PART ONE
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I.—LA CASA Y EL MOBILIARIO Uses of se, de, un, una, uno; Definite and Indefinite Articles to the vocabulary section
—Los bienes raíces pueden ser[1] adquiridos en venta particular o en[2] subasta o[3] remate público. En el último[4] caso puede tratarse de[5] un remate por cuenta del propietario o de un remate judicial hecho por orden del juez.[6]
—Cuando es preciso[10] vender una propiedad a fin de[11] dividir una herencia o para satisfacer una demanda entablada por los acreedores del dueño.
—Ante todo[14] debe Ud. poseer el terreno, que se[15] adquiere en cualquiera de las formas mencionadas arriba. Tanto la casa como[16] el terreno pueden ser abonados[17] al contado, o el pago puede hacerse por mensualidades,[18] durante un tiempo que varía entre cinco y siete años.
—¿No puede construirse[19] edificios con la ayuda de[20] bancos que acepten[21] el pago por mensualidades?
—Sí, por cierto,[22] y hay[23] en la América latina numerosas instituciones, tanto oficiales como privadas,[24] que realizan esas operaciones. El tiempo de la transacción dura de once a treinta años.
—¿Qué diligencias hay que hacer para[25] edificar una casa en la América latina?
—Una vez adquirido[26] el terreno y obtenida la escritura ante un notario o escribano público, debe[27] Ud. buscar un arquitecto o un ingeniero[28] para trazar el plano de la futura casa, de acuerdo con sus deseos y dentro de la suma que Ud. se propone gastar. Cambiadas[29] las ideas entre el propietario y el ingeniero o el[30] arquitecto, éste[31] hace una licitación privada entre constructores, distribuyendo[32] entre ellos las planillas de especificaciones y de condiciones que se hayan[33] convenido. Aceptada una[34] de las ofertas recibidas, se firma el contrato[35] y se solicita de la municipalidad el permiso para construir el edificio.
—¿Quién se encarga de[36] buscar los albañiles?
—El constructor, sea directamente o[37] por intermedio de[38] su capataz. Y no sólo[39] busca los albañiles sino también[40] los proveedores de los materiales. Así,[41] hace un convenio con una fábrica de ladrillos por la provisión de los que[42] necesita, fijando de antemano[43] la fecha de las entregas y la forma de pago.[44]
—Una carpintería, o varias,[45] toman a su cargo[46] la fabricación de las puertas y ventanas con sus marcos, celosías y postigos, así como[47] las escaleras interiores balaustradas, zócalos, molduras, tabiques, guardarropas, estanterías fijas y ascensores domésticos o estantes giratorios.
—¿De qué[48] se hacen los pisos?
—En las habitaciones, de madera, y los pisos pueden ser lisos, es decir,[49] sin dibujos, o de parquet, y en este caso[50] se escogen los motivos, las guardas, etc., al gusto del propietario.[51]
—Una herrería se encarga de las verjas para puertas y portones y de los demás objetos de fierro.[52]
—En unas cuantas ciudades que conservan las tradiciones de la madre patria. Por lo general se ven verjas en los jardines, en las ventanas pequeñas o las que ofrecen un acceso peligroso desde la calle, las cuales[56] por eso se mantienen abiertas sólo de día.[57] El herrero hace, como se lo dije[58] ya, los balcones de hierro, el armazón de las claraboyas, las escaleras, sobre todo las que se llaman de caracol, que son generalmente de hierro y se conocen con ese nombre[59] por estar[60] construidas sobre un eje.
—¿Se fabrican por allá[61] baldosas, mosaicos y azulejos?
—En pequeña escala.[62] Por lo general[63] se importan de Europa y Estados Unidos, vendiéndose[64] en establecimientos especiales juntamente con otros artículos que se designan con el nombre de[65] materiales de construcción. Aquí entran[66] no sólo azulejos para los cuartos de baño y la cocina[67]; mosaicos para las veredas o aceras,[68] el zaguán, los patios,[69] corredores y galerías[70]; baldosas para los patios interiores y azoteas; pizarras para el techo; sino también frisos de mármol, pedestales para jardines, objetos de cemento armado,[71] de piedra o de terracotta, cristales, vidrios de color para puertas-cancelas,[72] banderolas, ojos de buey, etc.
—¿Se emplea[73] el gas o la electricidad en el alumbrado?
—Uno y otro sistema[74]; pero en las ciudades grandes el gas se usa con preferencia como combustible en la cocina. Como iba diciendo,[75] una casa electricista corre con la instalación de conductores, medidores, toma-corrientes,[76] llaves, fusibles, así como de las campanillas con sus cuadros indicadores, pilas, transformadores, etc., mientras otra casa especialista, de las[77] denominadas[78] de artefactos de luz eléctrica, proporciona las arañas, los pendientes, los brazos, los faroles y los «plafonniers.»
Por su parte, el cerrajero[79] se encarga de las cerraduras y cerrojos de las puertas, pestillos, manijas, bisagras, fallebas y pasadores.
El cuarto de baño queda al cuidado de[80] otra casa especialista, cuya[81] tarea consiste en la instalación de la bañadera y de los lavatorios o lavabos (éstos pueden ser de hierro esmaltado, porcelana, loza o loza-piedra), el retrete, las repisas, toallero, espejos, amén de[82] un pequeño armario para las medicinas caseras y útiles de tocador que debe tenerse siempre a mano.[83]
Mientras[84] estas operaciones tienen[85] lugar, los pintores blanquean o pintan las paredes a la cal,[86] al fresco o al óleo y, en esta última forma, las puertas y ventanas, las que reciben[87] luego una mano de barniz cada una. Las piezas suelen entapizarse con papel, cubriendo anteriormente las paredes con papel de forro, que es material muy barato; y cuando aquéllas[88] están completamente secas, se las reviste con el papel que ha de quedar permanentemente. Entretanto[89] los cielos rasos de yeso se han terminado, inclusive el florón central[90] y las molduras del contorno.
—¿Cuál es la distribución que se da[91] por lo general a las habitaciones de una casa de familia?
—En países de tierra barata,[92] predomina el estilo antiguo español, caracterizado por[93] la planta de un solo piso, a veces en dos alas o cuerpos de edificio con un patio en el centro. Las habitaciones, espaciosas, bien iluminadas, de altos techos, se suceden una tras otra[94] en línea perpendicular a la calle. En algunos casos el edificio está precedido por un jardín. Las construcciones terminan hacia el fondo en la cocina, habitaciones de servicio, patio y demás dependencias. No es raro que la propiedad se extienda desde una calle hasta la que limita la manzana por el lado opuesto, y en este caso la parte posterior está ocupada por el huerto o fondo, como familiarmente se le llama, y donde suele haber añosos árboles frutales. Este es también el sitio para el corral de aves domésticas y los pesebres para los caballitos[95] de los niños de la casa.
Este tipo de viviendas requiere mucho espacio y sólo pudo ser general, de Méjico a Buenos Aires, cuando el metro de tierra se vendía por unos[96] centavos. Aun hoy se ven estas mansiones en algunas ciudades adonde[97] no ha llegado todavía la fiebre de la especulación en bienes raíces. En los centros densamente poblados, donde[98] los solares urbanos tienen un alto valor, las casas de varios pisos se han impuesto como una necesidad económica. Allí se ha generalizado, desde hace algunos años, la casa de estilo marcadamente parisiense, y de aquí que[99] se la designe con el nombre francés de «petit hôtel.» A la puerta exterior principal que da a[100] la calle, sigue el zaguán, que conduce al hall,[101] palabra[102] muy corriente en el Río de la Plata desde que los nuevos tipos de edificación han comenzado a reemplazar a los antiguos. En torno del[103] hall se hallan la sala, un escritorio y el comedor. En los pisos superiores están los dormitorios.
—¿Qué lugar se destina a la cocina en estas casas,[104] necesariamente pequeñas?
—Suele hallarse[105] en un zótano o en el último piso de la casa. Esto se hace de intento[106] para darle mayor ventilación.[107]
—¿Tiene el mobiliario alguna particularidad[108]?
—Ninguna.[109] El moblaje de la sala, que es donde reciben los dueños[110] de casa, se compone de un juego del que forman parte[111] un sofá, dos sillones, varias sillas, un piano de cola, vertical o de los llamados mecánicos, mesas de todos tamaños, consolas, canapés, taburetes, escabeles y unas cuantas banquetas para apoyar los pies.[112] La repisa de la chimenea puede estar adornada con floreros, estatuitas, algún[113] reloj u otro[114] objeto semejante.
Los cuadros que hay en las paredes pueden ser al óleo, al pastel o acuarelas, aunque no dejan de[115] verse algunos[116] al carbón, sobre todo si son[117] retratos. Las fotografías de deudos y amigos, los grabados al acero o en madera y hasta[118] litografías y tricromías tienen un sitio especial en la sala si no[119] son de las que ofenden la vista y hieren[120] el sentido estético. Se elije por lo general el blanco[121] y los tintes claros[122] para el empapelado de las paredes, los visillos de las ventanas y los cortinados. El suelo está cubierto completamente por una alfombra, o parcialmente por uno o varios tapetes.
—¿Cómo se amuebla el hall de esas casas?
—Con muebles adecuados y sencillos de madera o de mimbre. Además de[123] la mesa central, de las sillas y de alguna que otra[124] mecedora o silla de hamaca, se ven pedestales con jarros de flores y perchas para dejar los abrigos, sombreros, paraguas y bastones.
El escritorio o biblioteca suele tener una o más mesas de trabajo, ya de la forma clásica, ya del estilo que llaman americano, ya, finalmente,[125] del que lleva con el nombre de escritorio de ministro, fácil de reconocer por los dos cuerpos laterales que contienen[126] gavetas o pequeños armarios. La biblioteca, fija o giratoria,[127] es muy común[128] en las casas de la gente educada.
De algún[129] tiempo a esta parte[130] se han popularizado los archivos[131] para la catalogación de documentos por el sistema vertical,[132] así como las fichas,[133] las máquinas de escribir[134] en todos[135] los demás enseres modernos de oficina.
El comedor está amueblado como en todas partes.[136] En las casas de alguna importancia[137] los estilos que predominan son el inglés y el francés: una mesa, generalmente de extensión, para que no tome[138] más espacio del que[139] se necesita según el número[140] de comensales, sillas de madera tallada y a veces con asiento de cuero, una heladera, un aparador en cuya parte superior se guarda[141] a la vista[142] la loza, los cristales, etc., reservándose las gavetas para los cubiertos, y el armario inferior para los manteles y servilletas o algunos fiambres y otras provisiones, inclusive vinos y licores.
La mesa de trinchar[143] suele estar adornada con algún objeto[144] de mérito artístico o una ponchera, un cesto de flores, etc. Cuando además de estos muebles hay en el comedor una vitrina, se exhibe en ella la vajilla más[145] fina.
—¿Se usan todavía las alcobas en la América latina?
—Ya no.[146] Se ha abandonado su uso de miedo[147] a los efectos que el aire confinado tiene sobre la salud. El dormitorio no muestra diferencia alguna[148] con el de cualquier casa u hotel[149] americanos.[150] Los muebles son también los mismos[151]: cama, roperos, cómoda, tocador y velador o mesa de noche.
—Se habla mucho de los patios, suponiéndoselos[152] típicos de España y de la América española.
—Lo son,[153] aunque[154] la vida moderna es avara en espacio y por esa razón los va suprimiendo, sobre todo en las grandes metrópolis, donde un metro cuadrado de tierra suele valer más de cien pesos oro. Donde hay patio, su[155] piso es de baldosas o mosaico. Antiguamente[156] los había[157] de ladrillo.
—¿Qué cosa es[158] el aljibe?
—Una cisterna cavada en el centro del patio, la abertura superior de la cual[159], mucho más estrecha que el pozo mismo,[160] está circundada por un brocal de mármol, de unos cuatro pies[161] de altura. En el aljibe, cuyo[162] interior está revestido de una capa impermeable, se recoge[163] el agua de lluvia que[164] se escurre[165] de los techos de la casa por unas cañerías especiales. El agua, que[166] se saca del aljibe diariamente por medio de[167] un balde suspendido de una roldana por una cadena, es notablemente límpida y pura por lo que[168] puede beberse de ella sin peligro y su sabor carece del dejo especial de ciertas aguas de fuente.
El aljibe suele estar en medio de[169] plantas, que crecen en cuadros y canteros centrales o en arriates contra los muros. Destínanse los arriates principalmente a las trepadoras, cuyas ramas se guían[170] a favor de[171] enrejados y espalderas. Algunas veces[172] todo el patio[173] está cubierto, a guisa de dosel,[174] por las hojas de las enredaderas, que las hay de[175] vistosas flores como la Santa Rita[176] o de exquisita fragancia[177] como el jazmín del país.[178] Suele dar sombra al patio un emparrado o glorieta formada[179] por plantas de vid que se sostienen a favor de una armazón de hierro. En las casas modernas, un toldo de lona reemplaza a veces[180] el clásico emparrado, resguardando el patio y las habitaciones del ardor de los rayos solares. El patio es, en la América española, lo que el fuego del hogar en los climas del norte. Es testigo de la vida toda de la familia, desde que el niño lo anima con sus juegos hasta que los ancianos alegran sus postreras horas aspirando su aire embalsamado.
Chapter Footnotes:
II.—LAS CASAS DE COMERCIO[1] Adjectives; cada and todo; Business Vocabulary (except Banking) (to the vocabulary section)
—Como todo el mundo[4] sabe,[5] grandes son las fortunas[6] levantadas[7] por comerciantes[8] emprendedores y audaces en esos países nuevos, hacia donde, por lo que se ve,[9] se dirigen los que anhelan acumular fuertes ganancias[10] en corto tiempo.
—¿Son los grandes[11] almacenes tan comunes en la América latina como[12] aquí? Me refiero[13] a las tiendas de muchos departamentos, que ponen ante el consumidor toda[14] clase de mercancías.[15]
—Le diré a Ud.[16]: las actividades comerciales conservan todavía cierta independencia[17] en algunos países. Cada casa[18] de comercio se ocupa de su ramo; y entre los mercaderes hay toda clase de categorías, desde el acaudalado negociante hasta[19] el humilde vendedor[20] que apenas es algo más que[21] un pobre buhonero.[22] Pero toda[23] gran ciudad[24] cuenta con firmas[25] poderosas, organizadas[26] por hombres de negocio que han mostrado en sus empresas un juicio, una confianza, un arrojo maravillosos.[27] A muchas de esas compañías[28] y sociedades[29] débese la prosperidad que han alcanzado[30] algunas de las tiendas de departamentos a que Ud. se refiere[31]; tiendas que se han generalizado más de lo que[32] muchos se figuran.[33]
—¿Por qué medios la mercadería que sale de las fábricas pasa a manos[34] del consumidor?
—En cada ramo[35] hay casas mayoristas[36] o al por mayor,[37] que venden la mercadería en grandes cantidades. Más de una[38] importa[39] del extranjero artículos manufacturados y por esta razón dichas casas[40] mantienen relaciones comerciales con las fábricas de Europa y Estados Unidos o con fábricas del país en que operan. A tales comercios no acude el consumidor sino el mercader al por menor o vendedor al detalle o al menudeo, según se le llama. Por eso[41] casi ninguna de[42] estas casas tiene a su frente escaparates u otros medios de atraer al transeunte. Tampoco[43] se hallan estos comercios en los barrios más concurridos.
—Al entrar[44] en una casa de ventas[45] al por mayor, lo primero[46] que se ve es un espacioso salón, donde se halla en exhibición la nueva[47] mercadería. Las mesas y mostradores están ocupados por los muestrarios. En otra sala, que se llama oficina o despacho, están los altos escritorios,[48] ante los cuales empleados diligentes trabajan en los libros de comercio.[49] Estos establecimientos hacen gran parte de sus transacciones a crédito,[50] siendo por esto muy común en ellos el uso de los documentos[51] y papeles de comercio.
—¿Qué nombre general llevan los comercios que venden directamente al consumidor?
—Denomínaselos casas minoristas o establecimientos al por menor, al menudeo o al detalle.
—Así es, en efecto. Estos comercios no se diferencian de las tiendas que tan familiares son a toda persona civilizada.[55] En la América latina como aquí, las casas de negocios tienen a veces un surtido variadísimo[56] de existencias, que exhiben en todas las formas imaginables para[57] atraer los compradores. El cliente suele encontrar en esas casas todas las marcas de un objeto de venta[58] y las novedades de la estación.
—¿Cuentan esas casas con un personal[59] numeroso?
—Desde una sola persona que es a la vez dueño,[60] dependiente y mandadero, hasta diez mil empleados por cada establecimiento, cifra que no es raro[61] encontrar en los comercios de primer[62] orden.
—¿Cómo se indica el precio de las mercaderías?
—En algunas tiendas, sobre todo las de poca monta,[63] los precios no están a la vista. Pero en los establecimientos mayores el precio[64] fijo es la[65] regla, y esto ha contribuido a generalizar el sistema.
Este es preferible al método que obliga al cliente a regatear los precios, y al vendedor a porfiar en sus demandas, lo que convierte la transacción en un altercado. El que va a comprar[66] sabe siempre cuánto cuestan[67] los artículos que se le muestran.
—El precio fijo asegura al cliente contra el abuso, y le da la seguridad de que nunca pagará demasiado caro[68] por lo que[69] compra.
Las casas de cierta importancia disponen de las prendas que han pasado de moda[70] vendiéndolas más barato,[71] rebajando[72] los precios de otras, haciendo la liquidación de un mal[73] año o de algún saldo. A veces se dan «quemazones» sensacionales, que pueden resultar en un buen negocio para quien las organiza, porque en muchos de tales casos se trata de géneros averiados comprados a bajísimo precio[74] o de artículos que se intentó[75] pasar de contrabando y que la aduana decomisó poniéndolos luego en remate donde los comerciantes los obtienen por casi nada.
—¿Cuál es el procedimiento que se usa para percibir el importe[76] de las ventas?
—Hasta hace unos veinte años el comprador pagaba al dependiente, quien, por eso, llenaba en cierto modo las funciones de cajero del establecimiento. Pero hoy día las cajas registradoras se hallan en cada uno[77] de los pueblos y villorrios de la América latina. En las tiendas que cuentan con estos aparatos, el comprador paga a la persona que lo atiende, presentándole previamente la boleta en que el dependiente ha ido anotando el importe de cada artículo comprado. El cajero o la cajera entrega[78] a su vez[79] un recibo[80] por la cantidad percibida.
—¿Se satisfacen siempre al contado estas pequeñas compras?
—No es raro que los parroquianos tengan[81] cuenta abierta en las casas de donde se surten o proveen a menudo. La posibilidad de este arreglo depende, como es natural, de la confianza que inspire[82] cada cual.[83] En caso de abrirse un crédito[84] al parroquiano, las compras se cargan en cuenta[85] y ésta se liquida cada mes.[86]
—Se acude a la justicia ordinaria, entablando una demanda contra el insolvente.[89] El embargo y el remate judicial suelen ser el resultado de la acción legal. La prisión por deudas ha sido abolida[90] en la legislación de todos y cada uno[91] de esos países.
—¿Se envían las compras[92] al domicilio de los clientes?
—Ciertamente, por medio de carros de reparto o mandaderos. Aparte de esto, muchas tiendas mantienen una clientela numerosa en los distritos rurales, a la que sirven remitiendo sus pedidos por encomienda postal.
Chapter Footnotes:
III.—MERCADERÍAS Nouns; Uses of se and de (continued) (to the vocabulary section)
—¿Dónde se compran los muebles?
—Pues[1] se compran, ya en las tiendas de departamentos, ya en casas especiales, llamadas mueblerías. Entre éstas, no pocas[2] procuran traer parroquia y evitar la concurrencia de los competidores, vendiendo[3] los muebles a plazos, sistema que está en mucha boga.
—Y si Ud. necesita una pieza especial de mobiliario, verbigracia, una manija para una gaveta, un candado, clavos, tornillos, o herramientas de uso casero como un martillo, una lima, unas tenazas o alicates, ¿dónde los compra Ud.?[4]
—Esas mercaderías menudas de hierro y acero se adquieren en la ferretería o quincallería. Mas si se desea hacer composturas o reparaciones en los muebles, habrá que[5] ocurrir a un ebanista, ya se trate de añadir una pieza, completar un dibujo o reponer una moldura; si en cambio hubiera que[6] guarnecer de nuevo almohadones, sillas, sofás, etc., proveerlos de relleno, resortes o cubiertas, Ud. acudiría a[7] un tapicero, quien además entiende en todo lo que se refiere a[8] cortinados, cenefas, tapices, etc.
—¿El sistema de provisión de alimentos es idéntico al que se usa en los Estados Unidos?
—Con algunas diferencias.[9] Por ejemplo, el pan, especialmente el de mejor calidad,[10] se procura en comercios especiales llamados panaderías, que expenden además bizcochos, bollos, y a veces galletas. Los pasteles no son, ni con mucho,[11] tan abundantes como aquí y se compran en pastelerías, así como las tortas y masas. Pero estas últimas, así como los caramelos, confites, pastillas y dulces, son más propias de las confiterías. Advierto que el dulce[12] y las golosinas son muy apreciadas[13] entre los latinos.[14]
—¿Procede de los frigoríficos la carne que se consume en las ciudades?
—No; de los mataderos, y de allí pasa a las carnicerías o a los mercados. En estos últimos hay departamentos o puestos como en los Estados Unidos. Los puestos de carne venden la de vaca, ternera, cordero, carnero, cerdo o chancho y, además, grasa y tocino; también aves, como gallinas, pollos, perdices, pavos, patos, gansos, y a veces hasta los productos de la caza, como liebres y conejos. Asimismo se obtiene allí el menudo y las vísceras, ambos englobados en el nombre de achuras, es decir, las tripas o mondongos, el hígado, la molleja, el corazón, los sesos y la lengua.
—En cuanto al[15] pescado fresco, se vende en otros puestos, los cuales exhiben los pescados de agua de mar y de agua dulce, y además ostras, langostas, langostines, cangrejos y caracoles. Los puestos de legumbres y verdura tienen papas o patatas, batatas, camotes o patatas dulces; zapallos o calabazas; zanahorias; mazorcas de maíz tierno; repollos o coles; lechuga, tomates, nabos, ajos, cebollas, apio, salsifí, rábanos, berenjenas; porotos, fríjoles o habas; lentejas, chauchas, guisantes o ejotes y garbanzos. En los puestos de fruta se encuentran las manzanas, los duraznos o melocotones, los higos y las brevas, guindas o cerezas, peras, nísperos, naranjas, mandarinas, limones, limas y toronjas, damascos o albaricoques, ciruelas, uvas negras o blancas, frutillas o fresas, bananas o plátanos, aparte de muchas otras frutas indígenas como la chirimoya, la papaya, la fruta de conde, la guayaba, el zapote, el mamey, el mango, el tamarindo, el guanábano y el aguacate.
—¿Tienen Uds. por allí lo que aquí se llama grocery?
—Correspondería a las tiendas de comestibles que en la América española se llaman almacenes, abacerías, lonjas, y en algunas partes, bodegas. En ellas se venden especierías o abarrotes, azúcar, sal, pimienta, pimentón, mostaza, fiambres, conservas, jabón, velas, vino de mesa, aceite, vinagre, alcohol o aguardiente, ginebra y otros muchos licores.
—¿Se compra la leche en la ciudad misma o en las lecherías y cremerías de la campaña?
—De ambas partes. En algunas ciudades hay tambos, donde se vende leche fresca, o sea recién ordeñada. Pero el tambo, que es en realidad un establo de vacas y burras, empezó a desaparecer de los centros urbanos hace unos veinte años.[16] La leche y la manteca llegan a las ciudades y pueblos en los trenes de la mañana, enviada por las granjas de los alrededores y se distribuyen a domicilio. Ciertas cremerías suelen tener en la ciudad despachos de leche, donde se vende ésta y la manteca, así como huevos y dulces de leche.
—Me han informado que en la América latina el comercio y la industria no están tan general y completamente[17] organizados[18] como en los Estados Unidos, resultando de ello[19] el que se conservan allí ocupaciones que entre nosotros ha tiempo[20] fueron absorbidas por organizaciones comerciales más vastas. Refiérome a las ocupaciones propias del zapatero, el sastre, la modista[21] de vestidos, etc.
—En efecto, nosotros los latino americanos[22] llevamos la ropa a la medida[23] con más generalidad que[24] los americanos del norte. Sin embargo, abundan cada día más las casas que venden ropa hecha, tanto para hombres como para[25] damas.[26] También es verdad que se ven guanterías y casas de prendas para hombre,[27] en mayor número que en la Unión; pero no faltan las tiendas modernas con sus departamentos de calzado, lencería, ropa blanca para señoras, bonetería (medias y artículos de punto), mercería (agujas, alfileres, horquillas, botones, hilo, algodón, sedas), perfumería (lociones para el cabello, esencias, jabones de tocador), artículos de juego y de sport, de viajes (valijas, neceseres, baúles de camarote, baúles-cómodas, mundos, canastas de picnic); departamentos de menaje, donde se venden todos los utensilios necesarios al ama de casa; departamentos de mueblería; y hasta departamentos sanitarios, los cuales proporcionan a Ud. todo lo necesario[28] para el cuarto de baño.
—¿Qué son los bazares?
—Emporios de artículos menudos para la casa.[29] En ellos se vende vajilla de loza o porcelana, cubiertos, artículos de mesa y de cocina, tales como cacerolas, sartenes, pavas o peroles, ollas, calderas, cafeteras, teteras, aparte de convoyes para el aderezo de la ensalada. Pero estos establecimientos van siendo absorbidos[30] por los mencionados anteriormente.
—Dentro del género de los establecimientos de surtido variado no faltarán allí los bric-a-brac....
—No por cierto[31]; y se les llama, casas de compra y venta o establecimientos para la venta de artículos de segunda mano. Y no olvidemos tampoco[32] las casas de empeño, montepíos o montes de piedad; ni las casas de remate, en las que, según su clase,[33] puede Ud. comprar desde una estancia, un campo o un solar urbano, hasta la más insignificante prenda de vestir.
—¿Tienen las droguerías de la América latina el mismo aspecto que las nuestras?
—Por el contrario,[34] son bastante diferentes. No se acostumbra vender en ellas sorbetes, refrescos u otras bebidas; eso queda para[35] las confiterías; tampoco[36] se despachan allí estampillas o sellos de correo, los cuales se expenden en las sucursales de la administración postal. No verá Ud. en nuestras farmacias tantos[37] enseres domésticos y de tualeta.[38] Por otra parte, preciso es distinguir en la América latina la droguería, donde se venden drogas y cuerpos químicos, al por mayor, de[39] las boticas o farmacias, donde se despachan recetas y se adquieren específicos y medicinas caseras. En casas que venden instrumentos ópticos, se encuentran anteojos, lentes quevedos y antiparras.
—No habiendo[40] chinos, ¿quiénes hacen el lavado y planchado?
—Hay talleres especiales de estos ramos, atendidos generalmente por mujeres. En este género de servicios personales debe Ud. incluir las tintorerías, los pequeños talleres donde se plancha, se limpia y se compone ropa; los talleres de grabado para la impresión de tarjetas de visita y papel de carta; y aun[41] las casas de baños públicos con sus baños de ducha, de inmersión y turco-romanos; sus piletas de natación, etc.
—¿Las peluquerías allí tienen también los servicios de manicuras y limpiabotas?
—No tanto el de los limpiabotas, quienes prefieren trabajar en puestos al aire libre, para atraer marchantes entre los transeuntes. En la peluquería ve Ud. lo de siempre[42]: objetos de tocador, pelucas y tupés. Las damas, por su parte, utilizan los servicios de peinadoras que van a domicilio, o acuden en persona a establecimientos especiales originarios de París y llamados institutos de belleza.
—En mis viajes por España he visto muchos establecimientos que llevaban[43] el nombre genérico de agencias. ¿De qué se ocupan?
—Son casas que hacen cierto género de servicios; así[44] las agencias marítimas venden pasajes para los vapores; las de colocaciones proporcionan sirvientes, empleados, operarios y peones; las de mensajeros ponen a la disposición del cliente mandaderos para transmitir recados; las agencias de transportes realizan los servicios que en Norte América hacen los expresos; las de mudanza se encargan de transportar muebles cuando se cambia de domicilio; las agencias de alquileres procuran listas de casas desocupadas; las agencias o casas de cambio venden y compran moneda extranjera.
—¿Qué nombre se da en la América española a los establecimientos agrícolas e industriales que explotan la riqueza nacional?
—Las fincas rurales de labranza o de ganados se llaman estancias, haciendas, sitios, fundos, ranchos o chacras, variando la designación según el país y de acuerdo con la naturaleza de la propiedad. La parte de esos establecimientos que beneficia la leche se conoce con el nombre de cremería, aunque suele dárseles el nombre de tambos. Las estancias argentinas destinadas exclusivamente a la cría de animales finos o de raza, o de sangre pura, se distinguen con el nombre especial de cabañas. Las faenas de carnicería en grande escala llévanse a cabo[45] en los saladeros y frigoríficos. En este caso me refiero a las operaciones relacionadas con la exportación de carnes, pues las de consumo local se llevan a cabo en los mataderos, ya mencionados. La zafra de la caña de azúcar se realiza en los ingenios, purificándose el producto en las refinerías. Si las plantaciones de caña se llaman cañaverales y las de café cafetales, en cambio las de vid se denominan viñedos.[46] La extracción del mosto, su fermentación y conversión en vino, se lleva a cabo en las bodegas. Las maderas se benefician y trabajan en los obrajes; y los metales, que se extraen de las minas, se elaboran en las fundiciones de hierro, cobre y acero.
Chapter Footnotes:
IV.—PASEOS POR EL MAPA Uses of se and lo (continued), por, si, más de, and más que (to the vocabulary section)
—¿Está Ud. trazando nuevos ríos en las Américas?
—No soy geógrafo ni pretendo serlo.[1] Estoy repasando con tinta roja la parte navegable de los ríos y señalando con líneas azules ciertos trayectos del ferrocarril; porque[2] ha de saber Ud.[3] que pienso tomarle por[4] compañero en un viaje imaginario por toda la América latina.
—Acepto la idea, pues soy muy dado a[5] viajar, y más[6] en esa forma exenta de[7] molestias. Por lo pronto, haremos el viaje por poco dinero; no será necesario hacer preparativos para la partida ni escribir de antemano[8] cartas[9] o poner telegramas[10] a los hoteles para retener habitaciones.[11]
—Tampoco será preciso consultar la guía de ferrocarriles para saber la hora de salida y llegada de los trenes. Podremos salir en este mismo momento.[12]
—Ni se nos dará un comino[13] averiguar si[14] los trenes llegan adelantados, atrasados o con puntualidad; si son expresos o locales; si es tarde o si es temprano,[15] si hace buen tiempo[16] o si va a llover.[17]
—Poco nos cuidaremos[18] de saber cuántos kilos de bagaje[19] permiten las compañías con cada boleto[20]; si el tren ha enganchado al coche-comedor; si hay camas disponibles en los coches dormitorios; y si las estaciones[21] tienen salas de espera cómodas y con suficiente calefacción en los pueblos situados a considerable elevación.
—Me tiene usted listo, y le garantizo que tendrá Ud. un buen compañero de viaje. Pero antes debo despejar una duda: ¿No tendremos que hacer casi todo ese viaje a lomo de mula?
—¡Oh, no! una gran parte lo haremos por ferrocarril; y Ud. se sorprenderá de lo mucho que[22] andaremos sobre rieles.
—Me alegro. Por mi parte deseo tomemos cuantos trenes podamos[23] o por lo menos cuantos nos ofrezcan[24] la perspectiva de un viaje interesante. Ahora que recuerdo: ¿Están adelantados los trabajos del ferrocarril panamericano que algún día[25] unirá Nueva York con Buenos Aires?
—Ese ferrocarril está muy lejos de hallarse terminado[26] todavía. Pero en este mapa verá Ud. que las lagunas o claros en el trazado suman una extensión mucho menor que la de las líneas actualmente en servicio. Lo malo[27] es que los trechos sin terminar[28] se hallan precisamente en las regiones donde es más difícil la construcción de la vía férrea.
—¿Hasta dónde puede irse por ferrocarril desde nuestro país en dirección al sur?
—Como Ud. ve, de cualquier punto de los Estados Unidos es posible llegar a Ciudad Juárez, término del Ferrocarril Central de Méjico, por el cual alcanzaríamos[29] el límite con Guatemala, a más de mil millas de distancia.
—Esos países tienen ríos de montañas los cuales[32] están sujetos al cambio de caudal resultante de la irregularidad de las lluvias. Por eso no he señalado como navegables más que[33] el río de las Balsas, parte del Grijalva, del Usumacinta y del Pánuco, todos en Méjico.
—Pero estoy impaciente por partir en el viaje que Ud. ha preparado, y querría salir lo más pronto posible.[34] Sírvase Ud. decirme[35]: ¿Iremos por Méjico?
—Pero antes visitaremos Haití, Santo Domingo y Cuba. La línea Clyde ofrece un servicio de excursión en torno de[36] la isla de Santo Domingo, y esto nos permitirá visitar las ciudades de Santo Domingo y Port au Prince, las capitales respectivamente de Santo Domingo y Haití.
Una línea cubana de navegación nos lleva a Santiago de Cuba, de donde emprenderemos viaje a la Habana, por tren, pasando por las magníficas selvas del sur de la isla, atravesando luego por sembrados de tabaco y caña y espléndidas tierras de pastoreo. Desde Santa Clara, continuaremos el viaje por los Ferrocarriles Unidos de la Habana, hasta esta última ciudad, a donde[37] llegaremos después de una noche de viaje.
—¿Salen de la Habana vapores para Méjico?
—Ciertamente, la línea Ward nos lleva allí, haciendo escala en Progreso, después de un día de navegación, y llegando a Veracruz al cabo de[38] otros dos.[39]
Veracruz está en comunicación con toda la red ferroviaria de Méjico, pero nosotros tomaremos el ferrocarril llamado «de Veracruz al Pacífico» cuyo término es Salina Cruz, donde hacen escala los vapores que van de San Francisco de California a Panamá. Uno de esos buques nos lleva de Salina Cruz a San José, el principal puerto que Guatemala tiene en el Pacífico.
—¿Por qué[40] no se puede ir por tierra desde Méjico a Guatemala?
—Porque[41] el ferrocarril mejicano no empalma aún con los de Guatemala, aunque esta última república está por terminar la línea que habrá de prolongarlo. De modo, pues, que por ahora el acceso a Guatemala se hace por mar hasta el puerto mencionado de San José.
Aquí tomamos un tren que en ocho horas nos conduce a Guatemala la Nueva, capital de[42] la república, después de cruzar una fertilísima región montañosa en la que abunda toda suerte de[43] plantas silvestres y árboles de riquísimas maderas.
Podemos continuar nuestro viaje en ferrocarril desde la capital hasta Puerto Barrios, en la costa del Atlántico, donde llegamos tras de doce horas de viaje por una región digna de ser conocida[44] por lo interesante que es[45] para el hombre de negocios a quien le atraen las empresas agrícolas.
—¿Qué productos descuellan allí?
—Café, arroz, frutas y fibras, entre otros. Además el viaje es interesante del punto de vista histórico.[46] El tren pasa por las ruinas de Quirique, situadas a una milla de distancia de la estación y que pueden visitarse en coche o a caballo. En Livingston, doce millas al norte de Puerto Barrios, el paseo en lanchas hasta el lago Izabal ofrece la oportunidad de admirar un paisaje incomparable, que, no sé por qué[47] es menos visitado de lo que debiera.[48]
Regresamos a San José, donde podemos tomar uno de los vapores que hacen el servicio entre los puertos de Guatemala y los de San Salvador. Desde Acajutla, puerto principal de esta última república, donde desembarcamos, podemos ir en ferrocarril a la capital, que queda a sesenta y cinco millas, habiendo un ramal de veinticinco hasta Santa Ana. El viaje a la capital se hace recorriendo una hermosa y fertilísima región. La ciudad de San Salvador está situada entre montañas y en el centro de un valle donde prosperan las plantaciones de índigo.
—Creo que no se puede ir por ferrocarril desde Guatemala al Salvador.
—Mucho me lo temo,[49] a menos que[50] esté ya terminada la línea entre Guatemala y la ciudad de La Unión, en el Salvador; si esto es así,[51] puede ya hacerse por riel el viaje entre Acajutla y la costa del Atlántico. De modo, pues, que[52] acabada la línea entre Guatemala y Méjico, será posible viajar en tren desde el Salvador hasta Nueva York.
—Mirando el mapa, observo que Ud. ha trazado aquí algunas líneas rojas, indicando[53] la existencia de ríos navegables en San Salvador.
—Los hay allí por docenas. Son pequeños ríos y lagos que se utilizan para el transporte de productos y en gran parte para excursiones campestres. Sin embargo, ninguno de ellos nos lleva a la vecina república de Honduras, y esta es la razón por la cual[54] deberemos regresar a Acajutla para tomar el primer vapor que salga[55] para Amapala, principal puerto de Honduras en el Pacífico, el cual gozará de una gran prosperidad cuando llegue a este punto el ferrocarril interoceánico, que arranca de Puerto Cortés en el Atlántico.
—¿Cómo se va, pues, a Tegucigalpa, la capital de Honduras?
—A caballo[56] o en mula y, a trechos[57], en coche[58] y la travesía requiere de tres a cuatro días. El país es tan montuoso, que en algunos lugares no es posible hacer más de tres millas por hora. A veces el camino está esculpido en la roca; otras, penetra por selvas espesísimas o cruza dilatados desiertos de arena.
—En vez de regresar a Amapala, ¿no se puede continuar hasta la cabecera del ferrocarril que nos llevaría al Atlántico?
— No, porque habría que hacer una travesía de más de cinco días,[59] lo cual requeriría dos mulas o cinco caballos....
—¿Más caballos que mulas[60]?
—Sí, porque en países montañosos una mula es más resistente que[61] dos caballos.
—¿No hay medio de llegar al Atlántico por via fluvial?
—Si no en su totalidad, la mayor parte de esa travesía[62] puede hacerse por agua; pues como usted ve, el río Ulúa, que desemboca en el Atlántico, se comunica con el lago Yojoz por medio del río Blanco. Por lo tanto es preferible que regresemos a Amapala.
El viaje de Amapala hasta Corinto, puerto de Nicaragua, nos permitirá admirar el volcán Coseguina. La costa que tocamos es la más fértil de Nicaragua,[63] y en ella se produce en abundancia el café y otros dos productos[64] importantes: el cacao y el maíz. De Corinto un ferrocarril nos lleva a las ciudades de León, Managua (que es la capital) y Granada.
Con la excepción de[65] un pequeño trecho en las montañas, el tren recorre una comarca casi llana, dedicada principalmente a la agricultura y a la ganadería. Desde Granada, en la costa del lago Nicaragua, podemos continuar la travesía en vapor, primero por el lago y luego por el río San Juan que es su desagüe en el Atlántico.
—Veo que Nicaragua ofrece fácil tráfico fluvial entre ambas costas.
—Y esa ha sido la base del proyecto de canalización en Nicaragua. Hoy puede admirarse[66] los trabajos ya realizados en el San Juan, por el lado del Atlántico. Por el del Pacífico, un canal entre la costa y el lago habría completado la ruta por agua.
Si en nuestro viaje fluvial hubiéramos llegado a Greytown, en la desembocadura del San Juan, sería fácil[67] pasar a Puerto Limón en Costa Rica en uno de los pequeños vapores que hacen la travesía entre los puertos marítimos y los fluviales. El viaje de siete horas en un excelente ferrocarril entre Puerto Limón (notable por su actividad comercial relacionada con el comercio de la banana y del caucho) y la capital, San José, es excepcionalmente cómodo y se considera a la vez como[68] uno de los más atrayentes que ofrece la América latina, como que[69] se realiza por entre montañas. De San José podemos prolongar nuestra excursión por cinco horas más hasta Punta Arenas, el principal puerto de Costa Rica sobre el Pacífico y lugar de residencias preferido por las clases acomodadas. Dicho puerto se halla en una región rica en perlas y próximo a la famosa mina de Trinidad, a la vez que[70] es el centro de la producción y exportación del café.
—Veo que Costa Rica también tiene ríos navegables.
—Nada menos que[71] diez y seis; pero lo son en cortas distancias y por embarcaciones de poco calado. El río San Juan, ya nombrado y que sirve de límite con Nicaragua, es uno de los más utilizados.
Regresando a Puerto Limón por el mismo ferrocarril, cualquiera de los buques de la «Flota Blanca» que vienen del norte y hacen escala en ese punto, nos lleva a Cristóbal, en la cabecera norte del canal de Panamá.
Dos caminos se nos ofrecen aquí para entrar a la América del Sur: el del Mar Caribe y el del Pacífico, este último en vapores de bandera chilena o peruana.[72] En el primer caso nuestro destino es Cartagena; en el segundo Buenaventura, ambos puertos de Colombia.
—Me atrae el viaje por Cartagena, pues he oído alabar las excursiones por el río Magdalena y el Cauca.
—Pues vamos allá.[73] Como Ud. ve, el río es una de las más grandes vías fluviales del continente. Aquí navegan buques de un calado de cuatro pies.
—¿Entran al río los buques que hacen el servicio entre los puertos de la costa oceánica?
—No pueden hacerlo[74] porque una barra de fango, formada en la desembocadura del río, impide la entrada de los transatlánticos al río, a la vez que la salida al mar de los vapores del río. Por eso ve Ud. aquí un ferrocarril comunicando el puerto fluvial de Barranquilla, con el marítimo de Puerto Colombia. Y verá muchos más, porque en Colombia el tráfico terrestre está bien combinado con el fluvial.
—También observo otras líneas que, al parecer,[75] no corresponden con los ferrocarriles ni con los ríos.
—Son caminos de mulas.
—Veo que el Cauca, afluente del Magdalena, es también navegable.
—Facilita el tráfico entre Bogotá y la costa del Pacífico.
—Para ello habrá sin duda que bajar por el Magdalena hasta su confluencia con el Cauca y remontar éste hasta donde nos lo permita su profundidad.
—Dejando el Cauca, el viaje se prosigue en mula hasta Cali, y por ferrocarril hasta Buenaventura, donde tomaremos el vapor de la Pacific Steam Navigation Company,[76] con rumbo a[77] Guayaquil.
Entremos a Guayaquil por el golfo de ese nombre y seguimos luego por un río que en él desemboca y cuyo valle estará completamente sumergido, si por acaso llegamos en la época de las lluvias.
Desde el término de esta navegación el viaje a los Andes se continúa en mula, ascendiendo la falda hasta el Paso del Arenal, por donde se entra al alto valle central del Ecuador, que nos lleva en dirección a Quito, teniendo a la vista el Chimborazo. El círculo de nuestra gira comenzada en Guayaquil se cierra recorriendo en ferrocarril las trescientas millas que separan a Quito de aquel punto.
De Guayaquil al Callao los vapores de las dos compañías sudamericanas ponen cuatro días. Lima, la ciudad de los Reyes,[78] está sólo a pocos minutos del Callao, y el trayecto se recorre en tranvía o en ferrocarril. En el Perú el ferrocarril de Oroya, el más alto del mundo, ofrece una oportunidad singular para conocer los Andes y estudiar la labor de sus minas. Este ferrocarril llegará un día hasta los tributarios del Amazonas; pero por ahora, como Ud. ve, sólo alcanza lugares un poco al norte de las famosas minas de Cerro de Pasco. Un ramal austral llega hasta Ayacucho, a menos de 200 millas del Cuzco.
—Veo que la gran red de ferrocarriles de la parte austral de Sur América extiende una de sus líneas hasta las proximidades de Cuzco.
—Sí; y observe Ud. que cuando los rieles hayan suprimido esa distancia de doscientas millas, podrá viajarse por ferrocarril desde Buenos Aires a Lima.
—¿Cómo[79] puede hacerse hoy esa parte del viaje?
—En mula o en diligencia. Pero sigamos nuestro viaje. De Cuzco el ferrocarril nos lleva hasta Puno, sobre el lago Titicaca, a 12,500 pies de elevación; cruzamos las aguas del lago en un vapor moderno, de mil toneladas, que nos lleva a Guaqui, en la costa boliviana; y de allí llegamos fácilmente en tren o diligencia a La Paz, teniendo a la vista el Illimani.
Si en lugar de atravesar el Titicaca hubiéramos continuado el viaje en tren por un ramal que se desprende en dirección al sur desde Juliaca, habríamos podido llegar a Arequipa (cerca de la cual se halla el Observatorio de Harvard), y de allí a Mollendo, puerto del Perú, por donde pasa una gran parte del comercio exterior de Bolivia.
De La Paz, situada en la proximidad de los valles que producen ricos cafés, así como la coca y la cinchona, o árbol de la quina, podemos dirigirnos, sea al puerto chileno de Arica, por el ferrocarril del Estado, sea al de Antofagasta, cerca del cual[80] están las fundiciones de minerales más grandes de Sud América. Esta última línea que se llama de Antofagasta y Bolivia, nos permite visitar las minas de estaño de Oruro y la celebrada ciudad de Potosí.
En Urquín se desprende un ramal que está para unirse[81] con el ferrocarril boliviano y más al sur con los ferrocarriles argentinos. La parte por terminar se recorre sin embargo en diligencia.
—¿Y los campos de nitrato?
—Quedan en Iquique, y para visitarlos habría que elegir las líneas de La Paz al puerto de Arica, llegando a Iquique por agua.
Desde Antofagasta, y aun desde Iquique, el viaje al sur puede continuarse en ferrocarril por más de mil quinientas millas por el centro de Chile, hasta Puerto Montt. A propósito, le hago notar a Ud. que hoy día es posible en Sud América hacer un viaje en tren de 3300 millas, equivalente al de Nueva York a San Francisco de California.
—¡Por vida de...! No tenía idea de tales progresos,[82] lo confieso.
—Para ello, puede Ud. salir de Puerto Montt, que queda como Ud. ve, a unos mil kilómetros de Valparaíso, y continuar su viaje hasta Buenos Aires; de allí es posible seguir hacia el norte, cruzar los ríos Paraná y Uruguay en ferribote y empalmar con la línea San Paulo y Río Grande, que termina en Río Janeiro, y que dentro de poco llegará a Pernambuco.
—Es sorprendente. Y veo que también se puede ir de Puerto Montt a La Paz, en Bolivia.
—Por cierto. Y este es el trayecto que a la inversa podremos elegir para nuestro viaje imaginario, sólo que nos apearemos en Concepción, situado en la rica región carbonífera de Chile, desde donde emprenderemos el viaje marítimo a Punta Arenas, en el estrecho de Magallanes, la ciudad más austral del mundo. Aquí nos vemos rodeados de montañas, selvas umbrosas, ventisqueros y hielos flotantes.
Nuestro vapor nos lleva de Punta Arenas directamente a Montevideo; pero otros hacen escala en los puertos argentinos, o a lo menos en Bahía Blanca, de donde podríamos continuar el viaje por tierra en el Ferrocarril del Sur de Buenos Aires. La ciudad de este nombre es el centro ferrocarrilero y de navegación fluvial más importante de Sud América. De aquí es posible, por lo tanto, continuar la gira de muchas maneras, sea llegando a La Paz en Bolivia, después de pasar por las ciudades argentinas de Rosario, Tucumán, Salta y Jujuy y recorrer en diligencia la pequeña solución de continuidad mencionada anteriormente, sea regresando a Valparaíso, sea, en fin, pasando a la Asunción, capital del Paraguay, o a Río Janeiro en el Brasil.
—En efecto, observo que su mapa muestra un enorme sistema fluvial cuyos componentes convergen al Plata. ¿Pueden entrar tierra adentro los vapores de ultramar, navegando por los ríos Paraná y Uruguay?
—Sí tal. La ciudad de Corrientes que ve Ud. aquí, a cosa de[83] mil kilómetros de la desembocadura del Paraná, puede recibir vapores transatlánticos en las épocas de las crecidas periódicas del río. Rosario, mucho más cerca de Buenos Aires, tiene su puerto dragado hasta una profundidad mínima de 6.90 metros en marea baja, lo que le permite recibir grandes transatlánticos.
—¿Pueden también pasar éstos por el río Uruguay?
—Hasta Concordia. Después puede navegarse el río, pero por embarcaciones muy pequeñas, hasta Ibicuy en el Brasil y hasta Cuareim por un afluente del río. En cambio, volviendo al Paraná, que dejamos en Corrientes, vea Ud. como continúa la línea roja hacia el Paraguay por un lado y el Alto Paraná por el otro.
—¿Hasta dónde se navega el Alto Paraná?
—Hasta Puerto Aguirre, cerca de Iguazú, aunque por buques de muy poco calado.
—¿Y el Paraguay?
—Por él puede viajarse hasta la Asunción, durante todo el año, en buques de tres metros de calado; por más que recibe buques de 4.20 en épocas de crecida. En condiciones favorables, los buques de 1.50 m. de calado ascienden hasta Matto Grosso, en el Brasil, a 3200 kilómetros de la desembocadura.
Ud. ve, pues, que Buenos Aires ofrece al viajero un sinnúmero de conexiones. Es éste, además, un gran puerto marítimo de donde parten más de cincuenta líneas de navegación para Europa y Estados Unidos, cuyos vapores hacen escalas en Montevideo, Santos, Río Janeiro, Bahía y Pernambuco.
En Bahía puede tomarse uno de los cómodos vapores que costean la parte norte del Brasil, por la oportunidad que ofrece de visitar las ciudades de Ceará y Pará, donde sería posible continuar el viaje por el Amazonas hasta Iquitos, en el Perú, en los vapores de la línea Booth.
—Veo que Ud. ha señalado de rojo la gran ruta del Amazonas hasta el Perú.
—¿No sabía Ud. que gracias al Amazonas, pueden entrar a la ciudad peruana de Iquitos los vapores del Atlántico?
—¡Es en verdad maravilloso! Y a propósito de[84] trayectos interesantes, ¿es cierto que por el Amazonas y sus afluentes puede navegarse hasta el mar de las Antillas? Por mucho que pensase, no sabría[85] cómo puede hacerse ese viaje.
—Ya verá Ud. eso bien claro aquí: Entra Ud. por el Amazonas; sigue por el río Negro, luego remonta este río durante algunos días hasta que llega al río Casiquiari por donde entra Ud. al Orinoco y por éste al mar de las Antillas. El viaje se hace cómodamente, aunque por cierto en buques de poco calado.
—Me parece notar aquí que mediante un corto canal podría unirse el Amazonas con el sistema del Plata.
—Precisamente. Remontando el Tapajos hasta sus fuentes, bastaría un canal para unir sus aguas con el Paraguay a la altura de Cuyabá; desde allí puede navegarse hasta Buenos Aires en embarcaciones de calado cada vez mayor. De modo que no es difícil que[86] algún día se navegue cómodamente desde la boca del Orinoco hasta la del Plata.
Pero volviendo al Orinoco, aquí puede Ud. ver la parte navegable de ese río. Este punto representa Puerto España, con el cual se hace casi todo el comercio fluvial de Venezuela.
—¿Y este otro lugar más al sur?
—Ese es Ciudad Bolívar, a dos días de viaje, remontando el río. Aquí se hace una parada de tres días, y la carga y los pasajeros se trasbordan a lanchas o vapores de poco calado, sea para continuar por el Orinoco o por su afluente el Apure, hasta donde lo permita la profundidad del agua.
—¿Según eso, en algunas estaciones del año se puede avanzar más que en otras?
—Sí señor; por enero y febrero, o más exactamente, entre diciembre y abril la navegación en las partes altas del Orinoco está interrumpida.
—Suponiendo que hubiéramos[87] llegado a la boca del Orinoco, ¿cómo completaríamos nuestra gira desde allí?
—Muy fácilmente; pasando a la isla inglesa de Trinidad, desde donde visitaríamos las ciudades y puertos de Venezuela, que se hallan casi todos en la costa del mar Caribe. De la Guayra o Puerto Cabello regresaríamos por último a Nueva York en un vapor de la Red D Line.
—Por más que se diga,[88] mucho puede aprenderse en un viaje ... por el mapa.
Chapter Footnotes:
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V.—EL OBRERO EN LA AMÉRICA LATINA Equivalents of Who and Whom (to the vocabulary section)
—Confieso que mis ideas respecto de las condiciones del trabajo en el resto de América nunca fueron claras. Como tengo a Ud. por un hombre[1] versado en asuntos económicos, le suplico me diga quién es el obrero en[2] la América latina, a qué raza o nacionalidad pertenece y cuál es su estado social.[3]
—El que quiera[4] comprender perfectamente la situación de las clases trabajadoras en la América latina debe ante todo darse cuenta de este hecho: Que la composición etnológica de la población varía en esos países según se vaya[5] del trópico, donde abunda el indio,[6] a las zonas templadas y frías donde acaso no se encuentra un solo indígena.[7] Por otra parte, las comarcas situadas sobre el Atlántico reciben más inmigración europea que las situadas sobre el Pacífico.
—Voy comprendiendo. El indio disminuye en número de norte a sur y el europeo, de este a oeste. Supongo que el indio y el mestizo, donde esas clases existen, sirven en los trabajos rudos....
—El obrero que Ud. ve[8] en el trópico es el indio, a quien[9] se le encomiendan los trabajos pesados y sin cuya ayuda no podría prosperar el blanco,[10] el cual,[11] por su parte, ofrece a aquél la oportunidad de educarse y de mejorar su condición económica. Naturalmente, el indio que emplean las administraciones[12] industriales es el manso y semicivilizado. Donde hay indios, el europeo no puede medrar, pues la vida de éste reclama un salario más alto que el que al indígena se paga. Pero donde el indio es escaso, como en el Uruguay, en el centro y sur de la Argentina y en el centro de Chile, el inmigrante europeo es el que desempeña las faenas rudas en los saladeros y frigoríficos, en la construcción de vías férreas, en la edificación y sobre todo en la agricultura.
A consecuencia también de la escasez de indios, el nativo civilizado, blanco, inteligente e industrioso, realiza las labores mencionadas. Pero el nativo a que me refiero, por tener un carácter altivo e independiente, prefiere sobre todo las actividades relacionadas con la cría del ganado.[13] Estas labores tienen extraordinario atractivo sobre esos hombres de los campos, como lo prueba el gran número de gauchos o peones criollos en las haciendas ganaderas del Uruguay, Argentina y el sur del Brasil.
Las labores agrícolas, como ya he dicho,[14] atraen sobre todo a los europeos. Así, encuentra Ud. alemanes en Río Grande (Brasil), suizos en Mercedes (Uruguay), polacos, judíos, italianos y vascos en Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires (Argentina) y alemanes en Concepción, Valdivia y Victoria (Chile).
En la costa del Pacífico, según lo he hecho notar ya, el europeo no abunda y por esta razón el nativo ocupa su lugar en las tareas agrícolas, como ocurre en Chile. En el Perú la ausencia de europeos, agravada por la escasez de nativos y por el hecho de que éstos prefieren entregarse a las faenas de la recolección del caucho, ha hecho menester acudir al inmigrante chino, quien por sus hábitos de frugalidad hace casi imposible la competencia a los obreros europeos. Como se sabe, de todos los obreros civilizados, el chino es el que[15] más bajo salario exige.
En Centro América se siente también la falta de braceros, al punto que en Honduras el fruto de los cafetos se pierde a veces por no haber quien lo recoja. Para la recolección de la banana o plátano, se importan en Centro América negros de Jamaica.
—¿Y las industrias manuales?
—Las ejercen los europeos, particularmente en el lado del Atlántico. En los países adonde la inmigración europea acude en menor número, los criollos se dedican a la industria, como ocurre en Chile y el Perú, especialmente en este último país, donde los salarios han subido a consecuencia de[16] la falta de obreros expertos en la industria. Me refiero a los oficios menudos y los relacionados con las artes gráficas. La gran industria está todavía escasamente representada y se relaciona con la preparación de productos alimenticios helados y elaboración del cuero.
Chapter Footnotes:
VI.—EL EXTRANJERO Y EL CRIOLLO Oficios y Empleos; Negative Forms; Vocabulary relating to Occupations (to the vocabulary section)
—¿Sabe Ud. cómo vive el extranjero en la América latina?
—Entonces no extrañará Ud. ni se molestará si le doy una explicación algo extensa sobre este punto. El extranjero que llega a la América latina pocas veces[3] es un viajero de paso, casi nunca un turista. A menudo es un colono nuevo, un empleado o un agente comercial. Y no es raro que el inmigrante pase todo el resto de su vida en el país adonde[4] se encamina y forme en él un nuevo hogar.
—¿Gozan los extranjeros de especiales derechos?
—No, por cierto. No disfrutan de ninguna[5] ventaja especial, pero en cambio tampoco se les niega ninguno de los derechos que tienen los ciudadanos, excepto, naturalmente, el de votar. Pero ninguno se queja[6] de esta limitación, pues nada les impide expresar sus ideas por medio de los periódicos que publican.
—A propósito de esos periódicos, diré a Ud. que aunque muchos de ellos son órganos autorizados, no intervienen casi nada en la política local, ni tienen en la opinión pública el mismo peso que[7] los periódicos nacionales.
—No por eso, me imagino,[8] son los extranjeros tenidos en menos o mal recibidos por los nativos....
—En modo alguno.[9] Sin duda en todas partes se ven personas que no desean tener trato con nadie, que nunca reciben extraños y menos extranjeros en sus casas; que a nadie hacen siquiera[10] el ofrecimiento de su[11] amistad. Esas personas no sientan nunca un extranjero[12] a su mesa. En cambio, hay otras para quienes una carta de recomendación o de simple presentación basta para considerar al recién llegado como un amigo.
—¿Basta con eso para ser recibido en la intimidad de la familia?
—No siempre, claro está. Pero cuando a Ud. le dicen: «Ya sabe que esta casa es suya»[13] o «esta casa está a su disposición,»[14] no dude Ud. que su presencia les es grata.
—Me han dicho, sin embargo, que el recién venido nunca penetra[15] completamente en el círculo íntimo de la familia.
—¡Oh, nada de éso![16] No lo crea Ud.
—Me cuentan que ni habiendo entrado[17] en la familia por casamiento, llegó un extranjero a ser completamente de los íntimos. Se le excluía por el hecho mismo de[18] ser extranjero. Pero tal vez ese sea un caso aislado.
Pasando a la faz política de este asunto, ¿no cree Ud. que a veces se duda de la lealtad de los extranjeros para con el país donde se hallan?
—De ningún modo.[19] Los extranjeros celebran sus fiestas nacionales acompañando el regocijo con expansiones patrióticas. No veo razón alguna para coartarles ese derecho. Los extranjeros tienen además sus sociedades; pero nadie cree que con eso comprometan la homogeneidad de la sociedad en que viven. Es cierto que en tierra extranjera los sentimientos patrióticos del hombre están más exaltados que nunca; pero también es verdad que los extranjeros suelen defender con más ahinco que nadie los ataques a su patria adoptiva.
—Habla Ud. de fiestas. ¿Se refiere Ud. a las religiosas?
—No tanto a ésas como a las cívicas[20]; verbigracia las del cuatro y catorce de julio o el veinte de septiembre, celebradas por los norteamericanos, franceses e italianos respectivamente. En cuanto a las fiestas religiosas,[21] la inversión de las estaciones les quitaría mucho de su carácter y significado. No sería nada apropiado celebrar la navidad cuando hace más calor que nunca. ¿Y habría nada más extemporáneo que hacer la procesión de Corpus después de recogida la cosecha? Tampoco sería lógico celebrar las pascuas en otoño.
—Ud. me dice que el sentimiento hacia el extranjero es cordial; sin embargo, he oído decir que los naturales les ponen motes despectivos.
—Ese es un hecho universal, que en este caso exterioriza cierta inofensiva vanidad por parte del[22] nativo más bien que[23] un sentimiento hostil. Durante el coloniaje se llamaba chapetones y cachupines a los españoles en América, y de aquí que[24] «chapetonada» signifique bisoñería, falta de experiencia en los usos del país. La misma palabra «gringo», procedente tal vez de greenhorn, probaría que lo más chocante a los ojos del nativo no es la calidad de extranjero sino la impericia del forastero, la dificultad que encuentra para «acriollarse».
—El sentimiento localista debe de ser muy aguzado.
—Lo es hasta entre los mismos naturales. Los nativos de las ciudades ridiculizan a la gente de los campos, llamándolas paisanos, fuereños, orilleros, etc., mientras éstos llaman a aquéllos puebleros y pueblanos, designaciones no exentas de burla, sobre todo cuando el forastero, por su inexperiencia, se atrae los dictados de maturrango y de chambón.
—Supongo además que los criollos reciben denominaciones diferentes según su procedencia.
—Infinitas. Arribeños son en Chile los habitantes de la costa del sur y abajeños los de la del norte. Calentanos se denominan en Colombia los habitantes de tierra caliente, o sean las costas, valles bajos y llanuras del sur y el oriente. Jarocho es el campesino de Veracruz, llanero es en Venezuela el habitante de la llanura, collas en Bolivia son los moradores de la altiplanicie, y pampinos en Chile los procedentes de las pampas del norte.
—¿No se distinguen los nativos con nombres especiales según las razas a que pertenecen?
—Sin duda; el hijo de india y blanco se llama cholo o chino; el de negra y blanco, mulato y el de negro e india, zambo. El nombre de chino también se aplica en algunas partes al hijo de mulata y negro, y en otras al de indio y zambo. La raza amarilla ha introducido el adjetivo canaca. Además la condición social impone ciertas denominaciones. Ya sabe Ud. que pelados en Méjico y rotos en Chile son nombres dados a la gente del pueblo bajo.
—¿Cuál es el género de trabajos que los extranjeros prefieren según su nacionalidad?
—Le diré a Ud. El francés,[25] el español y el italiano prefieren trabajar como mozos y camareros en los hoteles, restaurantes, cafés, fondas y otros establecimientos semejantes. Los ingleses no entienden nada de eso.
En las casas de modas y en otras tiendas donde se venden artículos relacionados con el vestido de la mujer, no es casualidad el que las modistas[26] y costureras sean casi siempre francesas; aunque entre las muchas que se ganan la vida[27] trabajando en estas labores,[28] así como en los talleres de bordados, encajes y flores artificiales, no faltan las obreras aprendizas y oficialas criollas.
En las grandes empresas dominan los ingleses, sobre todo en la América del Sur. En el caso de las compañías de ferrocarriles, de tranvías, de navegación, de iluminación, de seguros sobre la vida, contra incendios, o contra accidentes, ninguno de los directores[29] generales está en la América latina; allí hay sólo directorios locales constituidos por ingleses e hijos del país.[30] Por lo general los gerentes de estas empresas son también ingleses. Es claro que las oficinas relacionadas con esas compañías dan empleo a muchos europeos, quienes ocupan los cargos de jefes de oficina, tenedores de libros, contadores, inspectores, encargados de las mesas de entradas, escribientes, taquígrafos, dactilógrafos o mecanógrafos y hasta porteros y otros empleos de inferior categoría.
En las empresas de ferrocarril, algunos jefes de estación son extranjeros, pero los empleados del escritorio en las mismas suelen ser jóvenes hijos del país. Los maquinistas y fogoneros o foguistas, los guardatrenes, guardaagujas, guardabarreras y mayorales son también criollos.
En otras empresas industriales que son producto del capital extranjero, los empleados de las oficinas son jóvenes hijos de familias del país, mientras que los obreros, peones y operarios son por lo general inmigrantes españoles o italianos. Ningún[31] inglés se ve entre ellos. Los contramaestres, capataces, regentes, jefes de taller o de cuadrilla, los dependientes principales de casas de comercio, suelen ser de la nacionalidad de los directores principales de las empresas.
—¿Cómo se distribuye el trabajo en las oficinas o negociados de la administración pública?
—No existe aún la ley del servicio civil; pero en algunos países, sólo los ciudadanos nativos o naturalizados pueden ocupar empleos en la administración pública.
—Supongo que la administración puede ser nacional, del estado (o provincial) y municipal.
—Precisamente. En lo nacional[32] las reparticiones públicas se agrupan por ministerios, que los hay de[33] Instrucción Pública, Justicia, Interior o de la Gobernación, del Tesoro o de Hacienda; de Fomento o de Agricultura, Industria y Comercio; de Guerra; de Marina; de Relaciones Exteriores, de Obras Públicas, de Comunicaciones, etc.
—¿No se llama ‘secretarios’ a los ministros como en los Estados Unidos?
—En algunos países se les da el nombre de Secretarios de Estado; los funcionarios que les siguen en rango son subsecretarios.
—¿Cómo se dividen esos ramos administrativamente?
—En Departamentos, Direcciones, Divisiones, Negociados, Inspecciones, Oficinas. Los empleados que los atienden reciben diversos nombres como jefe, segundo jefe, secretario general, tesorero, contador, oficial mayor, oficial primero, segundo, etc.; escribiente, ayudante. El personal de servicio está constituido por un mayordomo, porteros, ordenanzas, mensajeros, peones, etc. En algunas oficinas además del personal administrador hay un personal técnico en los ramos agrícolas, industriales, de construcción, etc., según el caso.
—¿Cómo se denomina las diversas partes de una oficina?
—Tiene Ud. salas de recibo para el público, mesa de entradas y salidas, despacho del jefe y otros funcionarios superiores, secretaría, tesorería, contaduría, depósito, oficinas técnicas, archivo, etc.
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VII.—CORRETAJE (to the vocabulary section)
—Pienso enviar un hijo mío[1] a Sud América a fin de que se familiarice con los métodos comerciales de esos países. Quisiera hacer de él un corredor, un perito comercial, agente o cosa parecida.[2]
—Le advierto que el aspirante a corredor debe haber residido previamente durante cierto tiempo en el país donde desee ejercer el corretaje. Algunos países exigen además que haya ejercido el comercio de por sí o en sociedad[3] en una casa al por mayor.
—Se me dice que se le ofrecería una plaza de tenedor de libros en Buenos Aires o en Montevideo.
—Después de haber residido un año en la Argentina habría cumplido con el requisito de residencia que impone esa nación. ¿Qué edad tiene[4] su hijo de Ud.?[5]
—Solo veintiún años; pero ha viajado mucho[6] y tiene una experiencia que Ud. no esperaría encontrar en un joven de esa edad.
—Le felicito. La edad que tiene su hijo es la mínima a que puede ejercerse el corretaje en el Uruguay. La ley argentina exige veintidós años de edad, pero su hijo los tendría mientras cumpliese con la condición de residencia en caso que el ofrecimiento hubiera sido hecho desde ese país.
—Me dicen que en Chile mi hijo no podría ser corredor antes de los veinticinco años. Yo diría que ese límite es demasiado elevado. ¿No lo encuentra Ud. excesivo?
—Sí; mucho.[7]
—Espero que el hecho de ser extranjero no será un impedimento para el ejercicio del corretaje.
—¡No faltaría más![8] No, señor, de ningún modo. Pero si Ud. me lo permitiese, le recomendaría hiciera matricular a su hijo en el Tribunal de Comercio.
—¿Convendría que mi hijo aprendiese el castellano antes de partir?
—Ciertamente. Sería muy problemático su éxito si no lo hablase correctamente a su llegada.
—¿Cree Ud. que se le exigirá una fianza?
—Es muy probable que se la exijan.
—Gracias. Quedo muy reconocido por sus consejos.
—No hay de qué darlas.[9] Ojalá su hijo de Ud. tenga el éxito que merece.
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VIII.—DERECHOS DE ADUANA[1] Use of uno y otro, unos y otros; Custom-House Vocabulary (to the vocabulary section)
—Como Ud. sabe, los gobiernos de los países latino-americanos obtienen sus rentas, principalmente, de los derechos de importación,[2] y en segundo lugar de la contribución directa.[3] Los unos son percibidos por el gobierno federal; la otra[4] por las municipalidades. El gravamen impuesto a las mercaderías importadas es también un medio de evitar su concurrencia con las de fabricación nacional, las cuales quedan así protegidas por el estado.
—¿Están sujetos, a derechos todos los artículos importados?
—Hay algunos cuya importación está exenta de gravamen, y en este número figuran ciertas materias primeras[5] necesarias en la industria y otras[6] cosas que contribuyen directamente al progreso del país, como los libros, por ejemplo. Los unos y las otras[7] entran, como se dice, libres de derecho.
—¿A qué principio se obedece al fijar los derechos de aduana?
—Tomando por base el valor del artículo y teniendo en cuenta en algunos casos el peso y, en otros,[8] la calidad del mismo. Estos derechos, ad valorem, como se los llama, varían entre el dos y el ochenta por ciento del valor de los artículos.
—¿Y cómo se determina el valor de la mercadería importada? Pienso que podría dar motivo al fraude si para eso bastara la declaración del comerciante o la presentación de la factura.
—Tiene Ud. razón. Uno u otro[9] método se prestaría al engaño; y para evitarlo, existe una tarifa llamada de avalúos, que no es sino[10] la lista de las mercaderías con los valores que tienen en plaza. Estos valores se revisan periódicamente y en algunos casos son un poco diferentes de los corrientes en el mercado.
—Pero ocúrreseme que en esa lista no puede incluirse los nombres de todos los artículos de exportación. ¿Cómo se las[11] arreglan los inspectores cuando tienen que habérselas con[12] un artículo nuevo, o de una calidad nueva?
—Ciertamente, ni uno ni otro[13] de los artículos que Ud. supone estarían en la lista. Esas mercaderías pagan un tanto por ciento sobre su valor, evitándose así toda omisión o contrabando.
—Si no me equivoco,[14] dijo Ud. que los derechos se cobran también de acuerdo con el peso: ¿se incluye en éste el del envase?
—A veces. Pero suele ocurrir que en el peso se computa sólo el del envase inmediato de la mercadería; es decir, las cajas de cartón o latón, los frascos, etc., o bien se incluye en el peso hasta el de las cajas exteriores de madera. En el primer caso se trata de peso neto; en el segundo, de peso bruto.
—¿No hay artículos que pagan derecho con arreglo a su peso absoluto, excluyéndose todo envase?
—Sí; y entonces se trata de peso neto verdadero.
—¡Cuántos contratiempos puede traer a los exportadores la ignorancia de esas prácticas!
—¡Figúrese Ud.![15] Exportadores hay que[16] ponen catálogos y libros de propaganda entre mercaderías sujetas a derechos con arreglo al peso bruto. El peso extraño agregado, aumenta innecesariamente el monto de los derechos. Otros ignoran que en ciertos países las mercaderías ligeras, como cintas, blusas, camisas, etc., pagan derechos con arreglo al peso neto; y en vez de[17] remitirlas envueltas por docenas[18] en papel liviano, puesto que el envase inmediato habría de computarse en el peso, las envían acondicionando cada pieza en una caja por separado, con lo cual acrecientan enormemente los gastos de aduana. Unos y otros[19] se exponen a sufrir interminables desagrados.
—¿Dan las aduanas certificados de depósito por las mercaderías que reciben los comerciantes y que depositan en los almacenes fiscales?
—Lo hacen en algunos países, en los cuales se descuentan warrants corrientemente. El warrant es un duplicado del certificado de depósito, y con él se puede obtener crédito[20] con la garantía[21] del valor en prenda.
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IX.—LA SALUD Y LA VIDA Vocabulary relating to Public Hygiene (to the vocabulary section)
—Tengo en perspectiva[1] un viaje por la América latina; pero le confesaré[2] que me preocupa la duda de si[3] en esos países la salud del viajero está suficientemente garantizada.
—He de[4] decir a Ud. que a ese respecto nadie podría dar a Ud. una contestación que le satisficiese,[5] pues el continente ofrece diferencias capitales desde el punto de vista de su estado higiénico. Sepa Ud.,[6] sin embargo, que hallará oficinas de sanidad en las principales ciudades, cuyos inspectores tienen a su cargo la vigilancia de los domicilios privados, de las casas de comercio y edificios públicos, para asegurarse de que se cumplen las leyes que protejen la salud de la población.
—¿Hay en la América latina muchas enfermedades endémicas?
—Expliquémonos[7]: En la zona tórrida es posible que encuentre Ud. fiebres palúdicas, el hookworm, y en los barrios desaseados de algunas comunas, algunos casos de fiebre amarilla y de peste bubónica; pero la América latina va conquistando poco a poco los enemigos de la salud y de la vida. En la parte austral del continente encontrará Ud. ciudades en las cuales la mortalidad es notablemente reducida.
—¿Está reglamentada la circulación de las aguas servidas[8]?
—En las principales ciudades. En algunas, el sistema de cloacas, alcantarillado y desagüe se halla en excelentes condiciones. Muchos pantanos, charcas y esteros se han cegado, y rigen leyes estrictas para el riego.
La provisión de aguas es objeto de atención preferente, y hay ciudades que gastan muchos millones en la extensión constante de este servicio, de acuerdo con el aumento de la población.
La inspección de mataderos y mercados es escrupulosa en los países más adelantados, lo mismo que la inspección del pescado, la leche, aves, encurtidos, frutas y legumbres. Se inspeccionan igualmente las salchicherías, las cabrerías, tambos o vaquerías y las cuadras de burras de leche. También se inspeccionan los establos, caballerizas y corrales para hacer efectiva su limpieza y garantizar la salud de las reses.
Son muy interesantes las leyes de policía sanitaria[9] con respecto al tráfico interprovincial, a la importación y exportación de animales vivos, para evitar el tránsito de animales enfermos.
—¿Qué grado de adelanto han alcanzado los estudios médicos?
—Eso depende del país de que se trate, y es muy señalado en los más adelantados. En la Universidad de Buenos Aires los estudiantes de medicina superan en número a los de cualquier otra profesión, incluso la de leyes. En esa ciudad los hospitales y clínicas destinados a la práctica de la enseñanza están a veces mejor dotados que los de Europa.
Como consecuencia de[10] la generalización de los estudios médicos, los servicios públicos relacionados con la higiene se han perfeccionado y extendido; de lo cual resulta que[11] algunos de esos países tienen leyes perfectas que reglamentan[12] la práctica de la medicina y el ejercicio de la farmacia.
—¿Qué requisito debe llenar el médico extranjero que desee ejercer su profesión en la América latina?
—La legislación no es uniforme; pero por lo general se somete el candidato a un examen de reválida, de acuerdo con el plan de estudios[13] de la universidad donde se presenta. Tal privilegio se le concede sólo si[14] los certificados que exhibe se consideran aceptables.
—¿No hay tratados de reciprocidad con respecto a los títulos profesionales entre esos países y los Estados Unidos?
—No; pero algunas de esas repúblicas han celebrado tratados entre sí o con España y Francia. De acuerdo con esos convenios, se omite el examen previo del candidato y sólo se le exige la presentación del título o diploma, que es visado por la Facultad de Medicina y refrendado por el Ministerio de Relaciones Exteriores[15] en los países que los han celebrado.
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X.—VAPORES Vocabulary relating to Shipping (to the vocabulary section)
—Aunque los armadores latino-americanos se han dedicado preferentemente a comprar en Europa vapores de segunda mano, es indudable que pueden ser buenos clientes de los astilleros norteamericanos, especialmente en la adquisición de embarcaciones propias para[1] el comercio de cabotaje.
—Yo creía que el comercio de cabotaje entre los países de la América latina se hacía por medio de buques extranjeros.
—Esos[2] se ocupan del tráfico costanero internacional; aunque me parece que los armadores de la América latina acabarán por dominar ese tráfico también.
—Sorpréndeme en extremo lo que Ud. me dice. Según eso[3] ¿hay compañías navieras latino-americanas?
—Ciertamente, desde Méjico a la Tierra del Fuego. Para no citar sino las más importantes,[4] diré a Ud. que una de ellas, la Argentina, tiene un capital de diez millones de pesos oro, la que está dando altos dividendos. Tiene cerca de cien embarcaciones, algunas de más de tres mil toneladas de registro, muchas de doble hélice y unas cuantas de tres hélices.
—¿Qué clase de buques son esos?
—Barcos de vapor, es decir, vapores de río para pasajeros y vapores-correos que hacen el servicio fluvial en el interior de la Argentina y Paraguay y, además, entre los puertos marítimos de las costas australes argentinas, aun llegando hasta el Brasil.
—¿No hacen esas compañías servicio internacional de pasajeros?
—La compañía argentina lo hace entre ese país, el Uruguay y el Brasil. De las dos compañías brasileñas que conozco, una ha iniciado el tráfico ultramarino con paquetes transatlánticos que llegan hasta Nueva York con pasajeros y carga. Una compañía chilena y otra peruana tienen vapores cómodos que transportan pasajeros y tocan en los puertos del Pacífico, entre Valparaiso y Panamá. La compañía peruana posee vapores de turbina que hacen alrededor de veinte nudos por hora. La flota latinoamericana cuenta además con paquebotes fluviales americanos o ferribotes, vapores de carga y buques mercantes de menor desplazamiento. Incluye muchas barcas y lanchas de pesca, remolcadores, balandras, chatas, lanchones, aparte de innumerables botes, lanchas de recreo, lanchas salvavidas, lanchetas, etc. El equipo de estas compañías comprende muchas obras importantes, como diques de carena, diques secos, almacenes, guinches hidráulicos, dragas, etc.
—¿El personal de esas flotas es latino-americano?
—Casi todo el personal de mando lo es; y así, verá Ud. muchos criollos entre los capitanes y patrones de los buques, así como entre los oficiales de a bordo. Sin embargo entre éstos abundan los italianos, y sobre todo entre los pilotos, prácticos, contramaestres, y la tripulación de los buques. Los oficios de pescador, de barquero y de botero atraen muchos genoveses. Los gondoleros casi siempre son venecianos.
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XI.—LA CAZA Y SUS PRODUCTOS Uses of the Preterite Indicative and Imperfect (to the vocabulary section)
—El interés que mis hermanos[1] y yo demostramos por la caza nos viene quizá por herencia,[2] pues nuestro padre pasó una gran parte de su vida en Sud América, cazando animales salvajes que desolló más de una vez con sus propias manos.[3] Nos decía que las selvas allí son muy espesas y que la lucha entre las especies animales hace su caza difícil.
Nuestro padre vendió muchas pieles de puma y de jaguar y levantó con su comercio una pequeña fortuna, pero no se hallaba a gusto[4] fuera de su país. Llovía siempre, los caminos eran malos y nunca pudo encontrar servidores fieles. Debido a estas y otras dificultades que siempre encontraba, decidió abandonar la comarca. Así es que un año en que[5] los negocios empeoraron, vendió la finca que tenía, se trasladó al oeste de Sud América y recorrió Bolivia y el Perú donde hizo muchos negocios en lanas de alpaca y de vicuña. Por fin venía para Estados Unidos cuando yo nací.
Ahora nosotros nos hallamos[6] dispuestos a invertir dinero en una forma más completa, estableciendo una fuerte casa en Sud América que se ocupe de la compra de pieles, así como también de su elaboración, en las condiciones más perfectas que sea dable alcanzar. ¿Qué le parece a Ud. nuestra idea?
—Excelente. Uds. harán fortuna con el comercio de la piel de chinchilla, de la cibelina, del armiño y de la marta, animales de cuyas pieles se obtiene mayor rendimiento.
—¿En qué países se hace ese comercio?
—La caza de los animales nombrados es más activa en el Perú, Bolivia, Chile y Argentina, así como también en el Brasil. Pero además de los animales nombrados, esos países proporcionarían otros, que viven en sus bosques, llanuras y ríos así como en sus costas oceánicas. Entre estos últimos está el lobo de mar de las costas australes, conocido en el comercio con el nombre de «lobo de dos pelos» y que en los mercados europeos obtiene precios que oscilan entre cuatro y seis libras esterlinas cada uno. Las pieles de nutria quintuplican su valor después de elaboradas. El zorro sudamericano, sobre todo el zorrito gris, multiplica por diez su valor originario cuando se le convierte en estolas y manguitos. Y a propósito de esta prenda de abrigo, sepa Ud. que los de mayor tamaño pasan por ser de garduña, siendo así que se fabrican con la piel de la zarigüeya o comadreja americana, que se compra a diez centavos en los países de que tratamos. La humilde mofeta, llamada en unas partes zorrino, y en otras mapurite, sale de Sud America en estado bruto y regresa valiendo en pesos lo que por ella se pagó en centavos. Y todavía quedan sin mencionar el murciélago, el mono y otros muchos animales cuyas pieles dejarían pingües utilidades si se las preparase en el lugar mismo de producción[7] y obedeciendo a métodos modernos.
—¡Pues qué![8] ¿No se elaboran las pieles de los animales que se cazan?
—No, señor. En esos países, por regla general, solamente la materia prima es objeto de comercio; es decir, que el negocio de peletería se reduce casi únicamente a[9] la exportación de las pieles. Esto con referencia a[10] las pieles finas; que[11] a las otras se les saca el pelo, con el cual se fabrican fieltros sacrificando así un producto que debidamente elaborado podría dejar utilidades mucho mayores.
—¿Ni siquiera esas últimas se trabajan en el país después de peladas[12]?
—Casi nada. Se curten y se exportan. Pues bien,[13] a pesar de que con esa negligencia los comerciantes se perjudican a sí mismos,[14] las utilidades que recogen son considerables.
—¡Quién había de decirlo![15]
—Debo también advertir a Uds. que las pieles finas así manipuladas no siempre obtienen buenos precios en los mercados europeos, porque a veces llegan a ellos en mal estado.
—Los datos que Ud. me da confirman mi opinión de que un establecimiento bien montado, con sucursales o agentes en las repúblicas que Ud. ha nombrado, daría proficuas utilidades a los iniciadores.
—Yo también lo creo. El establecimiento en que Ud. piensa[16] se ocuparía también de la venta de pluma. No sé si Ud. sabrá[17] que algunos estancieros han hecho fortunas criando avestruces en semi-domesticidad, y que otros han introducido el de África, cuya pluma es más apreciada, sobre todo para fabricar esas boas de pluma que usan las señoras.
—Hablando de plumas, no puede olvidarse la de garza. ¡Qué[18] crecidas ganancias no dejará[19] ese negocio si se le practica con tino y economía!
—No tiene Ud. idea de ello.[20] En ese ramo hay mucho que progresar, dada la forma primitiva como se obtiene la pluma de garza.
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XII.—ZONAS DE VEGETACIÓN Physiographical Terms (to the vocabulary section)
—Unos me hablan de la pobreza del suelo de la América latina y otros[1] me ponderan sus producciones, la profusión de su vegetación, lo magnífico y exuberante de sus selvas. Comprendo que en ese continente debe de[2] haber numerosas zonas de vegetación,[3] mas confieso que no tengo ideas precisas[4] acerca de la situación de tales zonas.
—Pues mire Ud. este mapa, y comience la observación por su propio país. ¿No reconoce Ud. aquí la gran meseta del estado de Colorado como una ancha faja que penetra en Méjico?
—Sí, la reconozco, y veo que en Méjico la meseta corre paralelamente a la dirección general del país, dejando un borde de cada lado, entre ella y los océanos.
—Muy bien. Y observe Ud. que la meseta termina por el sur[5] muy cerca de la costa austral.
—Advierto también que al sur de la meseta[6] se extiende un gran valle, entre aquélla y la Sierra Madre del Sur, próximo a la costa.
—Pues bien: el conocimiento de esta topografía del suelo de Méjico, unido al del régimen de los vientos, nos da la clave para comprender las regiones climatéricas[7] de ese país.
—¿Cómo así?[8]
—Los vientos alisios, que vienen del nordeste, al pasar por el Golfo de Méjico, se cargan de humedad, la cual depositan en forma de lluvia en las faldas de las montañas que directamente se les oponen, es decir, el borde oriental de la meseta y la vertiente norte de la Sierra Madre del Sur.
—Por lo tanto,[9] la falda opuesta de la meseta, es decir el borde que mira hacia el Pacífico, no recibiendo esos vientos, debe de ser más árida.
—Pero haré notar que en cambio esa falda está favorecida por los vientos contraalisios que soplan en dirección contraria.[10]
—Así, pues,[11] irrigada una vertiente de la meseta por los vientos alisios, y la otra, por los contraalisios, la zona intermedia se hallará privada de su beneficio.
—Precisamente es eso lo que sucede: las lluvias son escasas en la meseta central. Una cosa parecida ocurre en ciertas regiones llanas como Yucatán, con la diferencia que ese territorio se halla situado precisamente en el camino que recorren los vientos cargados de humedad.
—¿Cómo no recibe lluvias, entonces?
—Porque no hay en esa comarca montañas en cuyas faldas pudieran condensarse los vapores. Esta circunstancia geográfica condena a Yucatán a perpetua sequía. En las regiones que se hallan sometidas a esta condición se encuentran los cactus, los agaves y otras plantas fibrosas características de las regiones muy secas.
—Según eso, las faldas de la meseta mejicana deben de ser muy fértiles.
—En efecto allí se encuentran espesos bosques, de árboles tan gigantescos como el ahuehuete, que alcanza una altura de cuarenta metros, y otros árboles cuya madera se usa en ebanistería como la caoba, el ébano y el palo rosa. Allí crecen también el árbol de la goma, caucho o hule, la vainilla, el cacao, árboles frutales y, además, plantas semi-tropicales como el tabaco, el cafeto, la caña de azúcar, el algodonero y muchos otros.
—¿Qué clase de vegetación crece en la altiplanicie?
—Sobre todo prados de gramíneas, especialmente maíz, aunque éste se cultiva en todo el país. En la parte norte de la altiplanicie se dilatan espléndidas tierras de pastoreo.
—¿Cuál es la relación entre el clima, la topografía y las producciones de la América Central?
—En esa parte del continente la cordillera de los Andes modifica la dirección de los vientos e introduce diferencias en la cantidad de lluvias que reciben las regiones situadas al este y al oeste de aquélla. Además, la elevación del suelo determina numerosos niveles de cultivo.
—La cordillera, pues, favorece a unos y perjudica a otros.
—Ud. lo ha dicho. En Centro América la mitad occidental recibe el beneficio de los contraalisios, está profusamente regada por ríos, y por lo tanto es más fértil y más rica que la mitad oriental. En esta última los alimentos principales deben ser importados, con excepción de la banana. El otro factor es el nivel del suelo. Las zonas bajas son cálidas y allí hay plantaciones[12] de los productos típicos del trópico, como el cacao, el caucho, el banano o plátano, el cocotero y los árboles de maderas finas. El café se cultiva en zonas más altas y por lo tanto más templadas. Más arriba todavía se producen el maíz, las patatas, las habas, porotos o fríjoles.
—En este mapa se ve cómo la cordillera se ensancha al penetrar en Sud América.
—Y observe Ud. que la meseta así formada[13] adquiere su anchura máxima en Bolivia.
—¿Es también estéril esa meseta?
—Mucho, y por las razones ya examinadas. Tenga Ud. en cuenta que en Sud América los alisios soplan del nordeste y del sudeste, convergiendo sobre el valle del Amazonas, al que llevan enormes cantidades de lluvia de que benefician no sólo el Brasil sino los países limítrofes, las Guayanas, Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú e indirectamente (por los ríos que en esas zonas nacen) el Paraguay y las repúblicas del Plata. Pero esos vientos depositan en ese valle toda la humedad que traen, de modo que están ya secos cuando llegan a la altiplanicie del oeste.
—Ahora me explico[14] el contraste entre la aridez de la parte occidental del Perú y la fertilidad de las faldas orientales, o sea lo que allí se llama la Montaña.
—Y sobre todo se explicará Ud. la aridez del desierto de Atacama, al norte de Chile.
—Sin embargo, entiendo que Chile, algo más al sur, es país muy fértil.
—Tan así es[15] que, en su parte austral, Chile cuenta con más de veinte millones de hectáreas de bosques. La razón de esta fertilidad reside en que, al sur del paralelo de los cuarenta grados de latitud sur, soplan constantemente vientos del oeste, que proporcionan humedad a las faldas occidentales de los Andes.
—Dada la gran cantidad de agua que cae en el Brasil, es de suponer[16] que en ese país se encuentran las grandes selvas[17] del continente.
—En efecto en esa zona, que además del Brasil incluye parte del Ecuador y Perú, así como las llanuras del norte que comprenden las Guayanas, Venezuela y Colombia, se hallan las mayores extensiones de bosque virgen que quedan aún sin explotar[18] en el planeta. En un radio de ochenta metros en esa zona, se han contado cuarenta variedades de árboles, tanto de los que dan maderas de construcción y ebanistería, como de los que producen materias tintóreas, resinas o sustancias medicinales. Esa región es muy rica en caucho, vainilla, cinchona, nuez del Brasil y cocoteros.
—¿Todo el territorio del Brasil se halla en esa región de bosques?
—Con excepción de una vasta meseta que ocupa la parte oriental de ese país. La meseta determina aquí también una diferencia de clima, haciéndolo más templado. Al igual que en la meseta de Méjico y en los altos valles, altozanos, sierras bajas y collados que se alzan al pie de la cordillera en la América Central, Colombia, Ecuador y Perú, aquí se ven hermosas tierras de pastoreo, adecuadas para la cría del ganado, producción de granos y frutas propias de las zonas templadas. Las frutas admíranse sobre todo en la parte norte de la meseta, donde prospera, además, el tabaco, la caña de azúcar y el algodón. Sorprenden allí al viajero los enormes ingenios[19] para la elaboración del azúcar, provistos de la maquinaria más moderna. En esa zona también se han establecido recientemente fábricas para el tejido[20] del algodón. Todos estos establecimientos utilizan como energía la de los saltos de agua.
—¿Y qué me dice del café[21]?
—Las haciendas cafeteras más prósperas se han instalado en el borde oriental de la altiplanicie.
—Veo señalados en el mapa otros bosques,[22] circundando la meseta brasileña.
—Son los bosques del oriente de Bolivia, los del Paraguay y del norte de la Argentina. Pero en esa región la selva no es continua, sino que alterna con llanos pantanosos cubiertos de pastos espesos. Más hacia el sur de la meseta, los bosques son más ralos, sobre todo al este del río Paraná, y donde se hallan separados entre sí por llanuras cubiertas de vegetación herbácea. En la república del Uruguay los árboles desaparecen, a la par que el suelo adquiere cierta semejanza con el de las pampas.
—¿Qué extensión tienen las pampas?
—Ocupan un sector de circulo de unas quinientas millas de radio cuyo centro es Buenos Aires. En su rico suelo se cultivan los cereales con los cuales se alimentan millones de personas en Europa. En esa zona se aplican los métodos agrícolas más adelantados. La propaganda agrícola es allí casi tan intensa como en los Estados Unidos, y se realiza mediante escuelas de agricultura, estaciones experimentales y conferencias públicas dadas a los agricultores por peritos que, al efecto, viajan en trenes especiales.
Es esta la región de las colonias[23] de inmigrantes, de la estancia[24] moderna con sus vastas construcciones, su maquinaria agrícola de último modelo, sus plantíos científicamente cultivados, sus rebaños[25] transformados mediante operaciones zootécnicas largas y costosas.
—¿Cómo es el suelo al sur de las pampas?
—En el extremo sur se extiende una meseta desprovista de árboles excepto en la parte más austral, donde aquéllos reaparecen, gracias a la humedad que, como le expliqué ya, traen los vientos del Pacífico. Esta meseta es muy apropiada para la cría de ovejas.
Chapter Footnotes:
XIII.—METALES Vocabulary relating to Mines and Mining (to the vocabulary section)
—La región del Plata debe de ser muy rica en el metal que lleva ese nombre.
—Pues ésa es precisamente[1] la parte de la América latina donde menos abunda. El nombre de Argentina debería en justicia[2] corresponder a los países que en un tiempo fueron famosos por su riqueza en plata, a saber:[3] Bolivia con sus otrora[4] famosas minas de Potosí, el Perú y, en menor grado,[5] Méjico y Chile.
—¿De dónde procede, pues, ese nombre?
—Fué dado por un poeta, José del Barco Centenera, en un poema que compuso en el siglo XVII, describiendo las bellezas del territorio que hoy ocupa la república austral. El título traduce en forma poética el nombre que los exploradores dieron a su gran río, creyendo que en su proximidad había plata. De paso diré a Ud. que a la ausencia de metales preciosos deben las comarcas[6] del río de la Plata su prosperidad actual.
—¿Es posible?
—Libradas a sí mismas, debieron desarrollar otro género de riqueza, y la encontraron en el cultivo del suelo. La vida agrícola desarrolló el espíritu de independencia y la facultad de ayuda propia[7] que tanto les sirviera[8] en la época de la reconstrucción.
—¿Qué otros países producen plata?
—Méjico en primera línea[9] y luego el Perú, que cuenta con las ricas minas del Cerro de Pasco. Bolivia conserva su antigua fama, aunque hoy día casi toda la plata que produce procede de la compañía Huanchaca. Chile trabaja igualmente sus minas argentíferas.
—¿Tiene minas de plata la América Central?
—Sí, y están en poder de norteamericanos e ingleses. La plata en barras[10] de Costa Rica es muy apreciada.
—¿Se explotan aún las minas de oro que los españoles trabajaban en la época de la conquista?
—Algunas continúan entregando su generoso tributo, y de ellas no pocas están en Méjico que encabeza la lista de los países latino-americanos productores de oro. Otras hay en Centro América, de donde todavía hoy se exportan cantidades considerables de oro en tejos.
—¿Es allí donde se encuentra la famosa mina de Aguacate?
—Sí; en Costa Rica. Por su parte, Honduras tiene otra mina celebrada, la Rosario,[11] que produjo más de diez y seis millones de duros en treinta años.
—¿Es esa la mina más rica del mundo?[12]
—No; la que en realidad merece ese nombre está en Venezuela y dió veinticinco millones de duros en veinte años.
—También se dice que la América es el continente del cobre.[13]
—En verdad sus minerales están muy diseminados en el hemisferio occidental, sobre todo al oeste de la cordillera. Hubo un tiempo[14] en que Chile contribuyó con las tres cuartas partes[15] de la producción mundial de cobre. Eso ocurría antes que los Estados Unidos y Méjico entraran en el mercado.
—Ahora Chile ha visto alzarse otro competidor, el Perú, donde ha penetrado el capital norteamericano.
—Y algún día ambos países sufrirán la concurrencia de otro competidor formidable, el Ecuador, donde hay ricos yacimientos de cobre que no se explotan por falta de[16] capitales y medios de comunicación.
—¿Y el hierro?
—Existe en el Brasil, Chile, Venezuela, Colombia, América Central y las Antillas. Parece que el estado brasileño de Minas Geraes contiene más hierro que toda Europa. De los[17] filones estudiados, muchos se consideran explotables por el sistema de excavaciones abiertas, calculándose que existen ochenta millones de metros cúbicos.
—¿Cuál es el rendimiento?
—Se obtienen cuatro toneladas por metro cúbico.
—¿Es cierto que Chile fué el primer país hispano-americano que comenzó a explotar el hierro?
—Sí; y en gran escala. Pero ahora se le exporta más que[18] se le trabaja, lo que, en opinión de algunos,[19] conviene menos a los intereses del país.
—¿Es de buena calidad el mineral de hierro de Chile?
—Uno de los más ricos que se conocen. Da setenta por ciento de rendimiento y contiene muy poco fósforo.
—¿Es de Chile el famoso mineral de hierro de Tambo Grande?
—Del Perú. El hierro de ese distrito es el más conocido de la república mencionada, aunque hasta ahora[20] se ha hecho muy poco para explotar sus abundantes yacimientos. En Colombia ha comenzado la explotación seria. Las fundiciones de Pradera son muy importantes y pueden producir cincuenta toneladas al día, incluyendo el hierro en lingotes y la manufactura de hierro forjado o batido, rieles y hierro colado.
—Debe de haber carbón en la vecindad de esa fundición.
—No sólo carbón, sino cal, arena, manganeso y arcilla refractaria. Por lo cual[21] la localidad es muy ventajosa para la industria.
—¿Cómo se obtienen las concesiones de minas en la América latina?