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Claros varones de Castilla, y Letras

LIBRO DE LOS CLAROS VARONES DE CASTILLA, DIRIGIDO A LA MUY ALTA REYNA MUESTRA SEÑORA.

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Muy excelente é muy poderosa Reyna nuestra Señora. Algunos Historiadores Griegos é Romanos escribieron bien por extenso las hazañas que los Claros Varones de su tierra ficieron, é les parescieron dignas de memoria. Otros escriptores ovo que las sacaron de las Historias, é ficieron dellas tractados aparte, á fin que fuesen mas comunicadas, segun fizo Valerio Máxîmo, é Plutarco, é otros algunos, que con amor de su tierra, ó con aficion de personas, ó por mostrar su eloqüencia quisieron ordenar sus fechos, ensalzándolos con palabras algo por ventura mas de lo que fueron en obras. Yo, muy excelente Reyna y Señora, de ambas cosas veo menguada la Corónica destos vuestros Reynos de Castilla é de Leon en perjuicio grande del honor que se debe á los Claros Varones naturales dellos, é á sus descendientes: porque como sea verdad que ficiesen notables fechos; pero no los leemos extendidamente en las Corónicas como los ficieron, ni veo que ninguno los escribió aparte, como fizo Valerio, é los otros. Verdad es que el noble Caballero Fernan Perez de Guzman escribió en metro algunos Claros Varones naturales dellos que fueron en España: asimismo escribió brevemente en prosa las condiciones del muy alto y excelente Rey Don Juan de esclarecida memoria vuestro padre, é de algunos Caballeros é Perlados sus súbditos que fueron en su tiempo. Eso mismo ví en Francia el compendio que fizo un Maestro Jorge de la Vernada Secretario del Rey Carlos, en que copiló los fechos notables de algunos Caballeros é Perlados de aquel Reyno que fueron en su tiempo. E aun en aquel libro de la Sacra Escriptura que fizo Jesú fijo de Sirac, quiso loar los Varones gloriosos de su nacion. Tambien Sant Hierónimo é otros algunos escribieron loando los ilustres Varones dignos de memoria, para loable exemplo de nuestro vivir. Yo, muy excelente Reyna y Señora, criado desde mi menor edad en la corte del Rey vuestro padre, y del Rey Don Enrique vuestro hermano, movido con aquel amor de mi tierra que los otros ovieron de la suya, me dispuse á escrebir de algunos Claros Varones Perlados y Caballeros naturales de vuestros Reynos, que yo conoscí é comuniqué, cuyas hazañas é notables fechos, si particularmente se oviesen de contar, requeria facerse de cada uno una grand Historia. Por ende brevemente con el ayuda de Dios escrebiré los linages é condiciones de cada uno, é algunos notables fechos que ficieron: de los quales se puede bien creer que en autoridad de personas, y en ornamento de virtudes, y en las habilidades que tubieron, así en ciencia, como en armas, no fueron menos excelentes que aquellos Griegos é Romanos é Franceses que tanto son loados en sus escripturas. E primeramente pensé poner la vida é condiciones del Rey Don Enrique Quarto vuestro hermano, cuya ánima Dios haya, por aver concurrido en su tiempo.

TITULO I. Del Rey Don Enrique Quarto.

El Rey Don Enrique Quarto fijo del Rey Don Juan el Segundo fué hombre alto de cuerpo, é fermoso de gesto, é bien proporcionado en la compostura de sus miembros. Este Rey seyendo Príncipe dióle el Rey su padre la Ciudad de Segovia, é pusole casa é oficiales, seyendo de edad de catorce años. Estobo en aquella Ciudad apartado del Rey su padre los mas dias de su menor edad, en los quales se dió á algunos deleytes que la mocedad suele demandar, y la honestad debe negar. Fizo abito dellos; porque ni la edad flaca los sabía refrenar, ni la libertad que tenia los sofria castigar. No bebia vino, ni queria vestir paños muy preciosos, ni curaba de la ceremonia que es debida á Persona Real. Tenia algunos mozos aceptos de los que con él se criaban: amábalos con grande aficion, é dábales grandes dádivas. Desobedesció algunas veces al Rey su padre; no porque de su voluntad procediese, mas por inducimiento de algunos, que siguiendo sus proprios intereses, le traían á ello. Era hombre piadoso, é no tenia ánimo de facer mal, ni ver padecer á ninguno: é tan humano era, que con dificultad mandaba executar la justicia criminal: y en la execucion de la cevil, y en las otras cosas necesarias á la gobernacion de sus Reynos, algunas veces era negligente, é con dificultad entendia en cosa agena de su delectacion, porque el apetito le señoreaba la razon. No se vido en él jamás punto de sobervia en dicho ni en fecho, ni por cobdicia de aver grandes señoríos le vieron facer cosa fea ni deshonesta: é si algunas veces avia ira, durábale poco, y no le señoreaba tanto que dañase á él ni á otro. Era grand montero, é placiale muchas veces de andar por los bosques apartado de las gentes. Casó seyendo Príncipe con la Princesa Doña Blanca hija del Rey Don Juan de Aragon su tio, que entonces era Rey de Navarra, con la qual estobo casado por espacio de diez años, é al fin ovo divorcio entre ellos por el defecto de la generacion, que él imputaba á ella y ella imputó á él. Murió el Rey D. Juan su padre, é reynó luego pacificamente en los Reynos de Castilla é de Leon, seyendo ya en edad de treinta años: é luego que reynó usó de grand magnificencia con ciertos Caballeros é Grandes Señores de sus Reynos soltando, á unos de las prisiones en que el Rey su padre los avía puesto, é reduciendo é perdonando á otros que andaban desterrados de sus Reynos, é restituyóles todas las Villas é Logares é rentas, é todos sus patrimonios é oficios que tenian. Teniendo la primera muger de quien se apartó casó con otra hija del Rey de Portugal: y en este segundo casamiento se manifestó su impotencia; porque como quier que estobo casado con ella por espacio de quince años, é tenía comunicacion con otras mugeres, nunca pudo aver á ninguna allegamiento de varon. Reynó veinte años, y en los diez primeros fué muy próspero, é llegó grand poder de gentes é de tesoros, é los Grandes é Caballeros de sus Reynos con grand obediencia cumplian sus mandamientos. Era hombre franco, é facia grandes mercedes é dádivas; é no repetia jamás lo que daba, ni le placía que otros en su presencia gelo repitiesen. Llegó tanta abundancia de tesoros, que allende de los grandes gastos é dádivas que facía, mercaba qualquier Villa ó Castillo, ó otra grand renta que en sus Reynos se vendiese para acrescentar el patrimonio Real. Era hombre que las mas cosas facía por solo su arbitrio, ó á placer de aquellos que tenia por privados: é como los apartamientos que los Reyes acen, é la grand aficion que sin justa causa muestran á unos mas que á otros, é las excesivas dádivas que les dan, suelen provocar á odio, é del odio nacen malos pensamientos, é peores obras, algunos grandes de sus Reynos, á quien no comunicaba sus consejos, ni la gobernacion de sus Reynos, é pensaban que de razon les debia ser comunicado, concibieron tan dañado concepto, que algunas veces conjuráron contra él para lo prender ó matar. Pero como este Rey era piadoso, bien así usó Dios con él de piedad, é le libró de la prision, é de los otros males que contra su Persona Real se imaginaron. E ciertamente se debe considerar, que como quier que no sea ageno de los hombres tener aficion á unos mas que á otros, pero especialmente los Reyes, que están en el miradero de todos, tanto menor licencia tienen de errar, quanto mas señalados y mirados son que los otros: mayormente en las cosas de la justicia, de la qual tambien deben usar mostrando su aficion templada al que lo meresciere, como en todas las otras cosas: porque de mostrarse los Reyes aficionados sin templanza, é no á quien, ni cómo, ni por lo que deben ser, nascen muchas veces las envidias, dó se siguen las desobediencias, y vienen las guerras é otros inconvenientes que á este Rey acaecieron. Era grand músico, é tenia buena gracia en cantar é tañer, é en hablaren cosas generales; pero en la execucion de las particulares é necesarias, algunas veces era flaco, porque ocupaba su pensamiento en aquellos deleytes de que estaba acostumbrado, los quales impiden el oficio de la prudencia á qualquier que dellos está ocupado. E ciertamente vemos algunos hombres hablar muy bien, loando generalmente las virtudes, é vituperando los vicios; pero quando se les ofresce caso particular que les toque, entonces, vencidos del interese ó del deleyte, no han lugar de permanescer en la virtud que loaron, ni resistir el vicio que vituperaron. Usaba asimismo de magnificencia en los recibimientos de Grandes hombres, é de los Embaxadores de Reyes que venian á él, faciándoles grandes é sumptuosas fiestas, é dándoles grandes dones: otrosí en facer grandes edificios en los Alcazares é Casas Reales, y en Iglesias é lugares sagrados. Este Rey fundó de principio los Monesterios de la Virgen Santa Maria del Parral de Segovia, é de Sant Hierónymo del Paso de Madrid, que son de la Orden de Sant Hierónymo é dotólos magníficamente: é otrosí el Monesterio de Sant Antonio de Segovia de la Orden de Sant Francisco: é hizo otros grandes edificios é reparos en otras muchas Iglesias é Monesterios de sus Reynos, é dióles grandes limosnas, é fizoles muchas mercedes. Otrosí mandaba pagar cada año en tierras é acostamientos gran número de gente de armas: é allende desto gastaba cada año en sueldo para la gente de caballo continua que traía en su guarda otra grand cantidad de dinero. E con esto fué tan poderoso, é su poder fué tan renombrado por el mundo, que el Rey D. Fernando de Neápoles le envió suplicar que le recibiese en su omenage. Otrosí la Ciudad de Barcelona con todo el Principado de Cataluña le ofresció de se poner en su señorío, y de le darlos tributos debidos al Rey Don Juan de Aragon su tio, á quien por entonces aquel Principado estaba rebelde. Por inducimientos é persuasiones de algunos que estaban cerca dél en su consejo, mas que procediendo de su voluntad, tuvo algunas diferencias con este Rey de Aragon su tio, que asimesmo se intitulaba Rey de Navarra, y entró por su persona poderosamente en el Reyno de Navarra, y envió gran copia de gente de armas con sus Capitanes al Reyno de Aragon, é fizo guerra á los Aragoneses é Navarros: é puedese bien creer que segun su grande poder, é la disposicion del tiempo é de la tierra, é la flaqueza é poca resistencia que por entonces avia en la parte contraria, si este Rey fuera tirano é inhumano, todos aquellos Reynos y Señoríos fueran puestos en su obediencia, dellos con pequeña fuerza, é dellos de su voluntad. E para pacificar estas diferencias se trataron vistas entre él y el Rey Don Luis de Francia, que como árbitro se interpuso á las pacificar: á las quales vistas fué acompañado de Grandes Señores é Perlados, é de grand multitud de Caballeros é Fijosdalgo de sus Reynos. En los gastos que fizo, é dádivas que dió, y en los arreos é otras cosas que fueron necesarias de se gastar é destribuir para tan grande acto, mostró bien la franqueza de su corazón, é paresció la grandeza de sus Reynos, é guardó la preeminencia de su persona, é la honra é loable fama de sus súbditos. Fué la fabla destos dos Reyes entre la Villa de Fuenterabía que es del Reyno de Castilla, é la Ciudad de Bayona que es del Reyno de Francia, en la rivera de la mar. Continuó algunos tiempos guerra contra los Moros: fizo algunas entradas con grand copia de gente en el Reyno de Granada. En su tiempo se ganó Gibraltar é Archidona, é otros algunos Lugares de aquel Reyno. Constriñó á los Moros que le diesen parias algunos años porque no les ficiese guerra: é los Reyes comarcanos temian tanto su grand poder, que ninguno osaba facer el contrario de su voluntad, é todas las cosas le acarreaba la fortuna como él las quería, é algunas mucho mejor de lo que pensaba, como suele facer á los bien afortunados: é los de sus Reynos todo aquel tiempo que estobieron en su obediencia gozaban de paz, é de los otros bienes que della se siguen. Fenecidos los diez años primeros de su señorío, la fortuna, envidiosa de los grandes estados, mudó como suele la cara próspera, é comenzó á mostrar la adversa. De la qual mudanza muchos veo quexarse, y á mi ver sin causa: porque segund pienso alli hay mudanza de prosperidad dó hay corrupcion de costumbres. Y así por esto, como porque se debe creer que Dios queriendo unir en esta vida alguna desobediencia que este Rey mostró al Rey su padre, dió lugar que fuese desobedecido de los suyos, é permitió que algunos criados de los mas aceptos que este Rey tenia, é á quien de pequeños fizo hombres grandes, é dió títulos é dignidades é grandes patrimonios, quier lo ficiesen por conservar lo avído, quier por lo acrecentar é añadir mayores rentas á sus grandes rentas, erraron de la via que la razon les obligaba: é no podiendo refrenar la envidia concebida de otros que pensaban ocuparles el lugar que tenian, conocidas en este Rey algunas flaquezas nascidas del habito que tenia fecho en los deleytes, osaron desobedecerle é poner disension en su casa. La qual porque al principio no fué castigada segund debía, cresció entre ellos tanto, que fizo descrecer el estado del Rey, y el temor é obediencia que los Grandes de sus Reynos le avían. Donde se siguió que algunos destos se juntaron con otros Perlados é Grandes Señores del Reyno, é tomaron al Príncipe Don Alonso su hermano, mozo de once años, é faciendo division en Castilla, lo alzaron por Rey della, é todos los Grandes é Caballeros, é las Ciudades é Villas estubieron divisos en dos partes: la una permaneció siempre con este Rey Don Enrique; la otra estobo con aquel Rey Don Alonso: el qual duró con título de Rey por espacio de tres años, é murió en edad de catorce años. En esta division se despertó la cobdicia, é creció el avaricia, cayó la justicia, é señoreó la fuerza, reynó la rapiña, é disolvióse la luxuria, é ovo mayor lugar la cruel tentacion de la sobervia que la humilde persuasion de la obediencia, é las costumbres por la mayor parte fueron corrompidas é disolutas, de tal manera que muchos, olvidada la lealtad é amor que debian á su Rey é á su tierra, é siguiendo sus intereses particulares, dexaron caer el bien general de tal forma que el general y el particular perescia. E Nuestro Señor, que algunas veces permite males en las tierras generalmente, para que cada uno sea punido particularmente segun la medida de su yerro, permitió que oviese tantas guerras en todo el Reyno, que ninguno puede decir ser exîmido de los males que dellas se siguieron; y especialmente aquellos que fueron causa de las principiar se vieron en tales peligros, que quisieran dexar gran parte de lo que primero tenian, con seguridad de lo que les quedase, é ser ya salidos de las alteraciones que á fin de acrecentar sus estados inventaron: é así pudieron saber con la verdadera experiencia lo que no les dexó conocer la ciega cobdicia. E por cierto así acaesce, que los hombres antes que sientan el mal futuro, no conoscen el bien presente; pero quando se ven envueltos en las necesidades peligrosas en que su desordenada cobdicia los mete, entonces querrian é no pueden facer aquello que con menor daño pudieran aver fecho. Duraron estas guerras los otros diez años postrimeros que este Rey reynó, é los hombres pácificos padecieron muchas fuerzas de los hombres nuevos que se levantaron é ficieron grandes destruiciones. Gastó en estos tiempos el Rey todos sus tesoros: é allende de aquellos, gastó é dió sin medida quasi todas las rentas de su patrimonio Real, é muchas dellas que le tomaron los tiranos que en aquel tiempo eran: de manera que aquel que con el abundancia de los tesoros compraba Villas é Castillos, vino en tanta extrema necesidad, que vendió muchas de veces las rentas del su patrimonio, todo para el mantenimiento de su persona. Vivió este Rey cinquenta años, de los quales reynó veinte, é murió en el Alcazar de la Villa de Madrid de dolencia del hijada, de laqual en su vida muchas veces fué gravemente apasionado.

TITULO II. El Almirante Don Fadrique.

El Almirante Don Fadrique fijo del Almirante Don Alonso Enriquez[6], é nieto de Don Fadrique Maestre de Santiago, é bisnieto del Rey Don Alonso, fué pequeño de cuerpo é fermoso de gesto. Era un poco corto de vista: hombre de buen entendimiento. Fué en los tiempos del Rey Don Juan, é del Rey Don Enrique. Tenia muchos parientes, porque tenia por hermano de madre al Adelantado Pero Manrique, que fué un Gran Señor en Castilla, é tobo de su padre é madre otro hermano que fué Conde de Alva de Liste, é nueve hermanas, que casaron todas con hombres de linage que tenian casas de mayorazgos antiguas. Y de la parte de Doña Juana de Mendoza su Madre, hija de Pero Gonzalez de Mendoza, tenia por deudos de sangre todos los mas de los Grandes Señores de Castilla. Amaba los parientes, é allegábalos, é trabajaba en procurar su honra y interese muy mucho. Fué Caballero esforzado, é hombre de tan grande corazon, que osadamente cometia muchas vegadas su persona y estado á los golpes de la fortuna por la conservacion de sus parientes, é por adquirir para sí honra é reputacion. Usando de su oficio de Almirante andobo por la mar con grand flota de armada, é ovo rencuentros é batallas marinas con Moros é Christianos, en las quales fué vencedor, é alcanzó fama de esforzado Capitan. Era franco é liberal, é siempre pospuso la cobdicia de guardar tesoros á la gloria que sentia en los gastar por aver honra. Era hombre impaciente, é no podia buenamente tolerar las cosas que le parecian excesivas é contrarias á la razon, é repreendialas con algun rigor: especialmente increpaba la grand aficion que el Rey Don Juan tenia al Maestre de Santiago Don Alvaro de Luna Condestable de Castilla, y el gran poder que en su Corte é Reyno le dió, é las dádivas inmensas que le fizo. Otrosí repreendia las cosas excesivas que este Condestable, con el gran favor que del Rey tenia, facia, é no las podia sofrir ni disimular. E desta condicion se le siguieron discordias y enemistades con aquel Maestre, é con otros Caballeros que seguian la su parcialidad, de las quales procedieron guerras y escándalos en el Reyno: porque era hombre de grand autoridad, así por respeto de su persona é grande casa, como por los muchos é Grandes Señores que tenia por parientes. Casó una hija con el Rey de Aragon, que á la hora era Rey de Navarra, é por causa deste casamiento, é de las parcialidades que tenia en el Reyno, se le siguieron algunos infortunios, especialmente en el vencimiento de la batalla que el Rey Don Juan ovo contra el Rey de Navarra, é contra el Infante Don Enrique sus primos, é contra otros Caballeros cerca de la Villa de Olmedo: en la qual, como quier que este Almirante fue vencido del Maestre de Santiago su enemigo, é preso por un Escudero de su capitanía; pero no le fallesció ánimo en la hora del infortunio, é con fuerza de razones que dixo al que le prendió, le puso en libertad: y fueron tomados todos sus bienes, y él andubo desterrado del Reyno, sintiendo aquel grave sentimiento que el vencido siente veyendo su enemigo vencedor. Sufrió este Caballero sus pérdidas con igual cara, é ninguna fuerza de la fortuna le abaxó la fuerza de su corazon. Loan los Historiadores Romanos por varon de grand ánimo á Catón porque se mató, non podiendo con paciencia sofrir la victoria de Cesar su enemigo; é no sé yo por cierto qué mayor crueldad le ficiera el Cesar de la que él se fizo; porque repugnando á la natura é al comun deseo de los hombres, fizo en su persona lo que todos aborrecen facer en la agena. E adornan su muerte diciendo que murió por aver libertad: é ciertamente no puedo entender que libertad puede aver para sí, ni para dár á otro, el hombre muerto. Así que como haya grande razon para loar su vida, no veo que la haya para loar su muerte: porque anticiparse ninguno á desatar aquel conjuntisimo é natural atamiento que el ánima tiene con el cuerpo, temiendo que otro le desate, cosa es mas para aborrecer, que para loar. No se mata el marinero en la fortuna antes que le mate la fortuna; ni el cercado se dá la muerte por miedo de la servidumbre del cercador. A todos sostiene la esperanza que no pudo sostener á Catón: el qual si tovo ánimo para sofrir los bienes de la prosperidad, é no los males de la fortuna, con mayor razon podemos loar á este Almirante: porque aquel paresció en su muerte tan flaco, que no pudo sofrir sus males; y este paresció en su vida tan fuerte, que tovo esperanza de cobrar sus bienes, aunque se vido desterrado é vencido, é á su enemigo próspero é vencedor; porque aquel es dicho varon magnánimo que sufriendo la mala, sabe buscar la buena fortuna. E si el otro fué repreensor de pecados, tambien fué este Almirante repreensor de aquello que le parescia fuera de razon: aunque de repreender errores agenos mas veces se sigue odio al castigador, que enmienda al castigado. E tambien debemos considerar, que si los juicios de Dios no podemos compreender, menos los debemos repreender; porque no sabemos sus misterios, ni los fines que su providencia tiene ordenados en los actos de los hombres. E por ende el que pudiere refrenar su ira, é dar pasada á las cosas que se pueden tolerar, é aver sufrimiento para las disimular, sin duda vivirá vida mas segura, é no se pondrá, segun este Almirante se puso, á los golpes peligrosos de la fortuna. En los quales en alguna manera se pudo decir bien fortunado, porque sus deudos é amigos le fueron gradecidos, é sus criados é servidores le fueron leales; los quales membrándose de algunos beneficios que dél rescibieron, le ayudaron quanto pudieron, é ayudáran mejor si pudieran: porque el amor verdadero ni dexa de amar, ni cansa de aprovechar. En estos tiempos de adversidades que por este Caballero pasaron conosció bien la lucha continua que entre sí tienen el trabajo de la una parte, y el deleyte de la otra: é como quier que el uno ó el otro vencen á veces, pero ninguno dellos dura en el vencimiento luengamente, al fin, haciendo el tiempo las mudanzas que suele, y los amigos é servidores las obras que deben, rodeó Dios las cosas de tal manera que tornó á Castilla, é recobró todos sus bienes é patrimonio, é ovo logar de lo acrescentar, é fué restituído en la gran estimacion que primero estaba, é murió lleno de dias en gran prosperidad: porque dexó sus hijos en buen estado, y vido en sus postrimeros dias á su nieto hijo de su hija ser Príncipe de Aragon, porque era único hijo del Rey de Aragon su padre: é otrosí le vido Príncipe de los Reynos de Castilla é de Leon, porque casó con la Princesa de Castilla Doña Isabél, que fué Reyna destos Reynos.

TITULO. III. El Conde de Haro.

Don Pero Fernandez de Velasco Conde de Haro, hijo de Don Juan de Velasco[7], é nieto de Don Pero Fernandez de Velasco, fué hombre de mediana estatura, tenia las cervices torcidas, é los ojos un poco vizcos. Era de linage noble y antiguo. Hállase por las Corónicas, que él é su padre é abuelos fueron Camareros mayores de los Reyes de Castilla sucesivamente por espacio de ciento é veinte años. Era hombre agudo é de buen entendimiento. Vivió en los tiempos del Rey Don Juan el Segundo, é del Rey Don Enrique Quarto su fijo. En su juventud la edad lozana, é no aun madura ni experimentada en los inconvenientes que acaescen en la vida, le indució que se juntase en parcialidades con otros Grandes del Reyno sus parientes, é repugnase la voluntad é aficion grande que el Rey Don Juan mostraba en obras y en palabras á algunos privados: é por esta causa estubo algun tiempo en la indignacion del Rey, é padesció algunos infortunios. E como acaesce algunas veces que las adversidades dán al hombre mejor doctrina para ser cauto, que las prosperidades para ser templado, este Caballero despertó en la adversidad su buen entendimiento, é conosció como dende en adelante viviese con mas seguridad é menos peligro. Fablaba con buena gracia, é con tales razones traídas á propósito, que todos avian placer de le oír. Era temeroso de Dios, é hombre de verdad, é inclinado á justicia: la qual como sea dividida en partes, una de las quales se dice legal, porque es instituída por ley; otra igual, que la razon natural nos manda seguir, puedese por cierto creer deste Caballero, que ni falleció en lo que manda la razon natural, ni era transgresor de lo escripto por ley; antes fué un tan gran zelador de la justicia, que no se puede decir otro en sus tiempos que con tan gran estudio la mirase, ni con mejor diligencia é moderacion la cumpliese y executase. Y esta virtud mostró bien en la gobernacion de sus Villas é Lugares, é otras muchas tierras que tovo en administracion; porque allende del derecho que igualmente facia guardar de unos é otros, dió tal forma en sus tierras, que los ministros que ponía en la justicia dellas eran obligados de pagar todo el robo que en el campo se ficiese á los moradores, ó á otra qualquier persona que pasase por ellas, ó dar el malhechor que lo oviese fecho, ó perseguirlo hasta lo aver, ó dar razon donde fuese receptado é defendido. E luego que sabía el lugar donde estaba facía tales diligencias, que avía el malhechor, é facía justicia dél, ó apremiaba en tal manera al que lo receptaba, que le facía restituir el robo, y el robado quedaba satisfecho: é con esta diligencia, que tenia en la justicia sus tierras eran bien guardadas, é florescian entre todas las otras comarcanas. Tenia tierras vecinas á las Montañas, é como quier que junto en parentela con algunos de los Caballeros dellas; pero conoscida la gente ser turbulenta é presta al rigor, con tal prudencia los supo tratar, que en su tiempo no le alcanzó parte de algunos males que de sus disensiones les vinieron; porque era varon inclinado á paz, y enemigo de la discordia, é gran zelador del bien público: en la gobernacion del qual le placía gastar el tiempo y el trabajo. Loan los Historiadores á Bruto Consul Romano, que mató sus hijos porque contra el bien público de Roma trataban de reducir al Rey Tarquino, é dicen que la gran cobdicia de loor venció al amor natural: é alega Virgilio que fué caso infelice; é si infelice, no sé como la infelicidad debe ser loada, ni qué loor puede conseguir aquel que repugna la natura, é contraría la razon. Podemos bien creer que este Cónsul, si lo hizo con ira, fue mal; y si con deliberacion, peor: porque de muchos Gobernadores Castellanos leemos, que no matando sus hijos, mas templando sus pasiones, supieron muy bien gobernar sus tierras é provincias. E este noble Conde, no señoreado de ambicion por aver fama en esta vida, mas señoreando la tentacion por aver gloria en la otra, gobernó la república tan rectamente, que ovo el premio que suele dar la verdadera virtud: la qual conoscida en él alcanzó tener tanto crédito é autoridad, que si alguna grande y señalada confianza se avía de facer en el Reyno, quier de personas, quier de fortalezas, ó de otra cosa de qualquier qualidad, siempre se confiaban dél: y en algunas diferencias que el Rey Don Juan ovo con el Rey de Navarra, é con el Infante Don Enrique sus primos, y en algunos otros debates é controversias que los Grandes del Reyno ovieron unos con otros, si para se pacificar era necesario que los de la una parte é de la otra se juntasen en algun Lugar para platicar en las diferencias que tenian, siempre se confiaba la salvaguarda del tal Lugar dó se juntaban á este Caballero, é la una parte é la otra confiaban sus personas de su fé y palabra, é muchas veces se remitian á su arbitrio é parescer. Fué eso mismo hombre que por ganar honra deseaba facer cosas magníficas: siguiéndo esta su condicion juntó muchas veces gran copia de gente de su casa, así para la guerra contra los Moros, como para servir al Rey, é sostener el estado é preheminencia Real en las diferencias é guerras que en el Rey no acaescieron: y esto fizo en lugares é tiempos tan necesarios, que como quier que sufrió grandes miedos, é se puso á muchos discrimines y aventuras, pero al fin destos trabajos ganó gran honra é reputacion, é su casa por respecto de sus servicios fué acrescentada. Queria llevar las cosas por orden, é que no saliesen punto de la razon; y esta condicion le facía mirar tanto en los negocios, é poner tales dudas é inconvenientes, que tarde y con gran dificultad se determinaba á las facer. Verdad es que tardío, é ser súbito en la determinacion de las cosas, son dos extremos que se deben fuir. Tambien es cierto que recibe alguna pena el que delibera en deliberar tarde, y el que le espera en esperar mucho; pero por la mayor parte vemos mas é mayores inconvenientes en la persona é fechos de aquel que delibera súbito, que en el que es grave é tardío en sus movimientos: porque si por deliberar tarde se pierde alguna vez el bien que se podria aver, por determinar presto vimos perder muchas veces el bien avido, é acarrear tales mudanzas é variedades, é aun vanidades, que afean la persona é pierden la honra. Era deseoso como todos los hombres de aver bienes, é supólos adquirir é acrescentar, é muy bien conservar. Era asimesmo reglado en sus gastos continuos, é con tanta diligencia miraba á quien avía de dar, é cómo é por qué le daba, que algunas veces fallescía en la virtud de la liberalidad. Era hombre esencial, é no curaba de aparencias, ni facia muestras de lo que tenia, ni de lo que facia. Aprendió letras Latinas, é dabase al estudio de Coránicas, é saber fechos pasados. Placiale asimesmo la comunicacion de personas Religiosas é de hombres sabios, con los quales comunicaba sus cosas. Al fin veyendose en los dias de la vejéz, porque ovo verdadero cognoscimiento de los gozos falsos, é miserias verdaderas que este mundo dá á los que en él están envueltos, apartóse dél, é puso fin á todas las cosas mundanas, é encomendó su casa é toda su gente de armas á su fijo mayor: é fundó en la su Villa de Medina de Pomár un Monesterio de Monjas de la Orden de Santa Clara, é un Hospital para pobres, é dotólos de lo necesario, é allí de su voluntad se retraxo antes que muriese por espacio de diez años. Y como quier que fué requerido algunas veces por el Rey, é por otros Grandes Señores sus parientes, que saliese de aquel retraimiento para entender en las disensiones que en aquellos tiempos acaescieron en el Reyno, no quiso mudar su propósito; antes acordó de tomar en su casa compañía de hombres Religiosos de buena é honesta vida, é fizo grande é estrecha inquisicion sobre las cosas de su consciencia desde el dia que fué de edad para pecar, é cometióles que alimpiasen su ánima, así en la penitencia de su persona, como en la restitucion que debía facer de sus bienes: é todos los que en aquellos tiempos vinieron á le demandar qualquier cargo, así de servicios que le oviesen fecho, como de otra qualquier calidad á que de justicia fuese obligado, fueron oídos é satisfechos. E al cabo de aver fecho su penitencia é restituciones dexó su casa é patrimonio á su fijo mayor, que fué Condestable de Castilla: é dexó otros dos fijos herederos, en buen estado. E dando doctrina de honrado vivir, é exemplo de bien morir, fenesció en edad de setenta años dentro en aquel Monesterio que fundó.

TITULO IV. Del Marqués de Santillana.

Don Iñigo Lopez de Mendoza Marques de Santillana, é Conde del Real de Manzanares, é Señor de la casa de la Vega, fijo del Almirante D. Diego Furtado de Mendoza, é nieto de Pero Gonzalez de Mendoza Señor de Alava[8], fué hombre de mediana estatura, bien proporcionado en la compostura de sus miembros, é fermoso en las faciones de su rostro, de linage noble Castellano é muy antiguo. Era hombre agudo é discreto, é de tan gran corazon, que ni las grandes cosas le alteraban, ni en las pequeñas le placia entender. En la continencia de su persona, é en el razonar de su fabla mostraba ser hombre generoso é magnánimo. Fablaba muy bien, é nunca le oían decir palabra que no fuese de notar, quier para doctrina, quier para placer. Era cortés é honrador de todos los que á él venian, especialmente de los hombres de ciencia. Muertos el Almirante su padre, é Doña Leonor de la Vega su madre, é quedando bien pequeño de edad, le fueron ocupadas las Asturias de Santillana, é gran parte de los otros sus bienes: é como fué en edad que conosció ser defraudado en su patrimonio, la necesidad que despierta el buen entendimiento, é el corazon grande que no dexa caer sus cosas, le ficieron poner tal diligencia, que veces por justicia, veces por las armas recobró todos sus bienes. Fué muy templado en su comer é beber, y en esto tenia una singular continencia. Tovo en su vida dos notables exercicios, el uno en la disciplina militar, el otro en el estudio de la ciencia[9]; é ni las armas le ocupaban el estudio, ni el estudio le impedia el tiempo para platicar con los Caballeros y Escuderos de su casa en la forma de las armas necesarias para defender, é quáles avían de ser para ofender, é cómo se avía de ferir el enemigo, é en qué manera avían de ser ordenadas las batallas é la disposicion de los reales, como se avían de combatir é defender las fortalezas, é las otras cosas que requiere el exercicio de la caballería: é en esta plática se deleytaba por la grand habituacion que en ella tovo en su mocedad. E porque los suyos supiesen por experiencia lo que le oían decir por doctrina, mandaba continuar en su casa justas, é ordenaba que se ficiesen otros exercicios de guerra, porque sus gentes, estando habituadas en el uso de las armas, les fuesen menores los trabajos de la guerra. Era Caballero esforzado, é ante de la facienda cuerdo é templado, é puesto en ella era ardid é osado; é ni su osadía era sin tiento, ni en su cordura se mezcló jamás punto de cobardía. Fué Capitan principal en muchas batallas que ovo con Cristianos é con Moros, donde fué vencedor, é vencido: especialmente ovo una batalla contra los Aragoneses cerca de Araviana, otra batalla cerca del rio de Torote, y estas dos batallas fueron muy feridas é sangrientas; porque peleando, é no fuyendo, murieron de ambas partes muchos hombres é caballos: en las quales porque este Caballero se halló en el campo con su gente, aunque los suyos vido ser en número mucho menor que los contrarios; pero porque veyendo al enemigo delante reputaba mayor mengua volver las espaldas sin pelear, que morir ó dexar el campo peleando, cometióse á la fortuna de la batalla, é peleó con tanto vigor y esfuerzo, que como quier que fue ferido é vencido pero su persona ganó honra é reputacion de valiente Capitan. Conoscidas por el Rey Don Juan las habilidades deste Caballero le envió por Capitan de la guerra contra los Moros, el qual recibió el cargo con alegre cara, é lo tovo en la Frontera gran tiempo. El qual ovo con el Rey de Granada, é con otros Capitanes de aquel Reyno muchas batallas, é grandes recuentros, dó fué vencedor, é fizo muchas talas en la Vega de Granada, é ganó por fuerza de armas la Villa de Huelma, é puso los Moros en tal estrecho, que ganára otros Lugares, é ficiera otras grandes hazañas dignas de memoria, salvo quél Rey, constreñido por algunas necesidades que en aquel tiempo ocurrieron en su Reyno, le envió mandar que cesase la guerra que facia, é les diese tregua. E como ovo esta comision, fizo la guerra tan cruda á los Moros, que los puso só el yugo de servidumbre, é los apremió á dar en parias cada año mayor cantidad de oro de la que el Rey esperaba recibir, ni ellos jamás pensaron dar. E allende del oro que dieron, les constriñó que soltasen todos los Christianos que estaban cativos en tierra de Moros, los quales este Marqués redimió del cativerio en que estaban, é los puso en libertad. Gobernaba asimismo con grand prudencia las gentes de armas de su Capitanía, é sabía ser con ellos señor é compañero: é ni era altivo en el señorío, ni raez, en la compañía; porque dentro de sí tenia una humildad que le facía amigo de Dios, é fuera guardaba tal autoridad que le facia estimado entre los hombres. Daba liberalmente todo lo que á él como á Capitan mayor pertenescia de las presas que se tomaban, é allende de aquello les repartia de lo suyo en los tiempos necesarios: é al que le regradescia las dádivas que daba solia decir: si deseamos bienes al que bien nos face, debemoslos dar al que bien nos desea.[10] E guardando su continencia con graciosa liberalidad, las gentes de su Capitanía le amaban; é temiendo de le enojar, no salian de su orden en las batallas. Loan muchas de las Historias Romanas el caso de Manlio Torquato Consul Romano, el qual como constituyese que ninguno sin su licencia saliese de la hueste á pelear con los Latinos contrarios de Roma, é un Caballero de la hueste contraria convidase á la batalla singular de uno por uno al fijo deste Consul, vituperando con palabras á él, é á los de la hueste porque no osaban aceptar la batalla, no podiendo el mancebo sofrir la mengua que de su mengua resultaba á los Romanos, peleó con aquel Caballero, é lo mató: é viniendo como vencedor á se presentar con los despojos del vencido ante el Consul su padre, le fizo atar, e contra voluntad de toda la hueste Romana le mandó degollar, porque fuese exemplo á otros que no osasen ir contra los mandamientos de su Capitan: como si no oviese otro remedio para tener la hueste bien mandada sinó matar el Capitan á su fijo. Dura debiera ser por cierto, é muy pertinaz la rebelion de los Romanos, pues tan cruel exemplo les era necesario para que fuesen obedientes á su Capitan: é por cierto yo no sé que mayor venganza pudo aver el padre del Latino vencido, de la que le dió el padre del Romano vencedor. Deste caso facen grand mencion Frontino y Máxîmo y otros Historiadores, loando al padre de buen castigador, y al fijo de buen vencedor; pero yo no sé como se debe loar al padre de tan cruel castigo como el fijo se quexa, ni como loemos al fijo de tan grand transgresion como el padre le impone. Bien podemos decir que fizo este Capitan crueldad digna de memoria; pero no doctrina digna de exemplo, ni mucho menos digna de loor: pues los mismos loadores dicen que fué triste por la muerte del fijo, é aborrescido de la juventud Romana todo el tiempo de su vida; é no puedo entender como el triste aborrescido deba ser loado. No digo yo que las constituciones de la Caballería no se deban guardar, por los inconvenientes generales que no se guardando pueden recrescer; pero digo que deben ser añadidas, menguadas, interpretadas é en alguna manera templadas por el Príncipe, aviendo respecto al tiempo, al lugar, á la persona, é á las otras circunstancias é nuevos casos que acaescen, que son tantos é tales, que no pueden ser comprehendidos en los ringlones de la ley. E porque estas cosas fueron bien consideradas por este Claro Varon en las huestes que gobernó, con mayor loor por cierto, é mejor exemplo de doctrina se puede facer memoria dél; pues sin matar fijo, ni facer crueldad inhumana, mas con la autoridad de su persona, é no con el miedo de su cuchillo, gobernó sus gentes, amado de todos, é no odioso á ninguno. Conoscidas por el Rey Don Juan las claras virtudes deste Caballero, é como era digno de dignidad, le dió título de Marqués de Santillana, é le fizo Conde del Real de Manzanares, é le acrescentó su casa é patrimonio. Otrosí confiaba dél su persona, é algunas veces la gobernacion de sus Reynos: el qual gobernaba con tanta prudencia, que los Poetas decian por él, que en Corte era grand Febo, por su clara gobernacion, é en campo Anibal, por su grand esfuerzo. Era muy zeloso de las cosas que á varon pertenescia facer, é tan repreensor de las flaquezas que veía en algunos hombres, que como viese llorar á un Caballero en el infortunio que estaba, movido con alguna ira le dixo: O! quan digno de reprehension es el Caballero que por ningun grave infortunio que le venga derrama lágrimas, sinó á los pies del confesor! Era hombre magnánimo, é esta su magnanimidad le era ornamento é compostura de todas las otras virtudes. Acaecióle un dia que hablándole en su facienda, é ofresciéndole acrescentamiento de sus rentas, como hombre poco atento en semejantes pláticas respondió: Eso que decís no es mi lenguage: hablad, dixo él, esa cosa allá con hombres que mejor la entiendan. E solia decir á los que procuraban los deleytes, que mucho mas deleytable debia ser el trabajo virtuoso, que la vida sin virtud, quanto quier que fuese deleytable. Tenia una tal piedad, que qualquier atribulado ó perseguido que venia á él fallaba muy buena defensa é consolacion en su casa, pospuesto qualquier inconveniente que por le defender se le pudiese seguir. Consideraba asimismo los hombres é las cosas segun su realidad, é no segun la opinion, y en esto tenia una virtud singular é casi divina; porque nunca le vieron facer acepcion de personas, ni miraba dónde ni quien, sinó cómo é quál era cada uno. Este Caballero ordenó en metros los proverbios que comienzan: Fijo mio mucho amado, &c. en los quales se contienen quasi todos los preceptos de la Filosofia moral, que son necesarios para virtuosamente vivir. Tenia grand copia de libros, é dábase al estudio, especialmente de la Filosofia moral, é de cosas peregrinas é antiguas: é tenía siempre en su casa Doctores é Maestros con quienes platicaba en las sciencias é lecturas que estudiaba. Fizo asimismo otros tractados en metros y en prosa muy doctrinables para provocar á virtudes, é refrenar vicios: y en estas cosas pasó él lo mas del tiempo de su retraimiento. Tenia grand fama é claro renombre en muchos Reynos fuera de España; pero reputaba muy mucho mas la estimacion entre los sabios, que la fama entre los muchos. E porque muchas veces vemos responder la condicion de los hombres á su complexion, é tener siniestras inclinaciones aquellos que no tienen buenas complexiones: podemos sin duda creer que este Caballero fué en grand cargo á Dios por le aver compuesto la natura de tan igual complexion, que fué hábil para recibir todo uso de virtud, é refrenar sin grand pena qualquier tentacion de pecado. No quiero negar que no tubiese algunas tentaciones de las que esta nuestra carne suele dar á nuestro espíritu, é que algunas veces fuese vencido, quier de ira, quier de luxuria, ó que excediese faciendo, ó faltase alguna vez no faciendo lo que era obligado: porque estando como estobo envuelto en guerras, é en otros grandes fechos que por él pasaron, dificile fuera entre tanta multitud de errores vivir sin errar. Pero si verdad es que las virtudes dan alegria, é los vicios traen tristeza: como sea verdad que este Caballero lo mas del tiempo estaba alegre, bien se puede juzgar que mucho mas fué acompañado de virtudes que dan alegria, que señoreado de vicios que ponen tristeza. E como quiera que pasaron por él infortunios en batallas, é ovo algunos pesares por muertes de fijos, é de algunos otros sus propinquos; pero sufrialos con aquella fuerza de ánimo que á otros doctrinaba que sufriesen. Fenesció sus dias en edad de sesenta é cinco años con grand honra é prosperidad: é si se puede decir que los hombres alcanzan alguna felicidad[11] despues de muertos segun la opinion de algunos, creemos sin dubda que este Caballero la ovo; porque dexó seis fijos varones, y el mayor que heredó su mayorazgo le acrescentó é subió en dignidad de Duque, é el segundo fijo fué Conde de Tendilla, é el tercero fue Conde de Curuña, el quarto[12] fué Cardenal de España é Arzobispo de Toledo é Obispo de Cigüenza, é uno de los mayores Perlados que en sus dias ovo en la Iglesia de Dios: é á estos quatro, é á los otros dos, que se llamaron Don Juan é Don Hurtado, dexó Villas é Lugares é rentas, de que fizo cinco casas de mayorazgos, allende de su casa é mayorazgo principal.

TITULO V. Don Fernand Alvarez de Toledo.

Don Fernand Alvarez de Toledo Conde de Alva, fijo de Garcia Alvarez de Toledo, é nieto de... era de linage noble de los antiguos Caballeros de aquella Ciudad, hombre de buen cuerpo é de fermosa disposicion, gracioso é palaciano en sus fablas. Era de buen entendimiento, é Caballero esforzado. Fué criado en la disciplina militar, é siempre desde su mocedad deseó facer en el habito de la Caballería cosas dignas de loable memoria. Conoscida por el Rey Don Juan la habilidad deste Caballero, le mandó estár en la Villa de Requena por Capitan de cierta gente de armas en el tiempo que tenia guerra con el Rey Don Alfonso de Aragon su primo, é fizo tanta guerra á los del Reyno de Valencia, que ganó por fuerza de armas la Villa é Castillo de Xalance, con otras tres Fortalezas de las principales de aquel Reyno. Asimismo venció la batalla campal que ovo con algunos Caballeros de aquel Reyno de Valencia cerca de... de donde ovo grand despojo, é les tomó las vanderas que traían. Fenescida por concordia esta guerra de Aragon, el Rey Don Juan encomendó á este Caballero la frontera de los Moros, en la qual estobo por espacio de tres años. Era muy acuto é astuto en los engaños de la guerra: venció al Rey Moro é á otros Capitanes de Granada en batallas campales, é tomó las vanderas de los enemigos en los vencimientos que ovo: las quales, é las vanderas que tomó en la batalla dó venció á los Valencianos están hoy puestas en la su casa de Alva de Tormes, é las traen sus succesores en las orladuras de sus armas. Ganó asimismo las Villas é Fortalezas de Benamaurel, é Benzalema, é Castril, é Arenas, que son muy fuertes, é tomó muchas presas, é fizo otras notables hazañas en servicio de Dios é del Rey, é con amor de su patria, é deseo de su honra. Entre las quales acaesció que entrando una vez en el Reyno de Granada con toda la gente de su capitanía á facer guerra á una tierra que dicen el Exerquia, que es cercana á la mar, é confina con la Ciudad de Málaga, como fué sentido por los Moros que en aquellas partes moraban, juntáronse grand multitud dellos, é antes que se pudiese proveer, le cercaron por todas las partes en un valle tal, que segun la disposicion de la tierra, no podia salir, salvo peleando por un lugar muy estrecho, é con grand daño suyo é de las gentes de su capitanía. Veyendose cercado este Capitan por la una parte de la mar, por la otra de las sierras, é que los enemigos se le llegaban, é avían tomado aquel paso por dó podia salvar su gente, conoscido aquel peligro, é visto como su gente desmayaba, no se le amortiguó el ánimo en el tiempo del terror, como face á los cobardes; mas experto de esfuerzo[13] de valiente Capitan, como facen los varones fuertes, é habló á sus gentes: Caballeros, dixo él, en tal lugar nos ha puesto la fortuna, que si somos cobardes tenemos cierta la muerte é el cativerio; é si somos esforzados podrá ser cierta la vida é la honra. Yo, dixo él, elijo antes pelear para nos salvar si pudieremos, que rendirnos para ser cativos como piensan los Moros. E juntando á grand priesa la obra con las palabras, se apeó del caballo con hasta treinta hombres de armas, é púsose con ellos en aquel portillo, é mandó salir por él toda su gente: y él con aquellos treinta peleando con los Moros, é sufriendo por todas partes grand multitud de saetas é lanzadas é otros golpes de piedras, daba priesa con grand ardideza á una parte para se defender, é á otra para ofender é ferir en los Moros, faciendo lugar para que pasase toda su gente; la qual peleaba con los Moros que fallaba delante, é aquel caía muerto que menos esfuerzo tenia peleando. E así duró aquella priesa por espacio de tres horas, en las quales murieron é fueron feridos muchos de la una parte é de la otra. E al fin el Conde, vista ya su gente en lugar seguro, cabalgó á caballo é salió él é los que con él estaban por pura fuerza de armas é de corazon de aquel grand peligro en que la fortuna le avía metido. Y ciertamente vemos por experiencia, que así como el miedo derriba al cobarde, así pone ánimo al hombre esforzado: é como el acometer, y el durar en las lides son dos actos pertenecientes á la virtud de la fortaleza, é para el acometer sea necesaria la ira, é para el durar en la obra convenga tener buen tiento; por cierto las claras hazañas deste Caballero nos mostraron que tovo gracia singular para usar de lo uno é de lo otro, de cada cosa en sus tiempos. Esta hazaña fizo este Conde, en la qual nos dió á conocer, que la virtud de la fortaleza no se muestra en guerrear lo flaco; mas parece en resistir lo fuerte: é que tovo tan buen ánimo para no ser vencido, como buena fortuna para ser vencedor. Al fin, quando por mandado del Rey dexó el cargo de aquella guerra, avidas en ella grandes presas de los Moros, é venido á su tierra con honra é provecho, Don Gutierre de Toledo su tio[14], Arzobispo que fué de Toledo, conoscida la grand suficiencia desee Caballero su sobrino, é como siempre le sirvió, é en todas las cosas le fué obediente, concibió dél grand amor, allende del que por razon del deudo era obligado de le aver, é como quier que tenia otros sobrinos en el grado que aquel era, deliberó de dexarle por heredero universal de todos sus bienes, entre los quales le dió la su Villa de Alva de Tormes, de la qual el Rey Don Juan le dió título de Conde. Y en todas las guerras é diferencias del Reyno fué de los principales Caballeros de quien se facia cuenta y estimacion: é como vemos que la prosperidad y el infortunio andan en esta vida variando con los hombres, y veces el uno sube, veces el otro desciende, acaesció que estando en la amistad é parcialidad del Condestable Don Alvaro de Luna Maestre de Santiago, á quien el Rey Don Juan confiaba la gobernacion de sus Reynos, el Maestre tovo manera que este Conde fuese preso[15] juntamente con otros Condes é Caballeros que el Rey mandó prender en la Villa de Tordesillas, é fuéle tomada grand parte de su patrimonio. Este infortunio que le vino sufrió con buena cara, mostrando corazon de varon; pero quexábase gravemente de aver rescibido aquel daño por voluntad é rodéo del Maestre de Santiago, confiándose dél, é aviendole fecho obras de amigo. Fué hombre deseoso de alcanzar honra, é la procuraba por todas las vias que podia. Tenia la cobdicia comun que los hombres tienen de aver bienes, é trabajaba por los adquerir. Era hombre liberal, así en el destribuir de los bienes, como en los otros negocios que le ocurrian, é sin empacho ninguno daba, ó determinaba presto lo que avía de facer. En algunas cosas era airado é mal sofrido, especialmente en aquellas que entendia tocarle en la honra: de lo qual se le siguieron algunos debates, gastos é fatigas. Duró en la prision dó estaba hasta que el Rey Don Juan murió, é reynó el Rey Don Enrique su fijo, que le puso en libertad, é restituyó todos sus bienes: é despues de suelto vivió en honra é prosperidad algunos años, hasta que murió en su casa conosciendo á Dios, é dexando á su fijo su casa é patrimonio mucho mas acrescentada que la él ovo de su padre.

TITULO VI. De Don Juan Pacheco Maestre de Santiago.

Don Juan Pacheco Marqués de Villena é Maestre de Santiago, fijo de Alfonso Tellez Girón, fué hombre de mediana estatura, el cuerpo delgado é bien compuesto, las faciones fermosas, é buena gracia en el gesto. Era de nacion Portuguesa de los mas nobles de aquel Reyno, nieto de ... uno de los Caballeros que vinieron de Portugal á Castilla al servicio del Rey Don Juan, el que fué vencido en la batalla de Aljubarrota. Era hombre agudo é de grand prudencia: é seyendo mozo vino á vivir con el Rey Don Enrique quando era Príncipe, é alcanzó tanta gracia, que fué mas acepto á él que ninguno de los que en aquel tiempo estaban en su servicio: é así por el amor que el Príncipe le avía, como porque cresciendo en dias florescian en él las virtudes intelectuales, le encargó la gobernacion de los grandes negocios que le ocurrian. Fablaba con buena gracia é abundancia en razones, sin prolixidad de palabras: temblábale un poco la voz por enfermedad accidental, é no por defecto natural. En la edad de mozo tovo seso é autoridad de viejo. Era hombre esencial, é no curaba de aparencias, ni de cerimonias infladas. En el tiempo que el Rey Don Juan ovo alguna indignacion contra el Rey de Aragon, que entonces era Rey de Navarra, este Caballero, seyendo bien mancebo, entendió por parte del Príncipe en algunas disensiones que por entonces en el Reyno acaescieron; é ora procediese de su buena dicha, ora lo imputemos á su sagacidad, él supo rodear las cosas de tal manera, que el Rey Don Juan á suplicacion del Príncipe le dió título de Marqués de Villena, é en pocos dias le fizo merced de todas las mas Villas é Logares de aquel Marquesado, las que eran del Rey de Aragon. Tenia muy grand habilidad para la gobernacion destas cosas temporales: para la qual como sean necesarias agudeza, prudencia, diligencia é sufrimiento, puedese creer deste Caballero que fué tan bien dotado destas quatro cosas como el hombre que mas en su tiempo las ovo. Consideraba muy bien la calidad del negocio, el tiempo, el lugar, la persona, é las otras circunstancias que la prudencia debe considerar en la gobernacion de las cosas. Tenia la agudeza tan viva, que á pocas razones conoscia las condiciones é los fines de los hombres; é dando á cada uno esperanza de sus deseos, alcanzaba muchas veces lo que él deseaba. Tenia tan grand sufrimiento, que ni palabra áspera que le dixesen le movia, ni novedad de negocio que oyese le alteraba: y en el mayor discrimen de las cosas tenia mejor arbitrio para las entender é remediar. Era hombre que con madura deliberacion determinaba lo que avía de facer, é no forzaba al tiempo, mas forzaba á sí mismo esperando tiempo para lo facer. De su natural condicion paresció hombre de verdad, é placiale comunicacion de hombres verdaderos é constantes; aunque los que están en deseo de adquirir grandes bienes é honores, y especialmente aquellos que entienden en la gobernacion de grandes cosas, algunas veces les acaesce fingir, dilatar, simular é disimular aquella diversidad de los tiempos, ó la variedad de los negocios; é por escusar mayores daños, ó por haber mayores provechos, hayan de facer variaciones é negocios segun la ven en los tiempos. Tovo algunos amigos de los que la próspera fortuna suele traer: tovo asimismo muchos contrarios de los que la envidia de los bienes suele criar, los quales le trataron muerte é destruicion é indignacion grande con el Rey Don Juan, é con el Príncipe su fijo á quien él servia: é como quier que algunas veces llegaron al punto de la execucion; pero por casos inopinados é dignos de admiracion fué libre de los lazos de muerte que muchas veces le fueron puestos. Era hombre de buen corazon, é mostró ser Caballero esforzado en algunos lugares que fué necesario. Era muy sabio é templado en su comer é beber: é paresció ser vencido de la luxuria por los muchos fijos é fijas que ovo de diversas mugeres, allende de los que ovo en su muger legitima. E porque conoscia que ninguna utilidad hay en estos bienes de fortuna quando no se reparten é destribuyen segund deben, usaba dellos francamente en los lugares é tiempos é con las personas que debía ser liberal, é dando é destribuyendo ganaba mas hacienda, é conservaba mejor la avida: é con esta virtud é liberalidad que tovo fué bien servido de los suyos, é avisado de los estraños en algunos tiempos é lugares que cumplió mucho á la conservacion de su vida y estado. Tenia el comun deseo que todos tenemos de alcanzar honras é bienes temporales, é súpolas bien procurar é adquirir: é quier fuese por dicha, quier por habilidad, ó por ambas cosas, alcanzó tener mayores rentas y estado que ninguno de los otros Señores de España que fueron en su tiempo. Fué hombre tratable y de dulce conversacion, é tanto humano, que nunca fué en muerte de ninguno, ni la consintió, aunque tovo cargo de gobernacion. No era varon de venganzas, ni perdia tiempo ni pensamiento en las seguir. Decia él que todo hombre que piensa en venganza, antes atormenta á sí, que daña al contrario. Perdonaba ligeramente, y era piadoso en la execucion de la justicia criminal; porque pensaba ser mas aceptable á Dios la grand misericordia, que la estrema justicia. Tenía un tan singular sufrimiento, que por grand discordia que oviese con alguno, pocas veces le vieron romper en palabras, ni menos en obras: antes ponia siempre sus diferencias en trato de concordia, que en rigor ni rotura; porque reputaba ser mejor cierta paz, que incierta la victoria. No queria encomendar á la fortuna en una hora todo lo avido en la vida pasada: é como quier que algunas veces amenazaba con la fuerza: pero nunca venia á mostrar lo ultimo de lo que podia facer contra ninguno, aunque fuese menos poderoso que él: porque tener al adversario en miedo con amenazas, decia él que era mucho mejor que quitargelo mostrando el cabo de sus fuerzas. E teniendo sufrimiento, y esperando tiempo, alcanzó honra, é acrescentó bienes. E como vemos por experiencia la graveza grande que todos los mortales sienten en caer del grado en que se ven puestos, é las hazañas grandes é aventuras peligrosas á que se ponen por lo conservar é no caer, este Caballero, sintiendo que su estada cerca de la persona del Rey Don Enrique no le era segura, por el peligro de muerte é destruicion que otros que estaban aceptos al Rey pensó que le trataban, apartóse de su servicio, é fué el principal de los Caballeros é Perlados que ficieron division en el Reyno entre el Rey Don Enrique, y el Rey Don Alfonso su hermano: y en aquellas discordias supo tener tales mañas, que fué elegido é proveído del Maestrazgo de Santiago. E porque ninguno es bien corrigido si puramente no es arrepentido, conosciendo este Caballero averse desviado del camino que debia seguir, no solamente tornó á él; mas aun trabajó de amansar quanto pudo las voluntades alteradas de los Caballeros é Perlados que aquella division querian continuar, é tornó en la gracia del Rey Don Enrique: el qual le perdonó é fizo grandes mercedes de Villas é Lugares, é otras grandes rentas, é confió dél toda la gobernacion de sus Reynos: é dende en adelante gobernó absolutamente é con mayor esencion é libertad que primero solia gobernar. No quiero negar que como hombre humano este Caballero no tobiese vicios como los otros hombres; pero puédese bien creer, que si la flaqueza de su humanidad no los podia resistir, la fuerza de su prudencia los sabía disimular. Vivió gobernando en qualquier parte que estovo por espacio de treinta años, é murió en grand prosperidad de edad de cincuenta é cinco.

TITULO VII. Del Conde Don Rodrigo de Villandrando.

Don Rodrigo de Villandrando Conde de Ribadeo fué fijo de un Escudero Fijodalgo natural de la Villa de Valladolid, hombre de buen cuerpo, bien compuesto en sus miembros, é de muy recia fuerza: las faciones del rostro tenia fermosas, é la catadura feroce. Seyendo de pocos dias su grand corazon é su buena constelacion le llevaron mozo é pobre é solo al Reyno de Francia en el tiempo que en aquellas partes avía grandes guerras é divisiones é compañías de gente de armas; é como en aquellos tiempos de guerras concurrian en aquel Reyno hombres estrangeros de todas partes, este Caballero, por ser dispuesto para los trabajos de la guerra falló luego Capitan que le rescibió en su compañia; en la qual aprobó tambien seyendo mozo, é despues en las cosas que hombre mancebo debe facer, que ganó por las armas estimacion de hombre valiente y esforzado, é su Capitan le reputaba por hombre singular entre todos los otros de su Capitanía. Acaesció algunas veces que estando las batallas en el campo, quando algun hombre de armas de la parte contraria, confiando en sus fuerzas, queria facer armas, é demandaba batalla uno por uno, este Caballero se esmeraba entre todos los otros de su parte; é presentes las batallas de la una parte é de la otra, salia á pelear con el contrario, é le vencia é derribaba, é traía sus armas é despojo á su Capitan: y esta vitoria, que algunas veces ovo, le dió honra, la qual así como le puso en gracia y estimacion de algunos, así le troxo en odio y envidia de otros. La qual cresció tanto, que por ser estrangero fue constreñido de se apartar de su Capitan: é como quier que le fué grave de sofrir; pero como vemos muchas veces que los infortunios de presente son causa de la prosperidad futura segun que los casos de la providencia los suele rodear, este Caballero, veyendose solo de parientes, desfavorescido de compañeros, sin arrímo de Capitan, pobre de dinero, é sin amigos, y en tierra agena, no tovo otro refugio sinó á su buen seso é grand esfuerzo, é con otro é otros dos que se llegaron á él, se aventuraba con buena destreza é grand osadía á facer saltos en la tierra de los contrarios en lugares peligrosos, é faciales guerra, é tomaba alguna presa con que se podia sostener. Esto fizo muchas veces, é con tanta sagacidad y esfuerzo, que siempre salia en salvo. E como la fama de su valentía é de las presas que tomaba se divulgó por la tierra, allegáronse á él algunos hombres: é cresciendo de dia en dia el corazon con las hazañas, é las hazañas con la gente, é la gente con el interese, allegaronse á él muchas mas gentes fasta que alcanzó á ser Capitan una vez de mil hombres, é despues de grado en grado acrescentó su Capitanía fasta ser Capitan de diez mil hombres, é su poder fué de los mayores que tenia ninguno de los otros Capitanes del Rey de Francia á quien servía. E con aquel su grand poder robó, quemó, destruyó, derribó, despobló Villas é Lugares é pueblos de Borgoña é de Francia en tiempo que aquel honórable Rey no padescia guerras crueles, que duraron por espacio de cinquenta años. Andaba lo mas del tiempo en el campo, é ponia grand diligencia en la guarda de los reales para que su gente no rescibiese daño. Era hombre ayrado en los lugares que convenia serlo, é mostraba tan grand ferocidad con la ira, que todos le avían miedo. Tenia dos singulares condiciones: la una, que facia guardar la justicia entre la gente que tenia, é no consentia fuerza ni robo ni otro crimen; é si alguno lo cometia, él por sus manos lo punia. E con esto todas las gentes de su hueste, aunque eran muchas é de diversas naciones, é tenian oficio de robar, le temian, y estaban en paz, é no osaban cometer fuerza ni crimen uno contra otro. Facia asímismo repartir las presas igualmente, segun que cada uno lo debia aver, é de tal manera dividia lo robado por justicia, que facia durar los robadores en concordia. Era asimismo hombre de verdad, é el seguro que daba á qualquier Villa ó Lugar ó Provincia, ó qualquier pacto que ponia con ellos, guardábalo estrechamente; é si alguno robaba, ó facia daño al que él seguraba, faciale buscar con grand diligencia, é executar en él la justicia. E con esta condicion que en él vían muchos pueblos é Provincias, é otras personas singulares se fiaban de su palabra, é la compraban con grandes precios, á fin de ser seguros de sus gentes: é con esto tenia sus reales bien bastecidos de viandas é armas é de todas las cosas necesarias; porque mandaba pagar é guardar á los que venian á ellos con provision, é su mandado era muy temido é complido. Ovo muchas batallas con Ingleses é con Borgoñones, en las quales Dios le libró por muchos casos de ser perdido, é le ayudó por muchas maneras á ser vencedor. Especialmente venció una batalla que ovo con el Príncipe de Oreyna, donde concurrió mucha gente de ambas partes. Esta batalla fué muy ferida é sangrienta, en la qual los que le vieron pelear le compararon á leon bravo en el estrago que facia en los contrarios, y el ayuda y esfuerzo que daba á los suyos. E acabado de aver el vencimiento tovo esta astucia: habló con uno de los prisioneros que tenia, é prometióle libertad si le descubriese el valor de los prisioneros que las otras sus gentes avían tomado en la batalla. E como se informó secretamente de lo que cada uno podia valer, comprólos todos, dando por cada uno mucho menor precio de lo que valian: é como fueron puestos en su poder, rescatólos á todos por mucho mayores precios de lo que le costaron. E con esta astucia ovo grand tesoro, é la fortuna le puso en tan grand reputacion, que alcanzó casar con la fija del Duque de Borbón, que era de la sangre Real de Francia, é fué Señor de veinte y siete Villas en la tierra de Borbonés, dellas compradas, é dellas ganadas. Y en veinte años que siguió aquella guerra fizo otras notables hazañas: entre las quales acaesció que un dia estando á punto de batalla con un grande Capitan de Inglaterra, que se llamaba Talabot, en la Provincia de Guiana, el Capitan Inglés, que por oídas conoscia las condiciones deste Caballero, deseaba asimesmo conoscer su persona, por ver que cuerpo é que faciones tenia hombre que de tan pequeña manera avía subido á tan grand estado: é como por medio de sus Farautes acordasen de se hablar, dexadas el uno y el otro sus huestes en buena guarda, estos dos Capitanes solo se juntaron é vieron en la ribera de un rio llamado Lera, y el Capitan Talabot le dixo: Deseaba ver tu persona, pues tengo conoscida tu condicion: ruégote, dixo él, pues los hados nos trujeron juntos á este lugar, que comamos sendos bocados de pan, é bebamos sendas veces de vino, é despues será la ventura de la batalla como á Dios pluguiere, y señor Sant Jorge ayudare. Este Capitan Don Rodrigo le respondió: Si otra cosa no te place, ésta por cierto no la quiero facer; porque si la fortuna dispusiere que hayamos de pelear, perderia gran parte de la ira que en la facienda debo tener, é menos feriria mi fierro en los tuyos membrándome aver comido pan contigo. E diciendo estas palabras volvió la rienda á su caballo, é tornó para sus batallas: é el Capitan Talabot, aunque era Caballero esforzado, concibió de aquellas palabras tal concepto, que así por ellas, como por la disposicion del lugar dó estaba, acordó de no pelear, aunque tenia mayor número de gente que él. Afirmóse aver dicho este Capitan en su lenguage: No es de pelear con cabeza Española en tiempo de su ira. Despues de muchos tiempos de guerras é destruiciones avidas en aquellas tierras, ovo Dios piedad de los moradores de ellas, é dió tales victorias al Rey Carlos de Francia, que lanzó de todo su Reyno al Rey Eduarte de Inglaterra su enemigo, é á toda su gente, é fueron cesando las crudas guerras que en aquel Reyno avía. Y en aquel tiempo acaesció aver en Castilla grandes debates é disensiones, para las quales el Rey Don Juan envió á mandar á este Caballero su natural que viniese en Castilla á le servir con la mas gente que pudiese: el qual vino á su llamado con quatro mil hombres á caballo: y el Rey le rescibió muy bien, é le fizo merced de la Villa de Ribadeo, é dióle título de Conde della, é fizole otras mercedes. Muerta la primera muger Francesa, casó en Castilla con muger noble de linage de Stúñiga: y el Rey le puso en su Consejo, é facia dél grand confianza, especialmente de aquellas cosas que concernian á la guerra que por estonces avía en sus Reynos. Acaesció que como el Rey en tiempo de aquellas disensiones fuese á la Cibdad de Toledo, é los de aquella Cibdad se rebelasen contra él, y le cerrasen las puertas, puesto el Rey en algun recelo de la gente de armas que á la hora estaba apoderada de aquella Cibdad, este Conde de Ribadeo fizo improviso en la Iglesia de Sant Lázaro, que es bien cerca de la Cibdad, un palenque con tan gran defensa, que la persona del Rey, con la poca gente que por estonces con el Rey estaba, podia ser segura é sin daño, fasta que los otros sus Capitanes é gentes de armas que venian en la zaguera ovieron tiempo de llegar. E por memoria perpetua deste servicio, que fizo en el dia señalado de la Epifanía, el Rey fizo merced á él é á sus descendientes de la ropa que él é los Reyes de Castilla sus succesores vistiesen aquel dia, é que comiese con él á su mesa: de la qual merced goza hoy su succesor[16]. E al fin, veyendose ya viejo y enfermo de dolencia tal que no podia escapar, Dios, que ni dexa al hombre sin punicion, ni le niega su misericordia, le dió tiempo en que se corrigiese arrepintiéndose. E por cierto cosa fué maravillosa, y exemplo digno de memoria á los mortales la gran contricion que ovo, y el arrepentimiento de sus pecados, y el derramar de las lágrimas que fizo continuamente muchos dias antes que muriese, llamando á Dios, é pidiendole con todo corazon que le perdonase é oviese merced de su ánima: é con esta contricion fenesció sus dias en edad de setenta años. E por esta fin que con tal contricion ovo se pone aqui en el número de los Claros Varones.

TITULO VIII. Del Conde de Cifuentes.

Don Juan de Silva Conde de Cifuentes é Alferez mayor del Pendon Real, fijo de Alonso Tenorio Adelantado de Cazorla, é nieto de Arias Gomez de Silva, fué hombre delgado é alto de cuerpo, é bien compuesto en la proporcion de sus miembros, la cara tenia larga é honesta, la nariz un poco luenga, é la lengua ceceosa. Era Fijodalgo de limpia sangre: sus aguelos eran naturales de Portugal. Vivió en tiempos del Rey Don Juan, é del Rey Don Enrique su fijo; é mozo de pocos dias vino al servicio del Rey Don Juan. Tenia tan buena gracia en la manera de su servicio, que fué uno de los aceptos servidores que el Rey tovo. Era hombre muy agudo é muy discreto, é inclinado á justicia: fablaba muy bien, é cosas muy substanciales é conformes á la razon. Vista la autoridad de su persona, é la limpieza de su vivir, fué puesto en el Consejo del Rey: é como acaesce que en las Cortes y en las Casas Reales concurren muchos hombres que por diversas vias van tras sus deseos, é algunos porque les den, otros porque no les quiten loan lo que debrian callar, é callan lo que debrian reprehender; é si algunos dicen cosa conforme á la razon, la dañan mesclándola con alguna pasion é odio de personas: este Caballero tenia una condicion de hombre claro sin ninguna encubierta, é realmente, pospuesta toda aficion é odio, decia con muy buena gracia su parescer en las cosas, é no dexaba de decir aquello que otros, ó por gratificar, ó por no indignar, callaban. E como quier que su voto fuese contra el deseo de algunos; pero porque sus fablas se mostraban proceder de buenas é no dañadas entrañas, no eran mal rescebidas, é su persona por esta causa era muy estimada, é su parescer en las cosas muy esperado. Era grand zelador del bien comun, é con todas sus fuerzas procuró muchas veces la conservacion del patrimonio Real, é contradecia á los que procurando sus intereses particulares ofendian al bien general: é por esto ovo algunas molestias é trabajos de las que suelen aver los favorescedores de la verdad. Pero al fin, seyendo constante en el camino de la virtud, fué muy aceptado é honrado, y el Rey le fizo su Alferez mayor, é le encargó grandes é arduos negocios, porque entendia que trataba verdad, é guardaba fidelidad. Acaesció en sus tiempos que todos los Príncipes Christianos se acordaron con los Perlados é Clerecía de facer Concilio en la Cibdad de Basilea, que es en la alta Alemania, sobre una grand cisma que por entonces avía en la Iglesia de Dios entre el Papa Eugenio, é otro que se llamó Felix: á la qual Congregacion como todos acordasen enviar sus Embaxadores, porque convenia mostrarse en aquella Congregacion la magníficencia é poderío de los Reyes, el Rey Don Juan, conoscida la suficencia deste Caballero, le cometió esta embaxada, y envió con él grandes Letrados, é fué acompañado de mucha compaña de Fidalgos con grandes é muy sumptuosos arreos: é así en sus hablas, como en la continencia de su persona, y en todos los otros actos que debe facer hombre discreto de grand autoridad, guardó tan bien la honra del Rey é de su tierra é de su persona, que ninguno de quantos Embaxadores fueron en aquella Congregacion la guardó mejor. E como acaesció un dia que el Embaxador del Rey de Inglaterra quisiese anticiparse y ocupar el lugar de la precedencia que al Rey de Castilla pertenescia, no pudiendo este Caballero sofrir tiempo para que se determinase por razon lo que veía llevar por fuerza, llegó á aquel Embaxador, é puestas las manos en él, con grand osadía le arrebató y echó de aquel lugar, y él se puso en él. Visto este exceso fecho en el Palacio de la Congregacion, la gente de armas que tenia la salvaguarda de la Cibdad se escandalizó, é tentaron de proceder contra él é contra los suyos por aver cometido cosa de fecho, sin esperar determinacion de derecho. Este Caballero, guardada su autoridad, sin rescebir alteracion, ensistió en su propósito: é preguntado por el Caballero Presidente de la justicia ¿cómo avía osado poner las manos en tan notable Embaxador é de tan grand Príncipe como era el Rey de Inglaterra? con ánimo no vencido le respondió: Digoos Presidente, que quando padesce defecto la razon, no deben faltar manos al corazon. E por su grand osadía, junto con su buena razon, fué guardada la preeminencia del Rey, é la honra del Reyno, é fué amansado aquel escándalo. Despues de largo tiempo, concluídas las cosas de aquel Concilio, volvió al Reyno con fama de hombre magnífico, porque fué muy franco en el distribuir; é de Caballero esforzado, porque mostró valentía en el osar; é de varon discreto, porque gobernó aquel cargo con sagacidad é prudencia. Venido al Reyno de Castilla, é tornado al lugar que tenia en el Consejo del Rey, entendió muchas veces, é con grandes trabajos del cuerpo é del espíritu, en concordar al Príncipe Don Enrique con el Rey su padre, y en escusar las grandes roturas que se esperaban sobre algunas diferencias que entre ellos avía: y esto supo tratar con grand prudencia, persuadiendo la obediencia que el fijo debia tener al padre, y mitigando la indignacion que el padre tenia contra el fijo, é desviando las siniestras intenciones que avía de la una parte y de la otra. Entendió asimesmo en otros grandes é arduos negocios, en los quales el Rey conoscidos sus leales servicios é trabajos, le fizo merced de las Villas de Cifuentes é Monte mayor, é de otros Lugares é bienes é rentas en cantidad mucho mayor de la que heredó de su padre. E como vemos alcanzar riquezas por caso, é conservarlas por seso, puédese creer deste Caballero que complidamente ovo lo uno é lo otro; porque si tovo fortuna para alcanzar bienes, tovo asimesmo prudencia para los conservar. Despues de la muerte del Rey Don Juan, el Rey Don Enrique le dió título de Conde de la Villa de Cifuentes, é le fizo otras mercedes: é como vemos por experiencia que los hombres vanos é incapaces, quando les acaesce aver oficios é riquezas é bienes temporales, se alteran, é queriéndose mostrar magnánimos, facen cosas fuera de lo que su medida requiere; puédese bien creer que así asentó en este Caballero el nuevo estado é dignidad, é tan poca alteracion fizo en su persona la abundancia de los bienes, como si de sus aguelos por grande antigüedad los oviera avido. Al fin, entrado ya en los dias de la vejéz, en los quales suele mas reynar en los hombres la avaricia, cosa fué por cierto singular é digna de exemplo el fin que este Caballero puso á su cobdicia; porque dado que fué llamado por el Rey para que entendiese en grandes cosas donde pudiera aver grandes intereses, todo lo pospuso, é se retruxo á su casa, dó fizo loable fin; é dexados dos mayorazgos de asaz rentas á dos fijos, murió conosciendo á Dios en edad de sesenta é cinco años.

TITULO IX. Del Duque del Infantazgo.

Don Diego Hurtado de Mendoza Duque del Infantazgo, Marqués de Santillana, é Conde del Real de Manzanares, fijo del Marqués Don Iñigo Lopez de Mendoza, é nieto del Almirante Don Diego Hurtado, fué hombre delgado é alto de cuerpo: tenia los ojos prietos, é las faciones del rostro fermosas, é bien proporcionado en la compostura de sus miembros. Era de linage noble Castellano muy antiguo. Seyendo mozo el Marqués su padre le envió á la su casa de la Vega por pacificar la tierra de las Asturias de Santillana, é la librar de algunos tiranos que gela ocupaban; con los quales ovo algunos recuentros é fechos de armas, en que usó el exercicio de la caballería, é fizo hábito en la disciplina militar. E porque las gentes de aquellas tierras son hombres valientes, esforzados é muy cursados en las peleas á pie, que segun la disposicion de aquellas Montañas se requiere facer, este Caballero se vido con ellos muchas veces en grandes trabajos é peligros de la guerra continua que con ellos tovo, hasta que al fin vencidos sus contrarios por batallas en campo, é muerto su principal Capitan, alimpió aquellas sus Montañas de la tirania en que por largos tiempos avían estado. Era hombre bien instruto en las letras Latinas, é tenia tan buena memoria, que pocas cosas se le olvidaban de lo que en la Sacra Escriptura avía leido. Era hombre de verdad, é aborrescia tanto mentiras é mentirosos, que ninguno de los tales ovo jamás logar cerca dél. Heredó la casa de su padre en el tiempo del Rey Don Enrique Quarto, é fué uno de los principales Señores del Reyno que entendieron en pacificar las divisiones que ovo entre el Rey Don Enrique, é el Rey Don Alfonso su hermano. Fue tan perseverante en la virtud de la constancia, que por ningun interese jamás le vieron facer mudanza de aquello que una vez asentaba de facer: y esta virtud se experimentó en él, porque no dexó de seguir la via del Rey Don Enrique, aunque en ella ovo algunos siniestros, é se vido en grandes discrimines é aventuras de perder su persona é casa; porque se tenia por dicho, que en el infortunio relucia la constancia. Peleó en la batalla que estos dos Reyes ovieron cerca de la Villa de Olmedo: ante de la qual, viéndose las faces contrarias unas á otras en el campo, ni el miedo le turbó el seso para consejo, ni el esfuerzo se enflaquesció para cometer, ni menos cayó la fuerza del corazon peleando para vencer. Zelaba este Caballero tanto la honra, que con dificultad era traído á entender en ninguna negociacion ni trato que le fuese movido, recelando que las variedades de los tiempos le forzasen facer mudanza de su palabra, por dó pudiese caer en punto de mengua. Era hombre muy llano é tratable con todos, é honrador en los rescibimientos de los que á él venian, é ageno de simulaciones. Tenia ánimo tan noble, é las entrañas tan claras é tan abiertas, que jamas fué conoscido en él pensamiento para muerte é destruicion ni injuria de ninguno; é de su natural inclinacion no queria entender salvo en cosas justas é rectas. Todas las cautelas é ficiones aborrescia como cosa contraria á su natural condicion. No era varon de venganzas, é perdonaba tan facilmente á los que le erraban, que jamás avía memoria de sus yerros. Acaescióle que como algunos suyos le errasen de tal manera que la graveza del delito les cerrase la puerta de la esperanza para ser perdonados, movido este Caballero por la piedad natural que tenia, podiendo aver dellos entera venganza, le acaesció llamarlos é perdonarlos; é quedando limpio de todo odio, les dió de sus bienes. Porque, decia él, que ninguna mayor pena podia rescibir el injuriador, que venir á manos del injuriado; ni mayor gloria el injuriado, que dar vida é beneficios al injuriador. Tenia la cobdicia de aver bienes temporales como todos los mortales tienen; pero en esto tovo una tan singular templanza, que por grand utilidad é acrescentamiento que oviese, no ficiera cosa fea ni desordenada. E como vemos todos los hombres desear honra é acrescentamiento, especialmente en las tierras de su morada, é la necesidad de los tiempos acarrease que el Rey en remuneracion de sus servicios le ofresciese donacion perpetua de Guadalaxara, dó era su asiento, este Caballero no la quiso rescibir; porque su humanidad no pudo sufrir la pasion é trabajo que otros sentian por ser puestos en señorío particular, é apartados del señorío Real. Decía él, que el imperio forzoso mas se puede decir cuidado grave, que posesion deleytosa. Fué hombre que se deleytaba en labores de casas é edificios: este Duque fundó de principio en la su Villa de Manzanares la fortaleza que está en ella edificada, é fizo de nuevo é reparó algunas casas de morada en sus tierras é Lugares; y en esto mas que en otras cosas fué liberal. Fué asimismo vencido de mugeres, é del apetito de los manjares. E aviendo acrescentado su título é patrimonio allende de lo que le dexó el Marqués su padre, murió en toda prosperidad en edad de sesenta é cinco años.

TITULO X. Del Conde de Alva de Liste.

Don Enrique Enriquez Conde de Alva de Liste, fijo del Almirante Don Alfonso Enriquez[17], é nieto de Don Fadrique Maestre de Santiago, fué hombre de mediana estatura, bien compuesto en la proporcion de sus miembros, la nariz tenia larga, los ojos un poco colorados, é los cabellos llanos. Este Caballero tovo el juicio muy vivo: era hombre de buena prudencia, é por la experiencia de los grandes fechos que por él pasaron, su parescer en las cosas se avía por muy cierto. Era hombre palaciano, é siempre fablaba cosas breves é graciosas. Fué hombre de tan grand esfuerzo, que en algunas afrentas peligrosas donde fué experimentado, ninguno otro en sus tiempos se falló tener ánimo mas libre de miedo para acometer é defender. E como quiera que por su linage, título é estado era con gran veneracion acatado, pero por respecto de su gran esfuerzo, é cierto juicio, siempre su persona fué mirada con mas honrada estimacion que otros que tenian mayores estados que el suyo. Era hombre de poco sufrimiento, y en algunas diferencias que ovo en estos Reynos siguió la parcialidad del Almirante Don Fadrique, y del Adelantado Pero Manrique sus hermanos, donde se le siguieron prisiones é otros infortunios, que sufrió con ánimo de varon. Era hombre de verdad, é sirvió muy bien é lealmente al Rey Don Fernando, é á la Reyna Doña Isabel en las guerras que pasaron con el Rey Don Alfonso de Portugal: y en la batalla real que estos dos Reyes ovieron entre las Cibdades de Toro é Zamora, donde el Rey de Portugal fué vencido, este Caballero, aunque en edad ya de sesenta años, ni la fuerza del corazon se le enflaqueció, ni la de los miembros le faltó para pelear: é peleó con tan gran esfuerzo, que fué siguiendo el alcance contra los Portugueses hasta cerca de la puente de Toro; donde, pensando que le guardaban los suyos, se metió tanto en los contrarios, que fué preso é llevado á Portugal. Estando en la prision, conoscida la limpieza de su condicion, le fué dada libertad para venir á Castilla con algunos partidos de concordia; é compliendo su palabra, volvió á la prision, en la qual estovo hasta que la Reyna, á su gran honra, le fizo libre. E fenesció su vida con gran honra, y exemplo de bueno y esforzado Caballero, en edad de setenta é cinco años.

TITULO XI. Del Conde de Placencia.

Don Pedro de Stúñiga Conde de Placencia, fijo de Diego Lopez de Stúñiga[18] Justicia mayor del Rey, fué hombre alto de cuerpo, bien proporcionado en la compostura de sus miembros, y el rostro tenia largo, é la nariz afilada. Sus aguelos fueron de linage noble, naturales del Reyno de Navarra. Era hombre de buen seso, é de pocas palabras, é de gran execucion en las cosas que queria. En sus tiempos fué tenido en gran estimacion por respecto de su persona, é gran casa. Era Caballero esforzado, é muy perseverante en la opinion que tomaba. Placiale tener hombres esforzados, é defendialos de las hazañas que cometian; é por esta causa siempre estaba acompañado de hombres de todas suertes. En su tiempo fué acrescentada su casa, é floresció su fama por la gran copia de gente que de continuo era inclinado de mantener. Acaesció que como el Rey Don Juan el Segundo oviese necesarias algunas gentes de armas para pacificar los escándalos que entonces en sus Reynos avía, este Caballero, como quiera que era ya viejo y enfermo é muy agravado de gota, pero con zelo grande que tovo de servir á su Rey, se fizo traer en andas dó estaba la hueste, é rodeado de gran copia de gente de armas de su casa vínole á servir, é sirvióle con otros Caballeros de tal manera en aquella jornada, que el Rey rescibió dél servicio señalado, y él alcanzó fama de leal súbdito, é fué exemplo de lealtad á otros que se movieron á servir á su Rey, veyendo venir como vino este Caballero en andas á le servir. Murió con gran honra de edad de setenta años.

TITULO XII. Del Conde de Medinaceli.

Don Gaston de la Cerda Conde de Medinaceli, fijo de Don Luis de la Cerda, fué hombre delgado de cuerpo, de muy fermoso gesto, é de mediana estatura, é bien compuesto en la proporcion de sus miembros: ceceaba un poco. Su padre é aguelos fueron del linage de los Reyes de Castilla, descendientes por legítima linea, é asimismo de los Reyes de Francia, é todos succesivamente fueron Condes de aquel Condado de Medina: el qual Condado, con otras Villas é Lugares é tierras, fué dado á su trasvisabuelo, que era nieto del Rey Don Alfonso de Castilla, por el derecho que avía á estos Reynos. Este Conde fué muy franco, é procuraba estár acompañado de hombres Fijosdalgo: é seyendo en edad de veinte é cinco años, veyendo que el Conde su padre seguia algunas parcialidades de Caballeros contra la voluntad del Rey Don Juan, é puesto en pensamiento trabajoso, porque si la opinion de su padre siguiese, creía errar á la lealtad que debia al Rey, é si obedescia al Rey, pensaba errar á la obediencia paternal, pospuestos los daños que del apartamiento de su padre se le siguieron, deliberó obedescer los mandamientos Reales, é sirvió á su Rey todo el tiempo de su vida con tanta obediencia, que la perseverancia que tovo en su servicio fué á otros exemplo de lealtad. E despues que heredó la casa de su padre siempre vivió faciendo guerra á los contrarios del Rey, é fué preso en su servicio en una batalla que ovo con los Aragoneses: en la qual prision estovo algun tiempo, é rescibió daños en su persona é facienda, que sufrió como varon fuerte, y reputándolos á prosperidad por ser en servicio de su Rey. Este Conde conosció bien quanto reluce la lealtad é la constancia en el Caballero, é quanto es fea la mácula del yerro cometido contra los Reyes. Fué hombre vencido del amor de las mugeres, y él fué amado dellas. Murió con gran honra despues que salió de la prision en edad de quarenta años.

TITULO XIII. Del Maestre Don Rodrigo Manrique Conde de Paredes.

Don Rodrigo Manrique Conde de Paredes é Maestre de Santiago, fijo segundo de Pedro Manrique[19] Adelantado mayor del Reyno de Leon, fué hombre de mediana estatura, bien proporcionado en la compostura de sus miembros: los cabellos tenia rojos, é la nariz un poco larga. Era de linage noble Castellano. En los actos que facia en su menor edad paresció ser inclinado al oficio de la Caballería. Tomó Avito é Orden de Santiago, é fué Comendador de Segura, que es cercana á la tierra de los Moros: y estando por frontero en aquella su Encomienda fizo muchas entradas en la tierra de los Moros, donde ovo fama de tan buen Caballero, que el Adelantado su padre, por la estimacion grande en que este su fijo era tenido, apartó de su mayorazgo la Villa de Paredes, é le fizo donacion della: y el Rey Don Juan le dió título de Conde de aquella Villa. Este varon gozó de dos singulares virtudes: de la prudencia, conosciendo los tiempos, los lugares, las personas, é las otras cosas que en la guerra conviene que sepa el buen Capitan. Fué asimesmo dotado de la virtud de la fortaleza; no por aquellas vias en que se muestran fuertes los que fingida é no verdaderamente lo son; mas así por su buena composicion natural, como por los muchos actos que fizo en el exercicio de las armas, asentó tan perfectamente en su ánimo el habito de la fortaleza, que se deleytaba quando le ocurria lugar en que la debiese exercitar. Esperaba con buen esfuerzo los peligros, é acometia las fazañas con grande osadía, é ningun trabajo de guerra á él ni á los suyos era nuevo. Preciabase mucho que sus criados fuesen dispuestos para las armas. Su plática con ellos era la manera del defender é del ofender el enemigo, é ni se decia ni facia en su casa acto ninguno de molleza, enemiga del oficio de las armas. Queria que todos los de su compañía fuesen escogidos para aquel exercicio, é no convenia á ninguno durar en su casa si en él fuese conoscido punto de cobardía: é si alguno venia á ella que no fuese dispuesto para el uso de las armas, el grand exercicio que avía é veía en los otros, le facia hábile é diestro en ellas. En las batallas, é muchos encuentros que ovo con Moros é con Christianos, este Caballero fué el que mostrando grand esfuerzo á los suyos, feria primero en los contrarios: é las gentes de su Compañía, visto el esfuerzo de este su Capitan, todos le siguian é cobraban osadía de pelear. Tenia tan grand conoscimiento de las cosas del campo, é proveíalas en tal manera, que donde fué él principal Capitan nunca puso su gente en lugar dó se oviese de retraer: porque volver las espaldas al enemigo era tan ageno de su ánimo, que elegia antes rescibir la muerte peleando, que salvar la vida huyendo. Este Caballero osó acometer grandes fazañas: especialmente escaló una noche la Cibdad de Huesca, que es del Reyno de Granada; é como quier que subiendo el escala los suyos fueron sentidos de los Moros, é fueron algunos derribados del adarve, é feridos en la subida; pero el esfuerzo deste Capitan se imprimió á la hora tanto en los suyos, que pospuesta la vida, é propuesta la gloria, subieron el muro peleando, é no fallescieron de sus fuerzas defendiéndola, aunque veían los unos derramar su sangre, los otros caer de la cerca. Y en esta manera matando de los Moros, é muriendo de los suyos, este Capitan, ferido en el brazo de una saeta, peleando entró en la Cibdad, é retruxo los Moros fasta que los cercó en la Fortaleza: y esperando el socorro que le farian los Christianos, no temió el socorro que venia á los Moros. En aquella hora los suyos, vencidos de miedo, vista la multitud que sobre ellos venia por todas partes á socorrer los Moros, é tardar el socorro que esperaban de los Christianos, le amonestaron que desamparase la Cibdad, é no encomendase á la fortuna de una hora la vida suya, é de aquellas gentes, juntamente con la honra ganada en su edad pasada: é requirianle, que pues tenia tiempo para se proveer, no esperase hora en que tomase el consejo necesario, é no el que agora tenia voluntario. Visto por este Caballero el temor que los suyos mostraban: No, dixo él, suele vencer la muchedumbre de los Moros al esfuerzo de los Christianos quando son buenos, aunque no son tantos: la buena fortuna del Caballero cresce cresciendo su esfuerzo: é si á estos Moros que vienen cumple socorrer á su infortunio, á nosotros conviene permanescer en nuestra victoria fasta la acabar ó morir; porque si el miedo de los Moros nos ficiese desamparar esta Cibdad ganada ya con tanta sangre, justa culpa nos pornian los Christianos por no aver esperado su socorro; y es mejor que sean ellos culpados por no venir, que nosotros por no esperar. De una cosa, dixo él, sed ciertos, que entretanto que Dios me diere vida, nunca el Moro me porná miedo: porque tengo tal confianza en Dios, y en vuestras fuerzas, que no fallescerán peleando, veyendo vuestro Capitan pelear. Este Caballero duró, é fizo durar á los suyos combatiendo á los Moros que tenia cercados, é resistiendo á los Moros que le tenian cercado por espacio de dos dias, hasta que vino el socorro que esperaba, é ovo el fruto que suelen aver aquellos que permanecen en la virtud de la fortaleza. Ganada aquella Cibdad, é dexado en ella por Capitan á un su hermano llamado Gomez Manrique, ganó otras Fortalezas en la comarca. Socorrió muchas veces algunas Cibdades é Villas é Capitanes Christianos en tiempo de extrema necesidad: é fizo tanta guerra en aquellas tierras, que en el Reyno de Granada el nombre de Rodrigo Manrique fué mucho tiempo á los Moros gran terror. Cercó asimismo este Caballero la Fortaleza de Alcaráz por la reducir á la Corona Real. Cercó la Fortaleza de Uclés, por la reducir á la su Orden de Santiago. Esperó en estos dos sitios las gentes que contra él vinieron á socorrer estas Fortalezas: é como quier que la gente contraria vido ser en mucho mayor número que la suya, mostró tal esfuerzo, que los contrarios no le osaron acometer, y él consiguió con grand honra el fin de aquellas empresas que tomó: dó se puede bien creer que venció, mas con el esfuerzo de su ánimo, que con el número de su gente. Ovo asimesmo este Caballero otras batallas é fechos de armas con Christianos é con Moros, que requerian gran historia, si de cada una por extenso se oviese de facer mencion: porque toda la mayor parte de su vida trabajó en guerras y en fechos de armas. Fablaba muy bien, é deleytábase en recontar los casos que le acaescian en las guerras. Usaba de tanta liberalidad, que no bastaba su renta á sus gastos; ni le bastára si muy grandes rentas é tesoros toviera, segun la continuacion que tovo en las guerras. Era varon de altos pensamientos, é inclinado á cometer grandes é peligrosas fazañas, é no podia sufrir cosa que le paresciese no sufridera, é desta condicion se le siguieron grandes peligros é molestias. E ciertamente por experiencia vemos pasar por grandes infortunios á muchos que presumen forzar la fuerza del tiempo: los quales por no sufrir una sola cosa, les acaesce sufrir muchas, é á muchos á quien de fuerza han de tener contentos para conseguir su poco sofrimiento. Era amado por los Caballeros de la Orden de Santiago, los quales visto que concurrian en él todas las cosas dignas de aquella Dignidad, le eligieron por Maestre en la Provincia de Castilla por fin del Maestre Don Juan Pacheco. Murió con grand honra en edad de sesenta años.

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