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Teatro selecto, tomo 1 de 4

EL MÁGICO PRODIGIOSO. (continued 2)

Reading edition

(Cae boca abajo en el suelo, como desmayado.)

Gobern.

Tan absorto, Ciprïano, Me deja tu atrevimiento, Que imaginando castigos, A ninguno me resuelvo. (Pisándole.) Levántate.

Floro.

Desmayado, Es una estatua de hielo.

ESCENA XXII.

Soldados, JUSTINA.—Dichos.

Un sold.

Aquí está, señor, Justina.

Gobern.

(Ap. Verla la cara no quiero.) Con ese vivo cadáver Todos sola la dejemos;

(Ap. á los presentes.)

Porque cerrados los dos, Quizá mudarán de intento, Viéndose morir el uno Al otro; ó sañudo y fiero, Si no adoraren mis dioses, Morirán con mil tormentos.

Lelio.

(Ap.) Entre el amor y el espanto Confuso voy y suspenso.

Floro.

(Ap.) Tanto tengo que sentir, Que no sé qué es lo que siento.

(Vanse todos, ménos Justina.)

ESCENA XXIII.

JUSTINA; CIPRIANO, sin sentido, en el suelo.

Justina.

¿Todos os vais sin hablarme? Cuando yo contenta vengo A morir, ¡áun no me dais Muerte, porque la deseo!

(Repara en Cipriano.)

Mas sin duda es mi castigo, Cerrada en este aposento, Darme muerte dilatada, Acompañada de un muerto, Pues sólo un cadáver me hace Compañía. ¡Oh tú, que al centro De donde saliste, vuelves! ¡Dichoso tú, si te ha puesto En este estado la fe Que adoro!

Ciprian.

(Recobrándose.) Monstruo soberbio, ¿Qué aguardas, que no desatas Mi vida en?... (Ve á Justina, y levántase.) ¡Válgame el cielo! (Ap.) ¿No es Justina la que miro?

Justina.

(Ap.) ¿No es Ciprïano el que veo?

Ciprian.

(Ap.) Mas no es ella, que en el aire La finge mi pensamiento.

Justina.

(Ap.) Mas no es él: por divertirme, Fantasmas me finge el viento.

Ciprian.

Sombra de mi fantasía...

Justina.

Ilusion de mi deseo...

Ciprian.

Asombro de mis sentidos...

Justina.

Horror de mis pensamientos...

Ciprian.

¿Qué me quieres?

Justina.

¿Qué me quieres?

Ciprian.

Ya no te llamo. ¿A qué efecto Vienes?

Justina.

¿A qué efecto tú Me buscas? Ya en tí no pienso.

Ciprian.

Yo no te busco, Justina.

Justina.

Ni yo á tu llamada vengo.

Ciprian.

Pues ¿cómo estás aquí?

Justina.

Presa. ¿Y tú?

Ciprian.

Tambien estoy preso. Pero tu virtud, Justina, Díme ¿qué delito ha hecho?

Justina.

No es delito, pues ha sido Por el aborrecimiento De la fe de Cristo, á quien Como á mi Dios reverencio.

Ciprian.

Bien se lo debes, Justina; Que tienes un Dios tan bueno, Que vela en defensa tuya. Haz tú que escuche mis ruegos.

Justina.

Sí hará, si con fe le llamas.

Ciprian.

Con ella le llamo; pero Aunque dél no desconfío, Mis extrañas culpas temo.

Justina.

Confía.

Ciprian.

¡Ay, qué inmensos son Mis delitos!

Justina.

Más inmensos Son sus favores.

Ciprian.

¿Habrá Para mí perdon?

Justina.

Es cierto.

Ciprian.

¿Cómo, si el alma he entregado Al demonio mismo, en precio De tu hermosura?

Justina.

No tiene Tantas estrellas el cielo, Tantas arenas el mar, Tantas centellas el fuego, Tantos átomos el dia, Ni tantas plumas el viento, Como él perdona pecados.

Ciprian.

Así, Justina, lo creo, Y por él daré mil vidas. Pero la puerta han abierto.

ESCENA XXIV.

FABIO, trayendo presos á MOSCON, CLARIN y LIVIA.—CIPRIANO, JUSTINA.

Fabio.

Entrad, que con vuestros amos Aquí habeis de quedar presos. (Vase.)

Livia.

Si ellos quieren ser cristianos, ¿Acá qué culpa tenemos?

Moscon.

Mucha; que los que servimos, Harto gran delito hacemos.

Clarin.

Huyendo del monte, vine De un riesgo á dar á otro riesgo.

ESCENA XXV.

Un criado.—Dichos.

Criado.

A Justina y á Cipriano El gobernador Aurelio Llama.

Justina.

¡Feliz yo mil veces, Si es para el fin que deseo!— No te acobardes, Cipriano.

Ciprian.

Fe, valor y ánimo tengo; Que si de mi esclavitud La vida ha de ser el precio, Quien el alma dió por tí, ¿Qué hará en dar por Dios el cuerpo?

Justina.

Que en la muerte te querria Dije; y pues á morir llego Contigo, Cipriano, ya Cumplí mis ofrecimientos.

(Vanse Justina, Cipriano y el criado.)

ESCENA XXVI.

MOSCON, LIVIA, CLARIN.

Moscon.

¡Qué contentos á morir Van!

Livia.

Mucho más contentos Los tres á vivir quedamos.

Clarin.

No mucho; que falta un pleito Que averiguar; y aunque aquesta No es ocasion, por si luego No hay lugar, no será justo Que echemos á mal el tiempo.

Moscon.

¿Qué pleito es ese?

Clarin.

Yo he estado Ausente...

Livia.

Dí.

Clarin.

Un año entero, Y un año Moscon ha sido Sin mi intermision tu dueño; Y á rata por cantidad, Para que iguales estemos, Otro año has de ser mia.

Livia.

¿Pues de mí presumes eso, Que habia de hacerte ofensa? Los dias lloraba enteros Que me tocaba llorar.

Moscon.

Y yo soy testigo dello; Que el dia que no era mio Guardé á tu amistad respeto.

Clarin.

Eso es falso, porque hoy No lloraba cuando dentro De su casa entré, y con ella Estabas tú muy de asiento.

Livia.

No era hoy dia de plegaria.

Clarin.

Sí era, que si bien me acuerdo, El dia que me ausenté Era mio.

Livia.

Ese fué yerro.

Moscon.

Ya sé en lo que el yerro ha estado. Este fué año de bisiesto, Y fueron pares los dias.

Clarin.

Yo me doy por satisfecho, Porque no lo ha de apurar Todo el hombre.—Mas ¿qué es esto?

(Suena gran ruido de tempestad.)

ESCENA XXVII.

EL GOBERNADOR, gente; luego, FABIO, LELIO y FLORO, todos alborotados; despues, EL DEMONIO.

Livia.

La casa se viene abajo.

Moscon.

¡Qué confusion! ¡qué portento!

Gobern.

Sin duda se ha desplomado La máquina de los cielos.

(Suena la tempestad, y salen Fabio, Lelio y Floro.)

Fabio.

Apénas en el cadalso Cortó el verdugo los cuellos De Cipriano y de Justina, Cuando hizo sentimiento Toda la tierra.

Lelio.

Una nube, De cuyo abrasado seno Abortos horribles son Los relámpagos y truenos, Sobre nosotros cae.

Floro.

Della Un disforme monstruo horrendo En las escamadas conchas De una sierpe sale, y puesto Sobre el cadalso, parece Que nos llama á su silencio.

(Descúbrese el cadalso con las cabezas y cuerpos de Justina y Cipriano, y el Demonio, en lo alto, sobre una sierpe.)

Demonio.

Oid, mortales, oid Lo que me mandan los cielos Que en defensa de Justina Haga á todos manifiesto. Yo fuí quien por disfamar Su virtud, formas fingiendo, Su casa escalé, y entré Hasta su mismo aposento; Y porque nunca padezca Su honesta fama desprecios, A restituir su honor De aquesta manera vengo. Ciprïano, que con ella Yace en feliz monumento, Fué mi esclavo; mas borrando Con la sangre de su cuello La cédula que me hizo, Ha dejado en blanco el lienzo; Y los dos, á mi pesar, A las esferas subiendo Del sacro solio de Dios, Viven en mejor imperio. Esta es la verdad, y yo La digo, porque Dios mesmo Me fuerza á que yo la diga, Tan poco enseñado á hacerlo.

(Cae velozmente, y húndese.)

Lelio.

¡Qué asombro!

Floro.

¡Qué confusion!

Livia.

¡Qué prodigio!

Todos.

¡Qué portento!

Gobern.

Todos estos son encantos Que aqueste mágico ha hecho En su muerte.

Floro.

Yo no sé Si los dudo ó si los creo.

Lelio.

A mí me admira el pensarlos.

Clarin.

Yo solamente resuelvo Que si él es mágico, ha sido El mágico de los cielos.

Moscon.

Pues dejando en pié la duda Del bien partido amor nuestro, Al Mágico prodigioso Pedid perdon de los yerros.

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