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Descripción Geografica, Histórica y Estadística de Bolivia, Tomo 1

INTRODUCCION (continued 3)

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5ª Para no destruir los arbustos al efectuar los cortes, será preciso elegir el momento de su mayor sazon, y cortarlos un poco mas arriba de las raices, sirviéndose para ello de podones; teniendo despues la precaucion, si la cepa no echase retoños, de dejar en reserva algunas plantas de trecho en trecho, las que sembrarán de nuevo y naturalmente sus alrededores, en el trascurso de los diez años intermedios entre cada corte de la seccion.

Si el Gobierno boliviano dictase medidas análogas á las tomadas en Francia para el corte regular de los bosques del Estado, es indudable que nunca se veria en la necesidad de suspender las cosechas de cascarilla, único medio que hoy emplea para impedir la total destruccion de este específico. Todos los años se recogerian productos considerables y de mejor calidad: estos productos conservarian siempre el mismo valor comercial, en ver, de bajar de golpe, como sucede cuando el corte abandonado al arbitrio y discrecion de los indígenas se practica con tal desórden, diriase mejor, con tal desenfreno, que los acopios llegan á sobrecargar las factorías y luego los mercados de Europa, haciendo que se dejen de mano las cosechas en general, durante algunos años.

Finalmente, para que el comercio de la cascarilla tome una estension conveniente, para que pueda, á mas de ser duradero, producir las incalculables ventajas de que es capaz bajo una buena administracion, seria menester que el Gobierno instituyese un régimen severo y bien reglamentado acerca de las cosechas, y que tratase de establecer cuanto ántes el Banco de rescates proyectado, del cual depende la regularizacion de este comercio en el estrangero.

El segundo ramo importante del comercio de la provincia, que tambien puede recibir una inmensa estension, es sin duda alguna el cacao. Se ha visto que cerca de los pueblos interiores de San-José, de Tumupaza, de Isiamas y de Cavinas, los bosques se encuentran poblados de cacahuales, suministrando anualmente abundantísimas cosechas, de que no hacen caso los indígenas por no verse obligados á trasportar su producto sobre las espaldas. Bastaria para poner un término á tal estado de cosas, abolir desde luego esa servidumbre personal, y establecer en cada parroquia, sea factorías particulares al comercio, sea oficinas encargadas de dar á los indígenas, por cuenta del gobierno, un valor equitativo en cambio de las arrobas de cacao que ellos pudiesen recoger. Ademas, haciéndoles familiares ciertas necesidades que aun no conocen, se despertaria entre estos indígenas el deseo de adquirir los medios para la satisfaccion de aquellas, empeñándolos por este medio á no desechar esos productos inmensos y de tanta valía, que todos los años sirven solo para el regalo de los animales de las selvas.

Aunque pudiera la provincia de Caupolican dar incremento á la cultura de su coca, sin llegar por esto y en esto, sea dicho de paso, á competir jamas con las provincias de Yungas y de Muñecas; aunque seria posible fomentar en ella el cultivo del arroz, del café, del maiz y del tabaco, así como ocuparse en el laboreo de las minas de oro que abundan en las montañas, sacando de ellas los especuladores no pocas ventajas; aunque seria dable utilizar tambien el algodon, aplicándolo á la industria fabril para surtir á sus habitantes de géneros de vestimenta, creo que estos ramos comerciales é industriales deben ser de un órden secundario en esta provincia.

Para que cada una de las diversas partes de un territorio rinda el máximum de sus productos, para que el comercio tenga allí un interes, una tendencia especial, es menester dar, en detrimento de los otros ramos comerciales, una amplitud sin coto á el que con ménos trabajo puede producir mas pingüe utilidad; sobre todo cuando no tiene competencia vecina.

En último análisis, diré que fomentando esclusivamente en la provincia de Caupolican, por una parte la cultura de la cascarilla en las montañas, por otra la del cacao en los llanos, los dos solos frutos que presentan un interes de utilidad general á la república, por la estension que pueden recibir en su comercio, se tendria en vista el bien y el adelanto de las otras provincias de las altas planicies, dándoles mayor cabida para el despacho de los productos de su industria particular, ya sea fabril ya solamente agrícola. De este modo los Caupolicanos tendrian tambien un campo libre para dedicarse con estímulo á la cosecha regular y ordenada de la cascarilla, y á la copiosa y activa del cacao.

Si fuese posible acantonar definitivamente los productos por provincias, dejando, por ejemplo, á la industria de los altos llanos de Bolivia, en los departamentos de La-Paz, de Oruro y de Potosí la fabricacion de los tejidos de lana y la cria de ganado lanar; á las provincias de Chiquitos y de Moxos los tejidos de algodon; á las provincias de Yungas y de Muñecas el cultivo de la coca; á los valles templados de Sicasica, de Apupaya, de Cochabamba y de Chuquisaca la siembra del trigo, el fomento de los gusanos de la seda y la plantacion de viñas; á Santa-Cruz de la Sierra, á Moxos y á Chiquitos la cría de toda especie de ganados y el cultivo de la caña de azúcar; finalmente, á Caupolican la cascarilla y los cacahuales, se obligarla, por decirlo así, á sus respectivos habitantes á un tráfico interior, ó comercio mutuo de esportacion, que haria cundir por todas partes, al mismo tiempo que la riqueza, los gérmenes fecundos de la civilizacion.

Los estados europeos tienen necesidad de esta clase de comercio recíproco, para utilizar cada uno sus producciones especiales. A este respecto, y en parangón de lo pequeño con lo grande, las mas altas cuestiones de porvenir comercial pueden aplicarse á la república de Bolivia; presentando ella en sus diversas provincias todas las zonas, todos los temperamentos, y pudiendo producir con el fomento de la industria todo cuanto producen los otros pueblos y paises del mundo.

Entre tanto, la primera medida que debe tomarse para el adelanto y las mejoras de la provincia de Caupolican, y para hacer que ella adquiera prontamente el grado de importancia comercial á que se ve destinada, es el establecimiento de las vias de comunicacion con las provincias del interior, y tambien el de las que deben mediar entre los diversos puntos habitados. Es fácil abrir sobre todas las montañas senderos de no mucho costo para el tránsito de las mulas, pues que las piedras (el material mas preciso) se encuentran á la mano, no exigiendo por lo demás la conservacion de estas vias sinó un ligero cuidado. En los lugares donde se ha establecido al presente, sobre un espacio considerable de leguas, el abominable sistema de palizadas ó de troncos atravesados, se podian construir terraplenes ó calzadas de piedra; y á fin de impedir que, acequiándose estas con el pasage continuo de las bestias, se llenasen de aguas llovedizas, darles una forma convexa y abrir una pequeña sanja á cada lado para el derrame de aquellas, como se practica en la construccion de caminos reales en toda Europa.

Estos caminos que indicamos, no necesitan de una anchura desmedida, y por consiguiente no exigen grandes gastos; á mas de esto, la imposicion de un derecho de peage, nada gravosa por su modicidad á los transeuntes, cubriria fácilmente los desembolsos anticipados del Gobierno. Los ingenieros en el ramo de puentes y caminos, actualmente en ejercicio en la república, podrán por lo demas, en vista de los recursos locales, hacerse cargo de los medios mas económicos que sean menester para establecer cuanto ántes, con la cooperacion y buena voluntad de los indios, esas vias de comunicacion, únicos medios de estimular la industria v el comercio, y de activar la civilizacion de la provincia.

Caupolican es á este respecto quizas la mas favorecida de todas las provincias de Bolivia, hallándose cruzada por rios navegables de cuya utilidad é importancia parece que no se hiciera el menor caso. ¿Como es posible creer, por ejemplo, que desde muy antiguo (mas de sesenta años) se esté haciendo llevar en hombros de los infelices indios, por el desmesurado tiro de cincuenta ó sesenta leguas, hasta la capital de la provincia, todos los frutos de los pueblos interiores de Ysiamas, de Tumupaza y de San-José, siendo tan fácil embarcarlos y hacerlos subir por el Rio-Beni hasta un punto poco distante de Apolo? Ni como será creible que, teniendo á su disposicion un vehículo de tanta importancia, un rio tan caudaloso como el Beni, no se haya hecho uso hasta el presente, para ir desde Ysiamas á Cavinas, sinó de mezquinas balsas, miéntras que se cuenta mas de siglo y medio desde que en Moxos se navega en canoas? Es pues muy probable que semejante estado de atraso en Caupolican, aun relativamente á las provincias vecinas, no provenga sinó de la falta de relaciones comerciales. Y sucede efectivamente que hablar de la provincia de Caupolican, á un Potosino por ejemplo, es ocuparlo de una cosa de que solo conoce el nombre, como conoce los de la China y de la Turquía, sin que ni por pienso esté al cabo de lo que allí se pasa.

Con medios tan sencillos como la navegacion ya puede imaginarse lo que llegarán á ser Cavinas, Ysiamas y Tumupaza cuando embarcaciones de vela ó de vapor trasporten sus productos, en cantidades del mayor peso que se quiera, tanto hasta cerca de Apolo por el rio Tuyche, como hasta un corto tiro de La-Paz por los rios Mocetenes y Bogpi. Bastaria, sin embargo, para hacer cesar desde luego la triste servidumbre de los indios, en entablar la navegacion de barcas; mas, para que la construccion de estas fuese cómoda y no costosa, seria menester que el Gobierno hiciese venir de Europa hombres inteligentes en el arte, á fin de que, economizando gastos inútiles, pudiesen dirigir á los indígenas en la construccion, en el armamento y en la manera de servirse de tales embarcaciones. Sin esta precaucion, la inesperiencia de los habitantes puede todavía retardar, por largo tiempo, la ejecucion de una medida que es de primera necesidad para la mejora de la provincia.

Pudiera yo decir en este lugar una palabra sobre las ventajas que le están reservadas á la provincia con la navegacion del rio Beni hasta el de las Amazonas, bajando en seguida hasta el mar para encaminarse á Europa; mas, como tengo que tocar este punto al ocuparme de la provincia de Moxos, que se halla igualmente cruzada por el rio Beni, dejaré para entónces la esposicion y el exámen de cuestion tan importante.

Réstame hablar de algunas otras mejoras indispensables al bienestar de los moradores de Caupolican. Se conseguirá restituir al pais su salubridad, cortando el mal ocasionado por los frios del viento sud tan mortifero para las criaturas de los pueblos interiores, así como los estragos causados por las viruelas entre las personas de mayor edad, cuando las aulas de medicina de la República suministren un número tal de discípulos, que pueda el Estado colocar en cada provincia un facultativo fija y suficientemente retribuido, para que con el ausilio de los curas trate de preservar á los infantes de la atroz mortandad, y propague la aplicacion de la vacuna, juntamente con los otros preservativos de sanidad.

Misioneros instruidos y llenos de celo podrian igualmente, con el apoyo del Gobierno, tomar á su cargo la conversion de las castas salvages que se encuentran al norte y norueste de Tumupaza, Isiamas y Cavinas, creando pequeñas poblaciones, donde estos indígenas empezasen á gustar de los beneficios de la vida social; lo que contribuirá no poco al bien general del pais.

Actualmente el uso inmoderado de los licores fuertes, tales como el aguardiente, que en las festividades religiosas beben con demasía, trae consigo la ruina pecuniaria de los indígenas, el grandísimo deterioro de su salud, y, como consecuencia indispensable, el desarreglo en las costumbres. Muy fácil seria, sin embargo, remediar males de esta naturaleza, imponiendo fuertes derechos á la introduccion de tan perniciosos líquidos, ó tomando cualquier otra medida que su buen tino le dictase al Gobierno; porque nada hay tan lastimoso como el ver cuanto perjudican semejantes escesos al adelanto social, embruteciendo moral y físicamente á los que se dejan dominar por ellos.

Por último, el establecimiento de una escuela de primeras letras en cada parroquia, medida cuya urgencia ha sido ya juiciosamente sentida por el Gobierno, contribuirá poco á poco á propagar en toda la República el idioma nacional, estinguiendo totalmente las lenguas indígenas, usadas todavía en algunos puntos, donde, por otra parte, la estension de las relaciones comerciales irá alterándolas de dia en dia. En tanto que esas lenguas subsistan, no dejarán de ser un poderoso estorbo para la marcha progresiva de la civilizacion.

PROVINCIA DE MOXOS

Circunscripcion y estension.

La provincia de Moxos, una de las mas espaciosas de Bolivia, pues que abraza ella sola tanto terreno como uno ó dos departamentos de las regiones montañosas, ocupa el estremo norte de la república y del departamento del Beni, representando una superficie oblonga, que se dirige de norueste á sudeste, hallándose comprendida entre los grados 10 y 16 de latitud sud y los 64 y 70 de longitud occidental del meridiano de París. Esta superficie, que tiene poco mas ó ménos veintidos grados cuadrados, ó sean trece mil setecientas cincuenta leguas, de á veinticinco el grado, se encuentra limitada hácia el norte por el Guaporé ó Iténes y por el Beni (rios que trazan los límites entre Bolivia y el Brasil), siendo el último el que la separa de la provincia de Caupolican por la parle norueste. Sus límites naturales hácia el oeste, por el lado del pais de las Yuracarees, son las llanuras desiertas que están situadas al pié de las últimas faldas de la cordillera. Finalmente, la provincia de Moxos se halla circunscripta hácia el sud, sudeste y este por bosques impenetrables ó por inmensos pantanos interpuestos, sin límite determinado, entre ella y las provincias de Santa-Cruz de la Sierra y de Chiquitos.

Montañas.

A pesar de hallarse la provincia de Moxos bastante vecina á las colinas de Chiquitos por el este, así como por el norte á las montañas brasileras, que contornean la orilla derecha del rio Iténes, y por el oeste á las últimas faldas de la cordillera de los Yuracarees, no encierra en su circunscripcion una sola montaña, ni aun siquiera insignificantes colinas, formando por lo tanto una superficie llana, que se reune al sud con las inmensas planicies de Santa-Cruz de las Sierra, y al norueste con las de la provincia de Caupolican. Sobre este horizonte sin límites, apénas se descubren cuatro puntos culminantes que se elevan á la altura de treinta varas sobre lo restante del terreno, y los que, á no hallarse en medio de un pais tan sumamente llano, pasarian acaso inapercibidos. Estos cuatro puntos son unos morones aislados; el primero, que es el cerro del Cármen, está situado como doce ó quince leguas al sudeste de la mision de su nombre, y entre los rios Blanco y de San-Miguel; el segundo, colocado sobre la ribera derecha del rio Machupo, y vecino á la mision que lo denomina, es el cerro de San-Ramon; el tercero es un pequeño morro situado mas abajo de Exaltacion, sobra la orilla derecha del Mamoré: finalmente, el cuarto, que es el cerro de San-Simon, se descubre al este de Magdalena; su reputacion de muy rico me parece dudosa, como debe serlo la de todo lugar inaccesible; se asegura, sin embargo, que está lleno de minas de oro y de diamantes.

Rios.

En un pais montañoso los relieves determinan la direccion de las corrientes; per en Moxos, cuyo territorio no presenta mas que una sola llanura uniforme y sin asperidades, donde las pequeñas eminencias que separan á los rios desaparecen bajo la inundacion en las estaciones lluviosas, permitiendo atravesar en canoas una gran parte de la provincia, todas las corrientes serpentean por la llanura convergiendo del circuito hácia el centro, y encaminándose á la vertiente del Amazonas, despues de haberse reunido en tres principales, que son el Guaporé ó Iténes, el Mamoré y el Beni.

Tributarios del Guaporé ó Iténes.

El Rio Barbados nace en la provincia de Chiquitos[1], á una distancia bastante apartada de Moxos: esta corriente, la principal entre las que dan nacimiento al Guaporé, es navegable hasta mas arriba de Casalbasco. Como ella arranca de un marjal en donde toma tambien orígen el rio Paraguay, seria muy factible unir el primer tributario de este rio con el Guaporé, abriendo para ello un canal de cuatro mil ochocientas varas solamente. De este modo se darian la mano los dos rios gigantes de la América meridional, el Plata y el Amazonas, viniendo á formar un canal natural de mas de mil doscientas leguas.

[Nota 1: Al describir la provincia de Chiquitos hablaré mas estensamente sobre esto rio y los cuatro que siguen.]

El Rio Verde toma orígen al norte de San-Ignacio de Chiquitos, y dirigiéndose hácia el norueste, va á reunirse al rio Barbados, cerca de los 64 grados de longitud y de los 14 de latitud, formando con este el rio Guaporé ó Iténes: barcos de vapor pueden libremente navegar en él y subir muy arriba hácia sus cabeceras.

El Rio Serre nace al norte de Concepcion de Chiquitos, y siguiendo la misma direccion que el rio Verde, se incorpora al Guaporé como veinticinco leguas mas abajo. Es igualmente navegable para barcas de alguna dimension.

El Rio Blanco ó Baures toma su orígen tambien al norte de Concepcion de Chiquitos; y como los dos anteriores se encamina hácia el norueste, pasando inmediato al Cármen y á Concepcion de Moxos, para ir á desaguar en el Guaporé, cerca del fuerte de Beira. Se puede navegar por este rio hasta Chiquitos.

El Rio Itonama recibe, bajo el nombre de rio de San-Miguel, gran parte de las aguas de Chiquitos; se une luego al Huacaré, cerca de Guarayos, y sigue en paralelo al rio Blanco hasta incorporarse al Guaporé juntamente con el rio Machupo, cerca del fuerte de Beira. Los buques de vapor pueden por todas partes navegar sobre sus aguas hasta Chiquitos.

El Rio Machupo acaudala los tributos de muchos riachuelos que parten del seno de las llanuras inundadas de Moxos: estos riachuelos son, el de San-Juan, navegable desde San-Pedro, el Moocho, el Molino, el Machupo y el Chananoca, todos ellos ya reunidos al Machupo cuando este rio pasa por delante de las misiones de San-Ramon y de San-Joaquin, para ir á juntarse con el rio Itonama, y á par de este arrojarse despues en el Guaporé, cerca tambien del fuerte de Beira.

El rio Guaporé, una vez depositario de todos estos caudales de agua, corre en direccion al oestenorueste hasta llegar á incorporarse con el Mamoré, hácia los 12 grados de latitud sud y 68 de longitud occidental del meridiano de París.

Tributarios del Mamoré.

El rio Mamoré recibe todas las aguas de la vertiente oriental de las cordilleras: sus tributarios, empezando por aquellos que se encuentran mas al oriente, son los que siguen.

El Rio Ivary nace en las llanuras inundadas que están al oeste del pais de los Guarayos, y dirigiéndose hácia el norueste, recibe por su izquierda las aguas de los rios Tico y de San-Antonio, yendo á reunirse con el Mamoré un poco mas arriba de la Trinidad de Moxos. Ente rio es navegable casi en todo el largo de su curso.

El Rio Grande reune todas las aguas de las provincias montañosas de Chayanta, de Cochabamba, de Mizqué y de Valle-Grande, descendiendo en seguida á la llanada de Santa-Cruz, y adunándose con el Piray para formar el rio Sara hácia el norte de la provincia. Se puede navegar en sus ondas hasta muy cerca de Santa-Cruz de la Sierra.

El Rio Piray nace en las montañas de Samaypata, provincia de Valle-Grande, desemboca en el llano de Santa-Cruz de la Sierra, y pasa inmediato á la ciudad de este nombre, recibiendo por todas partes pequeños tributos, y continuando en seguida paralelo al rio Grande hasta juntarse con él para formar el rio Sara, muy al sud de los 15 grados de latitud. Siendo muy rápida su corriente en algunas partes, solamente cuando sale de madre pueden navegar en sus aguas los barcos de alguna dimension.

El Rio Ibabo toma orígen bajo el nombre de Yapacany en la cordillera orienta, hácia el este del pais de los Yuracarees, y continúa corriendo, paralelo á los rios Grande y Piray, hasta arrojarse en el rio Sara, unas cuantas leguas mas abajo del punto en que desagua, en este mismo, el último de aquellos. El rio Ibabo es navegable en su mayor parte.

El Rio Mamoré nace al este del rio Ibabo, sobre las montañas de la vertiente oriental de las cordilleras y en el pais de los Yuracarees. Su corriente, que recibe desde luego los caudales del Chimoré, se encamina por la llanura de Moxos hácia el norte, inclinándose unos cuantos grados al oeste. Este rio, recibiendo el tributo de los demás rios de la provincia, conserva el nombre de Mamoré hasta los 10 grados de latitud sud, en cuyo término incorporándose con el Beni, toma la denominacion de rio de Madeiras. El Mamoré puede servir de vehículo á los paquebotes hasta el pié de las cordilleras.

El Rio Chaparé, formado de los rios Coni, San-Mateo, Paracti y otros muchos, nace en el pais de los Yuracarees, al oeste del Mamoré sobre la vertiente oriental de la cordillera, y dirigiéndose al norte se reune al Mamoré hácia el sud de los 15 grados de latitud meridional. Se puede navegar por él casi hasta la confluencia del rio Coni, es decir, hasta el punto donde empieza la llanura.

El Rio Securi, formado por los rios Chipiriri, Samucebeté, Isidoro, Yaniyuta, Securi y Sinuta, navegables todos ellos hasta el pié de las cordilleras, recibe los raudales de la vertiente oriental de estas, desde los 68 hasta los 70 grados de longitud occidental, y se incorpora al Mamoré mas arriba de la Trinidad, hácia el norte de los 15 grados de latitud.

El Rio Tijamuchi que nace en la cordillera oriental, al oeste de los últimos tributarios del rio Securi, recibe las aguas del rio Taricuri y atraviesa la llanura de la provincia por la parte nordeste hasta el Mamoré, al cual se reune como á los 14 grados de latitud, un poco mas arriba de la mision de San-Pedro. Grandes barcas pueden ascender por él hasta el pié de las montañas.

El Rio Aperé toma orígen, al oeste del anterior, sobre las mismas montañas: recibiendo luego el tributo del rio de San José se encamina hácia el nordeste para ir á incorporarse con el Mamoré, mas abajo del Tijamuchi, distante ménos de medio grado el uno del otro. Es igualmente navegable este rio hasta muy arriba de su corriente.

El Rio Yacuma nace tambien al oeste del Aperé y en la misma cerranía; adunándose luego con el rio Rapulo, pasa inmediato á la mision de Santa-Ana y va á reunirse con el Mamoré muy al norte de los 14 grados. Se puede subir por él hasta el confin de las llanuras.

El Rio Iruyani tiene sus cabeceras en la llanura, y recibiendo el caudal del rio Bococa se arroja en el Mamoré hácia el norte de los 13 grados.

El Mamoré, despues de haber atesorado los caudales de estas once corrientes principales, se aduna como á los 12 grados con el rio Iténes ó Guaporé; continúa en seguida su marcha hácia el norte hasta recibir el desagüe del Beni y formar el rio de Madeiras. Tributarios del Rio Beni.

El rio Beni, del que ya se ha hecho larga mension al hablar de Caupolican, arranca de las montañas situadas al nordeste de la cordillera, en las provincias de Cochabamba, de Sicasica, de Yungas, de Muñecas y de Apolobamba; y desembocando en la llanura como á los 14 grados de latitud, recibe por el oeste los tributos del rio Mapiri, del rio Tuyche, etc. Sigue luego corriendo hácia el norte hasta los 11 grados, en donde cambia de rumbo, torciendo al nordeste para ir á incorporarse con el Mamoré á los 10 grados de latitud.

Cuando se consideran en su conjunto las corrientes que cruzan la provincia de Moxos, no se puede ménos de admirar que haya una superficie de diez y ocho grados, ó sean diez mil leguas, surcada por treinta y cuatro rios, navegables casi en todo el largo de su curso, no teniendo entretanto otro conducto para su desagüe que el rio Mamoré. Resulta naturalmente de esta singular disposicion territorial, que en la estacion lluviosa la mayor parte de las aguas de las provincia de Chiquitos, del centro de Bolivia y de la vertiente oriental bajan á la vez, con mas ó ménos ímpetu, á depositarse en el fondo de ese gran receptáculo, diremos así, que forma la provincia de Moxos, en donde no encontrando fácil y natural conducto para su derrame, cunden por la llanura, ocasionando inundaciones periódicas, de que pocos parages están á cubierto: así es que puede recorrerse casi toda la provincia en tal estacion, bogando en canoas que pasan sin impedimento alguno por sobre las pequeñas eminencias que separan á los rios. Mas, si en el tiempo de lluvias hay solamente pequeñas lenguas de terreno, que hallándose al abrigo de las inundaciones forman una especie de islas en donde se crian ganados y se labra la tierra, todo cambia de aspecto en la estacion de la seca: los rios se encajonan en sus cauces, prados magníficos sustituyen á los fangosos bañados, y la provincia presenta por todas partes un suelo virgen que se brinda á la agricultura. Su territorio es un conjunto de llanuras sobre las que se aperciben de trecho en trecho boscages aislados, ocupando terrenos mas altos, á donde no alcanzan las aguas de las crecientes anuales.

La perfecta igualdad del terreno de Moxos determina en esta provincia una disposicion geográfica muy particular. No solamente las pequeñas eminencias que deberian encontrarse entre las diversas corrientes, son enteramente agenas de su territorio, sino que tambien rios diferentes toman orígen en un mismo pantano, como sucede con el rio Machupo y el rio de Huarichona (tributario del Itonama), que nacen ámbos en el mismo lago. ¿No seria esta una ocasion oportuna para preguntar á los geógrafos demasiado sistemáticos, que en todas partes quieren que haya indispensablemente montañas entre cada surco de agua, cómo es que en este lugar no existen?

A mas de los rios que acabo de mencionar hay todavía multitud de arroyos, ramificaciones de esos troncos principales, y de los que no doy aquí la nomenclatura. Sus corrientes solo pudieran servir para la navegacion en las épocas de crecientes: en el resto del año se mantienen casi totalmente secos.

Lagos.

Si en tiempo de crecientes la provincia de Moxos, inundada casi por todas partes, forma, por decirlo así, una sola sábana de agua; en la estacion de seca las llanadas quedan enjutas, y únicamente se ven sobre las partes mas hundidas del suelo, numerosos pantanos, particularmente al este y al oeste de la provincia, sin que se encuentren muchas lagunas permanentes. Pueden citarse algunas sin embargo:

La Laguna de Chitiopa, que está situada mucho mas arriba del Cármen, y en la misma cabecera del rio Blanco, al que da orígen por consiguiente.

La Laguna de Itonama, que se halla colocada sobre el rio del mismo nombre, como veinticinco leguas mas arriba de Magdalena: tiene esta laguna cerca de dos leguas de ancho, sobre cuatro á cinco de largo y está formada por un ensanche estraordinario del rio. Solamente en un tiempo sereno se aventuran los indios á navegar en ella; pero siempre con cierto recelo que no deja de ser fundado, pues las oladas que suele de improviso levantar el viento, sumergiría infaliblemente sus canoas.

Cerca de San-Ramon, se ven dos lagos permanentes, el uno situado á distancia de media legua y el otro á poco ménos de dos leguas. Ambos tienen una forma oblonga y como una legua de diámetro á lo mas. Es muy esquisito el pescado que se saca de ellos; pero la multitud de caimanes estorba mucho á los pescadores. Encuentrase todavía, en las cercanías de la mision de San-Joaquin, otro lago de la misma dimension que el anterior y que tambien contiene pescados en abundancia.

Por el tiempo de la seca se ven finalmente á mas de los citados, sea en medio de la llanura, sea inmediatos á los rios, infinidad de pequeños lagos ó estanques, cuya demasiado estrechez hace que carezcan de importancia: por otra parte, aquellos que se encuentran sobre la orilla de los rios, como por ejemplo los que están sobre las riberas del Mamoré, cambian frecuentemente de sitio segun los terromonteros ó las avenidas de tales rios.

Geologia.

La provincia de Moxos no presenta pues, por lo visto, otro aspecto geográfico que el de una llanura, circunscripta hácia el sud, por las montañas de los Andes y las colinas de Chiquitos, hácia el norte, por los montes brasileros del Diamantino y del Iténes. Esta llanura, en la que vienen á rematar todas las corrientes de la vertiente oriental de las cordilleras y de las vertientes occidental y septentrional de la provincia de Chiquitos y de la Capitania General de Mato-Grosso, se reune con las pampas por medio del Monte-Grande, al paso que prolongándose por la parte norte, establece en aquel punto la comunicacion con la gran fuente del Amazonas: de modo que la provincia de Moxos no es otra cosa que la continuacion septentrional de las pampas, la continuacion meridional de las llanuras del Amazonas, ó mas bien, una prosecucion de ese inmenso bajo que está situado entro las últimas faldas de las cordilleras y los montes del Brasil, y que abraza de norte á sud todo el centro del continente meridional de América, interrumpido solamente, del noveno al decimo grado de latitud, por la cerranía poco elevada que determina las numerosas cachuelas y las cascadas del rio de Madeiras.

Cuando el rio de San-Miguel sale de madre, lo que se verifica todos los años, sus ribazos ofrecen aluviones terrosos, mezclados con arena muy fina ó con una arcilla negruzca, y depositados en capas horizontales. Estos terrenos vanse levantando gradualmente con la adicion de las partículas arrancadas á los lugares altos de la provincia de Chiquitos. Hay entre los rios de San-Miguel y de Baures pantanos considerables, cubiertos de aluviones fangosos modernos, y de arcillas cenagosas rojas que creo tienen alguna relacion con mi terreno pampeano, aunque no haya visto yo en ellas animales fósiles: estas arcillas forman en aquel lugar la capa inferior á los aluviones actuales; pues no se les echa de ver sinó cuando estos aluviones, compuestos de tierra negruzca ó de arena muy fina, llegan á ser arrancados por las erosiones. Estos terrenos son notables sobre todo en el arroyo de San-Francisco y algo mas adelante, en direccion á la mision del Cármen. Segun me aseguraron, estas mismas arcillas se estienden, subiendo hácia el sud, sobre una vasta superficie que se encuentra entre los rios Blanco y de San-Miguel. En medio de ellas se levanta, como á distancia de doce leguas al sudsudeste, un pequeño moron de piedra arenisca de la formacion devoniana, que tiene mucha analogía con la de los Guarayos.

El rio Blanco no atraviesa sinó por sobre aluviones modernos; he hallado sin embargo sobre muchos puntos de las cercanías de Concepcion, y principalmente en los contornos inmediatos á la mision, algunos retazos de terreno pampeano debajo de la arena finísima de recientes aluviones. Todas las llanuras, que se estienden desde Concepcion y desde Baures hasta Magdalena, están formadas de aluviones, á escepcion de los lugares poblados de pequeños boscages en donde se descubre un poco de arcilla cenagosa roja: los ribazos de Guacaraje y varios puntos de los alrededores de Magdalena tambien la manifiestan. Estos pequeños retazos de terreno pampeano,, diseminados por todas partes, me dieron una prueba inequívoca de que ese limo cubre la parte oriental de la provincia, y que si no está visible en otros puntos es porque ha sido tapado. En aquellas planicies, una vara de diferencia en el nivel es bastante para que lo encubran los aluviones, haciéndolo desaparecer totalmente. Hay al este, 20 grados norte de la brújula y como á diez leguas de Magdalena, un morro bastante alto que no alcancé á visitar; pero que, segun me aseguró un Cura que la habia examinado, debe componerse tambien de piedra arenisca.

Entre Magdalena y San-Ramon se ven todavía llanuras cubiertas de aluviones, advirtiéndose solamente cerca de la hacienda de San-Cárlos, y entre los rios Machupo y Huarichona, algunas manchas de arcilla rojiza. En San-Ramon se descubre debajo de esas arcillas cenagosas, una verdadera arcilla que contiene gran número de pepitas de hierro hidratado, y que ofrece en todo la capa de mi terreno guaraniano. Es efectivamente el mismo envoltorio, y entran en su composicion los mismos granos redondos. Puesta la una junto á la otra estas dos rocas no presentan la mas mínima diferencia. Sobre los ribazos del rio Machupo se manifiestan arcillas rojas, cubriendo todos los puntos en seco, de los contornos de San-Joaquin. Sin embargo, sobre el sitio mismo de la mision y en su circuito, así como siete leguas mas al norte, y tambien cerca de la confluencia de los rios Machupo é Iténes, he notado bajo terrenos pampeanos retazos considerables del terciario guaraniano con pepitas de hierro hidratado. Estas arcillas, llenas de negras y lustrosas pepitas de hidrato de hierro, cubren, segun mis particulares observaciones, una superficie de cerca de veinte leguas de largo, en donde el mas rico mineral de hierro se muestra á flor de tierra sin que jamas se haya pensado en beneficiarlo. Al efectuar este descubrimiento el año de 1832, inmediatamente calculé las pingües ventajas que podria reportar á la república el laboreo de estas minas; y no cabe la menor duda en que se operaria un cambio favorable de cosas, proporcionando á sus habitantes el material y los medios para entregarse á todo género de empresas industriales.

La ribera izquierda del Guaporé, cerca del Fuerte de Beira, se compone de terrenos bajos inundados en tiempo de crecientes, ó de retazos de terreno guaraniano con sus pepitas de hidrato de hierro: la ribera derecha, por el contrario, se va levantando en colinas hácia la serranía formada por uno de los ramales del Diamantino, la cual serranía, dirigiéndose en paralelo con la corriente del rio Iténes hácia el oestenorueste y estesudeste, continúa hasta un punto bastante apartado en medio de las selvas, donde viene á determinar las cachuelas y las cascadas del rio de Madeiras. Compónese esta serranía de piedras areniscas desmoronantes, muy ferruginosas y generalmente rojas, análogas en todo á las de la Sierra de San-José de Chiquitos y tambien á las de las últimas faldas de la cordillera, que bajan hácia el norte y nordeste de Cochabamba. Esta piedra arenisca forma un todo compacto de capas que se esconden bajo un ángulo de doce ó quince grados. Estas capas, que parecen estenderse hasta muy léjos hácia el norte, van á rematar cerca del rio Iténes, donde son encubiertas, sobre una anchura de mas de una legua, por conglomeraciones ferruginosas, en vetas perfectamente horizontales, y que contienen mucho hidrato de hierro. Estas conglomeraciones, enteramente idénticas á las de Chiquitos, y aun diré tambien á las de la provincia de Corrientes, representan exactamente mi terreno guaraniano. He hallado pues, en esta parte de la provincia, las conglomeraciones ferruginosas del terciario guaraniano como nivel de los terrenos antiguos; en la arcilla, la capa con sus pepitas de hierro hidratado, análogas á las de Corrientes; y por último, el terreno pampeano con sus limos: todo lo cual se encuentra cubierto por aluviones modernos.

La corriente del Guaporé me ha presentado por todas partes, sobre su ribera izquierda, aluviones modernos, que se estienden hasta un punto que está diez leguas ántes de llegar á la confluencia, en donde he creido notar nuevamente una capa considerable de arcilla cenagosa rojiza, mezclada con aluviones: la orilla derecha se compone entretanto, por el espacio de algunas leguas, de conglomeraciones ferruginosas frecuentemente encubiertas por aluviones, luego de aluviones solamente y de terrenos inundados hasta la confluencia del Mamoré. No me ha ofrecido este sobre sus riberas, durante casi todo el largo de su curso, otra cosa mas que aluviones modernos arenosos. He notado sin embargo, algunas leguas mas abajo de Exaltacion, en medio de un bosque situado á poco trecho del rio, una pequeña colina aislada en el llano, á la que no pude acercarme; pero me aseguraron que se componia de piedra arenisca desmoronable, análoga tal vez á la piedra arenisca carbonífera. Encontré tambien arcillas cenagosas rojizas, debajo de aluviones, en los alrededores de las misiones de Exaltacion, de Santa-Ana, de San-Pedro, de San-Xavier, de Trinidad y de Loreto.

La corriente del rio Chaparé me ha enseñado por todas partes aluviones modernos arenosos; he creido notar sin embargo, sobre muchos puntos, que bajo estos aluviones se ocultaban arcillas cenagosas, pero sucede esto tan solo á una gran distancia de las montañas. Los primeros quijarros se manifiestan en la confluencia de los rios Coni y de San-Mateo. He visto realizado esto mismo en el rio Securi. En todos los parages donde la corriente no transita por sobre los terrenos ya recorridos por las aguas, he visto una espesa capa de terreno de aluvion, formada de arena muy fina ó de arcilla parda, hornaguera, la cual encubre una arcilla cenagosa, amarilla ó rojiza, de una época bien distinta y que anunciaba evidentemente provenir de causas anteriores al actual estado de cosas. Un documento histórico sobre la edad de los aluviones me lo aseguró completamente. Sobre un ribazo del rio Securi, algo mas abajo de su reunion con el rio Sinata, llegué á descubrir una barranca, poco mas ó ménos, de ocho varas de alto, que habia quedado á descubierto por estar las aguas enteramente bajas. Esta barranca se componia; de dos varas de arcilla cenagosa amarilla rojiza, un poco untuosa y en la que no vi resto alguno de cuerpos organizados; de una capa de seis varas de arena muy fina, frecuentemente entremezclada con arcilla y con arcilla hornaguera negruzca. En la parte inferior de estas últimas capas, y en un pequeño trecho lleno de carbon de leña, encontré gran número de fragmentos de vagilla de barro cocido, cuyas formas revelaban aun el uso á que estaban probablemente destinados los vasos y demás útiles que tales tiestos debieron componer. Estos vestigios de una morada antigua de la raza indígena, que descubrí enterrados como cinco varas mas abajo del terreno actual, sobre el cual se alzan hoy en dia árboles corpulentos y que cuentan muchos siglos, dióme un seguro testimonio de que la existencia de toda aquella arena menuda ó de esa arcilla hornaguera debia ser posterior al establecimiento del hombre en aquellos lugares; siéndome permitido por lo tanto, considerar con evidencia esas capas de aluvion como enteramente análogas á las capas formadas por los fenómenos todavía existentes.

La corriente del rio Grande me ha presentado aluviones hasta la confluencia del rio Piray; pero muy luego hame ofrecido este por todas partes arcillas cenagosas, ó levemente pegajosas, amarillentas ó rojizas, las cuales componen todo el álbeo del rio y sus ribazos. Son estas arcillas las que toda vez que las aguas se encuentran bajas determinan esa especie de cachuelas, en donde la diferencia súbita del nivel haciendo que la corriente sea mas rápida, obliga á los navegantes á retirar del agua sus canoas y á trasportarlas por tierra hasta salvar la cachuela, para volver á emprender su marcha por el rio. Esta especie de resaltos de media vara á dos varas de altura se componen totalmente de arcilla amarilleja poco cenagosa y en la que no están muy marcadas las capas. He notado en esta arcilla concreciones calizas, análogas á las de las pampas; y he descubierto ademas, en el álbeo mismo del rio, osamentas de grandes mamíferos fósiles en un estado algo desmenuzable, las cuales me dieron una prueba inequívoca de que todas esas arcillas, mas ó ménos cenagosas, ó los limos de la provincia, pertenecen evidentemente al mismo periodo geológico que el gran depósito de las pampas, y que por lo tanto deben resultar de una causa comun.

Para dar un resúmen sobre la composicion geológica de la provincia de Moxos, voy á pasar sucesivamente en revista las diferentes épocas geológicas, que se ven marcadas en el vasto recinto que ella forma.

En ninguna parte se encuentran allí vestigios de rocas de orígen ígneo.

Los gneiss y los filados de la época siluriana, son igualmente desconocidos.

El terreno devoniano, representado por piedras areniscas compactas, es la parte mas ínfima que allí se advierte. Estos terrenos no presentan grandes superficies: dos pequeños retazos que pertenecen á series ocultas bajo los aluviones, se muestran tan solo, la una inmediata á la mision del Cármen, la otra al este de Magdalena; ámbos dos al este de la provincia.

Los terrenos carboníferos presentan en medio de aluviones, y bajo la forma de piedras areniscas rojas y desmenuzables, dos pequeños morones, el uno cerca de San-Ramon, y el otro no léjos de Exaltacion. Estos terrenos constituyen, por la parte del norte, la cerranía de Beira, inmediata al rio Iténes, y que se dirige de oestenorueste á estesudeste: ellos componen tambien, por el sud, las últimas colinas de la vertiente oriental de la cordillera, que forman la otra estremidad de la provincia. Es ciertamente una circunstancia muy notable el que esas dos estremidades de la gran llanada de Moxos[1] estén formadas par cerranias. La primera de estas, que es la de Iténes, va á perderse hácia el sudoeste, al paso que la otra se inclina al nordeste; de lo cual debiera acaso inferirse que ántes de las dislocaciones que han colocado á estos terrenos en el sitio donde hoy se encuentran, no formaban ellos sino un solo depósito. Dichos terrenos carboníferos se hallan cubiertos, ya por aluviones modernos, ya por conglomeraciones ferriferas pertenecientes á los terrenos terciarios.

[Nota 1: Véase en la lámina 10, fig. 1, el corte geológico trasversal de la provincia, y el mapa geológico de Bolivia.]

Entre tanto no he visto en Moxos una sola capa que pueda corresponder á los rangos, triásico, jurásico, ó cretáceo.

Los primeros depósitos, que han nivelado las dislocaciones del rango carbonifero son conglomeraciones ferruginosas de hierro hidratado ó de arcillas llenas de ese mismo hierro en pepitas. Estos depósitos, de que se ven á descubierto algunos retazos en San-Ramon, San-Joaquin y sobre las riberas del rio Iténes, cerca del fuerte de Beira, me han parecido idénticos á mi terreno guaraniano, que tan desenvuelto se manifiesta en Corrientes sobre el rio Paraná; y en efecto, él se compone tambien de conglomeraciones ferriferas ó de arcilla llena de pepitas de hierro hidratado. Como quiera que sea, estos terrenos forman capas perfectamente horizontales, las que en el fuerte de Beira se sobreponen inmediatamente á las piedras areniscas de los terrenos carboníferos. En todas las otras partes, ellos se encuentran encubiertas por arcillas cenagosas.

La provincia de Moxos carece en su conjunto de todos los terrenos terciarios marinos.

Se diria que las capas pampeanas cubren totalmente la provincia, y efectivamente, en los lugares donde los aluviones se ven arrancados, están ellas representadas por un depósito horizontal, compuesto de limo rojizo, ó de arcilla cenagosa amarilleja, algo pegajosa. El limo parece dominar ménos aligado con otras materias en la parte este de la provincia, mientras que en el sud las arcillas tienen la supremacía. Estas capas me han ofrecido en el rio Piray osamentas de mamíferos fósiles característicos de su época. He tenido ocasion de ver este depósito en varias partes; entre el rio Blanco y el rio San-Miguel, entre este y el Machupo, sobre la corriente y al oeste del último; cerca de la confluencia del rio Iténes en el duodécimo grado, cerca de Exaltacion y de Santa-Ana al oeste del Mamoré; al este del mismo, en San-Pedro, en Trinidad y en Loreto; lo he reconocido luego bajo los aluviones del rio Securi y del rio Chaparé, y en el rio Piray sobre una dilatada superficie. Cuando se hallan á descubierto las capas inferiores se advierte que están sobrepuestas al grado terciario guaraniano. Por todas partes se encuentran tales capas mas ó ménos encubiertas por los aluviones modernos. Los innumerables puntos donde se manifiestan, me indicaron que deben ellas haber venido á llenar las desigualdades y á nivelar las inmensas llanuras de la provincia, tal cual se ve que ha sucedido en las pampas: la superficie que abrazan en aquella, es acaso igual á la mitad de estas. Esta superficie parece hallarse sobre el grado guaraniano en vez de estar sobrepuesta al grado patagoniano, del cual carece la provincia de Moxos.

En la parte superior á las capas pampeanas y en todas las depresiones formadas por las denudaciones de tales capas, son aluviones los que cubren la mayor parte del suelo de la provincia. Estos aluviones consisten ya en arena muy fina, ya en arcilla ó en limo hornaguero, compuesto de despojos vegetales. La estension de estos aluviones, así como su espesor, que es de diez á doce varas, harian presumir que algunas conmociones violentas los hubiesen producido; pero es evidente que se forman todos los años por las avenidas de los rios que bajan rápidamente de las montañas, trayendo consigo partículas terrosas y areniscas que se desparraman por la llanura, y dejan anualmente en ella una nueva capa. No se encuentra un solo guijarro sobre la superficie de la provincia de Moxos, y hasta pudiera yo decir que jamas he notado en toda ella un solo grano de arena un poco gruesa. Es menester acercarse al pié de la cordillera para tropezar con las primeras guijas.

En último análisis, la provincia de que tratamos, representa un grande y profundo receptáculo, una especie de gran lago al cual llegan por todas partes los rios y arroyos, arrastrando materias terrosas ó arrenáseas, que en la época de las inundaciones cunden por la esplanada, y contribuyen á levantar gradualmente el suelo. Estos aluviones parecen venir en mayor abundancia de las regiones occidentales, en donde vierten sus aguas todos los torrentes de los Andes; así es que por tal lado, en poquísimas partes llegan á descubrirse las capas pampeanas, al paso que dichos aluviones son comparativamente de muy exigua importancia.

En las estaciones lluviosas, los innumerables rios que por todos lados se precipitan con ímpetu sobre la llanura, trasforman á esta en un lago, hasta tanto que desparramado por los campos ese volúmen inmenso de aguas, llega á derramese por el único evacuadero natural de la provincia, que es el rio de Madeiras.

Algunos autores, propensos á ver por todas partes riquezas imaginarias, han sentado que los jesuitas habian estraido del cerro de San-Simon cantidades considerables de oro y de diamantes. Otros se han adelantado á creer que se encontraban piedras preciosas en las orillas de los rios Beni, Mamoré y Guaporé. Las investigaciones geológicas que he practicado yo mismo me han asegurado que no pueden absolutamente existir en Moxos materias tales: seria por consiguiente trabajo perdido el ponerse á buscar allí, tanto los diamantes, como el oro, la plata ó todo otro metal de esta naturaleza. Entre tanto, la provincia de Moxos encierra en su seno un tesoro de mucha mas valía; tal puede decirse de las minas de hierro que he descubierto cerca de San-Ramon y de San-Joaquin. Si estos mineros llegan á beneficiarse, es de esperar que sus productos sustituirán ventajosamente á esos preciados minerales, dando al pais una riqueza ménos efímera, y por lo tanto mas positiva.

Temperatura y clima.

El clima de Moxos, como el de todos los lugares situados bajo la zona tórrida, es tanto mas caluroso cuanto que la provincia entera solo consta de una grande llanura, ó por mejor decir, está formada por una fuerte depresion del suelo sin asperidades. Cuéntanse en ella dos estaciones totalmente distintas, que son el verano ó la estacion lluviosa, y el invierno ó la estacion de secas. La provincia de Moxos tiene pues que participar única y esclusivamente ó de la una ó de la otra de esas estaciones. En el tiempo de seca es menester bajar á los rios para encontrar agua, mientras que, durante los seis meses de lluvias, la inundacion abraza de tal modo el territorio, que se puede navegar en canoas casi por todo él, sin hallar el menor embarazo. Presentando entónces la provincia el aspecto de una vasta laguna, con dificultad se descubren sobre ella algunos puntos, que á manera de islas permanecen á cubierto contra la invasion de las aguas. En semejante estacion, sopla contantemente el nordeste, el cielo se muestra de continuo totalmente encapotado, y solo á intérvalos muy distantes asoma de vez en cuando el sol. Hay ocasiones en que llueve á destajo durante dos ó tres dias consecutivos, cayendo perpendicularmente los chorros de agua sin ser desviados por el menor soplo de viento: otras veces, nubarrones colosales se cruzan en tumulto por las bóvedas etéreas, y cuando llegan á entreabrirse, torrentes de lluvia se desploman con tal ímpetu y abundancia por el espacio de algunas horas, que la tierra se ve cubierta, hasta la altura de un pié, de aguas que se derraman luego muy lentamente.

Las misiones de la provincia han sido fundadas sobre los pocos puntos que están al abrigo de las inundaciones; es en ellas donde se han establecido las haciendas para la cria de ganados y para las labranzas. Hay igualmente algunos boscages, que siendo los únicos lugares del centro de las llanuras á donde no alcanzan las aguas, sirven de refugio en la predicha estacion á los reptiles de las cercanías, y á todos los animales salvages que ofrecen entónces fácil y buena caza; pero sucede frecuentemente que los tigres, huyendo tambien de las inundaciones, vienen á buscar allí la segura presa que le brindan las manadas de ciervos de diversas especies, y la cantidad variada de mamíferos; así es que los Indios, careciendo de armas para defenderse, no se atreven á llegar allí cuando están solos, y oyen con espanto los frecuentes bramidos de esos animales feroces. Los pájaros ribereños y acuáticos, qué se ven diseminados á lo largo de los rios todo el tiempo que dura la estacion de seca, se reunen en los periodos lluviosos, los primeros, sobre los terrenos no inundados, los otros, sobre el lago que forma la llanura. Millares de estos seres aligeros pueblan el territorio de Moxos. Encuéntranse en los parages ménos hondos las garzas azules y blancas, los jabirus, etc., y en todos los otros puntos bandadas de patos tan numerosas, que forman una inmensa nube cuando levantan el vuelo.

En el mes de marzo se van ya minorando las lluvias; los terrenos comienzan á orearse; las diversas corrientes naturales arrastran en su curso las aguas que cundian por la llanura, reemplazándolas por toda ella magníficos herbazales. A principios de abril ya no desbordan los rios, y las llanadas ostentan solamente una multitud de lagunillas circunscriptas. Hácia este periodo del año se advierten por los aires, á una altísima distancia, innumerables bandadas de grandes y pequeñas garzotas que se encaminan invariablemente de sud á norte, formando cada bandada dos hileras de la misma dimension, que unidas por un estremo representan la figura de un ángulo. Este es el periodo de una de esas emigraciones generales, en que los pájaros ribereños abandonan las regiones del sud, ya demasiados secas, para ir á buscar los bañados de Moxos y del Amazonas que empiezan á despejarse, dejando sobre la llanura cantidad de pescados, cuya fácil adquisicion presenta pasto abundante á esos volátiles viageros, que llegan allí á millares. Es digno de admiracion el espectáculo que presenta á la vista tanta diversidad de pájaros confundidos; el jabirú de collarin punzó se enmarida graciosamente con la blanca garzota, con la espátula rosada, con los disformes savacúes, con los tántalos, con los esparavanes ó garzas reales y con los socos. Todos ellos se disputan á porfía y metiendo una bulla espantosa la presa que yace en tierra[1]. Auméntase entretanto el número por instantes con la llegada de otras bandadas que se presentan atraidas por esa ralea general; y cuando ya todos se encuentran hartos, el jabirú, sin abandonar el campo, se retira gravemente hácia un lado, miéntras que las garzas blancas y azules y otras aves de la misma familia, levantándose en tropel, van á posarse desparramadas sobre los bosques vecinos. Es tal la abundancia de garzotas en la provincia, que se suelen ver sobre sus campos, bosques enteros blanquando á lo léjos como si estuviesen cubiertos de nieve.

[Nota 1: Véase la lámina 7.]

Cuando los bañados se encuentran enteramente secos, esta numerosa familia los abandonan para ir á tomar su asiento cerca de los rios; así es que las orillas del Mamoré se ven por todas partes animadas por multitud inmensa de pájaros ribereños: allí el tántalo, en bandadas de algunos millares, se pasea con mesurado andar sobre las partes fangosas, acompañado de la espátula rosada, ó de las garzas blancas; al paso que se ven los bancos de arena cubiertos de rayadores y de gaviotas, que hacen rezonar el aire con sus graznidos, si acierta á pasar por allí alguna embarcacion, á la que persiguen unidos con los chotacabras, temorosos acaso de que los navegantes les destruyan sus nidales.

La distribucion de las tormentas segun las varias regiones, no deja de ser un fenómeno curioso. Durante elestío, torrentes de lluvia inundadan la tierra; jamas se oye entretanto el estampido de un trueno, y hasta el viento parece mantenerse quedo. En la estacion del invierno, es decir, desde mayo hasta setiembre, el tiempo es generalmente hermoso, y los vientos varian de norte á nordeste. En tal periodo, las tempestades se forman de repente por la parte del sud: se oye entónces tronar estrepitosamente por todos lados: ruge el viento sud, y á par que cae el rayo, un verdadero diluvio inunda todo el suelo. Es necesario haber presenciado esas tormentas de las regiones tropicales, para tener una verdadera idea de la violencia con que sopla el viento, y de los torrentos de agua que se desprenden sobre la naturaleza espantada. Un frio rígido y penetrante sucede á semejantes borrascas, que hacen declinar súbitamente la temperatura como de veinte grados, manteniéndola en el mismo punto uno ó dos dias, pasados los cuales renace la calma. Estas tempestades son tanto mas singulares, cuanto que son desconocidas sobre las montañas, donde solo reinan en el verano (el cual empieza por noviembre y termina en mayo), siendo entónces casi periódicas como sucede en Chuquisaca. La impetuosidad con que sopla el viento del sud promueve inmediatamente en los grandes rios gruesas oleadas, que obligan á los viageros á suspender su marcha para no verse irremisiblemente sumergidos junto con sus canoas.

La seca acompañada de tempestades se prolonga hasta el mes de agosto, y la provincia, casi enteramente enjuta, no posee mas agua que la correntosa de los rios, ó la muy escasa que se mantiene estancada en lo interior de los inmensos bañados. La tierra se encuentra talmente seca, que se raja por todas partes, y la naturaleza entera parece calcinada con el solo reflejo de un sol abrasador. Por este tiempo se pueden recorrer á caballo todas esas llanuras poco ántes inundadas; los ganados retozan libremente por los verdosos y dilatados campos, y finalmente, la provincia de Moxos muestra con ufanía todo el completo de su vasta superficie.

Una nueva estacion principia en los meses de noviembre y diciembre: la vegetacion, que habia suspendido su crecimiento durante la estacion de seca, desenvuelve un tierno y lucido follage con el fomento de algunos aguaceros de primavera: la naturaleza entera desplega ostentosamente sus mas primorosas galas. ¡Cuán deliciosas son entónces las mañanas bajo la zona tórrida! Al despejarse con los primeros rayos del sol la espesa niebla que cubria las campiñas, con cuánto regocijo se respira el aire fresco de la atmósfera, y el perfume que por todas partes despiden de su seno las flores recien abiertas, ó las hojas que se desarrollan bajo la doble influencia del calor y de la humedad! Los pajarillos celebran alborozados el retorno de la aurora, saltando de hoja en hoja, y cortejando á esas hijas predilectas de la primavera, cuya diversidad de coloridos presenta los mas admirables contrastes. Aquí, matas enteras de la púrpura mas viva ó del dorado de mayor pureza, allí, los acacias cuyo olor es idéntico al de la bainilla, acullá, enfin, la pudorosa sensitiva con sus leves penachos color de rosa, lisongean agradablemente á la vista y sonrien á la imaginacion.

Fisonomía animal.

Las inundaciones hacen que el centro de la provincia caresca algun tanto de mamíferos; pero subiendo los rios hácia todas direcciones, se encuentra multitud considerable de monos[1] que ofrecen pieles magníficas, particularmente los de la especie mas grande: son tambien abundantes y muy notables por la hermosura de su piel los marimonos[2] y los monos chillones[3]. Cerca del Cármen hay muchedumbre de murciélagos que se alimentan de mosquitos[4]. No son nada escasos los tigres[5], sobre todo en las selvas; y al paso que rara vez se ven allí jabalíes[6], abundan prodigiosamente los antas[7] ó gran-bestias, los ciervos[8] y los venados[9]. Suelen tambien encontrarse á veces algunos borochis[10] ó lobos colorados, cuyos dientes, en virtud de una preocupacion popular, se emplean frecuentemente como un antídoto contra la picadura ponzoñosa de las víboras. Los rios se hallan entre tanto llenos de carpinchos[11] y de delfines ó bufeos[12].

[Nota 1: Especies de los géneros Lagothrix, Cebus fulvus, Calitrix antomophagus.]

[Nota 2:Ateles paniscus.]

[Nota 3:Mycetes seniculus y Caraya.]

[Nota 4:Noctilio rufipes affinis, etc.]

[Nota 5:Felis onca.]

[Nota 6:Dicotyles torquatus y labiatus.]

[Nota 7:Tapirus americanus.]

[Nota 8:Cervus paludosus.]

[Nota 9:Cervus campestris, rufus y nemorivagus.]

[Nota 10:Canis jubatus.]

[Nota 11:Hydrochoerus capibara.]

[Nota 12:Inia boliviensis, de Orb.]

Hay allí, en cuanto á los pájaros, mucha ménos variedad que en los paises montañosos. Abundan, empero, en los bosques y cerca de los lugares habitados, cantidad de gallinazos[1] y diversidad de aves de rapiña diurnas[2] y nocturnas[3]. Los carpinteros[4], los varios picaflores y multitud de loros habitan las florestas; así como en los bañados, á la par que los patos[5], muchedumbre considerable de pájaros ribereños, tales como el jabirú[6], los tántalos,[7] las garzas azules[8] y blancas[9], el soco[10], los savacúes[11], las gallinetas de agua[12]. Encuéntranse finalmente, sobre las orillas de los rios, los rayadores[13], las gaviotas[14], los caprimulgus[15] y las espátulas.[16]

[Nota 1: Cathartes urubu y aura.]

[Nota 2: Especies de los géneros Falco, Buteo, Nisus, Maiagua, etc.]

[Nota 3: Especies de los géneros Noctua, Strix y Bubo (sobre todo el Bubo magillanicus).]

[Nota 4: Especies del género Picus.]

[Nota 5: Especies del género Anas.]

[Nota 6: Micteria americana. Véase la lám. 7]

[Nota 7: Tantalus leuculatur. Véase la lám. 7.]

[Nota 8: Ardea americana.]

[Nota 9: Ardea pealei.]

[Nota 10: Ardea violacea.]

[Nota 11: Cancroma cochelaria.]

[Nota 12: Galeonila y Fulica.]

[Nota 13: Ryncops niger.]

[Nota 14: Especies del género Sterna.]

[Nota 15: Caprimulgus arenarius, de Orb.]

[Nota 16: Platalea ajaja.]

Los reptiles terrestres son rarísimos en Moxos, y bien pudieran contarse las ocasiones en que se encuentra una que otra serpiente venenosa: de vez en cuando se ven algunos boas acuáticos, no pocas tortugas[1], y los caimanes de que los rios y bañados están lleños; estos feroces anfibios destruyen el pescado y son el terror de los moradores de la provincia.

[Nota 1: Especies del género Emys.]

Los viageros que costean los rios se hallan espuestos al punzante aguijon de las rayas[1] y aveces á la mordedura de la palometa[2]; pero tambien están seguros de encontrar pesca fácil y abundante para su alimento, pues por todas partes se presentan á la mano del pescador, y casi voluntariamente, los enormes surubies[3], los sustanciosos pacus, considerable número de bagres[4] y sábalos[5], y otras muchas especies de que se ven atestados, diremos así, todos aquellos rios.

[Nota 1: Trygon histrix. Véase la lám. 14, fig. 1.]

[Nota 2: Serrasalmus marginatus. Véase la lám. 5, fig. 2.]

[Nota 3: Platistoma pardalis, y Orbignyanus. Véase la lám. 5, fig. 2.]

[Nota 4: Simelodus maculatus, pati, etc.]

[Nota 5: Paca lineatus.]

Es bastante exigua la variedad de insectos en la provincia de Moxos, y solo se conocen aquellos que afeccionan la humedad. Hay entre tanto muchedumbre de xejenes y de tábanos, que se complacen en torturar durante el dia al pobre viagero, mientras que por la noche enjambres de mosquitos no le permiten gustar un solo instante de reposo.

Por causa de la estension de los bañados, inundados una parte del año, la vegetacion de esta provincia es mucho ménos variada que la de las demás que componen el departamento. Las llanadas se hallan guarnecidas de plantas gramineas muy convenientes para el pastoreo: en los lugares pantanosos crecen los juncos, y esa admirable planta acuática que es el gigante de aquellas comarcas, y cuyas hojas de dos varas de diámetro, se tienden pintorescamente sobre las aguas[1]. Los ribazos ostentan una variedad inmensa de vegetales; y miéntras que los terrenos recientemente abandonados por las aguas se ven cubiertos de cañaverales ó del chuchio de los indígenas, tan útil á estos y á los viageros; miéntras que los puntos un poco mas elevados ofrecen por todas partes á la vista, tan pronto los lisos, tan pronto los sauces; abundan los terrenos mas antiguos, del lambaiba[2] de jugosas frutas; del bibosi[3], cuya corteza suministra la materia principal para los trages de los Moxeños; de diversas especies de nogales, y de infinita variedad de árboles y plantas, tales como el acacia, las mimosas, etc., etc.

[Nota 1:Victoria regina. Véase la lám. 9.]

[Nota 2: Especie de Piperace.]

[Nota 3: Especie de Ficus. Véase lám. 7.]

La palmera es el vegetal que mas abunda. Las llanuras inundadas están pobladas de un árbol llamado carandai[1], cuyas hojas en forma de abanico se columpian con suma gracia sobre su tronco esvelto; crecen entre tanto, en los llanos secos, el totai[2], utilísimo en los tiempos de penuria; el vistoso tarampabo[3]; el cuci[4], de frutos aceitosos. Se ve tambien sobresalir entre los bosques el variado follage de los motacúes[5] mas comunes; el del marayahu[6], cuyos frutos saben muy bien al paladar; el de la chonta[7], de tronco tan duro como el hierro; el de la palma real[8], la mas hermosa que se conoce por la forma de sus hojas; el del vinte-pes[9] de raices muy estrañas; el del empinado sumuque[10]; el de la palma de rosario[11]; el del chuco[12], de hojas lustrosas; y los de la palma chica[13] y de la palma enredera[14].

[Nota 1: Copernicia cerifera. Véase lám. 9.]

[Nota 2: Cocos totai. Véase lám. 6.]

[Nota 3: Oenocarpea tarampabo.]

[Nota 4: Orbignia phalerata.]

[Nota 5: Maximiliana princeps.]

[Nota 6: Bactris maraja.]

[Nota 7: Astrocarium chonta. Véase lám. 12.]

[Nota 8: Mauritia vinifera.]

[Nota 9: Iriartea Orbigniana, Martius. Véase lám. 13.]

[Nota 10: Cocos botryophora.]

[Nota 11: Euterpe precatoria. Véase lám. 6.]

[Nota 12: Thrinax chuco.]

[Nota 13: Mauritia armatum. Véase lám. 6.]

[Nota 14: Desmoncus rudentum.]

A mas de estas plantas leñosas, las llanadas, las selvas y la orilla de los rios están cubiertas de plantas de mediana altura, entre las que se cuentan la pudorosa sensitiva, varias clases de índigo, y cantidad prodigiosa de frutos silvestres.

HISTORIA.

Primera época, ántes de la llegada de los Españoles.

Los primeros historiadores que han escrito sobre la provincia de Moxos, hacen mencion de un gran número de naciones distintas. El padre Diego de Eguiluz[1] cita las siguientes: los Cunacurees, los Mayumanas, los Huarayus, los Tapacuras, los Baures, los Yuguehuares, los Toros, los Chumacas, los Pudayares, los Fundibularios, los Panuanas, los Punoboconos, los Canacurees, los Casaveones, los Morohionos, los Camies, los Chiriguas, los Humuhuanas, los Canicianas, los Cayuvavas, los Ducricumas, los Curaguanas, los Caridionos, los Marochinas, los Cayapimas, los Suruguanas, los Paririnas, los Barisinas, los Carivinas, los Carecomoros, los Chucucipeonos, los Chuminanas y los Maporoaboconos, es decir, treinta y siete naciones diferentes. Estudiando sus idiomas, haciendo la comparacion de los unos con los otros, y reuniendo todos los dialectos, he conseguido, despues de tantas investigaciones, poder reducirlas á diez: los Moxos, los Itonamas, los Canichanas, los Movimas, los Cayuvavas, los Itenes, los Pacaguaras, los Chapacuras, los Maropas, y los Sirionos, de cuyo exámen vamos á ocuparnos por separado.

[Nota 1: Relacion de la Mision apostólica de los Moxos, publicada en 1696. Choix des lettres édifiantes, t. VII. Missions de l'Amérique, t. I. p. 308: t. II, p. 64.]

NACION DE LOS MOXOS.[2]

He creido deber conservar, por nombre de la nacion mas numerosa de la provincia, el de su tribu principal, que ha tomado de aquella misma esta denominacion de Moxos. Antes de haber comparado los idiomas indígenas entre sí, yo estaba en la persuasion de que los Moxos constituian una nacion diferente de las otras: en igual creencia estaban todos los Españoles que conocen el pais; empero, la comparacion de los idiomas me ha hecho reconocer que los Baures ó Bauros, considerados como nacion enteramente distinta, no son sinó una tribu cuyo lenguage, aunque no tiene arriba de una octava parte de palabras análogas al idioma de los Moxos, no hay la menor duda en que no es otra cosa que una variante de este. Sucede otro tanto con los Muchojeones, que se dicen aliados de los Baures. Los nombres de Baures y Muchojeones son de orígen americano: el de Moxos fué dado á lo que parece, por los primeros Españoles que entraron en la provincia. Cada una de las grandes tribus que voy á mencionar, se subdividen aun, en multitud de secciones que llevan diferente denominacion. Los solos Baures cuentan hasta veinte.

[Nota 2: Todos los detalles relativos á los indios, ántes de la conquista, son tomados de la obra ya citada del padre Eguiluz, que lleva por título: Relacion de la mision apostólica de los Moxos, 1696.]

Esta nacion, segun mis conjeturas particulares, habitaba toda la parte sud de la provincia de Moxos, en medio de esas llanuras, frecuentemente inundadas, que se estienden entre el curso de los rios Guaporé y Mamoré, y que se hallan limitadas por un lado, en la entrada de los bosques del pié oriental de los Andes bolivianos, y por el otro en las selvas de Santa-Cruz de la Sierra y de Chiquitos, ocupando una ancha banda de este á oeste, desde los 13 hasta los 16 grados de latitud sud, y desde los 64 hasta los 69 de longitud oeste. Estos indígenas, los primeros habitantes del sud de Moxos, veianse, hácia esta parte, separados de los otros Americanos, por un centenar de leguas de bosques inundados en tiempo de lluvias, y enteramente inhabitables. Tenian sus moradas en los lugares ménos espuestos á las inundaciones, como por ejemplo sobre las riberas del rio Mamoré, del rio Aperé, del rio Securi y del rio Tijamuchi, hácia el oeste; sobre las riberas de los rios Baures, de San-Simon, y hasta el Guaporé, por el este. Hácia el sud se comunicaban con los Sirionos de las selvas de Santa-Cruz; al sudeste con los Chapacuras; al oeste con los Yuracarees, y hácia el norte con los _Movimas, _los Canichanas y los Itonamas. Separados por inmensos desiertos, los Baures y los Moxos habian cortado sus relaciones desde muy largo tiempo.

La tez bronceada de los Moxos, no tan subida como la de los Chiquitos y de los Chapacuras, tira un poco al amarillo; sin embargo, es tan poco marcada la diferencia, que solamente puede notarse comparando un gran número de individuos juntos.

Su estatura, mayor que la de los Chapacuras, es de cinco piés y seis pulgadas; pero tomado un término medio, queda reducida á cinco piés y dos pulgadas.

Sus formas son en general desvahidas y esveltas, sus cuerpos robustos, todos sus miembros bien fornidos y rollizos, sus espaldas muy anchas, sus pechos graciosamente combados; y tal es la robustez de estos naturales, que suelen ser propensos á la obesidad.

Las mugeres guardan la proporcion relativa ordinaria en cuanto á la estatura, y por lo demás participan de las mismas formas: tienen un aire elegante, y sus anchas caderas revelan en ellas una constitucion de las mas robustas: sus manos y piés son pequeñísimos, y su cintura no tan tosca como la de las Chiquiteñas.

Por lo tocante á las facciones, tienen comunmente estos indígenas una cara ménos redonda que la de naturales de Chiquitos, y el carácter de su fisonomía, aunque abierta y llena de dulzura, es ménos alegre. Hay muchos hombres que pueden pasar por arrogantes mozos, y algunas mugeres son realmente bonitas, sin que cambie por esto el detalle de las facciones. En general los hombres son lampiños.

Su habla difiere esencialmente de la de los Chapacuras y de las otras naciones de Moxos. Léjos de ser dura, pudiera decirse que es eufónica: casi todas las palabras tienen una acentuacion muy fuerte que termina en a, e, i, o, particularmente en las tres primeras vocales. Hay un pequeño número que tiene al fin una consonante; mas estas son la m y la n que casi siempre forman diptongos en on an, am, que no se pronuncian tan fuertemente como en las lenguas derivadas del latin. El sonido gutural de la j española es poco usado, y el de la u nasal muy raro. Las únicas consonantes totalmente desconocidas son la f y la x. La ch francesa, del mismo modo que la de los Españoles, se emplea con frecuencia. Rara vez se encuentra la e muda de los Franceses, como tampoco su z. Hay una particularidad muy notable en el idioma moxo, y es que los nombres de todas las partes del cuerpo principian por una letra determinada, como puede verse en la planilla siguiente.

+——————————————————————————————————+ | | NOMBRES BAURES | NOMBRES MÓXOS | NOMBRES | | NOMBRES |————-+——————+—————-+—————-|MUCHOJEONAS| |ESPANOLES|Escritos |Sacados de | Escritos |Sacados del| escritos | | |por mi |la gramática| por mi |diccionario| por mi | | |en 1831. | manuscrita | en 1831. | | en 1831. | | | | de 1831 | | | | |————-+————-+——————+—————-+—————-+—————-| |Carillo |Ichemira | " |Humiro-raki| Numiro |Ichemira | |Oreja |Ichacaney| Chacané |Huichoca | Nuchoca |Ichacanan | |Ojos |Ikisé | Kisé |Yuki | Nuuqui |Ikise | +—————————-+——————+—————-+—————-+—————-+

He notado ademas que á estas palabras, escritas tal cual lo están en el diccionario, se encuentra unido un pronombre posesivo[1], cosa que debe existir tambien entre las otras tribus. Cada una de ellas tiene algunas palabras que le son peculiares; así pues, sobre cuatrocientos vocablos muchojeones, ciento quince tienen analogía con los de los Baures, y cuarenta y nueve son idénticos; al paso que, sobre el mismo número, cincuenta palabras de los Baures tienen analogía con las de los Moxos, y solamente cuatro son idénticas. El sistema de numeracion, que llegan hasta veinte entre los Baures y Muchojeones, está basado sobre el número de dedos de las manos y los piés. Los Moxos solo cuentan hasta el número tres.

[Nota 1: El pronombre posesivo nu, mi, lo mio, se adjunta sin duda alguna al nombre propio de las partes. Véase al Padre Marban, Arte de la lengua moxa, con su vocabulario: Lima; 1704; págs. 8 y 9.]

La sociabilidad y alegría, y una paciencia imponderable, son las cualidades características que distinguen á los Moxos. Mucho se aman entre ellos mismos, siendo susceptibles de un apego estremado para con los estrangeros. Son enemigos de la indolencia, defecto inherente á los moradores de los paises cálidos; así es que pasan la vida siempre en continua actividad. Sus numerosas poblaciones, compuestas de chozas muy bajas, se hallaban situadas por lo regular, sobre las riberas de los anchurosos rios, al borde de las lagunas, cerca de los bañados, en el centro de las llanuras y en medio de los bosques. Una supersticion religiosa los hácia creerse hijos del rio, del bosque ó del lago inmediatos al lugar donde habian nacido; por cuya razon consideraban á este como sagrado, y jamas se apartaban de él, viviendo siempre reunidos en grandes familias, y ocupándose activamente ya en la agricultura, ya en la pesca ó la caza. Efectuaban sus siembras y plantaciones en medio de los bosques, é iban á cazar y pescar en unas largas canoas, hechas de un tronco ahuecado, de las que tambien se servian para comunicarse, siguiendo el curso de los rios, ó cruzando, en tiempo de lluvias, los llanos inundados. Diestros navegantes, conocian perfectamente esas sinuosidades interminables de los numerosos rios de su territorio; y si guerreaban con sus vecinos, se presentaban al combate en sus canoas, armados del arco, de las flechas y de la pesada macana. En los momentos que les dejaban libres sus graves y laboriosas ocupaciones, gustaban de danzar y divertirse: casi todos ellos eran músicos y tenian unas flautas, semejantes á la zampoña, pero largas de mas de seis piés. El deseo de beber los licores fermentados, preparados de antemano para las fiestas religiosas á que asistian los vecinos y toda la aldea, motivaba casi siempre sus reuniones, que tenian lugar en un recinto comun, reservado para el caso.

Tolerábase entre ellos la poligamia, y no habia sumision recíproca entre los esposos, los que se desuinan, cada cual á su antojo, bajo el pretesto mas fútil, y muchas veces por formar otros lazos. La muger adúltera era castigada entre tanto, no solamente por su marido, sino tambien por todos sus deudos ¡tan grande era la veneracion que se tenia por la pureza de costumbres! Si durante la ausencia de un marido su muger llegaba á serle infiel, se consideraba de suma gravedad semejante falta, y los parientes se veian en la obligacion de vengar el honor de la familia, temerosos (en virtud de una estraña supersticion) de que el marido ó sus compañeros de viage fuesen víctimas de algun animal feroz; de que les sucediese cualquier otra desgracia, ó de que no se viesen favorecidos en el objeto de su espedicion. Si por acaso algo de esto acontecia á los ausentes, á su vuelta indagaban inmediatamente cuál era la culpable que les habia acarreado tal fracaso; y muy á menudo tocábale en suerte á la inocente el ser maltratada, ó verse cuando ménos obligada á divorciarse; empero, como el celibato era una cosa vergonzosa, ámbos esposos volvian desde luego á contraer matrimonio.

Es muy estraño que con un carácter tan apacible, tuviesen los Moxos algunos usos que deben reputarse de sumamente bárbaros. So pretesto de que los animales tan solo daban á luz muchos hijos á la vez, mataban á los gemelos. Habia madres que enterraban vivas á las criaturas porque nacian débiles, porque eran lloronas, y muchas veces solamente por no tener el trabajo de criarlas. Cuando llegaba á morir una india dejando algun hijo en edad tan tierna que necesitase aun del cuidado materno, sus parientes lo sepultaban juntamente con la que le diera el ser. Si alguna muger tenia la desgracia de malparir, sus deudos y todos los habitantes de la aldea conspiraban cruelmente contra la infeliz para arrojarla al rio, y ahogarla sin misericordia, persuadidos de que si así no lo hacian, se verian todos ellos atacados de disenteria: por lo tanto, la pobre muger, á quien tal accidente llegaba á suceder, se veia en la precision de ponerse inmediatamente en salvo, yendo á buscar en otra parte la conservacion de una existencia amagada por sus mismos parientes.

La industria estaba muy adelantada entre estos indígenas: los hombres fabricaban sus armas, iban á la caza, cultivaban la tierra con instrumentos de madera[1], pescaban á flechazos y construian sus canoas. Segun el decir de un autor no muy antiguo, pero recomendabilísimo por su veracidad[2], tenian tambien una especie de escritura. Esprímese á este respecto el mencionado autor, en estos términos: «Un indio moxo escribe los anales de su pueblo en una tabla ó pedazo de caña por medio de varios signos, cuya inteligencia y manejo pide mucha convinacion y una memoria feliz.» Entre tanto, los varones cultivaban la música. Las mugeres hilaban, tegian las vestimentas y las hamacas indispensables en un pais continuamente anegado, confeccionaban la vagilla de barro, y ayudaban á recoger las cosechas, ocupándose al mismo tiempo de las faenas domésticas. En sus festividades se adornaban todos ellos la cabeza con plumas de colores: los hombres se presentaban desnudos, ó cubiertos solamente con una especie de camisa sin mangas; las mugeres vestian la misma camisa, llevaban los cabellos sueltos y se pintaban la cara de negro y de rojo á imitacion de los indios; quienes se agujereaban ademas los labios y la nariz para adornarse con argolletas: un collarin, hecho con los dientes de sus enemigos muertos en el combate, era entre tanto el adorno que ostentaban con mas ufanía.

[Nota 1: Robertson, Historia de América, edic. españ., t. II, p. 104, se equivoca ciertamente cuando dice que los Moxos no conocian la agricultura.]

[Nota 2: Francisco Viedma, Informe general de la provincia de Santa-Cruz (manuscrito cuyo original poseo), 1787, pág. 89.]

Respecto du su organizacion gubernativa, vivian divididos estos indios en una multitud de aldehuelas, independientes las unas de las otras; y tenian á su cabeza un cacique ó gefe, cuya autoridad no les imponia el menor respeto; así es que en su primitivo estado no componian verdaderamente un cuerpo de nacion.

Su religion era una de las mas complicadas. Creíanse, como tengo dicho, hijos del lago, del bosque ó de la orilla del rio en que vivian, por cuya razon nunca se alejaban de su recinto. Por lo demas, cada pueblo tenia una creencia diferente; confiaban los unos en la merced de ciertos dioses solteros ó casados que presidian á las siegas, á la pesca y á la caza; otros profesaban un respeto temeroso á los dioses del trueno. Las sectas eran variadas en sumo grado. La mas general, y que tenia un culto esterior mas aparente, reverenciaba al tigre, erigiéndole altares cuyos sacerdotes ó Comocois eran aquellos individuos escapados al furor del sangriento animal. Efectivamente, cuando alguno llegaba en sus viages á libertarse de las garras de esta fiera, se le consideraba como un favorito del Dios, y digno por lo tanto de desempeñar en lo sucesivo el cargo de su sacerdote, poseyendo desde luego el don de sanar las enfermedades, y siendo una de sus atribuciones saber el nombre de todos los tigres de la comarca. No obstante, para ser investidos de tan alta dignidad, los nuevos sacerdotes tenian que someterse durante dos años á un régimen de ayunos, de continencia absoluta en sus relaciones con las mugeres, y á la abstinencia de comer pescado so pena de ser devorados por el tigre. Cuando algun individuo mataba un tigre, ó le acertaba un flechazo, tenia que buscar en el instante al sagrado ministro, á fin de saber el nombre del animal muerto ó herido para adoptar este nombre por suyo, dejando el que sus padres le dieran al nacer.

Hacian entretanto pomposas ceremonias á la muerte de un tigre, creyendo que de este modo se mantendrian siempre en la gracia del Dios de estos animales. Cada indio daba principio á un largo ayuno, se cortaba una parte del cabello, y permanecia muchos dias sin traspasar el umbral de su habitacion. Colocábase la cabeza del difunto, adornada con una peluca de algodon de varios colores, en el gran cuarto destinado para beber en comunidad la chicha que se preparaba para el caso, y de la que venian todos á participar en el punto de reunion; donde los sacerdotes del tigre brindaban á los dioses, sirviéndose de vasos especiales, y anunciando que por la noche conversarian con los manes de la fiera.

A mas del Comocois, ó sacerdote del tigre, habia otros sacerdotes llamados Tiarauquis (los de la vista perspicaz). Estos ministros, los mas venerados, eran elegidos entre los Comocois, cuando algun espíritu, invisible para los demas, se presentaba á ellos y los aletargaba por algunos instantes. Tenian finalmente infinidad de sectas, y hasta profesaban estos indios un politeismo que habian recibido de sus padres. En su religion dominaba el temor á la esperanza, por lo que se dejaban llevar del fanatismo, y de mil necias supersticiones que influian sobre las acciones de su vida privada. Los sacerdotes eran reputados por médicos y practicaban succiones curativas. Todos creian en la existencia de otra vida.

ITONAMAS.

Bajo esta denominacion existia una nacion que era de las mas numerosas de la provincia de Moxos. Esta nacion, que probablemente se dió ella misma el nombre que lleva, habitaba la parte nordeste de la provincia, sobre las riberas del rio Itonama, desde la laguna grande hasta cerca de su confluencia con el rio Machupo; es decir entre los grados 13 y 14 de latitud sud, y los 65 y 67 de longitud oeste de París. Desparramados en otro tiempo en varias tribus sobre los terrenos ménos inundados y en medio de las selvas que guarnecen las orillas de su rio, tenian por vecinos, hácia el norte, á los Ites ó Iténes; hácia el este á los Baures; hácia el oeste á los Canichanas; y hácia el sud á los Moxos.

La tez de los Itonamas, mas oscura que la de los Moxos, es igual á la de los Chapacuras. Su estatura parece ser por lo general una de las mas pequeñas de la provincia: los mas altos tienen apénas cinco piés y cuatro pulgadas: las mugeres guardan la proporcion ordinaria.

Los Itonamas difieren tambien muchísimo de las otras naciones de Moxos en cuanto á las formas. Muy léjos están ellos de tener esa estructura herculánea, esa bizarra corpulencia de los otros indígenas; y si bien sus espaldas son bastante anchas, el resto de su cuerpo, flaco y endeble, parece estar revelando la falta de fuerzas. Sus piernas son tan delgadas y con unas articulaciones tan sobresalientes, que fácilmente se distinguiria á un indio de la nacion itonama entre los naturales de las otras naciones. Las mugeres, aunque tambien enjutas, lo son sin embargo en un grado ménos aparente que los hombres: por el contrario, siendo de menor corpulencia, parecen mejor formadas que las de los pueblos comarcanos.

Si se advierte una diferencia muy marcada en la estatura y las formas de los Itonamas, comparadas con las de los Moxos, no es ella tan notable en cuanto á las facciones: no obstante, la cara de los Itonamas, aunque con el mismo detalle de formas, parece ser ménos rolliza y mas larga que la de aquellos naturales; los juanetes del carrillo son mas sobresalientes; la cabeza en general es mas chica y su frente mas estrecha. Tienen los ojos pequeños y horizontales. El aspecto de los varones es afeminado, y su barba, cuando la tienen, sumamente despoblada. Su fisonomía, que anuncia por lo comun la timidez y la tristeza, es vivaz sin embargo, y ofrece el tipo de la falsedad y de la astucia: empero las facciones de los hombres nada tienen de repugnante, y hasta hay algunos que pueden pasar por agraciados. No es dable decir otro tanto de las mugeres, que son generalmente feas.

El idioma de los Itonamas, enteramente distinto de los dialectos de las otras naciones de la provincia, no carece de armonía; y si bien es duro para la pronunciacion de muchas palabras, la gran cantidad de vocales que emplea lo hacená veces eufónico. La mayor parte de los vocablos, que componen este idioma acentuado, terminan en vocales, y los muy contados que se apartan de la regla general, acaban en t, m, s, y en la ch francesa: la j española es poco empleada, y casi siempre toma el sonido compuesto de las letras que la acompañan, como jna, jle, etc.; la u nasal es rara, la f y la x son absolutamente estrangeras; tambien se encuentra la e muda de los Franceses, pero poquísimas veces. No existe, entre tanto, ninguna anomalía con respecto á los nombres de las partes del cuerpo. La terminacion de los adjetivos es inalterable, ya se adhieran á un sustantivo masculino, ya á un femenino. Carecen por lo demas estos naturales de un sistema de numeracion, y solo saben contar hasta dos.

El carácter de los Itonamas, comparado con el de los Moxos, tambien presenta una diferencia notable: en vez de ser como el de estos, franco, leal, sociable y bueno, es un conjunto de todos los defectos contrarios á tales virtudes; los varones abrigan un estremado egoismo, y su astucia para las raterías no admite prioridad.

Vivia esta nacion, poco mas ó ménos como la de los Moxos, repartida en grandes tribus sobre las orillas de esos rios continuamente surcados por sus naturales, los que se ocupaban ya en la pesca ya en la caza ó la agricultura. Sus armas se componian del arco, de las flechas y de una macana de dos filos. Eran estos indígenas muy aficionados á la música, la danza, y mas que todo á los festines, donde reinaba el desórden, fomentado por el abuso de las bebidas fermentadas. En tales reuniones la inmoralidad llegaba á tanto, que se brindaban recíprocamente sus mugeres, obligándolas á prestarse ya al uno ya al otro de los concurrentes.

La sola particularidad que se advertia en cuanto á los trages de estos indios, era la desnudez de las criaturas de ámbos sexos, que hasta la época de su pubertad no llevaban otra cosa que una liga mas abajo de la rodilla, y otra en el empeine del pié; las niñas se ponian ademas un cinturon.

Es de suponer que el régimen gubernativo de los Itonamas no debia diferenciarse del de los Moxos. En cuanto á sus creencias religiosas, se asegura que no tributaban adoraciones á ninguna divinidad bienhechora; que temian sí, y muchísimo, á un espíritu maligno llamado Chukiva: creian, por lo demas, en la existencia de otra vida.

Cuando alguna persona caia enferma, se ponia inmediatamente en camino para ir á buscar asistencia en la casa donde habia nacido, por mucha que fuese la distancia. Si sus parientes presentian la proximidad de su fallecimiento, gran cuidado tenian de cerrarle herméticamente la boca, la nariz y los ojos, á fin de que la muerte no pasase de aquel á los otros cuerpos; y muy á menudo acontecia que, sofocando la respiracion de los pobres enfermos, se les daba la muerte cuando esta no era tal vez llegada.

CANICHANAS.

Esta es la denominacion que se han dado los naturales de la nacion mas guerrera, mas temible y anómala que se encuentra en la provincia de Moxos. Los Españoles que habitan las provincias circunvecinas no los designan bajo otro nombre: los Jesuitas los llamaban Canicianas[1].

[Nota 1: El P. Eguiluz, loc. cit., pág. 35 á 36.]

Si hemos de dar crédito á las tradiciones, la nacion canichana habitaba en las riberas del Mamoré, muy cerca de los raudales que dan orígen al rio Machupo, y tambien sobre el curso de este mismo, estendiéndose hasta el lugar donde hoy se encuentra la mision de San-Joaquin. Todavía se notan en las llanuras del oeste del Machupo, entre San-Joaquin y San-Ramon, las trincheras que estos indios habian construido para resguardarse de sus enemigos. Sus numerosas poblaciones[1] se hallaban comprendidas entre los grados 13 y 14 de latitud sud y los 67 y 68 de longitud oeste de París; y aunque enteremente aislados de todos sus vecinos, se mantenian siempre en guardia contra sus asechanzas: lindaban hácia el este con los Itonamas, al oeste y norte con los Ites, al sud con los Moxos, y al norueste con los Cayuvavas.

[Nota 1: El P. Eguiluz dice (pág. 55) que componian 70 pueblos.]

La tez de los Canichanas, mas morena que la de los Moxos, es poco mas ó ménos como la de los Chapacuras.

Tan altos como los Moxos, su estatura llega por lo regular á cinco piés y dos pulgadas. Las mugeres son pequeñas en proporcion á la altura de los hombres.

Sus formas corporales, idénticas á las de los Moxos, son algo mas rollizas y no tan desvahidas; tienen la espalda ancha, y sus fornidos miembros revelan la fuerza, sin estar espuestos á la obesidad. Las mugeres guardan las mismas proporciones que se advierten entre los Moxos.

Muy léjos están los Canichanas de tener como los antedichos un semblante abierto y revestido de dulzura; su aspecto es feroz y duro; su cabeza muy grande; su cara oblonga como la de los Tobas del Gran-Chaco; tienen los pómulos muy pronunciados; la frente pequeñísima y combada; la nariz ancha, corta y aplastada, y sus ventanas muy abiertas; la boca grande; los labios gruesos; los ojos hundidos, pequeños é inclinados por la parte de arriba á su ángulo estremo; las orejas chicas; las cejas arqueadas; el cabello y la barba lo mismo que los demás indígenas de la provincia de Moxos. Su fisonomía es triste y de una fealdad repugnante; pero en vez de manifestar abatimiento esprime una ferocidad salvage. Las mugeres no tienen el menor atractivo; en ellas se descubren los mismos rasgos característicos que en los hombres: entre los niños tambien se nota la ausencia de la jovialidad y alegría; llevan entre tanto en sus semblantes la enseña de la malignidad é indisciplina.

El idioma de los Canichanas, que no contiene una sola palabra semejante á las de los otros idiomas de la provincia, es musical, muy acentuado, y duro á la audicion algunas veces por los sonidos guturales que resultan de ciertos vocablos compuestos de muchas consonantes juntas, como jl, tz, ts. Casi todas sus palabras terminan en vocal: esceptúanse algunas, cuyas terminaciones en ac, ec, ip, ij y ch son muy ásperas. La j española se emplea frecuentemente y conserva toda su dureza, sobre todo cuando se une con la l, como en la sílaba jla. La u nasal no existe, y los sonidos de la x y de la f son desconocidos, al paso que se hace mucho uso de la ch francesa y de la española. La lengua canichana es acaso la que presenta mas anomalías en cuanto á la manera como principian las palabras. Si en los idiomas de Chiquitos los nombres de las partes del cuerpo empiezan con una letra determinada, nótase la misma singularidad en el lenguage de las Canichanas, como se ve en los nombres eicokena (carrillo), encomete (oreja), culot (ojos), siendo esto comun á todo lo que respecta al físico del hombre. Hay empero una anomalía todavía mas singular, y es que las denominaciones de todos los objetos materiales, pertenecientes á los animales, á las plantas, á los minerales, y tambien á los astros, principian invariablemente por la letra n, como por ejemplo nicolara (mono), nitij (algodon), nisep (lago), nicojli (sol). Las otras consonantes se emplean solamente en los pronombres, verbos, etc. Los adjetivos pertenecen á los dos géneros. El sistema de numeracion solo alcanza al número tres. Finalmente, la pronunciacion se asemeja mucho á la de los Moximas y de los Itonamas.

El carácter de estos indios es tan estraño como sus facciones y su lenguage; léjos de ser sociable y lleno de franqueza como el de los Moxos, ó pusilánime como el de los Itonamas, es atrevido por demás, emprendedor, independiente, frio, disimulado, triste, taciturno, insociable, y sobre todo poco escrupuloso. Inclinados al hurto como los Itonamas, roban con tanta mas osadía cuanto que tienen la conciencia de ser temidos por las otras naciones, hasta el estremo de que se les deje impunemente entrar á saco en sus poblaciones. Debe entretanto hacerseles justicia de una bella prenda, su consecuencia y fidelidad, de que han dado repetidas pruebas. Mas á pesar de esto, no dejará de considerarse como un hecho maravilloso, el que con un tal carácter se hayan sometido tan fácilmente al yugo de los Jesuitas.

Segun los informes que he recogido, sus costumbres debieron ser sumamente guerreras. Tenian fortificaciones rodeadas de fosos, en las que moraba una parte de la nacion, operando de allí sus incursiones en el territorio de sus vecinos, los Itenes, los Cayuvavas y los Itonamas: estos últimos eran sobre todo los mas perseguidos, por ser los que ménos contrarestaban su pujanza. Si hemos de dar crédito á algunas relaciones, los prisioneros que caian en manos de estos indios eran comidos por ellos en solemnes festines. Dedicados principalmente á la pesca y á la caza, descuidaban la agricultura: su industria consistia únicamente en la construccion de canoas y en la fabricacion de armas; eran muy dados á la bebida y hacian uso de licores fermentados. Vestíanse de igual modo que las otras naciones de la provincia.

Nótase de particular en sus costumbres el ayuno riguroso de ocho dias que imponian á las muchachas que entraban en la edad núbil, y el regocijo y las libaciones con que celebraban en seguida este feliz acontecimiento. El temor que les inspiraba un genio maléfico, llamado Yinijama, era la base principal de su religion.

En cuanto á la tez, las formas y la estatura, los Canichanas no se apartan de los Moxos: por lo tocante á las costumbres y á la fisonomía, se parecen mas bien á los Tobas y Mbocobis del Chaco. Las singularidades de su idioma los pone en paralelo con los Moxos y Chiquiteños. Creo, por último, que los Canichanas pertenecen al ramal moxeño, pero que constituyen una anomalía tanto mas estraña, cuanto que se hallan circundados por pueblos que reunen un carácter de notable uniformidad bajo todas sus conexiones físicas.

NACION DE LOS MOVIMAS.

Por el tiempo de la conquista de la provincia de Moxos, los Movimas habitaban las llanuras del oeste del Mamoré, sobre las riberas del Yacuma, como á los 14 grados de latitud sud, y entre los 68 y 69 de longitud oeste de París. Hallábanse divididos en numerosos pueblos, situados sobre las orillas de los rios, y tenian por vecinos, hácia el sud y sudoeste á los Moxos, hácia el este á los Canichanas, y hácia el norte á los Cayuvavas; separándolos de estas naciones llanos inundados y selvas espaciosas.

La tez de los Movimas es idéntica á la de los Moxos.

Su estatura regular es de cinco piés y dos y media pulgadas; son por lo general de arrogante presencia, tanto los hombres como las mugeres; hay muchachas de diez y seis á diez y siete años que pueden competir con los varones en robustez y bizarría. La estatura ordinaria de las mugeres es de cinco piés, muy superior por consiguiente á la proporcion que debieran guardar con los hombres.

Las formas de los Movimas son por lo ménos tan robustas como las de los Moxos, y enteramente las mismas en cuanto á los detalles, con la sola diferencia de que las mugeres participan algo de las de los hombres. Los rasgos de su fisonomía, llenos de la mayor dulzura, tambien los asemejan á los citados indios: hay empero gran número de mugeres, que no solamente tienen un aspecto varonil, sino que carecen de esas facciones delicadas que caracterizan al sexo masculino de esta nacion: por lo regular la nariz de los Movimas es un poco mas ancha que la de los Moxos.

El idioma de los Movimas, aunque diferente de los otros de la provincia en cuanto al fondo, se parece mucho, por la dureza de sus sonidos y lo difícil de su pronunciacion, al de los Canichanas y de los Itonamas, siendo quizas aun mas duro que estos. Tiene tambien en la composicion de sus vocablos muchas consonantes juntas, como tch, ch, chl, jn, jl, jr, lj y ts, que producen sonidos sumamente ásperos: casi todas las voces terminan en vocal; las muy contadas que se apartan de la regla, finalizan en las consonantes l, n, w, p, s, en ch francesa y en ch castellana. Empléase con frecuencia la j de los españoles: la u nasal y la f son desconocidas. Por lo demas, no ofrece este idioma anomalías aparentes: los adjetivos se acomodan á los dos géneros. El sistema de numeracion no pasa del cuatro, tampoco tiene relacion alguna con el número de los dedos.

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