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Cuentos populares en Chile

37. LAS TRES MENTIRAS.

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Un campesino, al morir, dejó por toda herencia a los tres hijos que tenía la cantidad de trescientos pesos. Los dos mayores, que eran muy ambiciosos, querían adueñarse de toda la cantidad; y a fin de que uno solo se quedara con ella, propusieron al menor dejar enterrada la plata y salir a rodar tierras por un año, y entregarla al que, al volver, contara la mentira más grande. Aceptó la proposición el menor, y salieron. Al año justo se juntaron los tres en el mismo punto en que se habían apartado, que era donde habían enterrado el dinero, y después de abrazarse, comenzó el mayor:

—Yo, hermanitos, he trabajado durante todo el año de chacarero, y una vez planté una mata de garbanzos que creció tanto, tanto, que llegó hasta el cielo.

—¡Grandaza está la mentira!—dijeron los otros dos.

—Ahora diga la suya, hermano—dijo el mayor al segundo.

—Yo—dijo éste—estuve trabajando en una hilandería, y torcí en una ocasión un hilo tan largo, tan largo, que mientras yo lo tenía de una punta la otra llegaba al cielo.

—Bien regrande la mentira—dijeron los otros dos.—A usted, hermanito, le toca decir la suya.

—Yo—dijo el menor—no trabajé en nada fijo, sino en lo que me tocaba; yo a todo le hacía. Una noche que venía por un camino muy solo, me puse a torcer un cigarrito, y cuando lo fuí a encender, me encontré con que no tenía fósforos, y mientras tanto, ya me moría de ganas de fumar. ¿Qué hice entonces? Divisé una luz en la Luna y subí hasta ella a encender mi cigarro.

—¿Y por dónde subiste?

—Por el hilo que tú torciste.

—¿Y por donde bajaste?

—Por el garbanzo que tú plantaste.

Los trescientos pesos le correspondieron al menor, que era el menos ambicioso y que ni siquiera se había preocupado en todo el año de urdir su mentira.

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