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Teatro selecto, tomo 1 de 4

LA VIDA ES SUEÑO. (continued 2)

Reading edition

(Vase, y los soldados con él.)

Rosaura.

¿Qué enigmas, cielos, son estas? Despues de tanto pesar, ¡Aún me queda que dudar Con equívocas respuestas!

ESCENA XI.

CLARIN.—ROSAURA.

Clarin.

¿Señora, es hora de verte?

Rosaura.

¡Ay Clarin! ¿dónde has estado?

Clarin.

En una torre encerrado Brujuleando mi muerte, Si me da, ó si no me da; Y á figura que me diera, Pasante quínola fuera Mi vida: que estuve ya Para dar un estallido.

Rosaura.

¿Por qué?

Clarin.

Porque sé el secreto De quien eres, y en efeto, Clotaldo... ¿Pero qué ruido Es este? (Suenan cajas.)

Rosaura.

¿Qué puede ser?

Clarin.

Que del palacio sitiado Sale un escuadron armado A resistir y vencer El del fiero Segismundo.

Rosaura.

¿Pues cómo cobarde estoy, Y ya á su lado no soy Un escándalo del mundo, Cuando ya tanta crueldad Cierra sin órden ni ley? (Vase.)

ESCENA XII.

CLARIN.—Soldados, dentro.

Voces.

(De unos.) ¡Viva nuestro invicto Rey!

Voces.

(De otros.) ¡Viva nuestra libertad!

Clarin.

¡La libertad y el Rey vivan! Vivan muy enhorabuena, Que á mí nada me da pena Como en cuenta me reciban Que yo, apartado este dia En tan grande confusion, Haga el papel de Neron, Que de nada se dolía, Si bien me quiero doler De algo, y ha de ser de mí: Escondido, desde aquí Toda la fiesta he de ver. El sitio es oculto y fuerte, Entre estas peñas.—Pues ya La muerte no me hallará, Dos higas para la muerte.

(Escóndese: tocan cajas, y suena ruido de armas).

ESCENA XIII.

BASILIO, CLOTALDO y ASTOLFO, huyendo.—CLARIN, oculto.

Basilio.

¡Hay más infelice rey! ¡Hay padre más perseguido!

Clotal.

Ya tu ejército vencido Baja sin tino ni ley.

Astolfo.

Los traidores vencedores Quedan.

Basilio.

En batallas tales Los que vencen son leales, Los vencidos los traidores. Huyamos, Clotaldo, pues, Del cruel, del inhumano Rigor de un hijo tirano.

(Disparan dentro y cae Clarin herido de donde está.)

Clarin.

¡Válgame el cielo!

Astolfo.

¿Quién es Este infelice soldado, Que á nuestros piés ha caido En sangre todo teñido?

Clarin.

Soy un hombre desdichado, Que por quererme guardar De la muerte, la busqué. Huyendo della, encontré Con ella, pues no hay lugar, Para la muerte, secreto: De donde claro se arguye, Que quien más su efecto huye, Es quien se llega á su efeto. Por eso tornad, tornad A la lid sangrienta luego; Que entre las armas y el fuego Hay mayor seguridad Que en el monte más guardado, Pues no hay seguro camino A la fuerza del destino Y á la inclemencia del hado; Y así, aunque á libraros vais De la muerte con huir, Mirad que vais á morir, Si está de Dios que murais. (Cae dentro.)

Basilio.

¡Mirad que vais á morir, Si está de Dios que murais! ¡Qué bien (¡hay cielos!) persuade Nuestro error, nuestra ignorancia A mayor conocimiento Este cadáver que habla Por la boca de una herida, Siendo el humor que desata Sangrienta lengua que enseña Que son diligencias vanas Del hombre, cuantas dispone Contra mayor fuerza y causa! Pues yo, por librar de muertes Y sediciones mi patria, Vine á entregarla á los mismos De quien pretendí librarla.

Clotal.

Aunque el hado, señor, sabe Todos los caminos, y halla A quien busca entre lo espeso De las peñas, no es cristiana Determinacion decir Que no hay reparo á su saña. Sí hay, que el prudente varon Victoria del hado alcanza; Y si no estás reservado De la pena y la desgracia, Haz por donde te reserves.

Astolfo.

Clotaldo, señor, te habla Como prudente varon Que madura edad alcanza, Yo como jóven valiente. Entre las espesas matas De ese monte está un caballo, Veloz aborto del aura; Huye en él, que yo entre tanto Te guardaré las espaldas.

Basilio.

Si está de Dios que yo muera, Ó si la muerte me aguarda Aquí, hoy la quiero buscar, Esperando cara á cara.

(Tocan al arma.)

ESCENA XIV.

SEGISMUNDO, ESTRELLA, ROSAURA, soldados, acompañamiento.—BASILIO, ASTOLFO, CLOTALDO.

Soldado.

En lo intrincado del monte, Entre sus espesas ramas, El Rey se esconde.

Segism.

¡Seguidle! No quede en sus cumbres planta Que no examine el cuidado, Tronco á tronco, y rama á rama.

Clotal.

¡Huye, señor!

Basilio.

¿Para qué?

Astolfo.

¿Qué intentas?

Basilio.

Astolfo, aparta.

Clotal.

¿Qué quieres?

Basilio.

Hacer, Clotaldo, Un remedio que me falta.— Si á mí buscándome vas, (A Segismundo.) Ya estoy, príncipe, á tus plantas:

(Arrodillándose.)

Sea dellas blanca alfombra Esta nieve de mis canas. Pisa mi cerviz, y huella Mi corona; postra, arrastra Mi decoro y mi respeto; Toma de mi honor venganza, Sírvete de mí cautivo; Y tras prevenciones tantas, Cumpla el hado su homenaje, Cumpla el cielo su palabra.

Segism.

Corte ilustre de Polonia, Que de admiraciones tantas Sois testigos, atended, Que vuestro príncipe os habla. Lo que está determinado Del cielo, y en azul tabla Dios con el dedo escribió, De quien son cifras y estampas Tantos papeles azules Que adornan letras doradas, Nunca engaña, nunca miente; Porque quien miente y engaña Es quien, para usar mal dellas, Las penetra y las alcanza. Mi padre, que está presente, Por excusarse á la saña De mi condicion, me hizo Un bruto, una fiera humana: De suerte, que cuando yo Por mi nobleza gallarda, Por mi sangre generosa, Por mi condicion bizarra Hubiera nacido dócil Y humilde, sólo bastara Tal género de vivir, Tal linaje de crianza, Á hacer fieras mis costumbres: ¡Qué buen modo de estorbarlas! Si á cualquier hombre dijesen: «Alguna fiera inhumana Te dará muerte:» ¿escogiera Buen remedio en despertalla Cuando estuviera durmiendo? Si dijeran: «Esta espada Que traes ceñida, ha de ser Quien te dé la muerte;» vana Diligencia de evitarlo Fuera entónces desnudarla Y ponérsela á los pechos. Si dijesen: «Golfos de agua Han de ser tu sepultura En monumentos de plata;» Mal hiciera en darse al mar, Cuando soberbio levanta Rizados montes de nieve, De cristal crespas montañas. Lo mismo le ha sucedido Que á quien, porque le amenaza Una fiera, la despierta; Que á quien, temiendo una espada, La desnuda; y que á quien mueve Las ondas de una borrasca: Y cuando fuera (escuchadme) Dormida fiera mi saña, Templada espada mi furia, Mi rigor quieta bonanza, La fortuna no se vence Con injusticia y venganza, Porque ántes se incita más; Y así, quien vencer aguarda Á su fortuna, ha de ser Con cordura y con templanza. No ántes de venir el daño Se reserva ni se guarda Quien le previene; que aunque Puede humilde (cosa es clara) Reservarse dél, no es Sino despues que se halla En la ocasion, porque aquesta No hay camino de estorbarla. Sirva de ejemplo este raro Espectáculo, esta extraña Admiracion, este horror, Este prodigio; pues nada Es más, que llegar á ver Con prevenciones tan várias, Rendido á mis piés á un padre, Y atropellado á un monarca. Sentencia del cielo fué; Por más que quiso estorbarla Él, no pudo; ¿y podré yo Que soy menor en las canas, En el valor y en la ciencia, Vencerla?—Señor, levanta, (Al Rey.) Dame tu mano; que ya Que el cielo te desengaña De que has errado en el modo De vencerla, humilde aguarda Mi cuello á que tú te vengues: Rendido estoy á tus plantas.

Basilio.

Hijo, que tan noble accion Otra vez en mis entrañas Te engendra, príncipe eres. A tí el laurel y la palma Se te deben; tú venciste; Corónente tus hazañas.

Todos.

¡Viva Segismundo, viva!

Segism.

Pues que ya vencer aguarda Mi valor grandes victorias, Hoy ha de ser la más alta Vencerme á mí.—Astolfo dé La mano luego á Rosaura, Pues sabe que de su honor Es deuda y yo he de cobrarla.

Astolfo.

Aunque es verdad que la debo Obligaciones, repara Que ella no sabe quién es; Y es bajeza y es infamia Casarme yo con mujer...

Clotal.

No prosigas, tente, aguarda; Porque Rosaura es tan noble Como tú, Astolfo, y mi espada Lo defenderá en el campo; Que es mi hija, y esto basta.

Astolfo.

¿Qué dices?

Clotal.

Que yo hasta verla Casada, noble y honrada, No la quise descubrir. La historia desto es muy larga; Pero, en fin, es hija mia.

Astolfo.

Pues siendo así, mi palabra Cumpliré.

Segism.

Pues porque Estrella No quede desconsolada, Viendo que príncipe pierde De tanto valor y fama, De mi propia mano yo Con esposo he de casarla Que en méritos y fortuna, Si no le excede, le iguala. Dáme la mano.

Estrel.

Yo gano En merecer dicha tanta.

Segism.

A Clotaldo, que leal Sirvió á mi padre, le aguardan Mis brazos, con las mercedes Que él pidiere que le haga.

Soldado.

Si así á quien no te ha servido Honras, ¿á mí que fuí causa Del alboroto del reino, Y de la torre en que estabas Te saqué, qué me darás?

Segism.

La torre; y porque no salgas Della nunca, hasta morir Has de estar allí con guardas; Que el traidor no es menester Siendo la traicion pasada.

Basilio.

Tu ingenio á todos admira.

Astolfo.

¡Qué condicion tan mudada!

Rosaura.

¡Qué discreto y qué prudente!

Segism.

¿Qué os admira? ¿qué os espanta, Si fué mi maestro un sueño, Y estoy temiendo en mis ánsias Que he de dispertar y hallarme Otra vez en mi cerrada Prision? Y cuando no sea, El soñarlo sólo basta; Pues así llegué á saber Que toda la dicha humana En fin pasa como un sueño, Y quiero hoy aprovecharla El tiempo que me durare: Pidiendo de nuestras faltas Perdon, pues de pechos nobles Es tan propio el perdonarlas.

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