LIBRO DECIMOSÉPTIMO. (continued 2)
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Entre tanto, había previsto Wellington que tal vez convendría, antes de que se concluyeran debidamente los trabajos, dar el asalto; por lo que, recibiendo de los ingenieros seguridad de que era posible abrir brecha solo con los fuegos de las baterías de la primera paralela, ordenó que se pusiese en ello todo el conato. Así se hizo, y en la tarde del 19 hallose ya aportillado el muro de la falsabraga y el del cuerpo de la plaza. Además de la brecha principal, practicose otra más a la izquierda de los aliados, por medio de una nueva batería plantada en el declive que va desde el cerro al convento de San Francisco.
Hasta entonces habían los sitiados procurado retardar las operaciones del inglés, y el 14 hicieron una salida en que le causaron daño. Sin embargo, ni estas tentativas ni otros arbitrios fueron parte a impedir que llegase el momento crítico del asalto.
Dispúsole Wellington, desechada que fue por el gobernador francés la propuesta de rendirse, y acelerole en consecuencia de tristes nuevas que empezaba a recibir de Valencia, como también por reunir tropas en Valladolid el mariscal Marmont, quien desde Toledo y Talavera había llegado en los primeros días de enero a aquella ciudad con parte de su ejército en busca de víveres, y sospechando que los ingleses iban a poner sitio a Ciudad Rodrigo.
La asaltan los aliados y la toman.
Por tanto el mismo día 19 en que se abrieron las brechas, determinó Wellington que al cerrar de la noche se asaltase la plaza. Destinó al efecto cinco columnas. La quinta de ellas a las órdenes del general Pack estaba encargada de hacer un ataque falso por la parte meridional: debía la cuarta, guiada por Craufurd, embestir la brecha pequeña y cubrir la izquierda del acometimiento de la más principal, cuyo asalto se había reservado a las tres columnas restantes bajo el general Picton. Diose principio a la empresa, arrostrando los anglo-portugueses con serenidad los mayores peligros, y superando obstáculos. Se defendieron los franceses con denuedo; mas sucediendo bien los diversos ataques, aflojaron, y pudieron los aliados al cabo de media hora extenderse lo largo de las murallas, y enseñorearse de la plaza. Cayeron prisioneros 1709 franceses y el comandante Barrié, que hacía de gobernador; los demás, hasta 2000 que componían la guarnición, habían perecido en la defensa. Conservaron los aliados, al entrar en la ciudad, buen orden: su pérdida ascendió en todo a 1300 hombres. Entre los muertos contose desgraciadamente a los generales Mackinson y Craufurd. Gracias y recompensas. Entregó lord Wellington la plaza en manos de Don Francisco Javier Castaños, y las cortes decretaron las debidas gracias al ejército anglo-portugués, y concedieron al general en jefe la grandeza de España bajo el título de duque de Ciudad Rodrigo. También el gobierno y parlamento británico dispensaron honores y pensiones, ordenando además que se erigiese un monumento en memoria del valiente y malogrado general Craufurd.
Nuevas esperanzas.
Otros sucesos felices y nuevas esperanzas acompañaron a estos triunfos. No habían los franceses reforzado sus filas en 1811 con más de 50.000 combatientes; auxilio que ni con mucho bastaba a llenar los claros que hacía la guerra, ni los huecos que dejaban algunas tropas que ahora partieron; pudiendo aseverarse que por el tiempo en que vamos no conservaban los enemigos en la península arriba de 240.000 hombres. Entre los llegados últimamente, muchos eran conscriptos, y en el diciembre de 1811 y primeros meses de 1812 marcharon a Francia unos 14.000 veteranos; 8000 de la guardia imperial y restos de otros cuerpos, y 6000 polacos del ejército de Aragón, queriendo el emperador francés emplearlos en Rusia, cuya guerra parecía ya inminente. Albores todos de las dichas que nos aguardaban en aquel año.

RESUMEN
DEL
LIBRO DECIMOCTAVO.

La Constitución. — Presenta la comisión su proyecto. — Entusiasmo que produce. — Obstáculos que algunos quieren poner a su discusión. — Empieza esta. — Título 1.º De la nación española y de los españoles. — Título 2.º Del territorio de las Españas, su religión y gobierno. — Título 3.º De las Cortes. — Título 4.º Del Rey. — Título 5.º De los tribunales. — Título 6.º Del gobierno interior de las provincias y de los pueblos. — Título 7.º De las contribuciones. — Título 8.º De la fuerza militar nacional. — Título 9.º De la instrucción pública. — Título 10.º y último. De la observancia de la constitución y modo de proceder para hacer variaciones en ella. — Reflexiones generales acerca de la constitución. — Descontentos fuera de las cortes. — Asunto de Lardizábal. — Del consejo. — Papel de la España vindicada. — Tribunal especial para entender en estos negocios. — Exposición del decano del consejo. — Desagradable ocurrencia con el diputado Valiente. — Curso y final término de estos negocios. — Manejos para poner al frente de la regencia a la infanta Doña María Carlota. — Carta a las cortes de esta señora. — Proposiciones para ponerla al frente de la regencia. — Del señor Laguna. — Se desecha. — Del señor Vera y Pantoja. — Apruébanse otras en contrario del señor Argüelles. — Nueva regencia compuesta de cinco individuos. — La anterior regencia. Juicio acerca de ella. — Su administración y algunos acontecimientos de su tiempo. — Reglamento dado a la nueva regencia. — Se firma, jura y promulga la constitución el 18 y 19 de marzo. — Auméntase y cunde el entusiasmo en su favor. — Felicitaciones y aplausos que reciben las cortes.

HISTORIA
DEL
LEVANTAMIENTO, GUERRA Y REVOLUCIÓN
de España.
