Note 128 — PARTE TERCERA (continued 3)
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Dice el muy docto Don Aureliano Fernández Guerra «que fué mortificación y escándalo al famoso Ibn-Jaldun cuando vino de Africa á la ciudad del Genil, año de 1363, hallar retratos y cuadros de romanescas aventuras (en bien adobados cueros y en lienzos y tablas) adornando los techos y muros de las casas reales y de casi todos los ciudadanos», lo cual nos demuestra que no podrían ser solo los cristianos los pintores, sino que habría muchos moriscos que aprenderían á hacerlo, y que los maestros serían de origen bizantino como la mayor parte de la población donde también había muchos cristianos, pero no tantos en mi concepto, como se afirmó en el Concilio Vienense de 1311, porque después de conquistada esta ciudad por los Reyes Católicos, formaban mayoría los moriscos verdaderos creyentes, que llegaron á sublevarse en defensa de sus costumbres y de su religión.
Y dice el mismo Fernández Guerra: «Paréceme error histórico el de haber supuesto que en España, cristianos y mahometanos fueron siempre vecinos irreconciliables... no los dividían playas como las que separan de las tierras los mares. En los territorios libres por la cruz, y lo mismo en los esclavizados por el Korán, vivían juntos y según su diferente religión, cristianos, judíos y musulmanes; caballeros de un reino fincaban y se avecindaban en el otro, ó se ponían á su servicio, etc., etc.,» y esta tan ilustrada opinión favorece la emitida por nosotros sobre las relaciones y continuo roce que existía entre tan diversas familias, origen del novelesco trance que representan las dos mencionadas pinturas.