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Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba

PARTE TERCERA (continued 3)

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Estas bóvedas ofrecen un episodio completo de un romance fácil de adivinar, el cual se reduce, á que el león figura simbólicamente los amores de un guerrero árabe esclavizado á una cristiana de alto rango, que un mago, por medio de sus hechicerías, trata de robarla, y que es sorprendido por el cristiano que aparece y mata al mago, cuyo cristiano á su vez es muerto por el árabe en desafío y á la vista de la dama: que todo esto se verifica mientras los dueños del alcázar juegan tranquilamente dentro del edificio, muy ajenos de lo que está sucediendo por fuera. Entre tanto, otros caballeros cristianos, con trajes del tiempo de Don Juan II, se entretienen en una partida de caza de osos y jabalíes, ocupación diaria de los tiempos feudales y causa de muchas empresas amorosas.

En otra bóveda se ve en primer lugar y en el centro, una composición fantástica que tiene puntos de contacto muy marcados con la otra pintura. Una fuente en el medio, con columnas salomónicas sirviendo de eje central, y en la más

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Pinturas de la Sala de Justicia.

pequena de sus tazas, un perro en actitud espectante. La forma de todas las pilas es octogonal y la primera, ó la que descansa sobre el suelo, tiene en los ocho ángulos pedestales salientes, los cuales dejan entrepaños con cuadrados en el centro donde se ven cabezas de león. La segunda pila, que también derrama agua, está sostenida por ocho niños á manera de angelotes, con las cabelleras peinadas, y á un lado y otro se ven sentadas dos figuras, una de las cuales es la dama que en la otra bóveda tiene encadenado el león, y la otra es un joven que parece el del torneo. En el suelo hay como un estanque poblado de patos y gaviotas, y árboles á uno y otro lado con piñas y nísperos, cargados de pájaros de diversos colores. Siguiendo á la derecha se encuentra un paje tocando una bocina, que lleva melena en bucles ó sortijas, capuchón, pantalón ceñido y botines, como los trajes de la corte borgoñona: luego hay un caballero sorprendido por un oso al que hiere con su lanza mientras acometen á la fiera galgos y lebreles; también se ve entre ramas un joven bebiendo en una alcarraza, pero con traje tan raro, que parece del tiempo de Luis XIV.

En la bóveda del centro es donde se han entretenido más los arqueólogos, suponiendo unos que son retratos de diez reyes, hasta el conocido por Abu-Said, el Bermejo, muerto por Don Pedro de Castilla el año 1362; y como esto conviene con las escenas que se representan en las otras dos, las cuales se pueden atribuir á la misma época, es muy posible que antes que se hicieran estas pinturas no hubieran reinado más de diez nazaritas, con lo cual coinciden nuestros estudios sobre el tiempo en que fueron hechas. No hay en ellos, sin embargo, ningún distintivo por el cual podamos deducir que fueron los diez reyes mencionados. Y ¿cómo no habían de tenerlo cuando sabemos que los reyes de Persia llevan sobre el turbante ó el caftán negro á manera de escarapela, estrellas, cuentas doradas ó círculos de colores, según sus genealogías, que los kalifas de la Arabia se distinguen en el color del turbante, como se significaba la bandera del Profeta; que los turcos llevan la media luna sobre su escudo y frente, y que los de Egipto, Túnez y Marruecos se dieron á conocer también por los colores dinásticos, los petos bordados y algunas veces las coronas en forma de anillos, semejantes á las de los reyes de Judea ó de los antiguos asirios?

Hay aquí distintivos puramente jerárguicos, lo cual nos aleja completamente de la idea de que fueran reyes, que nunca vistieron sus alquiceles de dos colores, como era costumbre en aquellos tiempos entre las personas de rango y categoría, musulmanes ó cristianos. En cuanto al color de las barbas, ya se sabe que era un capricho de los tiempos feudales teñirselas como distintivo; pero no de un modo permanente; y el conocido por el nombrado alcatán era un aliño hecho de dos ó tres hierbas que producían el color rojo para la barba; y la alheña un tinte negro para el cabello y párpados, hecho de tornasol, alumbre y humo de pez, macerado en alcohol á caliente, con lo cual se ribeteaban los ojos, las cejas, manos, pies y uñas para aparecer más jóvenes y hermosos, como los antiguos egipcios y modernos africanos.

Es pues, más probable, que lo que aquí quiso representar el pintor fué un Mexuar ó Consejo árabe, porque no existe ningún género de analogía entre estas figuras y los caracteres de los monarcas que se suponen retratados; y únase á todo esto el dato del nombre que desde la conquista se dió á esta sala, que fué del Tribunal, con preferencia al de los Retratos, que empezó á dársele algunos años después[124]. Además, nosotros creemos que la disposición de este aposento enlazado con el Patio de los Leones, separado algún tanto del harem que ocupaba las habitaciones altas, hace sospechar que era el lugar destinado para las conferencias de los reyes con sus ministros y capitanes, á cuyo sitio se entraba por la puerta separada que hemos indicado en otro sitio, cerca del vestíbulo de todo este tercero y más moderno alcázar.

En las dos extremidades hay escudos parecidos á los del tiempo de Don Juan II, con banda que sale de la boca de dos sierpes y dos leones por debajo de cada uno, sentados y simétricos como serias esfinges; lo cual, si bien descubre la época cristiana, no se concibe por qué en la Alhambra se ve este signo heráldico diferente de los usados por los moros, pues desde Mohamad I, denominado Algalib-billah (el vencedor por Dios), siempre llevó la faja de su escudo este mote, y aun antes los de todos los sultanes andaluces; además que el escudo árabe es siempre más cuadrado, mientras que éste, como los que hay colocados en las puertas del castillo de las otras pinturas, es más triangular y se asemeja á los usados por visigodos, y su color es rojo, el mismo que usaban los moros granadinos en los estandartes y emblemas.

Lo que más comunmente se había usado por blasón en tiempo del kalifato, fué una llave azul en campo de plata; pero este signo fué también de los monarcas granadinos, los cuales no habían abierto con la llave las puertas de la Península. ¿Cómo, pues, se cambia el blasón en el caso presente, y la llave continúa poniéndose en las claves de los arcos de los castillos y alcázares?

Sobre todas las pruebas irrefutables de que los citados retratos no eran de reyes, existe la de que el traje no es encarnado, como indubitadamente lo usaron los nazaritas, cuyo color solo lo cambiaban en el caso de luto, que lo usaban negro como los cristianos. Y resulta que el traje de Boabdil era encarnado en la batalla de Lucena[125], y que siguiendo la costumbre de los trajes rojos en los monarcas granadinos, se sabe por la historia de la rebelión de los moriscos que Aben-Humeya fué investido con las insignias reales, colocándole traje encarnado; y el mismo Ibn-Jaldun refiere que en Málaga y en Baza se hacían trajes de este color, con las figuras de reyes pintadas en el pectoral, á semejanza de los de Siria; y no habiendo, por consiguiente, entre las figuras aquí representadas más de una que tenga el traje escarlata, aunque se quisiera suponer que éste fuera el único retrato de rey, es para nosotros dudoso, porque según Al-Makkari, los reyes granadinos no llevaban turbantes ó imamas, y todas estas figuras lo llevan sin excepción, mientras que, dice este autor terminantemente, que éstos eran llevados sólo por los ulemas y otros doctores de la ley en todos los casos; tales relatos acaban de resolver la cuestión.

Por último, en un escudo que lleva al brazo uno de los caballeros de las otras pinturas, se nota un signo heráldico de tres palomas blancas en campo rojo, que pertenece á la familia de los Acejas, según el autor de la Historia de Galicia[126] cuyo emblema no debe confundirse con el escudo de los Huete que usaban la paloma blanca en campo azul. Por lo tanto, el episodio hay que buscarlo en los antecedentes nobiliarios de aquella casa, y bien podrá hallarse una vez planteado el problema que dejamos expuesto, al señalar la familia que tales empresas sostuvo con los moros andaluces.

Y para concluir, citaremos un extracto de Ibn-Jaldun, publicado por el Instituto imperial de Francia[127], el cual prueba que los cristianos de Castilla y León se llamaban gallegos, por los árabes, razón por la cual se busca en la historia de Galicia el nobiliario de los Acejas, cuyo escudo se ve en estos cuadros, como cristianos que vivían fronterizos al andaluz; además los árabes imitaban á dichos gallegos, llegando á pintar imágenes y simulacros, atamadil, en el exterior de los muros y dentro de los edificios. Y sobre todo, el citado autor[128], que censuraba estas imitaciones en los árabes, nos habría dicho que eran obras de cristianos renegados ó de extranjeros, lo cual no hizo; antes bien, lo criticó en el pueblo muslímico, como resultado del predominio cristiano que ya se sentía por todas partes.

Sala de las Dos Hermanas.

Pasando por una hermosa puerta de lacería y talla, entramos en un aposento cuya galanura no podríamos describir mejor que lo hicieron los árabes en los veinticuatro versos grabados sobre su hermoso zócalo de azulejos.

Á un lado y otro, antes de pisar los umbrales marmóreos de esta sala, se halla un estrecho corredor ó pasadizo, que subía á los aposentos altos y menacires tomando á la derecha, y por la izquierda á un pequeño megle ó cuartito reservado, de uso particular. La puerta de arrocabes cierra la salida al patio dejando dentro de la habitación completa independencia, como se observa también en las otras salas recorridas, pudiendo de este modo ser visitados los patios sin comunicación con los cuartos del harem.

Leamos las inscripciones para comprender mejor la belleza incomparable de la estancia:

«Yo soy el jardín que aparece por la mañana ornado de belleza; contempla atentamente mi hermosura y hallarás explicada mi condición».

«En esplendor compito, á causa de mi señor el príncipe Mohamad, con lo más noble de todo lo pasado y venidero».

«Pues por Dios que sus bellos edificios sobrepujan por los venturosos presagios á todos los edificios».

«¡Cuántos amenos lugares se ofrecen á los ojos! El espíritu de un hombre de dulce condición verá en ellos realizadas sus ilusiones».

«Aquí frecuentemente buscan su refugio de noche las cinco pléyadas, y el aire nocivo amanece suave y deleitoso».

«Y hay una cúpula admirable que tiene pocas semejantes. En ella hay hermosuras ocultas y hermosuras manifiestas».

«Extiende hacia ella su mano la constelación de los gemelos en signo de salutación, y se le acerca la luna para conversar secretamente».

«Y desearían las estrellas resplandecientes permanecer en ella y no tener en la celeste bóveda fijado su curso».

«Y en sus dos galerias, á semejanza de las jóvenes esclavas, apresurarse á prestar el mismo servicio con que ellas le complacen[129]».

«No fuera de admirar que los luceros abandonasen su altura y traspasasen el límite fijado».

«Y permaneciesen á las órdenes de mi señor, por su más alto servicio, alcanzando más alta honra».

«Hay aquí un pórtico dotado con tal esplendor, que el alcázar aventaja en él aun á la bóveda del cielo».

«¡Con cuántas galas lo has engrandecido! (¡Oh, rey!) Entre sus adornos hay colores que hacen poner en olvido los de las preciadas vestiduras del Yemen».

«¡Cuántos arcos se elevan en su bóveda sobre columnas que aparecen bañadas por la luz!»

«Creerás que son planetas, que ruedan en sus órbitas, y que oscurecen los claros fulgores de la naciente aurora».

«Las columnas poseen toda clase de maravillas. Vuela la fama de su belleza, que ha venido á ser proverbial».

«Y hay mármol luciente que esparce su resplandor y esclarece lo que se hallaba envuelto en las tinieblas».

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Sala de las Dos Hermanas.

«Cuando brilla herido por los rayos del sol, creerás que son perlas á pesar de su magnitud».

«Jamás hemos visto un alcázar de más elevada apariencia, de más claro horizonte, ni de amplitud más acomodada».

«Ni hemos visto un jardín más agradable por lo florido, de más perfumado ambiente, ni de más exquisitos frutos».

«Paga doblemente y al contado la suma que el cadí de la belleza le ha señalado».

«Pues está llena la mano del céfiro desde la mañana de dirhames de luz, que contienen lo suficiente para el pago».

«Y llenan el recinto del jardín en torno de sus ramas los adinares del sol, dejándole engalanado».

Las demás inscripciones citan el nombre de Abu Abdillah y otras son versículos koránicos y salutaciones de las acostumbradas.

Todos los cuartos de esta sala eran aposentos de mujeres distinguidas que vivían con independencia dentro del mismo harem, y de aquí el que haya existido la tradición de que dos hermanas cautivas lo habitaron, las cuales murieron de celos, contemplando desde la ventana del alhamí las escenas amorosas en el jardín de las Damas; la puerta del alhamí de la izquierda, descubierta por nosotros en 1870, era la que comunicaba secretamente con los cuartos del sultán y los baños.

Son notables en esta sala, y del género más puro, los alicatados ó azulejos del basamento, de difícil combinación y complicados en su dibujo, sorprendiendo sobremanera la tersura del barniz y la planicie de cada pedacito de color diferente, porque sabido es cuánta dificultad ofrece fabricar esta loza con esas condiciones[130]. Hemos examinado el modo de labrarlos y hallamos que cada uno se ha trabajado con cincel y lima hasta incrustarlo con la perfección que se nota.

La bóveda es la más dilatada que hay de colgantes, cuya atrevida construcción espanta y no puede debidamente calcularse, más que suponiendo que pende de un esqueleto de madera afianzado en sus estribos.

Don Diego del Arco restauró esta sala en 1705[131], y todavía se nota la obra en aquellos sitios donde no hay colores antiguos. En 1691 se repararon los mosáicos en los alfeizares de las puertas. En 1622 hubo un ligero hundimiento en dos de las hornacinas del segundo cuerpo decorativo, que fué restaurado inmediatamente, reponiendo algunos puentes de madera de la construcción interior. Este departamento se conserva mejor que otros muchos, siendo fácil hallar en él vestigios de los primeros colores con que fué pintado y de la delicadeza de los trazos; pero lo que más llama la atención es que todo el ornato se ajusta como en ninguna otra parte á su construcción; nada puede en él quitarse y nada reemplazarse sin que se destruya la unidad de su composición, tan admirablemente distribuída. Por la traza geométrica de sus amedinados no puede ser ni más grande ni más pequeña, todo está encajado como en un tablero de ajedrez, y para hacerla hubo que imaginar, al mismo tiempo que el conjunto, sus más pequeños detalles, lo cual no es de rigor en los demás géneros de arquitectura, donde siempre hay algo que se deja á lo imprevisto. Se atribuye á Aben Zemcid la dirección de esta obra.

Mirador de Lindaraxa.

Se pasa una antesala que tiene una hermosa bóveda de admirable combinación y se entra en este pequeño aposento que se llamaba de Daraxa en 1622, y desde cuya fecha hallamos documentos con el nombre moderno. En árabe indica lugar para entrar ó ascender; pero los poetas, desde el siglo XVII en adelante, suponen que era el nombre de una sultana favorita que pasaba sus días en este delicioso cuarto, lo cual es una tradición que tiene por fundamento el nombre de la sultana Aixa, llevado por muchas reinas, de las cuales sería éste un lugar predilecto[132].

Nótese el arco de entrada, fastuosa inspiración; nada más elegante y rico sin carecer de la delicada sencillez, que encanta al que lo mira. Dice el P. Echevarría que en los gruesos del arco había nichos como los de otros parajes; pero podemos asegurar que la decoración de este sitio no ha sido jamás modificada.

Obsérvase lo rebajado del ajimez del centro y ventanas laterales, así dispuestos para reclinarse en el suelo á la vista de los jardines. Son cúficos la mayor parte de los adornos de las paredes. Tan preciosa estructura está coronada por una trazería calada hecha de madera, y en cuyos claros había colocados cristales de colores[133]. La luz neutra que se derramaba por ellos producida por los colores de sus vidrios, daría á esta estancia un aspecto sublime. Para ello, estaban cubiertos los claros con cuajadas celosías de madera que velaban la luz del jardín, todo lo cual armonizaría perfectamente los colores de las paredes en todo el vigor de su entonación, con los trasparentes del techo, que hoy aparecen un poco fuertes. Las cuatro paredes de este precioso mirador están compuestas de arcos apuntados dobles y triples bajo un centro común, y el de entrada tiene las más bellas enjutas que hay en el alcázar, con una curva á festón que regulariza los mocárabes de su intrados en pequeños cupulinos. Los alicatados ó azulejos son los más finos, obra de indescriptible paciencia. Su pavimento era una alfombra de los mismos mosáicos del umbral, y el todo revela un encanto y misterio voluptuoso, sin igual en el alcázar.

Desde la ventana del centro se veía el río Darro, antes de que se construyera el Patio de los Naranjos, después de la conquista.

En el año 1853 se fortificaron los muros por el exterior para contener la ruína indicada en la antesala inmediata. En ella se notan dos preciosos ajimeces que abren al patio citado, y los arabescos interiores de los muros conservan bien sus colores primitivos, especialmente en su hermosa techumbre.

Los espacios lisos de esta antesala, como hemos dicho de otros análogos, los cubrían los árabes con tapices y cueros labrados, ó con panoplias de telas de diversos colores, en las cuales había pescantes como kanecitos para colgar ropas, armas y otros objetos. Las dos puertas de sus extremidades son modernas, pues por este lado cerraba el edificio sin otra comunicación que la del centro.

He aquí las notables inscripciones de este pequeño cuarto:

«Todas las artes han contribuído á embellecerme, y me han dado su esplendor y sus perfecciones».

«El que me vea creerá que soy una esposa que se dirije á este vaso y le pide sus favores».

«Cuando el que me mira contempla con atención mi hermosura, su misma vista desmentirá al pensamiento».

«Y creerá, al ver los tibios rayos de mi esplendor, que la luna llena tiene aquí fija su aureola, abandonando sus mansiones por las mías».

En otro lado dice:

«No soy sola, pues desde aquí se contempla un jardín admirable; no se ha visto jamás otro semejante».

«Este es el palacio de cristal: el que le mire le tendrá por un oceano pavoroso y le espantará.

«Todo es obra del imán Ebn Nasr. Guarde Dios para otros reyes su grandeza».

«Sus antepasados alcanzaron la más alta nobleza, pues dieron hospitalidad al Profeta y su familia».

Luego se halla alrededor ó recuadro de las ventanas, en metro tawil, este poema:

«El fresco ambiente esparce aquí con profusión su hálito; el viento es saludable y lánguida el aura».

«He reunido toda clase de bellezas en tan alto grado, que de mí quisieran tomarla las estrellas en su alta esfera».

«Yo soy en este jardín un ojo lleno de júbilo, y la pupila de este ojo es en verdad nuestro Señor».

«Mohamad el glorificado por su valor y generosidad, el de la fama más preclara, el de la rectitud más distinguida».

«La luna de la buena suerte resplandece en el horizonte del imperio: sus signos son duraderos y su esplendor luciente».

«Él no es sino un sol que se ha fijado en esta mansión y cuya sombra es provechosa y benéfica».

«Desde aquí contempla la capital del imperio cuantas veces espléndida se manifiesta y brilla en el trono del Kalifato[134]».

«Y arroja su mirada hacia el lugar en que los céfiros juguetean, y vuelve contento de los honores que le rinden».

«En estas mansiones se presentan tantas amenidades á la vista, que cautivan la mirada y suspenden la inteligencia».

«Un orbe de cristal manifiesta aquí sus maravillas. La belleza se halla grabada en toda la superficie que rebosa de opulencia».

«Están dispuestos los colores y la luz cada cual de tal manera, que si quieres podrás considerarlos como cosas distintas ó bien análogas».

Hay otras muchas inscripciones que se refieren á Mahomad V, pero sin aparente interés arqueológico ni literario[135].

Jardín y fuente de Lindaraxa.

El patio que unos llaman de Lindaraxa y otros de los Naranjos, tiene en el centro una fuente mitad árabe mitad renacimiento, que termina por una concha circular agallonada y en su borde una inscripcion medio desgastada por el agua, cuyo texto, interrumpido, dice así:

«Yo soy en verdad un orbe de agua que se manifiesta á los hombres claro y sin velo alguno».

«Un mar extenso cuyas riberas son obra artística de mármol selecto».

«Su agua, como líquidas perlas, corre por el hielo... más grande... admiración».

«Se separa de mí el agua de tal suerte, que yo no soy... con el que se oculta».

«Como si yo y lo que... de la fuente... que corre».

«Un trozo de hielo, parte del cual se liquida y parte no se liquida».

«Cuando sobrenada... un orbe más elevado que todos los órdenes de estrellas».

«Como si lo que en mí se manifiesta fuera una concha y la reunión de perlas fueran estas gotas....... las felicidades....... tarde. El valeroso, el de la extirpe de Galib».

«De los hijos de la prosperidad, de los venturosos, estrellas resplandecientes de bondad, mansión deliciosa de nobleza».

«De los hijos del Kiblah, de la estirpe de Jazrech, ellos proclamaron la verdad y ampararon al Profeta».

«Saad... hizo resplandecer todas las tinieblas».

«Las comarcas en la seguridad perpetua y... en defensa del reinado; de dignidad elevada».

«Tengo en belleza el más ilustre grado. Mi forma causó admiración á los eruditos».

«Jamás se ha visto una cosa mejor que yo en Oriente ni Occidente».

«Y si no... reinado... antes entre los extranjeros y no entre los árabes».

No hay noticia positiva de la procedencia de esta fuente. El patio de dos saletas que cita Mármol, es hoy el de la Mezquita, y tenía una fuente en el centro que ya no existe; aunque podía ser de este paraje, la inscripción se refiere al tiempo de Mohamad V, y la construcción del patio de la Mezquita es anterior á este monarca. ¿Pudiera ser esta la fuente árabe que se puso á la venta el año 1667, con algunas columnas procedentes de la casa del marqués de Mondéjar y que no se vendieron por falta de comprador? Pero atendiendo á que la inscripción se refiere á un oceano de agua, de gran extensión, que pudiera aludir al estanque morisco que tenía aquel palacio delante del pórtico, no lo consideramos probable, porque cuando se verificaron estas traslaciones debía ya estar colocada la fuente en este sitio. Nosotros nos resolvemos á suponer que la referida taza de fuente no es del alcázar, sino de alguno de los innumerables palacios que había en la Alhambra no lejos de éste.

Todo el patio es moderno, y sus claustros y salas del tiempo del emperador Carlos V, como lo demuestran los techos casetonados greco-romanos de sus salas altas, en las que se ven dos elegantes chimeneas con labrados atributos del imperio. Estas habitaciones estaban dispuestas para hermosos tapices flamencos y después fueron pintadas á semejanza del Mirador. La nombrada de las Frutas, última de esta galería, fué habitada por varios monarcas, y últimamente se hospedó en ella el célebre poeta Washington Irving, en cuyo retiro compuso sus mejores obras. En los cenadores del patio hay una colección de columnas árabes que, según un manuscrito sobre aguas del Convento de San Francisco, pertenecieron á aquél cuando era mezquita y rauda antes de la reconquista, así como otras muchas piedras que han desaparecido.

Por este patio se entra á varias salas embovedadas que resultan debajo de la de las Dos Hermanas. En la del centro se observa el efecto acústico del sonido que se trasmite por el embocinado de las curvas y se repite en los cruceros de las bóvedas, lo cual hizo que esta sala se llamara de los Secretos, único interés que ofrece para ser visitada. En suma, los cenadores no existían en tiempos árabes, y en su lugar había un dilatado jardín, en donde tal vez se hallaba el estanque y fuente, con arreglo á las inscripciones de la taza citada.

Patio de la Reja.

Si hemos de hacer mención de este patio, es tan sólo por declarar destituída de verosimilitud la tradición, que supone ser esta reja que hay en dos de los lados la prisión de la reina Doña Juana. Nunca se halló esta reina en tal estado de enagenación mental que fuese preciso encerrarla de un modo tan cruel y poco humanitario. En 1561 se nombraba al cuarto alto inmediato, el Guardajoyas de la reina, y esto está conforme con lo que dice Argote: que se colocó la reja para resguardo de la vajilla del real servicio en el año 1639.

En las galerías se encuentran capiteles de antigua forma y pura degeneración bizantina, que vuelve á acercarse á la arquitectura hispano-mahometana del siglo XII. Son notables estas columnas, que debieron traerse aquí de otros edificios más antiguos, y que marcan bien una transición en el gusto árabe, tendiendo á regularizar la forma cúbica que se determinó francamente en los capiteles del Patio de los Leones. Las inscripciones de los del corredor alto, donde hay dos muy bellos de colgantes, son las leyendas sura 11, vers. 90 y la 65, vers. 3.º.

En la bóveda, bajo la torre de Comareh, hay dos estatuas[136] y un medallón que representa la fábula de Júpiter y Leda. Las tres esculturas son menos que medianas, y de un interesante trabajo presentado el año último á la Comisión de Monumentos, resulta: que estas tres esculturas y las del altar de la capilla que luego describiremos, debieron ser parte de las piezas de una chimenea que se adquirió para el palacio á mediados del siglo XVI[137].

El pueblo, dado siempre á lo maravilloso, ha creído hallar tesoros en las ruínas de los monumentos árabes. La rebelión de los moriscos, las persecuciones crueles que sufrieron, la expulsión horrible que luego los exterminó, han proporcionado el hallazgo de muchas alhajas, libros, amuletos y monedas que han hecho la suerte de algunas familias; pero esto, que se encontraba fácilmente en los pueblos, aldeas y caseríos, no se halló jamás en los palacios reales, porque los reyes salieron de ellos llevando consigo cuanto poseían. Los vasos llenos de oro, las arcas de hierro y cuanto se ha querido suponer hallado en este sitio, es una torpe invención, porque las estatuas no pueden ser del tiempo de los árabes, y por consiguiente la escritura mahometana que reveló el secreto del tesoro no podía referirse á ellas.

Todos estos subterráneos son los viaductos de circunvalación que comunicaban todas las torres de la Alhambra.

Peinador de la Reina y Mihráb de los musulmanes.

Desde él se descubre un hermoso panorama: el Albaicín, ciudad antigua; las murallas árabes construídas á expensas del obispo D. Gonzalo; las casas bajas del barrio del Hajariz; el Seminario de San Cecilio, lugar de recuerdos piadosos; los amenísimos cármenes[138]; la ermita de San Miguel sobre el fuerte del Aceituno, sitio en el cual los mozárabes veneraron esta imagen desde el tiempo de la invasión; la Alcazaba vieja, últimos edificios más elevados sobre la montaña, primera residencia de los zeiritas y también de los primeros walíes trasladados de Illiberis; el Generalife sobre el collado de la derecha, parte velado por la inmediata torre de las Damas, descrita por Argote[139], y en el fondo de esta bellísima comarca corre el Salom (hoy Darro) que, como decia Mármol, viene de la montaña de los mirtos y dan oro sus arenas, hasta mezclarse con el caudaloso Singilo ó Genil, antes de recorrer juntos la deliciosa llanura de Granada.

Esta torre ó alminar no estaba dispuesta en su origen como hoy la vemos. El corredor que la circunda era entonces de aguzadas almenas; las nuevas ventanitas, de alicatados tragaluces, y bajo el suelo que hoy tiene se halla el pequeño templete que se elevó al sultán Abul Hachach en memoria de su bienvenida[140]. Descubiertos sus lados por Oriente, en él esperaban los emires la venida del sol, y en su aislado recinto murmuraban el santo rezo de la mañana. La inscripción de la techumbre y la puerta, por bajo de la que hoy tiene la torre; las salutaciones y versos koránicos sobre las columnas y cartelas de la sala baja; las trazerías de acicafes en los zócalos (únicos ejemplares de todo el edificio), demuestran harto bien el sublime objeto de la obra. Los ajimeces, cerrados hoy con mezquinas ventanillas; las pinturas de estilo pompeyano; el perfumador para las ropas de las damas cristianas; en fin, todo ese conjunto de árabe y renacimiento arrojado aquí en desorden extraño é incomprensible, han privado á este alminar de su primitivo carácter y encanto.

He aquí sus inscripciones:

En la fachada:

«Al feliz arribo de Abu Abdallah, hijo de nuestro señor el príncipe de los muslines Abul Hachach».

En la techumbre alta:

«La ayuda de Dios y una victoria grande para nuestro señor Abul Hachach, príncipe de los muslines. Que sean magníficos sus triunfos».

Sobre la obra mahometana se hallan estampadas las huellas de los pinceles italianos del renacimiento y, aunque maltratadas las paredes, puede muy bien descubrirse la preciosa decoración de los rafaelescos atribuídos á Julio Aquíles y Alejandro, pintores desconocidos en Italia, pero que aquí aparecen como autores de un trabajo admirable en color, delicadeza y dibujo, muy poco común. No hay duda sobre la autenticidad de los citados autores, toda vez que hallamos un legajo del archivo de la Alhambra, donde se ve que Pedro Machuca, director de las obras de las casas reales, vieja y nueva, hace una tasación en favor del mencionado Julio Aquíles, pintor de imaginería y grutesco, el año 1546, entre cuyas partidas hay algunas referentes á las de la estufa, como se nombraba entonces[141]; y otro legajo de aquel tiempo nos da á conocer que un tal Alejandro, cuyo apellido no hemos podido descifrar, presentó cuenta al conde de Tendilla reclamando el pago de pinturas hechas, año 1538; y es muy rara la diferencia de fechas, á no ser que se refiriera á las de la sala de las Frutas y sus paredes, que también estuvieron pintadas como las demás, en tiempo de Carlos V.

Por otro lado hemos tenido ocasión de consultar con el Sr. Morelli[142] sobre el mérito de estas obras y sobre la existencia del referido pintor Julio Aquíles, y nos aseguró que no existió en Italia pintor notable de este nombre en el siglo XVI á quien se pudieran atribuir tan bellísimos ejemplares de ornamentación. Esta respetable opinión y lo poco explícito de los datos que tenemos á la vista en las referidas cuentas, puesto que no se tasan por el citado Machuca más de algunas de las pinturas que aqui vemos y quedan sin tasar la mayor parte de las más delicadas y hermosas, nos hace sospechar que algunos otros documentos debieron extraviarse del archivo, donde tal vez se hallarían los nombres de otros pintores.

Por desgracia, el afán que han tenido siempre los viajeros de dejar sus nombres estampados en las paredes de los edificios que visitan, acabará por destruir estos preciosos ornatos[143]. Las logias ó lochas están mejor conservadas, porque se hallan pintadas al óleo (á pesar de lo que en contra se ha dicho); los cuadros de figuras se hallan más confusos, porque han sido retocados al temple; y las hojas de acanto, los animales fantásticos, las frutas y flores, la gracia, en fin, con que todo está compuesto y extendido por la pared y alfréizares, distinguen esta obra de todas las que se hicieron en España por aquellos tiempos.

Los cuadros que representan batallas y combates navales, que hay en el primer aposento, no nos sorprenden por esa perspectiva caballera de los tiempos de Giotto y Cimabúe; pero su mal efecto está compensado por la precisión de los detalles, que se distinguen perfectamente y que son verdaderas miniaturas; así, en los galeones pueden verse los trajes de marinos y soldados, y en el paisaje, la condición y género de los edificios y baluartes.

Hasta recientemente[144] se ha ignorado el asunto de estos cuadros, y hoy podemos asegurar que representan la empresa contra Túnez, que acometió el emperador Carlos V, y que fué para él tan victoriosa en aquellos momentos, como luego desgraciada. Efectivamente, aquella notable expedición contra Barbaroja para salvar al Bey de Túnez, espantó á toda Europa, creyéndose que con 400 buques y 40.000 combatientes, se podría conquistar el África; y dice Ortiz de la Vega: «Carlos se hizo á la vela y entró en el golfo de Túnez á 16 de Junio de 1535. Desde el tiempo de los romanos, no había surcado aquellas aguas una tan fuerte y numerosa escuadra».

Uno de los cuadros representa la salida de la escuadra, viento en popa, del puerto de Barcelona, y otro la llegada al golfo que forman el Cabo de Ras-Adar y el Cabo Farina, á mano izquierda el Zafrán y á la derecha el de Cartago, notándose las ruínas de esta ínclita ciudad en casi todos estos cuadros, que principalmente representan el fuerte de la Goleta y la ensenada de Túnez.

En otro, se ve la lengua de tierra que cierra la entrada del golfo, en la cual se dió el primer ataque para tomar la atalaya y torre del Agua, y se percibe el orden de combate formado por las carabelas y galeones, y el desembarco que se verificó muchas veces para tomar la posición. En otro lado se ve el asalto á la Gaeta, que tan caro costó, notándose bien las baterías, las formaciones de lanceros desembarcados, el incendio de los baluartes y la entrega que hicieron los cautivos del principal de ellos, que dió el triunfo al emperador, el cual fué tan caro y sangriento, que sus soldados degollaron á la mayor parte de los habitantes de Túnez, saquearon la ciudad, y por temor á Barbaroja tuvieron que volverse á Italia, dejando expuestas á la venganza de éste gran pirata las Baleares, para que fueran arrasadas por él.

Pacheco, en su Arte de la Pintura, y Palomino en sus biografías, aseguran que fueron Julio y Alejandro los autores de estas pinturas y de otras del palacio. En los tiempos de Juan de Udino no se citan tales nombres, pero es lo cierto, que antes de 1533, se encontraba Aquíles en Valladolid, nombrado por Alonso Berruguete para tasar un retablo, y que luego vino á Granada con su mujer, y bautizó un hijo en Santa María de la Alhambra[145] en 1545; por último, en 1624, con motivo de la venida de Felipe IV á Granada, se restauraron muros y pinturas de estos lugares, que se dice habían sufrido desperfectos por el incendio de la casa del polvorista (1590), cuyas restauraciones se atribuyen á Raxis, Pérez y Fuentes.

Sala de las Camas y baños.

En el patio del Estanque, y en el costado largo de la derecha, hay una puertecita que se hallaba tapiada y nosotros hemos abierto, con una escalera soterrada, del tiempo de los árabes que conduce directamente á la sala de las Camas. Antes de bajar por ella se hallaba á la izquierda un megle ó pequeño aposento, con un pórtico de dos arcos apoyados sobre una columna, cuyo notable capitel se encuentra hoy en el museo del Alcázar, donde también existen algunos restos de azulejos cuadrados del mismo sitio. La que describimos era la verdadera entrada de los baños, cuya obra es también del tiempo de Abul Hachach, á la mitad del siglo XIV. Se entra también á ellos por un embovedado que pasa debajo del patio del estanque y comunica con el de la mezquita; y así lo hallamos ya en las descripciones del año 1526, donde se dice que estaba en comunicación con la sala de las Dos Hermanas y el harem; lo cual es cierto, porque hemos hallado restos de escaleras inmediatas al último cuarto de los baños.

La sala de las Camas tiene dos divanes y cuatro puertas; una especie de tribuna ó corredor con antepechos; un cuarto alhamí, especie de morada oculta de alguna favorita, y las tribunas donde se juntaban las odaliscas á recitar las kasidas, y á cantar y tañer instrumentos de cuerda, mientras pasaba el sultán las horas de reposo.

Sufrió modificaciones importantes desde muy antiguo, hasta la última del año 1827, que le hizo perder un cuerpo más alto que tenía, guarnecido de ventanas caladas. Nosotros la hallamos así el año de 1848. Importaba mucho á nuestro juicio que este misterioso cuarto, quizá el de más carácter oriental, no se acabase de perder, y en él puede decirse que hicimos los primeros ensayos de restauración.

No era nuestro propósito llevar las restauraciones hasta el caso de pintar y dorar con la exuberancia que lo hicieron los árabes; porque sostenemos con respecto á la restauración de las obras de arte la opinión, de conservarlas hasta donde sea humanamente posible, y después que la obra se cae rota ó pulverizada, reponerla, cubriendo el hueco con otra semejante, para que la nueva sujete á la antigua que se halla expuesta á desaparecer también.

Esta teoría es aplicable en absoluto á los edificios, y puede admitir modificaciones en la pintura y escultura; pero si se conduce bien, prolongará la vida al monumento indefinidamente, sin que deje de notarse lo que corresponde á cada época de restauración.

Parece á primera vista que hay cierta exageración de color que contrasta mal con la suave entonación que da el tiempo á los edificios. Cuando se visita la Alhambra se hallan decoraciones de color tan agradables y dulces como la de la sala de las Dos Hermanas, los planos de las de Comareh, y otras donde se ven tintas suaves y nacaradas que no hieren la vista, porque han sido obra del tiempo. Los adornos mutilados, los colores medio desprendidos, el oro empañado por los siglos, amasadas las tintas por el polvo constante y la influencia atmosférica, han cambiado el efecto primitivo del alcázar; pero los lienzos de pared que han estado privados de luz y de aire muchos siglos, se han descubierto hoy con toda su frescura é intensidad, y en ellos es donde se ve ese colorido fuerte que resalta en esta sala, sin faltar á la verdad ni á su carácter.

Illustration from Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Salas de las Camas y Baños.

La estructura de este cuarto está indicando que servía para desnudarse y prepararse á la temperatura de las demás habitaciones donde ninguna corriente de aire podía penetrar; la luz era recibida en él desde una altura de doce metros á lo menos. Dos alcobas donde colocaban bordados almadraques para reposar, nos seducen todavía; y por una puertecita que hay en uno de los ángulos se ve la entrada á más estrechos y retirados lugares, cuyo destino se adivina fácilmente.

El sistema de sostener los apoyos de los colgadizos con grandes cartelas sobre los capiteles de las columnas, está aquí desarrollado más que en ninguna parte y recuerda los patios de las casas marroquíes. El pavimento es de sofaisefa ó sea mosáicos vidriados, de los cuales había muchos, y es un ejemplar hermoso con exacta distribución de piececitas de colores. En la fuente hay algo que no es mahometano, y sí moderno.

Pasamos por uno de los ángulos de la sala al departamento de baños, cuyas paredes lisas y estucadas reemplazan con propiedad á un ornato delicado; los pavimentos de mármoles y zócalos ataraceados de azulejos; las atarjeas anchas para que por ellas se pierda el agua sobrante de las purificaciones; las bóvedas sembradas de claraboyas que derraman la luz y dan paso á los vapores de las termas artificiales; las pilas anchas y rebajadas para los baños, dan idea del singular placer de la molicie musulmana. En todos lados, pequeñas alcancías para los surtidores de agua caliente, donde colocaban las amrunas y joyas arrancadas en ese instante de delicioso abatimiento que proporciona el baño. Sobre la pila que se conserva más adornada de labores marmóreas en el último aposento, hay una inscripción, no traducida antes, que dice:

«Lo que sorprende ¿es antiguo ó moderno?»

«Cuando el león descansa en un lugar de bendición ¿quién puede decir que está como él?»

«Y se aprestan á servir á su señor leales servidores».

«Y anuncian las cualidades de su nobleza y arrojo la más perfecta indulgencia y generosidad».

«Preguntad á los hombres conocidos por su bravura si hay alguna que se le asemeje. Suya es la abundancia y la generosidad».

«¿Quién puede igualarse á Abul Hachach, que existe siempre como triunfante y glorioso conquistador»?

Hay otros cuartos ocultos y ruinosos que servían para preparar las aguas, y templar los conductos por donde circulaba el aire caliente. En uno de ellos se encontró en el año de 1623 una gran caldera de cobre para aquel objeto, que desgraciadamente se apresuraron á vender.

Estos baños están construídos de pequeñas proporciones, y como se ve en la planta, forman un paralelógramo en el cual se incluye el Meslouk, que es lo que aquí se llama sala de las Camas, para desnudarse y reposar antes y después del baño; los liwan, que son los nichos donde están los reclinatorios para dormir, en los que los bañistas pasan la mayor parte del tiempo conversando con las mujeres de su harem; en el centro donde se halla la fuente, al parecer moderna, habría un pequeñito pilón para lavados parciales, llamado el Feskich[146]; el estrecho paso desde este aposento que atraviesa el Biyt awwal ó retrete, conduce pasando un pequeñito pilar á la sala llamada Hararah, en cuyos dos lados y sobre el suelo inclinado, se tienden los bañistas á recibir las frotaciones de las tellak ó esclavas del baño; el Hanefych ó cuarto donde están las pilas para el agua templada, y por último, el cuarto de los hornos, que como hemos dicho, calentaba el agua y el pavimento.

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Pila árabe.

El sultán siempre estaba servido por mujeres en estos sitios y hasta se hacía traer la comida que tomaba en el primer aposento, donde le desnudaban, le envolvían la cabeza y las caderas con paños muy blancos, y le ponían chinelas de madera. En este estado y seguido de tellak que cada una le llevaba sus jarros y almofares de latón con tohallas y esponjas, le dirigían á la segunda estancia, en la que había una temperatura que no bajaba de 45° Reaumur. El vapor se producía arrojando agua sobre las losas de mármol, que calentaban suficientemente, en cuyo estado atmosférico le frotaban con unos saquitos de crin las coyunturas, haciendo rechinar sin dolor las diferentes articulaciones; después enjabonaban todo el cuerpo, produciendo una grande espuma, que desaparecía metiéndose en las pilas llenas de agua, ó arrojándose ésta con platos en forma de conchas. Últimamente, lo envolvían en un tcherchef de algodón muy grueso, le cubrían la cabeza con una especie de toca de seda, y lo conducían á la primera sala, donde, como hemos referido, saboreaba largo tiempo los manjares en interminable conversación.

Las antigüedades y el Archivo.

Bajo los números 1, 2 y 3 hay tres tableros de mármol blanco de Macael con motes árabes, los cuales, según Argote, fueron cubiertas de las sepulturas halladas en la Ráuda, donde había hasta cinco[147].

Su forma y antecedentes nos obligan á creer que fueron efectivamente parte de los sepulcros citados, supuesto que otras piedras halladas después completan una de las mencionadas tumbas.

El letrero de una de ellas es la sura 24, v. 35, la sura 7, v. 26, y la 33, v. 56.

Con el número 4 hay una pila de mármol blanco de forma paralelográmica, que se trajo á este sitio arrancada del foso de la torre de la Vela, á donde había sido conducida anteriormente, procedente al parecer de la casa de Mondéjar, donde existían fuentes, pilas y columnas en el año 1627, sin uso alguno según consta. (Véase la viñeta.)

En sus dos frentes más largos tiene esculpidos leones en actitud de devorar ciervos, y en los cortos, águilas rapantes guardando bajo sus alas liebres y conejos. Una inscripción africana difícil de leer, guarnece uno de sus lados, y en tanto no podamos señalar el sentido de algunas frases entrecortadas por ciertas palabras que se han desgastado, nos será imposible determinar con exactitud su primitivo destino.

Se distingue bien el arte escultórico de los asirios en este mármol apenas modificado por los árabes al tomarse el trabajo de copiar las figuras en la misma actitud que las antiguas; y nos afirmamos en la opinión que hemos emitido, sobre el modo que tenían de representar las formas naturales los pueblos que levantaron con Mahoma el pendón contra toda clase de idolatría, probando que hicieron en muchos casos traición á su causa, tallando ó esculpiendo en piedra y bronce, á imitación quizá del arte cristiano.

La inscripción de esta pila, en lo poco que conserva, nos da la fecha 704 de la Egira en el mes de Chaowal (1286), reinando el primer sultán Mohamad Algalib Bil-lah.

Con el número 5 hay señalado un tablero que se halló sirviendo de dintel en una estrecha puerta del vestíbulo de los Leones. Por un lado se halla decorado de una pintura hecha sobre superficie dorada á usanza bizantina, ejemplar muy raro que no se encuentra más que en una capilla de la Catedral de Toledo, referente al siglo XIV, muy diferente por cierto de la de la sala de Justicia. Tiene alrededor una inscripción gótica tan mutilada, que no puede leerse, y la mitad próximamente de la dimensión que tuviera en su origen, por lo cual faltan la mayor parte de los cuerpos de las tres figuras que hay en ella, las cuales parecen dos guerreros á caballo en campal desafío. En el fondo se ha copiado de un lado la fortaleza de la Alhambra con la torre de los Siete Suelos, y de otro la Casa Real de Generalife, indicándose una puerta en las murallas, que debía hallarse cerca de la actual huerta de Fuentepeña; los muros están almenados, teñidos de blanco y de rojo, como se hallaba sin duda la Alhambra en aquel tiempo.

Illustration from Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Jarro de la Alhambra.

Con el núm. 6, se conservan 14 manillones de bronce y sus argollas, con cabezas de león y de águilas, los cuales se hicieron de fundición para las pilastras del primer cuerpo del Palacio del Emperador, donde están las señales de haberse hallado colocados. Son del año 1594.

Los números 7 y 8 son pedazos de los techos y frisos árabes que se hundieron en 1846, en la sala de las Camas.

El 9 señala una hoja de puerta de las que había colocadas en las dos entradas del patio de la Capilla, la cual se hallaba en su propio sitio el año 1852.

El núm. 10 señala un friso tallado árabe procedente de la galería alta del patio del Estanque, y de la obra que se hizo en el año 1840. Los 11, 12, 13 y 14, las ventanas de alicatados que se quitaron el año 1838 de la sala de las Camas, con lo cual quedó ésta más baja, según lo demuestra un dibujo de Owen Jones, y por último, el 15, es una ventana de celosía casi destruída, del patio del Estanque, cuyo sistema de construcción en pequeñísimas piezas, debe notarse particularmente.

El núm. 16 muestra cuatro fustes árabes de mármol.

El 17 es una de las cuatro lápidas sepulcrales que según Argote se descubrieron (1574), en el panteón citado, en cuyo tiempo, según Mármol, las letras que tiene grabadas se hallaban doradas sobre fondo azul. Dos han desaparecido, las de Ismail I y Yusuf I. La que tenemos á la vista es del sepulcro de Abul Hachach Yusuf III, y se hallaba á la cabecera del sarcófago colocada verticalmente, de modo que podían leerse las dos inscripciones que tenía, una por cada lado. La que estaba en prosa ha sido borrada y queda la de metro tawil, coleccionada por Castillo y muy recientemente corregida.

La otra inscripción, núm. 18, es del sepulcro de Mohamad II, según explica el texto, habiendo sido borrado la mitad ó el reverso, que contenía la biografía, en prosa, de dicho monarca, según la publicó Mármol[148]. Es poco interesante, y por eso no la damos traducida á continuación. Otra inscripción que existía, alusiva á un guerrero muerto en la batalla de la Higueruela, no la hemos visto nunca.

El 19 es una pila ó taza de fuente, de hermosas proporciones, procedente del jardín de los Adarves, y que se sacó de la casa que estaba cerca de la iglesia actual, según un título posesorio del legajo 127, por el que se mandaba entregar la fuente rota de la orilla de la alberca para que no se acabara de romper, etc...

El 20 es un pedazo de piedra antiguo con inscripciones karmáticas usadas en los primeros tiempos del kalifato de Córdoba. Hemos visto ejemplares de escritura nesky en otros pedazos, sobre piedras de esta misma clase. Pueden verse en el Museo de la Comisión de Monumentos.

Desde el 25 al 30 se halla una pequeña colección de capiteles, de diferentes sitios y construcciones. Entre ellos, hay uno exactamente igual á los que hemos visto dibujados del sepulcro de un sultán de Ghazna, anterior al siglo XII. Este hallazgo es un testimonio claro de que las modificaciones del arte árabe en España tenían un origen más oriental que latino, y que más bien prefirieron las tradiciones primitivas, que la imitación del arte cristiano. Otro capitel, núm. 25, es más genuínamente bizantino y bordado por el cincel mahometano, de cuyo género eran los de la mezquita grande que había donde hoy se halla el Sagrario, según hemos visto uno que tenía 85 centímetros de alto.

Vénse también dos capiteles que pertenecían á la decoración de la puerta de los Siete Suelos, los cuales, en unión de varios pedazos de mármol blanco correspondientes á las enjutas del arco, los hemos visto desprenderse de su sitio.

Desde el núm. 31 al 37 hay diferentes fragmentos de madera, árabes y del renacimiento; como los kanes que se hundieron en el alero del patio del Estanque, las pilastras del tiempo del Emperador que se hallaban en el patio de la Reja, y los pedazos que se desprenden de las ensambladuras y almokarbes.

Con el núm. 38 existe un arca de hierro hecha por los arabes con toda la inteligencia que puede exigirse en una obra de este género. Había otra igual que desapareció, según se dice, cuando entregaron el Archivo á la Administración de Hacienda pública, en 1870.

Núm. 39: un vaso de arcilla vidriada y de más de un metro de altura, que debía colocarse en las habitaciones donde no había fuentes, y formar con otros una elegante decoración. Su forma es parecida á la egipcia de la dominación griega, y se aleja de la de los japoneses en la esbeltez del cuello, no así en la disposición de las asas ó brazos, que se acerca á la de los persas antiguos. Su magnitud lo hace de difícil fabricación, y aunque éste está defectuoso, nos da una completa idea del adelanto de la industria más difícil que siempre se ha conocido. Los hacían de relieves ó arabescos realzados que rara vez pintaban, pero los de barniz y lisos los endurecían de una sola cochura, originando dificultades de fabricación que les dan más mérito que á los de porcelana. En 1804 existía otro en este palacio que fué copiado para la Real Academia de San Fernando.

No dudamos que éste fué construído en Granada, porque sus materiales son conocidos en el país y de una fábrica que había en el Campo del Príncipe, donde todavía al abrir cimientos se hallan pedazos ó tiestos vidriados con iguales adornos, de los que tenemos ejemplares. No era Granadino el otro vaso que adquirió Don Mariano Fortuny, procedente de la iglesia del Salar, con inscripciones cúficas, el cual debió ser fabricado á juzgar por su arcilla, en la antigua ciudad de Málaga, donde se hacían como en Valencia y otros puntos, hermosos reflejos metálicos.

Y volviendo al que tenemos á la vista, se ven en él diseñados animales ó especie de jirafas semejantes á las que nos describió Makrizi y recientemente Mr. Bonan en su viaje á Persia, cuya tradición conservaron en Andalucía, según Ebn Jaldum. Su manufactura no tiene semejanza á la de la loza mallorquina, ni á la de Córdoba y Sevilla, ocupando un género especial que lo distingue de aquéllas, y que da á sus reflejos un aspecto diferente del conocido como tal en todas partes.

Con los números 40 y siguientes se señalan restos antiguos de ornato y una multitud de pedazos de azulejos mutilados, al parecer de poca importancia; pero que por ellos se deduce fácilmente la historia en descenso hasta nuestros días de esta industria, la cual no se abandonó en Granada hasta fin del siglo pasado; notándose, que después de la conquista se hicieron alicatados tan finos como los de la Capilla, y se continuaron las trazas hasta mezclarse en ellos el renacimiento con sus caprichos abigarrados de extrañas formas.

El archivo.

Se compone hoy de 279 legajos, según la numeración última, que data del año 1872, echa en poder de la Administración económica de la provincia.

Conviene relatar aquí brevemente que en el año 1625 se perdió por primera vez el inventario de los papeles, y desde entonces estuvo el archivo en un cuarto debajo de la portería, que sirve hoy de paso al patio de la Capilla, donde hay una inscripción alusiva á los Reyes Católicos.

En 1787 se formó otro inventario en pergamino que existía con los núms. 37 y 38, notándose una falta extraordinaria en los papeles cuya numeración no concuerda con aquél.

Tiene, pues, tres numeraciones visibles, lo que hace hoy imposible de todo punto la comprobación de documentos.

Hay legajos de ventas de bienes de moriscos, de nombramientos de alcaides de las torres, de obras en las mismas, alojamientos de soldados y bastimentos de guerra desde 1496, de cabalgatas de soldados y pase de cristianos nuevos á Africa, sobre Monfies, etc.; otros muchos de causas criminales y rescate de cautivos, de todo el siglo XVI al XVII; reconocimientos de castillos y alcázares desde 1509, cabalgatas de moros y confiscación de bienes de sospechosos por herejías, testamentos de moriscos, y por último, gran colección de cuentas del palacio de Carlos V y de las Torres, de aprovisionamientos de guerra, de nombramientos y multitud de otros papeles relativos á presupuestos y títulos de propiedades. Se encuentran en ellos algunas rúbricas de reyes, muchas de nuestros más notables hombres de Estado y otras de artistas que se ocuparon en las mismas obras.

Donde está el archivo hay también unas copias en seis pedazos, ó fac-símiles estarcidos de las tres bóvedas pintadas de la sala de Justicia, que se mandaron hacer por la Comisión de Monumentos en 1871.

Parte más antigua del palacio árabe.

LA ENTRADA DEL ALCÁZAR, PATIO DE LA CAPILLA, MEZQUITA, TORRE DE LOS PUÑALES, LA DE MOHAMAD, Y CONSTRUCCIONES QUE HAN DESAPARECIDO.

Hoy entramos al Alcázar por una puerta construída en tiempo de Felipe V, que choca por su sencillez. No hallamos esos atrios dilatados ni esas plazas ó campos de maniobras que preceden por lo regular á los palacios mahometanos, y en cuyo espacio se recibe á los embajadores, se revistan las tropas y se celebran las solemnes festividades; pero en cambio se halla el terreno preciso que servía para los guardias, juzgados públicos y oficinas de la servidumbre. En la residencia de los sultanes de Ispahan, después de pasar la irregular planicie que precede á los alcázares, se entra por un sinuoso camino abierto entre casernas de guardias negras, departamentos de caballerizas, cocinas y albunes que habitan los alcaides de los diversos recintos encastillados.

En Argel y Tlemecen se ve lo mismo, y en la Alhambra hemos tenido que ir á investigar con grandes dificultades lo que nos ha dejado el tiempo y el Palacio del Emperador. Se encuentra á mano izquierda de la entrada un jardín, ocupado en parte por el palacio de Machuca, nombre del que planteó los cimientos del edificio cristiano, por haberlo habitado, según consta de un reconocimiento facultativo hecho por Ojeda, que vió y obró este patio árabe, por ruínas causadas en sus muros. En él, según Mijares, estaban los talleres, delineaciones y aparejos de los trabajos escultóricos para las dos fachadas del alcázar de Carlos V, y era abierto por el costado de Poniente, porque lo indican así los cimientos que hallamos, demostrando que abría paso al zaguán y puerta que hemos descubierto en 1867, como entrada principal de la más antigua parte del alcázar sarraceno.

Levantando parte de la solería de la capilla contigua á esta entrada, hemos visto cimientos de obra árabe, que debían constituir en esta estancia uno ó más cuartos de recepción, donde estaban las dos salitas pintadas de azul y oro que cita Mármol, y por las cuales se pasaba á las dos chemas ó mezquitas, cuyos restos se ven hoy todavía[149]. Todo lo cual se confirma por el octuwan que hay entrando por la puerta antigua al patio nombrado hoy de la Mezquita, por las formas de sus fachadas, el alero, el corte de los muros y el movimiento de los tejados para derramar las aguas; datos interesantes que justifican la existencia del Mexuar, del cual formaba parte el referido patio abierto de Machuca.

En 1526, Navajero describe el patio del Estanque como el primero que encuentra, y Mármol nos explica un patio más pequeño con dos salitas muy decoradas y una fuente que debía abastecer las demás del palacio. En una de estas salas, dice, daba el monarca, según costumbre mahometana, audiencia á sus súbditos. De modo que se entraba, según dicho autor, por muy cerca de la sala de Embajadores, que cita como la primera que visitó, la principal. Este patio pequeño no puede ser otro que el llamado hoy de la Mezquita, por no haber local donde suponerlo, pues la inclinación del terreno adquiere aquí de repente un desnivel de cuatro metros y no deja lugar para poderlo trazar en ningún otro lado. Entraron, pues, aquellos viajeros, por nuestra antigua puerta á ese pequeño patio, en el que había una fuente y dos salas pequeñas á uno y otro lado, en las cuales se administraba justicia.

Sobre el lintel de esta antigua entrada hay una inscripción tallada en madera, que dice así:

«Oh tú, auxiliador del trono excelso y guardián de su figura ó maravillosa construcción, abre la puerta esplendente y hermosa por la obra y por el artífice para la alegría del imán Mohamad. Cúbralos á todos Dios con sus favores».

Cuya leyenda revela harto bien el importante objeto de esta entrada del antiguo palacio.

Desde fines del siglo XV hasta principios del pasado se entró á la Alhambra por este paraje, con la sola diferencia de que después de colocado el altar de la Capilla, á principios del XVI, se siguió ingresando por una puerta inmediata que existe más pequeña en el vestíbulo mismo donde sitúa la grande, resultando así una porción de estrechos é irregulares callejones que era necesario atravesar para introducirse en la casa de los sultanes, como refiere Hugo de Cesárea que vió cuando fué al Cáiro á visitar al emir, donde halló muy estrechos y sinuosos pasadizos, poblados de guardias y esclavos, antes de llegar á los anchos patios y pórticos, y como se cuenta también de los palacios de Javarnak y de Sedir en el Hiram.

Todavía en nuestros tiempos, y según relatos de los viajeros de Persia, los palacios de origen sasanida aparecen completamente velados en su exterior por una multitud de pequeños y mal ataviados edificios, entre los que nadie puede sospechar que se guarde la entrada de los lujosos aposentos que habitan los monarcas.

Patio de la Capilla.

Entrando en más detalles sobre este departamento que ocupa la parte más antigua del palacio, existe el patio casi cuadrado que tiene en un lado el testero de las dos puertas, guarnecidas de azulejos después de hecha la obra antigua, y coronadas de un frontispicio alintelado de dovelas estriadas. Sobre un ancho friso de agemías hermosamente distribuídas había dos mikkah ó tragaluces con una ventanita central entre ellas, tapadas hoy y ornadas con la inscripción africana, que es una sura del Korán. El arco de este nicho es único en su clase; sobre él descansa una cornisa de colgantes y encima avanzan gradualmente moldurones de una gran escocia, también única en los monumentos árabes de todos los tiempos, la cual termina en un alero de madera admirablemente labrado del más exquisito trabajo; el todo conserva colores primitivos bajo el rojizo tono de su ancianidad.

Es una decoración completa que tenía sus puertas chapeadas con clavos dorados y cintas de bronce, de las cuales se conserva una en el Museo; celosías en las ventanas, ajimeces y basamento de jáiras de colores con alfreizares de mármol, de los que hay uno doblado por la presión de sus extremidades, con la misma elasticidad de un pedazo de madera.

Obsérvase en esta decoración algo de la arquitectura de la puerta del alcázar de Sevilla, reedificada por Don Pedro, y semejanza con las de las épocas de los primeros kalifas de Córdoba y Toledo; lo que nos obliga á asignarle mayor antigüedad, suponiendo que cuando se construyó daba frente y se descubría desde sus ventanas el río Darro, hasta que pocos años después se hizo el otro edificio de enfrente, cuyo ornato es distinto.

En el friso de madera, bajo el alero, hay una inscripción en cuatro tarjetones, que hemos copiado y que traducida dice así:

«Mi posición es cual una diadema. Mi puerta es para un lugar culminante. Imaginan las comarcas occidentales que en mí se halla el lugar donde el sol nace».

«Yo contemplo su aspecto semejante á la luz de la aurora en el horizonte».

«Algani bil-lah me dió el encargo de abrir la puerta».

«Haga Dios de esta obra un beneficio para el sultán como lo hizo bueno en figura y carácter[150]».

Enfrente hay tres arcos de aspecto tan igual al de la obra del patio de la Alberca, que podemos asegurar fueron levantados cuando aquél; lo cual indica que entre la construcción de la entrada que hemos descubierto y del citado patio de la Alberca, pasó un período á lo menos de cincuenta años, y que el referido testero de las dos puertas fué hecho frente á la muralla del Bosque, delante de una pequeña explanada. Después se labró la puerta antigua para dar entrada al patio de Machuca y la Mezquita, con cuyos edificios quedó encerrada la más antigua fachada del palacio.

Nótase un arco sencillo, forma de herradura, que hay delante de la fachada de los tres arcos; éste fué hecho en el año de 1522, con el intento de apoyar un suelo de cuadrado cuyo peso no fiaron á las dos delgadas columnas sobre que descansan aquéllos.

Las dos columnas tienen de notable que sus capiteles son tan raros como los del templo Jain de la India, ó los de los baños árabes de Cefalú en la Arabia; su forma extraña y caprichosa obedece á dos inspiraciones: una siriaca y otra greco-romana[151].

En el centro de este patio había una fuente más elevada, y pasando el intercolumnio se encuentra una pequeña sala que fué reedificada después de la conquista, como lo indica su techo, y en su centro se abre una ventana con trazas góticas, que debía servir antiguamente de puerta de la torre que pudo ser destruída con motivo de la construcción de la de Comareh.

La Capilla.

En el patio anterior hay una puerta moderna, que da paso á la Capilla que pudiéramos llamar mudéjar, porque se reconstruyó en 1537 y se hicieron sus mosáicos por Antonio Rojas, obra primorosa con escuditos alhamares y del primer alcaide cristiano. En aquella reconstrucción se rebajó el pavimento y se aprovecharon tres techos de ensambladuras, haciendo de nuevo los demás y todos los plafones y emplanchados. Su estructura primitiva debía ser á semejanza de la sala de las Camas, más alta del techo en su centro y con tribunas y menacires.

El altar es una composición de mal gusto, de piezas de mármoles que han debido servir para otro objeto muy distinto. Parece que formaron parte de una gran chimenea que se hizo para las habitaciones del Emperador, con otras que ya hemos citado de la sala de las Ninfas.

Por debajo de la tribuna se entra en una pequeña estancia cuyo destino no habría sido fácil explicar, si no se hubiera conservado un arco y un nicho del género que siempre emplean los musulmanes como Kihblah ó santuario de sus aljamas, y del que hay muchos ejemplos en todas partes; cosa bastante singular, porque parece que desde la construcción de la Gran Mezquita de Córdoba todos los que se hicieron después en España y Africa fueron imitados del arco de herradura adovelado por dos curvas excéntricas, cuya forma aparece original y digna de estudio; y hasta la época más moderna ha continuado la tradición en Marruecos, donde los nichos sagrados en que se guarda el libro koránico tienen allí esta forma. Tanto su disposición como el nombre dado á este cuarto por varios historiadores, además del no menos importante dato de la dirección de los muros ó paredes de Oeste á Este y la situación del nicho perfectamente orientado, son testimonios más que suficientes para suponer que fuese la pequeña Mosala al-aidi ú oratorio[152] del palacio, levantada, como ya hemos dicho, en uno de los ángulos del patio llamado luego de Machuca.

Hemos intentado hacer más indagaciones en este aposento y han dado por resultado nuevos vestigios de arcos y relieves antiguos, los cuales subsistían bajo una gruesa capa de yeso, con la cual los habían cubierto en épocas cristianas. Su pavimento ha sido también rebajado como el de la anterior capilla y nótase la puerta que lo tuvo en comunicación con un estrecho pasadizo, que conduce á la Torre de los Puñales y á la parte arruinada del referido patio de Machuca, en cuya torrecita, muy ruinosa, se nota el techo antiguo, compuesto de pequeñas alfargías, y en un costado las señales de tragaluces de arco redondo donde habría agemías caladas.

Es éste un pequeño cuarto con ornamentos preciosos, diferentes de los del alcázar y con una ancha ventana en su testero principal, donde había una especie de mirador ó menacir de madera, cubierto de celosías, como las que se ven en el Cairo, y de las cuales quedaban todavía muchas en Granada á principios de este siglo. Del otro lado de la torre continúan los pequeños cuartos reservados que servían de viviendas, los cuales terminan con la muralla, en la puerta del Bosque.

Como se observa, desde esta torre se bajaba á un enclaustrado de arcos, hoy cubiertos, que hacían un frente del gran vestíbulo á que nos hemos referido en los últimos párrafos.

Concluye aquí la descripción del más interesante alcázar mahometano que se ha construído.

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Armas árabes.

Palacio del Emperador Carlos V[153].

En el centro de la Alhambra se pensó levantar hacia el año 1526 el Palacio del Emperador Carlos V. Para establecer su ancha cimentación en un paraje de los más estrechos que ofrecía el conjunto de baluartes, y que estuviera en relación al mismo tiempo con el palacio viejo de los moros, fué necesario destruir una porción de casas árabes que se encontraban en esta pequeña y antigua población morisca, á la cual se entraba por la puerta del Vino, las cuales se demolieron para hacer este palacio, hermoso y bello en cualquier otra parte que se hubiera edificado, pero no tanto entre estos vestigios oriundos de una civilización completamente extraña á las luces y al movimiento intelectual del siglo.

Carlos V vino á Granada desde Sevilla buscando los recuerdos halagüeños del reinado de Doña Juana, en cuyo tiempo se consideraba este sitio como uno de los más frescos y saludables de Andalucía en la estación de los grandes calores; y extrañando que la corte española se hubiera hospedado en los aposentos de los moros, sin dejarlos de admirar y recomendando su conservación, mandó construir este palacio, encargándolo á artistas especiales y dotándolo de rentas suficientes. Los moriscos pagaban 80.000 ducados entonces, porque les permitieran sus usos y costumbres y por conservar trajes y ceremonias que les era difícil abandonar; de ellos destinó 10.000 para su obra, que se pagaban anualmente, añadiéndole 6.000 de las rentas del alcázar de Sevilla, y el importe de las penas de Cámara de los corregimientos de Granada, Loja y Alhama.

Desde algún tiempo eran innumerables los artistas que, procedentes de Italia, hacían en España, la mayor parte de las obras, los cuales consideraban el arte ojival como bárbaro, y se inclinaban decididamente al greco-romano, copiando sus majestuosos edificios, dotándolos de mayor riqueza de ornamentación y dándoles ese sentimiento pagano que irremisiblemente habían de ostentar. Debía pues, ser este palacio uno de los más ricos y suntuosos que se construyeran en España, rivalizando con el decantado arte traído por los vencidos musulmanes, y era preciso coronar la Alhambra de las glorias del Emperador para que se olvidaran las grandezas del pueblo árabe. Así se hizo con toda la posible arrogancia, derribando cuanto se oponía, hasta que aparentemente desapareció el carácter distintivo del baluarte musulmán[154]. Se buscó la inspiración en el palacio florentino, en la iglesia de Pisa, en Santa María la Mayor de Roma y en el patio del palacio viejo de Arnoldo di Lapo. Su estilo tiene toda la rigidez del panteón, toda la regularidad académica de San Juan de Letrán, toda la exactitud y proporciones de los entablamentos romanos; pero carece de la uniformidad que aquéllos guardan en la colocación de sus órdenes, y se resiente de la influencia del ornato á expensas de las proporciones de sus apilastrados y cornisamentos. Sin embargo, este edificio había de ser en España una preciosa joya sin rival, por la delicadeza de sus dibujos y refinamiento de sus esculturas.

La falta de unidad se nota en la contraposición de estilos que ofrece el primero y segundo cuerpo, pues mientras aquél tiene los modillones robustos de una construcción toscana poco delicada, el segundo es del orden jónico con todas las galas del renacimiento en los tímpanos y molduras, coronado por un cornisamento dórico de hermosa ejecución; y esta diversidad de contrastes está limitada en las portadas de los centros, donde hay uniformidad y clasicismo en el primero y segundo cuerpo, indicando que artífices de muy diverso gusto construyeron el edificio, y que su elaboración se prolongó más de sesenta años. Según los datos existentes en el archivo, si bien fué el año 1526 aquel en que se empezó á construirlo, no aparece la obra en ejecución hasta mucho después, habiéndose empleado largo tiempo en la cimentación que dirigió Pedro Machuca y su hijo Luis (1529), en cuyo año murió; continuando los trabajos bajo la dirección de Juan Orea y Juan de Mijares, hasta Pedro Velasco que se encargó de las obras en 1583. Y no se puede fijar la sucesión exacta de sus directores, porque se encuentran documentos firmados por Nicolás de Corte y Mijares, quienes en 1545 el primero y 1588 el segundo, lo mismo dirigían las obras, que se ocupaban de hacer esculturas, pues los arquitectos de aquella época eran decoradores de origen, al par que grandes prácticos que se encargaban indistintamente de la edificación y del ornato.

La planta cuadrada tiene 220 pies de lado y la altura es de 60, en dos cuerpos. En ambos hay un sistema de apilastrados, entre los cuales quedan los huecos de balcones, claraboyas y tímpanos adornados de esculturas como vasos griegos, guirnaldas de granado, esfinges y tarjetones, obras hechas todas por Morell y Juan de Vera.

En los centros de las fachadas de Poniente y Sur se levantan dos pórticos hermosamente labrados en mármoles de diversos colores, entre los que se notan la piedra serpentina de Sierra Nevada, sin rival por su hermoso color, los blancos de Macael manchados de rojo que hay en los medallones, y los pardos finos de la inmediata Sierra de Elvira. En la puerta cuadrada del centro, sobre el frontón, se ven hermosas figuras recostadas, encima, medallones con cuádrigas y caballeros armados á la flamenca, y sobre los tres balcones del segundo piso, tres medallones labrados por Pedro de Ocampo, escultor sevillano, los cuales representan, uno el escudo real de España, y los otros escenas mitológicas de los trabajos de Hércules. Son admirables en este lado las batallas de bajo-relieve hechas sobre los netos de los pedestales, cuyo croquis publicamos, y las famas ó glorias alusivas al dominio de ambos mundos que hay en otros, las cuales hizo Antonio de Leval en la cantidad de 145 escudos cada uno, suma insignificante que en nuestros tiempos equivaldría á 700 escudos á lo menos. Al mismo se atribuyen los estilobatos, según documento que existe en el archivo, reclamando su valor. Los citados espejos de Hércules costaron 430 escudos; y los escultores Salazar y Pablo de Rojas hicieron las estatuas por la suma de 185 escudos[155]. Entonces se pagaba por la talla de cada una de las cartelas de la cornisa con el florón y cubierta de cada entrecán, la cantidad de 28 rs., según ajuste que firma Juan de Mijares, encargado de estas obras el año 1588.

En la otra portada del Mediodía hay menos clasicismo greco-romano, y su composición es una obra de renacimiento con esculturas más fantásticas y menos perfectas. Cuatro columnas jónicas sostienen el cornisamento, en cuyo friso se lee: Imperator Cæsar Car. V, y en los costados de los pedestales, sobre los que descansan leones sin concluir, se ven trofeos de las guerras contra los árabes, muy interesantes para los estudios arqueológicos.

En su segundo cuerpo hay un pórtico de tres ventanas arqueadas, y en las enjutas se hallan labradas ninfas alegóricas á la historia, escribiendo sobre anchas tablas de mármol. En los netos se ven figuras triunfantes de la mitología, centáuros y escenas paganas, como el robo de Anfitrite por Neptuno, las columnas de Hércules, etc., obras todas de los citados Morell y Juan de Vera.

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Bajo-relieve del Palacio del Emperador.

Hay alguna irregularidad en la distribución de ventanas de la fachada de Poniente, lo cual está demostrando que el que hizo el proyecto primero de esta decoración no pudo terminarlo y que los artistas posteriores al año 1564, en cuya época no estaba hecho más que el primer cuerpo, proyectaron después la fachada del centro, y no pudieron arreglarse á los ejes de la construcción primitiva. Lo mismo puede decirse de los muros trasversales interiores, que en lugar de resultar adosados á los mazizos resultan algunos en los claros de los balcones, para cubrirlos sin duda con ventanas fijas de madera que no llegaron á colocarse.

También llamamos la atención hacia los agujeros que hay en el primer tercio de las pilastras almohadilladas, donde estaban clavados los manillones de bronce que se guardan hoy en el pequeño museo del Palacio árabe.

En el ángulo de estas dos fachadas descritas se ve el arranque de un arco que debió construirse para separar la plaza de los Aljibes de la de los Álamos, y constituir en la primera la plaza de Armas haciendo un gran arco de triunfo que quedó en proyecto.

El interior de este edificio ofrece una singular composición reprobada como regla general en el arte de construir. El círculo inscripto en el cuadrado deja cuatro irregulares estancias triangulares que no pueden servir de nada, y aunque aquí se ha aprovechado una de ellas con la escalera principal del palacio, las otras quedan como huecos ó rincones que afean la distribución. Aparte de estos defectos, tiene el patio tan imponente decoración, á causa del cenador circular apoyado sobre treinta y dos elegantes columnas dóricas que sostienen la bóveda en dirección anular, que nos recuerda los magníficos pórticos de la vía Flavia en Roma. Sobre el primer enclaustrado se alza la galería de orden jónico, ceñida por un anillo tallado á dovelas de lintel plano, en las cuales se halla incluído el arquitrabe, friso y cornisa, tan admirablemente unidos, que sin ser entibado este círculo de piedras por ninguna fuerza exterior contra su centro, se ha sostenido durante cuatro siglos sin descomponerse ni que se rompa ninguno de los bloques de la curva.

Todas las demás decoraciones se reducen á los conocidos apilastrados y entablamentos, nichos para colocar estatuas, frontispicios, basamentos y cuantos detalles desarrolla el estilo modulado de esta conocida arquitectura.

La escalera citada ocupa el ángulo Sudoeste, y no tiene más mérito que la magnitud de los peldaños y las bóvedas hornacinadas que trazó Francisco de Pontes, otro de los artistas que se ocuparon en estas obras.

En el ángulo de la planta que mira á Oriente, hay un departamento de forma octogonal y muros de mayores dimensiones, que se destinaba á Capilla del Palacio, y debía cubrirse, según el proyecto, con una bóveda semi-esférica. El suelo de este pabellón se halla sobre una bóveda subterránea, á la cual se entra por el patio del Estanque, y ocupa el terreno que ya hemos estudiado, por donde se extendían las habitaciones que llamaron de invierno en el Palacio árabe, las cuales no pueden indicarse en el plano, porque han desaparecido hasta los cimientos.

En el grueso de los muros y en la forma octogonal ya descrita, hay dos escaleras de las llamadas de caracol, que desde la bóveda subterránea suben hasta el cornisamento del edificio.

Aparte de las imperfecciones de distribución que tiene una obra hecha por diferentes arquitectos, siempre es admirable en el mecanismo de la construcción, el desarrollo de entibaciones y el ajustado corte de piedras. Sus esculturas carecen por regla general de buen dibujo; pero abundan en delicadeza de trabajo, fantasía y riqueza de detalle. Las superficies de los muros están generalmente revestidas de la fina piedra calcárea de Escúzar, y por dentro de la de Alfácar, más dura y grosera. Las columnas y galerías del patio, son de piedra conglomerada, vulgarmente almendrilla, que es muy bella y se trabaja difícilmente.

Hacia el año 1590 se hallaban todavía sin labrar la mayor parte de sus esculturas, y nosotros dudamos si este edificio llegó á cubrirse definitivamente, pues aunque á principios del siglo XVII se hallaba reunida en los almacenes de la Alhambra toda la madera que se había traído con este objeto de los pinares de Segura, en tal caso, creemos que sólo el anillo del corredor circular llegaría á cubrirse.

Por último, los mejores artistas de la época, como Juan de Cubillana, entallador, en 1560, Juan del Campo, en 1565, Landeras, en 1584, Núñez de Armijo y los Machucas ya citados, Ocampo, Leval, Baltasar, Godíos y otros que hemos tenido ocasión de mencionar, tomaron parte en la ejecución de las obras, con sueldos que variaban de 130 á 200 maravedís diarios, según consta de los legajos del archivo.

Pilar del Marqués de Mondéjar.

Fué construído de orden de este segundo Alcaide, según consta del archivo y lo indican los escudos esculpidos en la caliza de Sierra de Elvira, sobre el paraje donde se hallaba el repartimiento de aguas de los barrios de Gomeres y Churra.

Aunque simple en su composición, por hallarse adosado á una muralla que en lo antiguo cerraba delante de la puerta Bib-Xarca, y continuaba luego á enlazarse con el camino de circunvalación de la torre de las Cabezas, es muy bello en sus detalles escultóricos. Está situado en el final de la cuesta ó camino único que desde el barrio de Cuchilleros y cuesta de Gomeres conducía entonces á la Alhambra, paso frecuentado durante cuatro siglos, hasta que se abrió el del centro de la Alameda en 1831. Por las inscripciones, se ve que fué dedicado al Emperador; tiene hermosos adornos del renacimiento sobre sus cornisas, y tres rosetones con cabezas cargadas de frutos, alusivos á los tres ríos que pasan por esta ciudad. Se empezó á hacer en 1557, y aun quedaba algo por concluir en 1624. Sus cincelados son del escultor Alonso de Mena, y algunos van desapareciendo, particularmente donde están esculpidas escenas mitológicas de notable primor. La traza general es el greco-romano del renacimiento, poco esbelto y gallardo, pero propio para el lugar y objeto á que se destinó. En nuestro tiempo han restaurado algunas esculturas decorativas de uno y otro lado del segundo cuerpo, que se confunden con las antiguas.

Los dos últimos monumentos que hemos mencionado de estilo tan diverso del árabe, forman ya en el número de los nobilísimos que se alzaron en este mágico recinto, y por eso no nos podíamos dispensar de citarlos ligeramente, antes de abandonar los tan preciados de la dominación agarena.

Cercas antiguas de Granada, puertas y alcazabas.

Era la primera condición de todas las antiguas poblaciones que se levantaron ó engrandecieron durante los siglos medios, que debían estar situadas en grandes alturas, y rodeadas de muros en dos, tres y cuatro falanges, según su importancia; y aunque esto fuera peculiar también de más antiguos tiempos, nunca se observó con más rigor este sistema de defensa, como en la citada época y particularmente en España, donde si se contaran las fortificaciones destruídas, sería mayor su número que el que cuenta la mitad de Europa. En Granada hubo diversos circuítos amurallados, principiando por el de Hiznarromán, atribuído á los tiempos romanos y fenicios, sin fundamento incontrovertible; y se supone que los árabes encontraron el castillo citado con otros vestigios que destruyeron después, en el sitio llamado hoy placeta de las Minas y carmen de Lopera, con ruínas de un templo pagano. Multitud de inscripciones se descubrieron más tarde, sobre cuyo asunto se formó un célebre proceso que no escandalizó muy poco en aquella época. Parte, pues, desde este sitio el baluarte de estructura árabe que hay á la vista en diversos parajes, construído próximamente cuando las primitivas torres Bermejas que ya hemos citado, el cual dominó en aquella colina, como en su día dominaron los castillos romanos que allí hubiera sobre alguna pequeña población, anterior quizá á los tiempos visigodos, no tal como se encuentran hoy, sino destruídos y vueltos á edificar en forma de alcazaba, que se llamó después Cadima ó vieja; precisamente como sucedió con la de Al-hamrra, donde se construyó una fortificación más antigua y más pequeña que la que hoy existe. Dicha alcazaba apenas podría contener una población de 500 vecinos antes que se hiciera la gidida ó nueva, en cuyo tiempo se trataba ya de abandonar á Illiberis; lo cual nos induce á sospechar si el primer castillo que se construyó en lo más alto de lo que hoy se llama barrio del Albaicín se hiciera para dominar un pueblo que había del lado de Poniente, el cual fué origen de la ciudad árabe que fundó Bidis-ben-Habus, ocupando el Zenete por un lado, y por otro la alcazaba citada. Desde la conquista y particularmente en el siglo XVI se han hecho descubrimientos en Hiznarromán, que con los del Sr. Mendoza (1871), dan á entender que hacia el aljibe grande había un muro que terminaba en la Puerta Nueva, donde Mármol fija el asiento primitivo de la Castela de Ben-Aljatib ó del Castillo de Gazela, como él lo llama, y su construcción es como la de Hiznarromán, fácil de confundir con la romana y cartaginesa.

En dicha Alcazaba Cadima, labrada en tiempo de la primera invasión, sobre otra más antigua, se hallaba una Ráuda, lugar no muy espacioso donde enterraron á Badis y posteriormente al caudillo Aben-Ganía, enterramento que no podía existir sino fuera de este estrecho recinto, en el lado construído por los Ziritas, más espacioso y no menos sembrado de ruínas semejantes á las citadas. Del mismo modo se establecieron los castillos sobre el Mauror y Antequeruela, como se ha visto testimoniado por la existencia de un dilatado cementerio romano, encontrado no hace muchos años por bajo de la muralla y puerta de Niched ó de la altura[156], en la huerta de Zafania[157], cuyo caso se ofrece igualmente en la Alhambra antes del establecimiento de los moriscos, cuando había una población quizá también romana ó fenicia con el nombre de Natívola[158], si hemos de creer la tradición que se pierde en la noche de los tiempos, y que no desecharemos en absoluto.

Siendo simultánea la existencia de Garnata é Illiberis, está averiguado que la ciudad de aquel nombre se hallaba más bien en el lado de la villa de los judíos que en el que se llamó Albaicín ó de los Alconeros, donde parece que se hospedaron unos cuantos yemeníes, guerreros de las invasiones árabes del siglo VIII. Estos estudios ó investigaciones, por más que no ofrezcan novedad, atendiendo lo mucho que se ha discutido y lo poco nuevo que se ha hallado para fortalecer una opinión justa sobre los primitivos castillos de Granada, se reducen á fijar los sitios designados en los planos con más ó menos aproximación, y á situar el primitivo castillo de Romanos entre las puertas de la Señoría y la de los Estandartes, demostrando que la segunda fortaleza de aquel lugar fué completamente de construcción sarracena, y que más tarde todavía, en tiempo de los Ziritas, se reconstruyó y continuó por la placeta del Cristo de las Azucenas, Aljibe grande, convento de San Agustín y cerca de San José ó Antigua mezquita, cuyos cimientos y argamasa es de la clase con que se fabricó lo que hasta aquí era conocido por Alcazaba Gidida ó nueva.

Otra muralla de esta parte de la población acaba de indicarnos el aislamiento desde su origen de aquellas fortalezas, demostrando la existencia de dos grandes suburbios que vinieron á reunirse desde el siglo XII en adelante. Esta está trazada á fragmentos muy visibles todavía sobre la calle de San Juan de los Reyes hasta el Zenete, abrazando el barrio de Badis y de los Morabitos; y quedan por consiguiente murallas de flanqueo y enlace en dirección de la Puerta de Elvira y hacia la casa de la Moneda y convento de Zafra, donde hubo una puerta y muros que señalan un cambio de dirección en la margen derecha del río de Darro, pasado el puente árabe que debió llamarse el del Cadí[159], y alineándose por un lado con la subida y entrada á la Alhambra y su Alcazaba, y por otro siguiendo la orilla hasta un puente que había por bajo de la puerta de Guadix.

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Puerta Bonaita.

Desde este punto los baluartes antiguos toman dirección hacia Generalife, cuyos azuores no se terminaron, y otra al Nordeste, recinto de Don Gonzalo, que fué la más moderna muralla extendida hasta la torre del Aceituno, punto avanzado sobre el valle Mardanix que descendía por las Alcudias de Ainadamar y Aben Saad hasta la Puerta de Elvira. Por el Mediodía y Poniente sólo había un recinto murado que pasaba por medio de los barrios más poblados hoy de Granada, como se indica en el plano moderno de esta ciudad[160] y dividido en tres grandes departamentos: el de la Antequeruela, villa de los Judíos, y el del Centro y parte llana. Hubo proyecto y hasta se hicieron puertas en el último recinto que partía desde las Vistillas por la Loma de Abahul hasta Generalife, cuya cerca debía estar próxima á una mina que hay en dirección del Campo de los Mártires por el callejón del Caedero. Los muros todos medían por lo menos una extensión de 2.200 metros, flanqueados de robustas torres en número de 1.030, y 28 puertas principales de las que sólo quedan muy pocas; sus alturas variaban desde 5 á 9 metros, con el espesor desde 1,20 á 1,85. Las puertas, comenzando por la de Elvira, se nombraban en tiempos árabes y cristianos de esta manera[161]:

La de Elvira, (Elveira Illiberis) al final de la calle de este nombre porque por ella se tomaba el camino de esta antigua población, que debía hallarse á dos leguas de Granada entre Atarfe y Pinos.

Boquete de Darro (puerta de Batrabayon, según Nebrija), estaba en el sitio que hoy se llama Boquerón y que era su verdadero nombre.

De Oneider, de la Erilla, ó de Bibalunata, frente á la calle de San Jerónimo, cerca del altar mayor de la Colegiata.

Bib Almazán, que estaba junto á la Pescadería, aunque su verdadero nombre era de Bibamazda, puerta del Circo donde se hacen juegos, y de la Conversación.

La de Bibarrambla, en la plaza del mismo nombre; después de las Orejas y del Arenal, medio destruída el año 1873.

La Puerta Real, que existía en el siglo pasado, donde colgaron la cabeza de Aben Abó metida en una jaula, último caudillo de la rebelión morisca. Podía ser esta también la del Rastro.

La de Bibataubín ó de los Ladrilleros, cerca del teatro del Campillo, la cual existía todavía en 1808.

Puerta del pescado, Bib-Lacha y también Bib-Mitre y Bebeltee. Creemos que antes de ésta había otra, cerca de la torre del palacio de los Anxares (Cuarto Real).

Puerta de Néched (de la Altura), en las Vistillas.

Bibalfajarin ó puerta de los Alfareros, en el Realejo ó placeta de los Caños.

Bib-Mauror, según Aben Alhamar, y también puerta del Sol, para entrar á la villa de los Judíos y barrio de la Antequeruela.

Puerta de las Granadas, antes Bib-Lauxar.

Puerta de los Panderos, en la Carrera de Darro, ó Bib-Adi-faf, cerca del convento de Zafra, frente á la torre del Almací.

Puerta de Guadix baja, entrada á Albaida, al tomar la cuesta del Chapiz.

Bib-Xomais ó del Solecito, de Guadix alta, llamada por Pedraza, Puerta del Sol, en el camino del Monte Santo, según Alasar[162].

Puerta de Fajalauza ó del collado de los Almendros.

Puerta del Albaicín y de San Lorenzo, que daba paso hacia el otero de Ainadamar, donde está la Cartuja y el mirador de Orlando.

Puerta de la Alacaba ó de la Cuesta; se halla en un dibujo grabado al final del siglo XVI, en el libro «De Bello Granatense», de Lucio Marineo Sículo, el cual representa la ciudad por el lado del Triunfo, y dos puertas en su fortificación entre la Merced y San Ildefonso; se ve en él también una fortificación antigua que ocupaba el actual convento de Capuchinos.

Puerta del León, Bib-Leit, Elezed, cuyos muros se observan en el Zenete.

Bib-Alhazarin ó puerta de los Estereros, según Nebrija, cerca de San José y San Gregorio.

Bib-Adan, puerta del Osario, salida á un cementerio árabe.

Bib-Albonut, de los Estandartes, cerca de las Tomasas.

Bib-Beiz, puerta del Trabajo, según Mármol detrás de la iglesia del Salvador, hacia la calle del Moral y al final del callejón de San Nicolás.

Bib-Siyada, puerta de la Señoría.

Resultan veinticinco puertas cuya memoria ó testimonio se conserva, y además hay las de la Alhambra y Generalife que eran seis, cinco en la primera y una en el último. Estas son: una que había en el Carril donde hoy se halla la moderna que da entrada á los carruajes, y acaso se llamaba de Yacub, citada por Aljatib, sobre cuyos muros estuvo por largo tiempo expuesto el cadáver del príncipe Don Pedro; la del Generalife, que según una pintura del siglo XV estaba cerca de Fuente Peña, la de Algodor ó de los Pozos, sobre el camino de la Sabica por donde salió Boabdil y además las citadas de la Alhambra.

Incluían las referidas murallas, en comunicación por medio de las mencionadas puertas, muchos barrios y cudiat (alcudias) (oteros): El del Albaicín, por fuera de la más antigua alcazaba, el cual no era de origen árabe pues se remontaba á tiempos más antiguos; había fabricantes de paños entre sus moradores y muchos cristianos desde el tiempo de la conquista; el arrabal Blanco, hoy poblado de nopales y cuevas, ó barrio de Albaida, siempre habitado por gente pobre, y muchos judíos en tiempo de la dinastía granadina; el barrio de la Cauracha cubierto de preciosas casas de recreo, hasta San Juan de los Reyes, su antigua aljama ó mezquita de Teibin (Mármol), más abajo el de Hajariz encomiado por los poetas árabes, alrededor de la calle de San Juan y de la Victoria, con suntuosos edificios cuyos restos aún pueden descubrirse; los barrios de la Churra, Gomeres, Mauror, los Gelices en la Alcaicería, de los Judíos, de Cuchilleros, de Hatabín, en la plaza Nueva, del Zenete, tribu africana venida antes de los Nazaritas, los de Badis y de los Morabitos hacia San José y la Lona, y por último[163], los de Haxbin Laxarea y otros no conocidos todavía. Para estos barrios había tres cementerios, dos ya citados y uno muy extenso nombrado de Salh ben Malic, en el Triunfo y Plaza de Toros[164].

Muchos eran los oteros y lugares predilectos de la población é imposible el referirlos. Contamos los más afamados, que son: el de Ainadamar, el de Aben Mordanix con cármenes y almunias suntuosas, donde el guerrero de este nombre aposentó sus tropas para socorrer á su suegro Aben Humush; el de los Anxares, el Jardín de la Reina, pasado el Puente de Genil, el Alcázar Said, de Abaul, Alixares, etc., etc.[165].

La última cerca que alcanza hasta la ermita de San Miguel la costeó Don Gonzalo Stúñiga, obispo de Jaén, por el año 1425, cuando fué hecho prisionero por los habitantes de esta comarca y pidieron por su rescate, que costease esta línea amurallada, para de este modo no volver á ser molestados por las correrías que los cristianos hacían en los alrededores de Granada.

Al lado de la puerta Bibataubín se hallaba un Fuerte árabe cuyos restos se ven todavía detrás del cuartel de la Carrera, el cual formaba parte de aquella alcazaba. Se atribuye su construcción á Mohamad Aben Alhamar, y á mediados del siglo pasado se cedió por el Real Patrimonio al Ayuntamiento para cuartel de caballería, en cuyo tiempo se hizo la obra que hoy se nota en la fachada, de tan mal gusto y caprichoso estilo, con columnas salomónicas.

El Torreón ó cubo que hay en el ángulo es una construcción como la de los Siete Suelos con robustas almenas, y en todo él se cree hizo el primer Capitán general de Granada algunas restauraciones y fosos con baterías para cañones. Esta Puerta de Ataubín se llamaba también de los Ermitaños, y la explanada se denominaba La Rondilla, lugar frecuentado por gente picaresca, juglares y aventureros, hasta que por último se hizo odioso, porque en él se quemaron y empalaron á algunos, víctimas de las discordias religiosas y guerras civiles.

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MONUMENTOS DE SEGUNDO ORDEN

Generalife: Antiguamente existía la comunicación directa entre la Alhambra y este palacio, por la Puerta de Hierro y una senda angostosa que hay enfrente, abierta entre líneas de rojos murallones que se hicieron para sostener el terreno inclinado. Una puerta árabe primorosamente labrada de jáiras y alicatados, hoy en desuso, que se halla en el jardín bajo de este sitio de recreo, da paso, subiendo una estrecha escalera, al vestíbulo del dilatado patio que precede á las escasas habitaciones que conserva de los tiempos agarenos.

Se dijo que el Generalife fué mandado construir por el príncipe Omar, cuya vida, sabido es, fué un puro deleite. Así lo hemos creído hasta muy recientemente que se ha presentado un berberisco con documentos árabes bastante comprobados, en los que aparece que esta casa había sido construída por un cautivo, al cual se la arrebató el Sultán traidoramente para su recreo y esparcimiento. La fundación será, pues, del tiempo de los Zeiritas, á juzgar por estos antecedentes.

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Note 1 · Hurtado de Mendoza dice en su «Historia de la rebelión de los moriscos:» «Aposento real y nombrado..., que después acrecentaron diez reyes sNote 2 · Se conserva en casa del señor marqués de Villaseca.Note 3 · Argote de Molina en su «Nobleza de Andalucía».Note 4 · Tomo XVI, pág. 267, texto árabe.Note 5 · Dice el muy docto Don Aureliano Fernández Guerra «que fué mortificación y escándalo al famoso Ibn-Jaldun cuando vino de Africa á la ciudad dNote 6 · ¿Podrá este verso haberle dado el nombre de Dos Hermanas?Note 7 · Hemos visto los mosáicos del mismo género, imitaciones que se han hecho en Londres, París, Berlín, etc., en los que cada piececita tiene unaNote 8 · Archivo, legajo 28.Note 9 · Lindaraxa, la casa de Aixa.Note 10 · Los hemos hallado nosotros con motivo de nuestras obras, y conservamos fragmentos.Note 11 · Llamamos la atención sobre este verso que sostiene nuestra opinión de no existir el Patio de Lindaraxa que se ve desde estas ventanas, en tiNote 12 · Existe dificultad muy grande en interpretar bien la traducción de los letreros árabes, según hemos notado en las versiones que de ellos se hNote 13 · De Leval: hechas para el palacio moderno.Note 14 · Memoria leída por D. Manuel Gómez Moreno.Note 15 · «Viñedos» en lengua árabe.Note 16 · En el tomo III; rarísimo.Note 17 · Así lo revela la inscripción de la entrada.Note 18 · Pedro Machuca, que fué el encargado por el conde de Tendilla para hacer la tasación de lo hecho por Julio Aquíles, pintor de imaginería, en Note 19 · Visitó este palacio acompañado del embajador M. Layard en 1872, y le oímos esta opinión tan competente.Note 20 · Desde que nos encargamos de la conservación de la Alhambra, hacemos cuanto es posible por evitar esta costumbre lamentable, para lo cual estNote 21 · Nuestro ilustrado amigo D. Manuel Gómez Moreno, presentó á la Comisión de Monumentos, una razonada explicacion del significado de estos cuadNote 22 · La misma Memoria del Sr. Moreno.Note 23 · En el Cairo tienen hoy en sitios análogos, máquinas de hacer café y las pipas.Note 24 · En el año 1872 hemos hallado otro semejante en la casa núm. 82 de la calle de Elvira.Note 25 · Rebelión de los moriscos.Note 26 · En estos palacios había hasta cuatro ó cinco destinadas, unas al sultán, otras á sus mujeres y favoritas.Note 27 · Nosotros dimos una de ellas al Sr. Lafuente para su excelente libro de las inscripciones, y respondemos de la exactitud de la copia. Los punNote 28 · Hemos visto otro capitel de este género, procedente de un alhamí que había en un cuarto cerca de la escalera de los baños, que se hundió en Note 29 · El nombre de Mosala al-aidi se daba á las mezquitas pequeñas de los palacios, según Edrisi y Palgrave.Note 30 · De origen cristiano. Sería una falta salir de la Alhambra sin dedicar algunas palabras á este edificio.Note 31 · Existen los cimientos de muchos de estos edificios en la plaza contigua de los Alamos.Note 32 · Legagos 228 y 256.Note 33 · Hoy las Vistillas.Note 34 · Estefanía.Note 35 · Testimoniado por la inscripción gótica de Santa María de la Alhambra.Note 36 · Citado por Casiri.Note 37 · Lo hemos publicado el año 1871, y en él están marcadas todas las murallas antiguas.Note 38 · Nuestro querido amigo D. Leopoldo Eguilaz, á quien debemos muchos datos importantes sobre Granada, nos ha dado los referentes á estas puertaNote 39 · Libro de noticias sobre la extinción de la dinastía de los Beni Nazar, versión inédita.Note 40 · Diccionario, Nebrija, Mármol y otros.Note 41 · «Recherches de Dozy», tomo I.Note 42 · Al-Makkari, Simonet, etc.
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