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Teatro selecto, tomo 2 de 4

AMAR DESPUES DE LA MUERTE.

Reading edition

PERSONAS.

Don Álvaro Tuzaní. Don Juan Malec, viejo. Don Fernando de Válor. Alcuzcuz, morisco. Cadí, morisco viejo. Don Juan de Mendoza. El señor Don Juan de Austria. Don Alonso de Zúñiga, corregidor. Don Lope de Figueroa. Garcés, soldado. Doña Isabel Tuzaní. Doña Clara Malec. Beatriz, criada. Inés, criada. Un criado. Moriscos y moriscas. Soldados cristianos. Soldados moriscos.

La escena es en Granada y en varios puntos de la Alpujarra.

JORNADA PRIMERA.

Sala en casa de Cadí, en Granada.

ESCENA PRIMERA.

Moriscos, con casaquillas y calzoncillos, y MORISCAS con jubones blancos é instrumentos; CADÍ y ALCUZCUZ.

Cadí.

¿Están cerradas las puertas?

Alcuzc.

Ya el portas estar cerradas.

Cadí.

No éntre nadie sin la seña Y prosígase la zambra. Celebremos nuestro dia, Que es el viérnes, á la usanza De nuestra nacion, sin que Pueda esta gente cristiana, Entre quien vivimos hoy Presos en miseria tanta, Calumniar ni reprender Nuestras ceremonias.

Todos.

Vaya.

Alcuzc.

Mé pensar hacer astilias, Sé tambien entrar en danza.

Uno.

(Canta.) Aunque en triste cautiverio, De Alá por justo misterio, Llore el africano imperio Su mísera ley esquiva...

Todos.

(Cantando.) ¡Su ley viva!

Uno.

Viva la memoria extraña De aquella gloriosa hazaña Que en la libertad de España A España tuvo cautiva.

Todos.

¡Su ley viva!

Alcuzc.

(Cantando.) Viva aquel escaramuza Que hacer el jarife Muza, Cuando darle en caperuza Al españolilio antigua.

Todos.

¡Su ley viva! (Llaman dentro muy recio.)

Cadí.

¿Qué es esto?

Uno.

Las puertas rompen.

Cadí.

Sin duda cogernos tratan En nuestras juntas; que como El Rey por edictos manda Que se venden, la justicia, Viendo entrar en esta casa A tantos moriscos, viene Siguiéndonos. (Llaman.)

Alcuzc.

Pues ya escampa.

ESCENA II.

DON JUAN MALEC.—Dichos.

Malec.

(Dentro.) ¿Cómo os tardais en abrir A quien desta suerte llama?

Alcuzc.

En vano llama á la puerta Quien no ha llamado en el alma.

Uno.

¿Qué haremos?

Cadí.

Esconder todos Los instrumentos, y abran Diciendo que solo á verme Venisteis.

Otro.

Muy bien lo trazas.

Cadí.

Pues todos disimulemos.— Alcuzcuz, corre: ¿qué aguardas?

Alcuzc.

Al abrir del porta, temo Que ha de darme con la estaca Cien palos el alguacil En barriga, é ser desgracia Que en barriga de Alcuzcuz El leña, y no alcuzcuz haya.

(Abre Alcuzcuz, y sale Don Juan Malec.)

Malec.

No os receleis.

Cadí.

Pues, señor Don Juan, cuya sangre clara De Malec os pudo hacer Veinticuatro de Granada, Aunque de africano orígen, ¡Vos desta suerte en mi casa!

Malec.

Y no con poca ocasion Hoy vengo buscándôs: basta Deciros que á ella me traen Arrastrando mis desgracias.

Cadí.

(Ap. á los moriscos.) Él sin duda á reprendernos Viene.

Alcuzc.

Eso no perder nada. ¿Prender no fuera peor Que reprender?

Cadí.

¿Qué nos mandas?

Malec.

Reportáos todos, amigos, Del susto que el verme os causa, Hoy entrando en el cabildo, Envió desde la sala Del rey Felipe Segundo El presidente una carta, Para que la ejecucion De lo que por ella manda, De la ciudad quede á cuenta. Abrióse, empezó en voz alta A leerla el secretario Del cabildo; y todas cuantas Instrucciones contenia, Todas eran ordenadas En vuestro agravio. ¡Qué bien Pareja del tiempo llaman A la fortuna, pues ambos Sobre una rueda y dos alas, Para el bien ó para el mal Corren siempre y nunca paran! Las condiciones, pues, eran Algunas de las pasadas Y otras nuevas que venian Escritas con más instancia, En razon de que ninguno De la nacion africana, Que hoy es caduca ceniza De aquella invencible llama En que ardió España, pudiese Tener fiestas, hacer zambras, Vestir sedas, verse en baños, Ni oirse en alguna casa Hablar en su algarabía, Sino en lengua castellana. Yo, que por el más antiguo, El primero me tocaba Hablar, dije que aunque era Ley justa y prevencion santa Ir haciendo poco á poco De la costumbre africana Olvido, no era razon Que fuese con furia tanta; Y así, que se procediese En el caso con templanza, Porque la violencia sobra Donde la costumbre falta. Don Juan, Don Juan de Mendoza Deudo de la ilustre casa Del gran marqués de Mondéjar, Dijo entónces: «Don Juan habla Apasionado, porque Naturaleza le llama A que mire por los suyos, Y así, remite y dilata El castigo á los moriscos, Gente vil, humilde y baja.— Señor Don Juan de Mendoza (Dije), cuando estuvo España En la opresion de los moros Cautiva en su propria patria, Los cristianos, que mezclados Con los árabes estaban, Que hoy mozárabes se dicen, No se ofenden, ni se infaman De haberlo estado, porque Más engrandece y ensalza La fortuna al padecerla A veces, que al dominarla. Y en cuanto á que son humildes, Gente abatida y esclava, Los que fueron caballeros Moros no debieron nada A caballeros cristianos El dia que con el agua Del bautismo recibieron Su fe católica y santa; Mayormente los que tienen, Como yo, de reyes tanta.— Sí; pero de reyes moros, Dijo.—Como si dejara De ser real, le respondí, Por mora, siendo cristiana La de Válores, Cegríes, De Venegas y Granadas.» De una palabra á otra, en fin, Como entramos sin espadas, Unos y otros se empeñaron... ¡Mal haya ocasion, mal haya, Sin espadas y con lenguas, Que son las peores armas, Pues una herida mejor Se cura que una palabra! Alguna acaso le dije Que obligase á su arrogancia A que (aquí tiemblo al decirlo) Tomándome (¡pena extraña!) El báculo de las manos, Con él... Pero hasta esto basta; Que hay cosas que cuesta más El decirlas que el pasarlas. Este agravio que en defensa, Esta ofensa que en demanda Vuestra á mí me ha sucedido, A todos juntos alcanza, Pues no tengo un hijo yo Que desagravie mis canas, Sino una hija, consuelo Que aflige más que descansa. Ea, valientes moriscos, Noble reliquia africana, Los cristianos solamente Haceros esclavos tratan; La Alpujarra (aquesa sierra Que al sol la cerviz levanta, Y que poblada de villas, Es mar de peñas y plantas, Adonde sus poblaciones Ondas navegan de plata, Por quien nombres las pusieron De Galera, Berja y Gavia) Toda es nuestra: retiremos A ella bastimentos y armas. Elegid una cabeza De la antigua estirpe clara De vuestros Abenhumeyas, Pues hay en Castilla tantas, Y hacéos señores, de esclavos; Que yo, á costa de mis ánsias, Iré persuadiendo á todos Que es bajeza, que es infamia Que á todos toque mi agravio, Y no á todos mi venganza.

Cadí.

Yo para el hecho que intentas...

Otro.

Yo para la accion que trazas...

Cadí.

Mi vida y mi hacienda ofrezco.

Otro.

Ofrezco mi vida y alma.

Uno.

Todos decimos lo mismo.

Morisca.

Y yo en el nombre de cuantas Moriscas Granada tiene, Ofrezco joyas y galas.

(Vanse Malec y varios moriscos.)

Alcuzc.

Mé, que solo tener una Tendecilia en Vevarambla De aceite, vinagre é higos, Nueces, almendras é pasas, Cebolias, ajos, pimientos, Cintas, escobas de palma, Hilo, agujas, faldriqueras, Con papel blanco é de estraza, Alcamonios, agujetas De perro, tabaco, varas, Caniones para hacer plumas, Hostios para cerrar cartas, Ofrecer llevarla á cuestas Con todas sus zarandajas, Porque me he de ver, si llegan A colmo mis esperanzas, De todos los Alcuzcuzes Marqués, conde ó duque.

Uno.

Calla, Que estás loco.

Alcuzc.

No estar loco.

Otro.

Si no loco, es cosa clara Que estás borracho.

Alcuzc.

No estar, Que jonior Mahoma manda En su alacran no beber Vino, y en mi vida nada Lo he bebido... por los ojos; Que si alguna vez me agrada, Por no quebrar el costumbre, Me lo bebo por la barba.

(Vanse.)

Sala en casa de Malec.

ESCENA III.

DOÑA CLARA, BEATRIZ.

D.ª Clar.

Déjame, Beatriz, llorar En tantas penas y enojos; Débanles algo á mis ojos Mi desdicha y mi pesar. Ya que no puedo matar A quien llegó á deslucir Mi honor, déjame sentir Las afrentas que le heredo, Pues ya que matar no puedo, Pueda á lo ménos morir. ¡Qué baja naturaleza Con nosotras se mostró, Pues cuando mucho, nos dió Un ingenio, una belleza Adonde el honor tropieza, Mas no donde pueda estar Seguro! ¿Qué más pesar, Si á padre y marido vemos Que quitar su honor podemos, Y no le podemos dar? Si hubiera varon nacido, Granada y el mundo viera Hoy, si con un jóven era Tan soberbio y atrevido El Mendoza, como ha sido Con un viejo... Y por hacer Estoy que llegue á entender Que no por mujer le dejo; Pues quien riñó con un viejo, Podrá con una mujer. Pero es loca mi esperanza. Esto es solamente hablar. ¡Oh si pudiera llegar A mis manos mi venganza! Y mayor pena me alcanza Verme ¡ay infelice! así, Porque en un dia perdí Padre y esposo, pues ya Por mujer no me querrá Don Álvaro Tuzaní.

ESCENA IV.

DON ÁLVARO.—DOÑA CLARA, BEATRIZ.

D. Álv.

Por mal agüero he tenido, Cuando ya en nada repara Mi amor, haber, bella Clara, Mi nombre en tu boca oido; Porque si la voz ha sido Eco del pecho, sospecho Que él, que en lágrimas deshecho Está, sus penas dirá: Luego soy tu pena ya, Pues que me arrojas del pecho.

D.ª Clar.

No puedo negar que llena De penas el alma esté, Y andas tú en ellas, porqué No eres tú mi menor pena. De tí el cielo me enajena: ¡Mira si eres la mayor! Porque es tan grande mi amor, Que tu mujer no he de ser, Porque no tengas mujer Tú, de un padre sin honor.

D. Álv.

Clara, no quiero acordarte Cuánto respeto he tenido A tu amor, y cuánto ha sido Mi respeto en adorarte; Sólo quiero en esta parte Disculparme de que así Haya entrado hoy hasta aquí, Antes de haberte vengado; Porque haberlo dilatado Es lo más que hago por tí. Que aunque en las leyes del duelo Con mujer no se ha de hablar, Y aunque puedo consolar Tu pena y tu desconsuelo Con decir á tu desvelo Que no llore y que no sienta; Porque la accion que se intenta Sin espada (mayormente Cuando hay justicia presente) Ni agravia, ofende ni afrenta; De uno ni otro me aprovecho, Mas de otra disculpa sí, Y es decir que entrarme aquí Antes de haber satisfecho (Pasando al Mendoza el pecho) A tu padre, accion ha sido Cuerda; porque recibido Está que no se vengó Bien del ofensor, si no Le dió muerte el ofendido, Si no es que su hijo sea O sea su hermano menor: Y así para que su honor Hoy imposible no vea La venganza que desea, Una fineza he de hacer, Que es pedirte por mujer A Don Juan: y así, colijo Que en siendo una vez su hijo, Le podré satisfacer. Solo á esto, Clara, he venido; Y si me tuvo hasta aquí Cobarde en pedirte así, Haber tan pobre nacido; Hoy que esto le ha sucedido, Sólo le pida mi labio Su agravio en dote: y es sabio Acuerdo dármele, pues Ya sabe el mundo que es Dote de un pobre un agravio.

D.ª Clar.

Ni yo, Don Álvaro, espero Acordarte, cuando lloro, La verdad con que te adoro Y la fe con que te quiero. No intento decir que muero Hoy, dos veces ofendida, No que á tu aficion rendida, No que en amorosa calma Eres vida de mi alma Y eres alma de mi vida; Que sólo dar á entender Quiero en confusion tan brava, Que quien fuera ayer tu esclava, Hoy no será tu mujer; Porque si cobarde ayer No me pediste, y hoy sí, No quiero yo que de tí, Murmurando el mundo, arguya Que para ser mujer tuya Hubo que suplir en mí. Rica y honrada pensé Yo que áun no te merecia; Mas como era dicha mia, Solamente lo dudé: Mira cómo hoy te daré En vez de favor castigo, Haciendo al mundo testigo Que fué menester, señor, Que me hallases sin honor Para casarte conmigo.

D. Álv.

Yo lo intento por vengarte.

D.ª Clar.

Yo lo excuso por temerte.

D. Álv.

Esto, Clara, ¿no es quererte?

D.ª Clar.

¿No es esto, Álvaro, estimarte?

D. Álv.

No has de poder excusarte...

D.ª Clar.

Darme la muerte podré.

D. Álv.

Que yo á Don Juan le diré Mi amor.

D.ª Clar.

Diré que es error.

D. Álv.

Y eso ¿es lealtad?

D.ª Clar.

Es honor.

D. Álv.

Y eso ¿es fineza?

D.ª Clar.

Esto es fe; Pues á los cielos les juro De no ser de otro mujer, Como mi honor llegue á ver De toda excepcion seguro. Solo esto lograr procuro.

D. Álv.

¿Qué importa si?...

Beatriz.

Mi señor Sube por el corredor Con mucho acompañamiento.

D.ª Clar.

Retírate á este aposento.

D. Álv.

¡Qué desdicha!

D.ª Clar.

¡Qué rigor!

(Vanse Don Álvaro y Beatriz.)

ESCENA V.

DON ALONSO DE ZÚÑIGA, DON FERNANDO VÁLOR y DON JUAN MALEC.—DOÑA CLARA; DON ÁLVARO, oculto.

Malec.

Clara...

D.ª Clar.

Señor...

Malec.

(Ap.¡Ay de mí! ¡Con cuánta pena te encuentro!) Éntrate, Clara, allá dentro.

D.ª Clar.

(Ap. á su padre.) ¿Qué es esto?

Malec.

Oye desde ahí.

(Vase Doña Clara al cuarto donde está Don Álvaro, quedándose tras la puerta entreabierta.)

D. Alon.

Don Juan de Mendoza preso Queda en el Alhambra ya; Y así preciso será, En tanto que este suceso Se compone, que lo esteis Vos en vuestra casa.

Malec.

Aceto La carcelería, y prometo Guardarla.

Válor.

No lo estareis Mucho; que pues me ha dejado El señor Corregidor (Porque en el duelo de honor Nunca la justicia ha entrado) A mí hacer las amistades, Yo las haré, procurando El fin.

D. Alon.

Señor Don Fernando De Válor, con dos verdades Se sanea una malicia; Pues que no hay agravio, es ley, Ni en el palacio del Rey Ni en tribunal de justicia. Todos lo somos allí, Y allí no le puede haber.

Válor.

El medio pues ha de ser Este...

D. Álv.

(Ap. á D.ª Clara.) ¿Oyeslo todo?

D.ª Clar.

Sí.

Válor.

Que en este caso no hay medio Que le sanee mejor. Escuchadme.

Malec.

¡Ay del honor Que se cura con remedio!

Válor.

Don Juan de Mendoza es Tan bizarro caballero Como ilustre, está soltero, Y Don Juan de Malec, pues, En quien sangre ilustre dura De los reyes de Granada, Tiene una hija celebrada Por su ingenio y su hermosura. A nadie toca tomar, Si satisfaccion desea, La causa, sino á quien sea Su yerno. Pues con casar A Don Juan con Doña Clara, Estará cierto...

D. Álv.

(Ap.)¡Ay de mí!

Válor.

Que no pudiendo por sí Vengarse la ofensa rara, Pues habiendo á un tiempo sido Interesado en su honor, Como tercero ofensor, Y como su hijo ofendido; En no teniendo de quién Estar ofendido pueda, Por la misma razon queda Seguro. Don Juan tambien, No habiendo de darse muerte A sí mismo en tanto abismo, Vendrá á tener en sí mismo Su mismo agravio: de suerte Que no pudiendo agraviarse Un hombre á sí, haciendo sabio Dueño á Don Juan del agravio, No tiene de quién vengarse, Y queda limpio el honor De los dos, pues en efeto No caben en un sujeto Ofendido y ofensor.

D. Álv.

(Ap. á D.ª Clara.) Yo responderé.

D.ª Clar.

Detente, No me destruyas, por Dios.

D. Alon.

Eso está bien á los dos.

Malec.

Hay mayor inconveniente, Pues toda nuestra esperanza Que Clara deshaga entiendo...

D.ª Clar.

(Ap.) El cielo me va trayendo A las manos la venganza.

Malec.

Que mi hija, no sabré Si hombre que aborreció ya Con tanta ocasion, querrá Por marido. (Sale D.ª Clara.)

D.ª Clar.

Sí querré; Que importa ménos, señor, Si aquí tu opinion estriba, Que yo sin contento viva, Que vivir tú sin honor. Porque si fuera tu hijo, La ira me estaba llamando, Bien muriendo ó bien matando, Y siendo tu hija, colijo Que en el modo que pudiere Te debo satisfacer, Y así, seré su mujer: De cuyo efecto se infiere Que estoy tu honor defendiendo, Que estoy tu fama buscando. (Ap. Y pues no puedo matando, Quiero vengarte muriendo.)

D. Alon.

Vuestro ingenio solo pudo En un concepto cifrar Conclusion tan singular.

Válor.

Y ya el efecto no dudo. Escríbase en un papel Esto que aquí se trató, Para que le lleve yo.

D. Alon.

Ambos iremos con él.

Malec.

(Ap.) Quiero usar de aqueste medio, Miéntras empieza el motin.

Válor.

Todo esto tendrá buen fin, Pues estoy yo de por medio.

(Vanse los tres.)

D.ª Clar.

Ahora que á un aposento Se han retirado á escribir, Podrás, Álvaro, salir.

ESCENA VI.

DON ÁLVARO.—DOÑA CLARA.

D. Álv.

Sí haré, sí haré, y con intento De no volver á ver más Alma tan mudable en pecho Tan noble; y el no haber hecho, Cuando la muerte me das, Un notable extremo aquí, No fué respeto, no fué Temor, gusto sí, porqué Mujer tan baja...

D.ª Clar.

¡Ay de mí!

D. Álv.

Que á un tiempo, con vil intento, Fe injusta, estilo liviano, Ofrece á un hombre la mano Y á otro tiene en su aposento, No me está bien que se diga Que nunca la quise bien.

D.ª Clar.

La voz, Álvaro, deten, A que un engaño te obliga; Que yo te satisfaré Con el tiempo.

D. Álv.

Estas no son Cosas de satisfaccion.

D.ª Clar

Podrán serlo.

D. Álv.

¿No escuché Yo que la mano darias Hoy al de Mendoza?

D.ª Clar.

Sí; Pero no sabes de mí El fin de las ánsias mias.

D. Álv.

¿Qué fin? Darme muerte. Advierte Si hay disculpa que te cuadre, Pues él agravió á tu padre Y á mí me ha dado la muerte.

D.ª Clar.

El tiempo, Álvaro, podrá Desengañarte algun dia Que es constante la fe mia, Y que esta mudanza está Tan de tu parte...

D. Álv.

¿Quién vió Tan sutil engaño? Dí, ¿No le das la mano?

D.ª Clar.

Sí.

D. Álv.

¿No has de ser su mujer?

D.ª Clar.

No.

D. Álv.

Pues ¿qué medio puede haber...

D.ª Clar.

No me preguntes en vano.

D. Álv.

Clara, entre darle la mano Y entre no ser su mujer?

D.ª Clar.

Darle la mano, quizá Será traerle á mis brazos, Con que le he de hacer pedazos. ¿Estás satisfecho ya?

D. Álv.

No; que si él muere en tus lazos, Dejará ¡ay Dios! al morir Muy desvalido el vivir, Porque son, Clara, tus brazos Para verdugos muy bellos. Pero ántes que (ya que sea Ese tu intento) él se vea Ni áun para morir en ellos, Curaré de mis desvelos Yo con su muerte el rigor.

D.ª Clar.

Eso ¿es amor?

D. Álv.

Es honor.

D.ª Clar.

Esa ¿es fineza?

D. Álv.

Son celos.

D.ª Clar.

Mira, mi padre escribió. ¡Quién detenerte pudiera!

D. Álv.

¡Qué poco menester fuera Para detenerme yo! (Vanse.)

Sala en la Alhambra.

ESCENA VII.

DON JUAN DE MENDOZA, GARCÉS.

Mendoza.

Nunca en razon la cólera consiste.

Garcés.

No te disculpes. ¡Qué! Muy bien hiciste En ponerle la mano; Que no por viejo el que es nuevo cristiano Piense que inmunidad el serlo goza De atreverse á un Gonzalez de Mendoza.

Mendoza.

Hay mil hombres que en fe de sus estados Son soberbios, altivos y arrojados.

Garcés.

Para aquestos traia el condestable Don Iñigo (el acuerdo era admirable) En la cinta una espada, Y otra que le servia de cayada. Preguntándole un dia, Que dos espadas á qué fin traia, Dijo: «La de la cinta se prefiere Para aquel que en la cinta la trajere. Estotra, que de palo me ha servido, Para quien no la trae y es atrevido.»

Mendoza.

Muy bien mostró deber los caballeros Traer para dos acciones dos aceros. Ya que el triunfo ha salido De espadas, dáme aquesa que has traido, Porque á cualquier suceso No me halle sin espada aunque esté preso.

Garcés.

Yo me agradezco haber la vuelta dado Hoy á tu casa en tiempo que á tu lado Puedo servirte, si enemigos tienes.

Mendoza.

Y ¿cómo de Lepanto, Garcés, vienes?

Garcés.

Como quien ha tenido Fortuna de haber sido En ocasion soldado, Que haya en faccion tan grande militado Debajo de la mano y disciplina Del hijo de aquel águila divina, Que en vuelo infatigable y sin segundo Debajo de sus alas tuvo al mundo.

Mendoza.

¿Cómo el señor Don Juan llegó?

Garcés.

Contento De la empresa.

Mendoza.

¿Fué grande?

Garcés.

Escucha atento. Con la liga...

Mendoza.

Detente, porque ha entrado Tapada una mujer.

Garcés.

Soy desdichado, Pues á quínola puesto de romance, Me entra figura con que pierdo el lance.

ESCENA VIII.

DOÑA ISABEL TUZANÍ, tapada.—Dichos.

D.ª Isab.

Señor Don Juan de Mendoza, ¿Podrá una mujer que viene A veros en la prision, Saber de vos solamente Cómo en la prision os va?

Mendoza.

Pues ¿por qué no?—Garcés, véte.

Garcés.

Mira, señor, que no sea...

Mendoza.

En vano dudas y temes; Que ya el habla he conocido.

Garcés.

Por eso me voy.

Mendoza.

Bien puedes.

(Vase Garcés.)

ESCENA IX.

DOÑA ISABEL, DON JUAN DE MENDOZA.

Mendoza.

En igual duda los ojos Y los oidos me tienen, Porque de los dos no sé Cuál dijo verdad ó miente: Porque si á los ojos creo, No pareces tú lo que eres; Y si creo á los oidos, No eres tú lo que pareces. Merezca, pues, ver corrida La sutil nube aparente Del negro cendal, porque Si una vez la luz la vence, Digan mis ojos y oidos Que hoy amaneció dos veces.

D.ª Isab.

Por no obligaros, Don Juan, A que dudeis más quién puede Ser quien os busca, es razon Descubrirme; que no quieren Mis celos que adivineis A quién la fineza deben. Yo soy...

Mendoza.

¡Isabel, señora! Pues ¡tú en mi casa, y tú en este Traje, fuera de la tuya! ¡Tú á buscarme desta suerte! ¿Cómo era posible, cómo Que vanas dichas creyese? Luego fué fuerza dudarlas.

D.ª Isab.

Apénas cuanto sucede Supe, y que aquí estabas preso, Cuando mi amor no consiente Más dilacion en buscarte; Y ántes que á casa volviese Don Álvaro Tuzaní Mi hermano, he venido á verte Con una criada sola (Mira ya lo que me debes) Que á la puerta dejo.

Mendoza.

Pueden Hoy con aquesta fineza, Isabel, desvanecerse Las desdichas, pues por ellas...

ESCENA X.

INÉS, con manto, asustada.—Dichos.

Inés.

¡Ay señora!

D.ª Isab.

Inés, ¿qué tienes?

Inés.

Don Álvaro mi señor Viene aquí.

D.ª Isab.

¿Si conocerme Pudo, aunque tan disfrazada Vine?

Mendoza.

¡Qué lance tan fuerte!

D.ª Isab.

Si me siguió, yo soy muerta.

Mendoza.

Si estás conmigo, ¿qué temes? Entrate en aquesa sala Y cierra; que aunque él intente Hallarte, no te hallará, Si ántes no me da la muerte.

D.ª Isab.

En grande peligro estoy. ¡Valedme, cielos, valedme!

(Escóndense las dos.)

ESCENA XI.

DON ÁLVARO.—DON JUAN DE MENDOZA; DOÑA ISABEL, escondida.

D. Álv.

Señor Don Juan de Mendoza, Hablar con vos me conviene A solas.

Mendoza.

Pues solo estoy.

D.ª Isab.

(Ap. al paño.) ¡Qué descolorido viene!

D. Álv.

(Ap.) Pues cerraré aquesa puerta.

Mendoza.

Cerradla. (Ap. ¡Buen lance es este!)

D. Álv.

Ya pues que cerrada está, Escuchadme atentamente. En una conversacion Supe ahora cómo vienen A buscaros...

Mendoza.

Es verdad.

D. Álv.

A esta prision...

Mendoza.

Y no os mienten.

D. Álv.

Quien con el alma y la vida En aquesta accion me ofende.

D.ª Isab.

(Ap. al paño.) ¿Qué más se ha de declarar?

Mendoza.

(Ap.) ¡Cielos! ya no hay quien espere.

D. Álv.

Y así, he querido llegar (Antes que los otros lleguen, Queriendo efectuar con esto Amistades indecentes) En defensa de mi honor.

Mendoza.

Eso mi ingenio no entiende.

D. Álv.

Pues yo me declararé.

D.ª Isab.

(Ap. al paño.) Otra vez mi pecho aliente; Que no soy yo la que busca.

D. Álv.

El Corregidor pretende, Con Don Fernando de Válor, De Don Juan Malec pariente, Hacer estas amistades, Y á mí solo me compete Estorbarlas. La razon, Aunque muchas darse pueden, Yo dárosla á vos no quiero; Y en fin, sea lo que fuere, Yo vengo á saber de vos, Por capricho solamente, Si es valiente con un jóven Quien con un viejo es valiente, Y en efecto, vengo solo A darme con vos la muerte.

Mendoza.

Merced me hubiérades hecho En decirme brevemente Lo que pretendeis, porque Juzgué, confuso mil veces, Que era otra la ocasion De más cuidado, porque ese No es cuidado para mí. Y puesto que no se debe Rehusar reñir con cualquiera Que reñir conmigo quiere; Antes que esas amistades Que decís que tratan, lleguen, Y que os importa estorbarlas Por la ocasion que quisiereis, Sacad la espada.

D. Álv.

A eso vengo; Que me importa daros muerte Más presto que vos pensais.

Mendoza.

Pues campo bien solo es este. (Riñen.)

D.ª Isab.

(Ap. al paño.) De una confusion en otra, Más desdichas me suceden. ¿Quién á su amante y su hermano Vió reñir, sin que pudiese Estorbarlo?

Mendoza.

(Ap.)¡Qué valor!

D. Álv.

(Ap.) ¡Qué destreza!

D.ª Isab.

(Ap. al paño.)¿Qué he de hacerme? Que veo jugar á dos, Y deseo entrambas suertes, Porque van ambos por mí, Si me ganan ó me pierden...

(Tropezando en una silla, cae Don Álvaro: sale Doña Isabel tapada y detiene á Don Juan.)

D. Álv.

Tropezando en esta silla, He caido.

D.ª Isab.

¡Don Juan, tente! (Ap. Pero ¿qué hago? El afecto Me arrebató desta suerte.) (Retírase.)

D. Álv.

Mal hicisteis en callarme Que estaba aquí dentro gente.

Mendoza.

Si á daros la vida estaba, No os quejeis; que más parece Que estar conmigo, reñir Con dos, si á ampararos viene. Aunque hizo mal, porque yo De caballero las leyes Sé tambien; que habiendo visto Que el caer es accidente, Os dejara levantar.

D. Álv.

Ya tengo que agradecerle Dos cosas á aquesa dama: Que á darme la vida llegue, Y llegue ántes que de vos La reciba, porque quede, Sin aquesta obligacion, Capaz mi enojo valiente Para volver á reñir.

Mendoza.

¿Quién, Don Álvaro, os detiene? (Riñen.)

D.ª Isab.

(Ap. al paño.) ¡Oh quién pudiera dar voces!

(Llaman dentro á la puerta.)

D. Álv.

A la puerta llama gente.

Mendoza.

¿Qué haremos?

D. Álv.

Que muera el uno Y abra luégo el que viviere.

Mendoza.

Decís bien.

D.ª Isab.

(Saliendo.)Primero yo Abriré, porque ellos entren.

D. Álv.

No abrais.

Mendoza.

No abrais.

(Abre Doña Isabel.)

ESCENA XII.

DON FERNANDO DE VÁLOR, DON ALONSO; despues, INÉS.—DOÑA ISABEL, tapada; DON ÁLVARO, DON JUAN DE MENDOZA.

D.ª Isab.

Caballeros. Los dos que mirais presentes Se quieren matar.

D. Alon.

Teneos, Porque hallándôs desta suerte Riñendo á ellos y aquí á vos, Se dice bien claramente Que sois la causa.

D.ª Isab.

(Ap.)¡Ay de mí! Que me he entregado á perderme, Por donde entendí librarme.

D. Álv.

Porque en ningun tiempo llegue A peligrar una dama A quien mi vida le debe El sér, diré la verdad Y la causa que me mueve A este duelo. No es de amor, Sino que como pariente De Don Juan Malec, así Pretendí satisfacerle.

Mendoza.

Y es verdad, porque esa dama Acaso ha venido á verme.

D. Alon.

Pues que con las amistades Que ya concertadas tienen, Todo cesa, mejor es Que todo acabado quede Sin sangre, pues vence más Aquel que sin sangre vence.—(Sale Inés.) Idos, señoras, con Dios.

D.ª Isab.

(Ap.) Solo esto bien me sucede.

(Vanse las dos.)

ESCENA XIII.

DON ALONSO, DON ÁLVARO, DON JUAN DE MENDOZA, DON FERNANDO DE VÁLOR.

Válor.

Señor Don Juan de Mendoza, A vuestros deudos parece Y á los nuestros, que este caso Dentro de puertas se quede (Como dicen en Castilla), Y que con deudo se suelde, Pues dando la mano vos A Doña Clara, la fénix De Granada, como parte Entónces...

Mendoza.

La lengua cese, Señor Don Fernando Válor, Que hay muchos inconvenientes. Si es el fénix Doña Clara, Estarse en Arabia puede; Que en montañas de Castilla No hemos menester al fénix, Y los hombres como yo No es bien que deudos concierten Por soldar ajenas honras, Ni sé que fuera decente Mezclar Mendozas con sangre De Malec, pues no convienen Ni hacen buena consonancia Los Mendozas y Maleques.

Válor.

Don Juan de Malec es hombre...

Mendoza.

Como vos.

Válor.

Sí, pues desciende De los reyes de Granada; Que todos sus ascendientes Y los mios reyes fueron.

Mendoza.

Pues los mios, sin ser reyes, fueron más que reyes moros, Porque fueron montañeses.

D. Álv.

Cuanto el señor Don Fernando En esta parte dijere, Defenderé yo en campaña.

D. Alon.

Aquí de ministro cese El cargo; que caballero Sabré ser cuando conviene; Que soy Zúñiga en Castilla Antes que Justicia fuese. Y así, arrimando esta vara, Adónde y como quisiereis, Al lado de Don Juan, yo Haré...

ESCENA XIV.

Un CRIADO.—Dichos.

Criado.

En casa se entra gente.

D. Alon.

Pues todos disimulad; Que al cargo mi valor vuelve. Vos, Don Juan, aquí os quedad Preso.

Mendoza.

A todo os obedece Mi valor.

D. Alon.

Los dos os id.

Mendoza.

Y si desto os pareciere Satisfaceros...

D. Alon.

A mí Y á Don Juan, donde eligiereis...

Mendoza.

Nos hallaréis con la espada...

D. Alon.

Y la capa solamente.

(Vase Don Alonso, y Don Juan de Mendoza va acompañándole.)

Válor.

¡Esto consiente mi honor!

D. Álv.

¡Esto mi valor consiente!

Válor.

Porque me volví cristiano, ¿Este baldon me sucede?

D. Álv.

Porque su ley recibí, ¿Ya no hay quien de mí se acuerde?

Válor.

¡Vive Dios, que es cobardía Que mi venganza no intente!

D. Álv.

¡Vive el cielo, que es infamia Que yo de vengarme deje!

Válor.

¡El cielo me dé ocasion...

D. Álv.

¡Ocasion me dé la suerte...

Válor.

Que si me la dan los cielos...

D. Álv.

Si el hado me la concede...

Válor.

Yo haré que veais muy presto...

D. Álv.

Llorar á España mil veces...

Válor.

El valor...

D. Álv.

El ardimiento Deste brazo altivo y fuerte...

Válor.

De los Válores altivos!

D. Álv.

De los Tuzanís valientes!

Válor.

¿Habeis escuchado?

D. Álv.

Sí.

Válor.

Pues de hablar la lengua cese Y empiecen á hablar las manos.

D. Álv.

Pues ¿quién dice que no empiecen?

JORNADA SEGUNDA.

Sierra de la Alpujarra.—Cercanías de Galera.

ESCENA PRIMERA.

Tocan cajas y trompetas, y salen soldados, DON JUAN DE MENDOZA y EL SEÑOR DON JUAN DE AUSTRIA.

D. Juan.

Rebelada montaña, Cuya inculta aspereza, cuya extraña Altura, cuya fábrica eminente, Con el peso, la máquina y la frente Fatiga todo el suelo, Estrecha el aire y embaraza el cielo: Infame ladronera, Que de abortados rayos de tu esfera Das, preñados de escándalos tus senos, Aquí la voz y en Africa los truenos. Hoy es, hoy es el dia Fatal de tu pasada alevosía, Porque vienen conmigo Juntos hoy mi venganza y tu castigo; Si bien corridos vienen De ver el poco aplauso que previenen Los cielos á mi fama; Que esto matar y no vencer se llama, Porque no son blasones A mi honor merecidos Postrar una canalla de ladrones Ni sujetar un bando de bandidos: Y así, encargue á los tiempos mi memoria Que la llamo castigo y no vitoria. Saber deseo el orígen deste ardiente Fiero motin.

Mendoza.

Pues oye atentamente. Esta, austral águila heroica, Es el Alpujarra, esta Es la rústica muralla, Es la bárbara defensa De los moriscos, que hoy, Mal amparados en ella, Africanos montañeses, Restaurar á España intentan. Es por su altura difícil, Fragosa por su aspereza, Por su sitio inexpugnable É invencible por sus fuerzas. Catorce leguas en torno Tiene, y en catorce leguas Más de cincuenta que añade La distancia de las quiebras, Porque entre puntas y puntas Hay valles que la hermosean, Campos que la fertilizan, Jardines que la deleitan. Toda ella está poblada De villajes y de aldeas; Tal, que cuando el sol se pone, A las vislumbres que deja, Parecen riscos nacidos Cóncavos entre las breñas, Que rodaron de la cumbre, Aunque á la falda no llegan. De todas las tres mejores Son Berja, Gavia y Galera, Plazas de armas de los tres Que hoy á los demas gobiernan. Es capaz de treinta mil Moriscos que están en ella, Sin las mujeres y niños, Y tienen donde apacientan Gran cantidad de ganados; Si bien los más se sustentan, Más que de carnes, de frutas Ya silvestres ó ya secas, O de plantas que cultivan; Porque no sólo á la tierra, Pero á los peñascos hacen Tributarios de la yerba; Que en la agricultura tienen Del estudio, tal destreza, Que á preñeces de su azada Hacen fecundas las piedras. La causa del rebelion, Por si tuve parte en ella, Te suplico que en silencio La permitas á mi lengua. Aunque mejor es decir Que fuí la causa primera, Que no decir que lo fueron Las pragmáticas severas Que tanto los apretaron, Que decir esto me es fuerza: Si uno ha de tener la culpa, Más vale que yo la tenga. En fin, sea aquel desaire La ocasion, señor, ó sea Que á Válor al otro dia Que sucedió mi pendencia, Llegó el alguacil mayor Dél, y le quitó á la puerta Del ayuntamiento una Daga que traia encubierta; O sea que ya oprimidos De ver cuánto los aprietan Órdenes que cada dia Aquí de la corte llegan, Los desesperó de suerte, Que amotinarse conciertan: Para cuyo efecto fueron, Sin que ninguno lo entienda, Retirando á la Alpujarra Bastimento, armas y hacienda Tres años tuvo en silencio Esta traicion encubierta Tanto número de gentes: Cosa que admira y eleva, Que en más de treinta mil hombres Convocados para hacerla, No hubiera uno que jamás Revelara ni dijera Secreto de tantos dias. ¡Cuánto ignora, cuánto yerra El que dice que un secreto Peligra en tres que le sepan! Que en treinta mil no peligra, Como á todos les convenga. El primer trueno que dió Este rayo que en la esfera Desos peñascos forjaban La traicion y la soberbia, Fueron hurtos, fueron muertes, Robos de muchas iglesias, Insultos y sacrilegios Y traiciones, de manera Que Granada, dando al cielo Bañada en sangre las quejas, Fué miserable teatro De desdichas y tragedias. Preciso acudió al remedio La justicia; pero apénas Se vió atropellada, cuando Toda se puso en defensa: Trocó la vara en acero, Trocó el respeto en la fuerza, Y acabó en civil batalla Lo que empezó en resistencia. Al Corregidor mataron: La ciudad, al daño atenta, Tocó al arma, convocando La milicia de la tierra. No bastó; que siempre estuvo (Tanto novedades precia) De su parte la fortuna: De suerte, que todo era Desdichas para nosotros. ¡Qué pesadas y qué necias Son, pues en cuanto porfían, Nunca ha quedado por ellas! Creció el cuidado en nosotros, Creció en ellos la soberbia Y creció en todos el daño, Porque se sabe que esperan Socorro de África, y ya Se ve si el socorro llega, Que el defenderle la entrada Es divertirnos la fuerza: Además, que si una vez Pujantes se consideran, Harán los demas moriscos Del acaso consecuencia; Pues los de la Extremadura Los de Castilla y Valencia, Para declararse aguardan Cualquier victoria que tengan. Y para que veais que son Gente, aunque osada y resuelta, De políticos estudios, Oid cómo se gobiernan; Que esto lo habemos sabido De algunas espías presas. Lo primero que trataron Fué elegir una cabeza; Y aunque sobre esta eleccion Hubo algunas competencias Entre Don Fernando Válor Y otro hombre de igual nobleza, Don Álvaro Tuzaní; Don Juan Malec los concierta Con que Don Fernando reine, Casándose con la bella Doña Isabel Tuzaní, Su hermana. (Ap. ¡Oh cuánto me pesa De traer á la memoria El Tuzaní, á quien respetan, Ya que á él no le hicieron rey, Haciendo á su hermana reina!) Coronado pues el Válor, La primer cosa que ordena, Fué, por oponerse en todo A las pragmáticas nuestras, O por tener por las suyas A su gente más contenta, Que ninguno se llamara Nombre cristiano, ni hiciera Ceremonia de cristiano: Y porque su ejemplo fuera El primero, se firmó El nombre de Abenhumeya, Apellido de los reyes De Córdoba, á quien hereda. Que ninguno hablar pudiese, Sino en arábiga lengua; Vestir sino traje moro, Ni guardar sino la secta De Mahoma: despues desto, Fué repartiendo las fuerzas. Galera, que es esa villa Que estás mirando primera, Cuyas murallas y fosos Labró la naturaleza, Tan singularmente docta, Que no es posible que pueda Ganarse sin mucha sangre, La dió á Malec en tenencia; A Malec, padre de Clara, Que ya se llama Maleca. Al Tuzaní le dió á Gavia La Alta, y él se quedó en Berja, Corazon que vivifica Ese gigante de piedra. Esa es la disposicion Que desde aquí se penetra; Y esa, señor, la Alpujarra, Cuya bárbara eminencia, Para postrarse á tus piés, Parece que se despeña.

D. Juan.

Don Juan, vuestras prevenciones Son de Mendoza y son vuestras, Que es ser dos veces leales.—

(Tocan dentro.)

Pero ¿qué cajas son estas?

Mendoza.

La gente que va llegando, Pasando, señor, la muestra.

D. Juan.

¿Qué tropa es esa?

Mendoza.

Esta es De Granada, y cuanto riega El Genil.

D. Juan.

¿Y quién la trae?

Mendoza.

Tráela el marqués de Mondéjar, Que es el conde de Tendilla, De su Alhambra y de su tierra Perpetuo alcaide.

D. Juan.

Su nombre El moro en África tiembla.—(Tocan.) ¿Cuál es esta?

Mendoza.

La de Murcia:

D. Juan.

¿Y quién es quien la gobierna?

Mendoza.

El gran marqués de los Vélez.

D. Juan.

Su fama y sus hechos sean Corónicas de su nombre. (Tocan.)

Mendoza.

Estos son los de Baeza, Y viene por cabo suyo Un soldado, á quien debiera Hacer estatuas la fama, Como su memoria eterna, Sancho de Ávila, señor.

D. Juan.

Por mucho que se encarezca, Será poco, si no dice La voz que alabarle intenta, Que es discípulo del duque De Alba, enseñado en su escuela A vencer, no á ser vencido. (Tocan.)

Mendoza.

Aqueste que ahora llega, El tercio viejo de Flándes Es, que ha bajado á esta empresa Desde el Mosa hasta el Genil, Trocando perlas á perlas.

D. Juan.

¿Quién viene con él?

Mendoza.

Un monstruo Del valor y la nobleza, Don Lope de Figueroa.

D. Juan.

Notables cosas me cuentan De su gran resolucion Y de su poca paciencia.

Mendoza.

Impedido de la gota, Impacientemente lleva El no poder acudir Al servicio de la guerra.

D. Juan.

Yo deseo conocerle.

ESCENA II.

DON LOPE DE FIGUEROA.—Dichos.

D. Lope.

Voto á Dios, que no me lleva En aqueso de ventaja Un átomo vuestra Alteza, Porque hasta verme á sus piés, Sólo he sufrido á mis piernas.

D. Juan.

¿Cómo llegais?

D. Lope.

Como quien, Señor, á serviros llega De Flándes á Andalucía; Y no es mala diligencia, Pues vos á Flándes no vais, Que Flándes á vos se venga.

D. Juan.

Cúmplame el cielo esa dicha. ¿Traeis buena gente?

P. Lope.

Y tan buena, Que si fuera el Alpujarra El infierno, y estuviera Mahoma por alcaide suyo, Entraran, señor, en ella... Si no es los que tienen gota, Que no trepan por las peñas, Porque vienen...

ESCENA III.

Un soldado, GARCÉS, ALCUZCUZ.—Dichos.

Un sold.

(Dentro.)Detenéos.

Garcés.

(Dentro.) Tengo de llegar: afuera.

(Sale Garcés con Alcuzcuz á cuestas.)

D. Juan.

¿Qué es esto?

Garcés.

De posta estaba A la falda desa sierra, Sentí ruido entre unas ramas, Páreme hasta ver quién era, Y ví este galgo que estaba Acechando detras dellas, Que sin duda era su espía. Maniatéle con la cuerda Del mosquete, y porque ladre Qué hay allá, le traigo á cuestas.

D. Lope.

¡Buen soldado, vive Dios! ¿Esto hay acá?

Garcés.

¡Pues! ¿qué piensa Vueseñoría que todo Está en Flándes?

Alcuzc.

(Ap.)¡Malo es esta! Alcuzcuz, á esparto olelde El nuez del gaznato vuestra.

D. Juan.

Ya os conozco: no me cogen Estas hazañas de nuevas.

Garcés.

¡Oh cómo premian sin costa Príncipes que honrando premian!

D. Juan.

Venid acá.

Alcuzc.

¿A mé decilde?

D. Juan.

Sí.

Alcuzc.

Ser gran favor tan cerca. Bien estalde aquí.

D. Juan.

¿Quién sois?

Alcuzc.

(Ap. Aquí importar el cautela.) Alcuzcuz, un morisquilio, A quien lievaron por fuerza Al Ampujarro; que mé Ser crestiano en me conciencia, Saber la trina crestiana, El Credo, la Salve Reina, El pan nostro, y el catorce Mandamientos de la Iglesia. Por decir que ser crestiano, Darme otros el muerte intentan; Yo correr, é hoyendo, dalde En manos de quien me prenda. Si me dar el vida, yo Decilde cuanto allá piensan, Y lievaros donde entreis Sin alguna resistencia.

D. Juan.

(Ap. á Mendoza.) Como presumo que miente, Tambien puede ser que sea Verdad.

Mendoza.

¿Quién duda que hay muchos Que ser cristianos profesan? Yo sé una dama que está Retirada allá por fuerza.

D. Juan.

Pues ni todo lo creamos Ni dudemos.—Garcés, tenga Ese morisco por preso...

Garcés.

Yo, yo tendré con él cuenta.

D. Juan.

Que en lo que luégo dijere, Veremos si acierta ó yerra. Y ahora vamos, Don Lope, Dando á los cuarteles vuelta, Y á consultar por qué sitio Se ha de empezar.

Mendoza.

Vuestra Alteza Lo mire bien, porque aunque Parece poca la empresa, Importa mucho; que hay cosas, Mayormente como estas, Que no dan honor ganadas, Y perdidas dan afrenta: Y así, se debe poner Mayor atencion en ellas, No tanto para ganarlas, Cuanto para no perderlas.

(Vanse Don Juan de Austria, Don Juan de Mendoza, Don Lope y soldados.)

ESCENA IV.

GARCÉS, ALCUZCUZ.

Garcés.

Vos ¿cómo os llamais?

Alcuzc.

Arroz; Que si entre moriscos era Alcuzcuz, entre crestianos Seré arroz, porque se entienda Que menestra mora pasa A ser crestiana menestra.

Garcés.

Alcuzcuz, ya sois mi esclavo: Decid verdad.

Alcuzc.

Norabuena.

Garcés.

Vos dijisteis al señor Don Juan de Austria...

Alcuzc.

¿Que aquél era?

Garcés.

Que le llevariais por donde Entrada tiene esa sierra.

Alcuzc.

Sí, mi amo.

Garcés.

Aunque es verdad Que él á sujetaros venga Con el marqués de los Vélez, Con el marqués de Mondéjar, Sancho de Avila y Don Lope De Figueroa, quisiera, Yo que la entrada á estos montes Solo á mí se me debiera: Llévame allá, porque quiero Mirarla y reconocerla.

Alcuzc.

(Ap. Engañifa á este crestiano He de hacerle, é dar la vuelta Al Alpujarra.) Venilde Conmigo.

Garcés.

Detente, espera; Que en este cuerpo de guardia Dejé mi comida puesta Cuando salí á hacer la posta, Y quiero volver por ella; Que en una alforja podré (Porque el tiempo no se pierda) Llevarla, para ir comiendo Por el camino.

Alcuzc.

Así sea.

Garcés.

Vamos pues.

Alcuzc.

(Ap.)Santo Mahoma, Pues tú selde mi profeta, Lievarme, é á Meca iré, Aunque ande de ceca en meca.

(Vanse.)

Jardin en Berja.

ESCENA V.

Moriscos y músicos; y detras, DON FERNANDO VÁLOR y DOÑA ISABEL TUZANÍ.

Válor.

A la falda lisonjera Dese risco coronado, Donde sin duda ha llamado A córtes la primavera, Porque entre tantos colores De su república hermosa Quede jurada la rosa Por la reina de las flores, Puedes, bella esposa mia, Sentarte. Cantad, á ver Si la música vencer Sabe la melancolía.

D.ª Isab.

Abenhumeya valiente, A cuya altivez bizarra, No el roble del Alpujarra Dé corona solamente, Sino el sagrado laurel, Arbol ingrato del sol, Cuando llore el español Su cautiverio cruel: No es desprecio de la dicha Deste amor, desta grandeza, Mi repetida tristeza, Sino pension ó desdicha De la suerte; porque es tal De la fortuna el desden, Que apénas nos hace un bien, Cuando le desquita un mal. No nace de causa alguna Esta pena, (Ap. ¡A Dios pluguiera!) Sino sólo desta fiera Condicion de la fortuna. Y si ella es tan envidiosa, ¿Cómo puedo yo este miedo Perder al mal, si no puedo Dejar de ser tan dichosa?

Válor.

Si la causa de mirarte Triste tu dicha ha de ser, Pésame de no poder, Mi Lidora, consolarte; Que habrá tu melancolía De ser cada dia mayor, Pues que tu imperio y mi amor Son mayores cada dia. Cantad, cantad, su belleza Celebrad, pues bien halladas, Siempre traen paces juradas La música y la tristeza.

(Música.)

No es menester que digais Cúyas sois, mis alegrías; Que bien se ve que sois mias En lo poco que durais.

ESCENA VI.

MALEC, que llega á hablar á DON FERNANDO, hincada la rodilla; y á los lados, DON ÁLVARO y DOÑA CLARA, que salen en traje de moros y se quedan á las puertas; BEATRIZ.—Dichos.

D.ª Clar.

(Ap.) «No es menester que digais Cúyas sois, mis alegrías...»

D. Álv.

(Ap.) «Que bien se ve que sois mias En lo poco que durais.»

(Siempre suenan los instrumentos, aunque se represente.)

D.ª Clar.

(Ap.) ¡Cuánto siendo haber oido Ahora aquesta cancion!

D. Álv.

(Ap.) ¡Qué notable confusion La voz en mí ha introducido!

D.ª Clar.

(Ap.) Pues cuando mi casamiento A tratar mi padre viene...

D. Álv.

(Ap.) Pues cuando dichas previene Amor, á mi amor atento...

D.ª Clar.

(Ap.) Glorias mias, escuchais...

D. Álv.

(Ap.) Escuchais mis fantasías...

(Música.)

Ellos.

(Ap.) Que bien se ve que sois mias En lo poco que durais.

Malec.

Señor, pues entre el estruendo De Marte el amor se ve Tan hallado, bien podré Decirte cómo pretendo Dar á Maleca marido.

Válor.

Quién fué tan feliz, me dí.

Malec.

Tu cuñado Tuzaní.

Válor.

Muy cuerda eleccion ha sido, Pues uno y otro fïel A preceptos de su estrella, Él no viviera sin ella, Y ella muriera sin él. ¿Adónde están?

(Llegan Don Álvaro y Doña Clara.)

D.ª Clar.

A tus piés Alegre llego.

D. Álv.

Y yo ufano, Para que nos des tu mano.

Válor.

Mil brazos tomad, y pues En nuestro docto alcoran, Ley que ya todos guardamos, Más ceremonias no usamos Que las prendas que se dan Dos, déle á Maleca divina Sus arras el Tuzaní.

D. Álv.

Todo es poco para tí, A cuya luz peregrina Se rinde el mayor farol; Y así temo, porque arguyo Que es darle al sol lo que es suyo, Darle diamantes al sol. Aqueste un Cupido es, De sus flechas guarnecido; Que áun de diamantes Cupido, Viene á postrarse á tus piés. Esta una sarta de perlas, De quien duda quien ignora Que las llorara el aurora, Si tú habias de cogerlas. Esta es un águila bella, Del color de mi esperanza; Que sólo un águila alcanza Ver el sol que mira ella. Un clavo para el tocado Es este hermoso rubí, Que ya no me sirve á mí, Pues mi fortuna ha parado. Estas memorias... Mas no Las tomes; que en tales glorias, Quiero que tengas memorias Tú, sin traértelas yo.

D.ª Clar.

Las arras, Tuzaní, aceto, Y á tu amor agradecida, Traerlas toda mi vida En tu nombre te prometo.

D.ª Isab.

Y yo os doy el parabien De aqueste lazo inmortal, (Ap. Que ha de ser para mi mal.)

Malec.

Ea, pues, las manos den Albricias al alma.

D. Álv.

Puesto A tus piés estoy.

D.ª Clar.

Los brazos Conformen eternos lazos.

Los dos.

Yo soy feliz...

(Al darse las manos, tocan cajas dentro.)

Todos.

Mas ¿qué es esto?

Malec.

Cajas españolas son Las que atruenan estos riscos, Que no tambores moriscos.

D. Álv.

¿Quién vió mayor confusion?

Válor.

Cese la boda, hasta ver Qué novedad causa ha sido...

D. Álv.

¿Ya, señor, no lo has sabido? ¿Qué más novedad que ser Dichoso yo? Pues el sol Mira apénas mi ventura, Cuando eclipsan su luz pura Las armas del español.

(Vuelven á tocar.)

ESCENA VII.

ALCUZCUZ, con unas alforjas al hombro.—Dichos.

Alcuzc.

¡Gracias á Mahoma y Alá, Que á tus piés haber llegado!

D. Álv.

Alcuzcuz, ¿dónde has estado?

Alcuzc.

Ya todos estar acá.

Válor.

¿Qué te ha sucedido?

Alcuzc.

Yo Hoy de posta estar, é aposta Liego aquí, aunque por la posta, Quien por detras me cogió, Lievóme con otros dos A un Don Juan, que ahora es venido; E crestianilio fingido, Decirle que crêr en Dios. No me dió muerte; cativo Ser del soldado crestiano, Que no se labará en vano: A éste apénas le apercibo Que senda saber por donde Poder la Alpojarra entrar, Cuando la querer mirar. De camaradas se esconde, E aquesta forja me dando Donde venir su comida, Por una parte escondida, Entrar los dos camenando. Apénas solo le ver, Cuando, sin que seguir pueda, Füí por monte, é se queda Sin cativo é sin comer; Porque aunque me seguir quiso, Una trompa que salir De moros, le hacer huir: E yo venir con aviso De que ya muy cerca dejo Don Juan de Andustria en campaña, A quien decir que acompaña El gran marqués de Mondejo Con el marqués de Luzbel, El que fremáticos doma, Don Lope Figura-roma, Y Sancho Débil con él: Todos hoy á la Alpojarra Venir contra tí.

Válor.

No digas Más, porque á cólera obligas Mi altivez siempre bizarra.

D.ª Isab.

Ya desde esa excelsa cumbre Donde tropezando el sol, O teme ajar su arrebol O teme apagar su lumbre, Ni bien ni mal se divisan Entre várias confusiones Los armados escuadrones Que nuestros términos pisan.

D.ª Clar.

Grande gente ha conducido Granada á aquesta faccion.

Válor.

Pocos muchos mundos son, Si á vencerme á mí han venido, Aunque fuera el que sujeta Ese hermoso laberinto, Como hijo de Cárlos Quinto, Hijo del quinto planeta; Porque aunque estos horizontes Cubran de marciales señas, Serán su pira estas peñas, Serán su tumba estos montes. Y pues se viene acercando Ya la ocasion, advertidos, No ya desapercibidos Nos hallen, sino esperando Todo su poder; y así, Su puesto ocupe cualquiera. Malec se vaya á Galera, Vaya á Gavia Tuzaní, Que yo en Berja me estaré, Y á quien Alá deparare La suerte, que Alá le ampare, Pues suya la causa fué. Id á Gavia; que la gloria Que hoy es de amor interes, Celebrarémos despues Que quedemos con victoria.

(Vanse Don Fernando Válor, Doña Isabel, Malec, moriscos y músicos.)

ESCENA VIII.

DON ÁLVARO, DOÑA CLARA; ALCUZCUZ y BEATRIZ, retirados.

D.ª Clar.

(Para sí.) «No es menester que digais Cúyas sois, mis alegrías...»

D. Álv.

(Para sí.) «Qué bien se ve que sois mias En lo poco que durais.»

D.ª Clar.

(Para sí.) Alegrías mal logradas, Antes muertas que nacidas...

D. Álv.

(Para sí.) Rosas sin tiempo cogidas, Flores sin sazon cortadas...

D.ª Clar.

(Para sí.) Si rendidas, si postradas A un ligero soplo estais...

D. Álv.

(Para sí.) No digais que el bien gozais...

D.ª Clar.

(Para sí.) Pues siendo para perder, Que sintais es menester...

D. Álv.

(Para sí.) No es menester que digais.

D.ª Clar.

(Para sí.) Alegrías de un perdido, Aborto sois de un cuidado, Puesto que habeis espirado Primero que habeis nacido. Si acaso, si yerro ha sido Hallarme vuestras porfías Por otra, no esteis baldías Conmigo un rato pequeño: Dejadme, y buscad el dueño Cúyas sois, mis alegrías.

D. Álv.

(Para sí.) Por gran maravilla os toca, Dichas: luego bien moristeis; Que si maravillas fuisteis, Fuerza fué vivir tan poco. De contento estuve loco, Y ya de melancolías: ¡Qué bien, qué bien, alegrías, Se ve que sois de otro á quien Buscais! Y ¡ay, penas, qué bien, Qué bien se ve que sois mias!

D.ª Clar.

(Para sí.) Aunque si ser pretendeis Alegrías, bien hicisteis...

D. Álv.

(Para sí.) Pues que dos veces lo fuisteis, En una que os deshaceis.

D.ª Clar.

(Para sí.) Dos veces desde hoy sereis Venturosas.

Los dos.

(Para sí.)Lo mostrais En la prisa con que os vais Cuando á mi alivio acudís...

D. Álv.

(Para sí.) En lo tarde que venís...

D.ª Clar.

(Para sí.) En lo poco que durais.

D. Álv.

Hablando estaba conmigo A solas, porque no sé Si en tantas penas podré Hablar, Maleca, contigo. Cuando era mi amor testigo Desta victoriosa palma, Vuelve á suspenderse en calma; Y así calla, porque es mengua Que quiera alzarse la lengua Con los afectos del alma.

D.ª Clar.

El hablar es libre accion, Pues puede un hombre callar; El oir no, porque ha de estar Eso en ajena razon; Y es tanta mi suspension, Que ocupada del sentir, No oiré lo que has de decir: ¿Qué mucho en tanto pesar Que tú no estés para hablar, Si yo no estoy para oir?

D. Álv.

El rey á Gavia me envia, Tú á Galera vas, y amor, Luchando con el honor, Se rinde á su tiranía: Quédate ahí, esposa mia, Y piadoso el cielo quiera Que el cerco que nos espera, Que el poder que nos agravia, Me vaya á buscar á Gavia, Porque te deje en Galera.

D.ª Clar.

¿De suerte, que no podré Verte, hasta ver acabada Esta guerra de Granada?

D. Álv.

Sí podrás; que yo vendré Todas las noches, porqué Dos leguas que hay en rigor De allí á Gavia, será error No volarlas mi deseo.

D.ª Clar.

Mayores distancias creo Que sabe medir amor. Yo en el postigo estaré Esperándote del muro.

D. Álv.

Y yo, dese amor seguro, Cada noche al muro iré. Dáme los brazos, en fe. (Cajas.)

D.ª Clar.

Cajas vuelven á tocar.

D. Álv.

¡Qué desdicha!

D.ª Clar.

¡Qué pesar!

D. Álv.

¡Qué padecer!

D.ª Clar.

¡Qué sentir! ¿Esto es amar?

D. Álv.

Es morir.

D.ª Clar.

Pues ¿qué más morir que amar?

(Vanse los dos.)

ESCENA IX.

BEATRIZ, ALCUZCUZ.

Beatriz.

Alcuzcuz, llégate aquí, Pues solos hemos quedado.

Alcuzc.

Zarilia, aquese recado ¿Ser al alforja, ó á mí?

Beatriz.

¡Que siempre has de estar de gorja, Aunque todo sea tristeza! Escúchame.

Alcuzc.

Esa fineza ¿Ser á mí, ó ser al alforja?

Beatriz.

A tí es; pero ya que así Ella mi amor atropella, Tengo de ver qué hay en ella.

Alcuzc.

Luego ser á elia, é no á mí.

Beatriz.

Esto es tocino... y condeno

(Va sacando lo que dicen los versos.)

Traerlo tú deste modo. Este es vino. ¡Ay de mí! Todo Cuanto traes aquí es veneno. Yo no lo quiero tocar Ni ver, Alcuzcuz: advierte Que puede darte la muerte Si lo llegas á probar. (Vase.)

ESCENA X.

ALCUZCUZ.

¿Todos de voneno llenos Estar? Sí: ya lo creer, Pues Zara decir, que ser Sierpe é saber de vonenos. Y áun otra razon más clara Es de que el voneno vió Zara, que no le probó, Con ser tan golosa Zara. El crestianilio sin duda Matar á Alcuzcuz queria. ¡Ay tan gran beliaquería! Mahoma librarme pudo, Porque á Meca le ofrecer Ir á ver el zancarron. (Cajas.) Mas cerca escochar el són, Y ya de divisos ver En trompas el monte lieno. Seguir quiero al Tozaní. ¿Haber álguien por ahí Que querer deste voneno? (Vase.)

Cercanías de Galera.

ESCENA XI.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE DE FIGUEROA, DON JUAN DE MENDOZA, soldados.

Mendoza.

Desde aquí se dejan ver Mejor las señas, al tiempo Que ya declinando el sol, Está pendiente del cielo. Aquella villa que á mano Derecha, sobre el cimiento De una dura roca há tantos Siglos que se está cayendo, Es Gavia la alta: y aquella Que tiene á su lado izquierdo, De quien las torres y riscos Están siempre compitiendo, Es Berja; y Galera es esta, A quien este nombre dieron O porque su fundacion Es así, ó ya porque vemos Que á piélagos de peñascos Ondas de flores batiendo, Sujeta al viento, parece Que se mueve con el viento.

D. Juan.

Destas dos fuerzas la una Se ha de sitiar.

D. Lope.

Pues miremos Cuál tiene disposicion Más al propósito nuestro, Y manos á la labor; Que piés no están para eso.

D. Juan.

Aquel morisco rendido Me traed, y dél sabremos Si trata verdad ó no En lo que fuere diciendo. ¿Dónde está Garcés, á quien Se le dí por prisionero?

Mendoza.

No le he visto desde entónces.

ESCENA XII.

GARCÉS.—Dichos.

Garcés.

(Dentro.) ¡Ay de mí!

D. Juan.

Mirad qué es eso.

(Sale Garcés herido, cayendo.)

Garcés.

Yo soy; que á tus plantas no Llegara ménos que muerto.

Mendoza.

Garcés es.

D. Juan.

¿Qué ha sucedido?

Garcés.

Tu Alteza perdone un yerro Por un aviso.

D. Juan.

Decid.

Garcés.

Aquel morisco, aquel preso Que me entregaste, te dijo Que venía con intento De entregarte el Alpujarra: Yo, señor, con el deseo De saber el paso, y ser El que la entrase el primero (Que áun la ambicion del honor No es ambicion de provecho), Dije que me la enseñara. Seguíle á solas por esos Laberintos donde el sol Aun se pierde por momentos, Con andarlos cada dia. Apénas entre dos cerros Él se vió conmigo, cuando Por los peñascos subiendo, Dió voces, y ya á sus voces O á las que le hurtaba el eco, Respondieron unas tropas De moros, que descendiendo, A la presa se avanzaban Como quien son, como perros. Inútil fué la defensa, Y en fin, en mi sangre envuelto, Discurrí el monte á ampararme De las hojas, cuando veo Debajo de las murallas De Galera, donde llego, Abierta una boca, un Melancólico bostezo Del peñasco sobre quien Estriba, que con el peso Del edificio, sin duda Gimió, y por quedar gimiendo Siempre, no volvió á cerrarle, Y se le dejó entreabierto. Aquí, pues, me eché, y aquí, O bien porque no me vieron, O porque ya sepultado Me dejaron como muerto, De aquesta manera estuve El sitio reconociendo; Y en fin, Galera minada De los ardides del tiempo (Que para sitios de peñas Es el mejor ingeniero) Está: y como tú sobre ella Te pongas, podrás con fuego Volarla, como esta boca, Que es muy posible, ganemos, Sin esperar lo prolijo De sitiarla; y yo te ofrezco Hoy por una vida, cuantas Galera contiene dentro; Sin que pueda con mi rabia, Sin que valgan con mi acero, Ni en los niños la piedad, Ni la clemencia en los viejos, Ni el respeto en las mujeres, Que con esto lo encarezco.

D. Juan.

Retirad ese soldado. (Llévanle.) Ya tomo por buen agüero, Don Lope de Figueroa, Saber de Galera esto; Que desde que oí que habia En el Alpujarra pueblo Que Galera se llamaba, La quise poner el cerco, Por ver si, como en el mar, Dicha en las galeras tengo En la tierra.

D. Lope.

Pues ¿qué aguardas? Vamos á ocupar los puestos; Que esta es la hora mejor, Pues de noche, sin estruendo Podremos llegarnos más.— A Galera marche el tercio.

Un sold.

Pase la palabra.

Otro.

Pase.

Soldads.

A Galera.

D. Juan.

Dadme, cielos, Fortuna, como en el agua, En la tierra, porque opuestos Aquella naval batalla Y este cerco campal, luégo Pueda decir que en la tierra Y en la mar, tuve en un tiempo Dos victorias, que confusas, Aun no distinga yo mesmo De un cerco y una naval, Cuál fué la naval ó el cerco. (Vanse.)

Muros de Galera.

ESCENA XIII.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ; despues, DOÑA CLARA.

D. Álv.

Vida y honor, Alcuzcuz, Hoy á tu cuidado dejo; Pues ya ves que si se sabe Que falto de Gavia y vengo A Galera, honor y vida En sólo un instante pierdo. Con esa yegua te queda, Miéntras yo en el jardin entro; Que luégo salgo, y es fuerza Que hemos de volvernos luégo A entrar en Gavia ántes que En Gavia nos echen ménos.

Alcuzc.

Sempre á te servir me obligo; Y aunque con tal prisa vengo Que áun no me diste lugar De dejalde en mi aposento Este alforja, sin menear Aquí haliar en este puesto.

D. Álv.

Si de aquí faltas, la vida Te he de quitar, vive el cielo.

(Sale Doña Clara por un postigo.)

D.ª Clar.

¿Eres tú?

D. Álv.

Pues ¿quién pudiera Ser tan fïel?

D.ª Clar.

Entra presto; No acierten á conocerte, Si en el muro te detengo. (Vanse.)

ESCENA XIV.

ALCUZCUZ; despues, soldados.

Alcuzc.

¡Vive Alá, que me dormir! Pesado estar, sonior suenio. No haber oficio tan malo Como el de ser alcahuetos, Porque todos los oficios Trabajar para sí mesmos, É alcahueto para el otros.— Jó, yegua.—A mi cuento vuelvo; Que vencer el suenio así. Tal vez se hacer zapatero Zapatos, tal vez se hacer El sastre el vestido nuevo, El cocinero probar Si estar el guisado bueno, Hacer el pastel hechizo É comerle el pastelero: En fin, alcahueto sólo No es para sí de provecho, Pues ni calzar lo que cose Ni probar lo que está haciendo. Jó...—¡Que se tomó ¡ay de mé! El yegua, é se me ir corriendo!

(Éntrase corriendo, y dice dentro.)

Jó, yegua, detente é hacer Esto que te estar pidiendo; Que yo hacer por tí otra cosa Que me pedir tú. No puedo Alcanzar...—¡Ay, Alcuzcuz! (Sale.) ¡Muy buena hacienda haber hecho! ¿En qué volverse mi amo? Que él me ha de matar, ser cierto, Pues ser forzoso que á Gavia No poder liegar á tiempo. Hé aquí que sale é decir: «Dar el yegua.—No le tengo.— ¿Qué le hacer?—Fuéseme el yegua.— ¿Por dónde?—Por esos cerros.— Mataréte.» ¡Zas!... é dame Con el daga por el pecho. Pues si habemos de morer, Alcuzcuz, con el acero, Y hay mortes en que escoger, Murámonos de voneno; Que es morte mas dolce. Vaya, Pus que ya el vida aborrezco.

(Saca una bota de la alforja, y bebe.)

Mejor ser morer así, Pues no morer por el ménos Bañado un hombre en su sangre: ¿Cómo estar? Bueno me siento: No ser el voneno fuerte; E si es que morer pretendo, Más voneno es menester: (Bebe.) No ser frio, á lo que bebo, El voneno, ser caliente: Sí, pues arder acá dentro. Más voneno es menester; (Bebe.) Que muy poco á poco muero. Ya parece que se enoja, Pues que ya va haciendo efecto; Que los ojos se me turbian E se me traba el cerebro, El lengua ponerse gorda E saber el boca á herro. Ya que muero, no dejar (Bebe.) Para otro matar voneno, Será piedad. ¿Dónde estar Me boca, que no la encuentro?

(Cajas dentro.)

Soldads.

(Dentro.) Centinelas de Galera, Al arma.

Alcuzc.

¿Qué ser aquesto? Mas si relámpagos hay, ¿Quién duda que ha de haber truenos?

ESCENA XV.

DON ÁLVARO y DOÑA CLARA, asustados.—ALCUZCUZ.

D.ª Clar.

Las centinelas, señor, Hacen de las torres fuego.

D. Álv.

Sin duda el campo cristiano En el nocturno silencio Amparado de las sombras, Sobre Galera se ha puesto.

D.ª Clar.

Véte, señor; que ya ves Todo el castillo revuelto.

D. Álv.

¿Y será gloriosa accion Que digan de mí que dejo Sitiada á mi dama...

D.ª Clar.

¡Ay triste!

D. Álv.

Y que las espaldas vuelvo?

D.ª Clar.

Sí, que en defender á Gavia Está tu honor de por medio, Y quizá han ido sobre ella: Tambien es de advertir esto.

D. Álv.

¿Quién vió mayor confusion Que yo en un punto padezco? Mi honor y mi amor están Dándome voces á un tiempo.

D.ª Clar.

Responde á las de tu honor.

D. Álv.

Antes responder pretendo A las dos.

D.ª Clar.

¿De qué manera?

D. Álv.

En llevarte me resuelvo Conmigo; que si en dejarte Y en no dejarte me pierdo, Corra mi honor y mi amor Una fortuna y un riesgo. Vénte conmigo: una yegua, Veloz injuria del viento, Nos llevará.

D.ª Clar.

Con mi esposo Voy: nada aventuro en esto. Tuya soy.

D. Álv.

¡Hola, Alcuzcuz!

Alcuzc.

¿Quién llama?

D. Álv.

Yo soy, trae presto La yegua.

Alcuzc.

¿El yegua?

D. Álv.

¿Qué aguardas?

Alcuzc.

Aguardo el yegua, que luégo Me decir que volvería.

D. Álv.

Pues ¿dónde está?

Alcuzc.

Fuése huyendo; Mas yegua es de su palabra, E volver luego al momento.

D. Álv.

¡Viven los cielos, traidor!...

Alcuzc.

No tocar á mé, teneros, Porque estar avonenado, E matar con el aliento.

D. Álv.

Que tengo de darte muerte.

D.ª Clar.

Detente. ¡Ay de mí!

(Va á detenerle, y se hiere la mano.)

D. Álv.

¿Qué es eso?

D.ª Clar.

Por detenerte, la mano Me corté con el acero.

D. Álv.

Cueste esa sangre una vida.

D.ª Clar.

Pues por la mia te ruego Que no le mates.

D. Álv.

¿Qué en mí No podrá ese juramento? ¿Es mucha la sangre?

D.ª Clar.

No.

D. Álv.

Apriétate á ella ese lienzo.

D.ª Clar.

Y pues ves que no es posible Seguirte ya, véte presto: Que no siéndolo en un dia Ganar la villa, yo ofrezco Irme mañana contigo, Pues nos queda el paso abierto Siempre por aquesta parte.

D. Álv.

Con esa esperanza acepto El partido.

D.ª Clar.

Alá te guarde.

D. Álv.

¿Para qué, si yo aborrezco Vivir ya?

Alcuzc.

Pues aquí haber Para la perder remedio: Que á mí me sobrar un poco De dolcísimo voneno.

D.ª Clar.

Véte pues.

D. Álv.

¡Qué triste voy!

D.ª Clar.

Y yo ¡qué afligida quedo!

D. Álv.

Por saber qué opuesta estrella...

D.ª Clar.

Por saber qué hado severo...

D. Álv.

Es este que entre mi amor...

D.ª Clar.

Es el que entre mis deseos...

D. Álv.

Siempre se pone...

D.ª Clar.

Está siempre...

D. Álv.

A mis desdichas atento.

D.ª Clar.

Puesto que un arma cristiana Nos estorba por momentos.

Alcuzc.

¿Esto es dormer ó morer? Mas todo diz que es el mesmo, Y ser verdad, pues no sé Si me muero ó si me duermo.

JORNADA TERCERA.

Cercanías de Galera.

ESCENA PRIMERA.

DON ÁLVARO, sin ver á ALCUZCUZ, que está durmiendo en el suelo.

D. Álv.

Noche pálida y fria, A tu silencio dignamente fia Mi esperanza su empleo, Mi amor su dicha, mi alma su trofeo; Pues en tí (aunque á pesar de tanta estrella) Dará más noble luz Maleca bella, Cuando redes y lazos Robada finja entre mil dulces brazos. En alas del cuidado, Como á un cuarto de legua ya he llegado De Galera. Esta parte Donde naturaleza obró sin arte Cerrados laberintos De hojas, ni bien confusos ni distintos, Nocturno albergue sea Del caballo; y pues nadie hay que me vea, Quede á ese tronco atado, Más seguro á las riendas hoy fiado Un bruto, que al cuidado ayer de un hombre,

(Tropieza en Alcuzcuz.)

Que... Mas no hay accidente que no asombre Un pecho enamorado. Si bien este accidente Con justa causa mi valor le siente, Pues cuando al muro ya á acercarme empiezo, Todo cuanto hoy he visto, todo cuanto He hallado, es asombro, horror y espanto. ¡Ay infelice, ay triste, Oh tú, que monumento el monte hiciste! Mas no... ¡Ay dichoso, oh tú, que con la muerte Mejoraste las ánsias de tu suerte! ¡Con qué de sombras lucho!

(Despierta Alcuzcuz.)

Alcuzc.

¿Quién es que me pisar?

D. Álv.

¡Qué veo! ¡Qué escucho! ¿Quién va? ¿Quién es?

Alcuzc.

Alcuzcuz, Que aquí esperar le mandaste Con el yegua, y aquí estar, Sin que me haber visto nadie. Si haber de volver á Gavio Hoy, ¿cómo salir tan tarde? Mas siempre haber al partirse Gran perecilia entre amantes.

D. Álv.

Alcuzcuz, ¿qué haces aquí?

Alcuzc.

¿Cómo preguntar qué haces A Alcuzcuz, si te esperar Desde que por porta entraste Del muro á ver á Maleca?

D. Álv.

¿Quién vió cosa semejante? Pues ¿desde anoche, que fué Eso, estás aquí?

Alcuzc.

¿Qué hablalde Desde anoche, si no haber Que me dormir un instante Con un mal voneno que Tomar porque me matase, De miedo de que la yegua Ir por esos andurriales? Mas pues ya es el yegua vuelta Y voneno no matarme (Que Alá mejorar el horas), Vamos pues.

D. Álv.

¡Qué disparates! Tú estabas borracho anoche.

Alcuzc.

Si hay vonenos que emborrachen, Sí estar... y creerlo ahora En que el boca á hierro sabe, Estar el lengua é los labios Secos como pedernales, Ser de yesca el paladar, Saberme todo á venagre.

D. Álv.

Véte de aquí; que no es bien Que ya otra vez me embaraces La dicha, pues por tí anoche Perdí la ocasion más grande; Y no quiero que por tí Aquesta tambien me falte.

Alcuzc.

No tener el culpa, Zara Sí, porque ella asegorarme Que era voneno, é beberle Por morirme. (Ruido dentro.)

D. Álv.

Hácia esta parte Siento gente. Entre estas ramas Esperemos á que pasen. (Vanse.)

ESCENA II.

GARCÉS, soldados.

Garcés.

Esta de la mina es La boca que al muro sale: Llegad, llegad con silencio, Pues no nos ha visto nadie. Ya está dada fuego, y ya Esperamos por instantes Que reviente el monte, dando Nubes de pólvora al aire. En volándose la mina, Ninguno un minuto aguarde, Sino á ir á ocupar el puesto Que ella nos desocupare, Procurando mantenerle Hasta llegar lo restante De la gente que emboscada En esa espesura yace. (Vanse.)

ESCENA III.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ; despues, moriscos y DON LOPE.

D. Álv.

¿Oiste algo?

Alcuzc.

Nada oir.

D. Álv.

¿Quién duda que es ronda que ande Corriendo el monte? Por eso Puse cuidado en guardarme. ¿Fuéronse?

Alcuzc.

¿Ya no lo ves?

D. Álv.

Ya es bien al muro acercarme.—

(Disparan dentro.)

Mas ¿qué es esto?

Alcuzc.

No haber boca Que más claramente hable Que la boca de una pieza, Aunque se ignora el lenguaje.

(Explosion de una mina.)

Moriscs.

(Dentro.) ¡Valedme, cielos!

Alcuzc.

¡Valedme, Mahoma! así Alá te guarde.

D. Álv.

Parece que se desquicia De sus ejes inmortales Todo el orbe de cristal, Todo el globo de diamante.

D. Lope.

(Dentro.) Ya voló la mina; todos A la batería que hace. (Cajas.)

D. Álv.

¿Qué Etnas, qué Mongibelos, Qué Vesubios, qué volcanes En su vientre concibieron Los montes, que así los paren?

Alcuzc.

¿Qué monjiles, qué besugos, Qué leznas ni qué alacranes? Que todo ser humo y fuego.

D. Álv.

¿Quién vió más terrible trance? En confusos laberintos De armas ya la villa arde, Y para abortar horrores, Víbora de alquitran y áspid De pólvora, hecha pedazos, Todas las entrañas abre. Estrago de España es este. Ni soy noble, pues, ni amante, Si á socorrer á mi dama Al fuego no me arrojare, Trepando al muro y rompiendo Sus almenas de diamante; Que como yo entre mis brazos A Maleca hermosa saque, Galera y el mundo todo Mas que se queme y se abrase. (Vase.)

Alcuzc.

Ni ser amante ni noble, Si en confusion tan notable Quedar Zara. Mas ¿qué importa No ser yo noble ni amante? Hartos amantes y nobles Haber: y como escaparme Yo, que Zara y que Galera Mas que se queme y se abrase. (Vase.)

Ruinas de Galera.

ESCENA IV.

DON JUAN DE MENDOZA, DON LOPE DE FIGUEROA, GARCÉS, soldados; despues, MALEC, moriscos y DOÑA CLARA.

D. Lope.

No quede persona á vida: Llévese á fuego y á sangre La villa.

Garcés.

A pegarla fuego Entraré. (Vase.)

Sold. 1.º

Yo á aprovecharme Del saco. (Salen Malec y moriscos.)

Malec.

Yo basto solo, Puesto por muro delante, A defenderla. (Batalla.)

Mendoza.

Señor, Este es Ladin el alcaide.

D. Lope.

Ríndete ya.

Malec.

¿Qué es rendirme?

D.ª Clar.

(Dentro.) ¡Ladin, señor, dueño, padre!

Malec.

(Ap.) Maleca es: ¡oh quién pudiera Hoy dividirse en dos partes!

D.ª Clar.

(Dentro.) Que me da un cristiano muerte.

Malec.

Pues á mí estotros me maten Sin defenderme, y á un tiempo Tu vida y mi vida acaben.

D. Lope.

Muere, perro, y á Mahoma Da un recado de mi parte.

(Éntranse los cristianos, retirando á los moriscos.)

ESCENA V.

Despues de haberse concluido la batalla dentro, salen soldados, GARCÉS, DON LOPE y DON JUAN DE MENDOZA.

Sold. 1.º

No se ha hecho presa tal De joyas y de diamantes.

Sold. 2.º

Rico quedo desta vez.

Garcés.

Ninguna vida hoy se guarde Que á mi acero, por hermosa O por caduca, se escape: Sólo me falta de hallar Aquel morisquillo infame, Para volver bien vengado.

D. Lope.

Pues toda Galera arde, Manda retirar la gente Antes que su incendio llame El socorro.

Mendoza.

A retirar. Pase la palabra.

Soldads.

Pase. (Vanse.)

ESCENA VI.

DON ÁLVARO; despues, DOÑA CLARA.

D. Álv.

Por entre montes de llamas, Entre piélagos de sangre, Tropezando en cuerpos muertos, Quiso mi amor que llegase, A la casa de Maleca, Estrago ya miserable, Pues del acero y del fuego Pavesa dos veces yace. ¡Ay esposa! presto yo Moriré, si llego tarde. ¿Dónde Maleca estará? Que ya no se mira á nadie.

D.ª Clar.

(Dentro.) ¡Ay de mí!

D. Álv.

Esta voz que el viento Lastimosamente esparce De mal pronunciadas quejas, De bien repetidos ayes, Es rayo que me penetra. ¿Quién vió desdicha más grande? A las luces que confusas Ya cebado el fuego hace, Miro una mujer que está Apagándolas con sangre... ¡Y es Maleca! ¡Oh santos cielos! O dadla vida ó matadme.

(Entra, y saca á Doña Clara, suelto el cabello, sangriento el rostro, y medio vestida.)

D.ª Clar.

Soldado español, en quien Ni piedad ni rigor cabe: Piedad pues que ya me heriste, Rigor pues no me acabaste, Vuelve á mi pecho el acero: Mira que es rigor notable Que tus acciones no sean Ni rigores ni piedades.

D. Álv.

Deidad infeliz (que ya Hay infelices deidades, Pues de tí lo aprenden cuantas De humanas fortunas saben), El que en sus brazos te tiene, No solicita matarte; Que ántes quisiera su vida Dividir en dos mitades.

D.ª Clar.

Bien dicen esas razones Que eres africano alarbe; Y si por mujer y triste, Dos veces puedo obligarte, Una fineza te deba. En Gavia está por alcaide El Tuzaní, esposo mio: Pártete luego á buscarle, Y este estrecho último abrazo Le llevarás de mi parte; Y dirásle que su esposa, Bañada en su propia sangre, A manos de un español, De sus joyas y diamantes Más que de honor ambicioso, Hoy muerta en Galera yace.

D. Álv.

El abrazo que me das, No, no es menester llevarle A tu esposo; que por ser Fin de tus felicidades, Él le sale á recibir; Que no hay desdicha que tarde.

D.ª Clar.

Sola una voz ¡ay bien mio! Pudo nuevo aliento darme, Pudo hacer feliz mi muerte. Deja, deja que te abrace. Muera en tus brazos y muera... (Espira.)

D. Álv.

¡Oh cuánto, oh cuánto ignorante Es quien dice que el amor Hacer de dos vidas sabe Una vida! pues si fueran Esos milagros verdades, Ni tú murieras, ni yo Viviera; que en este instante, Muriendo yo y tú viviendo, Estuviéramos iguales. Cielos, que visteis mis penas, Montes, que mirais mis males, Vientos, que oís mis rigores, Llamas, que veis mis pesares, ¿Cómo todos permitís Que la mejor luz se apague, Que la mejor flor se os muera, Que el mejor suspiro os falte? Hombres que sabeis de amor, Advertirme en este lance, Decidme en esta desdicha, ¿Qué debe hacer un amante Que viniendo á ver su dama La noche que ha de lograrse Un amor de tantos dias, Bañada la halla en su sangre, Azucena guarnecida De más peligroso esmalte, Oro acrisolado al fuego Del más riguroso exámen? ¿Qué debe aquí hacer un triste Que el tálamo que esperarle Pudo, halla túmulo, donde La más adorada imágen, Que iba siguiendo deidad, Vino á conseguir cadáver? Mas no, no me respondais, No teneis que aconsejarme; Que si no obra por dolor Un hombre en sucesos tales, Mal obrará por consejo. ¡Oh montaña inexpugnable De la Alpujarra, oh teatro De la hazaña más cobarde, De la victoria más torpe, De la gloria más infame! ¡Oh nunca, oh nunca tus montes, Oh nunca, oh nunca tus valles Hubieran visto en su cumbre Hubieran visto en su márgen La más infeliz belleza! Mas ¿de qué sirve quejarme, Si las quejas, con ser quejas, Aun no son prendas del aire?

ESCENA VII.

DON FERNANDO VÁLOR, DOÑA ISABEL TUZANÍ, moriscos.—DON ÁLVARO; DOÑA CLARA, muerta.

Válor.

Aunque con lenguas de fuego Galera en su ayuda llame, Tarde hemos llegado.

D.ª Isab.

Y tanto, Que ya sus plazas y calles Son abrasadas cenizas, Que en llamas piramidales Se oponen á las estrellas.

D. Álv.

No os admire, no os espante Venir tan tarde vosotros, Si yo tambien vine tarde.

Válor.

¡Oh qué presagio tan triste!

D.ª Isab.

¡Qué asombro tan miserable!

Válor.

¿Qué es esto?

D. Álv.

Esta es la mayor Pena, este el dolor más grande, La desdicha más cruel, La desventura más grave; Que ver morir y morir Tan triste y tan lamentable- Mente lo que se ama, es La cifra de los pesares, El colmo de las desdichas Y el mayor mal de los males: Maleca ¡ay triste! mi esposa, Es (¡qué pena tan notable!) La que (¡qué dolor tan triste!) Pálida (¡qué duro trance!) Y sangrienta (¡qué cruel!) Estáis mirando delante. Aleve mano en su pecho Hizo herida penetrante Entre el fuego. ¿A quién no admira, A quién no asombra que apague Fuego á fuego, y que al acero Se dé á partido un diamante? Todos sois testigos, todos, Del más sacrílego ultraje, La más fiera accion, el más Triste horror, costoso exámen Del amor y la fortuna, Y así, desde aqueste instante Todos lo habeis de ser, todos, De la mayor, la más grande Y la más noble venganza Que en sus corónicas guarde La eternidad de los bronces, La duracion de los jaspes; Pues á esta beldad difunta, Flor truncada, rosa fácil, Que al fin maravilla muere Como maravilla nace, Hago juramento, hago Firme amoroso homenaje De vengar su muerte; y puesto Que Galera, á quien no en balde Dieron este nombre, ya Zozobrando sobre mares De púrpura que la anegan, De llamas que la combaten, Se va á pique despeñada Desde esta cumbre á ese valle; Pues ya de los españoles Apénas se escucha el parche, Y pues se van retirando, Yo iré siguiendo el alcance, Hasta que al mismo entre todos Homicida suyo halle: Vengaré, si no su muerte, A lo ménos mi coraje; Porque el fuego que lo ve, Porque el mundo que lo sabe, Porque el viento que lo escucha, La fortuna que lo hace, El cielo que lo permite, Hombres, fieras, peces, aves, Sol, luna, estrellas y flores, Agua, tierra, fuego, aire Sepan, conozcan, publiquen, Vean, adviertan, alcancen Que hay en un alarbe pecho, En un corazon alarbe Amor despues de la muerte, Porque áun ella no se alabe Que dividió su poder Los dos más firmes amantes. (Vase.)

Válor.

Detente, espera.

D.ª Isab.

Primero Harás que un rayo se pare.

Válor.

Retirad esa belleza Infeliz.—No os acobarde Ver que esa bárbara Troya Ese rústico homenaje Caiga en horror á la tierra, Vuele en cenizas al aire, Moriscos de la Alpujarra, Si para venganzas tales, Vuestro rey Abenhumeya No ciñe este acero en balde. (Vase.)

D.ª Isab.

(Ap.) ¡Pluguiera el cielo sus montes, Que son soberbios Atlantes Del fuego que los consume, Del viento que los combate, Ya titubear se viesen, Ya caducar se mirasen, Porque dieran fin en ellos Tantas infelicidades! (Vanse.)

Campo inmediato á Berja.

ESCENA VIII.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, DON JUAN DE MENDOZA, soldados.

D. Juan.

Ya que rendida Galera En rüinas se eterniza, Y que en su propria ceniza Es el fénix y la hoguera; Ya que del ardiente esfera, Entre el escándalo sumo, Un fragmento la presumo Adonde voraz y ciego Es el Minotauro el fuego Y es el laberinto el humo; No tenemos que esperar, Sino ántes que la aurora Cuaje las perlas que llora Sobre la espuma del mar, Empiece el campo á marchar A Berja; que mi atrevido Corazon, nunca vencido, Descanso no ha de tener Hasta á Abenhumeya ver A mis piés muerto ó vencido.

D. Lope.

Si quieres, señor, que hagamos De Berja lo que hemos hecho De Galera, satisfecho Estás de tus armas: vamos. Pero si el órden miramos Del Rey, no fué su intencion Destruir gentes que son Sus vasallos, sino dar Escarmientos, y templar El castigo y el perdon.

Mendoza.

Yo lo que Don Lope digo: Piadoso y cruel te crean, Y la cara al perdon vean, Pues vieron la del castigo. Sea su perdon testigo De tus piedades, señor: Témplese ya tu rigor, Pues más se suelen mostrar El valor en perdonar, Porque el matar no es valor.

D. Juan.

Mi hermano (es verdad) me envía A que esto apacigüe yo; Mas rogar sin armas, no Sabe la cólera mia. Pero ya que de mí fia Castigo y perdon, me obligo A que el mundo sea testigo Que uso en cualquiera ocasion Con las armas del perdon, Con los ruegos del castigo.— Don Juan...

Mendoza.

Señor...

D. Juan.

Vos iréis A Berja, donde está hoy Válor, y que á Berja voy, De mi parte le diréis. Público el perdon le haréis Y el castigo, y con igual Providencia al bien y al mal, Le diréis que si rendido Se quiere dar á partido, Daré perdon general A todos los rebelados, Con que vuelvan á vivir Con nosotros y asistir En sus oficios y estados; Que de los daños pasados Hoy mi justicia severa Más satisfaccion no espera; Que se rinda al fin, porqué, Si no, á Berja soplaré Las cenizas de Galera.

Mendoza.

A servirte voy. (Vase.)

ESCENA IX.

DON JUAN DE AUSTRIA, DON LOPE, soldados.

D. Lope.

No ha habido Saco jamás que haya dado Más provecho: no hay soldado Que rico no haya venido.

D. Juan.

¿Tanto tesoro escondido Dentro de Galera habia?

D. Lope.

Dígatelo la alegría De tus soldados.

D. Juan.

Yo quiero, Porque presentar espero A mi hermana y reina mia Desta guerra los trofeos, A los soldados feriar Cuanto fuere de enviar.

D. Lope.

Con esos mismos deseos Hice yo algunos empleos, Y esta sarta que he comprado A un hombre que la ha ganado, Te ofrezco por la mejor Joya para dar, señor.

D. Juan.

Buena es; y no es excusado Tomarla, por no excusar Lo que me habeis de pedir. Enséñeos yo á recibir, Pues vos me enseñais á dar.

D. Lope.

El precio es más singular Que os sirvais della y de mí.

ESCENA X.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ.—Dichos.

D. Álv.

(Sin ver á Don Juan.) Hoy, Alcuzcuz, sólo á tí Quiero, en la empresa que sigo, Por compañero y amigo.

Alcuzc.

Muy bien te fiar de mí; Aunque tu esfuerzo, no sé Qué ser lo que acá procura.

(Ap. á Don Álvaro.)

Mas quedo; que éste es su Altura.

D. Álv.

¿Aqueste es Don Juan?

Alcuzc.

Sí á fe.

D. Álv.

Con atencion le veré, Por su fama y su opinion.

D. Juan.

¡Qué iguales las perlas son!

D. Álv.

(Ap.) Y ya, aunque yo no quisiera Con atencion verle, fuera Precisa en mí la atencion. Aquella sarta ¡ay de mí! Que en su mano ¡ay alma! ves, Bien la he conocido, es La que yo á Maleca di.

D. Juan.

Vamos, Don Lope, de aquí. ¡Qué admirado este soldado De mirarme se ha quedado!

D. Lope.

Pues ¿quién, señor, no se admira, Cada vez que el rostro os mira?

(Vanse Don Juan, Don Lope y soldados.)

ESCENA XI.

DON ÁLVARO, ALCUZCUZ.

D. Álv.

Suspenso y mudo he quedado.

Alcuzc.

Ya, señor, que solo estás, ¿Por qué has bajado, decir, De la Alpujarra, y venir Aquí?

D. Álv.

Presto lo sabrás.

Alcuzc.

Mé no querer saber más De que hasta aquí haber venido, Para ser arrepentido De seguirte.

D. Álv.

Pues ¿por qué?

Alcuzc.

Escuchar, é lo diré. Mé, sonior, cativo he sido De un cristianilio soldado, Que si en el campo me ver, Matar.

D. Álv.

¿Cómo puede ser, Si vienes tan disfrazado, Conocerte? Y pues mudado El traje los dos traemos, Pasar entre ellos podemos, Sin sospecha averiguada, Por cristianos, pues en nada Ya moriscos parecemos.

Alcuzc.

Tú, que bien el lengua hablar, Tú, que cativo no ser, Tú, que español parecer, Seguro poder pasar; Mé, que no sé pernunciar, Mé, que preso haber estado, Mé, que este traje no he usado, ¿Cómo excusar el castigo?

D. Álv.

Hablando solo conmigo, Pues, en fin, en un criado Ninguno reparará.

Alcuzc.

¿E si álguien quiere saber De mé algo?

D. Álv.

No responder.

Alcuzc.

¿Quién no responder podrá?

D. Álv.

Quien mire cuánto le va.

Alcuzc.

Mahoma solamente pudo Hacerme por fuerza mudo, Siendo tan grande hablador.

D. Álv.

Necios extremos de amor, No dudo ¡ay de mí! no dudo Que acuseis mi atrevimiento, Pues idólatra gentil De un sol puesto, en treinta mil Un soldado hallar intento A quien sigo por el viento, Pues ni señas ni razon Traigo dél; mas confusion Por admiracion me das: ¿Qué importa un prodigio más, Adonde tantos lo son? Bien sé, bien, que no es posible Hallar mi venganza, no; Mas ¿qué hiciera yo, si yo No intentara lo imposible? Pero aunque bien infalible Ví la primer seña, en vano La creo, porque está llano Que es quien es, y es cosa clara Que un noble no ensangrentara En una mujer la mano; Porque valor no asegura, Porque no arguye nobleza, Quien no admira una belleza, Quien no adora una hermosura, Que en sí misma está segura: Luego no es suyo el rigor. Mienten sus señas, amor, Tus indicios han mentido; Que otro ha sido, que otro ha sido El vil, el fiero, el traidor.

Alcuzc.

¿Ser eso á qué haber venido?

D. Álv.

Sí.

Alcuzc.

Pues presto nos volver, Porque ¿cómo puede ser Sin haberle conocido, · · · · · · · · · · ·[18] Hallarle?

D. Álv.

Cuando el efeto No alcance, me lo prometo.

Alcuzc.

Esas el cartas serán De «En la corte á mi hijo Juan, Que andar vestido de prieto.»

D. Álv.

A tí no te toca más...

Alcuzc.

Ya saber, que hablar por señas En álguien viniendo.

D. Álv.

Sí.

Alcuzc.

Ponga Alá tiento en mi lengua.

ESCENA XII.

Soldados.—Dichos.

Sold. 1.º

La ganancia está partida Bien así, pues el que juega, Aunque vaya por dos, siempre Algo de ribete lleva.

Sold. 2.º

¿Por qué no ha de ser igual La ganancia, si lo fuera La pérdida?

Sold. 3.º

Eso sí que es justo.

Sold. 1.º

Mirad; yo nunca quisiera Tener con mis camaradas Por intereses pendencias: Haya solamente un hombre Que diga que es razon esa, Y yo no hablaré palabra.

Sold. 2.º

¿Mas que lo dice cualquiera? ¡Ah soldado!...

Alcuzc.

(Ap.)¡A mé decir, E no responder! ¡Paciencia!

Sold. 2.º

¿No respondeis?

Alcuzc.

Ha, ha, ha.

Sold. 3.º

Mudo es.

Alcuzc.

(Ap.)¡Si bien lo supieran!

D. Álv.

(Ap. Este ha de echarme á perder Si yo no salgo á la enmienda. Divertirlo importa.) Hidalgos, Perdonad, por vida vuestra, Si no entiende ese criado Lo que le mandais, pues muestra Bien que es mudo.

Alcuzc.

(Ap.)No ser mudo; Mas ser en casion como esta Pique, repique y capote, Pues que no tiene respuesta.

Sold. 2.º

Lo que decirle queria, Ha sido suerte que pueda Mejorarse en vos, que es duda.

D. Álv.

Yo holgara satisfacerla.

Sold. 1.º

Yo he ganado por los dos Entre el dinero una prenda, Que es este Cupido...

D. Álv.

(Ap.)¡Ay triste!

Sold. 1.º

De diamantes.

D. Álv.

(Ap.)¡Ay Maleca! Las joyas son de tu bodas Despojos de tus exequias. ¿Cómo he de vengarla, cómo, Si van tomando las señas Los extremos, pues alcanza Desde un soldado á una Alteza?

Sold. 1.º

Al partir, pues, la ganancia, Le doy el Cupido en cuenta En lo que yo le gané; Dice él que no quiere prendas: Mirad si habiendo ganado Yo, no es justo que prefiera En la particion.

D. Álv.

Yo quiero Componer la diferencia, Ya que he llegado á ocasion, Dando el dinero por ella En que estuviere jugada; Pero con una advertencia, Que he de saber yo primero Quién la trajo, porque sea Segura.

Sold. 2.º

Seguras son Todas cuantas hoy se juegan; Porque todo se ha ganado En el saco de Galera A esos perros.

D. Álv.

(Ap.)¡Que yo, cielos, Tal escuche y tal consienta!

Alcuzc.

(Ap.) ¡Qué mé, ya que no matar, No poderle hablar siquiera!

Sold. 1.º

Yo os pondré con quien la trajo; Que él me contó aquí por señas, Que entre sus joyas quitado La habia á una morisca bella, A quien dió muerte.

D. Álv.

(Ap.)¡Ay de mí!

Sold. 1.º

Venid: de su boca mesma Lo oiréis.

D. Álv.

(Ap.No oiré; que primero, Como una vez quién es sepa, Le mataré á puñaladas.) Vamos. (Vanse.)

Vista exterior de un cuerpo de guardia.

ESCENA XIII.

Soldados; y luego, GARCÉS, DON ÁLVARO y ALCUZCUZ.

Soldads.

(Dentro.) Deténganse.

Otros.

(Dentro.)Afuera. (Riñen dentro.)

Un Sold.

(Dentro.) Tengo de darle la muerte, Aunque el mundo lo defienda.

Otro.

Con nuestro enemigo es.

Otro.

Pues, amigo, muera, muera.

Garcés.

(Dentro.) Si yo estoy solo ¿qué importa Que todos contra mí sean?

(Salen riñendo Garcés y soldados, y deteniéndolos Don Álvaro; detras Alcuzcuz.)

D. Álv.

Tantos á uno, soldados, Es infamia y es bajeza. Deténganse, ó haré yo, Vive Dios, que se detengan.

Alcuzc.

(Ap.) ¡A bonas cosas venir, A no hablar, é á ver pendencias!

Un Sold.

Muerto soy. (Cae dentro.)

ESCENA XIV.

DON LOPE, soldados.—Dichos.

D. Lope.

¿Qué es esto?

Un Sold.

Muerto Está: huyamos, no nos prendan.

(Huyen todos los que reñian.)

Garcés.

(A Don Álvaro.) La vida os debo, soldado: Yo, yo os pagaré la deuda. (Vase.)

D. Lope.

Detenéos.

D. Álv.

Ya lo estoy.

D. Lope.

De los dos las armas vengan: Quitadle la espada.

D. Álv.

(Ap.¡Ay cielo!) Mire Usiría y advierta Que á poner paz la saqué, Sin ser mia la pendencia.

D. Lope.

Yo sólo sé que en el cuerpo De guardia os hallo, con ella Desnuda y un hombre muerto.

D. Álv.

(Ap.) Imposible es mi defensa. ¿A quién habrá sucedido Que á matar á un hombre venga, Y por darle vida á otro, En tal peligro se vea?

D. Lope.

Y vos, ¿no dais esa espada? ¡Bueno! ¿hablador sois de señas? Pues yo os he visto otra vez Hablar, si bien se me acuerda. En ese cuerpo de guardia Presos aquestos dos tengan, Miéntras sigo á los demas.

Alcuzc.

(Ap.) Dos cosas me daban pena, Pendencia, é caliar; ya ser Tres, si bien hacer el cuenta. Una, dos, tres: sí, tres ser, Prision, caliar é pendencia. (Llévanlos.)

ESCENA XV.

DON JUAN DE AUSTRIA.—DON LOPE; despues, DON JUAN DE MENDOZA.

D. Juan.

¿Qué ha sido aquesto, Don Lope?

D. Lope.

Fué, señor, una pendencia En que un hombre muerto ha habido.

D. Juan.

Pues si cosas como esas No se castigan, habrá Cada dia mil tragedias; Mas usarse ha con templanza De la justicia. (Sale Don Juan de Mendoza.)

Mendoza.

Tu Alteza Me dé sus piés.

D. Juan.

¿Qué hay, Mendoza? ¿Qué responde Abenhumeya?

Mendoza.

Sorda trompeta de paz Toqué á la vista de Berja, Y muda bandera blanca Me respondió á la trompeta. Entré con seguro dentro, Llegué al dosel ó á la esfera De Abenhumeya... Bien dije, Si estaba con él la bella Doña Isabel Tuzaní, Que hoy es Lidora, y su reina. A la usanza de su ley En una almohada me sienta, Gozando de embajador En todo la prêminencia, (Ap. ¡Ay, amor, qué neciamente Dormidos gustos despiertas!) Y él de rey la autoridad. Dí tu embajada; y apénas Se divulgó que hoy á todos Dabas perdon, cuando empiezan Por las plazas y las calles, A hacer alegrías y fiestas. Pero Abenhumeya, hijo Del valor y la soberbia, Encendido en saña, viendo Cuánto alborota y altera A sus gentes el perdon, Esto me dió por respuesta: «Yo soy rey de la Alpujarra; »Y aunque es provincia pequeña, »A mi valor, presto España »Se verá á mis plantas puesta. »Si no quieres ver su muerte, »Díle á Don Juan que se vuelva, »Y si algun baharí morisco »Gozar dese indulto piensa, »Llevátele tú contigo »A que sirva en esa guerra »A Felipe, porque así »Haya ese más á quien venza.» Con esto me despidió, Dejando ya en arma puesta La Alpujarra, porque toda, Ya civiles bandos hecha, Unos «España» apellidan, Otros «Africa» vocean; De suerte que su mayor Ruina, que su mayor guerra Hoy, parciales y divisos, Tienen dentro de sus puertas.

D. Juan.

Nunca tiene más asiento, Más duracion ni más fuerza Un rey tirano, porque Los primeros que le alientan Al principio, son al fin Los primeros que le dejan, Quizá bañado en su sangre. Y pues hoy desa manera La Alpujarra está, ántes que ellos Víboras humanas sean Que se dén muerte á sí mismos, Marche el campo todo á Berja, Y venzámoslos nosotros Primero que ellos se venzan: No hagamos suya la hazaña, Si hacerla podemos nuestra. (Vanse.)

Prision en el cuerpo de guardia.

ESCENA XVI.

ALCUZCUZ y DON ÁLVARO, con las manos atadas.

Alcuzc.

El rato que estar aquí Solos los dos é poder Hablar, quijera saber, Sonior Tozaní, de tí, Ya que Alpojarra dejar E á aquesta terra venir, Si fué á matar, ó á morir.

D. Álv.

A morir, y no á matar.

Alcuzc.

Quien poner en paz pendencia, El peor parte ha lievado.

D. Álv.

Como yo no era culpado, No me puse en resistencia; Que este corazon gentil Puesto en defensa, mil presto Me dejaran.

Alcuzc.

Con todo esto, Yo me atener á los mil.

D. Álv.

En fin, ¿yo dejé de ver Al que infame se alabó De que las joyas quitó, Dando muerte á una mujer?

Alcuzc.

No ser eso lo peor, Si no estar mandados ya Confesar. Mas ¿qué será Ver venir al confesor, Creyendo crestianos ser?

D. Álv.

Ya que todo lo he perdido, Me he de vender bien vendido.

Alcuzc.

Pues ¿qué pensar ahora hacer?

D. Álv.

Con un puñal que escondido En la cinta me quedó, Que siempre debajo yo De la casaca he traido, Dar á esa posta la muerte.

Alcuzc.

¿Con qué manos?

D. Álv.

¿No podrás Con los dientes por detras Romper ese lazo fuerte?

Alcuzc.

Por detras... y dientes... no Estar muy limpia la traza.

D. Álv.

Llega, rompe ó desenlaza El cordel...

Alcuzc.

Sí haré.

D. Álv.

Que yo Veré si te ven.

Alcuzc.

(Desátale.)Ya estar: Romper tú el mio.

D. Álv.

No puedo; Que entra gente.

Alcuzc.

Así me quedo Con cordel y sin hablar. (Retiránse.)

ESCENA XVII.

Un soldado, que hace la posta; GARCÉS, con prisiones.—Dichos.

Soldado.

(A Garcés.) Aquel vuestro camarada Y un criado suyo mudo, Que animoso sacar pudo A vuestro lado la espada, Son los que veis.

Garcés.

Aunque es fuerza Sentir que me hayan prendido Tantos como me han seguido, En una parte me esfuerza A no sentirlo el librar A quien la vida me dió, Pues en su descargo yo Me tengo de declarar. Vos á Don Juan mi señor De Mendoza le decí Cómo preso quedo aquí: Que merced me haga y favor De verme, para que pida Mi vida al señor Don Juan, Pues mis servicios serán Los méritos de mi vida.

Soldado.

Yo le diré que aquí os vea, En acabando de hacer La posta.

D. Álv.

(Ap. á Alcuzcuz.) Tú puedes ver, Como al descuido, quién sea El que con la posta ha entrado En la prision.

Alcuzc.

Sí veré.— ¡Ay de mí! (Repara en Garcés.)

D. Álv.

¿Que tienes?

Alcuzc.

¿Qué? El haber aquí llegado...

D. Álv.

Prosigue.

Alcuzc.

Estar de horror lleno.

D. Álv.

Habla.

Alcuzc.

De temor no vivo.

D. Álv.

Di.

Alcuzc.

Ser de quien fuí cautivo, Ser á quien corrí el vonero. Sin duda saber que aquí Estar... Mas por sí ó por nó, El cara guardaré yo, Para que no me vea, así.

(Échase como que quiere dormir.)

Garcés.

(Á Don Álvaro.) Puesto que sin conoceros Ni haberos servido en nada, Me dió vida vuestra espada, Bien crêreis que siento el veros Desa suerte. Si pudiera Tener mi prision consuelo, El libraros, vive el cielo, Sólo mi consuelo fuera.

D. Álv.

Guardeos Dios.

Alcuzc.

(Ap.)¿Preso venir Y el de la pendencia ser? Sí que entónces no le ver Con la prisa del reñir.

Garcés.

En fin, hidalgo, no os dé Cuidado vuestra prision; Que yo por la obligacion En que entónces os quedé, La vida pondré, primero Que vos, siendo mia, pagueis La culpa que no teneis.

D. Álv.

De vuestro valor lo espero; Si bien mi prision no ha sido Lo que más siento, por Dios, Sino que perdí por vos La ocasion que me ha traido A esta tierra.

Soldado.

No teneis Que temer los dos morir, Pues siempre he oido decir, Y áun vosotros lo sabeis, Que si de una muerte son Dos los cómplices, no habiendo Más de una herida, y no siendo Caso pensado ó traicion, Uno muera solamente, Y que éste que muere sea El de la cara más fea.

Alcuzc.

(Ap.) El que tal decir revente.

Soldado.

Y así, el tal mudo este dia, De todos tres, morirá. (Vase.)

ESCENA XVIII.

DON ÁLVARO, GARCÉS, ALCUZCUZ.

Alcuzc.

(Ap.) Claro estar, porque no habrá Cara peor que la mia En el mundo.

Notes in this chapter

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