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I. Origen de los indios de América. II. Origen y civilizaciones de los indígenas del Perú

PRELUSIÓN

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PREVISIONES SINGULARES DE UN NUEVO MUNDO

Los antiguos han presentido ó profetizado la existencia de otro Mundo desconocido en la región occidental de la Tierra: este presentimiento estaba arraigado en la imaginación de algunos filósofos y sabios de aquella época lejana.

Estrabón[22] en su Geographia, que consta de diezisiete libros, se ocupa extensamente de las opiniones asentadas por Platón[23], Aristóteles[24], Eratóstenes[25], Hiparco[26] y Ptolomeo[27], acerca de la forma del Globo Terráqueo. Citando á Eratóstenes, que en los años 270 á 290 antes de Cristo, coleccionó los tesoros geográficos de la célebre biblioteca de Alejandría, reuniendo en tres libros los descubrimientos realizados hasta entonces en el campo de la geografía física, matemática y política, reproduce el siguiente pasaje de este sabio filósofo africano, que en su Geographicorum dice: "Si no fuere un obstáculo la colosal extensión del Océano Atlántico, podría llegarse fácilmente por mar, siguiendo el mismo grado de latitud, desde la península Ibérica hasta las Indias. La parte medida de este grado comprende más de una tercera parte de la circunferencia terrestre." Añadiendo Estrabón: "Sería muy probable que en esta extensión se hallase mayor número de partes habitadas del Mundo."

Herodoto[28] en sus Historias, que constan de nueve libros (á los que la justa admiración de la antigüedad ha impuesto el nombre de las nueve Musas), asevera que "no habría inconveniente en atravesar el Océano Atlántico en descubierto de otros habitantes desconocidos."

Fedón, filósofo griego, que fué discípulo de Sócrates y que después de la muerte de su maestro fundó una escuela, que dió origen á la secta eleática, habla de un Mundo oculto, que más tarde debe aparecer á las miradas de las naciones conmovidas.

Según Theopompo[29] en su Diatriba contra Platón, Sileno probó á Midas, rey de los Frigios, que "más allá de Asia, de Europa y de Africa, existía un verdadero continente habitado por los Meropios," continente al que Theopompo dió el nombre de Meropis, por ser gobernado por Meropi, hijo de Atlas, rey de Libia, y contemporáneo de Hércules, Theseo y Laomedonte (50 años antes de la toma de Troya). Sileno refirió también á Midas, que aquel continente tenía grandes ciudades, animales, usos y costumbres, como así mismo abundancia de oro y plata.

Cuarenta y cinco años antes de la presente era, Diodoro de Sicilia[30], que escribió sobre los diversos pueblos del Mundo, llama isla á la América, ignorando su configuración y extensión, y dice: "Está distante de la Libia (Africa) muchos días de navegación, y situada al occidente; su suelo es fertil, de gran belleza y regado por ríos navegables. Allí se ven casas suntuosamente construidas." En seguida hace una descripción de la zona montañosa, los frutos de ésta, el clima, etc., y termina diciendo: "Los Fenicios se habían hecho á la vela para explorar el litoral situado más allá de las Columnas de Hércules[31], y cuando costeaban las playas de la Libia, fueron arrojados por vientos demasiado fuertes adentro del Océano, siendo juguete, por muchos días, de la tempestad; llegaron al fin á la isla de que hablamos."

Virgilio[32], en su Eneida, se detiene también en esa idea y salva con el pensamiento, los movedizos espacios del Océano, para ir á sentarse en una tierra lejana y venturosa.

Pero no eran tan sólo los filósofos y sabios de la antigüedad los que tenían presentimiento de la existencia de uno ó de varios países en medio del Océano Atlántico, sino que también algunos navegantes intrépidos, de aquella época lejana, trataron de descubrir aquellos países, pues según nos refiere Hornius, "los Fenicios, 1000 años antes de la era de Cristo, traspasaron las Columnas de Hércules y con audacia sin ejemplo, hasta entonces, emprendieron tres viajes dilatados, siendo indudable que descubrieron la Insula Fortunata ó Archipiélago de las Canarias, ó, quizá, algún otro país situado más al occidente del Atlántico, (ó sea la América). Estos tres viajes los efectuaron los Fenicios,—dice Hornius,—el primero bajo las órdenes de Atlas, hijo de Neptuno; el segundo, cuando fueron lanzados por una violenta tempestad lejos de las costas de Africa; y el tercero, en tiempo de Salomón, cuando los Tirios, descendientes de los Fenicios, fueron á buscar el oro de Ophir y Tarsdchisch.

A los Fenicios siguieron más tarde (año 500 antes de J. C., según unos, y 600, según otros) los Cartagineses, que emprendieron desde Cartago una gran expedición á órdenes del almirante Hannón, compuesta de sesenta naves de á cincuenta remos cada una y con más de 30,000 personas de ambos sexos, cuya expedición, con el objeto de descubrir nuevos países y poblarlos con colonias cartaginesas, navegó más allá del Senegal y costas de Guinea hasta el Cabo Bojador, en la Africa Occidental, que fué entonces el punto extremo de la Tierra conocido. Hannón dejó una relación escrita en lengua Púnica del itinerario de su viaje[33].

Más tarde, 340 años antes de J. C., Pythias, astrónomo, geógrafo y navegante galo, emprendió también una expedición marítima, desde el puerto de Marsilia (Marsella), en cuya navegación por los mares del Norte, fué llevado hasta una isla que se cree sea la antigua y misteriosa Thule ó actual Islandia.

En igual época, Euthimenes navegaba á lo largo de la costa oeste de Africa hasta el Senegal.

Más tarde aún (62 años antes de J. C.) ha sido arrojado sobre las costas de Alemania, entre los ríos Weser y Elba, un bote tripulado por hombres pertenecientes á una raza hasta entonces desconocida en Europa, los que fueron recogidos por un jefe germano, que los obsequió después al Cónsul galo, Cancilio Metelo Celer, acontecimiento del que hacen referencia los historiadores Pomponio Melo, en el tomo III, págs 5 á 8 de su De Chorographia, y Cayo Plinio, en el tomo II, pág 67 de su Historia Natural.

Quizá este extraordinario acontecimiento inspirase á Séneca[34], las palabras que pone en boca del coro que figura en su bella tragedia Medea; ó si no, fundándose este filósofo en la noticia que de las islas del mar Atlántico dió Platón por tradición; ó bien en la especulación de sus predecesores, los filósofos antiguos, sobre la figura del Globo terráqueo; ha vaticinado con espíritu profético la existencia de un rico Continente; ó, por mejor decir, el convencimiento que este sabio tenía de los secretos de la Naturaleza y de la Historia, le hicieron prever que no era imposible que, al fin, se descubriera un país que se suponía ya conocido de los Fenicios y Cartagineses, pues en su referida tragedia Medea, al fin del acto segundo, el coro exclama:

Venient annis Sæccula seris, quibus Oceanus Vincula rerum laxet, et ingens Patebit tellus, Tethisque novos Deteget Orbes, nec sit terris Ultima Thule.

Que traducido libremente al castellano dice:

Tras luengos años vendrá Un siglo nuevo y dichoso, Que al Océano anchuroso Sus límites pasará. Descubrirán grande Tierra, Verán otro nuevo Mundo, Navegando el mar profundo Que ahora el paso nos cierra. La Tule tan afamada Como del Mundo postrera, Quedará en esta carrera Por muy cercana contada[35].

Son verdaderamente maravillosas las palabras de Séneca, quien, cediendo á una inspiración profética, á una intuición precisa, hace vislumbrar la conquista de un rico Continente desconocido entonces: no solamente anuncia el descubrimiento, en lo futuro, de ese nuevo Continente, sino que parece que vé lo que predice.

Séneca, como Eratóstenes, tenía el conocimiento de la configuración de la Tierra, pues en otro lugar de su citada tragedia exclama: "La Tierra que os repartís tan ávidamente por medio de la espada y del fuego, es un punto insignificante en el Universo." Y luego pregunta: "¿Cuánta distancia hay desde las costas limítrofes de España hasta las de la India?" Y contesta: "Sólo algunos días de navegación á la vela con viento favorable."

La feliz y conocida predicción del filósofo Séneca es la más notable de que hay memoria en los anales de la antigüedad, porque no anuncia una simple extensión de las partes del Globo terrestre conocido, sino la existencia de un nuevo Mundo que se descubrirá más allá de los mares, en los siglos venideros.

Interesante es el relato del origen de la náutica que Séneca hace preceder á su célebre predicción; relato del que insertamos en seguida la traducción de algunos pasajes que figuran en el segundo acto de su Medea: este gran filósofo se expresa, al intento, en los siguientes términos:

"Bien osado fué el primer navegante que se atrevió á surcar las pérfidas ondas en una frágil navecilla, dejando tras sí su tierra natal, á confiar su vida al capricho ó soplo de los vientos, y á proseguir en los mares su carrera de aventuras, sin otra barrera entre la vida y la muerte que el grueso de un delgado y ligero leño. No se conocía entonces el curso de los astros, ni aún se sabía cómo gobernarse por la posición de las estrellas que brillan en el espacio:......

"Tiflis[36] fué el primero que se atrevió á desplegar velas en el grande abismo, y á dictar á los vientos nuevas leyes. Tan pronto supo soltar enteramente las velas, tan pronto recogerlas y bajarlas para recibir el viento de lado, abatir con prudencia las entenas hasta medio palo, ó levantarlas hasta el tope cuando el ardor de los marineros llama toda la fuerza de los vientos y la banderola de púrpura se agita con viveza al pie de la nave......

"La nave de Tesalia aproximó los mundos que sábiamente separó la naturaleza; sometió el mar á la presión de sus remos, y agregó á nuestras miserias los peligros de un elemento extraño. La desgraciada embarcación pagó caro su imprudencia en aquella larga serie de riesgos que tuvo que correr entre las dos montañas que cerraban la entrada del Euxino, y que chocaban una contra otra con el estruendo del rayo, mientras que el mar, preso entre ellas, lanzaba hasta las nubes sus espumosas olas. El animoso Tiflis se puso pálido al verlo, y dejó escapar el timón de su desfallecida mano. Calló Orfeo y enmudeció la lira entre sus dedos. El mismo Argos perdió el uso de la palabra, y cuando la virgen del Peloro de la Sicilia, rodeada de sus perros furiosos, les hizo ladrar á todos á la vez, ¿á cuál de los navegantes no le temblaban todos los miembros, al escuchar aquellos gritos dados por un solo mónstruo? ¿cuál debió ser también su terror, á los armoniosos cantos de las crueles sirenas, que se oyen en el mar de Ausonia, y que acostumbradas á detener las naves con el encanto de su voz, casi se dejaron arrastrar de los dulces sonidos de la lira de Orfeo, luego que éste la hizo vibrar convenientemente?

"¿Cuál fué, sin embargo, el precio de tan atrevido viaje? Un vellocino de oro, y Medea: Medea, más cruel que las mismas sirenas, y digna recompensa de los primeros navegantes.

"Ahora la mar está sometida, doblégase á nuestras leyes, y ya no hay necesidad de una nave construida por Minerva y montada por reyes. La menor barca puede arriesgarse en las ondas; derribados yacen los linderos antiguos, y los pueblos van á construir ciudades en las nuevas tierras. Abierto está el mundo, recorrido está en todas direcciones, por dó quiera está impreso el movimiento, y por todas partes vagan nuestros deseos.

"El indio bebe la helada agua del Araxes, y el Persa apaga su sed en las del Albis y el Rin. Tiempo vendrá, con el trascurso de los siglos, en que el Océano ensanche el cerco del Globo para descubrir al hombre una tierra inmensa y desconocida: el mar nos revelará nuevos mundos, y Thule[37] dejará de ser el límite del Universo."

Posteriormente y como para confirmar las opiniones emitidas por los filósofos y sabios citados, San Clemente, romano y discípulo de los Apóstoles, que murió el año 99 de la era cristiana, asegura en su célebre Carta á los Corintios, "que más allá del Océano habían otros Mundos."

También Ælianus, en su Variæ Historiæ, lib. III, cap. XVIII, obra que escribió el año 136 de la era de Cristo, asegura que "un extenso Continente existía más allá del Océano; que los habitantes de ese Continente son de mayor altura que los del Antiguo Mundo, con leyes y costumbres distintas de las de los demás pueblos;" agregando este autor, que "en ese Continente hay tal cantidad de oro y plata, que estos metales son menos estimados que el hierro."

Pausanias, insigne geógrafo griego, que vivió en el siglo II de la era cristiana, en su Itinerario de Grecia, cuenta que un tal Euphemus descubrió en el año 150, algunas islas cuyos habitantes, de piel roja, tenían largas colas como los caballos, los que no serían otros, según el P. Lafiteau, que los Caribes, dueños entonces de las Antillas: estos indios cuando se hallaban en guerra, entre otros adornos horrorosos, se ponían largas colas postizas.

R. Festo Avieno, que vivía en el siglo IV de la era vulgar, asegura que: "más allá del Océano, hay tierras y márgenes de otro Mundo."

Y más posteriormente aún, el franciscano inglés, Rogerio Bacón, apellidado el "Doctor Admirable"[38], y con él el domínico alemán Alberto el Grande[39], ambos florecidos en el siglo XIII, creían que del otro lado del Océano habían países desconocidos, supuesto que se decía que en tiempos lejanos los navegantes Fenicios habían atravesado el Océano Atlántico, que habían poblado las islas Canarias y habían continuado navegando hasta abordar á la costa de la Florida, cerca de Cuba.

Según testimonio de autorizados historiadores, el Atlántico ha sido cruzado frecuentemente por los antiguos: de allí surge la probabilidad de que América era conocida desde época remota por los pueblos antiguos que surcaban los mares cuando había facilidad de comunicación entre los Continentes del Antiguo y Nuevo Mundo, que en aquellos remotos tiempos se hallaban casi unidos por la gran isla Atlántida.

En resumen, el presentimiento y casi la convicción que algunos antiguos sabios tenían de la existencia de otros países desconocidos, situados en las regiones occidentales de la Tierra, que suponían habitados, están confirmados por las diversas expediciones que, desde el siglo IX hasta el XII, realizaron los escandinavos á las costas de la América Septentrional; expediciones que, desgraciadamente, no han producido ningún resultado favorable para América, siendo preciso que trascurrieran tres siglos más para que Cristobal Colón legara un Nuevo Mundo á la Corona de España.

Debe agregarse, que las diversas expediciones marítimas que en tiempos antiguos se efectuaron en el Océano Atlántico, se realizaron sin el uso de la brújula, que aún no era conocida, pues se guiaban, de día, por la marcha del sol, y de noche, por la de la luna y las estrellas, principalmente por la observación de las constelaciones de Canope, Hélice ó Grande Osa, y por Cynocura ó Pequeña Osa. Empero, este instrumento tan necesario para las largas navegaciones, fué conocido de los Chinos, que lo inventaron, se dice, 2697 años antes de la era cristiana, ó sea, bajo el reinado del emperador Hoang-Ti; pero, por el extracto que Leroux y De Guignes hicieron de los anales de ese Imperio, parece que solamente fué inventado 1115 años antes de nuestra era. Marco Polo, en su libro Las Maravillas del Mundo, confirma este hecho.

Cierto es, que los Fenicios, los Griegos y los Arabes, según opinión de algunos autores, han conocido, antes de la invención de la brújula, la aguja imantada ó hierro magnético; pero no la han aplicado á la navegación.

Juan Clopinel[40], en su Román de la Rose, y Guyot de Provins en su poema Biblia Guyot, dicen que desde el siglo XII se usaba en Francia un instrumento algo parecido á la brújula llamado marinette ó calamite, que arreglaba la marcha de las embarcaciones en los tiempos nebulosos; otros autores creen que la brújula fué descubierta por un napolitano llamado Flavio de Gioja, de Amalfi, que vivió en el siglo XIII; algunos otros autores dicen que es de origen inglés ó, á lo menos, que en Inglaterra se ha perfeccionado la manera de suspender la caja en que se halla la aguja imantada. Lo cierto es, que es difícil, si no imposible, decir de una manera absoluta cuál sea el verdadero origen de la brújula.

Lo único que consta al respecto, es que Vasco de Gama fué el primero que en 1497 hizo uso de la brújula en su viaje al cabo de Buena Esperanza, y hacia el año 1500 se generalizó en Europa el uso de este instrumento nautico.

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Notes in this chapter

Note 1 · Estrabón, célebre geógrafo griego, que nació en Capadocia, 50 años antes de J. C., viajó por Asia, Egipto, Grecia é Italia, y murió en Roma,Note 2 · Platón, ilustre filósofo griego, que nació en Eguia, 430 años antes de J. C., fundó en Atenas, en 388, una célebre escuela ó academia que haNote 3 · Aristóteles, célebre filósofo griego, que nació en Estajira, 384 años antes de J. C., fué preceptor de Alejandro el Grande, quien favoreció Note 4 · Eratóstenes, nacido en Cirene, ciudad de la Africa septentrional y que vivió 270 años antes de J. C., según unos, ó 190 de la misma era, segNote 5 · Hiparco, astrónomo y matemático griego, que nació en Nicea, 150 años antes de J. C., fué uno de los más ilustres maestros de la escuela de ANote 6 · Ptolomeo, astrónomo, geógrafo y matemático griego ó egipcio, que floreció en Alejandría por los años 125 de la era de Cristo, dió su nombre Note 7 · Herodoto, célebre historiador griego, llamado el «Padre de la Historia,» nació en Halicarnaso de la Caria, el año 484 de la era cristiana. HNote 8 · Theopompo, orador é historiador, nació en Chio, isla de la costa oeste del Asia Menor, en el año 378 antes de la era de Cristo; fué discípulNote 9 · Diodoro de Sicilia fué un historiador griego, contemporáneo de César. Después de viajar por Asia, Africa y por varias partes de Europa, se rNote 10 · Nombre que los antiguos geógrafos é historiadores han dado á las dos montañas Calpe y Abyla, que forman el famoso estrecho de Cádiz ó GibralNote 11 · Publio Virgilio Marón, joven aún, ávido de conocimientos, abrazó todo género de estudios, letras latinas y griegas, historia y mitología, maNote 12 · Esta relación fué traducida al griego por Gelenius, bajo el título de «Periplo de Hannón,» é impresa por primera vez en Basilea, en 1533. GeNote 13 · Lucio Anneo Séneca, célebre filósofo, nació en Córdoba hacia el año 13 de la era crístiana. Fué maestro de retórica y poética en Roma, y preNote 14 · Traducción del P. José de Acosta en su «Historia Natural de las Indias,» lib. I, cap. II, impresa en Colonia, en 1596.—Otra traducción, en oNote 15 · Tiflis fué el piloto de los Argonautas, que en número de cincuenta eran todos hijos de reyes: todas las familias reales de la Grecia tuvieroNote 16 · Thule era una isla de la Islandia, que los antiguos consideraron como el límite del Mundo.Note 17 · Rogerio Bacón, fué uno de los sabios más ilustres de su tiempo. Él ha sido, se puede decir, el precursor de la aviación, cuestión que tanto Note 18 · El célebre domínico Alberto el Grande, vulgarizador incansable de las doctrinas aristotélicas, que estudió con igual lucidez la filosofía, lNote 19 · Juan Clopinel, poeta francés, que nació en 1279 ó 1280, cerca de Orleans, en el pequeño pueblo de Meung-Sur-Loire, de padres ricos y conside
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