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Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (4 de 5)

LIBRO DECIMOSEXTO. (continued 2)

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Tropas que reúnen los franceses en Navarra y Aragón.

Entre las tropas francesas que se juntaban en Navarra, contábase una nueva división italiana que atravesando las provincias meridionales de Francia y viniendo de la Lombardía, apareció en Pamplona el 31 de agosto. La mandaba el general Severoli y se componía de 8955 hombres y 722 caballos; permaneció el septiembre en aquella provincia, mas al comenzar octubre pasó a reforzar las tropas francesas de Aragón.

Además de los de Severoli habían ido a Zaragoza tres batallones, también italianos, procedentes de los depósitos de Gerona, Rosas y Figueras, los cuales, para unirse a la división de Palombini, que con Suchet se había dirigido sobre Valencia, rodearon y metiéronse en Francia para entrar camino de Jaca en Aragón por lo peligrosa que les pareció la ruta directa. Y, sea dicho de paso, de 21.288 infantes y 1905 jinetes, unos y otros italianos, que fuera de los de Severoli habían penetrado en España desde el principio de la guerra, ya no quedaban en pie sino unos 9000 escasos.

Los tres batallones que iban de Cataluña no se unieron inmediatamente al ejército invasor de Valencia: quedáronse en Aragón para auxiliar a Musnier. Habían llegado a este reino antes de promediar septiembre, y uno de ellos fue destinado a reforzar la guarnición enemiga de Calatayud.

Atacan a Calatayud Durán y el Empecinado.

Aquí tuvieron luego que lidiar con los ya mencionados Don José Durán y Don Juan Martín, quienes desde Ateca habían resuelto acometer a los franceses alojados en aquella ciudad. No tenía el Empecinado consigo más que la mitad de su gente, habiendo quedado la otra bajo Don Vicente Sardina en observación del castillo de Molina. Al contrario Durán, a quien acompañaba lo más de su división junto con D. Julián Antonio Tabuenca y Don Bartolomé Amor, que mandaba la caballería, jefes ambos muy distinguidos. Uno y otro tuvieron principal parte en las hazañas de Durán, que nunca cesó de fatigar al enemigo, habiendo tenido entre otros un reencuentro glorioso en Ayllón el 23 de julio.

Ascendía el número de hombres que para su empresa reunieron Durán y el Empecinado a 5000 infantes y 500 caballos. El 26 de septiembre aparecieron ambos sobre Calatayud, desalojaron a los franceses de la altura llamada de los Castillos, y les cogieron algunos prisioneros, encerrándose la guarnición en el convento fortificado de la Merced, cuyo comandante era Mr. Muller. Durán se encargó particularmente de sitiar aquel punto, e incumbió a la gente del Empecinado observar las avenidas del puerto del Frasno, en donde el 1.º de octubre repelió el último una columna francesa que venía de Zaragoza en socorro de los suyos, y tomó al coronel Gillot que la mandaba.

Cercado el convento, y sin artillería los nuestros, se acudió para rendirle al recurso de la mina, y aunque el jefe enemigo resistió cuanto pudo los ataques de los españoles, tuvo al fin el 4 de octubre que darse a partido, Hacen prisionera la guarnición. quedando prisionera la guarnición que constaba de 566 soldados, y con permiso los oficiales de volver a Francia bajo la palabra de honor de no servir más en la actual guerra.

Viene sobre ella Musnier.

Muy alborotado Musnier, gobernador de Zaragoza, con ver lo que amagaba por Calatayud, y con que hubiese sido rechazada en el Frasno la primera columna que había enviado de auxilio, reunió todas sus fuerzas de la izquierda del Ebro, y llegó, a petición suya, de Navarra con el mismo fin, destacado por Reille, el general Bourke, que avanzó lo largo de la izquierda del Jalón. Se retiran. Musnier asomó a Calatayud el 6 de octubre, pero los españoles se habían ya retirado con sus prisioneros, quedando solo allí, según lo estipulado, los oficiales, a quienes sus superiores formaron causa por haber separado su suerte de la de los soldados.

Viendo los franceses que se habían alejado los nuestros de Calatayud, retrocedieron, tornando Bourke a Navarra y los de Musnier a la Almunia. Ocuparon de seguida y nuevamente la ciudad los españoles.

División de Severoli en Aragón.

Semejante perseverancia exigió de los franceses otro esfuerzo que facilitó la llegada a Zaragoza de la división de Severoli en 9 de octubre. Venía esta a instancias de Suchet, incansable en pedir auxilios que directa o indirectamente cooperasen al buen éxito de la campaña de Valencia. Musnier partió con la mencionada división vía del Frasno, y uniéndose a la caballería de Klicki entró en Calatayud. Se separan Durán y el Empecinado. Durán y el Empecinado habían vuelto a evacuar la ciudad, retirándose en dos diferentes direcciones. Para perseguirlos tuvieron los enemigos que separarse, yendo unos a Daroca y Used, y otros a Ateca, camino de Madrid.

Mina.

No persistieron mucho en el alcance, llamados a la parte opuesta a causa de una súbita irrupción en las Cinco Villas de Don Francisco Espoz y Mina. Habían los franceses acosado de muerte a este caudillo durante todo el estío, irritados con la sorpresa de Arlabán. Y él, ceñido de un lado por los Pirineos, del otro por el Ebro, sin apoyo ni punto alguno de seguridad, sin más tropas que las que por sí había formado, y sin más doctrina que la adquirida en la escuela de la propia experiencia, burló los intentos del enemigo y escarmentole muchas veces, algunas en la raya y aun dentro de Francia.

Arreció en especial el perseguimiento desde el 20 de junio hasta el 12 de julio. 12.000 hombres fueron tras Mina entonces; más acertadamente dividió este sus batallones en columnas movibles con direcciones y marchas contrarias, incesantes y sigilosas, obligando así al enemigo a a dilatar su línea a punto de no poderla cubrir convenientemente, o a que, reunido, no tuviese objeto importante sobre que cargar de firme.

Ponen los franceses su cabeza a precio.

Desesperanzados los franceses de destruir a Mina a mano armada, pusieron a precio la cabeza de aquel caudillo. 6000 duros ofreció por ella el gobernador de Pamplona, Reille, en bando de 24 de agosto, 4000 por la de su segundo Don Antonio Cruchaga, y 2000 por cada una de las de otros jefes. Reuniéronse a medios tan indignos los de la seducción y astucia. Tratan de seducirle. A este propósito, y por el mismo tiempo, personas de aquella ciudad, y entre otras Don Joaquín Navarro, de la diputación del reino, con quien Mina había tenido anterior relación, enviaron cerca de su persona a Don Francisco Aguirre Echechurri para ofrecerle ascensos, honores y riquezas si abandonaba la causa de su patria y abrazaba la de Napoleón. Mina, que necesitaba algún respiro, tanto más cuanto de nuevo se veía muy acosado, entrando a la sazón en Navarra la división de Severoli y otras fuerzas, pidió tiempo para contestar sin acceder a la proposición, alegando que tenía antes que ponerse de acuerdo con su segundo Cruchaga. Impacientes de la tardanza los que habían abierto los tratos, despacharon en seguida con el mismo objeto, primero a un francés llamado Pellou, hombre sagaz, y después a otro español conocido bajo el nombre de Sebastián Iriso. Deseoso Mina de ganar todavía más tiempo, indicó para el 14 de septiembre una junta en Leoz, cuatro leguas de Pamplona, adonde ofreció asistir él mismo con tal que también acudiesen los tres individuos que sucesivamente se le habían presentado, y además el Don Joaquín Navarro y un Don Pedro Mendiri, jefe de escuadrón de gendarmería. Accedieron los comisionados a lo que se les proponía y, en efecto, el día señalado llegaron a Leoz todos excepto Mendiri. La ausencia de este disgustó mucho a Mina, quien a pesar de las disculpas que los otros dieron concibió sospechas. Vinieron a confirmárselas cartas confidenciales que recibió de Pamplona, en las cuales le advertían se le armaba una celada, y que Mendiri recorría los alrededores acechando el momento en que deslumbrado Mina con las ofertas hechas, se descuidase y diese lugar a que cayeran sobre él los enemigos y le sacrificasen.

Airado de ello, el caudillo español arrestó a los cuatro comisionados, y se alejó de Leoz llevándoselos consigo. Desfiguraron después el suceso los franceses y sus allegados, calificando a Mina de pérfido: traslucíase en la acusación despecho de que no se hubiese cumplido la alevosía tramada. Con todo, habiendo venido los comisionados bajo seguro, y no pudiéndose evidenciar su traición o complicidad, hubiérale a Mina valido más el soltarlos que dar lugar a que debiesen su libertad, como se verificó, a los acasos de la guerra.

Penetra Mina en Aragón.

Poco después de este suceso y de haber Severoli y otras tropas salido de Navarra, fue cuando penetró dicho Mina en Aragón, conforme arriba enunciamos. El 11 de octubre atacó en Ejea un puesto de gendarmería cuyos soldados lograron evadirse en la noche siguiente, con pérdida en la huida de algunos de ellos. Marchó luego Mina sobre Ayerbe, y el 16 forzó a la guarnición francesa a encerrarse en un convento fortificado que bloqueó; mas en breve tuvo que hacer frente a otros cuidados. El comandante francés que en ausencia de Musnier gobernaba a Zaragoza, Ataca a Ejea. sabedor de la llegada de los españoles a Ejea, destacó una columna para contenerlos. Encontrose en el camino Ceccopieri, jefe de ella, con los gendarmes poco antes escapados; y juzgando ya inútil la marcha hacia Ejea, cambió de rumbo y se dirigió a Ayerbe en busca de Mina. Mas, llegado que hubo a esta villa, en cuyas alturas inmediatas le aguardaban los españoles, pareciole más prudente después de un fútil amago, retirarse y caminar la vuelta de Huesca. Envalentonáronse con eso los nuestros y no pudieron los contrarios verificar impunemente su marcha como se imaginaban. Mina, empleando sagacidad y arrojo, los estrechó de cerca y rodeó, por manera que tuvieron que formar el cuadro. Así anduvieron siempre muy acosados Coge una columna francesa en Plasencia de Gállego. hasta más allá de Plasencia de Gállego, en donde, opresos con la fatiga y el mucho guerrear, y acometidos impetuosamente a la bayoneta por Don Gregorio Cruchaga, vinieron a partido: 640 soldados y 17 oficiales fueron los prisioneros; muchos de ellos heridos, gravemente el mismo comandante Ceccopieri. Habían muerto más de 300.

Azorado Musnier, y temiendo hasta por Zaragoza, tornó precipitadamente a aquella ciudad, en donde ya más sereno trató de marchar contra Mina y de quitarle los prisioneros, obrando de concierto con los gobernadores y generales franceses de las provincias inmediatas. ¡Trabajo y combinación inútil! Mina escabullose maravillosamente por medio de todos ellos, y atravesando el reino de Aragón, Navarra y Guipúzcoa, Embarca los prisioneros en Motrico. embarcó al principiar noviembre en Motrico todos los prisioneros a bordo de la fragata inglesa Iris y de otros buques, después de haber también rendido la guarnición francesa de aquel puerto.

Distribuye Musnier la división de Severoli.

Concíbese cuán incómodos serían para Suchet tales acontecimientos, pues además de la pérdida real que en ellos experimentaba, distraíanle fuerzas que le eran muy necesarias. Con impaciencia había aguardado la división de Severoli, y en vano por algún tiempo pudo esta incorporársele. Musnier ni aun con ella tenía bastante para cubrir el Aragón, y mantener algún tanto seguras las comunicaciones. Una de las dos brigadas en que dicha división se distribuía se vio obligado a colocarla al mando de Bertoletti en las Cinco Villas, izquierda del Ebro, y la otra al de Mazzuchelli en Calatayud y Daroca.

Abandonan los franceses a Molina.

Tuvo la última que acudir en breve a Molina, cuyo castillo se hallaba de nuevo bloqueado por Don Juan Martín. Llegó en ocasión que el comandante Brochet estaba ya para rendirse. Le libertó Mazzuchelli el 25 de octubre, mas no sin dificultad, teniendo empeñada con el Empecinado en Cubillejos una refriega viva en que perdieron los enemigos mucha gente. Abandonaron de resultas estos, habiéndole antes volado, el castillo de Molina.

Nuevas acometidas del Empecinado.

Don Juan Martín, solo o con la ayuda o de Durán o de tropas suyas bajo Don Bartolomé Amor, continuó haciendo correrías. Rindió el 6 de noviembre la guarnición de la Almunia, compuesta de 150 hombres, hizo rostro a varias acometidas, batió la tierra de Aragón, cogió prisioneros y efectos, interceptó a veces las comunicaciones con Valencia, vía de Teruel.

De Durán.

Por su parte Durán, cuando obraba separado, tampoco permanecía tranquilo: en Manchones, y sobre todo el 30 de noviembre en Osonilla, provincia de Soria, alcanzó ventajas. Regresó después a Aragón, y reincorporándose por nueva disposición de Blake con el Empecinado, Ambos bajo las órdenes de Montijo. se pusieron ambos el 23 de diciembre en Milmarcos, provincia de Guadalajara, bajo las órdenes del conde del Montijo, que trayendo igualmente 1200 hombres debía mandar a todos.

Ballesteros en Ronda.

En grado tan sumo como el que acabamos de ver, divertían los nuestros en Cataluña y Aragón las huestes del enemigo, entorpeciéndole para su empresa de Valencia. También cooperó a lo mismo lo que pasaba en Granada y Ronda. Allí, privado el tercer ejército de la fuerza que había sacado Mahy, se encontraba muy debilitado, y hubieran probablemente acometido los franceses y amenazado a Valencia del lado de Murcia, sin el desembarco que ya indicamos de Don Francisco Ballesteros en Algeciras. Tomó este general tierra el 4 de septiembre, teniendo enlace su expedición con el plan de defensa que para Valencia había trazado Don Joaquín Blake. Sentó Ballesteros sus reales en Jimena, y medidas que adoptó, unas de conciliación y otras enérgicas, reanimaron el espíritu de los serranos.

Acción contra Rignoux.

Para procurar apagarle, vino inmediatamente sobre el general español el coronel Rignoux, a quien de Sevilla habían reforzado. Amagó a Jimena, y Ballesteros evacuó el pueblo con intento de atraer y engañar al enemigo, lo cual consiguió. Porque Rignoux, adelantándose ufano sobre San Roque, fue de súbito acometido por costado y frente, y deshecho con pérdida de 600 hombres. Tomó entonces el mariscal Soult contra Ballesteros disposiciones más serias; Avanza Godinot. y mandando al general Godinot que avanzase de Prado del Rey con unos 5000 hombres, dispuso que se moviesen al propio tiempo la vuelta de la sierra los generales Semellé y Barroux, yendo el primero de Vejer y el último del lado de Málaga. Componían juntas todas estas fuerzas de 9 a 10.000 hombres, y jactábanse ya de envolver las de Ballesteros. Retírase Ballesteros. Mas este se retira a tiempo y con destreza, abrigándose el 14 de octubre del cañón de Gibraltar. Los franceses llegaron al campo de San Roque, y se extendieron por la derecha a Algeciras, cuyos vecinos se refugiaron en la Isla Verde.

Vanas tentativas de Godinot.

Malográndosele así a Godinot el destruir a Ballesteros, quiso, sin dejar de observarle, explorar la comarca de Tarifa, y aun enseñorearse por sorpresa de esta plaza. No anduvo en ello tampoco muy afortunado. El camino que tomaron sus tropas fue el del Boquete de la Peña, orilla de la mar, paso angosto que, dominado por los fuegos de los buques británicos, no pudieron los franceses atravesar, teniendo el 18 de octubre que retroceder a Algeciras. Aun sin eso nunca hubiera Godinot conseguido su intento. Tarifa socorrida. La guarnición de Tarifa había sido por entonces reforzada con 1200 ingleses al mando del coronel Skerret, que vimos en Tarragona, y con 900 infantes y 100 caballos españoles bajo las órdenes del general Copons.

Retírase Godinot.

En el intermedio renovaron los rondeños sus acostumbradas excursiones, molestaron por la espalda a los enemigos y les cortaron los víveres; de los que escaso Godinot, hubo de replegarse, picándole Ballesteros la retaguardia. Se restituyó a Sevilla el general francés, y reprendido por Soult, que ya le quería mal desde la acción de Zújar por no haber sacado de ella las oportunas ventajas, alborotósele el juicio Se mata. y se suicidó en su cama con el fusil de un soldado de su guardia. Había antes mandado en Córdoba, y cometido tales tropelías, y aun extravagancias, que mirósele ya como a hombre demente.

Sorprende Ballesteros a los franceses en Bornos.

No desaprovechó Ballesteros la ocasión de la retirada de los enemigos, y esparciendo su tropa para disfrazar una acometida que meditaba, juntola después en Prado del Rey; marchó en seguida de noche y calladamente, y sorprendió el 5 de noviembre en Bornos, derecha del Guadalete, al general Semellé, a quien ahuyentó y tomó 100 prisioneros, mulas y bagajes.

Juan Manuel López.

Fatigado Soult de tan interminable guerra, trató de aumentar el terror poniendo en ejecución contra un prisionero desvalido el feroz decreto que había dado el año anterior. Llamábase aquel Juan Manuel López: era sargento, con veinte años de servicio, de la división de Ballesteros, y arrebatáronle desempeñando una comisión, que le había confiado su general, para recoger caballos y acabar con ciertos bandoleros que, so capa de patriotas, robaban y cometían excesos. Las circunstancias que acompañaron a la causa que se le formó hicieron muy horrible el caso. Negábase a juzgar a López la junta criminal de Sevilla, obligola Soult mandándole al mismo tiempo que, a pesar de estar prohibida por el rey José la pena de horca, la aplicase ahora en lugar de la de garrote. La junta absolvió sin embargo al supuesto reo. Muy disgustado Soult, ordenó que se volviese a ver la causa, sin conseguir tampoco su odioso intento. Irritado el mariscal cada vez más, creó una comisión criminal compuesta de otros ministros, quienes también absolvieron a López, declarándole simplemente prisionero de guerra. La alegría fue entonces universal en Sevilla, y mostráronlo abiertamente por calles y plazas todas las clases de ciudadanos. Pero, ¡o atrocidad!, todavía estaba el infeliz López recibiendo por ello parabienes, Crueldad de Soult. cuando vinieron a notificarle que una comisión militar escogida por el implacable Soult acababa de condenarle a la pena de horca sin procedimiento ni diligencia alguna legal. Ejecutose la inicua sentencia el 29 de noviembre. Desgarra el corazón crudeza tan desapiadada y bárbara; e increíble pareciera a no resultar bien probado que todo un mariscal de Francia se cebase encarnizadamente en presa tan débil, en un soldado, en un veterano lleno de cicatrices honrosas.

Filete ornamental
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RESUMEN

DEL

LIBRO DECIMOSÉPTIMO.

Motivo ornamental
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Lord Wellington en Fuenteguinaldo. — 6.º ejército español. — Abadía sucede a Santocildes. — Posición de aquel ejército. — Lo atacan los franceses. — Se retira. — Combates en la retirada. — Se repliegan los franceses. — Posición de Wellington en Fuenteguinaldo. — Se combinan para socorrer a Ciudad Rodrigo Dorsenne y Marmont. — La socorren y atacan a Wellington. — Combate del 25 de septiembre. — Combates del 27. — Nuevas estancias de Wellington. — Se retiran los franceses. — Wellington en Freineda. — Se prepara a sitiar a Ciudad Rodrigo. — Coge Don Julián Sánchez al Gobernador francés de aquella plaza. — Carta de Don Carlos de España al de Salamanca. — 5.º ejército español. — Severidad de Castaños. — Pedrezuela y su mujer. — El Corregidor Ciria. — Temprano el partidario. — Combínanse para una empresa en Extremadura ingleses y españoles. — Acción gloriosa de Arroyomolinos. — Otra vez el 6.º ejército. — Medidas desacordadas de Abadía. — Invaden de nuevo los franceses a Asturias. — 7.º ejército. — Lo manda Mendizábal. — Porlier. — Entra en Santander. — Don Juan López Campillo. — Longa, el Pastor y Merino. — Mina. — Decreto suyo de represalias. — Sucesos militares en Valencia. — Pasa Suchet el Guadalaviar el 26 de diciembre. — Mahy con parte de las tropas se retira al Júcar. — Blake con las otras a Valencia. — Acordonan los franceses la ciudad. — Reflexiones. — Vana tentativa de Blake el 28 para salvar su ejército. — Briosa conducta del coronel Michelena. — Desasosiego en Valencia y reflexiones. — Convocación de una Junta. — Reuniones tumultuarias. — Las contiene Blake y disuelve la Junta. — Adelanta Suchet los trabajos de sitio. — Se retira Blake al recinto interior de la ciudad. — Empieza el 5 de enero el bombardeo. — Pocas precauciones tomadas. — Destrozos. — Tibieza de Blake para animar a los habitantes. — Desecha Blake la propuesta de rendirse. — División en el modo de sentir de los habitantes. — Estado crítico de la plaza. — Disienten los jefes acerca de tratar con los enemigos. — Capitula Blake el 9. — Entra Suchet en Valencia. — Blake. — Parte que da. — Recompensas de Napoleón a Suchet y a su ejército. — Providencias severas de Suchet. — Frailes llevados a Francia y arcabuceados. — Conducta del clero y del Arzobispo. — De los Valencianos. — Avanza Montbrun a Alicante. — Posición del general Mahy. — Se aleja Montbrun. — Suchet. — Toma a Denia. — Situación del 2.º y tercer ejército. — El general Soult en Murcia. — Le ataca Don Martín de la Carrera. — Muerte gloriosa da este. — Honores que se le tributan. — Sitio de Peñíscola. — La toman los franceses. — Conducta infame del gobernador García Navarro. — Serranía de Ronda y Tarifa. — Movimientos de Ballesteros. — Sitian los franceses a Tarifa. — Gloriosa defensa. — Levantan los franceses el sitio. — Ciudad Rodrigo. — Cerca Lord Wellington la plaza. — La asaltan los aliados y la toman. — Gracias y recompensas. — Nuevas esperanzas.

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HISTORIA

DEL

LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN

de España.

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