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Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba

PARTE TERCERA (continued 4)

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La palabra Generalife ha sido interpretada como Casa de placer ó de recreo, Jardín de la Alegría y Huerta del Zambrero, por los festines que en este sitio se celebraron[166]. La naturaleza domina en él y el arte en la Alhambra, ha dicho Washington Irving, y esto es tan verdad, que aunque se hallan á cada paso vestigios del arte mahometano, el que lo visita se inclina con preferencia á mirar desde sus corredores ó pasillos el hermosísimo panorama que ofrece la Alhambra en su conjunto, contemplada casi á vista de pájaro. La puesta del sol en los días de invierno, cuando el horizonte se cubre de trasparentes púrpuras, hace encantador este sitio, desde el cual se divisan tres términos panorámicos, igualmente sublimes: la Alhambra y su recinto en primer término, la población con sus huertos y torres en segundo, y en el fondo la vega almenada de remotas montañas bañadas de tornasoles.

Aparte de su deliciosa situación y de los jardines cuidadosamente asistidos, es deplorable que continúen cubiertos de cal los preciosos arabescos de la galería y pórticos, y que no se haya hecho más que una ligera restauración en la espaciosa antesala cuya estructura es tan hermosa y elegante. El antiguo mihráb, hoy capilla, el pórtico de cinco arcos de gusto decadente, la galería citada, la tarbea del centro y algunos esparcidos detalles de las torres y pasadizos, dan completa idea de un monumento donde la minuciosidad destruyó la grandeza, y en el que prolijos y delicados adornos entretienen la monotonía de un claustro rebajado y poco esbelto, semejante á los de las construcciones subterráneas de los panteones siriacos.

Frente al eje central de todo el edificio por donde corren aguas abundantes, y pasados el pórtico, el vestíbulo y nave trasversal, hay una preciosa torrecita algo modificada en su carácter, desde la cual á derecha é izquierda se entra en dos salas sencillas, adornadas con numerosos retratos más ó menos interesantes y en su mayor parte copias.

En una se hallan los de Aben Hud Almotuakel, rival de Alhamar I, y tronco de una estirpe de donde descienden todos los demás personajes que aquí se representan. El de Aben Celim, infante de Almería; el de Cid Hiaya, nieto de Jusef, bautizado en Santa Fé por los Reyes Católicos con el nombre de Don Pedro de Granada; el de su hijo Don Alonso I y su esposa Doña Juana Mendoza; el del hijo de éstos, Don Pedro II; el primogénito de éste Don Alonso II, el descendiente Don Pedro III, y el de Doña Catalina de Granada que casó con Don Esteban de Lomelín.

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Claustro de Generalife.

En la otra sala están los retratos de los Reyes Católicos, los de Doña Juana y Don Felipe el Hermoso; los de Felipe II é Isabel de Portugal, esposa de Carlos V; los de Felipe III, Felipe IV, mujer de éste, y el de una dama; el del Gran Capitán, aunque en nada parecido á los que conocemos de este personaje; y cuadros de armas, de carabelas y cartas genealógicas. Repasando por las habitaciones moriscas, debemos ocuparnos de algunas de sus inscripciones, no haciéndolo de todas, porque muchas son motes y salutaciones piadosas que hemos hallado en la Alhambra.

En un friso de la entrada junto al techo de la galería, hay en caracteres africanos una sura del Korán, la 48 desde el vers. 1.º hasta el 10.

En la faja ó recuadro de los arcos, una poesía en metro kamil que dice así:

«Este es un alcázar de incomparable hermosura en que resplandece la grandeza del Sultán».

«Gratas aparecen sus excelencias, brillan sus flores y derraman las nubes de la liberalidad su lluvia».

«En sus costados bordaron los dedos de los artífices dibujos semejantes á las flores del jardín».

«Su estrado se parece á la esposa que se presenta ante la nupcial comitiva con su belleza tentadora».

«Suficiente nobleza de alto precio tiene, si le prodiga sus cuidados el clemente kalifa».

«El mejor de los reyes, Abul Walid, el temeroso de Dios, de lo más selecto de los reyes de Cahtan[167]».

«El que siguió las huellas de sus puros abuelos, los Ansares[168], lo mejor de la estirpe de Aduan».

«Correspóndele (á este alcázar) de parte del kalifa una preferente atención, por cuyo influjo se renovaron las bellezas de sus artificios y construcciones[169]».

«En el año de la victoria de la religión, y del triunfo que ha sido en verdad una maravilla de la fé[170].»

«Jamás deje de permanecer en perpetua ventura entre la luz de la recta senda y la sombra de la fe».

La planta del patio largo es puramente de la época primera que se descubre en Córdoba, Sevilla y Toledo. Así, pues, la suposición de que Omar Al-lahmi construyera á Generalife, debe estar fundada en que hizo alguna reconstrucción como la que se cita.

Luego hay otras inscripciones alkoránicas (sura 2.ª, vers. 256) y algunos vestigios de un poema que cita Echevarría; pero hoy están tan mutiladas, que no se han podido traducir con verdad.

Subamos al patio de los Cipreses, donde nada hay artístico, pero se halla en él aquel famoso ciprés de la sultana calumniada por los caballeros rivales de los Abencerrajes, trágicos amores de Aben-Amet, el cual, dícese, fué sorprendido por el rey cuando se hallaba en libianos amoríos, según hemos referido en otro lugar.

Más arriba se vuelven á ver jardines y una preciosa bóveda de laurel, hasta llegar á las glorietas llamadas el camino de las Cascadas, todo lo cual hallamos casi en la misma forma que nos describió Mármol en el siglo XVI.

Después hay un mirador moderno, de mal gusto, pero de vistas excelentes[171].

Silla del moro, darlarosa, los alixares y contornos.—Saliendo por el sitio más alto de Generalife se ve primero el acueducto que surte la Alhambra con las saludables aguas del río Darro. La altura que alcanzan éstas, tomadas del río á poco más de legua y media de distancia, demuestra la inclinación que tiene el lecho de aquél en tan poco trecho. Más altos, en la misma montaña, hay indicios de haber existido otro acueducto que surtía por medio de norias los palacios de los Alixares, Darlarosa y otros.

Del lado de las tapias de Generalife se hallan restos de murallas, cimientos, albercas y aljibes, donde aún se conservan los nombres de Peinador de las Damas, Palacio de la Novia, Albercón del Negro, etc.

Subiendo al cerro á cuyo pie están construídos estos notables vestigios, se ven los cimientos de un fuerte llamado hoy La Silla del Moro. Á alguna distancia, siguiendo la cumbre, se encuentran muros de baluartes y torres con un profundo pozo construído de arcos de ladrillo, por cuyo fondo se hacía pasar el agua de la acequía ya citada, y más alla está el Aljibe de la Lluvia, que es una buena construcción hecha para recoger las aguas de las vertientes, donde se hallan restos de estanques y edificios, con azulejos y mármoles esparcidos en la tierra.

Toda esta montaña tenía el nombre de Cerro de Santa Elena hasta el barranco de las Tinajas, donde en tiempo de los árabes se construían alcatruces ó tubos de arcilla cocida, de los que se han conservado muchos todavía en nuestro tiempo. Al lado de un albercón y cerca de la noria de 160 pies de profundidad, situada en lo alto de la montaña, es donde suponen los cronistas la existencia de un palacio árabe, con jardines suntuosos y preciosas estancias. No hay datos positivos para asegurar ni para negar este supuesto, que ha llegado hasta nosotros por tradiciones más ó ménos verosímiles de los últimos momentos de la dominación agarena; sin embargo, no dudamos que existía en este sitio, entre la Silla del Moro y el Aljibe de la Lluvia, el Palacio de Darlarosa. Hemos seguido, acompañados de nuestro ilustrado amigo el Sr. Eguilaz y de otras personas dignas de crédito, un sendero que sirve de división ó término de un trazado á la espalda de la Silla del Moro, en la dirección de la Noria, y hemos visto copas ó macetas para flores, tejas y ladrillos de fabricación morisca que no pudieron traerse á este elevado paraje sino para adornar un sitio de recreo. Llegamos, subiendo ligeramente, á un estanque de cuarenta y cuatro pasos de largo y nueve de ancho, con unas cuatro varas de profundidad y muros de siete pies de grueso. Uno de los cuatro lados está derruído y sus fragmentos han servido para construir otros cimientos que se cruzan con los antiguos. Algunas ligeras excavaciones nos han descubierto otros pedazos de muros quebrantados, un conducto de agua y millares de ladrillos, algunos de ellos esmaltados por sus aristas. No dudamos, pues, de la existencia del Palacio de Darlarosa y del cultivo de todas estas montañas, pero al mismo tiempo estamos persuadidos de que en la conquista debía hallarse casi abandonado y tan ruinoso que no llamara la atención de los conquistadores.

En tiempo de las rebeliones de los moriscos, los soldados de Don Juan de Austria se albergaron en las ruínas citadas para aguardar á los rebeldes, y más de una vez fueron éstas testigos de horribles algaradas.

Los Alixares.—No queremos dejar de referir aquí lo que se ha escrito sobre el Palacio de los Alixares. Mármol, Pedraza, Navajero, Marineo Sículo, Martínez de la Rosa, Alcántara, etc., dan por seguro que había un palacio de este nombre en la cumbre del cerro. Si así fué ó no, este palacio lo han confundido con la fortaleza que hay hoy arruinada, y que se demolió para quitar este albergue á nuevos y por entonces temidos levantamientos de moriscos. Si nos viésemos obligados á situarlo, lo haríamos á la falda del Sur, cerca del cementerio, donde hay estanques que no se sabe si eran los de la fortaleza citada, ó los del alcázar muy afamado en aquellos tiempos, de los Alixares, que daba vista al Genil y al Darro, á la Alhambra y Generalife á un mismo tiempo.

De cualquier modo, aquellos historiadores se referían á lo que había existido, no á lo que ellos vieron. Los romanceros posteriores escriben que Don Juan de Castilla preguntaba en la Vega á un cautivo:

—¿Qué castillos son aquellos Altos son y relucían? —El Alhambra era, Señor, y la otra la Mezquita; los otros los alixares, labrados á maravilla.

Navajero y Mármol dicen: que á la espalda de este cerro del Sol y á la derecha de la Alhambra, se miraban sobre otra altura los Alixares[172], dando vista á las frondosas riberas del Genil y á la amenísima vega. Esta descripción es defectuosa, porque la derecha de la Alhambra no es lo mismo que la espalda del cerro del Sol, pero ambos historiadores ofrecen la seguridad de aproximada exactitud en lo que refieren, y nosotros, acompañados por una comisión de la de Monumentos de la provincia, pasamos á buscar los restos de que tanto se ha hablado. Seguimos la dirección de la cumbre de la montaña hacia el Aljibe de la Lluvia, y por lo que descubrimos, sostendriamos que este era el sitio de los palacios de Dar-Alarusa ó Darlarosa, y que los Alixares debían hallarse en otro lugar. Con efecto, descendimos otra vez hacia donde hoy se halla el cementerio, y á su derecha, vueltos hacia la Sierra Nevada, subimos á una pequeña altura ó punto avanzado sobre el valle del Genil, desde donde se descubren hermosas vistas del lado también de Sierra Elvira, lo cual concuerda con el texto de la historia de las guerras granadinas, y con el pasaje referente á la belleza de las cúpulas de los Alixares, que se descubrían desde la citada Sierra.

Al construir el cementerio se deshizo un acueducto de atanores de piedra, que hemos visto, y que á manera de sifón conducía el agua desde una grande alberca que hay en el cerro opuesto, hasta el estanque de los Alixares cuyos restos se ven todavía. Nosotros hemos hallado pedazos de mosáicos y de mármoles.

Se ven muy bien montones irregulares de tierra de los hundimientos de los muros, cimientos y piedras colosales para sostener el terreno por el lado de la vertiente del río, cuyas piedras allí llevadas desde mucha antigüedad, habrán dado origen al nombre de Alhichar que tenía el palacio. Hemos visto también en un manuscrito, á propósito del reparto de los capitanes que se alojaban en las torres y castillos de la Alhambra, y con motivo de acuartelamientos, que un tal Don Álvaro López vivía en los Alixares con diez guardias lanceros, de los doscientos que en muchas ocasiones se asignaron á la defensa del real sitio.

Sabemos también que toda la falda del cerro donde se encuentran estas ruínas, extendiéndose hasta la cerca de Casa Gallinas[173], se titula en las escrituras de las fincas rurales la Dehesa de los Alixares, que es un testimonio más de la existencia de monumento tan notable, que un romance morisco describe así:

En los castillos dorados de los ricos Alixares, crecerán las yerbecillas, y se anidarán las aves en las pintadas labores de sus paredes de encaje.

Una tradición nos cuenta que por todos estos cerros se ocupaban más de cuatrocientos esclavos, la mayor parte cautivos, en lavar las arenas de sus arroyos, para buscar el oro que se halla en diminutos granos esparcido por la tierra. Estos esclavos del monarca producían cada uno el valor de cinco reales diarios, y se dice que los adornos dorados de los palacios, son todavía aquel purísimo oro que se extraía del río, y el cual va al lecho arrastrado por los aluviones que vienen de las montañas.

Campo de los Mártires.—Puerta del Sol.—Abulnest.—El campo de los Mártires es uno de los sitios mas pintorescos de esta ciudad. En tiempo de los árabes esta cumbre se llamaba Campo de Abahul, en el que había grandes subterráneos, especie de silos, donde según la usanza africana y de muchos pueblos orientales, se encerraban los granos excedentes del consumo, en los años de grandes cosechas. En nuestro tiempo hemos visto llenar de escombros estos anchurosos silos.

Aben Comixa, alcaide de la Alhambra, entregó en este campo la llave de la puerta de los Siete Suelos, que era entonces la principal de este real sitio, á los primeros caballeros que vinieron á tremolar el estandarte cristiano en las torres de la Alcazaba. Aquí, pues, terminaba el camino que los condujo desde la ermita de San Sebastián hasta la Alhambra, donde penetraron sin que se apercibieran los habitantes de la ciudad; pero falta saber si fué por la cuesta llamada de Peña Partida por donde pasaba el camino, pues hemos visto en un legajo del archivo de la Casa Real un acta formada con motivo de haberse mandado derribar la Gran Mezquita de los Reyes, que dice vinieron los conquistadores hasta la Puerta de los Siete Suelos por un camino que pasaba cerca del lugar donde se construyó el convento de Carmelitas, y hoy se encuentra la casa de Don Carlos Calderón.

La barriada que hay por bajo de este campo se hallaba en tiempo de los árabes habitada por los judíos y los cristianos. La iglesia de San Cecilio que hay en ella fué conservada durante la dominación mahometana y se reedificó después. La plaza, delante de esta iglesia, se llama Campo del Príncipe, por la muerte del infante Don Juan á consecuencia de una caída de caballo que sufrió en este sitio. Lleva hoy una gran parte de este barrio el nombre de Antequeruela, porque á él se vinieron á morar los vencidos de Antequera en 1410.

La Puerta del Sol.—Se hallaba al extremo de la calle de los alamillos, cerca de las Torres Bermejas, y abierta en la muralla ó recinto que descendía hasta cerca de la Casa de los Tiros. Hoy no tiene este sitio importancia alguna monumental ni histórica, más que como límite entre la población árabe y judía. La Comisión de monumentos conserva un dibujo de lo que fué.

En el Campo del Príncipe, y en el lugar que hoy ocupa el Hospital de Santa Ana, había una casa árabe muy grande llamada de Abulnest, que se derrumbó, y que era una de las fortalezas principales.

Casa de los Tiros.—Esta era una de las fincas solariegas de arquitectura mudéjar, con el aspecto propio de las casas feudales, con abolengo del tiempo de los árabes y mero y mixto imperio, horca y cuchillo. La construcción está basada en un alcázar árabe cuya torre principal ha sido transformada completamente. En su interior hallamos techos formados de alfaques y casetones, en los cuales hay pintados retratos, y en otros, como sucede en el zaguán ancho y espacioso de la entrada, animales y figuras de fantasia al estilo gótico, raro en Granada. En el interior se encuentran capiteles mozárabes, cartelas ó zapatas bajo aleros agramilados del buen género arábigo, y aun bajo los enlucidos de yeso en las paredes no es raro encontrar estucadas comarraxias y azulejos de suma delicadeza.

Otras casas inmediatas participan mucho del mismo carácter, y aunque menos encastilladas, son dignas de estudiarse porque en ellas se ve la modificación del gusto artístico bajo la influencia del renacimiento, y con cuanta razón hemos dicho en otra parte que el arte mudéjar en Granada tuvo un carácter más próximo del greco-romano, que del gótico hallado en otros pueblos de España.

Cuarto Real.—Dijimos en otro lugar que desde el Castillo de Bibataubín partía un lienzo de muralla que llegaba hasta una torre cuadrada y alta, llamada desde el siglo XVI Cuarto Real, y más antiguamente de Nonsará. Esta debía ser parte de un palacio, porque hemos observado que todos los edificios más ó menos importantes, estaban construídos sobre las murallas ó fortificaciones, y pertenecían á las familias de los monarcas. Así, pues, era un aposento no destinado, como han dicho algunos respetables anticuarios, á la oración, sino habitado por ilustres familias, toda vez que las inscripciones hasta aquí halladas no contienen el nombre de ningún rey moro; de donde se deduce que el Cuarto Real era una casa-palacio de segundo orden, de la cual no se conserva hoy más que un pórtico de ingreso, una sala cuadrada grande como las mayores de la Alhambra, y dos alhamíes, por haberse destruído antes de 1556 la casa que falta, según lo demuestran las inscripciones que había en ella, publicadas por Iranzo. Las que se conservan en el recinto de esta torre son todas leyendas del Korán, suras 112, 48, 11, 2, vers. 1.º, 2.º, 3.º, 90, 10, 257 á 259, alternando, según el capricho del decorador, los caracteres cúficos y africanos.

Nada más bello en su género que los mosáicos de esta torre, y es lástima que no se hayan conservado íntegras como el resto del ornato, las repisas, cenefas y pavimentos. A juzgar por el carácter de la construcción, creemos que pertenezca al final del siglo XIII, pues que la forma del arco y de los almizates, al par que la confección de los mismos azulejos, corresponde al primer siglo de la época floreciente del arte musulmán, poco antes que alcanzara el esplendor y caprichosa desenvoltura del último siglo.

Los mirtos, laureles y antiguos embovedados de los jardines parecen del tiempo de los árabes, y dan una idea de su antigüedad contemplando los robustos troncos y la forma arabesca que se ha trasmitido en Granada, para la distribución de estos singulares sitios de recreo. En los alrededores de este monumento había muchas construcciones moriscas, que se destruyeron para hacer el Convento de Santo Domingo y su huerta.

Alcázar de Said.—Navajero dice: «que de la parte por donde viene el Genil, ya casi en la llanura... hay asimismo palacios y jardines medio arruinados que eran de dichos reyes moros, y aunque es poco lo que de ellos queda, el sitio es muy delicioso y también se ven allí todavía mirtos y naranjos... Más abajo, en lo llano, pasado el Puente de Genil y mucho más á la izquierda que los otros palacios, existe uno conservado en parte, con muy bella huerta y estanque que se llamaba el Jardín de la Reina, etc.»

Hemos estudiado con detención los restos de este alcázar de Said, como lo han titulado los modernos arabistas, y hecho lo posible por conservar los arabescos con el color y carácter que ha impreso un período de siete siglos sobre sus delicados detalles[174]; el pavimento es una de esas solerías que llaman los árabes almorrefas, y el espacio liso, hasta la primera faja de inscripción, estaba destinado para tapizados de tela ó cueros semejantes á los que ponían en la Alhambra, donde hemos hallado muy recientemente hierros en forma de alcayatas para sujetarlos.

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Sección de la Torre de Said.

En tiempo de Mohamad I sirvió para alojar una larga temporada al infante Don Felipe, cuando huyendo de los sinsabores de la corte de Alfonso X, vino con otros caballeros á disfrutar las delicias de este pintoresco país, y la galante oferta del rey moro. La arquitectura parece más antigua que la de la Sala de Comareh, y pudiéramos asegurar que es del tiempo de los Almohades, aunque hoy contemplamos una parte muy pequeña de lo que existió.

A algunos pasos de distancia y frente á la puerta, se halla el muro de un hermoso estanque, citado en los romances moriscos por ser este el que podía remedarse á un mar artificial cubierto de embarcaciones donde en más de una ocasión hubo juegos navales, figurando el incendio de los galeones cristianos[175]. No hay vestigios en Granada de un lago artificial más extenso.

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Planta de la Torre de Said.

En una casita de labranza que se ve á la cabecera de estos gruesos muros, hay bóvedas subterráneas y fundamentos de construcciones árabes, y según los títulos de posesión de toda la finca, pertenecía á la sultana Aixa, madre de Boabdil, y fué vendida á un rico judío de Granada pocos días antes de la rendición de la ciudad, cuyo judío la vendió á los antecesores de los actuales dueños.

Las inscripciones son cúficas y africanas y no ofrecen interés ninguno, excepto la que guarnece los nichos de la puerta, donde se cita confusamente á un monarca y la fecha de 1204.

Conserva esta sala hoy su carácter antiguo; los apilastrados de las veinte ventanas caladas están compuestos de finos y primorosos detalles; encima una ancha cornisa de boveditas sostiene el artesonado, compuesto de ensambladuras de madera; el cuerpo de la sala lo decora un ancho friso de dobles florones geométricos, y el bajo ostenta tres decoraciones de arcos, con fondo cubierto en dos de ellos, y ajimeces de paso para las alcobas.

El ilustrado dueño de esta finca ha querido que las casas para el labrador que hay al lado del cuarto árabe, tengan el carácter de la misma arquitectura, á lo menos en su exterior, y presentar así un conjunto simétrico de agradable perspectiva.

La cruz de hierro sobre una columna árabe que hay cerca del estanque, no tiene otro significado, que el haber querido conservar la que servía de veleta en la torre desde el tiempo de la conquista.

Puente de Genil.—Cuentan algunas tradiciones que este río había que vadearlo para entrar por este lado en la ciudad, y que el puente se hizo pocos años después de la conquista. Por la configuración y fábrica de los malecones, creemos que había un puente árabe en el mismo sitio donde se construyó el actual con los muchos restos de aquél. La forma romana de los arcos está hecha con materiales usados exclusivamente por los moros, y pudiera muy bien sospecharse que los fundamentos fueron de época más antigua, ó que los árabes imitaron perfectamente aquí las construcciones de aquellos remotos tiempos.

Puerta de las Orejas.—Plaza de Bibarrambla.—Hoy ha quedado en uno de los ángulos de la plaza del mismo nombre, y se descubren en ella dos hermosas cartelas, sobre las que se arranca un elegante arco de herradura de grandes dimensiones. Tomó el nombre de Puerta de las Orejas, porque en 1621 se celebraban fiestas en honor de Felipe IV en Bibarrambla, y había un tablado orilla de dicha puerta árabe, el cual se hundió por el peso de la gente que lo ocupaba; en la confusión que produjo, robaron los rateros los ricos zarcillos de las damas que había en él, á tirones ó cortándoles las orejas.

La plaza que lleva este nombre, estaba en tiempo de los árabes más regularizada que hoy, pues contra la costumbre de aquellos pueblos, se hallaban decorados los cuatro frentes con armoniosas líneas de simétricos ajimeces sobre columnitas de mármol, y los claros que hoy se ven todavía, cerrados con grandes y bordadas celosías.

En 1501 dispuso la reina Isabel se derribaran todos los ajimeces que había en las casas granadinas, con el intento de quitar las celosías á las mujeres que se ocultaban tras de ellas.

La puerta citada fué medio destruída en 1873, más por instigación de algunos interesados, que por otras causas á que se atribuyen siempre estos hechos.

Puerta del Carbón.—Detrás de la casa actual del Ayuntamiento, y dando frente á la calle y puerta de la Alcaicería, se halla un edificio bastante extenso, de planta cuadrada, con una puerta que lleva este nombre, por haber sido después de la conquista el sitio destinado para la venta del carbón, y antes casa de comedias, á cuyo uso se consagró durante dos. siglos.

En el claro de entrada y en el zaguán que hay después del ingreso, quedan unos restos preciosos tallados en madera y yeso de la mejor época del arte; y penetrando en el patio, no vuelve ya á encontrarse más que la distribución en tres cuerpos de éste, con pilastras y cartelas como fuertes sostenes de la galería.

Ha habido dudas sobre el objeto que tuvo en su origen este edificio, y no creemos fundada la opinión de que se hiciera para casa de peregrinos, caravanserallo, caserna, etc., porque su construcción, más indica un lugar muy frecuentado por el público, que alojamiento de especial destino, como hospital, caballerizas, oficinas, etc., que escritores de nota han supuesto, sin fundamento plausible, hasta que se ha visto[176] que fué hecha para alhóndiga, y que como tal se llamaba Alhóndiga Gidida, es decir nueva, poco antes de la conquista, y después siguió en el mismo uso, según una real cédula de 14 de Octubre de 1494. Se sabe también que el puente que había frente de ella se llamaba Alcántara Gidida, y que hasta 1531 no principiaron á conocerse estos edificios con el nombre de Casa y Puente del Carbón.

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Casa del Carbón.

No tienen interés histórico las inscripciones que hay en esta portada, ni las que se hallan en el pasadizo de entrada á uno y otro lado sobre elegantes arcos, ni tampoco entre las que han desaparecido se encuentra la que pudiera indicarnos la época de su construcción[177] limitándonos á decir que toda la obra de ornamentación es del último período granadino, aunque no exactamente igual, como supone un erudito escritor, á la de la casa de los Oidores. La puerta exterior es un hermoso arco de herradura, y el cuerpo de obra que hay encima no tiene toda la esbeltez que en otros sitios hemos podido admirar.

Almadriza.—Alcaicería y contornos.—Almadriza era el edificio destinado por los árabes á Universidad, y ocupaba la casa que hay frente de la puerta de la Capilla Real, la cual ha servido para Municipio desde el año 1500 hasta el 1861.

Sabíamos por Pedraza y otros, que la puerta árabe era de mármol blanco, adovelada y con inscripciones interesantes; pero todo había desaparecido, hasta que por efecto de un reciente incendio se levantaron las losas del pavimento del patio y se encontró que muchas de ellas correspondían á la citada puerta principal, descrita exactamente por nuestros antepasados. Estas losas de mármol blanco fueron adquiridas por el Sr. Riaño, el que las conservó en su poder hasta que pasaron al de la Comisión de Monumentos.

Servía, pues, esta construcción para Academia Alkoránica, instituída por Abdallah Solimán Alcasem, donde se educaron muchos sabios, y entre ellos el Gasanida, que escribió el Collar de Perlas, según Cassiri.

Penetrando en esta casa, hoy convertida en fábrica de tejidos, se ven todavía hermosos artesonados moriscos de la primera época del arte granadino, tirantes caladas delicadamente dispuestas, almizates de raras combinaciones, y aunque no ocupara este monumento un local excesivamente grande, no dejaba de ser un palacio hecho con lujo é importancia, relativamente al escaso impulso que se daba en aquella época al estudio de las ciencias.

Son muchas las inscripciones que tenía y las que infaliblemente se descubrirán cuando se arruinen ó se levanten las gruesas capas de yeso que en sus paredes ocultan los arabescos y labrados moriscos.

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Antigua Madriza.

Mármol cita esta inscripción de un escudo:

«Si tienes la dicha de mirar en lo interior de esta casa, labrada para habitación de las ciencias, para firmeza de la grandeza, y para lustre de los venideros siglos, verás que está fundada en dos prerogativas, que son la firmeza en la justicia, y la piedad; prerogativas que lograron los que se emplearon en ella, para la gloria de Dios. Si en tu espíritu hace asiento el deseo del estudio y de huir de las sombras de la ignorancia, hallarás en ella el hermoso árbol del honor. Hace el estudio brillar como estrellas á los grandes, y á los que no lo son los eleva con igual lucimiento. Con él puedes conseguir el camino de la luz cuando desengañado resuelvas huir de la oscuridad del mal. Si buscas la estrella de la razón, verás su claridad sin engaño, aun por entre las nubes de la duda. Pero reducido á la ciencia, para aprovechar en ella has de volver tu cara al bien obrar, y has de desechar toda inclinación al mal. No es el camino de la sabiduría para el que lo anda cargado de malvada codicia. Sigue, pues, este consejo, así hallarás el provecho cuando anciano, cuando mozo serás estimado y te buscarán las dignidades. Vuelve los ojos al cielo del pueblo y verás cuántas estrellas que tenían muy escasa luz, se hallan por este camino llenas de infinitos resplandores. Y si bien reparas, verás que unas de ellas hacen la corona y otras son las columnas de la casa del saber. Ellas alumbran los corazones, ellas guían al bien y nos son verdaderos amigos que nos aconsejan. Acepte Dios tanto bien instituído por Yusuf, estrella del más alto grado, brillante en la ciencia y en la ley».

No sabemos que pueda escribirse cosa más útil en los tiempos de civilización que alcanzamos, pues bien: ¡hemos llamado bárbara á la raza que trazó estas líneas hace seis ó siete siglos!

Como descriptiva del edificio principia otra leyenda.

«Advierte esta maravillosa entrada..... sus bruñidas piedras..... y su artificio singular..... etc.»

Y con efecto, todos los mármoles que hemos hallado están labrados primorosamente.

Se explicaba aquí Teología, Matemáticas, Retórica y Poética, Medicina, Jurisprudencia, Historia y Arte Militar.

Piedra Romana.—Hay una que se encontraba frente de esta casa y hoy está en el Museo Provincial, con una inscripción que dice en latín:

«El aficionado Cabildo del florido Municipio iliberitano puso á costa pública esta Memoria á la Majestad de Furia Sabina Tranquilina Augusta, mujer del emperador César Marco Antonio Gordiano Pío Félix Augusto.»

Fué hallada esta piedra á fines del siglo XVI, abriendo unos cimientos de una casa cerca del Aljibe del Rey, inmediato al convento de Santa Isabel la Real, que es el barrio considerado más antiguo de esta población; y la piedra corresponde á las canteras de la Sierra Elvira.

No lejos se encuentra un bazar de forma y aspecto árabe, cuya decoracion fué hecha en 1844 con motivo de un incendio ocurrido en el año anterior. La Alcaicería, dícese que significa casa del César, y según Mármol, es el sitio donde se almacenan las mercancías de la hacienda pública y de los particulares, según costumbre de los pueblos de Oriente y de los romanos en Africa; pero aquí era recinto cerrado para comerciantes ricos, como se ve en Fez, Marruecos y otras poblaciones musulmanas. Antes del citado incendio, esta Alcaicería conservaba todo su carácter antiguo, pues era un espacio más estrecho todavía que lo es hoy, con tiendas tan pequeñas que algunas no tenían hueco para el vendedor, el cual se situaba sobre el mostrador ó fuera de él. Hoy la decoracion árabe es demasiado simétrica para caracterizar este especial recinto.

El Zacatín ó calle de comerciantes, según Alcántara, participa en parte de ese aspecto de las ciudades africanas. La calle de Abenamar conduce á una plaza pequeña donde estaba el palacio de Aben-Hamar, caudillo de los moros del último siglo; desde ella se encuentra la calle de la Cárcel baja y convento del Angel, á cuyo frente hay una gran casa solariega perteneciente hoy á los poseedores de Generalife, y en la cual pueden hallarse curiosos fragmentos moriscos.

Para el aficionado á los recuerdos de la época árabe conviene citar antes de dejar estos sitios, el lugar donde estaba construída la Gran Mezquita ó Metropolitana de la corte mora, dícese de ella:

«En el sitio que ocupa hoy este templo (el Sagrario), estuvo la Gran Mezquita de los moros, labrada á mediados del siglo XIV, la cual se bendijo por los cristianos conquistadores. Era un edificio cuadrado, bajo de techos, compartido en cuatro naves sostenidas por cuatro órdenes de columnas de jaspe, de modo que cada dos de ellas tenía en su capitel el arranque de cuatro arcos. La techumbre formaba cúpulas ó medias naranjas primorosa y prolijamente labradas. Tenía tres puertas, una al Occidente (donde hoy la principal); otra al Mediodía, junto á lo que es hoy postigo de la Sacristía, y otra al Norte que corresponde al lado de la Catedral. El testero estaba detrás del altar mayor, donde se guardaba el Korán en un alhamí ó nicho con labores delicadísimas. En la puerta de esta mezquita, contigua á la de la Capilla Real, fué donde Hernán Pérez del Pulgar clavó con una daga el mote del Ave María, para lo cual salió de Alhama, se mantuvo oculto en las cercanías de Granada, entró de noche por el cauce del río Darro seguido de muy pocos caballeros, y burlando la vigilancia de los moros, plantó aquel emblema, con audacia y valentía».

Las hazañas de Pulgar han dejado una huella imperecedera en la fogosa imaginación de los cristianos andaluces. También las crónicas moriscas conservaban la memoria de otro héroe, Osmín, famoso por los desafíos con los cristianos, y sus hazañas se cuentan todavía por los descendientes de aquella ilustre raza, que fué á confundirse con las salvajes kabilas de la costa africana.

El Laurel de la Reina.—A una legua de Granada se encuentra la Zubia, pueblo pequeño, hermosamente situado y de los más curiosos y ricos de la vega. En tiempo de los árabes había en su lugar un espacioso bosque de laureles, de los cuales no se conserva hoy más que el que lleva el nombre de la Reina Isabel I.

Las leyendas fantásticas de nuestros poetas modernos, los cuentos de Irving, la novela del inspirado Fernández y González y las canciones y romances, dan acaso testimonios de la tradición que vamos á contar.

El 18 de Junio de 1491, Isabel I se esforzaba en contemplar lo más cerca posible las torres almenadas de blanco, los minaretes y jardines de la última ciudad morisca. Le acompañaba el Rey, sus hijos, sus damas, el marqués de Cádiz, Gonzalo de Córdova, el conde de Cabra, el de Ureña, el de Tendilla, el de Villena, Don Alonso de Aguilar, Don Alonso de Córdova y palafraneros, criados, soldados y lanzas; llegados al bosque de los laureles, vieron venir una tropa de jinetes árabes, al trote, reconociendo los puestos avanzados. Los caballeros cristianos quisieron salirles al encuentro, pero la Reina Isabel les mandó ocultarse en el bosque, y ella misma se escondió en el fondo del espeso ramaje del laurel que hoy se conserva. Durante el tiempo que estuvo oculta se encomendó la Reina al Santo del día, San Luis de Francia, invocándolo para que la salvase, por lo cual prometió erigir luego en aquel lugar un convento.

Los jinetes agarenos pasaron sin ver nada y pudo retirarse la Reina con toda seguridad; pero los caballeros cristianos, afanosos por ganar la gloria que consideraban perdida y por haberse visto forzados á ocultarse, prepararon una sorpresa á los moros cuando salían de noche á retirar los cadáveres que se hacían en los combates diarios, y con efecto, así lo cumplieron; pero en vez de salir victoriosos, fueron derrotados y perseguidos, después de dejarse muchos muertos en el campo. El mismo Gonzalo de Córdova estuvo á punto de caer en manos de los árabes. Todavía conserva en aquellas inmediaciones, el sitio de esta batalla, el nombre de Haza de la Muerte.

Isabel I fundó efectivamente el convento de San Francisco. Un relieve y un cuadro antiguo recuerdan también el suceso de la salvación de la Reina Católica, é Isabel II adquirió después el laurel y la huerta donde radica, como recuerdo del hecho que contamos.

Desde este punto se disfruta una espléndida vista de Granada.

Casa de la Moneda.—Era este un edificio grandioso que hemos conocido, y del cual se conservan restos de carácter enteramente clásico. Su portada[178] estaba compuesta de ladrillos agramilados, por el estilo de los de la Giralda; las esculturas que arrojaban agua en el estanque que había en el centro del patio, y se conservan en la mezquita de la Alhambra, son de aspecto é inspiración babilónica, y la hermosa inscripción de su fachada, dará bastante testimonio de la importancia de este monumento.

Se construyó el año 1376 para hospital de la población, y después de la conquista se destinó á azeca ó casa de acuñación de moneda, porque en los últimos tiempos de la dominación árabe estuvo dedicada á dicho objeto.

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Puerta de la Casa de la Moneda.

He aquí el texto de la inscripción citada:

«Loor á Dios. Mandó construir este hospital, amplia misericordia para los débiles enfermos musulmanes y útil proximidad (si Dios quiere) al Señor del Universo; y perpetúe su bondad publicándola elocuentemente con lengua clara, é haga pasar (la memoria) de su caridad á través del tiempo y á pesar del transcurso de los años, hasta que herede Dios la tierra y lo que sobre ella existe, pues es el mejor de los herederos; el Señor, el príncipe, el sultán valeroso, grande, ilustre, puro, vencedor, el más feliz de su estirpe, el que caminó impetuosamente por el sendero de Dios, Señor de las conquistas, de las caritativas obras y dilatado pecho, el amparado de los ángeles y del espíritu (divino), el defensor de la ley tradicional, asilo de religión, príncipe de los muslimes Algani bil-lah (el contento con Dios), Abú Abdil-lah Mohammah, hijo del Señor, del grande, del exclarecido, del sultán ilustre, elevado, belicoso, justo, dadivoso, feliz, mártir, santificado, príncipe de los muslimes, Abul Hachach, hijo del Señor, del sultán ilustre, exclarecido, grande, magnánimo, victorioso, ahuyentador de los politeistas, y conculcador de los infieles enemigos, el venturoso, el mártir Abul Walid ebn Nasr, el Ansars, el Jazrechi (de la tribu de Jazrech). Haga Dios venturosas sus obras con su beneplácito y le cumpla sus esperanzas con su bondad perfecta y recompensa amplia. Creó una buena obra, que no ha sido sobrepujada desde que el Islam penetró en estas comarcas y por la cual le corresponde una orla de gloria sobre su antiguo traje de guerra, y se dirigió á la faz de Dios en demanda de recompensa. Dios es el Señor de la bondad grande. Anticipó una luz que caminará delante y detrás de él el día en que no aprovecharán las riquezas, ni los hijos, sino á aquél que se presente á Dios con corazón puro. Comenzó su construcción en la segunda decena del mes de Moharram año de 767[179]: terminó su obra (el kalifa) y le asignó bienes para su sostén en la segunda de Xawal año 768[180]. Dios no deja de recompensar á los que obran bien, ni frustra los esfuerzos de los buenos. La paz de Dios sea sobre nuestro Señor Mohamad: sello de los profetas, y sobre su familia y compañeros todos».

Dejando las ruínas de esta muestra de la caridad musulmana desarrollada en la más culta época de la denominación árabe, observemos el aspecto monumental de la mayor parte de las casas que se encuentran recorriendo los estrechos y enredados callejones del barrio situado entre la carrera de Darro y la calle de San Juan de los Reyes. Casas llamadas solariegas construidas con los materiales más antiguos, modificada su estructura para servir á las comodidades de los cristianos, pero dispuestas con anchurosos patios y salas abiertas en sus galerías, cuyos artesonados tienen tanto árabe como renacimiento, modificación especial de difícil estudio: pero cuyo noble aspecto recuerda la soberbia grandeza de sus fundadores.

Antigua Mezquita, hoy San Juan de los Reyes.—La torre y puerta de su costado manifiestan que fué una Djama de poca importancia; pero la primera que bendijo Fray Fernando de Talavera, donde más número de moros se convirtieron al cristianismo, y en la que, según las tradiciones, se convertían también al mahometismo los judíos y pobladores cristianos durante el período arábigo. Se llamaba Taybin. Estaba dotada con pingües rentas de un rico moro, por haber salvado las embarcaciones con que hacía su comercio á Oriente[181], de manos de los cristianos. Los restos de adornos agramilados de la torre, son del estilo mismo empleado en la Giralda de Sevilla, pero más sencillos.

Casa del Chapiz.—Fué el Palacio Real de Albaida, fundado por un príncipe almohade, y se encuentra á la entrada del camino del Sacro Monte. Los escritores del siglo XVII creyeron que este edificio se construyó para aduana de la seda, porque esta floreciente industria estableció en él su contraste oficial después de la reconquista.

Dos hermosos patios cuyas ruínas subsisten, componen las plantas que publicamos á seguida, los cuales corresponden á dos distintas épocas, y particularmente á las construcciones del siglo XI, como se ven en el barrio de San Miguel bajo, cuyos esqueletos de madera son tan esbeltos y las cartelas sobre sus pilares tan elegantes y fantásticas en sus adornos, que pudieran aplicarse con éxito á algunas repisas y aleros de las construcciones modernas, sin chocar al sentimiento del arte cosmopolita de nuestra edad.

Esta casa, habitada hoy por familias pobres, cercenada y próxima á hundirse, fué construída á la entrada de la población por el camino de Guadix, el más importante y estratégico de aquellos tiempos. Desde ella, hasta la orilla del río, había vistosísimos jardines sostenidos con gruesos murallones que terminaban en un puente, por donde iba el camino hasta lo más alto de la Alhambra y Generalife.

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Baños árabes.

Baños árabes de la carrera de Darro.—Hoy son una casa pobre que da paso á un patio cuadrado, alrededor del cual se observa todavía la distribución mural de estos edificios. Pasando el referido patio, donde había en medio una alberca ó estanque, hallamos la más completa repartición de una casa pública de baños. Suponemos la entrada por la última estancia, donde después de un paralelógramo abovedado y hundido, se desciende una ancha escalera, al final de la cual se encuentra otra estancia larga, terminada en sus dos lados cortos por dos alhamíes de reposo. Aquí hay dos cuartos de baños reservados, y continuando por una puerta estrecha se halla el gran baño de ablución, cuyos muros se reconocen perfectamente por los restos de color y dibujo árabe de que se hallaban emplastecidos.

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Planta de los Baños. Casa del Chapiz.

Después del cuarto central con sus bóvedas, sus claraboyas y respiraderos, pasamos á otra sala de dos alhamíes, muy semejantes á la primera, y de allí á otros pequeños cuartos en conexión con la casa de la entrada, cuyo orden es propio de estos establecimientos.

Casa del Gallo y Palacio de los Walíes.—Se hallaba en las alturas que ocupa la parroquia de San Miguel, entre varias casas de origen morisco, están revelando por su construcción que pertenecían al segundo período de la arquitectura árabe española. Veíamos en ellas esos corredores de maderas labradas con primor, balaustres en los antepechos torneados, con boceles y cordones, pilastras de madera que sostienen aleros avanzados, vigas delgadas que se apoyan en las puentes ornadas de lóbulos y boveditas y todo descansando sobre cartelas mudéjares de formas caprichosas, simulando en algunas troncos y cabezas de animales, que no eran muy comunes.

Es curioso visitar este barrio con detenimiento, y enojoso el describir objetos aislados casi siempre, que desaparecen con facilidad, correspondientes á edificios derribados ó que antes de pocos años dejarán de existir.

Entre todos se veían los vestigios de la casa de los Oidores, dignos de estudiarse; el aljibe con su arco de herradura y sus hermosas bóvedas; y el convento de Santa Isabel, que es lo que llamaremos Palacio de los Walíes.

Pedraza pensó que los restos de los torreones que se hallan en este paraje, eran edificios gentílicos, en los que se había celebrado el primer concilio iliberitano, y después, variando de opinión, lo hizo celebrar junto á la Casa del Tesoro; pero lo único que se puede asegurar es, que en este tramo de muralla estuvo la puerta que los moros llamaban Bib-Aleced donde terminaba la primera cerca.

La casa de San Miguel sirvió de recreo á algún arzobispo de Granada, y de ella se dice que el moro Aben-Habuz, walí de esta kora granadina, la hizo para su morada, y que en la parte más alta de una torre puso la veleta de bronce representando un guerrero á caballo con lanza y adarga, y con un letrero árabe en esta forma:

«Dice el sabio Aben-Habuz que así se defiende el Andaluz»,

y las gentes que lo veían moverse desde lejos, dieron en llamarle Gallo de viento, de donde tomó el nombre la casa y calle.

Nosotros que hemos tratado de averiguar esta tradición, hallamos que el verdadero palacio de los gobernadores ó walíes estuvo, como era corriente entonces, sobre las murallas y cubos que hay por encima de la Puerta Bonaita en el actual convento de Santa Isabel, en el cual existe una torre ó mirador ornado de arabescos, con altura suficiente para dominar toda aquella barriada, y sobre la que se puede suponer la existencia de la mencionada veleta. Algunas de las inscripciones de este edificio de Santa Isabel la Real, demuestran que era habitado por magnates de los que en tantas ocasiones tomaban el título de reyes, y se rebelaban contra los emperadores de Córdoba. En él se ve un precioso patio con columnas de mármol blanco, bellos capiteles, arcos labrados, y habitaciones que conservan perfectamente las pinturas y dorados de sus finos arabescos. Los techos son de ensambladuras de madera, perfilados con delicadeza en rojo y azul. Lástima que no sea fácil obtener el permiso para penetrar en este patio y estudiar los bellos fragmentos de aquella época. Restos notables para el arte, pues que el haber sido destinado el edificio á convento, ha sido causa de que pueda trazarse hoy la distribución de sus cuartos árabes hasta el tercer piso con todos los pequeños accesorios de construcción que exijen las costumbres mahometanas.

De cualquier modo, la citada tradición de la Casa del Gallo y de que Aben-Habuz era lugarteniente del capitán Tarif, es inverosímil también, por habernos revelado las crónicas de los árabes, que los primeros gobernadores de este territorio habitaron en la ciudad de Illiberis, que se sitúa á dos parasangas de Garnata, y que en esa antigua población permanecieron á lo menos tres siglos antes de trasladar á Granada su residencia.

Recomendamos al viajero las casas y ruínas que se ven en todo este recinto de San Miguel bajo, donde hallarán restos no menos importantes que los de la Casa del Gallo: pero volviendo al palacio árabe de Santa Isabel, citaremos la tradición de que esta casa fué habitada por la madre de Boabdil, y que los moros la titulaban Darlahorra ó casa de la honesta, que en ella se refugió aquél cuando le perseguía su padre; y que estos barrios, con el edificio llamado la Lona, el cual confunden también con la Casa del Gallo, fueron habitados en los años inmediatos á la conquista por los más ricos granadinos[182].

En la casa que fué Convento del Angel en 1812, vivió el conocido pintor Juan de Sevilla, y en la casa Lona, Atanasio Bocanegra.

Casa de Hamet.—Situada cerca de San Nicolás: fué de las más importantes de la dominación mahometana. Todavía podemos hallar algunas leyendas que la suponen embellecida con capiteles de mármol de Elvira, alfreizares y linteles labrados, artesones alicatados, y otras preciosidades que en vano se buscan hoy.

Casa Blanca ó Daralbaida.—Siguiendo estos escombrados recintos, no olvidemos la casa que tenía este nombre cerca del Aljibe Dulce (por la frescura y virtudes de sus aguas) y donde una inscripción en mármol decía:

«Dios, soberano y bienhechor, crió todas las cosas y les dió perfección. Él con su aliento dió vida á Salem Alhamar, que buscando las delicias de esta tierra de paraíso, vino del África. Le trajo el espíritu de Dios y por eso quiere llamarle su padre y ser llamado su hijo».

Nótase en estos edificios, de los que hay á lo menos cuatro en la calle de María la Miel, que tienen arabescos tan delicados como los de la Alhambra. El viajero puede entretenerse algún rato en buscar entre oscuros y mezquinos aposentos, vestigios hermosos de aquella civilización olvidada.

En la calle del Agua había una inscripción procedente de un baño morisco, que entre otras cosas decía:

«Dios extendió las aguas sobre la tierra para que se purificasen los hombres. El baño es saludable y delicioso. El que quiere tener el alma limpia, ha de tener limpio el cuerpo. Las manchas exteriores son signos de las interiores. Dios quiere la purificación y la limpieza, etc., etc.».

Baños y casas de la calle de Elvira.—Existen cerca de la iglesia de San Felipe los restos de unos baños árabes, que no debemos olvidar, porque son de planta cuadrada y un poco diversos, en su distribución, de los otros. Se hallan situados en uno de los barrios más moriscos de Granada, donde se encuentran siempre patios con estanques y pórticos con esbeltas columnas, salas en los bajos con artesonados, y restos de colorido. Muy cerca se halla la Puerta de Elvira, construcción almenada, con barbacanas y pasadizos cubiertos al estilo de aquellas fortificaciones que vemos en otros parajes, pero que aquí han desaparecido.

Volviendo á los baños, son de notar los capiteles, que bien pudiéramos llamar mozárabes, porque se resienten de la influencia gótica y romana, como otros muchos de época no dudosa.

La calle de Elvira es de las más antiguas de la población y la principal en los primeros años de la dominación cristiana. En ella y bajando la calle que hay cerca de San Andrés, había una casa morisca que se destinó á Inquisición, cuyo solar se puede ver hoy todavía.

Terminamos aquí el estudio descriptivo de los monumentos árabes de las tres más importantes poblaciones antiguas de Andalucía, y de su influencia bajo el interés artístico é histórico. Nos propusimos particularmente ordenar la multitud de ideas que asaltan visitando tan preciados restos, sobre la época, influjo y desarrollo de un arte peculiar, que no puede distinguirse en España con la exacta limitación que se determinan otros estilos clásicos, lo cual hemos hecho sin olvidar el influjo que el arte cristiano tuvo sobre el árabe, y el que éste ejerció sobre aquél por espacio de tantos siglos, desvaneciendo el error de muchos modernos historiadores que suponen una civilización no oriental sino puramente africana, en lucha victoriosa con el pueblo visigodo.

Tribus oriundas de los más civilizados países del Oriente cayeron armadas sobre nuestro suelo, pasando ligeramente por las costas africanas hasta llegar á la Península, y ajenas casi siempre al flujo invasor y salvaje que agitó á los pueblos del Maghreb; razas más civilizadas que las que se quedaron en Africa, las cuales pudieron después enseñar muchos de los conocimientos antiguos, que en los siglos medios eran ignorados por los francos, castellanos y gallegos.

Las artes y la poesía de estos árabes españoles, tienen un carácter propio y distinto de la literatura y las artes cristianas. ¿Qué punto de contacto existe entre la Alhambra y las obras góticas, románicas y del renacimiento? Hemos visto que ninguno. Pues esto basta para demostrar lo que ya hemos iniciado en este libro: que el pueblo árabe invasor era más ilustrado y científico que el pueblo visigodo y el que le sucedió en los siglos medios.

GRANADA DESPUÉS DE LA CONQUISTA

Como hemos hecho al tratar de Sevilla y Córdoba, damos una ligerísima reseña de los monumentos cristianos más interesantes, con el doble objeto de ayudar al viajero en su estudio y de que se comparen tan diversas y radicales civilizaciones como la árabe y la cristiana.

La catedral.

La catedral de Granada es un majestuoso templo, espacioso y bien proyectado, sin que sea ni pueda ser de los más magníficos de Europa, como opinan los entusiastas. Su planta es hermosa y su elevación interior tan sublime y bien delineada, que se coloca á buena altura entre los monumentos cristianos del Renacimiento. No es difícil entrever que la disposición de sus robustos pilares repartidos en hileras y formando cinco naves es más una concepción de arquitectura gótica que greco-romana, y que no fué planteada en el estilo que representa, sino que pudo haberse dispuesto como la capilla Real gótica que hay orilla, cuya variación de pensamiento originara el conflicto que hubo con los capellanes reales cuando consiguieron una orden del Rey mandando suspender la obra por no ser gótica y parecida á la de la Real capilla; lo cual obligó al Cabildo á encargar al director que defendiese su trazado y proyecto, y consiguiera el que continuara la obra. No se necesita más que contemplar este edificio para creer en la historia de sus primeros años: el Renacimiento no es el carácter de su distribución; pero aun así, está ejecutado con tal maestría y conocimiento de las proporciones, que hay verdadera grandeza y suntuosidad en el conjunto.

Esta Metropolitana es apostólica por haberla fundado San Cecilio, que según piadosa tradición se estableció en Illiberis. Se perpetuó durante la época mahometana en la iglesia mozárabe, y después de la conquista, Inocencio VIII expidió la Bula concediendo catedral con el título de la Encarnación, y dándole por sufragáneas las Sillas de Guadix y Almería.

Consta que estuvo establecida esta Metropolita iglesia primero en la Sala de Justicia del patio de los Leones, y luego en la Mezquita mayor de la Alhambra, hoy iglesia de Santa María (y no en la del Sagrario, como se ha supuesto), de donde se trasladó á este gran templo, siendo Arzobispo D. Pedro Guerrero. Se había puesto la primera piedra de los cimientos el 15 de Marzo de 1523, y llevaba cuarenta años de obra cuando murió[183] Diego de Siloe, dejando el cuidado de concluirla á su discípulo Juan de Maeda. Queda, pues, averiguado que sólo hasta la altura de cornisas dirigió Siloe; y con efecto, ya en las bóvedas y embocinados se vuelve á sentir el gusto gótico, viciado por la ornamentación plateresca y de Renacimiento decadente.

A Maeda le sucedió en 1571 Juan de Orea, el cual adelantó poco la fábrica por estar ocupado en el palacio de Carlos V de la Alhambra.

En 1590 aparece Ambrosio de Vico, pero ya estaba hecha la notable portada del Perdón, y la mayor parte de la torre y bóvedas del Crucero, sin que hallemos noticia de este arquitecto en ningún acta; pero en 1590 se celebró una reunión de facultativos, con Vico, para resolver la necesidad de calzar de sillería la torre por no creerla muy segura.

Gaspar de la Peña, arquitecto de la catedral de Córdoba, se encargó en 1664 de acabar la obra, para lo cual informó Alonso Cano y el padre Alonso Díaz favorablemente; pero fué nombrado por el Rey director de las obras del Retiro y se fué sin concluirla.

Le sucedió Rojas, que se fué á poco tiempo á la obra de la catedral de Jaén, y con este motivo se encargó Granados interinamente de su dirección; aunque en realidad ésta estaba á cargo del insigne racionero Cano, el cual había ya trazado la fachada principal, obra de mal gusto que no corresponde á la fama del autor.

Hasta 1689[184] no fué elegido Ardemans en certamen con otros doce arquitectos, para echar las aguas á la calle y cerrar la crucería de piedra que cubre el coro. La iglesia, pues, á ser justos, no es una obra clásica del arte, pero es un magnífico conjunto de bellezas artísticas. La altura de la decoración de la puerta es de 139 pies, distribuída en cuerpos, que aunque simétricos, presentan un exterior más grande que proporcionado y bello. Casi todas las esculturas que contiene son de Verdiguier, menos la medalla que representa el Misterio de la Encarnación, que es de Risueño: las dos de los lados, de Uceda, y las de los Evangelistas, de Rojas.

La planta total de la Iglesia tiene 433 pies por 249 en el Crucero sin el espesor de los muros; la altura varía de 90 á 124 pies. El casi círculo de la Capilla mayor tiene 73 pies de diámetro. La cúpula sube á cerca de 170 pies. Tiene ocho entradas, y el pavimiento data de 1775. Veinte pilares ó grupos de columnas corintias distribuyen las cinco naves, y la Capilla mayor apoyándose en más de un semicírculo sobre ocho gruesísimos pilares, es la construcción más suntuosa y más artística en sus proporciones que tiene el templo. Se elogia mucho el rompimiento ó arco toral entre esta capilla y la nave central de la iglesia, que recogido por su clave, es una consecuencia muy natural de la intersección de la circunferencia de la cúpula, con el plano que ofrece el embocinado. Pero aparte del felicísimo y simétrico decorado de esta capilla, se ven las mejores y más notables pinturas de Alonso Cano en siete grandes lienzos que representan la vida de la Virgen; obras sobre las que llamamos especialmente la atención. No son malos los cuadros de los Doctores de la Iglesia, pintados por Atanasio; y son también dignas de mención las dos estatuas de los Reyes Católicos arrodillados, de Pedro Mena y Medrano, las cuales se evaluaron en aquel tiempo en cuarenta mil reales.

Mírense con detención los dos grandes bustos de Adán y Eva, obras de Alonso Cano, que legó á su criada para que los vendiese al Cabildo.

Los cuatro cuadros grandes que hay en los dos altares á derecha é izquierda, cerca de los púlpitos, son dos de Juan de Sevilla y otros dos de Atanasio Bocanegra.

El coro no tiene nada de especial mérito; los dos grandes órganos son de Leonardo Dávila. El altar del Trascoro se hizo en 1733, obra de gusto plateresco y extravagante. Pasemos ahora á recorrer las capillas en el mismo orden que hemos establecido en otras.

Desde la puerta derecha de la fachada hallamos primero, un cuadro que se dice ser de Juan de Sevilla, y representa la Sacra Familia.

La capilla de San Miguel, que costeó el Arzobispo de Granada Moscoso y Peralta, Obispo del Cusco, que trajo á este país inmensas riquezas, y la fabricó para su eterno descanso. La inscripción que se halla en uno de sus costados lo explica todo. Se concluyó en 1807, y se proyectó por Romero Aragón, arquitecto. La medalla de San Miguel la hizo el escultor Adán de un gran pedazo de mármol traído con grandes dispendios desde las canteras de Macael. González hizo las demás esculturas del altar. El notabilísimo y hermoso cuadro de la Soledad es una pintura del célebre Alonso Cano. Las demás de poco mérito, y el conjunto de la capilla es rico en mármoles y bronces, y ostentoso como el Arzobispo que tales muestras dejó en Granada de su amor á las artes. Este mismo fué el que se hizo construir el palacio de recreo en Viznar.

Sigue la puerta del Sagrario, donde hay un cuadro venerado, porque ante él oraba San Juan de Dios.

La Capilla de la Trinidad, por un cuadro de este asunto, probablemente obra de Cano y bosquejo del celebrado de la Chanfaina. Un San José en el retablo, de Maroto, y otros de poco interés. Hay en los altares de los costados una Virgen y un Obispo que se atribuyen á Pedro de Moya, y la Virgencita con el niño en los brazos de origen italiano.

Siguiendo, se halla un gran retablo dorado, dedicado á Jesús Nazareno, y aquí hallará el lector las más notables pinturas de la Catedral: son de José Rivera el San Antonio, la Magdalena, el San Lorenzo y un San Pablo que fué robado de este sitio. La calle de la Amargura, San Agustín, el Salvador y la Virgen son de Cano, el primero interesantísimo. Los de San Pedro, San Pablo y San Francisco, son: los dos primeros del Españoleto, y el último del Greco. Cuadros todos donados en 1722 por el Tesorero Medinilla.

La puerta gótica de la Capilla Real, que daba en su origen á una ancha plaza, es una muestra de este género, que tomó en Andalucía un carácter propio, perdiendo la sencillez germánica y complicándose en sus cresterías y festones, de una manera más ingeniosa que monumental. Es, sin embargo, esta puerta uno de los mejores ejemplares del arte gótico, y del tiempo en que se dejaba sentir la influencia del renacimiento en todas las construcciones de España.

El Retablo de Santiago, de mal gusto, con imágenes de Mena y de Mora. Una Virgencita, que parece del siglo XV, fué un regalo de Inocencio VIII á Isabel I, que le hizo con la Rosa bendita del domingo de este nombre. Dícese que este cuadro sirvió en el Real de Santa Fe y en la Alhambra para formar el altar portátil de los Reyes Católicos.

En la puerta de la Sacristía hay una medalla circular con una Virgen y un niño, que se dice es de Siloe.

Lo mismo un Ecce Homo que hay sobre la puerta inmediata, por el exterior, que conduce al Colegio Eclesiástico, y es, según se cree, del mismo maestro.

Illustration from Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Planta de la Catedral.

La Capilla de Santa Ana: parecen de Raxis varias tablas que contiene; y los dos grandes lienzos de San Juan de Mata y San Félix de Valois, de Bocanegra. Debajo de esta Capilla hay un aljibe.

En la de San Sebastián, un cuadro de este Santo por Juan de Sevilla.

La de San Cecilio, rica en mármoles y pobre de notabilidades. Las de San Blas y del Cristo de las Penas, capillas sin curiosidades artísticas, y la de Santa Teresa, que tiene una Concepción y un Angel de la Guarda, de Juan de Sevilla, con la de Jesús de la Columna donde hay una Santa Catalina y una Coronación, de Risueño.

La Capilla de la Virgen de la Antigua es obra del disparatado ornamentista Cornejo. Los retratos de los Reyes Católicos parecen de Juan de Sevilla.

Llegamos á la Puerta del Perdón cuyo exterior es la obra más perfecta del renacimiento, y en nuestro concepto tiene los detalles más admirablemente trazados y ejecutados que pueden hallarse de este género, tanto en España como en la misma Italia. Si hay algo censurable en esta preciosa portada, es la forma de su estructura, ó sea la repartición de sus proporciones, y el segundo cuerpo que no corresponde con el primero; pero nada puede desear el más escrupuloso adornista, y aún el más severo escultor, delante de esta obra, la más bella de la Catedral.

Luego se halla la Capilla de Nuestra Señora de la Guía, sin interés alguno. Después la del Carmen, costeada por el Arzobispo Barroeta, y que tiene una cabeza de San Pablo, de Cano.

La Puerta de San Jerónimo, de 1639, y por último: la Capilla del Pilar de Zaragoza, costeada por el Arzobispo Galván, de mediano gusto.

Continuando, hay sobre la puerta de la Sala Capitular una Caridad, del célebre Torrigiano, florentino y rival de Miguel Angel. Este magnífico relieve lo presentó en Granada como muestra de pericia, al saber que se convocaba á los escultores para hacer los sepulcros de los Reyes Católicos. Nótese con la detención de que es digna, tan notabilísima obra de arte.

Un Cristo en la cruz que hay á la izquierda, junto á la puerta, parece de Atanasio.

La torre era magnífica si se hubiera terminado, le falta un cuerpo, y tiene hoy 202 pies de altura. En ella está la Sala Capitular, con un apostolado, italiano; un cuadro de Atanasio y otro de Risueño. Encima habitan los campaneros, y están los cuartos que sirvieron de taller y morada al insigne Alonso Cano.

Pasemos á la sacristía. En la puerta hay un cuadro, representación de la vida de San Juan de Dios, con el retrato del mismo santo. Al frente hay un Crucifijo, de Becerra, bastante bueno. Una Concepción de Cano, una Virgen del Rosario del mismo, obras todas de encantadora expresión, muy bellas y dignas de estudio. Otras de menos valer hay en el Oratorio de los canónigos, con los ternos y alhajas destinadas al culto, objetos ricos que son especialidades en su género.

El Sagrario.

Ya hemos hablado en el lugar correspondiente de la mezquita que había en el sitio donde se construyó este templo, y que fué bendecida por los Cristianos, para que sirviera de iglesia donde se enterraban arzobispos y grandes señores. El proyecto y dirección fué de Hurtado Izquierdo, y se hizo desde 1705 á 1759, no sin dificultades en la construcción. La portada es elegante, greco-romana, sin gran severidad, y la planta de toda la obra es cuadrada con cuatro grandes pilares en el centro, sobre los que se apoya la media naranja y la bóveda que la circunda. Su aspecto es agradable por la uniformidad del conjunto y excelente composición de líneas simétricas. En el testero del Mediodía se encuentran dos cuadros de Atanasio, algunos altares apreciables, especialmente en el centro, y otras esculturas de su portada y tabernáculo, solo pasaderas.

El Palacio del Arzobispo.

Nada de notable en el edificio, á no ser que se quiera parar la atención en la puerta y ventanas del lado frente de la Catedral, que son excelentes ejemplares de renacimiento. Posee cuadros regulares y alguno digno de mención entre otros muchos de ningún precio.

El 2 de Abril de 1767, cuando la expulsión de los jesuítas, se le agregó el Colegio Real que estaba adjunto, cuyo edificio fué en parte destruído en 1868, y reedificada su fachada en 1872.

La Capilla Real.

Templo dedicado á sepultura de los Reyes Católicos y construído desde el año 1502. Es de arquitectura gótica y de la más sencilla que se hacía en aquella época, con la marcada degeneración que estaba experimentando, como lo demuestra este edificio, cuyas cresterías exteriores y pináculos son los detalles más bellos que contiene. Hasta ahora no se ha sabido el nombre de su arquitecto. Un Jerónimo Palacios fué veedor de la obra, y el conocido Felipe de Borgoña se cita, pero sin certidumbre.

La iglesia, pues, se construyó con menos grandeza que la que hoy se ve, y fué aumentada luego que el emperador Carlos V, al visitarla, dijo: «que era estrecho sepulcro para la grandeza de sus abuelos».

La puerta humilde que tiene á la calle de la Lonja, de mal gusto plateresco, fué hecha después que por haberse construído la Catedral, quedó su portada principal, que ya hemos indicado, dentro de aquel edificio.

Tiene el templo 179 pies de largo, 78 de ancho y 75 de altura.

Está interceptado por un coro donde había dos órganos muy celebrados. Hoy apenas queda uno.

Leemos la inscripción del friso:

«Esta capilla mandaron edificar los muy católicos D. Fernando y Doña Isabel, rey y reina de las Españas, de Nápoles, Sicilia, Jerusalén; éstos conquistaron este reino de Granada, é lo redujeron á nuestra fé, é edificaron é dotaron las iglesias, é monasterios, é hospitales de el, é ganaron las islas de Canarias, é las Indias, é las ciudades de Oran, Tripol é Bugia, é destruyeron la heregía, é hecharon los moros e judíos de estos reinos é reformaron las religiones. Finó la reina martes veinte y seis de Noviembre año de mil quinientos y cuatro; Finó el rey miércoles veinte y tres de Enero, año de mil é quinientos y diez y seis. Acabóse esta obra año de mil é quinientos é diez y siete años».

Nótase lo bien trabajada que fué la verja que cierra el Crucero, por «MASTRE BARTOLOMÉ me fec» como dice un letrero sobre ella misma; y los excelentes ornatos platerescos en que abunda esta notable obra de cerrajería, que hoy sería dificilísimo ejecutar.

En ninguna descripción de los monumentos granadinos, hemos visto citada la capilla por donde se entra á la sacristía de este templo y las tres tablas de su altar, que consideramos de un mérito notable; parecen de origen alemán, y tienen un carácter especialísimo, particularmente la del centro, que representa un Descendimiento admirablemente pintado, aunque con trajes tudescos, cosa muy usada por los artistas de aquel tiempo.

En la otra capilla, debajo del coro, hay un cuadro de Juan de Sevilla, y otros menos importantes.

Dos magníficos sepulcros de mármol blanco: el uno de los Reyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel, y el otro de sus sucesores Doña Juana y Don Felipe I, se levantan majestuosos bajo la cúpula central de la iglesia: el de Doña Isabel y su esposo es de mármol de Carrara, lo cual hace suponer que se encargaran á aquella tierra clásica del arte. El otro parece de mármol de Macael, el cual se haría por alguno de los escultores que labraron los medallones del palacio de Carlos V, que parecen de la misma mano. En el primero hay más delicadeza en el adorno y más corrección en las esculturas; en el segundo, menos seguridad de ejecución, más rudeza en el ornato, pero ambas son obras de arte muy notables.

Dice una inscripción latina que hay en un tarjetón:

«Los postradores de la secta mahometana y los que acabaron con la herética gravedad D. Fernando, rey de Aragón, y Doña Isabel, reina de Castilla, llamados los Católicos, en este marmóreo túmulo se encierran».

Después de lo mucho que se han ocupado los cronistas sobre la procedencia de estos sepulcros, se ha sabido que el escultor Bartolomé Ordóñez fué el autor del de los reyes.

Debajo del pavimento hay una bóveda ó cripta muy pequeña, donde se ven las cajas de plomo barreadas de hierro, donde se guardan los cuerpos. El ataúd más pequeño es el de la princesa María. Se distinguen todos por las iniciales.

El retablo del altar mayor es de gusto plateresco, con tres cuerpos y una buena coronación. Posee esculturas de mucho mérito, pero lo que más llama la atención en él, es el basamento con dos relieves de talla uno á cada lado, que representan la entrada de los reyes cristianos en la Alhambra, y el bautismo de moriscos convertidos.

En el Crucero se ven dos retablos en forma de relicarios, del tiempo de Felipe IV, con relieves de Mexía y pinturas de poco valor. Se encierran aquí muy contadas reliquias. Dos cuadros, uno de San José, de Guevara, y otro de San Juan Bautista, de Sevilla, existen en las capillas laterales del presbiterio.

En la sacristía hay una Concepción que dicen es de Cano; un cuadro que representa el abrazo del rey católico al rey moro vencido; la espada y corona que se considera haber pertenecido á Fernando V; un cetro de plata, un terno dibujado y bordado por Isabel I, según se dice; varias telas, cojín, paños, etc. del altar de campaña; un cuadro raro de devoción, donado por los mismos reyes, que parece de escuela griega, y el misal manuscrito de Francisco Flórez, con 20 dibujos y 151 fojas, que usaba la reina.

Illustration from Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Sepulcro de los Reyes Católicos.

Otros cuadros son de poco interés; citaremos uno pequeño que hay al lado de la puerta de la Lonja y el cual representa la hazaña de Pulgar.

En el pasadizo que hay entre la Capilla Real y el Sagrario, se halla una capilla donde está enterrado Pulgar el de las Hazañas. Vése en ella una manopla de un guerrero empuñando una hacha encendida, y al pie esta inscripción:

«S. M. esta capilla mandó dar á Hernando del Pulgar, señor del Salar, por ser el lugar donde con los suyos posesión tomó de esta Santa Iglesia, año 1490, estando en esta ciudad Muley Buadela, rey de ella. Acabóse esta obra año de 1531».

En el frontal del altar que hay con un cuadro de la Sacra Familia, están las armas del caudillo, un mosáico, y en el suelo la lápida sepulcral, donde dice que se le dió enterramento.

Por último, se sabe que Francisco Berruguete pidió en distintas ocasiones al emperador Carlos V que le abonasen su trabajo de pintura, dorado y bulto, hecho en el altar mayor y sacristía y el de los cuadros murales de las dos ochavas de dicho altar, ó sean quince historias á la manera mosaica é italiana con fondo de oro. Parece que estos trabajos han desaparecido casi todos.

San Jerónimo.

Es la fundación católica más antigua de esta ciudad, porque ya en Santa Fé se instaló la orden en 1491, y el 92 se trasladó á este sitio por decreto de los reyes. Comenzóse la obra del claustro y parte de la iglesia en 1496 y estuvo suspendida hasta que Doña María Manrique, viuda del Gran Capitán, solicitó de Carlos V le cediese la capilla mayor para enterramento de su esposo, obligándose por esta merced á acabar todo el templo á su costa. Había muerto en Granada el Gran Capitán después de un retiro de algunos años, enfermo y triste, dice un autor, por la extraña conducta de Don Fernando V, y se le hicieron honras tan magníficas, como las merecía el que contaba setecientas banderas y estandartes ganados en el campo, las cuales se tremolaron para solemnizar sus regias exequias. El 4 de Octubre de 1552 se acabó el edificio y se trasladó á la bóveda el cuerpo de aquel insigne guerrero, poniendo al lado el de su esposa.

Diego de Siloe dirigió la obra después de principiada, y es majestuosa y expresiva de su inmortal objeto; robusta y no pródiga de ornatos inútiles, labrada por el exterior y con las armas de Gonzalo de Córdova y esculturas.

La torre y campanario, con carrillones flamencos, fué mandada derribar por el general francés Sebastiani en 1810, para hacer el puente Verde sobre el río Genil. La iglesia tiene 147 pies de largo y 89 de ancho, lujosa en su ornamentación y estofados de oro y plata, con multitud de flores, hojas y caprichosos adornos, alternando con pinturas al fresco, entre las que se hallan medallones con los retratos de Don Fernando y Doña Isabel y trofeos de guerra modelados con gracia.

En la capilla del presbiterio se ven las armas del Gran Capitán y otros muchos detalles, algunos de los cuales fueron hechos á principios del siglo XVIII. Los apóstoles, en doce cuadros de tamaño natural, parecen de buena escuela.

Fué demolida también la sacristía en tiempo de la invasión francesa.

Delante del altar mayor hay una lápida de mármol blanco, con esta inscripción:

GONZALI-FERNANDEZ DE-CÓRDOBA QUI-PROPRIA-VIRTUTE MAGNI-DUCCI-NOMEN PROPRIUM-SIBI-FECIT OSSA PERPETUÆ-TANDEM LUCI-RESTITUENDA, HUIC-INTEREA-LOCULO CREDITA-SUNT. GLORIA MINIME CONSEPULTA.

Se ve, pues, que es la sepultura del Gran Capitán, cuya memoria será más imperecedera que los mármoles y fuertes murallas de este mausoleo, tan espléndidamente costeado. Los huesos del caudillo fueron desenterrados en la aciaga época que ya hemos citado de la dominación francesa, y se profanó su tumba rompiendo las cajas de bronce, y robando las banderas y despojos. Desapareció la espada que se conservaba con el cuerpo, y como talismanes se repartieron las vestiduras. Fué un verdadero saqueo, y gracias á las investigaciones verificadas recientemente, se han devuelto algunos huesos á esta respetable mansión[185], los cuales se cuidan hoy con respeto.

La cruz blanca.

Detrás de la antigua Plaza de los Toros, descuella una Cruz, erigida para perpetuar la memoria del suceso que arrancó del mundo al Duque de Gandía, y lo llevó á sepultarse para siempre en un convento. En el lugar que ocupa la Cruz hizo alto la comitiva que conducía el féretro de la Emperatríz Isabel, mujer de Carlos V, para descubrir el cadáver y tomar acta de haberlo entregado al Justicia de la ciudad, que había salido á recibirlo. El Duque de Gandía se consternó tanto al ver aquel hermoso rostro tan desfigurado, que tomó aquella piadosa resolución, y la cumplió tan bien, que la iglesia lo cuenta hoy entre sus santos, con el nombre de San Francisco de Borja.

Hay en el Triunfo otros edificios que fueron conventos y que ya no tienen importancia.

En el circo de la Plaza de Toros, y no á mucha profundidad, se encontraron hace años sepulturas, que debían corresponder al enterramento de los judíos, de que habla Dozy. Ya hemos indicado que el actual Barrio de San Lázaro debía ser una población judía en tiempo de los moros.

Real Hospicio.

De grande extensión, espaciosas naves y multitud de cuartos, este edificio es uno de los mejores que hay en España, y se fundó por los Reyes Católicos. Tiene muy buenos detalles en las ventanas del exterior de la capilla gótica del centro, y su planta es de magnífica distribución, según la higiene y reglas del arte de construir. Reúne local para más de mil asilados, y en él abriga la caridad oficial de la provincia á los dementes, á los niños huérfanos ó abandonados, y á los mendigos en muchas ocasiones.

Cartuja.

Subiendo la Calle Real y pasando una Ermita de poco interés monumental, dejando á la derecha una casa en una altura, que se llama el Mirador de Orlando, que lo construyó un rico Genovés, se entra en un ancho camino que conduce á este Monasterio.

Es fundación del año 1513, en cuya época se hizo parte de la fábrica, que vinieron á poblar tres monjes de las Cuevas de Sevilla. Dícese que fueron víctimas de los moriscos porque perecieron en una insurrección. En 1516 se comenzó de nuevo la obra, y se amplió en los siglos sucesivos, hasta 1842 en que se demolió parte del primitivo edificio.

Cuéntase que Gonzálo de Cordova cargó un día contra una partida de moros de los que salían á vigilar el campamento cristiano, y que llegado al sitio que se llama Golilla de Cartuja, antiguo cerro de Ainadamar, descubrió por vez primera desde un punto cercano la ciudad árabe. No le inquietó el ruido de los guerreros que salían al socorro de los fugitivos, puesto que el cristiano permaneció en este lugar algún tiempo, y se arrodilló para dar gracias á Dios por el éxito conseguido. Añádase que se pidió noticia del sitio donde había descansado, y que este lo señaló donándolo para los frailes, con las huertas de la Alcudia.

Desde la Portería se pasa al Claustro, donde se enseña una galería de cuadros de Cotan (copia), figurando la mayor parte martirologios de las guerras religiosas de Inglaterra. Unos son menos malos que otros, muy débiles por el dibujo, color y falta de sentimiento estético. Luego se pasa al refectorio, donde se enseña una cruz pintada que no tiene nada de particular.

La iglesia no ofrece un género especial de ornamentación; están revelando los adornos picados de sus paredes, la obra pacienzuda de frailes ingeniosos. Siete lienzos de Atanasio hay colocados en las paredes de la iglesia y varios cuadritos del mismo Cotan y de Giaquinto. Hay una esculturista pequeña de San Bruno, muy buena, otra de la Concepción, de Mora, y cuadros en el Sagrario, de Palomino, el celebrado no con mucho fundamento.

Hay preciosas puertas en la Sacristía, en el Coro y en los guardaropas, hechas de embutidos á lo mosáico, de concha, nácar, marfil y plata, con molduras de ébano, cuyo trabajo merece atención y fué hecho por un lego llamado José Vázquez.

Sorprende la Sacristía por la limpieza, composición y belleza de sus jaspes y mármoles, yesos, pinturas y muebles. El aspecto es rico y elegante, la ornamentacion plateresca con ribetes de churrigueresco; pero tan bien trabajada y repartida, que sin darse cuenta de un verdadero motivo de encanto, existe en realidad en esta estancia una agradable disposición que no se halla en otros edificios de mayor mérito. De aquí fueron extraídos cuatro cuadros de Zurbarán, y queda una Concepción pequeñita, un Señor de la Espiración, que dicen de Cano, un Ecce Homo que atribuyen al divino Morales, y otras cosas de menos precio. Los pavimentos son dignos de mencion.

Ocupa este edificio el centro de una hermosa huerta que disfruta de saludable temperamento y de encantadoras perspectivas: en ella existían completos los muros de un gran estanque que tenía cuatrocientos pasos de circuíto, construcción árabe con torreones en los ángulos. Esta clase de obras de recreo y regadío se encuentran en casi todos los jardines antiguos de esta población, y suponen siempre la existencia de algún palacio ó casa de campo en sus orillas. Creemos, pues, que habría alguno que se derribó para hacer el Convento, y que tal vez sería el que habitó en este sitio Aben Abiz después de la conquista de Sevilla. El lugar es de los más amenos y deliciosos.

La Audiencia.

Es el edificio de la antigua Chancillería, construído en la Plaza Nueva desde 1531 á 1587, época de gran desarrollo monumental para Granada. Es uno de los mejores de España, de buen aspecto, majestuosidad y grandeza. En él estuvo la Universidad, según lo declara una inscripción, y se fundó por una Real Cédula del año 1505 que dispuso trasladar á Granada la Chancillería de Ciudad Real.

Monumento de Mariana Pineda.

Situado en el Campillo. Se construyó con la sencillez que se nota á expensas de repetidas suscripciones, hechas por espacio de treinta años, hasta colocársele la estatua de mármol blanco, en 1874. El Ayuntamiento allegó fondos para esta obra.

Iglesia de Nuestra Señora de las Angustias.

Uno de los templos de más culto en Granada, al cual se hallaba unido, no hace muchos años, un Hospital para los hermanos devotos. El retablo central y camarín es una costosísima obra en mármoles de colores, de pésimo gusto y digna de mejor trazado.

Paseos del Genil.

Ricos en vegetación. El territorio granadino tiene excelentes paseos en los que suple la naturaleza al arte. Los llamados Salón y la Bomba, se hicieron desde 1810 á 1830, y en este largo tiempo se plantaron sus árboles, hoy magníficos, que si se perpetúan adquirirán ese majestuoso y venerable aspecto secular que tienen los bosques de otros países.

El puente de Sebastiani se hizo bajo la dominación francesa, con la piedra de la torre de San Jerónimo, que el general francés de aquel nombre decretó demoler. Nosotros le habríamos aconsejado que respetara la tumba del Gran Capitán, cuya memoria valía más que el escaso importe de haber comprado la piedra en las canteras.

Ermita de San Sebastián.

Situada en el paseo llamado del violón. De pobre y mezquino aspecto: no conserva de su origen árabe más que el arco de la entrada, y la planta cuadrada como la de una de esas blancas mezquitas que hay prodigadas en el Africa septentrional, sin ornato y sin belleza. Hay en ella una inscripción; que recuerda el suceso de la entrega de las llaves de la ciudad morisca á los Reyes Católicos, por el mismo Rey en persona, verificada bajo un hermoso árbol que dicen se conservó hasta un siglo más tarde. Debemos dar crédito al testimonio de esta antigua lápida; pero ¿qué haremos con las crónicas que nos cuentan la llegada de Boabdil al campamento cristiano antes de aquel día memorable, ó las de la entrega de las llaves de la Alhambra no lejos de la puerta de los Siete Suelos por el Alcaide Aben Comixa?

En el paseo que conduce á este sitio se celebra la feria anual concedida á esta población.

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Puente de Genil.

Reconstruído en tiempo de Felipe II por haber sido roto en una inundación repentina; restaurado después muchas veces, hasta la última en 1865. No tiene interés monumental. Aguas abajo, se encuentra un castillo arruinado que sirvió mucho en las guerras contra los Infantes de Castilla. El vulgo dió en llamar á este castillo la Cabeza del P. Piquiñote, suponiendo que fué el refugio, después de la conquista, de un conspirador que incitó y fraguó la rebelión de los moriscos, y que descubierto por delación, fué decapitado y puesta su cabeza en un lugar de tránsito, que suponemos más allá de la huerta del Duque de Gor.

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M. PINEDA

San Justo y Pastor.

Antigua iglesia de jesuítas, que ocupaban también los edificios que son hoy Universidad, Jardín Botánico y el Gobierno civil. Es de rica y esmerada construcción. Su planta latina, y su alzado greco-romano con una elevada cúpula. El retablo es bueno, la portada costosa, con esculturas de los Moras y otros detalles que demuestran el poderío de sus fundadores. Contiene cinco cuadros grandes de Atanasio para cerrar los nidios de relicarios, y otros cuatro de la vida de San Ignacio. Además los hay de Blanes, una Concepción de Atanasio, y otras obras de menos importancia.

La Universidad.

Fundada en 1531 por Carlos V, dotada por aquel monarca con cátedras de Filosofía, y por Clemente VII con los privilegios mismos de las de París, Bolonia y Salamanca, en ella se estudia Teología, Literatura, Ciencias, Jurisprudencia, Medicina, Farmacia y hay cátedras de Árabe, Hebreo, etc. Tiene hoy un buen claustro de profesores; acuden á sus áulas unos setecientos alumnos, por término medio, cada año, que vienen de un radio de ocho ó diez provincias, y posee una Biblioteca con más de 21.000 volúmenes, entre los cuales se pueden contar 12.000 que tienen verdadero interés. Los gabinetes de Física, Historia natural y Química están surtidos de colecciones é instrumentos modernos, aunque no en extraordinaria dotación.

Del edificio no debemos citar más que su portada de piedra, bien trabajada y de mal gusto.

San Juan de Dios.

Frente al extinguido convento de San Felipe, cuya construcción es rica y elevada aunque poco bella, se halla el Hospital é iglesia de aquel nombre. Cuenta en su recinto con locales suficientes, distribuídos en muchos salones, que se dedican á enfermedades diversas. Posee una Clínica ó Escuela de Medicina práctica, dotación facultativa suficiente, y bastante asistencia.

En 1552 se principió este Hospital, y muchos años después, la iglesia, digna de notarse, no por el buen gusto que en ella campea, sino por el extraordinario ornato con que fué construída: costó ciento cuarenta mil duros. La puerta del Hospital tiene una regular estatua del Santo, atribuída á Mora. El claustro fué reparado en 1749, haciéndose los frescos por Ferrer, de Zaragoza, y los lienzos por Sánchez Sarabia. En la escalera había una pintura de Juan de Sevilla, otra enfrente, de Medina, y otras dos pequeñas de Vargas. En el Oratorio una estatua de Mora.

La portada de la iglesia tiene esculturas de Vera, Moreno, Ponce de León y Perea. En una tarjeta sobre el arco principal dice: «Haced bien para vosotros mismos,» palabras con que pedía limosna el Santo.

Las cúpulas y torres son de rara estructura, cubiertas de pizarra y azulejos. Triunfa Churriguera en todo el decorado interior, donde hay muchos frescos y estatuas de Sarabia é imágenes de Santisteban y Mora; dos cuadros de mucha composición de Cárlos Morato, y otros dos á los lados del retablo, no malos de Conrado Giaquinto. En la Sacristía cuatro cuadros de Atanasio, buenos, y una escena de la vida del Santo, de Vargas. El Camarín, rico en mármoles, en pinturas, en alhajas y en reliquias. Otro Camarín con más cuadros, de Vargas, Sarabia y Ferrer. Los mármoles de uno y otro son de Lanjarón, Cabra, Macael y Loja. Por último, todo está prodigado menos el sentimiento del bello arte.

Santa Ana.

Inmediato á la plaza Nueva. Su portada se atribuye á Diego de Siloe, pero obsérvese la torre, que si no tuviera el cuerpo último, podría parecerse á las torres árabes de Cairo y Damasco.

El techo es también mudéjar, aunque de menor importancia. Hay dos cuadros de Atanasio, uno de Juan de Sevilla y está en este templo enterrado el famoso negro Juan Latino.

Casa de Castril.

Situada en la Carrera de Darro: posee una de las más elegantes portadas del siglo XVI, con bellísimos detalles de renacimiento y relieves de prolijo realce, tan bien dibujados, que se atribuyen á Siloe. Nosotros creemos que tanto esta portada como otras que vemos en Granada menos ricas, fueron hechas por una brillante escuela de ornamentistas, que se formó en esta ciudad sin haber aprendido en los talleres de Florencia y Roma.

Nótase al lado de la puerta un balcón de ángulo, hoy tapiado, con un letrero encima que dice: Esperándola del Cielo, y he aquí lo que se cuenta de ello:

«Hernando de Zafra, después de haber servido lealmente á los Reyes Católicos, y ya viejo, se retiró á este palacio, en donde fué invitado por los referidos monarcas á que pidiera la gracia que quisiese. Se escudó el anciano á las reiteradas exigencias que le hacían sin cesar, hasta que contestó terminantemente, que la única gracia ya la esperaba del Cielo, cuya frase, memorable en la familia, se hizo después estampar en la piedra para eterna memoria».

No acertamos á explicar este hecho satisfactoriamente, porque la forma y especial situación del letrero sobre la ventana del ángulo, indica otra cosa más accidental, si este no era un mote concedido al linaje del fundador de la casa.

Veamos su versión más dramática que hemos leído en el Manual de Jiménez Serrano.

«Habitaba esta casa un descendiente de Hernando de Zafra, viudo y con una hija joven y bella. Una noche había salido para volver más temprano que de costumbre. A la hora que su hija estaba en amoroso coloquio, penetra en la casa sin ser visto, se encamina al aposento de su hija y halla uno de sus pajes, joven de hermoso aspecto; cree que es el amante seductor y tira de una daga para atravesarlo; en vano grita el paje explicando su inocencia: «¡Justicia!» exclama asomándose al balcón é indicando el sitio por donde había partido el amante de su hija: «No la hallarás en la tierra» le contesta el caballero mandando á sus criados que lo colgasen del balcón: Que muera esperándola del Cielo. El padre mandó luego tapiar este balcón, donde había acontecido tal escena de deshonra para su linaje.

San Pedro y San Pablo.

En la Carrera de Darro. Templo que posee un magnífico artesonado mudéjar de esbelta construcción y de atrevida ensambladura.

San Juan de los Reyes.

En la calle del mismo nombre. Como templo cristiano no tiene nada de notable. Era una mezquita de la cual se conserva la torre, antiguo minarete ornado con labores cortadas de gramil á semejanza de otras que hay en Sevilla y Toledo. Llamóse esta iglesia de Teybin ó de los Convertidos, por haberse bautizado en ella millares de moros en tiempo del Arzobispo Talavera. Este edificio no debió ser de la primera época árabe, toda vez que fué construído fuera de las antiguas murallas de la Alcazaba Cadima.

El Sacromonte.

Un Seminario que goza de pingües rentas y de donde han salido ilustres teólogos y literatos. Fué fundado para Convento de Benedictinos, y sirvió también de Colegio para las misiones. Está situado en uno de los sitios más pintorescos al par que más tranquilos del valle de Darro. Multitud de escritores se han ocupado de circunstancias que hacen interesante bajo el punto de vista religioso este establecimiento. Sebastián López en 1595, buscando oro, descubrió unas planchas de plomo que los jesuítas interpretaron, escritas para hallar las cenizas de San Cecilio y mártires que le acompañaban. Esto produjo la excitación consiguiente en la ciudad, y dícese que se colocaron hasta 679 cruces en toda esta montaña. Halladas las reliquias, hornos y nuevas planchas, se sometieron á la aprobación de Clemente VIII el cual la otorgó, y desde entonces se mandó labrar la casa (1608), y luego el colegio dedicado á San Dionisio Areopagita.

Las Cuevas se visitan todavía con mucho entusiasmo, especialmente el día de San Cecilio, y las reliquias cuya autenticidad se ha combatido por doctos de diferentes épocas, se guardan en el altar mayor. En 1588 se derribó la torre Turpiana para replantear la Catedral, y dió mucho que hacer una caja que se encontró en ella con pergaminos y una canilla de San Esteban. El pergamino estaba escrito en árabe vulgar y firmado por San Cecilio, Obispo de Garnata, y el manuscrito se conserva en Roma.

Una numerosa población habita en huecos tallados en la tierra, á lo cual se presta fácilmente la formación de la montaña. Estas cuevas existían en el sitio, desde los primeros árabes, pues hemos hallado fragmentos de barros labrados, entre escombros, que no habían sido removidos en centenares de años. Se ve, pues, el fundamento de las tradiciones referentes á las cuevas, que podían existir en los últimos tiempos del imperio gótico.

San Cristóbal.

Templo situado en la altura más pintoresca y deliciosa que tiene esta población, y construído con las piedras labradas que correspondían al exterior de un palacio árabe; cuyos cimientos se notan al rededor y al pie de los muros de la iglesia.

No lejos de Fajalauza, subiendo á San Miguel, hay una cruz gótica entre cipreses; este sitio se llama la Cruz de la Ráuda, y se supone que era panteón árabe bendecido luego en tiempo de los cristianos.

San Bartolomé.

También antigua iglesia construída sobre una mezquita y al estilo mudéjar.

El Salvador.

Templo que ocupa el lugar de una de las principales mezquitas del Albaicín, y que se perpetuó siete años después de la conquista para culto de los muslimes, hasta que se la convirtió en parroquia en 1501, para obligar más á los moriscos que se mostraban opuestos á la conversión. En la rebelión se fijó esta iglesia, como más concurrida, para levantar en ella el estandarte mahometano.

Fué luego Colegiata de la Compañía de Jesús hasta que se trasladó al templo que tiene este nombre.

Alrededor de este templo hemos conocido la casa del Abad con techo y columnas árabes, que se vendieron para derribarla. Los restos de un caserón informe y sin más adornos que algunas inscripciones, el cual fué convento de Derviches, y un edificio Alhóndiga, por el costado Norte, con una inscripción[186] sobre la puerta, que ha desaparecido.

San José.

Fué mezquita de morabitos: conserva el aljibe sagrado y tiene algunos objetos artísticos, aunque no es de elegante construcción.

En una callejuela de Poniente estaba la Casa de Jorge de Baeza, de origen árabe, hoy casi destruída. Se descubre la torre de la del Almirante de Castilla.

San Nicolás.

Situado en una placeta con hermosísimo panorama, fué también mezquita. En esta parroquia está la torre de Hizna Román (castillo del Granado), donde se supone que estuvo preso el apóstol de Granada San Cecilio.

Santa Isabel la Real.

Lo fundó la Reina Isabel para retiro de ilustres señoras, y en 1507 vino con veinte monjas de Córdoba Doña Luisa Torres, para constituírlo. En la iglesia hay elegantes artesonados á lo mudéjar, de difícil lacería, formando almocarbes á manera de estrellas. No es malo el retablo principal de orden corintio y compuesto, con dos relieves y tablas. Hay dos pequeñitos cuadros de Juan de Sevilla y otros mayores de desconocido autor.

Cerca de este convento, en una callejuela sin salida, se supone la casa donde se celebró el primer concilio iliberitano, y al lado de ella se abrieron las excavaciones para la extracción de los falsos documentos inventados por Flores y Echevarría.

Notes in this chapter

Note 1 · Son diversas las denominaciones dadas por los escritores antiguos. Es probable que el nombre Jardín del Alarife haga alusión al gran visir dNote 2 · Nieto de Ismail, tronco de los Himyaritas del Yemen.Note 3 · Protectores de Mahoma.Note 4 · Este verso indica que el kalifa renovó la obra y está conforme con los recientes documentos que hemos citado.Note 5 · Alude á la victoria de 1319.Note 6 · Según legajos del Archivo de la Alhambra, los Reyes Católicos dieron la Alcaidía de Generalife á D. Alonso Venegas y á D. Pedro, como se hizNote 7 · Alixares significa Alhicar (las piedras).Note 8 · Palacio de Darluet, hoy perdido, en el camino de Cénes.Note 9 · Fuimos encargados de su restauración.Note 10 · Manuscritos árabes conservados en Viena.Note 11 · Por nuestro amigo D. Leopoldo Eguilaz.Note 12 · El mismo Sr. Eguilaz posee todas las antiguas.Note 13 · El grabadito que de ella publicamos lo debemos á nuestro amigo el conocido pintor don Manuel Obren.Note 14 · Del 26 de Setiembre al 5 de Octubre de 1365.Note 15 · Del 8 al 17 de Mayo de 1367.Note 16 · Archivo de la Alhambra.Note 17 · Véanse las ordenanzas y Cédulas Reales de aquel tiempo.Note 18 · El Cabildo dispuso que se diese sepultura á este maestro mayor en la misma iglesia, pero que se pusiese la lápida modestamente. Esta misma mNote 19 · Todos los anteriores datos constan en actas capitulares.Note 20 · El año 1872 se llevaron á Madrid para el proyectado Panteón Nacional, pero una reclamación de la Comisión de Monumentos los ha devuelto á esNote 21 · Se halla en «Paseos por Granada», y en otros, etc.
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