EL LAUREL DE APOLO.
Reading edition
PERSONAS.
Apolo, de cazador. Cupido, de pastor. Silvio, pastor galan. Céfalo, pastor galan. Lauro, pastor. Anteo, pastor. Dafne, ninfa. Libia, ninfa. Flora, labradora. Bata, villana. Rústico, villano gracioso. Seis ninfas marinas, músicas. Música. Coro de amor. Coro de olvido. Villanos. Zagales. Zagalas.
La accion pasa en Tesalia.
JORNADA PRIMERA.
Campo y bosques á la orilla del Peneo.
ESCENA PRIMERA.
Villanos, DAFNE, CÉFALO, SILVIO.
Villanos.
(Dentro.) Huid, pastores, huid, Que anda en el monte la fiera.
Dafne.
(Dentro.) ¿No hay quien me socorra? ¿No hay quien me defienda?
Céfalo.
(Dentro.) Sí, miéntras yo viva.
Silvio.
(Dentro.) Sí, mientras yo muera.
(Salen Silvio y Céfalo, pastores galanes, trayendo entre los dos desmayada á Dafne, vestida en traje de ninfa bizarra.)
Dafne.
¡Ay de mí, infelice!
Céfalo.
Ya nada hay que temas: Cóbrate y anima.
Silvio.
Descansa y alienta.
Dafne.
¿Cómo podré, si he llegado A ver que me han socorrido, Silvio, á quien he aborrecido, Y Céfalo, á quien he amado? Y no habiendo uno estimado Mi amor, y otro sí, mi fiero Desden dudó cuál primero Lugar en mi riesgo adquiere, Quien logra lo que me quiere, O paga lo que le quiero. Y así, habré de suspender Las gracias, hasta apurar Qué accion es más singular, Obligar ó agradecer: Y pues hoy no habeis de ver, Vos favor, ni desden vos, Confórmeos el ciego dios; Que aunque me hallo agradecida, Es poca alhaja una vida Para partida con dos.
Céfalo.
Yo, hermosa Dafne, nací Más al estudio inclinado Que al amor; y habiendo hallado En ese siempre turquí Libro azul, en que aprendí Del docto maestro del dia Judiciaria astrología, Que habia de venir á ser La beldad de una mujer Su destruicion y la mia, Negué una y otra deidad De Amor y Vénus, y sólo En las cátedras de Apolo Mantuve mi libertad. Dígalo tu voluntad, Pues el dia que llegué A verme dichoso, en fe No de mi merecimiento, Sino en fe del cumplimiento De mi opuesto hado, dejé La patria con tan vil traza, Como el huir mi desdicha Desde luégo de una dicha, De miedo de una amenaza. Viendo, pues, cuánto embaraza La ausencia al amor, volví Creyendo que ya habria en tí Hecho su efecto veloz: A donde siendo tu voz La primer cosa que oí, A socorrerte llegué. Y aunque hasta aquí hablé grosero, Desde aquí perder no quiero El mérito que gané; Que si agradecido fué Mi afecto, y amante ha sido El de Silvio, yo he vencido; Pues si puede el más constante Ser noble sin ser amante, No sin ser agradecido.
Silvio.
Yo más ciencias no aprendí Que el arte de amar: si fué El mejor libro, no sé; Pero presumo que sí; Que si lo fué para tí Del sol el claro arrebol, El sol de Dafne crisol Fué de mi fe: ella dirá Si de ciencia á ciencia va Lo que va de sol á sol. Si tú ántes de sucedido, Hallaste que habia de ser Tu peligro una mujer, Yo hallé que ya lo habia sido; Y si, buscando un olvido, Tú te ausentaste, yo fiel Acudo á un rigor cruel: ¿Quién, pues, morirá mejor? ¿Tú por huir de un temor, O yo por volver á él? Haber á tiempo llegado Que la hayamos socorrido Los dos, es haber querido Ponerse una vez el hado De parte del desdichado, En quien con el desden crece El amor; que el que se ofrece Amado á cualquier fatiga, Satisface; mas no obliga: Cumple; pero no merece. Y aunque para la cuestion Basta la razon que he dado; Habiendo Dafne tomado Plazo á la satisfaccion, No quiero tener razon, Sino darme por vencido; Y así, que suspenda pido A quien las gracias previene; Que, áun en tenerla, no tiene Razon un aborrecido. Y para atajar la duda, La he de preguntar (dejando Al tiempo, que él sabe cuando Con el desengaño acuda), ¿Qué ocasion helada y muda, Despues que las voces dió, En la falda la dejó Del monte donde la hallamos?
Céfalo.
Dices bien.—Dafne, sepamos Qué fué tu peligro.
Dafne.
Yo Os lo diré, agradecida A la dilacion, pues basta Que reconozca la deuda, Miéntras no sé á quién pagarla. Ya sabeis... (Pero es forzoso Que de noticias me valga, Que nunca por muchas sobran, Y tal vez por una faltan) Que este enmarañado monte, Que en Tesalia, nuestra patria, Es verde coluna, en quien Del cielo el eje descansa, Albergue fué de Fiton, Aquel mágico, que en várias Diabólicas ciencias diestro, Quitó á los dioses la sacra Adoracion de sus doctos Simulacros, pues que en claras Voces habló en esqueletos Mejor que ellos en estatuas. Oráculo pues de todas Las gentes destas montañas, Ya no eran Apolo y Vénus Sus auxiliares, con tanta Desestimacion, que habiendo En esas dos cumbres altas Dos templos suyos, apénas Vimos por edades largas En sus piadosos umbrales Ni áun huella de humana planta, Porque á la lóbrega gruta De Fiton era á quien daban La fe y el voto, teniendo Sus respuestas por más sábias. Viendo pues las dos deidades Ya sus antorchas sin llama, Sus altares sin ofrenda, Y sin víctimas sus aras, Ofendidas dispusieron, En religiosa venganza, Que Peneo, padre mio, En cuyas ondas de plata Me abortó marina ninfa, Embrion de fuego y agua, Rompiese el márgen, talando Con obedecida saña Las bárbaras poblaciones De todas estas comarcas: En cuya undosa avenida Todos del monte se amparan, Haciendo de sus peñascos, De sus troncos y sus ramas Contra pólvora de nieve Rebellines de esmeralda. Los sacerdotes de Apolo, Y de Vénus las sagradas Sacerdotisas, en vez De dar abrigo á sus ánsias Les intimaron sentencia De muerte: con que cerradas Las puertas de entrambos templos, Reconocieron ser causa De su estrago la ojeriza De los dioses; y trocada La estimacion de Fiton En ira, en cólera y rabia, En su mal vivo cadáver Ensangrentaron las armas. (¿Qué deja al enojo el que Por el desenojo mata?) Templó el homicidio el ceño, Reducida la amenaza De la inundacion al coto De las márgenes que hoy guarda; Pero apénas el peligro Cesó, cuando en vez de gracias, Dieron á los cielos quejas, Lamentando más la falta Del mago Fiton, que no La culpa que fué la causa: Con que enojados segunda Vez los dioses, la pasada Ruina trocaron en otra, Para cuya cruel, extraña Ira os prevengo, ya que Si hasta aquí supisteis, haya Novedad desde aquí, oyendo Lo que en vuestra ausencia pasa. El monte que zozobrado Bajel fué, y de la resaca A los embates quedó Mal enjuto de las claras Luces del sol, y no bien Oreado de las auras, En corrompidos vapores De ovas, légamos y lamas, Se pobló de inmundos monstruos Desde la cumbre á la falda, Entre cuyas venenosas Especies, la más tirana, Más horrorosa, más fiera, Más terrible y más infausta, Fué una escamada serpiente, Que abrigándose en la estancia De la cueva de Fiton, Motivó á las siempre vagas Supersticiones del vulgo, Ser de su cadáver alma. Esa pues ni ave, ni fiera, Ni pez, siendo así que en agua, En tierra y aire, pez, fiera Y ave, corre, vuela y nada; Sirviéndose para todo, En el aire de las alas, En la tierra de los piés, Y en el mar de las escamas; Con su anhélito el ambiente Infesta, siempre que brama; Y siempre que pace ó bebe, Con su espuma, ondas y plantas: Tanto, que apénas hay flor, Que no sea avenenada Cicuta, siendo ya en todo El orbe ponzoña amarga, Para el abuso de hechizos, De ilusiones y fantasmas, La ménos tocada yerba De los montes de Tesalia. No en esto solo el estrago De tanto escándalo pára, Sino en que, bandido monstruo De todas estas campañas, Los errados peregrinos Y moradores asalta Hasta que unos y otros sean De sus presas y sus garras Sangriento despojo: á cuyo Terror, viendo cuánto engaña Peligro que no escarmienta, Volvió á sus primeras ánsias El vulgo, reconociendo Que no hay medios que le valgan, Que no sean acudir Con dones, feudos y párias A los enojados dioses; Pues cuanto más los agravia Nuestro error, tanto más nuestro Rendimiento los aplaca. Y así, en divididas tropas De mil festivas escuadras, Que con varios instrumentos Himnos á ambos dioses cantan; Al templo de Apolo hoy suben, Los hombres por una banda, Y las mujeres por otra Al templo de Vénus, para Que ofrendas y sacrificios Mejoren sus esperanzas. Yo, que, al ruido, dejé el coro De ninfas, y acompañada De unos rústicos villanos, Seguir quise las estampas Del femenil escuadron, Sentí moverse unas matas; Y presumiendo que fuera Alguna pequeña caza Que llevar al sacrificio, Seguirla quise y matarla. Pero apénas la torcida Senda dejé, y de la aljaba Al arco puse la flecha, Cuando entre las verdes jaras De un ribazo, á quien servian De entretejida muralla Sobre dos desnudas peñas Cuatro mal vestidas zarzas, El monstruo ví, á cuyo horrible Asombro volvió la espalda La amedrentada cuadrilla, Y yo absortamente helada, «¿No hay quién me socorra?» juzgo Que dije, y di desmayada En tierra, donde no supe De mí (¡ay infelice!), hasta Que en los brazos de los dos Perdí el susto y cobré el habla. Y pues se deja inferir Que mañosamente incauta La fiera, estaba en acecho, Y al ver tanta gente y armas, A ocultarse al monte iria, Con el instinto que alcanza, Quizá heredado de quien La dió el nombre, pues la llaman Todos el monstruo Fiton; Y pues con su fuga pasa De un susto en otro la duda De á quién le debo las gracias; Por no agraviar á ninguno (Puesto que mujer que paga A dos, á ninguno obliga, Y ántes á entrambos agravia), Quiero á segunda experiencia Dejar la duda fiada: Y así, el que desde hoy (oid) Por mí una fineza haga, Será quien de mi socorro Merezca el triunfo y la palma. La fineza ha de ser que Tú, Céfalo, que con tanta Vanidad no amar blasonas, Finjas amar; tú, que amas, Silvio, finjas que aborreces: De manera que trocadas Las inclinaciones, vea Yo en tí rendimientos y ánsias, En tí olvidos y desdenes; Que el que con mayor ventaja Disimulare su afecto, Y el no afecto suyo traiga Más desmentido á mis ojos, Será el que vencido haya En la cuestion. Y porque
(Dentro grita de villanos.)
Ya de entrambos templos bajan Las tropas haciendo á un tiempo Con festivas consonancias De instrumentos y de voces Unas á otras la salva, Cautelad vuestras pasiones; Que yo librando la paga Del socorro de mi vida A una experiencia tan rara, He de ver quién hace más En servicio de una dama: Quien lo que ama disimula, O finge lo que no ama.
Silvio.
Advierte que no es igual El partido; que me encargas, Dafne, á mí lo más difícil.
Céfalo.
¿Qué lo más difícil llamas?
Silvio.
Disimular un afecto, Que mudo volcan del alma, Siempre está ardiendo, y no es Posible que modo haya Con que la llama se oculte, Para que sin humos arda.
Céfalo.
¿Cuánto es más dificultoso Querer que donde no hay llama, Haya, ni áun humo, pues no Respira él donde ella falta?
Silvio.
Caer en defectos es fuerza El que disimula que ama, Pues lleva dentro de sí Quien lo contrario le manda.
Céfalo.
¿Cuánto es más forzoso que En ellos quien finge caiga, Pues no lleva quien le acuerde El precepto que le encargan?
Silvio.
Sí, mas ¿cómo dormirá Afecto que no descansa, Teniendo siempre al oído Despertador que le llama?
Céfalo.
¿Y cómo despertará A las horas señaladas El que sin despertador Goza el sueño en quietud blanda?
Silvio.
¿Podrá representar bien Uno un papel, cuando anda Ofuscada la memoria Con los versos de otra farsa?
Céfalo.
Podrá atenerse al apunto, Que desde dentro le habla, Que es lo que no podrá hacer El que áun apunto le falta.
Silvio.
Fingir es accion que no Hace uno en hacerla nada, Pues hace por obediencia Lo que otros hacen por gala.
Céfalo.
Ménos el que disimula Hace, pues es cosa clara Que mandarle que no diga Es mandarle que no haga.
Silvio.
¿Y no hace harto en padecer El que padeciendo calla?
Céfalo.
No, que el que calla no tiene La obligacion del que habla, Pues le obliga á que sea bueno, Y á esotro el callar le basta.
Silvio.
Quien finge...
Céfalo.
Quien disimula...
Silvio.
No siente.
Céfalo.
No espera.
Dafne.
Basta; (Ruido dentro.) Que el tiempo lo dirá... y más Cuando vuestra porfía atajan Las tropas, que ya del monte Al valle vuelven, mezcladas Unas con otras, bailando Al compas de lo que cantan.
Silvio.
Pues aunque tema ser yo Quien á lo más se adelanta, Desde aquí desengañado Mi amor, en tu vida, ingrata, Verás en mí sino olvidos, Desdenes, ceños, mudanzas.
Dafne.
Aun no sentidos, disuenan Los desaires.
Céfalo.
Porque nada Quede á deberte, divina Dafne, rendido á tus plantas, En tu vida en mí verás Sino amor, finezas y ánsias.
Dafne.
Aun fingidos suenan bien Rendimientos. (Ap. ¡Ay del alma Que se da á tan vil partido, Como vivir engañada De afecto que agravia huyendo, Y afecto que amando agravia!)
ESCENA II.
Salen por un lado FLORA, BATA y otras zagalas; y por otro salen LAURO, RÚSTICO y otros zagales, todos con instrumentos, cantando y bailando.—DAFNE, CÉFALO, SILVIO.
Coro 1.º
(de zagalas.) ¡Viva la gala...
Coro 2.º
(de zagales.)¡Viva la gala....
Coro 1.º
De la madre del Amor...
Coro 2.º
Del hijo del alba...
Coro 1.º
De la diosa de la hermosura, El donaire y la gracia!
Coro 2.º
Del que es dios en valles y montes, De flores y plantas!
Todos.
¡Viva la gala, viva la gala De la madre del Amor, Del hijo del alba!
Zag.ª 1.ª
¡Viva la gala de aquella Clara vespertina estrella, Que en seguir del sol la huella La primera se señala!
Todos.
¡Viva la gala!
Zagal 1.º
¡Viva la gala de aquel Siempre amante, siempre fiel Astro, que en saliendo él Todos los demas iguala!
Todos.
¡Viva la gala!
Bata.
Tambien mi copra ha de ir.
Rústico.
Y la mia.
Unos.
Vaya.
Otros.
Vaya.
Bata.
¡Viva la gala dichosa De la que en el cielo es diosa, Y por acá es otra cosa, No sé si buena ó si mala!
Todos.
¡Viva la gala!
Rústico.
¡Viva la gala, y la accion Del padre de Faraon, Que ha de matar al figon, Que á sí solo se regala!
Todos.
¡Viva la gala, viva la gala De la madre del Amor, Del hijo del alba!
Dafne.
Decidme, galan pastor...
Rústico.
Fuera, que conmigo habra.
Dafne.
Decidme, zagala bella...
Bata.
Y conmigo.
Dafne.
¿Qué es la causa De que tan alegres todos Volvais á vuestras cabañas, Despues de los sacrificios Que habeis hecho?
Bata y Rústico.
Oye, y sabrásla.
Bata.
La diosa Véras...
Rústico.
El dios Pollo...
Bata.
Calla, tonto.
Rústico.
Calla, Sabida.
Bata.
Yo he de decirla.
Rústico.
Eso no: yo he de contarla.
Bata.
A mí me la pescudó, Pues dijo «bella zagala.»
Rústico.
Y á mí, pues dijo «galan Pastor.»
Lauro.
Quita, loco.
Flora.
Aparta, Necia.
Rústico.
¿Es más galan pastor Usted que yo?
Bata.
¿Es más bizarra Zagala usted que yo?
Flora y Lauro.
Oye, Dafne, y sabrás lo que pasa.
Lauro.
Mas si va á decirlo Flora, La primacía he de darla; Que la urbanidad más ruda Se precia de cortesana Con la belleza.
Flora.
Aunque no Lo es la mia, he de aceptarla. Al templo de Vénus, Dafne Bella, deidad soberana De las ninfas del Peneo, Llegamos, donde postradas Todas, hicimos rendida Adoracion á sus plantas. Las ofrendas que llevamos Pusimos sobre sus aras, Y en devota aclamacion, Mezclamos en voces altas Endechas que el temor llora, Con himnos que el amor canta. La diosa (que hasta las diosas Con las dádivas se ablandan) En voz de su estatua dijo Que el sacrificio aceptaba, Y que el Amor, descendiendo De su soberano alcázar, Con las plumas de sus flechas En las plumas de sus alas, Sería quien presto nos diese De aquesta fiera venganza.
Lauro.
Lo mismo Apolo nos dijo, Y que usando de las armas Con que Délfos, cazador Le vió un tiempo en sus montañas, A Tesalia disfrazado Vendria: en cuya esperanza Volvemos cantando todos En hacimiento de gracias...
Ella y Todos.
¡Viva la gala De la madre del Amor Del hijo del alba!
Dafne.
Pues yo, hasta llegar tambien A la orilla que de nácar Guarnece el sacro Peneo, Con tales nuevas, ufana Con todos iré.
Silvio.
Y tras tí Quien adora las estampas De tu pié.
Dafne.
¿Tan presto yerras, Silvio, el papel que estudiabas?
Silvio.
Olvidóseme que habia De olvidar; mas ya, tirana, Mas ya, aleve, mas ya, fiera, Equivocando las ánsias Que padezco verdaderas, Con las que desmiento falsas, Iré huyendo de tu vista. (Vase.)
Dafne.
Céfalo, ¿cómo no tratas Seguirme cuando me ausento?
Céfalo.
¡Ah, sí! no se me acordaba De que estoy enamorado. Ya voy siguiendo tus claras Luces.
Dafne.
¡Qué mal se domeñan Inclinaciones contrarias!
Flora.
Hasta llegar á la orilla Vaya de música.
Todos.
Vaya. (Cantan.) ¡Viva la gala, viva la gala De la madre del Amor, Del hijo del alba; De la diosa de la hermosura, El donaire y la gracia; Del que es dios en valles y montes, De flores y plantas! ¡Viva la gala De la madre del Amor, Del hijo del alba!
(Vanse cantando y bailando, y quedan Bata y Rústico.)
ESCENA III.
RÚSTICO, BATA.
Rústico.
¿No es bueno que hasta el bailar Por valles y montes cansa?
Bata.
Rústico, ¿cómo te quedas?
Rústico.
Cansado me quedo, Bata, A tomar aliento, aunque Si viera que te quedabas Tú, me fuera por no verte.
Bata.
Mal el pergeño me pagas Con que pienso que te quiero, Si es que el magin no me engaña.
Rústico.
Pues engáñete el magin, Si es posible; que yo hasta Que encuentre á quien me merezca, No he de amar.
Bata.
Pues, alimaña, ¿Quién que te merezca quieres Sino una desesperada Como yo?
Rústico.
Pues ¿habrá más De estarme, como me estaba, Morgollo de amor?
Bata.
Pues él Venir tiene á las montañas, Yo me quejaré á él de tí.
Rústico.
¿Cómo, díme, mentecata, Le has de conocer, si Amor Para venir se disfraza?
Bata.
Los dioses, áun disfrazados, Dan de quién son señas craras, Que no habran como mosotros.
Rústico.
Pues ¿de qué manera habran?
Bata.
Con tan dulce melodía, Tan süave consonancia, Que siempre suena su voz Como música en el alma: Y así, en oyéndole que hace Gorgoritas de garganta, Cátale Dios.
Rústico.
El sabello Es bien, porque todos hagan Esa distincion. Mas díme, ¿Todo lo que dicen cantan?
Bata.
Cuando habran entre sí, ¿Qué sé yo lo que les pasa? Fuera de que ¿quién les quita Que tal vez?...
ESCENA IV.
Villanos.—Dichos.
Villanos.
(Dentro.)A la montaña, Pastores.
Otros.
(Dentro.)Al bosque.
Otros.
(Dentro.)Al rio.
Otros.
(Dentro.) Al monte.
Otros.
(Dentro.)Por aquí ataja.
Bata.
Pero ¿qué es esto?
Villanos.
(Dentro.)Pastores, Huid del valle, porque baja A él la fiera.
Bata.
¡Ay de mí triste!
Rústico.
De mí alegre, si te agarra Primero que á mí.
Bata.
No hará, Que asida yo á tus espaldas, Primero ha de dar contigo.
(Al huir él, se ase ella de sus espaldas sin verla: él huye, y ella tras él.)
Rústico.
¡Ay señores! ya me agarra, Ya me trincha, ya me muerde, Ya me engulle, ya me masca.
Bata.
¿Qué tiembras, que áun no es la fiera, Mentecato, quien te traga?
Rústico.
Pues ¿quién me tiene?
Bata.
Yo soy.
Rústico.
Aun peor está que estaba; Que fiera por fiera, no La quedas á deber nada. Mas yo huiré por esos trigos.
Bata.
Y yo por esas cebadas.
(Desásese de ella, y al entrarse cada uno por su lado, sale por el de Bata Cupido vestido de pastor, y Apolo de cazador por el otro, cantando todo lo que representan.)
ESCENA V.
CUPIDO, APOLO.—RÚSTICO, BATA.
Apolo.
Díme, bárbaro pastor...
Cupido.
Díme, rústica villana...
Apolo.
Si fueron las voces tuyas...
Cupido.
Si fueron tuyas las ánsias...
Apolo.
¿En cuál destas duras quiebras...
Cupido.
¿En cuál destas peñas altas...
Apolo.
Es donde el monstruo se oculta?
Cupido.
Es donde la fiera anda?
Rústico.
Aunque usted me lo pescude Con armonía tan branda...
Bata.
Aunque saberlo pretenda Usted con dulzura tanta...
Rústico.
Que me da á entender que es Pollo, Que viene en su busca á caza...
Bata.
Que piense que es Escopido, Que ya ha venido á matarla...
Rústico.
No estó para echar el huelgo.
Bata.
No estó para echar el habra.
Rústico.
Si ella quedó de venir...
Bata.
Serpiente es de su palabra.
Rústico.
Por ahí esperarla puede. (Vase.)
Bata.
Por ahí puede aguardarla. (Vase.)
ESCENA VI.
APOLO y CUPIDO, sin verse.
Cupido.
Ya podeis pedir albricias, Altos montes de Tesalia...
Apolo.
Ya, incultas selvas, podeis Alentar con esperanzas...
Cupido.
Pues disfrazado pastor, Amor á vosotros baja.
Apolo.
Pues en vosotros, fingido Cazador, Apolo anda.
Cupido.
A aquella parte parece Que se han movido las ramas.
Apolo.
Ruido entre aquellos peñascos Han hecho troncos y plantas.
Cupido.
¿Si será el monstruo el que esconden?
Apolo.
¿Si es el Fiton el que guardan?
Cupido.
Mas ¡qué miro!
Apolo.
Mas ¡qué veo!
Cupido.
¿Qué te admira?
Apolo.
¿Qué te espanta?
Cupido.
Verte de cazador. ¿Dónde Están de Admeto las vacas?
Apolo.
Mirarte á tí de pastor En monte de fieras tantas.
Cupido.
¿Por qué, si matar al fiero Fiton mi madre me manda?
Apolo.
Porque no sé que se hiciesen Para los montes tus armas. (Canta.) No desdores, Cupido, Tu arco y tus flechas; Que es desaire de hermosas Que maten fieras.
Cupido.
(Canta.) Antes quiero que vean, Sagrado Apolo, Que del Amor las armas Lo rinden todo.
Apolo.
Teme á los despenados, No diga alguno Que tus flechas se emplean Bien en los brutos.
Cupido.
Cuando el bruto no sienta De qué mal muere, Sentirá por lo ménos Sentir que siente.
Apolo.
Tu peligro recela; Que no es trofeo Tan gran monstruo de un niño Desnudo y ciego.
Cupido.
Aunque el Amor es ciego, Desnudo y niño, ¿Cuándo le ha retirado Ningun peligro?
Apolo.
Yo he venido á esta empresa Y ha de ser mia.
Cupido.
¿Quién habrá, sin ser loco, Que á Amor compita?
Apolo.
Quien á tí adelantando Su valor, sepa De sus rayos adonde Corre la fiera; Y ántes que tú llegues, La habré postrado.
Cupido.
Si tus rayos enferman, Matan mis rayos: Y así, aunque tú la encuentres, Dirá mi esfuerzo...
ESCENA VII.
Villanos, y luego, LIBIA.—APOLO, CUPIDO.
Villanos.
(Dentro.) ¡Ay qué terror! ¡Qué asombro!
Libia.
(Dentro.) ¡Valedme cielos!
Apolo.
Mas ¿qué voces son estas?
Cupido.
No sé, que solo Sé que el escucharlas Me tiene absorto. (Sale Libia huyendo.)
Libia.
Gallardos cazadores, Que segun inferir Deja al hombro el carcaj Y en la mano el marfil, Sin duda á nuestros montes De vecino confín Venís buscando caza, Sin ver donde venís: Mujer infeliz soy; Pues estais dos, partid Con deudas de mujer Lástimas de infeliz, Y dadme amparo. Libia, De Vénus (¡ay de mí!) Sacerdotisa soy: Viendo al templo subir Las zagalas del valle, Con unas de quien fuí Deuda ó amiga, quise El camino partir; Y habiéndolas dejado En el bello jardin Que hace la falda al monte; Bien como astuto vil Aspid, que disfrazado Se disimula, ví Que al paso me salia Fiton, de quien á oir Habreis llegado que es Terror deste país. Pero ¿qué me detengo? (¡Ay triste!) en referir Su furia y mi peligro, Si en mi alcance tras mí... Mas al verle no puedo, No puedo proseguir; Que es mordaza al hablar El lazo del sentir.
Apolo.
No temas, Libia bella, Que delante de tí, De tu vida seré Defensa yo.
Libia.
Al oir Lo dulce de tu voz, Me das á presumir Que eres deidad que el cielo Da en mi amparo.
Cupido.
¡Ay de mí!
(Cáesele el arco y flecha.)
Que al verte de tan cerca, Arco y flecha perdí.
Apolo.
¿Por qué, Amor, en su amparo No intentas preferir?
Cupido.
Por no vencerle á él, Sin que él te venza á tí. (Vase retirando.)
Apolo.
(Siguiéndole.) No es eso, sino que Amor en cualquier lid, Si entra al principio osado, Sale cobarde al fin. Y para que conozcas Mi esfuerzo, este sutil Arpon, rayo sin llama, Pájaro sin matiz, Cometa de los aires, Verás volar y herir, Siendo el Fiton mi triunfo. (Vase.)
ESCENA VIII.
LIBIA.
Libia.
¡Qué valiente á salir Al paso va á la fiera! Y ¡qué fiera (¡ay de mí!) Ella le mira! entrambos Vibrando á un mismo fin, Ella sus aceradas Navajas de marfil, Y él de su arco la cuerda. ¡Qué tiro tan feliz! Que falseando á la escama Las conchas que bruñir Pudo, al temple del sol, Del aire el esmeril, Al corazon penetra, A cuyo tiro ví, Revoloteando el ala, De la inhiesta cerviz El crinado copete Desmelenar la crin. Por boca y por heridas Ya verter, ya escupir De venenosa nieve, De infestado carmin Dos fuentes ven las flores; Y tanto, que al teñir Su tez, lo que topacio Nació, muere rubí. Túmulo es de esmeralda El risco, al sacudir La cola; pues le hace Sus bóvedas abrir, En cuyo seno ya Rendido, convertir Se oye el fiero bramar En tímido gemir. Y pues amedrentados Huyen todos de aquí, Venid vosotras, ninfas Del Peneo, venid, Cuantas de sus cristales El líquido viril En bóvedas de nácar, Plata y coral vivís: Venid pues á mis voces.
ESCENA IX.
Salen seis NINFAS vestidas de escamas y tocadas de corales y perlas, y DAFNE, y por otra parte RÚSTICO.—LIBIA.
Todas.
(Cantan.) ¿Qué nos quieres, nos dí, Que á todas á tu acento Obligas á salir Del cristalino albergue Que habitamos?
Rústico.
Y á mí De entre aquesas dos peñas, Adonde me escondí, Porque áun no dejó el miedo Ánimo para huir.
Libia.
Que las rendidas gracias Deis al que reducir Pudo nuestro temor Al más glorioso fin. Allí Fiton herido Yace, y triunfante aquí Quien pudo darle muerte.
ESCENA X.
APOLO.—Dichos.
Ninfas.
(Cantando.) ¿Quién eres, oh gentil Jóven, que tanto triunfo Llegaste á conseguir?
Apolo.
(Cantando.) Apolo soy, oh ninfas, Que del azul zafir A cumpliros bajé La palabra que os di: Y aunque quiso el Amor Conmigo competir, El triunfo ha sido mio.
Rústico.
Yo lo quise decir, Cuando el Amor dijeron Que habia de venir; Porque ¿qué habia de hacer Un niño, sino huir Del coco?
ESCENA XI.
CUPIDO, al paño.—Dichos.
Libia.
¿Qué esperais? Llegad todas, rendid Las vidas á sus plantas.
Cupido.
(Ap.) ¡Que esto pase por mí!
Todas.
Todas á ellas estamos.
Dafne.
Y yo la más feliz. Pues por hija me toca De Peneo aplaudir Tan gran victoria, quiero Matizar y pulir De jazmin y de rosa Una guirnalda, á fin De coronar tus sienes; Y pues deste pensil Se vienen á la mano Desde el lirio al jazmin, Las flores ciento á ciento, Las rosas mil á mil... (Hace una guirnalda.) Admite (¡oh sacro Apolo!) En honra desta lid, Hoy por todas de Dafne El don... Mas ¡ay de mí!
(Al ir á ponerle á Apolo la guirnalda, se le cae, quedando con las manos sobre la cabeza de Apolo.)
Que al ponerle en tu frente, Deslumbrada al ofir De tus rayos, en tierra Se cayó.
Apolo.
Eso es decir Que si jazmin y rosa Mi frente han de ceñir, Vienen á estar de más, Con el florido Abril De tus labios y manos, La rosa y el jazmin.
Dafne.
No es, ¡ay triste!
Apolo.
Pues ¿qué es?
Dafne.
No sé más de que al ir A coronar tus sienes Con mi guirnalda, ví Que otra de verdes hojas Flechaba contra mí Ardientes rayos, cuyo Pavor me hace afligir Tanto, que sin fatigas Del cincel y el buril, Parece que animado Tronco, el hado de mí Va labrando una estatua.
Libia.
No, bella Dafne, así Des al agüero el dia; Y en tanto que subir Pueda al templo la fiera A adornar su piel vil Del dintel de su puerta El grabado perfil, Hasta él, acompañando A su deidad, venid, Cantándole la gala.
Rústico.
Yo, pues que no perdí En el pasado susto Mi frauta y tamboril, Y de lance me hallo Ninfo barbado aquí, Por el camino haré El són; y áun he de ir Haciendo de repente Las copras del festin, Dando la vaya á Amor, Y el triunfo á Apolo.
Ninfa 1.ª
Dí, Que todas á tu modo, Por más solaz, seguir Queremos tus frialdades.
Rústico.
Pues todas prevenid Las conchas y los ramos De coral, que soprir Puedan los estrumentos.
(Toman todas ramos colorados y unas tarjetas á modo de conchas, con que hacen el son.)
Ninfa 2.ª
Ya están.
Rústico.
¿Empiezo?
Todos.
Sí.
Dafne.
(Ap.) Fuerza es con todas ¡cielos! Mis penas desmentir.
Apolo.
(Ap.) Mira en mi aplauso, Amor, Qué caso hacen de tí.
Cupido.
(Ap.) Pues que de celos muero, Nunca más Amor fuí; Pero de mi venganza Presto llegará el fin. (Vase.)
ESCENA XII.
Dichos, menos CUPIDO.
Rústico.
(Canta.) Ninfas que el rio y el prado Vuestro igual albergue es, Siendo en semanas del hado Sábados del Amor, pues No sois carne ni pescado, Sabed que Apolo y Amor Jugaban este verano, Y Apolo como es dotor, Salió á la primera mano Triunfando de matador. Amor, al verse arrastrado, Un triunfo sirvió de pié, Y dejó el juego, picado, Sin hacer baza, porqué No hace baza Amor baldado. Con que de Apolo el clamor Dijo, viendo su osadía, Tiritando de temor: Titirití, que de Apolo es el dia, Titirití, que no del Amor. (Bailan.)
Todos.
Titirití, que de Apolo es el dia, Titirití, que no del Amor.
Rústico.
Titirití, que el rapaz ceguezuelo...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Corrido ha quedado...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Pues de miedo ha dejado...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Caer el arco en el suelo...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Porque el sol mató al vuelo...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Al monstruo traidor...
Todos.
Titirití.
Rústico.
Con un pasador, Cuando con una modorra podia.
Todos.
Titirití, que de Apolo es el dia, Titirití, que no del Amor.
JORNADA SEGUNDA.
ESCENA PRIMERA.
CUPIDO; RÚSTICO, y coro de música, dentro.
Rústico.
(Dentro.) Vuelva el festivo rumor De la métrica armonía, Repitiendo con primor: Titirití, que de Apolo es el dia, Titirití, que no del Amor.
Coro.
(Dentro.) Titirití, etc.
Cupido.
¡Que estos baldones, cielos, Me obliguen á sentir Miedos de un bruto, cuando Me debiera lucir El no ser brutos triunfos para mí! Mas ya, cobrado el arco Y flecha que perdí, Verá el celeste coro Que al que venció vencí. Flecha de oro su pecho Para amar, ha de herir, Cuando el de Dafne, á quien Tejer las flores ví, Flecha de plomo hiera; Porque los dos así Lleguen, aborreciendo Y amando, á discurrir Que no son brutos triunfos para mí. Y porque contra todos Será en vano esparcir Flechas, el aire tengo, Pues dios del aire fuí, De infestar.—¡Ah del Eco!
ESCENA II.
La ninfa ECO.—CUPIDO.
Eco.
¿Qué quieres?
Cupido.
Fiar de tí A mi honor la venganza.
Eco.
¿De qué suerte?
Cupido.
Oye.
Eco.
Dí.
Cupido.
En todos tus espacios Voz no has de repetir Que no sea Amor. Amor Tu coro ha de decir; Que yo haré que ninguno Sus ecos llegue á oir, Que no muera al encanto De amar y de sentir.
Eco.
Sí haré; que tu venganza Tambien me toca á mí, Pues muriendo de amor, Es lustre mio decir Que no son brutos triunfos para tí.
(Dentro grita de pastores.)
Cupido.
Pues á esparcir entre esas Voces, que contra mí Prosiguen el aplauso De mi opuesto adalid, Las tuyas, entre tanto Que yo voy á fundir Arpones que publiquen Que es mi poder feliz, Contra las fieras no, Contra los dioses sí.
Eco.
Bien harás, que el que sepan Tambien me importa á mí...
Los dos.
Que no son brutos triunfos para tí.
(Vase Cupido.)
Eco.
Y así en tanto á ese efecto Mi coro interrumpir Verás de su alborozo El placer. (Vase.)
ESCENA III.
APOLO, DAFNE, FLORA, LIBIA, RÚSTICO, villanos, ninfas; despues, ECO y coro.
Dafne.
(Dentro.)Proseguid, Y hasta perder su esplendor De vista en la noche fria, No cese alegre el rumor.
(Vuelven otra vez á salir todos bailando, como entraron.)
Todos.
Titirití, que de Apolo es el dia, Titirití, que no del...
(Pasa por entre ellos Eco cantando, y todos se suspenden.)
Eco.
¡Amor, amor, amor!
Libia.
Nunca el eco ha respondido Tan dulcemente veloz.
Dafne.
Dices bien, pues es su voz Boreal iman del sentido.
Apolo.
¿Qué es lo que os ha suspendido, Que á todos turbar se ve?
Flora.
No sé más de que quedé Yo absorta.
Lauro.
Yo tan sin mí Que no sé lo que sentí.
Rústico.
Yo sí, pues que no lo sé.
Vill. 1.º
¡Qué ánsia!
Vill. 2.º
¡Qué pena!
Vill. 3.º
¡Qué horror!
Vill. 4.º
¡Qué pasmo!
Vill. 5.º
¡Qué desconsuelo!
Vill. 6.º
¡Qué sentimiento!
Todos.
¿Quién, cielo, El aire inficiona?
Coro 1.º,
que es el de Amor. (Dentro.) Amor.
(Vase cada uno por su parte.)
Apolo.
Oid, esperad.
Dafne.
Es error; Que si el amor ofendido Contagio del aire ha sido, Advierte que á tu poder Mayor monstruo que vencer Le queda que el que ha vencido. (Vase.)
Apolo.
Pues no le temais, que lleno El aire de otra armonía, Pues es la música mia, Vencerá el encanto ajeno.— Íris bella.
ESCENA IV.
ÍRIS.—APOLO.
Íris.
¿Qué me quieres?
Apolo.
Que pues tormentas reduces, Y á la merced de mis luces Deidad de las nubes eres, Remontando á ellas las aves, De cuya música he sido Maestro, solamente olvido Digan tus coros süaves; Para que de mí vencido Amor, temple su furor, Dando á venenos de amor Contravenenos de olvido.
Íris.
Tú verás que el primer medio De lograr su desengaño, Será prevenir el daño, Porque cuiden del remedio. (Vase Apolo.)
ESCENA V.
ÍRIS, Coro de amor y Coro de olvido, dentro.
Íris.
(Canta.) ¡Hola, aho, ah del valle, pastores! Huid, porque anda otra fiera en el monte Y fiera más fiera en saña y rigor, O el eco lo diga en sus ecos.
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Íris.
Amor enojado, Amor ofendido, Amor desdeñado, ¿Qué fiera mayor? O el eco lo diga en sus ecos.
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Íris.
Y así, pues amor los ecos esparcen, Aquí repitan olvido las aves; Porque competido De Amor el agravio y de Apolo el favor, Publiquen en lides de olvido y amor, Los ecos...
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Íris.
Las aves...
Coro 2.º
(Dentro.)Olvido.
Todos.
Porque competido De Amor el agravio y de Apolo el favor Publiquen en lides de olvido y amor, Los ecos amor y las aves olvido. (Vase Íris.)
ESCENA VI.
Salen como oyendo la música SILVIO por la parte del olvido, y CÉFALO por la del amor.—Coro de amor y Coro de olvido, dentro.
Céfalo.
¿Los ecos amor?
Silvio.
¿Las aves olvido?
Céfalo.
Despues que haciendo porfía, Por no dejarme vencer De Silvio, di en aprender Cómo á Dafne fingiria Que la amaba, noche y dia Siento en el alma un ardor Tal, que hecho tema el dolor, Me parece que he traido Tras mí una voz que al oido Siempre está diciendo...
Coro de Eco.
(Dentro.)Amor.
Silvio.
Desde que por merecer Con Dafne, di en estudiar Cómo se ha de desvelar Lo que se ha de padecer, Tal aprension di en hacer, Que, dueño de mi sentido, No sé qué ilusion ha sido La que me sigue veloz, Que parece que una voz Siempre está diciendo...
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Céfalo.
Qué fuera, que (como aquel Que domestica una fiera, Cuando ya la considera Rendida, obediente y fiel, Juega con ella, y cruel Vuelve á su primer furor) Familiarmente traidor, Viendo que con él jugaba, Vuelva contra mí su brava Natural violencia...
Coro de Eco.
(Dentro.)Amor.
Silvio.
¿Qué fuera, que como quien Teme un veneno violento, Suele hacer dél alimento, Porque cuando se le den, El mal se convierta en bien, Hubiera mi afecto sido? Pues de un olvido he temido Morir; y buscando el medio, Se ha venido á hacer remedio Del olvido el mismo...
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Céfalo.
Tal vez oí que por ensayo, Polvorista artificial Fingió un trueno de metal Y encendió contra sí el rayo. Mucho en mi mortal desmayo Recelo que mi valor Muera á manos de mi error, Pues cuando á ensayarme llego De amor al fuego, su fuego Revienta contra mí...
Coro de Eco.
(Dentro.)Amor.
Silvio.
A un hombre, que adoleció De un mal que no conocia, Aleve enemigo un dia Con la herida que le dió El mal le manifestó, Y quedó convalecido: Yo así, del olvido herido, Le tuve por homicida, Hasta ver que me dió vida, Por darme muerte el...
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Céfalo.
¿Qué nuevo afecto traidor Triunfa de mi libertad?
Silvio.
¿Qué auxiliar nueva deidad Se declara en mi favor?
Coro de Eco.
(Dentro.) Amor.
Coro de Íris.
(Dentro.)Olvido.
Silvio.
¿Olvido?
Coro de Eco.
(Dentro.) Amor.
Céfalo.
¿Amor?
Los dos.
Pero es error...
Céfalo.
Haber delirios temido...
Silvio.
Haber favores creido...
Los dos.
Por más que en vago rumor...
Los dos y los coros.
Publiquen en lides de Apolo y Amor.
Coro de Eco.
(Dentro.) Los ecos amor.
Céfalo.
Los ecos amor.
Coro de Eco.
(Dentro.)Las aves olvido.
Silvio.
Las aves olvido.
ESCENA VII.
DAFNE.—CÉFALO, SILVIO.
Dafne.
¡Los ecos amor, las aves olvido! Por salir de una ilusion, Viéndôs, pastores, aquí, Vengo á saber... (Ap. ¡Ay de mí! Que Céfalo y Silvio son.)
Silvio.
Pues ¿de qué es la suspension?
Céfalo.
Prosigue: ¿qué causa fué La que te trajo?
Dafne.
No sé, Que aunque saberla quisiera, No que de ninguno fuera De los dos.
Los dos.
¿Por qué?
Dafne.
Porque Temo que á vuestra porfía Volvais; y habiéndome hallado Bien con no haber declarado A quién la vida debia; No la experiencia querria De la pasada cuestion, Que acuerde la obligacion.
Silvio.
Por mí, poco que temer Tienes; que yo sabré hacer Desprecio la pretension. Que ya, sin que sienta cuerdo El mirarme aborrecido, Solo me acuerdo en mi olvido, Que de que olvido me acuerdo. Nada ya en perderte pierdo, Y así, no temas, oh bella Dafne, que hable en mi querella.
Dafne.
¿Qué más, para mi pesar, En ella quieres hablar, Que hablando, no hablar en ella? Que si el que ha de fingir eres Traer tus penas escondidas, Fingiendo lo que me olvidas, Me acuerdas lo que me quieres.
Silvio.
Bien hasta aquí, ingrata, infieres; Pero viendo desde aquí Que vivo tan sobre mí Que áun fingido no me quejo, Y con Céfalo te dejo Por ir huyendo de tí, Verás que mi olvido halló Causas que tú no previenes; Pues falso con los desdenes Pude no estarlo, mas no Con los celos; y pues yo Me ausento sin los recelos, Los sustos ni los desvelos De ver al competidor, ¿Cómo llevará tu amor El que se deja sus celos? (Vase.)
Dafne.
Oye, espera.
ESCENA VIII.
DAFNE, CÉFALO.
Céfalo.
No cruel Tu voz le detenga, no; Que eso es querer que halle yo Los celos que dejó él.
Dafne.
Tú, ¿por qué?
Céfalo.
Porque yo fiel Amante tuyo, rendido A tus plantas, el perdido Tiempo que no te amé, lloro: Y pues tu hermosura adoro, A pesar de aquel temido Hado, no tras ese fiero Desden vayas ofendida; Que si él finge que te olvida, Yo no finjo que te quiero.
Dafne.
La misma razon infiero Que en él, en tí, y no sé á quién El premio mis ánsias den; Pues amor y olvido igual, Aunque él no lo fingió mal, Tambien tú lo finges bien: Y pues conocer se deja Cuánto fué mi exámen necio, Ni desto he de hacer aprecio, Ni de aquello he de hacer queja, Y así, de entrambos se aleja Corrido mi desengaño.
Céfalo.
¿De qué?
Dafne.
De que es igual daño, Pesando males y bienes, Oir por engaño desdenes Que favores por engaño. (Yéndose.)
Céfalo.
No, si á este campo venías Con la duda que no sé, Te vuelvas con ella, en fe De no oir las ánsias mias: Y pues de mí no la fías, A que otro la diga espero Dar lugar; que el dia primero Que sabes que sé querer, No quiero más que saber Que sé que sabes que quiero. (Vase.)
ESCENA IX.
DAFNE, y despues los dos coros, dentro.
Dafne.
En segunda confusion De la que traje, me veo; Que aunque de uno y otro creo Ser su variada pasion Efectos de la cuestion, Con todo eso, habiendo habido Mudanza en mí, la he creido En ellos. ¿Quién, vil temor, A Céfalo mudó?
Coro 1.º
(Dentro.)Amor.
Dafne.
¿Quién á Silvio trocó?
Coro 2.º
(Dentro.)Olvido.
Dafne.
Olvido y amor oí: Ya son en la pena mia Dos las dudas que traia, Porque si sólo hasta aquí Pudo introducir en mí Una voz helado ardor, Ya es abrasado temor El que otra ha introducido, Oyendo que ha competido El agravio y el favor.
Los dos coros.
(Dentro.) Publiquen en lides de Apolo y Amor, Los ecos amor, las aves olvido.
Dafne.
En los palacios de Atlante, Dicen que una fuente habia, Que al que más libre bebia, Le dejaba más amante, Y que otra, poco distante, Al que amante la gustaba, Libre en su olvido dejaba: Sin duda, de ambos cristales Las cláusulas desiguales Estas son: pues yo, que amaba A Céfalo, cuando atiendo A esta hechizada armonía; Yo, que á Silvio aborrecia, Cuando estoy estotra oyendo, No sé ni de cuál me ofendo, Ni de cuál me obligo, no. ¿Habrá, ya que amor causó Un efecto, quien aquí Diga el que otro causó?
ESCENA X.
APOLO.—DAFNE.
Apolo.
(Dentro.)Sí.
Dafne.
¿Quién á eso se atreve? (Sale Apolo.)
Apolo.
Yo. Yo, que habiéndome tú dicho Que habia otro más rebelde Monstruo que vencer, no quise Dejar el duelo pendiente. Y así, al veneno de amor Busqué el antídoto fuerte Del olvido, porque sólo El olvido al amor vence.
ESCENA XI.
Pasa por lo alto CUPIDO, tirando flechas.—APOLO, DAFNE.
Cupido.
(Ap.) Ahora lo verás, y pues Esperé á esta ocasion, vuelen Invisibles flechas, que una Apague lo que otra enciende. (Vase.)
Dafne.
En la parte que me toca, Mi altivez te lo agradece, Pues libre de una pasion, De un instante acá, parece Que todo el Etna del pecho En cenizas se convierte, Pesándome el corazon, Segun que oprimido siente No sé qué grave delirio, Más que si de plomo fuese.
Apolo.
¡Qué fuera (¡ay de mí!), qué fuera, Que al exhalarse el ardiente Etna de tu pecho, en mí Prendan sus iras crueles!
Dafne.
¿Cómo?
Apolo.
Como dividiendo Los contrarios accidentes De nieve y fuego, ha partido En mí el fuego, en tí la nieve...
Dafne.
¿Qué causa? Dí.
Apolo.
Tu hermosura.
Dafne.
¿No la habias visto otras veces?
Apolo.
Sí, pero lo que se ve, No es, Dafne, lo que se atiende. ¿Ahora sabes que el influjo Reservado punto tiene, Y que no siempre es hermoso Aun lo que es hermoso siempre, Pues no lo es cuando lo es, Sino cuando lo parece?
Dafne.
No sé, porque solo (¡ay triste!) Sé que un hielo me estremece.
Apolo.
Yo, que un incendio me abrasa.
Dafne.
Yo, que un pasmo me suspende Tanto, que me obliga á que De aquel presagio me acuerde, Pues si allí fuí vivo tronco, Muerta estatua aquí.
Apolo.
Detente.
Dafne.
¿A qué?
Apolo.
A que con solo oirme, Tan no visto dolor temples.
Dafne.
El respeto de mirarte Deidad, y el temor de verte Deidad ofendida, me hace Que huya de tí.
Apolo.
Si me temes Como á deidad ofendida, Yo sabré por complacerte Que el estilo de deidad Con el de mortal se mezcle, Usando de entrambas voces.
Dafne.
¿De qué suerte?
Apolo.
Desta suerte. Bellísima hermosa Dafne, ¿Ves ese monte eminente Que expuesto al rigor del hielo Y á la saña de la nieve,
(Canta.)
Humilde, postrado y rendido padece Helados rigores del cano Diciembre? Pues apénas el Abril Bordará su esfera verde, Cuando le verás ceñido De rosas y de claveles,
(Canta.)
Ufano gozando, contento y alegre Matiz en las flores, cristal en las fuentes. Pasará la primavera, Y en jóven edad ardiente El estío, su esmeralda Verás que en oro guarnece,
(Canta.)
Brotando la falda del rústico albergue Campañas de flores en golfos de mieses. Llegará el otoño, y no Habrá yerto árbol, que fértil, De varios frutos no veas Todas sus ramas pendientes,
(Canta.)
Brindando á la vista y al gusto igualmente Hermoso el agrado y goloso el deleite. Deste pues círculo entero Del año soy rey, y deste Compuesto triunfo de horas, Dias, semanas y meses,
(Canta.)
El dueño serás, bella Dafne, si quieres Feriarme á tan sólo un favor tus desdenes. ¿Qué lágrima que la aurora En líquido aljófar vierte, Y en cuajada perla guarda La concha que se la bebe,
(Canta.)
No será á tu oído, si al zarcillo pende, Susurro que diga que de mí te acuerdes? ¿Qué oculta vena en sus minas De plata ú de oro, obediente, O ya al yunque que la ablanda, O ya al torno que la tuerce,
(Canta.)
No será tratable esplendor cuando llegues A ver que en tus ropas se borda ó se teje? ¿Qué rebelde piedra, dócil No pulirá lo rebelde, Si cuando el cincel la gasta, Y cuando el buril la muerde,
(Canta.)
Es para que sea blanca, roja ó verde, Ya flor en tu pecho, ya estrella en tu frente? El ignorado perfume, Que hasta hoy ninguno entiende Si la ballena le aborte, O si el escollo le engendre,
(Canta.)
Despues que te sirva en curadas pieles, Fénix de tu olfato, le haré que se queme. Y áun cuando te agrade, Dafne, Que te sirva el mismo fénix, Será en tu estrado su hoguera Brasero de tus tapetes.
(Canta.)
Y en fin, porque sólo adorarte...
Dafne.
Suspende La voz, que cuando no fuera Por mí, dejara de verte Por ver que con lo que dices Contradices lo que sientes.
Apolo.
¿Yo?
Dafne.
¿No publicas olvido?
Apolo.
Sí.
Dafne.
¿Pues qué hay de que te quejes, Si nadie de que le aprendan Lo que él enseña, se ofende?
(Canta.)
Que dar un consejo y sentir que le acepten, Es formar un monstruo de opuestas especies. Fuera de que si al Amor Vencer, Apolo, pretendes, No se vence Amor amando.
Apolo.
¡Ay, que ya no es amor este!
Dafne.
Luego si este no es amor, No tengo qué agradecerte. (Yéndose.)
Apolo.
Sí, no siendo amor, porque Es adoracion, sí tienes; Y así... (Ásela del vestido.)
Dafne.
Suelta, y no me sigas, Pues que tú mismo me ofreces
(Canta.)
Con la leccion de que libre te olvide, Tambien la razon de que esquiva te deje.
(Vase.)
Apolo.
¡Con mi antídoto me matan! ¡Ay de mí infeliz mil veces! Gusano de seda he sido, Yo me he labrado mi muerte. Pero ¿qué importa, qué importa, Ni que amor de mí se vengue, Ni que tú?...
ESCENA XII.
Villanos, RÚSTICO, BATA, FLORA, LAURA.—APOLO.
Villanos.
(Dentro.)Allí está, llegad Todos.
Apolo.
Mas ¿qué estruendo es este, Que me embaraza á que siga Sus pasos? (Salen Bata y Rústico.)
Bata.
Escucha.
Rústico.
Atiende.
Bata.
Habiendo, Pollo, sabido...
Rústico.
Cuantos el rústico albergue...
Bata.
De los montes de Tesalia...
Rústico.
Habitan, lo que te deben...
Bata.
No sólo en matar figones...
Rústico.
Sino en vencer juntamente...
Bata.
Los encantos del Amor...
Rústico.
Pues trabucando calletres...
Bata.
Vine á olvidar yo á ese tonto...
Rústico.
Vine á amar yo á esa serpiente...
Bata.
Y habiendo tambien sabido...
Rústico.
Cuanto las ninfas alegres...
Bata.
Del Peneo ambas victorias...
Rústico.
De mí ayudadas, celebren...
Bata.
Con diversos instrumentos...
Rústico.
Todos en tu busca vienen...
Bata.
Alegremente festivos...
Rústico.
Diciendo...
Bata.
De aquesta suerte...
(Salen todos los zagales cantando y bailando.)
Todos.
(Cantan.) ¡Viva Apolo, viva, Pues sólo puede Vencedor llamarse Quien al Amor vence!
Apolo.
¡Ay de mí! que ya estas voces, Más que me obligan, me ofenden.
Bata.
(Canta.) Préstame esta noche Tu arco y tus flechas, Que me importa la vida Matar dos dueñas. Y sólo pueden Matar dueñas arpones Que matan sierpes.
Todos.
¡Viva Apolo, viva, Pues sólo puede Vencedor llamarse Quien al Amor!...
Apolo.
Cesen, Villanos, vuestros aplausos; Que miente vuestra voz, miente Vuestro acento, si de mí Publica que sólo puede Vencedor llamarse Quien al Amor vence.
Unos.
¿Qué es esto?
Otros.
¿Qué le habrá dado?
Rústico.
No sé; pero el que quijere Vivir, guárdese del sol El dia que se enfurece.
Apolo.
Huid todos, huid de mí, Villanos, viles, aleves; Que ya es baldon y no aplauso El decir que sólo puede Vencedor llamarse Quien al Amor vence.
Flora.
Huye, Laura. (Vase.)
Laura.
Flora, huye. (Vase.)
Todos.
Sí, que está loco parece.
Bata.
Debe de durar la luna De hebrero, en cuya creciente, Ni cuando anochece sabe, Ni sabe cuando amanece. (Vase.)
(Vanse todos, quiere huir Rústico, y le detiene Apolo.)
ESCENA XIII.
APOLO, RÚSTICO.
Apolo.
No huyas tú.
Rústico.
(Ap.)¡Por fuerza hube Yo de ser el que cogiese!
Apolo.
¿Qué temes?
Rústico.
¿Qué he de temer? Que me dé como dar suele Cuando madura membrillos. Mas diga lo que me quiere.
Apolo.
Yo ví á Dafne...
Rústico.
Yo tambien.
Apolo.
Y sentí en un punto breve, No sé qué ofensa que halaga, No sé qué halago que ofende.
Rústico.
Eso no sentí yo; que eso La gente ruin no lo siente.
Apolo.
Dijo que de una pasion Se olvidaba: en que se infiere Que tiene amor.
Rústico.
Sí tendrá, Porque es cosa que se tiene. Pero ántes que pasemos Adelante, ¿qué le mueve A no habrar con la armonía Que solía?
Apolo.
¿Cómo quieres, Destemplado el corazon, Que la voz no se destemple? Yo es fuerza que lleve el dia A los campos de Occidente, Y porque sepa en mi ausencia Si hay quien su quietud desvele, Tú la noche en este valle Has de estar, porque me cuentes Si ella del sacro Peneo Deja el cristalino albergue, Y sale á hablar á su orilla Con su amante.
Rústico.
Hé aquí que él viene, Y que ella sale, y se enojan Que sin ser vecino aceche, Y dan conmigo en el rio: Con que yo ahogado y tú ausente No das conmigo hasta dar Con el signo de los peces.
Apolo.
Yo haré que en tí reparar Nadie pueda.
Rústico.
¿De qué suerte?
Apolo.
Haciendo que transformado En árbol, ninguno á verte Llegue, que por tronco no Te tenga.
Rústico.
¡El diablo me lleve (Maldicion que se habrá oido En Tesalia pocas veces), Si tal esperare! (Vase.)
Apolo.
Aguarda. Mas ¿qué importa que te alejes Para no ser racional Planta entre esotras viviente, El dia que mi deidad Puede fingirla aparente? Y tú, en tanto, hermosa Íris, Del olvido no te acuerdes; Deja que la voz de Amor Veloz en sus ecos suene. Ame, y no olvide.
(Vase Apolo, y vuelve Rústico convertido en árbol.)
Rústico.
¡Valedme, Dioses de mi devocion, Pues que lo sois, Baco y Céres, En este aprieto, en que ya Mi pié en raíz se convierte, En corteza mi pellejo, Y de la planta á la frente En ramas mis brazos, y hojas Mi melena y mi copete!
ESCENA XIV.
DAFNE, despues, CÉFALO.—RÚSTICO, hecho árbol.
Dafne.
(Para sí.) En aquesta soledad, Supuesto que ya anochece, Libre de Apolo, será Bien que á mis solas me queje.
(Sale Céfalo.)
Rústico.
(Entre sí.) Peor es esto, que á esta parte Parece que siento gente.
Céfalo.
En lo florido, la senda Es esta en que Dafne viene.
Rústico.
(Entre sí.) Y áun á esotra, y si el escaso Crepúsculo ver consiente, Mezclando luces y ramas, Entre lo rojo lo verde, Dafne es la que viene allí, Y Céfalo el que allí viene. Mas ¿qué sería si él fuera El galan que Apolo teme? Atienda pues; que quizá El placer será dos veces Placer, cuando ahora lo sepa, Y despues cuando lo cuente.
Dafne.
(Para sí.) Deshecha fortuna mia, ¿Qué nuevo delirio es este, Que no veo, que no oigo Cosa alguna en que no encuentre Aborrecimiento? Tanto, Que á mí misma me parece Que me aborrezco (¡ay de mí!) Desde aquel instante, desde Aquel punto...
Céfalo.
Hermosa Dafne, Perdona; que no consiente El nuevo afecto que en mí Quieren los hados que reine, Que no te siga, porque El recelo de que pienses Que es fingido amor, me hace Que tras tí...
Dafne.
La voz suspende; Que fingido ó no, no sabes A cuán mala ocasion vienes. Y si quieres que yo crea Que es verdad el que me quieres, O que crea que lo finges Tan bien que me lo parece, Una fineza lo diga.
Céfalo.
¿Qué fineza?
Dafne.
Que me dejes Con mi soledad.
Céfalo.
No sé Que sea fineza decente, Que el que desdenes estima Se vaya por no oir desdenes. Trátame mal; pero no Tan mal que de tí me alejes.
Dafne.
Haz esto por mí.
Céfalo.
Sí haré, Porque veas claramente Que sólo obedece quien A tanta costa obedece. Mas partamos el camino, Y puesto que yo me ausente, Quede quien te hable por mí El rato que aquí estuviere.
Dafne.
¿Quién ha de hablarme?
Céfalo.
Este tronco, En cuya corteza...
Rústico.
(Para sí.)Ese Es mi pellejo.
Céfalo.
Mi amor Dejará escrito con este Puñal un mote...
Rústico.
(Para sí.)¡Mal haya El primer impertinente Que inventó motes!
(Céfalo escribe con el puñal.)
Céfalo.
Que diga «Céfalo por Dafne muere.» (Vase.)
Rústico.
(Para sí.) Y yo por Céfalo y Dafne.
Dafne.
Vuelva, pues que vuelvo á verme A mis solas, á mis quejas.— ¡Qué hielo!... Mas Silvio es éste. Con su tema vendrá.
ESCENA XV.
SILVIO.—DAFNE, RÚSTICO.
Silvio.
¿Aquí Dafne, estabas?
Dafne.
Por no verte A tí, ni á nadie, busqué Esta soledad. Si vienes A proseguir tus fingidos Desaires, el paso tuerce, Y déjame, que ya sé Lo bien que lo finges. Véte, Silvio; que á solas me importa Quedar... ó yo me iré.
Silvio.
Tente; Que no tan solo en tu busca[4] Vengo, pero si supiese Que aquí estabas, no llegara; Porque áun fingidos no quieren Acordarse mis pesares De que fueron tus placeres. Acaso por aquí vine, Y porque falsa no quedes Presumiendo que es deshecha De haberte seguido, deje En este tronco mi olvido Quien mi mudanza te acuerde.
(Va á escribir en el árbol, y vuélvese Rústico de espaldas.)
Rústico.
(Para sí.) Ya está escrita aquesa plana, Y si otros la hoja vuelven, Yo vuelvo el tronco y la hoja.
Silvio.
Aquí verás, si lo lees, Si te busco ó no, pues dice... (Escribe.) «A Dafne Silvio aborrece.» (Vase.)
ESCENA XVI.
DAFNE, RÚSTICO.
Dafne.
Yo lo agradezco.
Rústico.
Yo no.
Dafne.
¿Quién habló aquí?
Rústico.
Sea quien fuere.
Dafne.
Voz, ¿cúya eres?
Rústico.
De una planta, Para melon excelente, Porque es de cáscara escrita.
Dafne.
¿Las plantas hablan y sienten?
Rústico.
Presto lo verás, si á mí Te acercas.
Dafne.
¡Cielos, valedme! Que al oir que lo veré Presto, el pecho se estremece, El corazon se retira, El aliento desfallece: Tanto, que aunque ya las sombras De la noche al alba vencen, Embargada del asombro Con que esta voz me suspende, Aun no acierto á retirarme. ¡Presto lo veré! Mil veces Sienta absorta, tema muda, Arda helada y ciega tiemble. (Vase.)
ESCENA XVII.
RÚSTICO, y luégo APOLO.
Rústico.
Ve aquí que ya para mí Siete años la noche tiene, Pues ya ha cerrado, y Apolo De mí no se acuerda. Advierte, Oh rubio padre del dia, Que es hora de que despiertes; Que no daré un cuarto por Enamorado que duerme. (Sale Apolo.)
Apolo.
Apénas la blanca aurora Doró la cima eminente Deste monte, cuando á él Mis sentimientos me vuelven, Fiando el pértigo del carro A Etonte y Flegon. Aqueste Es el árbol que dejé Por espía: á saber llegue Qué vió en mi ausencia. Mas él Que me responde, parece, Antes que se lo pregunte: Pues un mote escrito tiene En la corteza, que dice: (Lee.) «Céfalo por Dafne muere.» ¡Oh mal hayas tú, porque Lo primero que en tí encuentre, Sean mis celos!
Rústico.
¿Con eso Se viene ahora?
Apolo.
No quede Hoja en tí...
Rústico.
(Ap.)Vuelva la hoja, Porque ya que esto le pese, Estotro le desenoje.
Apolo.
Que no tale, que no queme...
(Da Apolo con el puñal en las ramas, y Rústico se vuelve de espaldas.)
Rústico.
Aquesos son mis cabellos: Usted no me los repele.
Apolo.
Porque otra vez no me digas... (Lee.) «A Dafne Silvio aborrece.»
Rústico.
(Ap.) Ya con esto lo he enmendado, Pues es fuerza que se huelgue.
Apolo.
¡Esto más, infame tronco, Rudo padron de mi muerte, Y áun de dos muertes! supuesto Que no sé cuál más me ofende, O el que ama lo que amo, O el que lo que amo aborrece.
Rústico.
(Ap.) Por activa y por pasiva Lo erré.
Apolo.
Pero en mal tan fuerte No es ocasion de que arguya Quién más al alma se atreve, El que mi gusto disfama O el que mi gusto apetece.
Rústico.
Pues ¿qué culpa tengo yo?
Apolo.
Nada me digas, y vuelve, Rústico, á tu primer forma; Que no quiero que me cuentes Más.
Rústico.
¿Qué más, si te he contado Que dos á Dafne divierten, Como quien quiere la cosa, Y como quien no la quiere? (Vase.)
Apolo.
¿Qué distinto fuego, cielos, De otro cualquier fuego es este, Que aborreciendo ó amando Contrarios vientos le encienden?
ESCENA XVIII.
DAFNE.—APOLO.
Dafne.
(Sin ver á Apolo.) El mismo temor que anoche De aquí me ausentó, me vuelve Con el dia, persuadida A que sus sombras, que siempre Horrores engendran, fueron Ilusiones aparentes, Y á desengañarme... Pero Apolo está aquí.
Apolo.
Detente, Si ya no es que vergonzosa De que sepa de quien eres Aborrecida y amada, Tirana la fuga intentes.
Dafne.
Si hubieras sabido, Apolo, Que era yo la que imprudente Amaba ó aborrecia, Fuera bien irme y no verte; Mas ¿por qué el que me aborrezcan O me amen, ha de ponerme En fuga tuya?
Apolo.
Porque No sé qué estimacion pierde, O aborrecida ó amada, Una mujer, sea quien fuere, Que el saber que tiene hechos Los oídos á desdenes O á favores, facilita La accion de quien se la atreve.
Dafne.
Antes se la dificulta; Que aborreciendo igualmente Al que aborrece y al que ama, A entrambos afectos tiene Cerrado el paso: y lo pruebo.
Apolo.
¿De qué suerte?
Dafne.
Desta suerte.
(Vase huyendo y él tras ella, y vuelven por otra parte, sin cesar la representacion.)
Apolo.
Aunque otra vez huyas, no, Como otra vez, detenerme Podrán villanos festejos.
Dafne.
Sus alas Amor me preste.
Apolo.
¿Cómo ha de dar contra sí Sus alas Amor? (Éntranse.)
Dafne.
(Dentro.)Si atiende Que es miedo el que á mí me valga, Para que de tí se vengue. (Salen.)
Apolo.
Si es venganza tuya, ingrata, Tu rigor, yo he de vencerle Triunfando dél y de tí. (Entran.)
Dafne.
(Dentro.) Tarde ó nunca podrás.
Apolo.
(Dentro.)¿Eres El dia de hoy, que del sol huyes?
Dafne.
(Dentro.) Soy el de ayer, que no vuelve.
Apolo.
(Dentro.) No eres sino el de mañana, Pues á manos del sol vienes.
(Salen: Apolo alcanza á Dafne, y detiénela.)
Dafne.
¡Dadme vuestro favor, dioses!
Apolo.
¿Cómo un dios contra otro puede?
Dafne.
¿No pudo Amor contra tí?
Apolo.
Ya es fuerza que lo confiese.
Dafne.
Y que yo á los cielos pida Amparo.
Apolo.
Porque no lleguen A oir sus voces... ¡bella Íris! Haz que las tuyas las lleven Confusas al aire.
Dafne.
¡Eco! Porque al alcázar celeste Suban, repitan las tuyas Mis ánsias.
Apolo.
Todas se mezclen.
ESCENA XIX.
Música, dentro.—APOLO, DAFNE.
Dafne.
Dioses, cielo, luna, estrellas...
Música.
(Dentro.) Dioses, cielo, luna, estrellas...
Dafne.
Montes, mares, prados, fuentes...
Música.
(Dentro.) Montes, mares, prados, fuentes...
(Todo esto se ha de representar huyendo ella, y desasiéndose de él siempre que la alcance, sin llegar á lucha.)
Dafne.
Troncos, riscos, plantas, flores...
Música.
(Dentro.) Troncos, riscos, plantas, flores...
Dafne.
Aves, brutos, fieras, peces...
Música.
(Dentro.) Aves, brutos, fieras, peces...
Dafne.
Dadme amparo...
Música.
(Dentro.)Dadme amparo...
Dafne.
Socorredme...
Música.
(Dentro.)Socorredme...
Dafne.
De un tirano...
Música.
(Dentro.)De un tirano...
Dafne.
De un aleve.
Música.
(Dentro.)De un aleve.
Apolo.
¿Ves cómo nadie te oye?
Dafne.
Veo que todos me ofenden. ¡Gran Peneo, padre mio!...
Música.
(Dentro.) Gran Peneo, padre mio...
Dafne.
Por tu honor y mi honor vuelve...
Música.
(Dentro.) Por tu honor y mi honor vuelve...
Dafne.
No permitas...
Música.
(Dentro.)No permitas...
Dafne.
Que yo llegue...
Música.
(Dentro.)Que yo llegue...
Dafne.
A ver ántes...
Música.
(Dentro.)A ver ántes...
Dafne.
Mi desdicha que mi muerte.
Música.
(Dentro.) Mi desdicha que mi muerte.
Apolo.
Primero, ingrata, en mis brazos Que te alivien y consuelen Los dioses á quien invocas, Ni los cielos á quien mueves, Verá el Amor...
Dafne y Música.
(Dentro.)No verá.
(Da vuelta un peñasco con Dafne, y queda á sus espaldas un laurel, con quien se abraza Apolo.)
Apolo.
¡Hados! ¿qué prodigio es este? ¡La beldad que á abrazar iba Entre mis brazos, convierten En yerto tronco los dioses, Que de su llanto se duelen! A cuyo prodigio pasman, A cuyo asombro fallecen, Aun más que ella mis sentidos; Pero no mi fuego ardiente: Pues á su pompa postrado, Es bien que idólatra quede A serlo más de sus hojas, Que de mis rayos las gentes, Adorando su hermosura, Aun en su cadáver siempre.
ESCENA XX.
Sale CUPIDO y todos los demas, como él los va llamando.—APOLO; DAFNE, convertida en laurel.
Cupido.
¡Íris bella!
Íris.
¿Qué me mandas? (Sale.)
Cupido.
¡Eco hermosa!
Eco.
¿Qué me quieres? (Sale.)
Cupido.
¡Sábia Libia!
Libia.
¿Qué me ordenas? (Sale.)
Cupido.
¡Silvio ingrato!
Silvio.
¿Qué pretendes? (Sale.)
Cupido.
¡Céfalo amante!
Céfalo.
¿Qué dices? (Sale.)
Cupido.
¡Ninfas del Peneo!
Ninfas.
¿Qué emprendes? (Salen.)
Cupido.
¡Pastores del valle!
Zagales.
¿A qué Nos llamas? (Salen.)
Cupido.
Oidme, atendedme. Bien sabeis que mi desaire Fué (ya lo he dicho otras veces) No ser mis armas capaces De brutos, que amor no sienten. El triunfo disteis á Apolo; Y para que llegue á verse Quién triunfa con más ventajas, Quién más aplausos merece, Quien vence fieras, ó quien Vence al dios que fieras vence; Volved los ojos, vereis Que á un tronco adorando muere, Porque esto de adorar troncos De sus ídolos lo aprende.
Apolo.
Lo que por baldon, Amor, Me dices, es bien acepte Por blason de mis hazañas; Que mi mayor triunfo es este De saber amar, ya que Confieso que tú me vences, Pues solo amar sabe el que ama Aun más allá de la muerte. Dafne es esta, que á los dioses Con su llanto compadece Tanto, en culto de su honor, Que en árbol me la convierten, Tan raro que, vegetable Jeroglífico, contiene Su duracion en lo eterno, Su juventud en lo verde. Y yo, porque desde aquí Por sagrado le venere El mundo, elijo sus hojas Para lauro de mis sienes; Siendo su nombre laurel, A quien ni el ábrego hiele, Ni el cierzo abrase, gozando De iguales verdores siempre. Del rayo estará seguro; Y para que más se aumente Su honor, con él sus victorias Han de coronar los reyes.
Bata.
Y añade que en las batallas De aceitunas y escabeches Será general.
Todos.
A todos Tan gran prodigio suspende.
Rústico.
Sino á mí, que ya sé á qué Sabe el ser tronco viviente.
Céfalo.
A mí sí, pues en mí el hado Su influjo cumplió inclemente, Y me ha de costar la vida Quedar llorando su muerte.
Silvio.
Yo, aunque libre de su amor Viva, á los dos aconseje Que, en lôr suyo, de sus ramas Llevemos.
Todos.
Bien nos adviertes.
Apolo.
Tened, esperad, que no A todos se les concede Ese honor.
Todos.
Pues ¿para quién Le guardas?
Apolo.
Su dueño tiene; Que yo de la astrología Que en ese globo celeste Cada dia leo, sé Que habrá rey tan excelente Que por su valor invicto, Que por su ingenio prudente Y por su persona amable, Le merezca solamente.
Todos.
¿Qué rey?
Apolo.
El segundo Cárlos, De tantos gloriosos reyes Heredero, que no solo Consiga el alto honor deste Primero laurel del mundo, Mas el de todos, de suerte Que venga á ser su corona El laurel de los laureles: Cuyo generoso nombre, El dia que se celebre, Será comun alborozo De tantas diversas gentes, Que no habrá parte en el orbe Que desde Oriente á Occidente No le festeje y le aplauda.
Cupido.
Yo (á quien como Amor compete La celebridad del dia, Pues ninguno habrá que niegue Que el amor de los vasallos Patrimonio es de los reyes), A pesar de Apolo (puesto Que aunque él el laurel defiende, No es triunfo suyo el dia que Yo le gozo y él le siente), Tengo de ser quien humilde De sus hojas á ofrecerle Llegue la triunfal guirnalda.
Todos.
Todos ufanos y alegres Te acompañaremos.
Apolo.
Yo, Vencido de Amor dos veces, A ese fin seré el primero Que su heroico nombre intente, Si el alba le cuenta á dias, Que el tiempo á siglos le cuente. Pues todos haciendo caso La imaginacion, que puede Persuadirnos á la dicha De que merecemos verle, Postrados (como si aquí Le tuviésemos presente) El sacro Laurel de Apolo, Con festivos parabienes, Ofrezcamos á sus plantas, Por si por dicha merece, Siendo don nuestro, ceñir El rizo Ofir de sus sienes. Y porque la voz de amor En todos á un tiempo suene, Pues es de todos, conmigo Decid lo que yo dijere.
Cupido.
(Canta.) Señor, amor en sombras...
Todos y Música.
Señor, amor en sombras...
Cupido.
De fabulosos dioses...
Todos y M.
De fabulosos dioses...
Apolo.
(Canta.) Y del amor vencido...
Todos y M.
Y del amor vencido...
Apolo.
El César de los orbes...
Todos y M.
El César de los orbes...
Íris.
(Canta.) El arco de la paz...
Todos y M.
El arco de la paz...
Íris.
Que vuestro imperio logre...
Todos y M.
Que vuestro imperio logre...
Eco.
(Canta.) El eco que le esparza...
Todos y M.
El eco que le esparza...
Eco.
En siempre heroicas voces...
Todos y M.
En siempre heroicas voces...
Todos.
Todos humildemente...
Música.
Todos humildemente...
Todos.
A vuestras plantas ponen...
Música.
A vuestras plantas ponen...
Todos y M.
Aquel laurel que pisa La falda deste monte. (Bailando.)
Cupido.
(Canta.) Y pues hoy es el dia...
Todos y M.
Y pues hoy es el dia...
Cupido.
Que amor sus triunfos goce...
Todos y M.
Que amor sus triunfos goce...
Cupido.
Dénos la que ha de ser...
Todos y M.
Dénos la que ha de ser...
Cupido.
Amor de los amores...
Todos y M.
Amor de los amores...
(Canta Apolo, repitiendo siempre la música, y todos.)
Apolo.
(Canta.) Apolo os lo suplica, previniendo esplendores, Con que si á vos laureles, A ella rayos coronen.
Íris.
(Canta.) En cuya paz, el aire Nos dé tan feliz prole...
Eco.
(Canta.) Que el eco de su fama Llene mares y montes.
Céfalo.
De suerte que á ser venga...
Silvio.
En unidad conforme...
Bata.
Todo en ella finezas...
Rústico.
Y todo en vos blasones...
Todos.
Siendo aqueste laurel Cuando ambas sienes dore...
Música.
Bandera de los aires, Garzota de las flores.
Todos.
De suerte que á ser venga, Cuando ambas sienes dore Este laurel, que pisa La falda deste monte, Bandera de los aires, Garzota de las flores.