NUEVA-YORK (CONTINUACION) (continued 4)
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Estábamos entretenidos en esta plática, cuando llegó D. Ramon trayendo las noticias últimas del telégrafo: eran las diez de la noche.
—En Chicago, nos dijo, los huelguistas hicieron un grande empuje para entregarse á los mismos desórdenes que en otras partes. La fuerza federal tomó parte: reforzáronse las filas de los insurrectos hasta en número de diez mil, que se abalanzaron sobre la tropa. Esta hizo jugar la artillería, y han corrido rios de sangre entre montones de cadáveres. Se cree que la chusma sucumbirá y todo quedará en paz.
—Ya vd. sabrá del meeting de anoche; hizo fiasco, como lo preveiamos: se reunieron ménos de mil personas. Aquí todo el mundo puede gritar "¡viva!" los "mueras" se reprimen. Anoche, al primero y único "muera," sacaron sus cuellos cuatro ametralladoras, y se acabó el desórden.
A todos los edificios públicos se dió la órden de que tuvieran en las calderas agua hirviendo, para lanzarla á chorros sobre los amotinados.
—Eso habria sido espantoso, observó Adela horrorizada.
Es muy difícil, sobre todo para un extranjero que no conoce sino superficialmente y como de paso esta sociedad, desentrañar las causas que ocasionan las perturbaciones formidables que está produciendo la situacion de las clases obreras.
La cuestion cae, por la naturaleza de las cosas, bajo el dominio de una crítica parcial, en que los partidarios de la libertad y los proteccionistas se inculpan recíprocamente y acaban por encerrarse con obstinacion en sus opiniones intransigentes.
Es cierto que se ven en las huelgas de los trabajadores y en la organizacion de los obreros tentativas de imitacion europea; pero las condiciones sociales son tan distintas y son tan ilustrados los mismos obreros, que ellos en su educacion tienen el correctivo de males que en Europa son de trascendencia funestísima.
La falta de reciprocidad en los cambios, provocada por el arancel protector, deja sin salida los efectos que produce el país, y eso determina la parálisis de las fábricas y la baja de salarios: ambos males causan la huelga y la miseria.
La educacion y el hábito de igualdad han propagado mucho el trabajo por participacion, es decir, el participio del obrero en las ganancias del capitalista, elemento poderoso de la conciliacion del capitalista y el obrero.
La baratura de los trasportes y lo movedizo de la familia americana, hacen que cambie con facilidad de domicilio, en busca de mejor fortuna. Sobre todo, las cajas de ahorro y el gran número de propietarios agricultores, enfrenan la revuelta y dejan en minoría á los perturbadores del órden.
A la noticia de las huelgas del Sur, se llenaron los cuarteles de la guardia nacional, las tropas estaban listas, se ofrecieron al Presidente de parte de algunos Estados del Sur, más de cien mil hombres, y los propios obreros se pusieron del lado de los conservadores de la tranquilidad pública.
Las concesiones constantes que hace la legislacion aduanera; la riqueza del Sur, que se reintegra en su esplendor antiguo; los intereses comerciales del Oeste, producirán irresistibles efectos en favor de la libertad, y sucumbirá ese sistema prohibitivo, plagio infeliz de List, fomentado por insaciables especuladores, que son las primeras víctimas en las insurrecciones de los obreros.
Algunos de los hijos de Pelayo son deliciosos para esto de juzgar las cuestiones sociales de los americanos.
Decia uno de ellos:
—Todo lo que vdes. ven, es porque á estos judíos no les entra una idea nueva, ni á mazazos: todos ellos están encastillados en su rutina.
—¿Pero qué rutina es esa? le preguntaron.
—¿Cómo qué rutina, hombre? la rutina de hacer dinero, que no se las saca vd. de la cabeza ni con tirabuzon, ni con una yunta de bueyes....
En el momento que el Norte modifique un poco la rutina de que habla el gachupin, las cosas se compondrán.
Al volver al hotel, Francisco trazaba en el plano nuestro largo camino.
En el suelo habia baúles abiertos, papeles regados y todos los anuncios del próximo viaje....
El calor ha sido espantoso: el termómetro ha llegado á marcar 95 grados. Esa debe ser la temperatura de la boca del infierno.
XIV
Geo Shiels.—Apothecary Broadway 896.—Apuntaciones sobre nuestros artículos de exportacion.—Un convite.—Poesía á Jacinto Gutierrez y Coll.
Varias ocasiones, al presenciar Francisco mis horas de aburrimiento, me habia invitado para que fuese á visitar á M. Geo Shiels, boticario famoso, y cuyo despacho es punto de reunion de mexicanos y de hijos de las otras Américas.
M. Shiels es mexicano de nacimiento.
Nacido en Yucatan y radicada parte de su familia en la Isla del Cármen, conserva frecuentes relaciones con México, y es buen patriota, excelente amigo y hombre por naturaleza fino y servicial.
Su despacho, encallejonado en el extremo de un espacio en que viven en patriarcal armonía unas modistas que cultivan la flor de la elegancia, unos fotógrafos poseedores de confidencias, un almacen de guantes y tocados, y por fin, la botica, prolongado estuche dividido por un mostrador, y que tiene por respaldo el almacen de drogas.
A la entrada de la botica está el depósito monumental de la agua de Sosa, con su ejército de vasos, jarabes y su fuentecilla de plata en que por sí solos se lavan los vasos, por medio de un ingenioso mecanismo.
En el medio del mostrador está el escritorio de M. Shiels, y en el respaldo de la pieza el laboratorio con todos sus útiles.
Frente al mostrador hay sus estantes y junto á ellos sillas para las visitas, que nunca faltan.
Pero, como la mayor parte de las boticas, la de Mr. Shiels es un refugio, una guía, un ómnibus, en que se satisfacen todas las dudas y se provee á todas las necesidades.
¿Se quieren informes sobre cualquier casa, cualquier banco, cualquier establecimiento? Pues Mr. Shiels, como los otros boticarios, tiene su gran directorio, y no hay más que irlo á consultar, sin pedir licencia y sin que nadie lo tenga á mal.
Drogas, mercería, cepillos, sobres de carta, sellos, menjurjes, aceites, medicinas patentadas, todo lo vende mi amigo, todo lo sabe y á todos sirve con puntualidad de cronómetro y con calma imperturbable.
Frenton, ojos azules, roma nariz, boca recogida, ancho y bien conformado: bajo el aspecto glacial de Mr. Shiels, existe uno de los corazones más nobles que yo haya conocido jamás.
Posee Mr. Shiels cinco ó seis idiomas con extraña perfeccion, y esto contribuye á hacer numerosísima su clientela.
Las muchas visitas en nada embarazan sus trabajos; él los prosigue sin cuidarse de los que hablan ni lo que dicen, á no ser que se le interpele, en cuyo caso se encuentra siempre al hombre instruido y caballeroso.
Yo concurrí por primera vez á su botica, hojeé el Diccionario, tomé soda, compré un lápiz y escribí por vía de tarjeta los siguientes versos, que dejé sobre el mostrador:
EN LA BOTICA DE M. SHIELS BROADWAY 896.
Cuando una mosca nos pica Y nos hace abolladura En la piel, de fé se cura La roncha, en esta botica. —— Si es desdeñosa una chica, No os abandoneis al tedio, Porque tiene un gran remedio Para el desden, la botica. —— Si una suegra os mortifica Como la pulga ó la chinche, Polvos, cual de Pinche, Vinche Tiene á mano esta botica. —— Si un amor nos sacrifica No demostremos zozobra: Con ingredientes de sobra Se quita en esta botica. —— ¿Le piden de sol á sol? Aquí se cura del chasco, Y se llama (á peso el frasco) Bálsamo de not at ol. —— En fin, la pobre, la rica, Las santas y las coquetas, Para consultas secretas Que vengan á esta botica. Fidel.
Mr. Shiels recibió con amabilidad suma mi extravagante presentacion, y es uno de mis amigos más queridos y á quien debo más profunda gratitud en la Ciudad Imperio.
En la casa de Mr. Shiels vivia su hermano, vecino de la Isla del Cármen, que habia ido á Nueva-York á comprar un vapor, para establecer una línea de comunicacion entre Yucatan y Nueva-York, que producirá los mejores efectos.
De las conversaciones de este amigo, de las de Andrés Aznar, de las de un americano hijo de Filadelfia, casado con una linda y espiritual meridana, sacaba mis apuntaciones acerca de la exportacion de nuestro país, rectificaba mis juicios, y todo se hacia, como me gusta, mezclando á los cálculos la crónica, despolvoreando los chistes sobre los números, y soltando los libros de caja para remojar la palabra con las copas del bar-room del vecino Hotel Continental, guiñando de paso el ojo á la linda Galimbertti, si estaba en su ventana.
Volviendo á nuestro comercio, los artículos de exportacion para los Estados-Unidos son más numerosos de lo que se cree generalmente; pero no se desarrollan, ya por falta de agentes, ya por las exíguas proporciones del cultivo, ya porque no hay constancia para vencer las primeras resistencias, que tienen en un mercado extraño los frutos extranjeros. Diré á vdes., así, al paso, y sin pretensiones, cuáles son los artículos que pudieran tener salida en este mercado:
Palo de Campeche. Henequen. Ixtle. Maderas de construccion. Vainilla. Miel de abejas. Cerdas. Cauchuc. Cueros de chivo. Zarzaparrilla. Purga de Jalapa. Café. Azúcar. Tabaco. Frutas. Amacas. Sombreros de palma. Petates. Ajos. Chitle. Cacao, etc., etc.
—Ahora van mis observaciones, dijo el negociante de Filadelfia.
El modo de raspar el henequen debilita su fuerza, aplastándolo, y le hace bajar de precio. Ahora se dice que se trata de remediar este mal. Es mucho muy reducido el número de los que negocian en henequen, y más que como corredores como comerciantes; así es que lo monopolizan, le imponen precios, y se hacen dueños de esa rica industria.
El ixtle es más resistente y flexible que el henequen; pero como la hebra es corta, no puede dedicarse á los usos del henequen, se riza y se emplea en cojines y colchones. Está tomando gran fuerza este comercio. El mejor es del Estado de Tamaulipas.
Los cultivadores de la vainilla, que es riquísimo producto, no se han fijado, en mi juicio, lo bastante, en lo que pierde secándose al fuego: secándose al sol valdria mucho más.
Se me olvidaba decir á vdes. en cuanto al palo de Campeche, que la inteligencia con los fabricantes de zarazas y estampados, le haria más estimable.
En cuanto á maderas, además de la caoba, el cedro y el moral, de que se hacen grandes ventas, se solicita una madera que vdes. llaman chechem, semejante al box: son muy estimados el ébano, el ciricote, el jovillo, y otras que no recuerdo y abundan en las costas mexicanas.
Respecto de miel, diré á vd. que la que aquí se expende viene de Tampico, y se suele vender hasta á 80 centavos el galon; pero se conoce que se descuida en México este cultivo: la miel es delgada: muchas veces llega agria. Bien cultivada, produciria mucho dinero.
Otro ramo de exportacion seria la cerda: viene ahora de Mérida, Tampico y Veracruz.
El cauchuc viene ahora, decia Shiels, de Tabasco y Veracruz y un poco de la Laguna; pero en muchos puntos de la República, como en la Huasteca, podrian emprenderse grandes explotaciones: domina ahora en el mercado el cauchuc de Sur-América, compitiendo.
—Vean vdes., decia Andrés Aznar: Buenos Aires nos hace competencia con los cueros de chivo, y los nuestros valen más; pero aquellos comerciantes son más inteligentes y estudian más este mercado. Aquí, esa falta de estudio nos ha hecho insistir en la venta de la zarzaparrilla, dominándonos siempre la de Honduras. En Europa es donde tiene grande aprecio esa planta preciosa.
—Por más que encarezcamos y pongamos el grito en el cielo ensalzando nuestro café, dijo un desconocido que despues supe es un mexicano muy inteligente en estas materias, en Orleans es donde se hace el tráfico: aquí se conoce muy poco, produciria millones popularizarlo.
El café de Java, de Rio Janeiro, de Costa Rica, de Venezuela, de Puerto Príncipe y hasta de Santo Domingo, proveen á este inmenso consumo; y vd. no lo creerá: en los ensayos de introduccion del café mexicano en este mercado, el que más se conoce es el de Oaxaca (Villalta), disfrutando en México mayor concepto, Colima, Uruapam, Atlacomulco, Córdova, y otros puntos desconocidos aquí totalmente.
De más importancia, relativamente hablando, es el consumo del azúcar: la nuestra compite aquí sin esfuerzo alguno con la de Cuba; y aunque por el momento hay en Nueva-York grandes existencias, me parece un ramo de comercio de mucha espectativa. El azúcar moscabada es la que se debe enviar, porque así paga menor derecho y la aprecian más las refinadurías. El verdadero mercado de nuestra azúcar está en Europa.
Pero en todo se ve la mano de la desidia, y se hace sensible nuestro abandono. El empaque de nuestras azúcares detestable: las hace desmerecer muchísimo.
—En mi juicio, decia yo muy sério, á los cónsules se les deberia caracterizar como agentes mercantiles, haciéndolos útiles, como lo han prevenido la Francia y la Prusia, ordenándoles que suministren datos estadísticos, favoreciendo á los comerciantes é informando sobre todo lo conducente al comercio.
Los Anales de comercio de la Francia, se componen de Informes de los cónsules en una gran parte, y muchas, muchas veces, he recurrido á ellos para saber algo de mi país respecto de su comercio exterior.
En esos Informes sabriamos, por ejemplo, por qué siendo los derechos tan altos sobre el tabaco y tan inferior el de Cayohueso al nuestro, aquel tiene mayor consumo.
Apénas los Tuxtlas han logrado hacer introducciones ventajosas, cuando podrian hacer remisiones, mayores Papantla, Misantla, Coyusquihuic, el Jovo y otros muchos lugares cosecheros en que se ha mejorado mucho el cultivo.
Tal vez nos instruirian esos Informes, por qué la California, Sur-América, las Floridas, Italia, Sicilia y hasta Smirna, tienen mercado para sus frutas, y nosotros no hacemos sino muy exíguas introducciones.
Ya se ve, el simple empaque hace que se coman en Nueva-York uvas frescas de Málaga, miéntras nuestras frutas más resistentes á la corrupcion, llegan impasables y para tirarse á la basura.
—Ha hecho vd. un sacrificio, me dijo Andresito: ya sabemos que vd. se calienta bastante la cabeza y estudia en su casa, razon por la cual gusta fuera de ella de la charla insustancial y de las conversaciones que no exijan atencion; pero nosotros deseábamos saber, ahora que ha visto por acá los negocios, ¿qué inconvenientes encuentra vd. en las formalidades de nuestros aranceles mexicanos?
—Varios he notado, respondí con condescendencia; pero no estoy cierto de la exactitud de mis observaciones.
Las facturas consulares son gravosas y el certificado que vale cuatro pesos y á veces más, importa un desembolso no justificado donde tiene sueldo el cónsul.
En lo que se llama juego de facturas, que se tienen que poner marcas, números y la complicadísima nomenclatura de nuestro arancel, la factura que sirve de manifestacion al comerciante, que se haga en buena hora; ¿pero qué tiene que ver con la copia para la aduana, ni la que vaya al Ministerio de Hacienda? Si esos son documentos ó comprobantes del mecanismo de la oficina, ¿por qué no los hacen los empleados?
Por otra parte, la rigidez en la nomenclatura es motivo de extorsiones al comercio. El dia que en vez de pasas se pone fruta seca, aunque sea lo mismo, se expone al comiso el comerciante. Poner lienzos por tejidos, ó vice versa, es blasfemia aduanal, lo mismo que poner elástico por resorte.
La maicena paga derechos, y la harina de maíz que se hace de maicena es libre.
En las drogas medicinales, cada vez que se pone la mano se echa á perder más el arancel, al punto que siendo en cuanto á la cotizacion uno de los ménos tiránicos, la nomenclatura, las fórmulas y su pésima regularizacion, lo hacen odioso y brutal.
Vea vd. por encima, dije tomando el arancel mexicano y señalando al vuelo algunos artículos.
Pianos.... regulados por el peso bruto....
—Por supuesto no fué mal bruto el que incurrió en la confusion.
—Soda cáustica para jabon, paga más de lo que vale.
Clavo de especia, canela.... En fin, chicos, doblemos la hoja, que esos caballeros que están á la puerta me esperan para que vayamos á comer.
Aquellos bienhechores mios, aquellos mis redentores del arancel de aduanas, suelen llamarse Jacinto Gutierrez, Bonald y Luis F. Mantilla, que llegaban asistidos de los dos grandes elementos que se necesitan para toda comida: mucha hambre y muy buen humor.
—Chicos, á la disposicion de vdes., les dije, y salimos de la botica.
Nuestra comida fué en el Delmónico, en un saloncito de cristales aislado, con todo lo constitutivo del lujo y del confortable, ó sea á propósito para estar cómodo y contento.
La atmósfera de la charla se fué tendiendo vaporosa y como brotando sus celajes de oro de las soperas, los platones y las copas.
Las bujías del alto candelabro irradiaban como un firmamento de llama, y las palabras eran como enjambres de aves de canto delicioso que vagaran al acaso en un verjel espléndido.
Bonald nos recitó algunas de sus deliciosas traducciones de Hein, que le han dado merecida celebridad en el mundo de las letras. Gutierrez declamó varias poesías suyas, que son como obras primorosas de filigrana; que son como esas creaciones de espuma de encaje y de niebla, escapadas del buril de Benvenuto Cellini ó del pincel soñador del delicado Corregio.
Gutierrez, puede decirse que es el hombre de la alta sociedad, parisiense: narra como Dumas, cria como Mery y forja el cuento fantástico como Hoffman y como Richtter; argulle, disputa, hace saltar la paradoja inverosímil y la sostiene en un cabello como un equilibrista prodigioso.
Las risas, las emociones de ternura, la explosion del entusiasmo nos hacian cortejo, y las horas pasaban desapercibidas y como ocultándose, para no interrumpir nuestro contento.
Cuando pidió la palabra el corazon para que Gutierrez y Bonald hablasen de su patria y de sus padres. Mantilla, que todo es bondad y ternura, pidió que brindásemos por su negrita.
Entre bromas y alusiones cariñosas, pedimos al sacerdote de la niñez, nos dijese algo de su negrita.
La negrita de Mantilla fué su nodriza, nodriza negra, de la servidumbre de su casa: no solo le alimentó á sus pechos; no solo cuidó y dirigió su primera educacion, sino que fué su guía, su amparo, su madre y el ángel custodio de sus primeros años; y Mantilla no solo venera su memoria; no solo ha levantado un monumento que guarda sus cenizas, sino que sus recuerdos son poemas de arrullos, de ternura filial, que simpatizan y dejan entrever la bondad infinita de esa alma niña consagrada á los niños.
En efecto, Mantilla es uno de los hombres más respetables que yo haya conocido: su vida es una consagracion sublime á la purificacion del hombre por medio de la instruccion; su elevadísima inteligencia no busca lauros, no aspira á honores; quiere y anhela por la instruccion, y esa faz de lo bello y lo bueno, lo absorbe y lo embebe en su objeto con fanatismo sublime.
El Japon, la China, las Américas, los lugares más salvajes resuenan con su nombre: los libros de Mantilla son la gran Cruzada de la civilizacion en todo el mundo; él es el único que ignora su mérito; es sencillo hasta la humildad, y pone su persona al servicio de los desvalidos, con placer y como si en ello recibiera favor.
Allí, á su celdita de monje, á su vivienda oscura, van estos recuerdos, recuerdos de gratitud, porque Mantilla honra cuando estrecha la mano de un hombre llamándole su amigo.
La conversacion, que solia adquirir esos matices de gravedad y conmocion, se rompia alegre al tocar en la frente de Gutierrez, y entónces, como de una cajita de chucherías y joyas, saltaban las ladies, los teatros, los paseos, las bellas artes, los poetas y las bacantes de la crónica escandalosa de la Ciudad Imperio.
Respecto de bellas artes, me hice eco de la opinion vulgar de que los americanos las descuidan, de que falta al pueblo de fogoneros y postillones el soplo divino que engendró los Rafaeles y Murillos; pero fácilmente corrigieron mis errores, con solo citarme las numerosas y bien dotadas academias de dibujo y la aplicacion de él á las artes útiles.
Yo replicaba:
—No me podrán vdes. negar que muy frecuentemente se confunde el mérito de las obras de arte; que el vulgo prefiere una muñeca medio desnuda y con pedazos de esmalte por soguillas y pulseras, á creaciones delicadas; que hay estatuas aun frente al Capitolio, que son blasfemias.
—Puede ser que en algo de lo que vd. dice tenga razon; pero es necesario para entendernos, me dijo uno de los circunstantes, que nos pongamos de acuerdo en el punto de partida de la crítica. Fíjese vd., continuó, en que la práctica de la igualdad es cosa que repugna al europeo, y más al europeo bien educado; de ahí las amargas censuras á las faltas del bien parecer y de cultura á la europea. Como de esa crítica se apoderaron personas inteligentes, por otra parte poco capaces de analizar las instituciones y los elementos constitutivos de esta sociedad, cobraron boga las censuras al yankee, que enarbolaba sus piés sentándose en la espalda; del que escupe; del que forma un polvero de tenacilla con el índice y el pulgar; del que bebe con su criado, y del mozo de café que habla en un meetting con el desplante de Mirabeau. Lo mismo son las críticas de las bellas artes y de todo.
Pero hoy es distinto: los hijos de ricos comerciantes, capitalistas y banqueros, se educan en gran número en Europa: es muy comun en las personas de buen tono la posesion de tres y cuatro idiomas; la buena sociedad americana tiene mucho de la buena sociedad inglesa, sin su etiqueta tirante y sin las ceremonias, empalagosas á veces, del afiligranamiento frances.
Le prueba á vd, ese refinamiento, la boga de la Ristori y de actores de su mérito. La Aimée ha hecho en los Estados-Unidos una cuantiosa fortuna.
Las ediciones americanas pueden competir con las primeras del mundo, y sus delicadísimos grabados suponen artistas de primer órden.
Hay multitud de particulares que tienen galerías espléndidas en que se pueden seguir los progresos del arte moderno.
—Yo daré á vd., dijo otro de los amigos, algunas apuntaciones sobre bellas artes, y por ahora me reduciré á hacerle notar que algunos viajeros especuladores pintan al yankee, como lo hacen, por la misma razon que nos pintan á los mexicanos bailando con sombrero jarano y espuelas, y á las damas con su rebozo terciado y su cigarrillo en la boca. Si nos pintaran de una manera comun, nadie compraria sus obras.
El Sr. Gutierrez, que es muy diestro y caballeroso para hacer los honores de anfitrion, dió otro giro á la conversacion, y abriéndose nuevos horizontes, volaron á ellos como parvadas de aves regocijadas nuestros pensamientos.
Como memoria de aquel delicioso convite, dejé á Jacinto Gutierrez el siguiente recuerdo de mi gratitud:
A JACINTO GUTIERREZ Y COLL.
A mí tú, inspiracion, á mí que ardiente A tu ala de relámpago confiado, Tendí en la tempestad soberbio el vuelo, Y á la region etérea remontado, Cruzando el firmamento de la gloria, Olvidé el fango del mundano suelo. Angel de inspiracion, cuando tu cauda Se agita en el espacio, se alza en olas De ópalo y grana el esplendor del dia, Estalla el viento en himnos de esperanza, Sobre la tierra llueven flores bellas Y señalan la senda que recorres Cuando llega la sombra, las estrellas. Van dejando tus cantos deliciosos, Como estela de fuego en el vacío, Como el manto de púrpura esplendente Que cuelga el sol del cielo de Occidente, Y reproduce en su cristal el rio. Y así elevado y con la frente erguida, ¡Oh juventud! te estrecharé en mi seno, Miéntras retumba amenazante el trueno En el mar tempestuoso de mi vida. Y así elevado en ráfagas de acentos Que estallan del volcan de mi ternura, Volarán, perfumándose los vientos, Con mis himnos de amor y de ventura. Aguila jóven, tú desde tu altura Herida viste en la caduca rama Al ave sin su sombra y sin su nido, Que en vez de canto armónico exhalaba Doloroso gemido. ¿Nave ligera, el vuelo detuviste Orlada de tus lindas banderolas, Para amparar amante al barco triste Que se va hundiendo náufrago en las olas? Ave de dulce canto, ¿Por qué dejas tus mágicos pensiles? ¿Por qué del lago el delicioso encanto Y su faz sosegada y cristalina, Para trinar entre la ingrata yerba Que surge entre las grietas de la ruina? ¿Por qué, poeta, al trovador errante, Al que tiene en la planta vivas llagas De atravesar desiertos y malezas, Le ofreces esplendores, Le circuyes de amigos y ternezas, Le coronas de lauros y de flores?.... ¿No ves tú que los lauros y las rosas Se secan con mi llanto? ¿tú no sabes Que cuando no halla abrojos mi camino Teme abismos mi bárbaro destino?.... ¿No sabes que ese vino que levanta Tu copa trasparente entre sollozos, Va á pasar calcinando mi garganta?.... ¿Qué no conoces que si rasgo el velo Con que cubro mis ansias, como noche Va á sepultarnos mi tremendo duelo?.... Ven á mi corazon.... posa tu frente Sobre mi pecho.... invoca de tu padre En quien adoras.... santa la memoria, Y á las altas virtudes y al renombre Entre mis brazos te ungirá la gloria. Guillermo Prieto. Nueva-York.—Julio 20 de 1877.
XV
Bellas artes.—Literatura.
Ahora sí me puedo dar gusto elogiando un capítulo de mi obra; ahora sí que entré en esa fácil gloria de los que hacen recopilaciones, índices y cuadros sinópticos que arden en un candil y procuran reputaciones colosales.
Esto de las bellas artes me traia desasosegado; por una parte, decia yo, sigamos la corriente y digamos, haciendo coro con todos los viajeros, que estos hombres no son para la inspiracion y para el buen gusto; citemos esos muñecos que son delicia de muchos, con sus colores rechinantes y sus oropeles; pongamos en espectáculo esas rocas formadas de trozos de jamon y esos mares cuyas olas parecen de algodon escarmenado; con esto lisonjearemos á los que rabian de ver la prosperidad de estas gentes, y se realza indirectamente nuestra reputacion de patriotas, pues se deja entender que para nosotros hay algo de muy superior en nuestra tierra. Pero no dejaba de escocerme recordar que en cada pueblo habia visto una academia de música ó dibujo, y las muy cuantiosas sumas dedicadas al cultivo de las artes, ya por el Gobierno, ya por los particulares. Además, en los grandes salones, en los teatros, en algun museo, habia visto obras de verdadero mérito, y no me parecia lícito cerrar los ojos á la evidencia, para adular servilmente una preocupacion por extendida que estuviese.
Revolviendo tales dudas en mi cabeza, consulté con mi amigo el Sr. Lic. D. Ignacio Mariscal, que aunque no ha hecho estudio detenido sobre la materia, ajena á su actual encargo y posicion, es persona de excelente criterio, de clarísimos talentos y de muchísimos más conocimientos que yo de los Estados-Unidos.
Es de advertir que promoví conversacion á mi amigo, á quema ropa, en medio de la calle, sin que tuviese á mano modo de rectificar sus opiniones; sin embargo de aquel asalto, y conservando en mi memoria letra á letra sus palabras, hice las siguientes apuntaciones, que espero no encontrará adulteradas su autor, y que verán sin duda con muchísimo gusto mis lectores:
"No están las bellas artes en los Estados-Unidos tan adelantadas como las artes útiles, que constituyen la industria; y, ni en número, ni en calidad, pueden todavía compararse los artistas americanos con los que hay en algunas naciones de Europa. Tampoco existen en ese país las grandes colecciones públicas de objetos artísticos formadas por el trascurso de los siglos y las rapiñas de los conquistadores. Sin embargo, se exagera mucho al hablar del atraso de los yankees en este ramo, y á la verdad en él tambien han hecho progresos considerables, si bien no guardan proporcion con sus adelantos de otro género. Para convencerse de ello, sin necesidad de haberlo visto, basta reflexionar en el íntimo contacto que guarda ese pueblo con la Europa, de donde recibe una contínua emigracion que á veces comprende artistas é individuos de una especial cultura, y en que la costumbre de sus ricos de viajar por el viejo mundo trayendo á sus hogares cuadros, estatuas, etc., es preciso que desarrolle el arte en aquel pueblo, más allá de lo posible en naciones comparativamente aisladas. De algunos años á esta parte, es asombroso el número de americanos que van anualmente á Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, y aun España, con el fin, entre otros, de estudiar sus tesoros artísticos. Durante el verano, suman estos turistas de cincuenta á sesenta mil, muchos de los cuales consignan sus observaciones en viajes y aun obras didácticas, que popularizan las nociones sobre bellas artes. Otros dan disertaciones (lutaces), para las que nunca falta auditorio.
"Estos hechos y el de que las pinturas, esculturas, etc., con tal que lleven el nombre de un artista célebre, encuentran siempre mercado entre los americanos de fortuna, notables por su lujo y ostentacion, han producido un estímulo en favor de aquellas artes que inevitablemente las hace adelantar. Lo mismo sucede con la música y el canto, por la concurrencia de artistas extranjeros, que, si tienen algun mérito, nunca dejan de hacer allí su negocio. Aun cuando fuera cierto que la raza anglo-sajona no descuella por su gusto é invencion estéticos, ¿puede decirse otro tanto de la alemana y de otras que allí abundan? No; el arte en general tiene en los Estados-Unidos admiradores de todas las razas, no le faltan hábiles adeptos, y cuenta, sobre todo, con gran número de gente que puede y sabe pagarlo; condicion prosaica, pero indispensable para su desarrollo.
"No han faltado ni faltan notabilidades artísticas de aquel país. En escultura puede citarse, entre otros, á Powers, autor de la Esclava Griega y otras estatuas elogiadas por los inteligentes. Hay una jóven escultora, cuyas obras ya tienen celebridad: se llama Miss Minnie Ream. En pintura, lo que más ha progresado es el paisaje, y en él se distinguen hoy Bieritadt y Church, que compiten con lo mejor que en el ramo produce la Europa. En música ha habido compositores de mediano mérito y cantatrices de talento extraordinario, como Adelina Patti, que aunque de raza italiana, es nacida y criada en los Estados-Unidos, de padres allí naturalizados. Existen otras muchas de dotes bastante apreciables, como la Kellogg, la Cary, las Natali, etc. Músicos hay excelentes y orquestas de primer órden, como la de Thomas, que ha hecho popular la música clásica alemana. En Nueva-York y en Boston se ha dado con buen éxito la famosa trilogia de Wagner "Der Niebelungen," que solo pudo darse en Bayrenth bajo la direccion del autor y el patrocinio del rey de Baviera.

VIAJE DE FIDEL LIT. H. IRIARTE, MEXICO Vista N. del Cementerio. DE GREN-WOOD.
"El arte dramático está bastante adelantado; y en las grandes ciudades de los Estados-Unidos se suelen representar piezas tomadas del frances, con una propiedad y lujo escénico comparables á los que se observan en Paris. Los dramas de Shakespeare se representan á veces con mucho esmero y magnificencia. Ha habido y hay actores de mérito, reconocidos tanto allí como en Inglaterra, por ejemplo Torrest, los dos Booth, Jefferson, Miss Cuthman, Wallark, Maggie Mitchel y otros varios, la mayoría de los cuales se ha enriquecido en el ejercicio de su profesion. Nunca faltan público, aplausos y oro para los buenos actores nacionales ó extranjeros. Entre estos últimos, la Rachel, la Ristori, Salvini y aun la Aimée, han hecho bastante dinero en aquel país.
"No hay, segun he dicho, grandes conservatorios ni galerías como los de Europa, que se sostienen con fondos del Estado; pero en ninguna de las principales ciudades deja de haber una escuela de dibujo, y en Nueva-York, por ejemplo, á más del Instituto de Cooper, donde se enseña ese arte á los pobres, se conoce la Academia de dibujo en la Cuarta Avenida y calle 23, conteniendo una coleccion, que diariamente se enriquece, de cuadros, mármoles y yesos. Tambien el Museo Metropolitano de Arte ocupa un edificio en la calle 14, con pinturas antiguas, estatuaria, porcelana, armas, medallas, etc. Se acaba de abrir en la Quinta Avenida, más allá de la calle 59, una institucion más avanzada para la pintura, con una escogida galería, siendo todo, incluso el edificio, obra de la munificencia de un particular, Mr. Lenox, que en esa forma ha regalado al público varios cientos de miles de pesos. Lo mismo ha hecho en Washington el banquero Corcoran, que ha establecido en la capital una galería de algun mérito, dotándola para que pueda ir en aumento. Allí está uno de los originales de la Esclava Griega de Powers. Son, sin embargo, todavía superiores las colecciones privadas, entre las que sobresalen en Nueva-York la de Stewart, que contiene buenos cuadros de Messonier y otros de la escuela francesa, habiendo costado uno solo de ellos hasta sesenta mil pesos; la de Marshall O. Roberts con magníficos paisajes; y la de Jerome con producciones de los mejores artistas que hoy tiene Europa.
"Suelen hacerse remates de cuadros de algunos ricos, vendiéndose á precios muy elevados; y hubo recientemente uno en que se remataron cincuenta cuadros pequeños, por más de doscientos mil pesos. Esto dará una idea del gusto desarrollado entre aquella gente por todo lo que pertenece al arte, gusto que existe ya aun con las extravagancias que caracterizan al virtuoso del antiguo mundo."
En cuanto á literatura y ciencias, tuve un procedimiento semejante con Néstor Ponce de Leon, mi amigo finísimo, cumplido caballero y hombre cuyos claros talentos é instruccion, solo pueden ser comparables á su modestia y bondad.
Franco, listo, abierto, parlanchin y sincero en el trato familiar; sesudo, escrupuloso é integérrimo en los negocios.
En su despacho, es el hombre del negocio; en su casa, el tiernísimo padre de familia á nuestra usanza.
Ponce de Leon, originario de Cuba, es eminente abogado; pero no pudiendo ó no queriendo estar en el extranjero mano sobre mano, botó en un abrir y cerrar de ojos el casacon del lejista, se remangó las mangas de la camisa y se hizo impresor, despues fué librero. Relacionóse con literatos eminentes, estudió con asiduidad, escribió libros preciosos sobre educacion, creó El Educador Popular, periódico que por sí solo es un título de gloria para sus autores, y á fuerza de trabajo, de constancia y de honradez, conquistó un lugar distinguido entre la gente de ciencia y valer de los Estados-Unidos.
Su despacho y librería, situados en Broadway, números 30 y 32, es el cuartel general de todo bicho que habla el idioma de Cervantes.
Allí hay una especie de servicio grátis de noticias, encargos, depósitos é impertinencias: allí está sobre el tapete la cuestion de Cuba y las embestidas á México; allí la América del Centro improvisa arengas que arden en un candil; allí la madre España se acuerda de sus dorados tiempos, y el yankee se humaniza al punto de soltar una que otra interjeccion muy española, á la vez que alguna anciana de Sonora ó Sinaloa, penetra al despacho en busca de un "Padre Jaen" ó un "Ramillete de Divinas Flores," como pudiera hacerlo en la casa de Aguilar y Ortiz ó de Abadiano.
Abordé á Néstor pidiéndole apuntaciones sobre literatura; y al siguiente dia me presentó un haz de papeles amarillos, que coordiné con mil trabajos, y contiene lo que van á leer mis favorecedores.
Es de advertir que el trabajo de mi amigo, tal como se percibe al correr de la pluma y bajo cierta capa de frivolidad, ha merecido ventajosas calificaciones de literatos muy versados en las letras norte-americanas, y que aunque dice Ponce de Leon que lo más importante de sus apuntaciones lo ha tomado de una publicacion americana, ha expendido mucho de su propia cosecha, que revela el alto mérito de mi amigo.
¿Ya ven vdes. todo esto? Pues para probar que nada hay más atrevido que la ignorancia, con el mayor desembarazo del mundo, he hecho algunas ampliaciones á las observaciones de mi amigo, agregando referencias que pudieran interesar á México. Basta de exordio: hable vd. al fin, querido Néstor, que ya le sabrá la boca á medalla.
El interesado, despues de dar como diez fumadas seguidas á su puro, hasta envolverse en una espesa nube, leyó:
"La literatura americana puede considerarse dividida en tres períodos:
"1. Período colonial.
"2. Primer período americano.
"3. Período de desarrollo.
PRIMER PERIODO.
"Los hombres más notables de este período son Jonathan Edwards, teólogo, moralista y filósofo de gran mérito: su obra más importante es el "Tratado sobre el libre albedrío."
"Cadwallader Colden, historiador, y
"Benjamin Franklin, moralista, hombre de Estado y literato distinguido, sobre cuyo mérito creo inútil decir nada, pues vd. le conoce mejor que yo: además fué un gran físico é inventó el pararrayos.
Nota curiosa.—Franklin fué impresor: quedan pocos ejemplares de los libros impresos por él, y es tal el fanatismo de este pueblo por la gloria de Franklin, que he visto vender sus almanaques originales en 60 y 80 pesos, en pública subasta.
SEGUNDO PERIODO—1770 á 1820.
HOMBRES DE ESTADO.
"Washington: sus obras, escritas en un estilo clarísimo y elegante, demuestran sus muchos conocimientos y su aptitud literaria: sus papeles de Estado y sus cartas son interesantísimas.
"Jefferson, autor del Acta de independencia: escritor concienzudo, su estilo es muy severo y conciso: su otra obra importante es "Notas sobre Virginia."
"Adams, John, autor de una excelente Defensa de la Constitucion, obra que fué de gran importancia en su época. Estos tres fueron presidentes de los Estados-Unidos.
"Hamilton, Alejandro, la capacidad más notable de aquella época, director del Federalista, en el cual lo ayudaron Madison y Jay, ambos distinguidísimos escritores, estadistas y autores de pequeñas obras históricas.
"John Marshall, amigo personal de Washington, gran jurisconsulto, presidente durante treinta y cinco años de la Corte Suprema de los Estados-Unidos y autor de una excelente "Vida de Washington."
"Además, como estadistas notables y distinguidos oradores se pueden elegir, entre otros, muchos de los de la época revolucionaria y tiempos cercanos á ella: Warren, Patrick, Henry Butledge, Otis, John Quincy Adams, etc.
"Poetas, ninguno hay de gran mérito: los más notables son Phillip Trevean, el poeta de la revolucion, en cuya época sus obras fueron muy celebradas, Trumbull y Barlow.
EN OTROS RAMOS.
"Sindley Murray, autor de una gramática que aun hoy es texto en Inglaterra y los Estados-Unidos.
"Brockden, el primer americano que escribió novelas.
"Ramsay (David), historiador de mérito: escribió la "Vida de Washington" y algunas obras sobre la guerra de la independencia.
"Wist, autor de una excelente biografía de Patrick Henry.
"Pick, viajero célebre que con el capitan Lerris hizo una expedicion por todo el valle del Mississippí hasta Oregon, y publicó sus viajes.
TERCER PERIODO—1820 en adelante.
"En este período, la literatura americana se emancipa y toma su carácter propio.
HOMBRES DE ESTADO.
"Daniel Webster Todos estos han sido grandes oradores, y vd. conoce demasiado bien la historia política de este país, para que yo pueda decirle nada nuevo acerca de ellos.
"Henry Clay.
"John Calhoun.
"Williams Mary.
"William H. Seward.
"Edward Everet.
"Stephen Douglas.
"Lerris Cass.
"John Randolph.
"Charles Sumner.
"Wendell Philips.
"Thomas Benton.
"Abraham Lincoln. Seria curioso hacer un paralelo entre estos dos hombres, el primero poco ilustrado pero de gran capacidad, rectitud y lealtad; y el segundo gran estadista, pero zorro de cuenta.
"Jefferson Davis.
POETAS.
"El primero, en mi opinion, es su amigo William C. Bryant, cuyas obras conoce vd. mejor que yo; así, paso á otro.
"Richard H. Dana, poeta filosófico y descriptivo de mucho mérito, además jurisconsulto anotador del derecho internacional de Wheaton.
"Fitz Greene Halleck, cuyo poema Márcos Botzaris y otros tres ó cuatro, le valdrian la inmortalidad á que sus otras muchas obras no le hacen merecedor.
"Henry W. Longfellow, considerado por muchos el primer poeta americano: no me gusta porque le falta pasion; y para mí, la poesía fria, por muy artística que sea, es un huevo sin sal. Pero como poeta descriptivo es excelente, y como traductor no tiene rival.
"James Russell Lowell, poeta filósofo de gran imaginacion; además es un humanista de primer órden. Es ahora ministro en España.
"Emerson (Ralph Waldo), poeta filosófico profundísimo, de admirable estilo y adorador entusiasta de la naturaleza, es además el primer filósofo americano, y no hay en lengua inglesa nada que supere á sus ensayos.
"Edgar Allan Poe, gran poeta y novelista, murió jóven; nadie ha pintado mejor que él las pasiones. Tipo semejante á Espronceda, escribió además unos cuentos que han sido traducidos al frances y al aleman y son muy celebrados.
"Además, son notables como poetas N. P. Willis, Ch. J. Hoffman, W. Allstin (pintor muy notable), J. R. Drake, O. W. Holmes, G. P. Morris, W. G. Simnis, John Wittier,[2] Joaquin Miller, autor de los "Cantos de las Sierras," muy aplaudidos en Inglaterra y que están llenos de alusiones á las costumbres mexicanas de la frontera, y otros muchos más que creo excusado mencionar para su objeto.
[2] Wittier es autor de una hermosa poesía titulada "Los Angeles de Buenavista," en que elogia la conducta de las mujeres mexicanas con los heridos en esa batalla.
"Como aquí está tan adelantada la educacion del bello sexo, hay un gran número de distinguidas poetisas: las más notables son Miss Osgood, Miss Welby, Miss Howe, Grace Greenwood, las dos hermanas Cary y Mary Townsed. Tienen bastante bueno, pero la poesía femenina no me seduce.
HISTORIA.—GEOGRAFIA.—VIAJES.
Aunque vd. sea demasiado severo con los yankees, más que yo con la poesía femenina, en historiadores tendrá vd. que hacerles justicia. Gracias á ellos sabemos algo de nuestra patria comun, la América ex-española:
La historia de los Estados-Unidos, la ha escrito con gran talento, belleza y crítica, George Bancroft: ha publicado ya diez tomos que llegan á 1774. Por demasiado prolijo suele ser cansado. Lo da á entender su extension cuando aun no llega á la época moderna.
Tambien han escrito buenas historias de los Estados-Unidos, Spencer, Hildereth, y Bensen Lossing.
"George Tiknor ha escrito la "Historia de la Literatura española," que, traducida por Gayangos, sirve de texto de enseñanza en España.
"Washington Irving, autor de la mejor "Vida de Washington." Sobre estos dos nada le digo, pues los conoce mejor que yo.
"Prescott.
"John Lothrop Motley, que acaba de morir, ha escrito dos historias de los Países Bajos y de sus revoluciones, obras de gran mérito: no conozco escritor de más ciencia, conciencia y paciencia, tres éncias no fáciles de hallar juntas: su estilo peca de severo, y á veces es árido, pero clarísimo, y su obra es un modelo de imparcialidad. A veces, al leer la primera de sus obras, me parece estar leyendo lo que, pasa actualmente en mi tierra; cosa que me demuestra que, aunque el mundo marcha, España lo hace demasiado lentamente.
"Pouke Godrin, autor de una buena Historia de Francia.
"Fenimore Cooper.—" Historia naval de los Estados-Unidos."
"Schoolcraft, Bradford, Catlin y otro Bancroft, han escrito excelentes obras sobre los indios norte-americanos, su historia, costumbres y antigüedades.
"Goodrich (S. G.) ha escrito una bastante buena historia Universal, y, con el nombre de Peter Parley, setenta y cinco pequeñas obras históricas para niños. A él se debe la reforma de los textos de las escuelas, pues fué el que los hizo ilustrados, haciendo divertida la enseñanza.
"James Parton es un historiador de gran mérito, cuyas biografías pueden citarse al lado de las mejores.
"Jared Sparks es otro biógrafo, más distinguido por su conciencia é imparcialidad, que por su estilo, que es algo árido y cansado.
"El célebre teniente Kane escribió relaciones admirables de sus viajes al Polo.
"Stephens y Squier han escrito bellísimos libros sobre las Repúblicas de Centro-América y el Perú; Wilkes (el almirante), una buena historia de la expedicion exploradora americana al Polo Sur; Lynch, la exploracion del Mar Muerto; Perry el viaje al Japon; Bartlett, las exploraciones de Tejas y Nuevo-México; Fremont, las de California y todo el interior del país; Heindon, las del Valle del Amazonas; Page, el valle del rio La Plata; Bayard Taylor, veinte ó treinta obras de viajes por todo el mundo, escritos con la mayor gracia y á cual más interesantes; Norman, ciudades arruinadas de Yucatan; Dana, viajes; Hayes, viajes al Polo Norte, y muchos otros más de ménos importancia.
NOVELISTAS.
"Fenimore Cooper y Washington Irving no necesitan carta de recomendacion para vd. Tampoco Mrs. Beecher Stowe, la autora de la "Choza del Tio Tomás," y hermana del gran orador Beecher, que es tan apasionado á faldas como cualquier otro prójimo, segun malas lenguas dicen.
"Son además muy notables Hawthorne, el autor de "The Scarlet letter," y de muchas otras novelas traducidas á todos los idiomas hablados por los séres racionales (¡hasta el español!); Poe, N. G. Simms y otros.
FILOSOFIA.—TEOLOGIA.—JURISPRUDENCIA.—ECONOMIA.—PEDAGOGIA.
"Filósofos notables solo hay Emerson, gran pensador, original en todas sus ideas y cuyo lenguaje es admirable; Channing, que, lo mismo que el anterior, ha sido traducido al aleman, frances é italiano, y Jappan, autor del "Libre Albedrío."
"En la Iglesia son notables como grandes oradores, entre los muertos Jappan, Robinson y Baines, y entre los que aun andan por este valle de lágrimas, consolándose con sueldos de 20 á 60,000 pesos anuales, Chapin, Hipworth, Tyng y Henry Ward Beecher, á quien, por mucho que le gusten las faldas, nadie podrá quitarle ser el primer orador y el hombre más simpático de toda la América inglesa.
"Fuera de la Iglesia cristiana (de modo que no se salva), hay un gran orador sagrado, el Dr. Frothingham, predicador de la Iglesia unitaria, que, como vd. y yo, admite á Dios sin meterse á explicarlo, no admite revelacion alguna y cree que basta al hombre cumplir sus deberes para salvarse. Predica todos los domingos en el Templo Masónico, y son tan notables sus discursos, que El Herald da un extracto de ellos todos los lúnes.
"En jurisprudencia están los americanos tan adelantados como en historia. Los nombres de Kent, Wheaton, Story y Livingston, ya muertos, honrarian á cualquier nacion. Además, son notables Bouvier, Brice y otros.
"En educacion, puede citarse á Horacio Mann Calkins, Wickersham, Sheldon y otros infinitos á quienes debe este país, más que á todos los demás, sus prodigiosos adelantos.
"En economía política están los americanos á la cola: aquí solo ha habido dos ó tres que merezcan el nombre de economistas: Carey, Perry y Horacio Greeley: ya vd. los conoce.
PERIODISTAS.
"Raro es el político que no haya sido periodista: entre los grandes nombres del periodismo puede vd. citar Legaré, Raymond, Richardson, Manton Marble, Bennett, Greeley, Bryant, Dana, etc., etc.
"Las revistas literarias son tan grandes en número, como las estrellas en el cielo, y son distinguidos, todos los ya enumerados como historiadores, muchos de los literatos y estadistas, y además Holland, Putnam, etc. Hay Revista mensual, como la de Harper, que imprime 200,000 ejemplares de cada número!
DICCIONARIOS, ENCICLOPEDIAS, ETC.
"El mejor diccionario de la lengua inglesa es el del Dr. Noah Webster, que vd. conoce.
"Hay buenas enciclopedias generales, unas calcadas sobre las inglesas, otras sobre las alemanas; es decir, más científicas, históricas y prácticas que literarias. Las dos mejores son las publicadas por Appleton y por Johnson.
"El mejor diccionario bibliográfico inglés y americano es el publicado por Allibone: tres enormes volúmenes con las biografías, bibliografías y juicios críticos de todos los autores.
"Griswold ha publicado muchas colecciones de obras escogidas de autores americanos. Lo mismo Dana y Bryant.
"Hay una excelente Enciclopedia de la literatura americana publicada por Dunkirk, con biografías, retratos, etc.: la enseñé á vd. en mi oficina y le aconsejé la examinase; pero, como vd. hace lo que le da la gana, no me hizo caso: le advierto, para su gobierno, que cuanto aquí le digo que algo valga, es tomado de ella.
CIENCIAS NATURALES.
"Como esta gente es tan práctica, si no tienen poetas que canten sus glorias (no es pulla) tienen hombres grandes que sepan abrir y desarrollar todas las fuentes de sus riquezas: á Franklin y sus pararrayos siguen, Fulton aplicando el vapor á la navegacion, y Morse la electricidad á las comunicaciones. Estos tres hombres bastarian; pero hay muchos que agregar.
"Bowitch, autor del comentario de la mecánica celeste de la Place y del "Tratado de navegacion," que por ordenanza se usa en las marinas de guerra y mercante de los Estados-Unidos é Inglaterra.
"Youmans, Henry Hare, Silliman, Hunt, Maury, Mitchell, Loomis, Peters, Dana, Olmstead, Bache, Ferguson, Goodrich, Gray, etc., son distinguidísimos por sus obras y descubrimientos; unos como geólogos, otros como naturalistas, como químicos, como astrónomos, etc.
MEDICINA Y CIRUJIA.
"Morton, Mott y Glidden, Parker, Wood, Casnoshan, Hammond, Sanger, escritores sobre anatomía comparada, cirujía en general, cirujía militar, régimen de hospitales, prostitucion, etc., é inventores de muchos aparatos y operaciones importantes.
"Elliot, Lee, Simms, Thomas, Metcalf, Chapman, Williams Flint (padre é hijo), y otros grandes médicos han publicado célebres obras de medicina.
"El arte del dentista está más adelantado en los Estados-Unidos que en todos los demás países.
"En mecánica y manufacturas ha habido muchos hombres notables; pero como poco se me alcanza de esto, dejo la pluma sin meterme en honduras, y me voy á dormir, dando gracias á Dios por haber acabado."
Para complemento de este capítulo, copiamos en seguida varias lindísimas composiciones de poetas muy notables, que tienen, á más de su mérito, la recomendacion de estar admirablemente traducidas por nuestros amigos los Sres. D. Pedro Santacilia, y Lic. D. Ignacio Mariscal:
EL PRESENTIMIENTO. (TRADUCCION DE BRYANT). (Santacilia).
"—Huyamos, padre mio, la tormenta En alas viene ya del aquilon, Y las cárdenas nubes se amontonan Robándonos la luz del claro sol; El ave busca su pajizo nido Entonando tristísima cancion, Y al tranquilo redil tímido corre El ganado seguido del pastor." "—Nada temas, aguárdate un instante, Que la tormenta pasará veloz: Verás cual ántes azulado el cielo, Cual ántes bella mirarás la flor." Pero el niño lloraba y le decia: "—Padre mio, marchémonos, por Dios, Que á la luz del relámpago descubro Monstruos horribles que me dan pavor.—" El padre quiere hablar.... en la garganta Siente que muere sin salir su voz, Y al estampido horrísono del trueno Ve descender el rayo aterrador. Al niño tiende la convulsa mano Y le busca, y le llama en su afliccion.... Mas todo en vano, porque el niño ha muerto Y solo su cadáver encontró.
MI VIDA. (TRADUCCION DE WILDE). (Santacilia.)
"My life is like the summer rose." —— Es mi vida la vida de la rosa Que sus pétalos abre en la mañana, Y que al tocar las sombras de la noche Se arrastra por el suelo deshojada; Mas sobre el lecho de la flor humilde El rocío sus lágrimas derrama, Y nadie habrá que enternecido vierta Al contemplar mis penas una lágrima. Es mi vida cual hoja del otoño Que á la luna miramos en la rama Un momento lucir, y que marchita Perece por el cierzo arrebatada; Pero el árbol lamenta su infortunio, Suspira triste al recordarlo el aura, Y nadie habrá que suspirando triste Recuerde compasivo mis desgracias. Es mi vida la huella que á su paso Deja el ligero pié sobre la playa: Tan pronto como sube la marea La huella desparece entre las aguas; Pero el océano gime cuando borra La huella que en la arena se estampaba, Y nadie habrá que dolorido gima Al contemplar mi tumba solitaria.
LA TARDE DE FEBRERO. (Traduccion de Longfellow.) (Santacilia.)
"The day is ending, The night is descending.
I Ya va terminando el dia, Se acerca la noche oscura Y está helado y no murmura El arroyo de cristal: Entre cenicientas nubes, Con sus últimos reflejos, Aun manda el sol desde léjos Su tibia luz al lugar. II La nieve va sepultando La cerca de la alquería, Y ya la cerca no guía En su camino al pastor; Y allá cual vision siniestra Se ve bajando del cerro A paso lento un entierro Que entristece el corazon. III Suena la humilde campana Del rústico campanario, Y su clamor funerario Llena el alma de dolor; Y en mi pecho cada golpe De la campana de muerte Halla un eco que convierte En tumba mi corazon.
LA HIJA DEL CACIQUE. (TRADUCCION DE GEORGE P. MORRIS). (Santacilia.)
I Queda despues del combate Un solo guerrero vivo, Y está el guerrero cautivo Y pronto habrá de morir. Ya la algazara se escucha De la tribu enfurecida Que pide á gritos la vida Del prisionero infeliz. II Uno entre tantos salvajes A los otros se adelanta, Y ya la clava levanta Sobre el vencido campeon, Cuando su brazo detiene La mano de una doncella, Tan resuelta como bella, Que dice:—"Padre, perdon.—" III Es la hija del cacique Que allí manda cual monarca, La perla de la comarca, La adoracion del país. "—Basta ya de sangre—dice Con acento dolorido— "Respetemos al vencido Que no puede combatir.—" IV Es generoso el cacique Porque es valiente guerrero, Y manda que al prisionero Le vuelvan su libertad. Así en las horas de angustia, El árbitro del destino Coloca en nuestro camino El ángel de la piedad.
EL CUERVO. A MI AMIGO PEDRO SANTACILIA. (Mariscal.)
Reina la media noche: calma fúnebre Se tiende en pos del recio temporal: Cansado al fin de recorrer volúmenes De mi estancia en la triste soledad, Al sueño me rendia, cuando súbito Un sonido me viene á despertar. "Alguien está llamando en el vestíbulo: ¡Importuna visita!" exclamo. "¡Bah! Será un nécio que venga con farándulas, Un nécio y nada más!" Pasado ya el turbion, en ayes lúgubres De léjos se oye al viento suspirar: Sobre el tapiz imágenes fantásticas Arroja la luz trémula del gas: Vanamente en los libros un narcótico A mi acerbo dolor pensé encontrar, Que hasta mi sueño acibaró la pérdida De esa adorada, angélica beldad, Que al cielo para siempre huyó, dejándome Tormento y nada más. Meditando seguí: el rumor del céfiro Las cortinas de seda al agitar Me hacia estremecer, y un terror pánico Me tenia clavado en mi sitial, Repitiendo con aire incierto, estúpido, Sin dominar por ello mi ansiedad, Sin dar yo mismo á mis palabras crédito: "Es álguien que me viene á visitar Y tocó suavemente en el vestíbulo: Eso es, eso es no más." De repente sentí llenarme de ánimo, Y esforzando el acento más y más, "Caballero ó señora," grité impávido, "Allá voy: usted ha de dispensar: Es el caso que estaba ya durmiéndome Cuando de su venida la señal Confusa y débil resonó en mi tímpano: Fué tan suave que vd. comprenderá.... Allá voy." Y la puerta abrí con ímpetu: ¡Tinieblas, nada más! Largo tiempo miré el espacio lóbrego, Receloso, temblando al comenzar, Absorto al fin en sueño atrevidísimo, Cual nunca lo soñara otro mortal. Reinaba hondo silencio por los ámbitos Del universo en calma sepulcral: Solo mi voz lo interrumpió, ¡Felícitas! Gritando en la vacía inmensidad, Do un eco flébil repitió ¡Felícitas! Un eco y nada más. A mi estancia volví cual ciego autómata, Con solo un movimiento maquinal, Y al punto á sonar vuelve toque ríspido Que su orígen trazó con claridad. "Vaya, vaya," exclamé, "no en el vestíbulo; Por la ventana alguno quiere entrar. Veamos, que no tocan los espíritus De ese modo: el misterio penetrar Es preciso; de espantos ya dejémonos; Será el viento no más." En esto á la ventana llego rápido, Y de golpe la abrí de par en par. A poco revolando entró en mí cámara Negro cuervo de aspecto funeral, Y sin más ceremonia ni preámbulo Que un vuelo silencioso, circular, Sobre un busto de Pálas, grave, tétrico, Paróse en filosófico ademan: Posado allí quedó con aire estólido, Posado y nada más. Tan sério continente en aquel pájaro Parecióme fingida gravedad, Y su actitud á risa provocándome, Así con desenfado empezé á hablar: "Por tu calva y tu gusto mitológico Te reconozco al fin, ave infernal: Cuervo más viejo que Saturno, prófugo Del reino de la noche, dime ya ¿Cuál es tu nombre en la region Plutónica?" Y él respondió "Jamás." A tan clara respuesta quedé atónito De un cuervo no pudiéndola esperar, Si bien al pronto parecióme bárbara, Sin sentido ó sin mucha urbanidad; Pues en verdad no pudo figurárseme Que un adverbio de tiempo y nada más Bastara á contestarme, ó que el ridículo Avechucho que hiciera pedestal Del sacro busto de una diosa olímpica, Se nombrara Jamás. En tanto el cuervo, taciturno, tétrico, Quedó sin otro acento articular, Cual si el que lo animaba negro espíritu En un vocablo comprendiera ya. Ni un movimiento en su plumaje de ébano, Ni un rumor descubria al animal; Hasta que dije con acento lánguido: "Lo haré mi amigo y pronto volará; Me dejará cual me dejaron pérfidos...." El prorrumpió: "Jamás." Asustado al oir tan pronta réplica, Que ya no pareció casualidad, "Tal vez (dije) la ciencia de este pájaro Tiene esa voz por único caudal, Y la aprendió de un loco ó de una víctima Del infortunio.... ¡Mísero! trovar Quizá no pudo su cancion monótona Sin esa muletilla, y por final De cada estrofa recalcó fatídico Ese jamás, jamás." Así pensé, y el misterioso cárabo Volvió mi fantasía á recrear, Y á contemplar me puse busto y pájaro, Tendido muellemente en un divan, Imaginando en posicion tan cómoda Cuanto pudo la mente cavilar, Sin penetrar en el sentido místico (Ni siquiera entendí el gramatical) Que daba á su graznido el ave exótica Al repetir jamás. En medio aquel delirio ni una sílaba Dejaba yo á mis labios escapar; Miraba al cuervo y su mirar flamígero Convertia mi mente en un volcan. Débil, exhausto, mi cabeza lánguida Reclinaba en la pluma del sofá, Y á su contacto mi cerebro mórbido Evocaba una imágen celestial.— En vano; ya el divan su forma angélica No ha de oprimir jamás. Mas al punto un aroma preciosísimo De incienso, comenzóme á circundar, Y el eco me arrulló de blanda música Que ahuyentaba del seno todo afan. "Desdichado," clamé, "el Señor benéfico Te envía con sus ángeles la paz: Apura, apura el delicioso bálsamo, Y cese tan contínuo lamentar; Olvida para siempre á tu Felícitas...." Gritó el cuervo: "Jamás." "Profeta de dolor, inmundo oráculo, Ministro aterrador de Satanás, Ora te envíe Belcebú del Tártaro Y te arrojara aquí la tempestad Para engañarme con falaz pronóstico, O el destino infalible revelar, "Dime," exclamé, "por compasion á un mísero Responde: ¿tendrá término mi mal? Yo te conjuro por tu dios: respóndeme," Y él contestó "Jamás." "Profeta de dolor, inmundo oráculo, Ministro aterrador de Satanás, Por ese cielo de esplendor magnífico, Por su Dios que obedecen tierra y mar, Dime si de la tumba tras el límite, En la region de inmensa claridad, Podré ver algun dia á mi Felícitas Y absorto en su belleza virginal, A par de los querubes darle un ósculo...." El respondió: "Jamás." "Esta sea," grité, "la prenda única De nuestra despedida, ave infernal: Húndete pronto en el profundo báratro, Tumbos dando al furor del huracan. No dejes ni una pluma que en mi cámara Me recuerde tu horóscopo fatal. Vuela ya de ese busto y del vestíbulo; Suelta, suelta; tu garra pertinaz Mi alma rompe: retírate, retírate...." Y él contestó: "Jamás." Y desde aquella noche el cuervo lóbrego Posado allí, clavado siempre está Sobre ese busto de la diosa pálido, Que le sirve de eterno pedestal. Fiero demonio vigilando al réprobo, No aparta de mí un punto su mirar, Larga sombra arrojando, negra, fúnebre, Do muere el sol y el luminoso gas.... Ay! de esta sombra que enlutó mi espíritu ¿No he de salir?—¡Jamás! Ignacio Mariscal. Washington, Marzo 30 de 1867.
XVI
Inquietud.—Noticias de las huelgas.—El 26 de Julio.—Decision de marcha.—Mi rumbo.—Gomez del Palacio.—Su traduccion del Tasso.—El Hotel San Julien.—Historia de una monja.—Un polluelo de bromita.
Las noticias que recibia yo de México eran cada vez más alarmantes por la salud de uno de mis hijos, Manuel Guillermo, á quien tenia agobiado una peligrosa enfermedad. Las calles, las casas, el estrépito de la ciudad y las conversaciones, como que me retenian á fuerza, como que me estorbaban las miradas con que mi alma pretendia seguir la suerte deparada á mi desventurado hogar.
Sentia como llorando en mis entrañas la sangre de mi hijo; yo queria que los traficantes, los periodistas, todos me hablasen de lo que mi corazon sufria, y el natural silencio de los extraños sobre mis penas, me hacia ver como desierto la Ciudad Imperio y como fieras y verdugos á sus numerosos habitantes.
Las noticias más y más alarmantes sobre las huelgas ocupaban las prensas; las escenas de horror que se producian un dia, las relataba la prensa al dia siguiente en todos los tonos, con todos sus detalles, encargándose la litografía, el grabado y la fotografía de representar los lugares, los horrores del incendio, las fisonomías de los batalladores, la agonía de las víctimas, los grupos de mujeres y niños entre el incendio y las matanzas espantosas.
Mi resolucion para verificar mi regreso, era efectuarlo por Tejas, no solo por conocer esa parte interesantísima de los Estados-Unidos, sino por ver por mis ojos y estudiar con cuanto detenimiento me fuese posible, la cuestion de la frontera, tan comprometida, en mi juicio, y tan digna de una séria atencion.
Hice presente mi decision á mis compañeros, y Gomez del Palacio, como he repetido mil veces, inagotable en bondades para conmigo, se resolvió á acompañarme en tan costosa é incómoda travesía, sin atender á sus molestias ni á sus sacrificios pecuniarios.
Despues de incidentes dolorosos, pero de interes muy privado para mi persona, quedó resuelta la marcha para dentro de dos dias, fijando un derrotero prolongadísimo, evitando pueblos incendiados materialmente por las inquietudes del Sur.
Como á pecador abandonado, vinieron á mi mente en tropel mis culpas acerca de mis estudios sobre Nueva-York.
Me parecia, como es, que mis apuntaciones superficiales é informes, no podian dar ni remota idea de mis impresiones; que habia descuidado los datos estadísticos; en una palabra, jamás tuvo más sincero arrepentimiento de sus culpas pícaro contrito. Para reparar mi falta, pretendia, como si fuese posible, verlo todo, examinarlo todo, y me embriagaba el ruido y caia en más imperdonables divagaciones.
Aquellos mil suntuosos edificios, como que me salian al paso á decirme: "¿Cómo te has olvidado de mí, Fidelillo, que no merezco un lugar en tus recuerdos?...." y tomaba un wagon con un propósito, torcia siguiendo otro y me dejaba caer rendido en un café, ó en el asiento de un parque, ó en uno de los teatritos que conocia como la palma de mi mano.
El Hotel San Julien en que habitamos está situado en Washington place, á dos dedos de Broadway.
Es un hotel de segundo órden, pero servido con esmero á la francesa, y en que el arreglo y la limpieza extremada le comunican cierta decencia y cierto buen tono universalmente reconocidos.
El Parlor, ó sea salon de recepcion, el comedor y el despacho, están en primer término, suben cuatro escalerillas á otros tantos pisos con angostos corredores, departamentos uniformes y muebles como vaciados en un mismo molde.
Escaleras y tránsitos están perfectamente alfombrados; el aseo escrupuloso mantiene en perfecto estado el edificio y las habitaciones, y hay su pintura blanca que pudiera llamarse la toalla de Vénus de puertas y chambranas, que las mantiene en juventud perpétua.
En las noches permanecia la puerta que da á la calle accesible á todos los huéspedes.
Hay multitud de criados; pero el servicio de las habitaciones está encomendado á irlandesas, que funcionan con la más severa disciplina.
Mme. Clermont, propietaria del hotel, se consagra dia y noche al excelente arreglo de la casa.
La Sra. Clermont es de mediana estatura, muy gruesa, de moreno subido, de ancha faz, ojos negros aterciopelados, roma y gruesa nariz, abren sus alas dos grandes bucles sobre sus sienes, que acentúan enérgicamente su fisonomía.
Encargada de un departamento estaba una irlandesa, alta como el plumero de un tambor mayor, comprimida de armazon, al punto que dudo que hubiera cabido entre su pecho y espalda un pliego de papel, y tan llena de vigorosas cuerdas y tendones, que sus manos y brazos parecian diseños en relieve de multiplicadas cañerías.
Maguet era el nombre de mi cuidadora, de blanco mate, de cabello amelcochado, como de músico aleman dedicado al violonchelo, de ojos gatunos y arrebozados en espesas cejas, de boca grande y fresca, y de modales circunspectos pero expeditos, como de sacristan mayor en Juéves Santo.
Fornida como mi compadre el general Chavarría; concentrada y adusta como Mata, nuestro representante en Washington; dedicada á sus tareas con imperturbable asiduidad, como á sus máquinas Adorno, Orozco y Berra á la historia nacional y García Torres á pescar noticias para su Monitor, Maguet era, además, un tipo de honradez, de decencia y de bondad extrema.
Yo habitaba en compañía, como he dicho, de Gomez del Palacio, hombre estudioso, ordenado y limitadísimo en sus molestias á los demás.
Yo aparecia lo mismo, con la simple diferencia de ser en realidad todo lo contrario.
Maguet sondeó los caractéres de los dos huéspedes que estaban bajo su cuidado, y se supo manejar de modo que nos tenia encantados.
A Francisco se subordinaba, á mí se me imponia.
Con Francisco entraba en conversacion, ante todo porque Francisco posee el inglés. Yo, aunque para mí le hablaba perpétuamente en inglés, jamás me entendió palabra.
Mis frecuentes salidas, mi ninguna aptitud para dobleces de ropa, costuras y cuentas de lavanderas, zapateros y criados, tenia mi cuarto hecho una bola de gusto los primeros dias; la lavandera, la camisera, el zapatero, una dulcera italiana y muchachos vendedores de periódicos, armaban tertulias magníficas, y aquella libertad de comercio solia traer por consecuencias, camisas desaparecidas, zapatos nones, sombreros que cambiaban de dueño y toda la glorificacion del desbarato de un soltero.
A Maguet le daba á guardar mis escasos fondos y la encargaba de algunos pagos, porque es la misma probidad.
Luego que en las intimidades de su conciencia se persuadió que era necessario cuidarme, desparecieron como por encanto las visitas de mi cuarto, y ya no hubo debajo de la cama camisas que sacaran las mangas como pidiendo socorro, y me puso en un arreglo estupendo.
¿Queria yo salir? ¿llovia? Maguet bonitamente me quitaba el sombrero y lo hacia perdedizo.
Bufaba de coraje: Maguet ni reia ni se daba por aludida por mis señas. Era de matarla.
Cuando me veia escribiendo, con la mayor frescura me encerraba con llave, y al querer ó no, soltaba pliegos como una máquina.
Le pedia dinero, de modo que ella creyese que podia faltarme para lo preciso, y era más fácil hacer volar á un buey, más fácil oir cantar una cancioncilla andaluza á Bonifacio Gutierrez, tipo de inmutable sequedad, que conseguir un centavo.
Pero bueno, decia yo, esta mujer es mi providencia, quiero que me hable.... Soltaba alguna chanza, y aquella fisonomía de hielo nada decia. Me desesperaba....
Maguet, ya por su físico, ya por su moral, era refractaria á todo afecto, era su corazon de amianto, y no obstante, le estaba obligado por sus bondades.
Armaba cada campaña con mis estafadores, que se hundia el hotel, apechugaba como si fuera mi madre cualquier negocio que me atañia; al volver la cara, ya tenia un pantalon nuevo, ya me veia obligado á afeitarme, ya me ponia frente á frente de un sacerdote irlandés á quien le habia de dar informes de México, pero con el designio de ponerme en contacto con gente de pró.
Necesidad vital de sentir afectos, halago innato del alma cuando se relaciona con otro sér, aquellos cuidados purísimos, aunque envueltos en brusquedad, aquella solicitud, aliviaban mis penas.
Maguet me gobernaba á su antojo luego que caia bajo su dominio; y Gomez le concedia la razon siempre que estallaban mis impertinencias en los altercados.
Jamás Maguet se tomó licencias que pudiera interpretar la malicia; jamás recibió gratificacion sino de manos de Francisco.... solo cuando arregló nuestros baúles para la partida, con sus ojos inundados en lágrimas, sospechamos que aquella pobre mujer nos tenia afecto....
Seria una ingratitud indigna no consignar en mis Viajes el nombre de Maguet. Lo consigno, ¡vamos! con toda mi voluntad, y que salga el sol por Antequera.
Despues de mi última conversacion con Iglesias el 26, entré á mi cuarto, y Maguet comprendió á la primera ojeada de sus ojos de gato, que no se trataba de carbonato, ni de parche para los callos, ni de una contrariedad pasajera. Salió de la pieza, volvió con un trozo enorme de hielo, lo echó á nadar en el jarro de agua que habia constantemente en la mesita del centro del cuarto.... y desapareció....
Quise hablar á Gomez del Palacio; pero éste, para esas circunstancias críticas, tenia á mano su magnífica traduccion de la "Jerusalem," del Tasso.
No temo que la pasion por los talentos de amigo tan querido preocupen mi juicio; por el contrario, tengo una especie de remordimiento, cuando recuerdo la severidad excesiva con que le hacia notar uno que otro que me parecia defecto, severidad tanto más imperdonable en mí, cuando soy, lo confieso, temerario en materia de incorreccion.
Pero ¡qué estro tan levantado el de Francisco! ¡qué emulacion con su modelo hasta embellecerlo y superarlo! ¡qué flexibilidad de talento para seguir en sus cambiantes armonías al poeta divino! ¡qué perspicacia para percibir delicadezas que se escapan á la sensibilidad más exquisita y penetrante!
Y sin embargo, el trabajo de Francisco es de puro solaz y pasatiempo; triunfo me costaba decidirlo á que me leyese: le decidia al fin, é iba desenrollando á mis ojos enamorados la série de cuadros encantadores del gran poeta que inmortalizó al capitan valeroso que el gran sepulcro libertó de Cristo.
¡Cómo sirvió aquella lectura de bálsamo á mis penas! ¡cómo deseo que termine aquella traduccion mi amigo, para honra de las letras y para satisfaccion muy privada de mi espíritu!
Era esta lectura mi primera recreacion poética; de la segunda voy á imponer más detenidamente á mis lectores; al cabo poco tenemos que hacer y mis entregas no son coches de sitio, que corren por horas.
Están vdes. para saber y yo para mal contar, que en las vecindades de mi cuarto, y no afirmaré precisamente si en mi mismo hotel, habia una beldad misteriosa de la que todos hablaban sotto voce y que nadie conocia.
Decíase que era una gaditana espléndida, de aquellas que dieron tema á los sabios con su mirada para inventar la máquina eléctrica y el pararrayos; de aquellas que donde clavan la vista dejan una señal, como si se hubiera pegado una tea, y que producen con una sonrisa el dolor de muelas del corazon.
Pero á derechas, nadie conocia á la linda misteriosa, y esto mismo revestia de los encantos de la leyenda, cuanto se encaminaba á descubrir la incógnita.
Yo me retiraba al hotel muy noche, tanto, que al pedazo de noche en que se verificaba mi llegada, le solian poner por mal nombre las dos y las tres de la mañana.
Y á hora tan importuna y silenciosa, cuando hasta las paredes parecian dormir por lo cerrado de los párpados de las ventanas, en el cuarto de la bella se veia una chispa de luz de gas, se oia una tosecilla reprimida, hija del amago de la tísis y del insomnio, y se oia á veces el ruido entrecortado del sollozo furtivo contenido, como si él pudiera constituir una impertinente revelacion.
A pesar de que aquella luz y aquella tos nada tenian de particular, las noticias vagas de la hermosura de aquella mujer, la obstinacion con que se ocultaba á todas las miradas, el silencio que guardaba la vieja irlandesa, única persona que penetraba en el cuarto, la disposicion de mi espíritu ó lo que se quiera, me formaron una novela de amor, de lágrimas, de desesperacion y de misterio, que me tenian enajenado.
Oculté cuidadoso hasta de mi sombra mi curiosidad, que yo (sesenton bárbaro), equivocaba con la alucinacion romancesca, y me propuse entrar en relacion con aquella mujer, de cualquiera manera que fuese.
Es de advertir que el cuarto de la gaditana estaba precisamente al terminar la escalera de uno de los pisos, de suerte que cualquiera detencion se hacia notable, por tratarse de un lugar de tránsito contínuo.
Seducir á la irlandesa, era pretender lo imposible; entablar contestacion con Maguet, era buscarme un ruido; aventurar una pregunta, un peligro; fingir una equivocacion, un desaguisado, un escándalo; acudir al correo, infructuoso; hacer una publicacion alusiva en El Herald, inútil: en una palabra, no habia esperanza.
Entónces me propuse escribir cualquier cosa y fingir que mi escribiente equivocaba el cuarto y por arrojar el papel bajo mi puerta, lo arrojaba bajo la de la incógnita, poniendo al calce de la supuesta copia:—"Copia de la leyenda de la Monja, para el Sr. D. Guillermo Prieto."
De esa manera me ponia yo á cubierto en cualquiera aclaracion.
Con los vagos datos que poseia yo de una gaditana viuda, en la flor de la vida, hermosa como el lucero de la mañana y encerrada en las cuatro paredes de un hotel, en país extranjero, hice mi composicion de lugar y sembré y cultivé en mi cerebro la leyenda de la Monja.
Tenia mi leyenda como epígrafe el sublime pensamiento de Santa Teresa, que dice: Compadezco á Satanás porque no ama. Y en esa introduccion, que era como el eco de los sollozos comprimidos que yo habia escuchado alguna vez, cuando dilatando mis pasos y comprimiendo mi aliento habia pasado frente al cuarto de la desconocida, lamentaba mi alma la desesperacion de no amar; el frio del desamparo, la queja muriendo sin eco, la tortura de la orfandad del alma, cuando la vida cae como la piedra que se desprende de la ruina, como la gota de lluvia que se embebe en la arena ó acaba, como la planta, con las raíces destrozadas, que tiene la existencia doliente de una luz fugaz; y terminaba la introduccion ofreciendo contar la historia de una monja sepultada en un claustro, entre los recuerdos de una tumba adorada y el desierto de no amar ante sus ojos.
Como se supone, las alusiones todas eran trasparentes á lo sumo; en cada inflexion del ritmo pretendí que vibrase un acento de pasion.
Escribí, puse al calce de mis versos aquello de "Copia para D. Fulano," y esperé la hora propicia para deslizar mi carta debajo de la puerta de mi vecina.
Es de advertir que viviamos mi vecina y yo en dos pisos diferentes; ella en el primero, yo en el tercero, y á la distancia de media cabecera de las nuestras.
Las ventanas de la gaditana daban cerca de la esquina, de modo que la luz dibujaba en la pared del frente con mucha imperfeccion las sombras, ó las rompia en la sombra de la calle.
Mis ventanas daban frente á las puertas laterales de un gran hotel, que estaban cerradas durante el dia; pero entrada la noche, tenian gran tragin, abriéndose, cerrándose, interponiéndose entrantes y salientes, apareciendo y desapareciendo la luz interior con desesperante persistencia.
La noche que me resolví á deslizar mi introduccion al cuarto de la vecina en el hotel, parece que habia una conspiracion contra el comun sosiego.
El banquero inglés del primer piso tuvo tertulia y bebieron y disputaron los hijos del Támesis como energúmenos.
Un matrimonio mal avenido dispuso una separacion temporal, y aquello era movimiento y bulla que espantaba.
Una maestra de música del último piso, que era un hipopótamo musical, berreó solfeos con sus discípulas, de aturdir, y Mme. Clermont jugaba ecarté en el Parlor á la una de la noche, con la frescura de si estuviera oscureciendo.
Yo no sentia interes alguno por la gaditana; pero me presumia que iba á ser aquella aventura un motivo de solaz en mis horas de insoportable fastidio; por otra parte, como tenia cierto viso poético, creí el episodio aquel muy digno de ocuparme.... mejor dicho, ahora pienso todo esto; entónces no me daba cuenta de por qué hacia yo semejante locura.
Como si tuviese quince años, me sentia ansioso é impaciente, sentia aletear sobre mis cabellos canos mis dulces ilusiones de la juventud, y léjos de parecerme ridículo, me parecia mi empeño un delicioso fraude á la vejez.
Cesaron al fin todos los ruidos: yo, que me habia quedado leyendo periódicos en el despacho, entre los criados que roncaban en ruidosa competencia, subí las escaleras como una sombra, me detuve como un malhechor frente al cuarto, distinguí la imperceptible raya de luz bajo la puerta, me acerqué, tendíme casi en el suelo del quicio, y disparé mi papel con cuanta fuerza me fué posible, despareciendo rápido en las sombras.
Entré á mi cuarto, quedé atento al menor ruido.... silencio profundo.... Saltaba mi corazon y no podia pegar los ojos.
Al siguiente dia se me figuraba que todo el mundo me habia descubierto, y que era objeto de todas las conversaciones la aventura; pero nada: pasé al frente de la ventana.... y nada.... Pues, señor, aquí dió fin la comedia; ¿y para esto tanta precaucion y tanto susto....?
A prima noche, miento, como á las nueve de la noche, en vez de las listas de la celosía que se dibujaban con constancia en la pared de enfrente, la ventana estaba abierta..... yo todo me volvia ojos, no sé cómo no me desbarranqué de mi ventana.... De pronto, se dibujó una sombra, ¡correcto perfil! ¡qué enhiesto talle! ¡qué explosion de rizos trémulos sobre el cuello y la torneada espalda! y al ir adelante en mi exámen, la sombra se hundia en la sombra de la calle, ¡y aquello era de desesperar!
A veces me parecia que tenia aquella mujer angélica, porque así habia de ser, mi papel en la mano, mi verso sin duda; pero creia que se prolongaba: no es un periódico, es mi papel, y á la sombra.... ¿En esa sombra habia alguno? ¿Ese es un brazo humano, ó es el brazo de una cruz, ó el extremo de un mueble....?
Mi sombra era otra cosa, abria los brazos, mostraba papeles; pero las cambiantes de la pared que la pintaba, el abrirse y cerrar de las puertas aquellas, las volvia grotescas, me hacian figurar como un mono haciendo cabriolas.
La ventana superior cerróse como siempre, y yo traté de olvidar con mis amigos mi aventura.
Al regresar en la noche, por supuesto á hora oportuna, me sorprendió muy agradablemente que hiciera sensible mi presencia la mayor luz bajo la puerta: yo me eché á nado, porque tal era mi postura en el pazadizo.... ví entónces trasparente, blanquísima nube; percibí algo de perfume embriagador, se interceptó la raya de luz y ví que algo se deslizaba por la alfombra, al mismo tiempo que dentro del cuarto se extinguió totalmente la luz.
Tendí la mano, palpé un libro pequeño y me retiré á mi cuarto.
Encendí el gas, hasta que quedó como alumbrada por el sol mi estancia.... ví el libro.
Era un pequeño y preciosísimo Album forrado de terciopelo azul, con sus cantoneras de oro; incrustado en la pasta del libro habia un pequeño relicario con una miniatura de Santa Teresa de Jesus.
Abrí el Album, y en la primera hoja, con letra, humillacion y vergüenza del grabado, decia:
"La Monja.—Copia de una leyenda del Sr. D. Guillermo Prieto, poeta mexicano."
Aquello era de acalambrarse, de desmorecerse: ¿por qué no tenia veinte años ménos? ¿por qué no realizar y desenlazar como es debido esta leyenda, para dejar á estos yankees con un palmo de narices? ¡Hombre, Prieto, mírate al espejo! ¿Y que más da? ¿Está prohibido á los viejos tener corazon?
Ilusion que nace en mí, Que de mi llanto brotó, ¿Puedo renunciar á tí? ¿Qué dice el amor? que nó, ¿Y la reflexion? que sí....
Y de esta manera ensartaba mis versos, sin sentir, hasta que oia la tos de Francisco, á quien oculté cuidadoso lo que me pasaba, pero á quien no dejaba dormir.................
En manera alguna podia interpretarse la accion de mi desconocida como interes, ni mucho ménos como amor, puesto que no me conocia, y aun conociéndome, entónces más se alejaban esas probabilidades.
No obstante, aquello de "poeta mexicano" mucho me lisonjeaba, no lo puedo negar; pero entónces, y suponiendo sin conceder que yo mereciese tal dictado, lo natural era suponer el deseo de leer versos mios á falta de otro quehacer.
Todo esto es muy cierto; pero es de tal modo miserable la condicion humana, que tal puerilidad, tal quimera, me preocupaban y sentia mi corazon como con arrimo, como en la patria del sentimiento, como en comunion con otro espíritu que me comprendia y se identificaba con mis penas.
Yo interpreté el envío del libro como aprobacion y demanda de la leyenda, y para prolongarme el placer de la aventura y procurarme motivos de comunicacion, resolví escribir diariamente parte de la leyenda, llevarla y recoger el libro á la siguiente noche.
Pero, bueno; ¿y dónde estaba la tal leyenda? Era forzoso crearla, y hé ahí cómo la engendró mi fantasía. Va de leyenda.
En México, mi adorada patria, suponia yo, habia un convento casi á extramuros de la ciudad, cuya totalidad estaba ocupada por religiosas de muy severa regla, ménos la espalda del mismo edificio, del que aislándosele un patio lóbrego y de elevados y robustos muros, se habia hecho prision para los reos políticos.
A esa misma espalda, en la parte elevada del edificio, daban ventanas de algunas celdas de religiosas, y en la parte inferior ventanas de la prision con macizas rejas de hierro embutidas en la pared y á una altura competente para evitar toda comunicacion por la calle.
Quien hubiera pasado, en el tiempo que voy á referirme, por la espalda del convento á deshora de la noche, habria descubierto dos puntos luminosos: el del cuadro de la ventana superior, claro y marcando el cuadrado irregular de la ventana de la celda, y las rejas de la prision débilmente iluminadas. Los puntos sobre que acabamos de llamar la atencion, se reproducian en la pared del frente del convento, como en un espejo.
Sepamos ahora la historia de los dos séres que en medio del mundo y cada uno como en un desierto, hacian á la noche confidencias de sus dolores.
Adela, este es el nombre de la monja, vivia feliz en una de las fincas de campo de su padre cercanas á la capital; allí conoció y amó á Rodrigo Alvarado, jóven de las principales familias de México, y sus primeros amores corrieron apacibles como aura blanda entre aromáticas plantas. Pero al estallar la revolucion de la Reforma, tomó Rodrigo las armas en su defensa, y esto desató una persecucion, un odio tremendo de parte del padre de Adela, apasionado partidario de la causa clerical.
Sea porque fuesen frecuentes las invasiones á las fincas de campo, sea por sugestiones del encono, metieron á Adela á un convento, le hicieron creer á poco que Rodrigo se habia casado, y hundida en llanto, enloquecida, tomó el hábito, para acabar sus dias en el retiro y en la penitencia.
Rodrigo se distinguió en las armas, se hizo uno de los caudillos de más prestigio, y mal herido en la accion de Carretas, cerca de San Luis Potosí, fué conducido á México, y despues que se restableció, le encerraron en la prision de los reos políticos.
No es difícil creer, en las circunstancias por que atravesaba mi país, una incomunicacion completa de los amantes, y ménos difícil si recordamos la regla severísima de la religion en que Adela profesó.
El consuelo único, la compañía, la esperanza de Rodrigo era aquella luz de la ventana superior que alumbraba como una mirada tierna el antro en que estaba sumergido. El mimaba la luz, la acariciaba, la recibia como la visita de una alma compasiva á su espíritu desamparado; era el alma de su alma, el sol de su ternura.
Fijos los ojos en su luz querida, vió llegar una vez á su centro un bulto: se dibujaba perfectamente su cabeza envuelta en la toca monjil, las anchas mangas del hábito profuso, las manos delicadas.... Parecia arrodillada: sin duda habria algun altar ó alguna imágen á su frente.
La aparicion se verificaba todas las noches.
Unas veces la monja arrodillada se postraba haciendo su sombra un bulto informe; pero aquella cabeza temblaba. ¿Eran sus sollozos? ¿pegaba á la tierra sus labios gemidores para que no robase el viento los secretos que solo deberia saber su tumba? ¿En ese prolongado suicidio del claustro se escapaban á esos labios pegados al suelo, acentos que engendraba la ternura y se traducirian por despecho y blasfemia?
Otras veces el bulto negro enclavijaba sus manos, tendia sus brazos elocuentes, dejaba como derribar su cabeza hácia atrás y parecia entregar desesperada el pecho al dolor que la desgarraba, y otras, alzando los brazos, la cabeza erguida, el andar acelerado, aparecia y desaparecia en el claro de luz, como perdida en la demencia, hasta que extinguida la luz, se sepultaba la terrible vision en las tinieblas.
Era una necesidad para Rodrigo ponerse en comunicacion con la monja desconocida; pero cualquier esfuerzo equivalia á la realizacion de lo imposible.
Aventurándolo todo una noche, decidió, por medio del canto, dar á conocer su existencia en aquella mazmorra.
La voz de Rodrigo no tenia cultivo alguno; pero era un barítono claro, vibrante y apasionado.
Pero el cantar de Rodrigo moria en su tumba, no rebosaba un solo sonido, en su juicio, las altas rejas de su prision.
Sin embargo, á los oidos de la monja llegaron unos rumores vagos, unos ecos que parecian la forma de sus más recónditos recuerdos. Atraida por la voz, despues de extinguir la luz, se asomó á la ventana y se fijó en la iluminada reja del prisionero. Este, entre tanto, arrimó el banco de su cama á la pared, colocó sobre él una mesa, despues una silla, escaló por los muebles, se asió de la reja y pegó en ella su semblante.
Entónces creyó escuchar un grito reprimido y oyó distintamente que se cerraba la ventana con estrépito.
La monja, aunque interceptado por las rejas, habia creido percibir el perfil de una cabeza, de un rostro, un conjunto que la perseguia despierta y en sueños, que era el culto de su desgarrado corazon....
Acaso le pareció una vision que para su castigo le presentaba el enemigo de las almas.
Por algun tiempo no se volvió á ver la luz de la celda.
Las noches de luna eran la desesperacion de Rodrigo, no solo porque habia transeuntes en aquella frecuentemente desierta calle, sino porque dando la luna en el muro, borraba y hacia más indecisa la luz artificial.
El continuó en sus cantos con esperanza remota de atraer la luz. Una vez, agobiado de tristeza, queriendo desahogar sus dolores en ecos que formulasen las angustias de su corazon, preludió ese Adios de Schubert, vibracion de agonía arrancada al ángel caido en el momento de dejar para siempre la morada celestial, canto de lágrimas que si no lo hubiese formulado el génio humano, se diria que es una evocacion eterna de los eternos dolores.
Adela era apasionada de la música de Schubert, y el Adios su melodía favorita.
A las primeras notas, se sintió conmovida en lo más hondo de su alma; despues encendió su luz.... despues pudo percibir Rodrigo el bulto negro en agitacion febril.... y al morir sollozando aquellas notas divinas.... tendia la monja enloquecida los brazos, como para detenerlas, como para estrecharlas y esconderlas en el sagrado de su corazon.
Rodrigo, por su parte, adhiriendo á las rejas algunas tiras de madera que arrancó de su banco y de su mesa, pudo figurar estas letras: TE AMO, y esperó que la noche hiciese la revelacion.
Dos dias despues, á la hora de la siesta, vió caer de la ventana polvo, luego como tallos inútiles de flores, y al último, rozando con su ventana, pétalos de rosa, de los que uno solo que empujó el viento dentro de la prision, tuvo por relicario los labios de Rodrigo y fué su talisman idolatrado.
De esa manera imperfecta, trasmitiendo á la pared figuras adivinadas más que comprendidas, las relaciones tuvieron fomento, aunque envolviéndolas de contínuo negras sombras de duda y misterio.
La escala formada con los muebles, el mejor humor del prisionero, alguna astilla de los palitos que le servian para formar sus letras, se hicieron perceptibles á la intolerante policía y resolvieron cambiar su prision, tanto más cuanto que Aureliano Rivera, simpático y audaz caudillo de la Reforma, amagaba la capital y habia hecho dentro de ella incursiones temerarias.
Rodrigo esperó la noche dos dias ántes de su partida, y con voz desgarradora entonó su Adios.... Las últimas notas del doloroso canto vibraban en el viento, cuando con la misma luz de su prision distinguió fuera de la reja un hilo á cuyo extremo oscilaba una carta.... en esa carta Adela sugeria al prisionero los medios de fugarse.
La carta estaba fuera de los hierros de la ventana, á muy poca distancia, pero intomable.... la desesperacion era extrema; arrancó uno de los piés á una silla, lo adelgazó, le puso otro palo pequeño formando gancho, atrajo á sí el hilo; pero sin duda dió en algun punto cortante del palo, que lo trozó.... cayendo la carta al suelo, de donde fué recogida, produciéndose escándalo espantoso.
Ejerciéronse con Adela todo género de crueldades; se disponian á fusilar á Rodrigo los enemigos de la libertad; tocaban á un desenlace sangriento los sucesos.... cuando se escucharon disparos de artillería en la plaza mayor, repicaron las campanas del convento.... y la multitud, rompiendo puertas, derribando obstáculos, penetró triunfal en los claustros, gritando "¡Viva la Reforma!" y proclamando á Rodrigo como uno de sus héroes más ilustres....
Acomodándose Rodrigo á las creencias de la familia de Adela, se dirigió al Santo Padre por medio de un letrado distinguido, haciendo ver que era Adela víctima de un engaño y que no tenian validez sus votos monásticos.
Los hombres de todas las opiniones, los teólogos más ilustres, los más escrupulosos sacerdotes, esperaban que la decision del Santo Padre abriese á los amantes las puertas de la felicidad!......
Tal era la leyenda que escribí en verso, sin quedarme con una copia; la dividí en capítulos, procurando que en cada uno de ellos fuese creciendo el interes y multiplicando las alusiones, segun las peripecias de mi situacion particular.
Como he indicado, dejaba una noche el Album y lo recogia á la siguiente noche; pero nada avanzaba en mis pesquisas.... la luz que reflejaba la ventana me delineaba la linda figura, pero inmóvil, fria, con una silueta de estatua que me desesperaba.
Yo no sé cómo no me quedé litografiado en el quicio de aquella puerta, porque realmente me estampaba para distinguir algo que disipase mis dudas.... nada: la orla de seda de un vestido espléndido, dos piesecitos como dos pichones, que corrieran entre encajes.... y unos dedos de marfil y rosas que hubiera querido besar, si los labios, como debiera ser, tuvieran la facultad de volverse pinzas.
Pero la detencion frente de aquel cuarto era imposible; una vez me habian encontrado inclinándome al suelo, y yo saqué un cerillo fingiendo buscar una moneda; otra vez el lapicero era lo perdido; otras habia extraviado camino.
Algo debió notar Maguet de mis inquietudes, porque cuando volvia la cara, aunque fuese muy noche, estaba con una luz esperándome, y yo me daba á los demonios y seguia mi leyenda.
Cuando en ella llegué al punto del Adios de Schubert, no hubo aparicion en el círculo de luz; pero á poco de estar en la ventana, tendió sus alas aquella melodía sublime y una voz sobrehumana iluminó mi alma, empapando de lágrimas mis ojos.
Al siguiente dia de haber aludido en uno de los capítulos de mi Monja á la lluvia de pétalos de rosa, en una de las entradas que dí á mi cuarto, ví en la mesa del centro un espléndido ramillete de rosas blancas, atados sus tallos con un liston negro; redoblé mis tentativas, aunque solia decirme: ¿A qué este empeño? ¿qué designio me guía? ¿qué siento en mí que pueda justificar una inquietud tan injustificable en mis años?
Hice coincidir el capítulo de la carta suspendida del hilo, con mis anuncios de partida, y por último, á uno de mis amigos le rogué, la noche que deslicé bajo la puerta la conclusion de mi leyenda, que cantase en mi cuarto, como cantó en efecto con voz dulcísima, apasionada y dolorida, el Adios de Schubert....
En el claro que formaba en la pared la luz del cuarto de la gaditana, ví inmóvil, como si proyectase la sombra una estatua de mármol, el bulto, los contornos y el perfil correcto de mi aparicion: con la última nota se extinguió la luz, envolviéndome en el silencio y el misterio.
Por más activas que fueron mis pesquisas, no pude hacer aclaracion alguna; por más audaces que fueron mis tentativas para conseguir copia siquiera de mi manuscrito, nada pude obtener; creo que los versos de esa leyenda, es de lo ménos malo que he hecho en mi vida.... Ni sospecha, ni conjetura, nada dejó en pos de sí la inspiradora de mi leyenda de la Monja.
Cuarenta y ocho horas precisas me quedaban para decir mis adioses á Nueva-York, que como he dicho, como que me rodeaba con su tumulto de palacios, sus ruidos, las cruces de sus telégrafos, su tropel aéreo de cúpulas y banderas y su conjunto arrebatador.
Levantándome estaba cuando entró en mi cuarto un jovenzuelo llamado M. Fayar, alegre como un fandango, movible como una ardilla y vestido como un corredor de caballos, lo que le hacia aparecer doblemente expedito.
—M. Guillermo, vd. será por mí; yo quiere con vd. muchas muchachas señoritas.
—Chico, es cosa que no me repugna en ninguna circunstancia; pero estoy ocupadísimo.
—Pero vd. no decir nada de este en su Viaje.
—Hombre, en mi Viaje hablo bastante de este ramo y es lo mismo en todas partes, tratándose de los Estados-Unidos, con la diferencia de que aquí toman las cosas colosales proporciones.
—Ya verá vd. salones en toda forma, en cuyo menaje están invertidos capitales inmensos; haria vd. conocimiento con hermosuras de casi todas las naciones del globo.... y mucho contento.
—Amigo, he tenido en mi mano una Guía de forasteros ó Directorio, que se vende á los viajeros para sus visitas de confianza, y en ese librito constan todas las particularidades apetecibles para las visitas de confianza. Por otra parte, yo no he querido escribir un Manual del Calavera, sino consignar simplemente mis impresiones, y esto en la esfera limitada y con la superficialidad consiguiente á quien hace sus apuntaciones por ferrocarril: ya vd. lo ve, aquí, anualmente, se publican gruesos volúmenes, sobre cada uno de los departamentos de la administracion, sobre cada uno de los establecimientos de beneficencia, sobre cada uno de los servicios públicos; ¿qué puedo yo hacer, sino índices, indicaciones y notas que pongan de manifiesto mi deseo de que en mi país se conozcan y estudien estos pueblos?
—Esta bien, creo que vd. hace más de lo posible; pero ni siquiera de M. Rails habla vd., y está llenando el mundo su proceso.
—No me he podido imponer á fondo. ¿Vd. conoce bien ese cuento?
—Bien, bien, no; pero un poquito, que está curioso. ¿Vd. conoce la Quinta Avenida que da entrada al Parque Central?
—Perfectamente.
—Se ha fijado en cuatro ó cinco palacios de mármol, que forman esa entrada, y llaman la atencion por su opulencia?
—Si, señor.
—Pues uno de esos palacios es de la persona de quien se trata.... De una abortivista.
—¿Qué me cuenta vd?
—Que es una profesora del arte de quitar estorbos, y que en contacto con personas muy acaudaladas y con hijas de familias menesterosas, hizo una inmensa fortuna.
Vivia en la opulencia hace muchos años; se jactaba de las mejores relaciones; en su casa se daban convites y habia tertulias espléndidas; pero cate vd. que por su mal, se organiza una Sociedad furibunda, nombrada "Preventiva del crímen," y las cosas cambian de aspecto.