GUATEMALA
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La historia de Guatemala, desde los tiempos de la colonia hasta el advenimiento de la República, está llena de episodios que alentara el mismo ideal libertador de toda la América que conquistó España.
Guatemala, como las otras repúblicas nuestras, tiene libertadores. Y si la conquista de sus derechos republicanos se realizó sin batallas desastrosas, no por ello es menos transcendental la actitud patriótica de varones que, como D. José María Castilla, D. Mariano Gálvez, D. Santiago Milla y D. J. Francisco Córdova, después de oir el memorable discurso de D. Antonio García Redondo, en la Junta convocada por el entonces gobernador D. Gabino Gainza, declararon la independencia nacional.
Fué este acontecimiento un poco tardío—con respecto a la unión centro-americana—pues en los días de la emancipación guatemalteca no existían ya lazos fuertes con Honduras, el Salvador, Nicaragua, ni Costa Rica. Chiapas ya era parte integrante de Méjico, y las tendencias unitarias desaparecieron entre ambiciones y rivalidades. Vinieron los odios locales, y comenzó la era revolucionaria intestina de los pueblos autónomos y nuevos, cuyas masas indígenas se hallaban en la mayor ignorancia.
Después de más de tres siglos de colonia, la libertad nacional de Guatemala fué un hecho el 15 de Septiembre de 1821. Todo el país saludó aquella alborada entusiásticamente.
El programa de los próceres, basado en la libertad lograda, quiso tender al desarrollo de los intereses colectivos, armonizándolos. El país se abrió al comercio universal, y los españoles que habían quedado, gozaron de las garantías que la ley concede a todos los ciudadanos.
Grandes obstáculos, inevitables contratiempos se opusieron al desarrollo del programa. Miras diversas y contradictorias tendencias de los mismos hombres que habían hecho la independencia, dividieron la nación en agrupaciones y bandos. La unidad en la acción no pudo sostenerse para organizar el país. Tal división se recrudeció cuando el Imperio de Iturbide quiso que Guatemala formase parte suya.
Dos fuertes bandos dividieron la opinión, dando pábulo a profundos antagonismos. Los imperialistas, pertenecientes a las clases más ricas y acomodadas, por sus ideas ancestrales y su deseo de que la sociedad continuara en un ambiente monárquico, se inclinaban a que Guatemala entrase a formar parte del vecino Imperio.
Los republicanos y patriotas que habían luchado por la soberanía nacional, inspirados en el ejemplo de los Estados Unidos del Norte, querían establecer un pueblo democrático, alentados—además—por las ideas de la Revolución Francesa. Este bando contaba en sus filas con hombres de pensamiento y de cultura, y con la mayoría del pueblo.
Los dos bandos, en continuo choque de ideas, llegaron a los hechos, y en noviembre de 1821 tuvo efecto el primer episodio de guerra civil.
Después de invasiones imperialistas y combates, la Asamblea se llamó Constituyente, y por decreto de Julio de 1823, quedó declarada la independencia de Guatemala, y el gobierno a cargo de un triunvirato formado por D. Vicente Villacorta, D. Pedro Molina y D. Antonio Rivera Cabezas.
En Abril de 1829 entró victorioso el general Morazán en la capital de Centro-América, iniciándose para Guatemala una época próspera. Después, han gobernado la nación Carrera, Cerna, García Granados y Barrios, Barillas y Reyna Barrios; y actualmente ocupa la presidencia el licenciado D. Manuel Estrada Cabrera.
El famoso Rafael Carrera gobernó veinticinco años. No sabía leer ni escribir. Sus biógrafos refieren que, por su valor de soldado y su amistad con el clero, se sostuvo en el poder. El plan de instrucción pública se limitó en aquel tiempo a escasos rudimentos. El trabajo fué substituído por la holgazanería, y en las chicherías y fondas perdían el tiempo las clases obreras, machete al cinto, como una continua amenaza a la sociedad. El comercio casi no existía. A la agricultura no se prestaba atención de ningún género, y únicamente daban rendimiento las cosechas de cochinilla y de grana. Los caminos de rueda eran muy contados en el interior, figurando en primer término el del Puerto de San José a la capital, pues la carretera a Izamal, que se proyectara en aquella época, había quedado en su comienzo, a pesar de ser la vía del mejor y más cuantioso comercio guatemalteco.
El presidente Carrera emprendió campañas, entre las cuales se recuerda principalmente la de 1863, cuando derrotó al general Gerardo Barrios, que era presidente del Salvador y jefe del partido Unionista de Centro-América. No obstante, en los últimos años del gobierno de Carrera hubo algún progreso de orden material. Fueron construídos entonces el Castillo de San José, el edificio de la Sociedad Económica, que hoy sirve a los Correos y Telégrafos y a la Legislatura, y el teatro Colón.
Al morir Carrera, asumió el mando el mariscal D. Vicente Cerna. Este fué reelecto, y después de una campaña en que se recuerdan las batallas de Totonicapán, San Lucas, Tierra Blanca y «Cochin», fué vencido por el general García Granados, quien el 30 de Junio de 1871 entró en la capital y tomó el mando. El gobierno de esta capital se inició dictando la ley de libre imprenta, abriendo puertos en el Pacífico, derogando decretos monopolistas y alentando la agricultura y el comercio. Pero no tardó la guerra, y el general García Granados sale de la capital, dejando en su puesto a D. Justo Rufino Barrios. A su regreso fué convocado el pueblo para elecciones, y elegido este jefe prestigioso.
El general Barrios gobernó catorce años, siguiendo los propósitos patrióticos de Morazán, en favor del progreso nacional. Creó escuelas en todo el país, fomentó la agricultura, estimuló a las clases laboriosas, y creó democracia consolidando la República. A este respecto dice un guatemalteco eminente, D. Antonio Batres Jauregui: «Demostró Barrios, que el talento y las virtudes no eran el resultado de las aspiraciones de bandería, ni radicaban en las pretensiones de la nobleza. Esta se demostró tal como era entre nosotros, sólo apta para esquilmar al pueblo, y cuando el pueblo se levantó por el empuje de la Reforma, y aquél tuvo que unirse a él, necesariamente, y vinieron las uniones legítimas entre jóvenes educados y cultos, hijos de honrados artesanos, de industriales y agricultores del pueblo, con damas de la nobleza, a demostrar que en Guatemala se había hecho práctica la democracia que radica en la igualdad ante la ley, y que descansa en el apoyo del talento y en las virtudes que son, generalmente, el patrimonio de los pueblos más fecundos y honrados de América».
El general Barrios, sustentando las ideas de Morazán, activó su propaganda, dictó el decreto de 28 de Febrero de 1885 proclamando la Unión de Centro-América, y se puso al frente de un ejército para apoyarlo. En la campaña obtuvo algunos triunfos sobre los enemigos de la Unión, y en el ataque a Chalchuapa recibió la muerte. Fué en verdad una muerte heroica y gloriosa.
Sucedió al general Barrios D. Manuel Lisandro Barillas, que era segundo designado. Durante su gobierno, el país siguió su marcha progresiva. El general Barillas no pudo seguir en el poder, y el pueblo llevó a la presidencia al general José María Reyna Barrios. De su administración han quedado huellas estimables, como el Bulevar 30 de Junio, embellecido por monumentos de caudillos patriotas; el Cuartel de Artillería, el Palacio de la Reforma y el Registro. Además hizo todo esfuerzo por la importante obra del ferrocarril del Norte, que no pudo concluir. En Febrero de 1898, un extranjero, llamado Zollinger, hirió de muerte al general Reyna Barrios, y esto fué causa de una conspiración palaciaga, en que se quiso desconocer al designado por la ley, conspiración sin resultados, porque el licenciado Estrada Cabrera asumió el mando de la República.
Al referirme a la gestión gubernativa del actual presidente de Guatemala, he de prescindir de los ataques que contra él se han hecho en algunas publicaciones y que, desde luego, se ve que son obra de sus contrarios políticos. No me toca inmiscuirme en los asuntos interiores y en las rencillas partidarias de aquella generosa nación.
El presidente Estrada Cabrera, aparece, al contemplársele sin prevenciones, desde lejos, como un intelectual amigo de los hombres de pensamiento y de acción, y prácticamente interesado en asuntos que signifiquen brillo y progreso para su país. Ha llevado a término la grandiosa obra del ferrocarril del Norte interoceánico, que ha dado enorme impulso al comercio garantizando a la nación su porvenir económico. Este ferrocarril ha unido las ricas zonas de Mazatenango, Retalhuleu y Quezaltenango con la capital. El presidente Estrada Cabrera ha creado las fiestas de Minerva, y dedicando especiales esfuerzos y estudios al problema de la instrucción pública, con métodos e ideas modernas, y fomentando las artes y las ciencias ha logrado un florecimiento intelectual apreciable ya. Ha fundado escuelas prácticas, con edificios especiales, en los veintitrés departamentos que componen la República. Un completo sistema telegráfico cruza el país actualmente. Para el desarrollo de la agricultura, el gobierno del licenciado Estrada Cabrera, ha repartido más de 8.000 caballerías entre gentes laboriosas. En la capital, de 1907 a 1911, se han realizado mejoras de significación, entre las que pueden mencionarse: la pavimentación moderna de calles y avenidas, la formación de parques como el de Jocotenango, edificios para escuelas y un plantel for correccional en la Segunda y Séptima avenidas, Norte y Sur; en el paseo de la Reforma hay nuevos chalets y villas y asilos, y en el Llano del Cuadro se han edificado manzanas de bellas mansiones.
En un reciente mensaje a la Asamblea Nacional, dirigido por el presidente Estrada Cabrera, hay párrafos que acusan un sereno interés patriótico, por ejemplo:
«A iniciativa de muchos escritores guatemaltecos, fué convocado y se reunió en esta capital, durante los últimos días del mes de Octubre recién pasado, el primer Congreso Centro-Americano de Periodistas, agrupación por todos conceptos importante; simpática, que ocupándose, según su programa, en excogitar los medios más civilizados y eficaces para llegar a la pacífica reconstrucción de la antigua patria y de hacer propaganda de ellos, por medio del periodismo, mereció todos los aplausos debidos a la buena fe y sana intención con que se trataron aquellos importantes asuntos.
»El gobierno vió con placer que, efectivamente, salvando unas pocas exageraciones y ardimientos juveniles, los trabajos llevados a cabo por ese interesante Congreso tendieron principalmente al acercamiento pacífico, seguro y estable de las repúblicas del Istmo, que es uno de los puntos del programa de la Administración guatemalteca y se congratula en manifestar que la iniciativa de los escritores fué acogida con general entusiasmo, y que acudió al llamamiento de ella la parte más importante de la prensa de Centro-América.»
Las instituciones de beneficiencia cuentan actualmente en Guatemala con toda la protección del gobierno. Asilos para niños, hospitales, lazaretos, casas de salud, reciben constante apoyo, como lo prueba el siguiente estado de fondos: Producido del año para beneficencia... 2.635.206,70 de pesos, suma de la cual se invirtieron pesos 2.553.705,72, quedando un saldo a favor de las instituciones, ascendente a... 81.500,98 de pesos. Con la suma invertida fueron atendidos en los establecimientos 15.974 enfermos, y recibieron cuidados 800 niños desvalidos. El día 21 de Agosto del año pasado se inauguró en Guatemala un importante edificio, la Casa de Maternidad, y comenzó a funcionar el 21 de Noviembre siguiente.
No he de terminar este artículo, que es un saludo a Guatemala en paz, en trabajo, y por consiguiente en progreso, sin aludir de modo especial a esa falange de poetas y pensadores que, en la historia intelectual del país, exaltan el nombre nacional y son lucida parte de la intelectualidad de nuestra América. Si en lo antiguo cuenta Guatemala con Landivar, con Fray Matías Córdova, en lo moderno puede gloriarse con los peregrinos ingenios de José Milla y Batres Montufar, con Isisarri, Agustín Gómez Carrillo, Fernando Cruz, los Diéguez, Montufar, Saravia, el malogrado Domingo Estrada y otros. Y en la actualidad con el eminente doctor Ortega, con D. Antonio Batres Jauregui, con Salazar, con Falla, con los insignes salvadoreños, a quienes Guatemala adoptara, Joaquín Méndez y Francisco Castañeda, con Enrique Gómez Carrillo y Tible Machado, cuyos nombres, célebre el uno en la literatura, brillante el otro en la diplomacia y en el periodismo, figuran en la prensa de Europa; con una juventud, en fin, que es florida corona de su renacimiento intelectual.