ÉPOCA PRIMERA. AMÉRICA INDÍGENA.
Reading edition
TÍTULO PRIMERO. Antigüedad del hombre en América.
CAPÍTULO I. EL HOMBRE CUATERNARIO Ó PALEOLÍTICO
1.—Lo Prehistórico. 2.—Materiales para su estudio. 3.—Las edades geológicas. 4.—Los períodos glaciales. 5.—La ley de Asociación 6.—Los criterios arqueológicos 7.—Útiles paleolíticos en América. 8.—El hombre cuaternario en América del Sur. 9.—En América del Norte.—10 Insuficiencia cronológica de estas investigaciones.
Lo Prehistórico.
1.—Desde la creación del hombre[10] hasta el primer testimonio escrito de su vivir histórico, hay un período obscuro y de duración variable, que designar podemos con el nombre de Prehistórico[11].

Fig. 1.—Corte estratigráfico. Hancock (Virginia E. U.)
No existe crónica alguna de lo acaecido en América antes de ser descubierta por Colón. Las inscripciones y códices indígenas que han llegado hasta nosotros, no han podido todavía descifrarse con certeza. La historia del Continente Americano empieza, pues, al finalizar el siglo xv. Todo lo anterior á dicha fecha pertenece en América al campo de lo prehistórico[12].
Hay un hecho cierto que sirve de punto de partida para investigar tan obscuras épocas. Al llegar los conquistadores europeos á las costas de América encontraron en ellas hombres que creyeron distintos de los del Continente Antiguo, pueblos extraños de organización peculiarísima. ¿De dónde venían? ¿Cuál fué su origen y cuál su antigüedad? Los guerreros del siglo xv y xvi no pudieron averiguarlo. Los datos obtenidos hasta hoy por la ciencia son también insuficientes para esclarecer el enigma.

Fig. 2.—Formación glacial. Isla Sebree (Alaska).
Nos limitaremos, pues, á plantear tan obscuros problemas sin pretender resolverlos, y á relacionar sumariamente los datos ó fragmentos de dato que la Arqueología y la Etnología[13] pueden proporcionarnos.
Materiales para su estudio.
2.—La fuente principal para el estudio de lo prehistórico está en los monumentos, útiles y objetos paleográficos que de los primitivos Americanos han llegado hasta nosotros. Como productos indiscutibles de sus actividades nos ayudan á conocer sus ideas, costumbres y cultura. El estudio y comparación de las lenguas y dialectos Americanos nos permite también determinar la afinidad de tribus separadas geográficamente y trazar el probable curso de sus emigraciones y movimientos. Las tradiciones y leyendas nos proporcionan, por último, valiosos datos que corroboran conclusiones dudosas ó aniquilan teorías inciertas.

Fig. 3.—Precipicios y glaciares del Aconcagua (Chile).
Las edades geológicas.
3.—Los materiales que componen la corteza terrestre no están amontonados en caprichoso desorden, sino dispuestos en lechos ó estratos sucesivos colocados en el orden en que se fueron formando.
Basados en esta ley de superposición estratigráfica, aplicable á todas las regiones del globo[14], han dividido los geólogos el proceso de formación de la tierra en edades y períodos de duración cronológica incierta, caracterizados por la estructura de las rocas que componen los estratos superpuestos[15].
Los períodos glaciales.
4.—El más interesante de los episodios geológicos de la edad cuaternaria, única que interesa á nuestro estudio, es el avance y retroceso de las enormes sábanas de hielo que en períodos sucesivos, llamados glaciales, invadieron las regiones septentrionales de Europa y América[16], allanando los montes, transformando los valles, arrastrando, estriando ó pulimentando las rocas y acarreando piedras y arenas, para amontonarlas al retroceder en depósitos geológicos de estructuras complejas y formas características[17]. Acumuláronse tales depósitos en algunos ríos á manera de bancos, y convirtieron en extensos lagos los primitivos valles. Desviaron otros ríos su curso, buscando nuevos cauces y formando gargantas profundas. La humedad atmosférica, el descenso de la temperatura y la acción misma de los glaciales, ocasionaron también extraordinarios cambios en la faz de la vida orgánica, haciendo desaparecer algunas especies animales y vegetales y emigrar á otras á regiones diversas.

Fig. 4.—Formaciones fósiles (Pentacrinus Hiemeri) Museo Británico (Nat. Hist.)
Las causas[18], fecha y duración de los períodos glaciales, no se conoce con certeza. Parece, sin embargo, demostrado, que el principio y fin de los mismos es relativamente reciente[19] (cuaternario-pleistoceno), y que el avance de los hielos sobrevino en dos épocas distintas y separadas por largos intervalos de más alta temperatura que estacionaron los glaciales en las altas mesetas y en las regiones árticas y antárticas[20].

Fig. 5.—Formación fósil carbonífera de Iowa (E. U.) Museo Británico (Nat. Hist.)

Fig. 6.—Esqueleto fósil del Jetiosauro marino (Ichthyosaurian termirostris). Museo Británico (Nat. Hist.)
La ley de Asociación.
5.—La sucesión, emigración y evolución de los organismos animales fósiles ha podido asociarse con las edades geológicas en que predominaron y en general caracterizan, llegando al convencimiento de que el conjunto de fósiles de un estrato geológico dado, difiere del de los estratos inferiores ó más antiguos y superiores ó más modernos. En tales principios científicos se funda la llamada Ley de Asociación.[21]

Fig. 7.--El dinosauro unicornio (Triceratops-Prorsus de _Marsh_).
Limitándonos á los fósiles cuaternarios[22], podemos en general afirmar que en la misma edad geológica en que vivieron el oso y el león de las cavernas, el mastodonte, etc., en el continente Europeo, existieron en el Americano el megaterio, el mylodon, el glyptodon, el megalonix[23] y demás especies animales gigantescas, ya extinguidas[24], cuyos esqueletos reconstruídos admiramos en los Museos[25].
Criterios arqueológicos.
6.—El hombre, ser dotado de razón y libertad, aparece sobre la tierra en la edad geológica cuaternaria[26]. Para satisfacer las necesidades físicas y defenderse de las fieras é inclemencias atmosféricas[27], necesitó valerse de herramientas y útiles y buscar ó construir refugios más ó menos invulnerables.

Fig. 8.—El Allosaurus (Reconstrucción C. R. Knight) American Museum (U. S.)
La observación del estilo y forma de estas herramientas, útiles y refugios, concordada con la de los estratos geológicos en que se encuentren (superposición), y los restos humanos y de animales extinguidos que en dichos estratos les acompañen, (asociación), son los únicos cánones que pueden conducirnos á esclarecer en lo posible el intrincado problema de la antigüedad del hombre en América[28].

Situación geográfica actual de las diferentes ruinas prehistóricas de los Estados Unidos de la América del Norte.

Fig. 9.—Esqueleto reconstruído del Allosaurus sobre el del Brontosaurus (Am. Mus. U. S.)
Los arqueólogos Europeos,[29] basados en el estilo y material de los restos arqueológicos, distinguen en los tiempos prehistóricos las tres célebres edades de la piedra, del bronce y del hierro[30], subdividiendo la primera, ó lítica, en varias épocas. Eolítica, ó de la piedra cortada, paleolítica, ó de la tallada y neolítica, ó de la pulimentada, según el grado de perfección que alcanzaron en las diversas localidades los referidos útiles líticos.

Fig. 10.--Reptil Dinosaurio (Diplodocus carnegii de Wyoming U. S. A.) (Museo Británico).
La ausencia del hierro y en general del bronce entre los indígenas Americanos, excluyen hasta hoy de su prehistoria las dos últimas edades. América no conoció el hierro hasta la llegada de Colón. Los indios de América del Norte y gran parte de los de la del Sur no conocieron el bronce[31], y la edad del cobre que algunos arqueólogos han querido equiparar en América á la del bronce Europea, no ha podido determinarse con certeza[32].

Fig. 11.—Dinosauro Acorazado (Stegosaurus ungulatus) O. C. Marsh. (Universidad de Yale. E. U.)
Por otra parte, aun existiendo en el Continente Americano pruebas abundantes de las culturas líticas, no es posible aplicar estrictamente la división en épocas paleolíticas y neolíticas. Aceptaremos, pues, tales términos sólo como descriptivos, procurando alejar de nuestra mente toda idea de tiempo para sustituirla con la de sucesión ó progreso[33].
Útiles paleolíticos.
7.—Llamaremos útiles paleolíticos, á aquellos objetos rudos de piedra de variados tamaños y grosera talla que hayan sido encontrados en lechos geológicos indudablemente pleistocenos ó cuaternarios[34]. En tales depósitos, generalmente de gran espesor, al lado de tan rudimentarios productos de la industria humana, suelen encontrarse fósiles de varias especies animales extinguidas. Semejantes descubrimientos pueden establecer la convivencia del hombre con las referidas especies, única prueba de su antigüedad, universalmente aceptada por los científicos. A estos hombres que tales útiles emplearon y en tales épocas existieron, los designaremos con el término genérico de cuaternarios ó paleolíticos.

Fig. 12.—Esqueleto del Glyptodon Clavipes (Formación pampeana). Rep. Arg. (Mus. Brit.)

Fig. 13.—Piel de oso hormiguero (Grypotherium Listai). Patagonia (Rep. Argent.) (Mus. Brit.)
El hombre cuaternario en la América del Sur.
8.—Las investigaciones modernas nos permiten afirmar la coexistencia del hombre en América del Sur con el megaterio, el mylodon, el megalonix y demás especies animales que corresponden en la Zoología fósil Americana á los grandes mamíferos extinguidos del antiguo Continente.
En las cavernas de Lagoa Santa y Sumidero (Dep. Minas Geraes), el sabio Lund, que dedicó muchos años de su vida á estos estudios, pudo reunir hasta 115 especies de animales fósiles, asociados con restos humanos y numerosos útiles paleolíticos[35].

Fig. 14.—El "Toxodon Platensis" (Buenos Aires. Formación pampeana). Mus. Brit.
A las orillas del Carcarañá recogió Seguin, en 1872, osamentas fósiles de megaterio asociadas con restos humanos[36]. En 1875 Ameghino descubría cerca de Mercedes, á orillas del Arroyo Frías y en formaciones geológicas cuaternarias, gran cantidad de osamentas de animales fósiles asociados con restos humanos, y más tarde y en formaciones geológicas también pleistocenas[37] (Pampeanas), encontró la concha gigantesca de un glyptodon[38], acompañada de instrumentos de silex y dientes de toxodon y mylodon trabajados por la mano del hombre[39]. Los hallazgos de Moreno en Patagonia, los de Burmeister, Carles, etc., etc.,[40] confirmaron los de Lund y Ameghino, estableciendo científicamente la existencia del hombre cuaternario ó paleolítico en América del Sur y especialmente en la República Argentina[41].

Fig. 15.—Cráneo supuesto terciario. (Ameghino). Rep. Argentina.

Fig. 16.—El mismo visto de frente. (Rep. Arg.)
El hombre cuaternario en América del Norte.
9.—No obstante los numerosos trabajos de los Arqueólogos Norte-Americanos, los vestigios del hombre cuaternario en América del Norte no son tan claros como los de la América del Sur. Si Haynes[42] considera innegables las conclusiones de Abbot[43] sobre sus hallazgos en los barrancos del Río Delaware (Trenton Gravels), otros investigadores eximios[44] niegan su importancia científica. Son aún más discutibles las pruebas de la existencia del hombre glacial y cuaternario en el Ohio[45], en Minnesota[46] ó Kansas[47] aceptadas por algunos autores sin mayor examen crítico[48], y las caprichosas elucubraciones de Whitney sobre el pretendido cráneo plioceno de California (Calaveras County), rechazadas hoy definitivamente por la ciencia[49]. Debemos, pues, suspender nuestro juicio sobre estos hallazgos, hasta no verlos confirmados por pruebas más convincentes[50].

Fig. 17.—Punta de flecha márgenes río Delaware (E. U.)

Fig. 18.—Instrumento de silex (Col. Ameghino) Río Lujan Rep. Argent.
Insuficiencia cronológica de estas investigaciones.
10.—La indudable coexistencia del hombre en América del Sur con las especies animales cuaternarias, única afirmación aceptable en el estado actual de la ciencia, si bien importa un verdadero progreso arqueológico, de poco ó de nada nos sirve para determinar cronológicamente la antigüedad del hombre en América.
Para resolver tan obscuro problema, sería necesario conocer la época de la constitución de los terrenos cuaternarios en América, el siglo en que acaecieron los aluviones glaciales y su duración aproximada; sería necesario saber la fecha y las causas de la desaparición de las especies extinguidas; tener, en fin, una base, un punto de partida, datos fijos en qué fundar nuestros cálculos.

Fig. 19.—Tibia de Mylodon con incisiones hechas por el hombre cuaternario. Río Lujan (Rep. Argent.) Col. Ameghino.
Hasta ahora la cuestión sólo tiene incógnitas. La ciencia ha encontrado una relación de estratos, animales, hombre; pero dicha relación no basta.

Fig. 20.—Hacha paleolítica. Aluviones río Yuchipila (Méjico).
El geólogo[51], no conoce fechas, sino sucesión de cosas. Los fenómenos geológicos que exigen para algunos cientos de miles de años de duración[52] han podido producirse por circunstancias excepcionales en pocos siglos[53]. "Todo lo que la geología puede probarnos, decía Huxley hablando de los períodos geológicos, es el orden local de sucesión; pero si hay que investigar grandes zonas ó estaciones y depósitos separados, la maliciosa confusión (mischief) de la homotaxis, ó semejanza de colocación que puede demostrarse, con el sincronismo ó identidad de fecha sobre el cual no hay ni sombra de prueba, conduce á incalculables equivocaciones y especulaciones sin fundamento".[54]. La verdad es que la ciencia no ha conquistado todavía un cronómetro capaz de medir los períodos de formación de la tierra.

Fig. 21.—Instrumento cortante (paleolítico) y probable modo de usarlo (Mus. Brit.)

CUESTIONARIO
1.—¿Qué se entiende por períodos prehistóricos?
2.—¿Qué por períodos históricos?
3.—¿De qué materiales disponemos para estudiar lo Prehistórico Americano?
4.—¿Qué se entiende por superposición geológica?
5.—¿Cuáles son las edades geológicas?
6.—¿Qué fenómenos ocurrieron en los períodos llamados glaciales?
7.—¿Qué se sabe sobre su duración y causas?
8.—¿Qué se entiende por asociación paleontológica?
9.—¿Cuáles son los animales extinguidos más notables que hubo en América?
10.—¿Conocemos sus fósiles?
11.—¿Cuáles son los criterios arqueológicos?
12.—¿Qué nos enseñan estos criterios?
13.—¿Cuáles son las edades arqueológicas?
14.—¿Cómo se subdividen las líticas?
15.—¿Son aplicables estas divisiones á lo Prehistórico Americano?
16.—¿Cómo podemos aceptar los términos paleolítico y neolítico?
17.—¿Qué se entiende por útiles paleolíticos?
18.—¿Qué se entiende por útiles y culturas neolíticas?
19.—¿Está probada la coexistencia del hombre en Sud América con las especies animales cuaternarias?
20.—¿Cuáles son las principales pruebas?
21.—¿Hay pruebas indiscutibles de la existencia del hombre cuaternario en América del Norte?
22.—¿Es posible fijar cronológicamente la fecha de la aparición del hombre en América?
23.—¿Qué necesitaríamos conocer con certeza para resolver semejante problema?
24.—¿Hay sincronismo en las edades geológicas?
25.—¿Cuál es la opinión de Huxley al respecto?


REFERENCIAS
Generales.—V. H. Haynes en Winsor Narr. & Crit. Hist. of Amca. Vol. I, chap. VI, con las notas críticas y bibliográficas de Winsor (Norte y Sur América). Cyrus Thomas (Int. to the Study of N. Am. Archeology-1903. "Hand Book of American Indians North of Mexico" (Bulletin 30th Bureau of Am. Etnology-1907)), en sus artículos "Archeology", "Antiquity", "Calaveras man", etc. Fiske en su "Discovery of America", vol. I. A. H. Keane, Etnology (Cap. V-VI-X-XII) y "Man Past & Present" (Cap. X y sigtes.). Norte y Sud América. Deniker, Races of Man. Cap. XIII. Marquis de Nadaillac, "L'Amerique Prehistorique" (Norte y Sud América, París-1883). L. Farrand, "Basis of American History", Cap. V. N. York-1904. Schoolcraft, History, condition & prospects of the Ind. Tribes of the U. S.-(Bur. Ind. Affairs. Ley Congso. 1847. Pub. Ofcial.). Vols. I-IV-VI.—Los manuales más conocidos son el de Baldwin-Ancient Amca. 1871, y el de, J. F. Short. North. Amcans. of Yesterday. Barros Arana, Hist. Gral. de Chile, (Vol. I), dedica á la materia extenso capítulo. Lo propio Lavisse y Rambaud, Histoire Generale. (Vol. IV, Cap. XXIII). Son de utilísima consulta. Sir John Lubock, Prehistoric Times. E. T. Stevens, Flint Chips. Vigouroux, Les livres saints, etc. (Vol. III-1884), y los artículos de la New International Encyclopedia. (Dodd Mead x C.º, 1902-1904), "Geology", "Paleontology", "Archeology", "American", "Man", "Glaciers", "Glacial Age", "History American", etc., etc.
Especiales.—Entre los innumerables trabajos especiales sobre la materia (Véase Bibliografías), mencionaremos sólo los siguientes: C. C. Abbot, Primitive Industry. J. W. Foster, Prehist. Races of America. Prestwich, On the geolog. position & age of flint implements bearing beds. Fno. Ameghino, Antigüedad del hombre en el Plata. Agassiz, Voyage au Bresil. G. F. Wright, The Ice Age. Southall, "Recent Origin of Man" y Epoch of the Mammoth. Howorth, Mammoth & the Flood. Lydekker, Geolcal. Distribution of Mammals. Burmeister, Phisicalische Beschreibung der Argentinischen Rep. Moreno, Notas sobre Antropología Argna. Ambrosetti, El bronce en la región Calchaquie. Huxley, Distribution of Races in relation with the Antiquity of Man. Moorehead, Primitive Man in Ohio. Holmes, Glacial Man in Ohio. Lacerda y Peixoto, Contribuçao ao Estado Antropco. das Razas Indgnas. do Brasil. Foster Haven, Arch. of the U. S. (Smithnian. Inst. Vol. VIII) etc. etc.
Fuentes.—Génesis, Lib, I, Cap I-II-X. British Museum, Guides to "Stone Age". Fossil Mammals, Fossil Reptiles, Fossil invertebrates (Department. Geology & Paleontology, 1904-1905-1907) también Colecciones Depósito Etnológico (sin catálogo publicado). Königliche Museum,(Berlin) Depto. Etnology, sus publicaciones en especial, Bastian, Culturlanden del Alten America (1886). Memorias del American Museum, Natural History. (Washington). Museo Arqueológico Nacional (Madrid), Sección Americana (catálogo no publicado). Congreso Internacional Americanista, (Comptes Rendus). París, 1876-78-79; (Bruselas), 1881; (Madrid) 1884; (Copenhague), etc., etc. Archives Société Americaine de France, (Anuario 1873-1903, y Actas 1865-84). Bureau of Etnology, Catálogo de sus colecciones. (Reports 3.º, 9.º, 13.º, 17.º, etc.), y las monografías de Moore, Holmes, Thomas, etc., (1889-1890-1898-1891). Reports del United States Geological Survey, en especial 1895. (Walcott), 1883. (Powell), 1877. (Winchel), 1873. (Hayden). Los Reports del Peabody Museum of Am. Arch. & Etnology (1 á 24-1868-90, Harvard University). Proceedings Am. Ass. for Advanc. of Science, Washington. Trabajos de Chamberlin, (Volumen XXXV). Abbot, (Vol. XXXVII) y Miss F. E. Babbit, (Vol. XXXII). Boston Socty. of Nat. Hist., Paleolithic Man in Eastern & Central North America (Cambridge, 1888). American Naturalist, Trabajos de Abbot (1873-Vol. VII). Babbit, (Volumen XVIII-1884). Cope, (Vol. XXI-1887), etc.
Especiales para Sud América.—Boletín Inst. Geog. Argentino. (Trabajos Ambrosetti, Zeballos, Lafone Quevedo, Moreno, etc.). Anales Museo Público B. Aires (Trabajos Berg, Burmeister, Ameghino, etc.). Anales Museo de la Plata. (Sección Arqgía), (Ptes. I-III). Antropología, (Ptes. I-II). Paleontología Argna. (Ptes. I-V), en especial trabajos Ten Kate, Lafone Quevedo, Burchhart, Moreno, Lydekker, Roth, Mercerat, etc. Revta. Museo de la Plata (Fco. Moreno, 1890-1905). Archivos do Museu. Nac. Río Janeiro, en especial Vol. VI. (Antrop. Bras. 1882) y Vol. VII. (White, Contrib. a Paleontología do Brasil), Memorias Museo Paraense, Hist. Nat. y Etgfía. (Museu Goeldi), I. II. Pará. 1900. Anales Museo Nacnal. Chile, en especial 1902-1903. (Ent. 15-16). Guevara, Hist. Civilizción. Araucania. (Vol. I, Antropología Araucana). Philippi. Los fósiles terciarios y cuaternarios de Chile.
Bibliografía.—Winsor, (Op. cit. Vol. I. 415-17). (Apéndice. II, Vol. I, pág. 368 y sigtes.). Hand Book of American Indians (B. of Etgy.), en los artículos citados. New International Encyclopedia. (Dodd Mead), artículos citados. J. N. Larned, Boston. 1902. The Literature of Amcan. Hist. A Bibliographical Guide. Hart, Guide to American Hist. (Archeology). Dorsey, Bibliography of the Antrop. of Perú. Las notas de Nadaillac, op. cit. íd. Farrand, op. cit. Sabin, Dictionary of books relating to America (1868-1892), y algunos catálogos de los anticuarios Quaritch (Londres) y Hierseman (Leipzig).


Grupo ilustrativo del modo de trabajar los útiles líticos en un taller prehistórico. (Presentado por el ilustre arqueólogo W. H. Holmes á la Exposición Universal de Chicago).
CAPÍTULO II. EL HOMBRE NEOLÍTICO
1.—Culturas neolíticas. 2.—"Kiokkenmodingos", "Sambaquis" y "Paraderos". 3.—Las Cavernas. 4.—Los "Mounds" ó "Montículos". 5.—Recintos y Talleres. 6.—Útiles y adornos. 7.—Antigüedad de los "Mound-builders". 8.—Los "Cliff-dwellers". 9.—Los "Cave-dwellers". 10.—"Los Pueblos". 11.—Antigüedad de estas Ruinas. 12.—Conclusiones generales.
Culturas neolíticas.
1.—Entre el hombre cuaternario ó paleolítico y sus sucesores en América, existe un vasto abismo imposible de llenar hasta el presente[55].

Fig. 22.—Cráneo neolítico (California).
Desaparecen para siempre los Americanos primitivos, los contemporáneos de los grandes mamíferos, los que asistieron acaso á las convulsiones glaciales. Con distinta condición de cosas, con especies animales semejantes á las de hoy y con una conformación de tierras y mares no alterada en lo esencial hasta el presente[56], aparecen otros hombres y otras razas que designaremos con el nombre de "neolíticos". Es tan abrupta la transición entre unos y otros, que no puede menos de pensarse en alguna dislocación ó cataclismo violento que trastornó su evolución progresiva[57].
Las culturas neolíticas se extienden en América hasta los tiempos históricos. Pertenecen á ellas, desde los más rudimentarios "Paraderos" Patagónicos y las hachas del Ohio, hasta las soberbias construcciones de Mitla ó Tiahuanaco y las cerámicas Incásicas.

Fig. 23.—Útiles neolíticos (puntas de flecha). Estados Unidos.
Dejando para más adelante la enumeración de los monumentos y restos arqueológicos de Méjico, Perú, y América Central, relacionaremos brevemente los más característicos de otras regiones, fijando especialmente nuestra atención en aquellos que por su extraña construcción ó peculiar estilo han sido fuente de dudas y aventuradas hipótesis sobre el origen y antigüedad de sus constructores.

Fig. 24.—Resto de alfarerías neolíticas. (Shell Heaps-Luisiana).
"Kiokkenmodingos", "Sambaquis" y "Paraderos".
2.—En todas partes del mundo han observado los naturalistas y arqueólogos, en las costas del mar y de los ríos, acumulaciones extensas de conchas y otros desperdicios de la vida diaria de algunos pueblos primitivos. Bajo el limo que generalmente les cubre, se han encontrado conchas de moluscos alimenticios, útiles, armas adornos vasijas, etc., que claramente demuestran la permanencia prolongada del hombre en aquellos lugares. Los arqueólogos Europeos dieron á tales montículos el nombre de "Kjœkkenmœddinger" (desperdicios de cocina), describiendo después de investigarlos el rudimentario vivir de sus moradores prehistóricos[58].
Abundan semejantes depósitos (Shell-Heaps) en el Continente Americano. Se extienden á través de sus costas, desde Terranova, Nueva Escocia, California, Luisiana y Nicaragua, hasta las Guayanas, el Brasil, la República Argentina y Tierra del Fuego[59].
También se han observado en las orillas de algunos ríos. Hart[60] nos describe los de "Marajo Island" (Pará); Whitte[61], los del Missisipí y el Misouri; Wyman[62], los del Río San Juan y el Lago George; Ameghino[63], los de los ríos Argentinos.

Fig. 25.—Instrumento punzante (neolítico)
Los "sambaquis" están formados por desperdicios de alimentos, etc., de una raza ó razas que habitaron largo tiempo en las costas del Brasil (Orillas del Amazonas y Pcia. del Paraná especialmente). Son muy numerosos y alcanzan algunos considerable altura. En todos los investigados se han hallado curiosos vestigios de la industria humana, asociados con cráneos que algunos comparan con los célebres de Lagoa-Santa[64].
En la República Argentina se han investigado depósitos parecidos á los anteriores, conocidos con el nombre de "Paraderos". Como en los de América del Norte (Shell Heaps), se han encontrado en ellos huesos estriados, cráneos, puntas de flechas y fragmentos de groseras cerámicas[65].

Fig. 26.—Hacha neolítica (M. B.)
De formación análoga á los Paraderos y Sambaquis, son los depósitos de guano de las Islas Chinchas. Se ha extraído de ellos curiosas laminillas de oro y plata, ídolos groseros y fragmentos de vasijas, etc., que demuestran la permanencia del hombre en aquellas islas al acumularse las capas de guano que en gran extensión las cubren[66].

Fig. 27.--Hacha neolítica (California).
Admiten en general los Arqueólogos que el hombre de los Kiokkenmodingos, en el Continente Antiguo, fué contemporáneo ó sucesor inmediato del cuaternario de las cavernas[67]. No puede decirse otro tanto de los ictiófagos del Continente Nuevo. A pesar de las afirmaciones de Reclus[68], tan vagas al respecto como las tradiciones de los indios Californianos (Athapascos) sobre sus antepasados misteriosos[69], la ausencia en los depósitos conchíferos de América de todo resto de animales cuaternarios, y la presencia de los de especies zoológicas actuales, unidas al estilo generalmente neolítico de los útiles y cerámicas descubiertas, nos permiten deducir con certeza que el hombre de los Kiokkenmodingos Americanos fué varios siglos posterior al cuaternario[70].

Fig. 28.—Ornamento neolítico de piedra serpentina. (Nueva Jersey, E. U.)
Las Cavernas.
3.—Las cavernas prehistóricas exploradas en Europa, proporcionan al Arqueólogo abundantes y claras pruebas de la antigüedad cuaternaria de sus habitantes[71]. No sucede lo mismo con las de América. Exceptuando las descritas por Lund en el Brasil[72], todas excavadas hasta hoy en el Continente Americano patentizan la poca antigüedad de sus moradores[73]. Los fósiles animales encontrados en ellas asociados con restos humanos, pertenecen á las faunas actuales[74]. En las cavernas del Yucatán no se encontró vestigio alguno que indicase culturas distintas de las de las razas indígenas del siglo xv[75]; en las de Kentucky (Gerson Springs, Short Cave), se encontraron sandalias y tejidos indios, unidos á otros restos y útiles, que demuestran haber habitado tales cavernas agrupaciones humanas sedentarias, acaso agrícolas, en nada parecidas á las cuaternarias[76]. Como más adelante veremos, los aborígenes de América destinaban las cavernas á usos ceremoniales, sepulcrales ó de refugio y defensa[77].

Fig. 29.—Cuevas del Oak-Creek. (E. U.)
"Mounds" ó Montículos.
4.—En la parte oriental y central del Continente Norte-Americano, al Sur del círculo polar ártico[78], se observan gran cantidad de restos del trabajo humano que, aun distintos en el detalle, demuestran semejanza de origen. Se han dividido tales vestigios por su carácter en fijos (monumentos), y movibles (útiles y adornos), subdividiéndose los fijos en montículos propiamente dichos (mounds), recintos fortificados, minas, talleres, etcétera[79].

Fig. 30.—Plano de un grupo de montículos según Thomas. (Wisconsin, E. U.)
Los montículos propiamente dichos (mounds) son cerros artificiales de variadas formas (cónicas, alargadas, piramidales ó de efigie), cuyo tamaño varía entre 25 y 30 metros de altura y 10 á 90 metros de diámetro[80]. Aseméjanse los alargados á grandes murallas. Los piramidales difieren de los cónicos por su cima generalmente plana y á manera de plataforma y sus caras cortadas por terrazas ó rampas[81]. Los llamados de efigie (effigi mounds) imitan groseramente formas animales, acaso emblemáticas ó simbólicas[82]. Los mounds cónicos son comúnmente sepulcrales; los demás fueron probablemente sitios de culto, lugares del Consejo tribal ó habitaciones del jefe ó jefes[83].
Recintos y talleres.

Fig. 31.—Sección de un montículo sepulcral. Illinois (E. U.)
5.—Otro importante grupo de monumentos de esta misma región arqueológica toma el nombre genérico de "recintos" (inclosures). Son espacios más ó menos extensos, limitados por groseras murallas ó cercos de tierra y piedras. Se observan por regla general en los cerros y lugares altos y en las costas escarpadas de ríos y lagos. Su objeto defensivo es en la mayoría de los casos evidente[84]. En algunos de estos recintos se perciben huellas de habitaciones circulares ó cuadradas, que sugieren culturas de las épocas históricas[85].

Fig. 32.—Montículo con terrazas (Arkansas).
En muchos lugares se encuentran ruinas y canteras, y en sus inmediaciones gran cantidad de útiles rotos ó imperfectos que denuncian la existencia de "talleres" primitivos donde se fabricaban tales herramientas[86].
La cuidadosa observación de estos depósitos, ha venido á demostrar que muchos objetos de piedra, considerados antes como cuaternarios, no son en realidad sino desechos ó útiles inacabados ó imperfectos procedentes de los talleres neolíticos.

Fig. 33.—Montículo ceremonial, según De Bry.
Útiles y adornos.
6.—En las repetidas excavaciones practicadas en los montículos sepulcrales, se han encontrado al lado de esqueletos en diversas posturas[87] numerosísimos artefactos y adornos, cerámicas groseras y á veces grotescas[88], pipas de efigies extrañas, objetos simbólicos de concha y cobre[89], variadísimos objetos de piedra (armas, herramientas, mazas ceremoniales, idolillos de forma humana, etcétera), que evidencian culturas análogas á las de las razas indígenas que habitaban aquellas regiones á la llegada de los blancos[90]. Algunos de los objetos encontrados demuestran el indudable contacto de sus artífices con los Europeos, y ninguno es superior en factura á los que podía hacer y hacía el indio de las épocas históricas[91].

Fig. 34.—Posición de los esqueletos en un mound sepulcral. (Thomas).
Antigüedad de los "Mounds Builders".

Fig. 35.—Medallas católicas encontradas en un montículo. (Hale, E. U.)
7.—A pesar de estos hechos y de varios otros que patentizan conclusiones idénticas, se ha sostenido hasta hace poco por muchos arqueólogos, que los constructores de los túmulos (Mounds) pertenecieron á un pueblo más ó menos antiguo ó legendario, y de muy superior cultura á la de los indígenas que los exploradores Europeos encontraron en aquellas regiones[92].
Las científicas y repetidas excavaciones practicadas en estos últimos años han demostrado la insubsistencia de semejantes hipótesis[93], comprobando la exactitud de las relaciones de los Conquistadores Españoles del siglo xvi[94], que atribuyeron á los indios la construcción de los montículos que observaron, y hasta describieron los artificios de que se valían para edificarlos[95].

Fig. 36—Pipa de esteatita. (Grave-Creek, E. U.).

Fig. 37.—Pedazo de tejido de fibras encontrado en un montículo sepulcral. (Ohio, E. U.).
Cliff-Dwellers.
8.—En la parte Occidental de Norte América, desde Panamá al territorio de Alaska[96], hay además de la Mejicana varias zonas geográficas cuyos monumentos son distintos de los de las regiones Orientales[97].

Fig. 38.—Olla encontrada en un montículo de Arkansas. (Thomas).

Fig. 39.—Concha grabada descubierta en el Mound Etowa (Georgia).
La más curiosa de estas zonas culturales es la llamada "Región de los Pueblos". Se extiende desde el estado de Tejas al de California, y desde la parte central del de Utah á las inmediaciones del trópico de Cáncer[98].
Su aspecto físico es peculiarísimo. Es un país desolado, de valles escondidos y escasos, rocas enormes, alturas pedregosas y hondonadas profundas. Cortan las llanuras numerosas gargantas que, ahondadas por los arrastres de ríos torrentosos, accidentan el terreno con altiplanicies escuetas y barrancos hondísimos (Cañons)[99].
En las más altas laderas y escarpados taludes (Cliffs) de tan gigantescos barrancos, hoy secos, despoblados y aridísimos, se han descubierto ruinas casi inaccesibles de edificios de uno ó más pisos, conteniendo desde una sola habitación á más de ciento, verdaderas colmenas humanas colgadas en las grietas de las rocas, falansterios de piedra que albergaron á las tribus ó fragmentos de tribu, conocidas con el nombre genérico de cliff dwellers (Moradores de los cliffs)[100].

Fig. 40.—Plancha de cobre grabada. Etowa Mounds (Georgia).
Abundan en especial tales ruinas en la región de la "Mesa Verde" (Márgenes del Río Mancos), en muchas de las gargantas cercanas (cañons) de la orilla Oeste del Río Colorado y en el Norte de Méjico[101]. Como están protegidas por los salientes del barranco, no sólo se conservan hasta hoy parte de las paredes de piedra, sino también algunas de las vigas de madera de los varios pisos. En todos ellos se observa una habitación circular (kiva ó estufa), característica de las antiguas y modernas tribus de Arizona y Nuevo Méjico, y destinada á sus asambleas ó ritos[102].

Fig. 41.—Idolillo de piedra de los montículos de Tennessee. (U. S.)
Al excavar estas ruinas se han encontrado gran cantidad de interesantes objetos de piedra, hueso, madera, lienzo, etc., varias alfarerías y algunas momias y esqueletos[103].

Fig. 42.—Las ruinas de "Casa Grande" (Mindeleff).
Cave-dwellers.
9.—Además de las habitaciones descritas edificadas en las laderas ó escarpes, se encuentran también cuevas naturales ó artificiales en la parte baja de las paredes del barranco y á poca distancia del talud pendiente que baja hasta su fondo. Abundan principalmente estas cuevas, parecidas á celdas de ermitaños en la margen Oeste de Río Grande, y en el valle alto del Río San Juan. Su objeto defensivo ó de refugio, aparece confirmado por las ruinas de torres ó atalayas observadas en las altas mesetas que inmediatamente las dominan[104].

Fig. 43.—Gran Cañón (Río Colorado).
Los pueblos.
10.—En las mesetas y los valles del Sud-Oeste, hasta el meridiano 113º abundan las ruinas de edificios de piedra[105]. Las más grandes, más características, y mejor estudiadas son acaso las inmediatas al Río San Juan, muchas de las cuales estaban habitadas al llegar los exploradores del siglo xvi[106]. Las habitaciones de la conocida con el nombre de "Pueblo Bonito", por ejemplo (Cañon Chaco), están colocadas alrededor de un patio central y en varias filas de uno, dos, tres y hasta cuatro pisos como pilas de cajones ó hilera de estantes, forma típica de la vivienda "comunal", de los indígenas de estas regiones. Al comparar estas ruinas con los "cliffs-dwellings" del Río Mancos, notamos semejanzas indudables. En ambas partes estaban las viviendas defendidas contra posibles ataques de enemigos; en Mancos por su situación en precipicios inaccesibles, en el "Chaco Cañon", por sus altas murallas sin salida; la construcción en ambas localidades era uniforme; las cerámicas encontradas, idénticas[107]. Puede, pues, afirmarse la afinidad etnológica de sus constructores, que por otra parte esclarece la observación de la célebre "Casa Grande"[108], y otras estructuras similares de adobe, observadas en los valles del Río Gila[109], en la provincia de Sonora[110], y en el curso del Río Salado[111].

Fig. 44.—Cave Dwellings en el Río Grande (E. U.) Mindeleff (B. A. E.)
En el Norte de Méjico, en la parte Oeste del estado de Chihuahua, se encuentran las notables ruinas, llamadas "Casas Grandes"[112] en todo semejantes á las anteriores. En otros lugares del territorio Mejicano, existen también parecidas viviendas ocupadas hasta hoy por los indígenas de aquellas regiones[113].

Fig. 45.—"Cliff Dwelling" en Arizona (Fewkes).
Antigüedad de estas ruinas.
11.—¿Quiénes fueron los constructores de estos monumentos?
Respecto á los "cliff-dwellers" en particular, se han lanzado numerosas hipótesis, atribuyéndolos á misteriosas y antiquísimas razas[114]. Tales afirmaciones son erróneas. No hay prueba alguna seria de haber existido semejantes razas, y todo evidencia, en cambio, que las discutidas construcciones de los "cliff-dwellers" son una simple variación de las de los "Pueblos" de los valles, hechas como estas por las tribus indígenas de aquella sección del Continente[115]. Los indios Hopis, sostienen haber vivido en los barrancos del Chelly[116]. La reclamación de los Acomas á la "Mesa Encantada" (Meseta Katzimo-Acoma), fundada en la posesión que de ella tuvieron sus antepasados, se justificó plenamente[117]. La "Casa Grande", fué indudablemente construída por los indios, acaso por las mismas tribus Pimas, que todavía habitan sus inmediaciones[118]. Estas y otras palpables pruebas nos permiten en definitiva afirmar, que si bien las más antiguas de estas ruinas parecen ser anteriores al siglo xvi[119], ninguna ultrapasa el límite de las edades históricas.

Fig. 46.—Ruinas de un "Pueblo" (Arizona).
Conclusiones generales.

Fig. 47.—En la Kiva ó estufa. (Walpi).—(B. A. E.)
12.—Teniendo en cuenta los datos y observaciones anteriores, podemos sintetizar los resultados actuales de los estudios sobre la antigüedad del hombre en América, en las conclusiones siguientes:
1.ª El hombre paleolítico del Continente Sud-Americano, fué contemporáneo de los mamíferos extinguidos.
2.ª Ya fuese por transformaciones geológicas graduales ó por repentinos cataclismos, desaparecieron éstos hombres de la faz de la tierra al par de las grandes faunas fósiles.
3.ª Ni el período ó períodos glaciales, ni los cuaternarios de duración y fecha incierta, tienen la remotísima antigüedad que algunos geólogos han querido atribuirles.
4.ª Las culturas de los "Mound-builders", "Cliff-dwellers", etc., son indígenas, neolíticas y de antigüedad relativamente reciente.
5.ª Todas las teorías é hipótesis sobre la fecha cierta de la aparición del hombre en América, son especulaciones caprichosas y prejuicios insubsistentes.
Debemos, pues, confesar nuestra ignorancia; abstenernos humildemente de fijar fechas históricas á lo acaecido fuera de la historia, y guardarnos de medir por años ó siglos la ignota antigüedad de nuestra especie[120].


CUESTIONARIO
1.—¿Existe solución de continuidad entre el hombre llamado paleolítico y el neolítico?
2.—¿Hasta qué época se extienden las culturas neolíticas en América?
3.—¿Qué son y á qué edad pertenecen los Kiokkenmodingos?
4.—¿Qué son y á qué edad pertenecen los Sambaquis?
5.—¿Qué son y á qué edad pertenecen los Paraderos?
6.—¿A qué resultados han conducido las investigaciones en las Cavernas de Norte y Sud América?
7.—¿Se diferencian en algo de las Cavernas Prehistóricas Europeas?
8.—¿Qué se entiende por "mounds" ó montículos?
9.—¿Cómo se han clasificado estos monumentos?
10.—¿Cuáles son los más conocidos y notables?
11.—¿En qué parte del Continente Norte Americano abundan?
12.—¿Qué se entiende por "recintos" y "talleres"?
13.—¿Qué nos enseña su observación?
14.—¿Qué restos movibles (útiles y adornos) se han encontrado al excavar los mounds sepulcrales?
15.—¿Qué nos enseñan estos restos sobre la antigüedad y cultura de sus artífices?
16.—¿Qué se sabe sobre la antigüedad de los "mound-builders"?
17.—¿Ha existido alguna raza de "mound-builders" distinta de las razas indígenas Americanas?
18.—¿Cuál es la opinión de Thomas al respecto?
19.—¿Qué se entiende por "cliff-dwellings" y "cave-dwellings"?
20.—¿En qué parte del Continente Americano abundan estos monumentos?
21.—¿Cuáles son los más conocidos y notables?
22.—¿Qué se entiende en Arqueología Americana por "Pueblos"?
23.—¿Ha existido alguna raza especial de constructores de "cliff-dwellings", "cave-dwellings" ó "Pueblos", distinta de las razas indígenas del siglo xvi?
24.—¿Qué se sabe de la antigüedad de estos monumentos?
25.—¿Qué conclusiones generales podemos establecer respecto al problema de la antigüedad del Hombre Americano?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en el Capítulo I. Además Keary. Dawn of History. Reclus. Earth & its inhabitants, Vol. (III-IV-V). Bancroft. Native Races of the U. S. Joly. Man before the metals. Conant. Foot-prints of Vanished Races. Keane. Compendium of Geography North America, (Vol II). Dodge. Advanced Geography. Redway & Hindman. Advanced Geography. Dellenbaugh. The North Americans of Yesterday.
Especiales.—Shaler en Winsor. op. cit. Vol IV. I. J. Worsae. Prehistory of the North. (Trad. Ingsa. 1886). Dawkins. Researches on the Evidences on Caves. Hovey. Celebrated American Caves. Mercer. The Hill Caves of Yucatan. Nordeuskiold. The Cliff-dwellers of the Mesa Verde. Lumholtz. Unknown Mexico, (Vol I). Fiske. History of the U. S. Otis F. Mason. Origins of Invention. Woodburry Lowery. Spanish. Stments. Utd. Sts. (1513-1561).
Fuentes.—Narración de Castañeda. Coronado Expedition, eda. por Winship (14 Rep. B. of Etgy.), íd. íd. Relación postrera de Cibola, íd. íd. Carta Coronado á Mendoza (Agosto 1540). Pacheco y Cárdenas. Doc. Indias. Vol. XIX, p. 529. (Descto, de Cibola) y Vol. III, p. 511. (Relación Alvarado). Garcilaso de la Vega. La Florida del Inca. (Edción. Madrid. CIƆIƆCCXXIII). Descto. y Conqta. Tierra Florida, por Hdo. de Soto, escrita por un Caballero de Elvas. (1557). Ed. Hakluyt Society Londres 1851. Bureau of Etnology. An. Reports, en especial los trabajos de Thomas (Rep. 5.º 12.º) C. y V. Mindeleff (13.º-8.º-16.º-17.º). Fewkes (17 y 22). Yarrow (1.º). Holmes (2.º-16.º-115.º). Powell (5.º-4.º-7.º, etc.) Stevenson (2.º-3.º). Cushing (4.º). Mac Gee (17.º). J. J. Navarro. Expción. Islas Chinchas, 1863. Ms. Exploraciones P. Kino (S. J.). en Apostólicos Afanes S. J., escritos por un Padre de su Pcia. (Méjico). Barcelona 1754. Peabody Museum. Reports. 1873-1872-1874 (Jef. Wyman). 1875 (Putnam). American Naturalist 1868 (Jef. Wyman). Hewet. Explor. New Mexico (Pajarito Park). Amcan. Nnal. Archgy. Anual Rep. (1906-1907). Arch. Inst. of America. Papers. Am. Series IV. (Bandelier). Am. Asstion. Science Mayne, 1873. (White). Socté. Antrophologique, París. Vol. II. Memoires (1875-1882). Revista Museu Paulista. Vol. I, p. 95. San Pablo 1895. Moreno. Cimet, et "Paraderos", etc. (L'Antropgie. 1874). Verneau. (Id. 1894). Packard. Cave Fauna of N. A. (Mem. Nat. Acad. Sciences 1888). Putnam. Serpent Mound (Century Magne. Abril 1890). Poovell. Colorado River, etc. Hutton. Tertiary Hist. of G. Cañon Colorado (U. S. Geol. Survey, 1882, P. II). Birdsall. The Cliff-dwellings of Cañon "Mesa Verde". (Bull. Am. Geogcal. Soc. XXII). Hodge. Enchanted Mesa. (Natnal. Geogcal. Magne. VIII). Las Colecciones Arqueológicas de los Museos citados en el Capítulo I, y las del Bureau de Etnology (U. S.) (Vse. Rep. 5.º-4.º-7.º, etc.)
Bibliografía.—Las relacionadas en el Cap. I, y en especial las del "Hand Book Am. Indians. North of Mexico" Artículos. "Cliff-dwellings", "Mound Builders", "Acoma", "Katzimo", "Casa Grande", "Arizona", "Caves", etc., etcétera; las de la New Intnal. Encyclopedia. ("Mounds", "Cliff-dwellings", "Colorado", etc.), y las de Nadaillac y Farrand, op. citdas. Son también de utilísima consulta las recopiladas por Mac Gee(17 Rep. B. of. Et.), p. 50 á 122; por Winship (14 Rep. B. of Et.), p. 599; por Woodburry Lowery, op. cit., Cap. II y III, y por Icazbalceta, Bibliografía Mexicana del siglo xvi, (Mexico 1886); Colección Doctos. para la Historia de Mexico, etc.

TÍTULO II El hombre Americano.
CAPÍTULO I ORÍGENES Y CARACTERES ÉTNICOS.
1.—Origen de los Americanos. 2.—Evolución cultural. 3.—Inmigraciones primitivas. 4.—Caracteres físicos. 5.—Caracteres Psicológicos. 6.—Grado de cultura. 7.—Caracteres Lingüísticos: el lenguaje de gestos. 8.—Estructura de las lenguas Americanas. 9.—Su gran número. 10.—Objetos mnemónicos: "Wampum". 11.—Pictografías.
Origen de los Americanos.
1.—Tan obscuro y complejo como el problema de la antigüedad del hombre en América son los de su origen, evolución é inmigraciones primitivas. Averiguando el primero, quedarían resueltos los segundos; dilucidados éstos, aquél surgiría clarísimo. Aquí como allí confesamos nuestra ignorancia, indicando sólo puntos de partida y probables sendas que acaso algún día conduzcan á la solución deseada.
Comprobada la coexistencia del hombre Americano, con las extinguidas faunas cuaternarias y siendo innegable la unidad de la especie humana[121], de no suponer caprichosamente que la cuna del linaje humano estuvo en América[122], parece lógico afirmar que los primitivos Americanos no son indígenas en el sentido estricto de la palabra, sino procedentes del hemisferio asiático de donde vinieron al Americano, antes que las convulsiones cuaternarias interrumpieran la comunicación entre los dos Continentes.

Fig. 48. Indio Tehuelche (Tipo Patagónico).

Fig. 49. Indio Caribe (Tipo de las Guayanas).
Por otra parte los modernos etnólogos, si bien confirman las antiguas clasificaciones de Linneo[123], considerando á los Americanos como rama independiente, homogénea y especializada del humano linaje; reconocen también sus afinidades étnicas con el "Hombre Mongólico."
No hay, por tanto, inconveniente en aceptar como científicamente probable, la fórmula de Keane[124], y otros eminentes antropólogos, á saber: "La raza Americana emanó de la Mongólica, separándose en absoluto del referido tronco etnológico en la edad cuaternaria, sin que desde entonces hasta el siglo xº, haya testimonio históricamente cierto que demuestre la presencia en el Nuevo Mundo de pueblo alguno culto del antiguo"[125].

Fig. 50.—Tipo Esquimal (Estrecho de Behring).
Evolución cultural.
2.—Empiezan, pues, su vida los Americanos prehistóricos, completamente aislados de los pueblos del antiguo hemisferio. Sea, por consiguiente, cual fuere el grado de cultura á que en algunas regiones alcanzaron[126], estas culturas son autóctonas, independientes, netamente Americanas, y resultado exclusive de evoluciones locales, agenas á toda influencia extraña[127].
Los únicos argumentos que podrían oponerse á estas conclusiones serían los basados en hechos futuros que evidenciaran científicamente la comunicación entre el mundo antiguo y el nuevo en las edades históricas.

Fig. 51. Canoa Norte Americana.
Tales hechos, á todas luces improbables, podrían ser, por ejemplo, la presencia en alguna región Americana, de lenguas clara y etimológicamente reducibles á otras del Continente Europeo ó Asiático[128], de edificios antiguos indiscutiblemente levantados de acuerdo con prototipos Egipcios, Asirios[129], etc., de inscripciones ó pictografías en las que existan caracteres cuyo origen extranjero no pueda negarse[130], ó de esculturas de buques indudablemente construídos como los triremes griegos, las galeras fenicias, ó los veleros chinescos[131].

Fig. 52.—Indio Crec. (Bahía de Hudson).
Nada de esto se ha demostrado hasta el presente, y las innumerables hipótesis de los que hacen á los Americanos descendientes directos de los Fenicios, Griegos, Cartagineses, etc., son tan caprichosas y quiméricas, como las que los suponen herederos de los habitantes fabulosos de la ensoñada Atlantida, ó las de los poligenistas que zanjan toda dificultad declarándolos autóctonos[132]. Todas estas fantasías son agenas á la historia, y sería ocioso refutarlas.

Fig. 53.—Guerrero Zuñi (Pueblos).
Hasta hoy, no se conoce testimonio alguno en bronce, piedra ó material durable que enlace ambos Océanos, anillo alguno tangible que una las culturas históricas de ambos Continentes, eslabón ó arqueológica coincidencia que no pueda explicarse por las analogías culturales de los hombres de las edades líticas[133], ó por la unidad de los motivos en las actividades productoras del humano linaje[134].

Fig. 54.—Modelo de "Umiak" Esquimal con su vela textil (Estrecho de Behring).
Inmigraciones primitivas.
3.—Ignoramos también la ruta ó rutas que siguieron los hombres cuaternarios en sus inmigraciones al Nuevo Continente. Vinieron indudablemente por tierra, porque las navegaciones de altura eran impracticables en aquellos remotos tiempos. La proximidad del Asia y de América por el estrecho de Behring, así como la de Islandia y la Groenlandia, ha hecho suponer á muchos historiadores y etnólogos, que en los tiempos cuaternarios no existía solución marítima de continuidad entre los referidos continentes, siendo, por tanto, probable que fueran estos los caminos seguidos por los primitivos pobladores de América[135]. Encuentran otros escritores inaceptable esta hipótesis, y sostienen, en cambio, con graves razones, que si bien la población de Norte-América, pudo haber venido por el hoy estrecho de Behring, (no por la Groenlandia), la población de Sud América debió llegar por derroteros distintos[136].
La discusión de estas opiniones es estéril por carecer de base científica. Nadie conoce con certeza geográfica la conformación de tierras y mares en las edades cuaternarias; ni puede describir con exactitud los violentos cambios que las invasiones glaciales produjeron en la superficie terrestre.

Fig. 55.—Indio Ojibwa de los bosques.
Es inútil, pues, buscar en los actuales mapas, el sitio por donde los pobladores de América pasaron á sus regiones. Es evidente que existió el paso ó pasos terrestres entre ambos hemisferios. ¿Dónde?.... Ni lo sabemos, ni tal vez lleguemos á saberlo[137].
Caracteres físicos.
4.—Más interesante que averiguar los orígenes del Indio Americano es investigar su estado en la época del descubrimiento.
Disponemos para ello de gran número de materiales dispersos en las crónicas y relaciones de los primitivos historiadores y viajeros, que debemos depurar juiciosamente, comparando las observaciones á menudo parciales y erróneas de tan meritorios cronistas, con los modernos estudios etnológicos de tribus todavía existentes[138].
Para proceder con orden, consideraremos primero, en general, los caracteres físicos, psicológicos, sociológicos, etc., de los Americanos, tratando de fijar un criterio de clasificación de sus numerosas tribus, y estudiando luego, en particular, las más conocidas ó de mayor interés para el historiador de América.

Fig. 56.—Indio Shanapaptiano.
El indio, en general, era ágil, bien proporcionado y de estatura media[139]: de pelo áspero, negro, y tan abundante en la cabeza como escaso ó nulo en la cara y demás partes del cuerpo[140]. El color de su piel, era cobrizo, variando en matices desde el parduzco obscuro al ligeramente amarillento[141]: Su cráneo, salvo algunas excepciones, (Esquimales, Quechuas, Calchaquies) mesocefálico y bien conformado[142]; sus pómulos prominentes; su nariz larga y aguilina en algunas tribus, y corta y chata en otras: sus ojos muy negros y casi siempre pequeños, notándose en los niños y en algunas tribus del Noroeste (E. U.) la peculiar oblicuidad del tipo Mongólico[143].
Eran por lo común de constitución débil[144], muy parcos en su alimentación, fríos é indiferentes en sus relaciones sexuales, y poco resistentes á la fatiga de un trabajo rudo y constante[145]. Tenían pocas enfermedades, aunque violentas y funestas. Las deformidades físicas eran en ellos rarísimas. Su vida media más corta que la de los Europeos, su vejez más prematura é inerme[146].

Fig. 57.—Indio del Río San Juan (Región Pueblos).
Caracteres psíquicos.
5.—La exageración y la parcialidad en uno ú otro sentido ha sido hasta hace poco la nota peculiar de los juicios históricos sobre las condiciones intelectuales y morales del Indio Americano. Sólo en estos últimos años se han estudiado científicamente las razas indígenas apreciando imparcialmente sus cualidades y defectos. Ni el indio fué el ser degradado y apático, ó el sanguinario demonio de algunos viajeros y cronistas[147], ni tampoco el paciente y virtuoso varón que nos pintan Palafox, Las Casas, ó sus maliciosos copistas de posteriores siglos[148]. El Indio Americano, como nosotros mismos, representa simplemente una etapa del progreso humano. La nuestra es más avanzada en su cultura pero dista mucho de ser perfecta. La capacidad mental de la raza Americana, aun siendo superior á la Africana, es inferior á la de las razas Mongólicas y Europeas[149].

Fig. 58. Cinturón ceremonial.
La iniciativa innovadora está en ella mucho menos desarrollada que el poder de conservar lo adquirido[150].
El indio, (especialmente el Norte-Americano), en su vida tribal ordinaria es alegre, decidor y sociable; pero su vanidad y convenciones sociales, le hacen en público reservado y solemne. Sus entrevistas con los blancos fueron las más de las veces actos de esta clase, y de aquí el error aún persistente de concebirle siempre como un ser taciturno[151].

Fig. 59.—Pesca con flecha (Schoolcraft).
El indio, en general apático, imprevisor, indolente y enemigo del trabajo asiduo, se hace astuto y activísimo en sus crueles guerras, y sutil é infatigable en sus expediciones de caza[152]. Su estoicismo ante el dolor y la muerte tan celebrado por los historiadores, depende como su aparente gravedad de su educación y preocupaciones tribales. En la privacía de su hogar, el indio se conduce como un niño ante sus más insignificantes padecimientos físicos; pero delante de extraños, es capaz de sufrir increíbles torturas y suplicios, sin exhalar una queja ni traicionar su dolor con el más mínimo gesto[153].
Es histérico y fácilmente sugestionable, curioso y extremadamente crédulo, salvo para las ideas religiosas distintas de las suyas. Su inteligencia, como la de los niños, ávida para interrogar, es perezosa para pensar é inquirir, y se contenta con la primer respuesta que obtiene, aunque sea fantástica ó absurda.

Fig. 60.—Nadowagua (Iroqueses). Prototipo indígena del amor filial.
De aquí la influencia que sobre él ejercen los embustes y hechicerías de sus "shamanes" y la facilidad con que su fortaleza sucumbe ante la enfermedad ó la desgracia[154].
La más alta ambición del indio era, en general, el respeto de los demás, la buena opinión pública, el rango y distinción entre los suyos; sus principales temores, el deshonor tribal, el ostracismo ó el ridículo. Por ello guardaba fidelidad á su tribu, miraba con recelosa enemiga á las extrañas, y aborrecía ó despreciaba al extranjero á cuya civilización fué casi siempre refractario[155].

Fig. 61.—Instrumento cortante (N. A.)
Grados de cultura.
6.—Conocidos los principales rasgos etnológicos del "Hombre Americano", y teniendo en cuenta la influencia del medio y de la situación geográfica, podremos formarnos idea del grado ó grados de cultura, alcanzados por su discutida raza. No fueron los mismos en las diversas partes del Continente. La escasez de la población en algunas regiones, y las condiciones del terreno obstaculizaban todo adelanto, la agrupación en otras de numerosas gentes, y sus favorables rasgos fisiográficos determinaban la formación de zonas culturales de organización más ó menos compleja. Dejando de lado las antiguas distinciones entre pueblos salvajes, civilizados, nómadas, pastores, etc.[156], inaplicables á las tribus indígenas de América, adoptaremos para fijar los términos, la notable clasificación de Morgan[157], de los grados culturales de las sociedades humanas[158].
Distingue dicho autor en los pueblos antes de llegar á la civilización, dos etapas de cultura sucesivas: el salvajismo y el barbarismo, que subdivide en tres estados subordinados ó períodos étnicos, el inferior, el medio y el superior.

Fig. 62.—Indio Guayaqui (Ríos Mondary y Acay).
Termina el estado inferior de salvajismo con la invención del fuego, y el medio con la del arco y la flecha[159]. La transición del estado superior de salvajismo al inferior de barbarismo, se caracteriza en el Continente Antiguo por la domesticación de los animales[160], y en el Nuevo por la construcción de vasijas de barro.[161]

Fig. 63.—Petroglifo simbólico.
Empieza el período medio de barbarismo en América con la labranza é irrigación regular de los campos, el empleo del adobe y la piedra en los edificios, el hábil pulimento de los útiles líticos, el uso de los metales (oro, plata, cobre, bronce)[162], y el de las escrituras simbólicas y jeroglíficas.
Al período superior de barbarismo, caracterizado por el uso del hierro, no llegaron los Americanos, sino después del descubrimiento; ni mucho menos al principio de la civilización, propiamente dicha, que empieza con las escrituras fonéticas[163].
Las tribus Americanas no pasaron, pues, del período medio de barbarismo. Sus más avanzadas culturas (Incásica, Azteca, Calchaqui, etc.), eran inferiores en grado á las Egipcias de los Faraones, ó á las cantadas en los poemas Homéricos[164].
No fueron tampoco tales culturas patrimonio exclusivo de determinadas tribus ó pueblos. En una misma familia lingüística había á veces tribus en estado medio de salvajismo, al lado de otras relativamente cultas, y viceversa, en todo centro cultural Americano, solían agruparse tribus de distinta lengua ó dialecto[165].

Fig 64.—Indios Timbues (Según Schmidel).
Conviene también hacer notar que estas diferencias de grado entre las culturas indígenas no son tan grandes como generalmente se ha supuesto. Si prescindimos de algunas invenciones, las culturas Incásicas ó Aztecas no distaban tanto de las Calchaquis, Zuñis ó Algonquinas, como pensaron los antiguos cronistas. Basadas en elementos esenciales comunes, tenían todas semejanzas palmarias y había entre ellas una especie de aire de familia que los investigadores modernos se han encargado de evidenciar, destruyendo errores antiguos[166].

Fig. 65.—Flecha Sioux (U. S. Nat. Mus).
Caracteres lingüísticos.—El lenguaje de gestos.
7.—Hechas estas ligeras observaciones sobre los diversos grados de cultura del hombre Americano, pasemos á estudiar sus caracteres lingüísticos.

Fig. 66.—Indios Hupa (California E. U.)
Los medios usados por el Indio para transmitir sus ideas, pueden clasificarse en dos grupos: I. Medios de comunicarse entre presentes (gestos, señales, palabras), y II. Medios de comunicarse entre ausentes (objetos mnemónicos, pictografías, escritura)[167]. El Indio, en especial el Norte Americano, usó de los gestos y señales con gran amplitud é ingeniosa perfección. Los tesoros de este lenguaje peculiar, hoy en desuso, han sido recogidos por algunos etnólogos y cuidadosamente agrupados en preciosos y ricos vocabularios[168]. El Indio podía expresar con gestos, no sólo nombres propios y comunes, sino también verbos, pronombres, etc.; podía construir largos discursos, combinando los movimientos de la cabeza, el cuerpo y los brazos, y hasta introducir abreviaturas como en las escrituras pictográficas. Amplificando suficientemente estos gestos para que fueran divisados á distancia, hacía señales ópticas que sustituían á veces á los célebres fuegos anunciadores de la cercanía del enemigo, del triunfo ó derrota de sus guerreros, del éxito en las expediciones de caza, etc., etc.[169]. La gran diversidad de las lenguas Americanas contribuyó sin duda al mayor desarrollo de este lenguaje de gestos, medio de comunicación más general y á veces único entre distintas tribus ó gentes[170].

Fig. 67.—Lenguaje de gestos (1st Rep. B. A. E.) (¿Quién eres?... Pani!...)
Con la única excepción del Indio Americano, los gestos son únicamente auxiliares del lenguaje hablado, patrimonio exclusivo del hombre y señal de su origen altísimo. Compuesto este lenguaje de un número relativamente pequeño de sonidos articulados, presenta, sin embargo, tan inmensa variedad de combinaciones, que á primera vista la inteligencia se pierde en el intrincadísimo laberinto de lenguas, dialectos, idiomas, formas vernaculares, etc., que en el mundo se hablaron ó se hablan.
Estructura de las lenguas Americanas.

Fig. 68.—Lenguaje de gestos (Signo Tribal de los Dakotas).
8.—Afortunadamente, los filólogos han podido referir los dialectos á las lenguas, agrupar las lenguas en familias, y éstas en los tres grupos universalmente aceptados, de las lenguas monosilábicas, aglutinantes y de inflexión[171]. Entre las aglutinantes se destaca una clase especial formada exclusivamente por las lenguas Americanas, que se conoce con los nombres de Holofrástica ó polisintética. Este tipo glotológico, peculiar al Indio Americano y desconocido en otras partes del mundo, es una forma muy especializada de aglutinación, en la cual todas las partes de la oración tienden á amalgamarse con el verbo. Su característica general es, pues, la expresión del mayor número de ideas, de frases enteras, en una sola palabra polisilábica. En tanto que el griego y el latín se valen de sus inflexiones; el copto, el hebreo y las lenguas semíticas de sus afijos y sufijos, y el chino de la unión de partículas significativas, las lenguas Americanas, intercalando sílabas y aun uniendo simples letras procedentes de las expresiones que han de sumarse al tema ó raiz, forman una oración en un solo vocablo. Así, por ejemplo, en el dialecto Algonquino, la palabra "nadholiniu" que significa "tráenos la canoa" está formada por los vocablos "natem" trae, "amochol" canoa y "niu" á nosotros, elididos y reducidos á uno solo con la letra "i" como elemento eufónico[172].

Fig. 69.—Interior de una "Kiva" ó Estufa (Indios Pueblos).
Su gran número.
9.—Asombra á historiadores y filólogos el gran número de lenguas extinguidas ó en uso que se hablaban en el Nuevo Continente, así como sus hondas diferencias fonéticas dentro de la uniformidad de su estructura holofrástica. El "Bureau of Etnology" de Washington ha clasificado al Norte de Méjico 59 familias lingüísticas (stocks), comprendiendo cada una 30 á 50 lenguas distintas y buen número de dialectos, mutuamente ininteligibles aun para las tribus á veces muy cercanas á que respectivamente pertenecían[173]. El número y variedades fonéticas de las lenguas de la América Central y del Sur, es acaso mayor que en América del Norte y su clasificación dificilísima, á pesar de los valiosos trabajos aislados que sobre ellas existen[174]. Keane en su Mapa Etnológico de Sud América, enumera cerca de 50 familias lingüísticas. El Conde de la Viñaza cataloga cerca de mil lenguas de vocabulario y gramática conocidos. Markham, sólo para las tribus del Amazonas, nos habla de 905 dialectos[175]. Algunas tribus tenían dos lenguas, una hierática, é inteligible sólo para los iniciados, y otra vulgar y de uso corriente[176]. En algunas regiones el continuo contacto comercial del Europeo y el Indio, dió lugar además á jergas especiales (jargon)[177] compuestas con palabras Europeas é Indígenas. En medio de esta curiosa Babel lingüística, no es extraño que los misioneros sufrieran desencantos amargos al ver que después de estudiar durante años una lengua ó dialecto Americano, no podían catequizar con ella sino á una sola tribu ó á reducido número de Indios[178].

Fig. 70.—Guerrero Seri (Isla Tiburón) 17. An. Rep. B. A. E.
Objetos mnemónicos: Wampum.

Fig. 71.—Wampum.
10.—El primitivo y simplicísimo método de comunicación entre ausentes, que consistía en el uso de "objetos simbólicos" ó "marcas mnemónicas", alcanza acaso su mayor perfección en los "quipus" ó cuerdas con nudos de los Incas, que en su lugar estudiaremos, y en el "wampum" de los Indios de Norte América. El "wampum" empleado por las tribus indígenas del N. E. de los Estados Unidos, y en especial por los Iroqueses, era unas veces á manera de rosarios de conchas de diversos colores, y otras bordados especiales hechos en cinturones anchos con las referidas conchas. Recordaban estos objetos tratados, hechos históricos, alianzas tribales, etc., cuya memoria perpetuaba el Indio asociándola en cada caso con una forma particular de dibujo, colorido y bordado de las conchas. Claro es que el "wampum" sólo tenía significado para los que conocían el acontecimiento particular que simbolizaba. Estos hechos debían recordarse á la tribu, para lo cual se exhibían de cuando en cuando los cinturones simbólicos[179]. Además de estos usos mnemónicos, el "wampum" en conchas sueltas se usó como moneda ó intermediario de cambios por la mayor parte de las tribus de la costa Atlántica de América del Norte, antes de la llegada de los Europeos[180].
Pictografías.

Fig. 72.—Petroglifo en California.
11.—Los métodos mencionados son los precursores de la escritura simbólica propiamente dicha, que empieza á manifestarse rudimentariamente en aquellas pictografías ó dibujos de imperfectas líneas y variados colores, que expresan sucesión de ideas y no simples representaciones de objetos[181]. El número de estas pictografías (que acaso emanaron del lenguaje de gestos) es enorme entre las tribus Americanas. Desde Alaska hasta Patagonia, apenas hay región del Nuevo Continente donde no se hayan encontrado algunos ejemplares. Expresan mensajes, historias de caza, costumbres, cantos, ritos religiosos ó mágicos, y á veces son verdaderos cómputos de años, recordados por la representación gráfica del hecho más notable acaecido en sus inviernos (Winter-tales)[182]. La factura artística de estas pictografías es ruda, infantil, y muchas veces grotesca. Algunas son de simbolismo ingeniosísimo; llegando hasta representar sólo una parte del objeto para significar el todo (la cabeza ó las huellas de un animal por el animal mismo); ó expresando con dibujos convencionales ideas generales y complejas[183]. Los materiales de estas pictografías eran variadísimos. Se dibujaban en las rocas y piedras, en pedazos de madera ó de corteza de árbol, en las pieles y cubiertas de las chozas, en las armas, conchas y vasijas, mantas y demás objetos de uso, y hasta en el cuerpo humano mismo, donde tatuaba el indio con perfección extraña sus distintivos tribales ó totémicos[184].

Fig. 73.—Petroglifo del Cajón de los Cipreses (República de Chile).
Las pictografías más notables son, sin duda, las de los Algonquinos, cuyo sistema simbólico, extensamente empleado para preservar su historia y los ritos de sus sociedades secretas[185], se acerca mucho á las escrituras jeroglíficas de los Aztecas y los Mayas.
Si se exceptúan estas escrituras y los silabarios "_Micmac_"[186] ó "Cherokees"[187], relativamente modernos é influenciados evidentemente por los alfabetos Europeos, los objetos mnemónicos y las pictografías descritas fueron los únicos medios de que dispuso el Indio Americano para comunicar sus ideas á través del tiempo y el espacio.


CUESTIONARIO
1.—¿Qué se sabe del origen de los Americanos?
2.—¿Son autóctonos, ó vinieron del Continente Asiático?
3.—¿La raza Americana, es uniforme?
4.—¿Tiene relación con la Mongólica?
5.—¿Las culturas Americanas, son indígenas?
6.—¿Por dónde vinieron á América sus pobladores?
7.—¿Cuáles son los principales rasgos físicos del indígena Americano?
8.—¿Cuáles sus principales rasgos psíquicos?
9.—¿Deben aceptarse sin examen crítico las observaciones de los antiguos cronistas?
10.—¿Cómo clasifica Morgan los grados de cultura de los pueblos?
11.—¿Cuándo pasa el hombre del período superior de salvajismo al inferior, y al medio de barbarismo?
12.—¿Cómo se caracteriza en América el período medio de barbarismo?
13.—¿Llegaron los Americanos al grado superior de barbarismo antes del descubrimiento?
14.—¿Eran las culturas Americanas patrimonio de determinadas tribus?
15.—¿Era muy grande la diferencia entre las culturas Americanas?
16.—¿Usaba mucho el indio Americano de los gestos y señales?
17.—¿Cuál es la característica glotológica de las lenguas Americanas?
18.—¿Eran muchas estas lenguas?
19.—¿Cuáles son las principales tentativas de su clasificación en familias lingüísticas?
20.—¿Usaba el indio Americano de objetos mnemónicos?
21.—¿Qué es el "wampum" y cuáles fueron sus principales usos en la América indígena?
22.—¿Cuáles son las primeras manifestaciones en la América indígena de las escrituras simbólicas?
23.—¿Eran muy abundantes en América las pictografías?
24.—¿Cuáles eran sus formas, objetos, materiales, etc.?
25.—Exceptuando los silabarios Micmac y Cherokees ¿cuáles fueron los únicos medios de que dispuso el Indio Americano para comunicar sus ideas entre ausentes?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en el Título I, Cap. I-II.—Además, W. Robertson. Hist. de la América. Vol. II. (Barcelona 1840). Brinton. American Race. Morgan. Ancient Society. T. Waitz. Die Amerikaner (Anthropologie der Naturvolker. Pte. III). Adair. History of the American Indians. Schoolcraft Hist. & Statist. f. Ind. Tribes U. S. G. Catlin. Letters and Notes on the manners, etc., North Amcan. Indians (1841). Pí y Margall. Historia Gral. de América. H. Book Am. Ind. North of Mco. New. Intnal. Cyclopdia. "Indians". Peschell. Races of Man. Ratzel. History of Mankind. Stanford's. Compendiums of Geography. Winsor. Narr. & Crit. Hist. of America. Vol. I, página 317.
Especiales.—Morgan. Houses & House life Am. Indians. Morgan. League of the Iroquois. Haddon. Evolution in Art. Sentenach. Ensayo s/ la América Pre-Colombiana: Diego Andrés Rocha. Origen de los Indios. (Edción. 1891. Madrid). Menaseh Ben Israel. Origen de los Americanos. (Edción. Madrid). Virchow. Anthropologie America (p. 121-218). Feijóo. Teatro Crítco. Vol. V. (Madrid MDCCXXXIII). Palafox. Virtudes del Indio. (Ed. Madrid 1893). Raynal. Phil. & Pol. Hist., etc. (Trad. Yustamond. Londres 1776). Boas. Mind of the Primitive Man. (Science. W. S. XIII-281). Moure. Les Indiens de Matto Grosso. (Nouv Annales de Voyages, 1872). Vierkandt. Naturwolker & Kulturvolker. Grosse. Die formen der Wirtschaft. (Leipzig, 1896). Gust. Brühl. (Die Culturvölker Alt Amerikas. 1887). Bandelier. Reports Peabody Museum 11.ª-12.ª-13.ª & Papers of Archeological Instte. of America.
Caracteres lingüísticos.—Adelung. Mytridates (1806). Max. Muller. Lectures on the Science of Language. (N. Y. 1891). Dean Byrne. General Principles of the Structure of Language. (N. Y. 1890). Brinton. The Lenape & their Legends (Vol. V). Libry. of Aborig. Americ. Hist. Le-Clerq. First Estabment. of the faith in New France. (Trad. Shea. N. I. 1891).
Fuentes.—Los antiguos cronistas y viajeros, en especial Solórzano. Pol. Indiana. (Madrid MDCXLVIII). Pedro Mártyr de Anglería. Décadas. (Ed. Torres Asensio. Madrid 1892). Herrera. Décadas. (Madrid. Ofna. Real, 1720). Fdez. de Oviedo. Hist. Gral. de las Indias. (Ed. Ac. de la Hist.). Oviedo. Sumario de la Hist. Nat. de las Indias. (Colección Rivadeneira). Bartolomé de las Casas. Hist. de las Indias. (Ed. Madrid 1875). Navarrete. Colección. Viajes y Descubrimientos, etc., (Madrid 1858). Solís. Conqta. de Méjico. (Ed. Barcelona 1770. 3 vols). Gomara. Hist. Gral. de las Indias. (Ed. Rivadeneira, XXII). Torquemada. Monarquía Indiana. (Ed. Barcia. Madrid 1723). Lozano. Hist. Río de la Plata. (Ed. Lamas. B. Aires. 1873). Joseph de Gumilla. Hist. Nat. etc. del Orinoco. (Ed. Barcelona MDCCLXXXXI). Lafiltau. Mœurs de Savages Amercaines. (MDCCXXIV). Pérez del Pulgar. Continuación Décdas de Herrera. (B. Nacional Madrid. Sección Ms. (I. 22-31-85)). Ulloa. Noticias Americanas Secretas. (Londres. Taylor. 1826). Charlevoix. Hist. Nouvelle France. (París 1744), etc. Las relaciones de los Misioneros, en especial. Lettres Edifiantes et curieuses. (París, 1717-76). Twaites. The Jesuit relations & allied documents. (Cleveland 1896-1901). Acuña. Descto. Amazonas. (Ed. Madrid 1891). Ruiz y Blanco. Conversión en Piritu. (Madrid 1892). Figueroa. Misiones en el país de los Maynas. (Madrid. Suárez, 1904) Vse. asimismo Parkmann. Conspiracy of Pontiac. "Jesuits in North America", etc. (Boston 1902-1905) y I. G. Shea en Winsor. Op. cit., p. 296-316. Vol. IV y sus notas Bibliográficas, y compárense las fuentes antiguas mencionadas con las memorias (1879-1906) Contributions to N. A. Etgy. Bulletins. (30 vols.), etc. (Vse. Hand Book. Am. Ind. I, p. 77). del Bureau of Etnology de Washington (E. U.). Annual Reports Peabody Museum; Smithsonian Institution, etc., etc.
Caracteres. Lingüísticos.—I. W. Powell. Indian Ling. Families (B. A. E). Hervás y Panduro. Catálogo de las lenguas (1805). Conde de la Viñaza. Bibliogfía. Española de lenguas Indígnas. de América. Pilling. (Bibliog. Am. Languages). Bulletins. Años 1887-88-89-91-92-93-94. Bur. of. Etgy. An. Reports Bur. of Etgy. en especial Powell (1.º y 7.º). Holden (1.º). Holmes (2.º). Garrick Mallery (1.º, 4.º y 10.º). Mathews (5.º). Mooney (7.º). Stevenson (8.º). A. S. Gatschet (1.º 6.º). Dorsey (8.º-13.º), Nicolás Antonio. Bibliotheca Hispana Nova. etc. Vol. I (Madrid-MDCCLXXXIII) y II.º (Madrid-MDCCLXXXVIII). Félix y Sobron. Idiomas de la América Latina-(Madrid-1870), etc., etc.
Bibliografías.—Las relacionadas en el Título I, Caps. I y II. Vse. también Winsor. Op. cit. Vol. I, pág. 317 y Apéndices I, III y IV, y Vol. IV, pág. 216-317. Channing & Hart. Guide to Am. Hist. pág. 232. Farrand. Op. cit., pág. 378. Pilling. Op. cit. Conde de la Viñaza. Op. cit. Intción. y Cuadro pág. 231. Parkmann, Bandelier, Powell, en las notas de sus mencionadas obras. D. G. Brinton. Abnal. American Authors. H. Book. Am. Ind. North of Mexico. Artículos "Indians", "Languages", "Cherokees", "Missions", etc. New International Cyclopedia. Artículos "Indians", "Man", etc. Larned. Literature of American Hist., pág. 38 (600-692) Th. Hughes S. I. Hist. of the Society of Jesus in North America. Cap. I-II, páginas 1 á 29. H. E. Ludewig-The Lit. of Aborig. Lang. (Edit. Trubner & C.º Londres MDCCCLVIII) I. García Icalbazceta. Apuntes p.ª un catálogo de escritores en lenguas Indígenas de América. Méjico-1866, etc., etc.


Mapa Etnológico y Filológico de Sud América demostrativo de la probable posición geográfica de las distintas familias lingüísticas (Keane—South-America).
CAPÍTULO II CARACTERES SOCIOLÓGICOS
1.—El Matrimonio. 2.—Matriarcado. 3.—Poligamia y Monogamia. 4.—Condición de la mujer. 5.—Educación de los hijos. 6.—Las costumbres mortuorias. 7.—Organización política. El "clan" y la "gens". 8.—Totemismo. 9.—La "fratria" y la tribu. 10.—Consejo tribal. 11.—Jefes tribales. 12.—La Confederación. 13.—Organización Económica. La propiedad. 14.—Los Gobiernos despóticos. 15.—Relaciones inter-tribales. El Comercio. 16.—La guerra. 17.—Armas ofensivas y defensivas.
El matrimonio.
1.—El estado de naturaleza en que todas las mujeres pertenecen á todos los hombres, y éstos á todas las mujeres, sólo ha existido en la imaginación de poetas y filósofos. La teoría de la promiscuidad primitiva ha sido rechazada por la ciencia. Aun entre las tribus más salvajes de América, la unión entre el hombre y la mujer tenía ciertos derechos reconocidos y estaba sujeta á ciertas reglas. Entre éstas, la más característica y acaso la más extendida é invariable, era la llamada "ley de exogamia", ó matrimonio fuera del clan ó linaje en contraposición á la endogamia ó matrimonio dentro del referido grupo. En América, los miembros de un mismo "clan" ó "gens" no podían contraer matrimonio, y la violación de esta regla se castigaba severísimamente.
El matrimonio se realizaba usualmente por compra en especie, dádivas ó prestación de servicios[188] á la familia de la mujer, y la elección de ésta solía corresponder antes que al individuo á su familia ó grupo.
Matriarcado.
2.—Ahora bien, desde que los progenitores del indio no podían pertenecer al mismo clan, para determinar su filiación debía forzosamente prescindirse de uno de ellos. Salvo contadas excepciones, se prescindía del padre y se asignaban los hijos al linaje materno.
Esta costumbre de los pueblos salvajes, que los etnólogos designan con el nombre de matriarcado, impedía generalmente el incesto y las alianzas entre cercanos parientes.

Fig. 74. En el hogar indígena (Pueblos).
Poligamia y monogamia.
3.—La forma del matrimonio Americano estaba principalmente determinada por consideraciones económicas. En las regiones en que la vida era ruda y difícil, se contentaba el Indio con una sola mujer; en los climas calientes y tierras fértiles, la facilidad misma de la vida le inclinaba á la poligamia.
Importaba casi siempre esta última un cambio de sistema de filiación. El protector nato de los hijos, no era como en el matriarcado su tío paterno, sino su propio padre (patriarcado) que disponía de ellos á su antojo y podía hasta regalarlos ó venderlos.
En América del Norte prevalecía la monogamia, en la del Sur la poligamia, pero en ambas regiones la duración del matrimonio era precaria, dependiendo las más de las veces de la voluntad ó el capricho de los contrayentes[189].
Condición de la mujer.
4.—Las costumbres matrimoniales y la condición de la mujer variaban mucho. Mientras en las tribus en que predominaba la monogamia y el matriarcado, la mujer era dueña en el hogar y tenía tanto ó mas valor que el hombre, al que podía hasta expulsar de su tienda, en las poligamas, la mujer era considerada como una esclava, como cosa del patrimonio del marido, simple objeto de brutales placeres, ó bestia de labor y de carga. De aquí la escasa fecundidad del hogar salvaje, el abandono de los hijos y los infanticidios[190].

Fig. 75.—Una familia indígena.
Educación de los hijos.
5.—Decidida sin embargo por los padres indios, la vida y crecimiento del niño, protegían su infancia cuidadosamente. Los ritos, costumbres y ceremonias natales para defender la criatura de los malos espíritus y propiciar en su favor los tutelares de su grupo ó tribu, eran muchos y curiosísimos[191]. La lactancia duraba tres, cuatro, y á veces diez y doce años.
Al llegar á la pubertad, y después de someterse á pruebas especiales de iniciación, en ceremonias solemnes y públicas, el niño recibía su nombre cuya imposición y cambio, eran para el Indio materias de capital importancia.

Fig. 76.—Acarreando agua.
Solo podía adquirirlo en los mencionados ritos iniciatorios, á los que generalmente concurría toda la tribu, ó por especial habilidad en la caza y la guerra. Como se suponía mágicamente enlazado con las divinidades tutelares, no se usaba nunca en las relaciones con los extranjeros. El nombre, en suma, era una verdadera propiedad que podía perderse por deshonra, enfermedad ó desgracia, cambiarse por motivos especiales y hasta enajenarse ó darse en prenda. El indio, una vez declarado adulto, era dueño absoluto de sus acciones é independiente de sus progenitores. Si seguía viviendo con ellos, más bien que padres é hijos parecían extraños reunidos casualmente. Olvidaba pronto los beneficios recibidos, miraba á sus padres con perfecta indiferencia, ó, considerándose superior á ellos, les trataba con crueldad y desprecio[192].
Costumbres mortuorias.
6.—La suerte de los ancianos no era por tanto envidiable. Salvo los shamanes, adivinos, etc., los demás indios viejos, débiles ó inútiles para la caza ó la guerra, eran considerados por su tribu como pesada carga y desaparecían natural ó violentamente.
Las costumbres mortuorias estaban basadas en la creencia constante en la inmortalidad de las almas. Concebía el indígena la vida de ultratumba como un estado feliz, en que los guerreros después de muertos gozaban en regiones fertilísimas de todos los bienes que ansiaron en la tierra.

Fig. 77.—Sepultura de piedra (Illinois).
Esta concepción material de la vida futura, originó acaso la costumbre de enterrar los cadáveres con sus armas, vestidos, utensilios, etc., generalmente quebrados, para indicar que también acompañaba al muerto el alma de las cosas en su viaje por las regiones desconocidas, á las que no debía partir sin medios de defensa.

Fig. 78.—Momia descubierta en una cueva de Alaska.
En algunas tribus se enterraban con los jefes militares sus caballos y hasta sus esclavos y mujeres, para que el muerto pudiera presentarse en la vida futura con la misma dignidad y rango que gozó en la tierra. En otras se creía al individuo animado de varios espíritus que desempeñaban oficios distintos después de su muerte. Uno, por ejemplo, quedaba con el cuerpo, otro vagaba como fantasma por la aldea; y otro acompañaba al guerrero á los "dichosos prados de abundante caza y pesca"...
Las formas de sepultura eran variadísimas. Se colocaban los cadáveres en cisternas, sepulcros, urnas funerarias, bajo montículos, en grutas y cavernas, etc. En algunas tribus los embalsamaban y momificaban; en otras se cremaban guardando ó aventando las cenizas, ó se exponían colocándolos en los árboles ó en elevadas plataformas, á la voracidad de las aves carniceras.

Fig. 79.—Sepultura Dakota (Yarrow).

Fig. 80.—Sepultura arbórea (Yarrow).
Las manifestaciones de duelo consistían en gritos, lamentos, orgías especiales de dolor, vestiduras desgarradas, mutilaciones y crueles heridas, con el fin general de aplacar la cólera del alma vagabunda del muerto[193].
Organización política. El "clan" y la "gens".
7.—La profunda diversidad de las estructuras sociales de los Aborígenes Americanos y la carencia de datos sobre muchas de ellas, hacen imposibles las generalizaciones al respecto.
Podemos, sin embargo, afirmar, por vía de síntesis, que la base fundamental de las organizaciones políticas conocidas de los Indios del Norte y Sur de América era el parentesco, y que el factor más importante de sus rudimentarias sociedades era el "clan" ó linaje (gens); es decir, el grupo ó grupos de parientes más ó menos cercanos, maternos ó paternos, reales ó ficticios, que convivían en determinada vivienda, con obligación de ayudarse mutuamente[194].
El indio se debía al clan antes que á su propia familia. Si el interés de sus deudos estaba en oposición con el de su clan, debía prevalecer este último. En los delitos de sangre correspondía al clan de la víctima exigir compensación al clan del victimario.

Fig. 81.—Elevando el cadáver (Yarrow).
Las funciones civiles del clan eran importantes. Elegía sus jefes y podía destituirlos. Eran éstos jefes civiles (sachems) ó militares (caciques, etc.), dependiendo la elección de estos últimos de sus condiciones é influencia.
En tiempo de guerra, los jefes militares tenían autoridad omnímoda en la tribu; pero concluída ésta perdían dicha autoridad, quedando sometidos al "Sachem" como cualquier otro de los miembros de su grupo.
Los jefes civiles dirimían las disputas entre los individuos de su clan ó linaje, y cuando no podían resolverlas las elevaban al Consejo del mismo, que resolvía también las cuestiones de interés general para el grupo en deliberaciones libres y decisiones incuestionables.

Fig. 82.—Manifestaciones de dolor (Mujeres Sioux).
Creía en general el indio que el clan estaba dotado de cierto poder mágico que aumentaba ó disminuía con el número. Para evitar, pues, la disminución de la vitalidad del clan ocasionada por la pérdida de vidas en las incesantes guerras indígenas, era costumbre establecida adoptar individuos de otros clanes, y á veces clanes y tribus enteras, que venían ipso-facto á formar parte integrante del clan que les adoptaba. En los casos de adopción por compensación de delitos de sangre, el victimario, previa aceptación de la madre de la víctima, asumía en el clan adoptante las obligaciones y prerrogativas del hijo muerto[195].
Totemismo.
8.—Las ideas de parentesco entre los miembros de un mismo clan ó linaje, enlazadas en la mente del indio con las de poder mágico á dicho clan inherente, se sintetizaban casi siempre en el "totem", institución social y religiosa de origen ignoto y carácter extraño, común á casi todas las sociedades primitivas y muy especialmente á los aborígenes de América.

Fig. 83.—En el Consejo.
El "totem", para el indio Americano, era una clase cualquiera de objetos, generalmente animales ó plantas, considerados las más de las veces como divinidades tutelares por los miembros de un mismo clan ó linaje, que se creían relacionados con dicha especie de animales ó plantas por descendencia mítica ó misterioso parentesco. Los clanes se distinguían de ordinario con el nombre genérico de su totem. Los animales y plantas de la especie totémica eran para el indio sagrados é intangibles (taboo); prodigaba sus imágenes en pictografías y esculturas, y las reproducía sobre toda clase de objetos con fines supersticiosos y simbólicos (amuleto, defensa), ó representativos y heráldicos (nombre del clan, etc.)[196].

Fig. 84—Entre los "Cliff Dwellers".
La fratria y la tribu.
9.—Los distintos clanes y gentes se agrupaban de ordinario en dos ó más grupos intermedios, también exogámicos, llamados por los Etnólogos "fratrias". La base de estos grupos era mitológica, y sus funciones más bien ceremoniales que políticas[197]. El conjunto de clanes, gentes y fratrias de un territorio determinado y de la misma lengua ó dialecto, formaban en general la agrupación indígena conocida con el nombre de "tribu". Difería este conglomerado social de sus componentes (clan, gens, fratria), no sólo por el número de sus individuos, sino por el carácter mismo del vínculo que los mantenía unidos entre sí y separados de las demás tribus ó pueblos.
La nota característica y distintiva de la tribu, no era únicamente el parentesco entre sus miembros, sino la comunidad de nombre, de gobierno, de territorio, y principalmente de lengua ó dialecto[198].

Fig. 85.—Expulsados de su clan.
Consejo Tribal.
10.—El rasgo más interesante de la organización de las tribus era su Consejo, formado por los principales jefes y los delegados de los clanes ó gentes. Tenía este Consejo autoridad suprema en los asuntos tribales, hacía la paz, las alianzas ó la guerra, y decidía sin apelación las diferencias entre los diversos linajes.

Fig. 86.—El "Calumet" ó Pipa ceremonial.
El espíritu de tan peculiar asamblea, era esencialmente democrático; podía opinar en sus reuniones cualquier varón adulto, y hasta las mujeres mismas por medio de los oradores que eligieran al efecto[199].
Jefes Tribales.
11.—En general, las tribus no tenían jefe supremo, aunque en ciertos casos se reconocía mayor rango y autoridad en un sachem ó cacique cualquiera, dándole facultades extraordinarias para representar la tribu en los casos en que el Consejo no había podido convocarse. Su gestión, sin embargo, estaba sujeta á la ratificación posterior de dicho Consejo, dependiendo además su autoridad de sus condiciones personales y de su influencia en los diversos clanes ó gentes.

Fig 87.—Tambor ceremonial.
Designar estos jefes temporales con el nombre de reyes, soberanos, emperadores, etc., como lo hicieron los antiguos conquistadores y cronistas, es en absoluto erróneo. Si alguno de los referidos jefes por la fuerza de las circunstancias adquiría en un momento dado excepcional relieve, no dejaba por ello de ser, dentro de su tribu, un simple jefe electivo y temporal que nada tenía de monarca[200].
Las Confederaciones.
12.—Cuando por segmentación de una tribu se formaban otras nuevas, la relación entre las tribus así formadas y las primitivas se reconocía comúnmente por sus individuos, aunque fuera tradicional y remota.

Fig. 88.—Distintivos de Jefes.
Esta idea de relación ó parentesco originario, y el constante temor de agresiones armadas de las tribus extrañas, hizo naturales y frecuentes las uniones entre tribus afines para mutua protección y defensa.
Tal fué indudablemente el origen de las Confederaciones Tribales, institución también característica de los aborígenes de América.

Fig. 89.—Postes Totémicos (Museo Británico).
Las Confederaciones más conocidas y curiosas son la Azteca y la Iroquesa. Las de los Mokis, y los Dakotas, tuvieron también duración considerable. Otras no pasaron de alianzas ocasionales y efímeras[201].
Organización económica. La propiedad.
13.—En la sociedad indígena, el nombre, el rango, los derechos ceremoniales y los objetos de uso personalísimo (armas, vestido, etc.), era lo único que pertenecía al individuo; la tierra, el bosque, la casa, etc., eran propiedad común del clan ó la tribu, que tenían derecho de excluir de ellos á todas las demás tribus ó bandas.
"La tierra, como el agua y el fuego, no puede venderse", decía un indio Omaha.
Los mismos que la labraban tenían solo sobre ella un relativo usufructo.
Si los indios se reunían para determinadas expediciones de caza ó pesca; si los del Misouri, por ejemplo, se combinaban en bandas para cazar el búfalo, ó los Esquimales juntaban sus "kayaks" en flotilla para pescar ballenas, el búfalo ó la ballena así adquiridos eran propiedad común. Todos tomaban de todo el botín lo necesario para su subsistencia.
En el clan residía ordinariamente el derecho hereditario. Cuando el indio moría, los objetos de uso personalísimo acompañaban al cadáver, y el resto de sus útiles pasaba en propiedad común al clan, y sólo en uso á los parientes más próximos.
En general, la repartición de los bienes comunes era equitativa, dependiendo, naturalmente, del modo de su producción, base económica de los sistemas distributivos tribales.

Fig. 90.—Armadura Tlinkit (Alaska).
El concepto moderno del derecho de propiedad, fué completamente extraño á los grupos sociales de América. Ni entre los Aztecas y los Incas, cuya curiosa organización económica estudiaremos más adelante, existieron desigualdades sociales, basadas en la mayor ó menor riqueza. Las palabras rico y pobre no tenían equivalente en sus lenguas[202].
Los gobiernos despóticos.
14.—Claro es que las organizaciones sociales descritas son, por decirlo así, el tipo ideal de la mayoría de los gobiernos indígenas de América, y que sería, por tanto, un grave error el suponer que los elementos todos del sistema se respetaban en todo el Continente.
El indio Americano, aun refrenado por las obligaciones para con su clan ó su tribu, amaba sobre todo su libertad salvaje y odiaba todo privilegio.

Fig. 91.—Trofeo de victoria.
Si obedecía á sus sachems y jefes militares, era por considerarlos como representantes de su grupo; pero conservaba siempre las ideas de igualdad é independencia, características de la vida indígena. Fuera, sin embargo, debido á las influencias enervantes de un clima cálido, á la mayor aglomeración de gentes en territorios fértiles y consiguiente desarrollo de la agricultura, á la introducción del patriarcado y la poligamia, ó á cualquier otra causa, el indio abdicó en algunas regiones su carácter independiente é indómito, para someterse servilmente á la voluntad de sus mandatarios.
La idea religiosa debió sin duda influir decisivamente en esta curiosa transformación política. Desde que el indio empezó á mirar á sus jefes como profetas, augures ó predilectos confidentes de sus divinidades tutelares, se convirtieron para él en seres superiores y les rindió homenajes reverentes. Si se creía á los jefes parientes cercanos del sol ú otra divinidad cualquiera, el mando supremo debía permanecer en su familia y la autoridad electiva hacerse hereditaria y despótica.
Así surgieron en América los degradantes absolutismos de los gobiernos Incásicos, Chibchas, etc., cuya constitución especial estudiaremos en los Capítulos siguientes[203].

Fig. 92.—Jefe de los Minatarees (Cattlin).
Relaciones Intertribales. El Comercio.
15.—En general las relaciones entre los pueblos son de tres clases, simpáticas, neutrales ú hostiles. Las primeras propias de los civilizados (fiestas internacionales, exposiciones, etc.), eran completamente desconocidas en la América Indígena. Las relaciones neutrales (Comercio) estaban bastante desarrolladas. Ciertos artículos abundantes en determinadas regiones (cobre, mica, piedras pintadas, conchas, etc.), tenían en otras gran demanda y eran objeto de frecuentes tratos. Los Esquimales comerciaban entre sí y con las tribus Algonquinas. El "wampum" de los Iroqueses se aceptaba en general como moneda en la región de los grandes lagos. Las tribus del Missisipí suministraban pieles á los Pueblos, en cambio de alfarerías, mantas, cuentas, algodón, etc. Las pipas adornadas de los Haidas (Vancouver), se han encontrado en tumbas de las márgenes del Río Delaware. Los Aguas y Curuziraris (Brasil), proveían á sus vecinos de vasijas y tejidos. Los Arecunas pagaban en algodón las alfarerías de los Caribes, y en general, puede afirmarse que fueron raros en América, los grupos tribales que vivieron en completo aislamiento[204].

Fig. 93.—Jefe de los Mandanes (Cattlin).
La guerra.
16.—Las relaciones neutrales eran, sin embargo, la excepción y no la regla en el vivir intertribal de los Aborígenes de América. De no existir entre dos tribus un tratado expreso de paz, se consideraban siempre como hostiles y en estado de guerra. Las virtudes militares eran las más honrosas. El marchar por la senda de la guerra era voluntario para el indio, pero ninguno dejaba de hacerlo por temor de que su tribu le despreciara como cobarde. Amaban la lucha desde niños, sus juguetes preferidos eran las armas, las batallas su ambición única.
El indígena peleaba para conseguir provisiones, tierras de caza, bosques y prados fértiles, esclavos ó mujeres y principalmente para vengar ofensas, asesinatos ó ataques de las tribus extrañas.

Fig. 94.—Jefe Cheyenne.
La muerte natural de un individuo atribuída por su tribu á maleficios de las hostiles, bastaba á veces para emprender una guerra. Si un caudillo influyente decidía una expedición guerrera nunca le faltaban compañeros.
A veces las hostilidades se reducían á simulacros y danzas guerreras para inspirar terror á los enemigos. Otras veces eran simples algaradas ocasionales y violentas.
Iniciada la guerra, terminaba difícilmente. El implacable talion indígena reclamaba satisfacción de sangre por cada guerrero herido ó muerto, y por consiguiente, si no se formulaba un tratado de paz, solo cesaban las hostilidades con la extinción de las tribus en lucha.
El arte militar apenas se conocía. Prescindiendo de las ventajas naturales, las fortificaciones indígenas consistían en cercos, empalizadas ó rudos baluartes de tierra defendidos por fosos.

Fig. 95.—Jefe Sauk (Cattlin).
La sorpresa y la emboscada eran los únicos ardides tácticos del Indio. Algunas tribus se pintaban de colores parduzcos para confundirse con la yerba al avanzar arrastrándose. No daban cuartel; mataban sin remisión á sus enemigos y saqueaban é incendiaban sus chozas ó tiendas. Si conservaban algunos prisioneros era para luego sacrificarlos, esclavizarlos, y en casos excepcionales adoptarlos. El arrancar la cabellera del guerrero muerto (escalpe), era costumbre general en Norte América. Las cabelleras enemigas fueron los trofeos favoritos del indio, ya por creer que poseyéndolas tenía cierto poder sobre el alma de su víctima ó simplemente por atestiguar su valentía y hazañas.
A veces se notificaba al enemigo la declaración de guerra enviándole objetos simbólicos. Antes de emprender la campaña celebraban los guerreros ritos y danzas especiales para avivar su luctuoso entusiasmo. Si volvían victoriosos, se embriagaban hasta el delirio en otras danzas y ceremonias de triunfo, rivalizando los hombres, las mujeres y hasta los niños, en atormentar cruelmente á los prisioneros, sin otro límite á su furor que el miedo de abreviar la duración de su sanguinaria venganza.

Fig. 96.—Formas del arco.

Fig. 97.—Transportes terrestres (Laffitau).
En medio de sus espantosos sufrimientos, las víctimas entonaban sus cánticos guerreros, é irritaban hasta espirar con despreciativos insultos, la vengativa rabia de sus verdugos, que excitados y sedientos de sangre, acababan por despedazar al cautivo, devorando sus carnes en repugnante y canibalística zambra.

Fig. 98.—Hacha.
El más brillante triunfo del guerrero cautivo, era su valor y resistencia en el tormento. Abreviarlo suicidándose, era considerado como un acto de cobardía y castigado con la infamia.

Fig. 99.—Cuchillos.
El torturado que daba señales de debilidad era muerto inmediatamente y con desprecio, pues se consideraba indigno de ser tratado como hombre, al que no sabía sufrir como valiente.
Armas defensivas y ofensivas.
17.—Siendo en definitiva las guerras indígenas una especie de "caza de hombres" las armas ofensivas y defensivas del cazador no se diferenciaban mucho de las del guerrero. Sería interminable detallarlas. Sus clases, materia y formas, variaban con las regiones y grado de cultura de las distintas tribus, que como ya dijimos, no alcanzaron á conocer el hierro. Las principales armas ofensivas eran la lanza, el hacha, (tomahawk), la maza, el palo arrojadizo, la cervatana, las bolas y en especial el arco y la flecha de punta de piedra lanceolada, ó en zig-zag imitando al rayo, caña de diferente longitud y adornos de plumas ó pelo.
Algunas tribus envenenaban sus saetas con una pócima, (yerba) que hacían echando dentro de una olla diversos venenos, y haciéndolos hervir para darles punto. El herido de yerba, por maravilla escapaba de la muerte y hasta las mujeres mismas que fabricaban el tósigo, solían acabar emponzoñadas por sus vapores deletéreos.

Fig. 100.—El Escalpe.
Como armas defensivas, usaban los indígenas escudos de madera ó cuero, adornados con pictografías simbólicas, armaduras de construcción ingeniosa y variadas materias, corazas de algodón, pita, etc., yelmos y máscaras de madera de formas grotescas coronadas de plumas emblemáticas. Llevaban también como defensa fetiches y amuletos de todo género (saquitos májicos de los Navajos, ghost-shirt de los Dakotas, etc.), en cuyas virtudes confiaban supersticiosamente. Claro es, que si bien la venganza comunal fué uno de los principales incentivos de la guerra india antes del descubrimiento, á la llegada de los Europeos las cosas cambiaron de aspecto. El enemigo común determinó alianzas inter-tribales antes no soñadas; las guerras se hicieron defensivas y mas crueles con el uso del hierro; algunas tribus buscaron para destruir á sus enemigos, el auxilio de los blancos; se trastornó en fin en absoluto, la vida de las tribus indias y se inició la dolorosa historia, la tragedia magna y todavía no escrita, de sus desesperadas luchas con los blancos, de la extinción paulatina de sus guerreros, de la fusión de su raza en la raza del conquistador y del fuerte[205].

Fig. 101.—Danza Guerrera (Schoolcraft).

Fig. 102.—Torturando el prisionero (Lafitau).


CUESTIONARIO
1.—¿Existió en la América Aborigen el llamado estado de naturaleza?
2.—¿En qué consiste la Ley de Exogamia?
3.—¿Qué se entiende por Matriarcado?
4.—¿Existía en América la Poligamia y la Monogamia?
5.—¿Cómo influían estas dos formas de matrimonio en la condición de la mujer India?
6.—¿Cómo educaba el Indio á sus hijos?
7.—¿Qué importancia tenía entre los Indios el nombre?
8.—¿Cuándo y cómo se adquiría ó perdía?
9.—¿En qué relaciones estaba el Indio adulto con sus padres?
10.—¿Cuáles eran las principales costumbres mortuorias en la América Indígena? ¿Con qué creencias se vinculaban?
11.—¿Cómo estaba organizado y qué importancia social tenían los "clanes" ó "gentes" indígenas?
12.—¿En qué estaba basada la costumbre de la adopción?
13.—¿Qué era el Totem? ¿En qué consistía el Totemismo?
14.—¿Qué funciones y carácter tenían los fratrias en América?
15.—¿Cómo estaba organizada la tribu Americana?
16.—¿Qué importancia tenía el Consejo Tribal?
17.—¿Cómo se elegían, y de cuántas clases eran los Jefes Tribales? Errores de los antiguos cronistas al respecto.
18.—¿Cómo se formaron las Confederaciones indígenas, y cuáles son las más conocidas?
19.—¿Tenían los Americanos ideas de propiedad privada?
20.—¿Qué causas influyeron en la formación de los gobiernos despóticos en América?
21.—¿Comerciaban entre sí las tribus indígenas?
22.—¿Predominaban en América las relaciones hostiles entre las diversas tribus?
23.—¿Cuál era el carácter y peculiaridades de la guerra indígena?
24.—¿Cuáles eran las armas defensivas y ofensivas del Indio Americano?
25.—¿Se transformaron las costumbres guerreras y sociales del Indio después de la llegada de los Europeos?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en el Capítulo anterior. Además: Mac Lennan. Studies in Ancient History. Baschofen. Das Muterrecht. Spencer. Principles of Sociology. Heckenwelder. History of the manners & customs of American Indians. Westermarck. Origin of Human Marriage (1890). Irko Hirn. Origins of Art. Mayne. Early History of Institutions. Vargas Machuca. Milicia Indiana (Ed. Suárez, 1892). Windsor. Narr. & Critic History of America, I. Apéndice III, pág. 417.
Especiales.—Morgan. Systems of Consanguinity (1871). Powell. Wyandot Governement (B. A. E. 1rst An. Rep.). Dorsey. Omaha Sociology (3rd An. Rep. B. A. E.) y Siouan Sociology. (15 An. Rep. B. A. E.). Letourneau. Evolution of Marriage. Arriaga. Extirpación de la Idolatría en el Perú. Jenks. Childhood of Jishib, the Ojibwa. Fewkes. Hopi Katcinas (21 Rep. B. A. E.). Matilda Stevenson. Religious Life of the Zuñi Child (15th Rep. B. A. E.). Yarrow. A further contribution to the Study of Mortuary Customs American Indians (1st Rep. B. A. E.) y sus preciosas bibliografías. Galanti. S. J. Compdio. Historia do Brazil. I. Miss Fletcher. Import of Totem (Amcan. Asstion. Detroit. 1897). Frazer. Totemism (London 1897). Morgan. League of the Iroquois. Edición Dodd-Mead, 1904. Markham. Narrative Hist. of King Phillip War. Meléndez. Tesoros Verdaderos. Giliii. Nachreis y Lande Guiana. Hoffmann. Menomini Indians (14 Rep. B. A. E.). Mac Cawley. Seminole Indians (5th An. Rep. B. A. E.). Cassani. Hist. Nvo. Reino de Granada. Rau. Smithsonian Report. (1872). Thurn. British Guiana. Letourneau. L'Evolution du Commerce. Mason. Bows, Arrows & Quivers N. American Indians (Smithsonian Rep. 1893). Hough. Primitive Amcan. Armour (Rep. U. S. Nat. Mus. 1893). Mooney. Ghost Dance Religion (14th Rep. B. A. E.). Colden. History Five Nations.
Fuentes.—Las relacionadas en el Capítulo anterior, exceptuando las lingüísticas especiales, y Bernal Díaz del Castillo. Hist. Verdadera Conqta. Nva. España. Castañeda. Relación de la Jornada de Cibola. Expedición de Coronado á Nuevo Mexico. (15th An. Rep. B. A. E. Winship). Hakluyt. Principal Navigations. III. Academia de la Historia. Colección Muñoz. Pacheco y Cárdenas. Colección Documentos. Vol. I á XVI. De Bry. Grandes et petits voyages. Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Naufragios y Comentarios (Ed. Suárez), etc., etc.
Bibliografías.—Las mencionadas en el Capítulo anterior, exceptuando las especiales lingüísticas y las relacionadas en el H. Book American Indians North of Mexico. Artículos "Marriage". "Exogamy". "Laws". "Governement". "Family". "Child Life". "Clan". "Confederation". "Chiefs". "Name". "Council". "Mortuary Customs". "Gens". "Adoption". "Commerce". "Arms & weapons". "Implements", etc., etc. Larned Literature Am. History. Tít. 596-692 y 3.916-4.145.


Vasija de barro con figuras simbólicas. Precioso ejemplar encontrado en el Arizona. E. U. (17 Rep. B. A. E.)
CAPÍTULO III LA VIDA MATERIAL
1.—Alimentación. 2.—Canibalismo. 3.—El fuego y sus usos. 4.—Preparación de los alimentos. 5.—Alfarerías. 6.—Bebidas y estimulantes. 7.—Habitación. Los tipos primitivos. 8.—Las viviendas comunales. 9.—Aldeas y su número. 10.—Adorno personal. 11.—Vestido. 12.—Industrias textiles. 13.—La caza y la pesca. 14.—Horticultura. 15.—Medios de transporte.
Alimentación.
1.—«Oye las palabras del Gran Espíritu, exclama el héroe Hiawatha, de los mitos Iroqueses, te he dado tierras para que caces, te he dado el oso, el bisonte y el ciervo; he llenado tus pantanos de patos silvestres y tus ríos de abundante pesca»[206]... El Indio Americano era, en efecto, único y exclusivo señor de un Continente inmenso, y su alimentación era tan variada como sus climas, sus regiones, su flora ó su fauna.

Fig. 103.—Arpón de dos puntas (Vancouver).
En los países cálidos y fértiles la Naturaleza le proporcionaba pródigamente y sin esfuerzo alguno frutos suculentos; en los fríos y estériles tenía que arrancar al reino animal y al vegetal lo necesario para su sustento. Si la necesidad era grande, ó la pereza invencible, el indio comía hasta arañas, gusanos, lagartijas, culebras ó víboras[207], pero, en general, las bases esenciales de su alimentación eran las mismas que las de los Americanos modernos[208].
En América no existían pueblos exclusivamente cazadores. Salvo aquellos que se alimentaban de las producciones espontáneas de la Naturaleza, todos trabajaban la tierra en forma más ó menos rudimentaria.

Fig. 104.—Preparación de los alimentos (Lafitau).
De aquí que, lejos de ser preferentemente animal la alimentación del Indio, predominaban en ella las materias vegetales, dependiendo la proporción entre ellas y las materias animales, de las diversas latitudes, del mayor ó menor desarrollo agrícola, de las épocas del año ó de preocupaciones supersticiosas.
Los alimentos vegetales más comunes del Indio eran, además de aquellos que la Naturaleza producía sin ayuda alguna, como el plátano, los frutos del agave ó pita, los de las diversas liliáceas, etc., aquellos que sólo necesitaban elementales cultivos, como el maíz, la patata, la yuca, la mandioca, el arroz salvaje, la calabaza, el pimiento (axi), etc., etc.
La alimentación animal variaba naturalmente con la fauna de las diversas zonas geográficas. Los indígenas de la América del Norte se mantenían principalmente del walrus, lobo marino, ciervo, antílope ó bisonte, mientras la abundante y delicada pesca de los ríos de la América del Sur y los sabrosos mariscos de sus costas y sus islas sostenían con amplitud á muchas de las tribus ribereñas[209].

Fig. 105.—Haciendo pemmican (Sioux).
El reino mineral proporcionaba al indígena el más apreciado de los condimentos, la sal, que extraía de depósitos naturales ó por evaporación de lagos y ríos. Algunas tribus comían una especie de tierra ó kaolin (geofagia), bien sola (Bolivia) ó mezclada con algunas raíces para suavizarlas[210] ó molerlas.
Canibalismo.
2.—La antropofagia ó canibalismo, estaba generalmente extendida en el Norte y el Sur de América, aunque lo contrario afirmen autores respetables[211].
El indio Americano comía carne humana, á veces por necesidad, las más por espíritu de superstición ó venganza, y las menos por glotonería ó degradante aberración psicológica.

Fig. 106.—Encendiendo fuego. Pictografía Mexicana (U. S. Nat. Mus.)
La antropofagia por necesidad, aunque fué practicada por algunas tribus, (Hurones, Micmac, Chipewa, etc., en América del Norte, Botocudos, Aravaques, Araucanos, etc., en la del Sur), no fué la característica del Indio Americano. Las afirmaciones de soldados ó viajeros á este respecto son casi siempre ligeras, exageradas ó maliciosas[212].
En cambio, lo fué el canibalismo, por superstición ó espíritu de de venganza. Para los Iroqueses el comer carne humana era un deber religioso. Los indios Mohawk, Tonkava y otras tribus de Tejas eran designados por sus vecinos con el nombre de "comedores de hombres" (man eaters). Las mitologías y tradiciones Americanas están llenas de referencias de gigantes antropófagos y de dioses cuya cólera se aplacaba con ritos sangrientos.

Fig. 107.—Shaman Kwakintf. Oficiando en las ceremonias canibalísticas.
El indio Americano creía en general que el valor, la astucia y demás condiciones guerreras del pariente (endo-canibalismo) ó el enemigo muerto (exo-canibalismo) pasaban al que comía su carne. El corazón de la víctima, supuesto sitio de tales facultades era el más apreciado, sin que por ello despreciara el indio el resto del cuerpo de su enemigo en sus odiosas bacanales antropófagas. Las ceremonias de estos repugnantes banquetes variaban con las mitologías y ritos. En algunas tribus (Canadá, Nva. York), el vengativo ensañamiento del Indio llegaba hasta hacer tragar al cautivo pedazos de su propia carne. En otros se contentaban con empaparse ó beber su sangre. Entre los Guaranis se repartían en menudas piezas las carnes del difunto, y si no alcanzaba para todos, cocían en agua algún trozo hasta liquidarle y repartían el caldo para que todos pudieran decir que habían probado "la carne de su contrario".
El canibalismo por glotonería de los Mayorunas del alto Amazonas, los Tapuyos, y Cocomas del Marañón y aun el de los Iroqueses y Hurones, es tan bestial y repulsivo, que la pluma se resiste á describirlo[213].
El fuego y sus usos.
3.—El hombre conoció los principales usos del fuego desde remotísimos tiempos. Apenas hay tribu Americana que no supiera usarlo y preservarlo, apenas mitología indígena que no le atribuya antigüedad y origen fabulosos.