← Table of contents
Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba

PARTE PRIMERA (continued 2)

Reading edition

Formaban como en el resto de Europa por aquel tiempo los constructores de edificios, sociedades que guardaban sus secretos científicos y sus trazerías geométricas para el exclusivo dominio de los afiliados en estas artes, las cuales se utilizaban por los hombres más toscos y atrasados, al lado de los más ingeniosos despreocupados é instruídos. De aquí procedía el uso de unas mismas combinaciones y ornatos para determinadas formas y medidas, y la razón de hallarse siempre arabescos exclusivamente aplicados á las construcciones religiosas, á las militares y á las del harem. Los arcos de herradura con las dovelas resaltadas, se emplearon únicamente en los lugares destinados á la oración, así como los mocárabes de colgantes no se pusieron nunca en las aljamas andaluzas[23]. Preceptos todos que á semejanza de los sacerdotes caldeos, explotadores también de estas artes, venían de una especie de gremio masónico que enviaba sus artífices á diversos Estados, y que no permitían otros usos y otras alegorías que las convenidas en sus conciliábulos. Ellos, como otros muchos, cuando la construcción de las famosas catedrales cubiertas de figuras emblemáticas y burlonas, se excedieron también en España de los preceptos religiosos, pintando murallas y labrando figuras, cuyas obras se ejecutaban por los mismos alarifes como trabajos constructivos en imitación del arte asirio.

Esas sociedades poseían un caudal de trazados de ensambladuras para techos; otro de comarraxias para las bóvedas, y de alicatados para sus estucos, los cuales constituían su fortuna; por esta razón se distinguen las labores hechas en los diferentes reinos, y no cabe confundir las obras de los alcázares sevillanos con las de Toledo ó Granada[24] como frecuentemente se verifica por los modernos escritores.

Es curioso lo que dice el notabilísimo escritor árabe Ben-Jaldum sobre la manera de construir de los árabes en la generalidad de los casos; pues en otros imitaron las sillerías y corte de piedras de los romanos, en bóvedas y fuertes muros exteriores. He aquí el párrafo:

«El arte de edificar se divide en varios ramos, uno consiste en hacer muros de piedra tallada, ó ladrillos cimentados con cal y arcilla[25]... y otro consiste en formar muros con arcilla solamente. Se sirven para esto de dos planchas de madera, cuya longitud varía según los usos locales; pero en general son sus dimensiones de cuatro codos, y se colocan sobre fundamentos ya preparados, espaciándolas según la anchura que el artífice cree necesaria. Se sujetan por medio de travesaños de madera fijados con cuerdas ó lías, se cierran las extremidades con otros dos tableros más pequeños y se vierte dentro tierra y cal que se aprieta con pequeños pilones hechos á propósito. Cuando la masa está bien apretada se sigue añadiendo hasta llenar el hueco y que las partículas formen un solo cuerpo duro é impenetrable; así se continúa, desarmando la caja y llevándola á la línea inmediata ó superponiéndola..... Este género de construcción se llama tabia y tauvab el que los fabrica.

»Los muros se revisten de cal desleída en agua con una ó dos semanas de anticipación............... la cual se extiende con una llana hasta incorporarla con la obra[26]. Para los techos se colocan maderos labrados ó sin labrar, sobre los cuales se extienden la cal y tierra que se aprieta con pisones...

»El ornato y embellecimiento de las casas constituye un ramo del arte. Consiste en aplicar sobre el muro figuras en relieve hechas de yeso cuajado con agua, el cual se vacia sobre un modelo dado, dispuesto con punzones de fierro, y se acaban dándoles un bello y agradable pulimento. También se revisten los muros de mármoles en planchas, ladrillos vidriados, conchas y porcelanas.................. lo cual les da el aspecto de un parterre adornado de flores...»

Y más adelante dice, que los magistrados acuden á los alarifes cuando se trata de edificios, en las particiones de fincas, en las alineaciones, reparto de aguas, fortaleza de muros exteriores, etc., etc., como en los tiempos de las ordenanzas del siglo XVI; cuyo adelanto existió siempre entre los árabes de Andalucía.

Seríamos interminables en la enumeración de manufacturas, y en los oficios mecánicos y perfectos. Pero tales adelantos, tan pasmosas obras de la civilización agarena, tenían y aún tienen entre nosotros sistemáticos impugnadores. Hay una escuela, ó una doctrina intolerante que busca afanosa en la civilización romana y gótica los gérmenes de nuestra grandeza pasada; esa escuela y esa doctrina no hallan nada nuevo, grande ni original, preciso es decirlo, en el contacto de ese mundo oriental que se trasplantó á nuestras tierras con todas las infinitas irradiaciones de su espíritu y de su inteligencia.

¿Y por qué con la brillante erudicion de esos investigadores no se ha hecho antes la luz, que ha venido después á deslumbrarnos arrojada por más imparciales y generosos escritores extranjeros? Porque en España se ha rechazado la herencia que nos legaron nuestros abuelos; porque éstos nos dominaron, y están aún frescas las heridas; y porque sostuvimos el ciego exclusivismo de una filosofía intolerante, con la que aprendimos á mirarlos como hombres sólo dignos de humillación y desprecio. Todavía no han llegado á ser verídicos para los fanáticos escudriñadores, los datos y relaciones que sobre geografía é historia descriptiva nos han legado los escritores árabes; cien textos afirmativos de un caso especial cualquiera, de origen mahometano, se desechan inconsideradamente por admitir los argumentos de uno de esos falsos cronistas que plagaron nuestra literatura con sus perturbaciones históricas[27].

¿Se supondrá que queremos preferir aquella civilización á la cristiana? ¡Cómo lo habíamos de hacer ni pensar! Aquélla se eclipsa y no pasa adelante; ésta vive todavía y es el alma de las grandezas que vemos en todas partes; pero no comprendemos que al exhumar los orígenes de la civilización gótica podamos ir á otra parte que al gentilismo ó paganismo, y que no habiendo otra línea de paso para las ciencias y para las artes de aquellos tiempos, se deseche éste que nos ofrece tan rápido y tan seguro camino. No es al Korán á quien damos crédito, ni nos ofrece más fe que los Vedas ó las leyes del rey de Bactria; pero recibimos con emulación los progresos de mil generaciones que han depositado sus adelantos en el arsenal de la industria y de las artes modernas. ¿Cómo olvidar que ocho siglos no habían de dejar más huella entre nosotros que las transitorias invasiones de los pueblos Bárbaros, ó la violenta dominación del gran pueblo que fué siempre extranjero en nuestra patria? Cuando descendamos á épocas menos lejanas, y enseñemos con otros monumentos más modernos de los tiempos árabes el desarrollo de las artes y la forma que éstas van adoptando y plegando á la naturaleza y esencia de nuestro carácter tradicional, veremos que de todas las civilizaciones, la oriental es la que ha dejado en España más elementos de prosperidad y más hondas huellas en toda clase de trabajos é industrias.

Illustration from Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente
Illustration from Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba ó sea La Alhambra, el Alcázar y la Gran Mezquita de Occidente

Puente, Sevilla.

Notes in this chapter

Explore with AITake your curiosity a little further.

Reading settings