ARGENTINA
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DON ESTEBAN ECHEVERRÍA
CANCIÓN DE ELVIRA Creció acaso arbusto tierno Á orillas de un manso río, Y su ramaje sombrío Muy ufano se extendió; 5 Mas en el sañudo invierno Subió el río cual torrente, Y en su túmida corriente El tierno arbusto llevó. Reflejando nieve y grana, 10 Nació garrida y pomposa En el desierto una rosa, Gala del prado y amor; Mas lanzó con furia insana Su soplo inflamado el viento, 15 Y se llevó en un momento Su vana pompa y frescor. Así dura todo bien... Así los dulces amores, Como las lozanas flores, Se marchitan en su albor; Y en el incierto vaivén De la fortuna inconstante, 5 Nace y muere en un instante La esperanza del amor.
DON OLEGARIO V. ANDRADE
ATLÁNTIDA Canto al porvenir de la raza latina en América VII ¡Siglos pasaron sobre el mundo, y siglos Guardaron el secreto! Lo presintió Platón cuando sentado 10 En las rocas de Engina contemplaba Las sombras que en silencio descendían Á posarse en las cumbres del Himeto; Y el misterioso diálogo entablaba Con las olas inquietas 15 ¡Que á sus pies se arrastraban y gemían! Adivinó su nombre, hija postrera Del tiempo, destinada Á celebrar las bodas del futuro En sus campos de eterna primavera, 20 ¡Y la llamó la Atlántida soñada! Pero Dios reservaba La empresa ruda al genio renaciente De la latina raza, ¡domadora De pueblos, combatiente 5 De las grandes batallas de la historia! Y cuando fué la hora, Colón apareció sobre la nave Del destino del mundo portadora— Y la nave avanzó. Y el Océano, 10 Huraño y turbulento, Lanzó al encuentro del bajel latino Los negros aquilones, ¡Y á su frente rugiendo el torbellino, Jinete en el relámpago sangriento! 15 Pero la nave fué, y el hondo arcano Cayó roto en pedazos; ¡Y despertó la Atlántida soñada De un pobre visionario entre los brazos! Era lo que buscaba 20 El genio inquieto de la vieja raza, Debelador de tronos y coronas, ¡Era lo que soñaba! ¡Ámbito y luz en apartadas zonas! Helo armado otra vez, no ya arrastrando 25 El sangriento sudario del pasado Ni de negros recuerdos bajo el peso, Sino en pos de grandiosas ilusiones, ¡La libertad, la gloria y el progreso! ¡Nada le falta ya! lleva en el seno El insondable afán del infinito, ¡Y el infinito por doquier lo llama De las montañas con el hondo grito 5 Y de los mares con la voz de trueno! Tiene el altar que Roma Quiso en vano construir con los escombros Del templo egipcio y la pagoda indiana, ¡Altar en que profese eternamente 10 Un culto solo la conciencia humana! ¡Y el Andes, con sus gradas ciclopeas, Con sus rojas antorchas de volcanes, Será el altar de fulgurantes velos En que el himno inmortal de las ideas 15 La tierra entera elevará á los cielos! VIII ¡Campo inmenso á su afán! Allá dormidas Bajo el arco triunfal de mil colores Del trópico esplendente, Las Antillas levantan la cabeza 20 De la naciente luz á los albores, Como bandadas de aves fugitivas Que arrullaron al mar con sus extrañas Canciones plañideras, Y que secan al sol las blancas alas 25 ¡Para emprender el vuelo á otras riberas! ¡Allá Méjico está! sobre dos mares Alzada cual granítica atalaya, ¡Parece que aun espía La castellana flota que se acerca Del golfo azteca á la arenosa playa! Y más allá Colombia adormecida 5 Del Tequendama al retemblar profundo, ¡Colombia la opulenta Que parece llevar en las entrañas La inagotable juventud del mundo! ¡Salve, zona feliz! región querida 10 Del almo sol que tus encantos cela, Inmenso hogar de animación y vida, ¡Cuna del gran Bolívar! ¡Venezuela! Todo en tu suelo es grande, Los astros que te alumbran desde arriba 15 Con eterno, sangriento centelleo, El genio, el heroísmo, ¡Volcán que hizo erupción con ronco estruendo En la cumbre inmortal de San Mateo! Tendida al pie del Ande, 20 Viuda infeliz sobre entreabierta huesa, Yace la Roma de los Incas, rota La vieja espada en la contienda grande, La frente hundida en la tiniebla obscura, ¡Mas no ha muerto el Perú! que la derrota 25 Germen es en los pueblos varoniles De redención futura— entonces cuando llegue, Para su suelo, la estación propicia Del trabajo que cura y regenera, Y brille al fin el sol de la justicia Tras largos días de vergüenza y lloro, 5 ¡El rojo manto que á su espalda flota Las mieses bordarán con flores de oro! ¡Bolivia! la heredera del gigante Nacido al pie del Ávila, su genio Inquieto y su valor constante 10 Tiene para las luchas de la vida; Sueña en batallas hoy, pero no importa, Sueña también en anchos horizontes En que en vez de cureñas y cañones ¡Sienta rodar la audaz locomotora 15 Cortando valles y escalando montes! Y Chile el vencedor, fuerte en la guerra, Pero más fuerte en el trabajo, vuelve Á colgar en el techo Las vengadoras armas, convencido 20 De que es estéril siempre la victoria De la fuerza brutal sobre el derecho. El Uruguay que combatiendo entrega Su seno á las caricias del progreso, El Brasil que recibe 25 Del mar Atlante el estruendoso beso Y á quien sólo le falta El ser más libre, para ser más grande, ¡Y la región bendita, Sublime desposada de la gloria, Que baña el Plata y que limita el Ande! ¡De pie para cantarla! que es la patria, La patria bendecida, 5 Siempre en pos de sublimes ideales, ¡El pueblo joven que arrulló en la cuna El rumor de los himnos inmortales! Y que hoy llama al festín de su opulencia Á cuantos rinden culto 10 Á la sagrada libertad, hermana Del arte, del progreso y de la ciencia— ¡La patria! que ensanchó sus horizontes Rompiendo las barreras Que en otrora su espíritu aterraron, 15 ¡Y á cuyo paso en los nevados montes Del Génesis los ecos despertaron! ¡La patria! que, olvidada De la civil querella, arrojó lejos El fratricida acero 20 Y que lleva orgullosa La corona de espigas en la frente, ¡Menos pesada que el laurel guerrero! ¡La patria! en ella cabe Cuanto de grande el pensamiento alcanza, 25 En ella el sol de redención se enciende, Ella al encuentro del futuro avanza, Y su mano, del Plata desbordante ¡La inmensa copa á las naciones tiende! IX ¡Ámbito inmenso, abierto De la latina raza al hondo anhelo! ¡El mar, el mar gigante, la montaña En eterno coloquio con el cielo... 5 Y más allá desierto! Acá ríos que corren desbordados, Allí valles que ondean Como ríos eternos de verdura, Los bosques á los bosques enlazados, 10 ¡Doquier la libertad, doquier la vida Palpitando en el aire, en la pradera Y en explosión magnífica encendida! ¡Atlántida encantada Que Platón presintió! promesa de oro 15 Del porvenir humano—Reservado Á la raza fecunda, Cuyo seno engendró para la historia Los Césares del genio y de la espada— Aquí va á realizar lo que no pudo 20 Del mundo antiguo en los escombros yertos ¡La más bella visión de sus visiones! ¡Al himno colosal de los desiertos La eterna comunión de las naciones!
PROMETEO VII ¡Arriba, pensadores! que en la lucha Se templa y fortalece Vuestra raza inmortal, nunca domada, Que lleva por celeste distintivo 5 La chispa de la audacia en la mirada Y anhelos infinitos en el alma; ¡En cuya frente altiva Se confunden y enlazan El laurel rumoroso de la gloria 10 Y del dolor la mustia siempre-viva! ¡Arriba, pensadores! ¡Que el espíritu humano sale ileso Del cadalso y la hoguera! Vuestro heraldo triunfal es el progreso 15 Y la verdad la suspirada meta De vuestro afán gigante. ¡Arriba! ¡que ya asoma el claro día En que el error y el fanatismo expiren Con doliente y confuso clamoreo! 20 ¡Ave de esa alborada es el poeta, Hermano de las águilas del Cáucaso, Que secaron piadosas con sus alas La ensangrentada faz de Prometeo!
DON RAFAEL OBLIGADO
EN LA RIBERA Ven, sigue de la mano Al que te amó de niño; Ven, y juntos lleguemos hasta el bosque Que está en la margen del paterno río. 5 ¡Oh, cuánto eres hermosa, mi amada, en este sitio! Sólo por ti, y á reflejar tu frente, Corriendo baja el Paraná tranquilo. Para besar tu huella 10 Fue siempre tan sumiso, Que, en viéndote llegar, hasta la playa Manda sus olas sin hacer rüido. Por eso, porque te ama, Somos grandes amigos; 15 Luego, sabe decirte aquellas cosas Que nunca brotan de los labios míos. El año que tú faltas, La flor de sus seíbos, Como cansada de esperar tus sienes, 20 Cuelga sus ramos de carmín marchitos. Por la tersa corriente, Risueños y furtivos, Como sueltas guirnaldas, no navegan Los verdes camalotes florecidos. 5 Sólo inclinan los sauces Su ramaje sombrío, Y las aves más tristes, en sus copas Gimiendo tejen sus ocultos nidos. Pero llegas..., y el agua, 10 El bosque, el cielo mismo, Es como una explosión de mil colores, Y el aire rompe en sonorosos himnos. Así la primavera, Del trópico vecino 15 Desciende, y canta, repartiendo flores, Y colgando en las vides los racimos. ¡Cuál suenan gratamente, Acordes, en un ritmo, Del agua el melancólico murmullo 20 Y el leve susurrar de tu vestido! ¡Oh, si me fuera dado Guardar en mis oídos, Para siempre, esta música del alma, Esta unión de tu ser y de mis ríos!