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Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 2, De Las Islas Filipinas, I

27. (continued 2)

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Luego el General despachó la Fragata con Juan de la Isla que fue costeando la Isla acia la parte del Poniente á ver si habia algun Puerto, ó Poblacion, ó Rio de agua donde pudiesen estar las Naos, y al Capitan Martin de Goyte en otro batel que reconosciese por la parte de Levante, y el Maese de Campo saltó en tierra en derecho de las Naos para ver si hallaria agua ó algun Pueblo: el Capitan Martin de Goyte yendo de noche costeando la costa topó un Parao grande que venia cargado de arroz y ñames, y como los Indios que venian en él vieron el batel echaronse á la Mar todos, y á nado se fueron á tierra, dejando el Parao desamparado, y como los del batel llegaron á él, y no vieron dentro a nadie tomaronlo y trageronlo á las Naos. Viendolo el General mandó que se inventariase todo lo que en él venia de arroz y ñames para pagarlo á su Dueño en pareciendo, ó quando se supiese cuyo era, lo qual se inventarió ante el Escribano de Governacion, y el Capitan volvió en su batel á descubrir la costa: corrió cinco ó seis leguas, y como no hallase en ellas Puerto ni gente se volvió: el Maese de Campo que aquella noche saltó en tierra topó siete ó ocho Indios de los que huyeron en el Parao, uno de los quales tomó y lo trajo al Navio, y los demas se metieron por el monte, y aunque la tierra adentro como dos leguas y media allegó á un Poblezuelo que tenia como 20 casas no halló persona, porque las dejaban yermas y se metian por el monte: el Indio que se prendió de los que huyeron del Parao por señas dió á entender que el Parao venia de Zubu cargado de aquellos bastimentos, y que él era esclabo de uno de los que en el Parao venian, y diciendole que fuese á llamar á los demas que huyeron que volviesen, y se les volveria su Parao, decia que no queria ir, y ansi estubo tres ó quatro dias en la Nao Capitana, é una noche sin que hombre le sintiese se descolgó de la Nao, y á nado se fue en tierra, y antes no queria aunque le decian que se fuese. Juan de la Isla que fue acia el Poniente volvió y dijo, que cinco leguas de alli habia una Caleta en la qual podian estar las Naos surtas en quatro brazas muy á placer, y que solo el Sudueste es el que les podria hacer mal, que era trabesia, y que en la misma Caleta junto al agua habia quinze ó veinte casas, y habia visto Indios, aunque no le quisieron aguardar para hablarles, y que dos leguas mas abajo estaba otra Poblazon de casas, sino que no tenia donde estubiesen las Naos.

Mandó el General juntar en la Capitana los Religiosos. Capitanes y Oficiales y otras Personas para tomar su parescer de lo que debian hacer, y consultado y platicado entre todos, atento á que no hacia tiempo para que el Armada pudiese ir á Butuan, fueron de acuerdo quel General despachase al Patax San Joan para que fuese á Butuan, el qual por ser Navio pequeño y ligero podia ir mejor, porque la ida habia de ser por la volina, y que la Capitana y Almiranta fuesen á la Caleta que descubrió el Capitan Isla, y que alli esperarian la vuelta del Patax, y que conforme á las nuevas que tragesen se podrian determinar si irian alla, ó no, y poner en efeto el que fuese mejor acuerdo, y que mientras el Patax iba y volbia podria en esta Caleta aderezarse la Nao Capitana de algunas cosas que tenia necesidad para despacharla á descubrir la vuelta de Nueva España, y que esto era lo que mas convenia.

Resumido el General en este acuerdo para el despacho del Patax San Joan le proveyó de gente, artilleria, y municion, en el qual mandó fuese el Capitan Joan de la Isla, y con él el Thesorero y Fator de Su Magestad, é un Religioso, y dioles instruccion de lo que habian de hacer y la orden que se habia de tener en la jornada, y que principalmente procurasen si habia canela, y otras especias y drogas, y donde se cogian, y que tragesen muestra de todas ellas, para el resgate de lo qual mandó que los oficiales llebasen de los resgates que se traian de Nueva España, y que comprasen la mas cantidad que pudiesen, no menos de la especieria y drogas, oro, cera y otras cosas que viesen que tenia valor, y serian estrañas en Nueva España, y que procurasen hacer paz y amistad con el Rey de Butuan, dandole á entender lo mucho que Su Magestad le queria, y le ofresciesen todo favor y ayuda de parte de esta Armada, y que si lo tobiese por bien iriamos á su tierra á poner en ella la fatoria y contratacion en nombre de Su Magestad, de lo qual se siguiria á él, é universalmente á toda su tierra y vasallos notable aprovechamiento, y que si por caso topasen Juncos Chinos ó de Borney, y de otras partes sin les hacer mal ni daño alguno procurasen hacer paz con ellos, porque esto es lo que aca principalmente se pretende, tomando dellos Lengua de Islas comarcanas, que gente y contratacion hay en ellas, y ellos que cosas traen á estas Islas, y que lleban, y á donde, y á que precio los compran, y los venden, y que en todo caso mirasen no se les diese ocasion para que se alterasen ó tomasen algun resabio, y que si ellos la diesen pasasen por ello, como no fuese notable. Mandó que Geronimo Pacheco Interprete de la Lengua Malaya fuese con ellos, teniendo entendido que en Butuan por ser Pueblo de contratacion era impusible no haber quien la entendiese, por ser como en estas partes es la Malaya tan general que donde quiera hay quien la entienda, y hable, y que si en Botuan no hallasen canela corriesen por la costa de Vindanao acia el Sur hasta llegar á la Provincia de Cabit, que es en la misma costa donde en su Relacion dice Bernaldo de la Torre, que le vendian mucha canela: dioles de termino 25 dias para ida y vuelta como en la Instruccion se refiere mas largamente que pasaron ante Hernando Requel Escribano de Governacion.

Sabado por la mañana que fueron 17 del mesmo mes de Marzo, estando el General en los despachos del Patax vino á la Capitana el Maese de Campo y dijo al General, que de la Almiranta questaba mas de media legua surta á sotavento de la Capitana al Poniente habia visto una Vela, ó Junco grande á la mar, y que habia embiado allá su Batel á reconoscer que Navio era, y á que viniese á la Flota para tomar Lengua dél. El General le preguntó ¿que gente habia ido en el Batel? el Maese de Campo le dijo que no mas de cinco soldados que bastaban para llamarle por via de amistad: al General le parescio que el Batel no iba á buen recabdo por llebar tan poca gente, y que le podia suceder alguna desgracia, y mandó que el Maese de Campo, y el Capitan Martin de Goyte fuesen allá en el Batel de la Capitana, y llebasen mas gente, y que si viesen que era Parao de los naturales de la tierra que lo dejasen, y si fuesen Extrangeros por via de amistad le rogasen se viniesen á donde estaba el Armada y General para tomar Lengua dellos, y contratar, trocando sus mercaderias por las nuestras si fuesen buenas, y que procurasen de no venir en rompimiento con ellos, sino que todos fuesen medios de amistad, y asi fueron el Maese de Campo y Martin de Goyte, y los soldados que pudieron ir en el Batel, y el General se quedó en el Armada despachando á los que habian de ir á Butuan, y el Lunes siguiente por la mañana se partió el General con la Capitana y Almiranta á la Caleta que se ha dicho dejando alli al Patax San Joan para que con el terral de la tarde se partiese para Butuan.

Este dia Lunes 19 de Marzo á las 10 de la mañana surgió el General en la Caleta de Bohol y las Casillas que estaban en ella junto á la Mar estaban despobladas sin haber cosa alguna en ellas y sin que se viese un solo Indio, y junto á la Caleta topó el batel de la Almiranta que lo embiaba el Maese de Campo, y le dieron nuevas como habian peleado con el Junco que era de Borney, porque no quiso venir en escucharlos de paz, antes los acometió y tiró un berso tres ó cuatro vezes, y unos arcabuzes de bronze que traian, y que al fin lo rindieron, y que el Maese de Campo lo traia atras de cuya causa, y por las grandes corrientes no podian venir sino á espacio y despacio: traia este batel mas de 20 hombres heridos de manos de los del Junco en la pelea: hirieron tantos, porque como los bateles estaban bajos y ellos de alto no hacian tiro que no lo empleasen entre los nuestros: mataron un buen soldado de una lanzada por la garganta que se llamaba Diego Hernandez de Lugo.

Luego el General mandó se curasen los heridos, y entendiendo que las corrientes detenian al Maese de Campo les despachó el mismo batel con comida y refresco para la gente, y por otra parte embió la Fragata á lo mismo porque no los pudiesen errar, y aquella noche los vieron en la costa de la mesma Isla que venian al remo tierra á tierra, y arribaron con ellos el Batel y Fragata ambos juntos. El Martes siguiente á medio dia llegó á la Caleta trayendo á jorro el Parao de los Burneos, que era mucho mayor que los que usan los Indios desta tierra: tenia arbol mayor, trinquete y mezana: era Navio para navegar por donde quiera, poco menor que el Patax San Lucas: tenia tres cubiertas aunque de cubierta á cubierta habia poco espacio: eran Moros los que en él venian.

La relacion que dieron de como vinieron á las Naos los Burneos, fue, que como el Maese de Campo embió su batel con no mas de cinco soldados, y llegaron al Parao, y como por señas les digeron que viniesen á las Naos que los llamaba el General, y que luego volverian: dicen que los Borneos hicieron burla dellos, y no solo no los querian escuchar, pero que volvian sobre el batel tirandoles desde el Parao con un berso de bronze y dos arcabuzes, y que traian muchas flechas, y que el batel se hubo de desviar fuera, y como vieron ir al otro batel que iba á la vela con viento fresco pensaron los del Batel del Almiranta, que debia ser otro Parao compañero de aquel, de cuya causa se hicieron á lo largo, mas despues que conoscieron ser batel de su compañia arribó sobre él, é ambos juntos abordaron con el Parao, al qual el Maese de Campo requirió de paz y amistad no embargante que halló herido de una flecha un Marinero, y ellos no quisieron escucharle, antes en castellano daban vozes diciendo: á bordo, á bordo, siempre tirando el berso y muchas flechas, y los arcabuzes que tenian; y aunque con la mano les hacian señas de paz que no se les haria daño, y que no tirasen, no bastó, ni se quisieron confiar, sino en venir á las manos, y mientras los rogaban con la paz hirieron alguna gente, lo qual visto por el Maese de Campo comenzó con ellos la pelea, en la qual los Indios se hovieron animosamente, porque ellos determinaron de morir, y asi pelearon como desesperados hasta que les mataron el capitan: gastaron mucha municion de lanzas con hierros largos de casi dos palmos y flechas con casquillos muy agudos de cobre y cortador y zebratanas, con las quales tiraban unas flechas pequeñas y delgadas que se metian entre malla y malla: traian escuypiles de cordeles mas fuertes que los de algodon, pero muerto el capitan, los que pudieron se metieron en una canoa que traian por batel por popa, y se huyeron que no pudieron haberlos: rindieronse los demás y mataron al soldado dicho y hirieron más de otros veinte: El Parao traia quarenta y cinco hombres, y entre seis ó siete que prendieron fué uno el piloto: otro un criado ó Factor del Rey de Borney, que eran los mas principales: estos hablaban la lengua Malaya, y se entendieron con el Padre Prior; y digeron, como eran Borneos que andaban á contratar por estas Islas, y que todo lo que traia el Parao era del Rey de Borney, y el Parao era de un Portugues que reside en Borney, que se dice Anton Maletis, y el General les dijo, que porque no habian querido venir á su llamado, pues lo envió á llamar por via de amistad y rogandoselo, y que si hobieran venido que no resceberian daño, ni se les hiciera mal ninguno, ni su gente lo hobiera rescibido, y que le pesaba del daño, muerte y pérdidas de ambas partes; y que de solo esto tenia pena. Los Indios respondieron que como no los conoscian, ni entendian, y vieron que eran estrangeros, les pareció que estaban obligados á la defensa de sus personas y haciendas, y que en defensa desto por qualquiera cosa que hubiesen hecho no tenian culpa ninguna, que si los conoscieran que justo fuera, y ellos vinieran, pero que no los conosciendo ni sabiendo quien eran, ni que los querian, habian procurado defenderse; el General los consoló, y les dijo que no tubiesen pena, que aunque ellos habian tenido la culpa en lo pasado, él no ha de mirar á eso, ni al daño que en su gente le habian fecho, sino al amor y voluntad que la Real Magestad del Rey de Castilla tiene al Rey de Borney, y á lo mucho que desea que los Vasallos del uno y del otro tengan contratacion, paz y amistad; y para que se vea ser ansi, y ellos entiendan la grandeza, bondad, manificencia de su Magestad y como no quiere, ni es servido que sus Criados ni Vasallos hagan ningun daño á ningunos Extrangeros, ni á nadie con quien no tenga guerra publicada, especialmente á los de Borney, á quien tanta amistad los ponia en su libertad, y los dejaba libres para que hiciesen lo que quisiesen, y mas les mandó luego dar y se les dió su Parao con todo lo que en él venia, porque despues que llegaron á bordo de la Capitana no consintió que ningun Español entrase en el Parao, ni les tocase en cosa ninguna, la qual liberalidad viendo los moros, y hasta aquel punto no pensando sino que sus bienes eran ya agenos, y sus Personas captivas, tuvieronla en tanto, que no cesaban de encarescer la magnificencia y liberalidad del General, dandole gracias por merced tan grande como tan liberalmente les hizo, y le rogaron que les diese una carta para el Rey de Borney, por que ellos le habian de ir á dar cuenta desta merced que en nombre de su Magestad el General les ha hecho, y ansi quedaron en el Parao con grandissimo contentamiento, y mientras esto vimos en este Puerto, el General siempre y con grandissimo cuidado se informaba de los Moros, que cosas y mercaderias traen á estas Islas, y de donde las traen, y á que prescios las compran alla y las venden aca y que cosas vuelben de retorno destas Islas, y como se entendian por la Lengua Malaya, y demas desto se informó dellos de otras muchas particularidades de estas Islas, de su calidad, cantidad, cosas que en ellas se cogen y crian, contrataciones, costumbres y Religion y las demas que convenia tener para noticia, y esto con gran cuidado. Los Moros le digeron que de Borney, traian hierro y estaño, y que esto se trae de la China, porcelanas, campanas de cobre á su modo, menjuy mantas pintadas de la India, sartenes, cazuelas de hierro templado, el qual es un hierro tan facil de quebrarse como bidro con qualquier golpe que le den: traen hierros de lanzas, cuchillos y otras bujerias, y que todo esto lo dan por oro y esclabos y unos caracoles que dicen ser moneda en Sian é Patan, cera de que abundan estas Islas, mantas blancas que sean baratas, porque hay muchas y dellas tenian muchas los moros; mas de haberlos soltado y vuelto les su Parao y ropa ningun contento rescibió la gente y soldados del Armada, de lo qual murmuraron reciamente.

Entre los Moros que se tomaron en el Parao el Piloto era el mas platico esperimentado, y de mejor noticia no menos de las cosas destas Islas Filipinas, que de las cosas de Maluco, Borney, Malaca, Jaba, India y China, en las quales platicas habia navegado y contratado, de mas de la esperiencia y platica tenia buen natural; era desembuelto y de gran razon, con el cual el General platicaba de ordinario, preguntandole, de las cosas que se ofrecian mas convinientes, y el Moro que tambien era deseoso de saber, que cosa era lo que veia, preguntaba que á donde iban estas Naos tan grandes, y el General le dijo, que á contratar, y le mostró la muestra de todos los resgates que se traian en el Armada que como el Moro los vido dijo, que aquellos resgates no eran para estas Islas, y que aunque por aquí anduviesemos diez años no acabariamos de vender tantas sedas, paños y lienzos; que fuesemos á Borney y que en ocho dias lo despachariamos todo, ó en Sian, ó Patan, ó Malaca, porque por estas Provincias se despacharian bien: el General le dijo que á otra parte iba encaminado, y que tiempos contrarios le habian trahido á estas Islas, é asi se irian presto de aqui, y que por esta vez no podian ir á ninguna de las partes que le señalaba por tener que hacer en otra parte, que andando el tiempo podria ser que Su Magestad embiase Navios cargados de otras cosas mejores á aquellas partes: preguntaba el Moro ¿si habiamos destar mucho tiempo en estas Islas que iria á Burney, y se volveria en brebe á contratar con nosotros, que paresce deseaba saber si teniamos intento de parar por aqui? el General le dijo, que pensabamos estar poco en estas Islas hasta no más si podia resgatar alguna cosa mientras venian otros dos Navios que se habian quedado atras que eran de su compañia, y que venidos aquellos se irian luego, y que por esto no le podia dar certinidad de su estada por aca: preguntóle de las Islas desta Comarca, y de lo que tenian cada una dellas, y donde habia canela y especias, y de todo daba razon como hombre tan platico como se ha dicho, y que entendia y hablaba bien la Lengua destas Islas, y dió noticia que en Botuan hay gran contratacion, porque hay mucho oro y se coge en el mismo Rio de Botuan, y en otras Provincias que se dicen Surigao, y en otra que se dice Calagan, que todo esto es en las Islas de Vindanao, y asimismo señaló otras Islas donde dicen se saca oro, y ciertamente lo hay en estas Islas y en cantidad, porque en todas las partes que llegamos los Indios traen orejuelos, manillas, y collares de oro, que es muestra de haberlo. Dió cuenta este Moro al General como estaban en Botuan dos Juncos de Luzon, resgatando oro, cera y esclabos, y que lo que ellos traen es casi lo mismo que los Borneos, y que todo es cosa de la China, y que como lo que traen son cosas de la China les llaman en estas Islas Juncos de China á los Borneos, y de Luzon, y ellos tambien se nombran chinos entre los destas Islas, pero á la verdad no llegan por aca Juncos chinos, porque son Navios muy grandes, y no son para entre estas Islas, y que á Borney y Luzon van cada año donde ellos compran destos chinos lo que traen á estas Islas. Señaló la Isla de Luzon estar mas al Norte que Borney y dijo que los Borneos no entran en Botuan porque estan diferentes por cierta guerra y muertes que los de Borney hicieron los años pasados en aquel Puerto.

Entre otras Islas que nombró el Moro señaló una que se paresce de la mesma Caleta que estaba al Oeste diez leguas de nosotros que dijo llamarse Zubu y que en esta misma Isla habia una Provincia de Negros que estaban por si á parte, que no se trataban con los Indios. El General les preguntó que porque los Naturales destas Islas de Bohol no venian ni parescian á contratar: el Moro le dijo, que no osaban, y que entrada esta Comarca, no habria quien osase venir á estas Naos, que las temian mucho, y ansi se huian la tierra adentro, y preguntándole ¿qual era la causa? le dijo, que porque habia dos años poco mas que ocho Paraos de Maluco vinieron á esta Costa, y en ellos muchos Castellanos de los que residen en Maluco con mucha artilleria y que estando en estas Islas en el pueblo de Bohol de paz donde les rescibieron con toda amistad, estando los de la tierra seguros, un dia los saquearon, robaron, mataron, y cautivaron mucha cantidad de gente, y despues fueron por toda esta Costa haciendo todo el daño que pudieron hasta la Isla de Mazagua, y alli procuraron de hacer lo mismo, y que los Indios les mataron quatro Españoles y de alli se fueron á Maluco vendiendo por esclabos por la parte que pasaban la Gente que prendieron en esta Isla, y que desde entonces tienen tan grande temor los Indios que no osan esperar, ni parescer, y aun á ellos con ser sus amigos y conoscerlos no los esperan; porque es muy grande el temor que tienen, y sabiendo que son de Castilla no aprovechará asegurarlos con cosa ninguna. El General le dijo, que los Españoles que residen en Maluco no son de Castilla sino Portugueses, que es otra gente y de otro Reyno diferente: el Moro respondió: que es ansi, y que él ansi lo sabia, mas que los Indios destas Islas no conoscen entre ellos diferencia y creen que todos son unos, y mas, que los Portugueses que venian en los Paraos de Maluco decian que eran de Castilla, a cuya causa están tan atemorizados é huyen tanto del nombre de Castilla como se vee, que ni aun ver Naos no quieren.

Con lo qual acabó de entender el General estar los Indios maleados, y ser esta la causa porque tan odioso era entre estas Islas el nombre de Castilla, y que el esconderse, y no querer tratar con nosotros nascia de aqui, y desta manera entró el General con su Armada en tiempo que por toda esta tierra no tenia ningun buen crédito el nombre de Castilla, antes era aborrescido quanto era razon que de los Indios lo fuera mientras no tubiesen certidumbre de que no eran Castellanos los que tanto daño les hicieron, aunque á la verdad no fué la intincion del que lo hizo sino hacerlo á nosotros, teniendo noticia que habiamos de venir por aca, con lo qual el General se puso en otro nuevo cuydado de trazar los medios que mas convenian para que entendiesen los Naturales no ser gente Castellana Autores de tal maldad, y que la palabra que ellos dan de amistad la guardan inviolablemente, y de que manera los volveria al amor y gracia nuestra, lo qual es cosa que no puede hacerse sin gran dificultad, y aun para que ellos esten satisfechos de la verdad del negocio quando lo estén, y para asegurallos será menester que procedan á las palabras de paz, milagros y obras de la seguridad dellas, y todo no sé si bastará. Viendo pues el General que Portugueses con semejante maña y cautela infamaron tanto con estos Indios á los Castellanos, y que como paresce habia sido á fin que cuando aca viniesemos no hallasemos Indio amigo, quedó maravillado de la astucia y cautela con que nos comenzaron á hacer la guerra, aun antes que aca viniesemos, y mas viendo no haber Isla donde no nos hobiesen rebuelto, y tambien acabó de quedar satisfecho de sus sospechas, sabiendo clara la causa porque huian de nosotros en los Pueblos donde antes se holgaban de ver Españoles castellanos con los quales ya tenian enemistad formada, y con esto el General rogó al Moro entrase por la Isla y llamase algunos Principales que viniesen á la Armada y le asegurasen de su parte que no les seria hecho daño ninguno, antes todo regalo, y buen tratamiento: el Moro dijo que él conocia en un Rio dos leguas desta Caleta un Indio Principal que se dice Cicatuna, y que él iria á rogarle que viniese, y asi se metió en una Canoa para el efeto, y mientras el Moro fue á llamar al Indio el General se informó de los demás Moros del Parao, y todos digeron lo mismo que el otro, siendo conformes en declarar el daño que los Portugueses y Malucanos hicieron en estas Islas, y que traian el nombre Castellano, y lo mismo el temor grande que los Naturales destas Islas por esta causa tenian al nombre de Castilla, y que por esto no osaban parescer en la Marina, y por ser cosa tan conviniente que Su Magestad sea informado de tan gran maldad mandó se hiciese informacion de los daños, muertes y prisiones, y robos que Portugueses en estas Islas hicieron, lo qual va con esta relacion.

Otro dia siguiente volvió el Moro á la Armada, y dijo al General, como habia hablado con el Principal Cicatuna, y que habia dicho, que los Indios no osaban venir á las Naos, porque estaban temerosos de la burla y daño que Portugueses y Malucanos los años pasados les habian fecho, pero pues le decia que esta Armada era otra, y no de los que antes habian venido, que fuese donde él estaba un hombre de nosotros á sangrarse con el Principal, y que hecho este seguro podria ser que los Indios se asigurasen y viniesen luego. El General embió alla un soldado llamado Santiago, con el qual fue el Piloto para que hiciese el siguro de la amistad y le dijo que de su parte le rogase viniese á la Armada, porque podia venir con mas siguridad que si fuese á su casa, y que si quisiese rehenes dejase alla dos Moros quel Piloto con sigo llevaba Santiago fué con el Moro y llegado, el Principal dijo, que lo recibió muy bien, y le dió de comer, y le dijo, que se sangrase con un hijo suyo, y ansi se sangró y hicieron su amistad bebiendo ambos de aquella sangre rebuelta con bino, prometiendo el Principal se vernia á ver con el General otro dia, y asi se volvieron.

Otro dia el Principal vino por tierra á la marina á vista de las Naos, y envió á decir como estaba allí, y los Moros fueron á él, los quales digeron que no querian venir á las Naos: que fuese el General solo alla y que se sangraría con él, y que ansi se asegurarian los Indios, y que no fuese nayde con el General si no solo él, y volviendo los Moros con este recabdo les dijo el General que no se sufria ir él solo á este efecto, y que aunque quisiese ir, los suyos no se lo consintirian, por que viniendo en nombre de un Principe tan grande y tan poderoso como el Rey de Castilla, su Señor, no habia de ir solo; que rogase al Principal tubiese por bien de venir á las Naos, que muy seguramente lo podia hacer, y que él le daria otro qualquiera siguro que quisiese, y que ansi se lo certificase; lo que volvieron por respuesta fué, que el General embiase dos Españoles y dos Moros de los Borneos, y que con este seguro él vernia, y para hacer este siguro su Señoria embió dos gentiles hombres de su compañia, y el Principal se vino con los Moros en su Canoa, con el qual venian otros quatro ó cinco Indios, y porque tras la tormenta pasada que el Portugues aca derramó convenian todas estas templanzas no le fué pesado al Gobernador hacer tantas idas y venidas, porque rezelaba quanto debia temer esta gente llegarse á nosotros. Llegado el Zicatuna á la Capitana, el General le rescivió graciosamente con las muestras de amistad y halago posible: el Principal dijo, que queria sangrarse con el General, porque ansi se zelebra su verdadera amistad, lo qual se hizo, sacandose de los pechos cada dos gotas de sangre revolviendolas con bino en una taza de plata, y despues dividido en dos tazas, tanto el uno, como el otro, ambos á la par bebieron cada uno su mitad de aquella sangre y bino, lo qual fecho mostró el Principal gran contento: mandó el General se les tragese allí de comer conserba y bino de Castilla, el qual no les sabe mal.

Despues de haber comido, mediante el Moro Piloto, le dijo como era venido á estas partes de parte de la Magestad Real del Rey de Castilla, que era el mayor y mas poderoso Príncipe de la Christiandad, y la amistad tan grande que tiene á todos los Señores destas Islas, y el deseo que tiene de que sus Vasallos vengan á tratar y á comunicar con ellos debajo de toda paz y amistad, y como por su mandado venia á contratar por todas estas Islas y traia para ello muchas cosas de resgates, y que aunque habia ocho dias que estaba surto en esta Caleta, no habia consentido que nadie saltase en tierra por no enojarle y que siempre le habia de dar todo contento, y muy mejor de aquí adelante, pues se habia sangrado con él, y lo habia tomado por amigo, y que así le ternia como á propio hermano, y que si tobiese nescesidad de su favor é ayuda se lo daria con toda voluntad como veria, y pues ya eran amigos, que le rogaba viniesen los naturales de la Isla á contratar con los de la Armada, que lo podian hacer siguramente, y que lo que traxesen se les pagaria muy bien á su contento, y que le vendiesen algunos puercos, gallinas y cabras, y que les daria resgates todo lo que valiesen, por la nescesidad que de carne tenian, y asi mismo algun arroz y otras cosas de comer, y si hasta agora no habian venido viniesen de aquí adelante: el Zicatuna dijo, que ya que la amistad estaba fecha vernian y perderian el miedo, y si hasta agora no habian venido era por el daño que los Malucanos y Castellanos de Maluco hicieron en esta Isla agora ha dos años poco mas ó menos, que de bajo de seguro é amistad les robaron, mataron y cautivaron mucha gente que fueron mas de 800 Personas, que desde entonces les dura el miedo tan grande de que en habiendo Navios por la Mar alzan lo que tienen, y dejando las casas desamparadas se meten la tierra adentro con sus mugeres é hijos, y con este miedo no sé yo, puesto que el General la amistad y paz que asienta con ellos la ha de guardar inviolablemente, mientras ellos no la quebraren, si lo ternan por seguro é amistad verdadera, y paresceme que no dejaran de tener escrupulo, y poner dubda en ello hasta que con el tiempo será nuestro Señor servido que conozcan bien el provecho que se les siguirá, lo qual conosceran siempre en el General que entrañamente lo procura para desengañarlos de mala opinion que tienen de los Castellanos. Tambien dijo, que acerca de los bastimentos que el General les pidió este año han padecido hambre en esta Isla por falta de aguas, y que no tienen arroz, ni que comer, é que hay puercos, cabras y gallinas y questan la tierra adentro, que el procurará que los naturales los trayan á la Armada para vender: el General le dijo, como de los Moros Borneos habia sabido del agravio y mal tratamiento que los Malucanos y Portugueses de Maluco habian fecho en esta Isla á los naturales della, y que le pesaba mucho, y que del mismo Zicatuna querria saber como pasó para dar cuenta dello al Rey de Castilla su Señor. El Indio mediante el Borneo le contó al General de la manera que el Borneo antes lo habia contado: dióle á entender el General como los que vinieron de Maluco en los Paraos no eran Castellanos como decian, sino Portugueses, diferente gente y Reyno del de Castilla y que ansi lo habian de tener entendido: los Indios dixeron, que no lo entendian ansi, antes vian, ser unos nosotros y ellos en gestos, en armas y en bestidos, y que por esto se rezelaban tanto: el General les certificó como aquellos eran Vasallos de Rey y de Reyno diferente del de Castilla, y que tubiese por cosa muy cierta que la amistad ó palabra que diese su Señoria, ó qualquiera otro Castellano se la guardarian perfectamente, y sin ningun impedimento ni engaño: mandóle dar quatro baras de manteles alemaniscos, un espejo, una bazinica, cuchillos, tigeras, cuentas, y á los que con él venian les dieron cuentas, con lo qual el Zicatuna se despidió y mostró irse muy contento, y volvieron los rehenes, que digeron habia en tierra cincuenta ó sesenta Indios con lanzas, paveses, dagas, é algunos arcos y flechas.

Mandó luego el General que los carpinteros fuesen á tierra y cortasen un bauprés para la Capitana, y una entena para el mastel mayor, un arbol de mesana y un botaló[87], que todo esto tenía desvaratado la Capitana, lo qual se hizo y aderezó, y puso todo de nuevo; aderezóse una bomba, y á la Nao se le arrasó la popa, y bajándole gran parte della se hicieron otros adovios de que tenia necesidad y en este tiempo algunos Indios de la Isla comenzaron á venir á las Naos con pescado, especialmente sardinas de que hay gran cantidad, y se les pagaba á su contento, y de noche andaban pescando y mirando sus nasas y pesquerias por la Caleta, con lo qual parece que se iban asegurando porque el General ponia orden, que ni en la menor cosa del Mundo soldado los enojase por ninguna ocasion que fuese, y despues comenzaron á venir otras Canoas, y á pasar por delante de las Naos atravesando de punta á punta, y algunas se detenian y paraban á mirar la forma y manera de las Naos, y algunos entraban dentro: todos eran bien tratados, y se les hacia muestra de amistad como el General lo mandaba: De allí á dos dias volvió el Zicatuna á la Nao en una Canoa, y dijo, que pasaba á un pueblo que estaba mas adelante dos leguas de allí, mas quando vino, el General estaba en tierra que habia salido á oir Misa: el Zicatuna se fué al Parao con los Burneos donde estubo un poco y luego pasó su camino.

El General que deseaba saber los nombres y calidades de las Islas que se parescian desta Caleta, y de las demas que estaban á torno della para embiar á Nueva España relacion la mas copiosa de toda la verdad que fuese pusible, y para haber esta relacion habló al Piloto Borneo, y le dijo ¿si se atrevia á ir á Zubu y á otras Islas que de allí se veian en la Fragata con los Españoles que en ella irian á mostralles el camino? el qual dijo que sí, y se ofresció á ello, y con parescer del Prior, y del Maese de Campo, y otras Personas proveyó como la Fragata se despachase, y que fuese en ella Juan de Aguirre y el Piloto mayor, y les probeyó de bastimentos y gente, y municion, y les dió Instruccion de lo que habian de hacer y que fuesen costeando las costas de las Islas que se veian hasta Zubu, y reconosciese por ella las entradas, rios, Bahias é Caletas, y trabasen amistad con el Rey de Zubu, y viesen si habia en este Puerto Pueblo, y entendiesen la forma dél y supiesen á que parte estan los negros desta Isla, y si los podian ver: dióles resgates que llebasen para muestra y para dar á los Principales: para ida y vuelta les señaló ocho dias, y con esto y otras cosas de que les advirtió los despachó y con ellos por guia el Piloto Borneo, y otro compañero suyo, y por Lengua demas del Piloto, un Negro de su Magestad que venia en esta Armada que habia estado en India y Malaca que sabia hablar la lengua Malaya, muy gran Vellaco: este fué por que el Piloto Moro hablase con los de la tierra, y el Negro con él, y con los Españoles, y desta manera se podian entender muy bien con los naturales, y para ver si entrellos hallarian algun christiano Español, ó en aquella comarca, lo qual deseaba el General para mediante él tener verdadera relacion de lo de aca: esto encargó á los de la Fragata, porque los Borneos le digeron que en Zubu tenian los Indios dos Españoles, y que los años pasados habian dado el uno á Mercaderes Borneos, y que no sabian si tenian el otro, ó que habian fecho dél, y que el que llebaron los Borneos habian resgatado los Portugueses, y llebadolo á Malaca.

Mientras que en esta Caleta la Capitana se aderezaba, el Batel de la Capitana hacia aguada, é yendo una noche al rio donde se hacia que era á la vuelta de una punta de la Caleta algo desviada della, toparon con un Parao grande que venia cargado de arroz y ñames, y como los Indios vieron el Batel dieron con el Parao en tierra, y saliendo dél con lo que pudieron lo dejaron desamparado, y quando el Batel llegó no habia hombre en él, y tenia cantidad de arroz y batatas, y asi lo trageron á bordo de la Capitana: el General mandó que á cosa dél no se tocase, y mandó llamar á los Borneos y les dijo como el Batel que iba por agua habia tomado aquel Parao que hallaron en la costa sin gente, y no sabian cuyo era: que supiese de los de la Isla quien era su Dueño para que se le volviese, porque su Señoria á ninguno habia de tornar cosa alguna contra su voluntad, é que ya de su voluntad algo se les diese, él lo habia de pagar, y no habia de rescibillo de otra manera, especialmente que si el Parao es de los naturales desta Isla se lo habia de volver y no tomarselo con paga, ni sin ella, que les rogaba que fuesen á su amigo Zicatuna, y supiesen si era suyo, ó de alguno de su tierra é siendo ansi embiasen por él, y les dijo mas á los mesmos Moros que entrasen en el Parao, y lo viesen para que pudiesen decir lo que habia y que de ellos no se habia sacado cosa ninguna, porque como ellos lo habian visto en aquel momento lo acababan de traer, y que en él no habia entrado ni entraria hombre: despues de idos los Borneos vino el Zicatuna ante el General: traian consigo diez ó doce Canoas con mucha gente, y dijo que aquel Parao era de un vasallo suyo que venia de Cabalian cargado de bastimentos para la necesidad de la Isla por la hambre que habia, y que de temor del Batel lo habian desamparado y metidose los Indios en el monte, de donde aun no habian salido del miedo que tenian. El General le dijo, que lo llebase y lo diese á su Dueño, porque él ni los suyos no habian de hacer daño ninguno á los desta Isla, y ansi lo tomó, y lo llebaron con gran regucijo y alegria, y los Moros le digeron como no faltaba cosa ninguna dél. Otra noche adelante, el mismo Batel yendo por agua topó otro Parao cargado de arroz, y los que en él venian paresce que tubieron mas animo, y por ventura supieron la seguridad con que podian andar, y aguardaron al Batel al qual hablaron los Indios del Parao y la gente del Batel á ellos con toda amistad, de que los Indios mostraron gran contento, y uno dellos entró en el Batel y por señas tubo gran conversacion con los nuestros, y despues se pasó á su Parao, y se fué, y con esto, y con haberles vuelto el otro Parao se aseguraron los Indios tanto que cada dia venian mas Canoas á las Naos á vender pescado y cera, y un dia traxeron un Puerco hecho pedazos y lo vendieron, é una cabra, aunque algunos de los nuestros la tovieron por carne de perro, y no de cabra, y el pescado era algo grande: lo traian hecho pedazos por venderlo mejor, que son grandes regatones en sus ventas y compras, y se estan quatro horas en vender una nonada, y temporizando. Desta manera viendo la seguridad y libertad que con nosotros tenian en sus ventas comenzaban ya á venir Indias en las canoas á vender pescado, y algunas de sus mantillas que son de rayzes de yerbas.

Un dia de los que estubimos en este Puerto pasó por ante la Nao Capitana un Indio Principal, el qual venia con los Moros Borneos, que á lo que su Persona mostraba era mas principal y de mas calidad que el Zicatuna: Este Indio se llamaba Zigala, y dijo al General, como él era desta Isla, y que no habia venido antes á verle por haber estado fuera de la Isla, y habia llegado el dia antes, y que se queria sangrar y asentar paz y amistad con el General: traxo un presente de un lechon: los Borneos digeron que no habia venido antes porque no tenia cosa que poderle presentar, y el General le dijo, mediante los Moros, que se holgaba de conoscerle, y que tenia por buena su amistad, y luego se sangraron por la forma que el primero segun su usanza: luego le mandó dar de comer y beber lo qual usan ellos muy á menudo, y el Indio trajo un cántaro de bino de palmas y convidó á beber al General, y á los que con él estaban, y en buena conversacion comenzó el Zigala diciendo que los naturales desta Isla estaban muy atemorizados del robo y daño que sobre paz y amistad les habian fecho los Malucanos de Maluco, porque les mataron y prendieron mas de 800 Personas, y contó lo mismo que ya el General sabia de la misma manera que ya los otros habian contado y que para ello no les dieron ocasion, sino que aguardando á que estubiesen juntos en su pueblo un dia, y que alli los saltearon sin saber por que, y que á la grita que pasaba en el Pueblo del Zicatuna salió el Zigala á la mar en una Canoa y vido como ya se iban los Paraos de Maluco que eran ocho, y que le mataron diez hombres de los que llevaba en la Canoa, y que despues aca en viendo vela ó Navio en la mar se metian la tierra adentro, lo qual tenian por su remedio. El General le dió á entender lo mucho que le habia pesado del daño que los de la Isla habian rescivido por el amistad que con ellos tiene el Rey de Castilla, y que supiese que los que están en Maluco no son Castellanos sino Portugueses, y eran diferentes de otro Reyno y Rey que el de Castilla: que los tiene por amigos, y los ha de favorescer en sus necesidades como lo verá habiendo menester su favor, que el General se lo daria en su Real nombre, y que le abisase de sus necesidades para que viese como en ellas le socorria como Amigo del Rey de Castilla. El Zigala mostró contentamiento desto, y dijo, que debajo de la amistad fecha el estaba siguro, y los Indios vernian á tratar al Armada con toda seguridad, y que era su voluntad que si algun Indio de los suyos enojase á algun español le avisasemos dello para castigarlo, y que si algun Castellano hiciese daño á los Indios él lo avisaria al General para que lo mandase castigar, y que desta manera estarian todos contentos y siguros: el General le prometió seria de la manera misma que él lo pedia, porque de parte de nosotros estobiese cierto que no se les haria enojo ni desabrimiento: mandó dar á Zigala un pedazo de manteles alimaniscos, un espejo, una basinica, tixeras y cuchillos, y margaritas, y cuentas, y porque dijo que tenia quatro hijas le mandó dar el General para ellas una docena de Margaritas, digo de caxcabeles y otra docena de sartas de Christalina, y asi mismo mandó dar cuentas á los Indios que con él venian, y uno dellos presentó al General una toquilla azafranada que traia tocada en la cabeza al qual el General mandó dar un espejo dorado, y una sarta de cuentas de corales de los suyos, y como Zigala lo vió se lo tomó al Indio por que se acodició al espejo dorado que era bueno, ó por lo que quiso, y lo puso junto con lo que el General le dió á él, y así se despidió, y se fué muy contento en su Canoa.

En todo este tiempo los Moros Borneos entraban en las Naos con toda siguridad y libertad y trataban con los Españoles vendiendoles de lo que traian en el Parao á los nuestros. Los Moros como vieron tostones de plata aficionaronse tanto á ellos que no querian tomar otro resgate, y por ellos daban todo lo que tenian y ansi vendieron muchas mantas de las destas Islas y de Malaca, las quales compraba la Gente para vestirse que muchos dellos estaban desnudos y destrozados, y el General les compró un esclavo, é una esclava, y un muchacho por Lenguas, porque digeron que eran de Mindanao, naturales y sabian la Lengua destas Islas, y entendian algo de la Malaya, aunque despues pareció que el Indio Esclavo no sabia la una Lengua, ni la otra, y la India y el muchacho sabian poco: costaron cada pieza 30 tostones, y aunque los Moros Borneos se entendió no trataban verdad con el General, y menos en lo que interpretaban con los naturales, porque en platicas que con ellos tubieron se entendia que lo hacian de mala gana, y que no decian lo que el General les mandaba dixesen, ni al General decian lo que los Indios naturales decian á ellos, como les iba su propio interese, temporizaba el General y pasaba por ello, y no embargante su ruindad siempre les hacia y mandaba hacer buen tratamiento por la necesidad que dellos tenia, y ansi luego como los traxeron presos le digeron los Moros, como algunos de los soldados cuando los entraron rendido el Parao, les habian tomado alguna ropa de mantas, oro, é otras cosas, mandó el General á los Capitanes inquiriesen y buscasen que cosas habian tomado, y quien, y se les restituyese, lo qual se hizo y volvió alguna ropa que se les halló, una campana, unos pesillos de oro, é otras presas que parescieron entre los soldados, los quales blasfemaban del Diablo, y se daban á perros, diciendo que porque no habian de poseer lo que habian ganado peleando, que pues eran Moros, se lo podian tomar licitamente, alegando leyes en prueba de su intincion, mas el General que veia no ser el tiempo, ni la conyuntura presente aparejada, sino para usar toda clemencia, y aun ojalá bastase para cobrar los Castellanos buen crédito sobre el malo que tenian, no embargante lo que la gente decia, por serle tan amarga la restitucion todavia lo restituyeron, y porque los Capitanes dixeron que algunos de los heridos y los demas habian gastado parte de la ropa que tomaron en curarse, y en hacer bestidos, por la necesidad que dellos tenian, mandó el General echar bando, que los soldados que tenian tomado alguna ropa del Parao la manifestasen, porque él la queria pagar á los Borneos, ya que ellos la habian deshecho para sus necesidades, y que todas las demas cosas las restituyesen, é ansi algunos dellos manifestaron alguna ropa que tenian deshecha, y se habian aprovechado della, por estar desnudos, y desta manera procuraba contentar á los Borneos, y hacerles todas las buenas obras que podia, aunque, como se ha dicho, entendia que no le eran buenos terceros para con los naturales, y asi mismo los Religiosos por su parte procuraban que los Soldados restituyesen todo lo que habian tomado y hubo comodidad para ello con la Quaresma en que estabamos, diciéndoles que no les habian de absolver sino restituian, y con estas persuasiones iban algunos manifestando; todo lo qual hacia recoger el General para volverselo todo junto, y entendido por los Moros la diligencia que el General ponia para que hubiesen su hacienda mostraban mucho contento, y decian tener bien entendida la bondad y liberalidad del General; recogieronse entre los Soldados como veinte y cinco onzas y media de oro en joyas quebradas y una campana; dos panes de menjuy y cierta cantidad de zera, y libra y media de seda de colores floja en madejas, y veinte porzelanas, y unas bazinicas de laton, un anillo de oro, y ciertas mantillas, y otras presas, todo lo cual el General lo restituyó y dió á los Borneos, sin que dello faltase cosa, en presencia de los Oficiales de Su Magestad, y del Escribano de Governacion, y las mantas que los soldados manifestaron haber tomado, y haberlas deshecho fueron quatrocientas y treinta blancas y pintadas; por las quales conforme á lo que en estas Islas valen se les tasó con acuerdo de los Capitanes y Oficiales de Su Magestad que se les diesen ciento y quarenta pesos, ó su valor en resgates, y por ser el cobre el resgate que menos vale, y que los naturales no lo quieren tomar, se concertó con los Borneos se les pagase en cobre, de lo qual se les dió 19 arrobas en planchas á razon de 30 pesos de tepusque el quintal, y desta manera se les pagó, y volvió á los Borneos todo aquello que se pudo haber que les habia tomado, de lo qual ellos quedaron muy contentos puesto que digeron que les faltaba mas oro, pero como no se pudo hallar y ellos vieron la diligencia que se puso en buscarlo digeron, que con aquello quedaban satisfechos por lo que faltaba. Despues de vuelto y pagado por lo que en especie no paresció, como está dicho, el General les dijo, que aquello usaba con ellos, porque ansi era la voluntad del Rey de Castilla su Señor, para que entendiesen quan grande es el valor, bondad y magnificencia suya, y que si esto que les volvia, ó algo dello, era de alguno de los que murieron en el Parao, ó se huyeron en la Canoa que se lo volviesen á ellos, ó á sus herederos, porque su intencion era no tomar lo ageno sino dar á cada uno lo que fuese suyo. Los Moros digeron, que lo harian de la manera mesma que el General se lo mandaba, y que con aquella condicion lo rescebian.

Estubo el General en esta Caleta de Bohol aderezando la Capitana, y aguardando la Fragata que habia despachado á Zubu, y viendo que llebó ocho dias de termino, y que ya habian pasado treze, rezeloso de algun peligro que les hobiese acaescido, mandó llamar los Borneos y les dijo que de su parte llamasen á Zigala y á Zicatuna sus amigos para que le diesen una Canoa que fuese á Zubu á buscar noticia de la Fragata: los Moros fueron y llamaron los dos Principales, los quales embiaron á decir al General que otro dia siguiente vernian á las Naos para despachar la Canoa, y si fuese menester irian ambos ó el uno de ellos. Otro dia vinieron los dos en un grande y buen Parao esquifado con treinta Remeros, ofresciendose al General que irian ambos, porque los de Zubu eran sus amigos, y se informarian dello si sabian alguna nueva de la Fragata y si la topasen ¿que se les habia de dar para los Remeros? El General les dijo que viese él lo que queria, y que se les pagaria en cosas de resgates de lo que traian; ellos digeron, que el precio se habia de hacer á taydes de oro, y que cada tayde es nueve pesos, é un tomin, aunque despues se les haya de pagar el valor de lo que se concertasen en otras cosas, porque así lo acostumbran ellos, y pidieron tres taydes de oro: el General les dijo que les daria dos, ó el valor dellos en lo que quisiesen, y ellos digeron que eran contentos, y que la paga había de ser en hierro, y que los Borneos les darian á ellos valor de dos taydes de oro en hierro, y que nosotros diesemos á los Borneos por ello otra cosa. Los Borneos digeron que fuese ansi, y que los dos taydes los querian en tostones, y que ellos contentarian á los Indios. Era tanta el aficion que á los tostones tomaron estos Moros, que tras cada uno se les iban los ojos y por haber algunos hicieran qualquier cosa y asi se concertó de dar los Borneos por cada tayde de oro cinco de[88] y que ellos pagasen á los Indios que habian de ir en el Parao, los quales fueron contentos; y dijoles el General, si querian que fuese con ellos algun Español: los indios digeron que fuese uno ó dos y llevasen arcabuzes, por si topasen algunos salteadores les ayudasen. El General mandó ir con ellos dos soldados arcabuzeros, á los quales encargó mirasen, y entendiesen por todas vias que pudiesen si pudiesen ver la Fragata, ó haber nueva ó rastro della, ó de los que en ella fueron, y en Zubu que Puerto y entrada tenia el Pueblo, que casas y gente, y los que entendiesen de la dispusicion de la tierra, lo qual todo deprendiesen bien para informarle dello: dioles una carta para Juan de Aguirre, y con esto los despachó encargando á los principales amigos que mirasen por ellos, porque se los confiaba como amigos, de los quales les habian de dar cuenta y volverselos á entregar como los rescibian. Los Principales dixeron, que pues iban con ellos, iban bien seguros, y no tenian de que temer: rogaron al General que mientras ellos estaban absentes no consintiese que ninguno fuese á su Pueblo: ni los Borneos Moros tampoco: el General les prometió de hacerlo ansí, y ellos se fueron quedando de volber dentro de cinco dias.

Despues de despachada esta Canoa, y fin de quinze dias que se habia partido el Patax San Joan para Botuan, volvió á la Caleta donde estaba el General y la noticia que trajo fué, que en el Puerto de Botuan hallaron dos Juncos de Moros de Luzon, y que estaban contratando con los de la tierra, y que habian visto y hablado al Rey de Botuan, al qual hicieron un presente de las ropas que se habian fecho para el de Mazagua, y de otras cosas, y que les habia dicho el Rey que si no habia mas de un Navio que entrase en el Rio y que contrataria con él, y que aunque provaron á entrar en el Rio no pudo entrar en él el Patax por tener no mas de una braza de agua, y que los Moros de los Juncos salieron en Canoas á donde estaba surto el Patax, y entraron dentro á ver que resgates llevaban, los quales les mostraron y á la vuelta tostones de plata, á los quales cobraron tanto amor como los Borneos, y no los miraban menos aficionadamente, y preguntaron si llevaban mucho deste genero, y que darian por ellos oro y cera quanta quisiesen. Tambien se llegó á bordo el mesmo Rey de Botuan, y un hermano suyo, aunque no quisieron entrar en el Patax y creese que lo dejaron de hacer de miedo de los Moros, y por su consejo que procuraban que no resgatasen sino con ellos, y digeron que darian tres bahares de oro que son doze quintales á trueco de tostones de plata, y llegando al precio se hizo de modo que por un peso de oro les diesen seis de plata y la cera un peso de dos arrobas y diez y seis libras siete pesos y dos tomines en tostones.

El Thesorero Guido de Lavazaris llevó ciertos tostones de los que se hicieron de la almoneda de ciertos difuntos, de los quales el era Thenedor, y al respecto de 6 por uno los dió á los Moros, y ellos dieron oro en polvo y en joyuelas, y todo lo que trajo fué diez y siete marcos y seis onzas, y de cera obra de 20 quintales poco mas ó menos, como parescerá por la relacion que los mismos oficiales de la Real Hacienda embian: paresce que los naturales de Botuan venian al Patax y traian oro y cera, y queriendolo vender los Moros les iban á la mano y se lo estorvaban induciendoles que no tomasen de los del Patax sino tostones de plata, y se vido tener sus cosas vendidas á trueco de lienzo y tafetanes, y les hacian desvaratar el concierto, diciendo que los engañaban, ó con otros medios que bastaban á convertirlos á su intencion, asi no tomaban sino tostones á los precios arriba declarados lo qual debia de ser con intento que ellos habrian despues de los naturales los tostones que los nuestros les diesen, por que los desta Isla ni conoscen tostones, ni los tratan, ni saben lo que son, y si los tomaban seria como se entendió por consejo de los Moros y para ellos, porque era grande en estremo la ansia que mostraban para habello y rogaban que les diesen tostones, y que á trueco dellos darian todo el oro que tenian, y señalaban tener mucha cantidad, y preguntandoles por canela los naturales traxeron muestra della de que se resgató obra de una libra muy fina y buena, y digeron á los Moros que si les diesen mucha canela que les tomarian todo el oro, los quales dixeron que les diesen término de diez dias, y que les harian traer mucha canela, respondioseles que no podian detenerse tanto, respondieron que fuesen cinco, mas los Moros como que lo que trataban y decian era cautela no los creyeron porque los cogieron en muchas mentiras, y en la cera que vendieron la primera vez se hallo un notable engaño, y fué, que eran unos panes grandes y en medio venia mucha tierra, á la qual cubria el rostro de la cera buena, y mostrandoles la maldad se escusaban diciendo, no tener ellos la culpa sino los de la tierra, de quien ellos la compraban y tomando su cera volvieron otro dia con ella, y el engaño que antes traian en medio, traian ahora por los cantos y esquinas, y con este engaño del Diablo pudieran defraudar á mas parte del valor, y aunque los Moros veian su maldad presente no mostraban mucha pena, antes como al principio ponian la culpa dello á los naturales de la tierra, y algunos dellos que estaban presentes digeron que ellos vendian la cera á los Moros en cañutos y panecillos muy pequeños, en los quales no habia engaño, y que los Moros lo juntaban en aquellos panes grandes donde hacian la vellaqueria, y á la verdad esto es lo mas cierto, segun lo que se conosce de la bondad y virtud destos Moros. Los Soldados que iban en el Patax como entendieron la gran suma de oro que los Moros decian tener en los Juncos, y le fuesen aficionados no menos que los Moros á la plata, deseaban saltar en los Juncos y daban razones diciendo que demás de ser Moros trataban engaño con ellos en la contratacion de la cera y defraudaban lo que les daban de tierra y palos, y tambien decian, que los Indios querian tratar en el Patax, y ellos no los dejaban y los emponian en mala costumbre, y maleaban á ojos vistos, como está dicho, y otras cosas, y que cada cosa por si de ellas era bastante para justificar el negocio, quanto mas tantas ocasiones acomuladas insistian sobre esto, y para ello tomaron las armas en la mano, los Oficiales, y el Religioso que iban en el Patax lo estorvaban y decian, que la Instruccion del General les mandaba no lo hiciesen, antes que á los Juncos Extranjeros hiciesen buen tratamiento y tratasen con ellos de buena amistad, y las otras cosas que cerca desto traian por Instruccion, y que demas que no era honesto exceder de la comision seria alterar toda la tierra, y convertirla contra nosotros, y tenian ocasion de decir que andabamos á robar: mas todo esto no bastaba para que los Soldados perdiesen el amor que al oro habian tomado, y no embargante las razones con que los contradecian, importunaban al Capitan que no curase de mas razones, sino que diesen en los Juncos, pues ya los Moros les habian comenzado la guerra con mañas y traiciones, y aunque el Capitan lo deseaba, y por ventura tanto y mas que los Soldados no se atrevió á exceder de la comision que llevaba, y con esto alzaron vela, y siguieron la costa en busca de la canela, y como fuesen tan desgustados de no haber tomado el oro de los Juncos renegando del Capitan, determinaron volberse á donde habian dejado el Armada, y asi volbieron sin ver lo de la canela, que era el principal negocio donde los embiaron, y llegando viendo el poco recabdo de lo que traian de lo mas principal á lo que el General los envió, los reprehendió asperamente por quedar cortos, tanto en el cumplimiento de lo que les mandó, y mas al Capitan por que contra la Instruccion consintió se platicase de querer tomar los Juncos, y que si los hobiera enojado le castigaran por ello gravisimamente.

Vuelto el Patax de Botuan con las muestras de oro y canela que está dicho, algunos de la Armada y casi todos deseaban volber allá, y suplir con los Juncos la falta de los otros, é algunos lo pusieron en platica con el General diciendo que se procuraria de saber donde se coge la canela, y con otras colores que ponian, lo qual no quiso permitir, porque le paresció no convenia al tiempo y ocasion presente, y tambien porque les entendió los pensamientos que era ir á descubrir la canela y de camino atravesarse con los Juncos y cogelles el oro, porque era clara cosa, que todo su zelo era llebar por principal fin el deseo y cobdicia del oro de los Juncos: mandó juntar los Capitanes y Oficiales de Su Magestad, y del Armada, y otras Personas, y les dijo y propuso quan pocos amigos habian hallado en estas Islas y el poco socorro de bastimentos y las muestras de oro que habian visto en todas las partes que habian llegado, y de las joyas que los naturales traian, y como se cogia en diversas partes dellas, y la nueva muestra y relacion que traxeron los que habian venido agora de Botuan, y las calidades de las tierras que se han visto y la gente dellas, y que conforme á esto vean que es lo mas conviniente y que se debe hacer importante al servicio de Dios nuestro Señor y de Su Magestad, y de todo le den su parescer y si será cosa acertada poblar en una destas Islas ó no, para que visto el parescer de todos pueda hacerse lo mas util y provechoso; y despues de haberlo platicado se resumieron de un conforme parescer, que se debe poblar en una destas Islas, é informar á Su Magestad adonde y como quedan poblados para que sobrello provea lo que mas su Real servicio sea, y que no poblar seria gran deservicio de Dios nuestro Señor y de Su Magestad, pues poblando se procurarian con medios convinientes atraer á la fé Christiana estos naturales y reducillos al Real servicio de lo qual seria muy servido y á ello se daba principio poblando agora y despues se iria continuando este proposito y buen intento, e ansi lo dieron firmado de sus nombres ante el Escribano de Governacion. Los Religiosos no quisieron hallarse á este acuerdo, diciendo, que no darian su parescer sobre poblar en estas Islas: el General les dijo que prosupuesto que mandaba poblar en qualquier parte de las Islas, (qual) seria mas conviniente, digeron, que de la tierra que han visto lo mas fertil y abundante de bastimentos es Cabalian, y por esta razon digeron, que puesto que no hay alli Puerto sino en la Costa se puede poblar dentro de dos ó tres leguas por ser tierra de mucho arroz, puercos, batatas, y porque allí se podrian bastecer los que habian de ir á Nueva España, y quedar provehidos de comida los que quedaran: el General les dijo, que en caso que quedasen poblados donde decian, ó en otra parte, que Navios les paresce será bueno embiar á la Nueva España dos, ó uno, é qual dellos: respondieron todos, que al presente les parescia se debia embiar un Navio solo, y que este fuese la Capitana, que es el mejor y mas ligero, y el que mejor sufria qualquier trabajo y mar; todo lo qual firmaron de sus nombres. El General viendo el parescer de los Capitanes y Oficiales y las causas que le dieron para poblar, y que él entendia quan bien servido seria Su Magestad dello, y al efecto que se puede hacer en dilatacion de nuestra Santa Fée á que Su Magestad tiene más atencion y por las razones y causas que á ello lo movieron que son bastantes demas de los paresceres dichos, se resumió en poblar en la parte que viesen ser mas acomodada, y desde allí despachar la Nao con relacion de lo que acá ha acaescido á Su Magestad, mandó que á la Nao se le recorran los lados, y se mire todo aquello que es menester para la navegacion; de manera que parta sin que le falte cosa y suplicar que con la brebedad que acá es menester se despache socorro de gente, artillería y municiones, y de otras cosas necesarias con toda brebedad.

Fin de nueve dias despues que partieron desta Caleta los Indios que fueron á Zubu volvieron con los dos soldados que llebaron en su compañia: no traxeron nueva, ni noticia de la Fragata porque en Zubu, ni en toda aquella costa no la habian visto, ni tenian nueva della, lo qual causó tan grande tristeza en toda el Armada, y especialmente el General, como de quien colgaba todo, que claramente lo mostraba, recelando no fuesen perdidos, ó muertos, ó presos con alguna cautela, ó engaño, puesto que todo lo advirtió á la partida, y si en tierra con algun engaño no habian rescivido el daño, lo qual les mandó el General que no saltasen en ninguna parte de la Mar, sino que desde la Fragata negociasen, y estaba siguro que por la Mar no les acometerian Indios, porque llevaban buena gente y municion, mas como fue tan larga la tardanza en ninguna parte de la mar, ni en la tierra creia estobiesen con libertad; y aunque no trageron nueva, mandó se les pagase á los Indios lo que con ellos quedó de darles, y asi fueron contentos. Los soldados que con ellos fueron dieron por relacion, como en Zubu habia mucha gente, muy rica, y mucho bastimento de arroz, millo, é que habia buen Puerto siguro, y vieron mucho oro, y que en el Pueblo do esto vieron, vieron mas de 300 casas, y más de 600 Indios bien aderezados, é que en quanto habiamos andado en estas Islas no se habia visto cosa tan buena, y aquella misma noche despues de media noche que fue vispera de Pasqua de Resurreccion antes que amanesciese llegó la Fragata con toda la gente, que dió tan gran alegria y regucijo en toda la Armada que fue cosa extraña: llegó toda la gente buena, que no se tubo en poco, porque estovieron veinte y dos dias, y no habian llebado bastimento para mas de ocho: faltó el Piloto Moro que lo mataron estandose bañando en un Rio unos Indios con quien el poco antes habia fecho amistad, y debajo della, y á traicion le mataron. La Fragata no aportó á Zubu á donde fueron los dos soldados con el Zacatuna y Zigala: dieron por relacion que las grandes corrientes los habian arribado, tanto que sin poder tomar la Isla de Zubu habian arribado á la Costa de la Isla de los Negros á sotavento della, y porque no podian volber por donde fueron determinaron bojar aquella Isla y la bojaron: digeron tener de box 150 leguas, y que en toda ella no vieron sino solo un Negro, el qual corria tanto que les paresció que no le alcanzara un cavallo, y en muchas partes la Isla está poblada de Indios á la marina, y aqui en esta Isla les mataron el Piloto trespasandole una lanza por el cuerpo, sin poderle socorrer los Españoles, puesto que lo mataron delante dellos, y en un momento como le mataron le cortaron la cabeza, y se la llebaron: de aquella Isla vinieron á tomar la contra costa de Zubu por la parte del Norte, y costearon della casi treinta leguas, en la qual vieron mucha gente, muchas Poblaciones y sementeras, y como llegaron á la Punta desta Isla atravesaron para venir á Bohol á donde estaba la Armada, con la qual relacion dió á la gente gran deseo de que se fuese á poblar alli, pues habia mucha gente y bastimentos, y todos platicaban y comunicaban no convenia poblarse en otra parte, y que desde alli con brebedad se despachase el Navio para Nueva España.

El General mandó juntar los Capitanes y otras Personas y Oficiales en 21 de Abril que fue vispera de Pasqua de Resurreccion, y les sinificó como alli se habia ya aderezado la Nao, y que no tenian que hacer en aquel Puerto ya que la Fragata habia llegado, y quan importante cosa era el brebe despacho de la capitana, y quan conviniente cosa era buscar Puerto donde los que habian de quedar estubiesen surtos por llegar cerca el ynvierno, y que antes que llegasen las aguas era cosa necesaria estar ya la gente donde habian de ynvernar con bastimentos; de manera que no tubiese necesidad de hambre el ynvierno, por los inconvenientes que dello se pueden seguir, y que para todo esto convenia resumirse con brebedad, y poner en efecto el mejor acuerdo, lo qual, despues de platicado entre todos, y visto lo que mas provechoso seria al servicio de Dios nuestro Señor y de Su Magestad, y provecho de la gente, fueron de un acuerdo se llegase á Zubu la Armada, y que alli fuese el asiento, Puerto y despacho en la parte mas acomodada, y tambien porque en toda esta tierra no habiamos visto cosa tan buena, tan poblada, y abundante de comida como significaban ser Zubu los que la habian visto. Demas desto, que si no quisiesen los naturales de la tierra dalles bastimentos por precios justos y usados, y ser amigos nuestros como el General pretendia se les podia hacer guerra justamente, porque habiendose bautizado los Principales y naturales della, y habiendo admitido la Doctrina Evangelica habian despues apostatado y vuelto á sus ydolatrias, y aquella traicion y maldad grande que usaron con Magallanes que á su gente le mataron debajo de paz y siguro, y siendo todos Christianos, y por otras causas y razones muy bastantes que refirieron, y firmaron de sus nombres resumidos en este Parescer: el General determinó de ir á Zubu, y asi se hizo el Armada á la vela, estando en la Caleta de Bohol dia de Pasqua de Resurreccion despues de media noche con el terral dejando alli el Parao e los Borneos, y á los Moros alegres y contentos, á los quales de su pedimento dió un salvo conduto para que ningun castellano hiciese mal ni daño, ni tomase cosa, lo qual tovieron en mucho: mostraron agradescerlo, y asi mesmo dió otra carta á los de aquella Isla para que si algun castellano alli aportase supiese como eran amigos, y no les hiciesen daño, y el dia que partió de alli para ir á Zubu con la Armada.

De la Caleta de Bohol á Zubu hay quince ó diez é seis leguas, y con no haber mas distancia tardó el Armada en el camino hasta el Viernes siguiente: fue causa desta dilacion las calmas, vientos y corrientes contrarias, y asi se detubo sobre la misma costa de Zubu porque la Armada ganó el Puerto á la bolina de un bordo y de otro, y el Viernes que fueron 27 de Abril surgió la Capitana y el Patax San Lucas dentro del mismo Puerto junto al Pueblo casi á las 10 de la mañana: no pudo surgir el Almiranta hasta otro dia Sabado: Luego que la Capitana surgió embió á decir el General á los Indios con el Interprete Malayo, los quales estaban en la Playa, y habia mucho numero de gente que digesen al Señor de Zubu que lo queria hablar y asentar paz é amistad con él para que libremente nosotros con los naturales y ellos con nosotros se pudiese contratar, y para hacer este siguro viniese ante él de alli á un rato; vino á la Nao Capitana un Indio, y entró en ella, diciendo, que venia de parte del Señor á hablar al General, y entró á hablarle, el qual dijo que el Señor venia á la Nao aquel dia á verse con el General, y que le rogaba que no disparase artilleria, ni arcabuzes por que la gente no se espantase: el General le prometió que seria ansi, y que digese á Tupas, que es el Rey y Señor, como él venia por mandado de la Magestad Real del Rey de Castilla nuestro Señor á visitarle, y traerle un presente, y á asentar paz, é amistad con él por poder contratar con los naturales resgates que para ello traia, y que le rogaba se viniese á ver con él á verle y hablarle para darle una carta, y el presente de Su Magestad, y al Indio le dió unas cuentas y lo embió: y dende á un rato seria como á dos horas vino otro Indio viejo Moro, que dijo ser natural de Borney que estaba casado y vivia en aquella Isla de Zubu, y hablaba la Lengua Malaya muy bien, y este dijo, que venia de parte del Señor de Zubu, y que como ahora de visperas vernia el Rey y con él otros Principales que para ello se aderezaban y juntaban para hacer amistad con el General, y que el mismo seria el Interprete, y que cada dia estaria con el General para hablar á los Naturales: el General se lo agradesció, y le dió cuentas y caxcabeles, y otras cosas á él y á otros dos Indios que venian con él, y le dijo, que digese á Tupas que podia venir seguramente que no les habia de hacer daño ni agravio alguno, y que si no habia de venir le desengañase, y no lo entretubiese con palabras, y que los naturales estubiesen seguros en sus casas, porque él los aseguraba, y no las despoblasen como lo hacian, que de mas de no hacerseles mal, les haria todo el bien que pudiese, y les daria favor: esto dijo porque desde la Nao se veia la prisa grande con que sacaban ropa y la metian por el monte, y en Paraos, de cuya causa los Capitanes y Soldados daban prisa al General que debia entrar en el Pueblo con mano armada, y no aguardar á que alzasen el hato y bastimentos como lo alzaban: No embargante esto el General aguardó este dia en el qual no vino Tupas como lo habia embiado á decir por muy cierto. El siguiente dia Sabado por la mañana entró la Almiranta en el Puerto: el General mandó al Maese de Campo que fuese á tierra en un batel, y que sin saltar en la Playa desde el batel llamase Indios que en la ribera habia mucho numero dellos puestos en sus estancias á trechos de cincuenta en cincuenta ó mas, y les digese como por que ayer le embió á decir Tupas que vernia á la Nao, lo aguardó todo el dia para asentar paz é amistad con él, y darle el presente é carta que de Su Magestad le traia, y que se marabillaba de que se tubiese tan poca cuenta con la embajada y presente que Su Magestad le embiaba, y con no haber cumplido con lo que le envió á decir con su Mensagero que le pedia y requeria las vezes que de derecho era obligado que dentro de dos horas primeras siguientes dejasen las armas y viniesen á hacer paz é amistad con él, ó se declarasen, que era lo que determinaban á hacer, para que él tambien hiciese lo que mas le conviniese, y que se declarasen brebemente, porque de la dilacion se recrescia inconveniente, y no podria aguardar mas del termino que les daba, y que estos requerimientos pasasen ante Hernando Requel Escribano de Governacion, y rogó al Padre Prior que como Protector de los Indios naturales desta tierra fuese con el Maese de Campo á persuadirles que viniesen de paz, ó dar asiento en la amistad con el General, dandoles á entender el bien y aprovechamiento grande que de su amistad se les seguiria, donde no, fuese testigo delante de Dios como por su parte habia procurado lo posible por tener paz é amistad con ellos, y asi fueron en el batel el Maese de Campo con el Padre Prior y Escribano, y llegados á la ribera se llegaron algunos Indios á ellos, á los quales digeron cumplidamente todo lo arriba referido en Lengua Malaya, que muchos dellos entendian, y respondieron algunas palabras de entretenimiento y frias, yendo y viniendo, y puesto que el Tupas dijo, que de temor no osaba venir con lo que el Padre Prior le dijo, y asiguró, quedó que vernia, y vuelto el batel á la Nao como no vino dende mas de dos horas, el General mandó volber al Maese de Campo, y por segundo apercivimiento les requiriese viniesen de paz, y serian rescividos en nombre de Su Magestad, y les haria buena amistad dandoles favor en todo lo que hobiesen menester, y que si dentro de dos horas no viniesen que haria lo que mas conviniese al servicio de Dios nuestro Señor y de Su Magestad, y que si por no querer aceptar la paz y amistad que les ofrescia subcediesen algunos inconvenientes, daños y muertes fuese á su culpa y cargo, y que con esto descargaba la conciencia de Su Magestad, y la suya en su Real nombre, y que si querian decir que no venian de temor que en la Nao se les haria algun mal tratamiento, que él les mandaria dar rehenes con que siguramente pudiesen venir, y con este segundo recabdo rogó al Padre Prior tornase otra vez allá, y ansi fueron y hablaron á los mismos Indios, y salió á ellos uno que dijo ser Governador y Capitan por Tupas, y dijo, que él iria a ver al General, porque Tupas estaba enfermo, y el Maese de Campo le dijo, que el General no habia de dar la embajada que traia de Su Magestad sino al mismo Tupas, ni tampoco sangrarse, ni hacer amistad con otro sino con él, y andando en este entretenimiento pidieron los rehenes, y despues vinieron á decir que el Tupas vernia otro dia siguiente, lo qual todo era dilacion hasta acabar de sacar la ropa y ponella en cobro, á lo qual daban gran prisa. El Maese de Campo dijo que no convenia aguardar á tanto entretenimiento, que si queria venir que viniese con él, ó en el termino que le daba; donde no, que no se lo pediria otra vez, y que ansi se lo requeria y apercibia una dos y tres vezes: volbieron á decille que él vernia, y ansi se volvieron á la Nao, mas tampoco vino, antes todo era dar priesa en sacar su hato, y recoger puercos, cabras y gallinas que andaban entre las casas, y como no venian, el General mandó al Maese de Campo que fuese, y que por tercero y ultimo apercivimiento les requiriese una dos y tres vezes viniesen de paz como antes se lo habia apercivido, y con las mismas protestaciones, y debajo de los mismos apercivimientos, y que pues eran vasallos de Su Magestad, y estaban dados por reales, que se reduciesen á su servicio, y admitiesen nuestra amistad que el General les prometia en nombre de Su Magestad, y que si no lo hiciesen, que todas las muertes y daños, y los demás inconvenientes que sucediesen fuesen por su culpa y cargo dellos mismos con lo qual la conciencia de Su Magestad y la suya en su Real nombre quedaban descargadas, y que supiesen que en este ultimo requerimiento se zerraban palabras, y que no dilataria mas tiempo poner en efecto su intencion, con lo qual los dejasen desengañados: fueron con este tercero recabdo el Maese de Campo y el Prior, y aperciviendoles con él se llegaron al Batel, y se desvergonzaron no hablando como al principio, antes los amenazaron con grandes yerros y amenazas terciando las lanzas dandoles grita señalandoles que fuesen á tierra, y lo mismo hicieron en toda la ribera y frontero de las Naos que estaban muy junto á tierra, lo qual debieron de hacer porque ya no les quedaba que alzar, y porque les habia llegado socorro de gente de los Pueblos comarcanos en diez, ó doze Paraos que llegaron poco antes y estaban detras de una Punta de tierra cerca de los Navios, y habia mucha cantidad de gente ansi en tierra, como por mar en los Paraos y Canoas, y verdaderamente estaban á guisa de querer pelear, paresciendoles que podian ofender quanto mas defenderse: el General dijo á los Religiosos y Capitanes que bien les constaba la diligencia y medios que habia buscado para no venir en rompimiento con los naturales desta Isla, y la austinacion y porfia suya en ser rebeldes, y que si podia ó debia hacer mas de lo dicho se lo avisasen, los quales digeron que con ellos habia cumplido demasiadamente.

Visto el poco remedio de paz con los naturales el General determinó sacar la gente en tierra, y quel Maese de Campo y Capitan Martin de Goyte y Juan de la Isla fuesen en tres bateles por mar detras de la punta á donde estaban los Paraos, y la otra gente con la Fragata; otro batel con los Gentiles hombres de su compañia, y otra gente saliese en tierra junto á los Navios al otro cabo del Pueblo, y partiendo los bateles de la Nao Capitana con esta orden comenzó á jugar la artillería acia los Paraos, y de la Almiranta y San Juan al Pueblo, y con esta orden como los Indios sintieron la artilleria, y vieron el efecto della volvieron las espaldas y dejaron al Pueblo, y los Paraos algunos se huyeron, otros zabordaron en tierra, los quales desamparó é huyó la gente, y quando los bateles llegaron no hallaron con quien pelear, aunque siguieron el alcanze los no pudieron alcanzar, que son grandes corredores y fue tan grande la prisa con que huyeron como la determinacion que antes habian mostrado de pelear, y como los fieros que hicieron á lo que se pudo collegir habia en el Pueblo y en los Paraos mil y quinientos, ó hasta dos mil hombres: las armas que usan son lanzas de hierro luengo y agudo, baras tiraderas, pabesas, alfanges pequeños, coseletes de palo, y escupiles de cordeles, y algunos arcos y flecha y zebratana, é yendo en el alcanze de los Indios se prendió fuego en una casa casi en la mitad de la Poblazon que algunos quisieron decir que los Indios pusieron fuego, porque estaba llena de bastimentos y arroz; y otros, que de un tiro que se tiró de la Almiranta, y dió en la cubierta ó techo que es de paja, y dello se habria prendido: esto se tuvo por mas verisimil: en fin se quemó la casa, y mas de otras ciento con ella, y sino fuera el viento favorable se quemara todo el pueblo, y lo que se escapó del incendio nos quedó por aposento, en lo qual mandó el General alojar toda la gente, y porque era casi noche ponerse guardia y zentinelas, y fecho esto se vió lo que habia por las casas y no se halló cosa que fuese de bastimento, ni de importancia sino eran ollas, tinajas, cantaros de servicio, é algun millo, y muy poquito arroz. Solamente se halló una cosa de admiracion, que fue un Niño Jesus de los de Flandes en su caxita de pino y su camisita de bolante, como de allá se traen, y un sombrero de belludo de los de Flandes, y todo bien tratado que no le faltaba mas de la cruzeta que suele tener sobre la esphera que tiene en la mano, y esta presa la tubo en tanto el General como era razon, y quando lo vió, hincado de rodillas lo rescivió con gran devocion, y lo tomó en sus manos y le besó los pies, y alzando los ojos al cielo, dijo: Señor, Poderoso eres para castigar las ofensas en esta Isla cometidas contra tu Magestad, y para fundar en ella tu casa, é Iglesia Santa donde tu Gloriosisimo nombre sea alabado y ensalzado: Suplicote me alumbres y encamines de manera, que todo lo que aca hicieremos sea á gloria y honra tuya, y ensalzamiento de tu Santa Fee catolica, y mandó que en la primera Iglesia que se fundase se pusiese á esta Santa Imagen con toda veneración, y se llamase la Iglesia del Nombre de Jesus, y á todos dió gran contento y esperanza, viendo tan buen principio, que cierto paresce obra de Dios haber guardado tanto tiempo esta Imagen entre Infieles tan entera, y tan buena señal en la parte donde se habia de poblar.

Esta noche mandó que fuesen el Maese de Campo y Capitanes en los bateles á dar en una Poblazon que está á vista de este Pueblo casi una legua á otra salida que este Puerto tiene á donde vinieron los Paraos y gente que en ellos vino en su favor: llegaron alla antes que amanesciese: huyó toda la gente: hallaronse cantidad de millo, puercos, y cabras de que los Soldados se proveyeron y traxeron cada uno para si lo que pudieron, y tomaron dos Indios, uno herido, y otro cojo, y dos Indias viejas, las quales se tornaron á huir de la Nao Almiranta la misma noche que llegaron con otros dos Indios, é un Indio esclabo que el General habia comprado de los Borneos para Interpretes, y todos cinco se huyeron sin que los sintiesen, de lo qual le pesó harto al General, y tambien de que se volvieron los Capitanes y bateles de aquel Pueblo sin recoger todo aquel bastimento de carne y millo que hallaron, de que tanta necesidad habia, asi para el Navio que habia de volber á descubrir la vuelta de Nueva España, como para la gente del campo que habia de quedar en la tierra, y ansi les mandó que tornasen allá y lo recogiesen todo, y con ello se tubiese gran cuenta y razon, y no fuese como el dia pasado que cada uno tomase y tragese para si lo que quisiese, y asi el Domingo de Quasimodo á la noche tornó allá el Maese de Campo y Capitanes en los bateles, y hallaron todo el Pueblo despoblado, y todos los bastimentos y ganado alzado, y andando en busca dello dieron en una quebrada media legua del Pueblo donde hallaron cantidad de millo, y como dos, ó tres pipas de arroz, todo lo qual acarrearon los Soldados á cuestas hasta donde estaban los bateles, y lo trageron al campo en dos caminos, y el Maese de Campo se estubo alla con la gente hasta traerse lo postrero, y despues volbió, y porque dió noticia de haber visto otro Pueblo más adelante tornó á volber alla con los bateles donde en una casa halló recogido algun millo, y obra de 300 Indios salieron á se lo defender, y con buen denuedo escaramuzaron un rato con los Soldados, pero sintiendo la operacion de los arcabuzes huyeron dejando el millo en poder de los nuestros, y con lo que pudieron traer en los bateles se bolvieron: dieron noticia de una muy grande sementera de millo por coger en el campo: no pudieron volber alla en dos ó tres dias porque llobió mucho, é no cogello mojado. Entrado este tiempo cada noche venian los Indios al campo hasta dar en los zentinelas, y arrojarles baras y lanzas, y hacian dar arma tan amenudo que traian la gente seguida y desvelada sin darles hora de reposo, lo qual podian hacer por los palmares y espesura grande que al rededor del Pueblo habia, que hasta que llegaban junto á las mismas zentinelas no podian ser vistos, y al volber en siendo sentidos iban muy seguros por saber entre las espesuras las sendas y caminos, y para evitar esto se mandó allanar por donde se hacia la zentinela, y se derribaron algunas casas, y cada dia los Soldados entendian y trabajaban en rozar y hallanar hasta unos pozos de agua dulce, de los quales se bebe, y no hay otra agua, y poco á poco se ba descubriendo y aclarando el Puerto.

El Martes que fueron 8 de Mayo se trazó y midió el fuerte que converná hacer en este Puerto, y con parescer del Maese de Campo, Capitanes y otras personas Principales se dió principio á la obra poniendo tres mojones en triangulo por donde ha de ser la muralla y cavalleros del fuerte, y el primero angulo comenzó á cabar el General con sus manos encomendandose al nombre Benditisimo de Jesus, y el segundo angulo comenzó el Maese de Campo, y el tercero los Capitanes, y fuera del fuerte señalaron para Poblacion de los Españoles, y para la Iglesia, á la qual el General mandó que se llamase la villa de San Miguel por haberse fundado el dia de su aparicion. Este mismo dia en la noche vinieron los Indios, y dieron arma en el Real como lo tenian en costumbre de hacer otras noches, y dando al arma por el un lado del Campo y por el otro pusieron fuego al Pueblo ellos mismos, y como es de paja y hoja de palma prendió con tanto furor que estando en gran riesgo de quemarse todo el Pueblo, y toda la ropa de la gente que estaba en tierra, y la hacienda de Su Magestad que se habia desembarcado de la Capitana para darle lado, fue nuestro Señor servido que mediante la buena diligencia que se puso se atajó el fuego sin que hiciese mas daño de quemar cantidad de casas despobladas, y verdaderamente procuran y ponen toda diligencia, y con los medios posibles para echarnos de la tierra, y luego el General mandó que ante todas cosas dentro del cuerpo del fuerte se haga una casa de tierra en que se pongan y esten siguros los bastimentos, municiones y resgates de Su Magestad, y acabada esta se entienda en hacer el fuerte, lo qual encargó al Maese de Campo. Otro dia siguiente el Maese de Campo y los mismos Soldados quemaron y derribaron otras casas por estar mas recogidos y seguros, y de cada dia se irá reparando mas y mejor con la continuacion de la obra mejorandola, y hasta ahora aunque se ha trabajado bien no se ha podido hacer mas por andar la gente ocupada en buscar y recoger bastimentos para comer, y para despachar la Capitana para la vuelta de la Nueva España.

La casa donde la Imagen del Niño Jesus se halló como está dicho atrás, era una casa pequeña, humilde, y de pobre aparato de las mas pobres que se hallaron en toda esta Poblacion, y en el mismo sitio donde la casa estaba se señaló sitio para el Monesterio del Nombre de Jesus, aunque al presente la Iglesia está en otra parte de prestado hasta que alli se haga la casa, y desde la dicha casa fue llebado el Niño Jesus hasta la dicha Iglesia con Procesion solene, gran devocion, regocijo y alegria de todo el Campo: llegados á la Iglesia lo adoraron todos y se puso en el Altar mayor, y votaron todos de guardar, santificar, celebrar solemnemente esta fiesta cada un año el dia que fue hallado, que es á 28 de Abril; é asi mismo instituyeron una Cofradia del Benditísimo nombre de Jesus de la misma manera, y con las condiciones de la de San Agustin de Mexico, en la qual entraron por Cofrades y Hermanos la mayor parte del Campo; y este dia que se hizo esta Procesion y solemnidad acontesció otra cosa, que yendo en la Procesion llegaron dos Principales con mas de treinta Indios naturales desta Isla que venian á hablar al Governador, á los quales se permitió y dió licencia que entrasen, y vieron andar la Procesion y fueron á la Iglesia donde vieron la adoracion fecha al Niño Jesus, y estubieron presentes todo el tiempo que duró la Misa y Sermon, de lo qual quedaron admirados, por que se hizo con mucha solemnidad, y despues de haber hablado al Governador se tornaron á ir: inquiriendo cuya era aquella casa donde se halló el Niño Jesus no se pudo saber mas de que digeron no ser de persona de cuenta, y que vivia en ella un esclavo.

Tomose informacion de como se halló el Niño Jesus y quien lo halló, dónde y cómo estaba, y que Personas se hallaron presentes, para que quede memoria del origen desta fiesta é Invencion del Niño Jesus.

Y puesto caso que cada noche daban rebatos y arma en el Campo los naturales, algunos dias vinieron al Real algunos Indios á decir que querian paz, y hablaron al Governador, el qual siempre les dijo, que viniesen que él los resciviria de paz y les guardaria toda buena amistad, y los favoresceria en todo lo que pudiese, é un dia vino un Principal, é dijo ser hermano de Tupas que es el Señor deste Pueblo de Zubu, y dijo, como venia de su parte á sangrarse con el Governador, y á hacer amistad: el Governador le dijo que viniese el mismo Tupas, y los demas Principales, porque con todos ellos queria tratar y asentar la paz y amistad, y se sangraria con Tupas para que tubiesen mas seguridad, y el Principal tornó á decir, que el Tupas estaba lejos, y que de alli á tres, ó quatro dias vernia, y que todavia se queria él sangrar por tener mas seguridad: El Governador mandó que el Principal se sangrase con el Maese de Campo, y asi se hizo, y le mandó que digese á Tupas, que siguramente sobre su fee y palabra podia venir al Campo á tratar y asentar la paz, sin que rescibiese daño alguno; y porque mas siguramente lo pudiese hacer le dió un paño de manos labrado blanco, diciendoles, que quando viniesen traxesen aquel paño puesto en una bandereta alta, y ansi podrian venir siguramente, y que tobiesen por señal quando quisiesen venir al Real á tratar algo traer una banderilla blanca que seria señal que venian de paz, é ansi no se les haria mal ni daño, é ansi se fué, y pasaron quatro ó cinco dias que no vino el Tupas, aunque cada dia venian Indios al Campo y pasaban Paraos por delante del Armada, y todos pasaban, entraban, y salian con la señal blanca como de paz, diciendo, que ya venia Tupas, y de hoy á mañana se pasaron algunos dias, y en este medio tiempo el Governador juntó en consejo á los Religiosos, Capitanes, é otras Personas y les trató y propuso, como los naturales desta Isla mostraban tener gran temor de venir, que estaban muy recatados, que si por caso viniese el Tupas como los habia prometido, si seria bien se les diese á entender sus culpas pasadas, pues se debia entender, que por la memoria dellas se recataban tanto, y perdonandoles todo lo pasado en nombre de Su Magestad, si seria justo que haciendose la paz é amistad diesen algun reconoscimiento ó tributo á Su Magestad, y se ofresciesen de nuevo por sus vasallos; é habiendo platicado sobre ello, todos de una conformidad, digeron: que les parescia era muy acertado se les digese y representase lo pasado, para que supiesen que lo sabiamos, porque tenian por cierto que recatarse ellos tanto, era por causa de temer no les fuese hecho algun daño por ello, y que perdonandoles de todo en nombre de Su Magestad, ofresciéndose de nuevo por sus Vasallos, era muy justa cosa diesen algun moderado reconoscimiento que no les pusiese en trabajo ni nescesidad, y esto dieron por su Parescer, y como los Indios cada dia venian al Campo siempre el Governador envió á rogar al Tupas que viniese, por que el queria ser su amigo y favorescerle, y tantos fueron los Mensageros que fueron y vinieron, que determinaron de venir, é un dia vino el[89] otro Principal con obra de quarenta ó cinquenta Indios, y el Governador lo rescibió graciosamente y con toda beninidad, y les dijo, como él habia deseado su amistad, y les queria favorescer en todo lo que pudiese, embiando á rogar desde el primero dia que llegó á este Puerto, porque la Magestad Real del Rey de Castilla nuestro Señor los tenia por suyos, y como á tales los mandaba favorescer, y no sabia, ni entendia, porque reusaba su amistad, mayormente que él no les habia hecho daño, pudiendoselo haber hecho, y que holgaria que todos los Principales desta Isla viniesen para con todos tratar y asentar la paz, y el dicho Tupas respondió, que él queria paz y amistad, y si no habia venido antes era porque tenia miedo, y que se queria sangrar con el Governador por que estobiese mas siguro, y que lo que él, y el otro Principal que con él venia que se llamaba Tamuñan hiciesen se cumpliria y guardaria, y se sangrasen luego, y el dicho General dijo, que se tratase de las condiciones de la paz, y de lo que los unos habian de guardar con los otros y los otros con los otros, y se asentase en una Escritura, para que cada una de las partes tobiese la suya, y que concertada la paz se sangrarian luego, aunque querian certificarse y saber, si esta paz y amistad habia de ser perpetua, estable, y firme, ó si se habia de quebrar otro dia, porque el que la quebrase despues de concertada seria dino de gran culpa; el Tupas respondió que la paz habia de ser verdadera, y no para quebralla, y que ellos ansi lo querian, pero queria que se sangrasen luego por estar mas siguro: el Governador dijo, que fuese ansi, y que él se queria sangrar con él, con condicion que dentro de tercero dia primero siguiente se asentasen y declarasen las condiciones de la paz que se habian de guardar de una parte á otra, y no efectuandose dentro deste termino la sangria y amistad que entonces hacia fuese en si ninguna: ellos fueron contentos dello, y ansi se hizo que el Governador se sangró del pecho en una taza, y lo mismo el Tupas y Tamuñan, y sacada la sangre de todos tres se revolbió en un poco de bino, el qual se echó en tres basos, tanto el uno como el otro, y lo bebieron todos tres á la par cada uno su parte; y fecha esta ceremonia el Governador les dijo, que les queria descubrir su corazon, para que entendiesen los grandes bienes que de su amistad á todos les vernia, y lo mucho que Su Magestad los queria, y luego les dijo: que bien sabian ellos, y él tambien como quando Magallanes Capitan General de Su Magestad llegó á esta Isla, su Padre del dicho Tupas, y todos los demas Principales desta Isla le rescibieron de paz é amistad, y se tornaron Christianos, y rescibieron el Santo Bautismo y la Ley Evangelica, que es la de Dios verdadero Todo Poderoso, é asi mismo de su propia voluntad se dieron y ofrescieron por vasallos de Su Magestad, y se pusieron debajo de su Real amparo, y pidieron al dicho Capitan Magallanes que como tales los amparase y defendiese de sus enemigos, el qual se ofresció á los defender y favorescer, é ansi lo hizo yendo en Persona con su gente muchas veces á pelear en su favor contra el Rey de Matan, y al cabo murió en la misma guerra yendo en favor dellos, y que en pago de tantas y tan buenas obras lo que ellos hicieron fue apostatar y dejar la Ley Evangelica y Doctrina verdadera que habian profesado, y vueltose á sus ritos y zeguedad antigua, por lo qual habian sido y eran dinos de grandisimo castigo; y demas desto estando en este Pueblo entre ellos la gente que quedó de los de Magallanes en su defensa, guarda, é amparo deste Pueblo, los Principales dél no contentos con la maldad arriba dicha, habiendoles convidado un dia, y estando con ellos comiendo con toda siguridad, dieron sobre ellos á traicion, y mataron mas de treinta Españoles y hirieron á los demas, y los tomaron su ropa, é hacienda; por lo qual ansi mismo eran dinos de grandisimas penas. Lo tercero era, que habiendo él venido á este Puerto en nombre de Su Magestad, y requiriendoles de paz é amistad, é imbiandole á decir á Tupas que le traia presente y mensage del Rey de Castilla, lo habia despreciado, y no lo habia querido oir, ni escuchar, antes puestose con mano armada á querer pelear con él, lo qual ansi mismo era dino de gran castigo, y pena, y que todo esto no se les decia para hacerles mal por ello, antes por dalles á entender, y que conosciesen la grandeza y bondad del Rey de Castilla, el mas clemente y mayor Rey de la Christiandad, por que él en su Real nombre les perdonaba todo lo pasado para que por ello agora, ni en algun tiempo no se les pudiese imputar culpa, ni darles castigo, ni tratar dello, sino que quedase como si no hubiera pasado, esto con condicion que de nuevo se diesen y otorgasen por vasallos de Su Magestad, y jurasen de le ser en todo tiempo leales y fieles; y que para que esto se entendiese que lo hacian de su voluntad, y que seria perpetuo, diesen algun reconoscimiento en cada un año para Su Magestad, y que haciendo esto él en su Real nombre los ampararia y defenderia y seria contra sus enemigos, y para esto asistiria y permaneceria en este Pueblo de asiento donde habria muy gran contratacion, de que á ellos les viniesen muy grandes provechos. Los Indios estubieron muy atentos á toda esta platica, muy humildes, los rostros é ojos sin alzarlos del suelo hasta que oyeron lo del perdon, con el qual rescivieron muy gran contento á lo que mostraron, y digeron que ellos eran niños quando pasó lo quel Governador habia dicho, y los viejos sabian como habia pasado, y que ellos eran Vasallos y Esclabos del Rey de Castilla, é ansi lo querian ser, y que en lo del tributo y reconoscimiento, quel Governador les digese lo que habian de dar, solamente le hacian saber que no tenian oro en este Pueblo: el Governador les dijo, que si no tenian oro no queria él que lo diesen sino lo que en su tierra cogiesen y criasen, y que darian lo que buenamente pudiesen, sin que por ello viniesen á ponerse en nescesidad, y trabajo, y que el que tobiese arroz diese arroz, y el que millo diese millo, y cada uno de lo que tenia de su labranza y crianza, porque no lo hacia por la necesidad que el Rey de Castilla desto tenia, ni que por ello hobiese de ser mas rico, sino que seria tributo y señal de como lo reconoscian por Señor, y que lo que podian y habian de dar ellos lo tratasen entre si, que él no se lo queria limitar, mas de que rescibiria lo que de su propia voluntad poco ó mucho lo que le quisiesen dar, y que tambien era necesario que hiciesen los prescios de las cosas que habian de contratar de bastimentos, é otras cosas, para que los Castellanos y ellos supiesen y tubiesen entendido lo que habian de dar y rescibir, porque se vendiese y comprase, y que se pusiese por escrito con todo lo demas: ellos dixeron que ansi seria, y lo platicarian entre si, y volverian dentro de tercero dia á dar fin y conclusion en ello, y á que señalase y repartiese la tierra y sitio que los Españoles habian de ocupar, y la que ellos habian de tener: todo esto se trató por Lengua de dos Moros que andaban entre estos naturales, que entienden la Lengua Malaya; y fecho esto el Governador les dió colacion de conserva y bino de Castilla, que ellos beben bien, y se fueron muy contentos á lo que mostraron, y estos tres dias hubo de paz que no hubo arma ni rebato en el Campo, y los Indios pescaban dentro del mismo Puerto con lumbres y estovieron muchos Indios en la mesma Playa poblados en unas Casas desviadas del Campo de los Españoles, é algunos entraban y salian en él y al tercero, quarto, y quinto dia visto que no venian el Governador preguntó á los Indios que venian al Real, cómo no venia Tupas y los Principales á concluir la amistad, y ellos decian, que no venian porque andaban recogiendo lo que han de dar á Su Magestad, y tenia verguenza de no traello delante, y con esto se tardaba: el Governador le embió á decir, que no dejase de venir por eso, que concluido en lo que habian de dar, y asentada la paz ternia tiempo para recogello, y que viniese y concluyese, y tampoco vino hasta que se entendió que debia ser todo dilaciones como lo pasado, y con el Moro, é Interprete que vino al Real le embió á decir á Tupas, que él habia cumplido con él, y el no en lo que habia quedado con el Governador á cerca de volber á concluir el negocio, y que el termino de la sangria era pasado, que si pensaba ser su amigo y tener paz que viniese, y sino que se declarase, é ansi fue el Moro, é nunca mas volvió él ni otro ninguno Indio, ni se llegaban, ni parecian por mar ni por tierra cerca del Campo como solian, por donde se entendió que los Moros debian hacernos mala terceria, sino que como no habia otras Lenguas necesariamente habiamos de tratar los negocios mediante ellos, y aunque veiamos pasar algunos Paraos de un cabo de la Isla al otro no se llegaban ya como solian.

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