XII Otras consideraciones
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Cuanto á los idiomas y dialectos de los Peruanos preincaicos, éstos eran numerosos, pues en cada provincia y en cada pueblo eran distintos, y los de unas provincias ó pueblos que se comprendían entre sí eran amigos, y los que no se entendían eran enemigos, y sostenían continuas guerras unos con otros, según lo refiere Garcilaso en la pág. 16 de sus Comentarios Reales. Posteriormente, para evitar esa confusión de lenguas y dialectos, es que los Incas trataron de generalizar el idioma Quechua.
La religión que profesaban esos Peruanos preincáincos se reducía á prácticas supersticiosas[139], pues en cada provincia, pueblo, barrio y aún en cada casa, adoraban konopas ó ídolos del lugar, diferentes unos de otros, pareciéndoles que el ídolo ageno no podía favorecerles, sino el suyo propio, según lo dice el mismo Garcilaso en el libro I, cap. IX, pág. 12 de su obra citada. Con posterioridad, para combatir y desterrar el politeismo y unificar las diversas creencias, los Incas establecieron, entre sus súbditos, el culto general del Sol, denominado Inti, construyendo, al efecto, en los valles principales de sus dominios, templos suntuosos dedicados al culto de ese astro, que se adoraba como divinidad tutelar del Imperio. Asi es, si en las edades preincáicas profesaban los Peruanos el politeismo, bajo el Imperio predominó el panteísmo.
En conclusión, es reconocido que las naciones de los Quechas y Aymarás fueron las más adelantadas de la América del Sud, las que descollaron como las primeras por su cultura. La nación de los Nahuas de México, y las de los Mayas y Quichés de Centro América, figuran en segunda línea. La nación de los Muyscas ó Chibchas, de Colombia, también algo civilizada, es reputada como la tercera en cultura. Cuanto á los Caribes, Guaranis, Araucanos, Patagones, Fueguinos, como asímismo las numerosas tribus de la Montaña peruana, del Gran Chaco Argentino-Paraguayo-Boliviano, y algunas otras, son naciones ó tribus que permanecieron y permanecen aún en la barbarie, en estado más ó menos salvaje, y, algunas de ellas, refractarias á los adelantos de la moderna civilización, completamente.