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Prosa Política (Las Repúblicas Americanas), Obras Completas Vol. XIII

COLOMBIA

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Escudo de Colombia
Escudo de Colombia
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Nosotros, decía un eminente argentino, no tenemos un país rico, hemos hecho nuestra riqueza. Países ricos, son esos que suben al norte en tierras de tesoros, Colombia, por ejemplo». En efecto, si todo nuestro continente es generoso y rico, Colombia es uno de los países que tienen mayores riquezas en la tierra. Hay que recordar que en ella está la fabulosa región de El Dorado. «Su clima variadísimo—escribía hace poco el Sr. Luis Cano—y la riqueza insoluble de su suelo atraerán seguramente la inmigración europea, que hasta hoy no ha logrado recibir, a causa de la inestabilidad política y por falta de propaganda exterior y de leyes correspondientes a este objeto. Apenas ahora el Gobierno se preocupa formalmente de provocar una corriente inmigratoria que desde hace mucho tiempo necesita, y que será uno de los factores principales en su proceso de crecimiento. Del mismo modo, parece ya casi suspendido por obra de la paz y de la moralidad gubernativa, el éxodo de nacionales, que constituía una de las características más desconsoladoras de la pasada difícil situación del país. Cierto, esa tierra de leones ha sido de las más agitadas del continente por la fiebre revolucionaria. El hombre que aró en el mar, conocía bien el ambiente de sus empresas. Ha sido Colombia en la América Latina, el país de las más grandes ilusiones políticas y de terribles contiendas, que han debilitado la salud de la república. «Durante toda nuestra vida independiente, ha escrito Pérez Triana, hemos malgastado nuestras energías en pavorosas luchas cruentas, que nos han hecho aparecer ante el mundo como indignos de la independencia que obtuvieron nuestros mayores, y como inhábiles para el aprovechamiento, en bien de nosotros mismos y de la humanidad, de la egregia herencia que nos legaron.» Pero esos son cargos para todas nuestras nacionalidades, con señaladísimas excepciones.

Lo que ha distinguido en todo tiempo a Colombia, ha sido su fecundidad en valores intelectuales. Santa Fe de Bogotá fué tenida, desde antaño, como la Atenas hispano-americana, aunque tal denominación se haya dado a otras ciudades estudiosas. ¿Hasta qué punto tendrán razón los que afirman que hoy es bastante lamentable para un país nuestro el poseer una capital que sea más o menos nombrada la Atenas de las repúblicas? El progreso, en la América latina, se dice, se mide por la mayor o menor preocupación por las bellas letras y por el cultivo de la lengua castellana. El culto de la gramática, he ahí el enemigo. La capital menos castiza: Buenos Aires. El único presidente que haya decretado sobre el idioma de sus conciudadanos: el doctor Soto, de Honduras. Hay mucho en esto de paradoja. Colombia, no hay duda, ha sido un gran cerebro en América; pero ha tenido también un brazo fuerte, un corazón vasto, un cuerpo rico de energías, cuya acción se desviara a causa de haber concentrado más que en otras partes, la influencia nociva de los antiguos filtros españoles. A propósito de una región del interior colombiano, habla el Sr. don Miguel Triana de «el régimen cuasi feudal, el ensueño aristocrático, la veneración al estandarte real que pudiera decirse nostalgia colonial, el predominio teocrático en la disciplina íntima y el consiguiente desafecto hacia los hombres, las glorias, las ideas y los métodos de la democracia moderna. Así se explica como, en los plenos días de la vida nueva, se oyen protestas contra el 89, contra el anhelo de la concordia republicana y contra la igualdad civil, culpando todos esos cánones modernos de inspiración diabólica». No os imaginéis que ella sea aplicable a toda Colombia. ¿No es allí en donde han surgido, en toda época, espíritus revolucionarios, y en donde se llevara a la práctica un ensueño de romanticismo político, como la famosa constitución de Río Negro, que mereciera, ¡naturalmente! la bendición pontifical de Víctor Hugo? Nada más desdeñable que el jacobinismo; y no seré yo quien censure y desee la completa desaparición de antiguallas, como el respeto a las jerarquías, el predominio de los excelentes, el orden y la disciplina, y, la más antigua de todas, el concepto de Dios. Pero todo eso puede ir y debe ir en la vida moderna, acompañado de ferrocarriles, bancos, industrias, agricultura; esto es, trabajo y hacienda pingüe en los estados.

Colombia ha pasado, a costa de su sangre y de su oro, por harto dolorosas experiencias; y si se afirma la dirección de paz y de progreso, y verdadera regeneración que se ha iniciado con la buena voluntad de sus hombres eminentes y el aumento de los caudales públicos, florecerá en una nueva y grandiosa era. ¿Qué llegará a ser esa renombrada Bogotá, archivo de cultura y señorío, de la cual cuentan encantos los que han tenido la suerte de visitarla, cuando una a sus tradicionales atractivos, que desde luego tomarán otros aspectos, la vitalidad y el brillo de una ciudad moderna? ¿Qué de ese país predilecto de la abundancia, el día en que sus energías se empleen, dados ya al olvido los intereses partidarios, en la labor de hacer riqueza, civilización y patria grande? En una obra del general Jorge Holguín, se encuentra el siguiente penoso resumen estadístico: «En los setenta y tres años transcurridos de 1830 a 1903, tuvieron lugar en Colombia:

Nueve grandes guerras civiles, generales.

Catorce guerras civiles, locales.

Dos guerras internacionales, ambas con el Ecuador.

Tres golpes de cuartel, incluyendo el de Panamá.

Una conspiración fracasada, que hacen en total veintinueve calamidades públicas.

De los informes publicados por los ministerios de Hacienda y Tesoro en los años correspondientes a 1830, 1840, 1851, 1854, 1861, 1867, 1876, 1885 y 1899 (que fueron los años de las grandes guerras), resulta que, sin computar la destrucción de riqueza ni calcular las pérdidas sufridas por los particulares, desdeñando lucro cesante y daño emergente, y haciendo cuenta únicamente del dinero pagado o reconocido por el Tesoro Nacional, las susodichas guerras costaron aproximadamente:

Nueve guerras, por término medio, a pesos oro 3.500.000 cada una 31.500.000

Catorce guerras locales, por término medio, a 400.000 5.600.000

Dos guerras internacionales 800.000

Dos golpes de cuartel, 23 de Mayo y 31 de Julio de 1912

Una conspiración de cuartel encabezada por el general Huertas en Panamá el 3 de Noviembre de 1903, importe de la concesión conforme contrato Herrán-Hay, 10.000.000. Anualidades del ferrocarril, capitalizadas en 4.000.000. 14.000.000

51.900.000

Muy pocos son los países del mundo que tengan la desgracia (proporciones guardadas) de registrar en sus Anales inventario tan aterrador y, sin embargo, a pesar de ser tan elevada la cuenta, es muy cierto que, atendido el apasionamiento y la exacerbación en que han vivido los partidos, las ofensas que se han irrogado, los golpes que se han descargado en medio de luchas espantosas, de agitaciones horribles y de ansiedades incesantes, las guerras, los golpes de cuartel y las conspiraciones no han sido tantos cuantos habría podido suponer un observador imparcial que hubiera seguido con atención la marcha de los asuntos públicos.» Si se hiciese un inventario igual de cada una de nuestras enfermas democracias, Colombia tendría el alivio de las comparaciones. De todos modos, es la patria la que ha sufrido. Y los estadistas, los gobernantes no han tenido sino que sufrir la fatalidad de su medio. El mismo Sr. Holguín da una discreta explicación: «...Por grandes que fuesen, dice, su inteligencia y su ilustración, y por nobles y rectas que fueran sus intenciones, estando la nación dividida en partidos intransigentes que habían adquirido la costumbre de confiar la solución de sus diferencias al juego tan peligroso de las batallas, no contando con ninguna clase social que sirviera de contrapeso a las otras clases sociales, que andaban enloquecidas con la política; viéndose obligados a defenderse con frecuencia de las revoluciones, de las conspiraciones, de los golpes de cuartel y de los ataques formidables que le dirigía la prensa de oposición; con escasas rentas públicas, con gastos enormes, teniendo que hacer esfuerzos extraordinarios para cumplir los más urgentes compromisos del erario... por grande, decimos, que fuese su inteligencia, la tarea de guiar la nave del Estado por entre tantos obstáculos, ha tenido que ser, si no imposible, por lo menos muy difícil». En cualquiera de nuestros países, apartando desde hace algunas centurias a Chile, la Argentina y la pequeña Costa Rica, la situación ha sido la misma. Lo continental endémico no aminora sino que acrece lo lamentable. Todos hemos tenido nuestros criollos y chapetones, al comienzo, para seguir después con nuestros federales y unitarios, rojos y blancos, liberales y conservadores, y la innumerable división de los istas. Pero Colombia, como pocos pueblos, ha pagado sus choques y disenciones civiles. Y pocos pueblos han podido también contar con varones tan ilustres en los distintos partidos.

No me ocuparé nunca de la política interior de ninguna nación. Haré notar, no obstante, que desde la unión efectuada por los diferentes elementos de las agrupaciones políticas, se ha logrado «la reimplantación gradual y segura de un Gobierno democrático y liberal, dentro de las exigencias no estrechas de su criterio conservador». Y el actual mandatario se esfuerza por mejorar el crédito ante todo, impulsar la industria y el comercio, vigorizar, en una palabra, su país, que ha de llegar a ser todo lo que puede, con sus vastas riquezas fomentadas en una paz laboriosa.

Bogotá la docta y palatina, se abrillanta, se rejuvenece. Medellín, cuyos adelantos se han expuesto tan plausiblemente en una publicación, con motivo del centenario Colombiano; Popayán, ciudad que, según la frase de Reclus, es de las ciudades que, vistas a distancia, presentan el cuadro más encantador y más grandioso; Cali, «la ciudad más bella de Colombia y la que algún día habrá de disputar a Valparaíso el imperio del Océano Pacífico»; otras ciudades más, serán quizá en breve focos de civilización y de vitalidad.

Es demás señalar las ventajas de las regiones colombianas descriptas en los tratados geográficos y en los libros de viajes; y la belleza y encantos rurales que en el mundo entero se han podido apreciar con la simple lectura de la María, de Jorge Isaacs. Colombia es la Fertilidad, en su aspecto físico, como en su aspecto moral es el Talento. Es el imperio de las esmeraldas y de los versos. Sus figuras intelectuales son incontables, desde la colonia hasta nuestros días. ¿Qué será Colombia el día que lleguen a sus inmensas tierras los brazos y las iniciativas europeas? Colombia será una de las grandes sorpresas de la historia humana. Seguid, oh pueblos de nuestra América, la estela que va dejando en triunfo hacia el porvenir el potente navío argentino, y más de un sueño increíble se realizará entre las naciones.

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