LA VIDA ES SUEÑO.
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PERSONAS.
Basilio, rey de Polonia. Segismundo, príncipe. Astolfo, duque de Moscovia. Clotaldo, viejo. Clarin, gracioso. Estrella, infanta. Rosaura, dama. Soldados. Guardas. Músicos. Acompañamiento. Criados. Damas.
La escena es en la corte de Polonia, en una fortaleza poco distante y en el campo.
JORNADA PRIMERA.
A un lado monte fragoso y al otro una torre cuya planta baja sirve de prision á Segismundo. La puerta, que da frente al espectador, está entreabierta. La accion principia al anochecer.
ESCENA PRIMERA.
ROSAURA, CLARIN.
(Rosaura vestida de hombre aparece en lo alto de las peñas, y baja á lo llano; tras ella viene Clarin.)
Rosaura.
Hipogrifo violento Que corriste parejas con el viento, ¿Dónde rayo sin llama, Pájaro sin matiz, pez sin escama, Y bruto sin instinto Natural, al confuso laberinto Destas desnudas peñas Te desbocas, arrastras y despeñas? Quédate en este monte, Donde tengan los brutos su Faetonte; Que yo, sin más camino Que el que me dan las leyes del destino. Ciega y desesperada Bajaré la aspereza enmarañada Deste monte eminente, Que arruga al sol el ceño de su frente. Mal, Polonia, recibes A un extranjero, pues con sangre escribes Su entrada en tus arenas, Y apénas llega, cuando llega á penas. Bien mi suerte lo dice; ¿Mas dónde halló piedad un infelice?
Clarin.
Dí dos, y no me dejes En la posada á mí cuando te quejes; Que si dos hemos sido Los que de nuestra patria hemos salido A probar aventuras, Dos los que entre desdichas y locuras Aquí habemos llegado, Y dos los que del monte hemos rodado, ¿No es razon que yo sienta Meterme en el pesar, y no en la cuenta?
Rosaura.
No te quiero dar parte En mis quejas, Clarin, por no quitarte, Llorando tu desvelo, El derecho que tienes tú al consuelo. Que tanto gusto habia En quejarse, un filósofo decia, Que, á trueco de quejarse, Habian las desdichas de buscarse.
Clarin.
El filósofo era Un borracho barbon: ¡oh! ¡quién le diera Más de mil bofetadas! Quejárase despues de muy bien dadas. ¿Mas qué haremos, señora, A pié, solos, perdidos y á esta hora En un desierto monte, Cuando se parte el sol á otro horizonte?
Rosaura.
¡Quién ha visto sucesos tan extraños! Mas si la vista no padece engaños Que hace la fantasía, A la medrosa luz que áun tiene el dia, Me parece que veo Un edificio.
Clarin.
Ó miente mi deseo, Ó termino las señas.
Rosaura.
Rústico nace entre desnudas peñas Un palacio tan breve, Que al sol apénas á mirar se atreve: Con tan rudo artificio La arquitectura está de su edificio, Que parece, á las plantas De tantas rocas y de peñas tantas Que al sol tocan la lumbre, Peñasco que ha rodado de la cumbre.
Clarin.
Vámonos acercando; Que este es mucho mirar, señora, cuando Es mejor que la gente Que habita en ella, generosamente Nos admita.
Rosaura.
La puerta (Mejor diré funesta boca) abierta Está, y desde su centro Nace la noche, pues la engendra dentro.
(Suenan dentro cadenas.)
Clarin.
¡Qué es lo que escucho, cielo!
Rosaura.
Inmóvil bulto soy de fuego y hielo.
Clarin.
¿Cadenita hay que suena? Mátenme, si no es galeote en pena: Bien mi temor lo dice.
ESCENA II.
SEGISMUNDO, en la torre.—ROSAURA, CLARIN.
Segism.
(Dentro.) ¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice!
Rosaura.
¡Qué triste voz escucho! Con nuevas penas y tormentos lucho.
Clarin.
Yo con nuevos temores.
Rosaura.
Clarin...
Clarin.
Señora...
Rosaura.
Huyamos los rigores Desta encantada torre.
Clarin.
Yo áun no tengo Ánimo para huir, cuando á eso vengo.
Rosaura.
¿No es breve luz aquella Caduca exhalacion, pálida estrella, Que en trémulos desmayos, Pulsando ardores y latiendo rayos, Hace más tenebrosa La oscura habitacion con luz dudosa? Sí, pues á sus reflejos Puedo determinar (aunque de léjos) Una prision oscura, Que es de un vivo cadáver sepultura; Y porque más me asombre, En el traje de fiera yace un hombre De prisiones cargado, Y sólo de una luz acompañado. Pues huir no podemos, Desde aquí sus desdichas escuchemos: Sepamos lo que dice.
(Abrense las hojas de la puerta, y descúbrese Segismundo con una cadena y vestido de pieles. Hay luz en la torre.)
Segism.
¡Ay mísero de mí! ¡Ay infelice! Apurar, cielos, pretendo, Ya que me tratais así, Qué delito cometí Contra vosotros naciendo: Aunque si nací, ya entiendo Qué delito he cometido: Bastante causa ha tenido Vuestra justicia y rigor, Pues el delito mayor Del hombre es haber nacido. Solo quisiera saber Para apurar mis desvelos (Dejando á una parte, cielos, El delito del nacer), ¿Qué más os pude ofender, Para castigarme más? ¿No nacieron los demas? Pues si los demas nacieron, ¿Qué privilegios tuvieron Que yo no gocé jamás? Nace el ave, y con las galas Que le dan belleza suma, Apénas es flor de pluma, Ó ramillete con alas, Cuando las etéreas alas Corta con velocidad, Negándose á la piedad Del nido que deja en calma: ¿Y teniendo yo más alma, Tengo ménos libertad? Nace el bruto, y con la piel Que dibujan manchas bellas, Apénas signo es de estrellas (Gracias al docto pincel), Cuando atrevido y cruel, La humana[1] necesidad Le enseña á tener crueldad, Monstruo de su laberinto: ¿Y yo con mejor instinto Tengo ménos libertad? Nace el pez, que no respira, Aborto de ovas y lamas, Y apénas bajel de escamas Sobre las ondas se mira, Cuando á todas partes gira, Midiendo la inmensidad De tanta capacidad Como le da el centro frio: ¿Y yo con más albedrío Tengo ménos libertad? Nace el arroyo, culebra Que entre flores se desata, Y apénas, sierpe de plata, Entre las flores se quiebra, Cuando músico celebra De las flores la piedad, Que le da la majestad Del campo abierto á su huida: ¿Y teniendo yo más vida Tengo ménos libertad? En llegando á esta pasion, Un volcan, un Etna hecho, Quisiera arrancar del pecho Pedazos del corazon: ¿Qué ley, justicia ó razon Negar á los hombres sabe Privilegio tan süave, Excepcion tan principal, Que Dios le ha dado á un cristal, Á un pez, á un bruto y á un ave?
Rosaura.
Temor y piedad en mí Sus razones han causado.
Segism.
¿Quién mis voces ha escuchado? ¿Es Clotaldo?
Clarin.
(Ap. á su amo.) Dí que sí.
Rosaura.
No es sino un triste (¡ay de mí!) Que en estas bóvedas frias Oyó tus melancolías.
Segism.
Pues muerte aquí te daré, Porque no sepas que sé (Ásela.) Que sabes flaquezas mias. Sólo porque me has oido, Entre mis membrudos brazos Te tengo de hacer pedazos.
Clarin.
Yo soy sordo, y no he podido Escucharte.
Rosaura.
Si has nacido Humano, baste el postrarme Á tus piés para librarme.
Segism.
Tu voz pudo enternecerme, Tu presencia suspenderme Y tu respeto turbarme. ¿Quién eres? que aunque yo aquí Tan poco del mundo sé, Que cuna y sepulcro fué Esta torre para mí: Y aunque desde que nací (Si esto es nacer) sólo advierto Este rústico desierto, Donde miserable vivo, Siendo un esqueleto vivo, Siendo un animado muerto: Y aunque nunca ví ni hablé, Sino á un hombre solamente Que aquí mis desdichas siente, Por quien las noticias sé De cielo y tierra, y aunque Aquí, porque más te asombres Y monstruo humano me nombres, Entre asombros y quimeras, Soy un hombre de las fieras, Y una fiera de los hombres: Y aunque en desdichas tan graves La política he estudiado, De los brutos enseñado, Advertido de las aves, Y de los astros süaves Los círculos he medido; Tú sólo, tú has suspendido La pasion á mis enojos, La suspension á mis ojos, La admiracion á mi oido. Con cada vez que te veo Nueva admiracion me das, Y cuando te miro más, Aun más mirarte deseo. Ojos hidrópicos creo Que mis ojos deben ser; Pues cuando es muerte el beber, Beben más, y desta suerte, Viendo que el ver me da muerte, Estoy muriendo por ver. Pero véate yo y muera; Que no sé, rendido ya. Si el verte muerte me da, El no verte qué me diera. Fuera, más que muerte fiera. Ira, rabia y dolor fuerte; Fuera muerte: desta suerte Su rigor he ponderado. Pues dar vida á un desdichado Es dar á un dichoso muerte.
Rosaura.
Con asombro de mirarte. Con admiracion de oirte, Ni sé qué pueda decirte. Ni qué pueda preguntarte: Sólo diré que á esta parte Hoy el cielo me ha guiado Para haberme consolado, Si consuelo puede ser Del que es desdichado, ver Otro que es más desdichado. Cuentan de un sabio, que un dia Tan pobre y mísero estaba, Que sólo se sustentaba De unas yerbas que cogia. ¿Habrá otro (entre sí decia) Más pobre y triste que yo? Y cuando el rostro volvió, Halló la respuesta, viendo Que iba otro sabio cogiendo Las hojas que él arrojó. Quejoso de la fortuna Yo en este mundo vivia, Y cuando entre mí decia: ¿Habrá otra persona alguna De suerte más importuna? Piadoso me has respondido; Pues volviendo en mi sentido. Hallo que las penas mias, Para hacerlas tú alegrías Las hubieras recogido. Y por si acaso mis penas Pueden en algo aliviarte, Óyelas atento, y toma Las que dellas me sobraren. Yo soy...
ESCENA III.
CLOTALDO, SOLDADOS.—SEGISMUNDO, ROSAURA, CLARIN.
Clotal.
(Dentro.) Guardas desta torre, Que, dormidas ó cobardes, Dísteis paso á dos personas Que han quebrantado la cárcel...
Rosaura.
Nueva confusion padezco.
Segism.
Este es Clotaldo, mi alcaide. ¿Aun no acaban mis desdichas?
Clotal.
(Dentro.) Acudid, y vigilantes, Sin que puedan defenderse, Ó prendedles, ó matadles.
Voces.
(Dentro.) ¡Traicion!
Clarin.
Guardas desta torre. Que entrar aquí nos dejasteis. Pues que nos dais á escoger. El prendernos es más fácil.
(Salen Clotaldo y los soldados: él con una pistola, y todos con los rostros cubiertos.)
Clotal.
(Aparte á los soldados al salir.) Todos os cubrid los rostros; Que es diligencia importante Miéntras estamos aquí Que no nos conozca nadie.
Clarin.
¿Enmascaraditos hay?
Clotal.
Oh vosotros que ignorantes, De aqueste vedado sitio Coto y término pasasteis Contra el decreto del Rey, Que manda que no ose nadie Examinar el prodigio Que entre esos peñascos yace, Rendid las armas y vidas, Ó aquesta pistola, áspid De metal, escupirá El veneno penetrante De dos balas, cuyo fuego Será escándalo del aire.
Segism.
Primero, tirano dueño, Que los ofendas ni agravies, Será mi vida despojo Destos lazos miserables; Pues en ellos, vive Dios, Tengo de despedazarme Con las manos, con los dientes, Entre aquestas peñas, ántes Que su desdicha consienta Y que llore sus ultrajes.
Clotal.
Si sabes que tus desdichas, Segismundo, son tan grandes, Que ántes de nacer moriste Por ley del cielo; si sabes Que aquestas prisiones son De tus furias arrogantes Un freno que las detenga Y una rueda que las pare, ¿Por qué blasonas? La puerta (A los soldados.) Cerrad de esa estrecha cárcel; Escondedle en ella.
Segism.
¡Ah, cielos, Qué bien haceis en quitarme La libertad! porque fuera Contra vosotros gigante, Que para quebrar al sol Esos vidrios y cristales, Sobre cimientos de piedra Pusiera montes de jaspe.
Clotal.
Quizá, porque no los pongas, Hoy padeces tantos males.
(Llévanse algunos soldados á Segismundo y enciérranle en su prision.)
ESCENA IV.
ROSAURA, CLOTALDO, CLARIN, SOLDADOS.
Rosaura.
Ya que ví que la soberbia Te ofendió tanto, ignorante Fuera en no pedirte humilde Vida que á tus plantas yace. Muévate en mí la piedad; Que será rigor notable, Que no hallen favor en tí Ni soberbias ni humildades.
Clarin.
Y si humildad ni soberbia No te obligan, personajes Que han movido y removido Mil autos sacramentales, Yo, ni humilde ni soberbio, Sino entre las dos mitades Entreverado, te pido Que nos remedies y ampares.
Clotal.
¡Hola!
Soldado.
Señor...
Clotal.
A los dos Quitad las armas, y atadles Los ojos, porque no vean Cómo ni de dónde salen.
Rosaura.
Mi espada es esta, que á tí Solamente ha de entregarse, Porque al fin, de todos eres El principal, y no sabe Rendirse á ménos valor.
Clarin.
La mia es tal, que puede darse Al más rüin: tomadla vos. (A un soldado.)
Rosaura.
Y si he de morir, dejarte Quiero, en fe desta piedad, Prenda que pudo estimarse Por el dueño que algun dia Se la ciñó: que la guardes Te encargo, porque aunque yo No sé qué secreto alcance, Sé que esta dorada espada Encierra misterios grandes, Pues solo fiado en ella Vengo á Polonia á vengarme De un agravio.
Clotal.
(Aparte.) ¡Santos cielos! ¡Qué es esto! ya son más graves Mis penas y confusiones, Mis ánsias y mis pesares. ¿Quién te la dió?
Rosaura.
Una mujer.
Clotal.
¿Cómo se llama?
Rosaura.
Que calle Su nombre es fuerza.
Clotal.
¿De qué Infieres ahora, ó sabes, Que hay secreto en esta espada?
Rosaura.
Quien me la dió, dijo: «Parte A Polonia, y solicita Con ingenio, estudio ó arte, Que te vean esa espada Los nobles y principales, Que yo sé que alguno dellos Te favorezca y ampare;» Que por si acaso era muerto, No quiso entónces nombrarle.
Clotal.
(Ap.) ¡Válgame el cielo, qué escucho! Aun no sé determinarme Si tales sucesos son Ilusiones ó verdades. Esta es la espada que yo Dejé á la hermosa Violante. Por señas que el que ceñida La trajera, habia de hallarme Amoroso como hijo, Y piadoso como padre. Pues ¿qué he de hacer (¡ay de mi!) En confusion semejante, Si quien la trae por favor, Para su muerte la trae, Pues que sentenciado á muerte Llega á mis piés? ¡Qué notable Confusion! ¡Qué triste hado! ¡Qué suerte tan inconstante! Este es mi hijo, y las señas Dicen bien con las señales Del corazon, que por verlo Llama al pecho, y en él bate Las alas, y no pudiendo Romper los candados, hace Lo que aquel que está encerrado, Y oyendo ruido en la calle Se asoma por la ventana: El así, como no sabe Lo que pasa, y oye el ruido, Va á los ojos á asomarse, Que son ventanas del pecho Por donde en lágrimas sale. ¿Qué he de hacer? (¡Valedme, cielos!) ¿Qué he de hacer? Porque llevarle Al Rey, es llevarle (¡ay triste!) A morir. Pues ocultarle Al Rey no puedo, conforme A la ley del homenaje. De una parte el amor proprio, Y la lealtad de otra parte Me rinden. Pero ¿qué dudo? La lealtad del Rey ¿no es ántes Que la vida y que el honor? Pues ella viva y él falte. Fuera de que si ahora atiendo A que dijo que á vengarse Viene de un agravio, hombre Que está agraviado, es infame.— No es mi hijo, no es mi hijo, Ni tiene mi noble sangre. Pero si ya ha sucedido Un peligro, de quien nadie Se libró, porque el honor Es de materia tan frágil Que con una accion se quiebra Ó se mancha con un aire, ¿Qué más puede hacer, qué más, El que es noble, de su parte, Que á costa de tantos riesgos Haber venido á buscarle? Mi hijo es, mi sangre tiene, Pues tiene valor tan grande; Y así, entre una y otra duda, El medio más importante Es irme al Rey, y decirle Que es mi hijo, y que le mate. Quizá la misma piedad De mi honor podrá obligarle; Y si le merezco vivo, Yo le ayudaré á vengarse De su agravio; mas si el Rey, En sus rigores constante, Le da muerte, morirá Sin saber que soy su padre.— Venid conmigo, extranjeros,
(A Rosaura y Clarin.)
No temais, no, de que os falte Compañía en las desdichas, Pues en duda semejante De vivir ó de morir, No sé cuáles son más grandes. (Vanse.)
Salon del Palacio Real en la corte[2].
ESCENA V.
ASTOLFO y soldados, que salen por un lado, y por el otro la INFANTA ESTRELLA y damas. Música militar dentro y salvas.
Astolfo.
Bien al ver los excelentes Rayos, que fueron cometas, Mezclan salvas diferentes Las cajas y las trompetas, Los pájaros y las fuentes: Siendo con música igual, Y con maravilla suma, A tu vista celestial Unos, clarines de pluma, Y otras, aves de metal; Y así os saludan, señora, Como á su reina las balas, Los pájaros como Aurora, Las trompetas como á Pálas Y las flores como á Flora; Porque sois, burlando el dia Que ya la noche destierra, Aurora en el alegría, Flora en paz, Pálas en guerra, Y reina en el alma mia.
Estrel.
Si la voz se ha de medir Con las acciones humanas, Mal habeis hecho en decir Finezas tan cortesanas, Donde os pueda desmentir Todo ese marcial trofeo Con quien ya atrevida lucho; Pues no dicen, segun creo, Las lisonjas que os escucho, Con los rigores que veo. Y advertid que es baja accion, Que sólo á una fiera toca, Madre de engaño y traicion, El halagar con la boca Y matar con la intencion.
Astolfo.
Muy mal informada estais, Estrella, pues que la fe De mis finezas dudais, Y os suplico que me oigais La causa, á ver si la sé. Falleció Eustorgio tercero, Rey de Polonia, y quedó Basilio por heredero, Y dos hijas, de quien yo Y vos nacimos.—No quiero Cansaros con lo que tiene Lugar aquí.—Clorilene, Vuestra madre y mi señora, Que en mejor imperio ahora Dosel de luceros tiene, Fué la mayor, de quien vos Sois hija; fué la segunda, Madre y tia de los dos, La gallarda Recisunda, Que guarde mil años Dios; Casó en Moscovia, de quien Nací yo. Volver ahora Al otro principio es bien. Basilio, que ya, señora, Se rinde al comun desden Del tiempo, más inclinado A los estudios que dado A mujeres, enviudó Sin hijos, y vos y yo Aspiramos á este Estado. Vos alegais que habeis sido Hija de hermana mayor; Yo, que varon he nacido, Y aunque de hermana menor, Os debo ser preferido. Vuestra intencion y la mia A nuestro tio contamos: Él respondió que queria Componernos, y aplazamos Este puesto y este dia. Con esta intencion salí De Moscovia y de su tierra; Con esta llegué hasta aquí, En vez de haceros yo guerra, A que me la hagais á mí. ¡Oh! quiera Amor, sabio dios, Que el vulgo, astrólogo cierto, Hoy lo sea con los dos, Y que pare este concierto En que seais Reina vos, Pero Reina en mi albedrío, Dándôs, para más honor, Su corona nuestro tio, Sus triunfos vuestro valor Y su imperio el amor mio.
Estrel.
A tan cortés bizarría Ménos mi pecho no muestra, Pues la imperial monarquía Para sólo hacerla vuestra Me holgara que fuera mia; Aunque no está satisfecho Mi amor de que sois ingrato, Si en cuanto decís, sospecho Que os desmiente ese retrato Que está pendiente del pecho.
Astolfo.
Satisfaceros intento Con él... Mas lugar no da Tanto sonoro instrumento, (Tocan cajas.) Que avisa que sale ya El Rey con su parlamento.
ESCENA VI.
EL REY BASILIO, acompañamiento.—ASTOLFO, ESTRELLA, damas, soldados.
Estrel.
Sabio Táles...
Astolfo.
Docto Euclídes...
Estrel.
Que entre signos...
Astolfo.
Que entre estrellas...
Estrel.
Hoy gobiernas...
Astolfo.
Hoy resides...
Estrel.
Y sus caminos...
Astolfo.
Sus huellas...
Estrel.
Describes...
Astolfo.
Tasas y mides...
Estrel.
Deja que en humildes lazos...
Astolfo.
Deja que en tiernos abrazos...
Estrel.
Hiedra dese tronco sea.
Astolfo.
Rendido á tus piés me vea.
Basilio.
Sobrinos, dadme los brazos, Y creed, pues que leales Á mi precepto amoroso Venís con afectos tales, Que á nadie deje quejoso Y los dos quedeis iguales: Y así, cuando me confieso Rendido al prolijo peso, Sólo os pido en la ocasion Silencio, que admiracion Ha de pedirla el suceso. Ya sabeis (estadme atentos, Amados sobrinos mios, Corte ilustre de Polonia, Vasallos, deudos y amigos), Ya sabeis que yo en el mundo Por mi ciencia he merecido El sobrenombre de docto, Pues, contra el tiempo y olvido, Los pinceles de Timantes, Los mármoles de Lisipo, En el ámbito del orbe Me aclaman el gran Basilio. Ya sabeis que son las ciencias Que más curso y más estimo, Matemáticas sutiles, Por quien al tiempo le quito, Por quien á la fama rompo La jurisdiccion y oficio De enseñar más cada dia; Pues cuando en mis tablas miro Presentes las novedades De los venideros siglos, Le gano al tiempo las gracias De contar lo que yo he dicho. Esos círculos de nieve, Esos doseles de vidrio Que el sol ilumina á rayos, Que parte la luna á giros; Esos orbes de diamantes, Esos globos cristalinos Que las estrellas adornan Y que campean los signos, Son el estudio mayor De mis años, son los libros Donde en papel de diamante, En cuadernos de zafiro, Escribe con líneas de oro, En caracteres distintos, El cielo nuestros sucesos, Ya adversos ó ya benignos. Estos leo tan veloz, Que con mi espíritu sigo Sus rápidos movimientos Por rumbos y por caminos. ¡Pluguiera al cielo, primero Que mi ingenio hubiera sido De sus márgenes comento, Y de sus hojas registro, Hubiera sido mi vida El primero desperdicio De sus iras, y que en ellas Mi tragedia hubiera sido, Porque de los infelices Aun el mérito es cuchillo, Que á quien le daña el saber, Homicida es de sí mismo! Dígalo yo, aunque mejor Lo dirán sucesos mios, Para cuya admiracion Otra vez silencio os pido. En Clorilene, mi esposa, Tuve un infelice hijo, En cuyo parto los cielos Se agotaron de prodigios. Ántes que á la luz hermosa Le diese el sepulcro vivo De un vientre (porque el nacer Y el morir son parecidos), Su madre infinitas veces, Entre ideas y delirios Del sueño, vió que rompia Sus entrañas atrevido Un monstruo en forma de hombre, Y entre su sangre teñido, La daba muerte, naciendo Víbora humana del siglo. Llegó de su parto el dia, Y los presagios cumplidos (Porque tarde ó nunca son Mentirosos los impíos), Nació en horóscopo tal, Que el sol, en su sangre tinto, Entraba sañudamente Con la luna en desafío; Y siendo valla la tierra, Los dos faroles divinos A luz entera luchaban, Ya que no á brazo partido. El mayor, el más horrendo Eclipse que ha padecido El sol, despues que con sangre Lloró la muerte de Cristo, Este fué, porque anegado El orbe en incendios vivos, Presumió que padecia El último parasismo: Los cielos se oscurecieron, Temblaron los edificios, Llovieron piedras las nubes, Corrieron sangre los rios. En aqueste, pues, del sol Ya frenesí, ó ya delirio, Nació Segismundo, dando De su condicion indicios, Pues dió la muerte á su madre, Con cuya fiereza dijo: Hombre soy, pues que ya empiezo A pagar mal beneficios. Yo, acudiendo á mis estudios, En ellos y en todo miro Que Segismundo sería El hombre más atrevido, El príncipe más cruel Y el monarca más impío, Por quien su reino vendria A ser parcial y diviso, Escuela de las traiciones Y academia de los vicios; Y él, de su furor llevado, Entre asombros y delitos, Habia de poner en mí Las plantas, y yo rendido A sus piés me habia de ver, (¡Con qué vergüenza lo digo!) Siendo alfombra de sus plantas Las canas del rostro mio. ¿Quién no da crédito al daño, Y más al daño que ha visto En su estudio, donde hace El amor proprio su oficio? Pues dando crédito yo Á los hados, que divinos Me pronosticaban daños En fatales vaticinios, Determiné de encerrar La fiera que habia nacido, Por ver si el sabio tenía En las estrellas dominio. Publicóse que el infante Nació muerto, y prevenido Hice labrar una torre Entre las peñas y riscos De esos montes, donde apénas La luz ha hallado camino, Por defenderle la entrada Sus rústicos obeliscos. Las graves penas y leyes, Que con públicos edictos Declararon que ninguno Entrase á un vedado sitio Del monte, se ocasionaron De las causas que os he dicho. Allí Segismundo vive Mísero, pobre y cautivo, Adonde sólo Clotaldo Le ha hablado, tratado y visto. Este le ha enseñado ciencias; Este en la ley le ha instruido Católica, siendo sólo De sus miserias testigo. Aquí hay tres cosas: la una Que yo, Polonia, os estimo Tanto, que os quiero librar De la opresion y servicio De un rey tirano, porque No fuera señor benigno El que á su patria y su imperio Pusiera en tanto peligro. La otra es considerar Que si á mi sangre le quito El derecho que le dieron Humano fuero y divino, No es cristiana caridad; Pues ninguna ley ha dicho Que por reservar yo á otro De tirano y de atrevido, Pueda yo serlo, supuesto Que si es tirano mi hijo, Porque él delitos no haga, Vengo yo á hacer los delitos. Es la última y tercera El ver cuánto yerro ha sido Dar crédito fácilmente Á los sucesos previstos; Pues aunque su inclinacion Le dicte sus precipicios, Quizá no le vencerán, Porque el hado más esquivo, La inclinacion más violenta, El planeta más impío, Sólo el albedrío inclinan, No fuerzan el albedrío. Y así, entre una y otra causa, Vacilante y discursivo, Previne un remedio tal, Que os suspenda los sentidos. Yo he de ponerle mañana, Sin que él sepa que es mi hijo Y Rey vuestro, á Segismundo (Que aqueste su nombre ha sido) En mi dosel, en mi silla, Y en fin, en el lugar mio, Donde os gobierne y os mande, Y donde todos rendidos La obediencia le jureis; Pues con aquesto consigo Tres cosas, con que respondo Á las otras tres que he dicho. Es la primera, que siendo Prudente, cuerdo y benigno, Desmintiendo en todo al hado Que dél tantas cosas dijo, Gozaréis el natural Príncipe vuestro, que ha sido Cortesano de unos montes Y de sus fieras vecino. Es la segunda, que si él Soberbio, osado, atrevido Y cruel, con rienda suelta Corre el campo de sus vicios, Habré yo piadoso entónces Con mi obligacion cumplido; Y luégo en desposeerle Haré como Rey invicto, Siendo el volverle á la cárcel No crueldad, sino castigo. Es la tercera, que siendo El príncipe como os digo, Por lo que os amo, vasallos, Os daré reyes más dignos De la corona y el cetro; Pues serán mis dos sobrinos, Que junto en uno el derecho De los dos, y convenidos Con la fe del matrimonio, Tendrán lo que han merecido. Esto como rey os mando, Esto como padre os pido, Esto como sabio os ruego, Esto como anciano os digo; Y si el Séneca español, Que era humilde esclavo, dijo, De su república un rey, Como esclavo os lo suplico.
Astolfo.
Si á mí el responder me toca, Como el que en efecto ha sido Aquí el más interesado, En nombre de todos digo Que Segismundo parezca, Pues le basta ser tu hijo.
Todos.
Dános al príncipe nuestro, Que ya por rey le pedimos.
Basilio.
Vasallos, esa fineza Os agradezco y estimo. Acompañad á sus cuartos A los dos atlantes mios, Que mañana le vereis.
Todos.
¡Viva el grande rey Basilio!
(Éntranse todos acompañando á Estrella y á Astolfo: quédase el Rey.)
ESCENA VII.
CLOTALDO, ROSAURA, CLARIN.—BASILIO.
Clotal.
¿Podréte hablar? (Al Rey.)
Basilio.
¡Oh Clotaldo! Tú seas muy bien venido.
Clotal.
Aunque viniendo á tus plantas Era fuerza haberlo sido, Esta vez rompe, señor, El hado triste y esquivo El privilegio á la ley Y á la costumbre el estilo.
Basilio.
¿Qué tienes?
Clotal.
Una desdicha, Señor, que me ha sucedido, Cuando pudiera tenerla Por el mayor regocijo.
Basilio.
Prosigue.
Clotal.
Este bello jóven, Osado ó inadvertido, Entró en la torre, señor, Adonde al Príncipe ha visto, Y es...
Basilio.
No os aflijais, Clotaldo: Si otro dia hubiera sido, Confieso que lo sintiera; Pero ya el secreto he dicho, Y no importa que él lo sepa, Supuesto que yo lo digo. Vedme despues, porque tengo Muchas cosas que advertiros Y muchas que hagais por mí; Que habeis de ser, os aviso, Instrumento del mayor Suceso que el mundo ha visto: Y á esos presos, porque al fin No presumais que castigo Descuidos vuestros, perdono. (Vase.)
Clotal.
¡Vivas, gran señor, mil siglos!
ESCENA VIII.
CLOTALDO, ROSAURA, CLARIN.
Clotal.
(Ap. Mejoró el cielo la suerte: Ya no diré que es mi hijo, Pues que lo puedo excusar.) Extranjeros peregrinos, Libres estais.
Rosaura.
Tus piés beso Mil veces.
Clarin.
Y yo los viso, Que una letra más ó ménos No reparan dos amigos.
Rosaura.
La vida, señor, me has dado; Y pues á tu cuenta vivo, Eternamente seré Esclavo tuyo.
Clotal.
No ha sido Vida la que yo te he dado, Porque un hombre bien nacido, Si está agraviado, no vive; Y supuesto que has venido Á vengarte de un agravio, Segun tú proprio me has dicho, No te he dado vida yo, Porque tú no la has traido, Que vida infame no es vida. (Ap. Bien con aquesto le animo.)
Rosaura.
Confieso que no la tengo, Aunque de tí la recibo; Pero yo con la venganza Dejaré mi honor tan limpio, Que pueda mi vida luego, Atropellando peligros, Parecer dádiva tuya.
Clotal.
Toma el acero bruñido Que trajiste; que yo sé Que él baste, en sangre teñida De tu enemigo, á vengarte; Porque acero que fué mio (Digo este instante, este rato Que en mi poder le he tenido), Sabrá vengarte.
Rosaura.
En tu nombre Segunda vez me le ciño, Y en él juro mi venganza, Aunque fuese mi enemigo Más poderoso.
Clotal.
¿Eslo mucho?
Rosaura.
Tanto, que no te lo digo, No porque de tu prudencia Mayores cosas no fío, Sino porque no se vuelva Contra mí el favor que admiro En tu piedad.
Clotal.
Ántes fuera Ganarme á mí con decirlo; Pues fuera cerrarme el paso De ayudar á tu enemigo. (Ap. ¡Oh si supiera quién es!)
Rosaura.
Porque no pienses que estimo Tan poco esa confianza, Sabe que el contrario ha sido No ménos que Astolfo, duque De Moscovia.
Clotal.
(Ap. Mal resisto El dolor, porque es más grave, Que fué imaginado, visto. Apuremos más el caso.) Si moscovita has nacido, El que es natural señor, Mal agraviarte ha podido: Vuélvete á tu patria, pues, Y deja el ardiente brío Que te despeña.
Rosaura.
Yo sé, Que aunque mi príncipe ha sido, Pudo agraviarme.
Clotal.
No pudo, Aunque pusiera atrevido La mano en tu rostro. (Ap. ¡Ay cielos!)
Rosaura.
Mayor fué el agravio mio.
Clotal.
Dílo ya, pues que no puedes Decir más que yo imagino.
Rosaura.
Sí dijera; mas no sé Con qué respeto te miro, Con qué afecto te venero, Con qué estimacion te asisto, Que no me atrevo á decirte Que es este exterior vestido Enigma, pues no es de quien Parece: juzga advertido, Si no soy lo que parezco, Y Astolfo á casarse vino Con Estrella, si podrá Agraviarme. Harto te he dicho.
(Vanse Rosaura y Clarin.)
Clotal.
¡Escucha, aguarda, detente! ¿Qué confuso laberinto Es este, donde no puede Hallar la razon el hilo? Mi honor es el agraviado, Poderoso el enemigo, Yo vasallo, ella mujer: Descubra el cielo camino; Aunque no sé si podrá, Cuando en tan confuso abismo Es todo el cielo un presagio, Y es todo el mundo un prodigio.
JORNADA SEGUNDA.
ESCENA PRIMERA.
BASILIO, CLOTALDO.
Clotal.
Todo, como lo mandaste, Queda efectuado.
Basilio.
Cuenta, Clotaldo, cómo pasó.
Clotal.
Fué, señor, desta manera. Con la apacible bebida, Que de confecciones llena Hacer mandaste, mezclando La virtud de algunas hierbas, Cuyo tirano poder Y cuya secreta fuerza Así al humano discurso Priva, roba y enajena, Que deja vivo cadáver Á un hombre, y cuya violencia, Adormecido, le quita Los sentidos y potencias... —No tenemos que argüir Que aquesto posible sea, Pues tantas veces, señor, Nos ha dicho la experiencia, Y es cierto, que de secretos Naturales está llena La medicina, y no hay Animal, planta ni piedra Que no tenga calidad Determinada, y si llega Á examinar mil venenos La humana malicia nuestra, Que den la muerte, ¿qué mucho Que, templada su violencia, Pues hay venenos que maten, Haya venenos que aduerman? Dejando aparte el dudar Si es posible que suceda, Pues que ya queda probado Con razones y evidencias...— Con la bebida, en efecto, Que el opio, la adormidera Y el beleño compusieron, Bajé á la cárcel estrecha De Segismundo; con él Hablé un rato de las letras Humanas, que le ha enseñado La muda naturaleza De los montes y los cielos, En cuya divina escuela La retórica aprendió De las aves y las fieras. Para levantarle más El espíritu á la empresa Que solicitas, tomé Por asunto la presteza De un águila caudalosa, Que despreciando la esfera Del viento, pasaba á ser En las regiones supremas Del fuego rayo de pluma, Ó desasido cometa. Encarecí el vuelo altivo, Diciendo: «Al fin eres reina De las aves, y así, á todas Es justo que las prefieras.» Él no hubo menester más; Que en tocando esta materia De la majestad, discurre Con ambicion y soberbia; Porque en efecto la sangre Le incita, mueve y alienta Á cosas grandes, y dijo: «¡Que en la república inquieta De las aves tambien haya Quien les jure la obediencia! En llegando á este discurso Mis desdichas me consuelan; Pues, por lo ménos, si estoy Sujeto, lo estoy por fuerza; Porque voluntariamente Á otro hombre no me rindiera.» Viendole ya enfurecido Con esto, que ha sido el tema De su dolor, le brindé Con la pócima, y apénas Pasó desde el vaso al pecho El licor, cuando las fuerzas Rindió al sueño, discurriendo Por los miembros y las venas Un sudor frio, de modo Que á no saber yo que era Muerte fingida, dudara De su vida. En esto llegan Las gentes de quien tú fias El valor desta experiencia, Y poniéndole en un coche, Hasta tu cuarto le llevan, Donde prevenida estaba La majestad y grandeza Que es digna de su persona. Allí en tu cama le acuestan, Donde al tiempo que el letargo Haya perdido la fuerza, Como á tí mismo, señor, Le sirvan, que así lo ordenas. Y si haberte obedecido Te obliga á que yo merezca Galardon, sólo te pido (Perdona mi inadvertencia) Que me digas, ¿qué es tu intento, Trayendo desta manera Á Segismundo á palacio?
Basilio.
Clotaldo, muy justa es esa Duda que tienes, y quiero Sólo á tí satisfacerla. Á Segismundo mi hijo El influjo de su estrella (Bien lo sabes) amenaza Mil desdichas y tragedias: Quiero examinar si el cielo, Que no es posible que mienta, Y más habiéndonos dado De su rigor tantas muestras, En su cruel condicion, Ó se mitiga, ó se templa Por lo ménos, y vencido Con valor y con prudencia Se desdice; porque el hombre Predomina en las estrellas. Esto quiero examinar, Trayéndole donde sepa Que es mi hijo, y donde haga De su talento la prueba. Si magnánimo la vence, Reinará; pero si muestra El ser cruel y tirano, Le volveré á su cadena. Ahora preguntarás, Que para aquesta experiencia, ¿Qué importó haberle traido Dormido desta manera? Y quiero satisfacerte, Dándote á todo respuesta. Si él supiera que es mi hijo Hoy, y mañana se viera Segunda vez reducido Á su prision y miseria, Cierto es de su condicion Que desesperara en ella; Porque sabiendo quién es, ¿Qué consuelo habrá que tenga? Y así he querido dejar Abierta al daño la puerta Del decir que fué soñado Cuanto vió. Con esto llegan A examinarse dos cosas: Su condicion, la primera; Pues él despierto procede En cuanto imagina y piensa: Y el consuelo la segunda; Pues aunque ahora se vea Obedecido, y despues A sus prisiones se vuelva, Podrá entender que soñó, Y hará bien cuando lo entienda Porque en el mundo, Clotaldo, Todos los que viven sueñan.
Clotal.
Razones no me faltaran Para probar que no aciertas; Mas ya no tiene remedio; Y segun dicen las señas, Parece que ha despertado, Y hácia nosotros se acerca.
Basilio.
Yo me quiero retirar: Tú, como ayo suyo, llega, Y de tantas confusiones Como su discurso cercan, Le saca con la verdad.
Clotal.
¿En fin, que me das licencia Para que lo diga?
Basilio.
Sí; Que podrá ser, con saberla, Que conocido el peligro Más fácilmente se venza. (Vase.)
ESCENA II.
CLARIN.—CLOTALDO.
Clarin.
(Ap.) Á costa de cuatro palos, Que el llegar aquí me cuesta, De un alabardero rubio Que barbó de su librea, Tengo de ver cuanto pasa; Que no hay ventana más cierta, Que aquella que, sin rogar Á un ministro de boletas, Un hombre se trae consigo; Pues para todas las fiestas, Despojado y despejado Se asoma á su desvergüenza.
Clotal.
(Ap. Este es Clarin, el criado De aquella (¡ay cielos!), de aquella Que, tratante de desdichas, Pasó á Polonia mi afrenta.) Clarin, ¿qué hay de nuevo?
Clarin.
Hay, Señor, que tu gran clemencia, Dispuesta á vengar agravios De Rosaura, la aconseja Que tome su propio traje.
Clotal.
Y es bien, porque no parezca Liviandad.
Clarin.
Hay que mudando Su nombre, y tomando cuerda Nombre de sobrina tuya, Hoy tanto honor se acrecienta, Que dama en palacio ya De la singular Estrella Vive.
Clotal.
Es bien que de una vez Tome su honor por mi cuenta.
Clarin.
Hay que ella está esperando Que ocasion y tiempo venga En que vuelvas por su honor.
Clotal.
Prevencion segura es esa; Que al fin el tiempo ha de ser Quien haga esas diligencias.
Clarin.
Hay que ella está regalada, Servida como una reina, En fe de sobrina tuya. Y hay que viniendo con ella, Estoy yo muriendo de hambre Y nadie de mí se acuerda, Sin mirar que soy Clarin, Y que si el tal Clarin suena, Podrá decir cuanto pasa Al Rey, á Astolfo y á Estrella; Porque Clarin y criado Son dos cosas que se llevan Con el secreto muy mal; Y podrá ser, si me deja El silencio de su mano, Se cante por mí esta letra: Clarin que rompe el albor, No suena mejor.
Clotal.
Tu queja está bien fundada; Yo satisfaré tu queja, Y en tanto sírveme á mí.
Clarin.
Pues ya Segismundo llega.
ESCENA III.
Músicos, cantando, y CRIADOS, dando de vestir á SEGISMUNDO, que sale como asombrado.—CLOTALDO, CLARIN.
Segism.
¡Válgame el cielo, qué veo! ¡Válgame el cielo, qué miro! Con poco espanto lo admiro, Con mucha duda lo creo. ¿Yo en palacios suntuosos? ¿Yo entre telas y brocados? ¿Yo cercado de criados Tan lucidos y briosos? ¿Yo despertar de dormir En lecho tan excelente? ¿Yo en medio de tanta gente Que me sirva de vestir? Decir que sueño es engaño: Bien sé que despierto estoy. ¿Yo Segismundo no soy? Dadme, cielos, desengaño. Decidme, ¿qué pudo ser Esto que á mi fantasía Sucedió miéntras dormia, Que aquí me he llegado á ver? Pero sea lo que fuere, ¿Quién me mete en discurrir? Dejarme quiero servir, Y venga lo que viniere.
Criad. 1.º
(Ap. al Criado 2.º y á Clarin.) ¡Qué melancólico está!
Criad. 2.º
¿Pues á quién le sucediera Esto, que no lo estuviera?
Clarin.
Á mí.
Criad. 2.º
Llega á hablarle ya.
Criad. 1.º
(A Segismundo.) ¿Volverán á cantar?
Segism.
No, No quiero que canten más.
Criad. 2.º
Como tan suspenso estás. Quise divertirte.
Segism.
Yo No tengo de divertir Con sus voces mis pesares; Las músicas militares Sólo he gustado de oir.
Clotal.
Vuestra Alteza, gran señor, Me dé su mano á besar, Que el primero os ha de dar Esta obediencia mi honor.
Segism.
(Ap.) Clotaldo es: ¿pues como así, Quien en prision me maltrata, Con tal respeto me trata? ¿Qué es lo que pasa por mí?
Clotal.
Con la grande confusion Que el nuevo estado te da, Mil dudas padecerá El discurso y la razon; Pero ya librarte quiero De todas (si puede ser), Porque has, señor, de saber Que eres príncipe heredero De Polonia. Si has estado Retirado y escondido, Por obedecer ha sido A la inclemencia del hado, Que mil tragedias consiente A este imperio, cuando en él El soberano laurel Corone tu augusta frente. Mas fiando á tu atencion Que vencerás las estrellas, Porque es posible vencellas Un magnánimo varon, A palacio te han traido De la torre en que vivias, Miéntras al sueño tenías El espíritu rendido. Tu padre, el Rey mi señor, Vendrá á verte, y dél sabrás, Segismundo, lo demas.
Segism.
Pues vil, infame, traidor, ¿Qué tengo más que saber, Despues de saber quien soy, Para mostrar desde hoy Mi soberbia y mi poder? ¿Cómo á tu patria le has hecho Tal traicion, que me ocultaste Á mí, pues que me negaste, Contra razon y derecho, Este estado?
Clotal.
¡Ay de mí triste!
Segism.
Traidor fuiste con la ley, Lisonjero con el Rey, Y cruel conmigo fuiste; Y así el Rey, la ley y yo, Entre desdichas tan fieras, Te condenan á que mueras Á mis manos.
Criad. 2.º
Señor...
Segism.
No Me estorbe nadie, que es vana Diligencia: ¡y vive Dios! Si os poneis delante vos, Que os eche por la ventana.
Criad. 2.º
Huye, Clotaldo.
Clotal.
¡Ay de tí, Qué soberbia vas mostrando, Sin saber que estás soñando! (Vase.)
Criad. 2.º
Advierte...
Segism.
Aparta de aquí.
Criad. 2.º
Que á su Rey obedeció.
Segism.
En lo que no es justa ley No ha de obedecer al Rey, Y su príncipe era yo.
Criad. 2.º
Él no debió examinar Si era bien hecho ó mal hecho.
Segism.
Que estais mal con vos sospecho, Pues me dais que replicar.
Clarin.
Dice el Príncipe muy bien, Y vos hicisteis muy mal.
Criad. 2.º
¿Quién os dió licencia igual?
Clarin.
Yo me la he tomado.
Segism.
¿Quién Eres tú, dí?
Clarin.
Entremetido, Y deste oficio soy jefe, Porque soy el mequetrefe Mayor que se ha conocido.
Segism.
Tú sólo en tan nuevos mundos Me has agradado.
Clarin.
Señor, Soy un grande agradador De todos los Segismundos.
ESCENA IV.
ASTOLFO.—SEGISMUNDO, CLARIN, criados, músicos.
Astolfo.
¡Feliz mil veces el dia, Oh Príncipe, que os mostrais, Sol de Polonia, y llenais De resplandor y alegría Todos esos horizontes Con tan divino arrebol; Pues que salís como el sol De los senos de los montes! Salid, pues, y aunque tan tarde Se corona vuestra frente Del laurel resplandeciente, Tarde muera.
Segism.
Dios os guarde.
Astolfo.
El no haberme conocido Sólo por disculpa os doy De no honrarme más. Yo soy Astolfo, duque he nacido De Moscovia, y primo vuestro: Haya igualdad en los dos.
Segism.
Si digo que os guarde Dios, ¿Bastante agrado no os muestro? Pero ya que haciendo alarde De quien sois, desto os quejais, Otra vez que me veais Le diré á Dios que no os guarde.
Criad. 2.º
(A Astolfo.) Vuestra Alteza considere Que como en montes nacido Con todos ha procedido. (A Segismundo.) Astolfo, señor, prefiere...
Segism.
Cansóme como llegó Grave á hablarme, y lo primero Que hizo, se puso el sombrero.
Criad. 2.º
Es grande.
Segism.
Mayor soy yo.
Criad. 2.º
Con todo eso, entre los dos Que haya más respeto es bien Que entre los demas.
Segism.
¿Y quién Os mete conmigo á vos?
ESCENA V.
ESTRELLA.—Dichos.
Estrel.
Vuestra Alteza, señor, sea Muchas veces bien venido Al dosel que agradecido Le recibe y le desea, Adonde, á pesar de engaños, Viva augusto y eminente, Donde su vida se cuente Por siglos, y no por años.
Segism.
(A Clarin.) Díme tú ahora, ¿quién es Esta beldad soberana? ¿Quién es esta diosa humana, A cuyos divinos piés Postra el cielo su arrebol? ¿Quién es esta mujer bella?
Clarin.
Es, señor, tu prima Estrella.
Segism.
Mejor dijeras el sol. Aunque el parabien es bien (A Estrella.) Darme del bien que conquisto, De sólo haberos hoy visto Os admito el parabien: Y así, de llegarme á ver Con el bien que no merezco, El parabien agradezco, Estrella, que amanecer Podeis, y dar alegría Al más luciente farol. ¿Qué dejais que hacer al sol, Si os levantais con el dia? Dadme á besar vuestra mano, En cuya copa de nieve El aura candores bebe.
Estrel.
Sed más galan cortesano.
Astolfo.
(Ap.) Soy perdido.
Criad. 2.º
(Ap. El pesar sé De Astolfo, y le estorbaré.) Advierte, señor, que no Es justo atreverse así, Y estando Astolfo...
Segism.
¿No digo Que vos no os metais conmigo?
Criad. 2.º
Digo lo que es justo.
Segism.
Á mí Todo eso me causa enfado. Nada me parece justo En siendo contra mi gusto.
Criad. 2.º
Pues yo, señor, he escuchado De tí que en lo justo es bien Obedecer y servir.
Segism.
Tambien oiste decir Que por un balcon, á quien Me canse, sabré arrojar.
Criad. 2.º
Con los hombres como yo No puede hacerse eso.
Segism.
¿No? ¡Por Dios! que lo he de probar.
(Cógele en los brazos y éntrase, y todos tras él, volviendo á salir inmediatamente.)
Astolfo.
¿Qué es esto que llego á ver?
Estrel.
Idle todos á estorbar. (Vase.)
Segism.
(Volviendo.) Cayó del balcon al mar: ¡Vive Dios! que pudo ser[3].
Astolfo.
Pues medid con más espacio Vuestras acciones severas, Que lo que hay de hombres á fieras, Hay desde un monte á palacio.
Segism.
Pues en dando tan severo En hablar con entereza, Quizá no hallaréis cabeza En que se os tenga el sombrero.
(Vase Astolfo.)
ESCENA VI.
BASILIO.—SEGISMUNDO, CLARIN, CRIADOS.
Basilio.
¿Qué ha sido esto?
Segism.
Nada ha sido. Á un hombre, que me ha cansado, Deste balcon he arrojado.
Clarin.
(A Segism.) Que es el Rey está advertido.
Basilio.
¿Tan presto una vida cuesta Tu venida al primer dia?
Segism.
Díjome que no podia Hacerse, y gané la apuesta.
Basilio.
Pésame mucho que cuando, Príncipe, á verte he venido, Pensado hallarte advertido, De hados y estrellas triunfando, Con tanto rigor te vea, Y que la primera accion Que has hecho en esta ocasion, Un grave homicidio sea. ¿Con qué amor llegar podré A darte ahora mis brazos, Si de sus soberbios lazos, Que están enseñados sé A dar muerte? ¿Quién llegó A ver desnudo el puñal Que dió una herida mortal, Que no temiese? ¿Quién vió Sangriento el lugar, adonde A otro hombre le dieron muerte, Que no sienta? que el más fuerte A su natural responde. Yo así, que en tus brazos miro Desta muerte el instrumento, Y miro el lugar sangriento, De tus brazos me retiro; Y aunque en amorosos lazos Ceñir tu cuello pensé, Sin ellos me volveré, Que tengo miedo á tus brazos.
Segism.
Sin ellos me podré estar Como me he estado hasta aquí; Que un padre que contra mí Tanto rigor sabe usar, Que su condicion ingrata De su lado me desvía, Como á una fiera me cria, Y como á un monstruo me trata Y mi muerte solicita, De poca importancia fué Que los brazos no me dé, Cuando el sér de hombre me quita.
Basilio.
Al cielo y á Dios pluguiera Que á dártele no llegara; Pues ni tu voz escuchara, Ni tu atrevimiento viera.
Segism.
Si no me le hubieras dado, No me quejara de tí; Pero una vez dado, sí, Por habérmele quitado; Pues aunque el dar la accion es Más noble y más singular, Es mayor bajeza el dar, Para quitarlo despues.
Basilio.
¡Bien me agradeces el verte, De un humilde y pobre preso, Príncipe ya!
Segism.
Pues en eso ¿Qué tengo que agradecerte? Tirano de mi albedrío, Si viejo y caduco estás, ¿Muriéndote, qué me das? ¿Dasme más de lo que es mio? Mi padre eres y mi rey; Luego toda esta grandeza Me da la naturaleza Por derecho de su ley. Luego aunque esté en tal estado, Obligado no te quedo, Y pedirte cuentas puedo Del tiempo que me has quitado Libertad, vida y honor; Y así, agradéceme á mí Que yo no cobre de tí, Pues eres tú mi deudor.
Basilio.
Bárbaro eres y atrevido: Cumplió su palabra el cielo; Y así, para él mismo apelo, Soberbio y desvanecido. Y aunque sepas ya quién eres, Y desengañado estés, Y aunque en un lugar te ves Donde á todos te prefieres, Mira bien lo que te advierto, Que seas humilde y blando, Porque quizá estás soñando, Aunque ves que estás despierto. (Vase.)
Segism.
¿Que quizás soñando estoy, Aunque despierto me veo? No sueño, pues toco y creo Lo que he sido y lo que soy. Y aunque ahora te arrepientas, Poco remedio tendrás; Sé quien soy, y no podrás, Aunque suspires y sientas. Quitarme el haber nacido Desta corona heredero; Y si me viste primero A las prisiones rendido, Fué porque ignoré quién era, Pero ya informado estoy De quien soy, y sé que soy Un compuesto de hombre y fiera.
ESCENA VII.
ROSAURA, en traje de mujer.—SEGISMUNDO, CLARIN, CRIADOS.
Rosaura.
(Ap.) Siguiendo á Estrella vengo, Y gran temor de hallar á Astolfo tengo; Que Clotaldo desea Que no sepa quién soy, y no me vea, Porque dice que importa al honor mio: Y de Clotaldo fío Su efecto, pues le debo agradecida Aquí el amparo de mi honor y vida.
Clarin.
(A Segism.) ¿Qué es lo que te ha agradado Más de cuanto aquí has visto y admirado?
Segism.
Nada me ha suspendido; Que todo lo tenía prevenido; Mas si admirarme hubiera Algo en el mundo, la hermosura fuera De la mujer. Leia Una vez yo en los libros que tenía, Que lo que á Dios mayor estudio debe, Era el hombre, por ser un mundo breve; Mas ya que lo es recelo La mujer, pues ha sido un breve cielo; Y más beldad encierra Que el hombre, cuanto va de cielo á tierra;. Y más si es la que miro.
Rosaura.
(Ap.) El Príncipe está aquí; yo me retiro.
Segism.
Oye, mujer, detente; No juntes el ocaso y el oriente, Huyendo al primer paso; Que juntos el oriente y el ocaso, La luz y sombra fria, Serás sin duda síncopa del dia. ¿Pero qué es lo que veo?
Rosaura.
Lo mismo que estoy viendo dudo y creo.
Segism.
(Ap.) Yo he visto esta belleza Otra vez.
Rosaura.
(Ap.) Yo esta pompa, esta grandeza He visto reducida A una estrecha prision.
Segism.
(Ap. Ya hallé mi vida.) Mujer, que aqueste nombre Es el mejor requiebro para el hombre, ¿Quién eres? que sin verte Adoracion me debes, y de suerte Por la fe te conquisto, Que me persuado á que otra vez te he visto. ¿Quién eres, mujer bella?
Rosaura.
Disimular me importa. Soy de Estrella Una infelice dama.
Segism.
No digas tal; dí el sol, á cuya llama Aquella estrella vive, Pues de tus rayos resplandor recibe; Yo ví en reino de olores Que presidia entre escuadron de flores La deidad de la rosa, Y era su emperatriz por más hermosa; Yo ví entre piedras finas De la docta academia de sus minas Preferir el diamante, Y ser su emperador por más brillante; Yo en esas córtes bellas De la inquieta república de estrellas, Ví en el lugar primero Por rey de las estrellas al lucero; Yo en esferas perfetas, Llamando el sol á córtes los planetas, Le ví que presidia, Como mayor oráculo del dia. Pues ¿cómo si entre flores, entre estrellas, Piedras, signos, planetas, las más bellas Prefieren, tú has servido La de ménos beldad, habiendo sido Por más bella y hermosa, Sol, lucero, diamante, estrella y rosa?
ESCENA VIII.
CLOTALDO, que se queda al paño.—SEGISMUNDO, ROSAURA, CLARIN, CRIADOS.
Clotal.
(Ap.) A Segismundo reducir deseo, Porque en fin le he criado: mas ¡qué veo!
Rosaura.
Tu favor reverencio: Respóndate retórico el silencio: Cuando tan torpe la razon se halla, Mejor habla, señor, quien mejor calla.
Segism.
No has de ausentarte, espera. ¿Cómo quieres dejar de esa manera A obscuras mi sentido?
Rosaura.
Esta licencia á vuestra Alteza pido.
Segism.
Irte con tal violencia No es pedirla, es tomarte la licencia.
Rosaura.
Pues si tú no la das, tomarla espero.
Segism.
Harás que de cortés pase á grosero, Porque la resistencia Es veneno cruel de mi paciencia.
Rosaura.
Pues cuando ese veneno, De furia, de rigor y saña lleno, La paciencia venciera, Mi respeto no osara, ni pudiera.
Segism.
Sólo por ver si puedo, Harás que pierda á tu hermosura el miedo, Que soy muy inclinado A vencer lo imposible: hoy he arrojado De ese balcon á un hombre, que decia Que hacerse no podia; Y así por ver si puedo, cosa es llana Que arrojaré tu honor por la ventana.
Clotal.
(Ap.) Mucho se va empeñando. ¿Qué he de hacer, cielos, cuando Tras un loco deseo Mi honor segunda vez á riesgo veo?
Rosaura.
No en vano prevenía A este reino infeliz tu tiranía Escándalos tan fuertes De delitos, traiciones, iras, muertes. Mas ¿qué ha de hacer un hombre, Que no tiene de humano más que el nombre, Atrevido, inhumano, Cruel, soberbio, bárbaro y tirano, Nacido entre las fieras?
Segism.
Porque tú ese baldon no me dijeras, Tan cortés me mostraba, Pensando que con esto te obligaba; Mas si lo soy hablando deste modo, Has de decirlo, vive Dios, por todo.— Hola, dejadnos solos, y esa puerta Se cierre, y no entre nadie.
(Vanse Clarin y los criados.)
Rosaura.
Yo soy muerta.— Advierte...
Segism.
Soy tirano, Y ya pretendes reducirme en vano.
Clotal.
(Ap.) ¡Oh qué lance tan fuerte! Saldré á estorbarlo, aunque me dé la muerte. Señor, atiende, mira. (Llega.)
Segism.
Segunda vez me has provocado á ira, Viejo caduco y loco. ¿Mi enojo y mi rigor tienes en poco? ¿Cómo hasta aquí has llegado?
Clotal.
De los acentos desta voz llamado, A decirte que seas Más apacible, si reinar deseas; Y no por verte ya de todos dueño, Seas cruel, porque quizá es un sueño.
Segism.
A rabia me provocas, Cuando la luz del desengaño tocas. Veré, dándote la muerte, Si es sueño ó si es verdad.
(Al ir á sacar la daga se la detiene Clotaldo, y se pone de rodillas.)
Clotal.
Yo desta suerte Librar mi vida espero.
Segism.
Quita la osada mano del acero.
Clotal.
Hasta que gente venga, Que tu rigor y cólera detenga, No he de soltarte.
Rosaura.
¡Ay cielo!
Segism.
Suelta, digo, Caduco, loco, bárbaro, enemigo, Ó será desta suerte, (Luchan.) Dándote ahora entre mis brazos muerte.
Rosaura.
Acudid todos presto, Que matan á Clotaldo. (Vase.)
(Sale Astolfo á tiempo que cae Clotaldo á sus piés, y él se pone en medio.)
ESCENA IX.
ASTOLFO.—SEGISMUNDO, CLOTALDO.
Astolfo.
¿Pues qué es esto, Príncipe generoso? ¿Así se mancha acero tan brioso En una sangre helada? Vuelva á la vaina tan lucida espada.
Segism.
En viéndola teñida En esa infame sangre.
Astolfo.
Ya su vida Tomó á mis piés sagrado, Y de algo ha de servirle haber llegado.
Segism.
Sírvate de morir; pues desta suerte Tambien sabré vengarme con tu muerte De aquel pasado enojo.
Astolfo.
Yo defiendo Mi vida; así la majestad no ofendo.
(Saca Astolfo la espada, y riñen.)
Clotal.
No le ofendas, señor.
ESCENA X.
BASILIO, ESTRELLA Y ACOMPAÑAMIENTO.—SEGISMUNDO, ASTOLFO, CLOTALDO.
Basilio.
¿Pues aquí espadas?
Estrel.
(Ap.) ¡Astolfo es, ay de mí, penas airadas!
Basilio.
¿Pues qué es lo que ha pasado?
Astolfo.
Nada, señor, habiendo tú llegado. (Envainan.)
Segism.
Mucho, señor, aunque hayas tú venido: Yo á ese viejo matar he pretendido.
Basilio.
¿Respeto no tenías A estas canas?
Clotal.
Señor, ved que son mias: Que no importa veréis.
Segism.
Acciones vanas, Querer que tenga yo respeto á canas; Pues áun esas podria (Al Rey.) Ser que viese á mis plantas algun dia, Porque áun no estoy vengado Del modo injusto con que me has criado.
(Vase.)
Basilio.
Pues ántes que lo veas, Volverás á dormir adonde creas Que cuanto te ha pasado, Como fué bien del mundo, fué soñado.
(Vanse el Rey, Clotaldo y el acompañamiento.)
ESCENA XI.
ESTRELLA, ASTOLFO.
Astolfo.
¡Qué pocas veces el hado, Que dice desdichas, miente, Pues es tan cierto en los males, Cuanto dudoso en los bienes! ¡Qué buen astrólogo fuera, Si siempre casos crueles Anunciara; pues no hay duda Que ellos fueran verdad siempre! Conocerse esta experiencia En mí y Segismundo puede, Estrella, pues en los dos Hace muestras diferentes. En él previno rigores, Soberbias, desdichas, muertes, Y en todo dijo verdad, Porque todo, al fin, sucede; Pero en mí, que al ver, señora, Esos rayos excelentes, De quien el sol fué una sombra Y el cielo un amago breve, Que me previno venturas, Trofeos, aplausos, bienes, Dijo mal, y dijo bien; Pues sólo es justo que acierte Cuando amaga con favores Y ejecuta con desdenes.
Estrel.
No dudo que esas finezas Son verdades evidentes; Mas serán por otra dama, Cuyo retrato pendiente Al cuello tragisteis cuando Llegasteis, Astolfo, á verme; Y siendo así, esos requiebros Ella sola los merece. Acudid á que ella os pague, Que no son buenos papeles En el consejo de amor Las finezas ni las fees Que se hicieron en servicio De otras damas y otros reyes.
ESCENA XII.
ROSAURA, que se queda al paño.—ESTRELLA, ASTOLFO.
Rosaura.
(Ap.) ¡Gracias á Dios que llegaron Ya mis desdichas crueles Al término suyo, pues Quien esto ve nada teme!
Astolfo.
Yo haré que el retrato salga Del pecho, para que éntre La imágen de tu hermosura. Donde entra Estrella no tiene Lugar la sombra, ni estrella Donde el sol; voy á traerle.— (Ap. Perdona, Rosaura hermosa, Este agravio, porque ausentes, No se guardan más fe que esta Los hombres y las mujeres.) (Vase.)
(Adelántase Rosaura.)
Rosaura.
(Ap.) Nada he podido escuchar, Temerosa que me viese.
Estrel.
¡Astrea!
Rosaura.
Señora mia.
Estrel.
Heme holgado que tú fueses La que llegaste hasta aquí; Porque de tí solamente Fiara un secreto.
Rosaura.
Honras, Señora, á quien te obedece.
Estrel.
En el poco tiempo, Astrea, Que ha que te conozco, tienes De mi voluntad las llaves; Por esto, y por ser quien eres, Me atrevo á fiar de tí Lo que áun de mí muchas veces Recaté.
Rosaura.
Tu esclava soy.
Estrel.
Pues para decirlo en breve, Mi primo Astolfo (bastara Que mi primo te dijese, Porque hay cosas que se dicen Con pensarlas solamente), Ha de casarse conmigo, Si es que la fortuna quiere Que con una dicha sola Tantas desdichas descuente. Pesóme que el primer dia Echado al cuello trajese El retrato de una dama: Habléle en él[4] cortésmente, Es galan, y quiere bien, Fué por él, y ha de traerle Aquí; embarázame mucho Que él á mí á dármele llegue: Quédate aquí, y cuando venga, Le dirás que te le entregue Á tí. No te digo más; Discreta y hermosa eres: Bien sabrás lo que es amor. (Vase.)
ESCENA XIII.
ROSAURA.
¡Ojalá no lo supiese! ¡Válgame el cielo! ¿quién fuera Tan atenta y tan prudente, Que supiera aconsejarse Hoy en ocasion tan fuerte? ¿Habrá persona en el mundo Á quien el cielo inclemente Con más desdichas combata Y con más pesares cerque? ¿Qué haré en tantas confusiones, Donde imposible parece Que halle razon que me alivie, Ni alivio que me consuele? Desde la primer desdicha, No hay suceso ni accidente Que otra desdicha no sea; Que unas á otras suceden, Herederas de sí mismas. Á la imitacion del Fénix, Unas de las otras nacen, Viviendo de lo que mueren, Y siempre de sus cenizas Está el sepulcro caliente. Que eran cobardes, decia Un sabio, por parecerle Que nunca andaba una sola; Yo digo que son valientes, Pues siempre van adelante, Y nunca la espalda vuelven: Quien las llevare consigo, Á todo podrá atreverse, Pues en ninguna ocasion No haya miedo que le dejen. Dígalo yo, pues en tantas Como á mi vida suceden, Nunca me he hallado sin ellas, Ni se han cansado hasta verme, Herida de la fortuna, En los brazos de la muerte. ¡Ay de mí! ¿qué debo hacer Hoy en la ocasion presente? Si digo quien soy, Clotaldo, Á quien mi vida le debe Este amparo y este honor, Conmigo ofenderse puede; Pues me dice que callando Honor y remedio espere. Si no he de decir quien soy Á Astolfo, y él llega á verme, ¿Cómo he de disimular? Pues aunque fingirlo intenten La voz, la lengua y los ojos, Les dirá el alma que mienten. ¿Qué haré? ¿Mas para qué estudio Lo que haré, si es evidente Que por más que lo prevenga, Que lo estudie y que lo piense, En llegando la ocasion Ha de hacer lo que quisiere El dolor? porque ninguno Imperio en sus penas tiene. Y pues á determinar Lo que ha de hacer no se atreve El alma, llegue el dolor Hoy á su término, llegue La pena á su extremo, y salga De dudas y pareceres De una vez; pero hasta entónces Valedme, cielos, valedme.
ESCENA XIV.
ASTOLFO, que trae el retrato.—ROSAURA.
Astolfo.
Este es, señora, el retrato; Mas ¡ay Dios!
Rosaura.
¿Qué se suspende Vuestra Alteza? ¿qué se admira?
Astolfo.
De oirte, Rosaura, y verte.
Rosaura.
¿Yo Rosaura? Hase engañado Vuestra Alteza, si me tiene Por otra dama; que yo Soy Astrea, y no merece Mi humildad tan grande dicha Que esa turbacion le cueste.
Astolfo.
Basta, Rosaura, el engaño, Porque el alma nunca miente, Y aunque como á Astrea te mire, Como á Rosaura te quiere.
Rosaura.
No he entendido á vuestra Alteza, Y así no sé responderle: Sólo lo que yo diré Es que Estrella (que lo puede Ser de Vénus) me mandó Que en esta parte le espere, Y de la suya le diga Que aquel retrato me entregue, Que está muy puesto en razon, Y yo misma se lo lleve. Estrella lo quiere así, Porque áun las cosas más leves Como sean en mi daño, Es Estrella quien las quiere.
Astolfo.
Aunque más esfuerzos hagas, ¡Oh qué mal, Rosaura, puedes Disimular! Dí á los ojos Que su música concierten Con la voz; porque es forzoso Que desdiga y que disuene Tan destemplado instrumento, Que ajustar y medir quiere La falsedad de quien dice, Con la verdad de quien siente.
Rosaura.
Ya digo que sólo espero El retrato.
Astolfo.
Pues que quieres Llevar al fin el engaño, Con él quiero responderte. Dirásle, Astrea, á la Infanta, Que yo la estimo de suerte Que, pidiéndome un retrato, Poca fineza parece Enviársele, y así, Porque le estime y le precie Le envío el original; Y tú llevársele puedes, Pues ya le llevas contigo, Como á tí misma te lleves.
Rosaura.
Cuando un hombre se dispone, Restado, altivo y valiente, Á salir con una empresa, Aunque por trato le entreguen Lo que valga más, sin ella Necio y desairado vuelve. Yo vengo por un retrato, Y aunque un original lleve Que vale más, volveré Desairada: y así, déme Vuestra Alteza ese retrato, Que sin él no he de volverme.
Astolfo.
¿Pues cómo, si no he darle, Le has de llevar?
Rosaura.
Desta suerte. Suéltale, ingrato. (Trata de quitársele.)
Astolfo.
Es en vano.
Rosaura.
¡Vive Dios, que no ha de verse En manos de otra mujer!
Astolfo.
Terrible estás.
Rosaura.
Y tú aleve.
Astolfo.
Ya basta, Rosaura mia.
Rosaura.
¿Yo tuya? Villano, mientes.
(Están asidos ambos del retrato.)
ESCENA XV.
ESTRELLA.—ROSAURA, ASTOLFO.
Estrel.
Astrea, Astolfo, ¿qué es esto?
Astolfo.
(Ap.) Aquesta es Estrella.
Rosaura.
(Ap. Déme Para cobrar mi retrato, Ingenio el amor.) Si quieres (A Estrella.) Saber lo que es, yo, señora, Te lo diré.
Astolfo.
(Ap. á Rosaura.) ¿Qué pretendes?
Rosaura.
Mandásteme que esperase Aquí á Astolfo, y le pidiese Un retrato de tu parte. Quedé sola, y como vienen De unos discursos á otros Las noticias fácilmente, Viéndote hablar de retratos, Con su memoria acordéme De que tenía uno mio En la manga. Quise verle, Porque una persona sola Con locuras se divierte; Cayóseme de la mano Al suelo: Astolfo, que viene Á entregarte el de otra dama, Le levantó, y tan rebelde Está en dar el que le pides, Que en vez de dar uno, quiere Llevar otro; pues el mio Aun no es posible volverme, Con ruegos y persuasiones: Colérica é impaciente Yo, se le quise quitar. Aquel que en la mano tiene, Es mio, tú lo verás Con ver si se me parece.
Estrel.
Soltad, Astolfo, el retrato.
(Quítasele de la mano.)
Astolfo.
Señora...
Estrel.
No son crueles Á la verdad los matices.
Rosaura.
¿No es mio?
Estrel.
¿Qué duda tiene?
Rosaura.
Ahora dí que te dé el otro.
Estrel.
Toma tu retrato, y véte.
Rosaura.
(Ap.) Yo he cobrado mi retrato, Venga ahora lo que viniere. (Vase.)
ESCENA XVI.
ESTRELLA, ASTOLFO.
Estrel.
Dadme ahora el retrato vos Que os pedí; que aunque no piense Veros ni hablaros jamás, No quiero, no, que se quede En vuestro poder, siquiera Porque yo tan neciamente Le he pedido.
Astolfo.
(Ap. ¿Cómo puedo Salir de lance tan fuerte?) Aunque quiera, hermosa Estrella, Servirte y obedecerte, No podré darte el retrato Que me pides, porque...
Estrel.
Eres Villano y grosero amante. No quiero que me le entregues; Porque yo tampoco quiero, Con tomarle, que me acuerdes Que te le he pedido yo. (Vase.)
Astolfo.
Oye, escucha, mira, advierte.— ¡Válgate Dios por Rosaura! ¿Dónde, cómo ó de qué suerte Hoy á Polonia has venido Á perderme y á perderte? (Vase.)
Prision del Príncipe en la torre.
ESCENA XVII.
SEGISMUNDO, como al principio, con pieles y cadena, echado en el suelo; CLOTALDO, DOS CRIADOS y CLARIN.
Clotal.
Aquí le habeis de dejar, Pues hoy su soberbia acaba Donde empezó.
Un criado.
Como estaba, La cadena vuelvo á atar.
Clarin.
No acabes de dispertar, Segismundo, para verte Perder, trocada la suerte, Siendo tu gloria fingida, Una sombra de la vida Y una llama de la muerte.
Clotal.
Á quien sabe discurrir Así, es bien que se prevenga Una estancia, donde tenga Harto lugar de argüir.— Este es al que habeis de asir, (A los criados.) Y en este cuarto encerrar.
(Señalando la pieza inmediata.)
Clarin.
¿Por qué á mí?
Clotal.
Porque ha de estar Guardado en prision tan grave, Clarin que secretos sabe, Donde no pueda sonar.
Clarin.
¿Yo, por dicha, solicito Dar muerte á mi padre? No. ¿Arrojé del balcon yo Al Icaro de poquito? ¿Yo sueño ó duermo? ¿Á qué fin Me encierran?
Clotal.
Eres Clarin.
Clarin.
Pues ya digo que seré Corneta, y que callaré, Que es instrumento ruin.
(Llévanle, y queda solo Clotaldo.)
ESCENA XVIII.
BASILIO, rebozado.—CLOTALDO, SEGISMUNDO, adormecido.
Basilio.
Clotaldo.
Clotal.
¡Señor! ¿así Viene vuestra Majestad?
Basilio.
La necia curiosidad De ver lo que pasa aquí Á Segismundo (¡ay de mí!), Deste modo me ha traido.
Clotal.
Mírale allí reducido Á su miserable estado.
Basilio.
¡Ay Príncipe desdichado Y en triste punto nacido! Llega á dispertarle, ya Que fuerza y vigor perdió Con el opio que bebió.
Clotal.
Inquieto, señor, está, Y hablando.
Basilio.
¿Qué soñará Ahora? Escuchemos, pues.
Segism.
(Entre sueños.) Piadoso príncipe es El que castiga tiranos: Clotaldo muera á mis manos. Mi padre bese mis piés.
Clotal.
Con la muerte me amenaza.
Basilio.
Á mí con rigor y afrenta.
Clotal.
Quitarme la vida intenta.
Basilio.
Rendirme á sus plantas traza.
Segism.
(Entre sueños.) Salga á la anchurosa plaza Del gran teatro del mundo Este valor sin segundo: Porque mi venganza cuadre Vean triunfar de su padre Al príncipe Segismundo. (Despierta.) Mas ¡ay de mí! ¿dónde estoy?
Basilio.
Pues á mí no me ha de ver: (Á Clotaldo.) Ya sabes lo que has de hacer. Desde allí á escucharle voy. (Retírase.)
Segism.
¿Soy yo por ventura? ¿soy El que preso y aherrojado Llego á verme en tal estado? ¿No sois mi sepulcro vos, Torre? Sí. ¡Válgame Dios, Qué de cosas he soñado!
Clotal.
(Ap.) Á mí me toca llegar Á hacer la deshecha ahora.— ¿Es ya de dispertar hora?
Segism.
Sí, hora es ya de dispertar.
Clotal.
¿Todo el dia te has de estar Durmiendo? ¿Desde que yo Al águila que voló Con tardo vuelo seguí, Y te quedaste tú aquí, Nunca has dispertado?
Segism.
No, Ni áun agora he dispertado; Que segun, Clotaldo, entiendo, Todavía estoy durmiendo: Y no estoy muy engañado; Porque si ha sido soñado Lo que ví palpable y cierto, Lo que veo será incierto; Y no es mucho que rendido, Pues veo estando dormido, Que sueñe estando despierto.
Clotal.
Lo que soñaste me dí.
Segism.
Supuesto que sueño fué, No diré lo que soñé, Lo que ví, Clotaldo, sí. Yo disperté, yo me ví (¡Qué crueldad tan lisonjera!) En un lecho, que pudiera Con matices y colores Ser el catre de las flores Que tejió la primavera. Aquí mil nobles rendidos Á mis piés nombre me dieron De su príncipe, y sirvieron Galas, joyas y vestidos. La calma de mis sentidos Tú trocaste en alegría, Diciendo la dicha mia, Que, aunque estoy desta manera, Príncipe en Polonia era.
Clotal.
Buenas albricias tendria.
Segism.
No muy buenas: por traidor, Con pecho atrevido y fuerte Dos veces te daba muerte.
Clotal.
¿Para mí tanto rigor?
Segism.
De todos era señor, Y de todos me vengaba; Sólo á una mujer amaba... Que fué verdad, creo yo, En que todo se acabó, Y esto solo no se acaba. (Vase el Rey.)
Clotal.
(Ap. Enternecido se ha ido El Rey de haberle escuchado.) Como habíamos hablado De aquella águila, dormido, Tu sueño imperios han sido; Mas en sueños fuera bien Honrar entónces á quien Te crió en tantos empeños, Segismundo, que áun en sueños No se pierde el hacer bien. (Vase.)
ESCENA XIX.
SEGISMUNDO.
Es verdad; pues reprimamos Esta fiera condicion, Esta furia, esta ambicion, Por si alguna vez soñamos: Y sí haremos, pues estamos En mundo tan singular, Que el vivir sólo es soñar; Y la experiencia me enseña Que el hombre que vive, sueña Lo que es, hasta dispertar. Sueña el rey que es rey, y vive Con este engaño mandando, Disponiendo y gobernando; Y este aplauso, que recibe Prestado, en el viento escribe; Y en cenizas le convierte La muerte (¡desdicha fuerte!): ¿Que hay quien intente reinar, Viendo que ha de dispertar En el sueño de la muerte? Sueña el rico en su riqueza, Que más cuidados le ofrece; Sueña el pobre que padece Su miseria y su pobreza; Sueña el que á medrar empieza, Sueña el que afana y pretende, Sueña el que agravia y ofende, Y en el mundo, en conclusion, Todos sueñan lo que son, Aunque ninguno lo entiende. Yo sueño que estoy aquí Destas prisiones cargado, Y soñé que en otro estado Mas lisonjero me ví. ¿Qué es la vida? Un frenesí: ¿Qué es la vida? Una ilusion, Una sombra, una ficcion, Y el mayor bien es pequeño; Que toda la vida es sueño, Y los sueños sueños son.
JORNADA TERCERA.
ESCENA PRIMERA.
CLARIN.
En una encantada torre, Por lo que sé, vivo preso: ¿Qué me harán por lo que ignoro, Si por lo que sé me han muerto? ¡Que un hombre con tanta hambre Viniese á morir viviendo! Lástima tengo de mí; Todos dirán: «bien lo creo»; Y bien se puede creer, Pues para mí este silencio No conforma con el nombre Clarin, y callar no puedo. Quien me hace compañía Aquí, si á decirlo acierto, Son arañas y ratones: ¡Miren qué dulces jilgueros! De los sueños desta noche La triste cabeza tengo Llena de mil chirimías, De trompetas y embelecos, De procesiones, de cruces, De disciplinantes; y estos Unos suben, otros bajan, Unos se desmayan viendo La sangre que llevan otros: Mas yo, la verdad diciendo, De no comer me desmayo; Que en una prision me veo, Donde ya todos los dias En el filósofo leo Nicomédes, y las noches En el concilio Niceno. Si llaman santo al callar, Como en calendario nuevo, San secreto es para mí, Pues le ayuno y no le huelgo; Aunque está bien merecido El castigo que padezco, Pues callé, siendo criado, Que es el mayor sacrilegio.
(Ruido de cajas y clarines, y voces dentro.)
ESCENA II.
Soldados.—CLARIN.
Sold. 1.º
(Dentro.) Esta es la torre en que está. Echad la puerta en el suelo: Entrad todos.
Clarin.
¡Vive Dios! Que á mí me buscan, es cierto, Pues que dicen que aquí estoy. ¿Qué me querrán?
Sold. 1.º
(Dentro.) Entrad dentro.
(Salen varios soldados.)
Solo. 2.º
Aquí está.
Clarin.
No está.
Soldados
(Todos.) Señor...
Clarin.
(Ap.) ¿Si vienen borrachos estos?
Sold. 1.º
Tú nuestro príncipe eres; Ni admitimos ni queremos Sino al señor natural, Y no á príncipe extranjero. Á todos nos da los piés.
Soldados
¡Viva el gran Príncipe nuestro!
Clarin.
(Ap.) Vive Dios, que va de véras. ¿Si es costumbre en este reino Prender uno cada dia Y hacerle príncipe, y luego Volverle á la torre? Sí, Pues cada dia lo veo: Fuerza es hacer mi papel.
Soldados
Danos tus plantas.
Clarin.
No puedo, Porque las he menester Para mí, y fuera defecto Ser príncipe desplantado.
Sold. 2.º
Todos á tu padre mesmo Le dijimos que á tí sólo Por príncipe conocemos, No al de Moscovia.
Clarin.
¿Á mi padre Le perdísteis el respeto? Sois unos tales por cuales.
Sold. 1.º
Fué lealtad de nuestro pecho.
Clarin.
Si fué lealtad, yo os perdono.
Sold. 2.º
Sal á restaurar tu imperio. ¡Viva Segismundo!
Todos.
¡Viva!
Clarin.
(Ap.) ¿Segismundo dicen? Bueno: Segismundos llaman todos Los príncipes contrahechos.
ESCENA III.
SEGISMUNDO.—CLARIN, SOLDADOS.
Segism.
¿Quién nombra aquí á Segismundo?
Clarin.
(Ap.) ¡Mas que soy príncipe huero!
Sold. 1.º
¿Quién es Segismundo?
Segism.
Yo.
Sold. 2.º
(A Clarin.) ¿Pues cómo, atrevido y necio, Tú te hacías Segismundo?
Clarin.
¿Yo Segismundo? Eso niego. Vosotros fuísteis los que Me segismundeasteis: luego Vuestra ha sido solamente Necedad y atrevimiento.
Sold. 1.º
Gran príncipe Segismundo (Que las señas que traemos Tuyas son, aunque por fe Te aclamamos señor nuestro), Tu padre el gran rey Basilio, Temeroso que los cielos Cumplan un hado, que dice Que ha de verse á tus piés puesto, Vencido de tí, pretende Quitarte accion y derecho Y dársele á Astolfo, duque De Moscovia. Para esto Juntó su corte, y el vulgo, Penetrando ya y sabiendo Que tiene rey natural, No quiere que un extranjero Venga á mandarle. Y así, Haciendo noble desprecio De la inclemencia del hado, Te ha buscado donde preso Vives, para que asistido De sus armas, y saliendo Desta torre á restaurar Tu imperial corona y cetro, Se la quites á un tirano. Sal, pues; que en ese desierto, Ejército numeroso De bandidos y plebeyos Te aclama: la libertad Te espera; oye sus acentos.
Voces.
(Dentro.) ¡Viva Segismundo, viva!
Segism.
¿Otra vez (¡que es esto, cielos!) Quereis que sueñe grandezas, Que ha de deshacer el tiempo? ¿Otra vez quereis que vea Entre sombras y bosquejos La majestad y la pompa Desvanecida del viento? ¿Otra vez quereis que toque El desengaño, ó el riesgo Á que el humano poder Nace humilde y vive atento? Pues no ha de ser, no ha de ser Mirarme otra vez sujeto A mi fortuna; y pues sé Que toda esta vida es sueño, Idos, sombras, que fingís Hoy á mis sentidos muertos Cuerpo y voz, siendo verdad Que ni teneis voz ni cuerpo; Que no quiero majestades Fingidas, pompas no quiero Fantásticas, ilusiones Que al soplo ménos ligero Del aura han de deshacerse, Bien como el florido almendro, Que por madrugar sus flores, Sin aviso y sin consejo, Al primer soplo se apagan, Marchitando y desluciendo De sus rosados capillos Belleza, luz y ornamento. Ya os conozco, ya os conozco, Y sé que os pasa lo mesmo Con cualquiera que se duerme; Para mí no hay fingimientos; Que, desengañado ya, Sé bien que la vida es sueño.
Sold. 2.º
Si piensas que te engañamos, Vuelve á esos montes soberbios Los ojos, para que veas La gente que aguarda en ellos Para obedecerte.
Segism.
Ya Otra vez ví aquesto mesmo Tan clara y distintamente Como ahora lo estoy viendo, Y fué sueño.
Sold. 2.º
Cosas grandes Siempre, gran señor, trajeron Anuncios; y esto sería, Si lo soñaste primero.
Segism.
Dices bien, anuncio fué; Y caso que fuese cierto, Pues que la vida es tan corta, Soñemos, alma, soñemos Otra vez; pero ha de ser Con atencion y consejo De que hemos de dispertar Deste gusto al mejor tiempo; Que llevándolo sabido, Será el desengaño ménos; Que es hacer burla del daño Adelantarle el consejo. Y con esta prevencion De que cuando fuese cierto, Es todo el poder prestado Y ha de volverse á su dueño, Atrevámonos á todo.— Vasallos, yo os agradezco La lealtad; en mí llevais Quien os libre osado y diestro De extranjera esclavitud. Tocad al arma, que presto Vereis mi inmenso valor. Contra mi padre pretendo Tomar armas, y sacar Verdaderos á los cielos. Presto he de verle á mis plantas... (Ap. Mas si ántes desto despierto, ¿No será bien no decirlo, Supuesto que no he de hacerlo?)
Todos.
¡Viva Segismundo, viva!
ESCENA IV.
CLOTALDO.—SEGISMUNDO, CLARIN, SOLDADOS.
Clotal.
¿Qué alboroto es este, cielos?
Segism.
Clotaldo.
Clotal.
Señor... (Ap. En mí Su rigor prueba.)
Clarin.
(Ap.) Yo apuesto, Que le despeña del monte. (Vase.)
Clotal.
Á tus reales plantas llego, Ya sé que á morir.
Segism.
Levanta, Levanta, padre, del suelo; Que tú has de ser norte y guía De quien fie mis aciertos; Que ya sé que mi crianza Á tu mucha lealtad debo. Dame los brazos.
Clotal.
¿Qué dices?
Segism.
Que estoy soñando, y que quiero Obrar bien, pues no se pierde El hacer bien, áun en sueños.
Clotal.
Pues, señor, si el obrar bien Es ya tu blason, es cierto Que no te ofenda el que yo Hoy solicite lo mesmo. ¡Á tu padre has de hacer guerra! Yo aconsejarte no puedo Contra mi rey, ni valerte. Á tus plantas estoy puesto, Dáme la muerte.
Segism.
¡Villano, Traidor, ingrato! (Ap. Mas ¡cielos! El reportarme conviene, Que aún no sé si estoy despierto.) Clotaldo, vuestro valor Os envidio y agradezco. Idos á servir al Rey, Que en el campo nos veremos.— Vosotros tocad al arma.
Clotal.
Mil veces tus plantas beso. (Vase.)
Segism.
A reinar, fortuna, vamos; No me despiertes, si duermo, Y si es verdad, no me aduermas. Mas sea verdad ó sueño, Obrar bien es lo que importa; Si fuere verdad, por serlo; Si no, por ganar amigos Para cuando despertemos.
(Vanse, tocando cajas.)
Salon del Palacio Real.
ESCENA V.
BASILIO y ASTOLFO.
Basilio.
¿Quién, Astolfo, podrá parar prudente La furia de un caballo desbocado? ¿Quién detener de un rio la corriente Que corre al mar soberbio y despeñado? ¿Quién un peñasco suspender valiente De la cima de un monte desgajado? Pues todo fácil de parar se mira, Mas que de un vulgo la soberbia ira. Dígalo en bandos el rumor partido, Pues se oye resonar en lo profundo De los montes el eco repetido, Unos ¡Astolfo! y otros ¡Segismundo! El dosel de la jura, reducido A segunda intencion, á horror segundo, Teatro funesto es, donde importuna Representa tragedias la fortuna.
Astolfo.
Señor, suspéndase hoy tanta alegría; Cese el aplauso y gusto lisonjero, Que tu mano feliz me prometia; Que si Polonia (á quien mandar espero) Hoy se resiste á la obediencia mia, Es porque la merezca yo primero. Dadme un caballo, y de arrogancia lleno, Rayo descienda el que blasona trueno. (Vase.)
Basilio.
Poco reparo tiene lo infalible, Y mucho riesgo lo previsto tiene: Si ha de ser, la defensa es imposible, Que quien la excusa más, más la previene. ¡Dura ley! ¡fuerte caso! ¡horror terrible! Quien piensa huir el riesgo, al riesgo viene: Con lo que yo guardaba me he perdido; Yo mismo, yo mi patria he destruido.
ESCENA VI.
ESTRELLA.—BASILIO.
Estrel.
Si tu presencia, gran señor, no trata De enfrenar el tumulto sucedido, Que de uno en otro bando se dilata Por las calles y plazas dividido, Verás tu reino en ondas de escarlata Nadar, entre la púrpura teñido De su sangre, que ya con triste modo, Todo es desdichas y tragedias todo. Tanta es la ruina de tu imperio, tanta La fuerza del rigor duro, sangriento, Que visto admira, y escuchado espanta. El sol se turba y se embaraza el viento; Cada piedra un pirámide levanta, Y cada flor construye un monumento, Cada edificio es un sepulcro altivo, Cada soldado un esqueleto vivo.
ESCENA VII.
CLOTALDO.—BASILIO, ESTRELLA.
Clotal.
¡Gracias á Dios que vivo á tus piés llego!
Basilio.
Clotaldo, ¿pues qué hay de Segismundo?
Clotal.
Que el vulgo, monstruo despeñado y ciego, La torre penetró, y de lo profundo Della sacó su príncipe, que luego Que vió segunda vez su honor segundo, Valiente se mostró, diciendo fiero, Que ha de sacar al cielo verdadero.
Basilio.
Dadme un caballo, porque yo en persona Vencer valiente un hijo ingrato quiero; Y en la defensa ya de mi corona Lo que la ciencia erró, venza el acero. (Vase.)
Estrel.
Pues yo al lado del Sol seré Belona: Poner mi nombre junto al suyo espero; Que he de volar sobre tendidas alas Á competir con la deidad de Pálas.
(Vase, y tocan al arma.)
ESCENA VIII.
ROSAURA, que detiene á CLOTALDO.
Rosaura.
Aunque el valor que se encierra En tu pecho, desde allí Da voces, óyeme á mi, Que yo sé que todo es guerra. Bien sabes que yo llegué Pobre, humilde y desdichada A Polonia, y amparada De tu valor, en tí hallé Piedad; mandásteme (¡ay cielos!) Que disfrazada viviese En palacio, y pretendiese, Disimulando mis celos, Guardarme de Astolfo. En fin El me vió, y tanto atropella Mi honor, que viéndome, á Estrella De noche habla en un jardin: Deste la llave he tomado, Y te podré dar lugar De que en él puedas entrar A dar fin á mi cuidado. Así altivo, osado y fuerte, Volver por mi honor podrás, Pues que ya resuelto estás A vengarme con su muerte.
Clotal.
Verdad es que me incliné, Desde el punto que te ví, A hacer, Rosaura, por tí (Testigo tu llanto fué) Cuanto mi vida pudiese. Lo primero que intenté, Quitarte aquel traje fué; Porque, si acaso, te viese Astolfo en tu propio traje, Sin juzgar á liviandad La loca temeridad Que hace del honor ultraje. En este tiempo trazaba Cómo cobrar se pudiese Tu honor perdido, aunque fuese (Tanto tu honor me arrastraba) Dando muerte á Astolfo. ¡Mira Qué caduco desvarío! Si bien, no siendo rey mio, Ni me asombra, ni me admira. Darle pensé muerte; cuando Segismundo pretendió Dármela á mí, y él llegó, Su peligro atropellando, A hacer en defensa mia Muestras de su voluntad, Que fueron temeridad, Pasando de valentía. ¿Pues cómo yo ahora (advierte), Teniendo alma agradecida, A quien me ha dado la vida Le tengo de dar la muerte? Y así, entre los dos partido El efecto y el cuidado, Viendo que á tí te la he dado, Y que dél la he recibido, No sé á qué parte acudir: No sé á qué parte ayudar, Si á tí me obligué con dar, Dél lo estoy con recibir; Y así, en la accion que se ofrece, Nada á mi amor satisface, Porque soy persona que hace, Y persona que padece.
Rosaura.
No tengo que prevenir Que en un varon singular, Cuanto es noble accion el dar, Es bajeza el recibir. Y este principio asentado, No has de estarle agradecido, Supuesto que si él ha sido El que la vida te ha dado, Y tú á mí, evidente cosa Es, que él forzó tu nobleza A que hiciese una bajeza, Y yo una accion generosa. Luego estás dél ofendido, Luego estás de mí obligado, Supuesto que á mí me has dado Lo que dél has recibido; Y así debes acudir A mi honor en riesgo tanto, Pues yo le prefiero, cuanto Va de dar á recibir.
Clotal.
Aunque la nobleza vive De la parte del que da, El agradecerla está De parte del que recibe. Y pues ya dar he sabido, Ya tengo con nombre honroso El nombre de generoso: Déjame el de agradecido; Pues le puedo conseguir Siendo agradecido, cuanto Liberal, pues honra tanto El dar como el recibir.
Rosaura.
De tí recibí la vida, Y tú mismo me dijiste, Cuando la vida me diste, Que la que estaba ofendida No era vida: luego yo Nada de tí he recibido; Pues vida no vida ha sido La que tu mano me dió. Y si debes ser primero Liberal que agradecido (Como de tí mismo he oido), Que me des la vida espero, Que no me la has dado; y pues El dar engrandece más, Si ántes liberal, serás Agradecido despues.
Clotal.
Vencido de tu argumento, Ántes liberal seré. Yo, Rosaura, te daré Mi hacienda, y en un convento Vive; que está bien pensado El medio que solicito; Pues huyendo de un delito, Te recoges á un sagrado; Que cuando desdichas siente El reino, tan dividido, Habiendo noble nacido, No he de ser quien las aumente. Con el remedio elegido Soy en el reino leal, Soy contigo liberal, Con Astolfo agradecido; Y así escoge el que te cuadre, Quedándose entre los dos, Que no hiciera ¡vive Dios! Más, cuando fuera tu padre.
Rosaura.
Cuando tú mi padre fueras, Sufriera esa injuria yo; Pero no siéndolo, no.
Clotal.
¿Pues qué es lo que hacer esperas?
Rosaura.
Matar al Duque.
Clotal.
¿Una dama, Que padre no ha conocido, Tanto valor ha tenido?
Rosaura.
Sí.
Clotal.
¿Quién te alienta?
Rosaura.
Mi fama.
Clotal.
Mira que, á Astolfo has de ver...
Rosaura.
Todo mi honor lo atropella.
Clotal.
Tu rey, y esposo de Estrella.
Rosaura.
¡Vive Dios que no ha de ser!
Clotal.
Es locura.
Rosaura.
Ya lo veo.
Clotal.
Pues véncela.
Rosaura.
No podré.
Clotal.
Pues perderás...
Rosaura.
Ya lo sé.
Clotal.
Vida y honor.
Rosaura.
Bien lo creo.
Clotal.
¿Qué intentas?
Rosaura.
Mi muerte.
Clotal.
Mira Que eso es despecho.
Rosaura.
Es honor.
Clotal.
Es desatino.
Rosaura.
Es valor.
Clotal.
Es frenesí.
Rosaura.
Es rabia, es ira.
Clotal.
En fin, ¿que no se da medio A tu ciega pasion?
Rosaura.
No.
Clotal.
¿Quién ha de ayudarte?
Rosaura.
Yo.
Clotal.
¿No hay remedio?
Rosaura.
No hay remedio.
Clotal.
Piensa bien si hay otros modos...
Rosaura.
Perderme de otra manera. (Vase.)
Clotal.
Pues si has de perderte, espera, Hija, y perdámonos todos. (Vase.)
Campo.
ESCENA IX.
SEGISMUNDO, vestido de pieles; SOLDADOS, marchando; CLARIN.
(Tocan cajas.)
Segism.
Si este dia me viera Roma en los triunfos de su edad primera, ¡Oh, cuánto se alegrara Viendo lograr una ocasion tan rara, De tener una fiera Que sus grandes ejércitos rigiera, A cuyo altivo aliento Fuera poca conquista el firmamento! Pero el vuelo abatamos, Espíritu; no así desvanezcamos Aqueste aplauso incierto, Si ha de pesarme cuando esté despierto, De haberlo conseguido Para haberlo perdido; Pues miéntras ménos fuere, Ménos se sentirá si se perdiere.
(Tocan un clarin.)
Clarin.
En un veloz caballo (Perdóname, que fuerza es el pintallo En viniéndome á cuento), En quien un mapa se dibuja atento, Pues el cuerpo es la tierra, El fuego el alma que en el pecho encierra, La espuma el mar, y el aire es el suspiro, En cuya confusion un caos admiro; Pues en el alma, espuma, cuerpo, aliento, Monstruo es de fuego, tierra, mar y viento; De color remendado, Rucio, y á su propósito rodado, Del que bate la espuela; Que en vez de correr vuela; A tu presencia llega Airosa una mujer.
Segism.
Su luz me ciega.
Clarin.
¡Vive Dios, que es Rosaura! (Retírase.)
Segism.
El cielo á mi presencia la restaura.
ESCENA X.
ROSAURA, con vaquero, espada y daga.—SEGISMUNDO, SOLDADOS.
Rosaura.
Generoso Segismundo, Cuya majestad heroica Sale al dia de sus hechos De la noche de sus sombras; Y como el mayor planeta, Que en los brazos de la aurora Se restituye luciente A las plantas y á las rosas, Y sobre montes y mares, Cuando coronado asoma, Luz esparce, rayos brilla, Cumbres baña, espumas borda; Así amanezcas al mundo, Luciente sol de Polonia, Que á una mujer infelice, Que hoy á tus plantas se arroja, Ampares por ser mujer Y desdichada: dos cosas, Que para obligarle á un hombre, Que de valiente blasona, Cualquiera de las dos basta, Cualquiera de las dos sobra. Tres veces son las que ya Me admiras, tres las que ignoras Quién soy, pues las tres me viste En diverso traje y forma. La primera me creiste Varon en la rigurosa Prision, donde fué tu vida De mis desdichas lisonja. La segunda me admiraste Mujer, cuando fué la pompa De tu majestad un sueño, Una fantasma, una sombra. La tercera es hoy, que siendo Monstruo de una especie y otra, Entre galas de mujer Armas de varon me adornan. Y porque compadecido Mejor mi amparo dispongas, Es bien que de mis sucesos Trágicas fortunas oigas. De noble madre nací En la corte de Moscovia, Que, segun fué desdichada, Debió de ser muy hermosa. En esta puso los ojos Un traidor, que no le nombra Mi voz por no conocerle, De cuyo valor me informa El mio; pues siendo objeto De su idea, siento ahora No haber nacido gentil, Para persuadirme loca A que fué algun dios de aquellos Que en metamorfósis llora Lluvia de oro, cisne y toro En Dánae, Leda y Europa. Cuando pensé que alargaba, Citando aleves historias, El discurso, hallo que en él Te he dicho en razones pocas Que mi madre, persuadida A finezas amorosas, Fué, como ninguna, bella, Y fué infeliz como todas. Aquella necia disculpa De fe y palabra de esposa La alcanzó tanto, que áun hoy El pensamiento la llora; Habiendo sido un tirano Tan Eneas de su Troya, Que la dejó hasta la espada. Enváinese aquí su hoja, Que yo la desnudaré Ántes que acabe la historia. Deste, pues, mal dado nudo Que ni ata ni aprisiona, Ó matrimonio ó delito, Si bien todo es una cosa. Nací yo tan parecida, Que fuí un retrato, una copia, Ya que en la hermosura no, En la dicha y en las obras; Y así, no habré menester Decir que poco dichosa Heredera de fortunas, Corrí con ella una propia. Lo más que podré decirte De mí, es el dueño que roba Los trofeos de mi honor, Los despojos de mi honra. Astolfo... ¡Ay de mí! al nombrarle Se encoleriza y se enoja El corazon, propio efecto De que enemigo le nombra.— Astolfo fué el dueño ingrato, Que olvidado de las glorias (Porque en un pasado amor Se olvida hasta la memoria), Vino á Polonia, llamado De su conquista famosa, A casarse con Estrella, Que fué de mi ocaso antorcha. ¿Quién crêrá, que habiendo sido Una estrella quien conforma Dos amantes, sea una Estrella La que los divida ahora? Yo ofendida, yo burlada, Quedé triste, quedé loca, Quedé muerta, quedé yo, Que es decir, que quedó toda La confusion del infierno Cifrada en mi Babilonia; Y declarándome muda (Porque hay penas y congojas Que las dicen los afectos Mucho mejor que la boca), Dije mis penas callando, Hasta que una vez á solas, Violante mi madre (¡ay cielos!) Rompió la prision, y en tropa Del pecho salieron juntas, Tropezando unas con otras. No me embaracé en decirlas; Que en sabiendo una persona Que, á quien sus flaquezas cuenta, Ha sido cómplice en otras, Parece que ya le hace La salva y le desahoga; Que á veces el mal ejemplo Sirve de algo. En fin, piadosa Oyó mis quejas, y quiso Consolarme con las propias: Juez que ha sido delincuente, ¡Qué fácilmente perdona! Escarmentando en sí misma, Y por negar á la ociosa Libertad, al tiempo fácil, El remedio de su honra, No le tuvo en mis desdichas; Por mejor consejo toma Que le siga, y que le obligue, Con finezas prodigiosas, A la deuda de mi honor; Y para que á ménos costa Fuese, quiso mi fortuna Que en traje de hombre me ponga. Descuelga una antigua espada Que es esta que ciño: ahora Es tiempo que se desnude, Como prometí, la hoja, Pues confiada en sus señas, Me dijo: «Parte á Polonia, Y procura que te vean Ese acero que te adorna, Los más nobles; que en alguno Podrá ser que hallen piadosa Acogida tus fortunas, Y consuelo tus congojas.» Llegué á Polonia, en efecto: Pasemos, pues que no importa El decirlo, y ya se sabe, Que un bruto que se desboca Me llevó á tu cueva, adonde Tú de mirarme te asombras. Pasemos que allí Clotaldo De mi parte se apasiona, Que pide mi vida al Rey, Que el Rey mi vida le otorga, Que informado de quién soy, Me persuade á que me ponga Mi propio traje, y que sirva A Estrella, donde ingeniosa Estorbé el amor de Astolfo Y el ser Estrella su esposa. Pasemos que aquí me viste Otra vez confuso, y otra Con el traje de mujer Confundiste entrambas formas; Y vamos á que Clotaldo, Persuadido á que le importa Que se casen y que reinen Astolfo y Estrella hermosa, Contra mi honor me aconseja Que la pretension deponga. Yo, viendo que tú, ¡oh valiente Segismundo! á quien hoy toca La venganza, pues el cielo Quiere que la cárcel rompas De esa rústica prision, Donde ha sido tu persona Al sentimiento una fiera, Al sufrimiento una roca, Las armas contra tu patria Y contra tu padre tomas, Vengo á ayudarte, mezclando Entre las galas costosas De Dïana, los arneses De Pálas, vistiendo ahora Ya la tela y ya el acero, Que entrambos juntos me adornan. Ea, pues, fuerte caudillo, A los dos juntos importa Impedir y deshacer Estas concertadas bodas: A mí, porque no se case El que mi esposo se nombra, Y á tí, porque, estando juntos Sus dos estados, no pongan Con más poder y más fuerza En duda nuestra victoria. Mujer vengo á persuadirte Al remedio de mi honra, Y varon vengo á alentarte A que cobres tu corona. Mujer vengo á enternecerte Cuando á tus plantas me ponga, Y varon vengo á servirte Con mi acero y mi persona. Y así piensa, que si hoy Como mujer me enamoras, Como varon te daré La muerte en defensa honrosa De mi honor; porque he de ser, En su conquista amorosa, Mujer para darte quejas. Varon para ganar honras.
Segism.
(Ap.) Cielos, si es verdad que sueño, Suspendedme la memoria, Que no es posible que quepan En un sueño tantas cosas. ¡Válgame Dios, quién supiera, Ó saber salir de todas, Ó no pensar en ninguna! ¿Quién vió penas tan dudosas? Si soñé aquella grandeza En que me ví, ¿cómo ahora Esta mujer me refiere Unas señas tan notorias? Luego fué verdad, no sueño; Y si fué verdad (que es otra Confusion, y no menor), ¿Cómo mi vida le nombra Sueño? Pues ¿tan parecidas A los sueños son las glorias, Que las verdaderas son Tenidas por mentirosas, Y las fingidas por ciertas? ¡Tan poco hay de unas á otras, Que hay cuestion sobre saber Si lo que se ve y se goza, Es mentira ó es verdad! ¿Tan semejante es la copia Al original, que hay duda En saber si es ella propia? Pues si es así, y ha de verse Desvanecida entre sombras La grandeza y el poder, La majestad y la pompa, Sepamos aprovechar Este rato que nos toca, Pues sólo se goza en ella Lo que entre sueños se goza. Rosaura está en mi poder, Su hermosura el alma adora; Gocemos, pues, la ocasion; El amor las leyes rompa Del valor y la confianza Con que á mis plantas se postra. Esto es sueño; y pues lo es, Soñemos dichas ahora, Que despues serán pesares. Mas ¡con mis razones propias Vuelvo á convencerme á mí! Si es sueño, si es vanagloria, ¿Quién por vanagloria humana Pierde una divina gloria? ¿Qué pasado bien no es sueño? ¿Quién tuvo dichas heroicas Que entre sí no diga, cuando Las revuelve en su memoria: Sin duda que fué soñado Cuanto ví? Pues si esto toca Mi desengaño, si sé Que es el gusto llama hermosa, Que la convierte en cenizas Cualquiera viento que sopla, Acudamos á lo eterno, Que es la fama vividora Donde ni duermen las dichas, Ni las grandezas reposan. Rosaura está sin honor; Más á un príncipe le toca El dar honor, que quitarle. ¡Vive Dios! que de su honra He de ser conquistador, Ántes que de mi corona. Huyamos de la ocasion, Que es muy fuerte.—Alarma, (A un soldado.) Que hoy he dar la batalla, Ántes que la oscura sombra Sepulte los rayos de oro Entre verdinegras ondas.
Rosaura.
¡Señor! ¿pues así te ausentas? ¿Pues ni una palabra sola No le debe mi cuidado, Ni merece mi congoja? ¿Cómo es posible, señor, Que ni me mires ni oigas? ¿Aun no me vuelves el rostro?
Segism.
Rosaura, al honor le importa, Por ser piadoso contigo, Ser cruel contigo ahora. No te responde mi voz, Porque mi honor te responda; No te hablo, porque quiero Que te hablen por mí mis obras, Ni te miro, porque es fuerza, En pena tan rigurosa, Que no mire tu hermosura Quien ha de mirar tu honra.