ÉPOCA SEGUNDA DESCUBRIMIENTO SIGLOS XV y XVI
Reading edition
TÍTULO PRIMERO. Antecedentes del descubrimiento.
CAPÍTULO I. EXPLORACIONES PRE-COLOMBIANAS
1.—Viajes dudosos. 2.—Islandia y sus Vikingos. 3.—Las Sagas. 4.—Vinlandia 5.—Importancia de estos viajes. 6.—El Este y el Oeste 7.—Las rutas medioevales. 8.—Los Turcos Otomanos. 9.—La Geografía Medioeval 10.—Viajes italianos. 11.—Los Portolanos. 12.—La brújula y el Astrolabio. 13.—Enrique el Navegante. 14.—El Cabo Bojador. 15.—El Cabo de Buena Esperanza. 16.—Resultados de estos viajes.
Viajes dudosos.
1.—Hay algo de doloroso y solemne en el espectáculo histórico de la vida humana, desarrollándose durante siglos en dos hemisferios distintos, sin que los pueblos del uno tuvieran la menor idea de la existencia de los del otro. El verdadero contacto entre el mundo Europeo y el Americano, empieza á fines del siglo xv. Es posible y hasta probable, que con anterioridad á esta fecha algunas embarcaciones Japonesas fueran arrastradas por las corrientes oceánicas hasta las costas del Oregón ó California; que algún marinero francés, navegando hacia el Africa, fuese á parar á las costas Brasileñas; que los Arabes del siglo xii, llegaran hasta las Canarias y las Azores, ó que arribaran á los bancos de Terranova los audaces balleneros Bascos. No hay razones para negar estos hechos, ni tampoco pruebas ciertas para afirmarlos. No tienen, por otra parte, importancia alguna para la Historia Americana. Pertenece su estudio al campo del diletantismo erudito y no al de las investigaciones útiles y serias[477].

Fig. 317.—Casco en construcción á fines del siglo xv.

Fig.318.—Buque Genovés. Siglos xiv-xv.
Islandia y sus Vikingos.
2.—No sucede lo mismo con los viajes de los Normandos ó Vikingos en los siglos x y xi de nuestra era. No pudiendo soportar algunos señores feudales (jarls) de la Noruega del siglo ix, el tiránico yugo del Rey Haroldo, abandonaron su patria seguidos de sus fieles vikingos (reyes del mar). Familiarizados con el Océano y ansiosos de conquistar con sus hazañas un lugar preferente en la Walhalla heróica, dirigieron sus afiladas proas á lejanas tierras. Atravesaron algunos el Mediterráneo para pelear en Bizancio; singlaron otros hacia Escocia é Irlanda, y se refugiaron los más en las costas septentrionales del Atlántico. Uno de estos guerreros vikingos descubrió la Islandia, fundando entre sus fiords una pequeña aldea (Reikjavik) que, aumentada por inmigraciones sucesivas y enriquecida por las aventuras comerciales y piratescas de sus habitantes, llegó á convertirse después de medio siglo en colonia aristocrática y floreciente.

Fig. 319.—La Islandia de Olaus Magnus (1539).
Las sagas.
3.—Vinculados más ó menos estrechamente con su antigua patria, conservaron estos vikingos sus tradiciones y costumbres. En los obligados ocios de sus largos inviernos árticos, recitaban con fruición sagas ó relatos históricos y poéticos, que escritos con el correr de los siglos (xiii y xiv) por pacientísimos cronistas, nos dan clara idea de la mitología, carácter é historia de la Noruega é Islandia de los siglos medios. Son estas sagas concisas y realistas. Su estilo sencillo y vibrante, refleja la veracidad y rudeza de sus héroes. Se consideran por los estudiosos, como fuentes históricas dignas de crédito[478].
Vinlandia.
4.—Varias de estas crónicas, y en especial la de Erico el Rojo (Eyrikssaga Rauda), nos cuentan que en el año 876 un atrevido navegante llamado Gunnbjörn, descubrió las costas de Groenlandia, donde los hielos le obligaron á invernar.

Fig. 320.—El Príncipe Enrique el Navegante.
Más de cien años pasaron sin que volviera á hablarse de tal suceso, hasta que Erico el Rojo (983), visitó las costas descubiertas por Gunnbjörn, dándolas, por su vegetación, el nombre de tierra verde (Groenlandia), y estableciendo en ellas una colonia. En 986 Bjarni Herjulfson, navegando hacia Groenlandia, entrevió las costas del Sur. El célebre Leif, hijo de Erico el Rojo, impresionado por la conversión del Rey Olaf, de Noruega, introdujo el cristianismo en Islandia y Groenlandia, y deseoso de aventuras marítimas emprendió en el año 1000 una expedición hacia el Sur descubriendo extrañas tierras, á las que dió los nombres de Helulandia (tierra de piedras), Marklandia ó tierra de la madera (Nueva Escocia) y Vinlandia ó tierra de la vid. En la primavera del año 1001 volvió á Groenlandia con un rico cargamento de madera.
En el año 1007, Thorfin Karlsefin, rico comerciante de Islandia, equipó tres ó cuatro naves para reconocer las nuevas tierras, y llegó á las costas de Vinlandia. Trató de establecer allí una colonia, pero la hostilidad de los indígenas (Skrelingos) le hizo abandonar su empresa. Atacados furiosamente en el año 1010, Thorfin, con los que sobrevivieron después de la refriega, volvió á Groenlandia con la escasa madera que pudo recoger.
Prescindiendo de la trágica expedición de Thorvard (1011-1012), no vuelven á mencionar las sagas ninguna otra exploración ó colonización de la Vinlandia de Leif, etc., situada, según la opinión más probable, en las inmediaciones del Cabo Cod (38° lat. Norte)[479].

Fig. 321.—Marco Polo.
Importancia de estos viajes.
5.—Estos viajes de los Normandos nada añadieron al caudal de conocimientos geográficos de la Edad Media. Fuese por la distancia, ó por lo precario de sus resultados comerciales, hasta en Islandia misma se miraron sin interés. No puede, pues, afirmarse en absoluto, que los normandos del siglo x descubrieran América. En el Hemisferio Oriental, las expediciones Islandesas no dejaron más recuerdo que el relacionado de las sagas, y en el Occidental no tuvieron más alcance que el de pelear con algunos grupos indígenas (acaso Algonquinos) y cortar unos cuantos árboles. Es altamente probable que Leif Ericsson y sus Vikingos llegaran con sus naves á costas que hoy sabemos ser las de América, pero es absurdo atribuir á tales aventuras aisladas mayor importancia histórica que la que tienen en realidad. Con y sin los mencionados viajes de los Normandos, siguió Europa ignorando la existencia de América, hasta que descubrió Colón sus primeras costas.

Fig. 322.—Astrolabio de Regio Montanus (1468).

Fig. 323.—Mapa Catalán del 1375.
El Este y el Oeste.
6.—El lujo de la Europa Medioeval se alimentaba principalmente con los productos del Asia menor, India, China, Arabia y Persia. Los diamantes de Golconda, los rubíes del Oxus y Ceylan, los zafiros y amatistas de Cambay y las perlas de la India, eran codiciadísimos en los alcázares y cortes Europeas. Las especias, las drogas, perfumes, tintes y maderas de olor, de Siam y China; el cristal de Samarcanda y Kadesia, los tejidos de Damasco, etc., etc., eran objeto de provechosísimo tráfico. Las ciudades del Oriente (Calicut, Pulicat, etc.) eran en la Edad Media los mayores mercados de objetos suntuarios. Europa entera dependía de ellas para satisfacer sus fastuosos hábitos y en cambio de tales productos, Europa proporcionaba al Oriente sus lanas y sus metales. La balanza de comercio se inclinaba sin embargo al Oriente, y las exportaciones y ventas de la India, Persia y Arabia, dominaron siempre á las importaciones Occidentales.
Desde tiempos antiguos, el Este y el Oeste estuvieron comercialmente vinculados. En los tiempos bíblicos de José, los mercaderes Ismaelitas llevaban ya bálsamos y myrra de Gilead al Egipto. Salomón dominó las rutas de Tadmor al Mar Rojo. El Berenice de Ptolomeo Philadelfo, era importante puerto de mercantiles traspasos. Los caminos Romanos siguieron en Siria y Asia Menor antiguas vías comerciales, y las rutas medioevales aprovecharon á su vez los caminos Romanos. El Continente Europeo anheló siempre las riquezas del Asiático[480].

Fig. 324.—Islas fabulosas según miniatura del siglo xv.
Las rutas.
7.—Por tres principales rutas llegaban hasta Europa los codiciados productos del Oriente. La ruta marítima más meridional arrancaba de China y Japón, concentraba los productos en Malaca, y desde allí, por la costa de Malabar, seguía hasta Ormuz, y por el Mar Rojo hasta el Cairo, de donde pasaba á Alejandría y el Mediterráneo. La más septentrional adquiría generalmente sus productos en las costas occidentales de la India, embarcándolos hasta Ormuz y Bagdad (por el Tigris) y conduciéndolos desde allí en caravanas hasta Tabriz (Persia), el mar Caspio y el Mediterráneo. Además de estas rutas marítimas, que eran las más comunes en la Edad Media, seguían los mercaderes otra terrestre más larga, difícil y erizada de peligros, á través del desierto chino de Obi hasta Kashgar, Samarcanda, etc.; desde allí á Astrakan y el mar Caspio, y luego por el Don y el Volga hasta Crimea y las costas del Mar Negro.

Fig. 325.—Atlas de Santarem. Fines Siglo xv.

Fig. 326.—Parte del Portolano Laurenciano.
Claro es que todos estos caminos eran inseguros y árduos. Había que atravesar desiertos, escalar montañas, luchar con los piratas de mar y tierra, afrontar las tempestades del Océano Indico y sufrir extraordinarias penalidades; pero á pesar de tan gravísimos obstáculos, las ciudades levantinas de Alejandría, Tana, etc., estaban siempre llenas de productos orientales, que las embarcaciones Italianas, Españolas ó Provenzales, llevaban á sus respectivos países. Los Italianos llegaron á tener en Alejandría, Constantinopla, Damasco, Alepo, etc., establecimientos fijos (fondachi), desde donde repartían las mercancías del Oriente á las ciudades del Mediterráneo. La célebre Venecia fué el prototipo de tales ciudades. De su puerto salían numerosas flotas para España, Portugal y Flandes, y bien guardadas expediciones terrestres, que atravesando los Alpes comerciaban en los valles del Rhin y el Danubio. El mayor conocimiento de las riquezas del Este después de las Cruzadas (1096-1291), aumentó este activísimo y provechoso tráfico, y durante los siglos xiii y xiv surcaron el Mediterráneo numerosísimas naves, galeras y argosias que llevaban á Alejandría maderas, metales y otros productos Europeos, y volvían con sedas, especias, piedras preciosas, etc., á las costas Españolas é Italianas[481].

Fig. 327.—Descubrimiento de Groenlandia.
Los Turcos Otomanos.
8.—Al finalizar la Edad Media, las tierras y costas frecuentadas por los comerciantes Europeos, sufrieron cambios políticos que hicieron impracticables las rutas que dejamos apuntadas. Surgieron avasalladores los Turcos Otomanos, y sus feroces caudillos rindieron en poco tiempo y á sangre y fuego hasta Constantinopla y el Bósforo. Sus sanguinarias huestes saquearon ó destruyeron los fondachis, asesinaron ó esclavizaron á los mercaderes y arrebataron el dominio comercial del Mediterráneo á Venecia y á Génova, que pretendieron oponerse á sus devastadores avances. Todos los caminos comerciales entre el Asia y Europa cayeron bajo su tiránico y bárbaro dominio, y los métodos de cambio, los medios de transporte, el sistema comercial entero que traía á Occidente las riquezas del Oriente, quedó interrumpido y aniquilado.
La demanda de tales riquezas persistía y aumentaba. La consolidación de las Monarquías feudales hizo á las naciones Europeas del siglo xv más ricas y prósperas; avivó en sus potentados el afán de lujo y adorno, y acrecentó su deseo de adquirir los codiciados productos del Asia. Se hizo necesario por ello encontrar nuevos caminos para llegar á la India, nuevas vías comerciales que permitieran al Occidente reanudar su activa comunicación con los mercados Orientales[482].

Fig. 328.—El cosmógrafo Martín Behaim.
La Geografía medioeval.
9.—Hasta la mitad del siglo xiii, el conocimiento de tierras y mares de la generalidad de los estudiosos no era mayor que el de los Griegos y Romanos del siglo i.º Las obras de Ptolomeo y Pomponio Mela, eran artículo de fé para los geógrafos de la Edad Media. Ni las visitas de Arabes é Judíos al Oriente, ni las Cruzadas mismas que se desarrollaron en territorio restringido, aumentaron tales conocimientos. El Océano Atlántico (mare tenebrosa) era el nebuloso y terrífico límite del mundo. Creían los ignorantes que el agua hervía en el Ecuador, y que los pavorosos dragones, monstruos y endriagos del mar ignoto, tragarían sin remedio al que osase surcarlo. La idea misma de la esfericidad de la tierra, familiar desde los tiempos de Aristóteles á todos los hombres de cultura, se desconoció por el vulgo de la Edad Media. Los navegantes y cosmógrafos, los hombres como Dante y Colón, no dudaron jamás de tal esfericidad; pero teólogos hubo que, interpretando á su antojo bíblicos textos, la pusieron en tela de juicio. El mundo habitable para la Edad Media se reducía á los tres continentes de Europa, Asia y Africa, que formaban una masa contínua y extendida en parte del globo. El resto del mismo se juzgaba cubierto de mares de navegación imposible. Los tres continentes no se conocían totalmente, y sobre mucho de lo conocido ó explorado sólo se tenían ideas vagas ó fabulosas y erróneas. Los pocos mapas que existían estaban basados en tradiciones y leyendas. Eran códices ilustrados y caprichosos, repletos de tradiciones y referencias literarias, meras descripciones sentenciosas sin justeza alguna geográfica. La revolución intelectual que había de desarraigar estas equivocaciones y prejuicios, fué iniciada y favorecida por el Renacimiento Italiano, continuada por los Portugueses y coronada por el descubrimiento de América[483].

Fig. 329.—El Imperio Veneciano y sus factorías comerciales (siglo xv).

Fig. 330.—Rutas comerciales entre Europa y Asia (siglo xiv y xv).
Viajes italianos.
10.—A mediados del siglo xiii se hicieron en Italia algunos viajes cuyas relaciones circularon rápidamente. El misionero Franciscano Juan de Plano Carpini, atravesó el Sur de Rusia y las estepas del Turkestan, llegando á los territorios del Khan Karakorúm de Mongolia y escribiendo á su vuelta una curiosa relación de su jornada. Años después, Guillermo de Rubruquis fué enviado por Luis XI á visitar al Emperador Mongólico. De su viaje á través del Cáucaso, Persia y Siria, nos legó un relato más amplio y preciso que el de Carpini. Los viajeros Monte Corvino y Pordenone siguieron el ejemplo de los anteriores y, como ellos, escribieron sendos libros.
Los más notables de toda esta pléyade de exploradores medioevales fueron los mercaderes Venecianos Nicolás y Mateo Polo, y su sobrino Marco que en jornadas sucesivas llegaron al Cathay (Norte de China) permaneciendo más de veinte años en la fastuosa corte de Kublai Khan, donde Marco alcanzó dignidades importantes. Volvieron á Italia en 1292, por el Tonkin, Java, Bengala, Ceylan y el Mar Rojo, tardando en el viaje tres años. La celebérrima relación de estos viajes, escrita por Marco Polo en los tristes días de su cautiverio en Génova, impresionó más que ninguna otra las imaginaciones medioevales. El célebre Cathay, con sus riquezas fabulosas y ciudades enormes; el Cipangu (Japón), maravilloso y próspero; las "12.700 islas", del Archipiélago del Océano Indico, etc., etc., preocuparon hondamente á los navegantes de posteriores siglos. Como más adelante veremos, el descubridor de América anotó y estudió estas relaciones con atención predominante y especialísima.

Fig. 331.—El mundo de Fra Manro (1439).

Fig. 332.—Cabo de Buena Esperanza.
Los viajes Italianos hacia el Oeste, contribuyeron también á esclarecer y precisar las ideas geográficas de la época. En 1270, Lancelote Malocello llegó hasta las islas Fortunadas (Canarias). En 1291, Tedisio Dona y Ugolino Vivaldi, pasaron el estrecho de Gibraltar é hicieron rumbo al Sur en demanda de la India, pereciendo en su audaz empresa. Las Azores y Madeira fueron conocidas por los navegantes Italianos (siglo xiv) antes de su definitiva ocupación en el siglo xv[484].
Los Portolanos.
11.—Los geógrafos, astrónomos y experimentadores Italianos, contribuyeron también y muy eficazmente á facilitar las navegaciones medioevales. Los célebres "portolanos" ó cartas marítimas sustituyeron á los antiguos mapas, llegando durante los siglos xiv y xv á sorprendente exactitud geográfica. Produjeron tales portolanos una verdadera transformación de la cartografía de los siglos medios; marcaron en mares y costas con relativa precisión los más frecuentados rumbos, y se hicieron indispensables para los navegantes.

Fig. 333.—El Mundo de Ptolomeo.
Sin embargo, el objeto principal de estos "portolanos", base de los mejores mapas del siglo xv, fué asegurar la navegación del Mediterráneo, y no se extendieron más allá de sus mares y puertos.
La brújula y el astrolabio.
12.—Por consiguiente, todo lo que fuera en el siglo xiv pasar del paralelo 27, en Africa; del 60, en Europa, ó de las Islas Azores, era navegar en lo ignoto y peligroso. Para tales navegaciones de altura se requerían instrumentos náuticos que permitieran calcular con exactitud singladuras y derroteros. Las propiedades de la aguja magnética fueron conocidas en los siglos medios, pero su uso no parece haber sido general en la navegación hasta fines del siglo xiv. Se atribuye tradicionalmente su propagación á los pilotos de Amalfi. A mediados del siglo xv, la brújula, provista de su "rosa de los vientos" y montada en aparatos especiales, era un elemento infaltable en el equipo de los navegantes, y fué conocida y usada por los principales cartógrafos.
El astrolabio, predecesor del quintante y sextante, se usó también en el siglo xv por los marinos Italianos, y en rudimentaria forma los cronómetros y tablas astronómicas necesarias para fijar la longitud por la altura de los cuerpos celestes, y la medida de las diferencias de tiempo. La posibilidad de calcular aproximadamente las latitudes, longitudes y rumbos, hizo factibles las navegaciones extensas y animó á los navegantes del siglo xv, á emprender la serie de exploraciones marítimas que condujeron gradualmente al conocimiento de América[485].

Fig. 334.—Buque del siglo xv.
Enrique «El Navegante».
13.—Los verdaderos iniciadores de las exploraciones referidas fueron los marinos portugueses que, alentados por el Gran Príncipe "Enrique el Navegante", descubrieron las costas Occidentales y Meridionales del Continente Africano.
En el año 1419, el Príncipe Enrique, hijo de Juan II de Portugal, estableció en el célebre promontorio de Sagres un centro activísimo de exploraciones geográficas. Enrique era virrey de los Algarves y Gran Maestre de la Orden del Cristo. Sus talentos militares eran famosos en la Europa de la época. El Papa Martín V, el Rey Juan de Castilla y Enrique de Inglaterra, le ofrecieron el mando de sus ejércitos. Rechazadas tan gloriosas ofertas, se retiró á los Algarves y dedicó sus energías y su genio al progreso de la navegación y los descubrimientos. Su expedición al Africa le hizo conocer las rutas de los mercaderes de Tunez y Gambia; aprendió después todo lo que la geografía medioeval podía enseñarle, estudió el uso de cartas é instrumentos náuticos, atrajo á su corte á los más hábiles marinos extranjeros y convirtió el puerto de Lagos en el punto de partida para viajes lejanos, más célebre del siglo xv. Su ardiente celo de cruzado, su deseo de propagar el cristianismo en tierras de infieles, su voluntad firmísima y bien inclinada (talent de bien faire, era su enseña), su instinto de explorador y su genial curiosidad científica, le hicieron anteponer á todo los intereses de la ciencia geográfica. Consiguió inculcar á sus capitanes su entusiasmo y su espíritu, perfeccionó buques, instrumentos y cartas, equipó y costeó expediciones, y creó y sostuvo hasta su muerte aquella admirable Escuela Náutica de Sagres, donde se formaron la mayor parte de los cosmógrafos, viajeros y pilotos, que transformaron, con sus descubrimientos y sus viajes, la historia y el comercio del Mundo[486].

Fig. 335.—La Mar Tenebrosa (Olaus Magnus).
El Cabo Bojador.
14.—Preocupóse primero el Príncipe Enrique de la exploración y colonización de Madeira, Porto-Santo, etc., que duró algunos años (1418-25), para afrontar el problema del Cabo Bojador que nadie osaba doblar en aquellas épocas. Y no era, por cierto, falta de valor lo que detenía á los marinos portugueses, sino la novedad del caso, porque llegar al Cabo referido era penetrar en la terrible zona tórrida, en la mar tenebrosa de los antiguos, importaba traspasar los límites legendarios del Cabo Non del que, según el proverbio medioeval, se volvía ó no se volvía. (Quem passar ó Cabo de Não, ou voltará ó Não).
En el año 1434, Gil Eannes, uno de los marinos más audaces de Sagres, intentó la temeraria empresa. El éxito coronó sus esfuerzos. Dobló el terrible Cabo, desembarcó en las costas y volvió á Portugal, trayendo á su Príncipe, como símbolo de vida, un manojo de rosas cogidas en la que hasta entonces se creía región del fuego y de la muerte. El viaje de Gil Eannes marcó una era de descubrimientos. Traspasada la secular barrera y desvanecido el terror á lo ignoto, los viajes marítimos hacia el Sur adelantaron rápidamente. En 1441 Nuño Tristán dobló el Cabo Blanco, en 1442 exploró Gonzálvez el Río del Oro (Río d'Ouro), en 1460 descubrió Diego Gómez las islas de Cabo Verde, y en 1462 llegó Cintra á Sierra Leona y entrevió las Costas de Guinea[487].

Fig. 336.—Buque Normando (Tapicería Bayeux).
El Cabo de Buena Esperanza.
15.—El espíritu investigador del Gran Príncipe Enrique no se extinguió con su muerte (1460). La obra iniciada en Sagres fué continuada en los reinados de Alfonso V y Juan II con creciente empeño. En el año 1472 Juan de Santarem y Pedro de Escobar cruzaron el Ecuador desde las costas de Guinea; tres años más tarde descubría Fernando Póo, la isla de su nombre; en 1484 llegaba Diego de Cam á la embocadura del Río del Congo, y en 1485 hasta el grado 22 latitud Sur. Arraigaron estos viajes la convicción geográfica de que navegando hacia el Sur, y á lo largo de las costas de Guinea, se llegaría al fin de la tierra africana y se erigieron en los puntos descubiertos pilares representativos de la posesión é indicadores de las etapas sucesivas del camino á la India.

Fig. 337.—Buque Veneciano (siglos xiv-xv).
Finalmente, en 1486, Bartolomé Díaz partió de Lisboa y dobló la extremidad meridional del Africa. Adelantóse hacia el Oriente, pero su tripulación sublevada rehusó seguir adelante. Bartolomé Díaz tuvo que retroceder. Por las tempestades sufridas en la punta Africana, la puso el nombre de Cabo Tormentoso. D. Juan II, al oir la relación del viaje de su Capitán, cambió tan siniestro nombre por el de Cabo de Buena Esperanza. El suceso conmovió á Portugal y fué inmortalizado por sus poetas. Se había encontrado el ansiado paso que conducía á Cathay y á la India, la ruta marítima hacia el Oriente, que los viajes posteriores de Vasco de Gama (1496), y Alburquerque (1563), abrieron al comercio mundial[488].

Fig. 338.—Descubrimiento de los Portugueses en Africa (siglo xv).
Resultados de estos descubrimientos.
16.—Los resultados políticos y geográficos de estas exploraciones no se hicieron esperar. La extensión de las tierras descubiertas, el oro que en pequeñas cantidades trajeron de ellas algunos navegantes, y acaso los beneficios del naciente tráfico de esclavos negros, cuyo futuro y cruel desarrollo no pudo Enrique el Navegante alentar, y menos preveer, determinaron al Pontífice Eugenio IV á conceder á los Monarcas portugueses el dominio de las tierras que más allá del Cabo Bojador (con inclusión de las Indias) descubrieran.
Desarrollaron, por otra parte, estos viajes, la navegación y la ciencia geográfica. Las embarcaciones portuguesas (barca, barinel, nao, berganttín, etc.) y en especial las carabelas de velas latinas, preferidas por sus condiciones marineras para viajes difíciles, fueron las mejor construídas y equipadas de su tiempo. Los pilotos, cosmógrafos y cartógrafos de Sagres y Lisboa, tanto portugueses como extranjeros, perfeccionaron los instrumentos náuticos conocidos y construyeron portolanos notables. Los monjes del monasterio Murano de Venecia (Fra Mauro, Fra Bianco, etc.), dibujaron, por orden y á expensas del Príncipe Enrique, el célebre mapa Camaldolese, acaso el más completo de su época. El sabio cosmógrafo alemán Martín Behaim, miembro durante años de la "Junta de Matemáticos" del Rey Juan II, introdujo en Portugal las célebres tablas astronómicas (efemérides), impresas años antes en Nuremberg, y construyó su afamado globo terráqueo. Las ideas de Ptolomeo y Pomponio Mela sobre la conformación de tierras y mares, cambiaron radicalmente[489].

Fig. 339.—La tumba de un Jarl Vikingo.
Entre los arriesgados y hábiles marinos que acompañaron al ilustre descubridor del Cabo de las Tormentas ó Buena Esperanza en su célebre viaje, estaba Bartolomé Colón, hermano menor del que luego había de descubrir el Continente Americano. Poco tiempo después y como más adelante veremos, le encontramos en Inglaterra negociando con sus monarcas el proyecto de su hermano Cristóbal que había concebido el genial designio de traficar con el ensoñado Oriente, de monopolizar sus riquezas, de llegar en fin al Cathay de Marco Polo, navegando hacia el Oeste.

Fig. 340.—Buque portugués (siglo xv).
Aquel oscuro navegante Genovés que había vivido año tras año en Lisboa, ignorado del mundo entero, iba á dar fin al período medioeval é incierto de los viajes Italianos y las exploraciones Africanas, iniciando gloriosamente la era de los grandes descubrimientos.


CUESTIONARIO
1.—¿En qué siglo conocieron los Europeos el Continente Americano?
2.—¿Quiénes eran los Vikingos, y cómo colonizaron á Islandia?
3.—¿Qué se entiende por Sagas y qué crédito histórico merecen?
4.—¿Cómo se descubrió la tierra llamada Groenlandia?
5.—¿Quién fué Leif y qué tierras descubrió?
6.—¿Qué importancia tienen los viajes de los Vikingos?
7.—¿Puede afirmarse que descubrieron la América?
8.—¿Qué relaciones comerciales existían en las Edades Antigua y Media entre el Occidente y el Oriente?
9.—¿De dónde venían á la Europa Medioeval las especias: sedas, piedras preciosas y demás objetos suntuarios?
10.—¿Por qué rutas llegaban á la Europa Medioeval los productos del Oriente?
11.—¿Qué importancia tuvieron en esta época las ciudades del Mediterráneo?
12.—¿Qué consecuencias tuvieron para el Comercio Medioeval las conquistas de los Turcos Otomanos?
13.—¿Qué ideas tuvieron los hombres de la Edad Media sobre la esfericidad de la Tierra?
14.—¿A qué se reducía para los Geógrafos medioevales el Mundo habitable?
15.—¿Qué carácter tenían los Mapas de la Edad Media?
16.—¿Qué expediciones notables hicieron los viajeros italianos del siglo xiii?
17.—¿Qué importancia tuvieron los viajes de Marco Polo?
18.—¿Qué adelantos geográficos suponen los portolanos?
19.—¿Qué navegantes vulgarizaron en la Edad Media el uso de la brújula y el astrolabio?
20.—¿Quién fué Enrique el Navegante?
21.—¿Qué importancia histórica y científica tuvo la Escuela Náutica de Sagres?
22.—¿Qué efectos produjo el descubrimiento del Cabo Bojador?
23.—¿Quién dobló el Cabo de Buena Esperanza y abrió la ruta marítima portuguesa hacia el Oriente?
24.—¿Cuáles fueron los resultados políticos de los viajes de los portugueses?
25.—¿Cuáles fueron sus resultados geográficos y qué mapas y globos notables se construyeron en este período?


REFERENCIAS
Generales.—Winsor, N. & I. H. of America. Vol. I y II Lavisse y Rambaud, Histoire Generale. Vol. II, III, IV. Fiske, Discovery of America. Vol. I. Robertson, Historia de América Vol. I. E. Potts Cheyney, European Background of American History. (N. Y. 1906). Gibbins, History of Commerce in Europe. Gunther, Das Zeitalter der Entdeckungen (1901). Carlo Errera, L'Epoca delle grandi Scoperti Geografiche (1902). Helps, The Spanish Conquest in America. Vol. I. Cambridge, Modern History, vol. I á IV. Janssen, L'Allemagne et la Reforme (Trad. París), vol. I. (Allemagne á la fin Moyen Age). Wakeman, Europe, 1598-1715 (1904), etc., etc.
Especiales.—Viajes de los Normandos.—B. Du Chaillu, The Viking Age; the early History, manners & customs. 2 vols., London 1889. Fischer, The Discoveries of the Norsemen in America. Gaffarel, Histoire de la Decouverte d'Amerique, etc., París, Vol. I, 1892.
Viajes Italianos, etc.—Burckhardt, The Civilization of the Renaissance in Italy, (1860-2 vols). Canale, Storia del Commercio dei Viaggi ... degl'Italiani (1866). Idem, Storia della Republica di Genoa (1858-1864). Brown, Venice: Historical Sketch, etc. (1893). Jurien de la Graviere, Les marins du xv et xvi Siecle (1879), etc.
Geografía y Comercio.—F. Vicomte de Santarem, Essay sur l'Histoire de la Cosmographie pendant le Moyen age (3 vols., 1849-1852). Beazley, The Dawn of Modern Geography. Vol. I y II (1897-1901). Kunstmann, Die Kenntniss Indiens in XV. Jahrhunderts (1863). Heyd, Geschichte des Levantehandels im Mittelalter (2 vols. Trad. Francesa-1885-1887). Nordenskiold, Facsimile Atlas to the Early History of Cartography (1889) etc., etc.
Viajes de los Portugueses.—Major, Vida do Infante Don Henrique de Portugal, etc. (Trad. Ferreira, Lisboa, 1876). Wauverman, Henry le Navigateur et l'Academie Portugaise de Sagres (1890). C. R. Beazley, Prince Henry the Navigator (1890), etc., etc.
Fuentes.—Normandos.—Snorri Sturlasson, Heimskringla (Trad. Laing. London 1844). Rafn, Antiquitates Americanae (Copenhague, 1837). Egede, Description of Greenland (London 1745). Laudnama-bok, (Trad. Ellwood. Londres, 1898). Reeves, The finding of Wineland the good. (N. Y., 1890), etc.
Geografía, viajes y comercio medioevales.—The Journeys of William of Rubruk & John of Plan de Carpine (Trad. Rockhill) (Hakluyt Soc. Series II-1900-núm. 4). Texts & Versions of Carpini & Rubruquis. (Ed. por Beazley. Hakluyt Soc. Extra Series 1903). Schafer et Cordier, Recueil de Voyages, etc., en especial, Voyages en Asie ... du ... Pordenone (Ed. Cordier). The Book of Ser Marco Polo the Venetian (Ed. Yule. Reimpresa con notas por Cordier, 1903), etc., etc.
Viajes de los Portugueses.—The first voyage of Vasco de Gama (Ed. por Ravenstein, Hakluyt Soc. 1898, núm. 99). Gomes Eannes de Azurara, Cronica do Descobrimento, etc. (Ed. Beazley y Prestage, núms. 95 y 100. Hakluyt Soc. 1896-1900). Barros, Décadas da Asia (Ed. 1852). Alguns Documentos do Archivo Nac. da Torre de Pombo acerca das Navegacões, etc., (1892), etc., etc.
Bibliografías.—Winsor, N. & C. H. of A. I, p. 33, 58, 76 y sig. II, pág. 24 y sig. Dodd-Mead, Cyclopedia "Iceland"—"Greenland"—"Sagas", etc. Las bien seleccionadas de Lavisse y Rambaud. Hist. Gen. Vol. II, III, IV. Cambridge, Modern History, Vol. I á IV. E. Potts Cheyney, Europ. Background, pág. 316-323. Rockhill en núm. 4, Serie II. 1900. Hakluyt Soc., Major (op. citada), pág. 548 y sig. etc., etc.
CAPÍTULO II ESPAÑA EN EL SIGLO XV
1.—Los Reyes Católicos. 2.—Pacificación del Reino. 3.—La Santa Hermandad. 4.—Los Consejos. 5.—Los Corregidores. 6.—Medidas financieras. 7.—Las Órdenes Militares. 8.—La Guerra de Granada. 9.—Judaizantes y Conversos. 10.—La Inquisición. 11.—Expulsión de los Judíos. 12.—Mudéjares y moriscos. 13.—Conclusiones generales.
Los Reyes Católicos.
1.—Para darnos exacta cuenta de los sucesos que se desarrollaron en la Segunda Época de la historia del Continente Americano, forzoso es que arrojemos una rápida ojeada sobre el estado de la nación Española al finalizar el siglo xv.
Hay pocos ejemplos históricos de una transformación más rápida y completa que la experimentada por España (1474-1516) al pasar de la situación anárquica en que se encontraba en tiempo de Enrique IV á la grandeza y viril expansión que alcanzó en el reinado de Fernando é Isabel.
Contados son los cambios sociales de esta índole, que se producen pacíficamente, y cuando así sucede, siempre se encuentran, al lado de circunstancias felices que inician y empujan el movimiento, eminentes personalidades á cuyo genio y habilidad se debe gran parte del éxito.
En la España del siglo xv surgió la imponente figura de Isabel de Castilla y la de su esposo Fernando de Aragón, conocidos en la historia con el nombre de "Reyes Católicos".
Isabel la Católica fué, en efecto, gran reina y mujer extraordinaria. De clarísimo entendimiento y formal energía, vivió con su pueblo y para su pueblo. Amiga sincera de cuantos lucharon por Castilla, nadie hizo más insigne á su patria, ni la amó más, ni la sirvió mejor.
Su matrimonio con Fernando de Aragón, sagaz y prudente político, realizó lo que durante siglos había sido el constante ideal de monarcas aragoneses y castellanos: la reunión en un solo Estado de los tronos de Aragón y Castilla.
Unidas así ambas coronas pudieron los monarcas realizar sus levantados proyectos, terminar la guerra de la Reconquista, consolidar la monarquía absoluta, y establecer, con base firme, la unidad religiosa y nacional de sus dominios[490].
Pacificación del Reino.
2.—Era necesaria toda la energía y prestigio de los nuevos soberanos para restablecer en Castilla los principios de autoridad y orden destruídos en tiempo de Enrique IV.
La monarquía castellana se resentía de su origen feudal, y su autoridad fluctuante fué muchas veces juguete de la ambiciosa osadía de los magnates que con sus guerras intestinas asolaban el reino.

Fig. 341.—Autógrafo de la Reina Isabel la Católica.
El pueblo no era súbdito del Rey, sino de los potentados. Era imposible transitar por los caminos públicos sin verse expuesto á todo género de ataques, las ciudades obedecían al más fuerte, y las vidas y haciendas de los ciudadanos estaban á merced de los antojos de turbulentos señores ó de los avances de mesnadas famélicas.
Comprendió Isabel la necesidad de hacer justicia severísima para cortar de raiz tan graves males. En 1477 abrió en Sevilla audiencia pública para oir á los perjudicados por las luchas y banderías encabezadas por el Duque de Medina Sidonia y su rival el Marqués de Cádiz. Pocos había en Sevilla, dice un cronista de la época, libres de culpa. Todos fueron castigados severamente. Otro tanto sucedió en Castilla y en Galicia. El Duque de Alba se vió obligado á restituir la villa de Miranda que tenía detentada, y su alcalde de Salvatierra fué ahorcado por insultos á la justicia de Isabel. Los agentes reales Acuña y Chinchilla hicieron derribar en Galicia hasta cuarenta y seis castillos, restituyeron bienes y beneficios usurpados por los nobles y condenaron á muerte, sin aceptar compensaciones monetarias, á los que se habían hecho reos de crímenes, violencias ó abusos de autoridad.

Fig. 342.—Sello rodado de los Reyes Católicos.
Con tales procedimientos se logró en pocos años pacificar el desordenado reino, reprimir los excesos de los nobles é ir consolidando el poder de los Reyes[491].
La Santa Hermandad.
3.—Se reconstituyeron también las antiguas hermandades, establecidas por las ciudades para defenderse de malhechores, refundiéndolas de acuerdo con las Cortes de Castilla en un solo cuerpo de policía y defensa pública que se llamó la Santa Hermandad, compuesto de más de dos mil jinetes y numerosos infantes que, divididos en compañías, se destacaron en los puntos estratégicos de las aldeas y caminos públicos. Organizáronse también justicias locales (alcaldes) con jurisdicción exclusiva é inapelable para diversos delitos.
Al ocurrir algún robo, asalto ó violencia, echábanse á vuelo las campanas de la iglesia más próxima, y los destacamentos de la Santa Hermandad emprendían la persecución de los delincuentes que eran juzgados por los alcaldes sumarísimamente y asaeteados ó colgados. La prontitud, igualdad y severidad de tales castigos, limpiaron bien pronto de malhechores los dominios castellanos. Desaparecieron las represalias y venganzas privadas, y la seguridad de vidas y haciendas se afirmó y normalizó.

Fig. 343.—La Reina Isabel la Católica.

Fig. 344.—El Rey Fernando el Católico.
Los Consejos.
4.—El vigor de la administración monárquica se exteriorizó además en el desarrollo de organismos administrativos de índole menos popular. Se reorganizó el antiguo Consejo Real convirtiéndose en poderoso instrumento del trono. Entró á formar parte de él una mayoría de letrados, versadísimos en el antiguo derecho, imbuídos de la idea de la monarquía absoluta, desligados de la nobleza y el clero, é interesados, por consiguiente, en robustecer, aun á despecho de ambos, la dignidad y prestigios de la Corona. Entendía en general este Consejo en todos los negocios del Estado, y se subdividió con el andar del tiempo en tres cuerpos (Consejo de Justicia, de Estado y de Hacienda) con funciones claras y definidas. El Consejo de Justicia era, en cierto sentido, el representante general del antiguo Consejo Real, y tomó el nombre de Consejo de Castilla. Su presidente era el funcionario más elevado del Reino, y con los miembros letrados conocía y hasta decidía, secundando la política de los reyes, todos los asuntos de interés nacional[492].
Los Corregidores.
5.—La preponderancia obtenida por los soberanos en los negocios de gobierno general por intermedio de sus Consejos, se extendió á los asuntos locales de las ciudades, etc., por la designación de Corregidores, que gobernaban conjuntamente con los alcaldes ó regidores, y como representantes de la Corona, los negocios de cada pueblo. Defendían siempre las prerrogativas de los monarcas, y ejercían funciones de vigilancia y protección. Poco á poco fueron extendiéndose las facultades de estos corregidores, y predominando sobre los fueros y privilegios de las ciudades, los decretos y disposiciones del poder monárquico.
Medidas financieras.
6.—Los Consejos, Corregidores y demás oficiales públicos daban autoridad y eficacia á los mandatos de los reyes, pero su mantenimiento era costoso, y la Corona carecía de recursos. Determinaron los reyes conseguirlos, y ayudados por los representantes de las ciudades, hicieron que las Cortes, convocadas en Toledo, ordenaran una investigación en los bienes que los monarcas anteriores habían enajenado ó cedido á los magnates y los eclesiásticos. Con tal eficacia y habilidad trabajaron el Cardenal Mendoza y D. Fernando de Talavera, designados como jueces instructores de la validez de semejantes donativos, que la mayoría de las pensiones, pueblos, tierras, vínculos, etcétera, así conseguidos por los nobles, fueron restituídos á la Corona. No por ello se empobrecieron éstos, pero se consiguió, en cambio, establecer una relación más equitativa y normal entre las rentas de la Corona y las de los nobles, debilitando la influencia de estos últimos[493].
Las Órdenes militares.
7.—Otro aumento más considerable de las rentas reales, que quebró al mismo tiempo los más fuertes y legendarios apoyos de la nobleza, fué la absorción en la Corona del Gran Maestrazgo de las Órdenes militares de Santiago, Calatrava y Alcántara. Con el correr de tres siglos de constantes guerras con los musulmanes, estas órdenes militares habían acumulado grandes riquezas, beneficios, ciudades y territorios, y sus posesiones y consiguiente predominio se extendían por toda la península. A la cabeza de cada una de estas órdenes estaban los Grandes Maestres cuyas riquezas, séquito militar y prestigios, les hacían poderosísimos y soberbios. Eran estos grandes maestres los más turbulentos de los nobles, y más de una vez se opusieron abiertamente y en armas á la Corona, promoviendo gravísimos conflictos.

Fig. 345.—Vista general de la Alhambra de Granada.
En 1487, habiendo quedado vacante el Maestrazgo de Calatrava, se presentó de improviso el rey Fernando en el Capítulo, y obligó á dicha asamblea á elegirle Gran Maestre. En 1494 el Gran Maestre de Alcántara renunció el cargo en el mismo rey Fernando, siendo nombrado, en cambio, Arzobispo de Sevilla. Al morir el Gran Maestre de Santiago se hizo elegir el Rey para el cargo, y poco después dictó Isabel un decreto declarando el Maestrazgo de las Órdenes militares anexo para siempre á la Corona real, con lo que acumuló rentas principescas, suprimió el peligro de sublevaciones y turbulencias, é hizo volver á su Corona todas las tierras, beneficios, castillos, aldeas, etc., con que la piedad y el espíritu caballeresco y guerrero había dotado durante siglos á las poderosas Órdenes[494].

Fig. 346.—Toledo. San Juan de los Reyes.
La guerra de Granada.
8.—Una vez pacificado el reino y consolidado el trono pudieron los Reyes Católicos dedicar todas sus energías á la anhelada obra de la Conquista de Granada, último baluarte de la dominación mahometana en España. Hacía largo tiempo que los reyes de Castilla y Aragón no hacían progresos notables en la antigua y patriótica empresa de reconquistar el país ocupado por los moros. Las fronteras musulmanas eran casi las mismas que las definidas siglos antes, por el rey Fernando el Santo. Los moros se habían acostumbrado á despreciar al cristiano, y aprovechando las debilidades de los monarcas, y el turbulento estado de Castilla, penetraban á menudo en sus términos, llevándolo todo á fuego y sangre. Los Reyes Católicos decidieron terminar de una vez por todas una guerra que duraba ya setecientos años.
Difícil se presentaba la empresa, pero el espíritu de Isabel infundió en todos el fuego sagrado del amor á la gloria: organizó ejércitos, formó planes de campaña, y reunió, con firme y decidida constancia, poderosos aprestos bélicos.
Granada, la ciudad querida de los moros, centro y principal asiento de su dominio, fué sitiada por Isabel y Fernando y á pesar del rigor de la estación, del fuego que abrasó el campamento cristiano, y del valiente furor de los defensores agarenos, Granada se rindió y en las torres de su Alhambra se enarboló el pendón de Castilla, cesando para siempre en España la dominación mahometana[495].
Judaizantes y conversos.
9.—Era imposible que monarcas tan previsores y políticos como Isabel y Fernando dejasen de afrontar, según su criterio, las cuestiones religiosas que agitaban la España del siglo xv. Según las ideas de la época todo elemento racial ajeno al español y todo elemento heterodoxo, debían desaparecer. Junto á la población cristiana no podía vivir otra de religión distinta sin grave peligro para la primera.
Los judíos españoles, famosos como médicos, astrólogos, matemáticos, y en especial como mercaderes y prestamistas, fueron siempre odiados por el pueblo, y la protección que les dispensaron los nobles, y hasta las leyes mismas, no pudo librarles de continuas persecuciones y violencias. En los siglos medios, y en especial después de las terribles matanzas de Sevilla, Córdoba, etc. (1391), abjuraron muchos sinceramente ó por conveniencia su fé judaica, aceptando el bautismo y haciéndose cristianos nuevos, marranos (de maran-âtha-anatema sobre tí) ó conversos.
Dotados de excepcionales talentos llegaron algunos á elevados destinos. Fuese, sin embargo, por sus exacciones como usureros y almojarifes (recaudadores de impuestos), por creerse (no sin razones) que seguían menospreciando á la Iglesia, y practicando en secreto sus antiguos ritos, ó por sospecharse que se entregaban á brujerías ó artificios mágicos para destruir á los cristianos viejos, la enemistad contra ellos perduró, y la opinión pública, confundiendo á todos los conversos en el mismo recelo, les persiguió sin distingos, equivocándose muchas veces y vejando sin causa á personas de acendradas creencias.
Por otra parte, los naturales anhelos de proselitismo de los no convertidos, la indiscutible influencia del panteismo filosófico y de la cabala (supersticiones, brujerías, prácticas vedadas, etc.) israelita sobre muchos espíritus, y las frecuentes alianzas de familias judías con las cristianas de rancio abolengo, debilitaron la fé de muchos católicos, que practicaron en secreto los ritos y cultos hebreos, y fueron tachados de judaizantes[496].

Fig. 347.—Espada del siglo xv.
La Inquisición.
10.—En 1477, hallándose los reyes en Sevilla, el predicador dominico Fr. Alonso de Ojeda hizo públicos cargos contra estos. Isabel y Fernando, en vista de tales denuncias, y para evitar mayores males, pidieron y consiguieron del Papa Sixto IV (1478) una bula que les autorizó expresamente á elegir inquisidores para sus reinos, con todo el poderío, jurisdicción y autoridad de los jueces eclesiásticos ordinarios. Con estos caracteres de especialidad y dependencia del poder civil comenzó á funcionar en Sevilla (1480) el Tribunal de la Inquisición ó Santo Oficio, que adoptó, desde luego, las penas y procedimientos establecidos por las prácticas tradicionales y por el «Directorium» de Fr. Nicolás Eymerich, inquisidor general de Aragón (siglo xiv) que defendía el uso del tormento. El 6 de Febrero de 1481 se celebró el primer Auto de fé, y á diez y seis de sus reos se les aplicó la pena de la hoguera. Multitud de conversos de Sevilla huyeron temerosos de ser acusados. En un solo auto de la Inquisición de Toledo (Marzo 1487), figuraron 1.200 reos, y en otro del año anterior (Agosto 16, 1486) fueron declarados relaxos y condenados á la hoguera 25, algunos de ellos de verdadero viso. El celo de los Inquisidores fué excesivo. Diferentes Breves del Papa Sixto IV (29 Enero 1482, 23 Febrero y 2 de Agosto 1483), aluden á sus extralimitaciones, y hablan de "víctimas inocentes". Alejandro VI censuró al inquisidor Torquemada, trató de que fuera depuesto, y amparó á muchos procesados españoles que á su Santa Sede recurrieron[497].

Fig. 348.—Catedral de Burgos.
Expulsión de los Judíos.
11.—Pero la autoridad de la Inquisición se extendía solamente á los bautizados, y por tanto los judíos que seguían siéndolo no estaban sujetos á su jurisdicción. Los mencionados judíos, que odiaban como apóstatas á los conversos (meschunadim), veían con placer sus sufrimientos, juzgándose libres de la persecución del Santo Oficio, mientras permanecieran fieles á la ley Mosáica. Los Inquisidores, por otra parte, no podían sufrir con paciencia que los numerosos judíos del reino practicaran á la luz del día sus cultos protegidos por las leyes y exentos, (salvo casos de proselitismo, hechicería; etc.), de su autoridad. Abogaron, pues, por la conversión forzosa de los referidos judíos ó por su expulsión del territorio.
Los Reyes Católicos dudaron mucho antes de resolver, pero excitada su indignación con el célebre proceso al judío Mosé Franco y sus compañeros por el asesinato verdadero ó forjado del Niño de la Guardia[498], antepusieron en su ánimo el interés espiritual de sus súbditos al material, y, siguiendo el ejemplo de otras naciones[499], dictaron (1492) un célebre edicto expulsando de los dominios españoles á todos los judíos que no quisieron bautizarse. El año mismo que vió la toma de Granada y el descubrimiento de América presenció el destierro de cien mil judíos españoles, y el bautismo forzoso de cincuenta mil más, que prefirieron permanecer en sus hogares. Así se inició en España la política de intransigencia que tan funestos resultados había de dar más tarde, y así resolvieron los Reyes Católicos la cuestión judía, y cimentaron en sus dominios la unidad religiosa y social[500].

Fig. 349.—Llevando al suplicio á un condenado (Estampa de la época).
Mudéjares y moriscos.
12.—Faltaba solucionar el problema de los musulmanes, más numerosos, útiles y vinculados á la sociedad española del siglo xv que los judíos mismos.
En la Edad Media la población de las ciudades musulmanas que se rendía á los cristianos, era protegida por las leyes. Salvo los prisioneros de guerra que se tenían por esclavos, los demás habitantes de dichas ciudades conquistadas llamadas Mudéjares conservaban sus propiedades y su fé. Prácticamente, casi toda la población rural del reino de Valencia, Sur de Castilla, etc., era Mudéjar.

Fig. 350.—Moneda de los Reyes Católicos.

Fig. 351.—Moneda de los Reyes Católicos.
La conquista de Granada sometió á sus habitantes á los Reyes Católicos. Eran los moros granadinos hábiles, trabajadores é industriosos, y su agricultura, ciencia, artes é industrias estaban adelantadísimas. Los vencedores de Granada garantizaron las vidas, haciendas y religión de los vencidos, pero los entusiasmos religiosos y antipatías raciales de la época, exigieron bien pronto el destierro de los mahometanos, ó su bautismo. Talavera trató primero con ardiente celo de convertirlos individualmente; pero la suavidad y lentitud de tales procedimientos impacientaron á los intolerantes que urgieron á los Reyes para que tomaran una medida radical. Prevaleció esta última política, y por el edicto de 1502 se expulsó á los Mudéjares de los dominios castellanos. Muchos emigraron al Africa, otros quedaron en España, renunciaron al Koran, aceptando el bautismo y se sometieron á la autoridad de la Inquisición[501]. Los así bautizados se conocieron con el nombre de Moriscos.

Fig. 352.—Capacete del siglo xv. (Armería Real).
Conclusiones generales.
13.—No corresponde á nuestro estudio el discutir con amplitud las causas y consecuencias para España de la expulsión de judíos y moriscos, ni mucho menos investigar la obra de la Inquisición Española, apasionadamente defendida ó atacada por sus partidarios ó sus enemigos.
Debemos juzgar estos hechos con serenidad de espíritu, y no olvidarnos que los grandes principios de libertad é igualdad, escritos hoy en nuestros Códigos Fundamentales, eran en absoluto ajenos á la mentalidad del siglo xv. Si el éxodo judáico fué doloroso y cruel; si la emigración de los mudéjares privó á España de utilísimos súbditos, empobreciéndola y aniquilando su industria; si la Inquisición, al convertirse en instrumento político, cometió abusos é incurrió en crueldades, culpa no fué, sin duda, de Isabel la Católica, cuya buena fé no han puesto en duda ni los más encarnizados adversarios de su política, y que no tuvo otros motivos para obrar como obró, que su afán ardiente de mantener en sus dominios la pureza de la fé cristiana y de evitar los irremediables conflictos que en épocas de incultura y fanatismo religioso ocasionan fatalmente las diferencias de religión y raza.

Fig 353.—España en el siglo xv.
No puede dudarse, además, que si hubiera persistido en España aquel estado de anarquía religiosa, dolorosas incertidumbres, sangrientas represalias y continuos tumultos, mal hubieran podido los Reyes dedicar al descubrimiento Colombino sus entusiastas energías. La política absolutista y centralizadora iniciada por los Reyes Católicos, tuvo siglos después consecuencias funestas para España, pero favoreció la Colonización y hasta la Independencia del Continente Americano. Por otra parte, la atención prestada por Isabel y Fernando á esta luctuosa parte de su política, no les impidió dedicarse á regularizar los demás asuntos del Reino. Aumentaron los tribunales de Justicia, hicieron modificar en las Cortes de Madrigal y Toro la laberíntica jurisprudencia de la Edad Media, favorecieron el comercio y las artes mecánicas, elevaron el crédito público y llegaron por fin á hacer de la España anárquica y empobrecida que recibieron de Enrique IV, no sólo la nación más respetada y poderosa del siglo xv, sino la única capaz física y espiritualmente de emprender y realizar en menos de un siglo el descubrimiento, conquista y colonización de las Indias.

CUESTIONARIO
1.—¿Quiénes fueron los Reyes Católicos?
2.—¿Qué importancia histórica tiene Isabel de Castilla?
3.—¿En qué estado dejó el reino el monarca Enrique IV?
4.—¿Qué medidas tomó Isabel para pacificarlo?
5.—¿Qué fué la Santa Hermandad?
6.—¿Cómo estaba organizada y cuáles fueron sus funciones?
7.—¿Cómo organizó Isabel de Castilla sus Consejos?
8.—¿Qué nuevo elemento introdujo en ellos?
9.—¿Qué funciones desempeñaban los Corregidores?
10.—¿Qué resultado tuvo el nombramiento de estos Corregidores?
11.—¿En qué estado se encontraba la Hacienda Española al ascender al trono los Reyes Católicos?
12.—¿Qué medidas tomaron para reconstituirla?
13.—¿Qué importancia tenían en España las Órdenes Militares?
14.—¿Qué hicieron los Reyes para reducirlas?
15.—¿Qué territorios españoles ocupaban los musulmanes en el siglo XV?
16.—¿Qué importancia tuvo la Conquista de Granada para la Unidad Nacional Española?
17.—¿Qué se entendía en España por judaizantes?
18.—¿Eran odiados por el pueblo los judíos y conversos?
19.—¿Cómo se instituyó la Inquisición ó Santo Oficio, y cómo empezó á actuar?
20.—¿Fué excesivo el celo de los Inquisidores?
21.—¿Quiénes eran los mudéjares y qué importancia industrial tenían en la España del siglo XV?
22.—¿Cómo debemos juzgar la obra religiosa de los Reyes Católicos?
23.—¿Qué resultados tuvo en siglos posteriores para España?
24.—¿Benefició la colonización del Continente Americano?


REFERENCIAS
Generales.—Además de las mencionadas en el capítulo anterior: Lafuente, Historia de España, lib. III, IV. Altamira, Hist. de España, vol. II. Mariejol, L'Espagne sous Ferdinand et Isabelle, París, 1892. Cánovas del Castillo, Historia general de España, etc., etc.
Especiales.—Lea, A. History of the Inquisition of Spain, vol. I. Id., The Moriscos in Spain, etc. Id., Chapters of the Religious History of Spain, etc. J. M. Antequera, Hist. de la Legislación Española (1874). Hinojosa, Historia del origen del régimen municipal en León y Castilla. Clemencín, Elogio de la Reina Católica (Mem. Real Acad. de la Historia, t. VI). Boissonade, Historia de la reunión de la Navarre á la Castille, etc., (1479-1531), París, 1893. Eguilaz, Reseña hist. de la Conq. del Reino de Granada por los Reyes Católicos, según los cronistas árabes (Granada, 1894). M. Jiménez de la Espada, La Guerra del Moro en el siglo xv. (Bol. Ac. Hist. XXV). Hurtado de Mendoza, Guerra de Granada (Ed. Bca. Clásica). Fidel Fita, S. J. La Inquisición anormal planteada en Sevilla, etc., (Bol. Ac. Hist.). Paz y Melia, Cuadros ó Narraciones de la Sociedad Española del siglo xv, etc., (Madrid, 1878). Rodrigo, Verdadera Hist. de la Inquisición (3 vols.) Amador de los Ríos, Los Judíos de España y Portugal, (3 vols. 1875-1876). W. Maurenbrecher, Spanien unter den Katholischen Königen, etc., (1857). Danvila y Collado, El Poder Civil en España (6 vols. 1885-1987). Clarke en Cambridge Modern. Hist. I, cap. XI. Hefele, El Cardenal Jiménez de Cisneros y la Iglesia Española á fines del siglo xv, etc. (Barcelona, 1869), etc.
Fuentes.—Colección de Documentos Inéditos para la Hist. de España, en especial, vol. I, III, VI, XIII, XIX, XXIV, XXVIII, XXIX y LI. Cortes de los Antiguos Reinos de León y Castilla (Ac. de la Hist., 4 vols., 1861-1864), en especial vol. IV. Bernáldez, Historia de los Reyes Católicos (Ed. 1878). Pulgar, Crónica de los Reyes Católicos (Ed. Valencia, 1780). Petri Martyris Anglerii (1488-1526), Opus Epistolarum (Amsterdam, 1670). Alberi, Relazioni degli Ambasciatori Veneti, 1.ª serie, vol. I, III (1839-1853). K. v. Hoefler, Despeschen des Venetianischen Bolschafters, etc. (Viena, 1884). Rodríguez Villa, Bosquejo Biog. de la Reina Doña Juana (Madrid, 1874) y los documentos de la Época en los Archivos del Vaticano (Roma), Indias (Sevilla), Simancas, etc.
Bibliografías.—Lavisse y Rambaud, Hist. General, vol. IV, pág. 373-74. Potts Cheyney, Europ. Background Am. Hist., pág. 323-24. Altamira, Hist. de España, vol. IV (Guía Bibliográfica), pág. 500 á 505 y las notas y referencias de las obras citadas de Lafuente, Lea, Mariejol, etc., etc.


Cristóbal Colón, tomado del busto de la Galería Capitolina (Roma).
TÍTULO II El Descubrimiento.
CAPÍTULO I CRISTÓBAL COLÓN (1446-1494)
1.—Juventud del descubridor de América. 2.—Lecturas. 3.—Portugal. 4.—Colón y Toscanelli. 5.—Don Juan II. 6.—Colón en España. 7.—Juntas de Córdoba y Salamanca. 8.—Las Capitulaciones. 9.—Preparativos. 10.—El Primer viaje. 11.—Exploraciones. 12.—Regreso á España. 13.—La Bula de Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas.
Juventud del Descubridor.
1.—Poco se sabe de cierto sobre la juventud del Descubridor de América. Aunque aficionadísimo á escribir cartas, memorias, diarios de navegación, etc., en ninguno de los documentos que legó á la historia hace mención de la fecha de su nacimiento. Su hijo Don Fernando y su amigo Fray Bartolomé de las Casas, tampoco aportan en sus libros datos suficientes para reconstruir una relación ordenada y auténtica de la juventud Colombina. Los triunfadores de hoy se deleitan á veces en recordar su humilde origen. Colón, por el contrario, parece esforzarse en arrojar un velo sobre su nacimiento y familia, afanoso de atribuirse ascendencia ilustre. Su hijo Fernando, con muy buen sentido, se contenta con la gloria de su padre y prescinde de tales sutilezas[502]. Es, sin embargo, opinión generalmente aceptada y comprobada, que Cristóbal Colón nació en Génova alrededor del año 1446. No puede afirmarse con certeza, como hacen muchos de sus biógrafos, que hiciera estudios en la Universidad de Pavía, pero cierto es que, siendo todavía muy joven, no sólo dominaba el arte de la navegación, sino que conocía á fondo el latín, en cuya lengua escribían generalmente los cosmógrafos y filósofos de la época.
Lecturas.
2.—Entre las obras que más leyó, estudió y comentó, estaban la "Historia General" y "Geografía" de Eneas Sylvius (luego Pío II), la entonces célebre «Imago Mundi» de Pierre d'Ailly (siglo xv) y sobre todo los ya citados viajes de Marco Polo[503].

Fig. 354.—Monumento de Cristóbal Colón en Granada.
Colón anotaba estas obras con observaciones marginales, que han llegado hasta nosotros, y revelan en el cuidadoso anotador gran curiosidad por el Oriente, y justo criterio crítico para rectificar con su propio saber y experiencia los errores geográficos, etc., de los autores mencionados. Por ejemplo, de las afirmaciones de Pierre d'Ailly, fíjase principalmente Colón en la cita Aristotélica, aducida por el autor para afirmar que "entre el término de España y el principio de la India el mar era pequeño y navegable en pocos días". Entre las palabras Bíblicas llaman poderosamente su atención las del profeta Esdras[504] sobre la conformación de la tierra (1/7 mar—6/7 tierra). Reunía también el estudioso marino cuantas observaciones hacía ó le comunicaban sobre la existencia de tierras más allá de las Azores y Canarias.
Portugal.
3.—La mayor parte de estos trabajos preparativos los hizo Colón en Portugal donde fijó su residencia (1470 ó 71 á 1484) después de haber navegado veintitres años. ("Yo he andado veintitres años en la mar sin salir della").
No es probable que en Portugal fuesen muy abundantes los recursos del futuro Almirante, y posiblemente vivió trazando cartas geográficas que dibujaba primorosamente. Casó allí (1474 á 1475) con Doña Felipa Mogniz Pelestrello, hija de un célebre navegante Genovés al servicio del Príncipe Enrique, y siguió con ahinco sus estudios geográficos.

Fig. 355.—El desembarque de Colón en América. (Grabado de 1493).
Los años posteriores á este matrimonio forman en la historia Colombina un período importantísimo, pues si su pensamiento de navegar la parte desconocida de los mares que se extienden entre Europa y las Indias, y conocer en toda su extensión la redondez de la tierra, había nacido en su alta inteligencia mucho tiempo antes, es indiscutible que en Lisboa adquirió tal pensamiento mayores proporciones y se convirtió en proyecto formal, práctico y demostrable[505].
Colón y Toscanelli.
4.—Por tal lo reputó el sabio físico Florentino Pablo Toscanelli, á quien Colón consultó sus planes, exponiéndole con toda claridad las dudas que aún abrigaba sobre la viabilidad de su empresa. Toscanelli remitió á Colón, como contestación de su consulta, una carta que había escrito (1474) al Canónigo de Lisboa Fernán Martínez, amigo y familiar de Don Juan II, sobre lo posible y fácil que en su sentir era encontrar el país de las especias, siguiendo el derrotero que Colón indicaba. Volvió Colón á escribir á Toscanelli recibiendo nueva respuesta, con un mapa aclaratorio, en la que le daba mayores seguridades aún que en la primera estimulándole á emprender cuanto antes el viaje. Aunque la autenticidad de esta correspondencia ha sido puesta en duda por algunos historiadores, la opinión general acepta su existencia y no cabe duda que, si bien no dió á Colón sobre el Oriente y el Océano Atlántico, más datos que los que ya tenía en las obras de Ailly y Marco Polo[506], fortaleció y definió sus convicciones geográficas.

Fig. 356.—Isla Española (1534).
Don Juan II.
5.—Animado Colón por estas cartas de Toscanelli, y habiendo reunido mayor caudal de observaciones en los viajes que en servicio de Portugal hizo á los mares del Norte (1477) y á las Costa de Guinea (1482), decidió presentar su proyecto al rey Don Juan II, y solicitar su apoyo para ponerlo en práctica. Oyó el Monarca al genial navegante y refirióle al Obispo de Ceuta D. Diego de Ortiz, y á los médicos Maestre Rodrigo y Maestre Joseph (Judío este último) reputados como los más sabios cosmógrafos del Reino. No informaron bien tan calificados sujetos, antes bien, rechazaron como irrealizable el proyecto, tachando á su autor de presuntuoso y visionario. El Consejo Supremo, convocado por el Monarca, tampoco fué favorable á Colón. El rey, sin embargo, no pareció darse por convencido. Con cautela, é inquiriendo cada día más de Colón por intermedio del mismo Obispo Diego de Ortiz, determinó aparejar, prescindiendo del genial solicitante, una carabela y enviarla al Océano con el rumbo por éste indicado. Después de navegar muchos días y leguas sin hallar nada y padecer terribles tormentas, volvieron á Portugal los tripulantes de la referida carabela maldiciendo del viaje y de los proyectos del genovés Colón. Desengañado éste de Portugal y su rey, envió á Inglaterra á su hermano Bartolomé para que sometiera la idea á Enrique VII, y determinó él mismo solicitar el apoyo de la Francia[507].

Fig. 357.—Isla de Cuba (Helps).
Colón en España.
6.—Pero ninguna de éstas naciones debía de llevar á cabo el descubrimiento de América. Antes de emprender Colón su viaje á París, dirigióse á la Ciudad española de Huelva, para dejar allí á su hijo D. Diego, con la familia de su tía materna. A su paso por la villa de Palos, albergóse en el Convento de la Rábida, y trabando plática con su Prior Fray Juan Pérez, expúsole sus proyectos de llegar por el Occidente hasta las Indias, sus visicitudes en Portugal y su intención de acudir á Francia. Entusiasmado Fray Juan Pérez con la idea, instó á Colón para que desistiese de su viaje á Francia y solicitase el apoyo de los Reyes Católicos. Accedió el ilustre marino y á principios del 1486, apoyado por el referido Prior de la Rábida y sus influyentes amigos los Duques de Medina Celi, y Medina Sidonia, propuso por primera vez á los Reyes, sus ideas y designios[508].
Juntas de Córdoba y Salamanca.
7.—Sometieron los Monarcas el asunto á personas peritas, para que presididas por Fray Fernando de Talavera, examinaran las proposiciones de Colón. Reunióse una Junta en Córdoba, ante la cual, parece que Colón receloso de lo ocurrido en Portugal, se limitó á dar explicaciones superficiales. Fuese por ésta ó por otras razones, el caso fué, que la referida Junta de Córdoba, reputó irrealizable lo que el Genovés proyectaba. La Reina, sin embargo, fuese expontáneamente, ó urgida por Fray Diego de Deza, Fray Antonio de Marchena, Quintanilla, Cabrero y demás protectores de Colón, no desahució por completo al futuro Almirante. El mismo Fray Diego de Deza promovió en 1487, nuevas Juntas para reconsiderar los proyectos Colombinos. Formaron parte de tales Juntas, los más conspícuos miembros del claustro Salmantino y reuniéronse en Salamanca, parte en el Convento de San Esteban, parte en la granja de Valcuevo. Parece indudable que Colón fué más explícito en estas Juntas que en las de Córdoba, pues aceptaron sus proyectos aconsejando á los Reyes Católicos que proporcionaran al Genovés los recursos necesarios para el viaje[509].

Fig. 358.—Armas de Cristóbal Colón.

Fig. 359.—Medalla de Alejandro VI.
El Contrato.
8.—Transcurrieron cinco años más de paciente espera por parte de Colón, hasta que al fin, después de realizada la Conquista de Granada y á pesar de las vacilaciones de Fernando el Católico, que temía disgustar á sus nobles otorgando al Genovés las prerrogativas que solicitaba, mandó llamar al tenaz marino cuando se preparaba ya éste á abandonar la corte española, y ofreciendo sus propias joyas para costear la expedición, decidió al tesorero Santangel, á adelantar fondos y firmó con su esposa las célebres capitulaciones entre la Corona Española y Colón, por las cuales se nombraba al marino genovés y á sus sucesores, Almirante de las tierras que descubriera, Virrey y Gobernador de las mismas, y se le daba entre otras mercedes, el diezmo de los productos de las referidas tierras. El constante genovés regresó gozoso al Convento de la Rábida. Su fé y su tenacidad, habían triunfado de toda clase de obstáculos[510].

Fig. 360.—Universidad de Salamanca.
Preparativos.
9.—Dedicóse en seguida con febril actividad á adquirir y equipar las tres naves de que debía constar la expedición y se asoció con los Pinzón, marinos tan hábiles como valientes, y de autoridad entre la gente de mar de aquella costa, sin cuya ayuda, y á pesar de las cédulas reales, le hubiera sido casi imposible reclutar hombres y obtener buques para su viaje de descubrimiento.

Fig. 361.—El Padre Marchena.
Las dos carabelas, Pinta y Niña, fueron suministradas á la Corona por el pueblo de Palos; la Santa María, perteneciente al piloto Vizcaíno Juan de la Cosa, fué probablemente fletada con el contingente voluntario que dieron los Pinzón. El 2 de Agosto de 1492, la escuadrilla estaba lista para hacerse á la mar provista de víveres para un año. La Santa María era la mayor de todas las carabelas (140 á 180 toneladas) y la única que tenía cubierta. Montábala el Almirante, llevaba en su palo mayor el estandarte de Castilla y en el trinquete la enseña del Almirante (cruz verde sobre blanco). La Pinta llevaba por capitán á Martín Alonso Pinzón, y por piloto á su hermano Francisco. La Niña, que era la menor y más velera, iba mandada por Vicente Yáñez Pinzón. La tripulación total de las tres naves era aproximadamente de ciento veinte hombres[511].
El primer viaje.
10.—El viernes 3 de Agosto de 1492, antes de salir el Sol, zarparon las carabelas Colombinas del puerto de Palos y tomaron rumbo á las Canarias. El día 4, arreciando el viento, se rompió el timón de la Pinta; remedióse esta avería como se pudo, haciéndose en las Canarias otro nuevo. Se detuvieron unos días. En la madrugada del 6 de Septiembre salió el Almirante de la Gomera, proa al Oeste, bajando algo hacia el Sur, para seguir la zona que Marco Polo llevó en su viaje terrestre hasta la China. Hacia el 13 de Septiembre, Colón, que era vigilantísimo, echó de ver que la aguja magnética se desviaba hacia el Oeste, dejando de señalar fijamente á la estrella polar; los pilotos notaron algo después este fenómeno, que alarmó á los navegantes, y del que aún desconocemos en gran parte la causa. Colón los tranquilizó con la invención de una ingeniosa teoría, que al cabo tuvo él mismo por cierta. Muchos pájaros, hierbas, etc., que venían del Occidente, persuadían á los navegantes de que la deseada tierra no podía distar mucho. En fin, á las dos de la madrugada del día 12 de Octubre (1492), un cañonazo de la Pinta dió la alegre nueva. El vigía Triana fué el primero que vió la tierra del Nuevo Mundo[512].

Fig. 362.—El Triunfo de Colón, bosquejado por el mismo.
En la mañana del 12, Colón, ricamente vestido, y acompañado de los Pinzón y oficiales reales, se dirigió á tierra á banderas desplegadas. Al desembarcar, postróse reverente, y desenvainando la espada y levantando la bandera castellana, tomó posesión, en nombre de los Reyes Católicos, de la isla descubierta que llamó San Salvador ó Guanahani, y creyó ser una de las del mar de la China, descritas por Marco Polo.[513]
Exploraciones.
11.—El día 14 de Octubre volvió Colón á levar anclas, y navegó durante diez días entre las islas del Archipiélago, llegando el día 28 á las costas de Cuba. La "Pinta", sin órdenes del Almirante, se separó de la expedición en demanda de las riquezas cuya existencia dedujo su comandante Pinzón de las señas de los indígenas de Guanahani. Volvió naturalmente, sin botín alguno, y Colón, aunque dolorosamente impresionado por el hecho, supo disculpar la deserción de su segundo. La flotilla descubrió en seguida la isla de Hayti, que Colón llamó La Española. Naufragó allí la nao "Santa María", edificándose con sus despojos en la costa un pequeño fuerte, que se llamó «La Navidad», en el que dejó el Almirante reducida guarnición á las órdenes de Diego de Arana[514].

Fig. 363.—El Convento de la Rábida.
Regreso á España.
12.—Con el resto de sus tripulantes, embarcados en «La Pinta» y «La Niña», emprendió Colón su regreso á España (Enero 4, 1493). Experimentó en el viaje recias tempestades, pero pudo al fin llegar á las islas Azores. Hizo desde allí rumbo á Lisboa, donde desembarcó, siendo recibido por los Monarcas portugueses. El día 13 de Marzo salió de Lisboa, y entró por último al Puerto de Palos, el 15, después de siete meses de ausencia.
Fué recibido en el pequeño puerto con aclamaciones entusiastas. Despachó un mensajero á Barcelona, donde se encontraban los monarcas, y marchó á Sevilla á esperar sus órdenes. Pronto fué llamado á la Corte, y después de un viaje triunfal y precedido de los indígenas que consigo trajo á España, compareció, colmado de gloria, á presencia de los Reyes Católicos. Relató con vívidos colores su viaje y descubrimientos, y renovó sus antiguos votos de rescatar de los infieles el sepulcro de Cristo con el producto de sus empresas[515].

Fig. 364.—Patio del Convento de San Esteban de Salamanca.
La Bula de Alejandro VI, y el tratado de Tordesillas.
13.—La noticia de la vuelta de Colón se extendió rápidamente. La Europa entera creyó que los países por él descubiertos eran los mismos que algunos años antes había descrito Marco Polo. Así lo creyó también el Almirante. Las regiones recién visitadas recibieron el nombre de Indias Occidentales, y sus habitantes de entonces el de Indios, que hasta hoy conservan.
De aquí surgió una nueva dificultad. Años atrás, y como antes dijimos, el Papa había concedido á los Portugueses la propiedad de los países que descubrieran; pero como tal concesión, después del viaje Colombino podía lesionar los derechos de la Corona Española, recurrieron también los Reyes Católicos al Papa para confirmarse en la soberanía de las nuevas tierras descubiertas.
Ocupaba entonces la sede pontificia Alejandro VI, quien para evitar toda disputa entre las dos naciones, y de acuerdo con los conocimientos geográficos de la época, trazó por una Bula (4 de Mayo de 1493) una línea de demarcación de un polo á otro, á cien leguas al oeste de las islas Azores. España era reconocida como soberana de todas las tierras de infieles que conquistase al occidente de tal línea: Portugal conservaba igual derecho al oriente de ella.
El Rey de Portugal no se conformó con la división hecha por el Pontífice. Se entablaron negociaciones diplomáticas entre los dos países y por fin D. Juan II aceptó que se desviase la línea divisoria, 370 leguas al occidente de las Azores. Esto fué lo estipulado en el Tratado de Tordesillas, con fecha 7 de Junio de 1494[516].


CUESTIONARIO
1.—¿Qué se sabe de la infancia de Cristóbal Colón?
2.—¿Dónde nació y en qué fecha?
3.—¿Qué estudios hizo en su juventud?
4.—¿Qué libros consultó y anotó especialmente?
5.—¿Cuántos años navegó antes de fijar su residencia en Lisboa?
6.—¿Qué importancia histórica tiene en la vida del Almirante Colón el período de su residencia en Portugal?
7.—¿Quién fué Toscanelli y qué relaciones tuvo con Colón?
8.—¿Cuál fué la actitud del Rey Juan II ante los proyectos de Colón?
9.—¿Qué resultados obtuvo en la expedición que envió?
10.—¿Quiénes fueron en España los primeros protectores de Colón?
11.—¿Qué medidas tomaron los Reyes Católicos al conocer los proyectos que les expuso el ilustre marino?
12.—¿Qué dictaminaron sobre los mismos las Juntas de Córdoba?
13.—¿Qué dictaminaron las de Salamanca, y quién las inició y activó?
14.—¿Qué contrato otorgaron en favor de Colón los Reyes Católicos?
15.—¿Cómo se armaron las célebres carabelas, qué nombres, tonelaje y tripulación aproximada tenían?
16.—¿Quiénes mandaban la "Pinta" y la "Niña"?
17.—¿Quiénes proporcionaron principalmente los fondos para la expedición?
18.—¿Qué incidentes ocurrieron en el primer viaje de Colón?
19.—¿Cuál fué la primera tierra americana que descubrió Colón?
20.—¿Cuál es la fecha del descubrimiento de América?
21.—¿Qué otras islas exploró Colón en este primer viaje?
22.—¿Cuánto tardó en el viaje de ida y vuelta?
23.—¿Cómo fué recibido Colón al regresar, en Portugal y en España?
24.—¿Qué línea de demarcación fijó la Bula de Alejandro VI?
25.—¿Cómo modificó esta Bula el Tratado de Tordesillas?
Referencias: Véanse las del Capítulo anterior (Tit. 1.º Cap. 11.º), y las del Capítulo siguiente.

CAPÍTULO II CRISTÓBAL COLÓN (1493-1500)
1.—El segundo viaje. 2.—La Isabela. 3.—El Memorial á los Reyes. 4.—Disturbios en la Colonia. 5.—Exploraciones. 6.—Bartolomé Colón. 7.—Guerra contra los indígenas. 8.—Juan de Aguado. 9.—El tercer viaje. 10.—Sublevación de Roldán. 11.—Colón y Bobadilla. 12.—Actitud de los Reyes Católicos. 13.—Viajes de los Cabots. 14.—Viajes de los Corte Real.
El segundo viaje.
1.—La primavera y el verano del año 1493, fueron para Colón verdaderamente felices. Grandioso fué su recibimiento en Barcelona. Los Reyes Católicos le hicieron sentar á su lado para oir la relación de su viaje; fué confirmado en sus privilegios y aclamado con entusiasmo. A últimos de Mayo se ordenó el inmediato equipo de una segunda expedición á las tierras descubiertas. Se comisionó para prepararla á Colón mismo, y al Archidiácono de Sevilla Fonseca.

Fig. 365.—Retrato de Cristóbal Colón (según un grabado de Capriolo, 1596).
Salió de Cádiz esta segunda expedición el día 26 de Septiembre de 1493. Se componía de diez y siete buques y 1500 hombres de todas las clases sociales. Caballeros é hijosdalgos, ansiosos de gloria y riquezas, y artesanos de todos los oficios, partieron en esta flota. Embarcaron también doce eclesiásticos á las órdenes del Vicario Apostólico P. Boyl. La escuadrilla se avitualló convenientemente y se tomaron á bordo, vacas, ovejas, gallinas, etc., gran cantidad de semillas y plantones de árboles frutales para tratar de aclimatarlos en la colonia.
Después de una escala corta en las Islas Canarias, llegó la expedición (domingo, Noviembre 3) á la Isla Dominica en las Pequeñas Antillas. Visitó después las de Marigalante, Guadalupe, Santa Cruz, etc.; tocó después en las costas de la de Puerto Rico, llegando por fin á la Española el día 27 de Noviembre.
Dolorosa fué la sorpresa de Colón y sus compañeros al desembarcar en el sitio en que se edificó el fuerte Navidad. Sólo vió en él montones de cenizas y cadáveres de españoles. La pequeña guarnición que en el primer viaje quedó en la Española, había perecido. Desolado el Almirante por tan triste suceso, decidió abandonar aquellos lugares. Hizo rumbo al Nordeste, y desembarcó á orillas de un río, en cuya risueña vega se veían algunas chozas indígenas. En esta parte de la isla de Hayti (Española), fundóse la primer ciudad Europea del Nuevo Mundo, que en memoria de la reina Isabel, fué llamada Isabela[517].

Fig. 366.—Armadura de Cristóbal Colón.
La Isabela.
2.—Todos trabajaron en ella con febril energía. Edificóse un arsenal, un templo y una fortaleza; se construyó un hospital, se repartieron solares, se ordenaron calles y plazas, y se circunvaló la naciente ciudad con murallas defensivas de piedra. Pero el exceso de trabajo, la escasez de víveres, averiados en el viaje, y las enervantes influencias del clima, ocasionaron á los colonos graves enfermedades. Empezó además en todos el desanimo y la indisciplina. El oro y la plata soñados no parecían tan fácilmente. Colón mismo cayó enfermo y el desaliento fué aumentando. A principios de Enero (1494) dos jóvenes y valientes caballeros, llamados Alonso de Hojeda y Ginés de Gorbalán, penetraron en el interior de la isla reconociendo la supuesta región aurífera de Cibao. Colón aprovechó sus entusiastas relatos para levantar el decaído espíritu de sus subordinados, y apenas se repuso, decidió explorar el mencionado Cibao, con más gente de guerra y mayor detenimiento[518].

Fig. 367.—Carta autógrafa de Cristóbal Colón.
El memorial á los Reyes.
3.—Necesitábanse, sin embargo, refuerzos y víveres en la naciente colonia, por lo que el Almirante despachó á España á Antonio de Torres con nueve buques, entregándole un memorial para los Reyes en el que pintaba con vivos colores la fertilidad y belleza de la isla, las esperanzas que abrigaba de obtener grandes cantidades de oro en su expedición al Cibao, y la necesidad que tenía la Isabela de ropas, medicamentos, vino, arroz, etc., que vinieron de España en cantidad escasa, fuese por mala fé, ó gitanería de los proveedores de la flota, ó por negligencia ó animosidad del Arcediano Fonseca, encargado, como dijimos, de aprovisionarla. Proponía también Colón á los Reyes, en el memorial referido, que diesen permiso á algunas carabelas para que trajeran anualmente á la Española ganados y otros mantenimientos, "las cuales cosas se podrían pagar en esclavos de estos caníbales, etc." Esta propuesta del Almirante, que los Reyes no decidieron, tenía sus antecedentes en los viajes de los portugueses al Africa, y estaba, por tanto, dentro de las ideas de la época. Colón, por otra parte, no propuso tan inhumano tráfico como fin, sino como medio ó arbitrio ocasional y económico. No hay razón, pues, para calificarle de traficante de esclavos, como lo hacen algunos de sus biógrafos[519].

Fig. 368.—Firma de Cristóbal Colón.
Significa: Servus Supplex Altissimi Salvatoris. Jesus, María, Joseph. Christo Ferens, ó sea: Siervo humilde del Altísimo Salvador Jesús, María, José. El que lleva á Cristo, es decir, Cristóbal, porque tal es la significación de Christophorus.
Disturbios en la colonia.
4.—Mientras la flota de Torres surcaba el Océano, aumentaban las enfermedades en la Isabela, y crecía el descontento. Bernardo Díaz de Pisa, contador de la colonia, promovió un motín que, si bien pudo sofocarse, acentuó la antipatía que los colonos españoles profesaban ya al ilustre marino de Génova. En cuanto recobró éste la salud emprendió con algunos hombres de guerra el reconocimiento de las regiones ponderadas por Gorbalán y Hojeda. Grande fué su desengaño al explorar el Cibao y no hallar en él las minas deseadas; pero como los indios le presentaron algunas pepitas de oro, coligió que debía haber mayor cantidad en aquellos alrededores. Edificó en el sitio más pedregoso el fuerte de Santo Tomás, regresando después á la Isabela.
Encontróse allí con nuevas dificultades. Las provisiones escaseaban más cada día, los soldados se resistían al trabajo, y la indisciplina de todos amenazaba convertirse en rebelión franca. Para conjurar tan graves peligros distribuyó Colón por el interior de la isla á los colonos más rebeldes en pequeños destacamentos, á cuyos jefes aconsejó que usaran de templanza en sus relaciones con los indígenas. Nombró, además, una Junta Provisoria de Gobierno, y tomando tres pequeñas carabelas, se hizo á la mar (Abril 24) con rumbo al Occidente y en demanda del oro que en Cibao no había encontrado en abundancia[520].

Fig. 369.—Preparando el segundo viaje.
Exploraciones.
5.—Costeó primero Colón la parte meridional de la isla de Cuba y, apartándose luego hacia el Sur, descubrió la de Jamaica (Mayo 14, 1494), cuyos naturales le recibieron cordialmente. Empleó el mes siguiente en navegar entre las numerosísimas islas de aquellos parajes siempre con rumbo al Oeste. La costa de Cuba parecióle interminable, las provisiones escaseaban. Era necesario volver y demostrar que la expedición no había sido estéril. Exigió, por tanto, á los pilotos, entre ellos al célebre cartógrafo Juan de la Cosa (en cuyo mapa del año 1500, Cuba aparece claramente como una isla) que juraran solemnemente que la tierra que estaban costeando era el Continente y el principio de las Indias[521].
Dos días más de navegación hubieran bastado al Almirante para llegar á la punta occidental de la isla de Cuba, y posiblemente hubiera descubierto el Yucatán ó Méjico. Sus ilusiones, sin embargo, dieron origen al primer proyecto de vuelta al mundo. Si hubiese tenido abundancia de provisiones, dice D. Fernando Colón, no hubiese vuelto á España sino por el Oriente. Antes de regresar á la Isabela exploró nuevamente las costas meridionales de Jamaica, y las de la Española misma. Quiso lanzarse desde allí hacia las islas que llamó de los Caribes, pero debilitado por cuatro meses de hambre, trabajos y zozobras, sintióse acometido de grave postración, que se convirtió en profundo letargo, con insensibilidad alarmante. Al verle en aquel estado creyeron los expedicionarios llegada la última hora de su jefe, y decidieron volver á la Isabela cuanto antes.
Allí fué recibido el Almirante (Septiembre, 20) por su hermano D. Bartolomé, que por orden de los Reyes Católicos había traído á la Española tres naves con víveres y bastimentos[522].
Bartolomé Colón.

Fig. 370.—El Adelantado D. Bartolomé Colón.
6.—Si lamentable era el estado de la colonia á la salida del Almirante, más aún lo era á su regreso. Las enfermedades, el desencanto, el hambre insaciable, los disturbios y la indisciplina habían aumentado. Bartolomé Colón, nombrado por su hermano Adelantado, ó Gobernador militar de la isla, fué mucho más severo que el Almirante, y se hizo, por tanto, más odioso á los colonos, que le consideraban como extranjero y se resistían á obedecerle. Por otra parte, la población indígena, cansada de los abusos y violencias de los españoles, amenazaba rebelarse. Pedro Margarite, que mandaba la fortaleza de Santo Tomás, desertó y, acompañado del Vicario apostólico Boyl, algunos otros eclesiásticos y varios descontentos, se apoderaron de los buques que Bartolomé Colón había traído, y se hicieron á la vela para España, donde llegaron quejándose amargamente del Almirante y de su hermano, y declarando sin ambages que no había en las tales Indias ni oro, ni cosa alguna de provecho[523].

Fig. 371.—Carabelas en "La Española" (Grabado siglo xvi).
Guerra contra los indígenas.
7.—Apenas se repuso Cristóbal Colón de su grave dolencia, emprendió con su hermano una activa campaña contra los indios que duró nueve ó diez meses. Las armas de fuego, el acero, la caballería, y los feroces perros que, según Las Casas, "podían matar cien indios por hora", hicieron comprender cruelmente á los aterrorizados indígenas que era inútil resistir. Se impuso á los sometidos imposibles cargas. Los que vivían cerca de las minas debían tributar por cabeza, media onza de oro nativo cada tres meses; los que vivían lejos, una arroba de algodón en bruto. Desesperados los indios talaron sus campos y huyeron á los montes. Algunos caciques ofrecieron tributar con sus cosechas si se les eximía de la obligación de entregar cantidades de oro que no tenían. Colón no aceptó el cambio.
Necesitaba oro en abundancia para demostrar que era valiosa la colonia. La guerra de exterminio prosiguió. Los soldados españoles penetraron hasta lo más intrincado de los bosques para perseguir á los fugitivos, y redujeron á la esclavitud á los pocos que quedaron con vida. La población aborigen de la Española quedó reducida á la tercera parte[524].

Fig. 372.—La Carabela "Santa María".
Juan de Aguado.
8.—Entre tanto, los Reyes Católicos, atendiendo las reclamaciones del P. Boyl, Margarite y sus compañeros, nombraron á Juan de Aguado comisario especial, sin otro encargo que el de examinar escrupulosamente el gobierno y administración de Colón y sus hermanos en Indias. Salió Aguado con cuatro embarcaciones llevando consigo á D. Diego Colón, hijo del Almirante. Llegaron á la Española en ocasión que éste último guerreaba con los indios. Aguado, extralimitándose en sus poderes, no guardó á Colón las consideraciones debidas. Como era natural, la arrogante actitud del Comisionado alentó á los enemigos del anciano marino. Aguado, cuando se consideró con informes suficientes, decidió regresar á España. Colón determinó también acompañarle para explicar en la Corte su conducta. Estando los buques disponibles prontos á zarpar, fueron destrozados por un huracán que se desencadenó sobre la isla. Colón no se arredró y con los despojos del naufragio mandó construir una embarcación que llamó «La Santa Cruz» y fué el primer buque construído en el Nuevo Mundo que cruzó los mares. Hiciéronse á la vela Cristóbal Colón y Diego de Aguado el día 10 de Mayo, quedando al frente del gobierno de la Española D. Bartolomé Colón y D. Diego.
Colón al llegar á Cádiz, sin duda para atenuar la mala impresión que iba á causar en España la llegada de las carabelas cargadas de enfermos, se presentó en público con la barba crecida y vistiendo el sayal franciscano[525].

Fig. 373.—Mapa de Cuba (según Wyfliet, 1597).
Tercer viaje.
9.—No bien supieron los soberanos la llegada del Almirante, le invitaron á pasar á la Corte. Sus argumentos convencieron á los Reyes, pero la escasez de recursos de la Real Hacienda impidió reunir con rapidez los auxilios que solicitaba el descubridor para su colonia. Por otra parte, los informes propagados por los descontentos de la Española, arredraron á todos. Nadie se decidía á emprender el viaje. En Junio de 1497, á instancias repetidas del mismo Colón, dictóse por los Reyes un decreto eximiendo de pena á todo criminal (salvo á los heréticos, falsificadores, etc.) que pasara á Indias. A pesar de esta orden y de la incansable actividad del Almirante, la enemistad de Fonseca y las absorbentes preocupaciones de los Reyes, detuvieron dos años los aprestos de la tercera expedición á Indias. Armóse por fin con cuatro naos y dos pequeñas carabelas, que pilotadas por Colón mismo salieron de Sanlúcar de Barrameda el día 30 de Mayo de 1498. Siguiendo las indicaciones del lapidario Jaime Ferrer, decidió Colón hacer rumbo hacia el Sur y seguir luego la línea Equinoccial hacia el Oeste. Dividió su flota en las Canarias, enviando tres buques á la Española y siguiendo con los otros tres hacia el Sur y el Occidente. Después de largos días, de penosas calmas y terribles calores, llegó á la Isla de Trinidad, y siguiendo más al Sur avistó el continente que llamó «Isla Santa» cerca de las bocas del Orinoco. Dos semanas después se convenció de que la tierra se extendía indefinidamente al Sur y al Oeste, y de que había llegado á un Nuevo Mundo. Excitado su místico espíritu por las pasadas tribulaciones, creyóse enviado especial de la Divina Providencia, según los decires de los Profetas, para llevar á lejanos mundos el nombre de Cristo, y en una carta dirigida á los Reyes les anunció haber descubierto el Paraíso Terrenal, y pintando con entusiasta dicción aquel "filero de corriente que venía rugiendo con grande estrépito" (bocas del Orinoco), y aquellas "lomas líquidas que salían y entraban como en pelea del agua dulce con la salada", díjoles haber llegado al «fin del Oriente», y á los cuatro grandes ríos genesiacos que salían del «Arbol de la vida» y su fuente. Reconoció fijo en esta idea las costas del golfo de Paria (Costa de las Perlas), é hizo luego rumbo á la Isabela para reparar sus averiadas naves, y enviar á su hermano D. Bartolomé á explorar y tomar posesión de los maravillosos territorios descubiertos[526].

Fig. 374.—El "Paraíso Terrestre" de Cristóbal Colón (Costa de las Perlas).

Fig. 375.—Colón á bordo de su carabela (Reconstitución según documentos de la época).
Sublevación de Roldán.
10.—Aumentaba en tanto en la Española el desorden y las turbulencias. D. Bartolomé Colón, acaso el más fuerte, prudente y enérgico de los tres hermanos, había recorrido la mayor parte de la isla guerreando con los indios y fundado la villa de Santo Domingo, pero durante su ausencia surgió un grave desacuerdo entre D. Francisco Roldán, alcalde mayor de la isla, y D. Diego de Colón, dividiéndose los colonos en dos enconados bandos. D. Bartolomé Colón, dándose cuenta de la gravedad del caso, despachó á Roldán un emisario amistoso. Negóse este último á tratar con él, obligando al adelantado D. Bartolomé Colón á nombrar un tribunal especial que procedió sumariamente y condenó á muerte á Francisco de Roldán y á sus principales partidarios[527].
Llegó en esto á la Isabela el Almirante y comprendiendo que no tenía fuerzas bastantes para reducir á Roldán, hizo de la necesidad virtud y transigió con las exageradas pretensiones del alcalde rebelde, para así pacificar la anarquizada isla.

Fig. 376.—Parte Oceánica del Globo de Behaim (1492) demostrando la posición del Continente Americano, ignoto para los hombres de aquella época.
Colón encadenado.
11.—En Mayo de 1499 supieron los Reyes Católicos, por cartas del mismo Colón, el melancólico estado de la Española. Las dichas cartas, que en cierto modo confirmaban los malos informes que sobre las colonias propagaban en España los enemigos del Almirante, decidieron á los soberanos á nombrar como Juez pesquisidor de las tierras de Indias al Comendador de Calatrava D. Francisco de Bobadilla, que salió de España en Julio del año 1500. El domingo 23 de Agosto llegó á la naciente ciudad de Santo Domingo que gobernaba D. Diego, hermano del Almirante. Allí le escribió Cristóbal Colón y ni siquiera se dignó responderle, antes bien, hizo información secreta y pública contra el Almirante, y al llegar éste á Santo Domingo, el recibimiento que le hizo fué «mandalle poner unos grillos y metelle en la fortaleza...» echando también á D. Diego preso en una carabela cargado de fierros... Aprisionó también á D. Bartolomé, y embarcó á los tres hermanos en la carabela «La Gorda» mandada por el honrado Capitán Alonso Vallejo, que el mes de Octubre del año 1500 salió del puerto de Santo Domingo con sus ilustres prisioneros. No bien salieron del puerto se arrodilló Vallejo ante el Almirante para quitarle por sí mismo los grillos. No lo consintió Colón. Seguro de su inocencia prefirió aguardar tranquilo á que los Reyes se los mandaran quitar, si de su orden se los habían echado[528].

Fig. 377.—Misa en la Costa (Grabado del siglo xvi).
Actitud de los Reyes.
12.—En pocos días de navegación llegaron todos á Cádiz. Si extraordinario fué el asombro que produjo en España la llegada de Colón, cuando volvió de su primer viaje, no fué menor el que todos experimentaron al saber que había llegado á Cádiz con una barra de grillos. Un grito de indignación surgió en todas partes, reprobando la severidad de Bobadilla. Los Reyes escribieron afectuosamente al anciano marino doliéndose del proceder de sus enemigos y remitiéndole fondos para que se presentara en la corte cual convenía á su rango de Almirante. Diéronse, además, por satisfechos de su conducta, le devolvieron sus bienes y privilegios, aseguráronle que no se haría caso de las informaciones de Bobadilla, á quien inmediatamente se quitaría el mando. Prometiósele, además, enviar por dos años á la isla Española persona capaz de ponerla en orden.
Cumpliendo lo prometido nombraron los Reyes sucesor de Bobadilla al Comendador D. Nicolás de Ovando, con jurisdicción sobre todas las tierras del Nuevo Mundo hasta entonces descubiertas[529].
Los Cabots.
13.—Las exploraciones de los Ingleses en el Continente Norte Americano, que habían de dominar en su mayor parte con el transcurso de los siglos, fueron iniciadas por Juan Cabot, que en el año 1497 salió del Canal de Bristol con rumbo á las Indias. La historia de este audaz marino y de sus hermanos puede relatarse en pocas líneas. Nacido en Génova, como Colón, se estableció con su familia en Bristol, centro entonces del comercio con las pesquerías de Islandia. Allí recibió noticias del primer viaje de Colón, y decidió proponer al rey Enrique VII una empresa análoga (1496). Aceptó el monarca inglés la idea, y á pesar de las reclamaciones del embajador español Puebla, otorgó á Cabot y á sus tres hijos carta patente para navegar "al Norte, Este ú Oeste con cinco buques de pabellón inglés, para descubrir y explorar islas, regiones ó provincias de paganos en cualquier parte del mundo".

Fig. 378.—Portada de la Historia de Oviedo (Edición 1526).
La expedición, compuesta de un solo buque llamado "Mathew" ó "Mathews", salió de Bristol en el mes de Mayo, descubriendo en Junio 24 la costa americana, que supuso ser la de China en el territorio del "Gran Cham" y volviendo en seguida á Inglaterra. Una segunda expedición salió de Bristol en Abril de 1498, y exploró una parte de la costa de Norte América. Probablemente la mandaba también Juan Cabot. Ni volvió ni se supo más de él. Posiblemente murió ó se perdió en el viaje, dejando el mando á su hijo D. Sebastián. Tampoco puede determinarse con precisión la parte de Norte América visitada en este segundo viaje. Los embajadores españoles Puebla y Montalván, al informar á los Reyes Católicos sobre el suceso y refiriéndose á un mapa que en Inglaterra se hizo, dijeron haberse costeado 400 leguas. La opinión más aceptada es que los Cabots visitaron la costa del actual Labrador, recorriendo el golfo de San Lorenzo hasta el Cabo Cod. Así al menos puede deducirse del mapa hecho en 1500 por el piloto Juan de la Cosa, que es el mejor y más fidedigno de la época.

Fig. 379.—Patio del Alcázar de Sevilla.
El segundo viaje de los Cabots consideróse en Inglaterra como un fracaso comercial. Lo encontrado no era seguramente el ensoñado Cathay, y aunque hablaron los Cabots de ricas pesquerías, los mercaderes de Bristol, que se enriquecían con las Islandesas, no consideraron conveniente armar nuevas expediciones. Por otra parte, el deseo de propagar el cristianismo en tierras de infieles, no era bastante para que Enrique VII se decidiera á seguir adelante en la empresa, y aunque tanto él como su sucesor Enrique VIII, otorgaron algunas patentes de navegación, el interés por los viajes á Indias decayó en absoluto y no volvió á surgir hasta que la Inglaterra protestante de Isabel, por razones políticas y comerciales, que en su lugar enunciaremos, decidió atacar á España en América, y destruir su supremacía en el mundo colonial y marítimo[530].

Fig. 380.—Monumento á Cristóbal Colón en Madrid.
Los Corte Real.
14.—Análogas tentativas á las de los Cabots en Inglaterra hicieron los hermanos Corte Real en favor de la corona portuguesa. Autorizados también estos pilotos por una carta patente (Marzo 12, 1500), hízose á la vela uno de ellos (Gaspar Corte Real), alcanzando "una tierra muy fría y de grandes bosques" que se cree fueran las costas occidentales de Terranova. En la primavera de 1501 hizo Gaspar Corte Real otra nueva expedición, de la que nunca volvió. De la correspondencia de Pascualigo y Cantino y del mapa construído por este último piloto, se deduce que Corte Real llegó en este viaje á la punta Sur de Groenlandia, derivando hacia el Labrador y visitando acaso las costas N. E. de los Estados Unidos. Miguel Corte Real equipó en Mayo 1502 otra expedición de tres buques para buscar á su hermano. Tampoco volvió. El Rey Don Manuel, condolido de la pérdida de sus navegantes, fletó dos carabelas (1503) para ver de encontrarlos. Fué inútil. Nunca pudo saberse cómo ni dónde perecieron. En recuerdo suyo todos los mapas portugueses dieron á Terra Nova el nombre de «Tierra de los Corte Real». Y esto fué lo único que durante siglos supo el mundo europeo de los navegantes audaces que perecieron en los lejanos mares septentrionales[531].


CUESTIONARIO
1.—¿Cómo estaba compuesta la flota del segundo viaje Colombino?
2.—¿Qué tierras Americanas descubrió el Almirante en este viaje?
3.—¿Cuál fué la primer ciudad Española del Nuevo Mundo?
4.—¿Qué resultado tuvieron las exploraciones del Cibao?
5.—¿Qué solicitó Colón de los Reyes Católicos en su célebre memorial?
6.—¿Qué medidas tomó Colón para reprimir los disturbios de La Española?
7.—¿Qué juramento exigió Colón á sus pilotos en las costas de Cuba?
8.—¿En qué fecha descubrió la isla de Jamaica?
9.—¿Qué resistencias suscitó en La Española el nombramiento de Bartolomé Colón?
10.—¿Qué tratamiento dió Colón á los indígenas?
11.—¿A quién nombraron los Reyes Católicos Comisario especial de Indias?
12.—¿Cuál fué su actitud respecto á Colón?
13.—¿En qué buque volvieron á España Colón y Aguado?
14.—¿Qué descubrió Colón en el tercer viaje?
15.—¿Qué ilusiones se forjó sobre las tierras descubiertas?
16.—¿Cómo se solucionó la rebelión de Roldán?
17.—¿Que tratamiento dió Bobadilla al Almirante Colón y á sus hermanos?
18.—¿Qué hicieron los Reyes cuando Colón llegó á España encadenado?
19.—¿Quién fué nombrado sucesor de Bobadilla?
20.—¿Quién fué Juan Cabot?
21.—¿Qué viajes hicieron los Cabots, y qué territorios Americanos descubrieron?
22.—¿Qué resultado práctico tuvieron sus expediciones?
23.—¿Quiénes fueron los hermanos Corte Real?
24.—¿Qué territorios Americanos descubrieron?
25.—¿Qué mapas inmortalizaron su nombre?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en los capítulos anteriores, en especial Herrera, Oviedo, Las Casas, Gomara, Acosta, Robertson, Winsor (vol. II, pág. 4 y sig.), Gunter, Errera, Gaffarel, Lafuente, etc. Son también de utilísimo estudio K. Kretschener, Die Entdeckung Amerikas (2 vols. y atlas). Harrisse, Discovery of North America, etc., (1892). Gaylord Bourne, Spain in America (1904). Luigi Hughes, Cronologia delle Scoperte é delle Esplorazione Geografiche dell ano 1492 á tuto il Secolo xix (1903). Bancroft, Central America (I). Sophus Ruge, Geschichte des Zeitalters der Entdeckungen (1881). Oskar Peschel, íd., íd., (2 Edición, 1877), etc., etc.
Vida y Viajes de Colón.—Gallo, Senarega y Giustiniano. (Vse. Vol. I, Thacher; Christopher Columbus). Fernando Colón, Historia del Almirante (Ed. Madrid 1892, 2 vols.). Washington Irving, Life & Voyages Christopher Columbus. Henry Harrisse, Christophe Colomb (2 vols. 1884). J. M. Asensio, Cristóbal Colón, su vida, sus viajes y sus descubrimientos (2 vols., 1891). John Boyd Thacher, Christopher Columbus (3 vols. 1903-1904). Winsor, Christopher Columbus (1892). Cesare Lollis, Vita di Christophoro Colombo, etc. Roselly de Lorgues, Christophe Colomb (París, 1886), etc., etc.
Cabots y Corte Real.—G. E. Weare, Cabots Discovery of North America (1897). Harrisse, John Cabot, the Discoverer of North America, etc., (1896). Id., Decouverte et evolution Cartographique de Terre Neuve (1900). Bidle, Memoir of Sebastián Cabot. Deane en Winsor, N. & C. H. of A. (vol. III). Harrisse, Les Corte Real et leur voyages au Nouveau Monde (1883). C. R. Markham, Journal of Columbus, (1893), (Traducción Documentos Cabots y Corte Real), etc., etc.
Fuentes.—Archivo de Indias, de Simancas, del Vaticano, del Consejo de Indias, Biblioteca Colombina (Sevilla), etc. J. Ramos Coelho. Algunos Documentos do Archivo Nacional da Torre de Pombo (1416-1529). M. J. de Navarrete, Colección de los viajes y descubrimientos, etc. (5. vols., 1825-1837). Colección Doc. Inéditos para la Historia de España (112 vol., 1842-1896). Pacheco y Cárdenas, Col. Doc. Inéditos, etc. (42 vols., 1864-1884, Tabla Cronológica del vol. XXXIII). Doc. Inéditos de Ultramar, segunda serie (11 vols., 1885-1898). La publicación del Gobierno Italiano, Racolta di Documenti é Studi (6 partes, 14 vols., 1892-1896). Ternaux Compans, Relations, etc. (20 vols., 1837-1841). Muñoz, Historia del Nuevo Mundo (Ed. 1793). Para los escritos de Colón mismo, véase Lollis, Raccolta Colombiana (1892-1896). Cartas y Relaciones de Colón (Bca. Clásica, vol. CLXIV). Duquesa de Berwick y de Alba, Autógrafos de Colón (1892) y Nuevos Autógrafos Colón y Relaciones de Ultramar (1902). Véanse además la Narración Dr. Chanca en Bernáldez, Hist. de los Reyes Católicos, Cap. CXVIII á CXXXI (Ed., 1878). Guglielmo Berchel, Fonti Italiani per la Storia della Scoperta del Nuovo Mondo, etc. (Raccolta Colombiana, parte 3.ª vol. I y II). Pedro Mártir de Anglería, Cartas y Décadas Oceánicas (Ed. Torres Asensio, Madrid, 1892, 4 vols.) y las relaciones de viajes de Grynaeus (Novus orbis, etc., 1532). Ramusio (Navigationi, etc., 1550-1565). R. Hakluyt (Principal Navigations, etc., Ed. Londres, 1809), etc., etc.
Bibliografías.—Vse. Bancroft en Central America (I) Ruge, op. cit. Gaylord Bourne, op. cit., pág. 320-326. Larned, Literal, of Am. Hist, pp. 58 y sig. Winsor, N. & C. Hist. of America, vol. II, Introducción y pág. 20 á 128, etc. Harrisse, Bibliotheca Americana Vetustísima (N. Y., 1866) y sus adiciones (París, 1872). Ch. Leclere, Biblioteca Americana (París, 1872) y las publicaciones de Justus Perthes Geographischer Anstalt, Wagner; Geographisches Jahrbuch, Berner; Jahresbericht der Geschichtswissenschaft, etc., etc.

CAPÍTULO III LA LINEA DE LA COSTA (1499-1508)
1.—Alonso de Ojeda. 2.—Viajes de Alonso Niño y Vicente Yáñez Pinzón. 3.—Viajes de Lepe y de Bastidas. Segundo viaje de Ojeda. 4.—Vasco de Gama. 5.—Pedro Alvarez Cabral. 6.—El cuarto viaje de Colón. 7.—Santo Domingo. 8.—El Continente. 9.—Jamaica. 10.—Últimos años de Colón y su muerte. 11.—Américo Vespucio. 12.—Sus viajes. 13.—Sus escritos. 14.—El nombre de América.
Alonso de Ojeda.
1.—Mientras Colón luchaba en La Española, otros exploraban los confines de su célebre «Paraíso Terrestre». La esplendorosa descripción de estas regiones y el mapa de las mismas enviado á los Monarcas, decidieron al audaz Ojeda, que tanto se había distinguido por su valor y pericia en La Española, á intentar una expedición á la Costa de las Perlas, que pronto armó ayudado por los comerciantes sevillanos. Acompañábanle en esta aventura dos hombres notables: el famoso piloto y cartógrafo Juan de la Cosa y Américo Vespucio, ó «Morigo Vespuche» como le llamaba el mismo Ojeda, y que, como más adelante veremos, estaba destinado á dar su nombre al Nuevo Mundo. La flota de Ojeda, compuesta de cuatro buques, se hizo á la vela en Mayo de 1499, siguiendo el derrotero de Colón en su tercer viaje.