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Compendio de la historia general de América. Tomo I

ÉPOCA SEGUNDA DESCUBRIMIENTO SIGLOS XV y XVI (continued 2)

Reading edition

Avistaron al Continente cerca de Paramaribo en Surinam, costeando después al Norte y al Oeste la actual Guayana Británica y Venezuela (Pequeña Venecia), que Ojeda llamó así al ver en el Golfo de Maracaibo una agrupación de chozas indígenas levantadas en el agua sobre postes, que le recordaron los canales de la Reina del Adriático.

Los resultados geográficos de este viaje están expresados gráficamente en el mapa de Juan de la Cosa (1500). Recogió Ojeda cuantas perlas y pedazos de oro le fué posible obtener, y se dirigió á La Española. Allí permaneció dos meses, volviendo á España no sin invadir en son de guerra dos de las Pequeñas Antillas y capturar cerca de 200 indígenas (Arawak) para venderlos como esclavos[532].

Viajes de Niño y Yáñez Pinzón.

2.—Poco después de salir Ojeda de Cádiz, Alonso Niño, experto piloto de Moguer, que había acompañado á Colón en su segundo y tercer viaje, salió de Palos con una pequeña carabela (50 toneladas), é hizo rumbo á la Costa de las Perlas, donde llegó días antes que Ojeda. El éxito de su viaje, considerado como el más beneficioso de su tiempo, avivó el deseo de seguir explorando la parte septentrional de Sud América.

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Fig. 381.—Grabado de la portada de la Edición Alemana de la primera Carta de Colón.

El descubrimiento de la parte del Continente situada al Sur de la Línea Ecuatorial, que debía corresponder á Portugal, según la línea de demarcación fijada por el tratado de Tordesillas (1494), se hizo casi simultáneamente por los navegantes Españoles y los Portugueses. En Noviembre de 1499, Vicente Yáñez Pinzón, compañero de Colón en el primer viaje, obtuvo de los soberanos permiso para armar una expedición descubridora. Salió de Palos el 18 de Noviembre, hizo primero rumbo al Sur hasta las islas de Cabo Verde y luego al Sud Oeste. Desvióle una tempestad de su derrotero, haciéndole derivar más al Sur de lo que se proponía. El 20 de Enero avistó la costa oriental del Brasil. Después de repetidos é inútiles intentos de traficar con los naturales (Guaranis), siguió costeando hasta la boca del Amazonas que, á semejanza de Colón, creyó ser el Ganjes Indico. De los tres buques que componían la flota descubridora sólo volvió uno á España (Sep. 30, 1500), donde Yáñez Pinzón dió cuenta de su viaje legado á la posteridad por Juan de la Cosa, en su mapa, y por Mártyr de Anglería en sus crónicas[533].

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Fig. 382.—Colón en la Isla Margarita (Grabado en las Décadas de Herrera).

Viajes de Lepe y Bastidas.

3.—La ruta de Pinzón fué seguida unas semanas más tarde por Diego de Lepe, que llegó en la costa Brasileña hasta más allá del Cabo San Agustín (Lat. Sur). Volvió á España antes que Pinzón (Junio, 1500). En Octubre del 1500, Rodrigo de Bastidas, notario de Sevilla, y Juan de la Cosa, armaron otra expedición que salió de Cádiz y recorrió las costas septentrionales de Sud América desde el Cabo de la Vela hasta Nombre de Dios, la provincia de Santa Marta, las bocas del Magdalena, la Punta Caribana, el puerto de Cartagena y el Golfo de Urabá (Darien). Forzados á arribar á la Española por el mal estado de sus buques que allí se fueron á pique, Bastidas fué preso por orden de Bobadilla por supuestos tratos comerciales ilícitos con los indígenas. Llegó procesado á España (Sep. 1502), donde pronto fué absuelto de las injustas acusaciones[534].

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Fig. 383.—Fascímil de la carta de D. Bartolomé Colón en 1503, para interesar al Papa en su proyecto de colonizar y cristianizar á Veragua (Gaylord Bourne—Spain in América).

Segundo viaje de Ojeda.

4.—En Enero de 1502 el incansable Ojeda, asociado con Juan de Vergara y García de Ocampo, armó otra pequeña flota, llegando al Golfo de Paria, desde donde recorrieron la costa (Boca del Dragón) traficando con los indígenas hasta una tierra regada que éstos parecían llamar Curiana, y que Ojeda llamó Valfermoso. Vergara fué desde allí á Jamaica por provisiones, y Ojeda, después de visitar la Isla de Curaçao, llegó á Coquibacoa, objeto de su viaje, fundando allí un pequeño establecimiento que llamó Santa Cruz, probablemente en la actual Bahía Honda. Vergara volvió pronto de Jamaica sin provisiones suficientes. Surgió entonces una desavenencia entre los copartícipes. Predominó Vergara que llevó á Ojeda preso á la Española. Pronto fué puesto en libertad, pero la expedición resultó un completo fracaso. En esta forma, y en el intervalo transcurrido entre la llegada á España de la carta de Colón anunciando su descubrimiento de la Costa de las Perlas (1498) y la salida del mismo para su cuarto viaje, quedó explorada la costa Atlántica de Sud América desde el Cabo San Agustín (8° Lat. Sur) hasta el Istmo de Panamá[535].

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Fig. 384.—Sepulcro de Colón (Sevilla).

Vasco de Gama.

5.—Entre tanto, el Rey don Manuel de Portugal, celoso de los éxitos y actividades de los descubridores españoles, se propuso rivalizar con ellos continuando la exploración de la ruta Oriental, hacia las Indias, abandonada desde la hazaña de Bartolomé Díaz en el Cabo de Buena Esperanza (1486). En el verano de 1497, un joven de singular audacia y voluntad de hierro, llamado Vasco de Gama, se hizo á la vela con cuatro buques desde el puerto de Lisboa. Después de detenerse en las islas de Cabo Verde, se lanzó hacia el Sur por el Atlántico, hasta llegar al paralelo 30° desde donde derivó hacia la costa Africana, deteniéndose en la Bahía de Santa Elena, después de noventa y tres días de no ver sino cielo y agua, y hacer, por tanto, la navegación, sin escalas, más larga de su época. Dobló después el Cabo de Buena Esperanza y cruzó el Océano Indico hasta Calicut, en la costa Malabar del Indostán. Llevó á Lisboa las primeras noticias del estupendo viaje de Vasco de Gama su asociado Coelho (Julio 10-1499). Pocas semanas más tarde volvió á Lisboa Vasco de Gama mismo. Seis años antes Colón anunció orgulloso al Rey Juan que, navegando hacia el Oeste "había llegado á las Indias". Al volver Vasco de Gama, y mientras declinaba la estrella de Colón, el Rey D. Manuel tuvo á su vez la satisfacción de comunicar cortésmente á los Reyes Católicos que "un noble de su corte, llamado Vasco de Gama, y su hermano Pablo habían llegado por el Oriente á las verdaderas Indias, y que habían encontrado en ellas grandes ciudades, ríos, edificios y pueblos abundantísimos en especias y piedras preciosas, que los buques portugueses seguirían trayendo á Europa en cantidades inmensas". Si comparamos los hechos relatados en esta comunicación (Julio 1499) con los desgraciados sucesos de la Española y los escasos resultados comerciales de los viajes de Colón, podremos darnos cuenta exacta del efecto que produjo en España y en sus reyes[536].

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Fig. 385.—El testamento de Isabel la Católica (Cuadro de Rosales).

Pedro Alvarez de Cabral.

6.—A principios del siguiente año (1500) salía del puerto de Lisboa, con destino á la India, una poderosa flota, compuesta de 12 grandes naves y una carabela, bajo el mando de Pedro Alvarez de Cabral. Después de salir de las Islas de Cabo Verde siguió Cabral la ruta y, probablemente, los consejos de Vasco de Gama, navegando en el Atlántico con dirección Sud-Oeste. Arrastrado, acaso, por la corriente occidental ecuatorial, desvióse de su derrotero, arribando á las costas del Brasil (Abril 21), cerca del actual Porto Seguro (18° lat. Sur). Cabral llamó Santa Cruz á la tierra descubierta, despachó á Portugal uno de sus buques para dar cuenta del suceso y siguió su viaje hacia la India. Cabral no se dió cuenta de la importancia de su descubrimiento, ni creyó haberse desviado gran cosa de su derrotero al Cabo de Buena Esperanza, como lo prueba el hecho de haber anunciado el Rey D. Manuel á los soberanos españoles, después de la vuelta de Cabral á Lisboa, que la tierra por él descubierta era "muy conveniente y necesaria para el viaje á la India"[537].

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Fig. 386.—Américo Vespucio (Montanus).

El cuarto viaje de Colón.

7.—Nada nos dice Colón en sus escritos de la impresión que produjeron en su ánimo los viajes de Cabral y de Vasco de Gama. En los meses que siguieron á su tercer viaje dedicó el Almirante gran parte de su tiempo en escribir el célebre «Libro de las Profecías», curiosa recopilación de pasajes bíblicos, que suponía profetizaban el rescate de la Ciudad Santa y el Monte Sión, y el descubrimiento y conversión de las Indias. En Febrero del 1502 todavía dirigió al Papa Alejandro VI una corta relación de sus viajes, identificando á la Española con el Tarshish y el Ophir de la Sagrada Escritura y anunciándole que emprendería, en nombre de la Santa Trinidad, viaje nuevo, el cual será á su gloria... y con el fin de gastar lo que se hobiese en presidio de la Casa Santa á la Santa Iglesia...[538].

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Fig. 387.—Mapa de Walseemüller del 1507, que fué el primero en que se dió al Nuevo Mundo el nombre de "América".

Sin embargo, el objeto inmediato de este cuarto y último viaje Colombino fué el encontrar un estrecho en la tierra firme, revelada por los viajes de Ojeda, Pinzón y Bastidas, que le permitiera pasar al Océano Indico. Los monarcas españoles se apresuraron á ayudar á Cristóbal Colón para este viaje, y en Mayo 9 del 1502 salió de Cádiz con cuatro embarcaciones, acompañado por su hermano D. Bartolomé, su hijo menor D. Fernando y dos ó tres intérpretes de lengua arábiga por si, encontrándose el estrecho, eran necesarios en las Indias. El tiempo favoreció al Almirante, que llegó en veintiún días de las Canarias á la Martinica (Junio 15).

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Fig. 388.—La Isla de Jamaica y parte de La Española (Isolario de Santa Cruz).

Santo Domingo.

8.—Aunque los Reyes Católicos, deseosos de evitar disturbios, no le habían dado permiso para tocar en la Española sino en su viaje de vuelta, como una de las embarcaciones que llevaba hacía mucha agua, determinó el Almirante cambiarla en la referida isla por alguna de las naves que Ovando, sucesor de Bobadilla, había llevado á la Española cuando fué á tomar posesión de su gobierno (Abril 1502). El Comendador Ovando, obedeciendo las instrucciones de los Reyes, prohibió al anciano Virrey la entrada en sus dominios. Estaba en esta ocasión reunida en el puerto de Santo Domingo una flota de 28 buques, con la que Bobadilla, el rebelde Roldán y muchos de sus compañeros se disponían á volver á España, llevando consigo algunos caciques cautivos (Guarionex, etc.) y buena cantidad de oro nativo en pepitas de considerables tamaños. Parece ser que el Almirante aconsejó á Ovando que detuviese la salida de esta flota, pues preveía una violenta borrasca. Se despreciaron sus pronósticos, y apenas zarparon los referidos buques se desencadenó un terrible huracán que echó á pique á más de 20, sin que pudiera salvarse ni uno solo de sus tripulantes. Bobadilla, Roldán y sus cómplices, que iban en la nave capitana, perecieron también en el naufragio. Colón tuvo la suerte de escapar sin pérdidas sensibles. No es extraño que su hijo D. Fernando, al relatar esta catástrofe, tuviese por cierto "que fué providencia divina, porque si arribaran éstos (Bobadilla, Roldán, etc.) á Castilla, jamás serían castigados como merecían sus delitos..."[539].

El Continente.

9.—Abandonó el Almirante la Española, dirigiéndose al S. O.; pero las calmas que sobrevinieron, impidiéndole vencer la fuerza de las corrientes, le hicieron derivar hasta los llamados Cayos de Morant, y desde allí, empujado en otra dirección, hasta las isletas del Sur de Cuba, visitadas ya en su segundo viaje (Jardines de la Reina). Aprovechando un buen viento volvió á su primer rumbo, descubriendo la Isla de los Pinos (Guanacoa ó Guanacos), donde vieron los expedicionarios una canoa indígena, de 25 remeros, cargada con varios objetos de utilidad y adorno, destinados, sin duda, al tráfico con las tribus Mayas de Yucatán y Honduras, como lo demuestra el hecho de llevar almendras de cacao, que si se les caían "procuraban todos, dice D. Fernando Colón, cogerlas con el mayor ahinco, como si se les hubiera caído un ojo"[540]. Obstinado Colón en sus ideas, creyó entender por los gestos de los indígenas que se encontraba á "nueve jornadas de andadura de una rica provincia (Ciguare), desde donde, á diez jornadas, es el río Gangues"[541]. De haber puesto proa á Occidente, en pocos días de navegación hubiera descubierto el Imperio Mejicano. No lo hizo así, despreciando ó no entendiendo las indicaciones de los indígenas, sino que, prosiguiendo en busca del ansiado estrecho, puso rumbo al Sur para tierra firme. Al segundo día descubrió el hoy Cabo de Honduras, y desde allí, después de ochenta y ocho días de espantable tormenta, "que los navíos tenía yo abiertos, dice el Almirante, e las velas rotas y perdidas anclas y jarcia y cables... la gente muy enferma, todos contritos... y esmortecidos los que teníamos por esforzados...", llegaron á un cabo en que la costa volvía rápidamente, formando un ángulo casi recto, encontrando, al cambiar la dirección, mar más bonancible y vientos favorables, por lo que el Almirante denominó esta punta Cabo de Gracias á Dios. Siguieron desde allí su rumbo por lo que hoy forma la República de Costa Rica, y vieron algunos indios (Chiriquis) con láminas de oro puro colgadas al cuello, que los españoles les trocaron por baratijas insignificantes.

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Fig. 389.—Isla de la Trinidad, Boca del Dragón, etc. (Isolario de Santa Cruz).

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Fig. 390.—Costa del Brasil (Isolario de Santa Cruz).

Los informes obtenidos en estas costas de la existencia de un rico país, al que, por la manera de pronunciar los indios, dieron en llamar Veragua, decidieron á Colón á reconocerlo. Seguro de que había llegado al Aureo Quersoneso de los antiguos, y que no debía estar lejos el paso á la India, siguió la costa hasta la parte más estrecha del Istmo de Panamá, llegando el 2 de Noviembre á la abrigada bahía de Porto Belo. Después de explorar la llamada provincia de Veragua, luchar con los indígenas y reconocer el caudaloso río de Belén (B.ª Limón) donde pretendió fundar una colonia, desanimado, enfermo de gota, y escaso de provisiones, puso proa al Norte (Mayo 1503) abandonando el Continente. El día 10 fueron á dar otra vez á Jardines de la Reina. Sufrieron allí terribles privaciones y borrascas muy recias. Como las tablazones de las carabelas parecían «un panal de abejas», y era imposible llegar á la Española con tan desvencijados cascos, aprovechó Colón un buen viento y partió para Jamaica. Con grandes trabajos, y achicando el agua que llenaba las embarcaciones, hasta con cubas y calderas, dieron fondo en las cercanías de Puerto Bueno (Dry Harbour).

Jamaica.

10.—Varó el Almirante en aquella playa sus carcomidas embarcaciones, las ató fuertemente, y apuntalándolas por ambos lados para evitar todo movimiento, hizo construir sobre su cubierta, en los castillos de popa y proa, habitaciones para toda la gente[542]. No nos detendremos á relatar las extraordinarias y románticas aventuras de los náufragos en el año que pasaron en Jamaica. Los dramáticos incidentes del maravilloso viaje á la Española de los heroicos Méndez y Fieschi, en una frágil canoa; el anuncio del eclipse total de luna, que tanto aterrorizó á los indígenas; la llegada de Diego de Escobar, comisionado de Ovando, defraudando las anhelantes esperanzas de todos; y el canallesco motín de Francisco Porrás, sofocado con sangre, pertenecen á la biografía de Colón más bien que á la historia de sus descubrimientos. Rescatados por las carabelas enviadas por Ovando á instancias de Méndez, Colón y sus asendereados compañeros, llegaron á Santo Domingo el día 13 de Agosto de 1504.

Últimos años y muerte de Colón.

11.—El día 12 de Septiembre salió el Almirante para España, y después de un viaje largo y difícil desembarcó muy enfermo y achacoso en Sanlúcar de Barrameda (Noviembre 4). Supo al llegar la gravedad de su protectora la reina Isabel, que falleció el 24 del mismo mes en el castillo de la Mota de Medina del Campo. Cuando le fué posible, pasó á la Corte para relatar á D. Fernando su último viaje. Recibióle el Regente con bondadosa indiferencia. Todos estaban ya cansados de las célebres Indias, por las que durante catorce años de descubrimientos tan grandes sacrificios había hecho España, sin obtener las decantadas riquezas del ensoñado Ophir del Almirante, que agoviado por sus pesares y dolencias no pudo ni siquiera ponerse en camino para recibir á D. Felipe y D.ª Juana, hija de los Reyes Católicos. Comisionó, sin embargo, para ello á su hermano Bartolomé, entregándole una carta súplica para los nuevos reyes. Sus fuerzas siguieron decayendo. Hizo su testamento, dió á su hijo saludables consejos y espiró en Valladolid el día 20 de Mayo del año 1506, oscura y cristianamente[543].

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Fig. 391.—Vasco de Gama.

Su carácter.

12.—La persona de Colón aparece rodeada de nebulosidades. No se conoce retrato auténtico suyo. El cronista Mártyr de Anglería que estaba en Valladolid en el momento de su muerte, no se ocupa de ella en sus cartas. Aquel «Cristóbal Colón de la Liguria» de cuyo maravilloso descubrimiento daba cuenta al caballero Borroneo (Mayo 14-1493), ¡no le mereció al morir ni la mención más insignificante!... ¡El marino genial, el virrey de las Indias, el que dió á Castilla y á León un Nuevo Mundo, desapareció del escenario de la vida ignorado y en silencio!

Pocos hombres de acción, sin embargo, nos han descubierto con más ingenuidad las interioridades de su espíritu. Sólo conocemos á Vasco de Gama, á Magallanes y demás caudillos de la época, por lo que hicieron; ignoramos lo que pensaron. Colón, en cambio, nos legó su alma en sus escritos, y sabemos por ellos cuáles fueron sus ilusiones, sus esperanzas, sus entusiasmos de cruzado, sus tribulaciones, sus amores y sus desvaríos.

Las crónicas, por otra parte, nos lo presentan como leal y magnánimo, amante de la justicia, fiel á sus soberanos, sobrio, tenaz, temerario é incansable.

Tuvo graves errores. Dominado por místicas exaltaciones y febriles ensueños, fué terco y antojadizo, apasionado y orgulloso. Gravó á los indígenas con trabajos excesivos, y tuvo al gobernar españoles parcialidades y preferencias irritantes. Fuese por su falta de tino político ó por su calidad de extranjero, siempre dió lugar á reclamaciones y disturbios. Pero tales defectos desaparecen ante la magnitud de sus adversidades. Su resignación y sus dolores, grandes como su genio, borraron sus manchas con el poderoso disolvente de las lágrimas.

Como marino práctico, es, sin disputa, el mayor de su siglo; muy observador y compulsador de los fenómenos naturales, vigilantísimo y, con todo, en todo desgraciado, bien por los buques que perdió, bien por lo largo y penoso de sus viajes.

El mundo le es deudor de la empresa más fecunda en resultados grandiosos que han visto los tiempos. Su nombre y sus hechos marcaron el principio de la Historia Moderna. Murió sin saber que había descubierto el Nuevo Mundo. No sospechó la gloria que la posteridad había de darle[544].

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Fig. 392.—Un desembarco de Ojeda.

Américo Vespucio.

13.—El lugar que ocupa el célebre Florentino, Vespucio, en la historia del descubrimiento de América, es un curioso ejemplo de la posibilidad de conquistar un nombre con el auto-anuncio y el auxilio de la imprenta. Américo Vespucio (Amerigo Vespucci)[545], había nacido en Florencia, en Marzo de 1452. En el 1492 pasó á España como agente comercial de los Medici. Aparece su nombre en los documentos españoles de la época como empleado del contratista Berardi, que armaba y equipaba por cuenta de los gobiernos las expediciones marítimas á Indias. Parece ser que se contagió con el entusiasmo de los que partían y se embarcó en una de estas expediciones con el deseo de "ver mundo" y hacer "algo famoso y duradero". Y aquí empiezan sus imposturas, pues afirma que hizo este viaje en el año 1497, siendo así que no existe mención ni oficial ni particular de la existencia de tal viaje en ningún documento, registro ni libro de la época. No existió, pues, más que en la relación del pretencioso Florentino, que antidató su primera salida de Sevilla con el único objeto de atribuirse la prioridad del descubrimiento del Golfo Mejicano y las costas de Honduras, es decir, de la tierra firme, que Colón tocó en su tercer viaje[546].

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Fig. 393.—Corriendo un temporal.

Sus cuatro viajes.

14.—A pesar de las eruditas y apasionadas tentativas de algunos historiadores que mantuvieron la veracidad del referido viaje de Vespucio en 1497, la sana crítica histórica lo rechaza como apócrifo. El primer viaje que hizo Vespucio fué acompañando á Ojeda en 1499; el segundo, con Diego de Lepe, que descubrió, como dijimos, la costa Sud Americana, hasta los 8° de latitud Sur; el tercero, con un capitán portugués (1501) que se proponía explorar las tierras descubiertas por Cabral, y recorrió la costa del Brasil hasta cerca de Porto Alegre y el Atlántico hasta la isla de Nueva Georgia, y el cuarto (1503), que no pertenece á la Historia Americana, con otra expedición portuguesa destinada á explorar "una isla en el Este llamada Malaccha", cuya riqueza había ponderado Cabral al volver de Calicut después de haber descubierto el Brasil (1501)[547].

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Fig. 394.—Página de la Cosmographiae Introductio, donde se da al Nuevo Mundo el nombre de América. (Edición 1507).

Américo Vespucio no fué el iniciador ni el jefe de ninguna de estas expediciones, y su nombre ni siquiera se menciona en ninguna de las crónicas y numerosos documentos relativos á estos viajes, existentes en los Archivos Españoles y Portugueses. Si sus célebres cartas no se hubieran publicado en latín y circulado profusamente entre los estudiosos de la época, la historia apenas si recordaría á Vespucio como cartógrafo en Portugal ó, cuando más, como examinador de pilotos en España.

Sus escritos.

15.—Las cartas que determinaron la celebridad de Vespucio fueron dos. Una, escrita desde Lisboa, á Lorenzo Piero Francesco de Medici (Marzo ó Abril 1503) y publicada á principios del año 1504 (Mundus Novus), y otra, escrita también en Lisboa y dirigida á su compañero de colegio Pietro Soderini, más extensa que la de Medici. La versión francesa de la carta de Soderini, hecha por Rene II, Duque de Lorena, fué traducida á su vez al latín y publicada (1507) en un apéndice de la «Cosmograpiae Introductio», de Martín Wadseemüller, profesor de Geografía en el Colegio de S.t-Dié (Lorena). Estas dos cartas, en las que Vespucio no vaciló en forjar ó anti-datar viajes y atribuirse toda la gloria de ajenos descubrimientos, circularon en numerosas ediciones y profusamente[548].

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Fig. 395.—Mapa de la provincia de Veragua (Según Helps).

Ahora bien, como la relación del tercer viaje Colombino no se publicó en latín hasta el año 1508 (Paesi Novamente Ritrovati), y las de Vespucio circulaban desde los años 1504 y 1507, claro es que la fama del cartógrafo Florentino, como descubridor del Continente Sud Americano, eclipsó la de Cristóbal Colón, que hasta en esto fué desgraciado. Nada había de original en las tales relaciones de Vespucio, pues el mismo calificativo de Nuevo Mundo (Mundus Novus) que dió á las tierras descubiertas, había sido usado en análogo sentido (región ignota del globo) por Cristóbal Colón en una de sus cartas, por su hermano Bartolomé en uno de sus mapas ó bosquejos, y por Pedro Mártyr de Anglería en sus Décadas Oceánicas[549].

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Fig. 396.—Mapa del primer viaje de Ojeda (según Helps).

El nombre de América.

16.—Considerado Vespucio por los geógrafos extranjeros de su época como el descubridor del Nuevo Mundo, era lógico que dieran á tal región su nombre. Así Martín Wadseemüller, al enumerar las diferentes partes del mundo en su Cosmographiae Introductio (1507), dice: "En el sexto clima hacia el polo antártico están situadas, etc... y la cuarta parte del globo que, habiendo sido descubierta por Americus, puede llamarse Amerige, tierra de Américo ó "América". En otro lugar de la misma obra insiste en que debe darse á esta cuarta parte del globo el nombre de "tierra de Américo, su descubridor, ó "América", desde que también Europa y Asia derivan sus nombres de mujeres". Como entre los nombres de "Amerige" y "América" el último era más eufónico y tenía cierta analogía con los de Asia y Europa, preponderó sobre el primero, y los numerosos mapas y geografías alemanas se encargaron de propagarlo é imponerlo, á pesar de que el mismo Waldseemüller, cuando supo la verdad de los hechos, dejó de usar el nombre de América, designando en su mapa del año 1513 á Sud América con el nombre de "Terra incognita", y reconociendo claramente que había sido descubierta por Colón. En España el nombre de América no se usó hasta mediados del siglo xviii[550]. Hasta entonces todos los documentos, crónicas, historias, etc., conocieron las tierras Americanas con el nombre de "Las Indias". El célebre Miguel Servet, que Calvino condenó á la hoguera, fué el primero que se opuso á que se diera al Nuevo Mundo el nombre de Américo Vespucio, en vez del de Colón, su verdadero descubridor. La costumbre pudo más que su protesta, y quedó consumada esta injusticia histórica[551].

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Fig. 397.—El Geógrafo Gerardo Mercatore.

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CUESTIONARIO

1.—¿Qué territorios descubrió Alonso de Ojeda?

2.—¿Qué territorios descubrió Alonso Niño?

3.—¿A qué parte del Continente llegó Vicente Yáñez Pinzón?

4.—¿Qué importancia geográfica tuvieron los viajes de Lepe y Bastidas?

5.—¿Qué descubrió Ojeda en su segundo viaje?

6.—¿Qué parte de la costa Americana se exploró desde el año 1498 al 1502?

7.—¿Qué importancia tiene el viaje de Vasco de Gama?

8.—¿Fueron los viajes Portugueses más importantes que los Españoles en resultados económicos?

9.—¿Cuál fué el objeto del viaje de Cabral?

10.—¿Qué parte de Sud América descubrió?

11.—¿Qué objeto tuvo el cuarto viaje de Colón?

12.—¿Trató de buscar un estrecho ó paso á las Indias?

13.—¿Qué incidentes ocurrieron en Santo Domingo?

14.—¿Qué parte del Continente recorrió Colón en este viaje?

15.—¿Dónde creyó que había llegado?

16.—¿Qué tribulaciones sufrió el Almirante en esta navegación?

17.—¿Qué incidentes notables ocurrieron en el año que pasó en Jamaica?

18.—¿Cómo se comportó con él el Gobernador Ovando?

19.—¿Dónde y cómo murió Cristóbal Colón?

20.—¿Qué juicio ha formado la Historia de su carácter y su obra?

21.—¿Quién fué Américo Vespucio?

22.—¿Qué viajes hizo indubitables?

23.—¿Qué célebres cartas escribió y en qué idioma?

24.—¿Dónde y cómo se publicaron y propagaron?

25.—¿Por qué dió su nombre á América este navegante Florentino?

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I
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REFERENCIAS

Generales.—Humboldt. Exámen Critique de l'Histoire de la Geographie du Nouveau Continent (1836-1839). P. Ricardo Cappa, S. J. Estudios Críticos acerca de la Dominación Española en América (vol. I). Washington Irving, Compañeros de Colón (1831) y las mencionadas en los capítulos anteriores.

Vasco de Gama y Cabral.—F. Hummereich, Vasco da Gama un die Entdeckung des Seeweges Nach Oclinden (1898). E. G. Ravenstein, A Journal of the first Voyage of Vasco da Gama, 1497-1499 (1898). Pero Vas Caminha en Alguns Documentos da Torre do Tombo, 108. Paesi Novamente Ritrovati, Cap. LXIV (en la Raccolta Colombiana, pte. III). J. A. de Varnhagem, Historia General do Brazil, I, 423. João de Barros, Decadas da Asia, (Ed. 24 vols., 1778-1788) y las mencionadas en el Tít. I, Cap. I, (Viajes Portugueses).

Américo Vespucio, y el nombre de América.—A. M. Bandini, Vita di Amerigo Vespucci (1893). J. A. de Varnhagem, Amerigo Vespucci; ses caractère, ses ecrits, sa vie et ses Navigations (1865). Hughes en la "Raccolta Colombiana". Markham, Letters of Amerigo Vespucci (1894). Quaritch, en The first four voyages of Amerigo Vespucci (1893), reproduce en facsímile la edición original de la carta de Soderini publicada en Florencia (1505-1506). Santarem, Recherches Historiques, etc., (1842). L. Hughes, La Vicende del nome "Amerika" (1898). Kretschmer, "Der Name des Neuen Weltteils en su Entdeckung Amerikas, etc., etc.

Bibliografías.—Winsor, N. & C. H. of America, vol. II, cap. II, III, Notas Críticas. Bourne, Spain in America, pág. 329-321. Fumagalli en Bandini, Vita de Amerigo Vespucci (Ed. Uzielli, 1893), y las mencionadas en los capítulos anteriores.

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CAPÍTULO IV EL PRIMER CENTRO DE COLONIZACIÓN ESPAÑOLA FRAY BARTOLOMÉ DE LAS CASAS (1495-1522)

1.—Ovando en La Española. 2.—Los repartimientos y las encomiendas. 3.—Rápida disminución de los Indios. 4.—Descubrimientos y nuevas poblaciones. 5.—D. Diego de Colón. 6.—Las Prédicas de Montesinos. 7.—Fray Bartolomé de las Casas. 8.—Las Casas y el Cardenal Cisneros. 9.—Los negros Africanos. 10.—La colonia de Tierra Firme. 11.—La Conquista de Cuba. 12.—Ponce de León y el descubrimiento de La Florida. 13.—Lucas Vázquez de Aillón. 14.—Expediciones de Hernández de Córdoba y de Grijalva.

Ovando en «La Española.»

1.—Al narrar el segundo viaje de Cristóbal Colón apuntamos los principios de la historia colonial de la isla Española. Dijimos que, una vez sofocada la rebelión de los indígenas (1495), se les impusieron tributos pesadísimos. En compensación de tales tributos, y acaso por sugestión de los caciques mismos, se aceptó que los indígenas trabajaran en las tierras repartidas á los colonos, forma de prestación personal que no era ajena al sistema tribal de las agrupaciones primitivas. Dos años más tarde, cumpliendo Colón una de las condiciones de la capitulación del rebelde Roldán y sus compañeros, concedió á varios de ellos parcelas de tierra cultivadas por los indios, dividiéndolas en extensiones capaces de contener diez mil y veinte mil plantas de cazabe. Estas parcelaciones (repartimientos) fueron la base general de la colonización española en toda América[552].

Dióse el próximo avance en el desarrollo de las instituciones coloniales, bajo el gobierno de D. Nicolás de Ovando que, como también dijimos, vino á La Española (1502) á sustituir á Bobadilla y á calmar rebeldías y descontentos. Era el Comendador de Lares, según Las Casas, varón prudentísimo y amigo de justicia, honestísimo en su persona y celoso de su autoridad.

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I

Fig. 398.—El Golfo de Méjico en 1520 (Archivo de Indias).

Firmaron los reyes su nombramiento é instrucciones adjuntas en Septiembre de 1501, y el día 13 de Febrero de 1502 partió de Sanlúcar, llevando 32 naves con 2.500 hombres, la mayor parte nobles é hijosdalgos. Hasta entonces no había salido para las Indias escuadra más numerosa.

Después de penosa travesía llegaron al puerto de Santo Domingo (15 de Abril 1502). Procuró el nuevo gobernador arreglar la administración desconcertada de la isla. Reedificó la población de Santo Domingo: mandó se empezasen varios edificios sólidos, entre ellos el llamado La Fortaleza, residencia del gobernador, el monasterio de San Francisco, el hospital de San Nicolás, etc.

Tropezaba Ovando con serias dificultades para el buen gobierno de la colonia. Los 2.500 hombres que, atraídos por las maravillas Indianas llevó consigo á La Española, iban con la pretensión de acaparar oro, sin trabajo ni penalidades, y volver ricos á España.

No se ocuparon, pues, de cultivar la tierra, fértil en demasía. Se proveyeron, en cambio, de herramientas y víveres, y salieron en interminable procesión buscando las codiciadas minas, y creyendo que bastaba llegar á ellas para recoger las soñadas riquezas.

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I

Fig. 399.—La Isla de Santo Domingo (siglo xvi).

Pero como las minas exigían rudo y penoso trabajo para producir algún oro, y no sabían explotarlas, pronto volvieron los españoles á Santo Domingo desengañados, hambrientos y llenos de deudas.

Cebáronse en ellos las enfermedades, al extremo de que en poco tiempo murieron más de mil, cifra elevadísima, si se considera que apenas había 2.800 en la isla.

Morían tan deprisa y en tales números, dice Las Casas, que "el clero no tenía tiempo de hacerles funerales"[553].

Los repartimientos y encomiendas.

2.—Se había ordenado á Ovando que tratara á los indios como hombres libres, abonándoles salario por su trabajo. Pronto se convenció de que el indio, indolente y ajeno á toda idea de salario ó propiedad privada, se negaba á trabajar huyendo de los españoles é imposibilitando, por tanto, su educación y conversión. En vista de ello, los reyes ordenaron á Ovando (Marzo, 1503) que repartiera los indios en aldeas, dándoles tierras inalienables, que les encomendara á un protector, que estableciera en cada una de dichas aldeas escuelas primarias para catequizarlos, prohibiéndoles sus antiguos ritos y ceremonias é impidiendo que fueran tiranizados por sus caciques. Se ordenó también por los reyes que favorecieran los enlaces matrimoniales de los colonos con las mujeres indígenas.

Para reducir á los indios al trabajo dictóse otro Real decreto (Diciembre, 1503) ordenando que se les compeliese y obligase á trabajar en la construcción de edificios, beneficiamiento de minas, etc., mediante los salarios que el gobernador fijara, debiendo proporcionar, al efecto, los jefes tribales un cierto número de individuos «como hombres libres y no como siervos».

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Fig. 400.—El Adelantado D. Diego Velázquez.

En cumplimiento de estos decretos, Ovando encomendó á cada colono grupos de cincuenta ó de cien indios con sus respectivos jefes gentiles, haciendo también parcelas ó repartimientos especiales para el cultivo de las tierras del rey. Se acompañaba los repartimientos con cédulas especiales, en las que se encomendaban (A vos D. ... se os encomiendan) los grupos ó clanes indígenas á los españoles con el derecho de aprovechar de su trabajo y la obligación de instruirles en la doctrina cristiana.

Los trabajos en las minas de los así encomendados duraban seis ú ocho meses, y como las tales minas estaban distantes, al ausentarse los hombres caía sobre las mujeres todo el peso de la familia. Esta obligada separación, el terrible recargo de trabajo, los crueles tratos de los encomenderos, y la desesperación general, hicieron disminuir los nacimientos indígenas y aumentaron terriblemente el coeficiente de mortalidad[554].

Rápida disminución de los indios.

3.—La población indígena de La Española disminuyó rápidamente. Sufrieron los aborígenes americanos, como todos los primitivos, las desastrosas consecuencias de su contacto con una raza dominadora. Es una vulgaridad histórica, á todas luces errónea, el aceptar, sin examen crítico, las apasionadas diatribas de Fray Bartolomé de Las Casas y sus glosadores, contra los colonos y gobernantes de Santo Domingo, y declararles causantes únicos, por sus crueldades, de un fenómeno etnológico cien veces repetido en la historia moderna[555]. Los conquistadores españoles de los siglos xv y xvi no fueron ni más ni menos crueles que los de cualquier otra nación.

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Fig. 401.—Autógrafo de Pánfilo de Narváez.

Cierto es que sus guerras con los indígenas fueron destructoras y cruelísimas; que las campañas del Higney son una página negra en la historia de aquellos impiadosos caudillos; que las matanzas encabezadas por Ovando en Jaragua, su pérfida conducta con Anacaona, el espantoso suplicio de aquellas tribus incendiadas, alanceadas y perseguidas como alimañas feroces, nos horrorizan hoy como horrorizaron entonces á Isabel la Católica y á su Presidente del Consejo de Indias D. Alvaro de Portugal, cuando de tales hechos tuvieron conocimiento. Cierto es también que muchos colonos sometieron á sus encomendados á inhumanos martirios y que los bergantines españoles arrancaron de Las Lucayas miles de indios para venderlos en los mercados públicos, martirizándolos, agobiándolos de fatiga y quemándolos á veces á fuego lento[556].

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Fig. 402.—Autógrafo del cronista Oviedo.

Evidentemente contribuyeron estas crueldades á la extinción de la raza indígena, pero no fueron, sin embargo, las únicas causas de su fenecimiento en La Española. Hubo otras menos estudiadas, pero no por ello ineficaces. Importaron los blancos enfermedades epidémicas que se cebaron furiosamente en las tribus indias. La viruela fué una de las más destructoras. Nos cuenta el cronista Pedro Mártyr, que en las aldeas infestadas morían los indios "como carneros". Había, además, en las agrupaciones aborígenes enfermedades endémicas y peculiares de la raza, que causaban numerosas víctimas. El célebre "matlaza huatl" Mejicano, por ejemplo, que no atacaba á los Europeos, barrió en el Anahuac poblados enteros (1545 y 1576). Esta misma epidemia destruyó en 1618 la gran mayoría de las tribus indias de Massachusetts.

Por otra parte, la población de La Española, cuando Colón la descubrió no llegaba, ni con mucho, á 3.000.000, como afirma Fray Bartolomé de Las Casas; oscilaba entre 200 y 300.000 almas, de las que en el año 1508 quedaban sólo 60.000, que disminuyeron hasta 46.000 en el año 1570, y hasta 14.000 en el 1573. En el año 1570 apenas quedaban en La Española dos aldeas indígenas[557].

Descubrimientos y nuevas poblaciones.

4.—La triste suerte de los indígenas y los incidentes luctuosos de su dominación han oscurecido los demás sucesos ocurridos en La Española en el gobierno de Ovando, que después de someter el Higney y Jaragua dedicó sus energías á poner en orden la administración de la isla. Organizó el laboreo de las minas estableciendo cuatro hornos de fundición en los que recogía anualmente cerca de 1.000.000 de pesos: espurgó la isla de los viciosos que daban mal ejemplo, enviándoles á España, ó quitándoles los indios encomendados, castigo entonces muy temido, y gobernó, en fin, con gran discreción y prudencia. Envió á Ponce de León á Boriquen ó San Juan de Puerto Rico, isla descubierta por Colón en el segundo viaje, para que la explorase. Penetró Ponce de León en el interior de la referida isla, fundando allí, con autorización de Ovando, una rica colonia y dominando á los indígenas en pocos años. Envió también Ovando (1508) á Sebastián de Ocampo, para que averiguara definitivamente, si la isla de Cuba era ó no tierra firme. Convencióse Ocampo de que era una isla como había indicado en su mapa Juan de la Cosa. En esta misma época, Juan Díaz de Solís y Vicente Yáñez Pinzón descubrieron y costearon parte del Yucatán sin fundar allí colonia alguna.

La expedición de Ocampo alrededor de Cuba, fué uno de los últimos acaecimientos del gobierno de Ovando. En Julio del 1509 llegó á La Española D. Diego de Colón, después de ganar ante el Consejo de Indias su pleito contra el rey Don Fernando y ser nombrado, en consecuencia, Gobernador y Capitán General de las Indias. Ovando, después de ser absuelto en el juicio de residencia que instauró D. Diego, abandonó La Española (Sept. 1509), falleciendo en Alcántara (donde se halla enterrado) el 29 de Mayo de 1511[558].

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Fig. 403.—Mapa de Martín Waldseemüller (1508).

D. Diego de Colón.

5.—Don Diego de Colón, que había contraído matrimonio en España con la hija de D. Fernando de Toledo, pariente próximo del Rey Católico, llegó á La Española acompañado de parte de su familia y de una numerosa comitiva de personas de ambos sexos pertenecientes á distinguidos linajes, estableciéndose en la isla con inusitada magnificencia y fausto. Los hijos de Colón gozaron al fin de los honores y recompensas debidas á su padre.

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Fig. 404.—Armas del Historiador Oviedo.

Estableció en seguida D. Diego de Colón una pequeña colonia en Cubagua, obligando á los indígenas de las Lucayas á bucear sin descanso para sacar las conchas de perlas que abundaban en la pequeña isla. Regularizó en Santo Domingo los repartimientos, y encomendó á sus parientes y comitiva los indios aún no destinados. Celoso, sin embargo, el rey Don Fernando de la influencia de D. Diego en la colonia, y deseoso de disminuirla, creó un nuevo empleo al que estaba anexo el derecho de repartimiento de indios, nombrando para desempeñarlo á Rodrigo de Alburquerque, que entró rapazmente en posesión de sus funciones (1514). Impaciente por hacer fortuna, sacó á subasta los indios que quedaban, adjudicándolos en grupos á los colonos que le ofrecieron mayor precio. Esta nueva forma de repartimiento agravó, naturalmente, la situación de los indígenas que se vieron sometidos por sus interesados dueños á trabajos más crueles y penosos[559].

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Las Prédicas de Fray Antonio de Montesinos.

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Fig. 405.—El Cardenal Jiménez de Cisneros.

6.—Los misioneros Dominicos de La Española no vieron nunca con indiferencia estos sufrimientos de los indios. Desde su llegada á Santo Domingo en 1510 juzgaron los repartimientos como contrarios al derecho natural y á la caridad cristiana y consideraron al indígena como sér de razón y libertad, capaz de sacramentos y derechos. En el año 1511, Fray Antonio de Montesinos predicó un impetuoso y elocuente sermón en la Iglesia de Santo Domingo condenando los abusos de los encomenderos. Sus superiores, á quienes se quejó D. Diego de Colón, aprobaron como piadosa la doctrina del predicador de su Orden. Los Franciscanos, uniéndose á los encomenderos, defendieron los repartimientos como mal menor y necesario. Se agrió la controversia llegando los Dominicos hasta á negar los sacramentos á algunos de sus compatriotas que tenían indios encomendados. Dirigiéronse ambos partidos al Rey Don Fernando, que reunió algunos jurisconsultos y teólogos para oir á los diputados de La Española. Decidióse en favor de los Dominicos la parte especulativa de la controversia, pero los repartimientos continuaron, pues el Rey Fernando, deseoso de complacer á los encomenderos, declaró autorizada por las leyes divinas y humanas la esclavitud de los indios, y otorgó, para que no tuviese dudas, nuevas encomiendas á sus cortesanos[560], mandando publicar una instrucción en la que se ordenaba fuesen los indios tratados con suavidad, vestidos y alimentados sin miserias, y enseñados con cristiano celo. Tal instrucción fué letra muerta ó papel mojado para los codiciosos encomenderos. Los Dominicos comprendieron perfectamente su inutilidad, y sostuvieron que mientras los individuos tuviesen interés de tratar á los indios con rigor, ningún reglamento público podía hacer ligera su servidumbre. Algunos pasaron á Europa para buscar mantenedores de su doctrina. Los que quedaron en la isla siguieron con prudencia propagándola. Las violentas disposiciones de Alburquerque colmaron la medida, avivaron el celo Dominico, y proporcionaron á los oprimidos un protector activo, valeroso, inteligente y de prestigio que tomó á su cargo la defensa de su desgraciada causa. Llamóse tal defensor Fray Bartolomé de Las Casas[561].

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Fig. 406.—Ruinas de la casa de D. Diego Colón.

Fray Bartolomé de Las Casas.

7.—Nació en Sevilla el año 1474, y estudió latín, metafísica, ética, derecho, etc., en la docta Universidad de Salamanca. Partió para América en 1502 con el gobernador Ovando. Como todos sus compatriotas, dedicóse en La Española al cultivo de la tierra valiéndose de los esclavos indios. Residiendo aún en la Isla se hizo sacerdote, siendo el primer ordenado en Indias, y cantando la primera misa nueva que se celebró en América. Acompañó á Velázquez á Cuba, y en premio de sus servicios obtuvo en Trinidad un repartimiento en compañía de su amigo del alma Pedro de Rentería. Trataron ambos con benignidad á sus encomendados compadecidos de los sufrimientos de los demás indios. Ciertos pasajes de la Sagrada Escritura revelaron á su alma la injusticia de los repartimientos, avivaron su caridad y le decidieron á consagrar su vida entera á libertar á los indios de su durísimo yugo. Tanto él como su asociado Pedro de Rentería, vendieron sus tierras, dieron libertad á sus encomendados y determinaron pasar á España para hacer triunfar en la Corte sus generosas ideas[562].

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I

Fig. 407.—Fray Bartolomé de Las Casas.

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Fig. 408.—Autógrafo de Fray Bartolomé de Las Casas.

Las Casas y el Cardenal Jiménez de Cisneros.

8.—En el año 1515 logró Las Casas conferenciar extensamente con el rey D. Fernando y exponerle la desesperada situación de los indios. El fallecimiento del monarca (Diciembre, 23) interrumpió estas gestiones. Volvió Las Casas á Sevilla y, alentado por el P. Deza, presentóse en Madrid con cartas de este último ante el ilustre Cardenal Jiménez de Cisneros, y el embajador Adriano, Dean de Lovaina, que á la sazón regían la España.

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Fig. 409.—Territorio concedido á Fray Bartolomé de Las Casas.

El prudentísimo Cisneros acogió con caritativo interés las ardorosas instancias de Las Casas, y encomendó á tres reposados varones de la Orden de San Jerónimo el planteamiento en Indias de las reformas anheladas. Volvieron todos á Santo Domingo, pero los comisionados Jerónimos no pudieron ó no supieron sustraerse á la influencia de los conquistadores, y su presencia en la isla fué completamente ineficaz para la protección y defensa de los indios[563].

Los negros africanos en América.

9.—Haremos una brevísima pausa en este relato para refutar enérgicamente la opinión de los que sin espíritu crítico atribuyen al Apóstol de los Indios la introducción en América de los esclavos negros. La referida imputación es errónea y calumniosa. En primer lugar, cinco años antes de que Las Casas tuviera con el rey Don Fernando su primera entrevista, ya había ordenado éste, de acuerdo con la Casa de Contratación (1510-1511), que se enviaran á América cincuenta esclavos africanos, y se favoreciera el tráfico negrero en las costas de Guinea. El gobierno español, y no Las Casas, fué, pues, el primero que trató de libertar al indio esclavizando al africano. En 1517 esta política fué preconizada en La Española por los Jerónimos enviados por Cisneros, por el clero todo, por las autoridades y por Las Casas mismo que, como Enrique el Navegante, no podía tener en el siglo xvi la moderna noción política de los "derechos inalienables", ni podía prever los horrores é influencias á que había de dar lugar en lo futuro el desarrollo de tan inícuo comercio.

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Fig. 410.—La Casa de D. Fernando Colón en la antigua Sevilla.

Conforme con tales opiniones, consecuente con los usos de la época, y deseando, además, ajustarse á los constantes y expresos deseos de Isabel la Católica en favor de la libertad de los indios, decidió la Corona española enviar á sus posesiones americanas 4.000 negros, concediendo para ello las necesarias licencias al contratista Gomenot, Gobernador de Bresa, que vendió su contrato ó asiento á unos comerciantes genoveses por 25.000 ducados. El desarrollo de los trapiches azucareros en las Antillas, y la rápida disminución de los indios, favorecieron, naturalmente, la introducción de los esclavos negros. Al asiento de Gomenot siguió el de los alemanes Cigner y Sailler (1528), y á éste el de Gómez Reynel (1595) que, merced á la unión de España y Portugal (1580-1640), consiguió el privilegio exclusivo de importar á las Indias 38.250 esclavos negros durante nueve años. Estos fueron los principios del tráfico negrero de América, cuyo desarrollo y consecuencias estudiaremos en la Época Colonial y es, por tanto, ridículo reprochar á Las Casas el imaginario pecado de pensar como pensaban los hombres de su tiempo, y condenarle sin más trámite por no haberse anticipado á los enciclopedistas franceses del siglo xviii, ó á los Próceres Argentinos del xix, que borraron para siempre la esclavitud de los Códigos Fundamentales de la República[564].

La Colonia de Cumaná.

10.—El fracaso de los comisionados Jerónimos no desalentó en su obra redentora al «Apóstol de los Indios». Volvió á Castilla, donde siguió sus gestiones con tenaz insistencia, siendo solemnemente recibido por Carlos I en la villa de Molins del Rey, y consiguiendo un espacio considerable de tierra Americana para establecerse en él con los españoles que quisieran seguirle, distinguirse de los demás vistiendo hábitos blancos con cruces rojas en los pechos, y consagrarse á propagar en América el Evangelio y la civilización cristiana por medios absolutamente pacíficos.

El territorio concedido para la realización de tan romántico proyecto fué el de Cumaná en la Costa de las Perlas.

Después de tres años de luchas árduas consiguió Las Casas desembarcar en él (1521) con un puñado de entusiastas. Existía ya en aquellas regiones un monasterio de la Orden de Santo Domingo, partidaria siempre de las doctrinas del infatigable propagandista. Desgraciadamente, en la vecina isla de Cubagua pescaba también perlas, al llegar á Cumaná los nuevos cruzados, aquel joven Alonso de Ojeda[565], de quien Las Casas dijo más tarde "que si no hubiera nacido, nada habría perdido el mundo". Ojeda necesitaba esclavos y ocurriósele cogerlos en Tierra Firme declarándolos convictos de canibalismo. Al llegar á Cumaná pidió en el monasterio de Santo Domingo papel para iniciar contra los indios los mencionados procesos de antropofagia. Empezó á instruirlos, pero como el procedimiento le resultó lento y engorroso, cortó por lo sano, penetró algunas leguas al interior matando considerable número de indios y embarcando los que pudo en sus naves. Los indios de Cumaná, que habían visto á los Dominicos entregar á Ojeda el papel que les pidió, al que atribuían virtudes ocultas, tuviéronlos por cómplices de su atropello. Incendiaron el monasterio, degollaron á los Dominicos y destruyeron á sangre y fuego la incipiente colonia. Los españoles que pudieron salvarse de la feroz matanza huyeron á Santo Domingo, donde, afortunadamente para él, se encontraba á la sazón el entusiasta Apóstol.

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Fig. 411.—Ponce de León en la Florida (según Herrera).

Grande fué el dolor y el desaliento de Las Casas al saber lo sucedido. Resignóse, sin embargo, humildemente; aceptó, sin quejas, la muerte de sus ilusiones, y ansioso de paz y descanso, profesó en el monasterio de Santo Domingo (1522). Allí permaneció varios años profundizando sus estudios teológicos y escribiendo algunas de sus obras[566]. De ellas, y de los incidentes posteriores de la admirable vida del celoso «Protector de los Indios», hablaremos en el Tomo II.

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Fig. 412.—Ponce de León, descubridor de la Florida.

La Conquista de Cuba.

11.—Deseoso D. Diego de Colón de extender sus dominios, entregó á D. Diego de Velázquez tres naves para que se apoderara de la isla de Cuba. D. Diego de Velázquez, antiguo compañero de armas de Bartolomé Colón, y Ovando, era en la colonia muy respetado y popular. Su gentileza y carácter jovial le hacían simpático como caudillo y no tardó, por tanto, en reunir trescientos hombres que gustosos le acompañaran en la empresa. Entre ellos estaban Pánfilo de Narváez, Las Casas y Hernán Cortés, el futuro conquistador de Méjico. Desembarcaron los expedicionarios en Las Palmas, y tomaron posesión de la isla sin resistencia alguna de parte de los naturales (Siboneyes-Arawak?). Un cacique Haitiano (Hatuey), que había llegado á Cuba huyendo de los españoles y se había posesionado de la parte oriental de la isla, trató de rechazar la invasión, pero sus guerreros fueron destrozados por los castellanos, y su jefe condenado á la hoguera. Poco tiempo después Pánfilo de Narváez, comisionado por Velázquez, que para contraer matrimonio hubo de ausentarse de la isla de Cuba, penetró en el Camagüey para dominarlo. A unas 30 leguas de Bayamo (Cueyba) encontró Las Casas la célebre imagen allí dejada por Ojeda é idolatrada por los Siboneyes. En una barranca próxima á Caonao fueron sorprendidos los expedicionarios por 7.000 indios que, no obstante la pusilanimidad é imprudente abandono del caudillo Narváez, contuvieron los soldados españoles degollándolos impiadosamente. Esta matanza, en la que, según la pintoresca expresión de Las Casas, «no quedó ni piante ni mamante», difundió el terror en toda la comarca, y los castellanos la subyugaron bien pronto. Diego Velázquez, que había vuelto á la isla, ordenó en seguida á Narváez que regresara á la costa Norte. Estableció las poblaciones de Baracoa, Trinidad, etc., hizo repartimientos de indios, designó ayuntamientos y quedó como Gobernador. El rey de España nombróle más tarde Adelantado y le confirmó en su gobierno[567].

Ponce de León y el descubrimiento de «La Florida».

12.—El celebérrimo y pintoresco hidalgo D. Juan Ponce de León, Gobernador de Puerto Rico, nombrado por Ovando, después de haber pacificado[568] (como entonces se decía) la isla alanceando, «aperreando»[569] ó esclavizando á los indígenas, fué depuesto de tal gobierno á instancias de D. Diego Colón, á quien de derecho pertenecía. Había oído hablar el referido Ponce de León de una isla situada al Norte de La Española llamada «Bimini», donde existía un manantial maravilloso, cuyas aguas tenían virtud de rejuvenecer á todos los que las tocaban ó bebían. Fuese con el objeto de encontrar este manantial fantástico, ó simplemente con el de explorar la isla, consiguió una patente ó capitulación del Emperador Carlos V (Febrero 23, 1512), para descubrirla y colonizarla.

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Fig. 413.—Descubrimientos de Hernández de Córdoba y Grijalva (Helps).

El 3 de Marzo salió de Puerto Rico con el piloto Alaminos y después de tocar en San Salvador, avistó la costa Norte Americana en las cercanías del Río San Juan (30° lat. Norte). Por la risueña apariencia de la que creyó isla, y por haberla descubierto en Pascua Florida, dióle el nombre de «Florida» que hasta hoy conserva. Navegó después alrededor de la península hasta cerca de la Bahía del Apalache, al Oeste, haciendo en Mayo, 23, rumbo al S. E. Siguió buscando durante tres meses, entre las Bahamas, la fabulosa «Bimini» hasta que en Sept. 17, dejando un buque mandado por Juan Pérez para que continuase la exploración, decidió volver á Puerto Rico.

Pocos meses después consiguió otra patente para colonizar la «isla de Benini» y la «isla Florida», y en 1521 emprendió nuevo viaje para averiguar si en verdad la Florida era una isla y para establecer en ella colonias. Gastó en esta empresa el conquistador la mayor parte de su fortuna, arribando con sus dos buques y sus 200 hombres á las inmediaciones de Tampa Bay. En un encuentro con los indígenas (Timaquanos) perdió muchos de sus soldados, y cayó tan gravemente herido que decidió abandonar su empresa y volver á Cuba, donde al poco tiempo murió[570].

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Fig. 414.—Mapa de los descubrimientos de Ponce de León (Woodbury Lowery).

Francisco Hernández de Córdoba.

13.—Cuatro años después de la vuelta de Ponce de León de su primer viaje á la Florida (Febrero, 1517), Francisco Hernández de Córdoba salió de la Habana con tres buques y 110 hombres. El gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, les había vendido uno de los buques con la condición de que se lo pagaran en esclavos arrancados de Las Lucayas. Entre los expedicionarios iba el ingénuo y verídico cronista Bernal Díaz del Castillo. Apenas se hicieron á la mar, reputando injusta la pretensión de Velázquez, pues ni Dios ni el rey, como dice el referido cronista, mandaban esclavizar á los hombres libres, decidieron convertir en descubridora la expedición emprendida con fines piratescos.

Después de veintiocho días de navegación llegaron á las costas del Yucatán (Pontanchen). En un encuentro con los indígenas (Mayas) perdió Córdoba la mitad de su gente, decidiendo volver á Cuba. Los serios temporales que le sorprendieron en el viaje de vuelta, hicieron que las embarcaciones derivaran de su rumbo, yendo á parar á una bahía de la península de la Florida (Charlotte Harbour), que el piloto Antón de Alaminos reconoció como por haberla visitado con Ponce de León en su primer viaje. Al desembarcar en la referida bahía, fueron los españoles nuevamente atacados por los indígenas (Timaquanos). Alaminos y Hernández de Córdoba cayeron heridos, pudiendo, con grandes dificultades, ganar los botes para huir de la furia de los indios. Hicieron en seguida rumbo á la Habana, desde donde Hernández de Córdoba envió á Velázquez una relación de su viaje, muriendo diez días después de sus heridas[571].

Juan de Grijalva.

14.—Los informes suministrados por Hernández de Córdoba, determinaron al gobernador de Cuba á preparar otra expedición, cuyo mando entregó á Juan de Grijalva, capitán que se había distinguido en la conquista de la isla.

Grijalva salió de Santiago de Cuba en Mayo de 1518. Descubrió la isla de Cozumel y continuó su viaje por las costas del golfo, sufriendo de parte de los indios menos daños que su desgraciado antecesor Hernández de Córdoba.

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Fig. 415.—Juan de Grijalva (según Herrera).

Desembarcó en una isla, que llamó de los sacrificios, por los restos humanos que encontró en sus templos, y siguió hasta la de San Juan de Ulúa, alcanzando á navegar hasta Panuco, y encontrando por todas partes poblaciones numerosas y tierras cultivadas con esmero.

Convencido de que todas estas regiones formaban parte de algún poderoso país, que no era posible invadir y conquistar con tan escasos recursos, volvió á Cuba Hernández con la esperanza de reunir fuerzas suficientes para dominar los territorios descubiertos.

Pero la gloriosa conquista y dominación de Méjico, que tales guerreros habían preparado, estaba reservada, como más adelante veremos, para Hernán Cortés, brillante personalidad histórica de la conquista española en América[572].

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I
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CUESTIONARIO

1.—¿Por qué fué enviado Ovando á La Española?

2.—¿Cuáles fueron los acontecimientos más notables de su gobierno?

3.—¿Cuál fué el origen de los repartimientos ó encomiendas?

4.—¿Qué graves males ocasionaron en La Española?

5.—¿Cuáles fueron las principales causas de la disminución de la raza indígena en La Española, Cuba, etc.?

6.—¿Qué lección etnológica se deduce de tal disminución?

7.—¿Qué descubrimientos se hicieron durante el gobierno de Ovando?

8.—¿Quién colonizó la isla de Puerto Rico?

9.—¿Quién sustituyó á Ovando en el gobierno de La Española?

10.—¿Qué males produjo la conducta de Alburquerque?

11.—¿Cómo juzgaron Fray Antonio de Montesinos y los Dominicos las encomiendas y repartimientos?

12.—¿Qué consiguieron con sus predicaciones y reclamos?

13.—¿Quién fué Fray Bartolomé de Las Casas?

14.—¿Dónde y cómo decidió dedicarse á la protección de los Indios?

15.—¿Qué resultados tuvo su entrevista con el Cardenal Cisneros?

16.—¿Cómo se introdujo en América la esclavitud Africana?

17.—¿Qué intervención tuvo Las Casas en su desarrollo?

18.—¿Qué territorios obtuvo Las Casas del Emperador Carlos V?

19.—¿Qué le acaeció al colonizarlos?

20.—¿Quién conquistó la isla de Cuba?

21.—¿Qué intervención tuvieron en tal conquista Las Casas y Pánfilo de Narváez?

22.—¿Quién descubrió la Península de La Florida?

23.—¿Qué ilusión abrigaba Ponce de León al emprender su viaje á la legendaria Bimini?

24.—¿Qué descubrimientos hizo Francisco Hernández de Córdoba?

25.—¿Qué descubrimientos hizo Juan de Grijalva?

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I
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REFERENCIAS

Generales.—Peschell, Races of Man. Harrise, Discovery of North America. José Antonio Saco, Historia de la Esclavitud (1875-1878). Manuel José Quintana, Vida de Españoles célebres, y las mencionadas en los capítulos anteriores.

Bartolomé de las Casas, etc.—Antonio de Remesal, Historia de la Provincia de San Vicente de Chiapa (1619). J. A. Llorente, Oeuvres de Las Casas, 1822. Carlos Gutiérrez, Fray Bartolomé de Las Casas, sus tiempos y su Apostolado, Madrid, 1878. Antonio María Fabié, Vida y escritos de D. Fray Bartolomé de Las Casas, 1879. Hefele Ch. J., El Cardenal Jiménez de Cisneros y la Iglesia Española á fines del siglo xv y principios del xvi. L. Galindo Vera, Historia, vicisitudes y política tradicional de España, respecto de sus posesiones de Ultramar (Mem. Ac. de la Hist. Bol. XI). Nuix J., Reflexiones imparciales sobre la humanidad de los Españoles en Indias. Mac Nutt, Bartholomew de Las Casas, etc., London, 1909. Sobre los escritos, controversias, etc., de Las Casas mismo, véase mi Vol. II.

Cuba y Puerto Rico.—Carrera y Justiz, Int. al Estudio de las Instituciones Locales de Cuba, vol. I, (1906). Pezuela, Ensayo Histórico de Cuba. P. J. Guiteras, Historia de la Isla de Cuba, etc., etc.

Descubrimiento de la Florida.—A. G. Barcia, Ensayo Cronológico para la Historia general de la Florida, etc., (1723). Shea, Ancient Florida en Winsor, N, & C. H. of A., vol. II, cap. V., la citada obra de Woodbury Lowery. Spanish Settlements, etc. Theodore Irving, Conquest of Florida. Buckingam Smith, Coll. Doc. para la Hist. de la Florida, Londres, 1857, etc., etc.

Bibliografías.—Bourne, Spain in América, pág. 332 y sig. Larned, Lit. of Am. Hist, pág. 59 y sig. Winsor, Narrative & Critic History of America, vol. II, notas á los cap. IV-V. Woodbury Lowery, op. cit., notas á los cap. II, III, etc. Altamira, Hist. de España, vol. II, pág. 521 y sig., etc., etc.

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CAPÍTULO V EN DEMANDA DEL ESTRECHO (1508-1522)

1.—Concesión á Ojeda y Nicuesa. 2.—Último viaje de Ojeda. 3.—Expedición desgraciada de Nicuesa. 4.—Enciso y Vasco Núñez de Balboa. 5.—Alianzas de Balboa con los Indios. 6.—El descubrimiento del Mar del Sur. 7.—Pedrarias Dávila. 8.—Expediciones en el Istmo. 9.—Ejecución de Vasco Núñez de Balboa. 10.—Juan Díaz de Solís y el descubrimiento del Río de la Plata. 11.—Hernando de Magallanes. 12.—Su viaje y su muerte. 13.—Sebastián del Cano. 14.—Conclusiones generales.

Concesión á Ojeda y Nicuesa.

1.—En el año 1508, el célebre Alonso de Ojeda y D. Diego de Nicuesa, acudieron al rey Don Fernando solicitando autorización para fundar colonias en Tierra Firme, en los alrededores del golfo de Urabá (Darien) y el río Atrato. Tanto Ojeda como Nicuesa tenían gran privanza en la Corte española, y aunque la exploración de semejantes territorios pertenecía de derecho á los herederos de Colón, el monarca concedió á Ojeda toda la costa Norte de Sud América, desde el cabo de Vela al golfo de Urabá (Darien), con el nombre de Nueva Andalucía, otorgando á Nicuesa el actual Istmo de Panamá y sus costas, desde el golfo de Urabá al Oeste, hasta más allá del cabo Gracias á Dios, en Honduras, con el nombre de Castilla del Oro, que se transfirió más tarde (1513) á la parte Septentrional de Sud América, llamada comúnmente Tierra Firme. El famoso piloto Juan de la Cosa fué nombrado Alguacil Mayor de Urabá y lugarteniente de Ojeda[573].

Último viaje de Ojeda.

2.—Ojeda salió de La Española (Noviembre, 1509) con cuatro embarcaciones y trescientos hombres. Le acompañaba el veterano Juan de la Cosa y el más tarde célebre conquistador del Perú Francisco Pizarro. Desembarcaron los expedicionarios cerca del actual puerto de Cartagena, penetrando en el interior para conseguir esclavos indios. Resistieron encarnizadamente los indígenas á los aventureros españoles, peleando con flechas herboladas[574], que ocasionaron la muerte á más de setenta, incluyendo al piloto Juan de la Cosa. Ojeda abandonó tan inhospitalarios lugares, hizo rumbo al Oeste, y en el límite de su provincia edificó un fuerte que llamó de San Sebastián. Pocos días después fué herido en otro encuentro con los indígenas. Pudo salvarse cauterizando la herida con planchas ardientes, pero su estrella empezó á declinar. De trescientos hombres sólo le quedaban sesenta, los víveres escaseaban y su situación entre tribus hostiles se hacía insostenible. Decidió volver á La Española para conseguir recursos. Después de penalidades sin cuento, murió (1515) agobiado y en la miseria[575].

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Fig. 416.—Provincias concedidas á Ojeda y Nicuesa (1508).

Expedición de Nicuesa.

3.—Los recursos de Nicuesa, rico plantador de La Española, sus condiciones personales, su popularidad en la colonia, y la fama de la región que se le había concedido, le permitieron reunir setecientos hombres y una escuadrilla de cinco naves y dos bergantines. Diez días después de la partida de Ojeda (1509), hízose á la vela desde Santo Domingo. Fué igualmente desgraciado en su expedición. Después de naufragar en las cercanías de Veragua, fundó un pequeño establecimiento, cerca del actual pueblo de Aspinwall, que llamó Nombre de Dios. Los rigores del clima, la insalubridad de aquellos lugares, la escasez de víveres y las continuas fatigas fueron aniquilando á los soldados de Nicuesa, que quedaron reducidos á setenta ú ochenta. En el mes de Noviembre de 1510, llegaron á Nombre de Dios dos bergantines capitaneados por Rodrigo de Colmenares y enviados desde Urabá (Darien) para socorrer á los exhaustos colonos. Halló Colmenares á Nicuesa "en mayor desdicha que la de hombre alguno, extremadamente macilento y escuálido, con sesenta compañeros..." que "no les tuvo menos compasión que si los hubiere hallado muertos..." Comunicóle que los hombres de Ojeda habían cruzado el golfo de Urabá, estableciendo en el Darien (Santa María de la Antigua), una colonia relativamente próspera. Como el Darien estaba dentro de los límites de la concesión de Nicuesa, y supo que se había encontrado oro, decidió embarcarse con Colmenares esperando imponer en la nueva colonia su autoridad. Sabedores, sin embargo, los Urabenses que pretendía Nicuesa apoderarse del oro que habían ellos conseguido con gran trabajo, rechazaron al desgraciado gobernador en cuanto llegó, y le obligaron á embarcarse con sólo diez y siete hombres en el mismo bergantín que le había llevado al Darien. El 1.º de Marzo de 1511 hizo Nicuesa, con sus diez y siete soldados, rumbo á La Española. Jamás hubo ya noticia de ellos[576].

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Fig. 417.—Viaje de Ojeda.

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Fig. 418.—La región de "Tierra Firme", á la que el rey Don Fernando trasladó el nombre de "Castilla del Oro" en 1513, según mapa del 1597.

Enciso y Vasco Núñez de Balboa.

4.—Antes de llegar Ojeda á La Española herido y maltrecho, había salido, con rumbo á San Sebastián, el bachiller Martín Fernández de Enciso, su asociado y amigo. Enciso era valiente, honesto y bien reputado en la colonia, pero no tenía tacto para manejar hombres. Apenas llegó á alta mar vió, con gran sorpresa, salir de un barril de provisiones al audaz hidalgo extremeño Vasco Núñez de Balboa, llamado el esgrimidor que, procesado en Santo Domingo por deudas, había recurrido á tan arriesgado ardid para huir de sus acreedores. No agradó mucho á Enciso la presencia á bordo de tan peligroso huésped, y aun le amenazó con abandonarle en una isla desierta. El atrevido soldado consiguió bien pronto desarmar las iras del bachiller, y juntos siguieron navegando hasta desembarcar en Cartagena. Allí encontraron á Francisco Pizarro acaudillando los hambrientos soldados de Ojeda que, después de haber esperado cincuenta horribles días á su desgraciado jefe, habían decidido abandonar la colonia. Agregáronse á las tripulaciones de Enciso, siguiendo todos viaje hacia el golfo de Urabá. Siguiendo las indicaciones de Vasco Núñez de Balboa, conocedor de aquellas costas por haberlas recorrido con Bastidas, decidieron establecerse en la parte occidental del golfo, donde, según Balboa, no usaban los indios flechas herboladas. Allí fundaron una villa que se llamó Santa María del Darien. Pero las demasías autoritarias y la falta de tino de Enciso sublevaron bien pronto á los colonos. Amotináronse contra él, le negaron obediencia y acordaron ofrecer el mando á Nicuesa, é interinamente á Vasco Núñez. Enciso tuvo que resignarse y abandonar su naciente villa del Darien. Sabemos ya lo acaecido al imprudente Nicuesa cuando llegó á ella. Carecía, como Enciso, de dotes políticas. Balboa las tenía, y fué, por tanto, confirmado en el gobierno. Enciso pasó á España para quejarse al rey de los procederes de Balboa, y á dar cuenta del desgraciado suceso de Diego de Nicuesa[577].

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Fig. 419.—Mapa llamado de Lenox (1534).

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Fig. 420.—Vasco Núñez de Balboa (según Herrera).

Alianzas de Balboa con los Indios.

5.—Libre ya Balboa de disensiones y obstáculos, dedicó todas sus energías á obtener provisiones guerreando con los indios. Atacó primero, y contrajo después alianza ofensiva y defensiva con el cacique de la tribu ó región de Careta ó Coiba, cuya hija tomó por mujer. Con sus aliados indígenas emprendió expediciones guerreras contra las tribus de Acla, etc., enemigas de la de Careta, que destrozó subyugando también á los jefes tribales de Poncha, Comagre, etc., con los cuales parece ser que formó una especie de confederación ocasional con fines guerreros, parecida á las descritas al hablar de las guerras indígenas. En una de las expediciones emprendidas por Balboa con sus confederados indios, obtuvieron los españoles más de 50 libras de oro (12.000 pesos). Cuentan las crónicas que al ver cómo lo pesaban y disputaban sobre su reparto, uno de los hijos del cacique de Comagre, perdió la paciencia, dió un fuerte puñetazo á la balanza é increpó á los codiciosos, diciéndoles: "yo os enseñaré una región abundante de oro donde podréis saciar vuestra sed... cruzando estas montañas (y con el dedo señalaba los montes del Sur), desde los promontorios podréis ver otro mar donde hay naves no menores que las vuestras... Todo aquel lado que mira al Sur cría oro en abundancia..."

Balboa en ese momento carecía de provisiones y fuerzas para emprender la exploración indicada por su aliado, pero no olvidó la advertencia, y en el verano de 1513, habiendo recibido noticias de que estaba en camino un nuevo Gobernador nombrado por la Corte para ejecutar la sentencia contra él dictada, decidió parar el golpe acometiendo una empresa que por sus beneficios le congraciara con el Rey.

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Fig. 421.—El Río de la Plata (Isolario de Alonso de Santa Cruz).

Reunió en el Darien un elegido contingente de ciento noventa soldados, y el día 1.º de Septiembre salió de Careta con sus fieles amigos indígenas decidido á descubrir el mar y las regiones auríferas descritas por el indio de Comagre, ó á perecer en la demanda[578].

Descubrimiento del Mar del Sur.

6.—Con guías y taladores, que proporcionó el cacique de Poncha, penetraron los castellanos en las tenebrosas espesuras tropicales y cruzando, con increíbles fatigas y penurias, escarpados cerros, híerbosas ciénagas, grandes ríos, sobre los que echaron puentes de entrelazadas y grandes vigas; realizando, en fin, una expedición que aun hoy sería hazañosa y dificilísima, llegaron á la región ocupada por la tribu de Cuarecua, cuyo lascivo y abyecto jefe recibió á los expedicionarios en actitud hostil. Atacóle Vasco Núñez con fiereza, destrozando á los guerreros Cuarecuanos, poniéndoles en desordenada fuga llegando hasta sus chozas y "echándoles allí los perros, que destrozaron unos cuarenta, para castigar sus nefandos vicios".

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Fig. 422.—Parte de Sud América en la edición de Ptolomeo (1522).

Dejando en Cuarecua, ya subyugada, muchos de sus compañeros que, no acostumbrados aún á tantos trabajos y hambre, habían caído enfermos, tomó Vasco Núñez nuevos guías y se encaminó á las cumbres de las montañas. Por fin, el 25 de Septiembre del 1513 los guías Cuarecuanos mostraron á Balboa unas altas cumbres desde las cuales se podía ver el otro mar. "Las miró Vasco atentamente, dice el cronista Pedro Mártyr, mandó parar la tropa, fué delante él solo, y ocupó el vértice primero que ninguno. Postrándose en tierra, hincado de rodillas, y alzando al cielo las manos, saludó al mar Austral (Océano Pacífico)... y dió infinitas gracias á Dios y á todos los santos del cielo que le habían guardado la palma de una empresa tan grande..."

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Fig. 423.—Patagón (Estampa del siglo xvi).

En señal de posesión erigieron los descubridores por aras unos montones de piedras y empezaron á descender las montañas. Salióles al encuentro con sus guerreros el cacique de Chiapes[579]. Cayeron sobre ellos los españoles "saludándoles con las escopetas y la jauría de alanos", los atemorizaron, trabaron después con su cacique buena amistad y, guiados por él mismo, descendieron de las cimas de las montañas hasta la anhelada costa, adjudicando al imperio castellano, delante de testigos y de los escribanos reales, "todo aquel mar y todas las tierras adyacentes á él". Con nueve rudas canoas (culchas) facilitadas por los Chiapeños, lanzóse á explorar la Ensenada de San Miguel. Poco le faltó para ahogarse, pues tan pronto como se lanzaron á alta mar, "se vieron embestidos de tal lucha de las olas que no sabían á dónde dirigirse ni parar". Refugiáronse en una isla próxima que casi cubrió durante la noche el flujo del mar. Cuando al amanecer quedó la isla en seco por el reflujo, repararon como pudieron las destrozadas culchas y regresaron á la costa medio muertos de hambre y de sed. Después de penetrar Balboa en los territorios del cacique Tumaco, que obsequió á los conquistadores con 600 pesos de oro y gran cantidad de perlas, deseoso de dar cuenta de su gran descubrimiento, resolvió volver al Darien. Emprendió el viaje de vuelta por tierras de varios caciques (Tecocha, Pacra, Tubanamá, etc.), cuyas tribus dominó de grado ó por fuerza, y después de varios meses de hambres, fatigas, luchas é increíbles trabajos, llegó al Darien (Enero 19, 1514) ufano de su heróica empresa y descubrimiento, sin haber perdido, peleando, un solo hombre, y cargados de un rico botín. Por cartas de Pasamonte y del mismo Vasco Núñez supo el rey Católico la hazaña de su caudillo, le admitió nuevamente á su gracia nombrándole en carta á Pedrarias (Sept. 27, 1514) Adelantado de la región de la costa que tan felizmente había conseguido subyugar[580].

Pedrarias de Avila.

7.—Antes de emprender Balboa su expedición al Pacífico, la corte española, conocedora de los luctuosos sucesos del Darien (Antigua), resolvió enviar un jefe que le quitara el mando que se había arrogado sin mandato real. Fué elegido para el cargo el implacable veterano Pedro Arias de Avila (Pedrarias), protegido de Fonseca y tenido por valeroso y firme. Alistáronse con Pedrarias, llamado «el justador» 1.200 soldados aguerridos de las campañas de Gonzalo de Córdoba, siendo tal el entusiasmo por la empresa, que tuvo necesidad Pedrarias de negar embarque á más de dos mil voluntarios que, aun á su propia costa, querían partir. Acompañaban á Pedrarias su esposa la denodada D.ª Isabel de Bobadilla, de gran privanza en la corte, Diego de Almagro, Hernando de Soto, Benalcázar, etc., más tarde con Pizarro conquistadores del Perú. Era escribano general y veedor de la expedición y la colonia el cronista González de Oviedo, iba como Alcalde el licenciado Espinosa, y el bachiller Enciso como Alguacil Mayor. La llegada al Darien de tan numeroso contingente (Julio, 1514), convirtió la miserable y turbulenta colonia de la Antigua en villa importante. Se edificaron nuevas residencias oficiales y se levantó una iglesia catedral que consagró D. Juan de Quevedo, Obispo nombrado para Castilla del Oro y el Darien.

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Fig. 424.—Mapa de Pigafetta (Ed. Amoretti).

Apenas llegó Pedrarias á la Antigua, residenció ó procesó á Balboa por su conducta anterior. Instruyó el proceso Gaspar de Espinosa y, merced á los buenos oficios del Obispo Quevedo y de D.ª Isabel de Bobadilla, fué absuelto Vasco Núñez de toda responsabilidad criminal en el suceso del desgraciado Nicuesa, aunque se le condenó civilmente á indemnizar á su encarnizado enemigo Enciso de los perjuicios que alegó haber sufrido[581].

Expediciones en el Istmo.

8.—Despachado este negocio, y como las provisiones almacenadas por Balboa eran insuficientes para mantener á todos, envió Pedrarias tres expediciones con el objeto de buscarlas entre los indios, explorando al mismo tiempo el país. Conforme con sus instrucciones y con los acuerdos del Consejo ó Asamblea Magna que se reunió en la Antigua (Darien), decidióse á abrir un camino á través del Istmo, escalonando fortalezas de Norte á Sur. No hemos de detenernos á describir en detalle los inhumanos hechos de los capitanes de Pedrarias. Sus atrocidades sin freno trocaron bien pronto la amistad de los indios hacia el europeo en odio encarnizado y feroz. Juan de Ayoras saqueó y agotó la región de Comagre; el sanguinario Morales y su compañero Francisco Pizarro llegaron hasta la isla de las Perlas, y después de degollar hombres, mujeres y hasta niños, incendiar bohíos, y recoger oro y perlas, cruzaron el golfo de San Miguel, tratando de volver al Darien por Biru, viéndose obligados á retirarse y desistir de la empresa. Vasco Núñez fué derrotado en Dabaibe con graves pérdidas; Becerra perdió en el Cenu su vida y la de sus soldados; Gonzalo de Badajoz tuvo que apelar á la fuga en las cercanías del golfo de Parita, y lo propio aconteció á Meneses en el efímero establecimiento de Santa Cruz, y á Pedrarias mismo, que capitaneó en persona una expedición al Cenu, y hubo de contentarse con reconstruir la aldea de Acla, término Norte, del camino del Istmo, que llegaba hasta Panamá la Vieja, fundada en la expedición que acaudilló Gaspar de Espinosa[582].

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Fig. 425.—El cronista Herrera.

Ejecución de Vasco Núñez de Balboa.

9.—Como los leguleyos y oficiales públicos, que habían ido al Darien con Pedrarias, odiaban á Vasco Núñez de Balboa, que les pagaba con la misma moneda despreciándoles y no regalándoles esclavos indios, como hacían los demás capitanes[583], intrigaron el ánimo del suspicaz y atrabiliario Pedrarias, asegurándole que Balboa quería rebelarse contra él. Vino, en tanto, de la corte el nombramiento de Adelantado en favor de Balboa, y la orden de que prosiguiera sus descubrimientos en las costas del Sur. Tan justo premio á los méritos de Balboa irritó en grado extremo los celos y suspicacias del Gobernador Pedrarias. Guardóse bien de comunicárselo al interesado, marchando, en cambio, hacia Acla con sus intrigantes cortesanos para aprisionar al hidalgo. Por mediación del Obispo Quevedo pudo librarse éste de los insanos furores de Pedrarias. Prometió contraer matrimonio con una de sus hijas, que á la sazón se encontraba en España, permitiendo por su parte el de Avila, que Balboa, como Adelantado Real, continuara sus descubrimientos en el Mar del Sur. Reanudó Vasco Núñez, después de este incidente con Pedrarias, sus interrumpidos trabajos. Como le pareciera difícil encontrar al otro lado del Istmo madera suficiente y apropiada para construir embarcaciones, decidió Balboa transportar á través de las montañas la cantidad necesaria para armar dos pequeñas naves, y hacerse con ellas á la mar. Realizó con ímprobos trabajos su arriesgada empresa, estableciendo su astillero en el Río de las Balsas. Desde allí, y con sus dos rudimentarias embarcaciones, hizo una infructuosa expedición á la Isla de las Perlas. Faltándole, sin embargo, alquitrán y cordajes para seguir sus exploraciones, y habiendo llegado, además, á sus oídos que venía al Darien otro Gobernador (Lope de Sosa) para sustituir á Pedrarias, quiso cerciorarse de la verdad de tales diceres, y envió al Acla á su lugarteniente Garabito con un pequeño destacamento. Si el Gobernador nuevo había llegado, debían volver á informar á Balboa para emprender todos inmediatamente su expedición al Sur, sin contar con su beneplácito. Si Pedrarias continuaba en el mando debían los emisarios de Balboa entrar á Acla, y limitarse á pedir cordajes y alquitrán.

Fuese por una razón ó por otra, el infame Garabito traicionó á Balboa. Avistóse con Pedrarias, comunicándole que Vasco Núñez no pensaba casarse con su hija porque seguía enamorado de la hija del cacique Careta y había decidido embarcarse con ella y constituir un gobierno independiente en las costas del Mar del Sur. Estos y otros astutos chismes de serviles soldados, que el envidioso Gobernador acogía con avidez de perseguido, entenebrecieron hasta tal punto su débil espíritu que, entregándose por completo en manos de sus menguados consejeros, decidió llamar á Balboa con un pretexto, y procesarle, cuando llegara con sus compañeros, por delito de alta traición. Vino Balboa del Acla sin sospechar lo que le esperaba. Francisco Pizarro le redujo á prisión apenas llegó. Instruyó un proceso Gaspar de Espinosa, condenó á los rebeldes, y aunque solicitó para ellos clemencia, Pedrarias fué implacable, é hizo decapitar á Vasco Núñez y sus fieles amigos Valderrábano, Botello y Arguello (1517) en la plaza pública del Acla.

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Fig. 426.—Globo terráqueo de Schoner.

Así terminó la rápida y brillante carrera del desgraciado Vasco Núñez de Balboa, una de las personalidades más simpáticas y atrayentes de aquellos luctuosos tiempos. Incansable en el trabajo y los peligros, afable con sus subordinados, prudente, caballeresco, hábil y valerosísimo, supo ganarse amigos entre los indígenas como nadie lo había hecho antes que él. Si hubiera vivido se hubiera anticipado á Pizarro y Almagro en la conquista del Perú. Si las noticias del descubrimiento del Mar del Sur hubieran llegado á tiempo á la corte española, la ciega enemistad de un mandatario violento, y las pérfidas intrigas de unos cuantos fracasados é ineptos, no hubieran privado al mundo de capitán tan gallardo, y tal vez hubiera cambiado por completo la historia de la Conquista española en la sección del Pacífico de la América del Sur.

En el año 1519 trasladó Pedrarias el gobierno del Darien á Panamá, que se hizo villa en 1521. La Antigua fué abandonada. En 1519, Gaspar de Espinosa recorrió al Noroeste y al Oeste las costas del Mar del Sur hasta el Golfo de Culebras, y en el 1522 Pascual de Andagoya penetró con sus soldados unas veinte leguas al interior del país de Biru, obteniendo de los costeños nuevos datos sobre la grandeza del imperio de los Incas.

Un desgraciado accidente le obligó, sin embargo, á volver enfermo á Panamá.

Más tarde, Juan de Basurto siguió el rumbo de Andagoya; pero deseoso de obtener mayores recursos, marchó primero á La Española, muriendo en «Nombre de Dios».

Así, llegó el año 1524 sin haber adelantado en el Mar del Sur más de lo que su inmortal descubridor Vasco Núñez de Balboa adelantó.

Con razón afirmaba el cronista Pedro Mártyr, que nunca bajo el mando de Pedrarias, "se hizo cosa alguna digna de alabanza sino matar y ser muertos, asesinar y ser asesinados..."[584].

Juan Díaz de Solís y el descubrimiento del Río de la Plata.

10.—Dijimos anteriormente que la noticia del descubrimiento de Cabral fué gran motivo de alarma para la corte española. Deseoso Fernando el Católico de eclipsar á los portugueses, encontrando el estrecho que había de conducir á las islas de Las Especias, después de nombrar á Balboa adelantado del Mar del Sur, con orden de explorar sus costas, eligió al veterano navegante Juan Díaz de Solís, el más hábil, dice Herrera, de los marinos españoles de su época, para que explorara el Océano más allá de Castilla del Oro en una distancia de 1.700 leguas ó más, si le fuera posible, pero teniendo cuidado de no tocar en los territorios que, por el tratado de Tordesillas, pertenecían á la corona portuguesa. Fletó Solís tres pequeñas carabelas (una de 70 toneladas y dos de 30) con setenta hombres de tripulación, embarcó provisiones para dos años y medio, y se hizo á la vela desde Sanlúcar el día 8 de Octubre de 1515. Hizo rumbo al Brasil, llegó á las inmediaciones del actual Río Janeiro, y desde este punto, pasando cerca de las islas de Santa Catalina y de Lobos, entró en el puerto de Candelaria (hoy Maldonado), del que tomó posesión á nombre de su rey (Febrero 2, 1516). Dióse inmediatamente cuenta de que se hallaba en la desembocadura de un inmenso río que llamó de Santa María ó "Mar Dulce". Penetró en él, y con una carabela llegó hasta la isla de San Gabriel primero, y de Martín García después. Desembarcó allí (inmediaciones de Martín Chico) con ocho de sus compañeros y, al alejarse de la orilla, fué furiosamente asaltado por los salvajes (Guaranies), que asesinaron á todos los castellanos, con excepción de uno (Francisco del Puerto), y devoraron sus destrozados cuerpos con canibalística y repugnante avidez. La muerte de su jefe decidió á los marinos á volver á España. Francisco de Torres y el piloto Diego García tomaron el mando de las carabelas. Al emprender el viaje de retorno naufragó cerca de Santa Catalina una de las embarcaciones, viéndose obligados sus tripulantes á permanecer en aquellas playas. Las otras dos carabelas (que se habían adelantado), después de recalar en la costa del Brasil (cabo de San Agustín) y cargar unos cientos de quintales del palo de este nombre, hicieron rumbo á España llegando á Sevilla en los primeros días de Septiembre (1516)[585].

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Fig. 427.—Las islas de Los Ladrones.

Hernando de Magallanes.

11.—El virey portugués Alfonso de Alburquerque, célebre conquistador de Malaca (Aureo Quersoneso), despachó una flota en Diciembre del 1511 á las islas de Las Especias que, á principios del 1512, visitó Amboina y Banda, volviendo á Malaca con un rico cargamento de clavo[586]. El hecho de estar tales islas 50° de longitud al Este de Calicut, hizo revivir el antiguo proyecto Colombino de llegar á ellas navegando hacia el Occidente. Fernando de Magallanes resolvió realizarlo. Había nacido este célebre marino en Portugal hacia el año 1480. Fué paje del rey Don Manuel (1495), vió volver triunfante á Cabral y Vasco de Gama, se alistó en la expedición de Almeida (1505), permaneciendo siete años en las Indias Orientales, y tomando parte en la Conquista de Malaca. Al volver á Portugal, y después de pelear en Marruecos, fijo en su idea de llegar á las islas de Las Especias, navegando hacia Occidente, propuso su proyecto al rey Don Manuel, que lo rechazó de plano, negando también á Magallanes algunas otras mercedes que por sus campañas de Azamor (Africa) solicitaba.

Herido Magallanes en su orgullo con las negativas del rey de Portugal, se desnaturalizó con actos públicos y pasó á Castilla á ofrecer sus servicios al Emperador Carlos V, prometiéndole llegar navegando hacia el Occidente, hasta Malaca y Maluco (las Molucas) islas donde crecían las especias y que creían no se hallaban dentro de lo perteneciente á Portugal, según la línea de demarcación trazada por Alejandro VI.

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Fig. 428.—Hernando de Magallanes.

Aceptó el Emperador la propuesta de Magallanes, capituló solemnemente con él y su compañero el astrónomo Ruiz Falero, y después de algunas dificultades materiales y, á pesar de los esfuerzos del embajador portugués para impedir la salida de la expedición, consiguió hacerse á la vela desde Sanlúcar de Barrameda el día 20 de Septiembre del 1519[587].

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Fig. 429.—Autógrafo de Magallanes.

Su viaje y su muerte.

12.—Componíase la flota de Magallanes de cinco pequeñas naves (Trinidad, San Antonio, Concepción, Victoria y Santiago) de las que la mayor (San Antonio) apenas cargaba 150 toneladas. Las tripulaciones (270 hombres) eran singularmente cosmopolitas. Había marineros de todas las comarcas del mundo. Iban entre ellos algunos jóvenes ansiosos de aventuras, uno de los cuales (Pigafetta) nos legó en su diario la mejor relación de este viaje.

Rumbeó la escuadrilla el SE., tocando en las Canarias y siguiendo después al S. y cuarta al SO., lo que motivó un altercado entre Magallanes y uno de sus subalternos, Juan Cartagena, perdiendo la paciencia el primero, que mandó poner en un cepo al rebelde, nombrando capitán de la nao San Antonio á Antonio de Coca primero, y á Alonso de Mezquita más tarde.

El 8 de Diciembre llegaron á la costa del Brasil; el 13 fondearon en Río de Janeiro, de donde zarparon el 27, siguiendo á lo largo de la costa con rumbo al Sur.

Avistaron el cabo de Santa María, y reconocieron y navegaron el Río de la Plata hasta convencerse que allí no existía paso alguno.

El 21 de Marzo entró la armada en el puerto de San Julián, y Magallanes demostró su propósito de invernar allí; pero su gente, desesperanzada de encontrar el paso, se resistió, acordando pedirle que volviera á España.

Manifestó Magallanes que no retrocedería, lo que dió lugar á la sublevación de las tripulaciones de los buques San Antonio, Concepción y Victoria, mandadas por Quesada, Mendoza y el ya mencionado Cartagena.

Notificaron los sublevados á Magallanes su resolución de abandonar el viaje, contestándoles éste que para hablar del asunto fueran á su buque, donde les esperaba.

Como era natural, se negaron á obedecer. Magallanes decidió jugar el todo por el todo. Detuvo la lancha de la San Antonio, que fué á llevarle las proposiciones de los sublevados, y envió al alguacil Espinosa á La Victoria con una carta para Mendoza, su capitán. Apenas Mendoza cogió la carta, echóse Espinosa sobre él, dándole una mortal puñalada en el cuello. Muerto Mendoza, Magallanes envió quince de sus fieles que, sin gran resistencia, izaron su bandera en La Victoria. Atemorizados los capitanes de La Concepción y la San Antonio, trataron de hacerse á la mar. Garreó, sin embargo, la San Antonio yendo á dar sobre la nave de Magallanes, que la recibió con fuego nutrido, tomándola luego al abordaje. Dominada así la insurrección, mandó Magallanes descuartizar á Mendoza, degollar á Quesada y abandonar á Cartagena, y al clérigo Sanchez Reina, en aquella tierra desierta. Previos cuatro meses de invernada, continuó viaje la escuadra el día 20 de Agosto (1520). Descubrieron el río Santa Cruz, afirmándose Magallanes en su propósito de seguir costeando aquellas regiones hasta encontrar el estrecho. El 21 de Octubre dobló el llamado Cabo de las Vírgenes.

Antes de seguir más hacia el Sur convocó á sus capitanes á junta para averiguar el estado de los víveres.

Aunque resultó que apenas podían durar tres meses, los capitanes opinaron que era bien pasar adelante y acabar la demanda que se llevaba.

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Fig. 430.—Ruta de Magallanes á través del Océano Pacífico (Mapa Winsor. U. & C. H. of A., vol. II).

Sólo el portugués Gómez se opuso, alegando escasez de provisiones, á lo que Magallanes replicó: Aunque tuviese que comer los cueros de las vacas con que van forradas las entenas, he de pasar adelante, y descubriré lo que he prometido al emperador.

Con esto entraron al estrecho que lleva el nombre de su descubridor, surcándolo con mucho trabajo en veinte días, sin ver habitante alguno, avistando sólo de noche hogueras en la costa del Sur, que llamaron Tierra del Fuego.

Durante la travesía, el portugués Gómez, que mandaba la San Antonio, desertó con ella vergonzosamente.

El 27 de Noviembre, y después de doblar el cabo de Todos los Santos, desembocó, por fin, Magallanes en el nuevo Océano, que llamó Pacífico, dejando descubierto el estrecho tenebroso que ciñó á sus sienes la corona de la inmortalidad[588].

Dura fué la travesía de aquel océano jamás surcado, y cuya anchura no podía Magallanes sospechar, porque nadie en su tiempo suponía existente en el globo tan inmensa masa de agua. Navegaron los intrépidos descubridores semanas tras semanas; las provisiones faltaron; llegaron á comerse hasta el forro de cuero de la parte baja del palo mayor, y cuantas ratas había á bordo.

Más de veinte hombres murieron de escorbuto, y otros estaban próximos á perecer, cuando el 6 de Marzo de 1521 avistó Magallanes unas islas que formaban parte de un archipiélago que denominó de los Ladrones (Marianas), en donde se detuvo tres días para buscar víveres.

El 16 de Marzo descubrió otra isla y en seguida muchas más á las cuales dió el nombre de San Lázaro (Filipinas). En ellas trabó relaciones de amistad con varios caciques, cambió presentes y recogió noticias para hacer más tarde su conquista.

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I

Fig. 431.—Tierras del Estrecho de Magallanes (Isolario de Alonso de Santa Cruz).

El señor más poderoso con quien trataron los castellanos, era el rey de la extensa isla de Zebú, que se declaró vasallo del rey de España. No les cabía duda de que habían llegado al principio del Asia, puesto que el esclavo malayo Enrique, que iba con Magallanes, pudo hacerse entender con los indígenas. Llegaron al islote de Mactan. Al amanecer del 27 de Abril de 1521, desembarcó en él Magallanes con un puñado de valientes. Fueron furiosamente atacados por los indígenas, y hubieron de retirarse con grandes pérdidas, siendo la mayor la del mismo Magallanes, que peleando esforzadamente quedó muerto de muchas heridas[589].

Sebastián del Cano.

13.—El resto del viaje se hizo, en su mayor parte, por regiones ya recorridas por los portugueses. Pocos días después del desgraciado fin de Magallanes, sus sucesores en el mando, Barbosa y João Serrão, fueron también asesinados por los indígenas. Sólo quedaban 150 hombres, y decidieron abandonar La Concepción, que estaba ya averiadísima, y seguir el viaje con la Victoria y la Trinidad. Después de salir de Las Filipinas, tocaron en la costa Oeste de Borneo y bajaron hacia Las Molucas. Cargaron especias en abundancia y se prepararon para volver á España; la Victoria por el Océano Indico y la costa de Africa y la Trinidad por Panamá, cruzando el Pacífico. Tuvo esta última que abandonar su temeraria empresa. De sus 54 tripulantes sólo sobrevivían 19 cuando se abandonó el viaje, y sólo cuatro de entre éstos pudieron, después de años de cautiverio, volver á España.

La navegación de la Victoria fué también peligrosa, no sólo por las tempestades de las costas Occidentales de Africa, sino por la falta de víveres. Viéronse obligados á arribar á Cabo Verde. Sabedores los colonos portugueses de esta isla que la Victoria volvía de la India con especias, retuvieron como cautivos á los tripulantes de una lancha que había ido á tierra á buscar socorros. La Victoria tuvo que hacerse á la mar apresuradamente con sólo 22 hombres. Por fin, después de una ausencia de tres años menos trece días, llegaron á Sevilla el día 7 de Septiembre del 1522. Los cautivos de Cabo Verde fueron pronto devueltos á España por los portugueses, y el emperador Carlos V recibió en su corte, solemnemente, á los 31 heroicos marinos que habían sido los primeros en dar la vuelta al mundo. Al piloto Sebastián del Cano, que los capitaneaba, se le entregaron como premio quinientos ducados; y autorizándosele á usar un escudo de armas coronado con un mundo con la siguiente leyenda: "Primus circundediste me"[590].

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I

Fig. 432.—El estrecho de Magallanes, según Van Speilbergen (East & West Indian Mirtor, Ed. Hakluyt).

Conclusiones generales.

14.—Colón y Magallanes son las dos grandes figuras de esta época heróica de la Historia Americana; y, aunque sólo separadas por un cuarto de siglo, pertenecen, en realidad, á distintas edades. No hay en Magallanes nada del medioeval y profético misticismo Colombino. Es un hombre de acción, fuerte, enérgico, sufrido y eminentemente práctico. El viaje Colombino, rompiendo las barreras seculares del Océano, fué un acto de fé sublime. El viaje de Magallanes, sin embargo, era bastante más arduo. Más de la mitad de los navegantes ingleses y holandeses, que lo intentaron á fines del siglo xvi, tuvieron que desistir de sus empresas. El primer viaje Colombino duró treinta y cinco días. La expedición de Magallanes puede decirse que empezó después de la durísima invernada de San Julián. Por estas y parecidas razones, el juicio póstumo de la historia consagra á Magallanes como navegante incomparable, y considera su viaje como el mayor esfuerzo humano que han presenciado los siglos.

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I
Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I

CUESTIONARIO

1.—¿Qué territorios concedió la Corona española á Ojeda y Nicuesa y qué nombres se les dió?

2.—¿Qué descubrió Ojeda en su último viaje, y dónde murió?

3.—¿Qué resultados tuvo la expedición de Nicuesa y cuál fué su fin?

4.—¿Quién fué Enciso y qué viaje emprendió?

5.—¿Quién era Vasco Núñez de Balboa?

6.—¿Qué alianzas hizo Balboa con los indígenas?

7.—¿Le fueron útiles para sus empresas descubridoras?

8.—¿Quién descubrió el llamado «Mar del Sur»?

9.—¿Qué ruta siguió su descubridor?

10.—¿Quién era Pedro Arias de Avila, y qué personajes históricos le acompañaron al Darien?

11.—¿Qué resultado tuvieron las exploraciones de Espinosa, Morales, Ayoras y Badajoz en el Istmo?

12.—¿Cómo trataron á los indígenas?

13.—¿Cuál fué el motivo de la enemistad de Pedrarias y Balboa?

14.—¿Quiénes fueron los verdaderos culpables de tal enemistad?

15.—¿Qué expedición emprendió Balboa á través del Istmo y con qué objeto?

16.—¿Dónde y cómo murió Vasco Núñez de Balboa?

17.—¿Cuál es el juicio de los historiadores sobre la persona y gobierno de Pedro Arias de Avila?

18.—¿Quién descubrió el Río de la Plata?

19.—¿Dónde y cómo murió su descubridor?

20.—¿Quién fué Hernando de Magallanes?

21.-¿En qué expediciones estuvo antes de pasar á España?

22.—¿Qué capituló con el emperador Carlos V?

23.—¿Qué ruta siguió en su viaje de circunnavegación, y cuáles fueron los más notables sucesos de este viaje?

24.—¿Dónde y cómo murió Magallanes, y cómo terminó el viaje de circunnavegación Sebastián del Cano?

25.—¿Qué importancia tiene el viaje de Magallanes en la historia de la civilización?

Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I
Illustration from Compendio de la historia general de América. Tomo I

REFERENCIAS

Generales.—Giovani Battista Ramusio. Navigationi et Viaggi (Venecia, 1565). Raynal, Histoire Filosofique & Critique des etablisements & du Comerce des Europeus dans les deux Indies (Ed. 1781) y las mencionadas en los capítulos anteriores.

Balboa y Pedrarias.—Markham, Traducción de la Relación de Pascual de Andagoya (Hakluyt Loc., vol. XXXIV, 1865). Cartas de Vasco Núñez de Balboa (Doc. Inéditos, y Navarrete, Coll. vol. III). Dictamen de «Gil Rodríguez de Arellano», etc. (vol. XXXVII, Doc. Inéd.), etc., etc.

Descubrimiento del Río de la Plata.—J. Toribio Medina, Juan Díaz de Solís. Samuel, A. Lafone Quevedo, Juan Díaz de Solís. P. Vicente Gambón, S. J. Lecc. Hist. Argentina, Clemente Fregueiro, Hist. Argentina, etc., etc.

Vida y viaje de Magallanes.—Diario de Pigafetta (en Ramusio, Viaggi, fol. 389, 409; y en Stanley, First Voyage Round the World, 1874). Epístola de Maximiliano Transilvano, etc. (Ramusio, fol. 383, 389). Relación del Portugués, compañero de Eduardo Barbosa (Ramusio, fol. 410). Diario de Francisco de Alvo, contramaestre de la Almiranta y piloto de la nao Victoria (Ms. Archivo de Indias). Relación del último viaje al estrecho de Magallanes de la fragata Santa María de la Cabeza, en los años 1785-1786 (Madrid, 1788). Hale (Rev. Ed. E.) en Winsor N. & C. H. of A., vol. II, cap. IX, pág. 591, etc. Hakluyt, Princ. Navigations (Glasgow, 1903, 1905). Vida é Viagens de Fernao de Magalhaes, con apéndice original. Diego Barros Arana (Real Academia de Lisboa). J. H. H. Guillemard, Life of Ferdinand Magellan and the first Circunnavigation of the globe (1891). Blair y J. A. Robertson, The Philippine Islands, vol. I (1903), etc., etc.

Bibliografía.—Bourne, op. cit., pág. 33, etc. Winsor, N. & C. H. of A., II, 343, 613, etc. (Notas Críticas, cap. V y IX), las notas de Guillemard de la Rel. Viaje fragata Santa María de la Cabeza, y las mencionadas en los capítulos anteriores.

FIN DEL TOMO I

Notes in this chapter

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