ÉPOCA PRIMERA. AMÉRICA INDÍGENA. (continued 2)
Reading edition

Fig. 108.—Fuego por fricción simple (Hupa).
Los medios de producir el fuego de los aborígenes Americanos fueron muchos y diversos. El método más extendido era el llamado por los etnólogos de fricción, y consistía simplemente en barrenar rápidamente con un trozo cilíndrico de madera dura y aguzada punta, otro pedazo de madera más blanda. También usaron muchas tribus (Esquimales, Fueguinos) el conocido método de percusión, hiriendo sus pedernales con piritas ú otras piedras que contuvieran hierro. En la fiesta del Raymi, los Incas sacaban el fuego nuevo del sol por reflexión, "con un brazalete grande (chipaba), del que colgaba un vaso cóncavo como media naranja, muy bruñido, poníanlo contra el sol y á un cierto punto donde los rayos que del vaso salían, daban en junto, ponían un poco de algodón carmenado el cual se encendía en breve espacio... y si no, le hacían (el fuego) con dos palillos barrenando"...[214]

Fig. 109.—Interior de un hogar Comunal Zuñi (B. A. E.)
Preparación de los alimentos.
4.—Una vez adquirido el fuego gozó el indio del calor, de la luz, y aprendió á preparar sus alimentos para hacerlos digestibles, sustituyendo una base artificial de subsistencia á la ruda y natural de sus etapas inferiores de salvajismo.
Salvo en aquellas latitudes en que el hielo puede sustituir al fuego conservando los alimentos, hasta los pueblos más abyectos de América, usaron del segundo para modificarlos. El indio prefirió siempre los manjares cocidos ó asados á los crudos, en especial si eran vegetales. Para cocerlos echaba generalmente piedras calientes, en receptáculos llenos de agua. Sabía conservar los pescados y carnes ahumándolos, secándolos al sol, reduciéndolos á tiras (jerking), ó á polvo (charqui) mezclándolos con tocino (pemmican) y aderezándolos á veces en platos sabrosos.

Fig. 110.—Poniendo las piedras calientes en la cesta para cocer los alimentos (California).
Preparaba el maíz y la mandioca en panes ó tortas, (cazabe) mezclándolo con agua y otras substancias y hasta haciéndolo fermentar y servir de levadura.
Los granos se almacenaban y secaban en graneros, se tostaban y trituraban, se molían en morteros cóncavos con mazas, ó en piedras planas (metates) con rodillos, para convertirlos en harina. La mujer india, á la que privativamente correspondían estas tareas, llegó á ser en ellas habilísima[215].
El Indio Americano usó también del fuego para calentarse y alumbrarse. La hoguera, elemento principalísimo de la vida indígena, medio de señales en tiempo de guerra y centro de reunión en el de paz, fué en muchas regiones la única iluminación que conoció el indígena. Algunas tribus iluminaban sus chozas con gusanos de luz; otras atravesaban una mecha de corteza de cedro á través del cuerpo de peces grasientos, (candle fish) ó usaban antorchas siempre toscas, hechas de nudos de pino, fibras, corteza ú otros materiales inflamables. Les servían para la caza ó pesca nocturna y como símbolo de paz cuando enviaban mensajeros de un campamento á otro. Los Esquimales fueron las únicos aborígenes que conocieron las lámparas[216].
Alfarerías.

Fig. 111.—Alfarerías Alto Amazonas.
5.—En cuanto el indio Americano conoció el fuego salió de su primitivo salvajismo y fabricó las primeras ollas. El uso mismo de este elemento en las regiones frías determinó la invención del puchero de barro. Después de los ladrillos de adobe, comunes á todos los pueblos primitivos del globo que habitaron regiones poco lluviosas y abundantes en arcilla, acaso la lámpara del Esquimal fué en el Nuevo Continente la más antigua de las cerámicas.
Una de las mejores regiones para estudiar la evolución de las vasijas Americanas es la de los Pueblos. El alfarero Zuñi, Moki, etc., fué muy hábil y fecundo. Como el agua escaseaba ó distaba mucho de sus aldeas, su primera preocupación y necesidad era el conservarla y transportarla. Al principio usó canastos calafateados con bitumen; después aprovechó la arcilla, la mezcló con arena y la endureció al fuego. En esta región geográfica como en las demás del Continente, la clase y consistencia de las cerámicas dependía mucho de la calidad de las tierras.

Fig. 112.—Fabricando ollas (Walpi).
El procedimiento de fabricación más extendido en América era el del modelado á mano. Muy pocas tribus conocieron la antiquísima rueda de alfarero. En muchas regiones se usaban moldes textiles que la mujer india recubría de barro para conformar la olla antes de pulimentarla.

Fig. 113.—Pipa de arcilla (Dakota).
Los colores de las alfarerías Americanas, así como sus formas, ornamentación y estilos son variadísimos, y por decirlo así, caracterizan la región de su procedencia. Pertenece su estudio á la Arqueología más bien que á la Historia. Los Museos y colecciones Americanas abundan en antiguas cerámicas. Las de las regiones del Itsmo de Panamá hasta Nicaragua, y las del Perú, son acaso las más perfectas[217].
Bebidas y estimulantes.
6.—Aunque la embriaguez del Indio Americano se ha exajerado mucho por algunos autores, no puede negarse su decidida inclinación á tan degradante y funesto vicio.
En casi todas las regiones de América se conocía el arte de extraer bebidas embriagadoras del maíz, el agave ó la yuca, por fermentación simple ó ayudada masticando el grano (acción de la saliva sobre el almidón). El "pulque" (Méjico), el "aca" (Perú), la "chicha" Guaranis (S. A.), Mokis, Zuñis (N. A.), el caju-i (Brasil) etc., eran bebidas de este género.

Fig. 114.—Alfarerías Incásicas (Período primitivo).
Las tribus que no supieron obtenerlas se embriagaban por otros medios. Los Otomaques, por ejemplo, (Orinoco) tomaban como rapé, polvos de una semilla (yuapa) mezclada con conchas calcinadas que les emborrachaba fuertemente.
Conoció también la América aborigen otras bebidas estimulantes no fermentadas, como el "mate" (Ilex Paraguayensis), la "coca", que tomada en infusión producía efectos semejantes al opio, y el "Assi" ó té Carolino (Black-drink), que bebían los Seminolas para excitarse y "pensar bien" antes de entrar á sus Consejos[218].

Fig. 115.—Restos de habitación con poste tetémico (Vancouver).
El tabaco, originario de América, fué usado moderadamente por el Indio. Fumaba generalmente cigarrillos, mezclando el tabaco con otras yerbas y aun con corteza de árbol. El "calumet" ó "pipa de paz" de los Indios de la América del Norte, era para ellos un objeto sagrado, ó amuleto propiciatorio y solo se usaba en ciertas ceremonias religiosas, (danza del Calumet, ritos de adopción, etc.), ó en ocasiones solemnes (ratificación de tratados de paz, Consejo tribal, etc.). Sus colores y adornos emblemáticos variaban con la mitología de las tribus; eran de tubos sencillos como los representados en las esculturas mejicanas, ó recargados como los usados por los Omahas de cabezas, colas, y plumas de preciosos pájaros[219].

Fig. 116.—Vasija chimu (?) (Valle Chincana).
La habitación. Tipos primitivos.
7.—La forma y construcción de la vivienda indígena dependía del clima, de la situación geográfica y hasta del sistema social de sus moradores, y por ello encontramos en América habitaciones de todo género, desde las rancherías "como aduares de alarbes montaraces" que nos pintan antiguas crónicas, hasta las enormes y adornadas fábricas de piedra y mezcla de los Aztecas y los Incas.

Fig. 117.—Pipa de barro (Mandanes).
Las habitaciones Americanas eran fijas ó movibles. El prototipo de las primeras es la cabaña (wigham), derivación más ó menos perfecta de la enramada ó defensa natural contra las fieras, é inclemencias del tiempo. Se construían de mil maneras y formas (rectangulares, cónicas, etc.), según la clase y curvatura de los materiales empleados en ellas; se cubrían con techos de paja, pasto, barro ó corteza de árbol; eran rudas y selváticas como las de los Wikirups, Guaranis y Botocudos, ó perfeccionadas como las de los Haidas, Cadoanos, etc. Los habitantes de las llanuras inundables solían hacerlas sobre bases elevadas, defendiéndose así de las avenidas frecuentes.
De estos tipos primitivos se derivaron las casas semi subterráneas de los Pawnees, Navajos, etc. (earth-lodge), de cubierta redondeada que descansa sobre cuatro postes centrales relacionados con el culto de las estrellas, (matutina, vespertina, norte, y sur) y con una abertura en el techo emblemática del zenith, donde moraba el "Tirawa" ó ser invisible. Entre estas construcciones, las casas Esquimales semi-esféricas (iglu) hechas con bloques de nieve colocados en espiral son acaso las más ingeniosas y perfectas.

Fig. 118.—Bolsa de tabaco (Iroqueses).
El prototipo de las habitaciones movibles era la tienda (tipi) de los Sioux, Comanches, Kiowas, etc., armada sobre postes colocados circularmente ó en filas paralelas y cubiertos de pieles generalmente de bisonte, adornadas con pictografías simbólicas.

Fig. 119.—Wikiups de los Pai Utés (Arizona Norte).
En la región de los bosques predominaba, naturalmente, la madera en los materiales de construcción; en las grandes llanuras (Norte y Sur América) y regiones sin arbolado predominaba el barro, el adobe ó la piedra. Las construcciones de adobe de la región de los Pueblos (Vse. Cap. II) y las de piedra y mortero Mejicanas y Peruanas representan el más alto grado de la arquitectura indígena.
Debemos, sin embargo, observar, aun penetrando en el campo de la Arqueología, que la magnificencia y perfección de aquellos enormes edificios (Méjico-Perú) se ha exagerado extraordinariamente por conquistadores y cronistas. El arquitecto indio no conoció el compás, la plomada ni la escuadra, ni alcanzó nunca la idea del arco, base arquitectónica de la regularidad y la belleza.

Fig. 120.—El Calumet (Omaha).
Viviendas Comunales.
8.—Las más características de las habitaciones Americanas son las comunales. Entre ellas las más conocidas y típicas son las rectangulares (long-house) de los Iroqueses (Ho-de-sau-nee, "hombres de la casa larga"), especies de largos trojes ó galpones armados sobre troncos gruesos y techados con corteza de olmo, con un recinto ceremonial (kiva) en el medio, y un agujero para dar salida á los humos en el techo; las de los Maudanes (circular-house), construídas con análogos materiales en forma circular y con techumbre cónica, las de Guayana, Sacramento, Florida y muy especialmente las de la región de los Pueblos. La vida interior de estos curiosos falansterios dependía de la organización y costumbres del grupo ó grupos de parientes que convivían en ellos.
Aldeas y su número.
9.—El carácter más sedentario que nómade del Indio Americano le hizo reunir sus cabañas ó tiendas en aldeas (rancherías, tabas, etc.,) más ó menos extensas y ubicadas en territorios favorables. Estas aldeas fueron permanentes, aunque las necesidades alimenticias y consiguientes cambios de residencia las hicieran á primera vista parecer inestables. La disposición de sus habitaciones dependía de consideraciones religiosas ó tribales (casas de jefes, templos, etc.), y se rodeaban comúnmente de empalizadas para su protección y defensa.

Fig. 121.—Tienda Omaha (Tipi).
Esparcidos en general tales villorrios á lo largo de las costas de los mares, ríos y lagos, no es extraño que los conquistadores Europeos que naturalmente siguieron en sus exploraciones el curso de los ríos, al encontrar en todos ellos grupos tribales, supusieran también habitadas las zonas mediterráneas y exajeraran en sus relaciones el número é importancia de las poblaciones indígenas del Continente[220].
Adorno personal.
10.—Aunque parezca paradógico, la desnudez no es sinónimo de salvajismo, ni puede decirse que un hombre es tanto más salvaje cuanto menos cubra su cuerpo. Todo es cuestión de clima y convenciones sociales. La emoción de la modestia no es innata, ni natural al hombre; es más bien hija de la moda y el adorno.
Es un hecho etnográfico indiscutible que el adorno personal, precedió al vestido, aunque sea dificilísimo establecer una línea clara de separación entre ambos.
Las pinturas y tatuajes en el cuerpo mismo, universalmente practicadas por el Indio Americano, fueron acaso la forma más primitiva de su adorno. Los colores más usados eran el rojo, amarillo, negro y blanco, que fabricaban con ocres, cal, carbón y jugos de diversas plantas. Algunas tribus (Amazonas) pegaban á su piel varias plumas, con una substancia ó barniz resinoso. Tatuaban los más sus cuerpos con incisiones más ó menos profundas y deformaban algunos intencionalmente y desde la cuna, las cabezas de los niños hasta dejarlas "como mitras de obispos mal formadas", que decían los antiguos cronistas. Las pinturas, tatuajes y deformaciones descritas, eran para el Indio medios de identificación, propiciación y protección mágica, ó simples manifestaciones de vanidad guerrera[221].

Fig. 122.—Jefe Oha (Tierra del fuego).
Otro tanto sucedía con los dijes, joyeles, piedras, etc., con que atravesaba el salvaje sus labios (Botocudos, Esquimales), nariz, orejas ó mejillas, con perforación más ó menos cruenta.
El pelo servía también de adorno. Algunas tribus lo usaban suelto y flotante (Apaches, etc.), otras se lo afeitaban en caprichosa forma (Seminolas, etc.) con filos de pedernal ó conchas marinas.

Fig. 123.—Planta de un Iglu (casa de nieve) Esquimal.
Los ornamentos sin mutilación, fueron variadísimos. Colgaba el Indio de sus muñecas, tobillos, cuello y cintura, tiras de piel, plumas y conchas brillantes, garras y dientes de animales ó humanos, como trofeos de caza y guerra[222].
Vestido.
11.—Acaso estas últimas formas de ornato personal dieron origen al vestido. La piel suspendida al cuello fué transformándose en túnica, los cinturones se recargaron de apéndices convirtiéndose en faldas. Del brazalete vino la manga, el mocassin del adorno del tobillo. Las piedras preciosas, aligerando las preseas indígenas, cambiaron radicalmente los adornos.

Fig. 124.—Sección vertical del mismo.
Las pieles de animales (lobo marino, búfalo, ciervo, etc.,) se usaron al principio como abrigo, limitándose á secarlas, perfeccionándose luego su manipulación hasta hacerlas extraordinariamente suaves y flexibles, lo que en general conseguía la mujer india raspando cuidadosamente con pedernal la piel hasta darle un grueso uniforme, y cosiéndola luego con tiras también de cuero ú otras materias que pasaban por agujeros hechos previamente en sus bordes.

Alfarerías de los "Pueblos" (Arizona, E. U.)

Fig. 125.—Jefe Arapaho con adorno guerrero.
Podrían escribirse volúmenes enteros estudiando los progresos del vestido en América, desde la mezquina piel de los Fueguinos "que hacían girar según la dirección del viento", hasta las mantas de los Navajos, los finísimos paños de la América Central ó del Sur, las capas y tejidos de plumas de los Aztecas ó aquellas frezadas de lana de vicuña "tan finas y tan regaladas que entre otras cosas de aquellas tierras (Perú) se las han traído para la cama del Rey Don Felipe II"[223]. Tal estudio, así como el de las diversas formas ceremoniales, simbólicas, guerreras, etcétera, que abigarraban la indumentaria indígena, excede los límites del presente libro.

Fig. 126.—Collar de dientes de animales.
Industrias textiles.
12.—Los tejidos de todas clases y en especial los de fibras vegetales, (cestos, canastos, etc.), son característicos de la industria primitiva de América. Los Apaches llamaban "arañas" á sus vecinos los hábiles tejedores Navajos. Los objetos textiles abundan en colecciones y Museos, variando en forma y perfección según las tribus, desde los sencillos de las Yroquesas y Algonquinas, hasta los artísticos de las del Norte de Sud América. La descripción y estudio de los usos, formas, colores, trama, etc., de estos productos textiles, pertenece también á la Arqueología. Bástenos, pues, afirmar que el arte de tejer fibras vegetales, algodón, lana, etc., para vestidos, mantas, cubiertas, etc., era conocido por los Indígenas Americanos, cuyos rudimentarios telares, á pesar de su sencillo artificio, produjeron preciosos lienzos. El telar y su trabajo que importa ya separación de fibras, hilado, etc., se usó en América mucho antes de la conquista Europea. En los Códices Mejicanos, por ejemplo, está representada una madre que instruye en el tejido á su hija. Los vistosos paños de las sutiles tejedoras Aguas (Brasil), son justamente célebres.

Fig. 127.—Casas en Walpi. Aldea de los Mokis (Arizona).

Fig. 128.—Joven Pai Ute (Río Colorado).
Usó también el Indio tintes diversos que extraía de substancias orgánicas é inorgánicas, no sólo para adornar su cuerpo y dar brillantes matices á sus tejidos é hilados, sino para sus simbólicos adornos de plumas, comunes en toda América y preferidos por el guerrero Indio á todas sus preseas y ornamentos. Algunos de estos trabajos en plumas multicolores (Méjico) son verdaderas maravillas de preciosismo, comparables por su paciente y delicada factura con los mosaicos italianos más perfectos[224].
La caza y la pesca.
13.—La caza y la pesca eran para el indio Americano ocupación principalísima. Casi ninguno de los métodos inventados por los hombres para apoderarse y destruir los animales eran desconocidos en América. El cazador indio podía dar al Europeo lecciones de astucia, habilidad, ingenio y paciencia.

Fig. 129.—Tatuajes Haydahs (B. A. E.)
Podemos clasificar en dos grupos los variadísimos métodos de caza y pesca peculiares al Indio Americano: el uso de trampas, lazos ú otros artificios, y el de armas arrojadizas ó de otra clase, que corresponden en lo militar á la estrategia y la táctica.
Incluiremos en el primer grupo los arbitrios de todo género (redes, lazos, presas, almadrabas, etc.,) los venenos vegetales usados para axfisiar el pescado en ríos y lagos, como la raiz de nogal (N. A.) ó el "tingui" y hojas de "timbó" de los Indios del Brasil, los disfraces de pieles, etc., para engañar la caza, el empleo de antorchas para atraer el pescado y aun los primitivos métodos de acorralar al animal en bandas y sin armas de ninguna especie.

Fig. 130.—Telar Navajo.
Pertenecen al segundo las armas afiladas ó punzantes desde la rudimentaria maza de las tribus del Pacífico (Norte) y las curiosas cerbatanas del alto Amazonas, hasta las lanzas é ingeniosos arpones y aparejos de los Esquimales.

Fig. 131.—Método fabricación adornos de plumas.
El cazador indio no sólo debía manejar hábilmente estas armas y artificios, sino que debía conocer las épocas del año y terrenos propicios para cada caza, la dirección de la misma por sus huellas, gritos de aves y movimientos del coyote y demás carnívoros, los trajes y máscaras especiales á cada expedición, la caza vedada por sus creencias totemísticas, los cantos, leyes, ceremonias y fetiches especiales, etc. De aquí la estimación y dignidad del buen cazador entre los individuos de su tribu[225].

Fig. 132.—Camiseta ceremonial (Chilkat).

Fig. 133.—Útiles de labranza (N. A.)
Horticultura.
14.—El Indio Americano no conoció la agricultura propiamente dicha, que presupone el uso del arado y de los animales domésticos, pero practicó extensamente la horticultura, y sacó de sus campos pingües cosechas. La estaca puntiaguda y la azada, eran útiles familiares en América antes de la conquista. Los métodos de irrigación de Nuevo Méjico, Perú, etc., sorprendieron á viajeros y cronistas. El cultivo del maíz era común á numerosas tribus; los fréjoles, zapallos, yuca, mandioca, algodón, tabaco, etc., se cultivaban también extensamente. La mayoría de las tribus sabían conservar en graneros lo necesario para mantenerse en invierno.

Fig. 134.—Joven Hopi.
Fué una verdadera rémora para la cultura indígena que la fauna Americana no tuviera especies animales fácilmente domesticables. Parece indudable que el caballo fué contemporáneo del hombre glacial, pero por causas desconocidas su especie se extinguió en América mucho antes del descubrimiento Colombino. Prescindiendo de los monos, cotorras, gatos, etc., que convivieron como comensales en algunos hogares indígenas, (Campas del Perú, Zuñis, etcétera) el perro es el único animal que ayudó al Indio en la caza ó en los arrastres (Esquimales). La llama del Perú, se utilizó principalmente por su lana y á veces como bestia de carga. No hubo en América animales cuya leche ó engorde pudiera utilizarse, el búfalo y el cerdo eran indomables y selváticos[226].

Fig. 135.—Peine de madera.
Las herramientas agrícolas, así como los demás útiles, utensilios y enseres necesarios para la vida indígena, fueron en general, los peculiares á las culturas líticas. Su estudio pertenece á la Tecnología ó ciencia de las industrias[227].
Medios de transporte.
15.—Los primeros medios de transporte en el Continente Americano fueron las espaldas de la madre india. Llevaba á cuestas á sus criaturas en la diaria faena, y andaba con ellas largas distancias. El indio sólo viajaba por necesidad. Andaba casi siempre por sendas estrechas, que sabía practicables, en filas de á uno, y sujetando la carga en su cabeza ó espalda, ó en la de sus mujeres, por medio de artificios diversos.
Usaba en general calzado que variaba de forma con la naturaleza de las regiones geográficas, desde el zapato de cuero del Esquimal, hasta la grosera bota de los Apaches, y las Sandalias Mejicanas é Incásicas.

Fig. 136.—Manta de los Navajos (E. U.)
Algunas tribus construían groseras angarillas, en especial, para transportar los cadáveres.
Supo también el Indio hacer canoas, balsas, jangadas, piraguas, etc., y aprovecharlas en sus ríos y mares. El "Uniak" ó canoa abierta para mar suave, y el "Kayak" cerrado, (Esquimales) para mares recios, construídos en piel, sobre armazones ó cuadernas de huesos de ballena, fueron sin duda los más marineros. Los "dongouts" adornados y "pintados como Indios", del Norte del Pacífico, son el tipo general de las embarcaciones indígenas construídas en madera ó corteza de árbol. Los Esquimales fueron los únicos que conocieron el remo. Las demás tribus manejaron sus embarcaciones únicamente con palas.

Fig. 137.—Cazador Chia (Patagonia).
Tenían algunas de ellas velas fijas de estera ó de corteza de cedro tejida. Eran casi siempre ligerísimas, para facilitar su transporte á brazo por las sendas interfluviales (portages). Las canoas ó piraguas guerreras de los habitantes de las Islas (Cuba, Sto. Domingo, etc.,) eran de gran tamaño, y llevaban á veces hasta 25 bancos[228].

CUESTIONARIO
1.—¿Qué alimentos proporcionaba al Indio el reino vegetal?
2.—¿Qué alimentos le proporcionaba el reino animal?
3.—¿Qué clase de alimentación prefería?
4.—¿Qué condimentos usaba?
5.—¿Eran los Americanos antropófagos? ¿Por qué motivos?
6.—¿Cómo producían los Aborígenes el fuego?
7.—¿Cuáles eran los principales usos de este elemento?
8.—¿Cómo se preparaban los alimentos?
9.—¿Cuáles fueron las primeras alfarerías Americanas?
10.—¿Qué formas y colores se usaban en ellas?
11.—¿Qué bebidas espirituosas y estimulantes conocía el Indio Americano?
12.—¿Cómo usaba el tabaco y qué importancia religiosa y social tenía el calumet ó pipa de paz?
13.—¿Cuáles fueron los dos tipos primitivos de la habitación Indígena?
14.—¿Qué se entiende por viviendas comunales y cuáles fueron las más características de esta clase en América?
15.—¿Eran muy numerosas las aldeas Indígenas?
16.—¿Cuáles fueron los adornos personales más usados por los Aborígenes?
17.—¿Qué vestidos usaba y cuál fué su probable evolución?
18.—¿Qué importancia tenían en América las industrias textiles y cuáles fueren sus principales productos?
19.—¿Conocía el Indio los tintes?
20.—¿Cómo trabajaba las pieles?
21.—¿Qué importancia tenían para el Indio la caza y la pesca?
22.—¿Qué artificios, armas, etc., usaba en ellas?
23.—¿Conoció el Indio la Agricultura propiamente dicha?
24.—¿Aprovechó en sus trabajos de animales domésticos? Influencia de la falta de los mismos en la evolución cultural Americana.
25.—¿Cuáles fueron los principales medios de transporte del Indígena?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en los dos capítulos anteriores. Gomara. Hist. General. Bunge. Lehrbuch Physiol. Chemie. Markham. List of tribes (Journal Anthropological Inst. 1895). Mason. Migration & the Food Quest. (Smithsonian Report. 1894. I). Ulloa. Noticias Secretas de América. (Trad. Adams. Londres. 1758). Torquemada. Monarquía Indiana. Steinen. Unter der Naturvolken. Russell Sturges. Dictionary of Architecture. 3 vols. N. I. 1901.
Especiales.—Barrere. Relation France Equinox. Gautier. Sur un certaine argile, etc. (Actes Soc. Scient. Chile. Vol. V. 1895). Powell. (1st An. Rep. B. A. E). Steinnetz. Endo kanibalismus. Mooney. Our last cannibal tribe. Letourneau. (Bull. Antropol. París. 1887-1888). Nájera. Desengaño Guerra de Chile. Barber. Moqui food preparation (Am. Nat. XIII). Hough. Development of Illumination (Smithnian. Report. 1901-1902). Cushing. Pueblo Pottery (4 Rep. B. A. E.). Holmes. Pottery of Ancient Pueblos (4 Rep. B. A. E.). Gatschet. Creek Migrations Legends. Hardlicka. Tesvino among Apaches (Am. Anthrop. VI). Lesueur. La dance du Calumet. P. Diego Rosales. Hist. General. Brinton. Essays of an Americanist. Wilson. Account of Guiana (Purchass Pilgrims. Vol. IV). Cosmos Mindeleff. 17 Rep. (B. A. E.). Delisle. Deformation Craneane (Cong. Americanistes. París. 1892). Heirot. Travels through Canada. Thurn. Ind. Guiana. Dobrishoffer. Abiponibus. I. Zelia Nuttall. (Peabody Museum Papers). Squier. Nicaragua. Mathews. Navajo Weavers (3rd An. Rep. B. A. E.). Rau. Prehistoric fishing (Smithsonian Inst. Rep. XXV. 1884). Hahn. Die Haus thiere (Leipzig. 1896). I. I. Von Tschudi. "Das Lama" (Zeitschrift für Ethnologie. 1885). Sagard. History of Canada, etc., etc.
Fuentes.—O. T. Mason. Woman's share in Primitive Culture (1894). Morgan. Houses & house life American Indians. Putnam. Conventionalism in Ancient American Art (Essex Instit. Bul. 1886). Holmes. Origin & Develop. of form & ornament in Ceramic Art (4 An. Rep. B. A. E.), y otros estudios del mismo autor (Reports y Bulletins B. A. E.). Boas. Decorative Art of the Indians of North Pacific (Am. Museum Nat. Hist. Bull. IX. 1897). Hough. Fire Methods (Proceedings U. S. Nat. Museum. Depto. Etgy. 1888-1890). Fewkes. Arch. Expedition to Arizona (17 Rep. B. A. E.) y Two summers in the Pueblo Ruins (22th Rep. B. A. E.). Stevenson. Zuñi Indians (23 An. Rep. B. A. E.). Collinson. H. M. S. "Enterprise" (Jour. Roy. Socty. London. 1855). Jenks. Wild rice gatherers (19 Rep. B. A. E.). Museo Arqueológico, Madrid. Colecciones Incásicas. Ambrosetti. Civilización Calchaquie (XIII Cong. Amer. París). Outes. Los Querandies. Ambrosetti. Alfarerías Calchaquies. (Rev. Mus. Plata, Vol. III). Museo Nac. Méjico. Breve Guía Descriptiva. (Traducción Branch). British Museum. Colecciones "Ethnological Department". Colecciones Stevenson. Zuñi, Wolpi, Arizona (Rep. II y III B. A. E.). Colecciones Seller. Mseo. Arqco. de Berlín. (Bull. XXVIII B. A. E.). Macguire. Am. Abor. pipes. (Report Nat. Mus. 1887) (N. I.) Revista Insto. Geogco. Brasilero. Vol. II. Powell. Implements. Technology (20th An. Rep. B. A. E.), etc., y las mencionadas en los capítulos anteriores.
Bibliografía.—Las mencionadas en los capítulos anteriores, exceptuando las especiales lingüísticas, las relacionadas en el "H. Book Am. Ind. North of Mexico". Artículos "Food", "Cannibalism", "Fire", "Houses", "Architecture", "Ornament", "Dress", "Hair Dress", "Basketry", "Ceramic Art", "Canoes", "Transportation", "Hunting", "Fishing", etc., y las generales en los mismos artículos de la New Int. Encyclopedia (Dodd-Mead & C.º).

CAPÍTULO IV LA VIDA PSÍQUICA
1.—Juegos y deportes. 2.—Espectáculos. 3.—La danza. 4.—Música y cantos. 5.—Pintura y Escultura. 6.—Metalurgia. 7.—Nociones Científicas. 8.—La Religión indígena: Sus elementos. 9.—Las creencias: El Animismo. 10.—Los sueños. 11.—La Vida futura: Manismo. 12.—Los Dioses Supremos.
Juegos y deportes.
1.—En los intervalos de paz, cuando las necesidades materiales y urgentes de la tribu estaban satisfechas, ó la estación del año no era propicia para la caza ó la pesca, empleaba el Indio su tiempo en juegos y deportes diversos, expresando exteriormente sus emociones estéticas en danzas, cantos, esculturas, pinturas ó relatos romancescos.

Fig. 138.—Juegos atléticos (Región de los Pueblos).
Eran los indígenas aficionadísimos á los juegos de azar. Jugaban sus pieles, sus vestidos, sus armas, su libertad personal y hasta sus propias mujeres. Entre las tribus de California el perdidoso era víctima voluntaria del que ganaba. Las del Sud Oeste de los Estados Unidos eran dadas á juegos de adivinación de diversas clases. Los juegos de azar las más de las veces tenían carácter ceremonial y religioso. Las decisiones de la suerte eran para el indígena oráculos de sus dioses. Los Indios Zuñis, disparaban flechas á los cuatro puntos cardinales con fines adivinatorios: sus dados y billas de madera, llevaban siempre marcas simbólicas.

Fig. 139.—Dados de hueso.
El juego de pelota, era común á casi todas las tribus. En Arizona y Sonora se jugaba una especie de "foot ball" con fines propiciatorios. Entre los Tarahumares existía un deporte análogo como invocación para el éxito de la caza. En otras tribus se ejercitaban los guerreros y hasta las mujeres en carreras á pie, que á más de ser pruebas de resistencia y destreza, tenían carácter de augurios. Una de las páginas más sangrientas al par que características, de la historia indígena, es el célebre asalto de los Ojibwas, al fuerte de Michillimackinac (Junio 1763), distrayendo su guarnición con un excitante partido de pelota (baggattaway)[229].
Espectáculos.
2.—Además de estos juegos y deportes, los espectáculos favoritos del indígena eran sus danzas religiosas, guerreras, etc., y sus solemnes ritos y ceremonias. Los relatos fantásticos y las ilusiones de la prestidigitación, amenizaban también sus momentos de ocio. Los Pawnees eran hábiles ilusionistas. Los juglares de las aldeas Querés, (Pueblos) representaban comedias en los intervalos de las danzas.
En muchas tribus, las ceremonias religiosas tenían carácter de representaciones dramáticas, casi siempre trágicas, interrumpidas algunas veces por notas cómicas, apayasadas y grotescas.
Fuese, pues, con objetos informativos, religiosos, mágicos ó puramente estéticos, el arte dramático en el sentido amplio de la palabra, fué una de las primeras manifestaciones exteriores del impulso artístico y emocional de la raza india.
Los Navajos eran excelentes actores. Los Hopis, representaban sus leyendas, (luchas de serpientes con semi-dioses, etc.) armando en sus "kivas" ó "estufas" una especie de escenario delante de la hoguera, que tapaban con mantas en los cambios para obscurecer el recinto y dar mayor realce á los efectos escénicos. El "Ollantay" de los Incas, tiene muy poco que envidiar á los primitivos dramas literarios.

Fig. 140.—Danza ceremonial de los Acomas (New-México).
Las representaciones que conmemoraban triunfos guerreros, tenían entre los Mayas y los Quechuas, gran importancia. Para ellos la historia era hija del orgullo, y tales espectáculos tenían por objeto avivarlo. En algunas tribus, el drama era un medio de exponer doctrinas religiosas. Los episodios fragmentarios, por ejemplo, que figuraban la muerte y resurrección del hechicero, (Shaman) sugerían la regeneración espiritual de los iniciados, é inspiraban un temor reverencial á los oyentes[230].

Fig. 141.—Juego de pelota Ojibwa (Cattlin).
Danzas.
3.—La danza es universal é instintiva y entre los salvajes tiene siempre significado simbólico. En América las danzas eran elemento principalísimo, y á veces base de todo rito, festival ó ceremonia religiosa. Recordaban algunas (Walpi) tradiciones tribales, eran otras (Mokis) formas activas de propiciación á los tutelares de la lluvia, ó expedientes mágicos para producir por imitación, determinados efectos (Apaches).
Las clases y formas de estas danzas eran innumerables. Las había personales, de clan, tribales, inter-tribales, propiciatorias, de caza y guerreras. Avivaban estas últimas el valor y la sed de matanza del Indio cuando emprendía una campaña. Eran siempre mímicas, simulaban el ataque, la lucha y el grito de triunfo, y excitaban hasta el frenesí á los danzantes, degenerando casi siempre en orgías de caníbales.

Fig. 142.—Danza ceremonial.

Fig. 143.—Pandereta Indios Menominees (V-S.)
Había danzas de hombres ó mujeres solas, y otras en que tomaban parte los dos sexos. Los movimientos de los bailarines eran rítmicos y poco graciosos, sus cambios de actitud casi siempre violentos. Usaban trajes especiales y máscaras de formas grotescas ó terribles y colores simbólicos, que servían por lo general para intensificar la idea de la presencia en la ceremonia del animal ó ser mitológico, en cuyo honor se celebraba la danza. Los golpes del tambor simbolizaban sus pasos, y el ruido de los sonajeros sus movimientos[231].

Fig. 144.—Danza de Espíritu (Sioux).
Música y Cantos.
4.—El atambor, los tamboretes, sonajeros y chirimías, de variadas formas y tipos, los silbatos de madera ó hueso, cuyo sonido solía simbolizar la voz del espíritu, la flauta de caña, la "syringa de Pan" (Sud-América) y hasta el arco y la cuerda en algunas tribus, eran los instrumentos musicales que usaba el indio en sus complicadas y emblemáticas danzas[232].
A cada ceremonia correspondía un ritmo distinto y cantos especiales de frases melódicas cortas, que se repetían hasta el cansancio. Los temas eran vagos, fantásticos y apropiados al objeto especial de cada danza.
Algunos cantos no tenían letra. En otros era esencialísimo el pronunciar exactamente las palabras consagradas. Cualquier equivocación al respecto, destruía según el indio, el mágico conjuro, y podía producir consecuencias funestas.

Fig. 145.—Máscara ceremonial (Estrecho de Behring).
El canto era, en fin, un vehículo para llegar á los seres invisibles. De aquí que, el indio cantara con toda su voz, y como la emoción religiosa la hacía entrecortada, áspera y discordante, y el tambor y el sonajero no solían marcar la misma medida del canto, los ritmos se entrechocaban con los ritmos, y el ruido atronador de instrumentos y voces, impedía distinguir la melodía bárbara. Estas melodías y estos extraños ritmos, forman, sin embargo, en la Historia de la Música Primitiva un interesantísimo capítulo.

Fig. 146.—Danza del Escalpe (Dakotas).
Pintura y Escultura.
5.—La nota característica del Arte Americano, es su complicado simbolismo. El motivo religioso determinaba siempre las emociones artísticas del Indio, y si las exteriorizaba en colores ó formas, lo hacía con fines supersticiosos ó mágicos.

Fig. 147.—Dibujo propiciatorio (Pueblos).
En casi todas las tribus los cuatro puntos cardinales se simbolizaban por colores distintos usados á manera de invocaciones ó vehículo propiciatorio, á los tutelares del fuego, del aire, del agua ó del viento. El color rojo era, además, emblema de la fuerza y la guerra; el blanco, de la paz, y el negro, de la nocturnidad y del llanto. Los Navajos en sus pictografías unían el simbolismo de los puntos cardinales con el del sexo. Así el azul, ó color del Sur, era emblema de lo femenino, y de lo masculino, el negro, ó color del Norte. El apacible y azulado Río Grande, era llamado el "agua hembra", para distinguirlo del Río San Juan (agua macho), siempre parduzco y turbulento[233].
Por lo demás, y si exceptuamos los ingenuos bosquejos de los Esquimales, Tlinkits, etc., los aborígenes americanos consagraron al arte decorativo casi todas sus actividades estéticas.

Fig. 148.—Sonajero Moki.
El rasgo peculiar de este arte fué la imitación de objetos reales. En las innumerables muestras que han llegado hasta nosotros, no se encuentran líneas puramente ornamentales, ni mucho menos ideas geométricas. Los diseños más frecuentes se derivan de las formas animales (zoomorfos), humanas (antropomorfos), de objetos usuales (skeumorfos), y algunas veces de flores y plantas (filomorfos). En las vasijas "Chiriquis", por ejemplo, la figura del aligator se va transformando hasta desfigurarse. Las tribus "Bakairis" del Brasil Central imitan en pedazos de corteza decorados la forma triangular del atavío (uluri) de sus mujeres.
Otro tanto puede decirse de las esculturas indígenas. Si recorriendo el continente de Norte á Sur nos fijamos en las más perfectas; si observamos, por ejemplo, los postes y canoas talladas de los Haidas y Esquimales, los idolillos Chibchas y Chiriquis, los calendarios en piedra, ó el "Indio triste" de los Aztecas, las ponderadas losas y monolitos de los Mayas, los bronces Calchaquies, ó las cerámicas Quechuas, encontramos siempre la misma rigidez de líneas, la misma tosquedad de factura, el mismo afán de imitación grosera, la misma falta de espontaneidad é idealismo[234]. Como el Indio sólo esculpía ó pintaba para invocar á sus Dioses, ó producir determinados hechizos, no se preocupó nunca de la perfección objetiva de sus instrumentos ó vehículos. La lámpara de la belleza no llegó nunca á iluminar sus representaciones ó su plástica[235].

Fig. 149.—Dibujos zooformorfos. Pájaros y plumas (Arizona U. S.).

Fig. 150.—Dibujos simbólicos (Sol, Puntos cardinales, etc.)—(Pueblos).
Metalurgia.
6.—El uso de los metales, frecuente en América del Sur, era poco común en la del Norte. En los montículos (mounds) de Etowah, Georgia y Ohio, se han encontrado, sin embargo, numerosos objetos de cobre trabajado á martillo. Los Navajos son, hasta hoy, hábiles plateros, aunque muy inferiores á los Mayas y Aztecas, cuyas vasijas, joyeles, ornamentos, etc., en plata y oro tanto maravillaron á sus conquistadores. Imitaban, en general, formas animales; incrustaban en ellos piedras preciosas y los usaban principalmente para su adorno personal ó en sus templos y ceremonias. Los restos metalúrgicos de los Chibchas, Peruanos y Calchaquies, son los más notables y acabados de todo el continente. Supieron estas tribus amalgamar el cobre y el plomo y obtener un bronce de consistencia y brillo. Si prescindiendo, en fin, de la parte estética, estudiamos algunos de los productos del arte metalúrgico americano, y tenemos en cuenta la imperfección de las rudas herramientas con que se trabajaron, no podrá menos de sorprendernos la habilidad y preciosismo de tan primitivos orfebres[236].

Fig. 151.—Dibujo antropomorfo (Alfarerías Mokis).
Nociones científicas.
7.—Tampoco ignoraron los Americanos los conceptos del número, la distancia y el tiempo, ni carecieron en absoluto de rudimentos astronómicos y geográficos. Aunque en muchas de las lenguas indígenas no hay palabras especiales más que para denotar los tres primeros números, no puede decirse por ello que desconocieran los demás[237].

Fig. 152.—Escultura mejicana (Honduras-Santa Rita).
Contaban como la generalidad de los primitivos, por los dedos de las manos y los pies, que fueron sustituyendo en las agrupaciones más adelantadas por piedrecillas, granos, conchas, etc.[238]. Los "quipus" Peruanos, perfeccionando estos sistemas de contabilidad, recordaban por el número de sus nudos, el de los linajes ó gentes que debían tributar en el Imperio.
Ciertos números eran sagrados, en casi todas las tribus. El cuatro, sin duda por su relación con los puntos cardinales, se consideró comúnmente como ceremonial y simbólico. Los Aztecas, por ejemplo, dividían sus poblaciones en cuatro cuarteles ó fratrias militares; el título oficial del Inca, era el de "Señor de las cuatro partes de la tierra" (Anti, Cunti, Chincha y Colla). Algunas tribus de la costa del Pacífico (N. A.) consideraban como sagrado el número cinco; otras (Zuñis, Mayas, etc.), tenían por tal el número trece[239].

Fig. 153.—Alfarerías Peruanas (Valle Chimcana).
Solo el hombre civilizado puede apreciar el valor del tiempo; en la vida salvaje es casi siempre indiferente su división y su transcurso.
Con excepción de los calendarios Aztecas y Mayas, que más adelante estudiaremos, la sucesión de los días y las noches, los cambios de la luna, y los de las estaciones, fueron las naturales bases de los sistemas Americanos de computar y medir el tiempo. Los años, se contaban en general por sus inviernos, los días se dividían en cuatro períodos (amanecer, mediodía, atardecer y media noche) marcados, á veces los tres primeros con la sombra proyectada por postes ó pilares especiales colocados á la puerta de las cabañas.
Los meses empezaban con la luna nueva. Entre los Zuñis, los seis primeros del año, llamado "pasaje de tiempo" tenían nombres apropiados, y los seis últimos eran "meses sin nombre" designándose ritualísticamente con los colores representativos de los dioses del Zenith, el Nadir, el Norte, el Sur, el Este y el Oeste[240].

Fig. 154.—Escultura en las minas de Copau.
La orientación, según los puntos cardinales, era conocida hasta por las tribus más salvajes. Los Esquimales, llegaron hasta representar gráficamente con pedazos de madera irregularmente dentados, las islas, bahías, cabos, etc., de sus accidentadas costas. Los antiguos Mejicanos tenían mapas Topográficos, cartas marítimas, y hasta planos catastrales mucho más perfectos que los de los antiguos Egipcios[241].
La Religión indígena.
8.—El rasgo más saliente de la psicología indígena es el íntimo enlace de la sociedad, el arte, y la vida entera del individuo y el grupo, con la Religión; la Mitología y la Magia. Es imposible estudiar con provecho los anteriores aspectos raciales si prescindimos del religioso. De aquí la ineludible necesidad de conocer claramente el verdadero carácter de las creencias y los ritos del Indio, para penetrar con paso firme en las vicisitudes de su historia.
Presenta esta investigación dificultades especialísimas. Las relaciones de los antiguos misioneros y cronistas, adolecen de errores, tergiversaciones y prejuicios que obligan al historiador á perder un tiempo precioso separando en ellas lo observado y positivo, de lo especulativo y erróneo. La modernísima Ciencia de las Religiones no merece todavía el nombre que presuntuosamente se atribuye[242].

Fig. 155.—El Oso madre (Escultura Haidá) (N. O. de N. América).

Fig. 156.—Alfarerías Peruanas (Valle Chimcana).
Se ha afirmado en primer lugar que los Americanos concibieron la idea de un Dios creador y eterno, demasiado vasta para las inteligencias paganas. Tal afirmación es absurda. El más alto concepto de la divinidad alcanzado por el indígena, fué tal vez semejante al Panteista de los Orientales, pero inferior y distinto al cristiano del Dios único. El indio Americano reconociendo y adorando á un Ser Supremo é infinito, á un Dios de amor y de justicia, es una simple fantasía de algunos entusiastas[243].

Fig. 157.—Tallas en madera de los Kwahiult (N. O. de N. América).
Fundados otros en observaciones inexactas, ó dejándose arrastrar por sus filosóficos prejuicios, han sostenido la existencia de tribus sin religión de ninguna especie. Nada más lejos de la verdad histórica. La religiosidad es parte de nuestro ser psíquico, y por consiguiente, no se ha encontrado aún, ni podrá encontrarse pueblo alguno en el mundo desprovisto de religiosas ideas. La universalidad, la permanencia y la identidad fundamental del fenómeno religioso son hoy indiscutibles axiomas etnológicos. El ateísmo llamado regional ó endémico no existe, ni ha existido nunca. Hasta aquéllos Charruas que "parecían semi-capros ó faunos", ó aquéllos Guayaquies que se cazaban como fieras, con palo y soga, creían como todo ser humano en la existencia de una Voluntad consciente, sobrenatural é invisible, fuente última de toda vida, y en la posibilidad de comunicarse con ella[244].
Todas las religiones de la tierra, incluso las Americanas, tienen los mismos elementos primordiales. No se conoce en la Historia pueblo alguno sin creencias religiosas más ó menos elevadas, sin ideas morales más ó menos erróneas, sin cultos y ritos, más ó menos conscientes.
Partiremos, pues, de esta firme base para estudiar la religiosidad del indio Americano, y los errores y aberraciones de su desaviada mente, y procuraremos fijar las notas principales y comunes á todas sus religiones, sin exceptuar los Aztecas, Incásicas y Mayas, idénticas en el fondo á las del resto del Continente.

Fig. 158.—El Indio Triste. Escultura Azteca.
Las creencias: El animismo.
9.—El indio Americano consideraba al cuerpo como simple envoltura de otro ser más sutil ó espíritu generalmente invisible, especie de vapor, compuesto de respiración, reflexión ó sombra, esencia de la vida, dotado de facultades misteriosas, y común como perteneciente al alma cósmica, á los animales, las piedras y las plantas[245].

Fig. 159.—Sonajero ceremonial (Linuboltz).
Para el indígena todo el mundo material era inteligente y sensible; los pájaros y los reptiles oían los ruegos de los hombres; el lago tenía alma, como la catarata y el torrente; en los rumorosos silencios del bosque y en las profundidades del barranco, había seres indefinidos y terribles. Todo lo extraño é inusitado era para el indio misterio. Los "manitous" y "ockis" de los Algonquinos, los "cenis" de las Antillas, el "pillan" y el "huecuver" de los Araucanos, los "teotes" de Nicaragua, las "macacheras" y "caaporas" de los indígenas del Brasil, el wakan de los Dakotas, y los "huacas" Incásicos, no eran sino palabras distintas para conceptos similares, expresiones vagas é indefinidas del "sensus numinis". Virgiliano, del poder inescrutable y deífico que el salvaje creía presente en todos los seres, movimientos y formas[246].
La naturaleza entera le enseñaba la existencia de este desconocido divino. El salvaje lo veía en todas partes, al observar los grandes fenómenos físicos, en la sucesión de la luz y las tinieblas[247], al contemplar el Océano, y todo lo extraordinariamente vasto, al admirar el huracán, la tempestad y todo lo extraordinariamente fuerte[248]. Pero además de estas grandes impresiones que avivaban la pálida y sub-consciente vislumbre de lo sobrenatural, escondida en las profundidades de su espíritu, tenía el indio otros estímulos, también universales y poderosos, que por su decisiva influencia en las religiones Americanas estudiaremos especialmente. Me refiero á los sueños y estados análogos, y á las ideas sobre la vida y la muerte.

Fig. 160.—Las Cataratas del Niágara.
Los sueños.
10.—Para los Americanos, en general, los sueños (naturales ó provocados) eran realidades, y tenían carácter profético, oracular é inexorable. El indio creía ver y oir en sus sueños como oía y veía en sus vigilias. Los sueños eran medios infalibles para ponerse en comunicación directa con los Dioses, y las imágenes entrevistas por el dormido ó alucinado[249], se consideraban como atisbos del mundo supra-sensible é ignoto, donde moraban los tipos genéricos de todas las cosas y estaban prefigurados todos los acontecimientos.

Fig. 161.—Invocando á las estrellas.
Esta antiquísima y perniciosa creencia en la realidad de los sueños, originó innumerables desvaríos; hizo que la vida del salvaje asumiese un carácter irreal y como ensoñado, y fué en las agrupaciones indígenas manantial inagotable de abominaciones y trastornos[250].

Fig. 162.—Chozas de los Manes (Dakotas).
La vida futura. Manismo.
11.—La creencia en la vida futura era tan universal, y estaba tan arraigada en el ánimo del salvaje, que para él no existía la muerte sino como tránsito ó continuación de vida. El alma humana, ese algo que les mantenía vivos, tenía vida ultraterrena. Las lenguas indígenas no tenían palabras equivalentes á "morir", sino á "matar ó ser matado". Lo que perecía era la sombra humana, la "forma corporis", pero la parte esencial del alma, lo que constituía propiamente hablando la personalidad, la individualidad, sobrevivía á la disolución del cuerpo y la forma, y pasaba á un mundo astral, helado y sombrío, á donde llevaba sus pasiones, sus odios, sus rencores, sus necesidades y sus preferencias. Estas almas desencarnadas (manes), en especial las de los sacerdotes y jefes, seguían interesándose en las andanzas terrenales de sus allegados, participaban de sus fiestas tribales, vagaban alrededor de sus chozas, se manifestaban en sus sueños, recibían sus homenajes, y hasta tomaban posesión de sus cuerpos.

Fig. 163.—En oración.
Este concepto de la vida de ultratumba originó innumerables ritos y creencias, (Manismo) tan solemnes y significativos que muchos escritores desde Euhemerus á Spencer y sus discípulos, han sostenido que el origen, fin, y esencia de toda religión, están comprendidos en la propiciación de las almas de los muertos, en el culto de los antepasados, y en la posibilidad de comunicarse con ellos.
Sin incurrir en semejante exageración, diremos, sin embargo, que desde Alaska á Patagonia, la creencia en la vida de ultratumba, es el rasgo más marcado de las religiones indígenas, y que el sepulcro en las agrupaciones Americanas fué las más de las veces cuna del altar y del templo.

Fig. 164.—En comunicación con el espíritu nocturno.
De aquí los extraños fenómenos y desvaríos del espiritismo indígena, la diversidad é importancia de los usos mortuorios, los cruentos sacrificios Aztecas al "Tezcatlipoca", el árbol frondoso y triste que colocaban los Timbues, en el sepulcro de sus padres, ó la gota de leche que dejaba caer la madre India en los labios del hijo muerto[251].
Los Dioses Supremos.

Fig. 165.--Propiciando al espíritu del río.
12.—Siempre que el hombre piensa claro y siente hondo, ha dicho un sabio etnólogo[252], concibe á Dios como unidad consciente. Así como en las páginas de los poetas paganos encontramos á veces un Zeus, distinto del Júpiter Olímpico, que existe lejos, solo, é indiferente á las luchas y pasiones de los demás Dioses[253], así entre las tribus Americanas relativamente cultas descubrimos la creencia en un Dios inmaterial, desconocido y supremo que no exige oraciones ni sacrificios, y que no se preocupa de los afanes terrenales[254].
Prescindiendo, sin embargo, de la concepción Iroquesa del "Gran Espíritu" indudablemente influida por los Misioneros Europeos[255], sólo encontramos en América dos pueblos (Quechuas y Nahuas) en los que el culto de este "Ser Supremo" é inmaterial, estuviera claramente instituido.

Fig. 166.—Cementerio esquimal.
El Inca Yupanqui concibió la existencia de un "Hacedor Supremo", superior al Sol[256]. Llamóle simbólicamente Illa tici Viracocha Pachacamac (vaso de la tempestad, espuma del mar, animando al mundo), y construyó en un valle cercano al Callao un templo dedicado á su culto. Atribulado Nezanuait, Señor de Tezcuco, dedicó también otro templo al "Dios desconocido".
Claro es que en ninguno de estos dos casos se pretendió sustituir en absoluto el culto de este "Ser Supremo" al de las demás divinidades indígenas. Ni el Inca Yupanqui, dejó de llamarse "hermano del Sol" ni el Jefe Tezcucano, dejó de sacrificar cautivos en los altares del dios de la guerra. Ya dijimos que el monoteísmo propiamente dicho no existió jamás en América. El "Dios ignoto" Tezcucano, y el Viracocha Incásico no son sino expresiones de la tendencia intuitiva del sentir religioso, hacia la unidad divina, que en la entenebrecidamente salvaje, no se oponían al pensar idolátrico[257].

CUESTIONARIO
1.—¿Qué carácter tenían los juegos y deportes indios?
2.—¿Cuáles fueron sus principales espectáculos?
3.—¿Conocieron los rudimentos del arte dramático?
4.—¿Qué importancia tenían las danzas en la vida india?
5.—¿Qué instrumentos musicales conoció el indio?
6.—¿Qué peculiaridades tenían sus cantos?
7.—¿Cuáles son las notas más salientes del arte Americano?
8.—¿Qué diseños imitó en el arte decorativo?
9.—¿Fueron bellas las esculturas indígenas?
10.—¿Tuvieron los Americanos noción del número?
11.—¿La tuvieron del tiempo y la distancia?
12.—¿Cuál es el rasgo más saliente de la psicología del hombre Americano?
13.—¿Existió en América alguna tribu monoteísta?
14.—¿Existió alguna desprovista en absoluto de ideas religiosas?
15.—¿Cuáles son los elementos primordiales de las religiones Americanas?
16.—¿Tienen estas religiones algo en común con las del resto del Universo?
17.—¿Qué concepto tenía el indio del alma humana?
18.—¿Cómo concebía la naturaleza?
19.—¿Qué se entiende por Animismo, y qué importancia tiene en las creencias Americanas?
20.—¿Cómo influyeron los sueños en las creencias y en la vida social de los Americanos?
21.—¿Qué ideas tenía el Indio sobre la vida futura?
22.—¿Qué se entiende por Manismo?
23.—¿Concibió alguna vez el indio la existencia de un Dios Supremo?
24.—¿Cuáles fueron las tribus Americanas que le reconocieron y rindieron culto?
25.—¿Dejaron por ello de ser politeístas?


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en los capítulos anteriores. Eduard. B. Tylor. Primitive Culture, 2 vols. (Londres 1871). Brinton. Religion of Primitive Peoples. (American Lectures on the History of Religions. Second Series 1896-1897). Morris Jastrow. The Study of Religion. (New York 1908). Lichtenberger. Encyclopedie de Sciences Religieuses (París 1877-83). Tiele, C. P. Outlines of the History of Religions (Londres 1877). Reville, Albert. Prolegomènes de l'Histoire des Religions (París 1881). Hastings. Encyclopedia of Religion & Ethics. Vol. I. Londres 1908. (En curso de publicación). Jevons. (F. B.) An Introduction to the History of Religion. (Londres 1896). Lang. The Making of Religion (Londres 1898). Rudolf Eucken. Der Wahreits gehalt der Religion (Leipzig 1901). H. Spencer. The Principles of Sociology (Londres 1876-1882). Frazer. The Golden Bough (Londres 1890). Reville. The Native Religions of Mexico & Peru (N. S. 1884). íd. Religions des Peuples non Civilises (París 1883). H. Book Am. Ind. North of Mexico. (Art. Games, Dramatic, Ceremonies, etc.) Mgr. Le Roy. La Religion des Primitifs. (París 1909). P. de Broglie. Problemas et Conclusions de L'Histoire de Religions. (París 1886).
Especiales.—Groos. Die Spiele der Menschen (Jena 1899). Bandelier. Delight Makers. Rivero & Tschudi. Ant. Peruanas. Von Tschudi. Die Kechua Sprache. B. A. E. Reports. 5-16-19. (Fewkes) 19. (Powell) 23. (Stevenson) 9th. (Bourke) 3. (Dall) 5.º (Mooney)-Bourke-Snake Dance of Mokis (N. York). Mooney-Ghost Dance Religion (14. Rep. B. A. E). Spencer. Origin of Music (Essays-London 1891). Wallaschek. Primitive Music (London 1893). Curtis. Songs of Ancient America. Hoffmann. Mide Wiowin Ojibwa (T. Rep. B. A. E.) Mathews. The basket drum. (Am. Anthrop. Abril 1894). Stevenson. Mythical Land Painting (8 Rep. B. A. E.) Th. Wilson. Swastica, the Earliest Known Symbol. Von den Steinen. Unt Natürvolk. Zent. Brasil. Murdoch. Eskimos (9. Rep. B. A. E.) Bandelier. Archeological Tour in Mexico. Holmes. Origin & Development of form in Ceramic Art. (4 Rep. B. A. E.) Wiener. Perou & Bolivie. Restreppo. Los Chibchas antes de la Conquista Española. Mac Gee. Primitive Numbers (19 Rep. B. A. E.) Trumbull. Numerals in Am. Ind. Languages (Trans. Am. Philol. Association-1874). Para las referencias especiales de las Religiones Indígenas véanse las relacionadas en el Capítulo siguiente.
Fuentes.—Las mencionadas en los dos capítulos anteriores, y en cuanto á las religiones indígenas las relacionadas en el Capítulo siguiente. Consúltense además. Baessler. Ancient Peruvian Art. (Trad. Keane-1890-91). Waitz. Anthrop der Naturvölker III. p.te 1.ª (Leipzig). Boas. Kwakuilt Indians (Rep. Nat. Mus. 1895). Bandelier. Final Report. Cushing. Study of Pueblo Pottery (4. Rep. B. A. E.) Holmes. Ancient Art. of Chiriquis. (6. Rep. B. A. E.) Filmore. Harmonic Structure Ind. Music. (Am. Antrop. New Series. Abril 1899). Dorsey. Ponca Sun Dance (Field. Columb. Museum VII. Dec. 1905). Sloane. Nat. Hist. Jamaica. Bartolomé Mitre. Ollantay (B. A. 1881. H. R. B. A.) Culin. American Indian Games (24. Rep. B. A. E.) Castellanos. Hist. Nuevo Reino de Granada (Ed. Paz y Melia-Madrid-1887). Putnam. Conventionalism in Ancient American Art. (Essex Hist. Bulletin 1886). A. L. Kroeber. "Decorative Symbolism of the Arapaho." (American Anthropologist III. 308 1901). Outes. Alfarerías Noroeste Argentinas (An. Museo de la Plata-2.ª serie I. 1908) etc.
Bibliografías.—Las relacionadas en el H. Book Am. Ind. North. of Mexico. "Arts" "Color Symbolism" "Engraving" "Dry Painting" "Music" "Drum" Eskimo "Measurements" etc., etc. Carter Brown. Catalogue, vol. I. (1493-1600) vol. II. (1601-1700) vol. III. (1701-1800). Brinton. Aboriginal American Authors. Winsor. Narr. & Crit. Hist. of America I. Ap.ces I. II. III. Consúltese en especial Irko Hirn. Op. cit. pág. 307 y sig. y Bancroft. Native Races, vol. I. Para la Bibliografía de las Religiones Indígenas véanse las referencias del Capítulo siguiente.

CAPÍTULO V LA VIDA PSÍQUICA (Continuación).
1.—La expresión religiosa en la palabra. 2.—La Mitología. 3.—La expresión religiosa en el objeto. 4.—Astrolatría. 5.—Los elementos. 6.—Arboles y plantas. 7.—El culto de la piedra. 8.—Zoolatría. 9.—Fetiches. 10.—El Ritual. 11.—Los sacrificios. 12.—Lugares de culto. 13.—La magia y sus efectos. 14.—Sacerdotes y hechiceros. 15.—La Medicina. 16.—Religión y cultura.
La expresión religiosa: la palabra.
1.—La importancia mística de la palabra, es común á todas las religiones del mundo. Entre los Americanos, tenían ciertas palabras un poder mágico y misterioso al que obedecían los espíritus[258]. La maldición mataba como una maza. Cuando el hechicero indígena "concentraba su medicina" y lanzaba un anatema vibrante, no había salvación para su enemigo. Las fórmulas mágicas, cantos, encantos y conjuros del ritual indígena, eran casi siempre una sucesión de palabras ó sílabas sin sentido alguno. Se suponía que los Dioses entendían lo que no alcanzaban los hombres. Ya vimos anteriormente que el nombre propio tenía para el Indio excepcional importancia. Con más razón la tenía él de sus Dioses, considerado como inefable y sacratísimo. Lo esencial en la palabra era, en fin, para los Americanos, su poder, de relacionar al hombre con la Divinidad, y por ello la palabra á los Dioses (Oración), la palabra de los Dioses (Revelación), y la palabra respecto á los Dioses (Mitología), fueron formas de expresión religiosa usadas en todo el Continente[259].

Fig. 167.—Idolo Peruano.
La oración es un elemento universal en las religiones indígenas. Fuese en forma de acción de gracias, de petición, ó de penitencia, el salvaje procuraba constantemente aplacar con sus ruegos la supuesta cólera de los dioses y pedirles protección y ayuda. La vida del Indio era una plegaria perpetua[260].
La palabra de los Dioses (Revelación), la "prima veritas indicendo" de los teólogos, es la base y raiz de los cultos. Toda religión para sus secuaces es siempre revelada. No hubo ninguna en América, de las conocidas, que no aceptase como artículos de fé los preceptos y predicciones de sus dioses[261].

Fig. 168.—Símbolos de los Dioses (Dakotas).
La supuesta ley divina, impuesta al indio por sus sacerdotes y videntes, era siempre prohibitiva, y sus ridículos y multiformes preceptos conocidos por los etnólogos con el nombre genérico de "taboo" ó "tabu", penetraban en todas las manifestaciones de la vida indígena, impedían las más triviales acciones, y eran, en fin, para el salvaje una constante y abrumadora pesadilla. La más mínima infracción del "taboo" determinaba la cólera de los Dioses, que se exteriorizaba casi siempre en castigos durísimos[262].
Las predicciones ó profecías, también forjadas ó pervertidas por los hechiceros indios, eran comunes á todas las tribus del Continente. La investigación de sus curiosas é innumerables formas (adivinación, augurios, oráculos, clarovidencia, etc.), excedería los límites de nuestro estudio. Nos limitaremos, pues, á mencionar algunas cuando hablemos del sacerdocio y de la magia[263].

Fig. 169.—Propiciando al Sol.
La Mitología.
2.—Tampoco hemos de detenernos á estudiar los extraños y múltiples mitos, forjados acerca de sus dioses, por la exaltada imaginación del Indio, y perpetuados por su credulidad característica. Desde el momento en que el salvaje reconoció la existencia de seres superiores, dijo mitos á su respecto. La palabra es el artesano de los ídolos[264]. Debemos buscar, pues, el origen remoto de los mitos en la religiosidad misma del Indio, en la débil lumbre de lo sobrenatural, que iluminaba su sér psíquico; su origen próximo lo encontraremos casi siempre en el lenguaje, en la semejanza fonética (paronimia) de algunas palabras, considerada por el salvaje como divino indicio[265].

Fig. 170.—Manitou.
Así se explica el fenómeno etnológico de la extraordinaria semejanza de ciertos ciclos míticos fundamentales, en todos los pueblos del mundo, el hecho histórico indudable de que las ideas religiosas sobre los puntos cardinales, sobre los números sagrados[266], sobre la creación y el diluvio[267], sobre el Paraíso terrenal[268], sobre el conflicto de la luz y las tinieblas[269], sobre el viaje de las almas desencarnadas[270], y, principalmente, las firmes y consoladoras creencias en el Héroe Dios y Redentor, que había de volver para salvar á los suyos[271], se encuentran en todas las Mitologías de la raza Americana con símbolos é imágenes similares á las de todas las de la tierra[272].

Fig. 171.—Altar en una Kiva (Arizona).
La expresión religiosa en el objeto.
3.—La expresión objetiva del sentir religioso común á todos los primitivos, toma los nombres de fetichismo ó idolatría, términos esencialmente idénticos, si se tiene en cuenta que el hombre, aun en sus etapas inferiores de salvajismo, jamás ha adorado los objetos (ídolos, fetiches, etc.) como tales, sino como medios, envolturas ó agentes de la Voluntad trascendental, en cuyo reconocimiento se basan todas las religiones del mundo[273].

Fig. 172.—Torturando á una cautiva (Pawnees).
Ahora bien, aunque para el Indio todos los seres y formas de la naturaleza eran manifestaciones de lo divino é ignoto, había ciertos seres, objetos, ó grupos de objetos, adorados especialmente en todas las tribus, sin duda por herir con más fuerza ó frecuencia los sentidos del indígena. Mencionaremos los más importantes[274].

Fig. 173.—Idolo Mejicano.
Astrolatría.
4.—Llama, en primer lugar, la atención del historiador el culto de los cuerpos celestes (Astrolatría), tan universal y frecuente que se ha llegado á sostener que las religiones Americanas fueron siempre y principalmente astrolátricas. Lo fueron por lo menos las de las tribus más adelantadas. Los Aztecas, Chibchas, Natchez, etc., adoraban al sol como padre y origen de toda alegría, fecundidad y existencia. Los Incas relacionaron los cultos del sol, la luna y las estrellas con la aparición de sus héroes míticos, y en casi todas las tribus la consolidación de tales cultos, dulcificó paulatinamente los sacrificios y afirmó el sacerdocio y el templo.

Fig. 174.—Propiciando los espíritus del torrente.
Los elementos.
5.—Sigue en importancia al culto de los astros, el de los elementos. Para los Chibchas, era sagrada el agua de los ríos y lagos; los Peruanos de la costa temían al mar Pacífico, como divinidad suprema. "Tlaloc", el Dios de la lluvia, ocupaba lugar conspicuo en el panteón de los Aztecas, que como los Moxos de Bolivia se decían á sí mismos "hijos de las aguas".
El fuego era sagrado en casi todas las tribus. Entre los Incas, su culto relacionado con el del Sol, era objeto de especiales ceremonias. Para los Mejicanos el "Xiuhteculli" (Dios del fuego) era divinidad temible[275].
Los _vientos_ de los cuatro rumbos ó cuarteles en que se creía dividida la tierra, inspiraron también al Indio peculiar reverencia. Los Aztecas adoraban al huracanado del Sur; los Iroqueses, á los del Norte, Sur, Este y Oeste. Como el Eolo Virgiliano, el "Sillam Unna" de los Esquimales, regía la "mansión ó caverna de los vientos" (Sillan-Eipane). En América Central, el pájaro "Voc", de simbolismo análogo al del águila de Zeus, era mensajero del "Huracán", ó dios de las tempestades, y otro tanto sucedía en América del Norte, donde el maravilloso "pájaro del trueno" (thunder-bird) se veneraba como encarnación del gran "Manitou"[276].

Fig. 175.—Altar Walpi.
La maternidad de la tierra se tuvo por artículo de fé en casi toda América. El Indio concebía la tierra animada y amable, y ya fuese bajo la forma del "Tonantzi" Azteca, ó del "Mama-cocha" Incásico, la veneraba con filial acatamiento. Creían los Chibchas, por ejemplo, que se irritaba con el continuo pasar de animales y hombres, ó sufría cuando se clavaban en ella estacas ó postes para sostener las viviendas[277].

Fig. 176.—En oración.
Arboles y plantas.
6.—Los espíritus de las plantas, como vinculados á la madre tierra, fueron también tenidos por divinidades benéficas (Filolatría). Los mitos de los Cherokees, les suponían inventores de la medicina para contrarrestar los rencorosos designios de los animales causantes de las enfermedades y la muerte. La "saramama" ó "maíz madre" se veneraba por los Quichuas en forma de muñeca de hermosas mazorcas. El tabaco en las tribus que lo conocieron (Iroqueses, Mandanes, etc.), hacía las veces de ceremonial incienso[278].

Fig. 177.—Propiciando en un altar á los espíritus de la lluvia (Pueblos).
Más universales, sin embargo, que los cultos filolátricos, naturalmente limitados á las tribus horticulturas y sedentarias, fueron en América los dendrolátricos. El murmullo del viento entre las hojas, el crujir angustioso de las ramas, y los extraños ruidos de los troncos, fueron siempre para el salvaje voces misteriosas del espíritu que moraba en los árboles. Los Ojibways é Hidatsas no los cortaban nunca para no causarles dolores. Si los Mandanes hachaban algún poste lo envolvían al punto con vendas. Ciertas especies estaban en muchas tribus protejidas por el "taboo" y relacionadas con sus clanes con vínculos de ascendencia mítica ó totémica. Los árboles solitarios ó gigantes inspiraban respeto especialísimo. Los Mejicanos tuvieron al "Tota" como protector de sus cosechas. El héroe Dios de los Yurucarés de Bolivia hizo, según sus mitos, nacer de un árbol á todas las tribus de la tierra[279].
El culto de la piedra.

Fig. 178.—Idolo Zoolatrico (Méjico).

Fig. 179.—Danza del Espíritu (El círculo).
7.—El antiquísimo culto de la piedra, fué también universalmente practicado por los primitivos habitantes de América. Los Dakotas, pintaban de rojo las piedras sagradas, ofreciéndolas sacrificios. Los indígenas de Guatemala, colocaban piedras en la boca de los moribundos para que entrara en ellas el alma desencarnada. Los Incas recogían devotos las que Cupac Iupanqui declaró habían sido "hombres barbudos", llevándolas á las guerras. Los Nahuas hacían proceder de los aereolitos á todos los hombres. El jade verdoso y semi transparente de los Aztecas se consideraba dotado de virtudes ocultas. Creían también los Peruanos que los aereolitos eran emanaciones del fuego celeste, cuyos ardores conservaban siempre. Los hechiceros Mayas, como los modernos astrólogos, usaban los cristales de cuarzo con fines oraculares y proféticos.
En general, si el Indio, de cualquier tribu que fuera, encontraba piedras de formas, colores ó propiedades para él extrañas, las conservaba reverente, bien convirtiéndolas en fetiches, bien conservándolas como mágica medicina de determinadas dolencias[280].

Fig. 180.—Idolo en Honduras.
Zoolatría.
8.—Los sistemas zoolátricos de América, comparables sólo á los Egipcios, eran acaso los más completos de los conocidos en la historia. Apenas hubo animal en la riquísima fauna del Nuevo Continente, cuyo espíritu tutelar ó maligno no fuese venerado por las tribus de las respectivas regiones geográficas[281].
En muchas de ellas se creía intercambiable el alma del hombre y los animales. El tigre, por ejemplo, no era sólo adorado por su fiereza, sino por creer que contenía el espíritu de algún guerrero muerto. El Zootheismo americano estaba, además, íntimamente unido con el Totemismo, y ambas creencias tuvieron capitalísima importancia social y religiosa en todas las tribus indígenas. De todos los animales sagrados, la serpiente recibió, en dichas tribus más solemne y universal homenaje. La silenciosa sinuosidad de la marcha de este ofidio, más sutil, según el Génesis, que ninguna bestia de los campos, su brillante colorido, la atracción de su mirada y su acción letal y rapidísima[282], fueron tal vez la causa de que la generalidad de las agrupaciones primitivas, y aun algunas relativamente cultas, la consideraran como receptáculo ó mediador favorito de los espíritus (Ophiolatría).
Fetiches.

Fig. 181.—Fetiche (N. A.)
9.—La exaltada imaginación del Indio y su credulidad ilimitada é ingénua, no se contentaba con sentir lo sobrenatural y rendirle culto, en innumerables formas y grotescos ídolos; necesitaba para satisfacer su ardor religioso, tocar y poseer á su Dios, llevarlo consigo, incorporarlo á cualquier objeto tangible. De aquí el fetichismo Americano análogo en su esencia al Africano y al Asiático.
Fetiche, para el Indio americano era cualquier objeto grande ó pequeño, natural ó artificial, que independientemente de su valor intrínseco se consideraba dotado de conciencia, volición, vida inmortal, y, especialmente, de poder sobrenatural ó mágico, que le permitía producir efectos anormales en forma más ó menos fantástica. La posesión de esta misteriosa facultad hacía al fetiche indispensable para su poseedor, quien lo adquiría para proporcionarse bienandanzas, y le rendía en cambio acatamiento, adoración y sacrificios, llevándolo consigo en sus empresas, hablándole, rezándole, mimándole ó maltratándole, según su comportamiento pasado ó el que de él esperaba en lo futuro.

Fig. 182.—Danza del Espíritu (Vidente).
Una persona podía tener varios fetiches, objeto también de compra, cambio, y trato comercial entre tribus distintas. En todos los casos, la naturaleza, númen ó misterio origen del fetiche ó conjunto de fetiches eran secretos personales del propietario ó constructor de los mismos, y sólo se transmitían al elegido como heredero en su posesión mística. Las almas desencarnadas de los guerreros ó shamanes muertos, se suponían capaces de morar en los fetiches, que en definitiva eran para sus poseedores un medio de vincularse estrechamente con los poderes ocultos.
Todo fetiche era para el indio un verdadero ídolo, y recíprocamente, todo ídolo tenía algunas de las características de los fetiches. De aquí la peligrosa inutilidad científica de las distinciones entre la idolatría y el fetichismo y la imposibilidad de fijar, en la historia de los Americanos primitivos, una línea divisoria entre estas dos formas de religioso objetivismo[283].
El ritual.
10.—Hemos estudiado la expresión religiosa de los Americanos en la palabra y en el objeto; debemos ahora considerarla en los actos, es decir, en el conjunto de prácticas y ceremonias designadas con el nombre de ritual ó culto.
Los fines primordiales de los ritos indígenas pueden reducirse á dos: elevar el hombre hacia los dioses y atraer los dioses hacia el hombre. Culminaron los primeros en la apoteosis[284], y los últimos en la aparición, manifestación ó epifanía.
Dividiremos sintéticamente los ritos en comunales ó beneficiosos para el clan ó tribu, y personales ó beneficiosos para el individuo, y dejando á los etnólogos el estudio de los personales[285], diremos algo de los comunales, que tan decididamente contribuyeron á la formación y cohesión de muchas de las tribus de América.
Casi todas estas tribus reconocieron, por ejemplo, como eficacísima la práctica de la oración en común de la congregación con fines religiosos. Los Dakotas y Chipewas, se reunían á millares en sus ceremonias. Los misioneros y conquistadores de Méjico y el Perú, nos relatan como espectáculo frecuente la reunión de ocho y nueve mil indígenas en las solemnidades de sus cultos. La nota característica de estos cultos era, como ya dijimos, las danzas rituales más ó menos largas, desenfrenadas y antiestéticas. La sugestión colectiva en estas danzas de la multitud animada por sentimientos idénticos, la intercomunicación de los espíritus, la monótona repetición de los mismos cantos (anafora), y el exceso de brevajes estimulantes, excitaban la nerviosidad del indio y convertían á menudo aquellas ceremonias religiosas en aquelarre de gritos histéricos, delirios tumultuosos, colapsos estáticos y entusiasmos frenéticos[286].

Fig. 183.—Instrumento Ceremonial.
No tenían, sin embargo, todos los cultos indígenas este aspecto sombrío y báquico. En muchos de ellos la calma sustituía al frenesí y la violencia; los cantos perdían su carácter bárbaro, decían ritmos suaves y alegres, y los movimientos de los devotos se hacían pausados y hasta gráciles. Como en los ritos griegos de Dionysios, el "huaca" divino, el sagrado "manitou" de la tribu, era llevado á través de los campos en procesión jubilosa y solemne, amenizada por las pantomimas grotescas ó dramáticas de los juglares, y terminando casi siempre con un festival ó bullicioso banquete, de que el supuesto comensal divino participaba místicamente[287].

Fig. 184.—Danza del Espíritu (Inspirados).
Los sacrificios.
11.—Esta costumbre de ofrecer á las divinidades una porción selecta de alimento, fué tal vez el origen de los sacrificios que tuvieron al principio carácter de voluntaria oferta, ó acción de gracias á los dioses rendida en alegre é incruenta comensalidad con ellos.
Más tarde, y por creer el Indio que sus calamidades y desgracias eran causadas por la ira ó indiferencia de los espíritus, perdieron tales sacrificios su primitivo carácter honorífico, convirtiéndose en piaculares ó expiatorios. Toda violación del "tabou" voluntaria ó involuntaria, debía, en efecto, expiarse con algún acto doloroso que aplacara la vengativa cólera de las ofendidas divinidades. Naturalmente, el sacrificio era tanto más eficaz y meritorio cuanto más cruel y mortificante[288], razón por la cual, los penitentes salvajes, que á menudo llegaban en su exaltación mística hasta macerarse y mutilarse con increíble saña, no reconocieron límites para infligir á sus semejantes los más horribles suplicios, y torturaron hasta la muerte á los esclavos y cautivos dedicados á sus dioses.
De aquí la frecuencia y extensión de los sacrificios humanos en todas las tribus de América, y en especial en las grandes agrupaciones sedentarias (Aztecas, Incas, Chibchas, etc.), donde se sacrificaban anualmente millares y millares de víctimas. No sabía el indio—dicen los antiguos cronistas—, que pudiera haber sacrificio sin matar á alguno.
No sólo se sacrificaban cautivos ó enemigos, sino hasta los más cercanos parientes, los más jóvenes, los de rango más alto en la tribu, las mujeres, los hijos mismos, dispuestos siempre á morir en las aras de sus sanguinarios ídolos, impotentes, según el indio, para resistir al poder mágico de semejantes sacrificios, que les obligaban á acceder á los deseos de sus salvajes devotos[289].
El corazón del sacrificado, que se arrancaba palpitante, se ofrecía generalmente á la divinidad y los demás miembros de la víctima, sagrada en virtud del sacrificio (sacrum facere), se devoraban por las multitudes fanáticas, creyendo que por este medio entraban en íntima comunión (cum unio, cum unire) con sus dioses y se hacían uno con ellos.
Los indios de Nicaragua, por ejemplo, al cosechar el maíz extendían algunos granos en sus altares, regándolos con su propia sangre y comiéndolos después como manjar sagrado.
Las vírgenes Peruanas mezclaban con harina la sangre de los sacrificados, cociendo en panes la repugnante mezcla para que los devoraran en los diversos templos del imperio. La sangre fresca del mancebo Azteca, que se sacrificaba anualmente al dios "Tezcatlipoca", se amasaba también con harina, para que de ella participaran los celebrantes.

Fig. 185.—Símbolos de danzas Mágicas. (Pictografía N. A.)
La continuidad y frecuencia de los sacrificios humanos contribuyeron indudablemente á la desaparición ó extinción de muchas y numerosas tribus[290].
Lugares de culto.
12.—Todas estas ceremonias y ritos se celebraban al principio al aire libre, alrededor de las tumbas de los antepasados ó en determinados lugares considerados como favorita morada de poderosos espíritus (cuevas, grandes piedras, lugares altos). Algunas veces se erigían altares más ó menos groseros y efímeros en los sitios escarpados ó recónditos.
Poco á poco, con el aumento y consolidación en determinados territorios de las tribus horticulturas y sedentarias, fueron perfeccionándose dichos altares y lugares de culto, hasta llegar á convertirse en las imponentes fábricas de los templos Mejicanos é Incásicos, que con su sacerdocio, vestales y complicado ritualismo caracterizan, como más adelante veremos, la cultura social y religiosa de las agrupaciones Aztecas, Mayas y Quechuas[291].
La magia y sus efectos.
13.—La magia salvaje era el arte de conocer y dominar la naturaleza y sus espíritus, y se basaba principalmente en la misteriosa conexión que el indio suponía existente entre todas las cosas (magia contagionista), en el convencimiento íntimo de que "lo semejante afecta á lo semejante", de que la relación casual de las ideas equivale á la relación causativa de los hechos (magia homeopática), y sobre todo, en la soberbia é ilusoria pretensión de subyugar los poderes naturales y sobrenaturales con encantos, evocaciones y sortilegios (magia sobrenatural)[292].
Esta degeneración del sentir religioso, tan antigua como el hombre, y acaso la más duradera y fatal de las ilusiones de su orgullo, formaba parte integrante de la vida salvaje, penetraba en la familia, en la sociedad y en el culto, y lo mancillaba todo con su deletéreo contacto.
La magia para el Indio Americano era medio, llave, medicina, religión y ciencia. Se practicaba en todas las tribus y tenía en todas sus iniciados, sus sociedades secretas, sus ceremonias, talismanes, filtros, prestigios y presagios.
Su moral era egoísta y brutalmente utilitaria. Sus prácticas extrañas y crueles. Tiranizaba y sacrificaba á los débiles, emponzoñaba á los fuertes, adulaba las más bajas pasiones y favorecía el canibalismo y los vicios sexuales más abyectos[293].

Fig. 186.—Sacerdote Peruano (Alfarerías Incásicas).
Más que las enfermedades y la guerra contribuyó la magia á la despoblación de la primitiva América. Sus sociedades secretas ejercían en las tribus un efecto depresivo y terrorífico, y formaban en aquellas agrupaciones como una atmósfera de desconfianza general, que impedía todo progreso. La debilidad era un crimen. Sólo los más fuertes, los que se consideraban iniciados ó poseedores de poderes mágicos (orenda), el jefe militar cruelísimo ó el hechicero tenebroso, se destacaban entre sus semejantes. Los demás debían permanecer durante siglos en la desoladora igualdad de una barbarie misérrima.

Fig. 187.—Iniciación de un adivino Caribe (Laffittau).
Y este importantísimo hecho de la historia de las tribus indígenas surje con mayor claridad entre los de más avanzada cultura (Aztecas, Chibchas, Incas, etc.), que fueron precisamente las más inficionadas por el venenoso virus mágico, las más entregadas á la antropofagia, al infanticidio y á las prácticas nefandas, las más dominadas por estas misteriosas aberraciones del espíritu humano, que determinaron el fin de su evolución cultural, su desfallecimiento y su suicidio[294].
Sacerdotes y hechiceros.
14.—Antes de abandonar esta interesante materia, diremos algunas palabras sobre los sacerdotes y hechiceros indígenas[295], intermediarios obligados entre el hombre y los espíritus, agentes de sus soñados dioses y terribles intérpretes de sus preceptos. En todas las tribus Americanas pululaban estos supuestos taumaturgos, conocidos, según las regiones, con los nombres de "shamanes", "angakuks", "piayes", "alexis", "mohanes", "pagés", etc., etc. Combinaban muchos de ellos el fervor del convencido con la astucia del hipócrita; eran los más prestidigitadores y charlatanes (jongleurs) habilísimos, y los individuos de sus respectivas tribus les consideraban capaces, "per se", ó por medio de su númen, pithon ó manitou, de regir los fenómenos atmosféricos, transformarse ó hacerse invisibles, predecir lo futuro, curar enfermedades ó producirlas con maleficios, y de realizar, en fin, como los magos antiguos ó los brujos medioevales, toda clase de portentos y prestigios. Eran, en general, para el indígena seres extraordinarios y sin limitación espiritual alguna, que gozaban en la tierra de todos los atributos y facultades sobrenaturales de las divinidades míticas.

Fig. 188.—Extasis en la Danza.
Tenían, por consiguiente, en las tribus poderosísima influencia, de la que usaban y abusaban con fines casi siempre perversos. Fueron los representantes genuinos de su raza, los depositarios de sus tradiciones, los inspiradores de su fanatismo. Enemigos naturales del Europeo, y en especial del catequista, obstaculizaron tenaz y ferozmente la propagación del Cristianismo en América.
Como los fakires de la India, hacían, en general, los adivinos Americanos vida de mortificación y retraimiento. Sin motivos especiales, ningún profano podía penetrar en sus chozas, consideradas sagradas, como su persona y pertenencias.
Los poderes mágicos y secretos medicinales del "shaman" ó nigromante, pasaban en general á sus hijos ó discípulos, cuya iniciación mágica era objeto de complicadas ceremonias simbólicas (ritos de paso).
Se organizaban en hermandades secretas, siempre temidas, misteriosas é influyentes, que decían cábalas, fabricaban bebedizos y filtros mágicos, sabían de tremendos maleficios y usaban un lenguaje especial y esotérico[296].
La medicina.
15.—Los sacerdotes y hechiceros fueron los primeros médicos Americanos. Si prescindimos del uso indígena de algunas yerbas especiales prescritas por curanderos rutinarios ó sociedades medicinales más ó menos empíricas, la noble ciencia de la medicina estuvo involucrada con las ideas y prácticas mágico-religiosas del Indio. En virtud del dominio que el hechicero decía tener sobre los espíritus, podía expulsarlos del cuerpo del enfermo, haciendo con ello desaparecer la dolencia. Danzaba el mago ante el paciente al son del atambor y la flauta mágicos; cantaba sus medicinales conjuros y mortificaba al dolorido con toda clase de manipulaciones, untos, brujerías y pócimas.
Si el enfermo curaba, fuese por causas naturales ó por efecto de la sugestión hipnótica, el shaman crecía en su predicamento é importancia; si se moría, fácil era para el médico-brujo disculpar el fracaso de sus ensalmos, bien alegando la enemiga de su númen con otros espíritus, bien suponiendo maleficios de magos adversos y de "medicina" más potente[297]. Como ya dijimos, la credulidad del indígena no tenía límites, y sus hechiceros eran hábiles para explotarla.

Fig. 189.—Sacerdote Mejicano (Escultura Azteca).
Muchos de los pretendidos portentos de los hechiceros Indios pueden atribuirse á supercherías más ó menos hábiles, ó explicarse por la fascinación que ejercían sobre sus crédulos espectadores ó víctimas; pero hubo algunos hechos, históricamente comprobados, verdaderamente extraordinarios é inexplicables[298].
Religión y cultura.
16.—Los límites de nuestro estudio no nos permiten detenernos á examinar extensamente el complejo y difícil problema histórico de la influencia de las religiones de América en la evolución cultural de sus tribus. Afirman muchos etnólogos que las religiones llamadas primitivas obstaculizan en absoluto todo progreso. Los antiguos misioneros y cronistas anatematizan como demoniacos los elementos todos de las religiones indígenas.

Fig. 190.—Un Shaman.
Si no observamos tales cultos más que en sus aspectos brutales y lúgubres, si atendemos únicamente á los repugnantes cuadros de la antropofagia ritual, de la magia negra, de las ceremonias licenciosas y los sacrificios cruentos, claro es que también nosotros debemos condenarlos; pero si procuramos separar en ellos lo religioso de lo mágico, lo espiritual y perfectible de lo material y disolvente; si recordamos, por ejemplo, los mitos de Quetzaltcoatl, Bochica, Viracocha, etc., semi-dioses, augustos blancos, puros, piadosos, sabios en sus consejos, amantes de la paz, de la música, de las flores, de los colores brillantes y adversos á todo rito sangriento[299], no es posible desconocer la civilizadora influencia ejercida en América por tales modelos divinos, ni negar que estos ideales del Indio, símbolos de sus inconscientes aspiraciones hacia la Verdad, la Justicia y la Belleza, elevaron el nivel moral de ciertos grupos y suavizaron sus costumbres bárbaras.

Fig. 191.—Recitando ensalmos medicinales.
Si leemos, además, algunas de las plegarias indígenas, las desgarradoras de los Algonquinos[300], las filosóficas de Nezahuatlcoyotl y, sobre todo, los inspirados himnos Quechuas al Viracocha[301], no podemos menos de encontrar en ellas una clara vislumbre de lo mejor y lo más alto, una mística sospecha de la hermosura del dolor y el sacrificio, un destello fulgente de la Verdad inmarcesible y Eterna.

Fig. 192.—Sacerdotes en procesión (Pueblos).
Por otra parte, las tentativas más ambiciosas del arte indígena, las pirámides de Cholula ó los templos Incásicos, fueron producto del fervor religioso, y su construcción apartó á las multitudes de la senda de la guerra y favoreció la vida sedentaria. Los jeroglíficos, calendarios y, en general, toda la rudimentaria ciencia y literatura indígenas nacieron á la sombra del templo. El tráfico de amuletos, talismanes, etc., y las peregrinaciones á determinados lugares sagrados suavizaron las relaciones inter-tribales.
El templo de Cozumel, por ejemplo, era visitado anualmente por multitud de fieles; en las aldeas Muiscas había caminos especiales y trillados, que seguían las numerosas peregrinaciones al templo del lago Guatavita. A los altares de Pachacamac, Rimac, etc., venían peregrinos de 300 leguas á la redonda, y en todos los caminos había sitios especiales para hospedarlos[302].
En presencia, pues, de estos hechos y de otros mil que podrían citarse, debemos abstenernos de condenar, sin distingos y en nombre de la civilización, todos los complicadísimos aspectos de la religiosidad indígena, y estudiarlos sin apasionamiento ni prejuicios, si queremos alcanzar ideas claras sobre la vida psíquica del Indio Americano y esclarecer el enigma histórico de sus tristes destinos[303].


CUESTIONARIO
1.—¿Qué importancia tenía la palabra en las religiones indígenas?
2.—¿Cómo se comunicaba el indio con sus dioses?
3.—¿Qué es el taboo?
4.—¿Cuál es el origen probable de los Mitos indígenas?
5.—¿Cuáles son los ciclos míticos comunes á todas las religiones americanas?
6.—¿Qué diferencia hay entre el Fetichismo y la Idolatría?
7.—¿Qué seres ú objetos principales adoraba el Indio Americano?
8.—¿Fueron comunes los cultos Astrolátricos?
9.—¿Qué animales (Zoolatría) veneraba el indio?
10.—¿Qué importancia social tuvo el Zootheismo Americano?
11.—¿Qué se entiende por fetiche?
12.—¿En qué consistía su supuesto poder sobrenatural?
13.—¿Cuáles eran los fines primordiales de los ritos indígenas?
14.—¿Se congregaban los Americanos primitivos para sus cultos?
15.—¿Cuál es el origen probable de los sacrificios?
16.—¿Predominaron en América los piaculares y cruentos?
17.—¿Eran numerosos y frecuentes?
18.—¿Favorecían la antropofagia ritual?
19.—¿Erigieron los indígenas altares y templos?
20.—¿Qué objeto tenía la Magia salvaje?
21.—¿Cómo influyó en la aniquilación y envilecimiento de las agrupaciones indígenas?
22.—¿Qué influencia tenía el sacerdote ó hechicero?
23.—¿Por qué causas gozaba de tanta veneración?
24.—¿Quiénes fueron los primeros médicos Americanos?
25.—¿En qué forma influyeron las religiones Americanas en la evolución cultural de las tribus?... Opiniones al respecto.


REFERENCIAS
Generales.—Las mencionadas en los capítulos anteriores y Goblet d'Alviella. Introd. á l'histoire generale des Religions (1887). Lang. Mith. Ritual & Religión (1899). W. Mannhard. Wald und Fedculte (3 Vols., 1875-77) y Mythologische Forschungen (1884). Max-Muller. Int. to the Science of Religion (1875). J. Ralzél. Volkerkunde (2 Ed., 1894). Reinach. Orpheus (1909). Id. Cultes, mythes et Religions (3 Vols., 1904-1908). Sabatier. Esquisse d'une philosophie de la Religion (1897). M. Hebert. Le Divin (1907). H. Schurtz. Urgeschichte der Kultur (1900). Frazer. Totemism & Exogamy (4 Vol., 1910). I. H. King. The Supernatural (N. York, 1892). Dr. W. Schneider. Die Naturvolker, Missverständnisse, etc. (Padderborn, 1885). C. Pesch. S. I. Gott und Götter (Friburgo, 1890). Id. Der Gottesbegrifft in den Leidsnischen Religionen, etc. A. Borchert. Der Animismus (Friburgo, 1900). H. Schell. Apologie des Christentums (Paderborc, 1901). Nicolay. Histoire des Croyanes superstitions, etc. (3 Vols., 1899). Los artículos y monografías de la Revista "Anthropos" (P. W. Schmidt, Fundador). El artículo "Religions", en la Encyc. Británica (9.ª Ed.). El Manual de Chantepie de la Saussage. Manuel d'Histoire des Religions (Trad. Francesa. Hubert et Levy, 1904), etc., etc.
Especiales.—Brinton. American Hero. Myths. Bancroft. Native Races, Vol. III. Squier. Serpent Symbol in America (N. Y., 1851). Muller. Geschichte der Americanischen Urreligionen (Bassle, 1855). Dormau. Origin of Primitive Superstition Among the Aborigines of America (Philadelphia 1881). Bastian. Die Culturlander des Alten America. Klemm. Culturgeschichte, etc. Haddon. Magic & Fetishism. Hubert & Mauss. Le Sacrifice. Id. Theorie de la Magie (Année Sociologique, 1899-1904). Karsh. Unanismus Päderastie und Tribadie del Naturvolken, etc. (1901). De Maistre. Eclaircissement in des Sacrifices (Euvres Choissis. Ed. Roger). Ehrenreich y Northcote Thomas, en Hasting's, Cyclopedia. Cogolludo. Hist. del Yucatan, etc., etc. (Véanse mis notas al presente Capítulo).
Fuentes.—Las antiguas Crónicas y Relaciones de Misioneros, en especial Grijalva. Crón. de N. P. S. Agustín en Nva. España. Calancha (A.). Crón. Moralizada las Jesuit Relations (Ed. Twaites). Torquemada. Monarquía Ind. Venegas. Hist. California. Gomara. Conq. Mexico. Lozano. Op. citadas. Garcilaso de la Vega. Com. Reales. Herrera. Décdas. Sahagún. Hist. General, etc. Las Casas. Apologética. Oviedo. Hist. General. Jarque. Ruiz Montoya en Indias. Charlevoix. Nouv. France, etc. Arriaga. Estirpación de la Idolatría. Gumilla. Hist. del Orinoco. Figueroa. Misión de los Mainas. Dobrizhoffer. Abiponibus, etc., etc. (Véanse las notas de este Capítulo). Las Memorias Anuales de la Oficina de Etnología de Washington (B. A. E.), citadas en las Referencias del Capítulo anterior y notas del presente; las publicaciones del Archiv für Religions-wirsenchaft, Globus (Berlín), Man (Londres), Le Museon (Lovaína), American Antropologist (Washington), Anales Museo Mexicano (Mexico), Anales Universidad de Chile (Santiago), Museo Río Janeiro (Río de Janeiro), Museo de La Plata (La Plata), Inst. Geogco, etc. (B. Aires), Rev. Inst. Histórico del Perú, etc., etc.; la Colección de documentos Arch. de Indias (Información de las Idolatrías de Incas é Indios, etc.); los preciosos manuscritos de la Bca Escorialense (Ritos de Mechoacan, etc.), citados en las notas, y las fuentes especiales y generales citadas en los cuatro Capítulos siguientes.
Bibliografías.—Vse. Bancroft. Op. cit., vol. III. Chantepie de la Saussage. Op. cit. Hasting's. Cyclopedia. Winsor. Op. cit., apce V, vol. I. Mgr. Le Roy. Op. cit., cap. I y II. Brinton. Rel. Prim. Peop., cap. I y II. Reinach. Orpheus, cap. I. H. Book Am. Indian N. of Mexico (B. A. E.), palabras "Altar", "Fetichism", "Magic", "Missions", "Marriage", "Dances", etc., etc. Tiele. Op. cit. en sus notas. Encyc. Británica ("Religión"), 9.ª Edición. Jastrow. Op. cit., cap. I y II. Chamberlain. Journal Am^{can} Folk Lore, etc., etc.
CAPÍTULO VI TRIBUS DE LA AMÉRICA DEL NORTE
1.—Clasificaciones. 2.—Los Esquimales. 3.—Los Athapascos. 4.—Algonquinos. 5.—Iroqueses. 6.—Muskokis. 7.—Natchez. 8.—Dakotas ó Sioux. 9.—Tlinkits, Haidahs y Yumas.—10 Las tribus de la Región de los Pueblos.
Clasificaciones.
1.—No existe clasificación alguna universalmente aceptada de las tribus Indias de la América del Norte. Los antropólogos fundan sus clasificaciones en criterios físicos, lingüísticos, culturales y geográficos. Los dos primeros criterios son los más exactos, y el lingüístico se considera hasta el presente como el único satisfactorio[304]. Tomando, pues, como base la admirable clasificación lingüística de la Oficina Etnológica de Washington[305], elegiremos entre sus numerosas familias las que consideramos mejor estudiadas, más características y de mayor interés cultural é histórico, á saber: 1.º, Esquimales; 2.º, Athapascos, etc.; 3.º, Algonquinos; 4.º, Iroqueses; 5.º, Muskokis; 6.º, Natchez; 7.º, Dakotas ó Sioux; 8.º, Tlinkits, Haydahs y Yumas; 9.º, Tribus de la Región de los «Pueblos».

Fig. 193.—Mujer esquimal.
Esquimales.
2.—La palabra Esquimal (Eskimo), propiamente Eskimwhan, significa en el dialecto Algonquino "comedor de carne cruda". Se llaman asimismo "Innuit" (pueblo ó gente). Ocupan desde tiempos antiguos las regiones árticas y marítimas de la América Septentrional, desde el estrecho de Belle-Isle, en el Atlántico, hasta el pie del monte St Elías, en el Pacífico, extendiéndose á veces hasta el Smith-Sound (80° latitud Norte). Es probable que algunos de sus grupos hayan llegado y hasta cruzado en épocas remotas el estrecho de Behring. El problema del origen de estas tribus se ha discutido largamente. Algunos autores las hacen descender de los Asiáticos y hasta de los Europeos cuaternarios. La mayoría de los etnólogos é historiadores modernos rechazan estas hipótesis y consideran á los Esquimales en sus rasgos físicos, psíquicos, etcétera, y en sus orígenes mismos como esencialmente Americanos[306].

Fig. 194.—Tipo esquimal (Alaska).
Ofrecen estas tribus Esquimales notable ejemplo de la influencia en la cultura del medio geográfico. Privados por los rigores de su clima de los vegetales y animales terrestres, dependen del mar para su vestido, subsistencia, etc.[307].

Altar de "A'hayuta", Dios de la guerra de los Indios Zuñí (23. An. Rep. B. A. E., pág. 116.)
Eran los Esquimales muy imaginativos y aficionados á la música. En sus peculiares cantos y baladas melancólicas rimaban los ruidos de la Naturaleza con las palabras. Sus cantores dormían á menudo en las márgenes de los arroyos, para imitar el ritmo de sus murmullos. Como los "payadores" gauchos, decidían á veces sus disputas cantando por turno estrofas poéticas ante espectadores atentos, que otorgaban al más hábil el triunfo y daban así por terminada la querella.

Fig. 195.—Pictografía simbólica.
La organización social de los Esquimales se basaba en la familia y no en el clan. Predominaba la monogamia y el patriarcado. Las familias se agrupan hasta hoy en aldeas muy pequeñas (10 á 15 chozas), separadas por grandes distancias. A pesar de ello, es tan notable la homogeneidad de esta familia Esquimal, que, á pesar del tiempo necesario para la dispersión geográfica de sus miembros, las diferencias dialectales entre ellos son mucho menores que las que existen entre las tribus de cualquier otra familia lingüística del Continente.
La religión de los Esquimales es animista, y en especial manista. Los sacerdotes y hechiceros (angekoks), numerosos y temidos, presidían las danzas rituales, etc., y ejercían los ministerios mágicos y medicinales ya descritos al hablar del sacerdocio y la magia indígenas[308].
Las tribus Esquimales, aun aquellas que no están ni han estado en contacto con el blanco, disminuyen y tienden á extinguirse, debido principalmente á la escasa fecundidad de sus mujeres y á la terrible mortalidad de la infancia[309].

Fig. 196.—Cazando con arpón (Esquimo).
Athapascos.
3.—Pocas familias lingüísticas del Norte de América pueden rivalizar en extensión geográfica con la conocida con los nombres de Athapascos, Chippewas, Tinné, etc. Poblaron casi sin interrupción las regiones comprendidas entre el Mar Ártico y las fronteras de Durango (Méjico), desde la Bahía de Hudson al Mar Pacífico. Estaban divididos en multitud de grupos y bandas incoherentes y de dialectos muy distintos. Pertenecen á esta familia lingüística de los Athapascos los célebres Navajos y los temibles Apaches, que extendieron hasta Méjico sus salvajes guazavaras, destruyendo la incipiente civilización de las márgenes del Río Gila y sus tributarios. Fueron los Apaches guerreros nómadas tenaces y cruelísimos, dando mucho que hacer hasta fines del pasado siglo á los ejércitos Norteamericanos y Mejicanos. El único resto de los Apaches (Mejicanos) hoy existente es el de los Janos ó Janeros de Chihuahua[310].

Fig. 197.—Shaman Tribu Navajos (Athapascos).
El nivel cultural de los dispersos grupos de la familia de los Athapascos es mucho más bajo que el de sus vecinos los Esquimales. La habilidad mecánica de los plateros y tejedores Navajos, parece debida á la captura y adopción de individuos de otras tribus más cultas. En general, los Athapascos son desconfiados, astutos, taciturnos y muy propensos á terrores, alucinaciones, neurosis y manías epidémicas. No se ha encontrado entre ellos forma definida de gobierno. Entre los Navajos y Apaches predominaba el matriarcado, los "totems" animales y la ley de exogamia. Cambiaban mujeres entre las tribus en señal de amistad, siendo la posición de la mujer inferior y abyecta su suerte. Sus expediciones guerreras eran simples algaradas rapidísimas y violentas. Excepto en algunas tribus, la horticultura era desconocida y el canibalismo frecuente. Los Navajos, sin embargo, cultivaban la tierra con fruto. Cuando los Españoles los encontraron por primera vez (1541), eran ya labradores, construían graneros, regaban con acequias sus campos y vivían en chozas fijas. La Religión de los Athapascos en general era animista, con numerosísimas supersticiones mágicas. Los shamanes y hechiceros presidían los Consejos tribales. Los dialectos Athapascos eran duros y dificilísimos. Su Mitología abundante. El "pájaro del trueno" (thunder bird), identificado á menudo con el cuervo, fué el principal de sus mitos[311].

Fig. 198.—Danza del Antílope y la Serpiente (Orabi) U. S.
Algonquinos.
4.—Pueden considerarse los miembros de la familia Algonquina como ejemplares típicos del Indio Norteamericano. Ocupaban en la época del descubrimiento toda la costa del Norte del Atlántico, desde el mar de Hudson al cabo Hatteras, con excepción de los territorios de los Dakotas ó Sioux. Eran altos, bien formados, de labios finos, color cobrizo, pelo negro y recio, manos y pies pequeños y gran longevidad y resistencia física. Prevalecía entre ellos el matriarcado y el totemismo. Habitaban, en general, chozas redondas cubiertas con hojas de maíz y rodeadas de empalizadas. Sus jefes de paz y guerra, se elegían normalmente de un clan determinado. Cultivaban los Algonquinos el maíz, tabaco, etc.; fabricaban ollas, curtían pieles y hacían útiles y ornamentos de cobre golpeado (no fundido), que sacaban de los ricos filones de N. Jersey. Extendieron estas tribus su comercio á grandes distancias. Desde los bosques y praderas del Canadá llevaban á veces sus pipas de piedra hasta las costas del Mar Atlántico[312].

Fig. 199.—Danza ceremonial.
Las pictografías Algonquinas (Lennapés, Chipewas, etc.), siempre simbólicas y empleadas para preservar las tradiciones tribales y los ritos y procedimientos ceremoniales de sus sociedades secretas, que tenían entre ellos especialísimo predominio[313], fueron superiores en factura artística, etc., á todas las del Norte de Méjico. En otro lugar hicimos ligera mención de algunas de las más notables ("Wallum-Ollum", de los Lennapés)[314]. Los principales cultos Algonquinos eran el de la luz, representada por el sol y el fuego; el de los cuatro vientos ó rumbos, como productores de lluvias; el de los muertos y sus espíritus, y el fetichista de los animales totémicos. Su héroe-dios, el "Manibozho" ó "Michabo" de sus mitos, redentor y maestro de las tribus, inauguró, por decirlo así, la edad de oro de su nebulosa historia. Las enseñanzas y carácter del "Manibozho" eran muy semejantes á las del Quetzacoalt, Azteca, etc.[315].

Fig. 200.—Jefe y su banda (Clanes Totémicos) Pictografía Algonquina.
Algunas tribus Algonquinas (Ojibwas, etc.) dependían únicamente para su subsistencia de la caza, la pesca y las abundantes cosechas de arroz salvaje[316] (wild-rice); pero, por regla general, todas las de esta familia eran horticultoras y sedentarias. Los miembros de la de los "Lennapés", de las orillas del Río Delaware (New Jersey), se llamaban á sí mismos "los genuinos", y eran considerados por las demás tribus como los progenitores de la raza[317]. Su dialecto era relativamente suave y armonioso. Los jefes indígenas Norteamericanos más notables, los que, como el astuto "Pontiac"[318], el ambicioso "King Phillip"[319] y el noble "Tecumseh"[320], lucharon con más habilidad y energía con sus dominadores, pertenecían á la familia Algonquina. La actuación de estos guerreros en Norteamérica forma un luctuoso é interesantísimo episodio de su historia. Los restos de las tribus Algonquinas viven hoy repartidas entre el Canadá (40.000) y las reservas indias de Wisconsin, Manitoba, Oklahoma, etc.[321].

Fig. 201.—Indio Chipewa.
Los Iroqueses.
5.—Las tribus de la familia Iroquesa, que interrumpían la extensa continuidad de los territorios Algonquinos, son, bajo muchos puntos de vista, el grupo más notable y estudiado del Norte de América. En cultura general no se diferenciaban mucho de sus vecinos, pero en su desarrollo social y político pueden sólo compararse á las tribus de la familia Uto-Azteca. Ocupaban principalmente las orillas del Río San Lorenzo y el actual estado de Nueva York, en cuyo territorio, las llamadas Cinco Naciones (Mohawk, Onondaga, Oneida, Cayuga y Séneca), formaban poderosa barrera á la influencia y movimientos de la familia Algonquina.

Fig. 202.—King Phillip.
El rasgo característico de los Iroqueses fué la organización, á principios del siglo xv, de su famosa Confederación ó Liga para objetos defensivos y ofensivos[322], que tan importante papel desempeñó en la Conquista y Colonización de Norte-América.
Se atribuyó tradicionalmente la formación de esta Liga al héroe mítico "Hiawata"[323], ayudado por un prestigioso jefe de los "Onondagas". Formaban la Confederación cinco tribus, á las que se unió más tarde, con ciertas reservas, la de los Tuscaroras (1715), formando así un grupo confederado de seis naciones. Cada una de ellas permaneció autonómica en materias de su gobierno local, delegando todas su autoridad para asuntos de importancia general en un Consejo Federal ó Senado de "Sachems" ó jefes civiles, elegidos entre las tribus constituyentes. Los miembros de este Consejo Federal eran limitados en número é iguales en autoridad, derechos y rango, ejerciendo también en sus respectivas tribus el cargo de "sachems" y formando con el resto de los jefes tribales el Consejo Tribal, de autoridad omnímoda en los negocios particulares de la tribu.
Requería el Consejo Federal la unanimidad para sus decisiones, y como los "sachems" votaban por tribus, cada una de éstas venía á tener una especie de veto sobre las demás. El Consejo Federal sólo podía convocarse á instancia de alguno de los Consejos Tribales. Todos los individuos de las tribus Confederadas tenían en el mencionado Consejo voz y libertad para exponer sus opiniones. El voto y decisión de los asuntos era, sin embargo, privativo de los "sachems", que formaban dicho Consejo, previa investidura solemne.

Fig. 203.—Bolsa de caza.

Fig. 204.—Bolsa de caza (Athapascos).
La Confederación no tenía jefe ó poder ejecutivo. Las decisiones del Consejo Federal se cumplían sin discusión ni resistencias. En las grandes operaciones militares contra las tribus vecinas ó contra el Europeo, considerados igualmente como enemigos, el Consejo Federal nombraba dos jefes militares, iguales en el mando, que dirigían la campaña, ayudados por los jefes secundarios de cada tribu.
Las guerras Iroquesas eran crueles, tenaces y frecuentísimas. Al Consejo Federal correspondía también terminarlas, fuese por tratados de paz ó precarias treguas, fuese decidiendo la total destrucción de las tribus hostiles.
Los límites de este Compendio no nos permiten detenernos á estudiar á fondo la índole é importancia política de la admirable Confederación Iroquesa, el carácter y elocuencia de sus oradores, el astuto Maquiavelismo de los "sachems", el funcionamiento interno de los Consejos, las intrigas ambiciosas de algunos de sus miembros para constituir una verdadera oligarquía con apariencias y disfraz igualitario y las causas generales que determinaron en las agrupaciones Iroquesas, el amor al territorio y á la tribu y la perfecta fusión de la vida individual en la nacional, tan admirada en la antigua Esparta.
Debemos, sin embargo, observar que esta curiosa fábrica política se componía en definitiva de antiguos usos é ideas tribales cristalizados en formas permanentes. Sus elementos esenciales son los mismos que los de las demás tribus de América. Los Iroqueses no hicieron más que organizar un pasado caótico, en forma concreta y ajustada al carácter general de su raza.

Fig. 205.—Jefe Sioux.
Este indudable progreso político acaso no hubiera podido consolidarse sin que las condiciones especiales de la vida social Iroquesa le hubieran servido de base lógica. Los rasgos peculiares de este sistema social, más complejo y cohesivo que el de los demás grupos del Continente, fueron la vida en común y la preponderante influencia de las mujeres, que desempeñaban en casi todas las tribus (Cherokees, Iroqueses, Hurones, etc.) importantes funciones de gobierno. Hemos hablado ya de las célebres habitaciones comunales de los Iroqueses (Long Houses), trojes rectangulares de 20 ó 30 metros de largo, divididos en pequeños compartimentos[324]. En ellas vivían generalmente las familias del mismo clan totémico, observando estrictamente las leyes del matriarcado exogámico. Todos los jefes se elegían y mantenían en el mando por los sufragios de las matronas de su grupo, á quienes pertenecía exclusivamente la casa y la tierra. La elección debía confirmarse por el Consejo Federal ó los tribales. La autoridad de las mujeres, dentro de su clan y casa, era simplemente autocrática. El hombre que por su conducta alteraba la buena armonía del hogar común, era expulsado sumariamente.