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Teatro selecto, tomo 2 de 4

EL MAYOR MONSTRUO LOS CELOS. (continued 2)

Reading edition

(Vase, y cierra la puerta.)

ESCENA VII.

EL TETRARCA.

¡Hasta aquí pudo, hasta aquí Llegar un hado cruel! El papel mismo, el papel Que con Filipo escribí A Tolomeo ¡ay de mí! ¿Tiene Marïene? ¡fuerte Dolor! Y ella ¡injusta suerte! De mi rigor ofendida, Me ha dilatado la vida, Por dilatarme la muerte. No me quejo del rigor Con que se queja á los cielos: Bien lo merecen mis celos, Bien lo merecen mi amor. Mas quéjome de un traidor Tan aleve y tan cruel... Mas ¡ay de mí! que no es dél La culpa, que sólo es mia, Que esto merece quien fía Sus secretos de un papel. Ni sé qué hacer, ni decir: Que entre uno y otro pesar, Ya ni me puedo quejar, Ni dejarlo de sentir. Desenojarla es mentir, Porque es mi amor de manera, Mi pasion tan dura y fiera, Que si en tanta confusion Hoy volviera á la prision, Hoy al delito volviera. Porque ella, al fin, no ha de ser, Ni vivo, ni muerto yo, De otro nuevo dueño, no; Que mi amor se ha de ofender, Aunque no lo llegue á ver. En parte gusto me ha dado El que se haya declarado, Pues en esta ocasion ya, Sin escándalo estará Siempre este cuarto cerrado. Cerraréle por de fuera, Y yo mismo no entraré En él, porque áun yo no sé Si á mí otros celos me diera. Y sí hiciera, sí, sí hiciera, Pues si á mirarme llegara En sus brazos, y pensara Que era tan dichoso, allí Me desconociera á mí, Y que era otro imaginara. De suerte que mis desvelos, Enseñados á desdichas, Tuvieran miedo á mis dichas, Pues ellas me dieran celos. ¿Quién son estos desconsuelos, Quién es aqueste rigor, Cuya pena, cuyo horror, Que no es, discurso prolijo, Ni envidia, ni amor, es hijo De la envidia y del amor? Hecho de heridos despojos, Tiene de sirena el canto, Y de cocodrilo el llanto, De basilisco los ojos, Los oidos, para enojos, Del áspid: luego bien fundo, Siendo monstruo sin segundo Esta rabia, esta pasion De celos, que celos son El mayor monstruo del mundo.

ESCENA VIII.

FILIPO, TOLOMEO.—EL TETRARCA.

Filipo.

¿Cómo te daré, señor, El parabien de tu vida?

Tetrarc.

Viendo la tuya rendida A manos de mi rigor.

Filipo.

¿En qué te ofendí?

Tetrarc.

Traidor, Poco leal, ménos fiel, ¿Qué hiciste, dí, de un papel Qué...?

Tolom.

(Ap.)Ya mis desdichas creo.

Filipo.

¿No era para Tolomeo?

Tetrarc.

Sí.

Filipo.

Pues él te dirá dél.

Tolom.

(Ap.) ¡Qué poco duró (¡ay de mí!) El secreto en la mujer!

Tetrarc.

Dí tú, traidor.

Tolom.

(Ap.)¿Qué he de hacer?

Tetrarc.

Un papel que te escribí, ¿Qué es dél?

Tolom.

(Ap.La verdad aquí Es la disculpa mejor.) Una dama...

Tetrarc.

Dí.

Tolom.

Señor, A quien sirvo para esposa...

Tetrarc.

Prosigue.

Tolom.

De mí celosa (Necios delitos de amor), Me le quitó de la mano, Y ella...

Tetrarc.

No prosigas, no, Y castigue ese error yo...

Filipo.

Tente, señor.

Tetrarc.

Por mi mano.

Tolom.

Ya esperar aquí es en vano. La fuga mi vida guarde.

Filipo.

Huid, Tolomeo.

Tetrarc.

¡Ah cobarde! Si al mismo cielo te subes, Campaña serán las nubes Que hagan de mi honor alarde.

(Huye Tolomeo, y síguele Heródes, á quien procura detener Filipo.)

Campo, y en él la tienda de Otaviano.

ESCENA IX.

TOLOMEO, huyendo, y FILIPO, deteniendo al TETRARCA.

Tolom.

¿Dónde de tanto rigor Estaré seguro? (Éntrase en la tienda.)

Filipo.

Advierte Que huyendo tu acero fuerte, Al campo salió, señor, Y ya del Emperador Hasta la tienda ha llegado.

Tetrarc.

Pues válgale ese sagrado Por ahora; aunque no sé Cómo un punto viviré Ofendido y no vengado. (Vanse.)

ESCENA X.

OTAVIANO y TOLOMEO, saliendo de la tienda.

Otavian.

Hombre, que turbado y ciego, Robado el color, y puesta La mano en la espada, osas Haber entrado en mi tienda, Cuando he mandado que todos Solo me dejen en ella Con mis pesares: si acaso Alguna traicion intentas. Buena ocasion has hallado. ¿Qué aguardas?

Tolom.

Detente, espera, Que es lealtad, y no traicion, La que á este trance me fuerza.

Otavian.

¿Quién eres?

Tolom.

Soy un soldado, Hijo infeliz de la guerra, Que llegué por mis servicios A ser capitan en ella De las guardias del Tetrarca, Y de Sion en su ausencia Gobernador.

Otavian.

¿Qué pretendes?

Tolom.

No mi vida, aunque pudiera, La de Marïene sí, Que es mi señora y mi Reina.

Otavian.

Buenas cartas de favor Traes. Dí, y lo que fuere sea.

Tolom.

(Ap. ¡Oh Libia, cuánto el empeño De tu libertad me arriesga, Pues por tí de una verdad He de hacer una cautela!) El Tetrarca enamorado Tanto de su esposa bella Vivió, que intentó pasar A la práctica experiencia, De que á amores y privanzas, Cuando sus aumentos llegan, Es de la felicidad Declinacion la tragedia. Viendo, pues, que de su muerte Pronunciada la sentencia Estaba; y viendo que tú, Enamorado de verla, En dos retratos la amabas (Que todo aquesto me cuenta Quien trajo una carta), aleve Dispuso mandarme en ella Que yo, como quien aquí La asistia de más cerca, La atosigase y matase: Cuyos celos de manera, Al verla hoy viva y contigo, Crecieron con la sospecha De que por ella tomaste A Jerusalen la vuelta; Que en vez de que agradeciese[16] El que su vida pidiera Con tantas ánsias, llegó[17] Con ella á palacio apénas, Cuando en un obscuro cuarto La encerró, y con saña fiera Conmigo embistió á matarme, Por no haberla hallado muerta. Dél es de quien vengo huyendo A darte la infeliz nueva De que Marïene está Por tí en tanto riesgo puesta, Que no tiene de su vida, Seguridad; pues es fuerza, Quien en ausencia lo manda, Que lo ejecute en presencia. Pues eres César, señor, Y tan generoso César, Que para victorias tuyas Faltan plumas, faltan lenguas, Del poder deste tirano La saca, porque te deba El sol su mejor aurora, La aurora su mejor perla, La tierra su mejor sol, Y el cielo su...

Otavian.

Cesa, cesa; Calla, calla, no prosigas, No en la persuasion me ofendas. ¡Expuesta Mariene, cielos! ¿Y por mi ocasion expuesta Á tanto riesgo? ¿Qué aguardo? No soy quien soy, si por ella No pierdo la vida. Iré Donde... (Ap. Mas con más prudencia Lo he de mirar; que no es bien Que la informacion primera Me lleve tras sí, y más cuando No es cobarde la sospecha De todos estos.) Soldado, Mira si verdad me cuentas.

Tolom.

Tanto, que á la misma torre Adonde encerrada, presa Y afligida está, señor, Te llevaré á que la veas, Luego que baje la noche De pardas sombras cubierta.

Otavian.

¿A la misma torre?

Tolom.

Sí, Porque yo tengo...

Otavian.

Dí apriesa.

Tolom.

(Ap. ¡Para qué de cosas sirve Hoy mi amor!) Llave maestra De sus jardines. Si acaso De mi lealtad te recelas, Lleva tus guardas contigo Y todo el palacio cerca, Para que en cualquiera trance, Llegando una vez á verla, Como he dicho, en su socorro, Asegures su defensa. (Ap. Y yo la vida de Libia, Pues que no dudo que puesta La ciudad en confusion, Podré ir á favorecerla.)

Otavian.

Tan á los reparos sales, Que ya nada dudo; y sea En fin lealtad ó traicion, Por verte, Mariene bella, Iré, y si es á darte vida, Quiera amor que lo agradezcas. (Vanse.)

Habitacion de Mariene.

ESCENA XI.

MARIENE, SIRENE; damas, unas con luces, que pondrán en un bufete, y otras con azafates.

Mariene.

Dejadme morir.

Sirene.

Avierte Que esa pena, ese dolor, Más que tristeza es furor, Y más que furor es muerte.

Mariene.

Es tan fuerte Mi mal, es tan riguroso, Que no me mata de fiel, Sin ver él Que ser conmigo piadoso, No es dejar de ser cruel.

Dama 1.ª

Ya que aborreciendo el lecho, En el jardin te has estado Hasta esta hora, dé el cuidado Blandas treguas al despecho.

Mariene.

Mal sospecho Que pueda el sueño aliviar Mi pesar; Pero, porque no pagueis La culpa que no teneis, Empezadme á destocar.

(Recogen las damas en los azafates los adornos que quita Mariene.)

Sirene.

¿Quieres, miéntras desafía Al sol esplendor tan bello, Desobligado el cabello De los adornos del dia, La voz mia Algo te advierta?

Mariene.

No, Porque yo No quiero que me mejore Quien cante, sino quien llore.

Sirene.

Filósofo hubo que halló Causa en la naturaleza Para aumentar la armonía, Al alegre la alegría, Como al triste la tristeza.

Mariene.

Pues empieza, Con calidad que el dolor Hagas mayor.

Sirene.

Con una letra será, Que aunque es antigua, podrá Conseguir eso mejor. (Canta.) Ven, muerte, tan escondida, Que no te sienta venir, Porque el placer del morir No me vuelva á dar la vida.

Mariene.

¡Bien sentida Y declarada pasion! ¿Cúyos son Esos versos?

Sirene.

No lo sé, Porque acaso los hallé, Estudiando otra cancion.

Mariene.

Vuélvelos á repetir, Porque yo con ellos pida...

Las dos.

Ven, muerte, tan escondida Que no te sienta venir.

Mariene.

Mas si á advertir Llego mi ansia entretenida, El canto impida, Que ya no los quiero oir.

Las dos.

Porque el placer del morir No me vuelva á dar la vida.

ESCENA XII.

OTAVIANO y TOLOMEO, á la puerta, embozados.—Dichas.

Tolom.

(Ap. á Otaviano.) Pisando las negras sombras En el silencio nocturno, El jardin has penetrado, Al tiempo que al cuarto suyo Se iba retirando ella.

Otavian.

(Ap. á Tolomeo.) Ya tus verdades no dudo, Ni su prision, pues tan sola Está, y vestida de luto Todavía. Tú á la puerta, En tanto que me aseguro De si es acaso ó malicia. Pues ménos ruido hará uno, Me espera.

Tolom.

Sí haré, teniendo La gente que has traido, á punto Para cualquier accidente. (Vase.)

ESCENA XIII.

Dichos, ménos Tolomeo.

Otavian.

(Ap.) Tanto de verla me turbo, Que no sabré discurrir Si esto es ya pesar ó gusto.

Mariene.

Vuelve, Sirene, pues es Tan á mi intento el asunto.— Tú, Laura, cierra esas puertas.

Sirene.

Obedecerte procuro. (Canta.) Ven, muerte, tan escondida...

Dama 1.ª

Y yo tambien, pues acudo A cerrar las puertas.

(Al ir hácia donde está Otaviano, él la detiene.)

Otavian.

No Lo intentes, que es dolor sumo, Sin luz y sol quedar ciego Dos veces.

Dama 1.ª

¡Qué veo y escucho! ¡Ay de mí infeliz!

Mariene.

¿Qué es eso?

Dama 1.ª

El mal embozado bulto De un hombre que ha entrado aquí.

Mariene.

¡Hombre aquí!

Otavian.

(Ap.)Ya hablar no excuso.

Mariene.

Dad voces.

Sirene.

Yo no podré, Que áun cómo respirar dudo.

Dama 1.ª

Ni yo, que apénas aliento.

Dama 2.ª

Ni yo, que medrosa huyo.

(Huyen las damas, dejando caer los azafates y adornos.)

ESCENA XIV.

MARIENE, OTAVIANO.

Mariene.

Huya tambien yo.

Otavian.

(Desembozándose.)Teneos, Vos, y reparad el susto; Que más que para enojaros, Para serviros os busco.

Mariene.

¡Vos, señor! pues... cómo... si... Aquí... yo... cuando...

Otavian.

Quien pudo Antes de veros amaros, Despues de veros, mal dudo Que dejar de amaros pueda.

Mariene.

No son de César Augusto Esas razones.

Otavian.

Sí son, Pues más á veros me indujo Vuestro daño que mi afecto, Vuestro riesgo que mi gusto. Yo he sabido que, en poder De tirano dueño injusto, Estais expuesta al peligro De tan sacrílego insulto Como que obre por su mano Lo que á la ajena dispuso. A poner en salvo vengo Vuestra vida.

Mariene.

El labio mudo Quedó al veros, y al oiros Su aliento le restituyo, Animada para sólo Deciros que algun perjuro, Aleve y traidor, en tanto Malquisto concepto os puso. Mi esposo es mi esposo, y cuando Me mate algun error suyo, No me matará mi error, Y lo será si dél huyo. Yo estoy segura, y vos mal Informado en mis disgustos; Y cuando no lo estuviera, Matándome un puñal duro, Mi error no me diera muerte, Sino mi fatal influjo; Con que viene á importar ménos Morir inocente, juzgo, Que vivir culpada á vista De las malicias del vulgo. Y así si alguna fineza He de deberos, presumo Que la mayor es volveros.

Otavian.

Sí haré, si vuestro discurso, Como salva mi primero Motivo, salva el segundo. Un retrato tenía vuestro, A cuyo hermoso dibujo, Sin saber cúyo era, daba Mi humana adoracion culto. Por sanear sospechas (ya Lo vísteis) sabiendo cúyo Fuese, os le dí, y pues sirvió Ya en vuestro abono, no dudo Que con justicia le pido.

Mariene.

No haceis; que tenerle es uno Por acaso, y otro es Por voluntad; y á este puro Fuego abrasará mi mano,

(Haciendo ademan de acercarla á una de las hachas que alumbran el cuarto.)

Si en ella el menor impulso Reconociera de que Para volvérosle tuvo.

Otavian.

No hicierais, porque impidiera Yo llegar al ardor suyo, Estorbando así la accion.

(Quiere tomarla la mano, y ella lo resiste.)

Mariene.

Es atrevimiento injusto.

Otavian.

No es sino justo deseo.

Mariene.

Antes á los cielos juro, Que con vuestro mismo acero,

(Quita á Otaviano el puñal que trae, que es el de Herodes.)

Que ya en mi mano desnudo Está, me atraviese el pecho.

Otavian.

Ténte, mujer; que confundo Mis sentidos al mirar No sé qué fatal trasunto, Que ví otra vez.

Mariene.

De ese pasmo, De ese pavor que en tí infundo, El contratiempo gozando, Huiré, puesto el iracundo Acero al pecho. Mas ¡cielos! (Conociéndole.) ¿No es el que fiero y sañudo Me amenaza? Con más causa Ya de dos contrarios huyo.

(Arroja el puñal, huye, y síguela Otaviano.)

Otavian.

Oye, espera. (Vanse.)

ESCENA XV.

EL TETRARCA.

¿Quién, ladron Del mismo tesoro suyo, Dentro de su misma casa Buscó sus bienes por hurto? Hasta ahora la esclava no Abrió. ¡Qué triste discurro El cuarto á la media luz De escaso esplendor nocturno, Que allí horrores late, y más Si á sus reflejos descubro De mujeriles adornos, Ajadamente difusos, Sembrando el suelo! ¿Qué es esto? No me propongas, discurso, Que bajel que echa la ropa Al mar, padece infortunios; Que casa que se despoja De las alhajas que tuvo, Estragos de fuego corre; Pues ni la tormenta dudo Ni el incendio ignoro, cuando Entre dos aguas fluctúo, Entre dos fuegos me hielo, Viendo que me embisten juntos, Para zozobrar, suspiros, Para hacerme llorar, humos. Estas arrojadas señas, ¿No son de ilustres, de augustos Faustos despojos? ¿Aqueste No es el fiero puñal duro, (Levantándolo.) Que registro de los astros Es aguja de sus rumbos? ¿No es este el que yo á Otaviano Dejé? Sí. ¿Pues quién le trujo Aquí entre arrastradas pompas? Pero ¿para qué lo apuro, Si es de los desconfiados La imaginacion verdugo? ¡Tarde hemos llegado, celos, Tarde, tarde! Pues no dudo Que quien arrastra despojos, Habrá celebrado triunfos. Si es dichoso el desdichado, Que siéndolo no lo supo; ¡Desdichado del dichoso, Que ya sin serlo lo tuvo Por cierto! Y pues que me ponen En mi mano mis influjos, A ellos muera, ántes que...

ESCENA XVI.

OTAVIANO, MARIENE.—EL TETRARCA.

Otavian.

(Dentro.)Espera, Aguarda.

Tetrarc.

Pero ¡Qué escucho!

(Sale Mariene huyendo, y Otaviano tras ella.)

Mariene.

Será en vano, pues primero Que logres... Mas ¡cielos justos! ¿Qué es lo que miro?

Tetrarc.

Turbado He quedado.

Otavian.

Yo confuso.

Mariene.

Y yo confusa y turbada, Pues entre dos daños, de uno Doy en otro, y ya no sé Cuál dejo, ni cuál procuro, Cuál pierdo, ó cuál solicito, Cuál hallo, al fin, ó cuál busco; Pues siempre tengo peligro, Cuando paro, y cuando huyo.

Tetrarc.

Vista tu fuga, á tu honor Este pecho será muro.

Otavian.

No temas, que de tu vida Este pecho será escudo.

Tetrarc.

Cumple, pues, lo que prometes.

Otavian.

Así verás si lo cumplo.

(Sacan las espadas.)

Mariene.

¡Ay de mí! Para salir De tan justo ó tan injusto Duelo, estas luces apague. (Apaga las luces.)

Tetrarc.

¿Adónde, César perjuro, Te escondes?

Otavian.

Yo no me escondo.

Tetrarc.

No te encuentro, aunque te busco.

Mariene.

Tente, esposo. ¡Ay infelice De mí! (Encuéntranse, los dos y riñen.)

Otavian.

A mi violento impulso Muere, aleve.

Tetrarc.

Aunque la espada Perdí, con aqueste agudo Puñal morirás.

(Encuentra con Mariene, y la hiere.)

Mariene.

¡Ay triste! Tened piedad, dioses justos, Pues aquí muero inocente. (Cae.)

Otavian.

¡Qué es lo que oigo!

Tetrarc.

¡Qué escucho!

Otavian.

Vengaré su muerte.

ESCENA XVII.

TOLOMEO, soldados, damas, con luces; y despues, LIBIA, ARISTÓBOLO, FILIPO y POLIDORO.—EL TETRARCA, OTAVIANO.

Solds.

Entrad Todos, que es grande el tumulto.

Damas.

Llegad todas.

Libia.

A tan grande Estruendo, romper no excuso Mi prision.

Aristób. y Filipo.

Señor, ¿qué es esto?

Polidor.

No haber gozado el indulto Marïene como yo.

Otavian.

Dar muerte al hombre más bruto, Más bárbaro, más sangriento, Que ha eclipsado el sol más puro.

Tetrarc.

Yo no la he dado la muerte.

Todos.

¿Pues quién?

Tetrarc.

El destino suyo, Pues que muriendo á mis celos, Que son sangrientos verdugos, Vino á morir á las manos Del mayor monstruo del mundo.

Aristób.

El mayor monstruo los celos Son siempre.

Tetrarc.

Porque ninguno De mí la venganza tome, Vengarme de mí procuro, Buscando desde esa torre En el ancho mar sepulcro. (Vase.)

Otavian.

Seguidle todos, seguidle.

Tolom.

Desesperado y confuso Se arrojó al mar.

Otavian.

Retirad Aquese cielo caduco, Y diga en su monumento Para los siglos futuros El epitafio: «Aquí yace, Desfigurado su vulto, La beldad más milagrosa, Muerta por celos injustos.»

Tolom.

Libia, tu mano merezca Quien al peligro se expuso De libertarte.

Libia.

En llorando De Mariene el infortunio.

Filipo.

En que acaba la tragedia, Donde se cumplió su influjo.

Polidor.

Como la escribió su autor; No como la imprimió el hurto De quien es su estudio echar A perder otros estudios.

Notes in this chapter

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