiero más que a mi vida? ¿Ni[309] cómo me caso con ella, después de tanto como he declamado contra el matrimonio? ¿Qué dirían de mí en el Casino? ¿Qué dirían los que me encontrasen en la calle con una mujer de bracete, o en casa, dándole la papilla a un rorro?[310]—¡Niños a mí! ¡Yo bregar con muñecos! ¡Yo oírlos llorar! ¡Yo temer a todas horas que estén malos, que se mueran, que se los lleve el aire!—Angustias... ¡créame usted por Jesucristo[311] vivo! ¡Yo no he nacido para esas cosas!—¡Viviría tan desesperado, que, por no verme y oírme, pediría usted a voces el divorcio o quedarse viuda!...—¡Ah! ¡Tome usted mi consejo! ¡No se case conmigo, aunque yo quiera!

—Pero, hombre...—expuso la joven, retrepándose en su butaca con admirable serenidad. ¡Usted se lo dice todo!—¿De dónde saca usted que yo deseo que nos casemos; que yo aceptaría su mano; que yo no prefiero vivir sola, aunque para ello tenga que trabajar día y noche, como trabajan otras muchas huérfanas?

—¿Que de dónde lo saco?—respondió el Capitán con la mayor ingenuidad del mundo.—¡De la naturaleza de las cosas! ¡De que los dos nos queremos! ¡De que los dos nos necesitamos! ¡De que no hay otro arreglo para que un hombre como yo y una mujer como usted vivan juntos!—¿Cree usted que yo no lo conozco; que no lo había pensado ya; que a mí me son indiferentes su honra y su nombre?—Pero he hablado por hablar, por huir de mi propia convicción, por ver si escapaba al terrible dilema que me quita el sueño, y hallaba un modo de no casarme con usted..., como al cabo tendré que casarme, si se empeña en quedarse sola...

—¡Sola! ¡Sola!...—repitió donosamente Angustias.—Y ¿por qué no mejor acompañada? ¿Quién le dice a usted que no encontraré yo con el tiempo un hombre de mi gusto, que no tenga horror al matrimonio?

—¡Angustias! ¡Doblemos esa hoja!—gritó el Capitán, poniéndose de color de azufre.

—¿Por qué doblarla?

—¡Doblémosla, digo!...; y sepa usted desde ahora, que me comeré el corazón del temerario que la pretenda... Pero hago muy mal en incomodarme sin fundamento alguno... ¡No soy tan tonto que ignore lo que nos sucede!... ¿Quiere usted saberlo? Pues es muy sencillo. ¡Los dos nos queremos!... Y no me diga usted que me equivoco, ¡porque eso sería faltar a la verdad! Y allá va la prueba. ¡Si usted no me quisiera a mí, no la querría yo a usted!... ¡Lo que yo hago es pagar! ¡Y le debo a usted tanto!... ¡Usted, después de haberme salvado la vida, me ha asistido como una Hermana de la Caridad; usted ha sufrido con paciencia todas las barbaridades que, por librarme de su poder seductor, le he dicho durante cincuenta días; usted ha llorado en mis brazos cuando se murió su madre; usted me está aguantando hace una hora!... En fin... ¡Angustias!... Transijamos... Partamos la diferencia... ¡Diez años de plazo le pido a usted! Cuando yo cumpla el medio siglo, y sea ya otro hombre, enfermo, viejo y acostumbrado a la idea de la esclavitud, nos casaremos sin que nadie se entere, y nos iremos fuera de Madrid, al campo, donde no haya público, donde nadie pueda burlarse del antiguo Capitán Veneno... Pero, entretanto, acepte usted, con la mayor reserva, sin que lo sepa alma viviente, la mitad de mis recursos... Usted vivirá aquí, y yo en mi casa. Nos veremos... siempre delante de testigos: por ejemplo, en alguna tertulia formal. Todos los días nos escribiremos. Yo no pasaré jamás por esta calle, para que la maledicencia no murmure..., y, únicamente el día de Finados, iremos juntos al cementerio, con Rosa, a visitar a doña Teresa...

Angustias no pudo menos de sonreírse al oír este supremo discurso del buen Capitán. Y no era burlona aquella sonrisa, sino gozosa, como un deseado albor de esperanza, como el primer reflejo del tardío astro de la felicidad, que ya iba acercándose a su horizonte... Pero, mujer al cabo, aunque tan digna y sincera como la que más, supo reprimir su naciente alegría, y dijo con simulada desconfianza y con la entereza propia de un recato verdaderamente pudoroso:

—¡Hay que reírse de las extravagantes condiciones que pone usted a la concesión de su no solicitado anillo de boda!—¡Es usted cruel en regatear al menesteroso limosnas que tiene la altivez de no pedir, y que por nada de este mundo aceptaría! Pues añada usted que, en la presente ocasión, se trata de una joven..., no fea ni desvergonzada, a quien está usted dando calabazas[312] hace una hora, como si ella le hubiese requerido de amores.—Terminemos, por consiguiente, tan odiosa conversación, no sin que antes lo perdone yo a usted y hasta le dé las gracias por su buena, aunque mal expresada voluntad... ¿Llamo ya a Rosa para que vaya por el coche?

—¡Todavía no, cabeza de hierro! ¡Todavía no!—respondió el Capitán, levantándose con aire muy reflexivo, como si estuviese buscando forma a un pensamiento abstruso y delicado.—Ocúrreseme otro medio de transacción, que será el último...; ¿entiende usted, señora aragonesa? ¡El último que este otro aragonés se permitirá indicarle!...—Mas, para ello, necesito que antes me responda usted con lealtad a una pregunta..., después de haberme alargado las muletas, a fin de marcharme[313] sin hablar más palabra, en el caso de que se niegue usted a lo que pienso proponerle...

Éste la atajó en mitad de su camino, gracias a la más larga de sus muletas

Éste la atajó en mitad de su camino, gracias a la más larga de sus muletas
Éste la atajó en mitad de su camino, gracias a la más larga de sus muletas

—Pregunte usted y proponga...—dijo Angustias, alargándole las muletas con indescriptible donaire.

Don Jorge se apoyó, o, mejor dicho, se irguió sobre ellas, y, clavando en la joven una mirada pesquisidora, rígida, imponente, la interrogó con voz de magistrado:

—¿Le gusto a usted? ¿Le parezco aceptable, presciendiendo de estos palitroques, que tiraré muy pronto? ¿Tenemos base sobre que tratar? ¿Se casaría usted conmigo inmediatamente, si yo me resolviera a pedirle su mano, bajo la anunciada condición, que diré luego?

Angustias conoció que se jugaba el todo[314] por el todo... Pero, aun así, púsose también de pie, y dijo con su nunca desmentido valor:

—Señor don Jorge: esa pregunta es una indignidad, y ningún caballero la hace a las que considera señoras. ¡Basta ya de ridiculeces!... ¡Rosa! ¡Rosa! El señor de Córdoba te llama...

Y, hablando así, la magnánima joven se encaminó hacia la puerta principal de la habitación, después de hacer una fría reverencia al endiablado Capitán.

Éste la atajó en mitad de su camino, gracias a la más larga de sus muletas, que extendió horizontalmente hasta la pared, como un gladiador que se va a fondo, y entonces exclamó con humildad inusitada:

—¡No se marche usted, por la memoria de aquella que nos ve desde el cielo! ¡Me resigno a que no conteste usted a mi pregunta, y paso a proponerle la transacción!... ¡Estará escrito que no se haga más que lo que usted quiera! Pero tú, Rosita, ¡márchate con cinco mil demonios, que ninguna falta nos haces[315] aquí!

Angustias que pugnaba por apartar la valla interpuesta a su paso, se detuvo al oír la sentida invocación del Capitán, y mirole fijamente a los ojos, sin volver hacia él más que la cabeza y con un indefinible aire de imperio, de seducción y de impasibilidad.—¡Nunca la había visto D. Jorge tan hermosa ni tan expresiva! ¡Entonces sí que parecía una reina!

—Angustias...—continuó diciendo, o más bien tartamudeando aquel héroe de cien combates, de quien tanto se prendó[316] la joven madrileña al verlo revolverse como un león entre cientos de balas.—¡Bajo una condición precisa, inmutable, cardinal, tengo el honor de pedirle su mano, para que nos casemos cuando usted diga; mañana..., hoy..., en cuanto arreglemos los papeles..., lo más pronto posible; pues yo no puedo vivir ya sin usted!...

La joven dulcificó su mirada, y comenzó a pagar a D. Jorge aquel verdadero heroísmo con una sonrisa tierna y deliciosa.

—¡Pero repito que es bajo una condición!...—se apresuró a añadir el pobre hombre, conociendo que la mirada y la sonrisa de Angustias empezaba a trastornarlo y derretirlo.

—¿Bajo qué condición?—preguntó la joven con hechicera calma, volviéndose del todo hacia él, y fascinándole con los torrentes de luz de sus negros ojos.

—¡Bajo la condición—balbuceó el catecúmeno—de que si tenemos hijos... los echaremos a la Inclusa! ¡Oh! ¡Lo que es en esto no cederé jamás! ¿Acepta usted?[317] ¡Dígame que sí, por María Santísima!

—Pues ¿no he de aceptar, señor Capitán Veneno?—respondió Angustias soltando la carcajada.—¡Usted mismo irá a echarlos!... ¿Qué digo?... ¡Iremos los dos juntos! ¡Y los echaremos sin besarlos ni nada! ¡Jorge!... ¿Crees tú que los echaremos?[318]

Tal dijo Angustias, mirando a D. Jorge de Córdoba con angelical arrobamiento.

El pobre Capitán se sintió morir de ventura;[319] un río de lágrimas brotó de sus ojos, y exclamó estrechando entre sus brazos a la gallarda huérfana:

—¡Conque estoy perdido!

—¡Completísimamente perdido, señor Capitán Veneno!—replicó Angustias.—Así, pues, vamos a almorzar; luego jugaremos al tute; y, a la tarde, cuando venga el Marqués, le preguntaremos si quiere ser padrino de nuestra boda, cosa que el buen señor está deseando, en mi concepto, desde la primera vez que nos vio juntos.

III

ETIAMSI OMNES[320]

Una mañana del mes de Mayo de 1852, es decir, cuatro años después de la escena que acabamos de reseñar, cierto amigo nuestro (el mismo que nos ha referido la presente historia) paró su caballo a la puerta de una antigua casa con honores de palacio, situada en la Carrera de San Francisco de la villa y corte; entregó las bridas al lacayo que lo acompañaba, y preguntó al levitón[321] animado que le salió al encuentro en el portal:

—¿Está en su oficina D. Jorge de Córdoba?

¡Arre, mula!

¡Arre, mula!
¡Arre, mula!

—El caballero—dijo en asturiano la interrogada pieza de paño—pregunta, a lo que imagino, por el excelentísimo señor Marqués de los Tomillares...

—¿Cómo así? ¿Mi querido Jorge es ya Marqués?—replicó el apeado jinete.—¿Murió al fin el bueno de don Álvaro? ¡No extrañe usted que lo ignorase, pues anoche llegué a Madrid, después de año y medio de ausencia!...

—El señor marqués don Álvaro—dijo solemnemente el servidor, quitándose[322] la galoneada tartera que llevaba por gorra—falleció hace ocho meses, dejando por único y universal heredero a su señor primo y antiguo Contador de esta casa, don Jorge de Córdoba, actual Marqués de los Tomillares...

—Pues bien: hágame usted el favor de avisar que le pasen recado de que aquí está su amigo T...

—Suba el caballero... En la biblioteca lo encontrará. Su Excelencia no gusta de que le anunciemos las visitas, sino de que dejemos entrar a todo el mundo como a Pedro[323] por su casa.

—Afortunadamente...—exclamó para sí el visitante, subiendo la escalera—yo me sé de memoria la casa, aunque no me llamo Pedro... ¡Conque en la biblioteca!..., ¿eh? ¡Quién había de decir que el Capitán Veneno[324] se metiese a sabio!

Recorrido que hubo aquella persona varias habitaciones, encontrando al paso a nuevos sirvientes que se limitaban a repetirle: El señor está en la biblioteca..., llegó al fin a la historiada puerta de tal aposento, la abrió de pronto, y quedó estupefacto al ver el grupo que se ofreció ante su vista.

En medio de la estancia hallábase un hombre puesto a cuatro pies sobre la alfombra: encima de él estaba montado un niño como de tres años, espoleándole con los talones, y otro niño como de año y medio, colocado delante de su despeinada cabeza, le tiraba de la corbata, como de un ronzal, diciéndole borrosamente:

—¡Arre, mula!

QUESTIONS FOR CONVERSATION

EXERCISE 1

I. i. Un poco de historia política

1. ¿Qué heridas son aquéllas?

2. ¿Cómo se leen los guarismos que están al principio?

3. ¿De quiénes habla primero nuestro autor?

4. ¿De cuántos reyes se trata en el primer párrafo?

I. ii. Nuestra heroína

5. ¿Dónde vivía la heroína?

6. ¿Qué familia o parentela parece que tenía?

7. ¿Quién tenía miedo?

8. ¿Qué dice el autor del miedo de la madre?

9. ¿Habla sin perjuicio en lo que hace a la criada?

10. ¿Qué quiere decir la frase: había salido en todo a su padre?

11. ¡Estudie usted las palabras viuda, soltera y guipuzcoana y fije la significación de cada una!

12. ¡Señáleme en la página algunas cosas festivas, por el estilo de los diarios!

13. ¿Qué puede usted contar del Preste Juan de las Indias? ¡Vaya de cuento!

14. ¿Cómo entender la frase: pagada de sí misma?

15. ¿Qué puede esperarse de una joven tan notable por su belleza?

EXERCISE 2

I. iii. Nuestro héroe

1. ¿Quiénes son los republicanos?

2. ¿A quién parece adicta la tropa?

3. ¿En este capítulo deja a salvo el autor a la pobre gallega?

4. ¿De dónde venían las balas que daban en la reja?

5. ¿Cuál de las tres mujeres sentía más terror?

6. ¿Cómo se llama el natural de Madrid? ¿de Galicia?

7. ¿Qué estaba haciendo la joven de vez en cuando?

8. ¿Al mismo tiempo, qué hacía la gallega?

9. ¿Cuáles eran los consejos y las órdenes de la madre?

10. ¿Por qué se escondieron las mujeres?

11. ¿Quién hace aquí el papel que hizo Rebecca en Ivanhoe?

12. ¿Dónde iba a parar la victoria?

13. Dígame cómo se vestía el que estaba a la cabeza de los soldados.

14. ¿Era más interesante el hombre o la causa?

15. ¿Qué aconteció mientras miraba la joven?

EXERCISE 3

I. iv. El pellejo propio y el ajeno

1. El capitán está sobre la cama de la viuda: ¿Cómo vino a estar allí?

2. ¿Sabemos ya los nombres de las cuatro personas?

3. ¿En qué estado se halla el herido?

4. ¿Cuántas son las heridas que tiene?

5. ¿Dónde dice la joven que vive el médico?

6. ¿Por qué no va la criada a llamarle?

7. ¡Dígame usted los argumentos de la madre!

8. ¿Qué piensa entre tanto la hija?

9. ¿Por qué no ha dejado de asomarse a la ventana?

10. Los tiros que se oían todavía, ¿de dónde venían?

11. ¿Cuál es más imperiosa, la señora o la hija?

12. ¿Nos estraña que vaya la joven? ¿Por qué?

13. ¿No puede desangrarse el capitán en la cama como en medio de la calle?

14. ¿Cedió al fin la madre rendida?

15. ¿Cómo podía decir la hija no iré y al mismo tiempo irse?

EXERCISE 4

I. v. Trabucazo

1. ¿Es verdad que no había ya peligro al atravesar la calle?

2. ¿Por qué lanzó un grito la pobre viuda al asomarse a la reja?

3. ¡Comente usted la frase no diéronle!

4. ¿Qué vieron la viuda y su criada desde la reja?

5. Alzádose que hubo la señora, ¿qué hizo?

6. ¿Dónde se encontraron madre e hija?

7. ¿Quién iba siguiendo a la señorita?

8. Hay varias palabras en el español para buhardilla: ¿sabe usted otra?

9. Tentando la ropa de Angustias, ¿qué halló Rosa?

10. ¿Cuál es la exclamación de la gallega al mirar con cuidado las faldas de la joven?

11. ¡Explíquenos usted la palabra ilesa!

12. ¿Dónde estaba el médico?

13. ¿Cómo iba de salud la madre?

14. ¿Da muestras Rosa de sentir lo que se ha hecho?

15. Y el capitán tan malparado, ¿qué está haciendo?

EXERCISE 5

I. vi. Diagnóstico y pronóstico

1. ¿Qué es una reputación envidiable?

2. ¿Qué tendría que hacer primero aquel doctor?

3. Por los indicios, ¿qué puede predecirse?

4. Ruptura, fractura, rotura: ¿Por qué se sirve un escritor de tantas palabras idénticas?

5. Hamlet dice: "No existe en toda Dinamarca un infame que no sea un gran malvado."[325] Es una perogrullada. ¿Por qué?

6. ¿Cómo llama el facultativo aquel sueño pesado que está padeciendo el capitán?

7. ¿Qué encuentra ser la causa del estado del malparado?

8. ¿Cómo explica el sitio de la lesión?

9. Por lo que hace al morir o no morir el herido, ¿qué dice el doctor Sánchez?

10. ¡Hágase una oración que contenga la forma moriría!

11. ¡Hágase otra con morirá!

12. ¿Qué recomendó con pesadez?

13. "A fuer de buen cristiano": ¿Qué quiere decir?

14. ¿A qué hora se fue a casa el doctor?

15. ¿Han venido vecinos para ver al enfermo, o quedó la familia a solas?

EXERCISE 6

I. viii. Inconvenientes de la "Guía de Forasteros"

1. ¿A qué hora abrió los ojos el capitán?

2. Entonces, ¿cuánto tiempo había durado el amodorramiento?

3. ¿En qué cosa fija la mirada al volver en sí?

4. ¿Qué barruntamos por las primeras palabras?

5. ¿Por qué se enoja la viuda, según parece?

6. ¿Qué señal hace la joven?

7. ¿Por qué no conversaron más?

8. ¿Qué hizo luego el capitán?

9. "Por su alma," dice la madre: ¿Por el alma de quién reza la buena mujer?

10. ¿Cómo manifiesta tener buena memoria el capitán?

11. ¿Por cuáles dichos podemos prever el carácter de Angustias?

12. El capitán la miró fijamente: ¿Qué supone usted por eso?

13. ¿Por qué dice, "Yo no deliro nunca"?

14. ¿Cómo se manifiesta que está muy débil el herido?

15. Al fin se alarmó la viuda, y ¿por qué?

EXERCISE 7

I. ix. Más inconvenientes de la "Guía de Forasteros"

1. ¿De qué hablan madre e hija?

2. ¿No las oye el capitán?

3. ¿Cómo sabemos de los recursos de la familia?

4. ¿Cuál categoría es aquella?

5. ¿Qué valen, al parecer, las joyas que tienen?

6. ¿Con cuánto tiempo de enfermedad cuenta la madre?

7. ¿Qué indicios nos permiten vislumbrar por primera vez las esperanzas de la viuda?

8. Al incorporarse el capitán, ¿cómo habla?

9. ¡Explíquese por qué la viuda se irrita!

10. ¿Qué dice la joven para sosegar la cólera de los dos?

11. ¿Piensa en sus heridas y las siente el capitán?

12. ¿A quiénes llama "pícaros"?

13. Después de diez horas de amodorramiento, ¿tendrá fuerzas todavía el desgraciado?

14. ¿De cuántos juramentos se sirve al hablar con la señora?

15. ¿Por qué no quiere quedarse en una casa ajena?

EXERCISE 8

I. x. El capitán se define a sí propio

1. ¿Cómo pretende mostrar el furioso que no tiene la cabeza débil?

2. ¿Habla mucho de sus heridas?

3. ¿Cree usted que la señora le perdonará nunca su rudeza?

4. Hablando de blandura, suavidades, zalamerías y melindres, ¿qué dice luego el capitán?

5. ¿Se podría llamarle amigo de paz al capitán?

6. ¿Con qué indicio nos da a entender su edad aproximadamente?

7. Ahora dice la señora "Jesús", y antes no perdonó el "diablos" del capitán: ¿Cómo así?

8. ¿Cómo explicar por qué se sonreía Angustias?

9. ¿Qué siente más el capitán?

10. ¿Qué dice que sentiría?

11. ¿Qué es lo incierto que cree?

12. ¿A quién amenaza?

13. ¿De qué manera vino el enfermo a saber lo de su entrada?

14. ¿Cuándo interrumpió la gallega?

15. ¿Por qué se amostazó el paciente otra vez?

EXERCISE 9

II. i. La segunda cura

1. ¿Cuál es la fecha del día siguiente?

2. ¿Se ha acabado la refriega de la calle?

3. ¿Cuánto tiempo duró la paz?

4. ¿Le conviene ya al herido la morada?

5. ¿Para qué viene el doctor hoy?

6. ¿Por qué se muestra callado el paciente?

7. ¿Ha dejado de "votar, referir y argüir"?

8. ¿Cómo debe contestar a los "buenos días" de las señoras?

9. ¿Quién es aquel primo de que habla?

10. ¡Dígame los nombres de las personas ya conocidas de esta historia!

11. Angustias habla de la portera: ¿Está hablando de Rosa?

12. ¿Para qué quiere el capitán que venga su primo?

13. ¿Qué hace la madre para dar a entender que no le gusta el enfermo? y ¿logra ella lo que pretende?

14. ¡Fórmense otros tres derivados por el estilo de bal-azo!

EXERCISE 10

II. ii. Iris de paz

1. ¡Describa usted al señor D. Álvaro de Córdoba: su cara, vestir, edad, modales!

2. ¿Qué es lo primero que hace D. Álvaro?

3. ¿Cómo debe de parecer ahora el capitán?

4. ¿Qué hubiera dicho primero cualquier otro al llegar a la alcoba?

5. ¿Qué hace el marqués antes de saludar al capitán?

6. De la persona más humilde como de la más alta se burla el autor: ¿Por qué?

7. ¿Quién le entera al personaje de los detalles?

8. ¿Quién le dio más informes?

9. ¿Cuál es su actitud en cuanto al pariente enfermo?

10. ¿Conseguirá lo apetecido D. Jorge, e irá a su casa?

11. ¿Qué dice el doctor Sánchez? ¿En qué insiste?

12. ¿Cómo se figura usted a D. Jorge entretanto?

13. ¿Habla Angustias con el marqués?

14. ¿Cree usted que la ha mirado fijamente?

15. ¿Qué esperanza tendrá D. Jorge?

EXERCISE 11

II. iii. Poder de la elocuencia

1. ¿Quiénes son los "señores" a los que habla su excelencia?

2. ¿No ve usted en los primeros renglones tres palabras largas muy semejantes al inglés? ¿Cuáles son?

3. ¡Háganse otras seis formas como acontecimiento!

4. Don Jorge interrumpe: ¿Por qué?

5. En el párrafo "A ti nunca" hay otro "señores": ¿Quiénes son éstos ahora?

6. ¿Supone usted que es costumbre arraigada del capitán el silbar el himno de Riego?

7. ¿Qué es lo bueno que halla Don Álvaro en lo ocurrido?

8. ¿Cómo entender la expresión de echar su cuarto a espadas?

9. ¿Qué índole admirable se manifiesta desde luego en el marqués?

10. ¿Qué dice sobre libros de caballerías?

11. ¿Qué muestras de aprecio y de urbanidad para con las mujeres da el noble señor?

12. ¿Cuánto tiempo hacía que conocía al médico?

13. ¿Qué razón había para que la cocinera se echase a llorar?

14. Ahora les dice el marqués "señores y señoras" a sus oyentes: ¿Por qué?

15. ¿Por qué habla el orador de "resabios de colegio"?

EXERCISE 12

II. iv. Preámbulos indispensables

1. ¿Quién se retiró primero?

2. ¿Ha merecido elogios a nuestro autor?

3. ¿Se había portado el doctor con arreglo a su profesión?

4. Y el senador elocuente, ¿qué quiere ahora?

5. ¿Por qué no habló delante de todos?

6. ¿A dónde le condujo la señora?

7. ¿Será por humorada que nos dice el autor en sendas butacas?

8. ¿Cómo se llama un hombre de sesenta años? ¡Fórmense otras dos palabras por el estilo!

9. ¿Qué pidió a la viuda antes de hacer otro discurso?

10. ¿Cuál era en realidad su propósito al pedirle agua?

11. ¿Qué títulos le interesan?

12. ¿Consiguió el marqués lo que deseaba?

13. ¿A la viuda le asistían razones para no decirlo?

14. ¿Cuándo comenzó ella a abanicarse?

15. ¿Qué hizo entonces el marqués?

EXERCISE 13

II. v. Historia del capitán

1. ¿De qué cosas hablará el marqués?

2. ¿Qué mala fortuna menciona?

3. ¿No le llama "demonio" al amado primo?

4. ¿Cómo dice que podrá uno aguantar al capitán?

5. ¿Qué quiere decir un quítame allá esas pajas?

6. ¿Qué dice del modo que se porta Don Jorge con el bello sexo?

7. ¡Explíquese la expresión como no sea!

8. De lo dañoso que es el capitán, ¿qué dice el marqués?

9. ¿Cómo nos inspira lástima la vida del capitán?

10. ¿Por qué es difícil vivir con Don Jorge?

11. Si lo desease, habitaría en mi casa: ¡Hágase otra oración de la misma forma!

12. ¿Qué nos dice en cuanto a la madre de Jorge?

13. ¿Cómo murió el hermano del marqués?

14. ¿Se ha matado antes o después de morirse la esposa?

15. ¿A qué edad le apuntó el bozo?

EXERCISE 14

II. vi. La viuda del cabecilla

1. ¿Cómo cambia el discurso ahora?

2. ¿Quién sigue hablando?

3. ¿Por qué se llama millonario el marqués?

4. ¿Qué toma ella por deber cristiano?

5. ¿Cómo murió su marido?

6. ¿Cuántas veces fue socorrido su marido?

7. Tocante a la venganza divina, ¿qué cree la señora?

8. ¿Qué dice ella que hará sin pedir permiso a nadie?

9. ¿Qué significa quiera o no quiera?

10. ¡Repítase el cuento del náufrago!

11. ¿Le conviene al marqués la devoción de la viuda?

12. ¿Se barrunta otro matrimonio aquí?

13. ¿Quién habla de "miles de millones"?

14. ¿Quién llora ahora? ¿Por qué?

15. ¿Qué palabra nos puede ofender en el último párrafo?

EXERCISE 15

II. vii. Los pretendientes de Angustias

1. Explíquese lo que significa la palabra pretendiente.

2. ¿Se puede llamar así a una mujer también?

3. ¿Qué noticias le trae a Jorge el señor marqués después de la audiencia particular?

4. ¿No parece que el marqués teme que su primo enfermo se conduzca mal?

5. ¿Agradece Don Jorge el arreglo que se ha hecho?

6. ¿Cuándo piensa volver por allí el primo?

7. ¿Qué ofrece hacer traer para Jorge?

8. ¿Para qué quiere el herido algodón y gafas ahumadas?

9. Todos se ríen menos el capitán y tal vez Rosa: ¿Por qué?

10. ¿Cómo se despidió el potentado?

11. ¿Le ha gustado el marqués a Rosa?

12. ¿Qué amenaza hace Don Jorge?

13. ¿Qué mala partida es aquella que dice?

14. ¿Parece Angustias tenerle miedo al hombre furioso?

15. ¿Qué sensación hizo en las tres mujeres la frase de enamorarse de mí?

EXERCISE 16

III. i. Escaramuzas

1. Al cabo de quince o veinte días, ¿cuánto había adelantado la curación?

2. ¿Cómo se puede ver que el capitán y el doctor son buenos amigos?

3. ¿Son cosas para caballeros distinguidos los toros y las riñas de gallos?

4. ¿Qué pendencias había entre la señora y su huésped?

5. ¿Cómo pica a Doña Teresa?

6. ¿Por qué le niega que tenga hechura la concesión?

7. ¿Cómo la hacía llorar y reír a un mismo tiempo?

8. ¿Eran privilegio exclusivo en favor de la madre las amabilidades del capitán?

9. ¿Cómo se conoce que era tal cosa?

10. ¿Cree usted que odiaba de veras a la hermosa joven?

11. ¿Cuándo repara en la falta de ella?

12. ¿Por qué se las echa de recio Don Jorge cuando habla a la criada?

13. ¿No tiene el aspecto de un hombre que se ha dado a vicios y malas costumbres?

14. ¿Por qué dice dígame a la madre, y dile a la moza?

15. ¿A qué hora tomaba el chocolate?

EXERCISE 17

III. ii. Se plantea la cuestión

1. ¿Qué tiempo hacía aquel día?

2. ¿Por qué se enojó el capitán?

3. ¿Qué dice que haría si fuese ella hombre?

4. ¿Qué respuesta le da ella?

5. ¿Cuál de los dos domina al otro según dice Don Jorge?

6. ¿Cómo pone a todas las mujeres?

7. ¿Habla el héroe en son de amenaza o de broma?

8. ¿Lo toma Angustias en buena parte?

9. ¿Cómo viene el capitán a hablar de Sansón?

10. ¿A qué clase de mujer teme más el capitán?

11. ¿Qué es una tirana?

12. ¿Hemos visto llorar a la joven? Dice no ser llorona.

13. ¡Explíquese la palabra cocodrilo!

14. Si nos remontamos a la primera formación, ¿dónde está la r de cocodrilo?

15. ¿Cree usted que es de veras hombre tremendo Don Jorge?

EXERCISE 18

III. iv. Mirada retrospectiva

1. ¿Cómo ha cambiado el herido en un mes?

2. ¡Díganos cómo va acostumbrándose a las mujeres!

3. ¿Cómo trataba a la señora de Barbastro?

4. El capitán y la joven también se ponen tristes o serios; ¿Por qué?

5. ¿Qué mote de ella parece haberle ofendido?

6. ¿Quién tiene la culpa si son enemigos?

7. ¿Qué disparates o despropósitos ha habido?

8. ¿Por qué le parece ella tener algo?

9. ¿Está cansado de verla?

10. ¿Qué quiere decir echarla de batalladora?

11. ¿Por qué prefirió él jugar al tute a hacer solitarios?

12. ¿Cuántos naipes hay en una baraja? ¿en un palo?

13. ¿Cuándo dice él "sea franca"?

14. ¿Quién parece vencedor en esta contienda?

15. ¿Puede conocerse que Don Jorge va cambiando de modales?

EXERCISE 19

III. v. Peripecia

1. ¿Qué fin había de tener el jubiloso día en que el capitán se levantó?

2. ¿Cómo entender la palabra anocheciendo?

3. ¡Díganos usted dónde han ido las diferentes personas!

4. Acostado el capitán, ¿qué se oyó?

5. ¿Qué hora era?

6. ¿Quién había llegado?

7. ¿Lo esperaban?

8. Sin oír mucho, ¿qué conjeturas forma el capitán?

9. Al volver Angustias y Rosa, ¿dónde hallan a la señora?

10. Al pronto, ¿qué imagina la hija que haya acontecido?

11. ¿Cómo la apacigua la madre cuando aquélla hace estallar su enojo sobre el capitán?

12. ¿Sabe él a qué debe la injusta sospecha?

13. ¿Qué dice el médico que es la raíz del mal?

14. ¿En qué fecha piensa Don Jorge?

15. ¿Dónde parece estar la culpa del mal?

EXERCISE 20

III. vi. Catástrofe

1. ¿Dónde pusieron la cama de la viuda?

2. ¿Hay siempre necesidad de que alguien asista o vele de noche a Don Jorge?

3. ¿Aguardan, a lo que parece, una enfermedad larga?

4. ¿Cómo pasó la enferma aquella noche?

5. ¿Al siguiente día cómo encontró el doctor a la nueva paciente?

6. ¿A quién tocó velar primero?

7. La segunda noche, ¿qué hizo Angustias después de las dos?

8. ¿Cómo duermen el capitán, Rosa y la viuda?

9. A eso de las tres y media de la noche, ¿qué notó el capitán?

10. ¿Qué dice la viuda al llamar al capitán?

11. ¿Qué dice ella de "hablar a solas"?

12. Hace dos días que él se levantó: ¿Cómo se explica que Rosa tenga ahora que traerlo en el sillón de ruedas?

13. ¿En la frase no despierte Angustias, cómo puede verse que el verbo es intransitivo?

14. ¿Cuánto tiempo espera vivir la señora?

15. Inquietud, terror y miedo tiene el capitán, y ¿de qué?

EXERCISE 21

IV. i. De cómo el capitán llegó a hablar solo

1. ¿Cuánto tiempo ha transcurrido después del entierro?

2. ¿Cómo se llama la casa donde ha muerto recientemente alguna persona?

3. ¡Explíquese desiguales muletas!

4. ¡Explíquese Nada, nada!

5. ¿En qué está reflexionando?

6. ¿Qué cosa lo inquieta y perturba?

7. ¿Ha cambiado de modales según lo que se ve?

8. ¿Por qué dice "pícaras mujeres"?

9. ¿Qué quiere decir con "los años mil"?

10. ¿Qué dice del tute?

11. ¿Qué podemos entrever de su hablar tocante a los gastos de la casa?

12. ¿A qué hora almuerzan?

13. ¿Cómo dice que está en la mesa la señorita?

14. ¿Cómo la está engañando?

15. ¿Por qué no le dice a ella la verdad?

EXERCISE 22

IV. ii. Batalla campal

1. ¿Cómo empieza Angustias a hablar del asunto?

2. ¿Qué batalla vislumbra usted?

3. ¿Qué es lo que dice ella que no le ha faltado nunca?

4. ¿Se trata ahora de la muerte de su madre?

5. ¿Sigue Don Jorge interrumpiendo lo mismo que antes? ¿Cuántas veces en una página?

6. ¿Qué repite ella que le quita a él su sosiego?

7. ¿Cuándo había dicho "hija mía"?

8. ¿Qué mentira aparece ahora?

9. ¡Explíquese lo de la lápida!

10. ¿Teme él un cambio en su destino?

11. ¿Están luchando ya a quién vencería a quién?

12. ¿En cuántos duros había la madre vendido la gargantilla?

13. ¿Qué es lo que Angustias sabe y que Jorge ignora todavía?

14. ¿Por qué está echándola de furioso el capitán?

15. ¿De quién era la carta que tenía Angustias?

EXERCISE 23

IV. ii. Batalla campal (after the letter of Jacinto)

1. Leída la carta del asesor, ¿quién habla primero?

2. ¿Por qué se ha puesto más furioso?

3. ¿A quién amenaza?

4. ¿Qué quiere que Rosa le haga?

5. Cuando vino Rosa, ¿qué le dijo Angustias?

6. ¿Qué hace Angustias para probar que no le contestará?

7. ¿Cuál es la culpa que se le imputa al capitán?

8. Ahora que no va a salir, ¿cómo pretende despistar a la joven?

9. ¿Qué exclamó Angustias con enojo cuando el capitán estaba hablando por hablar?

10. Cuando ella insistió y le suplicó que prestase atención, y habló de comprometerse, ¿qué dijo él?

11. Ella quería que él se sentase, y se lo pidió, pero, ¿qué hizo?

12. ¿Qué era aquella amenaza que le hizo detenerse?

13. ¿Qué será lo poco que tenga que decirle?

14. Como ella habla de abonarle lo gastado, ¿qué rompe él a decir?

15. El texto dice desde ahora mismo: ¿por qué no dice desde ahora misma?

EXERCISE 24

IV. ii. Batalla campal (from ¡Hable usted...!)

1. ¿Qué desea con ansia la señorita?

2. ¿Es que se muere de amor por cualquiera?

3. ¿Cómo quiere ella arreglar el asunto?

4. ¿Cuándo la interrumpe Don Jorge?

5. ¿Qué dice ella que hará en seguida?

6. ¿Cómo quería Jorge calmar el intento de ella?

7. ¿Por qué se enoja Don Jorge tanto?

8. ¿A quién ha pedido algún dinero prestado?

9. ¿Por qué no presta Don Álvaro dinero a la joven?

10. ¿Qué dice ella de "trabajar"?

11. ¿Cómo le parece tal cosa al capitán?

12. ¿Cuándo bajó ella los ojos?

13. ¿Ha dejado ella de rogarle que se marche?

14. ¿Cómo corresponde su deseo de ahora de quedarse, a su entrada en la casa, hace varias semanas?

15. ¿Qué es el plan que tiene para que puedan vivir juntos en la casa?

EXERCISE 25

IV. ii. Batalla campal (from Y yo prefiero)

1. ¿Qué significa el que uno repite las palabras de otro, verbi gratia, como aquí "prefiero"?

2. ¿Por qué le importaba mucho a ella "el que dirán"?

3. ¿Parece ella resolverse a hacer lo que manda él?

4. ¿Qué dice Angustias de "vivir a expensas de otro"?

5. ¿Cuándo había dicho el capitán que no quería casarse nunca con nadie?

6. ¿Por qué se ruborizó el taimado?

7. ¿Cree usted que Don Jorge tenga un inquebrantable propósito?

8. ¿Bastará que diga "Casémonos"?

9. ¿Se sirven los dos de las palabras de rigor entre amantes?

10. El capitán bramó y tronó: ¿Ha cambiado de modo de tratar?

11. ¿Por qué le llama el autor discípulo de Marte?

12. Le habla de usted y la llama Angustias sin Señorita: ¡Explíquese eso!

13. ¿Qué opinión tiene el capitán de la idea de que Angustias trabaje?

14. ¿Qué transacción sugiere?

15. ¿Quién dice "Digámonos adiós"?

16. Compárense las tres mujeres de nuestra historia.

17. Compárense los tres hombres.

EXERCISES FOR TRANSLATION INTO SPANISH

EXERCISE 1

I. i. Un poco de historia política

1. In the afternoon there were shouts and shots in the streets of Madrid.

2. Peasants were dying, and crying: "Hurrah for the Republic!" but the soldiers cried: "Hurrah for Doña Isabel and Narváez!"

3. That occasion gave rise to a pleasing story without any politics.

4. Let us speak of some events and things little known.

I. ii. Nuestra heroína

5. The house had two stories and, perhaps, four families.

6. On the left hand lived a widow with her daughter and a servant.

7. We shall not see the other men and women who live in the same house.

8. These three women are different.

9. The widow was the oldest and the daughter was the prettiest.

10. The servant was not of a type to please our author, who adored kings, and hated the poor and all the Jews.

EXERCISE 2

I. iii. Nuestro héroe

1. The three women were afraid, for bullets were striking the iron bars at the windows; so they hid.

2. But the curiosity of the daughter made her run to the window.

3. The servant feared for her mistress, and for the empty water jar and the bread.

4. The windows to the street were not open.

5. The troops advance and the insurgents fall back.

6. The leader of the insurgents is forty years old, energetic and handsome.

7. He seems to be half officer and half hunter.

8. I mean his clothes were both civil and military.

9. While Angustias was looking this strong, fine soldier was struck and fell.

10. That satisfied the rebels and they ran away.

EXERCISE 3

I. iv. El pellejo propio y el ajeno

1. The wounded man didn't die though he was struck twice, in the forehead and in the leg.

2. His leg was broken and he was losing blood.

3. The women see that the unfortunate fellow needs a doctor, for they can't do anything for him.

4. Who shall call him?

5. Dr. Sánchez lives near. Rosa ought to get him.

6. But shots sound again and Rosa doesn't like to run the risk.

7. She hears shots and says: "I don't want to get shot."

8. The mother does not want her daughter to go.

9. The daughter sees they are letting the captain die.

10. The daughter cries: "If I do not go, no one will go."

EXERCISE 4

I. v. Trabucazo

1. Rosa watched Angustias from the window.

2. Angustias stops, feels her dress, then enters the doctor's house.

3. The pale mother struggles, rises, and runs to meet her daughter, whom the doctor follows.

4. She embraces her and kisses her and enters the house.

5. Nobody found out then that Angustias's dress was pierced by a bullet, shot from the garret.

6. The servant will notice it first.

7. She exclaims: "A bullet did hit you and made holes in your skirt!"

8 The girl convinces her frightened mother that she is not hurt.

9. But we know the poor mother will never have a well day again.

10. The doctor had hastened to the bed and had seen the wounds made by the bullets.

EXERCISE 5

I. vii. Expectación

1. The poor woman continues at the sick man's bedside.

2. She feels ill herself, for she doesn't sit down nor heed the requests of her daughter.

3. The daughter stays and fixes her gaze on the warrior.

4. They anxiously wait for him to awake from his lethargy.

5. They sat and slept and snored too.

6. The other two watch and wait; they notice the shirt, watch, and stockings of the captain.

7. The mother makes out that he is a nobleman and a Christian.

8. His letters would give his name and address if she would take them from his pockets.

9. I hope he will soon come to, and live.

10. If he lives, he can tell them himself his name and address.

EXERCISE 6

I. viii. Inconvenientes de la "Guía de Forasteros"

1. The clock strikes three and the patient opens his eyes.

2. He doesn't know where he is.

3. He rests his gaze on one, then the other.

4. The girl lifts her finger for him to keep still.

5. He begins by swearing: "Where the deuce am I?" he says.

6. The widow doesn't like his words.

7. Then his eyes droop, he breathes better, and sleeps again quietly.

8. But he doesn't sleep really and interrupts them as they talk low about him.

9. The daughter smiles and says he is delirious; but the mother speaks quickly and tells who she is.

10. Talking tires him; he begins to sleep and snore, and doesn't answer when Angustias asks him a question.

EXERCISE 7

I. x. El capitán se define a sí propio

1. He said he regretted that she talked to him with so much pity.

2. He warned them not to take such good care of him, for he would rather be shot than pitied.

3. Sick people ought to try to appreciate favors, if they cannot pay for them.

4. The captain said he was fierce and unendurable, and did not want to be pacific and sweetish.

5. "Now you two go to bed and arrange for me to go to the hospital tomorrow," he exclaims.

6. "Don't make fun of me! If you were sorry you would not smile."

7. The young girl seems well bred and continues to smile.

8. "Don't accuse us of wanting to get rid of you!"

9. If Rosa could, she would gladly carry him out of the house.

10. Rosa says: "My, but you are heavy as small as you are."

EXERCISE 8

II. i. La segunda cura

1. The next day the good doctor came again.

2. He told them there was no more rioting in the streets.

3. The captain took a notion to be silent that morning.

4. He uses an oath still when talking to the ladies.

5. They have sent for the captain's cousin.

6. The countess takes offense again at some of his remarks.

7. But the young lady answers serenely.

8. The mother does not speak to him, but makes bandages and asks how the patient is.

9. The doctor had no fear of brain fever and saw no symptom of it.

10. But as for the leg, there was still danger, and need of remaining perfectly quiet.

EXERCISE 9

II. ii. Iris de paz

1. The distinguished cousin came, and he was as pacific and amiable as the doctor.

2. He was a man along about sixty, well dressed, and nice in his politeness.

3. They didn't introduce him formally to Rosa, but he bowed to her.

4. Then he looked half severely, half kindly at the sick man without chiding him.

5. All the women, but especially Rosa, informed the newcomer of the events of the street and in the house.

6. "Don Jorge doesn't want to let us care for him, though we pity him and want to save his life."

7. The cousin did not ask the Gallega nor the captain about the wounds, but the doctor.

8. Miss Angustias let her mother and Rosa talk and tell the rich cousin about the sickness.

9. Don Jorge wants to be taken home; but all the others insist on his staying where he is.

10. Mr. Álvaro turns and asks Angustias to add something.

EXERCISE 10

II. iii. Poder de la elocuencia

1. The senator said: "My friends, I forego the political considerations, and do not complain at all."

2. But the captain's head and leg ached and he complained when it was his turn to speak.

3. Let us be content with the account of the widow and Rosa.

4. He despises the Riego hymn, but begins to whistle it, just as Bismarck whistled the hallali to Thiers.

5. "My cousin is off duty, but he is taking a hand," continues the illustrious kinsman.

6. If any worse misfortune befalls him, he will not be able again to find such friends.

7. Heroism, surgery, zeal, and skill have begun to put the patient on the way to health.

8. He will know better next time.

9. I suppose it is dangerous to move a man who has two bad wounds.

10. I mean that George shall refrain from his pranks, and not disturb this peaceful dwelling.

EXERCISE 11

II. v. Historia del capitán

1. The old marquis loved his kinsman out of pity.

2. Jorge was no angel, nor a demon either, and his cousin stood him.

3. The people he met with in the cafés gave him the nickname "Veneno".

4. The marquis informed the widow that he was modest and shy with young ladies.

5. He said his kinsman did not harm anybody, but nobody could get along with him.

6. He was single, had been in Cuba as a boy, and his father was dead.

7. If he wishes to live with his cousin, he can; for the house is roomy and too big.

8. If he had wished to be with his cousin, very evidently he could have lived there.

9. He had been raised in America till his beard started.

10. He quarrels with his officers, and doesn't like anything but war.

EXERCISE 12

II. vi. La viuda del cabecilla

1. We shall have to talk about money and certain minor matters.

2. You are going to have in your house a person you never heard of.

3. I have just told you he will not be able to leave for many days.

4. You ladies are not rich; he and I are.

5. If you were rich and we were poor, it would not then be your duty to defend Jorge.

6. My husband bled to death where he fell, for nobody succored him.

7. I shall not accept any reimbursement.

8. We shall find that she will not accept any money nor presents.

9. Whether she accepts or doesn't accept money, she will help the wounded man.

10. So the millionaire could not deprive the widow of the honor which heaven had brought her.

EXERCISE 13

II. vii. Los pretendientes de Angustias

1. The marquis will take his leave, and consent to George's staying at the widow's.

2. George is under obligation to treat the women well; but his cousin knows him and fears he may not do so.

3. With her leave, the marquis will come back, or have George's linen brought.

4. He left, came back, and had things brought for the sick man. That was the most he could do.

5. George told him what he wanted and they brought it to him.

6. How long has the rich cousin known and associated with the widow?

7. Why does the servant say: "A good man," after the marquis leaves?

8. Do you suppose George will fall in love with Augustias?

9. Tell me why you are laughing.

10. Angustias being beautiful had many admirers; and being a woman she treated them all affably.

EXERCISE 14

III. i. Escaramuzas

1. The soldier will have a scar after he is able to go on to the street.

2. He will take the doctor to the bullfights and cock fights.

3. Doña Teresa will finally take a liking to him and he to her.

4. He will invite her to sit down, and will tell her he has heard of Barbastro.

5. He knows she was born in Aragon, so he sings some jingles of Aragon and she laughs and cries.

6. "Come here, daughter; don't look so cross!"

7. He will not succeed in getting me out of temper.

8. She disputes with him and sees him vexed and taking the joke too seriously.

9. When she wakes up will she get up and bring me my chocolate?

10. Madam, listen! Tell your daughter to bring me my chocolate before eight.

EXERCISE 15

III. ii. Se plantea la cuestión

1. Open the window, for it is a fine day.

2. If she contradicts him, he will go crazy.

3. If he would laugh, she would laugh.

4. If she had contradicted him, he would have gone crazy.

5. If she hears him, she doesn't get mad.

6. He could not scorn her when she was his good friend.

7. If she had not been his friend, she would have laughed at him.

8. He will not propose that they fight a mortal combat.

9. She dominates over him, exasperates him, laughs at him, and yet becomes his best friend.

10. He talks to her of serpents, crocodiles, tigers, and frauds.

EXERCISE 16

III. iii. La convalecencia

1. It was worth seeing how our hero moved about as the days passed.

2. The doctor gave orders that George should leave his bed; but not move his bad leg.

3. The nurses do not fail the doctors.

4. They have a big chair made for the sick man.

5. They have a better understanding with him now.

6. They ought to have had it much sooner.

7. That chair was quite a masterpiece with its adjustable parts.

8. He sends them fancy boxes of candy so they can celebrate the day.

9. In spite of the widow's being worse, they all pass a merry day.

10. Let us eat and drink and spend a happy day.

EXERCISE 17

III. iv. Mirada retrospectiva

1. It is evident the captain has changed somewhat in his manners.

2. He has won indeed the confidence of the countess.

3. He appreciates it of her, and is glad to cause her less dread of himself.

4. He talks to Angustias still as though talking to soldiers.

5. His eyes follow her and rest on her and inquire what her sadness is about.

6. He says to her: "Don't serve me in silence and be so sad!"

7. He asked her mother what ailed her daughter.

8. She quits her smiling and gets angry.

9. I guess you are mad and I know why.

10. If she flees, he repents and asks what she wants.

EXERCISE 18

III. vi. Catástrofe

1. The poor widow gets sick as the captain gets well.

2. They put the widow's bedroom opposite his.

3. They see each other and can talk and Rosa can watch with both at night.

4. They did put the sick people so they could see each other.

5. Doña Teresa dozed and calmed down the next day.

6. If Angustias should not stay, something would happen.

7. The girl bids her mother to yield to the orders of the doctor.

8. It must be two o'clock and Angustias has retired; the servant is sitting up (watching) but snoring.

9. George does not sleep, but hears the widow breathe hard and call him.

10. Angustias did not wake up till after the mother had talked with the captain and was already dead.

EXERCISE 19

IV. i. De cómo el capitán llegó a hablar solo

1. Fifteen days more have passed and the convalescent is able to get about rapidly.

2. He could have gone home, but he stayed.

3. He sees he can't wish to do what he ought to do.

4. My father imagined it all when I was born; and killed himself.

5. After all these years I come and fall into the hands of these women.

6. The old marquis had called George silly and now George calls him silly.

7. If she doesn't come, we shall no longer talk and laugh while we eat and drink.

8. She did not know what her mother told him.

9. I am deceiving her for I have no money in my purse.

10. She will not go on thus when she knows.

EXERCISE 20

IV. ii. Batalla campal

1. "Let us be superior to our fears," said she.

2. I do not lack courage and can live in peace.

3. He would not let her proceed without interrupting her.

4. Think of your mother and pray God for her.

5. Be calm now; let us settle up our accounts.

6. Angustias knows something that the captain doesn't suppose she does know.

7. She has received a letter and will show it to him now.

8. He begs her to allow him to pay for the tombstone.

9. If he deceived her, she would know it afterwards anyway.

10. Tell me what the letter says, or show it to me; but don't imagine I am deceiving you!

Notes in this chapter

Note 1 · ¡Hombre! Why man alive! As we say Yes, sir, for emphasis, so Spanish uses señor and hombre, at times, to a woman, a child, even to a dog.Note 2 · me ha = ella me ha: he in four other editions is an error.Note 3 · cumplido bien, fulfilled well: cumplir omits con usually when it means hacer. Cf. note 113, 8.Note 4 · lo, that matter [of the gravestone].Note 5 · ¿Cómo que no? = ¿Cómo puede usted decir que no? How can you say she did not?Note 6 · ¡Estas chiquillas...! You little girls: as though third person like ustedes.Note 7 · echándola: echar in one of its many uses: acting as though [very furious].Note 8 · el que = el hecho que, the fact that: this el makes the whole clause into a substantive (subject or object), and seems like a neuter in its Note 9 · Q. S. G. H. = Que santa gloria haya, May she rest in peace; haya here keeps its old independent force: may she have.Note 10 · Superioridad: begins with small s in 10th edition.Note 11 · Dicho esto, This said: the usual order for the absolute construction.Note 12 · satisfacerlos: this verb preserves the old form of hacer.Note 13 · apresuramiento, haste: long words in Spanish are often very transparent: here the stem is pres; -amiento (-imiento with -er and -ir verbs) iNote 14 · ¡Habrá judío! Can there be any Jew (so base)! Alarcón was always ready to cast a slur at the Jew. So in his story of El Afrancesado: ¡Por juNote 15 · ¡A ver! = vamos a ver, Let's see. Often 'Let me see, show me.'Note 16 · como yo: yo as usual, not mí. Reminds one of Shakespeare, "not gone to tell my lord that I kiss aught but he", Cymbeline II, 3.Note 17 · zorro viejo, old fox: good naturedly, and not as Jesus called Herod an old fox.Note 18 · tirando al florete, flourishing [his cane] like a sword; cf. a la oriental, oriental fashion; [hablaba] a lo general antiguo; como Napoleón Note 19 · hace quince días que sostiene usted, for fifteen days you have been supporting. Present as usual after hacer... que, to correspond to our prNote 20 · culebrinas, cannon: not especially good to swear with, except that it begins with a k sound like Cristo. Cf. canastos, caminos, canales, etcNote 21 · ¡Se acabó la conferencia! The interview is over: se acabó is often heard (e.g. at the end of a play): It is all over, it's all gone, etc. ThNote 22 · ¡Que valen cuatro cuartos! And they are worth about two cents! This is his gruff way. The house is really well furnished.Note 23 · ¡Valgan lo que valieren! valga in the 10th edition, and some others. Both forms should be plural. Alarcón's penmanship was not the best, andNote 24 · no faltaba más, estando yo en el mundo = no faltaría más.Note 25 · supo: translate heard or learned, as often in letters.Note 26 · maravedises = maravedíes = maravedís: three plurals of maravedí.Note 27 · aunque tenga más orgullo que D. Rodrigo en la horca. Other variants of this proverbial saying are: tener más vanidad q. D. R. en la horca; tNote 28 · ¡Caminos, canales y puertos! He repeats her word as people do in quarrels, and adds any word, with sense or without, that comes to his mind.Note 29 · o un demonio: see preceding note.Note 30 · ¡Dale que dale! Keep it up! Keep it up! or Go for him! or our colloquial Hit him again (he has no friends), referring of course to the subjeNote 31 · nadie creería que estaba (or fuese): creer, ver, saber, decir may keep the indicative after a negative. Usage varies.Note 32 · prefiero: again the captain repeats her word. Cf. note 128, 4.Note 33 · ésta es la vida, such is life, not this is the life; similarly some soldiers translate C'est la guerre, It is the war, instead of It is war.Note 34 · nada santo, not at all saintly; not nothing holy.Note 35 · a sabiendas, fully aware: feminine form like de veras, a solas, a una, las de Caín.Note 36 · su blanca mano, your white hand: color adjectives follow their nouns, but any adjective used in a (real or pretended) complimentary way may Note 37 · inquebrantable, unalterable [purpose]; but there is no such thing for him. It is a contest between the wind and the sun.Note 38 · ni: in questions and exclamations and after negatives, or even implied negatives, as in this case, ni = or as well as nor. Cf. Lazarillo de Note 39 · lo que me digo: not what I say to myself, but what I am saying. The me is ethical like Shakespeare's He plucked me ope his doublet.Note 40 · hermanos: translate, brother and sister. Cf. note, 50, 5.Note 41 · me bañaré en agua de rosas, I shall be bathing in rosewater, i.e. 'and I shall not care a snap of my fingers about it', which of course he dNote 42 · ¡Por algo...! For some cause, with good reason.Note 43 · Ni, Or again, as usual in questions.Note 44 · rorro: nurse's word for baby, from ro ro repeated like English la la to soothe the little ones, "para arrullar a los niños", Diccionario de Note 45 · Jesucristo: another oath. Note the shortened form Jesu.Note 46 · dando calabazas: each nation has a humorous term for refusing an offer of marriage. Ours is "to give the mitten". Spanish here says give gouNote 47 · a fin de marcharme: careless rhetoric for a fin de que me marche.Note 48 · que se jugaba el todo por el todo, that it was win all or lose all, that all was at stake: a phrase often used by Alarcón.Note 49 · ninguna falta nos haces, we don't need you at all. Cf. ¿Qué falta te hace el dinero? How much do you need money?Note 50 · se prendó = had been struck: preterit with sense of pluperfect, as often.Note 51 · ¿Acepta usted?... (144, 1) Pues ¿no he de aceptar? haber de with an infinitive occurs often thus after a present or future tense of the sameNote 52 · ¡Jorge!... ¿Crees tú...? note the bare name for the first time from her, and the "thou" form.Note 53 · se sintió morir de ventura: reminds us of Gil y Zarate's Guzmán el Bueno I, 4: me siento fallecer de ventura, when doña Sol admits she lovesNote 54 · Etiamsi Omnes: this Latin, literally, "though all (should)", seems to be for etiam sic omnes, 'even so all', or, freely, it is ever thus, orNote 55 · levitón: as Alarcón called woman faldas, petticoats, so he calls this servant in livery a swallow-tail and a piece of broadcloth.Note 56 · quitándose: that is at mention of the dead.Note 57 · Pedro, etc.: say like Jack in his own house. Cf. Diario I, 273, para andar por este país como Pedro por su casa. Pedro is used in several coNote 58 · El capitán has done everything he swore he would never do, and the children are in no danger of the Inclusa.Note 59 · There isn't in all Denmark an infamous man who isn't a great villain.—Hamlet I. 13.
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