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Granada, Poema Oriental, precedido de la Leyenda de al-Hamar, Tomo 2

LIBRO NOVENO

Reading edition

PRIMERA PARTE

Yo era ayer como luna llena y esplendorosa y hoy soy como estrella que desaparece. Azz-Eddin Elmocaddessi.

INTRODUCCIÓN

¿Qué sabe el corazón lo que desea? ¿Qué sabe de su mal ni su ventura? Nada le satisface que posea: Cuando no tiene, poseer procura; No hay fealdad que, como ajena sea, No tenga para si por hermosura: No tiene bien que mal no le parezca, Imposible no ve que no apetezca. Tal anhela respetos y se infama: Tal blasona de honor y se envilece; Aquél cree que aborrece lo que ama, Cree que repugna aquél lo que apetece; Éste recoge lo que aquél derrama, Consigue el otro lo que no merece; ¡Oh miserable corazón humano, Como de polvo vil mísero y vano! ¡Mísero corazón que juzga eterno Todo lo deleznable y quebradizo, Y sumiso lo adora y lo ama tierno; Que ciego, pertinaz, antojadizo, Equivoca el Edén con el Averno Y el milagro real con el hechizo! ¡Mísero corazón que diviniza Todo lo que es como él polvo y ceniza! ¿Quién dijo: «no lo haré» que no lo hiciera, Ni quién «no lo amaré» que no lo amara? ¿Quién hubo que por ver no se perdiera, Ni quién que por burlar no se burlara? ¿Qué afición no empezó débil quimera Y no acabó pasión que avasallara? ¡Mísero corazón que nada sabe, Y de quien solo Dios tiene la llave! Una carta, un recuerdo ó un suspiro Hacen en sus instintos y aficiones Tomar al corazón diverso giro, Distinta fe, distintas opiniones. Unas horas de ausencia ó de retiro Cambian las simpatías en pasiones, Y un dulce y solitario pensamiento Da á una pasión volcánica alimento. Una pasión que cambia nuestra esencia, Una pasión que va con nuestra vida, Que corroe voraz nuestra existencia: Por cuyo ardiente amor todo se olvida, El deber, el honor y la conciencia, El padre tierno y la mujer querida: Una pasión que forma nuestra suerte, Nuestra fe, nuestra vida, nuestra muerte. Y esa pasión preñada de misterios, De crímenes tal vez é infamias llena, Que pierde las familias, los imperios, Que las almas sacrílega condena, Es la historia de entrambos hemisferios: Oña, Clorinda, Deyanira, Elena, Cleopatra, Raquel, Dido y Lucrecia, Son las de España, Italia, Egipto y Grecia. ¿Qué cosa empero es el amor? Se ignora. Es un grande placer ó un dolor grave, Que dicha ó mal eternos atesora. ¿Cómo viene ó se va? Nadie lo sabe, Aparece y se extingue en una hora: En ningún sér está y en todos cabe; Los poetas le cantan y le cuentan: Los pueblos le maldicen y lamentan. Dios, sin embargo, dámosle no pudo Como pasión desoladora y fiera, Sino de la tristeza para escudo, De esperanza y de fe como bandera. Dios no creó el amor torpe y sañudo Que desola, emponzoña y desespera, Sino el amor feliz, íntimo y tierno, Memoria y prenda de su amor eterno. El hombre imbécil, cuya torpe mano Mancha é impurifica cuanto toca, Fué el que hizo de un instinto soberano Una pasión desaforada y loca. Del hombre ha sido el corazón villano, Del hombre ha sido la profana boca, Los que del dón mejor del alto cielo Han hecho un germen de miseria y duelo. De ella luego el infierno apoderado, Contra el hombre volvió sus beneficios: Hechizó al corazón enamorado De su amor con los torpes maleficios: Le arrastró con su amor desesperado Á los más insensatos sacrificios, Y le inmoló su honor, su fe, su calma, Y, renunciando á Dios, vendió su alma. Misteriosa pasión devastadora, Inexplicable, incomprensible, insana, Voy á lanzarme en tu región ahora. Yo, en el templo de amor alma profana, Yo, cuya inspiración amó hasta ahora Las bellas sombras de la edad lejana, Voy á hundirme en la sima en que se encierra El infierno á que amor llama la tierra. Pasión irresistible, cuya esencia Se compone de hiel y fuego y lava, Cuyo instinto feroz con complacencia Al alma ve del corazón esclava, Cuyo aliento letal de la existencia Consume el germen y el vigor acaba; Vil pasión de la fe competidora, Tú sola puedes inspirarme ahora. Ven, pues, á germinar en mi garganta El secreto poder de los hechizos Con que tu magia al universo encanta: En mis palabras pon los bebedizos Con que al amor tu espíritu amamanta, Con que hace á los creyentes tornadizos; Para cantarte, en fin, pon en mi seno De tu esencia infernal todo el veneno. Corazón de Boabdil, ante mis ojos El libro pon de tu secreta historia; Dame á leer los sueños, los antojos Que te hicieron perder imperio y gloria, Que de Dios te atrajeron los enojos, Que mancharon tu vida y tu memoria, Que te dieron al fin fatal y obscura Muerte sin funeral ni sepultura. ¡Venid á mis conjuros!, yo os evoco, Sombras enamoradas de Baena; Almas á quienes dió por su amor loco Lecho la eternidad, la vida pena; Tú, hermosa, á cuyo amor faltó bien poco Para abrazar traidor la fe agarena, Y tú, africano Rey, cuya alma insana Vendió su corazón á una cristiana. Á la vida volved por un momento: Recobrad vuestro sér á mi conjuro, Vuestra faz, vuestra voz y movimiento: Mas sólo lo poético y lo puro De vuestro sér tomad, y al pensamiento Mostraos á través del tiempo obscuro Como fantasmas blancos y halagüeños, Cual sombras puras de encantados sueños.

I

Descuella del castillo de Baena La torre superior del homenaje Sobre las otras torres de su fábrica, Cual pino erguido sobre humildes sauces. Compónese esta antigua fortaleza De un vasto cuadrilátero que, iguales, Flanquean cuatro torres, que en sus ángulos Colocadas se ven y equidistantes, Y á las que unen de robustos muros Cuatro sólidos lienzos, según arte Militar de aquel tiempo, coronados De almenas, aspilleras y baluartes. De cada lienzo en la extensión, esbeltos, Cuatro torreoncillos sobresalen, Que á la par que duplican la defensa, Dan adorno á su fábrica elegante. Estos lindos y aéreos torreones Del muro en la mitad toman arranque, Y en él apoyan sus ligeros cubos Rematando en graciosas espirales, Y, en el muro colgados, asemejan Borlones de arabesco cortinaje, Y sus cabezas almenadas, nidos De cigüeñas y de águilas rëales. En medio de esta fábrica se eleva La torre principal, de la que parten Cuatro arcadas que, uniéndola á los muros, Su comunicación mantienen fácil. Dividida en dos cuerpos esta torre, Concluye el inferior en un adarve Sobre el que cuatro puentes levadizos Dejan aislada la maciza base: De modo que si en caso de un asalto Los muros exteriores se ganasen, Aun quedarán sus bravos defensores Señores de su centro inexpugnable. Del cuerpo superior se alza orgullosa La cabeza magnífica y gigante, Ceñida de almenados torreones En que ondea de Cabra el estandarte: Y le cerca, partido por los puentes, Hermoseando los sólidos adarves, Un cinturón de huertos y jardines, Copia gentil de los pensiles árabes. Recreo de sus nobles Castellanos, Cuando tiempo les dejan sus afanes Guerreros ó políticos, en ellos Se entregan á domésticos solaces. La Condensa de Cabra al fin del día Á sus floridos cenadores sale, Y sus hijas en ellos de preciosas Plantas cultivan tiestos á millares. Y desde lejos á las dos hermanas Viendo vagar entre sus flores y árboles, Tal vez las cree el patán supersticioso Del castillo los genios tutelares. Tal es la fortaleza de Baena Cuya historia es famosa en los romances, Y á cuya antigua fábrica del mío La descosida narración nos trae.

II

Es una noche clara en que ilumina El firmamento azul la luna llena, Con esa luz templada y argentina Que extiende por la atmósfera serena Un velo de fantástica neblina. Las torres del castillo de Baena Vense á su tibia claridad distintas, Tomando en ella nacaradas tintas. En paz reposa el señorial castillo; Todo tranquilo en su recinto calla: Del vigía que vela en el rastrillo Y el centinela puesto en la muralla, De las móviles armas radia el brillo: Todo cerrado y barreado se halla; No hay más que una ventana que no encaje En la torre feudal del homenaje. De ella asomado á la robusta reja Contempla la campiña un prisionero, Y á su ánima vagar por ella deja, Dando un solaz mezquino y pasajero Al rudo afán que el corazón le aqueja, Y al pie de su ventana un ballestero Vigila en el adarve, murmurando La estrofa de un cantar de cuando en cuando. Mas no es tan sólo al campo á lo que mira, Sin duda, el melancólico cautivo; Ni es para la aflicción con que suspira La libertad el solo lenitivo. Lo que espera no es, ni á lo que aspira, Seña exterior, ni á verse fugitivo: Su esperanza tal vez está pendiente En un balcón del torreón de Oriente. De él su mirada pertinaz no quita, De su reja teniéndole frontero: Mas que sorprenda cuidadoso evita Su mirada el sombrío ballestero, Cuya curiosidad acaso excita La vigilia tenaz del prisionero; Es ya empero la noche bien entrada Y nada justifica su mirada. La media noche al fin cantó el vigía, Cuando he aquí que del balcón del muro Lentamente se abrió la celosía; Hundióse de su cárcel en lo obscuro Al ver el prisionero que se abría, Y á poco en la región del aire puro, De una guzla morisca acompañada, Se derramó una voz á ella acordada. Y bien fuera por seña convenida, Ó por acaso inmeditado fuera, La guzla tras la reja fué tañida, Del balcón al abrirse la vidriera: Mas entonada por azar ú oída Desde el balcón por alguien que la espera, El cautivo esta cántiga entonaba, Y hasta el balcón el viento la llevaba.

SERENATA MORISCA

ESTRIBILLO Azucena—de Baena, Abre tus hojas al sol del día: Desdeñosa—Nazarena, Abre á mi canto tu celosía: Abre, Sultana del alma mía. 1.ª Sultana hermosa de los jardines, Ramo de mirra, tazón de flores, Bajo la huella de tus chapines Nacen rosales, mirto y jazmines: En cuyas ramas llenas de olores Hacen su nido los colorines, Duermen los genios de los amores, Y buscan sombra los serafines. ¿Dónde hay belleza de criatura Que se compare con tu hermosura? Tienes el cuello airoso De la paloma, Y el aliento oloroso Como el aroma; Tus ojos puros Son ojos de gazela, Dulces y obscuros. Cristiana bella, Por ver un rayo de tu mirada, Sentir tu aliento, seguir tu huella, Yo te daría El mejor carmen de mi Granada, Mi mejor torre de Andalucía. ESTRIBILLO Azucena—de Baena, Abre tus hojas al sol del día: Desdeñosa—Nazarena, Abre á mi canto tu celosía: Abre, Sultana del alma mía. 2.ª Sultana, hermana de las huríes, Que los jardines del cielo moran, Tus dos mejillas son carmesíes Como granadas que se coloran; Tus labios rojos como rubíes, Y me parecen cuando sonríes Los dientes puros que en sí atesoran, Corderos blancos entre alhelíes. ¿Quién es el hombre que te merece? ¿Quién la que hermosa te se parece? Tu cintura es esbelta Como las palmas; Tu cabellera suelta, Red de las almas; Suave tu acento Como el rumor del agua Y el són del viento. Cristiana hermosa, De tus cabellos por solo un rizo, Por tu sonrisa más desdeñosa, Yo te daría Mi castillejo más fronterizo, Mi mejor puerto de Andalucía. ESTRIBILLO Azucena—de Baena, Abre tus hojas al sol del día: Desdeñosa—Nazarena, Abre á mi canto tu celosía: Abre, Sultana del alma mía. 3.ª Si tú admitieras, linda cristiana, Las verdaderas creencias mías, Á mi suntuosa corte africana Como mi esposa me seguirías. Tendrías fiestas todos los días, Sortija y toros cada semana, Y en mis palacios habitarías De mis vasallos como Sultana. ¿Quién no te hablara puesto de hinojos? ¿Quién en ti osara poner los ojos? Garza sobre una peña Mal anidada, Ven conmigo á ser dueña De mi Granada. Vuela sin ruido, Las torres del Alhambra Serán tu nido. Bella cristiana, Si te vinieras á ser mi esposa, Para que fueras sola y Sultana Yo te daría Para tu esclava mi alma amorosa, Para tu alcázar mi Andalucía. ESTRIBILLO Azucena—de Baena, Abre tus hojas al sol del día: Desdeñosa—Nazarena, Ven á ser Reina de Andalucía. Ven ¡oh Sultana del alma mía! Así dando la voz y el instrumento El amante cantar por concluído, Calló la guzla y expiró el acento: De sus últimas notas el sonido Fugaz el eco remedó en el viento Con un suave y dulcísimo gemido. Y al perderse en el aire la harmonía, Se cerró del balcón la celosía.

Fin de los versos contenidos en el tomo segundo.

Zorrilla no pasó de aquí en su composición del Poema á Granada. Durante los cuarenta años transcurridos desde que imprimió esos últimos versos hasta su muerte, ofrecía continuar la obra, á veces dando á entender que iba á constar de varios tomos, á veces de sólo un tercero, que dejó anunciado en este segundo como próximo á publicarse. Sin embargo, ni en las lecturas privadas que hacía constantemente de sus composiciones, ni en los apuntes ó fragmentos de ellas que se han encontrado entre sus papeles, figuraron nunca trozos inéditos del Poema ó proyectos alusivos á su desarrollo y terminación. Últimamente, cuando en 1889 el poeta fué coronado en Granada, dijo que si se le alojaba un año en la Alhambra escribiría ese tomo tercero, sobre el cual fundaba muchas ilusiones, aunque no se detuvo á explicarlas, ni menos á indicar los resortes artísticos de que iba á valerse.

Es, pues, de presumir que Zorrilla llevaba en su cerebro el Poema, y en disposición á toda hora de vaciarlo sobre el papel sin grandes preparaciones, como sin ellas había vaciado tantos miles de versos en leyendas, odas, dramas y romances, más pronto quizá compuestos que concebidos. Todo puede creerse de su oriental fantasía, que esta vez se cansó, por desgracia, antes de concluir una obra guardada para sí sola en los anales del Parnaso español.

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