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Descripción Geografica, Histórica y Estadística de Bolivia, Tomo 1

INTRODUCCION (continued 5)

Reading edition

Para ir á Reyes, se tiene precisamente que pasar por Santa-Ana, de donde se cuentan doce dias de camino, en direccion al oeste. En la estacion seca y cuando se viaja sin equipage, se va por tierra, atravesando á caballo como setenta leguas por llanadas magníficas, pobladas de ganados salvages; mas en tiempo de lluvias, ó cuando se llevan mercancias, se sube en canoas el rio Yacuma, hasta encontrar sus primeros tributarios; desde cuyo punto solo faltan ocho leguas de tránsito por la llanura para ponerse en Reyes.

REYES.

Esta mision, una de las últimas que establecieron los Jesuitas, está situada en una espaciosa llanura, distante algunas leguas del rio Beni, y diez y ocho al este de Isiamas, canton de la provincia de Caupolican. Sus moradores, oriundos de la nacion de los Maropas, tienen el rostro afeminado, bastante regular y muy semejante al de los Mocetenes. Estos indios mascan la coca; y llevan una camiseta mas corta que la de los Moxos.

En 1830 su poblacion constaba de mil y una almas; y poseia la mision siete mil setecientas veintidos cabezas de ganado vacuno, mil trescientos noventa y nueve caballos y veintitres cerdos. Sus alrededores abundan en ganados salvages que seria muy fácil domesticar.

EXALTACION DE LA CRUZ.

Esta mision, que fué fundada por los Jesuitas con los indios Cayuvavas[1], habitantes de las riberas del Mamoré, aun no existia en 1696. Edificada sobre una llanura y en medio de bañados, se ve á cubierto contra las avenidas del Mamoré por un dique circular que hicieron construir aquellos misioneros. La plaza, con sus palmeras, sus capillas y las casas de los jueces, se parece á las de las otras misiones. La iglesia, construida en el estilo de la edad media, está llena de ornamentos y esculturas del mejor gusto, y sus paredes, hechas de adobe, se ven adornadas con pinturas. El colegio que tiene un piso alto, no puede estar mejor distribuido. Los Jesuitas habian trazado sobre las paredes de este edificio el mapa muy detallado de la provincia, que debieron ellos conocer perfectamente; pero años ha que el capricho de un administrador hizo desaparecer este monumento precioso, para que ocupasen su lugar caricaturas groseras, ó la representacion, copiada de grabados europeos, de la caza del jabalí y del ciervo. Exaltacion de la Cruz es, por los productos de su industria, una de las mas ricas misiones; sus tegidos son excelentes, y su cacao no cede acaso en calidad á ningún otro.

[Nota 1: El P. Eguiluz, Relacion de la mision apostólica de los Moxos, págs. 35 y 37, cita esta nacion, como la única salvage en 1696.]

Los indios cayuvavas que pueblan esta mision, son sin réplica los mejores hombres de la provincia, tanto por la franqueza que los caracteriza, como por su sobriedad y amor al trabajo. Sus facciones son regulares, y sus cuerpos robustos. Remeros infatigables, sus pilotos son los mejores prácticos del pais. Entusiastas y atrevidos no dejan por eso de ser circunspectos, respetuosos, dóciles y de una complacencia estremada. Han conservado entretanto algunas supersticiones de su estado primitivo, las que se advierten principalmente entre los hombres encargados de cuidar el ganado: así, por ejemplo, cuando un Cayuvava sabe que su muger se encuentra en cierto estado de salud, nunca monta á caballo, ya sea por temor de dar una caida, ya sea por no comprometer el estado de la enferma. Los que enviudan se encierran durante un mes, y renuncian á montar á caballo miéntras permanecen viudos, temerosos de espantar al ganado.

En 1830, la poblacion indígena de Exaltacion ascendia á dos mil setenta y cinco almas, y estaba dividida en ocho secciones: los Maisimaees, los Maidebochoquees, los Maidepurupiñees, los Mairoañas, los Maiauquees, los Maidijibobos, los Maimajuyas y los Maimorasoyas. El ganado vacuno llegaba, en el citado año, al número de once mil ciento seis, y el caballar á quinientas veintiseis cabezas.

Una calzada de un cuarto de legua conduce de la mision al puerto, especie de bañado en donde se ven amarradas las canoas, confiadas á la vigilancia de una familia indígena. Este es el parage donde van tambien á bañarse diariamente los indios y las indias, seguros de no ser molestados por los caimanes.

En virtud de sus antiguas supersticiones, toda vez que estos naturales salen salvos de algun peligro, echan á tierra un espiga de maiz, como para dar gracias á la providencia de haberlos favorecido con su proteccion.

SAN-RAMON.

La mision de este nombre fué fundada en 1792 por órden del gobernador Zamora, con el sobrante de la poblacion itonama de Santa-María-Magdalena: el pueblo, edificado á imitacion de las misiones de los Jesuitas, pero sin ornamentos, ocupa una posicion deliciosa, estendiéndose sobre un terreno sólido, lleno de hidrato de hierro, y bastante elevado para estar siempre á cubierto contra las avenidas del rio Machupo, que pasa no muy léjos de allí. En sus cercanías se ven algunos plantíos de bananos, mientras que las otras partes cultivadas están algo distantes, sobre todo, la perteneciente á los indios, que se avecina mas bien al rio Iténes. La industria de esta poblacion no se diferencia en nada de la de Magdalena.

A distancia de media legua del pueblo hay un hermoso lago; se ve otro de al misma naturaleza á dos leguas: tienen ámbos una forma oblonga, y su diámetro abraza cuando mas una legua. El pescado que se saca de ellos es muy esquisito; pero la multitud de caimanes no deja de ser un grande estorbo para la pesca. Estos feroces anfibios son tambien muy comunes en el rio Machupo, pero el modo de darles caza es diferente del que hemos visto empleado por los Canichanas de la mision de San-Pedro. Los moradores de San-Ramon atan un perro á la orilla del rio, colocando por delante de él una lazada abierta, de manera que el caiman no pueda acercársele sin entrar en ella; dispuesto de tal manera el armadijo, se ocultan á poco pasos, teniendo en la mano la otra punta del lazo. A los aullidos del perro no tarda en presentarse algun caiman, mostrando primeramente sobre el agua las órbitas salientes de sus ojos y la estremidad del hocico: permanece desde luego algunos instantes en observacion, y con la vista clavada en su presa; en seguida se zambulle para reaparecer sobre la orilla, donde se arrastra lentamente hácia el pobre perro, que, magnetizado por tan terrible enemigo, queda sin movimiento, algunas veces tiembla, otras, en fin, hace los mas violentos esfuerzos para romper las cuerdas que lo sugetan, y escapar á la horrenda boca que se abre para tragarlo. Afortunadamente sus temores duran poco[1]; pues los indios se apresuran á tirar del lazo y arrastran al caiman, aturdido talmente de verse capturado, que ya ni siquiera intenta defenderse. Como no puede darse vuelta, acercánsele los indios por detras, y le quitan la vida de dos ó tres hachazos. El tamaño ordinario de estos reptiles es de cinco varas; pero en general son proporcionados á la estension y anchura de los rios en donde moran. Jamas se encuentran grandes caimanes en los riachuelos, ni pequeños en los grandes rios.

[Nota 1: Véase la lám. 6]

La poblacion de San-Ramon, totalmente itonama, se componia, en 1804, de cuatro mil doscientos cinco individuos, en 1808, de cuatro mil cincuenta y cinco; pero una peste de viruelas vino á destruir gran parte de ella reduciéndola á solo mil novecientos ochenta y cuatro. El pueblo está dividido en las nueve parcialidades que siguen: Bechua, Gualane, Guachara, Iaca, Pacasnane, Muchusmo, Morochia, Guacleca y Yaracaca.

En 1830 se contaban allí, ocho mil trescientas cabezas de ganado vacuno y mil cuatrocientos caballos, de la propiedad del Estado. Se recogen igualmente en esta mision, el cacao, la cera, el sasafras, el algodon, y se hacen los mismos tegidos que en los otros cantones de la provincia. Sus producciones dieron al Estado, en el citado año de 1830, la cantidad de mil seiscientos noventa y cuatro pesos. Camino de San-Ramon á Magdalena.

Para ir de San-Ramon á Magdalena, se cuentan veinticinco leguas en línea directa hácia el este; mas como se tienen que hacer muchos rodeos, esta distancia se aumenta de una tercera parte. En la estacion de seca se transitan á caballo las dilatadas llanuras, deteniéndose en diferentes puntos donde se han construido cabañas para hospedar á los viageros: se encuentran ademas, en este camino, varias haciendas establecidas sobre las hermosas llanadas que separan al rio Itonama del rio Machupo. Si ha de emprenderse este viage, en la citada estacion, para conducir mercancias, es menester ir embarcado, y entónces la distancia se duplica; pues hay que bajar el rio Machupo hasta su confluencia con el Itonama, y subir por este en seguida hasta Magdalena, trazando un ángulo agudo.

En tiempo de lluvias este camino se abrevia, atravesando en canoa las llanuras inundadas. Se bajan entónces por el rio Machupo como tres leguas, hasta entrar por la derecha en un arroyo, muy incómodo para la navegacion, por estar guarnecido de árboles, entre los que es menester abrirse paso con hacha en mano y luchando contra una corriente rapidísima: pero muy luego las ondas se aquietan, el arroyo se ensancha, sus ribazos se despejan del arbolado, viniendo por último á formar una laguna de medio cuarto de legua de ancho y de una legua de largo. De la otra parte de esta laguna, las aguas, que se mantienen un momento paradas, cambian de direccion; así es que en vez de proseguir aguas arriba, se sigue el curso natural de la corriente. Se advierte entretanto que el mencionado lago, cuyas ondas se encaminan por un lado al este, en direccion al rio Huarichona, y por el otro al oeste, hácia el rio Machupo, representa la altura de separacion de aquellas dos vertientes; disposicion que es muy notable. Avanzando camino, se bajan todavía cuatro leguas por el mismo arroyo, que primeramente se presenta bastante ancho, y va luego angostándose cada vez mas, hasta verse nuevamente guarnecido de ramages, continuando así para ir á reunirse con otro brazo. Este arroyo, que tiene el mismo nombre del rio Huarichona, es navegable solamente en tiempo de lluvias, y desagua en el rio Itonama, diez leguas mas abajo del punto de su reunion con el nuevo brazo indicado, por el cual es menester subir como dos leguas, prosiguiendo el viage á Magdalena. Los ribazos de este segundo arroyo se encuentran tambien guarnecidos, como los del anterior, de árboles tan inmediatos los unos á los otros, que con dificultad se abren paso las canoas por en medio de ellos, sobre todo, hallándose las aguas casi á la altura de sus copas. Terminado este arroyo, se entra en una llanura inundada, navegando por ella como dos leguas, en cuyo tránsito se descubren cerca de un bosque las chozas de parada de la travesía por tierra. Despues de haber dejado atras dos boscages aislados, escentos de inundacion, se sigue bogando por la llanura en direccion al estesudeste, hasta llegar á un arroyo, llamado Chunanos, por el que se baja hasta la primera encrucijada, atravesando dos bosquecillos cerca de los cuales aparece sumergida en el agua otra choza de alto para la estacion de seca. Hay luego que subir por otro brazo hasta desembocar nuevamente en la llanura, donde el pobre viagero tiene que pasar una jornada, espuesto á los ardores de un sol abrasador ó á los impetuosos aguaceros. La inundacion general de toda esta comarca prueba el perfecto nivel de sus terrenos y la ausencia total de puntos culminantes entre las diversas corrientes: por todos lados no se ve mas que agua; pero sucede muchas veces que no hay la suficiente para poder bogar, siendo entónces forzoso arrastrar las canoas. Estas llanadas están cubiertas en algunos parages de grandes yerbas, cuyas penachos, que salen fuera del agua, sustentan unos pelotones rojizos, formados por las hormigas; las que no pudiendo vivir sodre la tierra anegada, se agrupan de este modo, para esperar durante dos ó tres meses el retorno de la seca: mas al menor choque suelen deshacerse tales grupos, desparramándose las hormigas, cuando no en el agua, adentro de las canoas; lo cual se agrega á las otras molestias del viagero navegante.

Terminada la llanura, se baja por un arroyo hasta llegar á la estancia de San-Cárlos. Apartándose de esta, se continúa en descenso por el mismo arroyo (cuyas orillas empiezan á cubrirse desde allí de matorrales casi enteramente anegados), hasta desembocar en el rio Itonama. Para ponerse en Magdalena es necesario navegar todavía cinco leguas subiendo por este rio, el cual baja con alguna rapidez hácia el noroeste, atravesando una llanura inundada y desnuda de arbolado, para ir á reunirse con el Machupo.

Camino de San-Ramon á San-Joaquin.

Este tránsito por tierra es de ocho leguas hácia el norte, y de doce yendo por el rio Machupo, cuya corriente, tortuosa y muy profunda por todas partes, se halla guarnecida de hermosos boscages: hay en este rio muchedumbre considerable de bufeos. En la estacion de seca se atraviesa á caballo la llanura sin la menor dificultad tomando la ribera izquierda del rio.

SAN-JOAQUIN.

Esta mision fué fundada por los Jesuitas al este del rio Blanco y á una distancia muy apartada del sitio que actualmente ocupa, en una época posterior á 1700. En marzo de 1796, so pretesto de que los indios Baures, que componian su poblacion bajo el régimen de los administradores, se veian continuamente perseguidos y robados por los salvages, fué trasferida al lugar donde se encuentra, es decir, sobre una ligera plataforma rodeada de bañados y situada en la ribera izquierda, á un cuarto de legua del Machupo. Los edificios provisorios del pueblo, al que se sube por una calzada, son de construccion sencilla y de un solo piso. Por lo demás, nada tiene de notable esta mision; cuya industria no se diferencia de la de las otras misiones. El punto que ocupa San-Joaquin está cubierto de mineral en pepitas de hierro hidratado. Los campos cultivados por cuenta del gobierno, y que se encuentran á una legua del pueblo, en el interior de un bosque, abrazan un grande espacio de terreno, donde crecen plantas llenas de vigor: el plátano, la caña-dulce, el cacao, la mandioca y el maiz son de exelente produccion. Como media legua distante de la mision hay una hermosa laguna que nunca está seca. Se encuentra tambien á la parte nordeste, despues de haber cruzado un pantano de una legua de ancho, un terreno seco, muy notable por la gran cantidad de pepitas de hierro hidratado que cubren el suelo, y de las que se podria sacar un pingüe provecho para el establecimiento de herrerías catalanas ó de altas fraguas, hallándose poblados de bosque todos sus contornos. Es muy estraño que los Jesuitas, tan sumamente industriosos, no hayan beneficiado estas riquezas mineralógicas que habrian duplicado sus recursos, y dado una grande impulsion al adelanto de aquellas comarcas. Estas capas horizontales y á descubierto, se estudien como dos leguas, siempre circundadas por bosques, como si la naturaleza hubiese colocado de propósito, al lado de las minas, los medios de practicar su laboreo.

La vegetacion de las inmediaciones de San Joaquin es maravillosa. Se ven en los bosques árboles gigantescos y de un follage el mas variado: distínguense allí entre los motacúes y otras plantas conocidas, unas hermosas palmas, llamadas de rosario[1], por servir sus cocos para hacer cuentas de rosarios. Esta palmera, cuyo tronco liso y derecho está coronado de grandes hojas graciosamente arqueadas, es sin disputa una de las mas elegantes. El suelo se ve cubierto por todas partes de magníficos helechos, en tanto que los gajos de los árboles sostienen los tallos crecidos de una especia de Palma christi, cuyo fruto es diez veces mayor que el de la especie ordinaria. Nótanse ademas en las orillas de los bosques otras dos especies de palmas; la una muy elevada y que sostiene sus hojas en una sola línea repartida á los dos lados del tronco, formando un abanico de verde hermosísimo[2] y la otra, espinosa[3] y de hojas semejantes, aunque mas pequeñas, á las de la palma real de Chiquitos. Algo mas cerca de la mision, se cria un fruto silvestre de la forma de una pera, que solo se come cuando está negro de maduro: su sabor es semejante al del níspero, y sus pepitas tienen mucha analogía con las de la pera.

[Nota 1: La Euterpe precatoria]

[Nota 2: La Oenocarpea tarampabo.];

[Nota 3: La Mauritia armata.]

La poblacion de San-Joaquin se componia en 1823 de setecientos sesenta y seis indios baures; pero los estragos causados en 1832 por las viruelas y el sarapion, la redujeron al número de seiscientas noventa almas. El pueblo consta de cinco parcialidades, conocidas bajo los nombres de Paschiono, Caparebocono, Tacarano, Abeabano y Tocono.

El ganado vacuno de la propiedad del Estado ascendia, en 1830, á tres mil ochocientas ocho cabezas, y el caballar á trescientas treinta y cinco. En el citado año el producto de la mision fué de seiscientos setenta pesos.

Caminos de San-Joaquin á Exaltacion.

Para ir de San-Joaquin á San-Pedro, se sigue (como se dijo al hablar de esta mision) el curso del rio Machupo, pasando por San-Ramon. Para ir en tiempo de lluvias á Exaltacion, que está á veintisiete leguas en línea recta hácia el oeste, es menester atravesar en canoa una llanura cruzada en todas direcciones por varios arroyuelos que se encaminan, los unos al rio Machupo, los otros al Mamoré. En tiempos secos se lleva el mismo camino transitando á caballo las magníficas llanadas; mas para la conduccion de mercancias no hay otro vehículo que el de los rios, y el camino se prolonga entónces hasta ciento veinte leguas. Se bajan primeramente treinta por el rio Machupo, hasta su confluencia con el Iténes ó Guaporé; en seguida cuarenta por este hasta su confluencia con el Mamoré, el cual es menester subir, siguiendo sus largos rodeos por el espacio de cincuenta leguas, hasta llegar á Exaltacion. Para hacer conocer mejor estos vehículos de transporte, que son al mismo tiempo los raudales mas hermosos de la provincia, voy á describirlos detalladamente.

Saliendo de San-Joaquin se navega durante dos dias por el Machupo, descendiendo hácia el nornordeste. Las orillas de este rio están guarnecidas de bosques muy tupidos, que revelan el vigor de una vegetacion activa. El aspecto salvage, pero variado, de estas soledades, no carece de cierta grandeza. A un lado, el tinte verdinegro de las selvas, las sinuosidades multiplicadas del rio, las tropas de monos, los numerosos bufeos que viajan á par de las canoas, y al otro la muchedumbre de pájaros ribereños y terrestres, animan el paisage haciéndolo mas interesante. El rio, cuya anchura es de cien varas, recibe los tributos de un sin número de arroyuelos que ayudan al desagüe de las llanuras inundadas. A las doce del segundo dia se pasa por un sitio en donde ámbas riberas se ven cultivadas y cubiertas de plantíos pertenecientes á los indios de San-Ramon y de San-Joaquin. Los ribazos del rio Machupo son bastante altos sobre un largo espacio de su curso, circunstancia que debe favorecer al cultivo de sus orillas, siendo de estrañar por lo tanto que no se haya pensado en situar las misiones á ménos distancia. A poco mas de las dos de la tarde se presenta la confluencia del rio Itonama, bajo cuyo nombre continua corriendo el Machupo hasta reunirse con Guaporé ó Iténes. Entónces se descubre hácia el norte, por encima de los árboles, la prolongacion occidental de la Sierra del Diamantino. Desde este punto empiezan á mostrarse millares de bufeos jugando sobre las ondas, y en el tránsito de algunas leguas, se ven tres hermosas especies de palmas, que no se encuentran en ninguna otra parte[1]. A eso de las cinco se desemboca en el rio Iténes, en cuya confluencia habria sido muy conveniente establecer una poblacion, vista la mucha elevacion de la ribera izquierda del Itonama; pero indudablemente no han dado lugar á ello las interminables discusiones entre Españoles y Portugueses, sobre los límites de sus posesiones respectivas; y queda ya referido que, deseosos estos últimos de conservar el monopolio de la navegacion de esos rios, espulsaron á los Jesuitas que trataban de establecerse sobre sus orillas[2].

[Nota 1: Maximiliana regia. Martius. Bactris socialis, Martius.]

[Nota 2: Corografía brasilica.]

El rio Iténes tiene como un cuarto de legua de ancho en este punto, y sus magestuosas aguas corren con bastante rapidez por entre islas de un aspecto el mas pintoresco. Sobre una de sus orillas, pobladas de arbolados, hay un puesto brasilero: para dirigirse á él, es menester luchar contra la corriente de los rios Iténes é Itonama; que chocándose con fuerza forman una barrera movible, de un aspecto imponente. El puesto se halla ocupado par un sargento y cuatro soldados, que tienen órden de no dejar pasar embarcacion alguna sin el previo consentimiento del comandante del fuerte de Beira, que está situado dos leguas mas abajo. Es pues indispensable escribir de antemano á este mandatario en solicitud de un permiso para pasar por delante del fuerte. Aunque la ribera izquierda pertenece en toda propiedad á la República de Bolivia, los Brasileros se consideran dueños absolutos de todo el curso del rio. Los soldados que guardan el puesto, apénas están vestidos, y viven en la mayor miseria: un puñado de farinha de pao es la racion diaria que se les da para su manutencion, y cada ocho dias reciben algunos cartuchos de pólvora con que cazan los antas y otros animales selváticos cuya carne les sirve tambien de alimento.

Fuerte del Príncipe de Beira.

Cuando se ha conseguido el indicado permiso, se desciende el Guaporé ó Iténes, admirando lo pintoresco de sus márgenes, y las montañas que dominan su ribera izquierda. A dos leguas, poco mas ó ménos, se presenta el fuerte del Príncipe de Beira sobre el cual tremola el pabellon brasilero. Este fuerte, de forma cuadrada y rodeado de fosos, tiene ademas un baluarte en cada flanco. La piedra arenisca carbonífera, de que se componen las montañas adyacentes, es el material empleado en su construccion, la que ha sido muy bien ejecutada por un ingeniero europeo. Su guarnicion se reduce actualmente á treinta hombres. Era este fuerte en su fundacion, un presidio para los asesinos; mas hoy en dia está destinado á servir de destierro á los condenados políticos, que viven privados de todo género de recursos en este lugar apartado, donde gozan sin embargo, de alguna soltura.

El pueblecillo de Santa-Rosa, dependiente del fuerte, y que primitivamente distaba media legua hácia el oeste, se halla colocado al presente háacia el norte y á ménos distancia, componiéndose de una sola hilera de casas, cuyos habitantes, que son todos negros y mulatos, ascienden al número de cuatrocientos. Ocúpase esta poblacion en traficar con los gariteas, que suben desde el Pará, por el rio de Madeiras y en seguida por el Guaporé, hasta Mato-Groso. Estas grandes barcas, toldadas y de fondo plano, son del porte de una chalupa de veinticinco á treinta toneladas; y aunque en proporcion á la profundidad del rio pudieran tener mas capacidad, el sin número de saltos del rio de Madeiras (que toda vez que se presentan obligan á los navegantes á retirar del agua sus embarcaciones para llevarlas por tierra con la ayuda de unos troncos redondos, colocados á guisa de ruedas) hace que se minore su tamaño. Por lo demás esta es la única dificultad que ofrece la navegacion de este rio, el cual tiene por todas partes la hondura suficiente para servir de vehículo á los barcos de vapor de la mayor dimension.

Partiendo del Pará suben las gariteas á la vela ó á remo hasta la embocadura del rio de Madeiras, luego á remo solamente hasta tropezar con las primeras cachuelas, que es menester salvar del modo que dejo dicho; operacion que se renueva mas de veinte veces, y en la que se pierde mucho tiempo[1]. Habiendo salvado la última cachuela se rema con grandísimo trabajo hasta la confluencia de los rios Iténes y Mamoré, y desde este punto, hasta el fuerte de Beira, donde se toman víveres para subir en seguida hasta Mato-Groso. Siendo indispensable emplear un año entero en la ida y vuelta de estas espediciones, se prefiere llevar directamente por tierra del Rio Janeiro ó de Santos las mercadurías de valor; y aunque la distancia que se transita en mulas es de ochocientas leguas, la economía de tiempo no deja de ser considerable; de manera que las gariteas, estando reservadas solamente para el transporte de los efectos de mucho volúmen ó peso, no hacen sino tres ó cuatro espediciones por año del Pará á Mato-Groso.

[Nota 1: Los traficantes, que hacen muy á menudo esta navegacion, siembran algunos de los campos por donde atraviesan llevando sus embarcaciones; así es que á su regreso encuentran abundante provision en los frutos que recogen.]

Los alrededores del fuerte del Príncipe de Beira se hallan poblados de bosques espaciosos, donde sobresalen las palmeras: las colinas inmediatas, colocadas en forma de anfiteatro, se levantan gradualmente hácia el nordeste, viniendo á quedar su punto culminante bastante retirado. El suelo, enteramente compuesto de despojos de piedra arenisca, es infecundo, y únicamente algunos retazos contiguos á la orilla del rio Iténes se prestan á la agricultura y producen muy buenos frutos.

Al dejar el fuerte de Beira, el rio Iténes ó Guaporé[1] tiene cerca de media legua de ancho; sus aguas claras, pero de viso negruzco, corren con lentitud por entre bosques magníficos y de un aspecto mas bien salvage que pintoresco. La naturaleza en este parage es demasiado grande y magestuosa para que puedan comprenderse sus detalles. Entre tanto, muy rara vez llega á perturbar algun viagero esta hermosa soledad, que no ostenta mas adornos que la rica vegetacion de sus sombrías florestas, pues hasta los pájaros solo cruzan por acaso y sin jamas detenerse. Sin embargo, la uniformidad del paisage se ve de vez en cuando interrumpida por algunas islas guarnecidas de árboles, y por las montañas azuladas de la ribera derecha, que resaltan á lo léjos sobre el fondo verdinegro de los frondosos bosques.

[Nota 1: El nombre de Iténes, que le dieron los Españoles, ha sido tomado de los indios salvages que habitan sus riberas en el espacio comprendido entre el fuerte de Beira y la confluencia con el Mamoré. Guaporé es el nombre que le han dado los Brasileros.]

Despues de haber andado una larga jornada, bogando con toda la rapidez de la corriente, se hace alto al anochecer, ó sobre la orilla derecha donde hay una selva muy tupida cuyo terreno debe ser exelente para el cultivo, ó sobre la izquierda que está poblada de magníficos bosques. Los Brasileros del fuerte suelen verse atacados muy á menudo en estos parages por los indios itenes que habitan las dos riberas, y que aprovechan todas las ocasiones de procurarse, por la violencia, las armas y el hierro que les son de absoluta necesidad desde el tiempo de su contacto con los Españoles y Portugueses. Estos salvages, de un carácter independiente y altanero, han conservado su entera libertad, prefiriendo verse diezmados todos los dias desde mas de un siglo, ántes que someterse al celo religioso de los Jesuitas ó al yugo de los Españoles. Hoy en dia son aun lo que eran en tiempo del descubrimiento, y deben la conservacion de su independencia á la estrecha union que parece reinar entre ellos.

Esta nacion ocupa todo al ángulo formado por la confluencia de los rios Iténes y Mamoré. Las tribus que la componen viven diseminadas en el seno de unos desiertos circundados por inmensos pantanos y por selvas impenetrables. Estos indígenas, cuyas costumbres son en extremos singulares, solo hacen caso de la mediana civilizacion que los rodea, para deslizarse astuta y ocultamente con sus canoas en los pequeños tributarios del Mamoré y del Iténes, donde asechan á los indios de las misiones ó á los soldados brasileros del fuerte de Beira, atacándolos al descuido, muchas veces al favor de las sombras de la noche, sin otro intento que el de procurarse algunas herramientas.

En la segunda jornada, aparece el rio tan ancho y hermoso como la víspera, pero mucho mas tortuoso y casi enteramente desembarazado de islotes: se ve entre tanto guarnecida su ribera izquierda de palmeras motacúes, al paso que sobre la derecha se presenta entre multitud de árboles muy variados, una nueva especie de palmas, conocida bajo el nombre indígena de chuco, y notabilísima por sus hojas, cuya figura es igual á la de un sol, pues se componen de infinidad de hojuelas que á manera de rayos parten de un punto céntrico al cual están sugetas[1].

[Nota 1: Este vegetal es el Thrinax chuco.]

Al arribar al ángulo formado por la reunion del Iténes con el Mamoré, un espectáculo el mas imponente se presenta á la vista, la que abrazando de un solo golpe el magestuoso giro de ámbas corrientes puede fácilmente compararlas y admirar el maravilloso contraste[1].

[Nota 1: Véase la Introduccion, pág. xix.]

El rio Iténes, que, como ya se dijo, recibe todas las aguas de la provincia de Mato Groso y del norte y norueste de Chiquitos, y cuyos tributarios, bajando de colinas poco elevadas, corren mansamente por una superficie inmensa de llanuras, donde tienen sólidos ribazos, conserva sus ondas casi siempre puras y jamas acarrea despojos vegetales; al paso que el Mamoré, no solamente se mantiene turbio y fangoso todo el año, sino que arrastra borbollando troncos, hojas, raices, y á veces árboles enteros; pues, á mas de tener sus fuentes sobre las altas cerranías de las provincias de Cochabamba, de Mizqué y de Valle Grande, ó sobre la vertiente norte de las últimas faldas de la cordillera, todos sus tributarios se forman de torrentes impetuosos y cruzan la llanura con tal rápidez que arrancan al pasar los ribazos de uno de sus bordes. Resulta de esta disposicion tan diferente, que el Iténes presenta por todas partes sobre sus riberas un terreno muy conveniente para fundar aldeas estables y florecientes, miéntras que las orillas del Mamoré no dan lugar á establecimiento seguro de ninguna clase, ni aun se prestan siquiera para la agricultura: razon por la que todas las misiones del Mamoré ocupan tan solo las riberas de algunos tributarios laterales.

Las aguas del rio Iténes despues de estar reunidas con las del Mamoré, corren por un largo espacio sin mezclarse y conservando todavía su viso particular.

Del punto de reunion de estos dos grandes rios hay que hacer una navegacion de seis jornadas en canoa para llegar á la confluencia del rio Beni, el cual bajando del oeste viene á incorporarse por la izquierda con el Mamoré, que lleva adelante su magestuoso curso bajo el nombre de rio de Madeiras[1].

[Nota 1: Véase lo que digo de este rio, al hablar de las grandes vias de comunicacion fáciles de entablarse entre la provincia y la Europa por el vehículo del Amazonas.]

Las orillas del Mamoré se encuentran ya desnudas en este parage de selvas antiguas, y por todas partes ofrecen terrenos de aluvion, en donde se cria la planta que los Españoles han llamado chuchio[1], así como el lambaiva, cuyas hojas blanquizcas y recortadas en forma de dedos resaltan sobre el verde tierno de los sauces, ó sobre el verde amoratado de los lisos. Entre las muchas especies de palmas ya conocidas, que cubren los terrenos mas encumbrados, se distingue una nueva, peculiar á este distrito, donde se cria en abundancia, particularmente sobre los ribazos. Este vegetal, al que los Brasileros dan el nombre de vinte pes (veinte piés) es uno de las mas elegantes de la familia de las palmeras; sus raices, que sirven de sosten al tronco, bajan desde la altura de tres varas, separándose unas de otras á proporcion que se aproximan al suelo: esta es la circunstancia que le ha hecho dar el nombre bajo el cual es conocida en el pais. Del remate de su tronco liso y empinado, que generalmente llega á la altura de quince á veinte varas, parten hácia todos lados sus grandes hojas graciosamente recortadas, formando un elegante penacho: sírvense los indios de sus frutos para hacer cuentas de rosarios[2].

[Nota 1: De esta especie, perteneciente á la familia de las cañas, hacen sus flechas todos los indios cazadores.]

[Nota 2: Esta palma es la denominada Iriartea Orbigniana, Martius.]

En esta primera jornada por el Mamoré, se avistan varios campamentos de indios salvages, y á cada paso se notan en las barrancas los angostos senderos por los que bajan al rio, particularmente sobre la ribera derecha, cuyos terrenos son mas elevados.

Viene entre tanto á reunirse al Mamoré, por la izquierda, el rio Iruyani, frecuentemente surcado por los Cayuvavas de Exaltacion, que suben aveces hácia el oeste, hasta muy cerca de la mision de Reyes. Un poco mas arriba, se encuentra tambien la embocadura del Matucaré, sobre cuyas orillas habitan algunas tribus itenes, que han formado en aquel punto una especie de aldea donde se cultivan hermosos plantíos de maiz, de mandioca y de plátanos: estos belicosos indios hacen frecuentes incursiones, por el tiempo de la seca, en el distrito de la mision de Exaltacion con el objeto de procurarse armas y herramientas.

Cuando las lluvias que caen en las fuentes del Mamoré son algun tanto copiosas, se acrecen considerablemente sus ondas, arrastrando consigo mayor cantidad de árboles que de ordinario; por lo que se ven algunos espacios, particularmente en medio del rio, de tal manera cubiertos de despojos vegetales que parecen grandes islas flotantes. Para tener que luchar ménos contra la corriente, se costea siempre la orrilla que le es opuesta; mas las multiplicadas sinuosidades que forma el rio, obligan á los navegantes á cruzar muy á menudo de un lado al otro, lo que no deja de ser sumamente peligroso, pues al mas leve choque contra esos troncos flotantes pueden sumergirse las endebles canoas: empero el tino y la destreza con que los pilotos y remeros ejecutan sus maniobras en los momentos difíciles, triunfan de lodos los obstáculos.

En este tránsito se descubren siempre bosques enmarañados, en los cuales hay un árbol corpulento, que suele tener basta trece y quince varas de circunferencia. Los Españoles le han dado el nombre de higueron[1], por ser una especie de higuera gigantesca; pero en la provincia de Santa-Cruz es conocido mas bien bajo el de bibosi. Emplean los indios la corteza de este árbol para hacerse camisas; y de sus raices chatas, las que se encuentran divididas en láminas verticales, se sacan tablas naturalmente recortadas que sirven para hacer los cajones en que se espiden las mercancias de la propiedad del Estado. Todos estos bosques, poblados de una diversidad prodigiosa de plantas casi desconocidas, abrigan tambien en su seno tigres y otros animales feroces.

[Nota 1: Véase la lám. 8.]

Las orillas del Mamoré presentan á cada paso paisages pintorescos, y á los que la variedad de vegetacion da un aspecto el mas risueño. Los lugares bajos se ven siempre revestidos de sensitivas de flor rosada, miéntras que en los parages algo mas secos abunda una planta, cuyos tallos tienen la forma de un abanico, y están coronados de penachos blanquizcos, que ondeando uniformemente al capricho del viento contrastan con las mimosas en flor, con el lambaiva de azucarados racimos, ó con las enredaderas que cuelgan por todas partes de los gajos entrelazados con las palmeras. Todo maravilla al viagero que transita por en medio de esas encantadoras orillas, donde reposa plácidamente sus ojos sobre una vegetacion tan lujosa, ó se detiene á contemplar con interes esas colonias de martin-pescadores, los que saliendo de sus casillas ocultas en los agujeros de las barrancas arenosas, siguen de léjos el rumbo de las canoas.

En la tercera jornada se tiene que arrostrar una de las mayores dificultades que presenta el Mamoré para su navegacion; pues hay un punto en el que estrechándose mucho su corriente, viene á ser mas impetuosa, y forma unos remolinos en embudo, demasiado rápidos para que las canoas puedan salvarlos sin aventurarse demasiado: es tal la violencia con que azota el agua al pasar por encima de ellas, que la débil embarcacion vacila y se bambolea como si hubiese chocado contra una roca. A un corto tiro de este punto se encuentra el primer campo sembrado de Exaltacion, distante dos jornadas todavía del sitio donde está la aldea: los plantíos de este campo, que vigilan cuatros indios cuya casucha se ve allí cerca, se componen de plátanos y de cacahuales.

En esta parte de las riberas del Mamoré se observa cierta variedad en la vegetacion: de tiempo en tiempo se ven sobresalir entre sus bosques la palma cuchis y las cañas tacuaras, que se presentan algunas veces totalmente aisladas: entre tanto, nada hay allí de tan singular como la sucesion de plantas sobre los terremonteros del rio. Los terrenos que se van levantando hasta quedar fuera de las aguas, se cubren, en el espacio de un año, de lisos que se anticipan siempre á los otros vegetales; pero bien pronto desaparecen sofocados por los sauces, que crecen con mas vigor. A los cuatro años, los sauces, despues de haber protegido el crecimiento de los lambaivas y de las higueras bibosis, desaparecen á su vez, dejando á estos enteramente dueños del campo. Los demás árboles, y particularmente las palmeras, no se manifiestan sino al cabo de muchos años, y cuando el terreno ya bastante elevado, solo llega á inundarse en las crecientes accidentales.

Para abreviar el camino, que seria interminable si no se economizasen de algun modo los grandes recodos del rio, y á fin tambien de tener ménos corriente, se atraviesa por unos bañados que se presentan sobre la ribera derecha. En uno de estos bañados, ó grandes lagos, se cria la planta acuática mas hermosa de América: sus hojas circulares, de dos varas de diámetro, rectamente levantadas en sus bordes, verdes en la parte de arriba y rojas en la de abajo, se estienden graciosamente sobre las aguas á la manera de las hojas del nenúfar de los bañados de Europa, ofreciendo á la vista, con sus magníficas flores de un pié de ancho, ya rosadas, ya blancas, un conjunto maravilloso digno de la vegetacion grandiosa de aquellas regiones[1]. El padre Lacueva, y tambien uno de los intérpretes que me acompañaban en mi espedicion á Moxos, me han asegurado que el naturalista Hainck, al ver esta planta por la primera vez, trasportado de admiracion, se habia puesto de rodillas para dar gracias á la Providencia por una creacion tan prodigiosa[2]; y efectivamente, nada hay comparable á la alta idea que nos da esta planta de la fuerza productiva de la vegetacion.

[Nota 1: Esta planta es la misma que han llamado los Ingleses, en 1836, Victoria regina, la cual fué recogida en la Guayana inglesa por el viajero Chonburk. La especie que encontré en Corrientes en el año de 1827, era conocida en Francia en el de 1829: así pues, soy yo el primero que la haya enviado á Europa.]

[Nota 2: Véase la lám. 9.]

Entre tanto, no deja de ser bastante incómodo el tránsito por los bañados, á causa de los enjambres de hormigas de que ya hemos hablado; así es que se sale de ellos con placer para proseguir la marcha por el rio; en el cual tambien hay que evitar otro peligro que amenaza á las pequeñas embarcaciones. Resulta este del desmoronamiento repentino de las barrancas arenosas, que alterando el rumbo natural de las aguas, promueven fuertes oleadas de proyeccion. En el punto donde se hace alto al anochecer, es menester, ante todo, derribar con el mayor cuidado posible estas frágiles y empinadas barrancas, hasta dejarlas gradualmente en declive, para evitar de este modo que lleguen durante la noche á desmoronarse de golpe, y echen á fondo las canoas. Esta navegacion, á mas de los peligros que hemos señalado, tiene no pocas molestias; la abundancia de mosquitos es una de las principales, sobre todo por las noches, en que no puede el viagero abrir la boca sin tragarse algunas docenas.

Al tocar en la última jornada, los terrenos, siempre removidos por la corriente, van siendo cada vez mas bajos: muy á menudo las avenidas arrastran consigo las plantaciones, y en diversas ocasiones los indios cayuvavas, viendo devastados sus campos de cultivo, han tenido que alimentarse durante un año entero con el tronco de la palma total, que es en los tiempos de penuria, el maná de aquellas comarcas. El puerto de Exaltacion aparece finalmente, al cabo de siete ó ocho dias de navegacion desde la salida del fuerte del Príncipe de Beira.

SANTA-MAGDALENA.

Esta mision fué fundada por los Jesuitas, en el año de 1700, con la nacion itonama que hablaba una lengua totalmente distinta de las otras lenguas de la provincia. Bajo el régimen de estos religiosos su poblacion se acreció de tal manera, que en 1792 mandó el gobernador Zamora que se fundase con el excedente de ella el pueblo de San-Ramon, cerca del rio Machupo. El pueblo de Magdalena, situado sobre la ribera izquierda del rio Itonama, se ve circunscripto por llanuras anegadas en la estacion de las lluvias, formando entónces un islote, de poco mas de una legua, en direccion al nornordeste. Colocado en la estremidad sud de esta parte no inundada, la que sin embargo, apénas tiene de una á dos varas de elevacion sobre el resto del terreno, está distribuido de la mejor manera posible: su iglesia, construida en el mas bello estilo gótico de la edad media, es muy vasta, y notable sobre todo por sus esculturas en madera. El colegio, que tiene un piso alto, es de forma cuadrada, y está dividido en grandes salas, mas hermosas que cómodas. El resto no difiere en nada de las otras misiones. Una calzada de quinientas varas de largo conduce de la mision al puerto, donde habita con su familia un indio encargado del resguardo.

Aunque la industria de esta mision se halla en general ménos adelantada que la de Concepcion, sus tegidos son mucho mas finos. En el campo vecino á la poblacion, se ven inmensos plantíos, de cañadulce, de algodon, de tamarindos y sobre todo de cacao: indicaremos el modo como se cultiva este último vegetal. Primeramente se planta una huerta de plátanos, y cuando estos están ya bastante crecidos, se siembra el cacao al pié de cada uno de ellos: los cacahuales brotan y van creciendo poco á poco, protegidos en su primera edad por la sombra que les hacen los plátanos, hasta que al cuarto ó quinto año du su plantacion fructifican abundantemente. Estas huertas, que son de la propiedad del Estado, sirven para el abasto del colegio. Los plantíos de los indios están á distancia de cuatro jornadas de camino, bajando el rio Itonama hasta cerca de su confluencia con el rio Machupo. Como los pobres indígenas dependen absolutamente de los administradores, apénas consiguen al año un permiso de quince dias para ir á efectuar las siembras, y de otros quince para recoger sus frutos; pero precisamente la estacion de las cosechas suele ser la del comercio y del transporte de mercancias, por lo que acontece generalmente que no pudiendo ir en el debido tiempo á retirar los productos de sus sembrados, pierden la mayor parte, y pasan un año entero sumidos en la mas profunda miseria.

Esta poblacion se compone solamente de indios itonamas, cuyo lenguage gutural se asemeja por la dureza de sus sonidos á los idiomas quichua y aymará, siendo en todo lo demás enteramente distinto. La estatura dé los Itonamas es bastante elevada, y aunque tienen las piernas muy delgadas, no por eso dejan de ser los hombres mas activos de la provincia.

El egoismo es uno de los rasgos distintivos del carácter de estos naturales, que son incapaces de partir entre ellos ni aun siquiera lo superfluo. Un solo hecho bastará para probarlo. Un indio que habia obtenido una vela, la tenia encendida en uno de esos vastos galpones donde viven muchas familias reunidas; y no queriendo que sus vecinos participasen de la luz, habla colocado á su familia de manera que la ocultase enteramente para todos aquellos. A pesar de esto, son por lo general muy bondadosos, y la grande miseria en que viven casi de continuo, disculpa en cierto modo su propension al robo. Son dóciles hasta el servilismo para con los blancos, á quienes profesan, sin embargo, un odio quizas no injusto. Su manera de vestir nada tiene que los distinga de los naturales de las otras misiones; el color negro es el de predileccion para los tipois que llevan las mugeres.

Bajo el régimen actual empiezan nuevamente los Itonamas á contraer todas las superticiones y costumbres singulares de su estado primitivo: así, por ejemplo, los padres desposan á sus hijos desde que nacen, y considerándolos ya como legítimos esposos, los instruyen, tan luego como atinan á comprender las cosas, de las relaciones recíprocas y mas íntimas que deben existir entre ellos, acostándolos muchas veces en una misma hamaca. Esta costumbre, que se trata de estirpar, obliga entre tanto á los curas á unir en la mas tierna edad á los jóvenes, con el objecto de cohonestar en cierto modo la conducta de estos y la de sus deudos; por lo que se ven niñas de ocho años formalamente casadas con mancebos de doce. El culto religioso de estos naturales no es sino esterior; de modo que su conciencia está enteramente agena de todo género de escrúpulos. Los hombres se franquean espontáneamente sus mugeres, las que por su parte se entregan tambien cuando quieren á todos sus parientes. He hablado ya, en otro lugar, de las supersticiones que los dominan con respecto á las enfermedades, y de la bárbara conducta que estas supersticiones los obligan á observar para con los enfermos.

La poblacion dé la mision de Magdalena ascendia, en 1820, á dos mil ciento y ocho almas, en 1832, á dos mil setecientas ochenta y una; por manera que en el espacio de once años el acrecimiento de ella habia sido solamente de seicientas setenta y tres almas.

En 1832, las haciendas del Estado tenian siete mil setecientas cincuenta cabezas de ganado vacuno, y dos mil novecientos veinte caballos.

Hay al este 20 grados norte de Magdalena, una montaña cuya cima se ve desde muy léjos sobre el horizonte: para encaminarse á ella es menester aprovechar la estacion seca, y cuando no, aquella en que la inundacion general permite la libre navegacion por la llanura.

Camino de Magdalena á Concepcion.

Concepcion de Baúres dista de Magdalena unas veinte leguas hácia el sud. En la estacion de seca se va á caballo, atravesando la llanura; mas en tiempo de lluvias se suben nueve leguas por el rio Itonama, muy tortuoso cerca de Magdalena y que transita por unas praderas anegadas en parte, pero pobladas de millares de ganados pertenecientes á las estancias de San-Antonio y de San-Miguel que se descubren á un lado del rio. De tiempo en tiempo se aperciben tambien sobre el ribazo algunos carpinchos y caimanes que salen fuera del agua. Los bordes de este rio, que es bastante anchuroso, están desnudos de arbolado hasta llegar á su confluencia con el riachuelo del Guacaraje, por el cual se suben tres leguas hasta el puerto de Concepcion, situado sobre la ribera. Este puerto, nueve leguas distante de Concepcion, y en el cual hay un capitan encargado de su vigilancia, es el punto de partida para las misiones de Moxos y del Mamoré, no siendo posible continuar por el rio Blanco cuyos grandes y numerosos rodeos alargarian muchísimo el camino. Al dejar el puerto se sigue por una hermosa calzada de dos leguas de largo, construida por los Jesuitas en medio de un pantano. Esta calzada, hecha nada mas que con tierra, perfectamente trazada, y de un tránsito fácil en todo tiempo, conduce á una selva tambien de dos leguas de largo, y poblada de palmas motacúes y de variedad de árboles muy hermosos, que guarnecen un suelo arenoso, lleno de tierra negruzca, muy conveniente para las labranzas. Pasada la selva, se encuentra otra calzada casi tan larga y bien construida como la primera, luego algunos boscages, y finalmente una llanura, anegada en partes, que conduce hasta el rio Blanco. Pásase este en canoas, despues de haber hecho pasar á nado los caballos, que muchas veces suelen ahogarse espantados por los caimanes, tan abundantes en todos aquellos rios. Una tercera calzada de la misma naturaleza que las anteriores, conduce por último, cruzando en línea recta un hondo pantano, hasta el pueblo de Concepcion.

PURISIMA CONCEPCION DE BAÚRES.

La mision de Purísima Concepcion de Baúres fué fundada por los Jesuitas, posteriormente al año de 1700, con los indios de la nacion baúres, que eran en aquel tiempo, al igual de los Moxos, los indígenas mas industriosos de aquellas comarcas, pues sabian teger, y fabricarse vestimentas ó túnicas de tegidos de algodon. El pueblo, y los hermosos campos cultivados que lo rodean, ocupan un terreno bastante espacioso y muy parejo, el cual manteniéndose siempre seco y estando rodeado de pantanos, viene á formar en la estacion lluviosa una especie de isla, que dista poco mas de un cuarto de legua del riachuelo llamado Negro, por el cual van los indígenas á los campos sembrados por su cuenta. Una calzada de tierra, que tiene como dos leguas de largo, une á este riachuelo con el rio Blanco.

Entre los edificios de esta mision se distinguen, su iglesia construida con madera y adobes, y su colegio que se compone de muchos patios; en el primero de ellos tiene el edificio un piso alto; las salas bajas que forman la periferia de los otros, sirven de talleres. En cada una de las cuatro esquinas de la plaza, que es bastante espaciosa, hay una capilla; el centro está ocupado por una grande cruz rodeada de hermosas palmeras cuchis; en los costados se ven las numerosas casas de los indios, puestas en hilera y colocadas del modo mas conveniente para facilitar su ventilacion.

Estos indios que son, como ya dije, los mas industriosos de aquellas misiones, hacen unos tegidos de algodon muy finos y de muchísima estimacion en la república: las hamacas que fabrican no pueden ser de mejor calidad; pero tambien es verdad que exigen un trabajo asiduo, y que entre seis mugeres emplean uno ó dos meses en la fabricacion de una sola hamaca. Hay talleres de tegedura, de pintura, de ebanistería, en los cuales se admiran, ya los manteles pintados á la pluma, obra muy original, ya los cofres y cajas prolijamente trabajadas, ya mil otros objetos hechos de jacarandá con embutidos de nácar. Fabrícanse tambien baules, camas de viage, etc. Otros artesanos se ocupan en trenzar hábilmente una paja muy fina y nada quebradiza, con la que hacen sombreros, cofrecillos é infinidad de objetos primorosos. Finalmente, esta poblacion, la mas industriosa de la provincia, sabe sacar partido de todo para sus curiosos trabajos, sin servirse muchas veces de otras herramientas que sus cuchillas, lo que no hace sino duplicar el mérito: allí se utilizan las calabazas, transformándolas en jarras ó vasijas pintadas, que tienen una apariencia tan hermosa como las de China; los cocos, convirtiéndolos en cajitas torneadas; y otros muchos materiales, como las astas, los huesos, los dientes del caiman, etc., en pequeños objetos de lujo y de provecho.

Las plantaciones de la mision son vastísimas, y como están muy bien cuidadas, producen con abundancia algodon, maiz, mandioca, arroz, cañadulce y cacao; frutos que son de la propiedad del Estado.

Las plantaciones pertenecientes á los indios están algo apartadas de la mision, sobre las orillas del riachuelo Negro.

En 1830, las haciendas del Estado encerraban nueve mil trescientas cuarenta y dos cabezas de ganado vacuno, y dos mil trescientos veintinueve caballos.

Concepcion ha variado algun tanto bajo el gobierno de la república. La diferencia de los productos, tanto fábriles como de labranza, que se observa entre los años de 1803 y de 1830, dará una prueba de ello.

+——————————————————————————+ | | 1804. | 1830. | | |———-+———-| |Cacao. arrobas. | 118 | 120 | |Cera virgen. " | 21 | 7 | |Sebo. " | 80 | 40 | |Sasafras. " | 11 | " | |Algodon blanco en pepitas. " | 197 | 925 | |Algodon despepitado. " | " | 33 | |Lienzo. varas. | 2,411 | 2,154 | |Paños de mano. | 60 | 29 | |Manteles. | 5 | 32 | |Sábanas. pares. | 28 | 24 | |Sobremesas. | 18 | 30 | |Medias. " | 36 | 6 | |Gorros. | 80 | " | |Ponchos. | 10 | 62 | |Servilletas. | " | 32 | |Pañuelos de pescuezo. | " | 23 | +——————————————————————————+

Los indios baures, habitantes de Concepcion, unen por lo general á su robustez y fuerza corporal, un carácter muy bondadoso y apacible, pero desgraciadamente tan pusilánime que el solo temor del castigo los determina á ceder y doblegarse á todo. El cacique, cuya autoridad raya en el absolutismo, es el déspota mas rígido, y jamas sale sin ir acompañado de su teniente y del intérprete. Los indios le profesan un respeto servil; así es que cuando le ven venir, se sacan el sombrero desde muy léjos, y cruzan los brazos sobre el pecho: á no hacerlo así tal vez serian castigados severamente como ha sucedido muchas veces. Los administradores y los curas, no ocupándose mas que de sus intereses particulares, abandonan todos sus derechos de autoridad á estos orgullosos caciques, que no tienen el menor escrúpulo en abusar de ella á su antojo; y como hoy en dia ni la religion, ni las costumbres severas de los Jesuitas ponen freno á sus desarreglos, beben continuamente la chicha de maiz hasta embriagarse, administrando entónces la justicia segun sus caprichos. Se ha notado que los individuos de Concepcion viven muy poco tiempo cuando han llegado á obtener el cargo de caciques; circunstancia que resulta necesariamente del abuso brutal que hacen de todos los goces que les proporciona el nuevo rango, el cual al mismo tiempo que destruye su salud, los ensoberbece de tal manera, que no cambiarian ciertamente sus insignias de cacique por un trono imperial.

El mal ejemplo que resulta de la depravacion sin freno de los superiores, engendra la corrupcion en un pueblo que apénas columbra en su horizonte la primera alborada de la civilizacion; así pues los habitantes de Concepcion se han llenado ya de viciosos vergonzosos, y la inmoralidad ha llegado á su mas alto grado.

Las muchachas, enteramente desnudas hasta la edad núbil, no conocen el pudor; por lo que nada puede refrenar mas tarde su mala conducta; sobre todo, habiéndose ya estinguido los principios de sana moral que profesaban ántes estos naturales, y vuelto á dominar entre las mugeres la costumbre de hermosas palmas confundidas con otros muchos árboles de bella apariencia. Como les está prohibido á los indios de todas las misiones de Moxos el ir armados, desde la rebelion que tuvo lugar en San-Pedro, la caza abunda en todos estos parages, aumentándose mas y mas no siendo perseguida. Los monos se presentan á cada paso divirtiendo á los viageros con sus muecas y brincos: hay tambien allí una especie de monos nocturnos. El rio está lleno de bufeos ó delfines de una clase muy estraña que habita constantemente en el agua dulce: su piel es rosada ó salpicada de pintitas. Es una cosa que sorprende realmente el encontrar estos animales á mas de ochocientas leguas del mar, cuando las especies conocidas viven siempre en los oceanos, ó solo suben á unas pocas leguas de la embocadura de los rios.

Cuando la estacion lluviosa se halla muy avanzada, se puede ahorrar una tercera parte de camino saliendo en canoa desde la misma mision, y cruzando la llanura en línea recta hasta llegar á un arroyuelo llamado Oquire, que va á desembocar por la derecha en el rio Blanco, el cual conduce luego hasta el Cármen.

NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN.

El pueblo de este nombre, que dista, como acabo de indicarlo, quince leguas al sud de Concepcion de Baures, está situado sobre la ribera derecha y á poca distancia del rio Blanco, ocupando el centro de una llanura á donde jamas alcanzan las inundaciones. La iglesia es sencilla: las casas del Estado, lechadas con tejas, son provisorias: las habitaciones de los indígenas que tienen techos de paja se encuentran en muy mal estado. Cuatro palmas totais, que rodean la cruz colocada en media de la plaza, es acaso lo que hay de mas notable en esta mision.

Quizas en ninguna parte haya tantos murciélagos como en el Cármen. Durante el dia permanecen ocultos debajo de los techos, exhalando un fuertísimo olor, semejante al del almizcle. Cuando llega la noche, millares de ellos salen á vagar por el aire persiguiendo encarnizadamente á los mosquitos sin llegar jamas á destruirlos.

Los alrededores del pueblo deben ser pintorescos en tiempo de seca; mas en la estacion lluviosa, solamente las orillas del rio Blanco ofrecen un aspecto agradable por los plantíos de cacao que las guarnecen. Una calzada bastante cómoda conduce de la mision al rio.

En 1792, habiendo sido informado el administrador de Concepcion que cerca de las cabeceras del rio Blanco existia una tribu de indios salvages, dio parte de esta circunstancia al gobernador Zamora, quien dispuso se les fuese á buscar, tomando para ello todas las medidas necesarias[1]. En 1794, haprimitiva de la nacion, de entregarse sin reserva á todos sus deudos.

[Nota 1: Puedo asegurar que todos estos datos son auténticos, pues que los he recogido yo mismo en los archivos de la mision.]

En las misas cantadas que se dicen en la iglesia de Concepcion, celebradas todavía con todo el aparato que empleaban los Jesuitas, la música instrumental es de tal naturaleza, que sorprende realmente, cautivando el gusto á par que la admiracion. Los tonos bajos son producidos por un instrumento de la invencion de los indígenas, especie de zampoña á flauta pastoril, de una ó dos varas de largo y hecha de hojas de palma, ligadas unas á otras, formando trece tubos de diferente tamaño y grosor: nueve de estos tubos están puestos sobre una línea para las notas enteras, y cuatro sobre otra para los medios tonos. Para tocar este instrumento, cuyas notas bajas producen un sonido estraordinario, es menester colocarlo horizontalmente y no en direccion vertical como la zampoña ordinaria. Acabada la misa, algunos indios, coronados de plumas, con las piernas llenas de cascabeles y llevando en la mano un gran sable de madera, ejecutan delante de la iglesia una danza religiosa y guerrera muy monótona; terminada esta, se presentan mas de sesenta músicos, provistos de flautas de todos los tonos, desde las notas mas agudas hasta las mas bajas; y colocándose en dos filas, se ponen en marcha lentamente y al compaz de una música singular, acompañada de tamboras[1]. Cada uno de los músicos hace producir á su instrumento una sola nota particular; y el conjunto de estos acordes enteramente salvages suele lisongear muchas veces al oído por su mucha armonía. Esta tropa de músicos, seguida por el pueblo, se detiene á hacer oracion delante de las capillas que adornan las cuatro esquinas de la plaza.

[Nota 1: Véase la lám. 10.]

En 1830, la poblacion de Concepcion se componia de tres mil ciento veintiseis individuos, y estaba dividida en veinte secciones ó parcialidades, cuyas denominaciones son las siguientes: Gimoboconos, Hompaceboconos, Escrinos, Tirajabanos, Nipocenos, Coriceboconos, Choyinobenos, Itapimuyiros, Taramuinos, Chaquionos, Muchogeonos, Choromonos, Cabiripoyanos, Abejanos, Arayamanos, Amoriciboconos, Paresabanos, Paromoconos, Abenbanos, Joboconos.

Camino de Concepcion al Cármen.

Cuéntanse como quince leguas de distancia de Concepcion al Cármen, que está hácia la parte del sud; ó si se quiere, dos jornadas de navegacion, subiendo en canoa por el rio Blanco que es muy profundo, bastante encajonado y mucho mas ancho que el rio de San-Miguel, pues tiene cuando ménos ciento cincuenta varas de banda á banda. Aunque con poca diferencia su aspecto parece el mismo, su corriente es algo mas tortuosa, y se va aumentando con el tributo de los arroyuelos que bajan de los bañados vecinos. Sus orillas se ven guarnecidas bien construido los Baures un número de canoas, suficiente para llevar á cabo esta espedicion, se encaminaron al indicado lugar, donde encontraron algunos centenares de indios, resto de la nacion tapacura, sometida por los Jesuitas en Concepcion de Chiquitos; y llevando consigo de grado ó por fuerza doscientos individuos, los juntaron con noventa y cinco familias de Concepcion de Moxos, las que componian un total de trecientos catorce Baures, creando con esta poblacion mixta el pueblecillo del Cármen. Este fué construido primeramente cerca de las orillas del rio Blanco, como doce leguas al sudeste del lugar que actualmente ocupa; pero por la insalubridad del sitio, lo transfirieron en el año de 1801 al punto donde hasta el presente existe.

Los Tapacuras se avinieron fácilmente á las costumbres de las misiones, y bien pronto se les vio tan sumisos á todas sus reglas como los mismos Baures.

La poblacion del Cármen se componia, en la época de su fundacion, de quinientos quince habitantes; pero habiendo las fiebres intermitentes impedido su acrecimiento, en 1801 era casi la misma á pesar de que se contaban diez y siete indígenas que pasaban de setenta años[1]. En 1815 habia llegado al número de seicientos sesenta y seis habitantes; en 1822, al de setecientos sesenta y ocho; y en 1830, al de novecientos treinta y dos. Este aumento es muy poco proporcionado á la fecundidad de las indias que paren casi todos los años; pero las tres cuartas partes de los hijos mueren generalmente á los ocho dias de su nacimiento. Esta poblacion se componia, en el citado año de 1830, de los indígenas siguientes

Quitemocas ó Chapacuras. 340 Muchojeones. 230 Baures. 362 ——- 932

Los Quitemocas, Chapacuras, ó Tapacuras han conservando su lenguage primitivo, aunque hacen uso del idioma baúres que se ha generalizado en todas las misiones del este de Moxos: los Muchojeones hablan un dialecto algo diferente del de los Baures. Todos estos naturales son bondadosos en estremo.

[Nota 1: Es de notar que estos diez y siete individuos pertenecen todos, al sexo masculino: las mugeres viven mucho ménos, y es rarísima la que llega á la edad de sesenta años.]

La poblacion del Cármen es la mas atrasada de toda la provincia por lo tocante á la industria fabril; sus tegidos son muy ordinarios. El cacao tampoco rinde los abundantísimos productos que debiera, por la mucha negligencia con que se cultiva. En los bosques vecinos se recoge grande cantidad de exelente vainilla.

En 1830, las haciendas del Estado se componian de tres mil seicientos animales vacunos, y de tres mil docientos noventa y dos caballos. Todas las llanuras situadas al sud del Cármen y en la orilla del rio de San-Miguel, se hallan tambien pobladas de ganados enteramente salvages, y se calcula que su número debe pasar de diez mil.

Grandes vias de comunicacion entre la provincia de Moxos y las provincias vecinas.

Actualmente la provincia de Moxos comunica; con la de Chiquitos por el rio de San-Miguel; con Yuracáres y Cochabamba por el rio Chaparé, y tambien por el camino practicado por mí bajando el rio Securi; con Santa-Cruz de la Sierra por los rios Grande y Piray. Voy á dar aquí una indicacion de estos diversos vehículos de comunicacion.

Camine de Guarayos á Moxos por el rio de San-Miguel.

Siete ó ocho dias se emplean para ir del pais de los Guarayos al Cármen de Moxos; bajando en canoa, como sesenta leguas hácia el norueste, por el rio de San-Miguel, cuyos bordes en la proximidad de Guarayos presentan un aspecto sumamente variado. Sobre sus mismos ribazos se descubren algunas vírgenes selvas, entre cuyo follage de diversos tintes sobresalen los penachos de los agigantados mambúes ó cañas tacuaras, contrastando con la hoja elegantemente recortada de los lambaibas, ó con el verde oscuro de la palmas motacúes. Frecuentemente se descubren árboles inclinados sobre las aguas, y cuyos gajos cayendo perpendicularmente han llegado á tomar raices, y formado grutas naturales de una apariencia deliciosa. En la primavera casi no hay árbol que no contenga un nido hecho con suma prolijidad[1]; y muy á menudo se presentan algunos totalmente cubiertos de bolsitas pendientes de las ramas.

[Nota 1: Los nidos del Furnarius rufus son los mas notables.]

El campo, enteramente llano y parejo, se halla cubierto de mantillo negruzco, tierra vegetal muy fértil, de la que no se ha hecho uso todavía, á pesar de ser eficacísima para la agricultura. En la segunda jornada de navegacion se descubre sobre la ribera derecha una pequeña colina de piedra arenisca de una edad geológica antigua; pasada esta colina, continúa la llanura poblada siempre de arbolados. Aunque el rio es angosto, su álveo, que por todas partes se halla bien encajonado, es bastante profundo para prestarse en todo tiempo á la navegacion de las grandes barcas, ó de los buques de vapor. Sus orillas guarnecidas primeramente, empezando desde Trinidad, de vistosos mambúes, se van poblando poco á poco de árboles variados, que en cierto modo desaparecen á la quinta jornada cerca de la confluencia del Huacari. Este rio, conocido entre los habitantes de Moxos bajo la denominacion de rio Negro, por el color de sus aguas, baja de una grande laguna situada entre la Ascension y Trinidad de Guarayos, y corre en seguida paralelo á la corriente del San-Miguel, distando algunas leguas el uno del otro. El Huacari recibe en su tránsito, que es de grado y medio poco mas ó ménos, una infinidad de arroyuelos que bajan del este.

El viagero que llega á poner su planta sobre un suelo casi enteramente virgen, prueba una satisfacion de que nunca podrán tener idea los que no han salido de los lugares habitados. Los animales selváticos, agenos todavía del temor que debiera inspirarles la presencia del hombre, léjos de ponerse en salvo cuando le ven por la primera vez, parecen mas bien salir á su encuentro como atraidos por la curiosidad: así es que en aquellos lugares, por donde quiera que pasa el viagero, descubre las manadas errantes de javalíes, de ciervos, de gran-bestias, á par de las tropas de monos de diversas especies[1], que andan retozando alegres sobre los árboles, y se detienen un momento llenos de admiracion, para brincar y hacer en seguida las muecas y contorciones mas estrañas y risibles; miéntras que en todos los bosques resuena constantemente la algazara de los pájaros de variados tamaños y colores.

[Nota 1: Entre ellas el Callithrix entomophagus, de Orb.]

A medida que se adelanta camino, los ribazos del San-Miguel van disminuyendo de elevacion, y los bosques de ámbas riberas, que tenian en su principio de una á dos leguas de ancho, se van estrechando poco á poco hasta llegar á guarnecer solamente las orillas del rio, rematando por último, sobre la ribera derecha, en un punto donde se abre una llanura espaciosa y totalmente anegada: este lugar es el puerto del Cármen, distante siete leguas de la mision, á la que en tiempo de seca se va á caballo, atravesando la distancia que separa los rios Blanco y de San-Miguel; pero en la estacion lluviosa se hace este camino cruzando primeramente en canoa por un bañado, del tiro de una legua, hasta llegar á un boscage que se estiende en paralelo con el rio de San-Miguel. Apartándose de este boscage, se entra en otro bañado que tiene como tres leguas de ancho, y por el cual se anda á caballo, aunque en ciertos parages suele llegar el agua hasta los encuentros del animal: este bañado termina en el rio de San-Francisco, que es menester pasar en canoa: en seguida se atraviesa una pradera, luego un bosque, mas allá del cual hay una hacienda para la cria de caballos. El resto del camino desde este punto hasta la mision del Cármen se halla poblado de palmeras carondais y de otros vegetales.

Camino de Moxos á Yuracáres por el rio Chaparé.

Partiendo del puerto de Loreto se anda primeramente una legua, atravesando en canoa por un bañado que conduce al rio Mamoré, cuyos ribazos, muy elevados en tiempo de seca, están guarnecidos de bosques espaciosos. Al fin de la primera jornada se hace alto en un banco de arena, ó si se quiere en los bosques de la orilla.

Al siguiente dia, el Mamoré se muestra ménos ancho pero mucho mas encajonado: á las pocas horas de marcha se llega á la confluencia del rio Sara[1], que es simplemente, como he tenido yo mismo la ocasion de verificarlo, una continuacion de los rios Grande y del Piray reunidos, los cuales tienen sus cabeceras en los departamentos de Chuquisaca, de Cochabamba y de Santa-Cruz. Cuando se viaja con destino á Santa-Cruz de la Sierra, se toma el rio Sara; pero encaminándose á Cochabamba se continúa siempre por el Mamoré que es mucho mas caudaloso, y que conserva todavía, mas arriba de su confluencia, su anchura magestuosa y sus ondas cristalinas. El rio Sara corre entre tanto llevando sus aguas rogizas constantemente turbias.

[Nota 1: En los mapas de Brué, del año de 1825, se halla marcado este rio como si se formara del rio de San Miguel de Chiquitos.]

A la mitad de la tercera jornada se llega á la confluencia del rio Chaparé; dejando entónces el Mamoré se sigue por la nueva corriente, que es mucho mas angosta; pero cuyas riberas, en vez de hallarse guarnecidas de esos boscages modernos que crecen sobre los terromonteros, están pobladas de selvas tan antiguas como el mundo. El álveo del Chaparé, mas firme que el del Mamoré, es tambien profundo y bastante bien encajonado; sus aguas se mantienen siempre cristalinas, y toman el tinte verde sombrío de los árboles tan variados que las guarnecen. Sobre la ribera izquierda se presenta luego la embocadura de un rio al que los indios han dado el nombre de Santa-Rosa: se cree que este rio, cuya corriente apacible tiene un viso negruzco, baje de una laguna que está situada á seis leguas de aquel punto, sobre una magnífica llanura, donde moraban, á la llegada de los Jesuitas, las tribus moxos con las que se ha formado la mision de San-Xavier.

Al cuarto dia de camino, las selvas de las orillas del Chaparé se van encumbrando cada vez mas, componiéndose enteramente de árboles antiquísimos, hasta que apénas llega ya á descubrirse la pequeña parte de cielo correspondiente al profundo surco abierto por el rio en medio de aquel oceano de perenne verdor. De tiempo en tiempo distraen la atencion del viagero, que transita maravillado por aquella imponente soledad, los agudos chillidos de los monos de diversas especies, y la confusa algazara de la multitud de pájaros de variado plumaje: empero, el tránsito por este lugar suele ser sumamente incómodo, pues rara vez deja de llover en él con abundancia. Los cueros de vaca, que forman los toldos bajo de los cuales se guarecen los viageros, llegan á corromperse de tal manera con la accion continua de la humedad y de aquel aire tan caliente y constantemente encerrado, que exhalan un mal olor insoportable; casi otro tanto sucede con la carne salada (única provision de boca que se lleva en estas espediciones) la que se altera hasta ponerse inservible.

En el espacio que se recorre al quinto dia, se distinguen dos especies de palmas[1], desconocidas en Moxos. Por la tarde, empiezan á mostrarse en lo vago del horizonte las cimas de la Cordillera, que bien pronto desaparecen detras de los inmensos bosques, despues de haber consolado al pobre viagero cambiando la monotonía del paisage.

[Nota 1: Las Geonoma Brongniartiana y Macrostachia.]

Al séptimo dia, el aspecto uniforme y grandioso de este lugar, por en medio del cual se sigue vogando lentamente, se embellece mas y mas, á medida que se adelanta camino, y la vegetacion aparece mucho mas variada: entretanto, apénas descienden de tiempo en tiempo algunos rayos de sol por entre las densas nubes que constantemente encapotan el aire, descargando á menudo torrentes de lluvia; circunstancia que, unida al excesivo calor de aquella zona, determina esa maravillosa actividad con que se desarrollan todas las plantas, llenas de vigor y lozanía.

En esta misma jornada el bosque ostenta el hermoso follage de un gran número de palmas de nuevas y diferentes especies, entre las cuales se distinguen la palma viña y la de vinte pes. El rio se manifiesta entretanto mas angosto, y ya se advierten sobre sus orillas algunas otras plantas, como las cañas y los lisos, cuyas hojas blanquizcas resaltan sobre el fondo oscuro del sombrío boscage.

Al llegar la noche del octavo dia de navegacion, se advierten ya sobre la playa los primeros guijarros: esta circunstancia suele regocijar en estremo á los indios moxeños, no solamente por que ella es un anuncio de la proximidad del pais de los Yuracarees, sino tambien por la novedad que les causa la vista de un objeto enteramente desconocido para ellos; pues como ya dije, no se encuentra en la provincia de Moxos el mas mínimo pedernal; por cuya razon siendo los guijarros un verdadero hallazgo, los recogen, sea para sacar fuego, sea por mera curiosidad, con la misma importancia con que recogerian piedras preciosas. Toda vez que un objeto nuevo hiere nuestros sentidos, esperimentamos al punto una satisfaccion, un contento inesplicables: así los naturales de Moxos se extasian contemplando los pedregales, como un habitante de las montañas se anima á la vista de los hermosos arbolados, como un Cruceño siente un gozo desconocido en presencia de las rocas. En esta misma jornada las playas se ensanchan, las montañas parecen aproximarse mas y mas, y las riberas se manifiestan cubiertas enteramente, tan pronto de vejucos matizados de flores ya amarillas ya moradas, tan pronto de innumerables palmeras, de vainilla y de otras plantas aromáticas, tan pronto de esos árboles desconocidos, cuyas copas, totalmente despojadas de follage, no contienen sino flores purpurinas las mas vistosas. Todos los lugares por donde se transita en esta jornada, ofrecen á la admiracion del viagero un conjunto grandioso de maravillas. Entretanto, solo á la mañana siguiente se avista la confluencia de los rios Coni y de San-Mateo, de cuya reunion se forma el rio Chaparé: la corriente de este es rápida en este punto y ya acarrea piedras de algun volúmen. El rio de San-Mateo corre con estrépito sobre un lecho pedregoso y por entre magníficos boscages; mas para ir á Yuracáres se sube el rio Coni que es ménos considerable y sobre todo poco profundo. Barcos de vapor de todos tamaños pueden navegar sin obstáculo por el Chaparé, basta la embocadura de los dos rios que le dan orígen. Cuando se entable la navegacion de aquellos rios, y el tráfico directo del comercio de esas regiones con la Europa, este punto, que está al abrigo de las inundaciones, podrá servir ventajosamente para el establecimiento de un puerto, donde se embarcarán los frutos procedentes de las montañas situadas al nordeste de Cochabamba, y de Valle-Grande.

La subida por el rio Coni es bastante trabajosa, porque hay que luchar contra una corriente á veces rapidísima, y salvar muy á menudo algunas cachuelas cubiertas de guijarros: entre tanto el espectáculo que presentan las orillas es siempre el mismo, imponente á la par que risueño. Finalmente, á los once dias de marcha se hace alto sobre la ribera izquierda, y echando pié á tierra se caminan tres leguas por entre el bosque mas hermoso del mundo, siguiendo el rumbo de un estrecho sendero que conduce al pueblecillo de la Ascension de Isiboro, perteneciente al pais de los Yuracarees.

Camino de Yuracáres á Moxos, por el rio Securi.

Cuando en el año de 1832 me propuse abrir una nueva via de comunicacion entre el pais de los Yuracarees y la provincia de Moxos, emprendí mi viage por el siguiente itenerario. Bajé primeramente al rio Moleto, donde me embarqué en una canoa que habia yo mandado construir para el efecto. Las aguas de este rio estaban muy bajas, y á cada paso tropezábamos ademas con las cachuelas de que está lleno; por cuya razon empleamos tres dias para llegar á la confluencia del rio Icho que solo dista tres leguas. Metidos casi siempre en el agua para arrastrar la canoa y enteramente descalzos, durante el dia nos veiamos atormentados por las picaduras ponzoñosas de los jejenes á los que reemplazaban por la noche enjambres de mosquitos mas encarnizados todavía. Mis compañeros de viage se quejaban con mucha razon, y solamente el ejemplo de mi resignacion y mi constante cooperacion á sus trabajos podian darles el ánimo suficiente para seguir adelante. En este intervalo, el rio Moleto recibe por la parte de oriente las aguas del Ipuchi, y por la de occidente las de los rios Solotosama y Eñesama[1], que corren por entre colinas bajas, mas prominentes hácia el oeste. Estas colinas no son otra cosa que las últimas faldas de la Cordillera.

[Nota 1: El nombre de este rio se compone de dos palabras del idioma yuracáres: de eñe (nombre del pescado conocido en otras partes bajo el nombre de sábalo) y de sama, que significa rio: es decir, rio de los sábalos.]

En la confluencia de los dos rios que forman el rio Securi, las aguas se ensanchan y su hondura es mayor; sin embargo, para poder navegar en grandes barcas, es menester que sean estas de poco fondo. Encontramos en este punto algunos indios ocupados en la pesca, y que se determinaron á seguirnos: bien pronto aconsejándonos hacer alto, nos mostraron detras de unas zarzales de la ribera izquierda un sendero que no hubiéramos podido descubrir desde el rio. Encaminándonos por él, encontramos en medio de un bosque, á un cuarto de legua de distancia, unas cuantas casas que tenian un piso alto, construccion propia para el lugar que me pareció muy húmedo. Con la esperanza de conseguir algunos plátanos y raices de mandioca, únicas provisiones que se encuentran en aquellos lugares salvages, me instalé desde luego en una de esas casas, recientemente abandonadas por sus habitantes, quienes se habian transferido diez leguas al oeste, huyendo de una enfermedad que segun ellos existia en el lugarejo. Al siguiente dia, á poco mas de las once, viendo que aun no volvian los comisionados que habian salido en busca de víveres, resolví regresar al rio para embarcarme y proseguir mi viage; pero no tardaron mis tres indios en llegar tras de mi con algunas provisiones. Inmediatamente nos pusimos en marcha, dejando el pais de los Yuracarees y vogando resueltamente hácia regiones desconocidas.

En el espacio de una legua tuvimos que salvar algunos encalladeros, y despues de haber dejado atras un islote guarnecido de árboles, encontramos el rio ya franco y totalmente desembarazado. Entónces llegué á conocer que seria muy fácil la navegacion de esta corriente, aun para las embarcaciones de vapor. Este punto, cuyos terrenos son los mas feraces que pudieran encontrarse, me ha parecido muy conveniente para el establecimiento de un puerto cuando lleguen á entablerse las comunicaciones comerciales con la provincia de Moxos. El rio es abundantísimo en pescados: cada vez que echábamos nuestros anzuelos, sin pérdida de tiempo sacábamos de á pares enormes pescados, entre los que se distinguian principalmente los pertenecientes á la familia de los siluroides, y tambien los numerosos pacus, pez de los mas esquisitos de América[1]. Al dia siguiente, despues de haber evitado algunos hacinamientos de troncos que obstruian el paso en algunos parages, el rio fué ensanchándose poco á poco, y su profundidad llegó á ser mayor: los jejenes desaparecieron, las palmas viñas eran mas raras, hasta que fueron reemplazadas por las palmas motacúes. Cada banco de arena se veia cubierto de rayadores, de gaviotas y de caprimulgus, que anidan en las playas, depositando simplemente sus huevos sobre la arena.

[Nota 1: En este parage del rio saqué un pescado que tenia dos varas de largo. Este animal, conocido en el Brasil bajo el nombre de pirarara, es un siluroide muy largo, que tiene la cola roja, el vientre amarillo y la parte de encima de un color pardo negruzco.]

Las jornadas se sucedian lentamente por las frecuentes paradas que hacian mis remeros, los que á pesar del ascendiente que yo habia llegado á tomar sobre ellos, saltaban muchas veces á tierra, sin querer obedecerme, para perseguir por entre los bosques, ya las bandadas de pavas del monte, ya los javalíes, ya una tropa de grandes marimonos, que agenos de conocer el daño parecian salir á nuestro encuentro brincando alegremente por sobre los árboles, hasta que una tardía y dolorosa esperiencia les enseñaba á desconfiar del hombre.

Entretanto, las riberas se veian constantemente animadas por toda especie de animales selváticos, que salian de los bosques á retozar sobre la playa ó sobre los árboles de los ribazos. Muy á menudo un gran-bestia, sorprendido de improviso con nuestra llegada, se ponia precipitadamente en fuga; otras veces un carpincho, deslizándose con presteza de la barranca, se escondia en el agua; mas léjos, un ciervo dormido, despertando de pronto, echaba á correr por entre el bosque volviendo de tiempo en tiempo la cabeza para examinarnos de nuevo. De vez en cuando oiamos tambien á la distancia el bramido del tigre.

Al cabo de algunas jornadas de marcha por la corriente profunda, pero poco rápida del rio Securi, llegamos á la confluencia del rio que los Yuracarees llaman Yaniyuta, el cual, bajando del este, viene á dar mas ensanche al Securi. La abundancia de víveres que habia reinado hasta entónces, gracias á la buena pesca y á la caza, nos fué abandonando poco á poco; pues la selva iba siendo cada vez mas desierta, y por otra parte, la pólvora que yo llevaba alterada sin duda por la humedad, se habia puesto inservible; por manera que bien pronto la falta de caza nos redujo al pescado sin sal por todo alimento, y mas tarde á unas pocas espigas de maiz que nos proporcionaron los Yuracarees, y á los palmitos que pudieron derribar mis indios.

Lo largo del camino y la monotonía de esta navegacion empezaban ya á desalentarme cuando el 8 de agosto, á eso de las once de la mañana, llegamos por fin á la confluencia de un rio que baja del oeste, y es mucho mas considerable que el Securi. Los Yuracarees le dan el nombre de Isiboro, y segun el decir de los que me acompañaban, esta caudalosa corriente, formada de los rios Isiboro, Samucebeté y Chipiriri, recibe todas las aguas del vertiente oriental de la cadena del Iterama ó del Paracti, comprendidas entre el rio San-Mateo, y el rio Yaniyuta, por delante del cual habiamos pasado tres dias ántes. Viendo pues que el rio Securi tomba ya un ensanche igual al que habia yo notado en el punto de su confluencia con el Mamoré, recobré el ánimo, esperando llegar bien pronto á encontrarme con este rio.

Al siguiente dia se deslizaba tranquilamente nuestra canoa por entre islas guarnecidas de bosques, cuando se presentó derrepente, posada sobre un árbol del ribazo, la mas hermosa, la mas corpulenta, la mas noble de todas las aves de rapiña, una verdadera harpía[1], que levantaba su bello copete, mirándonos detenidamente sin parecer inquietarse de nuestra presencia. No pudiendo hacer uso de mi escopeta por falta de buena pólvora, dejé á la destreza de mis Yuracarees, que saltaron inmediatamente á tierra, la gloria de capturar aquel soberbio animal. Uno de ellos le asertó desde luego un flechazo: á pesar de este golpe, echóse á volar el pájaro; pero embarazado con la flecha que llevaba clavada, (la cual tenia como dos varas de largo) cayó bien pronto dentro del bosque á donde la siguieron mis cazadores. Me regocijaba ya con la idea de poder llevar á Francia esta rara presa, cuando vi regresar á mis indios trayendo el pájaro con la cola y las alas enteramente desplumadas, y el cuerpo casi pelado. Los Yuracarees estiman en mucho las plumas de este pájaro; ya para empenar sus flechas, ya para adornarse en los dias de gala[2]; así es que sin perder tiempo se habian apoderado de ellas, dejando burladas mis esperanzas. Despues de haberlos reñido asperamente por esta conducta, ordené que me tragesen al animal, que creiamos muerto; y sentado en la canoa lo coloqué delante de mí. Aturdido solamente por los golpes que habia recibido en la cabeza, volvió en sí poco á poco sin que nos apercibiésemos de ello, y cuando yo ménos lo pensaba, se arrojó sobre mí, haciéndome de un solo golpe ocho heridas con sus enormes garras, una de las cuales, de mas de tres pulgadas de largo, me atravesó el brazo de parte á parte, entre el cubitus y el radius, desgarrándome uno de los tendones. A los gritos que dí, acudieron mis compañeros de viage, y lograron con muchísimo trabajo quitarme de encima al furioso animal. Bañado en sangre y sin medicamentos para curar mis heridas, mi estado no dejaba de ser peligroso. Entretanto, continuamente espuesto al calor del dia ó á la nociva humedad de la noche, la fiebre se apoderó bien pronto de mí. Por otra parte el temor de que me atacase un pasmo, y la duda de si quedaria estropeado por causa de la adherencia de la piel al tendon, aumentaban sobremanera mis sufrimientos. Gracias á la Providencia el solo mal positivo que me resultó de todo esto, fué la imposibilidad de servirme de mi brazo durante algun tiempo.

[Nota 1: El Falco destructor. Esta especie es de un tamaño casi doble que el de la águila real de Europa. Véase la lám. 13.]

[Nota 2: Empenan sus flechas con las grandes: las pequeñas se las ponen á modo de peluquín empolvado.]

En la noche de ese mismo dia llegamos á la confluencia del rio Sinuta, último tributario occidental del Securi. Saliendo de este punto, hicimos todavía dos jornadas mas, y mis inquietudes ya tocaban á su colmo, cuando se presentó por fin el rio Mamoré, desplegando á nuestra vista toda su grandeza. Inmediatamente dí al olvido mis padecimientos, pues me encontraba en Moxos, blanco de mis afanes, y al dia siguiente, despues de haber remado toda la noche vogando rio abajo, desembarcamos en Trinidad, capital de la provincia.

Habiendo hecho el plano de este itinerario, resultó claramente, como yo lo esperaba, que el nuevo tránsito practicado por mí era mucho mas corto, y no tan peligroso como el de Palta-Cueva.

Camino de Moxos á Santa-Cruz de la Sierra por el rio Grande y el rio Piray.

Para encaminarse de Loreto, último punto habitado de la provincia de Moxos, hácia Santa-Cruz de la Sierra, es necesario hacer primero, lo mismo que para ir á Cochabamba, un tránsito de tres dias hasta la confluencia de los rios Sara y Mamoré. Se sigue luego por el primero de estos rios, que no es otro que el rio Grande cuyo numbre cambia momentáneamente en la confluencia del rio Piray hasta el punto de su reunion con el Mamoré. Sus aguas rogizas forman un contraste con las cristalinas de este último: por lo demas, las riberas del rio Sara presentan, aunque con ménos terrenos bajos, absolutamente el mismo aspecto; pues se hallan cubiertas de igual modo que las del Mamoré, de bosques muy variados por la diversidad de árboles de que se componen, y entre los que sobresalen las palmas motacúes. Solo en la estacion de seca se ven á descubierto los altos ribazos de esta corriente; entretanto, la línea del nivel á que alcanzan las inundaciones, queda siempre marcada sobre los troncos de los árboles inmediatos, como á una vara de altura desde su pié.

Al fin de la quinta jornada, se presenta la confluencia del riachuelo, llamado Maravo, que baja por la izquierda, de las llanuras inundadas. En la mañana de la sesta jornada se pasa la confluencia del rio Ibabo, cuyas fuentes se encuentran en Tasajos, en Pampa-Grande y en Vilca, puntos de las montañas de la provincia de Valle-Grande. Esta corriente formada de los rios Surutú y Yapacani, toma el nombre de Ibabo cuando baja á serpentear por la llanura, siendo navegable hasta el pié de las montañas. Al cabo de una jornada de navegacion por el rio Sara, se llega á la confluencia del rio Piray. En tiempo de los Jesuitas se subia por el rio Sara ó rio Grande hasta el lugarejo de Payla, situado al este de Santa-Cruz; pero este camino, que obligaba á los viageros á dar una vuelta considerable, siendo al mismo tiempo no poco peligroso en tiempo de crecientes por causa de las avenidas que ocultan enteramente el álveo del rio, ha sido abandonado, harán como cincuenta años, para dirigirse mas bien por el Piray, el cual, aunque mucho mas angosto que el rio Grande, es ménos propenso á las crecientes devastadoras; razon por la que se le prefiere aun á pesar de los saltos que suele tener en tiempo de seca. Es probable que cuando las endebles canoas sean reemplazadas por barcos de vapor, se volverá á tomar el rio Grande, abandonando el Piray, ménos conviente para la navegacion de grandes embarcaciones.

En los dias séptimo y octavo del viage se sube el Piray, con muchísimo trabajo si la estacion es de seca: el álveo de este rio, bastante profundo desde luego, se halla de trecho en trecho obstruido por árboles que las corrientes amontonan, ó por espigones permanentes en el fondo del rio, contra los que tropiezan á menudo las canoas; lo que ocasiona no pocos desastres. Sobre el espacio que se recorre en estas dos jornadas se ven ademas algunos puentes construidos por los salvages Sirionos[1], que moran en las selvas circunvecinas, sin jamas inquietar á los naturales de Moxos. Hasta llegar á la undécima jornada se tienen que salvar sucesivamente muchas cachuelas, formadas por una especie de saltos de arcilla amarilleja endurecida; esto obliga á perder un tiempo considerable por la necesidad que hay de descargar las canoas, para hacerlas subir por en medio de la corriente, tirándolas con sogas. Al ejecutar esta maniobra, algunos de los indios que tienen precision de caminar por entre el agua, suelen ser gravemente heridos por el punzante aguijon de las rayas armadas[2]. Tienen estos pescados en la cola, como las pastinacas de las costas marítimas de Francia, una lanceta de cuatro pulgadas, muy filosa, y guarnecida de dientes retorcidos para adentro con los que desgarran las carnes, causando dolores agudísimos y muchas veces ataques de tétano: por desgracia estos accidentes son muy comunes, sobre todo en las cabeceras de los rios. En tiempo de crecientes, cinco ó seis varas de agua cubren estos puntos salientes, y se pasa entónces por encima de ellos sin que se les eche de ver.

[Nota 1: Véase la lám. 12.]

[Nota 2: Véase la lám. 14, fig. 1.]

A la duodécima jornada, los bosques de las riberas del Piray cesan de pronto, y son reemplazados por unos pantanos á donde vienen á perderse dos riachuelos, el de Palacios y el Palometas, que nacen en la llanura de Santa-Cruz de la Sierra. Estos pantanos ó bañados anuncian que ya no dista mucho el término del viage.

Al décimocuarto dia se pasan de seguida, una tras otra, cuatro cachuelas, no léjos de las cuales se presenta el puerto situado sobre la ribera izquierda, y que no tiene mas habitacion que un espacioso rancho techado con hojas de palma: desde este puerto, separado del lugarejo de los Cuatro-Ojos por un hondo pantano que tiene como una legua de largo, hay que andar todavía treinta leguas para llegar á Santa-Cruz de la Sierra. En la estacion lluviosa se emplean solamente diez dias para hacer este camino, subiendo por el Piray; y seis dias, yendo rio abajo desde Cuatro-Ojos hasta Loreto.

POBLACION.

Si comparativamente á lo que dije en la primera época de la historia de Moxos ántes de la llegada de los Españoles, trato de saber en lo que han venido á parar las naciones primitivas de aquellas comarcas, hallaré los resultados siguientes.

La nacion de los Moxos ocupa todavía los lugares que ántes habitaba, con la sola diferencia de encontrarse reunidos en las misiones de la provincia de la manera que sigue.

Muchojeones del Cármen. 230

Baures del Cármen de Moxos. 362 " de Concepcion de Moxos. 3,126 " de San-Joaquin de Moxos. 690 " todavía salvages. 1,000 ——— 5,178

Moxos de Loreto de Moxos. 2,145 " de Trinidad. 2,604 " de San Xavier. 1,515 " de San Ignacio. 1,948 ——— 8,212 ——— Total. 13,620

Se ve pues por esta esposicion que si la cuasi totalidad de los Moxos se halla sometida al cristianismo, todavía existen algunos en el estado salvage: estos (de lo cuales un pequeño número perteneció á las misiones, en tiempo de los Jesuitas) viven divididos en familias establecidas no léjos del rio Guaporé, y al este de las misiones de Concepcion y del Cármen, sin comunicarse jamas con sus compatriotas convertidos. Se ve tambien el número relativo de las diferentes tribus de los Moxos, Baures y Muchojeones, y puede calcularse la importancia que debe tener, en el seno de un pais anegado, una nacion cuyos habitantes aun pasan de trece mil, hablando todos ellos el dialecto moxo.

Acostumbrados á la obediencia, los Moxos tienen un carácter bondadoso, sociable, alegre, y mas que todo paciente; pero así como están siempre en disposicion de reír por la menor fruslería cuando se hallan entregados á sí mismos, de igual modo la servidumbre los ha hecho tímidos y taciturnos en presencia de los superiores.

Estos naturales tienen una aficion particular por el dibujo, la que no deja de estar acompañada de bastante habilidad: sus pinturas representan animales y plantas regularmente copiadas. Escultores, torneros , carpinteros, tejedores prácticos, fabrican infinidad de objetos curiosos que se llevan para vender en algunas ciudades del Perú. Muchos de entre ellos han aprendido el español y saben escribirlo muy correctamente: en una palabra, la nacion de los Moxos es quizas la mas susceptible de civilizacion. Entre todos los indios de la provincia, los Moxos son en la actualidad, no solamente los católicos mas decididos, sino que llevan el fanatismo á tanto, que todos los años, en la semana santa, se les ve regar las plazas públicas con la sangre que se sacan á fuerza de azotes. Son igualmente supersticiosos en sumo grado.

La nacion de los Itonamas se encuentra totalmente sometida, y no queda un solo salvage. En 1830 se contaban:

En Magdalena. 2,831 En San-Ramon. 1,984

Total. 4,815

Estos indios, de cuyo carácter he hablado ya mas de una vez en los capítulos anteriores, conservan todavía sus inclinaciones y costumbres primitivas, que la religion católica no ha podido desarraigar. Los tegidos que ellos fabrican son los mejores de la provincia. La lengua itonama está siempre en uso en ámbas misiones.

La nacion de los Canichanas, enteramente cristiana, forma hoy en dia la mision de San-Pedro. El número de su poblacion alcanzaba en 1830 á mil novecientos treinta y nueve individuos[1].

[Nota 1: Segun el P. Eguiluz, en 1694 este número era de cuatro á cinco mil. Es de creer que los misioneros hayan exagerado considerablemente la poblacion de cada una de sus misiones, ó que todas las naciones hayan disminuido desde entónces por lo ménos de una mitad.]

Estos naturales han conservado hasta hoy, en el seno mismo de las misiones, muchas de sus antiguas costumbres, y son todavía el terror de las otras naciones, cuyos campos devastan robándoles todos sus frutos, sin que se atrevan estas á aventurar una sola queja por el miedo estramado que les tienen. Los Canichanas son bruscos, y jamas usan de cortesía con los estrangeros. Actualmente su poblacion es la ménos industriosa de la provincia, y la sola que se alimenta con la carne del caiman, para cuya caza se vale de mil ardides.

Profesando el catolicismo, no han podido desprenderse de una infinidad de supersticiones de su condicion salvage: son por otra parte muy malos cristianos. El lenguage de que hacen uso es el mismo de su estado primitivo.

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