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Antología de prosistas castellanos

ALFONSO EL SABIO (1220-1284) Y SUS CONTINUADORES

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Mientras la poesía castellana venía cultivándose desde el siglo XII, y había producido, ya hacía mucho, una obra maestra como el Poema del Cid, la prosa tan sólo empezó a tener un cultivo literario en el reinado de San Fernando († 1253), y no produjo obras verdaderamente notables sino en la corte de su hijo Alfonso X. La poesía aparece con un carácter popular o nacional, y se enlaza desde su comienzo con la poesía de otros idiomas románicos, con la francesa, con la gallega y la provenzal principalmente. La prosa aparece con un carácter más erudito, ejercitándose en obras científicas o didácticas, copiadas o inspiradas en las literaturas más sabias de entonces: la latina, la árabe y la hebrea. En este primer período de su desarrollo, la prosa se ejercita principalmente en traducir las materias que hasta entonces se expresaban sólo en las lenguas doctas de la época; en las traducciones se procuraba una fidelidad más literal que literaria, y en todo caso los varios estilos de los autores traducidos se sobreponían al estilo del adaptador castellano.

Mucho de esto se ve en varias de las grandes obras emprendidas por Alfonso el Sabio, y muy particularmente en la Crónica general de España, que empezó a componerse en su reinado, hacia el año 1270, y en la cual se seguía trabajando durante el reinado de su hijo Sancho IV, en 1289. El estilo de la Crónica ofrece sus sencillos encantos, precisamente a causa de la gran variedad que reviste, según traduce las apasionadas Heroidas de Ovidio, los elocuentes y sentenciosos exámetros de la Farsalia de Lucano, el bullicio anecdótico de Los Césares de Suetonio, la penetrante y cruda minuciosidad de los historiadores árabes, el simbolismo retórico de los poetas musulmanes, los heroicos versos de los juglares castellanos, el bíblico lirismo de San Isidoro o la honda emoción personal del arzobispo don Rodrigo, que a jirones rasgan la dura sequedad de las crónicas medievales.

Así, la prosa de la Crónica tiene el gran atractivo de ser un reflejo multicolor de las más elevadas corrientes de arte que se dejaban sentir en las diversas generaciones que convivieron y se sucedieron en la corte castellana, durante los dos reinados de Alfonso X y de Sancho IV.

Mas a pesar de esta múltiple influencia de los textos traducidos, la Crónica General ofrece una marcada originalidad, lo mismo como compilación histórica representativa de la más vasta cultura de la época, que como obra literaria en que el lenguaje está sometido a una elaboración artística. De diversos testimonios consta que, aunque Alfonso el Sabio no escribía enteramente por sí las obras que llevan su nombre, él dirigía a los redactores a quienes se las encomendaba y corregía lo que éstos hacían, cuidando muy especialmente de que los idiomas doctos, de donde se tomaban las materias diversas, no estropeasen la pureza del castellano, y de que la lengua, en general, fuese elegante. En el prólogo del Libro de la Esfera se dice que el rey «tolló las razones que entendió eran sovejanas et dobladas et que non eran en castellano drecho, et puso las otras que entendió que complían; et quanto al lenguaje endreçólo él por sise»[1].

El vocabulario y la construcción son, en efecto, muy castizos, y el lenguaje, en medio de su sencillez, posee una poderosa eficacia. El relato conserva todavía ciertas fórmulas de las narraciones populares, no hechas para la lectura, sino para la recitación en público, como aquellas en que los juglares se dirigían a sus oyentes. Así, la Crónica se dirige a menudo a su público: E sabet que... Ya oistes de suso... en esta manera que vos avemos contado... conviene que vos digamos... Igual práctica se observa en los primeros prosistas franceses, por ejemplo en Villehardouin.

La inhabilidad para el paso de la narración en verso de los juglares a la narración prosaria de la historia, se observa en la escasez de formas del período, manifestada, sobre todo, en la pobreza extrema de las conjunciones. Es de gran monotonía la larga serie de cláusulas, yuxtapuestas casi únicamente por medio de la simple conjunción copulativa e.

Presentamos a continuación dos muestras de la Crónica. La primera está escrita en el reinado de Alfonso X, y es principalmente un arreglo, o mejor, una traducción de Suetonio; la segunda está redactada en la corte de Sancho IV, y es una anécdota, probablemente tomada de la tradición oral. Se notará entre ambos trozos alguna considerable diferencia de lenguaje, a pesar de que el primero no representa el habla más antigua empleada en la parte de la Crónica compuesta bajo Alfonso X, ya que la lengua más arcaizante es la usada en los 100 primeros capítulos de la obra. Por ejemplo, la apócope de la vocal e final (siet, por «siete»; franc, por «franque», moderno «franco»; yl, por «y le»; cuemol, por «como le»), y a veces la de la o final (poc a poco, much a menudo, tod el pueblo), se practica en el primer trozo de la Crónica, siguiendo el uso predominante en el castellano durante el siglo XII y primera mitad del XIII; pero tal apócope es ya casi desconocida en el segundo trozo, usándose, por lo general, tan sólo en el caso del pronombre le cuando va tras las partículas que y no, o tras un verbo (quel, por «que le»; nol, por «no le»; díxol, por «díjole»). De este modo, en los escasos veinte años que dura la elaboración de la Crónica, observamos a ojos vistas una de las más importantes evoluciones del español literario: la pérdida de las terminaciones agudas en consonante, que le asemejaban antes al francés, y la preferencia marcada por las terminaciones llanas en vocal, que le asemejaban al italiano. Otras muchas diferencias podrían observarse; por ejemplo la preposición pora que se ve en el primer fragmento, tiene ya en el segundo la forma moderna para. Por éste y otros casos se manifiesta cómo la lengua literaria evolucionaba, sobre todo en cuanto a la estructura de las palabras, más activamente en este primer período de su desarrollo que durante todos los sucesivos.

CRÓNICA GENERAL DE ESPAÑA

172. Dell imperio de Nero, et luego de los fechos que contecieron en el primer año de su regnado.

Luego que Claudio fue muerto, fincó[2] Nero, su yerno, por emperador de Roma et de todo ell[3] imperio; e avíe dizeocho años quando començó a regnar, e regnó dizitres[4] años et ocho meses...

Este Nero[5] era mesurado de cuerpo, ni muy grand ni muy pequeño, pero avíelo todo lleno de manziellas[6] et de mal olor; avíe los cabellos castaños et la cara fremosa más que de buen donario; no avíe el viso claro, ni veíe bien de los ojos; la cerviz avíe delgada et el vientre colgado, et las piernas muy delgadas. Seyendo niño aprisiera[7] todas las siet artes: et desque se partió daquel estudio, fue muy sotil en assacar de suyo cosas nuevas; assí que trobava muy de grado, et faziélo sin tod affán.[8] E fue de pintar muy maestro a maravilla et de fallar de nuevo[9] muchas estrañas pinturas.

Mostrósse por muy piadoso en el comienço del su imperio, diziendo que no regnava él por sí, mas por mandado de Claudio Augusto; et por ende no dava escusa ninguna de no seer franc et piadoso et compañón[10] a quiquier, ante lo era a todos. Los grandes pechos de que se agraviavan las tierras, todos los tollió et amenguó la mayor partida dellos. A todos los nobles senadores que eran venidos a pobreza, poníeles soldada señalada pora cad año porque pudiessen vevir onradamientre. Quando iudgavan alguno a muerte, yl dizién[11] que escriviesse el su nombre en la sentencia cuemo avíen costumbre de fazer los otros emperadores, dizíe: «¡Dios, quanto querría no saber letras ningunas!» E quando los senadores le dizién gracias por alguna cosa que les prometié, dizié él: «quando lo mereciere, me las daredes». Otrossí mando defender[12] por toda la cibdat que nol presentassen si no fruta et legumbres et estas cosas rafezes.[13]

E sabet que entre todas las otras cosas que ell emperador Nero aprisiera seyendo niño, aprisso ell arte de la música maravillosamientre; et de todas las cosas que los músicos provaron pora mantener las vozes et las aver más altas et más claras, numqua el dexó ninguna que las todas no prouasse et las no usasse cada dia;[14] ca muchas uezes tomava una grand tavla de plomo, et echávasse tendudo en tierra, et poníela sobre sus pechos, et suffríela allí muy grand pieça; e con sabor de cantar, alimpiava ell estómago más vezes et de más maneras que no conviníe; dexava de comer las maçanas et todos los otros manjares que empeecién a la voz.

Estava un dia cantando en el teatro, et tremió la tierra assoora,[15] et estremeciósse el teatro todo, de guisa que se espantaron todos quantos y estavan; mas tan grand sabor avíe el de cantar, que por todo el miedo non quedó fasta que ovo acabada su cantiga. E este desvergonçamiento de cantar en los teatros cuemo joglar fue él tomando poc a poco; ca luego en el comienço cantava encubiertamientre en los juegos que fazíe en su poridad con sus privados et con los joglares de su casa; e desí fuélo faziendo en los theatros ante las gentes; et vencié a todos los joglares de quantas maneras de joglería[16] ellos podien assacar.[17] E era omne que andava much a menudo en su carro por tal que lo catassen las gentes. E nol cumplie de usar destas artes del cantar en la cibdat de Roma tan solamientre, ante lo fazie muchas veces en los puertos de Achaya et en todas las cibdades o[18] avién en costumbre de trobar et cantar a porfía. Los maestros del canto et de los estrumentos avién establecido entre sí, por fazer plazer a Nero, del enviar todas las coronas et las cantigas de los que vencién et eran coronados por ende; et enviávangelas todavía;[19] e él recibielas tan de grado, que fazíe por ellas mucha onra a los mandaderos que gelas traíen, de guisa que les fazíe comer antéll, en logares que no estaua otro sino él et aquellos que eran muy sus privados.

Mientre él cantaba en el theatro, no era ninguno osado de se partir ende, ni ir a ningún logar por cosa[20] que mester le fuesse; e tanto durava i et tan affincadamientre lo fazíe, que alguno de los que estavan i veyéndolo, tan enojados eran de lo oir et de loallo con miedo, que por razón que estavan cerradas las puertas de los castiellos o de las villas, dexávanse despeñar a furto[21] por los adarves a dentro, et dellos[22] faziense muertos por tal que los levassen ende. E viniendo una vez de Grecia a Roma, entró en la cibdat en aquel carro mismo en que Octaviano Augusto venciera sus batallas,[23] et traienlo cavallos blancos, et él vistíe unos paños de pórpola lavrados a[24] estrellas doro, et traie en la cabeça una corona tal cuemo la dell ídolo de Júpiter, e otra en la mano diestra cuemo la de Phyton,[25] et ivan antél grandes compañas de joglares cantando las cantigas et diziendo las fablas de que los él venciera, et contando los logares en que contesciera cada una cosa; e ivan de pos él muchas gentes faziendo muy grandes alegrías; e los cavalleros et los nobles omnes llamávanlo el su vencedor, et fazienle derramar açafrán por las carreras; et yendo él sobrello much a passo, fazienle sacrificios de muchas naturas. E fazie pintar todas sus imágenes a manera de joglar, tañiendo cítolas et otros estrumentos. Et por quel porfazó[26] dello un joglar una vez, firiólo muy mal.

E tan grand estudio poníe en guardar la voz, cuemo uos de suso dixiémos,[27] que por tal de la guardar, cuando avié de llamar algun cavallero, otri lo llamava por él, et lo quel avié a dezir, diziégelo muy quedo. E en el logar de los juegos numqua fazié ninguna cosa a menos de[28] seer í el maestro de las vozes quel castigasse cuemo fiziesse et que no quexasse mucho las venas.

A muchos prometíe su amor porque lo loavan mucho: a algunos prometiógelo cuemo por encubierta, porque lo no loavan tanto como él querie.

Luego de comienço fué glotón et de gran luxuria et muy cobdicioso, mas ívalo començando poc a poco et encubiertamientre, así que cuydavan los omnes que lo fazié con yerro de mancebía; mas desque lo fué usando, bien semejava que avie de natura todos aquellos malos vicios...

178. De lo que conteció en ell año catorzeno.

... E quando Nero oyó aquestas nuevas de cuemo las Españas eran alçadas et Galba con ellas, tóvosse por muerto, et desmayó tanto, que allí perdió toda esperança de bien, assí que yógo[29] por muerto una grand pieça sin fablar; et desque acordó,[30] rompió sus paños et firióse mucho en la cabeça, llamando: «¡Mesquino, ¿qué será de mí?»

E sabet que ante que Nero muriesse, vió algunas señales de su muerte, assí que soñó una noche que andava sobre mar governando una nave, et falleciól el governage,[31] et levávalo su mugier, que era ya muerta, a unas tiniebras much estrechas, et cubríesse todo de formigas aladas; e otrossí abriósse una uez un luziello[32] por si mismo, et salió ende una grand uoz que lo llamó por su nombre.

Estando Nero en Roma en esta cueyta, llegól mandado de cuemol desampararan todas las otras huestes que eran por las otras tierras. Et los mandaderos diéronle las cartas a la tabla o seíe[33] yantando; et con pesar que ovo, trastornó la mesa, et dos vasos que teníe muy preciados, quebrantólos. Et tomó yaquanto[34] de poçón et encerrólo en una buxeta.[35] Et envió algunos de sus afforrados,[36] daquellos en que se él mas fiava, a la cibdad de Ostia a guisar una nave en que fuxiesse. E desí cometió[37] en poridat a alguno de los tribunos et de los centuriones si queríen foyr con él. Et los unos nol queríen responder, et ivan su vía; los otros dizienle descubiertamientre que no queríen; de guisa que uno dixo a muy grandes vozes:[38] «¿Fasta quando nos durará esta mesquindat que es peor que muerte?»

Començó a pensar Nero en muchas guisas por tal de no aver a obedecer a Galba, et asmó si saldríe al mercado de la cipdat, et que se parasse en medio de tod el común, et pidiesse mercet a todos quel perdonassen los males que fiziera fasta entonce; mas ovo miedo que si allá saliesse, ante que al mercado llegasse, seríe todo despeçado; et por ende dexó este cuidar fasta otro dia, et echósse a dormir. A la media noche despertó, et envió mandaderos por todas las casas de sus amigos, que los despertassen et les dixiessen que les rogava que viniessen fasta él. Et ni vinieron los amigos, ni tornaron los mandaderos. E quando el vió aquesto, levantósse, et tomósse[39] con muy pocos, et fué a todas las casas de sus amigos; et nol quiso abrir ninguno; et con grand cueyta tornósse pora su casa, et no falló í ninguno de todas sus guardas, ca fuxieran todos; ca assí cuemo él non se fiava en ninguno, otrossí ninguno non se fiava en él. E los en qui él más se fiava eran dos viles omnes; ell uno avié nombre Nimphidio, et ell otro Gemellio; et estos aborrecieran ya las sus crueldades, et por que veíen que matara muchos de sus amigos, tovieron que assí faríe a ellos; et por ende atoviéronse al consejo de los que lo queríen matar, et desamparáronlo.

E quando Nero se vió assí desamparado de todos, andó por sus palacios buscando alguno que lo matasse et no falló. Entonce dixo: «¿Ni é yo amigo, ni enemigo?» Et assí cuemo estava, descalço et en saya, fué corriendo quanto pudo por se echar en el rio de Tibre; mas desque llegó allá, repintiósse; et assí cuemo fué, assí se tornó apriessa, pensando de buscar algún logar ascondido en que assessegasse[40] so coraçón. E vistiósse otra vestidura sobre la saya, et cubrió la cabeça et puso un alquiná[41] ante la cara; et assí descalço como estava, cavalgó en su cavallo, et quatro compañones con él tan solamiente. Et desque llegó al logar o queríe ir, que es a una legua et a un migero de la villa, arrendó so cavallo en una espessura a unas çarças et a unos árvoles; et él fuesse a pie por un sendero que se desviava a una casiella que estava í escondida en muy fuerte logar et much esquivo.[42] Et tanto era el sendero áspero[43] de andar et lleno de çarças, que se ovo a despojar aquella vestidura que vistie et a echarla tenduda sobre los çarçales, porque estava descalço, et a andar sobrella de pies et de manos; et rompiósse toda la vestidura; et llegó él a aquella casiella a grand pena,[44] andando por cuevas e por peñas. E cuemo vinié cansado, echósse a dormir en un lecho muy pobreziello que í estava duna cócedra pequeña et cubierto dun paño viejo et roto.

Otro dia mañana, los que vinieran con él consejávanle que se fuesse et no suffriese tanto porfazo;[45] mas él tenie en coraçón de se matar, et mandó fazer allí ante sí una fuessa a medida de su cuerpo; et desque fué fecha, mandó traer agua con que lo bañassen et fuego con que lo quemassen. E estava Nero llorando et faziendo llanto de quantos males le contescíen, et dizíe: «¡Ay que sotil maestro se pierde oy en mí!» E él tardando en aquesto, vino de Roma un mandadero a aquel logar, quel dixo que todo el senado de Roma lo avíen dado por juizio por enemigo de los romanos, el[46] mandavan buscar pora matallo. E quando él oyó aquesto, fue much espantado, et dos cuchiellos que troxiera consigo, sacólos et començó a catar qual era más agudo; et desí tornólos en sus vainas diziendo que aun no era venida la ora de la su muerte. A las vezes castigava a aquellos sus compañeros que llorassen et fiziessen llanto por él; a las vezes quel dixiessen exiemplos dalgunos que se mataran, por tal de avivalle el coraçón que se pudiesse él matar; a oras denostava la su pereza.

E éll estando en esto, ívanse ya llegando a aquel logar los cavalleros que enviaran depós él los romanos que lo prisiessen et lo levassen vivo. E tanto que lo él sintió, sacó ell un cuchiello et metiósselo por el coraçón, con ayuda pero dell uno de los que í estavan, que primió el cuchiello. E en muriendo, tenie los ojos torvados[47] et tan feos que se espantavan quantos lo veíen. E desta guisa murió Nero ell emperador, seyendo en edat de treinta et dos años; acabósse en él et fue desfecha et destroída toda la compaña de César Augusto, de cuyo linage él descendíe.

1084. Capítulo de commo Garçi Pérez de Vargas tornó por la cofia a aquel logar ó se le cayera.

Otro dia depués que el rey don Fernando fué a posar a Tablada,[48] mandó a los cavalleros de su mesnada que fuesen guardar los erveros.[49]

Garçi Pérez de Vargas, et otro cavallero que avíe a ir con ellos, detoviéronse en el real et non salieron tan aína commo los otros; et en yendo[50] en pos ellos, vieron ante sí, por ó avien a pasar en el camino, ssiete cavalleros de moros. Et dixo el cavallero a Garçi Pérez: «Tornémosnos; non somos más de dos.» Et Garçi Pérez dixo: «Non lo fagamos; mas vayamos por nuestro camino derecho, ca nos non atendrán.» Et el cavallero dixo que lo non quería fazer: ca lo tenía por locura si dos cavalleros, que ellos eran, fuesen cometer[51] de pasar por do estavan siete: et fuese aderredor del real, por non ser conosçido, fasta que fué en su posada.

El real do estava la tienda del rey era un poco en altura, et por o ellos ivan era llano; et el rey don Fernando óvolo a ojo, et los que con él estauan, et vió de commo se tornava el un cavallero et que fuera el otro en su cabo:[52] otrosí vió aquellos siete cavalleros de moros commo le estauan delante, teniéndol el camino por do él avie a pasar: et mandó quel fuesen acorrer. Don Llorenço Suárez que estaba í con el rey, que avíe visto a Garçi Pérez quando saliera del real, et conosçiól en las armas et sabíe que él era, dixo al rey: «Señor, déxenle, que aquel cavallero, que fincó en su cabo con aquellos moros, es Garçi Pérez de Bargas, et para tantos commo ellos son non a mester ayuda; et si los moros lo conosçieren en las armas, non lo osarán cometer, et sil cometieren, vos veredes oy las maravillas que él fará.»

Garçi Pérez tomó las armas quel traye su escudero, et mandól que se parase en pos él et que se non moviese a ninguna parte, sinon así commo él fuesse que así fuese él en pos[53] él. Et en alazando la capellina, cayósele la cofia en tierra, et non la vió; et endereçó por su camino derecho, et su escudero en pos él. Los moros connosçiéronle en las armas commo era Garçi Pérez, ca muchas vezes gelas vieran traer et bien las conosçién, et nol osaron cometer; mas fueron a par dél, de la una parte et de la otra, faziéndol cadamañas et sus abrochamientos[54] una grant pieça; et quando vieron que se non bolvíe a ninguna parte nin se queríe desviar por cosa que ellos feziesen, sinon que todavía iva por su camino derecho, tornáronsse et fuéronse a parar[55] en aquel logar ó se le cayó la cofia.

Quando Garçi Pérez se vió desenbargado de aquellos moros, dió las armas a su escudero; et quando desenlazó la capellina et non falló su cofia, preguntó al escudero por ella; et el escudero le dixo que non gela diera. Et desque fué cierto que se le avíe caido, tomó sus armas quel avíe ya dadas, et díxol que pasase en pos él et que toviese ojo por la cofia allí ó se le cayera. Et el escudero, quando vió que se queríe tornar por ella, díxol: «¡Commo, don García, por una cofia vos queredes tornar a tan grant peligro? et non tenedes que estades bien, quando tan sin daño vos partiestes de aquellos moros, sseyendo ellos siete cavalleros et vos uno solo, et queredes tornar a ellos por una cofia?» Et Garçi Pérez le dixo: «Non me fables en ello, ca bien veyes que non he cabeça para andar sin cofia»; et esto dezíe él porque era muy calvo, que non tenié cabellos de la meitad de la cabeça adelante; et tornóse para aquel logar do ante tomara las armas.

Don Llorenço Suárez quando lo vió tornar, dixo al rey: «¿Vedes commo torna a los moros Garçi Pérez, quando vió que los moros nol queríen cometer? agora va él cometer a ellos; agora veredes las maravillas que él fara, que vos yo dezía, sil osaren atender.»

Los moros quando vieron tornar a Garçi Pérez contra ellos, tovieron que se queríe conbater con ellos, et fuéronse ende acogiendo, que non se detovieron í más.

Quando Llorenço Suárez vió a los moros commo se acogién ante Garçi Pérez, que nol osaron atender, dixo al rey: «Sseñor, ¿vedes lo que vos yo dezía que nol osaríen atender aquellos siete cavalleros de moros a Garçi Pérez en su cabo?[56] Sabet, señor, quel connosçieron; catadlos commo se van acogiendo antél, que nol osan atender. Yo so Llorenço Suárez,[57] que conosco bien los buenos cavalleros desta hueste quales son».

Garçi Pérez llegó a aquel logar do se le cayera la cofia et fallóla í, et mandó a su escudero desçender por ella: et tomóla et sacodióla et diógela; et púsosela en la cabeça, et fuese ende para do andavan los erveros.

Quando los que fueron guardar los erveros se tornaron para el real, preguntó don Llorenço Suárez a Garçi Pérez, ante el rey, quien fuera aquel cavallero que con él saliera del real. Et Garçi Pérez ovo ende grant enbargo, et pesól mucho porque don Llorenço Suárez gelo preguntara ante el rey, ca luego sopo que viera[58] el rey et don Llorenço Suárez lo que a él aquel día oviera contesçido; et él era tal omne et auíe tal manera que nol plazíe quando le retraíen[59] algun buen fecho que él feziese; pero con grant vergüença ovo a dezir que nol conosçíe nin sabíe quien fuera. Et don Llorenço Suárez ge lo preguntó después muchas vezes, quien fuera aquel cavallero, et siempre le dixo que nol conosçíe, et nunca dél lo podieron saber, pero que lo conosçía él muy bien et lo veíe cada dia en casa del rey: mas non queríe que el cavallero perdiese por él su buena fama que ante avíe, ante defendió al su escudero que por los ojos de la cabeça[60] non dixiese que lo conosçía; et el escudero así lo fizo, que nunca lo quiso dezir pero que gelo preguntaron después muchas vezes.

NOTAS

Notes in this chapter

Note 1 · Véase A. G. Solalinde, en la Revista de Filología Española, II, 1915, págs. 283-288.Note 2 · Fincar tenía en la Edad Media los significados varios que después asumió el verbo «quedar».Note 3 · La forma del artículo ell por el, usada más generalmente ante vocal, abunda mucho en todas las obras de Alfonso X.Note 4 · Dizitres por ‘trece’ (hoy en algunas regiones se usan «diez y dos», «diez y tres», o formas análogas); compárese el dizeocho precedente, parNote 5 · Aun en el siglo XVI era forma corriente Nero en vez de Nerón; aquélla deriva del nominativo latino, y ésta, del acusativo.Note 6 · Suetonio, Nero, 51, dice: «corpore maculoso et faetido, subflavo capillo»...Note 7 · El verbo aprender hacía su perfecto yo aprise, tu aprisiste, él apriso.Note 8 · Sin todo afán, ‘sin ningún trabajo’; en frases negativas se empleaban indefinidos positivos en vez de los negativos: «nin todos los del vandNote 9 · Fallar de nuevo, ‘idear, inventar’.Note 10 · Compañón, ‘compañero’ en un sentido adjetivo de ‘afable’. Suetonio, Nero, 10, «neque liberalitatis neque clementiae, ne comitatis quidem exhNote 11 · El imperfecto (y tiempos afines) terminaba alguna vez en ía (sobre todo la primera persona, véase unas líneas más abajo querría); pero en geNote 12 · Defender, ‘prohibir’.Note 13 · Rafez, ‘rahez’, ‘de poco valor’.Note 14 · El pronombre enclítico se podía separar del verbo a que se refiere, interponiéndose entre ambos otras partes de la oración. Hoy habría que pNote 15 · Assoora, ‘de súbito’; compárese igual sentido que tiene hoy «a deshora». Suetonio, 20, usa el adverbio «repente».Note 16 · Joglería, o juglaría, es el arte del juglar.Note 17 · Assacar, ‘inventar’.Note 18 · Las formas o y do se usaban indistintamente por onde, donde.Note 19 · Todavía, ‘siempre’, acepción primitiva, de la cual se pasó a la moderna de ‘aun’. Compárese el francés «toujours» que reúne los dos significNote 20 · Cosa se usaba mucho en expresiones indefinidas negativas, donde hoy se emplea «nada». «Non se podían los moros por cosa defender.» Fernán GoNote 21 · A hurto, ‘a hurtadillas’, ‘escondidamente’.Note 22 · Dellos, genitivo partitivo ‘algunos de ellos’. Véase Mio Cid, pág. 33527.Note 23 · Los traductores que empleaba Alfonso el Sabio para sus obras, no siempre traducen exactamente, ni mucho menos. Aquí, por desconocimiento de Note 24 · La preposición a indica el modo del adorno; así escribe don Juan Manuel «el paño era començado..., et díxol a qué figuras et a qué labores lNote 25 · Otro ejemplo de mala inteligencia del texto latino. Suetonio, Nero, 25, escribe: «coronamque capite gerens Olympiacam, dextra manu Pythiam, Note 26 · Porfazar, ‘murmurar, censurar’. En otro pasaje, de la misma Crónica, se lee: «e daquí se levantó grand mormorio entre los romanos, que porfaNote 27 · Otro ejemplo de interpolación de palabras entre el enclítico y el verbo: ‘como arriba os dijimos’.Note 28 · A menos de, ‘sin’, expresión usual aun en la época clásica. Suetonio, Nero, 25: «nisi astante phonasco, qui moneret parceret arteriis ac sudNote 29 · El verbo yazer hacía su perfecto, yo yógue, tu yoguiste, él yógo.Note 30 · Acordar, como recordar, significaba ‘despertar’.Note 31 · Governage, como gobernalle, ‘timón’; ‘le faltó el timón’.Note 32 · Este lucillo o sepulcro es el Mausoleo. Suetonio, Nero, 46 «De Mausoleo, sponte foribus patefactis, exaudita vox est nomine eum cientis».Note 33 · Seer, derivado de sedere, significaba ‘estar sentado’; la tabla o seíe ‘la mesa a que estaba sentado’.Note 34 · Yaquanto era un indefinido que significaba ‘algo’, esto es: ‘tomó un poco de veneno’.Note 35 · Buxeta ‘bujeta, cajita, pomo’; Suetonio, Nero. 48: «sumpto... veneno et in auream pyxiden condito».Note 36 · Suetonio: «praemissis libertorum fidissimis Ostiam ad classem praeparandam».Note 37 · Cometer, ‘proponer’; véase Mio Cid, pág. 5835.Note 38 · Las frases adverbiales a voces, a priessa, hoy tienden a petrificarse, pero antes admitían toda clase de adjetivos calificativos del sustantNote 39 · Los verbos sinónimos tomar, coger, prender, se usaban en forma reflexiva, con el significado de ‘irse’, y «prísose con sus omnes» significa Note 40 · Assessegar, hoy ‘asosegar’.Note 41 · Alquiná o alquinal, voz de origen árabe, que significa ‘toca, pañuelo’.Note 42 · Era frecuente, cuando un sustantivo llevaba dos adjetivos, que uno de éstos fuese antepuesto y otro pospuesto, «buena imaginación e fuerte» Note 43 · Muy a menudo el adverbio de cantidad iba separado del adjetivo a que se refiere, interponiéndose entre ambos el verbo y otras voces: «mucho Note 44 · A grand pena, ‘con gran trabajo’.Note 45 · Porfazo, ‘humillación, afrenta’. Véase pág. 16, nota 26.Note 46 · El es la conjunción, unida al pronombre enclítico apocopado ‘y le’.Note 47 · No es ‘turbado’, sino ‘torvo, espantoso, airado’.Note 48 · San Fernando, para asegurar el asedio de Sevilla, se estableció en Tablada, rodeando su campamento de un gran foso.Note 49 · ‘Herberos’ o ‘forrajeadores’.Note 50 · El gerundio con en, formando una oración incidental temporal, era muy usado antiguamente.Note 51 · Cometer, significaba no sólo ‘acometer’, sino también ‘intentar’.Note 52 · En su cabo ‘por sí solo’, ‘solo’; se decía vevir en so cabo ‘vivir aparte o solo’; comp. unas líneas más abajo fincó en su cabo, ‘quedó soloNote 53 · Nótese en este ejemplo el uso extremamente inhábil y anfibológico del pronombre él; una vez se refiere al escudero y otra a Garci Pérez, proNote 54 · Dos voces que me son desconocidas, y que sólo el contexto puede explicar.Note 55 · Pararse significa ‘ponerse, situarse’; «a la puerta se paravan», véase Mio Cid, pág. 78510.Note 56 · En su cabo, ‘solo’, según se dijo arriba. pág. 23, nota 52.Note 57 · Yo so, etc., es un grito de satisfacción de don Lorenzo, semejante al grito de guerra que daba el señor para animar a los vasallos, afirmandNote 58 · Aunque el sujeto del verbo es doble, como va pospuesto, el verbo puede ir en singular: «dixo Raquel e Vidas», véase Mio Cid, pág. 36232.Note 59 · Retraer, ‘referir, contar’. «Por ont siempre sepades retraer e contar Quanto puede a omne la buena fe prestar», Berceo, San Millán, 199; «FuNote 60 · Por los ojos de la cabeça, como si dijese ‘por su vida’, ‘pena la vida’. Alude a la pena de ceguera que se usaba mucho en la antigua Edad Me
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