ÉPOCA PRIMERA. AMÉRICA INDÍGENA. (continued 3)
Reading edition

Fig. 206.—Pueblo de Taos (Nuevo México).
La Confederación Iroquesa cambió por completo el aspecto político de un vastísimo territorio. Los Iroqueses, arrojados por los Algonquinos de las márgenes del San Lorenzo, consiguieron, paulatinamente, vencer á sus enemigos de Norte y Sur, convirtiéndose, merced á su Confederación, en dueños virtuales del territorio comprendido entre la Bahía de Hudson y la Carolina del Norte[325].

Fig. 207.—El primer _Sachem_ Iroques (Pictografía indígena).
Por lo demás, los Iroqueses no se diferenciaban mucho de las demás tribus bárbaras y sedentarias del Norte de América. Los cultos religiosos y mágicos, la influencia de los shamanes y hechiceros, los sacrificios humanos, el canibalismo, la crueldad y la perversión de costumbres eran, con ligeras variantes, las descritas en general para todos los pueblos de América[326]. Eran fuertes, imaginativos, orgullosos y muy sobrios. Fabricaban alfarerías, cultivaban el maíz, tabaco, etc.; fortificaban sus aldeas de calles, comparativamente limpias, con empalizadas y otras defensas; construían excelentes canoas y sepultaban á veces en grandes montículos (Mounds) á sus venerados muertos. Tenían numerosas tradiciones y arengas que, recordadas con el "wampum", pasaban de generación en generación con extraordinaria fijeza. Los mitos personificaban, en una ú otra forma, la lucha constante de la luz con las tinieblas. Los actuales Iroqueses (con excepción de los Cherokees), reducidos á unas 15.000 almas, habitan parte en el Canadá y parte en las Reservas Indias, de Nueva York, Wincousin y Ontario. Los Cherokees, con algunos miembros de distintas familias lingüísticas, forman parte de las llamadas tribus civilizadas de los "Territorios Indios" (Indian Territories) de los Estados Unidos de Norte-América[327].

Fig. 208.—La danza del Espíritu (Pictografía en piel).

Fig. 209.--Manibozho (Algonquinos).
Los Muskokis.
6.—Las varias tribus de la familia Muskoheana ó Muskoki ocupaban los placenteros valles que se extienden desde las estribaciones inferiores de las montañas Apalaches hasta el golfo de Méjico, y desde las márgenes del Missisipí hasta el Océano Atlántico. Las tribus de esta familia vivían en aldeas ó poblados, donde cada linaje tenía su propio territorio, su cementerio y su montículo (mound) para depositar después de limpios los restos venerados de sus muertos. Predominaba también entre los Muskokis el matriarcado, aunque la posición de la mujer, en la familia y el clan, era muy inferior á la que tenía en la familia Iroquesa. Los jefes civiles de los Muskokis (mikos) eran vitalicios y virtualmente hereditarios. Los jefes militares se nombraban de acuerdo con los Consejos de las tribus.
En el año 1540 cultivaban ya los Muskokis extensos campos, vivían en aldeas permanentes, tenían habitaciones de madera peculiarmente construídas, extraían y aprovechaban las arenas auríferas de sus ríos y usaban alfarerías y útiles líticos de curiosa perfección y pulimento. Las investigaciones arqueológicas modernas han venido á confirmar como exactas las descripciones de la cultura de los Muskokis que hicieron sus descubridores en el siglo xv[328]. Las tribus Creeks fueron las más fuertes, numerosas y preponderantes de esta familia lingüística.

Fig. 210.—Símbolos mágicos (Wabernó).
Rodeadas de vecinos hostiles y poderosos, prestaron preferente atención á su organismo militar y dieron á sus guerreros grandes preeminencias. La iniciación, educación, grados y predicamento social de dichos guerreros tienen muchos puntos de contacto con las de los combatientes Aztecas. Los ritos, cultos y fiestas ceremoniales (puskita) de los Creeks[329], sus estimulantes simbólicos (Black-Drink), la disposición topográfica de sus aldeas y la construcción de sus "Casas del Consejo", "Casa Grande", etc., tienen gran interés etnológico. Formaron también los Creeks una Liga parecida á la de los Iroqueses (Creek Confederacy), aunque solamente defensiva, y de su organización laxa y efímera. Las tribus Creeks y sus desmembraciones los Seminolas (Florida) opusieron luctuosa y tenaz resistencia en la primera mitad del siglo pasado (1830-1842) á las tropas de los Estados Unidos, que sólo á fuerza de sangre se consiguió dominarlas para trasladarlas á los Territorios Indios, donde viven hasta hoy con relativa prosperidad é independencia.

Fig. 211.—Pipas ceremoniales.
Yuchis, Natchez, etc.
7.—En el territorio de los Muskokis había algunas tribus de lenguas y dialectos completamente distintos. Entre ellas las más interesantes eran las de los Yuchis, Timaquanos y Natchez. Los Yuchis (Río Savanah) se llamaban á sí propios "hijos del sol", considerando al astro como femenino y madre de sus linajes.
Eran "gente muy limpia y muy polida, y naturalmente bien acondicionada". Tenían á las mujeres en gran estima. Cuando Hernando de Soto les visitó por primera vez, "la caçica, Señora de aquella tierra... moça y de buen gesto", le recibió con grandes agasajos. (Abril, 1540)[330].

Fig. 212.—Indio Cherokee.
Los Timaquanos, que ocupaban los valles del Río San Juan (Florida) y la costa del Océano Atlántico hasta el Río Santa María, se extinguieron hace más de un siglo. Conocemos su lengua por las obras de los Misioneros. Los célebres Natchez, cuyo recuerdo preservaron los colonizadores franceses de Luisiana, vivían cerca de la actual ciudad de su nombre, en las márgenes del Missisipí. Se consideraban como representantes del sol, á quien adoraban preferentemente, sacrificándole cautivos y conservando en su honor el fuego perpetuo. Construyeron "mounds" artificiales, sobre los que edificaron casas y templos; fueron habilísimos en tejer fibras vejetales y en la fabricación de alfarerías y adornos. Sus caciques, considerados "hijos del Sol", eran reverenciados como tales. Su oficio fué hereditario y su gobierno absoluto y despótico[331].
Dakotas ó Sioux.
8.—En la historia de los Estados Unidos las bandas ó grupos de la familia de los Dakotas ó Sioux son tan interesantes acaso como las tribus Algonquinas ó Iroquesas. Fuertes, activísimos, libres é indómitos, se les considera también por los etnólogos como ejemplares arrogantes y típicos de la raza india.

Fig. 213.—Apache.
Vivían los Sioux en la región de las grandes llanuras, al Oeste del Missisipí, desde el Río Saskatchewan, en el Norte, al Arkansas, en el Sur, llegando á veces hasta Virginia y el golfo de Méjico.
Estaban divididos en siete grupos principales ("los Siete fuegos del Consejo"), subdivididos á su vez en numerosas bandas y sub-bandas locales. Prevalecía el patriarcado y la poligamia. Los jefes eran electivos y su autoridad estaba limitada por los Consejos de las bandas ó sub-bandas. Los ancianos en sagacidad y experiencia eran muy respetados en tiempos de paz, cediendo, sin embargo, toda su autoridad á los jefes militares en tiempo de guerra.
El factor principal que modeló la vida, creencias, artes, industrias y gobierno de estas tribus ó bandas Sioux fué la caza del bisonte, descrito por primera vez en 1530 por los conquistadores españoles y sus cronistas[332]. De aquí la ausencia de agricultura y la vida nómada de los ágiles y errabundos Siouanos, que perduró siglos después del descubrimiento, aumentando con la llegada del caballo, que facilitó grandemente sus expediciones de caza y guerra.
Antes de conocer el caballo, usaban los Sioux el perro para su alimento, arrastres y hasta para sus ceremonias y rituales sacrificios. Los Sioux fabricaban armas y útiles de piedra, madera, cuerno y hueso, rudas alfarerías y utensilios domésticos de madera y pieles de bisonte. Su habitación característica era el movible «tipi», ya descrito en anteriores capítulos.

Fig. 214.—Indio Creek.
Las tribus Mandanes, pertenecientes á esta familia, fueron los constructores de las casas comunales circulares (circular-houses), también descritas, que rodeaban de empalizadas, prácticamente infranqueables para los guerreros indígenas.

Fig. 215.—Preparando el Blaek-Dimk.
Las pictografías de los Sioux, en pieles de bisonte, sus pipas simbólicas («calumet»), de arcilla roja y tubo largo y adornado de plumas, y sus preciosas y abigarradas aljabas han servido para esclarecer muchos problemas relativos á la evolución del arte Americano.
Las concepciones religiosas de estas bandas ó tribus fueron, en general, animistas y basadas en la creencia en el «Wakanda» ó misterio primitivo y omnipresente, diferenciado en innumerables seres, espíritus y formas. Predominaban los cultos de carácter mágico, tenebroso y violento. En las célebres fiestas anuales de invocación al sol (sun-dance), peculiares de estas bandas indígenas, todos los individuos del grupo, presididos por sus hechiceros é iniciados en las sociedades secretas de la «gran medicina» se reunían en la cabaña ceremonial y danzaban días enteros, pintarrajeados, desnudos, y al son de destemplados atambores y silbatos de hueso, alrededor de los postes sagrados, de donde pendían misteriosos amuletos. Los últimos días de estas ceremonias se dedicaban generalmente á las más cruentas torturas penitenciales ó propiciatorias. Algunos devotos se traspasaban las capas musculares del pecho y los hombros con palos de madera, y se hacían colgar con ellos de las vigas de la cabaña hasta que, desgarradas brutalmente sus carnes, caían desangrándose en tierra.

Fig. 216.—Indio de las Montañas.
Las bandas Sioux han dado también mucho que hacer á los ejércitos Norteamericanos. En su célebre sublevación de Minnesota (1862), dirigida por el sanguinario jefe «Little Crow»[333], más de 100 soldados y 700 colonos perdieron sus vidas entre cruelísimos tormentos. Actualmente, los Dakotas ó Sioux viven dispersos y pacíficos en diversas Agencias y Superintendencias escolares de los Estados Unidos. Su número alcanzaba en 1904 á 29.000, pero tienden, paulatinamente, á extinguirse[334].
Tlinkits, Haydahs y Yumas.
9.—La escarpada cadena de las montañas Roquizas se extiende de Norte á Sur, dejando una estrecha línea de costa desde el Monte San Elías al Golfo de California, á lo largo del mar Pacífico, sembrada de valles fértiles y profundos. Habitaban en ellos numerosas tribus, distintas entre sí por sus lenguas, pero muy semejantes por sus caracteres físicos y psíquicos, que las diferenciaban de las tribus de las costas del mar Atlántico.

Fig. 217.—Indio de las Llanuras.
Las más notables familias lingüísticas de esta región son la de los Tlinkits, de Alasca y costas adyacentes, la de los Haydahs y similares (Islas Queen Charlotte, Columbia Británica, etc.) y la de los Yumas, que poblaban la península de California hasta los valles del Río Colorado, colindantes con el Estado de Arizona y el Norte de Méjico.
Los Tlinkits eran acaso las tribus más inteligentes de la costa Norte del Pacífico. Tenían ideas definidas sobre el derecho de propiedad privada, desconocido en la mayoría de las tribus salvajes. Basaban en tal concepto la elección de sus jefes. Los más ricos ocupaban los puestos más altos. El resto del sistema social de esta curiosa plutocracia Americana reposaba en el matriarcado y los linajes exogámicos. Ocupaban los Haidahs casas sólidas de madera, á cuyas puertas erigían postes altísimos cuajados de esculturas totémicas. Fabricaban admirables canoas de cedro rojo, lámparas, morteros y utensilios de piedra y preciosos adornos de plata y cobre. Eran comerciantes activísimos. Los primeros navegantes Europeos que los visitaron (1741) encontraron en su poder cuchillos de hierro, obtenidos acaso en sus expediciones hacia el Sur. Usaban conchas como moneda y compraban esclavos á las tribus vecinas. Formaban estos esclavos clase aparte, y eran tratados por sus compradores con crueldad y profundo desprecio. El principal personaje mitológico de los Tlinkits era el cuervo, considerado como raptor del fuego sagrado y libertador del sol, la luna y las estrellas.

Fig. 218.—Pictografía simbólica.
Los usos y costumbres de los Haidahs son semejantes á los de sus vecinos. Tienen en mucho aprecio la riqueza personal, considerando como fin único y primordial de su vida el adquirirla y acumularla. Honran á las mujeres por su castidad é industria y á los hombres por su astucia y comercial ingenio. Prevalece entre ellos el patriarcado, dividen sus comunidades en estratificaciones sociales distintas y sus cultos son en general zoolátricos y totémicos. La lengua general de toda esta costa es una de las jergas comerciales (Chinook jargon), mencionadas en otro capítulo.
Los Yumas de Arizona y Norte de Méjico fueron, en su mayor parte, tribus salvajes, errabundas y tenazmente rebeldes. Algunas de ellas, sin embargo, fueron horticultoras y sedentarias, y acaso construyeron en tiempos lejanos fuertes estructuras de adobe y de piedra[335].

Fig. 219.—El bisonte según Gomara.
Las tribus de los Pueblos.
10.—Describimos en otro lugar las habitaciones y restos arqueológicos (Cliff Houses, etc.) de la región de los Pueblos, y procuramos demostrar que las varias tribus allí encontradas por los soldados españoles del siglo xvi, fueron sus constructores indiscutibles. Concuerda esta opinión científica con las tradiciones de dichas tribus y las descripciones que de sus usos y costumbres hicieron los primitivos cronistas.

Fig. 220.—Ceremonia religiosa (Dakotas).
La llamada región de los Pueblos se extendía desde los límites Occidentales del estado de Tejas hasta California, y desde el centro del estado de Utah hasta el de Zacatecas, en Méjico, y estaba poblada, á mediados del siglo xvi, por cuatro grupos lingüísticos principales (Hopis, Zuñis, Querés y Tehuas), dispersos, aproximadamente, en 65 aldeas ó pueblos, distantes entre sí de 30 á 100 kilómetros[336].
Las casas de estas aldeas eran todas del mismo tipo, ya descrito en otro lugar, y de tres ó cuatro altos. Había algunas de siete pisos ó altos que servían de fortalezas y salían por encima de las otras como torres, con sus troneras y saeteras, para defenderse en caso de ataque.
Las mujeres preparaban la comida, acarreaban agua, las más de las veces de muy lejos, y labraban en común las habitaciones mencionadas, haciendo y secando las pellas y la mezcla de cenizas y arcilla de las paredes, mientras los hombres traían y asentaban las traviesas y los postes. Fabricaban también las mujeres aquellas "ollas y lozas muy hermosas, vidriadas y de extremadas labores y hechuras", que tanto sorprendió á los Conquistadores Españoles y han hecho arqueológicamente famosas las alfarerías de la región de los Pueblos[337].

Fig. 221.—Jefe Sioux.
Los hombres cultivaban los campos, tejían mantas y arreos en telares más ó menos primitivos, discutían los intereses de su aldea en tiempo de paz y preparaban sus expediciones militares en caso de guerra. Las casas comunales de los Pueblos, en general muy limpias y bien repartidas, tenían todas su estufa ó kiva, donde dormían los mancebos y se reunían los ancianos y sacerdotes. Se excavaban estas estufas en los patios ó lugares de fácil acceso, eran redondas ó cuadradas, bajo tierra, con pilares de pino y suelo de losas grandes y lisas, donde se encendía un fogón para que sustentara el calor del recinto y se pudiera estar dentro como en un baño caliente. El techo, visible sobre la superficie de la tierra, tenía un agujero de entrada y otro más pequeño para que salieran los humos. En las murallas estaban pintados animales y seres legendarios, con colores brillantes y simbólicos.

Fig. 222.—Jefe Sioux.
Los habitantes de los Pueblos eran monógamos. Los jóvenes, antes de contraer matrimonio, servían á la Comunidad, y sólo tomaban mujer cuando así lo disponía el Consejo de ancianos en discusión solemne. Las mujeres casadas se cubrían con capotes de cuero pulidos y mantas anudadas en el hombro izquierdo y atadas con cinturones de algodón y hebilla de turquesas. Los hijos pertenecían al clan ó linaje de la madre (matriarcado) y las hijas heredaban sus efectos personales. Los linajes eran muy numerosos y estaban reunidos por aldeas y no por tribus. En cada aldea había un jefe de paz ó gobernador, al que asesoraba el Consejo de ancianos, y un jefe militar, nombrado por sus proezas. No se conocía la propiedad privada de la tierra, aunque se respetaba mientras duraba, la ocupación individual ó familiar de las parcelas cultivables.
Cultivaban cuidadosamente estas tribus el maíz, el algodón, el tabaco, las judías, etc., y regaban sus campos con acequias bien construídas, que también utilizaban para los servicios domésticos.

Fig. 223.—Indio de los Pueblos (Cochiti).

Fig. 224.—Mujer Seri (Isla Tiburón) con su pintura característica.
Eran excesivamente religiosos. Los sacerdotes y hechiceros, agrupados casi siempre en sociedades secretas, tenían á su cargo todas las ceremonias y ritos. Los cultos religiosos ó mágicos eran largos y complicados. Entre los Hopis, por ejemplo, se dedicaban mensualmente 10 y hasta 15 días á las prácticas religiosas, dirigidas por una ó por otra de las sociedades rituales. La parte secreta de estas ceremonias se celebraba en las estufas ó kivas, construyendo en ellas altares, semejantes á los Navajos, de arenas multicolores, y la parte pública de las mismas terminaba casi siempre con un regocijo espectacular y ruidoso, en el que los juglares (koshare ó delight-makers) exhibían sus habilidades dramáticas y lanzaban como dardos sus chanzas intencionadas y malévolas. En algunas ceremonias, y para hacer más eficaces las oraciones á los antepasados de los clanes ó linajes (katcinas), se personificaban sus espíritus con trajes y máscaras simbólicas. El principal objeto de todos estos ritos religiosos era el atraer la lluvia para obtener buenas cosechas. Dada la aridez de las regiones en que estas tribus vivían[338], la lluvia para ellas era cuestión de vida ó muerte.

Fig. 225.—Black Hawk. Jefe de la tribu Sauk.
En general, las tribus de los Pueblos eran pacíficas, ordenadas y relativamente morales y cultas. Castigaban severísimamente las brujerías y vicios nefandos y estaban exentos del canibalismo y los sacrificios humanos, que tan negra mancha arrojan sobre las culturas Aztecas y Chibchas[339].

CUESTIONARIO
1.—¿Existe alguna clasificación etnológica cierta de las tribus Indias de la América del Norte?
2.—¿Cuál es la más aproximada á la verdad histórica?
3.—¿Dónde habitaban las tribus de la familia Esquimal?
4.—¿Cuáles fueron sus costumbres peculiares?
5.—¿Dónde habitaban las tribus de la familia lingüística Athapasca?
6.—¿Qué arte cultivaron preferente los Navajos, etc.?
7.—¿Qué territorios ocupaban las tribus Algonquinas?
8.—¿Qué tuvieron de notable en sus notas culturales?
9.—¿Dónde habitaban las tribus Iroquesas?
10.—¿Qué Naciones ó gentes formaban la Confederación Iroquesa?
11.—¿Cuál fué la organización social y política de la referida Confederación?
12.—¿Qué importancia histórica y social tuvo la Confederación Iroquesa?
13.—¿Cuáles fueron los rasgos peculiares de la vida social de los Iroqueses?
14.—¿Cuáles fueron las tribus principales de la familia Iroquesa y qué territorios ocupan actualmente?
15.—¿Qué peculiaridades etnológicas distinguen á las tribus Muskokis?
16.—¿Quiénes eran los Natchez?
17.—¿Qué territorios habitaban las tribus Dakotas ó Sioux?
18.—¿Cuáles fueron los rasgos característicos de su vida social é historia?
19.—¿Cuál fué el factor principal de su vida, creencias, etc.?
20.—¿Quiénes fueron los Mandanes?
21.—¿Dónde habitaban las tribus Tlinkits, Haydahs, etc.?
22.—¿Qué límites probables tenía la Región de los Pueblos?
23.—¿Qué costumbres peculiares caracterizan á las tribus de esta Región?
24.—¿A qué grado cultural alcanzaron?
25.—¿Cuáles fueron sus ritos y creencias religiosas características y cuáles los productos de sus actividades estéticas?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en los capítulos anteriores. Winsor, op. cit., vol. I, chap. V (George E. Ellis). Higginson, Larger History, I-26. Bancroft, op. cit., vols. I-IV, etc., etc.
Especiales.—Las mencionadas en los capítulos anteriores y en las notas del presente.
Fuentes.—Los antiguos cronistas Españoles (Oviedo, Herrera, etc.); los Documentos Inéditos, (Pacheco y Cárdenas); las Memorias y Descripciones de Misioneros (Champlain, Lebeuf, etc.); las Jesuit Relations; los exploradores y colonizadores ingleses, en especial Cap. John Smith, True Relation; Carver, Travels through North America; Jones, Antiquities of the Southern Indians; Loskiel, Mission of the United Brethren among the Indians; De Bry, Grands et petits voyages; Hakluyt, Principal Navigations, etc., etc.; las Memorias anuales de la Oficina de Etnología de Washington (B. A. E.); de la Smithsonian Institution, Peabody Museum, etc.; las citadas en los capítulos anteriores, y las mencionadas en las notas del presente.
Bibliografía.—Hand Book Am. Ind. North of Mexico, I (B. A. E.). Winsor, op. cit., caps. III-V y apces I á VI, vol. I. Bancroft, Nat. Races, vols. I á IV. Brinton, Aboriginal American Authors. Farrand, op. cit., pág. 273 y sig. Reports (B. A. E.) citados; Channing & Hart, Guide to Am. History, y las mencionadas en los anteriores capítulos.
CAPÍTULO VII TRIBUS DE MÉJICO Y AMÉRICA CENTRAL
1.—La familia Uto-Azteca. 2.—Shoshoneanos. 3.—Sonoras. 4.—La Confederación Azteca. 5.—La guerra. 6.—Tributos y modo de recolectarlos. 7.—El derecho á las tierras y su distribución. 8.—Gobierno y organización social. 9.—La esclavitud. 10.—La familia. 11.—Los mercados. 12.—Tribus de Michoacan Nicaragua, etc. 13.—Los Mayas. 14.—Los calendarios. 15.—Agricultura. 16.—Artes mecánicas. 17.—Pintura y Escultura. 18.—La escritura simbólica. 19.—La Arquitectura. 20.—Religión y Magia. 21.—El Sacerdocio y su influencia. 22.—Conclusiones generales.
La familia Uto-Azteca.
1.—De todas las familias lingüísticas del Norte de América, la llamada Uto-Azteca es acaso la más interesante para nuestra historia, no sólo por su gran extensión territorial y su luctuosa resistencia á los Conquistadores Españoles, sino por la singular cultura á que alcanzaron muchos de sus miembros.

Fig. 226.—Ruinas del Templo de Chichen-Itza.
Se hablaban dialectos Uto-Aztecas desde el Itsmo de Panamá hasta las orillas del Río Colombia en el Estado de Oregón (E. U.), y desde las costas del Océano Pacífico hasta el Golfo de Méjico[340].
Las principales tribus de esta familia lingüística eran las Shos-honeanas, en el Norte, las de Sonora, Chihuahua, etc., en el Centro, y las de los Nahuas ó Aztecas, en el Sur. La lengua de estas últimas tribus (Nahuatl) predominó sobre las demás. Sin perder su carácter aglutinante é incorporativo, llegó á tener formas fijas, sonidos relativamente armoniosos y aun principios de inflexión. La unidad de origen lingüístico de las tribus de la familia Uto-Azteca es hoy para los filólogos un hecho indiscutible[341].

Fig. 227.—El Lago de Méjico, según Clavijero.
Shoshoneanos.
2.—Los Shoshoneanos, con sus numerosas bandas, ocupaban hasta el siglo pasado el territorio que se extiende desde el Río Columbia hasta el Estado de Durango, en Méjico. Pertenecen á este grupo lingüístico los formidables Comanches, de cultura y costumbres muy semejantes á las de los Sioux ó Dakotas y los Hopis ó Moquis, de la región de los Pueblos (Arizona), cuya superior cultura describimos en los capítulos anteriores[342].
Sonoras.
3.—Las tribus más interesantes de la rama de los Sonoras fueron los Pimas (Valles del Río Gila, etc.) y los "Tarahumares" y "Huichols" de las cercanías de la Sierra Madre. Merecen los Pimas especial atención, no sólo por ser ellos ó sus antepasados inmediatos los constructores de los hoy ruinosos monumentos conocidos con el nombre de "Casas Grandes" (Chihuahua), sino por sus adecuadas viviendas de adobe y extensa irrigación de sus campos.
La cultura de estas tribus es muy semejante á la descrita de la región de los Pueblos. La evangelización de las aldeas de los Pimas (Pimería alta y baja) por el extraordinario y apostólico P. Kino es uno de los episodios más brillantes de la historia de la Compañía de Jesús en América[343].
Los "Tarahumares" y "Huichols" fueron tribus tranquilas, laboriosas y sedentarias, que conservan hasta hoy la mayoría de los ritos, costumbres y creencias mágicorreligiosas que estudiaron en sus rancherías los misioneros de los siglos xvii y xviii[344].

Fig. 228.—Ruinas del Palacio de Chichen Itza (Yucatán).
La Confederación Azteca.
4.—Entendemos por tribus Aztecas, Nahuatl ó Mejicanas los de la familia Uto-Azteca, que hablaban la lengua Nahualt. Ocupaban estas tribus la cuenca del Océano Pacífico y regiones montañosas adyacentes, desde el Río del Fuerte, en Sinaloa (26° lat. Norte), á las fronteras actuales de Guatemala, excepto una pequeña parte del Itsmo de Tehuantepec Las agrupaciones más poderosas de esta familia lingüística formaron en la meseta del Anahuac, la célebre Liga ó Confederación Azteca, llamada comúnmente Imperio de Montezuma ó Mejicano. Componían esta Confederación las tres poblaciones de Tenochtitlan ó Méjico, Tlacopan y Tezcuco, con sus territorios propios y los de sus tributarios. La capital de la Confederación y el asiento de su Gobierno estaban en Tenochtitlan, situado estratégicamente en el centro de uno de los lagos (Tezcuco), del estupendo valle de Méjico, que circundan las elevadísimas y volcánicas cumbres del "Popocatepetl" ó "montaña que humea" y el "Ixtaccihuatl" ó "mujer que duerme"[345]. A semejanza de los Confederados Iroqueses, los Mejicanos tenían obligación de ayudarse mutuamente en sus guerras, de cuyo botín pertenecía una quinta parte á Tlacopan y cuatro quintas á Méjico y Tezcuco.

Fig. 229.—Ruinas de Mitla.
Reducida al principio la Confederación á los límites del valle de Méjico, traspasó bien pronto sus escarpados baluartes, y al principio del siglo xvi, años antes de la Conquista Española, alcanzaban sus dominios hasta Nicaragua por el Sur y desde el Mar Pacífico hasta el Atlántico[346].
No corresponde á nuestro elemental estudio el dilucidar críticamente las incertidumbres y oscuridades del origen é historia precolombiana de los Aztecas, ni mucho menos la de sus antepasados, Toltecas, Chichimecas, etc., cuya existencia misma es discutible y cuyo pasado se esfuma entre las nieblas prehistóricas.

Fig. 230.—Bajo relieve del Santuario de Chichen Itza.
Prescindiremos, pues, de tales investigaciones, limitándonos á exponer el verdadero carácter histórico de la Confederación Azteca y las principales causas y elementos sociales, etc., que contribuyeron á elevar la cultura de sus tribus[347].
La guerra.
5.—Los Mejicanos propiamente dichos pertenecían al orden más elevado de las tribus Americanas sedentarias. Su principal ocupación no fué, sin embargo, la Agricultura, sino la guerra. No haciéndola se consideraban "ociosos". No tenían ejércitos permanentes. Todos los hombres hábiles de la tribu se consideraban como guerreros, y desde su niñez se les educaba para la lucha. Las armas se guardaban en almacenes públicos (tlacochalco), adjuntos al templo principal (teo-calli), pertenecían á la comunidad y se repartían á los jefes y guerreros cuando así lo ordenaba el Consejo. No había nobleza de ninguna especie. Los capitanejos eran tales, mientras se les consideraba dignos de serlo. Había entre ellos categorías y grados militares, según fueran simples jefes de clan ó linaje, ó jefes distinguidos de las cuatro secciones (calpulli) en que estaba dividido Méjico. Sobre todos estos jefes secundarios estaba el "tlacalecuhli" ó "jefe de hombres", llamado "emperador ó rey" por los antiguos cronistas[348]. Este jefe superior no fué absoluto ni autocrático. Su autoridad y posible despotismo estaba limitado por el Consejo Supremo (Tlacopan) y por el jefe civil superior que con él alternaba en el mando. Su cargo era electivo dentro de determinado clan ó linaje, vitalicio, y gozaba, mediante su solemne consagración, de privilegios y poderes sacerdotales[349]. Podía también ser desposeído del cargo, como lo fué el desgraciado "Motezuma" en las luchas con los Españoles. Cubríase el "jefe de hombres" de arreos brillantes y multicolores enjalmas, y sólo él y su asociado civil ó "cihuacohuatl", de que más adelante hablaremos, podían llevar aquellas "calaveras de plumería con sus penachos verdes y rodelas de lo mismo" y aquellas "ajorcas y pulseras de oro y plumas en la nariz, los brazos y los tobillos", de que nos dan aproximada idea los hermosos relieves de la llamada "Cruz de Palenque"[350].

Fig. 231.—Tipos Mayas (actuales).
La guerra se hacía con cualquier pretexto, las más de las veces sin ninguno, y tenía en primer lugar por objeto procurarse subsistencias, y en segundo obtener víctimas humanas para satisfacer las exigencias de un culto que exigía sacrificios sangrientos por lo menos veinte veces en el año.
Las campañas se decidían por el Consejo y se proclamaban en los "teo-callis" con enormes atambores de tañido triste y solemne[351]. Se movilizaban en seguida jefes y guerreros, se convocaban los tributarios, se repartían armas y provisiones y hasta se formaba un convoy auxiliar, necesariamente limitado por la corta duración de las expediciones y por la falta de animales de arrastre.

Fig. 232.—Ruinas del Templo de Xochicalco.
Una vez reunidos los guerreros y sus auxiliares, emprendían juntos la marcha hacia el territorio enemigo, ó mejor dicho, hacia la zona desierta que separaba entre sí las diversas tribus. Allí se detenían, lanzaban sus gritos de guerra, que el enemigo contestaba á lo lejos, y tomaban después en silencio sus posiciones estratégicas, sin turbar hasta que amanecía la traidora serenidad de la terrible noche que precede á todo ataque indio.
Apenas rayaba el alba, avanzaban entre fieros aullidos, iniciando con furia la salvaje lucha de retiradas aparentes, emboscadas felinas y refriegas largas y sangrientas, que no cesaba hasta que uno ú otro de los combatientes cedía el campo[352] é iniciaba la retirada hacia las cabañas ó defensas. Si los vencidos conseguían detener á sus perseguidores con algún obstáculo natural (declives de montaña, barrancos, ríos, etc.) ó artificial (albarradas, murallones, cercas de piedra, etcétera)[353], contentábanse los Mejicanos con el botín del campo de batalla, aseguraban los cautivos con yugos de madera, ó cortándoles los tendones de los pies si hacían resistencia, y los llevaban á Méjico para sacrificarlos.

Fig. 233.—Sacerdote Hopi (Danza de la Serpiente).
Si los vencidos no podían refugiarse convenientemente, entraban los Mejicanos á sangre y fuego en sus aldeas, hasta que hacían Señales de paz, se declaraban sometidos y pagaban por adelantado un año de tributo. A veces los Mejicanos atacaban de noche y sin previo aviso. La escena de estas sorpresas nocturnas, verdaderos asaltos de tigres entre tinieblas, puede acaso imaginarse, pero no se describe fácilmente.

Fig. 234.—Página del Códice Cortesiano.
Claro es que las tribus más poderosas y audaces eran aquellas cuya situación defensiva, natural ó artificial, era menos vulnerable. El pueblo de «Tenochtitlan», rodeado por todas partes de agua, merced á sus calzadas y sus acequias[354], ocupaba una posición prácticamente inexpugnable para los guerreros indios del siglo xv. Como más adelante veremos, su extraordinaria resistencia al heroico asedio de los Conquistadores españoles del siglo xvi, es una de las más hermosas páginas de la historia militar de la desgraciada raza indígena.

Fig. 235.--Teocalli en Palenque.
Tributos y modo de recolectarlos.
6.—Los Confederados Aztecas no ocupaban nunca con carácter permanente los pueblos conquistados, ni dejaban en ellos guarniciones de ningún género. Se limitaban á imponer á los vencidos pesadas cargas personales y á exigirles tributos diversos. Los tributarios estaban, por ejemplo, obligados á proporcionar á sus dominadores contingentes de hombres y armas para sus expediciones guerreras y á sostener las huestes de sus tiranos, si decidían acampar en su territorio[355]. La más insignificante resistencia de los tributarios al cumplimiento de sus pesadas cargas, se castigaba por los Confederados incendiando la aldea rehacia, saqueando sus graneros y sacrificando á sus habitantes, sin distinción de edades ni sexos. Los Consejos de las tribus Confederadas nombraban agentes especiales («calpixqui», recolectores de cosechas) para recolectar de los pueblos vencidos la parte de tributo que correspondía á cada uno de ellos.

Fig. 236.—Parte del llamado Palacio de Labna (Yucatán).
La seguridad personal de estos odiados mandatarios estaba sólo garantizada por la reputación de ferocidad de que gozaban los Confederados Aztecas. Los tributos propiamente dichos consistían principalmente en maíz, pero podían también exigir alfarerías, tejidos, ornamentos diversos, esclavos, mujeres, etcétera. Eran llevados á Méjico por correos especiales, que al llegar á su destino informaban, verbalmente ó con pictografías simbólicas, al "jefe de hombres" de lo visto y oído entre los tributarios. Los soldados de Cortés tomaron estos correos indígenas por embajadores, y en tal sentido hablan de ellos sus relaciones y crónicas[356].
El derecho á las tierras y su distribución.
7.—A principios del siglo xvi estaba el pueblo de Méjico dividido en cuatro partes ó barrios, en los que vivían en común los miembros de cada clan, linaje ó grupo de parientes (calpulli), con derecho de usufructo del territorio que ocupaban (calpullalli). Los «calpullis» no podían cambiar, enagenar, ó de otra manera, disponer de sus «calpullallis». Ciertas parcelas de tierra se destinaban á los jefes, pero ni ellos ni sus familias tenían sobre tales tierras derecho alguno de dominio, y debían, por tanto, reintegrarlas al «calpulli» cuando por cualquier motivo cesaban en sus cargos. El conjunto de estos «calpullallis» formaban el territorio tribal (tlaepetlalli), en el que había un area más ó menos feraz y extensa, cuyas cosechas se destinaban privativamente á las necesidades gubernamentales, al mantenimiento de los templos y demás edificios tribales ó á la formación del tributo en los pueblos tributarios.

Fig. 237.—Relieve de Chiapas.
Los calpullallis» estaban divididos en parcelas cultivables («tlalmilli»), que se asignaban por las autoridades del clan ó «calpulli» á los jefes de familia del mismo (patriarcado) para que los cultivaran en beneficio de los suyos. Si dejaban de cultivarlos dos años consecutivos, ó si la familia que lo usufructuaba desaparecía ó salía del «calpulli», pasaba la parcela en análogas condiciones á otra de las familias del linaje[357].

Fig. 238.—Mapa de las ruinas de la Sección Mejicana (México).
Las costumbres hereditarias de los Mejicanos difieren de las de la generalidad de las tribus Americanas. Los efectos personales del difunto (salvo los que se sacrificaban en los funerales) pasaban á sus hijos varones; sus derechos posesorios ó de usufructo sobre la parcela ó «tlalmilli» que le había sido asignada, los heredaba el mayor de sus hijos varones, y á falta de éste, los demás ó los hermanos y tíos del muerto. El mayorazgo tenía obligación de cultivar la parcela heredada y mantener á sus hermanos y hermanas hasta que contraían matrimonio y obtenían á su vez (los varones) otra porción de tierra cultivable. Si alguna de las hijas permanecía soltera por motivos religiosos, era mantenida por el templo. Si alguno de los varones era incapaz ó inválido, el «calpulli», en común, atendía á su miserable subsistencia.

Fig. 239.—Alfarerías Mejicanas.
Gobierno y organización social.
8.—La Sociedad Mejicana aborigen, esencialmente tribal y comunista[358], fué una especie de democracia militar, en la que era electivo todo cargo. La tribu estaba compuesta por veinte linajes (calpullis), agrupados en cuatro fratrias[359].
Como en casi toda América, los «calpullis» Mejicanos tenían sus propias denominaciones totems, sus sacerdocios, ritos, ceremonias, arsenales y templos. Estaban también gobernados por un Consejo de Jefes[360] (tehcutli), que á su vez elegía un jefe superior civil (calpullec), y otro militar (ahcacautin ó «hermano mayor»), quien, además de su mando guerrero, ejercía en tiempo de paz funciones penales y policíacas. Eran estos jefes respetadísimos en los «calpullis», y sus cadáveres se cremaban ceremoniosamente[361].
Los «calpullis» estaban agrupados en «fratrias» mágico-religiosas, de carácter esencialmente militar. Las cuatro fratrias Aztecas, por ejemplo, eran, en definitiva, cuatro divisiones ó cohortes de las huestes tribales, con su respectivo capitán ó jefe.

Fig. 240.—Ruinas de Mitla (Grecas).
El conjunto de estos «calpullis» y «fratrias» formaba la tribu, cuyo Gobierno Supremo residía en el Consejo Tribal (tlatocan, lugar de discursos), compuesto de veinte miembros (tlaotani, habladores), uno por cada «calpulli». Reuníase este Consejo una vez cada diez días, salvo casos extraordinarios. Sus facultades eran omnímodas, sus deberes directivos y judiciales, sus decisiones inapelables[362].
Con prudenciales intervalos se reunía también el Consejo en sesión magna y pública, á la que concurrían los veinte «hermanos mayores» de los «calpullis», los capitanes de los fratrias, los jerarcas sacerdotales, etc., etc. En tales juntas tribales extraordinarias podía pedirse la reconsideración de anteriores decisiones del Consejo, fundándose en razones de interés público.
Tenía también la tribu Azteca dos jefes supremos. El jefe ejecutivo civil llevaba el curioso título de «cihua-cohuatl» (serpiente hembra)[363], y era respecto á la tribu lo que el «calpullec» para los clanes. Cuidaba este funcionario de la ejecución de los decretos del Consejo y de la recolección y distribución proporcional de los tributos. Era también juez supremo y lugarteniente del «jefe de hombres»[364].

Fig. 241.—Estatua de Tlaloc (Chichen-Itza).
El jefe militar de la tribu Azteca ó «tlacatecuhli», cuyas funciones hemos especificado anteriormente, lo fué también de la Confederación, cuyo carácter, esencialmente guerrero, dió al oficio de «tlacatecuhli» excepcional importancia. Si á esto se añade la investidura sacerdotal de dicho jefe y la servil veneración de sus subordinados, no es extraño que los antiguos cronistas le tuvieran por rey ó emperador absoluto de los pueblos Mejicanos. El «tlacatecuhli» debía elegirse precisamente de entre los cuatro capitanes de fratrias, y era ungido[365] en el templo principal del "Dios de la Guerra."

Fig. 242.—Pictografías en Sta. Rita (Honduras).
La esclavitud.
9.—Aunque el carácter igualitario de las sociedades Americanas excluye la idea de clases ó castas[366], la esclavitud existía entre los Mejicanos en forma limitada y rudimentaria. Eran tenidos por esclavos los expulsados de los «calpullis» por su mala conducta, y en especial los que dejaban dos años sin cultivo la parcela de tierra que les había sido asignada. El que así delinquía contra su «calpulli» era considerado como indigno de pertenecer á él, y si no quería morirse de hambre debía perder su libertad y trabajar en una parcela ajena por la miserable pitanza que su legal poseedor se dignara concederle. Tenía éste sobre su esclavo una especie de posesión exclusiva (adversus omnes), un indiscutible derecho á usufructuar su trabajo y aprovecharlo para cultivar su tierra. Si el esclavo persistía en su indolencia, era castigado con penas infamantes; si recalcitraba, era entregado á los sacerdotes para los sacrificios. Así se fué formando entre los Aztecas una casta especial y despreciada de parias, que inicia la esclavitud y robustece la idea de la propiedad individual en las primitivas agrupaciones indígenas[367].

Fig. 243.—El "Tlacatecuhli" ó Jefe de hombres.
La familia.
10.—La familia Azteca se basaba generalmente en el patriarcado. Los «calpullis» observaban la ley de exogamia. La mujer se consideraba como propiedad individual y exclusiva del marido, siendo los lazos matrimoniales más fuertes que en las demás tribus del Norte de América. El «calpulli» arreglaba privativamente los enlaces[368] y castigaba severamente á los adúlteros, que eran expulsados del «calpulli», perdían su protección y se convertían en parias. Las leyes sociales del «calpulli» prescribían terminantemente el matrimonio de todos sus miembros. Los que se negaban (salvo votos religiosos) á contraerlo, tenían la misma pena que los adúlteros[369]. Claro es que no teniendo estas prohibiciones de interés social base moral propiamente dicha, no consiguieron evitar el concubinato, que era lícito, y sólo limitado por la situación económica del individuo, ni modificar en las tribus Aztecas los bestiales excesos y nefandos vicios que los carcomieron y aniquilaron con su gangrena abyecta[370].

Fig. 244.—Piedra del Sol (Museo de Méjico).
Mercados.
11.—El patriarcado, la esclavitud, las costumbres matrimoniales y las hereditarias de los Aztecas demuestran claramente que el concepto del valor é importancia de la propiedad personal había hecho camino en el primitivo Méjico. Confirma esta importante conclusión histórica la indudable existencia en los poblados Aztecas de mercados y ferias regulares y frecuentes. Celebrábanse tales mercados cada cinco días. El tráfico era activísimo. Se trocaban granos, cacao, alimentos, bebidas, vestidos, ornamentos, útiles, armas, alfarerías[371] y demás objetos necesarios para la vida material del indígena, para el adorno y sostenimiento de sus mansiones comunales y para la provisión de aquellos ágapes bárbaros, cuya abundancia y suntuosidad tanto deslumbraron á los Conquistadores Españoles, que no vacilaron en compararlos con los opulentos festines de la antigüedad clásica[372].
No se usaban en los mercados pesas ni medidas. Las transacciones eran simples permutas, sin moneda ó intermediario de cambios, á no ser que consideremos como tal á aquellos «zontlis» y «xiquipiles» de cacao, á aquellos "cañutillos de ansarones llenos de granitos de oro" ó á los pedacitos de estaño ó cobre en forma de T, de que nos hablan los antiguos cronistas[373]. Había en estos mercados tribunales de justicia. Los robos y demás delitos eran frecuentes, el enjuiciamiento sumario y las penas cruelísimas y bárbaras[374].
Tribus de Michoacan, Nicaragua, etcétera.
12.—No estuvo limitada la civilización Azteca, que en sus rasgos esenciales dejamos descrita, al territorio del Anahuac y sus cercanías. Con raras excepciones las tribus principales de la llamada por los Arqueólogos Norteamericanos «Sección Mejicana» (División del Pacífico)[375], no obstante pertenecer á distintas familias lingüísticas, se diferenciaron poco en sus culturas. No es aventurado, pues, el considerarlas como vástagos ó desmembraciones de un mismo tronco etnológico, de una civilización única en su antigüedad y orígenes, en vez de estudiarlas como grupos culturales distintos, desarrollados á la par en regiones geográficas diferentes[376].

Fig. 245.—Idolo de un templo Maya.
Acaso la organización político-social de la Confederación Azteca fué superior á la de sus vecinos; pero es indudable que aventajaron algunos de éstos á las tribus Nahuatl en otros aspectos de su cultura indígena.

Fig. 246.—Pirámide del Sol en San Juan (Teotihuacán).
Los Tarascos de Michoacan formaron pueblos progresivos y sedentarios. Sus habitaciones de piedra y mezcla, sus orfebrerías y trabajos en pluma y sus admirables armaduras, rodelas, escarcelones, etc., etc., atestiguan sus adelantos materiales. Su lengua era además armoniosa y llena de vocales, sus ritos y ceremonias complicadísimos[377]. Los Otomis, vecinos de los anteriores (Chiapas, Guerrero, etc.), cuya lengua era de las más extendidas en el Méjico del siglo xvi, no fueron tan salvajes como algunos cronistas los pintan. Eran tributarios de la Confederación Azteca, supieron cultivar sus feraces tierras y se distinguieron por sus endechas, cantares y musical instinto[378].
Los Totonecas (Veracruz, etc.) fueron los probables constructores de las pirámides y templos de Teotihuacán. Aunque tributarios también de los Aztecas, les superaban en cultura. En su principal población, la célebre Cempoalla, abundaban las casas de piedra, rodeadas de jardines hermosísimos. Describen esta ciudad los antiguos cronistas como un verdadero «paraíso terrestre», juicio que no parece muy exajerado, teniendo en cuenta la situación geográfica de estos pueblos y las notables ruinas en ellos descubiertas.
Los Zapotecas de Oaxaca y sus vecinos los Mixtecas (Guerrero y costa del Pacífico), formaban agrupaciones poderosas independientes y de avanzada cultura. Era tradicional creencia en los primeros que las imponentes ruinas de Mitla, llamadas en su lengua «Ryo-Ba» ó "entrada á la tumba", con sus enormes palacios de grandes salones y monolíticas columnas, fueron sepulcro de sus antepasados. Supieron también los Mixtecas perpetuar en jeroglíficos la memoria de sus mitológicas leyendas. La lengua Zapoteca no dejaba de ser armoniosa. Fué conocida en Méjico con el nombre de «ticha-za» ó «lengua de los nobles».
Los Mayas.
13.—Dejando de lado algunas otras tribus de menor importancia histórica que también poblaban los territorios de Méjico, Guatemala, Nicaragua y Honduras á principios del siglo xvi[379], estudiaremos sólo las pertenecientes á la familia lingüística «Maya Quiche», que por el número y poderío de sus centros de población predominaron, al par de los Aztecas, sobre todos los demás grupos indígenas de la "Sección Mejicana".
Con excepción de los Huaxtecas, que habitaban al Norte del Estado de Veracruz y Sur del de Taumalipas (Río Panuco y Golfo de Méjico), todas las tribus de la familia Maya-Quiche vivían en territorios contiguos.

Fig. 247.—Lámina del Códice "Porfirio Díaz" (Mus. Méjico).
Los Mayas propiamente dichos ocupaban los actuales Estados del Yucatán, Campeche y parte del de Chiapas, y los Quiches y Cakchiquels se extendían hacia el Sur, en la República de Guatemala[380].
Alcanzaron estas tribus el alto grado de cultura. Su remota afinidad con sus vecinos los Nahuatl parece desprenderse de sus tradiciones, confirmadas en este punto por las investigaciones modernas[381].

Fig. 248.--Lámina del "_Códice Colombino_" (Museo de Méjico).
Los Mayas eran muy cobrizos, de cráneo achatado (deformación artificial), bajos y muy fuertes. Cuando por vez primera los visitaron los Españoles, encontráronlos divididos en gran número de grupos tribales independientes, fragmentos acaso de la legendaria Confederación de Nachan, Colhuacan (Ciudad de la Serpiente) ó Xibalba, fundada por el fabuloso semidios Votan en sus peregrinaciones mesiánicas[382].
Con certeza, sabemos muy poco de los usos, organización social y costumbres de estas tribus. Vivían principalmente de sus cosechas de maíz. Sabían aprovechar la miel y la cera de las abejas; eran tejedores habilísimos y teñían sus finas vestiduras de algodón y sus preciosas plumas con matices duraderos y brillantes[383]. Con sus fuertes canoas llegaron hasta Cuba y mantuvieron con las tribus meridionales de las costas del Golfo continuo y provechoso tráfico[384].
De la historia y complicados mitos de los Maya-Quiches, sólo encontramos en las crónicas noticias dudosas y fragmentarias[385]. Su Mitología y tradiciones han llegado, sin embargo, hasta nosotros, si es que aceptamos, sin beneficio de inventario, las copias y traducciones del célebre "Popol Vuh"[386], libro sagrado de los Quiches Precolombianos, ó los datos que nos proporcionan los "Anales de los Cakchiquels" y los "Libros de Chilam-Balam", recopilados á principios del siglo xvi por algunos indígenas Yucatecos[387].
Calendarios.
14.—Una de las pruebas más convincentes de la afinidad de las tribus de la "Sección Mejicana" es la extensión y semejanza de su peculiarísimo sistema de medir el tiempo.

Fig. 249.—Relieves de Chiapas.
El año solar Mejicano, etc., tenía 365 días. Los años se agrupaban en ciclos de 52 y sub-ciclos ó indicciones de cuatro, y se dividían en dos partes, una de 360 días, ó sean 18 meses de 20 días, y otra de cinco días, que se añadían al último mes para completar los 365 días del año. Cada uno de los 20 días del mes tenía su nombre y símbolo. Los sacerdotes, sin embargo, numeraban los días sólo desde el 1 hasta el 13 (número sagrado), repitiendo los nombres y números, á contar del décimotercio. En esta forma, los días del mismo número y nombre sólo ocurrían cada trece meses de veinte días, que formaban el año lunar ó religioso (260 días), distinto del solar ú ordinario (365). Los días se indicaban también con signos especiales de significado místico, semejantes á los esculpidos en la célebre y enorme "piedra del sol", descubierta en la plaza de Méjico[388]. El calendario ceremonial ó astrológico fijaba las fechas de los festivales y sacrificios y servía también á los sacerdotes para combinar sus cábalas, predicciones y horóscopos[389].
Agricultura.
15.—Ya hemos visto que las tribus de la "Sección Mejicana" fueron esencialmente sedentarias, y que el maíz se cultivaba extensamente. Los campos, en general pequeños, estaban bien roturados y se regaban con acequias. Se cultivaban también en casi todas las tribus el cacao, el magüey ó áloe (Agave Americana), de usos variados é importantes (papel, pulque, etc.), el algodón, que tejían hábilmente, la pimienta, las judías y frutas diversas. Los trabajos agrícolas se consideraban honrosos, y á ellos se dedicaban todos los varones hábiles del grupo, exceptuando los sacerdotes, los funcionarios públicos y los jefes militares[390].
Artes mecánicas.
16.—Son indudables los progresos de las tribus "Nahuatl" en las Artes Mecánicas. Puede decirse que habían alcanzado la edad del bronce. Muchas de sus armas, adornos y utensilios eran de esta aleación. Fueron orfebres habilísimos. Las arracadas, zarcillos, ajorcas, collaricos, moscadores, ventalles, etc., que envió Cortés al Emperador Carlos V, asombraron á la Corte Española. Las alfarerías Mejicanas, en especial las de la región Meridional, nada tenían que envidiar á las de sus vecinos de la región de los Pueblos[391].

Fig. 250.—Mapa ruinas de la Sección Mejicana (América Central).
Escultura y pintura.
17.—Poco tenemos que añadir á lo dicho en otro capítulo, al hablar en general de la pintura y escultura indígenas. Es indiscutible que las esculturas Mejicanas, sus ornamentados y colosales ídolos, sus formas animales, y los variadísimos adornos de sus máscaras, discos, vasos, columnas, etc., dan la nota más alta de las actividades estéticas de la Raza Americana primitiva, pero también es cierto que en ninguno de los restos llegados hasta nosotros como muestras de los perdidos ó destrozados por las devastaciones del tiempo y de las guerras, encontramos algo que pueda calificarse de verdadera y exclusivamente artístico.
Otro tanto puede decirse respecto á la pintura. Las pictografías de los escasos Códices genuinamente Precolombianos, que han podido conservarse hasta hoy, y los laberínticos y desproporcionados dibujos de algunos edificios en ruinas, son imitaciones convencionales de formas vivas, sin arte, armonía ni belleza[392].
La escritura.
18.—Muchas tribus de la "Sección Mejicana", y en especial los Cakchiquels, Quiches y Mayas, se aproximaron en sus pictografías simbólicas al sistema de escritura fonético.
Si bien se ha observado que los Aztecas no pasaron del sistema de escritura jeroglífico, de interpretación convencional de los símbolos, ó sugestión pictográfica de ideas asociadas, llamada por algunos autores escritura "ikonomática"[393], parece ser que los Mayas adelantaron un paso más hacia el sistema alfabético, representando con sus símbolos "calculiformes", verdaderos sonidos silábicos. Este probabilísimo carácter fonético de las pictografías de la familia Maya, las separan claramente de las Nahuatl, con las que algunos autores las confunden[394].

Fig. 251.—Cuchillo de Silice, mango de madera, con incrustaciones de turquesas (Coll. Hertz).
Tanto las pictografías Nahuatl como las Maya-Quiches eran de colores brillantes y se hacían en pieles preparadas al efecto, en tejidos de algodón ó fibras de áloe (magüey) y en las columnas, muros, etc., de los templos y demás edificios públicos. Sus objetos eran generalmente administrativos, ceremoniales, religiosos ó mnemónicos.
El tiempo y las continuas y destructoras guerras por una parte, y por la otra el equivocado celo de algunos eclesiásticos de pasados siglos[395], han destruído casi todos estos preciosos ejemplares pictográficos, imposibilitando hasta hoy la interpretación de los poquísimos é incompletos Códices indiscutiblemente Precolombianos que se guardan en Bibliotecas y Museos y la de las inscripciones talladas con símbolos idénticos en las numerosas ruinas de la América Central y de Méjico.
No pueden, por tanto, considerarse tales Códices, etc., como documentos históricos, propiamente dichos, sino como monumentos arqueológicos, que demuestran por comparación la superioridad cultural de los Mayas sobre las demás tribus de la primitiva América[396].
Arquitectura.
19.—Patentizan también esta superioridad cultural los innegables progresos de su arquitectura, evidenciados por las ruinas de sus templos, palacios, etc. Corresponde á los arqueólogos el detenido estudio de estas ruinas, por lo que nos limitaremos nosotros á mencionar los más notables.

Fig. 252.—El Anahuac según Clavijero.
Partiendo de Zacatecas hacia el Sur, encontramos los murallones y pirámides truncadas de "Los Edificios". Ya en el Anahuac, y en el probable sitio de la histórica Tula, descubrimos fragmentos de cariátides y columnas talladas, entre otras ruinas de casas ó templos. Al N. E. de la ciudad de Méjico, y en la célebre Teotihuacán (Ciudad de los Dioses), divisamos las gigantescas pirámides del Sol y de la Luna y los montículos y restos megalíticos que bordean el "Camino de los muertos".
De la opulenta "Tenochtitlan" ó Méjico del siglo xvi nada queda ni se ha descubierto, exceptuando algunas horribles imágenes y el supuesto calendario de piedra porfírica de que hablamos anteriormente.
En las ruinas de Xochicalco (Nahuas) podemos todavía admirar el cerro perforado, con galerías y túneles, escalonado en amplias terrazas y coronado con una especie de templo-pirámide de granito cubierto de relieves y dibujos emblemáticos. Al Oeste de Puebla de los Angeles está la conocida Pirámide de Cholula, y al entrar en el Estado de Oaxaca las grandiosas é interesantes ruinas de Mitla, con sus enormes recintos de columnas simplicísimas y sus murallas pétreas, cuajadas de pictografías y tallas de abigarradas líneas, colores y formas[397].
Siguiendo hacia el Este, hasta los valles del Río Usumacinta, hallamos las pirámides, teo-callis y palacios ruinosos de Palenque, cuyas talladas losas, numerosas tumbas y colosales estátuas de figuras tranquilas, solemnes y en actitud adorante han hecho pensar á algunos Arqueólogos que la majestuosa Palenque fué tal vez un lugar sagrado ó centro religioso donde se congregaba un pueblo de devotos y residía el alto sacerdocio de los Mayas.

Fig. 253.—Tubería de Terra-cota en Oaxaca.
Al Oeste, y en la región de los Lacandones, encontramos las ruinas de la misteriosa "Lorillard City", y penetrando en la península del Yucatán llegamos á las estupendas construcciones de Uxmal; á la magnífica "Casa del Gobernador", con sus complicadas tallas; al "Palacio de las Monjas" y la "Cueva del Mago"; á las no menos asombrosas de "Chichen Itza", la llamada "Torre del Caracol" y al "Castillo", de hermosas columnas imitando serpientes; á las reliquias, también ophíticas, de "Tikal", etcétera, y, por fin, á los soberbios despojos monolíticos de "Copan" (Honduras-Chorti), la ciudad sagrada de los Mayas, que con las mencionadas ruinas del Yucatán representan la cúspide cultural de la Sección Mejicana, la nota arquitectónica más alta de los artífices y constructores indígenas[398].
Religión y Magia.
20.—Los rasgos esenciales de las creencias mágico-religiosas y de las Mitologías Uto-Aztecas y Mayas son los mismos que los del resto de las tribus aborígenes. Claro es que el transcurso del tiempo y la prolongada residencia en un mismo territorio de grupos tribales populosos, complicaron los cultos y engrandecieron los templos; pero si prescindimos de algunas divinidades características ("Huitzlipochli", "Tlaloc", etc.) y algunas ceremonias peculiares, cuyo estudio excede los límites de este Compendio, poco ó nada tenemos que añadir á lo ya manifestado en los capítulos IV y V de este Título.

Fig. 254.—Tumba cruciforme (Oaxaca).
Las abominaciones de la magia, los sacrificios humanos y la antropofagia ritual, predominaron horriblemente. Las legendarias predicaciones del Suave "Quetzatcoatl" de los Aztecas ó del Votan de los Mayas, no consiguieron moderar la crueldad refinada y la sed de sangre de aquellas muchedumbres bárbaras, que, incitadas hasta al delirio por sus sacerdotes, sacrificaban anualmente millares de víctimas en las repugnantes aras de sus divinidades guerreras, para devorar sus palpitantes miembros en horroroso festín de caníbales[399].
El sacerdocio y su influencia.
21.—Formaban estos sacerdotes, á principios del siglo xvi, una clase social organizada y preponderante. Los "shamanes", magos y hechiceros de las tribus de la América del Norte se convirtieron en la "Sección Mejicana" en un cuerpo definido y de jerarquía complicada y estricta, cuya influencia política fué paulatinamente aumentando y sobreponiéndose á la de los guerreros, hasta adquirir en casi todos los grupos tribales un predominio absoluto y despótico[400].

Fig. 255.—Casa de las columnas de Mitla.
Esta preponderancia política de los sacerdotes, su afán de ostentación en las ceremonias, su prurito de conservar entre unos pocos iniciados el secreto de sus pretendidos poderes míticos (escritura jeroglífica, calendarios, etc.) y su natural deseo de aumentar el tamaño y bárbara suntuosidad de los teo-callis y demás lugares sagrados, influyeron decisivamente en la evolución cultural de las tribus de Méjico y Centro de América[401].
Conclusiones generales.
22.—El sucinto bosquejo que dejamos apuntado de la llamada Civilización Mejicana esclarece un tanto las causas de su rápida decadencia. La falta de unidad nacional en las tribus Confederadas, el odio contenido de los tributarios á sus implacables tiranos y la envidiosa y constante enemiga de los calpullis mismos entre sí, producían un estado público de continua inquietud y desconfianza.
Si á esto se agregan los degradantes vicios que corrroían aquellas colmenas humanas, sus terrores religiosos y sus hechicerías nefandas, no puede extrañarnos que sobre aquellos enormes falansterios, mezcla extraña de cultura y salvajismo, flotara una especie de anatema misterioso, de profecía trágica y terrible, de destino fatal y sangriento[402].
Vivía, en efecto, el indio Mejicano entre mortificantes alarmas, pululaban los espías hasta en el interior de sus hogares comunales, amargaba sus días el miedo de lo desconocido, afligían sus noches quimeras horrendas. El vaso de su paz estaba lleno de rencores; el goce brutal y efímero de sus triunfos guerreros no podía calmar sus lacerantes angustias[403].
Los comunismos teocrático-militares de los Aztecas y de los Mayas habían edificado con sangre sus ciudades y asentado en iniquidad sus templos. No podían perdurar. Brillaron un punto en la historia con fulgores rojizos, y pasaron después "como el polvo que arrebata el viento en la era y como el humo de sus hogares".


CUESTIONARIO
1.—¿Cuáles fueron las principales tribus de la familia lingüística Uto-Azteca y qué regiones ocuparon?
2.—¿Qué entendemos por tribus Nahuatl, Aztecas ó Mejicanas y qué territorios ocuparon?
3.—¿Qué tribus formaron la Confederación Azteca y cuál fué su extensión, ciudad principal y carácter?
4.—¿Cómo guerreaban los Mejicanos y con qué objetos?
5.—¿Cómo se designaba y qué atribuciones tenía el "Jefe de hombres"?
6.—¿Puede confundirse este "Jefe supremo militar" con un monarca absoluto?
7.—¿Qué tributos imponían los Mejicanos á los pueblos vencidos y cómo se recolectaban?
8.—¿Llegó la Confederación Azteca á constituir imperio, monarquía ó sociedad civil propiamente dicha?
9.—¿Cómo estaban divididas las tierras en el Méjico indígena y cómo se distribuían y heredaban?
10.—¿Cómo estaban organizadas y cómo se gobernaban las tribus Mejicanas?
11.—¿Hubo esclavos en Méjico? ¿Quiénes lo eran y por qué causas?
12.—¿Cómo estaba constituida la familia Azteca y cuáles fueron sus costumbres matrimoniales, mortuorias, etc.?
13.—¿Hubo mercados y ferias en Méjico?
14.—¿Cómo se traficaba en tales mercados y qué clase de moneda (si alguna) se empleaba?
15.—¿Qué se sabe de los llamados Toltecas, de los Tarascos, Otomis, Totonecas, Zapotecas, etc., y qué territorios ocuparon estas tribus últimas?
16.—¿Qué se sabe de las tribus de la familia lingüística Maya-Quiche y qué probables afinidades étnicas tuvieron con las tribus Nahuatl?
17.—¿Ha llegado hasta nosotros algo de los ritos, Mitología é Historia de los Maya-Quiches? ¿En qué forma?
18.—¿Qué sistemas peculiares para medir el tiempo tenían las tribus de la Sección Mejicana?
19.—¿Hicieron los Mejicanos y Mayas progresos de consideración en las Artes mecánicas, pintura y escultura?
20.—¿Qué carácter tuvo la escritura ikonomática de los Aztecas y la posiblemente silábica de los Mayas?
21.—¿Cuáles son los más notables restos de las construcciones Aztecas y Mayas?
22.—¿Cuáles fueron las prácticas y creencias mágico-religiosas de las tribus de la Sección Mejicana?
23.—¿Formó el Sacerdocio en ellas clase jerárquica definida?
24.—¿Qué carácter tuvo este Sacerdocio y cuál fué su influencia en las agrupaciones Aztecas y Mayas?
25.—¿Cuáles fueron las principales causas de la decadencia y aniquilamiento de las tribus Aztecas y Mayas?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en los capítulos anteriores, y en especial Winsor, op. cit., I, ch. III, y II, ch. VI con sus notas y referencias. Oviedo, Hist. General. Las Casas, Apologética, etc. Gomara, Hist. General. Bancroft, Native Races, etc., vols. V y VI. Diccionario Universal de Historia y Geografía (México 1853-56). Fray Diego Durán, Hist. de las Indias de Nueva España é Islas de Tierra Firme (Edición Ramírez y Mendoza, Méjico 1867-80). Herrera, Décadas de Indias (Décadas III, IV, V). Robertson, Hist. de América, lib. VII (Barcelona, 1840), etc., etc.
Especiales.—Son numerosísimas. Mencionaremos sólo Icazbalceta, Obras (Ed. Agueros, México, 1896-98). Alonso de Zorita, Hist. de la Nueva España, I (Ed. Suárez, Madrid, 1909). Kinsborough, Antiquities of Mexico, etc. (Londres, Bohn, 1831-48). Orozco y Berra. Hist. Antigua, y de la Conquista de México (México, 1880). Id., Geografía de las lenguas y Carta Etnográfica de México (México, 1864). Solís, Historia de la Conquista de México (Ed. Barcelona, 1770). Tylor, Anahuac, etcétera (Longmans, 1861). J. Zaragoza, Not. Hist. Nueva España (Madrid, 1878). Granados y Galvez, Tardes Americanas (México, 1778). Nic. León, Familias Lingüísticas de México (México, 1902). Pimentel, Cuadro descriptivo y comparativo de las lenguas indígenas de México (México, 1874-75). Antonio Peñafiel, Monumentos del Arte Mexicano Antiguo, 3 vols. Infolio Imperial (Berlín, MDCCCXC). Larrainzar, Estudios sobre la Historia de América, etc. (México, 1875-78). H. Strebel, Alt. México (Hamburgo, 1885). Waitz, Amerikaner, vol. II (1864). Ad. Bastian, Culturlander des alten America (Berlín, 1878). Las obras citadas en las notas del presente capítulo y en las de los referentes á la "Vida Psíquica" del Indio Americano (IV-V).
Fuentes.—Bernal Díaz del Castillo, Verdadera Historia de la Conquista de la Nueva España (Hist. Prim. Ind. II). Icazbalceta, Coll. de Documentos para la Historia de México (1858-66). Id., Nueva Colección de Documentos (1886-92). Pacheco y Cárdenas, Coll. de Documentos. Ternaux-Compans, Voyages, relations et memoires originaux, etc. Obras Históricas de Don Fernando de Alva Ixtlilxochitl (Ed. Alfredo Chavero). Diego Muñoz Camargo, Historia de Tlascala (Ed. Alfredo Chavero). Fr. Bernardo de Lizana, Hist. del Yucatán (Ed. Mus. Nac. México). Dorantes, Sumaria Relación de las cosas de Nueva España (Ed. Mus. Nac. México). Gaspar de Villagra, Hist. Nueva México (Museo Nacional México). Los Anales del Museo Nacional de México, (1.ª época, vols. I á VII, y 2.ª época, vols. I á V). Crónica Mexicana, escrita por D. Hdo. Alvarado Tezocomoc hacia el año MDXCVIII, anotada por Orozco y Berra, etc. (Edición Vigil, México). Sahagún, Hist. General de las cosas de la Nueva España (Ed. Jourdanet y Simeón, París, 1880). Boturini, Idea de una Nueva Hist. Gen. de la Amca. Sepnal. (Ed. Madrid, 1746). Clavijero, Historia Antigua de México, etc. (Ed. Española, Londres, 1826). Hdo. Cortés, Cartas de Relación (Hist. Prim. de Indias). Landa, Rel. de las cosas del Yucatán (Ed. de la Rada y Delgado, Madrid, 1884). Fuentes y Guzmán, Hist. de Guatemala ó recordación Florida, etc. (Ed. J. Zaragoza, Madrid, 1882-83). Alonso de Zurita, Rapports sur les differents classes de chefs, etc. (Ed. Ternaux Compans, París, 1840). Fray Gerónimo de Mendieta, Hist. Eclesiástica Indiana (Ed. Icazbalceta, México, MDCCCLXX). Los preciosos Manuscritos de la Bca. Escurialense, relacionados y descritos críticamente por el P. M. Gutiérrez (La Ciudad de Dios, vol. LXXXI núms. Abril 5-20, Mayo 5-20, Junio 5-20-1910). Los Ms. de la Colección Muñoz (Ac. de la Historia), vols. II, III, IV (Ixtlilxochilt); VII, VIII (Mem. Nueva España); IX, X, XI, XII, XIV, XVI (Pimas); XVII (P. Kino); XXII, XXIII, XXIX (Cohahila); XXX, XXXI, XXXIX (Zapolitatlan); XLI (Alonso de Çorita, Relación, 1633); XLII (Orden sucesión en terrenos y baldíos), etc. Col. Mata Linares, vol. I, XXXIX, XLI, XCXXIX, XCXXXVI, etc. Bca. Nacional Madrid, Ms. (I. 43), (I. 89), (I. 116), (I. 28, 29, 31), etc. Colecciones García Figueroa (Ac. de la Hist., Madrid). Bureau of Am. Etnology, Report 3 (Thomas, Mtos. Mayas); 1 (Central American Picture writing, etc.); 16 (Thomas, Maya Códices); 19 (Symbols Maya Year; Mounds Northern Honduras; Calendario Maya) y Boletín 28-1904 (Descrip. Colecciones Seller), etc., etc.
Códices indígenas.—Los citados en las notas del presente capítulo; los llamados de "Porfirio Díaz", "Baranda", "Dehesa", publicados por la Junta Colombina México (México, 1892); El Fejervary-Meyer, Museo de Liverpool (Ed. Duc. de Loubat, Berlín, 1901); el Codex Nuttall (Cambridge, Mass., 1912), el Codex Osuna (Madrid, 1878), etc., etc.
Bibliografías.—Winsor, op. cit., I, pág. 153 y sig. y apéndices I, II, pág. 397 y sig. Icazbalceta, Bibliog. Mexicana del siglo xvi (México, 1886). Bancroft, Native Races, vol. V-136, etc. Bca. Hisp. Americana Sepnal. de Beristain y Souza (Ed. Vera-Amecameca, 1883). Leclerc, Biblioteca Americana, etc. (París, 1878). Las notas de Bandelier (10, 11, 12 Rep. Peabody Museum). Field, Essay towards an Indian Bibliog. (N. Y., 1873). Fischer, Bca. Mexicana, etc. (Londres, 1869). Pinart, Catalogue de livres rares et precieux, etc. (1883, París). Los Catálogos de Hiersemann, Quaritch, etc., y las citadas en los capítulos anteriores (Títs. I y II).
CAPÍTULO VIII TRIBUS DE LA AMÉRICA DEL SUR (DIVISIÓN DEL ATLÁNTICO)
1.—Observaciones generales. 2.—La región Amazónica. 3.—La familia Tupi-Guarani. 4.—Los Tapuyas. 5.—Arawaks. 6.—Caribes ó Karinas. 7.—Las tribus del alto Orinoco y alto Amazonas. 8.—Las de las mesetas Bolivianas. 9.—La Región Pampeana. 10.—Las tribus del Gran Chaco. 11.—Pampeanos y Araucanos. 12.—Patagones y Fueguinos. 13.—Los Calchaquies.
Observaciones generales.
1.—Conformes están los modernos etnólogos en circunscribir las culturas aborígenes de la América del Sur, á la zona geográfica llamada Andina, que se extiende desde Chile y las Provincias Argentinas Mediterráneas, hasta más allá de las mesetas de Colombia. Las tribus de esta región llegaron antes del Descubrimiento á los grados superiores del barbarismo; formaron curiosos organismos sociales y construyeron curiosos edificios.

Fig. 256.—La primera representación gráfica conocida de los Aborígenes Americanos (Augsburgo 1497 á 1503).
En cambio, las tribus del Este de la referida Zona Andina, vivieron, salvo raras excepciones, en estado salvaje; construyeron sólo rudimentarias chozas, su vida social fué nula y su existencia física abyecta.
Estos evidentes contrastes nos autorizan á dividir en primer lugar las agrupaciones Sud-Americanas primitivas, en dos grandes Secciones Geográficas, la del Océano Atlántico y la del Pacífico[404], que estudiaremos separadamente.
La clasificación lingüística de la multitud de tribus que poblaron estas dos grandes Secciones ofrece dificultades insuperables. El irritante y extraordinario número de lenguas irreducibles desconocidas ó no estudiadas, su irregular distribución en el Continente, la facilidad de los movimientos emigratorios de las diversas tribus á lo largo de sus enormes vías fluviales, la natural inestabilidad y despreocupación de los primitivos colonos Europeos, etcétera, etc., han hecho hasta ahora infructuosos los admirables esfuerzos científicos de antiguos y modernos filólogos para establecer una clasificación exacta de las Sud-Americanas lenguas[405].

Fig. 257.—Niño Indio (Época actual).
Teniendo esto en cuenta, y con el único fin de sistematizar en lo posible nuestro estudio de la América Aborigen, adoptaremos la clasificación que de las tribus Sud-Americanas hace Brinton, fijando como siempre nuestra atención en aquellas agrupaciones tribales, más cuidadosamente estudiadas y de mayor interés por sus asociaciones históricas.
Distingue el mencionado filólogo en el Grupo del Atlántico dos regiones (Amazónica y Pampeana) y otras dos (Colombiana y Peruana) en el Grupo del Pacífico[406].

Fig. 258.—Danza ceremonial.
La Región Amazónica.
2.—Comprende la Región Etnológica, llamada Amazónica, los inmensos territorios regados por el Amazonas, el Orinoco y sus numerosísimos y caudalosos afluentes, incluyendo los Estados de Santa Cruz y el Beni, en Bolivia, casi todos los del Brasil, los de Venezuela y las Guayanas y las grandes y pequeñas Antillas. Los extensísimos bosques y prodigiosos valles tropicales de estos dos colosales sistemas hidrográficos ofrecían al hombre primitivo abundantísima caza y pesca, sabrosísimos frutos y abundancia de naturales recursos. Tales facilidades de vida, unidas al efecto depresivo de un clima ardiente y húmedo, enervaron, sin duda, las actividades de los aborígenes, haciéndoles perezosos y nómadas. Por otra parte, los miles de kilómetros de vías fluviales navegables que caracterizan esta parte del Continente Sud-Americano, proporcionaron á las tribus comunicaciones naturales y fáciles, que aprovecharon para diseminarse en dilatadas regiones geográficas.
No es extraño, pues, que encontremos en esta Sección algunas familias lingüísticas cuyos miembros llegaron á grandes distancias de su probable lugar de origen. De entre ellas las más conocidas y dispersas son la "Tupi-Guarani", la Tapuya, la Arawak y la Caribe, cuyas peculiaridades etnológicas, etc., indicaremos sucintamente[407].

Fig. 259.—Danza del Escudo "Warraus" (Guayana Británica).
La familia Tupi-Guarani.
3.—La célebre familia lingüística de los Tupis, Guaranis, Baranis, Curios, etc., fué una de las más notables, extendidas y numerosas de toda Sudamérica. Desde las Guayanas al Paraguay y desde las mesetas del Brasil á las costas de Bolivia, se hallaba, con más ó menos variantes, la llamada "Lingua geral do Brasil", derivada esencialmente de la de los Tupis, y una de las más suaves, musicales y flexibles de las conocidas en América.
Vivían estos indígenas en aldeas provisionales, llamadas "Tabas", compuestas de miserables y escasos ranchos, que se abandonaban por conveniencia. Las aldeas abandonadas se denominaban "taperâs ó taboeiras". Cultivaban el algodón, el maíz y la mandioca y eran aficionadísimos al tabaco, que fumaban en pipa, mezclado con otras yerbas. Los Omaguas y Cocamas, de cabezas deformadas "como mitras", enseñaron á los Europeos los usos del "caout-chout", del que hacían vestidos, sandalias, etc.; trabajaron hábilmente los metales y vivieron en aldeas permanentes.
Las demás tribus de la familia Tupi-Guarani, no pasaron de los grados inferiores del barbarismo. Algunas de sus alfarerías, sin embargo, (igasanas) pueden competir con las mejores de Sud-América.

Fig. 260.—Indios Caribes (Akawais).
Su organización social no difería en esencia de la del resto de las tribus Americanas. El "morubixabá" ó jefe de los guerreros tenía autoridad absoluta en tiempo de guerra y limitada en el de paz por las decisiones del Consejo ("nheemougaba"). Las jefaturas eran generalmente hereditarias, formando sus titulares dentro de la tribu una clase social privilegiada y distinta de los "mboyás" ó chusma indígena. Eran antropófagos, polígamos, sin limitaciones ni freno; vivían en común en los recintos tribales, y sabían construir canoas rudas y fuertes. Supieron también algunas de estas tribus defender sus provisiones de las crecientes periódicas de sus grandes ríos, enterrándolas en aquellas cuevas ó silos hondos, peculiares de las tribus Amazónicas. Reconocían un poder superior (Tupá-¿Quién eres?), y multitud de espíritus activos y malignos; conservaban los huesos de algunos magos famosos (pagés-piages ó caraibes) en chozas especiales y aisladas, atribuyéndoles poderes oraculares y rindiéndoles especial reverencia. Su Mitología era rica é imaginativa, y esperaban como la mayoría de las tribus Americanas al redentor ó maestro extraordinario que había de venir de lejanas tierras (Sumé). Con excepción de las tribus próximas á los dominios Incásicos (Omaguas, Chirihuanos, etc.), desconocían todas el vestido, siendo en cambio aficionadísimas al adorno, las músicas y danzas, embriagándose en ellas con rapé de parica (Turas-Río Madeira) ó los zumos fermentados del "curupá" (Omaguas) y otras varias plantas[408].

Fig. 261.—Indios Onas (Tierra del Fuego).
Los Chiriguanos ó Chirihuanos, cuyo valor militar y canibalística fiereza tan profundo terror inspiraban á los guerreros Quechuas, son históricamente célebres por su tenaz resistencia á los diez mil hombres de guerra del Ynca Yupanqui y á los soldados del virrey Toledo[409].

Fig. 262.—Choza Yaghan (Tierra del Fuego).
Los Tapuyas.
4.—Rivaliza en antigüedad y extensión con la familia Tupi ó Guarani la de los Tapuyas (enemigos), cuyas numerosas bandas poblaron y aún pueblan en parte el Continente Sud-Americano, desde los 5° á los 20° de latitud Sur, y desde el Océano Atlántico al Río Xingú (Pará, Matto-Grosso, Goyaz, etc.). Eran también conocidos con los nombres de Crens ó Guerens (antiguos, pueblo antiguo) acaso por suponer que antes de la llegada de los Tupis fueron los Tapuyas dueños de la costa del Atlántico, cuyos depósitos conchíferos (sambaquis) parece ser que construyeron.
La apariencia física de los Tapuyas no era del todo desagradable, y la conformación de sus cráneos es idéntica á la de los descubiertos en los yacimientos declarados pre-glaciales de Lagoa-Santa[410]. Algunas tribus de esta familia como los llamados Botocudos, deformaban de tan horrible manera su labio inferior con "botoques" ó pedazos de piedra ó madera, que ante los ojos europeos no podían menos de aparecer repugnantes.
No pasaron en general estas agrupaciones del salvajismo. Vivían desnudos, sin organización tribal definida ni más habitaciones que los abrigos naturales del bosque. No fabricaron alfarerías ni canoas. Eran caníbales por costumbre y nómadas por temperamento. Fueron, en cambio, cazadores habilísimos y de las raras agrupaciones indígenas que supieron usar antorchas de fibras vegetales, revestidas de cera de abejas. Aunque faltos de ideas religiosas concretas, sepultaban cuidadosamente sus muertos y veneraban con temor las almas desencarnadas de sus jefes.

Fig. 263.—Indio Yaghan, arreglando su arpón (Hyades y Deniker).
La lengua de los Tapuyas es de difícil fonética y contrasta con el resto de las Americanas por su tendencia á las formas aisladas y su escasa proporción de palabras aglutinantes. Habitan actualmente algunas de estas bandas salvajes en las cercanías de los Ríos Madeira, Tapajos, Dulce, etc., en los bancos meridionales del Amazonas (Mundrucus, Paiguizé) y en los boscajes del Yapurá y el Putumayo (Miranhas, etc.)[411].

Fig. 264.—Indios Guaranis ó Carios (Schmide).
Los Arawaks ó Maipures.
5.—La familia lingüística de los Arawak ó Maipures es también una de las más extendidas de Sudamérica. Ocupaban sus tribus parte del alto Paraguay (Guanas, etc.) y las mesetas Bolivianas (Moxos, etc.), y llegaban, casi sin solución de continuidad, hasta las Grandes y Pequeñas Antillas y las Lucayas ó de Baháma.
Fueron los primeros aborígenes Americanos que conocieron los descubridores Europeos. Las palabras indias recojidas por Colón y sus compañeros en Haiti, Cuba, etc., pertenecen á las formas dialectales de esta familia lingüística.
La cultura de los Arawak ó Maipures era, en general, superior á la de los Tupis y Tapuyas. Cultivaban el maíz, el tabaco, y la mandioca. Sabían tejer el algodón en finos paños, y sus armas de piedra tenían notable pulimento. Labraban el oro, hacían máscaras de madera, tallaban ídolos y construían canoas.

Fig. 265.—Topu Calchaqui (Ambrosetti).
Algunos grupos (Guayanas) estaban organizados tribalmente, con matriarcado, clanes y sistema totemístico. Sus casas (no comunales) estaban provistas de hamacas, esteras de fibras y alfarerías, relativamente perfectas. Tenían rica Mitología, danzas y ritos definidos y lugares reservados para cementerios. Las tribus más conocidas y notables de esta familia son la de los Antis ó Campas, del "Gran Pajonal" (Ríos Ucayali, Pachitea, etc.), que sabían domesticar monos, cotorras, tapirs, etc., conviviendo en sus chozas con ellos; los Guanas, del Alto Paraguay, pacíficos é inteligentes; los Tarumas (Guayana Británica), célebres por sus alfarerías y sus hermosos perros de caza; los Maipures, propiamente dichos, y los Moxos, del Alto Mamoré, heroicamente evangelizados por los misioneros Jesuítas[412].

Fig. 266.--Juego del látigo (Arawaks).
Los Caribes.
6.—Los Caribes ó Karinas, vecinos y enemigos implacables de los Maipures, etc., llegaron desde las Guayanas hasta las Antillas y las Lucayas. En la época del descubrimiento Colombino se hablaban sus dialectos en las mencionadas islas y en el Continente, desde la boca del río Esequibo hasta el golfo de Maracaibo y las dichas Guayanas, tierra adentro. Según antiguos misioneros, el dialecto Cumanagoto (Cumaná ó Nueva Andalucía) era corriente á lo largo de estas regiones hasta más allá de Caracas.

Fig. 267.—Chiriguanos y Matacos.
La cultura de la mayoría de estas tribus, cuya ferocidad se ha hecho legendaria (Caníbal, de Karina), era muy semejante, y acaso superior, á la de sus vecinos los Arawak, etc. Sus canoas eran grandes y muy marineras; supieron tejer hamacas de algodón ó pita, con sus torzales y rapacejos, cultivar la tierra y fabricar alfarerías notables. Los célebres petroglifos del Esequibo y la isla de San Vicente se atribuyen á los Caribes por la mayoría de los Arqueólogos. Los ritos mágico-religiosos de estas tribus (Cumanagotos, etc.) eran definidos y complejos. Sacrificaban maíz al sol y á la luna; tenían sus magos (piayes) y sus fetiches y cremaban ceremonialmente sus cadáveres.
La base de su organización social era el grupo ó grupos de parientes (clan exogámico) que convivían en casas grandes, redondas, con particiones, formadas de madera y techadas de palma. En algunos lugares (Deltas del Orinoco, etc.) las levantaban sobre postes en el agua, como los habitantes prehistóricos de los lagos Europeos. Las flechas de guerra de los Caribes eran herboladas, con un veneno tan mortífero y activo que, en rasguñando, la herida era incurable. La antropofagia de estas tribus era sólo ritual y consecuencia de guerreros triunfos. Sus alimentos ordinarios eran el cazabe, los plátanos, el pescado y carne de monte. Eran muy aficionados á músicas y cantos, se pintarrajeaban imitando animales (sus "totems"), se horadaban las orejas y ternillas de la nariz, distinguían los meses por las lunas y observaban por las estrellas los tiempos[413].

Fig. 268.—Indios Macusi (Caribes).
Tribus del Alto Orinoco y el Alto Amazonas.
7.—Forman parte los extensos llanos de Venezuela de la enorme cuenca de los afluentes del Amazonas y el Orinoco. Están cubiertos de altísimos pastizales y espesos bosques, que las llanuras invernales convierten en pantanos y los ardores estivales en insalubres ciénagas. Poblaban y aún pueblan estas inexploradas regiones escasos grupos salvajes de afinidades filológicas inciertas. En las páginas de los viajeros y en las crónicas de las Misiones de esta comarca (antiguo territorio de Caqueta) encontramos un sinnúmero de nombres de tribus desaparecidas ó transformadas, cuya clasificación es imposible.

Fig. 269.—India Ona (Tierra del Fuego).
Otro tanto puede afirmarse de las confusas tribus del Alto Amazonas. No hay regiones en el Continente Americano que más desesperen al historiador y al filólogo. Los datos de que disponemos son tan contradictorios y los cambios tribales tan rápidos y continuos, que es pretensión inútil el concordar las noticias de los cronistas antiguos con las observaciones de los etnólogos modernos.
De tales tribus las más conocidas ó mejor estudiadas son los Otomacos, del Río Meta; los gitanescos Guahibos, del Casanare; los Panos, del Ucayali; los Cashibos, del Aguaitía, repugnantes endocaníbales; los indómitos Jibaros (Río Pastaza, Santiago, etc.), cuyos extraños atambores de guerra y cabezas peculiarmente disecadas se admiran hasta hoy en los Museos y los Maynas ó Mayorunas, etc., sometidos por Diego de Vaca cerca del antiguo San Francisco de Borja (1616), evangelizados con heroicas fatigas por Franciscanos y Jesuítas, y perpetuados por el glorioso mártir Francisco de Figueroa en una preciosa y verídica relación histórica[414].
Las Mesetas de Bolivia.
8.—La región Oriental de la República de Bolivia, bañada por el Beni, el Mamoré y demás tributarios del caudaloso Madeira, estaba poblada por multitud de tribus de diferentes familias lingüísticas. Las más conocidas de entre ellas son las de los Chiquitos, que habitaban principalmente la región de su nombre, entre los 16° y 18° de latitud Sur, desde las fuentes del río Paraguay hasta el territorio de los Incas.

Fig. 270.—Indios Timbues (Schmidel).
Sometidos por Nuño de Chaves (1557), formaron estas tribus el núcleo principal de las Reducciones Jesuíticas de esta comarca, adoptando con relativa facilidad costumbres sedentarias y agrícolas. Su lengua, en extremo flexible, fué medio ó vehículo para la cristianización de las tribus vecinas (Yurucarés, Arounas, Morotocos, etc.), que merced al ardiente y abnegado celo de los Jesuítas, fueron paulatinamente agrupándose en las aldeas permanentes de los Chiquitos, á cuya lengua procuraron los Misioneros reducir sus dialectos bárbaros.

Fig 271.—Indios Querandies (Schmidel).
La gloriosa muerte del P. Arce y sus heroicos compañeros, alma de estas incipientes cristiandades, las invasiones de los Paulistas y mercaderes de esclavos, la disolución de la Compañia de Jesús y los luctuosos acontecimientos posteriores, no llegaron á extinguir por completo las aldeas de Chiquitos, que en número de 20 ó 30.000 viven hasta hoy en parte de sus territorios tribales, y conservan el régimen cooperativo ó comunista que sus Misioneros instauraron[415].
La Región Pampeana.
9.—Al Sur de las altiplanicies que separan las aguas del Bajo Amazonas de las de los afluentes del Plata, se extiende el Continente en llanuras inmensas regadas por numerosos ríos navegables. Comprende de Norte á Sur esta región llamada Pampeana, los territorios del Gran Chaco, las célebres Pampas desde el río Salado al río Negro, y los desiertos rocallosos y estériles de Patagonia y las soledades Antárticas. Está limitada al Este por el Océano Atlántico y al Oeste por la Cordillera de los Andes.

Fig. 272.—Indios Arounas.
Sus tribus indígenas forman una sección etnográfica peculiar distinta de la Peruana y acaso remotamente relacionada con la Amazónica. Para facilitar el estudio de tales tribus y sin pretensión alguna dogmática, podemos clasificarlas en tres grupos geográficos de límites más ó menos definidos. Forman el primero de estos grupos las tribus del Gran Chaco; las Araucanas y Pampeanas propiamente dichas, el segundo, y el tercero, las Fueguinas y Patagónicas.
Tribus del Gran Chaco.
10.—Se conoce con el nombre de Gran Chaco la región que se extiende del río Salado hacia el Norte hasta los 18° próximamente de latitud Sur, limitada al Este por los ríos Paraguay y Paraná, y al Oeste por la Cordillera Andina. Es un país ondulado de grandes llanuras y bosques espesos, abundantemente regado por tres hermosos ríos: el Pilcomayo, el Salado y el Vermejo, que lo dividen de N. O. á S. O., en tres fajas casi paralelas (Chaco Boreal, Central y Austral) aunque de distinta extensión[416]. La suavidad de su clima, la abundancia de caza de sus enmarañadas selvas y la sabrosa pesca de sus ríos y lagos, facilitaron la vida de las tribus indígenas que densamente lo poblaron. Prescindiendo de los grupos tribales relacionados filológicamente con los Tupis ó Guaranis, las principales familias lingüísticas del Gran Chaco, son las de los Matacos, Lules, Charruas y Guaycurus.

Fig. 273.—Cetro de mando (Ambrosetti).
Habitaban los Matacos en populosas rancherías extendidas por las riberas del Vermejo. Eran menos fuertes y altos que la generalidad de los indios del Gran Chaco. Al decir de sus Misioneros, fueron naciones viles, indómitas, salvajes y refractarias á toda cristianización. Viven hasta hoy, aunque muy reducidos en su número, en sus primitivos boscajes, prefiriendo la vida del gitano nómada á la sedentaria del agricultor.
La antiguamente poderosa nación de los Lules habitaba principalmente en las márgenes del Salado y el Tabiriri. Evangelizados primero por el célebre P. Bárcena, huyeron á sus bosques, y sólo reaparecen años después en la historia de las Misiones del Chaco (Colegio de Córdoba de Tucuman), sin que pueda afirmarse con certeza que los Lules ó Tonicotes, estudiados por los Jesuítas del siglo xviii (P. Machoni), sean los mismos que el P. Bárcena evangelizó.
A la nación Charrua, sangrientamente célebre en la historia del Río de la Plata, pertenecían los formidables Yaros, Chanes, Bohanes, etc. Sus tribus eran también muy numerosas. Usaban las bolas arrojadizas y la flecha, con precisión terrible; desconocían en general la fabricación de alfarerías, y vivían en ranchos misérrimos. Eran grandes cazadores, vagabundos incorregibles, sanguinarios y arrestados en la guerra, astutos, inconstantes, vanidosos en extremo é inclinados al juego y la embriaguez. Solos ó aliados con otras tribus resistieron con indomable furia los avances del conquistador.

Fig. 274.—Alfarerías (Alto Amazonas).
A la extendida familia lingüística de los Guaycurus pertenecían, entre otras tribus, las de los Abipones, genialmente estudiados por uno de los misioneros (Dobrizhoffer); los feroces Tobas, que todavía pueblan parte del Gran Chaco, refugiados en sus espesuras; los Vilelas, del Río Salado (25° á 26° latitud Sur), y los célebres Querandies[417], de corta y luctuosa historia.
Con excepción de los Payaguás (Río Paraguay), tribus esencialmente nadadoras, marineras y de curiosa Mitología y costumbres, todos los indígenas del Chaco fueron ginetes admirables. La rápida propagación del caballo en América favoreció sus errantes y guerreras costumbres. Verdaderos Centauros de la selva, sus corceles y sus lanzas de guerra fueron por mucho tiempo para el Europeo motivo de constante inquietud y terror.
Por lo demás, los indios del Gran Chaco no pasaron, en general, de los grados superiores de salvajismo. Encontramos en algunos de sus grupos indicios de totemismo y exogamia. Obedecían á sus caciques, eran fetichistas, veneraban á sus manes y temían á sus magos y hechiceros[418].
Pampeanos y Araucanos.
11.—Al Sur del Gran Chaco, y hacia los 35º de latitud, empieza la Región de las Pampas. No hemos de detenernos á describir la grandiosa belleza de sus llanuras como mares, la inacabable variedad de sus pastos y la honda serenidad de sus desiertos sin término. Útil es, sin embargo, recordar estos rasgos fisiográficos de la Pampa para mejor comprender las peculiaridades de sus aborígenes.

Fig. 275.—Indios Caribes.
Una sola familia lingüística (Auca ó Aucaniana) ocupaba á trechos tan dilatadas tierras. Pertenecen á ella, no sólo los "Pampas", propiamente dichos (Guarpes, Moluches, Pehurenches, Ranqueles, etc.), de la República Argentina, sino también los célebres Araucanos ó Mapuches del Sur de la República Chilena.

Fig. 276.—Mapa de Sud-América de la Edición Latina de Schimdel (1599).
Formaban los "Pampas" hordas nómadas y bárbaras que se estacionaban en míseras tolderías mientras duraban sus subsistencias y emprendían despiadados merodeos cuando el hambre ó la ocasión les incitaba al pillaje y la guerra. Fueron asombrosos ginetes. Sirvióles el caballo de medio de transporte y terrible elemento de guerra; aprovecharon su piel para múltiples usos, y su carne y su sangre para alimento. Fueron siempre indómitos, errabundos, ladrones, borrachos y abyectos. Refractarios á toda cultura, vivieron del saqueo y la matanza, temiendo sólo á sus hechiceros y caciques, creyendo en sus "gualiches" y repugnantes brujerías, degollando sin piedad y peleando sin concierto. Salvo los Moluches ó Manzaneros (Río Limay, etc.), sedentarios y agricultores, las demás tribus "Pampas" sólo supieron cultivar su astucia de serpientes, su temeridad de leones y su crueldad de felinos carniceros.

Fig. 277.—Placa de bronce calchaquie (Coll. Lafone Quevedo).
La "Expedición al Desierto", del dictador Rosas (1833), debilitó un tanto los salvajes bríos de estos indios; pero volvieron bien pronto á asolar los territorios de la República, hasta que el general, J. A. Roca y sus esforzados compañeros Villegas, Lavalle, Winter, Lagos, etc., merced á habilísimo plan de combate, y después de años de fatigas abnegadas (1874-1885), consiguieron aniquilar el feroz poderío de los principales caciques, izar la Bandera Nacional en los últimos baluartes de su irreducible barbarie, y abrir en consecuencia miles de leguas de feraces y hermosísimos campos á su actual estado de civilización y progreso[419].
Los indomables Araucanos, como los llamó Ercilla, ó Mapuches (hombres de la tierra), como ellos mismos se llamaron, ocupaban en el siglo xvi la mayor parte del territorio de la República Chilena, desde la actual provincia de Coquimbo á la de Chiloé inclusive (29° á 45° lat. Sur). Divididos localmente en tribus del Norte, del Sur, etc. (Picunches, Huiliches, etc.), hablaban todos dialectos de la misma lengua (Chilidegu), exageradamente alabada por algunos, pero indudablemente suave, harmoniosa, flexible y apta para la oratoria, á que tan aficionados eran aquellos guerreros. Hasta hoy se habla esta curiosa lengua por cerca de cien mil individuos de raza indígena pura, que habitan en la comarca Chilena del Arauco.

Fig. 278.—Caribe (Guayanas).
Son las tribus Mapuches célebres en la Historia Americana por sus épicas luchas con los conquistadores Incásicos (Huayna Capac, Tupac-Yupanqui) primero, y con los Españoles más tarde, y alcanzaron un grado de cultura indiscutiblemente superior al de sus afines de las Pampas[420].
Vivían los Mapuches en chozas (rucas) de madera ó paja, muy separadas entre sí, y formando rancherías ó pueblos (lov) á la orilla de los ríos y arroyos. En cada ruca vivía una familia; predominaba el patriarcado, y la condición de las mujeres era inferior y penosa. Cultivaban éstas la tierra (maíz, patatas, etc.), tejían durables mantas (chamales), fabricaban ollas y cestos, y desempeñaban en general todos los duros menesteres de la vida bárbara, en tanto que sus maridos, hijos ó hermanos, cazaban, pescaban ó preparaban sus continuas expediciones de guerra.

Fig. 279.—Mapa del Gran Chaco del P. José Jolis (1789).
Tenían los Araucanos jefes supremos y secundarios de paz y de guerra. La autoridad de tales jefes (toquis), casi siempre hereditaria, estaba limitada por el Consejo, y los usos y costumbres tribales (ad-mapos). Los brujos y curanderos eran consultados y temidos. Ante la ruca de las hechiceras (machis) se construían altares (rehué) donde sacrificaban animales y hombres á los manes ú otros espíritus (pillan). Por lo demás, los Mapuches eran muy aficionados á fiestas, juegos (uño) y danzas. La embriaguez y otros vicios más vergonzosos corroían sus agrupaciones. Eran versátiles, crueles en extremo, astutos, orgullosos, incansables en la lucha y antropófagos por venganza. Según antiguos cronistas, superaron á los demás indígenas de Sud-América en valentía, táctica y arrogancia. Resistieron en efecto durante siglos al formidable empuje de los soldados españoles, y pasaron á la posteridad como héroes de epopeya clásica[421].

Fig. 280.—Pictografía de Pederneira (Brasil).
Patagones y Fueguinos.
12.—En las costas Patagónicas del Océano Pacífico, habitaban algunas tribus distintas de las Araucanas ó Mapuches. La más conocida es la de los Chonos ó Concones "de cabello teñido de rojo y cara color de acebuche", visitados por los Misioneros Jesuítas del siglo xvii. Vivían estos indígenas en lucha constante con sus vecinos los "Huiliches"; eran ictiófagos, grandes nadadores, y sabían construir fuertes piraguas.
En las inmediaciones del estrecho de Magallanes vivían los Patagones, Chonek ó Inaken (Hombres), célebres por su aventajada estatura (1,73 metros á 1,83), que ha dado margen á no pocas fábulas y leyendas. Se alimentaban principalmente estas tribus de mariscos, y aprovechaban también la carne y la grasa de las toninas y lobos marinos que tanto abundan en estas regiones. Fabricaban canoas capaces para nueve ó diez indios, y se aventuraban con ellas á respetables distancias. Andaban desnudos ó mal cubiertos con pieles en bruto, carecían de toda organización social y creían en la virtud de sus ensalmadores ó magos. No pasaron de los grados últimos del salvajismo. Su lengua de curiosa permanencia, es en extremo gutural y áspera.
Otro tanto puede decirse de las diversas tribus (Yahgans, Onas, Aliculufs, etc.), que habitan las inhospitalarias costas de la Tierra del Fuego. Tienen todas ellas desde hace siglos el triste privilegio de ocupar sin progresos apreciables, el rango más bajo de la escala cultural de los Aborígenes de Sud-América[422].

Fig. 281.—Indio Tehuelche.
Los Calchaquies.
13.—Para completar nuestro ligerísimo bosquejo de las tribus de la sección Atlántica, réstanos tan sólo mencionar la misteriosa civilización Calchaqui, independiente de la Incásica, anterior á ella, y peculiar del suelo Argentino.
Vivían principalmente los Calchaquies en los territorios actuales de las Provincias Argentinas de Catamarca, Tucuman y Salta. Fueron las únicas tribus de esta Sección Etnológica que supieron construir murallas de piedra (Andalgalá, etc.). Sus tumbas, momias, orfebrerías de oro impuro, cobre y bronce, merecen detenidísimo estudio. Aunque la mayoría de estas reliquias arqueológicas tienen evidentes semejanzas con los productos del arte Quechua, muchas de ellas (campanas, placas, pectorales, topus, etc.) parecen alejarse en absoluto de las influencias Peruanas, y acercarse en cambio al arte de los Zuñis (Pueblos) ó al de los Chiriquis del Darien. La discusión del problema arqueológico que tales observaciones plantean es ajena al objeto de este libro.
Atribuyen los Misioneros á las tribus Calchaquies curiosas costumbres matrimoniales, cultos y ritos complejos (manismo, magia, astrolatría) y habitaciones cómodas y bien ordenadas. Fueron sin duda estas tribus las más cultas de la Sección Atlántica, supieron tejer finas telas, adornarse con plumas y brillantes joyeles, y fabricar preciosas cerámicas. Desgraciadamente, sabemos muy poco de cierto sobre sus caracteres psíquicos y sociales. De su lengua sólo han llegado hasta nosotros algunas palabras. Aceptaron voluntariamente á mediados del siglo xv, la dominación Incásica; resistieron después tenazmente á la conquista Española, hasta que trasladada al actual Quilmes la última de las tribus de este nombre (1670), se extinguió allí paulatinamente[423].

CUESTIONARIO
1.—¿Qué dos grandes grupos etnográficos pueden hacerse de las tribus Sudamericanas?
2.—¿Qué regiones geográficas comprenden, respectivamente, estos dos grandes grupos?
3.—¿Qué territorios comprende la llamada Región Amazónica?
4.—¿Cuáles son las familias lingüísticas más conocidas y dispersas de esta Región?
5.—¿En qué territorios Sudamericanos se hablaba la llamada "Lingua Geral do Brazil"?
6.—¿Cuáles son las tribus más conocidas de la familia lingüística Tupi-Guarani y cuáles fueron sus costumbres, etc.?
7.—¿Qué territorios habitaban los Tapuya?
8.—¿Cuáles son las tribus más estudiadas de esta familia y cuáles sus usos, costumbres, etc.?
9.—¿Qué territorios ocupaban las tribus de la familia lingüística Arawak ó Maipure?
10.—¿Cuáles fueron sus tribus más notables y cuáles sus usos y costumbres peculiares?
11.—¿Qué territorios ocupaban las tribus ó bandas de la familia lingüística de los Caribes ó Karios?
12.—¿Cuáles fueron sus costumbres peculiares?
13.—¿Qué grupos indígenas poblaban las regiones del Alto Amazonas y el Alto Orinoco?
14.—¿Qué tribus ocupaban principalmente las altas mesetas Bolivianas?
15.—¿Quiénes fueron los Chiquitos y cuál su actuación histórica?
16.—¿Qué territorios comprende la región etnológica llamada Pampeana?
17.—¿Cuáles son las principales familias lingüísticas del Gran Chaco?
18.—¿Qué se sabe de los Matacos, Lules, Charruas, Payaguás, Vilelas, Abipones, etc.?
19.—¿A qué familia lingüística pertenecen los Querandies?
20.—¿Qué territorios ocupaba la familia lingüística llamada Auca ó Aucaniana?
21.—¿Qué peculiaridades etnológicas caracterizan á los Pampeanos?
22.—¿Quiénes eran los Mapuches, qué territorios ocuparon y cuáles fueron sus usos y costumbres peculiares?
23.—¿Por qué son notables estas tribus Mapuches en la Historia del Continente Americano?
24.—¿Qué se sabe de los Patagones y Fueguinos?
25.—¿Quiénes fueron los Calchaquies y qué grado cultural alcanzaron?


REFERENCIAS
Generales.—Las obras mencionadas en los capítulos anteriores, en especial Deniker, Keane, Pí y Margall, Herrera, Oviedo, etc., etc.
Especiales.—Angelis, Coll. de Obras y Docum. de las Prov del Río de la Plata, vols. I, IV. Carranza, Exp. al Chaco Austral, etc. (B. Aires, 1884). Hitte y H. Teu Kate, Notes ethnographiques sur les Indiens Guayaquis, etc. (La Plata, 1897). Lafone Quevedo, Arte del P. Tavolini (Bca. Lingca. Museo de la Plata, Sec. Chaco). Agassiz, Voyage au Brasil, etc. (Trad. Vogelli, París, 1869). Barao, A. Amazonia (Lisboa, 1883). Henderson, Hist. of Brazil (London, 1821). Koster, Voyages dans la partie Septentrionale do Brasil, etc. (París, 1818). Meyer, Bogen und Pfeil in Central Brasilien Etnographiske Studie (Leipzig, 1895). Ruiz de Montoya, S. J., Arte, vocabulario, tesoro y catecismo de la lengua Guarani (1640), Ed. Platzmann (Leipzig, 1876). Vasconcellos, Chronica da Comp. de Jesu do Estado de Brasil, etc. (2.ª Ed., Lisboa, 1865). Febres, S. J., Arte de la Lengua General del Reino de Chile, etc. (Lima, 1765). Guevara, T., Hist. de la Civiliz. de Araucania (Santiago, 1898). Lenz, Int. á los estudios Araucanos (Santiago de Chile, 1896, Anales de la Universidad). Id., Estudios Araucanos, etc. (Santiago, 1895-97) Borda. Hist. de la Comp. de Jesús en Nueva Granada (Poissy, 1872). Tauste, Fr. De arte, vocabulario, etc. de la lengua de Cumaná, (Ed. Platzmann—facs. de la de Madrid, 1680,—Leipzig, 1888), y las obras citadas en las notas del presente capítulo.
Fuentes.—Guido Boggiani, I Caduvei (Guaycurus), Roma, 1895. Centenera, La Argentina (Coll. Angelis, Bs. As., 1836). Díaz de Guzmán, La Argentina (Coll. Angelis, B. A., 1835). Figueira, El Uruguay en la Exp. Hist. Amer. de Madrid (Montevideo, 1892). Lafone Quevedo, Lenguas Argentinas, Idioma Mbaya (An. Soc. Cient. Arg., B., A., 1896). Id., Idioma Abipon (Bol. Ac. Ccias. de Córdoba, 1897). Id., Indios Chanasas (Bol. Inst. Geog. Arg., 1896, B. A.). Moreno (Fco. P.), Not. sobre las Antig. de los Indios del tiempo anterior á la Conquista (Bol. Ac. Cienc. Córdoba, 1874). Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Comentarios, etc. Alonso de Ovalle, Hist. Rel. del Reyno de Chile (Roma, 1646). Doc. Inéditos para la Hist. de Chile, coleccionados por D. J. T. Medina (Santiago, 1888-1902); los Anales, Mus. Nac. de Chile; los de la Universidad de la Rep. de Chile; las Memorias del Museo Paraense (Goeldi), Pará, 1900. Guerreiro, Relacion Annal das cousas que fazeram os padres da Companhia de Jesus, etc., no Brasil, nos annos 1602-1608 (Lisboa, 1605). Claude d'Abbeuille, Hist. de la Mission des Peres Capucins en l'isle de Maragnon et terres circonuoisines, etc. (París, Huby, 1614). Archiv. do Museu Nacional do Rio de Janeiro (en especial, vol. VI, Río, 1885); las colecciones Etnológicas del Museo de Berlín, Británico, Arqueológico de Madrid, Museo Nac. Bs. As., Museo de la Plata, etc.; los An. Museo de la Plata, Sec. de Arqueología (1892), partes I, III; Id. Antropológica, partes I, II (1896); las Crónicas y Relaciones de Misioneros citadas en las notas del presente capítulo, etc., etc.
Bibliografías.—Las mencionadas en los capítulos anteriores y las referencias, notas, etc., de las obras citadas de Deniker, Ambrosetti, Lafone Quevedo, Barbosa Rodríguez, Brinton, Barros Arana, Keane, Conde de la Viñaza (Tabla, etc.), Ehrenreich, Hasting's Cyclopedia, Winsor, N. & C. H., vol. II, Pí y Margall, etc., etc.
CAPÍTULO IX TRIBUS DE LA AMÉRICA DEL SUR (SECCIÓN DEL PACÍFICO)
1.—La Región Colombiana. 2.—Tribus del Itsmo y costas adyacentes. 3.—Los Chibchas. 4.—Tribus Sud-Colombianas y Ecuatorianas. 5.—La Región Peruana. 6.—Principales tribus. 7.—Los Quechuas. 8.—Culturas Preincásicas. 9.—El Imperio de los Incas. 10.—La Religión Incásica. 11.—El Sacerdocio y el culto. 12.—Los Amautas. 13.—El Gobierno Incásico. 14.—Organización social. 15.—Repartición de los productos. 16.—Reglamentación del trabajo. 17.—Arquitectura. 18.—Agricultura y ganadería. 19.—Medios de comunicación. 20.—Colonias y guarniciones. 21.—Artes mecánicas. 22.—Consideraciones generales.
La Región Colombiana.
1.—Comprende aproximadamente la Región Etnológica llamada Colombiana los territorios montañosos del Continente Sudamericano, desde el Orinoco hasta el Pacífico y desde la línea Ecuatorial á la República de Costa Rica. Las altas cadenas de montañas que atraviesan esta zona geográfica, sus hondos valles y caudalosos ríos de abundante pesca y fértiles riberas, influyeron decididamente en la vida y costumbres de sus tribus indígenas, separándolas de los grupos de la Sección Atlántica, y dirigiendo de Norte á Sur sus movimientos emigratorios.
A fin de metodizar en lo posible nuestra investigación, dividiremos las tribus de la Región Colombiana en tres grandes grupos geográficos: 1.º, Tribus del Itsmo y costas adyacentes; 2.º, Tribus Chibchas; 3.º, Tribus Sud-Colombianas y Ecuatorianas, y fijaremos sucintamente los rasgos característicos de tales grupos, dedicando preferente atención al estudio de las tribus Chibchas, de excepcional interés para el historiador y el etnólogo.
Tribus del Istmo y costas adyacentes.
2.—En la Región comprendida entre el mar de las Antillas y el Océano Pacífico, desde el Río Chagres, al Norte (Panamá), hasta la Bahía Buenaventura (Colombia), y limitada al Este por una línea aproximada é imaginaria, que partiendo de este punto geográfico y atravesando la actual provincia de Zamora, termina en el Cabo Codera, vivían en la época del Descubrimiento gran número de tribus pertenecientes á diversas familias lingüísticas.

Fig. 282.—Terraza superior en Ollantay-Tampu.
Las más conocidas de entre ellas fueron la de los Cunas, del Panamá, la de los indómitos Dorasques, de las cercanías de Chiriqui, la de los Onotos ó "Señores de la laguna", hermosos ejemplares de su raza y constructores de chozas ó habitaciones lacustres, y las de los Timotes ó Merigotos, de los distritos de Mérida y el lago Valencia.
En general, todas estas tribus alcanzaron á las primeras etapas del barbarismo. Así lo evidencian las alfarerías zoomorfas, etc., y los curiosos útiles líticos encontrados en sus montículos sepulcrales y abovedadas tumbas[424].
Los Chibchas.
3.—Los Chibchas, propiamente dichos, ó Muiscas, fueron miembros de la familia lingüística de tribus que se extendía en ambas direcciones, desde el Itsmo de Panamá hasta Costa Rica y Colombia. La lengua Chibcha y sus dialectos estaba en el siglo xvi muy extendida en el Reino de Nueva Granada (hoy Colombia), siendo, según algunos autores, «lengua general» en tales regiones. En general, la cultura de las tribus de esta familia fué más ó menos idéntica. Casi todas cultivaban el suelo, tejían algodón, extraían el oro de las arenas de sus ríos, etc., lo modelaban en ornamentos é idolillos y eran conocidos como traficantes enérgicos.

Fig. 283.—Guerrero Dorasque.
Las numerosas reliquias encontradas en los grupos de sepulcros ó cementerios de la Provincia de Chiriqui (Costa del Pacífico), en absoluto semejantes á las recojidas en Bogotá, Tunja, etc., demuestran la extensión territorial de estas culturas y permiten también á los Arqueólogos incluir á las tribus del Chiriqui en la familia de los Chibchas.
Forman el precioso botín arqueológico Chiriqui gran número de objetos de piedra pulimentada, de alfarerías notables y variadas, de ornamentos de oro, cobre y estaño de formas abigarradas y aleaciones diversas. La abundancia de tales ornamentos en esta región hizo que los Conquistadores Españoles la llamaran «Castilla del oro», con cuyo nombre es conocido en las primitivas historias[425].
Los Chibchas, propiamente dichos, ó Muiscas, representantes genuinos de esta familia lingüística, habitaron antiguamente la Cundinamarca y conquistaron las altiplanicies Andinas de Bogotá y Tunja, los valles de Pacho, Fusagasugá, Caqueza y Tensa y desde Santa Rosa y Sogamoso á los llanos del Río Meta.

Fig. 284.—Calle del Triunfo. Murallas del Palacio de Inca (Cuzco).
Conocemos muy poco de cierto sobre su organización social. Parece que estuvieron gobernados por cinco jefes principales ó caciques, dos de los cuales, el Zipa, ó Bogotá, al Sur, y el Zaque ó Hunsa (Tunja) subyugaron á principios del siglo xvi á los caciques de los valles cercanos. No existía Confederación de tribus; antes bien, la enemiga entre el Hunsa y el Zipa era tradicional y constante. El Hunsa y el Bogotá eran jefes militares ó civiles con caracteres sacerdotales marcadísimos.