NUEVA-YORK (CONTINUACION) (continued 2)
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El edificio que vamos á visitar tiene diez pisos, sin contar con los subterráneos; diez pisos que son otras tantas filas de ventanas unas sobre otras. Es de advertir que estas ventanas son mi desesperacion, porque ellas interrumpen y convierten en imposible todo órden arquitectónico.
El primer piso, en todo el rededor del edificio, se compone de puertas rematando en arcos, y arcos, propiamente hablando, en número de treinta y cuatro, que equivalen á otras tantas puertas cocheras de las nuestras en México.
Nos dirigimos á un costado del edificio donde en una pequeña eminencia dimos con un caballero fresco, rojo como un betabel, blanca dentadura, revoleando de las puntas el pañuelo para darse aire.
Por las explicaciones que me hizo el Sr. Córdova y el rubro de esa puerta, Delivery-Office, conocí que ella funge como la puerta de salida, es decir, que salen los efectos despues de concluido su reconocimiento.
El empleado alegre y regordete nos recibió afable, indicándonos una oficina en el interior para obtener el permiso respectivo, ó mejor dicho, para proveernos de un guía experto.
El departamento en que estamos es una galera de sesenta varas de extension por cosa de veinte de ancho, con las cuatro secciones formadas de los pilares del edificio.
En una pieza elegante que dice: Deputy Colector, fuí presentado á Mr. Clark, persona muy distinguida, quien nos dió por guía á un empleado, tal como lo podia apetecer. Consignados á Mr. Grogan, nos dirigimos á uno de los elevadores, que son cinco los que recorren en perpétuo movimiento la vía aérea: tienen la forma de un platillo de balanza, en que caben veinte personas; de suerte que en cada viaje pueden subir y bajar cien personas.
Se camina de pié y montado al aire, en todo el rigor de la palabra.
Subimos al décimo piso, donde están los depósitos del agua, es decir, verdaderos estanques de fierro para la provision de todo el edificio, y para acudir á un incendio en caso necesario, haciendo tremendas cataratas.
—Vamos, me dijo nuestro guía, á recorrer el edificio; pero para que vd. forme juicio en conjunto, le advertiré que, así como vió vd. esa puerta de salida, hay una de entrada que da á una espaciosa galera: en ella se depositan todos los bultos designados para el registro en conjunto, y de ese depósito se extraen las mercancías, y se van colocando separadamente en cada piso, los cueros y las lanas, los tabacos, los libros, los licores, sin que nada se confunda. Los pisos están relacionados con las secciones del arancel.
Cada piso se compone de galeras como la que vió vd. abajo, con cuatro divisiones; una la forman las piezas de las oficinas ó sea despachos; otra es un corredor en que se practica la vista; el del medio es la calle ó tránsito, y las dos secciones últimas, enfardelamiento y depósito para la salida de los tercios.
Bajamos un piso.
—Aquí tienen vdes. el departamento de las lanas y los cueros, de que hace mucho tráfico México. Estos cueros tienen otro depósito más fresco en los sótanos.
Las oficinas que vd. ha visto en todos los pisos, son de reconocedores y aforadores, y sus ayudantes.
Es decir, me traduje yo, vistas y ayudantes de vistas; de suerte que los empleados vistas pueden pasar de doscientos, y creí quedar corto.
—Está vd. en el departamento de los tabacos, me dijo, bajando y escabulléndonos en pilas de tercios.
El aviso estaba en la atmósfera, que nos hacia estornudar.
—Descendamos, me dijo Mr. Grogan: esta inmensa seccion es de las medicinas; aquí tiene vd. habilitacion para todas las boticas del mundo.
Esta oficina llena de armazones, pesas, etc., está á cargo de un médico eminente, hombre de vastísima instruccion.
Preguntóme mi opinion sobre la clasificacion del arancel: me atreví á indicarle que era complicada y absurda en muchos puntos, y traté de probárselo: el doctor se mostró muy complacido; tuve el gusto de que mostrara aprobacion con mis ideas sobre tarifa. Y hubiera quedado allí mucho tiempo, tal fué el encanto de la conversacion con esta persona, que me colmó de distinciones.
En cada uno de los pasadizos de una seccion á otra, hay lavamanos de mármol, toallas y los útiles de aseo, así como lugares de desahogo en perfecto estado de limpieza.
Siempre descendiendo y entrando por vericuetos que nos conducian á grandes salas, nos iba diciendo el guía:
—Aquí se revisan equipajes. Este departamento es el que se entiende con los Express. Esta estancia más elegante y que parece más cuidada, es la seccion de joyería. Vea vd. esos cuadros, esos mapas, esos libros: todo es aquí librería.
Y así vimos las galeras de los abarrotes, licores, loza, etc.
Estábamos en el primer piso de regreso, y todavía se nos dijo que descendiéramos.
Hicimos el descenso al limbo de los cueros y de la loza y cristalería: los unos estaban allí presos porque el calor no los malease; la otra, por evitar en el tragin del mundo contactos que pusieran en peligro su existencia.
Aquellos subterráneos alumbrados por luz artificial; aquella ciudad desierta y cruzada por las sombras, es toda una epopeya de espanto.
Despues de andar algun tiempo, descendimos aún y nos encontramos circundados, despues de atravesar espesos muros, de la apacible luz del dia.
Ese es el palacio de las máquinas, el gobierno de las aguas y de la atmósfera.
El jóven que sirve este departamento estaba forrado materialmente en un lienzo listado, y apénas se puede dar idea de carácter más jovial y complaciente.
Lleno de tizne; con el vestido quemado y con el aspecto de un fogonero burdo, es un ingeniero de vasta instruccion, de finos modales y de bondad extrema.
Nos enseñó sus máquinas con el amor que un hortelano sus plantas queridas; como un inglés sus perros; como un viejo soldado sus armas. Nos dijo:
—Esos elevadores por donde vdes. han hecho el camino, pueden contener tres toneladas cada uno; tienen la fuerza de diez caballos. En esas hornillas se consume al dia cerca de una tonelada de carbon. Esos tubos son para calentar el edificio: con esos otros se les comunica ventilacion.
Y el chico subia y bajaba y recorria las quiebras y accidentes de su reino, como una mano ejercitada las teclas de un piano.
—Habrá vd. advertido, me dijo M. Grogan, grandes números en todos los pisos y debajo de ellos una cajita. Esa cajita tiene un boton del que pende un alambre eléctrico puesto en contacto con un reloj. Esa es la gran vigilancia de estos almacenes.
De muchos guardas que se turnan, cada uno á su vez, y sin descanso, tiene la obligacion de recorrer todo el edificio en todos sus departamentos, en ménos de una hora, subiendo de piso á piso en cuatro minutos. Los botones están colocados de modo que se recorra todo el departamento ántes de llegar á ellos. El guarda sube y oprime el boton. Esta presion se marca en el reloj encerrado en la pieza del jefe del edificio. Cuando la señal no es exacta, se marca en el reloj el tramo, y puede decirse, que hasta el lugar en que se detuvo, se entretuvo ó se durmió el guarda, y hacer efectiva la responsabilidad.
Estos empleados son de gente escogida y tienen fianzas.
Los cargadores son gente escogida tambien, pero fungen á las órdenes de un contratista que responde de su seguridad.
Estábamos otra vez á flor de tierra y mi cicerone dispuesto á seguir; yo queria tirarme de bruces al suelo, rendido de cansancio.
—Un momento, me dijo Mr. Grogan: ¿vd. ve esa pieza por donde con unos ganchos están rodando barriles?
—Sí, señor.
—¿Ve vd? dice Luck up. En esa pieza se reponen y arreglan los envases descompuestos para que en nada padezcan las mercancías, y este es motivo de delicada atencion.
Despues de afectuosos cumplimientos nos despedimos de Mr. Grogan, á quien gustoso consagro, lo mismo que á M. Clark, un recuerdo de gratitud.
La simple clasificacion de artículos hecha en el edificio y los numerosos vistas, hacen el despacho rapidísimo: en dos horas pueden despacharse á la vez ciento ó más cargamentos, y esto por medio de las prácticas más sencillas.
Si á nuestro edificio de la Aduana se quitara su carácter de casa de vecindad, y en sus tres pisos se hicieran divisiones semejantes, ¡con qué holgura, con qué prontitud, con qué decencia se haria el despacho!.
En Poblic Store se verifica el despacho de los vistas: en el edificio de la Aduana se practica la liquidacion y se entrega el dinero que dia por dia se remite á la Tesorería general, observándose estrictamente que cinco pesos de devolucion se remitan de Washington, sin permitirse la extraccion de lo que una vez se ha depositado en la caja.
No obstante el buen órden de que he hablado, y refiriéndose á otros tiempos, hoy se pueden citar, respecto á aduana, escandalosos abusos: entre otros, se hablaba de depósitos confiados á la Aduana, que despues de extraviarse allí, se obligó á pagar derechos de lo que le habian robado al causante, no obstante sus eficaces representaciones al Ministerio de Hacienda.... En México, que se pinta tan desordenado é inmoral en casos semejantes, ha pagado la Aduana su efecto al comerciante. Aquel es un rasgo de civilizacion, que no nos atreveriamos á imitar.
Otro dia hablaremos más de la Aduana.
VI
El 4 de Julio.—La calle de Green.—Borrachines.—Bassement.—Bar-room.—Francisco.—Museum.—Carnicería humana.—Profanacion de nuestros héroes.— Washington en ridículo.—Hotel Windsor.—Su riqueza.—Diversas oficinas.—Dependientes.—"Lavandería."—Relojes de vigilancia.—Renta.—Nombres y consumos de los principales hoteles.
La lectura de viajes sobre los Estados-Unidos, la relacion de amigos verídicos, la tradicion de la festividad cívica del 4 de Julio, más que con curiosidad me tenia temeroso de esos solaces de los soberanos, de que suelen resultar contusiones y quebrantamientos de huesos.
Se arraigaban más mis temores con la ausencia de multitud de personas que iban huyendo á las demostraciones de entusiasmo popular.
En medio de una espectativa, bien desagradable por cierto, esperaba, como en desquite, ver en trage dominguero y de fiesta á esta multitud y asistir á los fuegos artificiales, que se hacen con particular buen gusto, segun la opinion de los entendidos en la pirotécnica.
Algunos disparos, unas explosiones como de palomas y triquitraques, me hicieron creer la víspera que ayer era dia de rumbo y de trueno, y que á despecho de todas las sociedades de temperancia, íbamos á tener la de Dios es Cristo.
Daban consistencia á esa espectativa mis recuerdos.
Hablando de las espontáneas demostraciones de semejante dia, se hacian descripciones casi terribles.
Hombres disparando al acaso sus armas, mujeres sin límite ni valladar, haciendo ostentacion de sus encantos; y la orgía en toda su plenitud, se exponia como en caricatura para hacer el apoteósis de la emancipacion del pueblo gigante.
Infundados salieron mis temores y fallidas mis esperanzas, porque no he visto cosa más tristona ni más sosa que el dia que acaba de pasar.
La ciudad presentaba el aspecto de un domingo, las oficinas públicas y el comercio estaban cerrados.
Las desiertas ventanas, la ausencia de balcones y zaguanes, las puertas cerradas de las habitaciones, dan aspecto realmente lúgubre á la ciudad, cuando el tráfico no anima las calles.
En todas las oficinas, en los edificios públicos, en las casas particulares, en los carros y hasta entre las orejas de los caballos, flota la bandera americana, desde proporciones inmensas que pudieran cubrir la fachada de nuestras casas, hasta banderitas que pudieran figurar en un refresco.
Lo más curioso es ver esas grandes banderas con sus crias, es decir, sartas de banderas de pequeñas proporciones, agitándose como en tendederos diagonales y pendientes de azoteas y ventanas, como si en efecto se estuvieran secando al sol.
Las banderas de las otras naciones no son patrimonio de los funcionarios públicos; cualquier quidam enarbola su bandera ó hace sartas de banderitas, y se queda muy fresco.
En el número estrictamente preciso para molestar al vecindario, se quemaban cohetes chinos ó triquitraques y palomas en gran número; pero por niños y niñas, y lo estrictamente necesario tambien para sacar un ojo é impedir el tránsito.
Decíase que habia en tiempos, estrepitosos disparos de armas de fuego, de que resultaban desgracias y muertes. Yo nada ví sino tristeza y soledad.
En la calle de Green, calle que tiene cierta celebridad por habitarla gente de trueno y regocijada, ví algunas hijas de la noche haciendo disparos con pistolitas de bolsa; pero en corto número y rodeadas de unos cuantos amantes consuetudinarios y sin maldita la gracia.
En la bahía, los barcos todos estaban empavesados y la atravesaban vapores con música, concurridos por gente dispuesta á divertirse en familia y fuera de la ciudad.
Asegurábase tambien que ayer era el gran dia de los sacrificadores á Baco; y aunque me consta que estos Romanos del Mundo Nuevo, como disparatadamente se les llama, tienen wiskyductos estupendos, no se presencia á uno solo trazando X con los piés en las banquetas.
En este particular, mi desengaño ha sido el más completo: los borrachos, que los hay por gruesas, son silenciosos; pocas veces se presencia una riña; casi nunca arman esas grescas y esos Sanquintines de que pudieran jactarse los borrachines de la raza latina.
Ni lo extraño y accidentado de la voz, son peculiares de un estado de perturbacion mental, porque eso lo reserva el yankee para cuando está en su perfecto acuerdo.
En la taberna, y la taberna de baja ralea, yo no sé lo que acontecerá. En la calle, el borracho es sombrío, pasa gruñendo, taciturno, y por su parte el público lo ve con plena indiferencia.
Cuando el alcohol es muy retobado y le hace pasar ciertos límites al poseido, se encarga de él la policía y lo deja á guardar en la primera comisaría que le sale al paso.
En estos casos, el borracho suele gastar su pedazo de soberanía insultando á sus servidores de la policía; éstos, no solo les sufren, sino que los miman y consideran, segun la observacion de Juan Navarro, como quien dice: "hoy por ti: mañana por mí."
Hay muchos borrachos: como suicidas, se emborrachan en un aislamiento que contrista.
Así habia ayer personas que quemaban cohetes en unipersonal sombrío, como quien habla solo.
A las diez de la noche, la ciudad estaba más quieta que en los dias comunes.
A esa hora regresé al hotel: en la Plaza de la Union habia alguna gente agobiada por el calor.
De trecho en trecho se levantaban, al frente de los teatros ó de los hoteles, esos gigantescos candelabros con cinco bombillas de cristal cada uno, que forman esos promontorios de luz que deslumbran. Exactamente como los del Zócalo de México, pero en gran número. Venia por Broadway y me entretenia en ir notando en los altísimos cristales de las tiendas no alumbradas en el interior, la reproduccion de la ciudad con todos sus detalles, y con tal perfeccion, como si fuera un espejo corrido la acera en que iba.
A mis piés, los bassements formaban una lista de luz con sus faroles, bombillas y reverberos, asomando á la orilla de las banquetas.
Estos bassements tienen su historia: cuando se está construyendo la casa, entónces se percibe en todas sus particularidades el esqueleto.
Como primera operacion para la formacion de ese edificio, se cava una especie de estanque más ó ménos profundo, segun que va á tener uno ó dos pisos el bassement.
La tapa de madera de ese estanque es el primer piso. Esta construccion es independiente de la altura de la banqueta, de suerte que el bassement, ó queda bajo de tierra, ó asoma más ó ménos á la calle.
En las calles centrales ó de cierta importancia, el bassement da al pequeño sembrado que está frente á las casas tras del barandal de fierro: allí están los comedores, se escuchan los pianos, residen familias acomodadas.
En otros puntos el bassement apénas saca un ojo con ahoguío de debajo de la tierra: el bassement es caballeriza ó bodega; pero en Broadway, por ejemplo, el bassement desciende por una escalera de piedra abajo del primer piso, y son las tiendas, los restaurants, los salones de billar, zapaterías, barberías y muy frecuentemente el bar-room, en que los coptails y la cerveza tienen su mejor y más delicado sazon. El mostrador, los ostiones y en este tiempo las almejas, los ejércitos de botellitas con salsas que deben figurar entre los combustibles ó las armas prohibidas, asientes de tripié, mucho tabaco, mucho humo, mucho periódico y mucha pata al aire.
Al pasar por San Francisco, hablamos de los bassements que frecuenta el sexo flotante.
Cuando volví á mi posada encontré á Francisco paseándose como un leon en su jaula. Mi amigo ha seguido con suma diligencia y patriotismo los negocios de México, y les da la debida importancia.
Aunque este es un negocio, para mí vital; aunque me ocupo en él asíduamente, no he querido consignar en este escrito mis impresiones, porque es de tal modo ligero y sus tendencias son tan marcadas al solaz y al entretenimiento, que se resentirian de frívolas, observaciones que en sí tienen para mí extraordinaria gravedad y trascendencia.
Me limito á notar que el 4 de Julio hicimos contrapeso á duo á la consagracion al regocijo.
En uno de tantos palacios de Broadway, con escándalo de la publicidad, en un elegante pórtico de caprichosas columnas, adornado de figuras simbólicas y estatuas dando á la calle, se percibe este rubro colosal: Museum. Al pié del rótulo se pasea constantemente un hombre distribuyendo avisos con profusion.
Para mí, el aviso, el aparato y el hombre, eran perpétua tentacion, y no caia en ella, por temor á este humbug americano que le planta una banderilla al más pintado.
Al fin, no pude resistir: toméme del brazo con mi compañero Buzeti, y cuando volvimos la cara, nos hallamos á la una de la tarde al frente de un sombrío y extenso salon, alumbrado débilmente por la luz del gas.
Las paredes estaban tapizadas de cuadros; en el centro de la pieza hay grandes nichos.
Compramos un catálogo, que avisa en su carátula que aquel es un Museo de Anatomía, que se abre diariamente para ser visitado por hombres, y que está bajo la direccion del Dr. Jordan, médico de alta reputacion en esta ciudad.
Subimos por una escalera de caracol que está á la derecha, y entramos en una pequeña pieza bien alumbrada por la luz natural. El primer objeto que se ofreció á mis miradas fué, bajo cristales, un taller de tejas de barro con sus oficinas y figuritas como un nacimiento. Repelé contra aquella curiosidad anatómica, y volví los ojos á las paredes.
Estas estaban cubiertas de cuadros, ó más bien cajas con cristales suspendidas á las paredes, sobre hileras de nichos descansando en repisas ó fajas de madera, que circuyen gran parte de los salones.
Cada vez que me volvia por un lado, retiraba la vista al opuesto, herido por una impresion desagradable. Ya era un ojo reventado, ya una pierna al agusanarse, ya un seno hecho un arnero de llagas.... Brazos, huesos.... Salíme de la piececita y dirigí mis pasos á la luz de una ventana que da á la calle. Allí me ví de repente rodeado por focas y lagartos estupendos, así, estupendos, como de cuatro varas, en tan perfecta disecacion, que evitaba horrorizado su contacto, porque se me figuraba que al pasar me disparaban una tarascada.... Volvíme con disgusto, ó mejor dicho, en cierto estado de excitacion nerviosa que me tenia descontento.... Las paredes me ofrecian el espectáculo de caras humanas, pero en estado espantoso: narices en completa ruina, bocas diagonales con antros de putrefaccion.... las facciones humanas naufragando en el cáncer.... queria distraerme, y veia tambien, como figuras estrambóticas, como que saltaban de la cornisa chivos con cinco y seis piés, chicuelos de dos cabezas, carneros con dos cuerpos: lo estrambótico, lo absurdo, el desarreglo en la creacion, la embriaguez de los fenómenos animales....
Pedian auxilio en mi interior mis ojos y mis nervios, y al fin hallaron una especie de descanso con la vista de flores, de figurillas automáticas que vemos entre los muebles de salas, y chucherías que podrian llamarse de tocador.
Me fijaba en estos objetos como para que me amparasen de aquellos gestos, de aquellos ojos, de aquel cuerpo humano en dispersion desarticulada y horrenda, que me desasosegaba, que me perseguia en detall; queria como no verlos, se me figuraba que aquellas bocas me iban á morder, envenenándome la sangre.
Casi de huida, tomé la escalera; pero me cerró el paso un cadáver tan lúgubre, tan terrible.... su color verdioso, sus pómulos salientes, su boca entreabierta, sus cabellos á la frente....
Descendí, oyendo á mi espalda los pasos del muerto.
Bajé tan de prisa, que no advertí que ponia la mano en una mesilla en que funcionaba una máquina eléctrica, y sentí una conmocion espantosa....
De buena gana hubiera tomado la puerta y echado á correr; pero cierta fatalidad me contenia. Con los ojos inquietos, la piel esponjada, los cabellos hirsutos.... fuí entrando al salon, escasamente iluminado por el gas, como tengo dicho.
Aquel era un meeting de esqueletos; un esqueleto humano deteniendo un esqueleto de caballo; á su pié una beldad perfecta coronada de flores, cuya misma hermosura produce, no sé por qué, hondo terror.... y en las repisas y en las paredes, el despilfarro del martirio, la orgía de la putrefaccion, la tortura de todas las secciones del cuerpo humano, el banquete del gusano, la huelga loca de las vísceras y los intestinos.
Los esqueletos, los cadáveres que estaban á mi rededor, las calaveras, me brindaban consuelos, como que se humanizaban conmigo.... la hermosura ultrajada por la corrupcion....
Entre los objetos del centro de la pieza habia figuras de notable perfeccion: un zuavo casi augusto de majestad y de hermosura, con una herida en el pecho, corriendo la sangre casi, palpitante la carne....
Una jóven con los ojos alzados al cielo, sufriendo al vivo una operacion quirúrgica de las más tremendas.... Agarabatado, horripilado, perdido, me acurruqué en un rincon en que habia una carnicería completa.... corazones, intestinos haciendo rúbricas.... atroces.... todo me dolia.... Me volví contra la pared.... allá, en lo más oscuro, en lugares consagrados á los más recónditos misterios de la vida humana, ¿qué piensan vdes. que ví?.... pues, señor.... eran cuadritos pequeños con figuras de cera perfectamente hechas, mejor dicho, retratos de generales, de sacerdotes, de personajes; pero de un tipo tan pronunciado de México, que me quedé absorto y pensando decirles: "¿Caballeros, qué hacen vdes. por aquí vestidos de gala, sin saber el idioma y en sitio tan inoportuno?".... Quise cerciorarme de lo que veia.... y no solo eran mexicanos, sino los padres de nuestra independencia.... Hidalgo, Morelos, Bravo, Allende.... Pero, ¡por Dios! ¿qué tienen que ver nuestros héroes con estas vísceras, y estos diafragmas, y estos borregos con dos cabezas?....
Mi compañero se habia alejado perdiéndose casi en las sombras.
Yo estaba junto á un cadáver que representaba á Washington durmiendo el dulce sueño del justo. Parecia salir de entre nubes blancas, así eran los lienzos de su lecho.... la muerte coronaba de majestad su noble frente; sus ojos se habian cerrado con dulzura, como dando un último beso á la luz.
El lugar de la pieza en que está este nicho es de los más oscuros: á poca distancia arde un pico de gas, con esa luz cárdena y rígida que tiene cuando el aire no la agita.
No sé qué pensaba, no sé qué abismos recorria mi mente; pero fijándome en el cadáver, creí ver distintamente que como que movia los labios.... repuesto de la intempestiva impresion, dirigí mi vista á los ojos.... entónces no tuve duda.... aquellos ojos se fueron abriendo lenta, muy lentamente.... yo volví por todos lados á buscar gente.... se me figuró que mi razon queria trastornarse.... me arrimé contra el cadáver en cierto estado de desmoralizacion grande.... y ¡el cadáver cerró los párpados!......
—¡Hombre! le grité á Buzeti, ¿no le parece á vd. una profanacion estos resortes y esta diversion con los últimos momentos de Washington?
Pero nadie me oia.... Mi compañero, horrorizado, me esperaba en la puerta, donde fuí á reunírmele, queriendo que por caridad me diese una tunda de azotes el primero que pasase.
Al salir del Museo queria emprender cualquiera conversacion que disminuyera mis desagradables impresiones, y Dios me deparó á M. R***, quien con su buen humor me relacionó su vida en el hotel, apuntando yo los pormenores administrativos del Hotel Windsor en que habita, y es de los de más alta nombradía en la Ciudad Imperio.
—Como sabes, me decia, el Hotel de Windsor está en la Quinta Avenida, y si no puedo afirmar que es el primero, sí es de los primeros de esta poblacion.
El propietario, continuó, tendrá millon y medio ó dos millones de pesos empleados en el hotel y su giro.
El término medio de huéspedes será el de seiscientos, teniendo escala las habitaciones, desde departamentos como palacios, hasta piezas elegantes: lo comun de una habitacion, son la sala y la alcoba, con cuarto de baño.
Se dan cuatro comidas al dia, fuera de los pedidos separados, que se llaman extras y que se pagan aparte, siendo estos extras, generalmente hablando, más costosos que la subsistencia comun.
La cocina es un salon perfectamente aseado, con sus hornillas económicas, sin que se perciban tronchos ni grasas, con seis cocineros ó jefes y sus numerosos ayudantes. El vapor se pone al servicio de la cocina cuando es necesario.
En secciones separadas del edificio hay panadería con sus artesas, hornos y dependientes especiales: pastelería con comunicacion exterior y nevería con útiles y con aperos del más refinado gusto.
Todas las piezas y tránsitos están cruzados de tubos con llaves para el vapor, el gas y el agua.
La parte material del edificio está al cuidado de un ingeniero que vive en el hotel y acude á remediar cualquier desarreglo, fungiendo de jefe en caso de incendio.
En las noches, cuando ménos se espera y sin molestar á nadie, se ve una persona que está al tanto de todos los que entran y salen, para que en el interior del hotel haya la debida seguridad.
La nomenclatura de las secciones con sus dependientes, podria hacerse á nuestra manera, del modo siguiente:
Administrador. Segundo. Tenedor de libros. Escribiente. Jefes de los departamentos. Criados de los pisos superiores. Camaristas. Criados para el aseo. Cocina. Panadería. Pastelería. Nevería. Carpintería. Pintor. Tapicero. Criados para el despacho. Veladores. Máquinas de elevadores, etc.
LAVANDERIA.
Para formarse idea de ese solo departamento, es necesario una explicacion particular.
Las camas se mudan diariamente, de suerte que se lavan solo sábanas. 1,200
En cada cuarto habitado se ponen cinco toallas. 3,000
Cada vez que se sirve una comida se cambia mantel, en treinta mesas, lo que dan. 120
El número de servilletas para 600 personas en las cuatro comidas, es de. 2,400
Sábanas y toallas para baños, delantales, fundas, etc. 1,000
Total de piezas que se lavan diarias. 7,720
Ya se deja entender cuál será el trabajo y los dependientes que requiere una oficina, que tiene semejante movimiento.
Para hacer efectiva la vigilancia en las noches, cada guarda tiene un reloj al que se ha de dar cuerda precisamente cada media hora, so pena de que al menor descuido el reloj queda parado y no hay poder humano que lo haga andar. Estos relojes han producido los mejores efectos.
La renta que paga anualmente el actual arrendatario del edificio, es de ciento veinte mil pesos.
Uno de los redactores de un periódico muy acreditado en esta ciudad, hizo hace dos años un estudio especial de quince de los principales hoteles, para averiguar sus consumos.
Los hoteles que sujetó á su estudio fueron los siguientes:
Albemarle. Ashland. Brewort. Quinta Avenida. Gilsey. Gran Central. Gran Union. Hoffman. Metropolitan. New-York. San Nicolás. Sturtevant. Union Square. Winchester. Windsor.
Resultaron de sus estudios los consumos que siguen:
54,000 libras semanariamente de carne, toda de res y ternera, y cuyo peso supone la matanza de 2,000 reses.
600,000 libras pescado.
15.000,000 ostras al año.
5.000,000 de huevos.
1.500,000 libras carnes de aves.
10,000 barriles harina.
20,000 barriles papas.
150,000 libras té.
700,000 libras café.
1,500,000 medias azumbres leche.
450,000 libras mantequilla.
2,000 libras de uvas.
Se calcula que los huéspedes de los referidos hoteles hacen un gasto diario de cuarenta mil pesos, y me parece corta suma. Solo de jabon se gastan en los hoteles 24,000 libras semanarias, y se lavan 373,500 piezas de ropa.... y dejemos este diluvio de números que me está rompiendo la cabeza.
VII
Beneficencia.—Hospital aleman.—Bellevue Blackwell.—Otros establecimientos.—Asilo de ciegos.—Particularidades.—El humbug.—Humbug político.—Oradores.—Farsas políticas.—Prestidigitacion.
Cuando entre nosotros se conceptúa de caritativa una persona, de esas que son el consuelo y el encanto de la humanidad, que debe á Dios un corazon puro, propenso á enjugar las lágrimas del infortunio, y nos interiorizamos en la vida de esa persona, vemos su afan por seguir al huérfano y la viuda, distinguimos á su puerta enjambres de mendigos, y el dia de su muerte, un número determinado de ancianos desvalidos, de jóvenes sin amparo, tienen un testimonio de su munificencia.
Pocos individuos, como el Dr. D. Pedro López, el Obispo Alcalde Lorenzana, el capitan Zúñiga, la Sra. Béistegui, D. Luis de Haro, piensan en fundaciones de carácter perpétuo y colectivo.
Es característico y altamente honroso para los filántropos americanos, que muchas de sus grandes donaciones, de sus limosnas cuantiosísimas, de sus actos sublimes de desprendimiento y caridad, se hayan hecho estando vivos, en la plenitud de sus goces y aun en medio de sus placeres los bienhechores, como veremos á Girard, como hemos mencionado á Cooper, como hemos dado á conocer á Peabodi: hay en esta manera de ejercer el bien, mucho de noble, de espontáneo y generoso.
¡Qué contraste con esas donaciones por presion á la hora de la muerte, cuando se parece el bien mismo á la restitucion, cuando da el agonizante sus desechos, lo que no le puede servir!
¿Y cuando la sustitucion es hija de la presion sobre la conciencia, y cuando aparece la caridad como en un concurso de acreedores, entre las restituciones, los aprovechamientos del clero y las gestiones de los deudos ávidos?
Parece que estos filántropos, en medio de un festin, alargan su copa de oro rebosante en licores deliciosos, á los que tienen sed, llamándolos al convite de la vida.
Parece que la risa y el contento de los hijos y el amor de sus hermosas, quieren que se complete con la ventura de los que lloran y con la redencion de los que han dado sus primeros pasos en el vicio.
La riqueza, léjos de provocar el celo, léjos de ser motivo de envidia, es el bien y la esperanza. El concierto de los beneficiados por el poderoso, es la santa glorificacion del trabajo, en su expresion más tierna y sublime.
Yo conozco en México ricos mucho ménos estimables y útiles á la humanidad, que los caballos que tiran de sus carruajes, y sin embargo, son árbitros, cuando quieren, de aquella sociedad desventurada.... Los hay enjalmables, se lo puedo probar á vdes. con datos fehacientes. Hay muy honrosas excepciones; pero ¡qué contados merecen lo que tienen!
En este país, el mismo hombre que lanza de su puerta á un desventurado que le pide pan, se alista como bombero y prodiga su existencia por salvar de las llamas á un niño, se deshace de millones para una biblioteca, para las escuelas, para que se lleve á cabo una mejora trascendental.
En todo lo que á todos pertenece toman parte todos, y de ahí las restricciones del Gobierno y la accion poderosa de la libertad.
El Gobierno que lo absorbe todo y cria al fin la creencia de que todo tiene que nacer y todo se debe esperar del Gobierno, no se conoce aquí: cada individuo cria fé en sí mismo desde la niñez.
En muchas instituciones se ve que el Gobierno tiene participio, que sobrevigila, pero como que se desprende de funciones no estrictamente conexas con él, y entónces la asociacion constituye en centros independientes de accion, los ramos más trascendentales para la sociedad.
De principios tan sencillos, tan sanos y tan de acuerdo con la ciencia económica, ha nacido la organizacion de los establecimientos de caridad, que con tanta justicia son motivo de la admiracion y de las profundas simpatías de los viajeros.
Una administracion privativa, fondos que se acrecen con dádivas privadas, division en comisiones para la especial atencion de cada ramo y la publicidad como suprema garantía, hé allí los elementos que han llevado á tan alto grado de esplendor la caridad.
Parece que en las atenciones que dispensa nuestro modo de obrar, hay más amor que dulcifica más las costumbres, que conduce á contacto más cariñoso la alianza entre la bondad y el infortunio; pero infecundo ese sistema, socorre, no regenera; acude á un conflicto, no prevee á un futuro de bien.
En el otro sistema parece que no existe la caridad; se cree que impera la beneficencia; como que se desprende un rico de todo cuidado dando su dinero, y de ahí cierta frialdad, cierto indiferentismo que pudiera ser una faz del egoismo; pero evidentemente tal sistema es más previsor y fecundo, se presta ménos á la jactancia, hace el bien con verdadera inteligencia, y la caridad debe ser entendida y sagaz.
La caridad, si fuese una pasion ciega, llegaria á hacerse la fomentadora del vicio y la antagonista del trabajo.
La concurrencia de las diferentes religiones purificándolas, las convierte en más y más aptas para el bien; ellas concurren á esta tarea, y al tratarse del enfermo que padece, del niño que se educa, del sordo-mudo y del ciego, se encuentran en un solo camino todas las nobles aspiraciones, congregando á los espíritus en el sentimiento del amor.
Abruma realmente el estudio de las instituciones de beneficencia; por todas partes se hallan, y cada vez parece más sagaz y más noble la aspiracion de amparar la desgracia.
Numerosísimos son los establecimientos mencionados por el Sr. Bachiller en su preciosa Guía:
Hospital aleman: Recibe enfermos de todas las creencias y nacionalidades, y pensionistas que pagan siete pesos al mes.
Asilos para ancianas de más de sesenta años.
Hospital de Bellevue, en que hay cátedras de medicina.
En la Isla de Blackwell:
El Hospital (Alms), la Casa de locos y la Casa de trabajo.
Casa industrial de las cinco puntas.
Beneficencia para las personas de color.
Hogar de desamparados.
Asilo de huérfanos católicos romanos.
Asilo de huérfanos de Leake y Watts.
Casa de niños vagabundos.
Hospital de emigrados.
Asilo de huérfanos.
Asilo de huérfanos de color.
Huérfanos hebreos.
Asilo de dementes.
Asilo de San José.
Asilo para la Juventud.
Casa de hospedaje para niños vendedores de periódicos.
Lactancia (institucion como la cuna).
San Lúcas.
La Magdalena (para mujeres arrepentidas).
El Monte Sinaí.
Asilo de la Union.
Isaac T. Hopper Home.
Asilo de huérfanos.
Casa de Refugio.
Sordo-mudos.
San Vicente.
Hay además veinticinco boticas, llamadas dispensarios, en que se dan medicinas á los pobres y asisten médicos para consultas grátis.
El Informe anual de la administracion de estos establecimientos y los de correccion, difiere en cuanto á clasificaciones especiales; pero resulta que la administracion ha atendido y socorrido á 62,395, de los cuales asistieron á los hospitales poco más de dos mil.

CASA INDUSTRIAL DE CINCO PUNTAS.
Se necesitaria llenar muchas páginas para que se formara idea exacta del Informe (reporter), que tenemos á la vista y que nos está sirviendo de guía para nuestras observaciones.
Cada institucion, cada departamento de ella, da cuenta al superior del Estado que guarda su cometido, lo que se ha observado en la práctica y las mejoras que son conducentes. De esta manera, en lo más minucioso y recóndito puede fijarse la atencion y provocarse año por año importantes mejoras.

HOSPITAL DE EMIGRADOS (Ward's Island).
Preocupado con las ideas que despertó en mí el Informe de Caridad y Correccion, salí de mi hotel y llegué al Asilo de Ciegos, situado en la Novena Avenida, entre las calles 33 y 34.
El edificio está situado en el centro de un cuadro de verde césped, sembrado de árboles que brotan de la tersa superficie; así son en general los llamados parques, y la verdura de las plazas son alfombras de aterciopelado césped sombreadas por árboles: no lo que nosotros entendemos por jardin.
La fachada del edificio tiene puertas, torres, ojivas de pretensiones góticas; pero esta ventana intrusa en la arquitectura americana, es una enfermedad que desnaturaliza todo órden conocido de arquitectura.
La piedra es sombría, de ese gris oscuro que apénas tiene oportuna aplicacion en los sepulcros y en esas tumbas de vivos que se llaman prisiones.
En el enrejado que circuye el prado está un aviso prohibiendo la entrada y advirtiendo que será entregado á la policía el que traspase, sin permiso, aquellos límites; pero es el caso que el portero está en el interior del edificio y la situacion era crítica.
Venciendo dificultades y trámites, me presenté al director del establecimiento, jóven rubio, de patillas y bigote espesos, abundante pelo sobre la frente y aspecto más bien de capitan de caballería.
Esta primera impresion fué desmentida por la más refinada cultura, el saber y la modestia reunidas, y un espíritu de bondad generosa para con los ciegos, que empeñó al fin para con el jóven director mi sincera simpatía.
Yo sabia que la institucion para ciegos fué debida á la caridad de los Doctores Samuel Wool y Samuel Askely, que consiguieron su reconocimiento oficial en 1831 y se abrió al público en 1832.
La administracion consta de un presidente y comisionados para los distintos ramos de instruccion, en lectura, escritura, geografía, etc., música y talleres.
El presupuesto del establecimiento contiene la cifra de 118,616 66 de egresos, y de ingresos 126,803 35, figurando en los ingresos solo 42,494 46, como auxilio del Gobierno: la suma que equilibra el presupuesto se debe á la caridad de los particulares, entre los que figuran una persona dando 20,000 pesos y dos 10,000 cada una.
Se da educacion en el establecimiento á 200 niños y niñas, situados en secciones ó alas separadas del edificio, con escrupulosa independencia.
El señor Superintendente, que era quien nos mostraba el Instituto, nos hizo notar la ausencia de niños y niñas, porque se acababan de cerrar los cursos; pero insistió en darnos idea de la distribucion de labores y del sistema de enseñanza.
Cercano á la puerta, y en el arreglo más perfecto, está un almacen y en él expuestas las manufacturas de los ciegos, como bordados, canevás, tejidos de bolillos, y cosas análogas á la industria femenil; y cepillos, escobas, colchones y otros artefactos, que no exceden en perfeccion á los hechos en México en la Escuela de Ciegos. Esto no puede nunca considerarse como recurso, pero sí es un ingenioso motivo para excitar el ejercicio de la caridad.
Comenzamos entre esas ciudades de tablas que se llaman edificios, á hacer nuestra excursion por las cátedras y salas de estudios, que no ofrecieron para mí novedad alguna, porque el establecimiento de México dirigido por el Sr. D. Ignacio Trigueros, es magnífico.
En su hermoso despacho contiguo á una biblioteca propia para el establecimiento, nos detuvo nuestro guía, que es el Superintendente, como hemos dicho, y se llama William Vait.
Sentóse en su mesa y nos mostró varios libros.
—Vd. no puede figurarse, me dijo, todo lo que se adelanta en la lectura de los ciegos con que las letras sean angulosas como vd. ve. Las letras de gran tamaño, que son únicamente relieve de las letras comunes, sin duda complican más las sensaciones ó se presentan ménos conspicuas; el caso es que se nota gran diferencia en favor de las letras angulosas.

ASILO DE HUERFANOS HEBREOS.
A pesar de ese adelanto, este método produce solo un diez por ciento de niños aprovechados, aun de aquellos con quienes se tiene mayor asiduidad con la enseñanza. Hubo una época que para la escritura se usó de una tinta espesa como jalea; el niño en cada letra dejaba muy prominente la forma, pero el sistema quedó sin éxito.
Reflexionando yo, continuó el Sr. Vait, en todas estas dificultades y con reminiscencias de los antiguos métodos, me decidí por un alfabeto convencional de puntos, que hiciese muy sencillas las impresiones.
Para esto marqué dos líneas paralelas casi unidas, pero perceptibles al tacto de un ciego, y así planteé mi alfabeto.

HOSPITAL DEL MONTE SINAI.
Discurrí que en el inglés la e y la t entran lo ménos en un veinticinco por ciento de una peroracion cualquiera; pues bien, la t y la e se presentan en mi alfabeto, como vd. ve, con un solo punto, siendo la e en la primera línea, la t en la segunda. Vea vd. el alfabeto:

El alfabeto así dispuesto, la lectura se hace á la vez que la escritura, procediéndose así.
Esto que tengo en la mano es un cuadrilongo compuesto de una lámina finísima de metal en que están las dos líneas muy marcadas como en una pauta. Este es un marco movible de esa lámina; en los bordes del marco corre esta faja con cuadritos, que es la guía del ciego.
Se interpone el papel entre la lámina y el marco, y se afianza convenientemente; se coloca el punzon en la mano del ciego, punzon romo para que forme los puntos, y escribe.... Vea vd. esta carta que recibí esta mañana de uno de mis discípulos. Vd. podria ensayarse.
En efecto, me ensayé y encontré facilísimo el sistema de Vait, que es el que se sigue en el establecimiento.
En la práctica de este sistema, sin desmentirse una sola vez, ha habido un ochenta ó noventa por ciento de discípulos aprovechados.
El volúmen de lo que se escribe es mucho menor, y permite que el discípulo estudie y lea libros que de otro modo no estarian á su alcance.
—Aquí tiene vd. un solo libro de la Biblia contenido en estos ocho gruesos volúmenes: el mismo libro por mi sistema está en un tomo. Ya vd. se figurará la diferencia del costo.
Para la numeracion, y sobre todo para la música, he seguido el mismo sistema con buenos resultados, como se lo prueban á vd. estos certificados de personas muy competentes.
El sistema de Vait está extraordinariamente generalizado, y por mi parte lo creo digno de estudio entre las personas que deseen el adelanto de establecimientos semejantes á este, que son honra de la humanidad.
Seguimos nuestro paseo, y en la cátedra de geografía ví que los mapas son de fracciones grandes de madera ó colocados en grandes círculos giratorios, de madera tambien, lo que facilita mucho el estudio.
El comedor que está en el centro del edificio es hermosísimo, puede llamarse de lujo, y en él están consultadas las comodidades y aun los gustos de los infelices ciegos.
Me parecieron en el comedor muy oportunos los manteles blancos de hule; éstos se conservan sumamente aseados, y su renovacion la hace una esponja húmeda á cada comida.
La cocina es de vapor; en el centro se hace uso de las sartenes y de las parrillas, y en grandes peroles de fierro se confeccionan los guisos, calentándose muchos peroles á la vez, por medio de las corrientes que parten del depósito del vapor.
En la seccion destinada á las niñas, se observa el mismo método que en la escuela de hombres.
El establecimiento del Sr. Vait es de los primeros del mundo, y este señor uno de los hombres dotados de más preciosas cualidades para su alto sacerdocio.
Cuando volví al hotel, hallé el cuarto de Iglesias con concurrencia desusada, puesto que él pasa el tiempo de todo punto aislado y leyendo constantemente dia y noche.
El departamento de Iglesias consta de dos cuartos; uno de ellos habita su hijo José María, el otro es el de Iglesias; libros por todas partes, su cama, lavamanos y ropero, un pequeño sofá lleno de periódicos. En el centro de la pieza una mesita con un juego de ajedrez.
Estaban al momento de mi llegada en la pieza, Jorge Hameken, Rocha, Gomez del Palacio y los señores de la casa. Corria fresco el buen humor, la gente hablaba del humbug americano. Uno le comparaba al canard frances; los otros á la bola habanera; quien al chasco y al borrego mexicanos; pero aunque distintas las opiniones, se convenia unánimemente en conceder la primacía al humbug americano.
El humbug en una sociedad educada, calculadora, activa y en que domina el peso omnipotente, tiene que ser infinitamente flexible, revestir todas las formas, amoldarse á todos los gustos, iniciarse resuelto, proceder por sorpresa, llegar á la temeridad, apareciendo fácil y sencillo, y esto le da carácter fisionómico en esta sociedad.
En la política, el humbug se calza el guante blanco, se almidona los puños, se peina de polvo y vuelve locos á franceses y japoneses, á austriacos y españoles, que condescienden con estas excentricidades de los yankees.
—En política, me decia J. J. Baz, que ha estudiado con sagacidad el humbug, se manifiesta en toda su grandeza el humbug en la eleccion presidencial.
Francisco, con la sencilla claridad que constituye una de las dotes de su elevado talento, me decia:
—Marcy, Ministro de la Guerra de uno de los presidentes más notables, formuló el juego electoral con estas notables palabras: Los despojos son de los vencedores. Traducido al idioma palaciego, quiere decir esto: "Los empleos corresponden á los que trabajan en la eleccion."
Favorece la especulacion poderosa que aquellas palabras crian, el artículo constitucional que da facultad al Presidente de remover y nombrar libremente á los empleados de la administracion dependientes del Ejecutivo.
Llaman los americanos á esta vuelta de la fortuna palaciega, rotacion, en cuyo movimiento resultan contusos y despostillados muchos, y muchos en la cumbre de la riqueza y los honores.
Para llegar al fin del movimiento está la máquina política, y para untar la máquina, aunque no oficialmente, pero sí casi públicamente, se hacen descuentos de sus sueldos á los empleados.
Próxima la eleccion, á punto de moverse los círculos y de comenzar á funcionar la máquina, los prohombres del partido, con sus respectivos coros, redactan la Plataforma, ó sea programa de la administracion futura, y se encomienda á la publicidad.
Dos móviles poderosos se emplean para acreditar la Plataforma, á cuyo través se perciben los candidatos á la presidencia: un resorte es la prensa, el otro el Speech.
En el primer órgano se apiñan los noticieros, los politicastros y la gente de turbulencia sedentaria, y aquello es la mar: por un lado el insulto, la diatriba asquerosa, la calumnia, las alusiones á la vida íntima, la rabia del desenfreno; por el otro, las promesas deslumbradoras halagando las ideas populares.
Así se apoderó la prensa de la cuestion de esclavitud, que aunque grandiosa en sí, no tuvo por móvil exclusivo aquí la reivindicacion de la humanidad; así fué la cuestion del Alabama para la eleccion de Grant; así para la competencia de Hayes y de Tilden, la reforma de la lista civil.
—Advierte que es un móvil poderoso, me hacia notar Francisco, porque se trata nada ménos que de purificar la administracion, de separar la intriga de las funciones oficiales para llamar al mérito á los destinos públicos, independiéndolo de los compromisos que trae consigo la complicidad en el fraude.... La prensa es la orgía del escándalo, la embriaguez de la difamacion, los defectos físicos, los descuidos de la niñez, crónica escandalosa: todo se exprime en el filtro de la opinion, para revestir de formas deslumbradoras el gran humbug.
El Speech es aun más incendiario; comunícanse órdenes desde á los ensartadores de palabras más oscuros, hasta oradores de merecida nombradía: hijo legítimo del Speech es el Stump.
Al desmontarse un terreno vírgen (esta es explicacion para que entiendas el Stump), los gruesos troncos que quedan en la superficie de la tierra, se llaman Stump, (troncon, traduciremos para entendernos).
En ese troncon, desde la sociedad naciente se levantó el orador primitivo: de ahí vienen el discurso y el orador de Stump. Estos energúmenos invaden plazas y calles, y hacen su tribuna de un cajon vacío, de un barril, de un poste.
Calentada la opinion por los recursos anunciados, los agitadores ó politicians (politicastros), congregan grandes convenciones de los jefes ó cabecillas del partido: las convenciones últimas de los republicanos fueron en Cincinati; los demócratas se reunieron en San Luis Missouri.
Aquellas convenciones son divinas: no hay ni en las olas ni en las tempestades nada que pueda compararse á una convencion en toda su efervescencia.
En la convencion se discute el ticket, ó sea la lista de los candidatos para la futura administracion, es decir, se llega al proyecto de reparto de los despojos de los vencidos: aprobado el ticket, se envía al Presidente en ciernes una carta acompañada de la lista, para saber si el Presidente acepta: esta es una pura fórmula, porque el Presidente acepta generalmente lo que viene de su partido.
Celebrado el pacto, se procede á la eleccion y luego al reparto del botin.... corroyendo semejante sistema todos los resortes del órden, de la moralidad y de la decencia.
Hayes, no obstante, ha querido con empeño realizar su programa; pero hasta ahora no ha logrado absolutamente nada. Hé ahí una faz, y muy importante, del humbug político.
La administracion de justicia (entiéndase que exceptúo la justicia de la federacion, propiamente dicha), los jueces en lo general, están contaminados de la corrupcion electoral.
Alborotadores de café, politicastros de bar-rooms, entrometidos y bullangueros, suelen tener influjo decisivo en las masas, y hacen el nombramiento de jueces: el resultado es que en los negocios en que ellos intervienen, se hacen servir despóticamente, y la justicia se plega á sus conveniencias, imprimiendo en los negocios un sello de prostitucion descarada á veces, que realmente escandaliza á los poco conocedores de esta clase de negocios.
Por lo demás, para despertar la curiosidad en esta Babel y entre gente tan preocupada de su negocio, la prensa suelta dia á dia cada humbug que canta el credo.
Empresas imposibles, descubrimientos estupendos, muertes horripilantes, todo está á la órden del dia con estrépito, en relieve, en són de catástrofe ó de contento, segun produzcan la sorpresa ó el halago del mayor número.
Hay un periódico semanal titulado El Sunday Mercury: en él está recopilado cuanto la mente humana no puede idear de más tremebundo.
Apariciones, endriagos, monstruos, tertulias de muertos, amores horripilantes, descubrimientos de países estrambóticos, erupciones volcánicas, brujas, milagros, y yo no sé cuántas cosas más.
En los teatros tienen su asiento y se aclimata lo más extravagante y lo más inconducente: como hemos visto, se pone en escena La Vuelta al Mundo, de Julio Verne; de tres dramas de asuntos diferentes, se hace uno de plan americano, y la cosa marcha. Hay romanos de revólver al cinto, y aparece en el Bosque de Boloña la Basílica de San Pedro. Todo esto no es de literatos, sino de saltimbanquis y teatros de segundo órden.
En espectáculos de otro género, basta seguir las peripecias de la vida de Barrum para persuadirse que no hay más allá....
El puebla de gigantes su espectáculo, ó produce enanos; expone á la vista hombres con las pieles de todos los colores, venidos de regiones misteriosas, ó saca á luz circasianas de profusas cabelleras y rostros confeccionados en Saturno ó en Júpiter.
Barrum es el rey del humbug y se enorgullece de su primacía, gana su dinero dando espectáculos de un género especial, se anuncia con procesiones de carros en que van expuestos los objetos y los animales y las maravillas que va á exponer, y este anuncio ambulante es dispuesto con tal artificio, que por sí constituye una maravilla.
En los carros va al descubierto lo conveniente, y oculto lo que necesita el prestigio de lo singular.
Bajo las ricas mantas de algunos carros, se oyen rugidos de fieras, articulaciones en idiomas desconocidos, gemidos, como caidas de agua y como tempestades, y se ven luces siniestras entre gigantes, enanos, pájaros extraños é indescifrables.
Una vez anunció que habia sorprendido un borrego en los Alpes, de colosal tamaño, y de tan raro aspecto, y de tal singularidad de conjunto, que las sociedades de historia natural estaban con tanta boca abierta.
En efecto, el borrego era singularísimo; un hombre de pié apénas alcanzaba la altura del lomo.
El público le veia, le acariciaba y pagaba con gusto sus entradas: el dia ménos pensado, el borrego se soltó relinchando (el borrego era un caballo con lana sobrepuesta y pintorreado).... pero esto, léjos de disminuir, acreció la reputacion y la fortuna de Barrum.
En Paris, me contaba J. J. Baz, habia un caballero por el estilo, llamado Mayard, de extraordinaria celebridad.
Este hombre pretendia sincerarse á menudo de la nota de charlatan con que se le pretendia agobiar.
—Todos me dicen charlatan, clamaba, y nadie se fija en la mágia del lápiz de Mayard.
Y diciendo y haciendo, sacaba de su bolsillo un lápiz como una tranca; con una navaja como un alfanje le tiraba un par de tajos, y caten vdes. el lápiz cortado como en una máquina.
—Este lápiz no es comun, repetia: ¿vdes. han visto cosa semejante?
Y clavaba el lápiz en un tablon, como un puñal; despues, como distraido, hacia unos garabatos: era un engendro raro, unas rayas inconexas, un caos de líneas que todos veian casi con disgusto; trazaba un rasgo sobre ellas, y aparecia un pájaro tan perfecto, que se creia iba á saltar, cantando, del tablon; otras veces, entre esas líneas, dejaba caer como al acaso dos puntos y una raya, y saltaba haciendo muecas la caricatura de uno de los circunstantes, en medio de la risa universal.
Mayard y Barrum se encontraron y fueron amigos.
Le decia Mayard:
—¿Vd. ha repasado sus Memorias? ¿Ve vd. todos los modos de engañar que ha descubierto? pues ya le enseñaré á vd. uno nuevo.
Pasó el tiempo: Mayard desapareció de Paris; un periódico, una vez, dió la noticia de que estaba en Africa empeñado en una cacería de leones. Se describia su tren y su servidumbre.
Un dia, el mundo de la curiosidad y la mentira amanecieron de duelo.... Mayard habia muerto: habia luchado heróicamente con un leon.... pero uno de sus acicates se enredó en unas yerbas, cayó, y aquello fué espantoso.
Una tarde, entre los magníficos carruajes de la aristocracia, habia uno realmente deslumbrador; lo guiaba una especie de orangutan, pero revestido de oro; en el fondo se veia un caballero saludado con entusiasmo por la multitud.... Era Mayard que habia refaccionado su crédito, haciéndose devorar por un leon.
Descendiendo en la escala del humbug, deben mencionarse las medicinas milagrosas, raíces de la India, píldoras con extractos de hígados de serpiente, elíxires que contienen lágrimas de pescados de cuatro piés, y cosas que ni con calentura se discurren, ni los locos en sus extravíos imaginan. Por supuesto, las curaciones que operan, tienen certificados fehacientes y les han valido cruces y medallas á los autores. Entre estas medicinas ocupan lugar preferente las que reparan las fuerzas, y son el ensueño de los viejos verdes.
Pero donde para mí encuentra el humbug su apogeo, es en dos cosas.
Las ventas y combinaciones para rifas y loterías, y el humbug de la oratoria.
En cuanto al primero, habia un hombre una mañana en una encrucijada de la calle de Cidar, que la atraviesa otra ex abrupto y como cerrándola. El caballero estaba elegantemente vestido y hablaba con la sencillez de un niño. Tenia á su frente caramelos, cajitas de carton con anillitos y piedras falsas.
El hombre, ya envolvia un caramelo, ya ponia en una cajita un billete de á veinticinco centavos.
Confundido con otros caramelos, el del papel colectaba de á centavo para el que quisiera caramelo, y entre las manos hacia la rifa.... Todos los circunstantes ganaban su caramelo.... y él decia: "Esto es dulce," y procedia á otra rifa: el público acudia, y en las cajitas se ponian grimbaks de á veinte pesos.... el juego era de lo más divertido: ¡lástima que la policía no fuera de la misma opinion!
En las calles se ve perorando en alto, en mangas de camisa, con un sorbete reluciente, un pañuelo enredado al cuello, al rayo del sol, con una mesita al frente, un hombre que manotea, gesticula y dice cosas tremendas sobre las virtudes de un jabon mágico que quita las manchas de los sombreros: de repente el sombrero más averiado de la concurrencia está sobre la mesa: viene de no sé dónde, en alto, un vaso de agua; se lava el sombrero, se exprime, reaparece como nuevo; la gente aplaude y se venden aquellos pedazos de jabon, que es un juicio. Ya vimos en Orleans á uno de estos prestidigitadores.
En medio de una plaza se ve á un jóven moreno, de mirada escrutadora, con una jaulita de canarios al frente; entre los alambres de la jaula hay tiritas de papel de distintos colores; el confidente del canario explica con los colores, que el canario responde á la buena y á la mala fortuna, y siguen las consultas.
En una plaza de Orleans, como hemos visto, noche á noche, entre hachones, aparecia un pizarron para explicarse un método de contabilidad que era el asombro del mundo: despues se vendian los libritos.
En un quicio de puerta, al frente de una mesita, se ve un hombre como probando unas plumas; se tiene la pluma entre las manos, se humedece en un vaso de agua, se escribe.... y aquello es lindo: se ven pintiparadas las letras como si las hubiera parido el mejor tintero.... Va vd. á su casa, quiere hacer la propia operacion.... escribe vd..... y ve vd. despues el papel como la madre lo parió.... como si nunca le hubieran puesto la mano encima. Hay muchas de estas plumas que surten excelente efecto.
Una mañana, al vestirme, noté la desercion de dos botones de mi pantalon; me resolví á que entrase en campaña mi ineptitud para la costura, y aquel fué tragin: me hice criba los dedos, pujé, bufé, grité.... y me entregué á la desesperacion. Pero la costura no fué para mí tan laboriosa ni humillante, como la ensartada de la aguja.... aquella postura de cazador, aquellos gestos contra la ventana, aquella desviacion del hilo que se parecia á la burla, me tenian humillado....
Salí á la calle, de pésimo humor: á la espalda del Correo habia frente á una mesita un viejo cano, fresco, alegre, bien vestido, de ojos grandes y dentadura blanca, con un carrete de hilo en la mano; hablaba tan sabroso, que tal me parecia castellano lo que hablaba: un inmenso círculo de gente le oia con verdadera complacencia. El mostraba su carrete que remataba en un aparato de estaño.... aquella era una maquinita de ensartar agujas: ni Cristóbal Colon se sintió más grande con su descubrimiento, que yo con el mio.
Hablando, hablando, aquel génio y aquel bienhechor mio, ensartaba agujas como quien traga anises. Yo estaba encantado: compré mi carrete en diez centavos, compré otro y otro, y hubiera querido traspasar su puesto al vendedor.... volví al hotel triunfante.... A Francisco le saqué conversacion, de modo que me viese ensartar una aguja él que me habia burlado en la mañana.... aquello era el imposible.... aquella treta hacia más difícil la operacion que con los medios comunes.... muchas agujas eran alambres de acero sin ojos.... Riendo me decia Francisco:
—¿No querias saber lo que es humbug?.... Hay tambien maquinitas verdaderas que surten ese efecto.
Es comun ver en las noches, en una banqueta, un telescopio, y á su lado una persona grave dando un curso de astronomía, como no lo hubiera hecho el mismo Arago ó Flammarion.
Más adelante pondremos á los ojos de nuestros lectores anuncios que pueden pasar como tipos en materia de humbug.
La siguiente es una parodia del estilo yankee, tomada del Asmodeus, libro de crítica que se ha hecho muy raro, y del que no me ha parecido conveniente dar idea en estos Viajes.
Se trata de vender las acciones de una mina de leche, mantequilla y miel:
¡ATENCION!
¡Nuestros prodigios no cesan jamás! ¡Poseemos minas capaces de redimir en un dia las deudas de todos los gobiernos de la tierra, inclusa la de los Estados-Unidos! Las Montañas Rocallosas tienen plata para que se forjen de sus desperdicios rieles que unan al Atlántico con el Pacífico.
Trabajamos á la luz saludable del sol montañas inagotables de carbon que no tienen rival en cualidad y de las que son tributarias, á su despecho, las miserables naciones de Europa, porque ellas tienen que descender á veces por ese precioso combustible al lecho del Océano. Para proveer á nuestras grandes ciudades de una luz más dulce y económica que la del dia, solo tenemos que abrir unos cuantos hoyos en dos ó tres de nuestros Estados; pero, ¡oh prodigio! ¡oh asombro! hoy anunciamos un descubrimiento que excede á las más estupendas creaciones de nuestros novelistas modernos y á los más inverosímiles milagros de las Mil y una noches.
Varios trabajadores, al trozar una loma en el Estado de Humbuggia, para ponerlo en relacion con las otras estrellas del firmamento americano, descubrieron con sorpresa extrema un pozo que brotaba leche de exquisito aroma y sabor. El estupendo fenómeno fué explicado cuando, profundizando el pozo, llegaron á inmensos depósitos de mantequilla y miel petrificadas.
Depósitos semejantes, que parecen haber permanecido en el estado que se hallan, por siglos de siglos, han conservado á los preciosos artículos que denunciamos, su sabor primitivo. La leche y la mantequilla, lo mismo que la miel, despues de expuestos unos minutos á la luz, se coloran suavemente de un tinte dorado, que les hace muy agradables á la vista.
El eminente profesor Sillyman ha extendido un luminoso Informe de este prodigioso descubrimiento; Informe aprobado por una Sociedad de geólogos y otros sabios ilustres, que han acudido de los más remotos puntos del globo á este privilegiado Estado de la Union. En el Informe se demuestra, á la luz meridiana, que esos inagotables depósitos se deben (salvo los errores á que puede inducir la falta de datos tratándose de fechas tan prolongadas), á una raza de hombres y animales de estupenda pujanza, probablemente gigantes, que habitaron ántes aquellas regiones. Los grandes banqueros Gulling y Cª han examinado los pormenores todos de la empresa, suscribiéndose con cuarenta y cinco mil pesos cada uno para la explotacion, organizándose en Compañía (conforme á las leyes del Estado), y dando vida á esta riqueza con que nos ha querido dotar la bienhechora mano de la Providencia.
Los mismos banqueros han permitido, á instancias de multitud de personas, que se pongan en venta cuarenta mil acciones de á cincuenta mil pesos cada una.
La suscricion al fondo de la "Compañía de leche condensada, miel y mantequilla," se abre hoy á medio dia, en el despacho de la oficina que se menciona, con la firma irreprochable que se ha dicho.
(Traduccion libre).
Copiemos ahora el anuncio verdadero de un Museo Anatómico, que no es el que describimos en nuestras páginas anteriores:
SE ABRIRÁ EL 4 DE JULIO DE 1877
MUSEO DE ANATOMIA, CIENCIAS Y ARTES
EN TODO SU DESARROLLO FIGURAS DE HOMBRE Y DE MUJER DISECADAS EN CADA UNA DE SUS PARTES
Un mundo de secretos descubiertos.
Una mina explorada de riqueza anatómica.
Una fuente rebosando en bellezas.
Excursiones por un mundo misterioso.
Revelacion singular de las formas humanas,
Con ejercicios de su complicado mecanismo.
OBRAS MAESTRAS DEL PODER CREADOR LAS SORPRENDENTES MARAVILLAS DE TODAS LAS EXISTENCIAS
LA ESTRUCTURA HUMANA Su accion oculta, su organismo secreto revelado por la mano de la ciencia y la destreza del génio.
Anatomía de la abeja,
Del buey, del caballo,
De las flores vegetales,
Y diez mil curiosidades más, que constituyen
este Museo en único en su género.
Para concluir esta parte de nuestra charla, copiaremos algunos avisos de la Gaceta Matrimonial. Es de advertir que los avisos los redactan los mismos interesados:
UNA señora viuda, de cuarenta años, sin estorbos,[1] de buena presencia, bien relacionada y con una renta moderada, desearia abrir correspondencia con un caballero como de cincuenta años, con miras de matrimonio.
[1] Los estorbos son los hijos.
UNA muchacha trabajadora, de diez y ocho años de edad, que gana diez pesos semanarios, quisiera casarse con un jóven que trabaje con regularidad, y que ni fume ni beba con exceso.
UN caballero inglés, de edad de cuarenta años, buena familia, no mala presencia, moreno, de buen natural y corazon ardiente, quisiera casarse con una jóven de ménos de treinta años.
UN clérigo de edad de treinta y cinco años, con elevadas relaciones, buena casa y comodidades, desea entablar relaciones para casarse con una jóven bien educada.
MARIANA, de edad de cuarenta años, representa diez ménos, bien educada, de mediana estatura, morena, bien parecida, amable, de corazon ardiente y disposicion amante, con una pequeña propiedad y residencia en Albany, desea corresponderse con un caballero de buenas proporciones y no enteramente viejo, con mira de casarse.
UN clérigo, que es á la vez maestro de escuela en un pueblo de Pensylvania, alto y moreno, desea correspondencia con una señora pasable, de algunas proporciones. No se desecharia una viuda sin hijos.
UNA jóven rubia, muy inclinada al matrimonio, desea contraer conocimiento con un caballero de honor, que le preste un auxilio moderado.
SOY un mecánico de treinta y tres años de edad, grueso, pero bien formado, americano de nacimiento, tengo deseos de saber las señas de alguna buena muchacha de juicio que desee tener su casita propia. Que no pierden su tiempo conmigo las muchachas de moda.
LA hija de un clérigo, de edad de veinticinco años, morena, bonita, muy viva, muy cariñosa y bien educada, desea una correspondencia, con objeto de casarse.... luego que mueran sus padres, tendrá una fortuna considerable. Está lista para marchar á cualquiera de los Estados de la Union.
TEMPUS FUGIT.—Muchachas hermosas, la que de vosotras quiera un marido de poco más de treinta y cinco años, de carácter alegre, y fuerte como un buey, con tal que la que pretenda no sea muy afecta á vivirse en la calle, puede dirigirse con su retrato al editor de este periódico, quien tiene instrucciones.
El Herald, hace pocos dias anunció unos matrimonios por rifa, de chuparse los dedos.
En cuanto á los avisos del Mercurio, los hay tan pecaminosos, que nos ha sido materialmente imposible hacer la traduccion de ellos.
VIII
Establecimiento tipográfico y librería.—Appleton.—Librería.—Varias oficinas.—Mr. Veillet.—Periódicos.—Su carácter.—El Reporter.—Periódicos notables.
El establecimiento tipográfico y de librería, que lleva como un timbre de honor el nombre de Appleton, tiene, con justicia, celebridad universal; nadie desconoce su influencia bienhechora en la civilizacion del Nuevo-Mundo, y todo americano se vuelve reconocido hácia una fuente de instruccion que recuerda desde los planteles de la niñez.
Es la casa de Appleton un modelo en que están hermanadas sábiamente la especulacion y la beneficencia.
La librería y el gran despacho de los negocios están ubicados en la calle de Broadway, y de su suntuoso edificio de fierro hay numerosos trasuntos en publicaciones pintorescas.
Tiene el edificio la extension de una de las que llamamos nosotros cabeceras, y un ancho de veinticinco varas, siendo de esa extension los salones superpuestos ó pisos de que se compone el edificio.
Mesas, mostradores y escritorios, están perfectamente distribuidos en el salon central, las alturas y el almacen subterráneo en que se hace propiamente el despacho.
Penetra la luz al interior de los salones todos por un espacioso tragaluz cuadrado, bajo el cual ascienden las escaleras formando balaustrados y puentes, que le dan aspecto grandioso y bello al conjunto.
Cientos de miles de volúmenes se ven en mesas y en estantes, y como de un manantial, de allí afluyen, á las americanas regiones esencialmente, las primeras semillas del saber humano, con sorprendente profusion.
La imprenta, la encuadernacion de libros y la fundicion de tipos, está situada en Broklyn, donde se dignó llevarme Mr. Veillet, dependiente de la casa de Appleton, autor de varias obras, y persona con quien en México tuve el honor de contraer relaciones.
La fábrica emplea más de quinientos obreros de ambos sexos en sus diversos departamentos, distribuidos en la manzana que ocupa el edificio, que consta de varios pisos con sus hileras de ventanas, como otros muchos que ya conocemos.
No me detendré en la descripcion de cada departamento, porque se trata de una industria muy conocida y adelantada en México: mencionaré lo que me llamó la atencion, presumiendo que para alguno pueda tener novedad.
A la entrada de la imprenta me detuve á examinar una máquina de secar papel despues de hecha la impresion.

VIAJE DE FIDEL Luis Felipe Mantilla.
Compónese de un cilindro que encierra el calor, y que orea el pliego colocado debajo en unas cuerdas que le sostienen. Cuando entra el papel, está completamente húmedo: cuando sale se puede encuadernar. Yo no sé cómo no se ha hecho aplicacion semejante para los periódicos en México, donde pagan el porte por peso; la máquina produciria un ahorro de mucha consideracion. Las prensas hidráulicas colocadas en esa seccion del departamento, son de gran potencia, y en ellas solas está invertido un gran capital.
Las prensas de impresion son treinta y seis, que están en perpétuo movimiento, y preside á todas ellas la prensa en que se coloca la planta para hacer el tiro y la vuelta de una vez. Esto es, la planta cilíndrica que se ve con justicia como un gran descubrimiento.
Los procedimientos en el trabajo de prensistas y cajistas, son como los nuestros.
La oficina en que se estereotipan las plantas, ofrece interes por ser poco conocidas en México sus labores.
La planta estereotípica ofrece inmensas ventajas para su uso, á más de la baratura por el ahorro de manos. En primer lugar la celeridad, porque se pudieran tirar en varias prensas las mismas plantas, centuplicando los tiros: en segundo el ahorro, porque la letra se destruiria muy pronto donde se tiran muchos ejemplares: en tercer lugar, la conservacion de la planta por años enteros, sin temor alguno de que se empastele.
Despues de formada la planta y colocada en su cuadro de fierro, se vierte sobre ella cera derretida y se deja enfriar; al enfriarse la cera, conserva los más imperceptibles accidentes de la plancha. Entónces se sumerge en el baño galvánico, y á muy poco tiempo una lámina de cobre flexible tiene la impresion en relieve: se adapta con sumo cuidado á láminas de acero, y éstas se pulen y cepillan en varias máquinas de pujanza poderosísima y quedan aptas para la impresion, guardándose despues las planchas para todas las impresiones que se quiera. Se calcula en cerca de quince millones de pesos el valor de las plantas que tiene en almacenes la casa de Appleton.
Por ese medio se tira solo de libros de deletreo, anualmente, un millon de ejemplares.
La oficina de encuadernacion está servida en su totalidad por señoritas, en las que se admira la delicadeza y compostura, tanto como la destreza en el trabajo.
De esa oficina salen esos dorados como bruñidos espejos, esos relieves del cincel, esas pastas que hacen de las ediciones de Appleton objetos artísticos de merecida nombradía.
La máquina de cortar papel es un triángulo de acero giratorio, que sin mover el papel, practica el recorte con más celeridad y perfeccion que las máquinas de que nosotros nos servimos.
Hay máquinas de varias clases para plegar, y de alguna ya hablamos al visitar las prensas del Evening Post. En cuanto á las de coser cuadernos, las máquinas son muy sencillas y de fecundos resultados.
Las más de esas máquinas son variaciones de la máquina de coser comun. Sin embargo, es digna de mencionarse una en que la costura se hace con hilo de alambre y se adapta á los lomos resistentes de algunos libros.
Al fin de uno de los salones del departamento de encuadernacion, hay una especie de escondrijo con un estanquecito de agua sucia, que tiene ollas de pintura á los lados. Allí se hace el papel jaspeado y se jaspean los cantos de los libros. El artesano encargado de este trabajo, es un hombre seco como un bacalao, rubio y desdentado, de dedos largos y una fisonomía como de pájaro.
La agua que contiene el estanquecito está preparada con goma y no sé qué otros ingredientes. Sobre la tersa superficie de aquella agua, sacude sus brochas con pintura el artesano, quedando sobrenadando gotas azules, amarillas, verdes y rojas, blancas y de los colores que se quieren combinar: despues de esta operacion, se pasan unos peines sobre el agua, y con el extremo de la brocha queda hecho el jaspe; entónces se sumerge de canto el libro y se imprimen esos dibujos caprichosos, esos mosaicos de colores que tienen hermosura especial en algunas ediciones de Appleton.
El órden y el silencio que reina en todos los salones, la exquisita combinacion de la economía con la hermosura de las ediciones, hacen de aquella fábrica un objeto de estudio.
Muchas de las ediciones que publica la casa son pintorescas; y allí se ven esas ediciones tersas que encantan; esos grabados que compiten con los prodigios del buril inglés; y esas impresiones de dos y más tintas, que hacen de cada mapa un dechado de pureza de ejecucion.
A mí me desesperaba considerar la baratura increible que se podria alcanzar en estos libros de educacion, y que no se logrará nunca, miéntras no se ponga el papel libre de todo derecho.
¿Cómo es que se quiere proteger una industria que no tiene elemento ninguno de vida propio? ¿Cómo se ama el trabajo, y el resorte que lo hace más fecundo, que es la instruccion, se encarece y escasea? Los libros que se dan aquí por diez centavos, en México sacan un costo de cincuenta. ¿Cómo es posible marchar con estos obstáculos, que cria la barbarie y se respetan, en el camino de la civilizacion?
De todas las manifestaciones estúpidas que tiene en México la proteccion de la industria, ninguna me parece más censurable que la que da por resultado la carestía del papel.
El Sr. Veillet todo me lo explicaba con suma paciencia y bondad, haciendo en todo observaciones oportunas y dejándome muy sinceramente agradecido á sus finezas.
—Ya que he leido á vd. mis apuntaciones en la casa de Appleton, dije á mi amado amigo P. de Leon, quisiera me dijese vd., á quien creo muy competente, lo que hay sobre periódicos; porque venir á los Estados-Unidos y no hablar de periódicos, es ir al mar sin quererse acordar del agua.
—Los periódicos políticos me dijo, ven como muy en segundo término su parte literaria; de suerte que, por esa causa, llaman la atencion los intervalos lúcidos del World y del Times, las crónicas científicas de La Tribuna y las noticias bibliográficas del Herald.
Cada periódico lleva en alto la bandera de su creencia, sin embozo y sin inconsecuencias generalmente. Los periódicos tránsfugas son desconocidos. Pero como en las cuestiones administrativas, así como las de interes personal, caben opiniones diferentes, á cada momento hay antagonismo y contradicciones que pasan muy orondas, sin que nadie las note, ó que arman gazapelas domésticas que son una delicia.
El periódico tiene marcada independencia entre la parte de redaccion y la financiera.
En esta parte financiera, los periódicos, generalmente hablando, son empresas con administracion especial ordenada á estilo de comercio.
La redaccion se subdivide en secciones, en que figura la editorial, el reporter, el bohemian, etc.
Hay aun fracciones en la primera parte, encargadas de tales países ó de tales materias, sin confundirse y atendiendo cada cual á su asunto.
El reporter es el cazador de noticias, el pescador de chismes, el cortejo del escándalo; está en la fiesta, se ingiere en el duelo, se escurre en el bar-room, danza en el salon, reza en la iglesia y se muestra compungido en el cementerio.
Hacer el corretaje de lo increible, de lo imposible, es su triunfo: él es el que dice un dia que se ha dado direccion á los globos, que se ha destruido el Niágara, que fué mentira la muerte de Napoleon, que el Papa está casado en secreto; y como aquí la publicidad es el todo, el reporter es el clarin y el aviso, el tambor y el toque de fuego.
El reporter no es un hombre vulgar: al abordar á un alto personaje; al iniciarse en una querella; al terciar en un galanteo, tiene que mostrar instruccion, cortesía y flexibilidad suma de carácter.
La audacia es el elemento del reporter; pero esta audacia seria infecunda, si no fuera acompañada de otras prendas. Entre los reporters hay personas muy decentes, listas para todo servicio, lo mismo aquí, que en China ó en el Polo.
Un reporter del Herald se fingió loco, se hizo conducir al asilo de Blakwel Island, y salió á escribir sobre los abusos cometidos con los locos, atestiguándolos con su propia experiencia.
El bohemian es la cria del reporter, su pimpollo. Escribe, y le pagan lo que escribe, si agrada.
La parte financiera del periódico no se entiende por suscritores sino por agencias. Hace la administracion su distribucion en grande, y éstas subdividen el reparto.
En todas las calles, en las plazas, en el interior de los barcos, la agencia se hace sentir, y el muchacho vendedor ha elevado al rango de industria la venta de periódicos.
Los avisos constituyen la seccion más lucrativa del periódico, y algunas de estas oficinas, en lo general, tienen suma importancia. Esto explica la mucha baratura de los periódicos. El Herald perderia dinero sin ese recurso que, como hemos dicho, llega á diez mil pesos diarios.
En materia de administraciones, hay una que es una perla, que vale un ojo de la cara.
Nos referimos á la Gaceta Matrimonial, periódico semanario consagrado á la agencia de matrimonios y procurar la felicidad conyugal. Algunas de las reglas de la publicacion merecen estar escritas en mármoles y bronces. Son el chisme y el corretaje del amor, en su quinta esencia de desfachatez y de insolencia.
Dicen así las más notables:
"En cada aviso debe citarse la edad y la posicion que el interesado tiene en la vida; tambien debe hacer el interesado ó interesada su descripcion, y decir si desea ó no correspondencia."
"Cuando una señorita ó caballero deseen entablar correspondencia, dirijan sus nombres (muy confidencialmente) al editor, como una garantía de buenas intenciones. Se entiende que los nombres en ningun caso se publicarán."
"El editor no es responsable de las promesas de los avisos ni de sus particularidades."
"El editor recibe consultas pagándole por separado."
Ya ven mis lectores que el corretaje de amor se ha llevado al más alto punto en este pueblo gigante....
Y aunque parezca divagacion, diré, insistiendo en las libertades que se toma la prensa, que acabo de hacer conocimiento con otros dos periódicos que no le van en zaga á la Gaceta Matrimonial: uno es El Tiempo, semanario; el otro La Gaceta de policía: en este último, que es con estampas, las representaciones de algunas escenas de la vida íntima son tan al vivo, que apénas las cubre un velo mucho ménos espeso que la hoja de higuera.
Por fortuna, esa embriaguez de despropósitos la corrige el estado general de la instruccion: así, pues, la prensa es influyente cuando atina con la fórmula del buen sentido, y es de todo punto insignificante, cuando deja traslucir miras privadas ó esfuerzos por torcer las opiniones.
—Por lo demás, me decia mi amigo, oiga vd. las calificaciones de los principales periódicos:
El Evening Post.—Periódico independiente, republicano, paladin del libre cambio. Lo redactan Bryant, Pakari Godwin y otros hombres honorables.
El Herald.—Lo redactan muchos, sin responsabilidad especial.
El Sun.—Periódico contrario al partido que aquí se llama republicano. Lo redacta Dana, hombre muy notable como escritor y muy bien aceptado entre las personas de valer.
El Sr. Dana es hombre independiente, incapaz de vender sus opiniones por ningun dinero; aunque, segun sus adversarios, es muy apasionado.
El World.—Demócrata.
The Trebune.—Republicano. Fué el periódico establecido y dirigido por Greely. Este periódico ha perdido mucho de su antigua reputacion de independencia.
Haciendo un resúmen del Directorio de periódicos que se acaba de publicar, resultan en los Estados-Unidos:
738—periódicos diarios. 70—tres veces por semana. 121—dos veces por semana. 6,235—semanales. 33—cada dos semanas. 105—quincenales. 747—mensuales. 13—bimestrales. 67—trimestrales. —— 8,129—Total: que son, 1.308,459 publicaciones cada año, de las que se tiran millares de ejemplares.
IX
Castle Garden.—Su historia.—Su estado actual.—Colonizacion.—Inmigracion.—Fonda y nevería de Bigot.—Otra vez la Colonizacion.—Venta de tierras.—El Ministro Shurtz.—Instrucciones.—D. Andrés Aznar.—New-York del lado del Este.—Bancos.—Sociedades de seguros.—Woll Street.—Operaciones de Banco.—Clearing-house.—Cajas de ahorros.—Edificios de la Aduana.—La Tesorería.
Desde el dia de mi laborioso ascenso á la torre de la Trinidad, al describir la bahía, quise detenerme en la pintura de una masa de piedra circular que como que llega á tierra y parece aún flotando sobre las aguas.
La rotonda á que me refiero, como es una construccion única en su clase, se singulariza extraordinariamente, y por lo primero que se pregunta es por Castle Garden.
En los alrededores de ese edificio estuvo en un tiempo la insegura muralla que ceñia y resguardaba la desconocida isla de Manhattam.
Allí paseaban fumando sus pipas los gravedosos holandeses, admirando las piezas de á treinta y dos, que era entónces como la última palabra del arte de la guerra.
Corrieron los tiempos: el prado en que se solazaban los ganados primitivamente y despues pasearon los hombres, comenzó á poblarse, y un dia, dejando su aspecto marcial, se trasformó la insuficiente fortaleza en el templo de Apolo, y aquello fué un primor.
La Jenny Lind, Mario, la Grisi sobre todos, regaron con sus conciertos populares el aroma delicioso del buen gusto desde aquel sitio; pero hostigado al fin el padre Apolo de los calores, de los mosquitos y de cada ventisco que lo tenia sin sacar las narices por semanas enteras, abandonó su templo y lo ocuparon los primeros que llegaban á tierra. De este modo la coraza de Marte y la lira de Apolo, fueron suplantados por el baston y el saco de viaje del emigrante.
Ni por esas levantó cabeza Castle Garden: quedaron silenciosos sus muros, la basura le vistió como harapos de miseria, y la soledad se sentó, como Job, casi á maldecir el dia en que el castillo vió la luz.
Un dia, al fin, sonó la hora de la resurreccion, se barrieron las basuras, se trazaron verjeles, se abrieron amplias calles, brotaron del suelo árboles de pomposo follaje y frescas sombras, y Castle Garden, afeitado, vestido de limpio, alegre y con sombrero en mano, se adelantó á la orilla del mar á recibir á los emigrantes, como persona que sabe hacer con toda pulcritud los honores de la casa.
Hoy Castle Garden es una oficina anexa á las empresas de colonizacion.
Pero el parque lindísimo á que afluyen las avenidas todas, como un receptáculo de muchas aguas, para distribuirse en los muchos muelles que conducen al mar y son como pórticos de la bahía, y el parque contiguo á la batería que le sigue, sin más division que una calle, son bellos de belleza indescribible. Colocado el espectador al extremo y principio á la vez de la calle de Broadway, se encuentra al frente de un inspirado panorama. A su frente, y por entre las tupidas ramas de los árboles, se perciben las grandes calzadas con sus orlas de asientos y los prados en que los niños juegan, entre el tragin de carros, ómnibus y wagones. Si levanta la vista el espectador, casi le espanta ver atravesar fantásticos, perderse entre las copas de los árboles y desaparecer, los trenes del ferrocarril elevado sobre sus arcos, por donde cruzan los carruajes y entre cuyos ojos se descubre el mar con sus navíos, su bosque de mástiles, sus mil banderas agitándose, como si fueran congregadas á un festin divino todas las naciones del globo.
El rodar de los trenes y carros, los mugidos del vapor, los gritos del hombre, las explosiones de alegría del niño, todo se escucha, y se ve un todo en que los colores y las formas, y la luz, y el aire, se funden para producir sensaciones desconocidas é inexplicables.
Y aquella sensacion la nutrimos, porque vive en nosotros y nosotros vivimos de ella en comunion deliciosa, como se agita la última hoja del árbol con una brisa pura, como se refrigera el último de nuestros poros en un baño voluptuoso.
Castle Garden está ceñido de una pared exterior como una faja. Su entrada ve al Este.
Atravesamos un patio estrecho, penetramos por encrucijadas y salones en que habia gente escribiendo, y desde una puerta que da á una empinada escalera, pudimos abrazar la inmensa sala circular, cuyo exterior llama tanto la atencion del viajero.
El salon tiene el aspecto de una inmensa plaza de gallos, sin circo ó estadio en el centro. Al Oriente y al Occidente hay puertas: la una da á los parques por donde llegamos; la otra al muelle en que desembarcan los emigrantes y tiene al lado las oficinas de la Aduana.
Al frente de la comunicacion de tierra hay oficinas telegráficas y de despachos de ferrocarriles, unidas á un gran mostrador de muchas varas en forma de martillo, que es el despacho de los emigrantes. Frente al mostrador hay una cantina y á su inmediacion bancas.
Cruzan las alturas las cañerías del gas. El muelle es un tablado que toca en las olas, bajo una sombra de lona que protege á los empleados y á los amigos de los viajeros. Estos, á su entrada al edificio, toman á la izquierda y la puerta se cierra, quedando como toril la parte interior del edificio, y sin comunicacion los que están con los que llegan, hasta que no han llenado todas las formalidades del desembarque.
Yo me quedé mucho tiempo en el muelle, esperando la llegada de unos Mormones. Era de verse y trabar conocimiento con esos chicos, á quienes toca la fortuna ó desdicha de tener cinco hembras por barba.
Muchos participaban de mi curiosidad. Esperamos en vano. En vez de Mormones llegaron unos cientos de austriacos.
Era aquel un enjambre de rostros patibularios, y trapos y sombreros como llovidos sobre sus cuerpos.
Casi todos traian consigo algun signo de su trabajo, como quien presenta ante todo su título social, y como quien no quiere desprenderse de su áncora de salvacion.
Una mujer, bajo su pañolon de lana, llevaba la parte superior de su máquina de coser; aquel atleta medio azorado blandia su serrucho; la jóven tímida tenia su cajita de pinturas; aquel caravanista de cachucha de lienzo llevaba colgado del brazo su violin; aquella especie de bueyes de sombrero de fieltro eran labradores.... y ¡oh nacion feliz! ¡ninguno de aquellos llevaba negocito de papeles con el Gobierno!
La mayor parte de los emigrantes, luego que se inscribieron en el registro que estaba en un mostrador, pasaron á otro en que se expedian boletas de ferrocarril.
La inmigracion ha sido una de las causas más poderosas del engrandecimiento sorprendente de esta nacion.
Estímulo eficaz del trabajo, medio rápido de educacion por el ejemplo, renovacion perpétua de la sávia popular y expresion la más pura de la riqueza, porque el hombre es una riqueza, sin duda la de más valía. Los americanos han prestado la más séria atencion á esta fuente de prosperidad nacional.
La Irlanda con su opresion y su pobreza; la Inglaterra con el cáncer de su pauperismo; la Alemania con su despotismo militar, son las naciones que han dado más fecundas creces á la inmigracion americana.
La audacia y el espíritu aventurero del colono; la desaparicion de razas opresoras; el espectáculo de colonos que llegaron en sus mismas condiciones y se encuentran en la cumbre de la fortuna, y participando del poder y el encuentro con gentes que poseen su idioma, tienen sus tradiciones y les abren paso para su establecimiento, sobre todo las garantías que rodean sus personas y trabajo, incentivos son estos capaces por sí mismos de atraer al inmigrante; pero, en mi juicio, hay otras causas que les sirven, á más de las enumeradas, de poderosos alicientes.
La espectativa del ingreso á una sociedad en que pueden figurar en todos los círculos, sin otro título que la posicion que se procuren; una remuneracion del trabajo que no alcanzarian en sus países, en que el salario es tan mezquino en relacion con sus necesidades; un mercado próximo y abierto siempre á la realizacion del esfuerzo humano, y una facilidad suma de comunicarse con el suelo que los vió nacer, son motivos, en mi juicio, que independientes del pábulo oficial, asimilan dia por dia elementos á la nacion que consolidan, y extienden su prosperidad.
La sola inmigracion irlandesa de 1846 á la fecha, se calcula en dos millones de almas.
En 1869, llegaron de Alemania 132,537; 60,286 de la Gran Bretaña; 64,938 de Irlanda; 24,224 de Suecia; 20,918 de la América Septentrional inglesa; 16,068 de Noruega; 12,874 de China; 3,879 de Francia; 3,650 de Suiza; 3,649 de Dinamarca.
De estos inmigrantes fueron: 88,649 obreros; 28,096 labradores; 16,553 artesanos; 10,265 sirvientes; 8,809 mercaderes, etc., etc.
La inmigracion se ha verificado en los términos que vamos á exponer, suponiendo un contingente en cualquiera de los años anteriores, de 345,837 emigrantes:
Nueva-York253,754
Michigan35,586
Boston23,294
San Francisco13,490
Baltimore11,202
Portland4,026
Nueva Orleans3,424
Filadelfia1,061
2345,837
El reparto sigue invariablemente la proporcion de la demanda de brazos, y la facilidad del trasporte distribuye los elementos de vivificacion donde son más necesarios.
El pasado año fiscal disminuyeron en mucho los emigrantes, atribuyéndose á repulsion por el mal estado de los negocios, que sufren indudablemente una crísis en su conjunto.
La inmigracion ha hecho tan sensibles sus beneficios, que un sentimiento unánime la acoge con benevolencia, porque realmente, con especialidad en Nueva-York, se arriba á un país de extranjeros; pero los muchos que se encuentran en una misma situacion, se buscan, se agrupan, se estrechan, revisten con la poesía de los recuerdos sus costumbres, se congregan al rededor del templo y se señalan como puntos luminosos en los paseos y en los teatros.
La conveniencia de la especulacion rodea al extranjero de medios de comunicarse; en los establecimientos públicos se habla frances con generalidad; los sirvientes que saben dos ó tres idiomas tienen más pingües salarios que los otros; en varias peluquerías y tiendas está escrito en letras muy perceptibles: Se habla español, y no es raro que al entrar uno en una tienda, le saluden con un buenas noches que lo deja frio, para dar á entender el comerciante que conoce el idioma de Cervantes.
A pesar de la confusion descrita, por regla general, las mujeres y señoras europeas son las que reniegan más desvergonzadamente á su nacionalidad.
El trage largo y escurrido con profusa cola, el zapatazo con tacon agudo, el corsé tiránico, el gorrito retrechero, el portamoneda, el pañuelo abajo del cuadril en la bolsa especial del túnico, la sombrilla, todos los adminículos son objeto de su eleccion, y á los ocho dias ya le dice una europea, no inglesa, kandeschifer al pañuelo, guater al agua; pero en esta apostasía de la patria, la vieja se señala con una desfachatez que enferma los nervios, y más la vieja de raza española.
Es para ella tan inesperado el agasajo, le es tan extraña la compostura, el aprovechamiento de los despojos de su olvidada juventud le es tan simpático, que realmente se vuelve loca, se hace la mocozuela, se habilita de dientes en un decir "Jesus," se tiñe las canas en ménos que canta un gallo, se afila las uñas, se da colorete, se planta un gorro como un morrion, y se alista á correr la tuna como una polluela de quince años, diciendo á todo: yes, entre toses y sonrisas.
El hombre se obstina en sus hábitos, y si es español anda en el Parque ó en Broadway, lo propio que en cualquiera calle de Madrid ó de Sevilla, diciendo cada picardía que eriza los cabellos y sintiendo que todas aquellas ladies se condenen porque no conocen la gracia de Dios.
El italiano que tiene el monopolio de las frutas, conserva su tipo miéntras está en la miseria, vaga con su organito, sus arpas y violines, exhala sus cantos y riega á veces por estos mundos los suspiros de su lengua dulcísima.
El chino suele atravesar tambien, deleitándose. Y el aleman perseverante, que es la araña de la mosca del yankee, fuma su pipa y se ríe con sorna cuando ve que el yankee, muy de buena fé, lo cree sustituyendo al negro.
La irlandesa sirvienta conserva tambien su tipo miéntras no tiene un chico, señal infalible de que ya posee un marido, un capital y toda la gracia de San Patricio.
La constante concurrencia de extranjeros, hace en Nueva-York no solo muy difícil; sino casi imposible, el estudio de las costumbres americanas, entre otras cosas, porque no existen tales costumbres: los mismos americanos que han viajado por Europa, y de éstos hay muchos, han modificado sus costumbres.
Lo más característico en lo ostensible es la comida americana; el escaso mantel ó mantel de hule, el ejército de platos, que de un tiron nos invaden con maíces, papas sin pelar, trozos de toro, cebollas, perejiles y rábanos, el pichel de la melaza, negreando de moscas, el jarron con agua, del aspecto de un párvulo de cuatro años en camisa, y el movimiento perpétuo del convoy que riega el vinagre, despolvorea pimienta como lumbre y tiene por escolta todo un botiquin de mostazas, pikles y salsas negras, confeccionadas con cardenillo y aguarrás.
Ese es el plan americano; pero en semejantes planes entran los obreros y hombres de negocios. Acaso se observan en el interior de las familias; pero en la buena sociedad de viajeros, la Francia domina y la carte del restaurant es la biblia del estómago.
Hé aquí hasta dónde hemos llegado partiendo desde la orilla del mar, ó como quien dice, desde Castle Garden hasta Bigot, que está bajo el suelo, sacando un ojo para ver Union Square.
En este recinto agradable; al ruido de esa fuentecilla con pescados de colores; viendo reproducida esta concurrencia con sus árboles y fuentes en el fondo, porque las paredes son como un solo espejo, sin accidente ni juntura visible; en este recinto descansaremos, para volver á la tarea con el nuevo dia.
—Bonita divagacion has tenido, me decia Francisco esta mañana cuando le leí, como de costumbre, lo escrito el dia anterior: ¿en qué quedó lo de la colonizacion?
—Te diré la verdad: como no estoy muy fuerte en la manera con que el Gobierno tiene reglamentado el negocio......
—Muy buen economista, que para todo busca al Gobierno y el reglamento.
—Pero, bueno, de alguna manera dirige el Gobierno la colonizacion.
—Y vuelta con la manía de la educacion española. Así te luces si juzgas á los Estados-Unidos.
—Hombre de Dios, algo ha de haber.
—Sí, señor, hay reglas para la venta de tierras públicas, hay oficina de esa venta y hay agentes; pero nada sobre colonizacion á nuestra manera.
—Me estás atarantando. ¿Pues entónces, qué sucede?...
—Sucede que en medio de las muchas inconsecuencias y contradicciones que tienen estos hombres en su gobierno, y no obstante ser los más suspicaces en la defensa de su nacionalidad, al extranjero le llenan de consideraciones, le abren las puertas de los destinos públicos con poquísimas trabas, le garantizan en el interior plena libertad y seguridad completa para su persona y bienes, y esto es lo que da el Gobierno.... y no mas, ¿entiendes? libertad, seguridad y tierras baratas.
—Hombre, pero yo he visto una que llaman aquí Homestead-Law, que trata de colonizacion.
—No es cierto, mírala bien; esa ley determina las condiciones que hay que llenar para adquirir tierras, y ni siquiera se refiere á los inmigrantes en particular.
El Gobierno, es cierto, posee sobre cuatrocientos millones de acres en quince Estados de la Federacion; en los territorios tendrá otro millon.